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Poemas de amor y desamor en la literatura

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Temas abordados

  • otoño,
  • caminante,
  • pérdida,
  • cantar,
  • muerte,
  • mar,
  • sueños,
  • nostalgia,
  • amor,
  • anhelos
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  • sueños,
  • nostalgia,
  • amor,
  • anhelos

ROMANCE DEL CONDE NIÑO

Conde Niño, por amores y porque nunca los goce


es niño y pasó a la mar; yo le mandaré matar.
va a dar agua a su caballo — Si le manda matar, madre
la mañana de San Juan. juntos nos han de enterrar.
Mientras el caballo bebe
él canta dulce cantar; Él murió a la media noche,
todas las aves del cielo ella a los gallos cantar;
se paraban a escuchar; a ella como hija de reyes
caminante que camina la entierran en el altar,
olvida su caminar, a él como hijo de conde
navegante que navega unos pasos más atrás.
la nave vuelve hacia allá. De ella nació un rosal blanco,
de él nació un espino albar;
La reina estaba labrando, crece el uno, crece el otro,
la hija durmiendo está: los dos se van a juntar;
— Levantaos, Albaniña, las ramitas que se alcanzan
de vuestro dulce folgar, fuertes abrazos se dan,
sentiréis cantar hermoso y las que no se alcanzaban
la sirenita del mar. no dejan de suspirar.
— No es la sirenita, madre,
la de tan bello cantar, La reina, llena de envidia,
si no es el Conde Niño ambos los mandó cortar;
que por mí quiere finar. el galán que los cortaba
¡Quién le pudiese valer no cesaba de llorar;
en su tan triste penar! della naciera una garza,
— Si por tus amores pena, dél un fuerte gavilán
¡oh, malhaya su cantar!, juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan a la par.
POEMA 6

Te recuerdo como eras en el último otoño.


Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo.
Y las hojas caían en el agua de tu alma.

Apegada a mis brazos como una enredadera,


las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.

Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:


boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.

Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.


Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma!
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.

Pablo Neruda

SERÁN CENIZA...

Cruzo un desierto y su secreta


desolación sin nombre.
El corazón
tiene la sequedad de la piedra
y los estallidos nocturnos
de su materia o de su nada.

Hay una luz remota, sin embargo,


y sé que no estoy solo;
aunque después de tanto y tanto no haya
ni un solo pensamiento
capaz contra la muerte,
no estoy solo.

Toco esta mano al fin que comparte mi vida


y en ella me confirmo
y tiento cuanto amo,
lo levanto hacia el cielo
y aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza.

Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora,


cuanto se me ha tendido a modo de esperanza.

José Ángel Valente


LA LLUVIA

Bruscamente la tarde se ha aclarado


porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
que sin duda sucede en el pasado.

Quien la oye caer ha recobrado


el tiempo en que la suerte venturosa
le reveló una flor llamada rosa
y el curioso color del colorado.

Esta lluvia que ciega los cristales


alegrará en perdidos arrabales
las negras uvas de una parra en cierto

patio que ya no existe. La mojada


tarde me trae la voz, la voz deseada,
de mi padre que vuelve y que no ha muerto.

[Link]

Jorge Luis Borges

DE UNA DAMA QUE, QUITÁNDOSE UNA SORTIJA, SE PICA CON UN


ALFILER

Prisión del nácar era, articulado,


de mi firmeza un émulo luciente,
un dïamante, ingenïosamente
en oro también él aprisionado.

Clori, pues, que su dedo apremïado


de metal aun precioso no consiente,
gallarda un día, sobre impacïente,
lo redimió del vínculo dorado.

Mas ay, que insidïoso latón breve


en los cristales de su bella mano
sacrílego divina sangre bebe:

púrpura ilustró menos indïano


marfil; invidïosa sobre nieve,
claveles deshojó la Aurora en vano.

Luis de Góngora
SI EL HOMBRE PUDIERA DECIR

Si el hombre pudiera decir lo que ama,


si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo, dejando solo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien


cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina,
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido,
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

Luis Cernuda

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