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Orígenes y evolución de los celtas

Breve resumen del pueblo celta

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Orígenes y evolución de los celtas

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Celta es el término utilizado por lingüistas e historiadores para referirse, en un

sentido amplio, al pueblo o conjunto de pueblos de la Edad de Hierro que


hablaban lenguas celtas, una de las ramas de las lenguas indoeuropeas.1 En
este sentido, el término no es por lo tanto étnico ni arqueológico, pues muchos
de los pueblos que hablaron lenguas célticas, caso de los Goidelos de Irlanda,
nunca llegaron a participar de las corrientes culturales materiales
de Hallstatt o La Tène.2

Existe, sin embargo, un concepto más restringido del término, referido en este
caso a los llamados celtas históricos, entendidos estos tradicionalmente como
el grupo de sociedades tribales de Europa, que compartieron una cultura
material iniciada en la primera Edad de Hierro (1200-400 a. C.) en torno a
los Alpes (periodo Hallstatt) y más tarde en el hierro tardío (periodo La Tène), y
que fueron así llamados por los geógrafos griegos y latinos. En este grupo se
adscriben los celtas continentales de la Galia, norte
de Italia, Alemania y Bohemia, los celtíberos y los celtas hispánicos de Iberia,
los gálatas de Anatolia, este y centro de Rumanía y, ya con mayores
reticencias por parte de los historiadores británicos e irlandeses, los celtas
insulares.

En tiempos antiguos los celtas que llegaron a lo largo del primer milenio, hacia
el 1200 a. C. a Europa y según el punto de vista tradicional, hacia el 900 a. C.
en la península ibérica, eran un cierto número de pueblos interrelacionados
entre ellos que habitaban en Europa Central; todos estos pueblos
hablaban lenguas indoeuropeas, indicativo de un origen común. Hoy, el término
"celta" se utiliza a menudo para describir a la gente, las culturas y lenguas de
muchos grupos étnicos de las islas británicas, Francia, en la región
de Bretaña; España, en Galicia, Asturias, Castilla y León y Cantabria;
y Portugal, en la región de Minho. Sin embargo, tribus o naciones, como los
atrébates, Menapii, y Parisii, desde regiones celtas de tierra firme, incluyendo
la Galia y Bélgica, se sabe que se movieron hacia Gran Bretaña e Irlanda y
contribuyeron al crecimiento de aquellas poblaciones. El uso del término celta
para referirse a gente de Irlanda y Gran Bretaña surge en el siglo XVIII. Vivían
en pueblos amurallados llamados castros.

Los griegos los llamaron keltoi o gente oculta, que proviene del griego Hecateo
de Mileto del 517 a. C.

Origen de los celtas


[editar]
Cruz celta
Distribución de los pueblos prerromanos en la península ibérica en torno al año
500 a. C., según Schulten
Hoy se considera que los celtas forman parte de los grupos indoeuropeos. Se
piensa que parte de los hablantes de esta familia lingüística, procedentes
de Anatolia o de las estepas entre el mar Negro y el mar Caspio, emigraron
rumbo a Europa, mientras otras ramas se desplazaron hacia Irán e India.

La etapa en la formación de este pueblo la encontramos en los comienzos de la


Edad del Hierro en la Europa central, hacia el 1200 a. C., cuando se pasa de
una economía pastoril a un período de predominio agrícola.3

Creación de un término ambiguo


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El término 'celtas' se usa en diferentes sentidos, por lo que resulta multívoco y
ambiguo. Solo con cautela puede usarse para referirse a entidades étnicas
anteriores al siglo V a. C., momento en que Heródoto se refiere explícitamente
a estos grupos. Antes de esa fecha es incierto hasta qué punto pudo existir una
etnicidad celta identificable. Aunque claramente el proto-celta sería más
antiguo que Heródoto, es complicado saber si los pueblos de la Edad del
Hierro (lo que podría asimilarse con Hallstatt) hablaban o no lenguas celtas.
Aunque existen argumentos para suponer que en esa cultura se encontrarían
antecesores de los celtas, la identificación con pueblos propiamente celtas es
muy insegura.

Actualmente 'celta' es esencialmente un concepto lingüístico, pero su uso exige


precaución. Gonzalo Ruiz Zapatero ha llamado la atención sobre el intento de
la precisión del término que en realidad es algo más engañoso, complejo y
amplio. Hubo muchos pueblos celtas diferentes; salvo por el parentesco
filogenético de sus lenguas es difícil señalar con certeza factores comunes
específicamente celtas. Aunque algunos autores hablan de los celtas como un
pueblo homogéneo y bien definido, la realidad material de los hablantes de
lenguas descendientes del proto-celta, muy probablemente, era más compleja,
no existiendo quizá la homogeneidad que algunos autores les atribuyen.

Evolución del término celta


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Este concepto se ha ido creando poco a poco a lo largo del tiempo y la historia
con diferentes fines, por ello es tan multívoco. Este proceso tiene tres fases
muy importantes:

Precedentes
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El historiador latino Avieno recoge en su Ora Maritima un texto en torno al
520 a. C.Heródoto y Hecateo de Mileto, también hablan sobre ello por el
500 a. C. En torno a esa fecha se sitúa a la Céltica en la zona alpina y el norte.
El término keltoi es un nombre que los griegos conocieron oralmente de los
indígenas, una transcripción fonética. Este término junto a keltiké nos da una
ambigua referencia geográfica. Hay que tomarlo simplemente como un nombre
dado a los habitantes al norte de los Alpes. Vemos la información geográfica
aportada por Heródoto aquí:

Empieza el Iustro en la ciudad de Pireno desde los Celtas, los que están más allá de
las columnas de Hércules, confinantes con los cinesios, último pueblo de la Europa,
situado hacia el Ocaso, y después de atravesar toda aquella parte del mundo,
desagua en el Ponto Euxino, junto a los istrienos, colonos de los milesios.
Heródoto, Historia, II. XXXIII.
Más tarde, con César, Posidonio y demás, se convierte esta información
geográfica en una de ámbito etnográfico. Sin embargo, es una información
limitada que no se puede extender ni geográfica ni cronológicamente. Una de
las fuentes historiográficas puede ser la lingüística, para la cual las lenguas
célticas son una rama de la familia indoeuropea. Gracias a este concepto
lingüístico podemos trazar ciertos límites.

En cuanto a la celtomanía, los druidas siempre fueron un tema de interés y


fascinación, pero de los druidas históricos apenas se conoce nada.
Muchos monumentos megalíticos de la prehistoria se han intentado relacionar
con estos personajes y la cultura céltica, lo cual resulta muy dudoso y
aventurado. Un punto importante, y de cambio, supondrá el hallazgo de La
Tène. La cultura celta irá unida a una cultura material específica de este
yacimiento.

Consolidación de la identidad celta. Cultura de La Tène


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En esta etapa el término tiene una aplicación más clara. Los autores van
aceptando las periodizaciones de La Tène en sus territorios de estudio. El
camino para consolidarlo es el filológico. En última instancia, aún no se ha
conseguido delimitar un territorio. En cuanto a la península ibérica, los primeros
intentos de identificación celta corrieron a cargo de Rubio de la Serna. Ciertas
zonas peninsulares, como la gallega, han intentado identificarse con lo celta
para reforzar su identidad nacional. Algo ciertamente lógico debido al tangible
patrimonio heredado a través de los siglos que no solo se restringe a una
presencia arqueológica ingente —la más extensa de toda Europa— sino a una
verdadera inercia cultural que pervive actualmente con vigor y que no solo
busca en lo celta un signo de diferenciación. A pesar de ello hubo que esperar
a Martín Almagro Basch y Pedro Bosch Gimpera para que se aclarase la
presencia celta en España.

Es posible que grupos celtas estuviesen presentes en territorios peninsulares, a


partir de la II Edad del Hierro. Colin Renfrew, en Arqueología y Lenguaje, ha
resumido ocho puntos que podrían configurar lo céltico. Estos puntos han dado
paso a un nuevo momento sobre la concepción de lo celta.

Los ocho puntos de Renfrew


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Como se ha mencionado anteriormente, Renfrew elabora una lista que podría
configurar el concepto de celta. Estos ocho puntos son formulados en el
libro Arqueología y Lenguaje de Renfrew y han tenido mucha influencia en el
mundo académico.

I. Pueblos denominados así por foráneos


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Hecateo de Mileto los sitúa cerca de Massalia, Heródoto desde el nacimiento
del Rin hasta las Columnas de Hércules y Rufo Festo Avieno en costa atlántica.
De ello sacamos que la keltiké estaría al norte de Alpes y al Occidente del
continente y que keltoi es un nombre que reciben los griegos de forma oral.

II. Pueblos autodenominados así


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Hay que entender primero que es un ethnos, una autoconciencia de lo que es
un grupo y que se da un nombre (etnónimo). Según César, se
emplea galli y keltoi indistintamente en la Galia y solo celtae es registrado en la
tercera parte de Francia. Sugiere que no hay una sola etnicidad. Estrabón nos
habla de la falta de evidencias de que se llamen en Gran Bretaña e Irlanda
celtas o galos a sí mismos. También habla de los keltiberi en la península
ibérica. En consecuencia, el término tiene un carácter más restrictivo que en
textos anteriores, en relación con el avance del conocimiento.

III. Grupo lingüístico


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Estatuilla de bronce romana de un galo (Celta)
cautivo, II d. C.
Gente que habla lengua celta y por ello han quedado fijados como grupo
lingüístico por investigadores modernos. En un principio, en el siglo XVII, se
estudia la variabilidad de lenguas mundiales y al siglo siguiente se ve la
relación de la lengua celta y gala en la época clásica. Más tarde se establece
su dependencia con el indoeuropeo. Se puede clasificar como dos tipos de
lengua, la celta Q y la P, en función del tratamiento de las labiovelares
oclusivas. También se distinguirán por su situación, continentales
(Europa continental en la antigüedad) e insulares (islas británicas en la Edad
Media).

 Galo: es la mejor conocida documentalmente. Se poseen escritos del


siglo III a. C. Está en alfabeto griego y posteriormente en latino. Es famoso
el Calendario de Coligny.
 Lepóntico: en la Galia Cisalpina. Inscripciones funerarias y grafitos en vasos
y otros objetos cotidianos. Signario etrusco. Importancia de la Estela de
Mesocco en el II a. C.
 Celtibérico: conocido por topónimos (-seg, -samo, -briga). Conocido
por epigrafía en alfabetos ibérico y latino. En leyendas monetales, grafitos e
inscripciones funerarias. Gómez Moreno identifica las vocales y
consonantes con cada signo. Se encuentran muchas téseras de
hospitalidad con inscripciones en celtibérico. También hay inscripciones
rupestres en lo que podrían ser santuarios. Por último, hay documentos con
textos largos como el de Contrebia.
 Gaélico: hablado en Irlanda y Escocia. Se conoce por inscripciones
funerarias en piedra con alfabeto ogámico. Se escribe en vertical u
horizontal. En el siglo V llega la cristianización y el alfabeto latino. Dentro se
distinguen el irlandés, el manés y el gaélico escocés.
 Britónico: en el sur de Gran Bretaña hasta el VI d. C. Se divide en periodo
prerromano (325 a. C.-43 d. C.), romano y post-romano temprano (43-450)
y post-romano final (450-550). En los primeros periodos bebe de fuentes
griegas y romanas, que influyeron mucho en su historia, especialmente los
romanos. Son inscripciones latinas y grafitos con textos breves. Entre ellos
están el galés, el córnico y el bretón.
IV. Complejo arqueológico de la II E. Hierro: Cultura de La
Tène
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Augustus Wollaston Franks en 1863 acuña el término late celtic, atribuyendo el
material del hierro tardío a celtas históricos, esbozando el contenido étnico de
La Tène. En 1872 Hans Hildebrand subdivide la Edad del
Hierro en Hallstatt y La Tène, estableciendo celtas = cultura de La Tène. En
1885 Otto Tischler subdivide Hallstatt en 2 y La Téne en 3. Paul
Reinecke añade una fase inicial a La Téne. En 1913 Joseph Dechelette define
el concepto laténico superponiendo conceptos cronológicos, tipológicos y
culturales.

Poco a poco se va a reconocer una cuna céltica en Centroeuropa. Se crean


dos tradiciones, la francesa o tradicional que se refiere a celtas centroeuropeos
y la anglosajona que engloba a los insulares.

V. Estilo artístico de la II Edad del Hierro


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El arte laténico se identifica con el céltico por la fórmula celtas = La Téne.
Destacan los torques y los cascos. Queda reflejado ese estilo también en las
monedas. Controvertido es el caso del caldero de Gundestrup, parecido al arte
celta, pero que parece pertenecer a tracios o dacios. Tampoco todas las
regiones de habla celta coinciden su arte con el laténico.

VI. Espíritu celta


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Atribución de ciertas virtudes y características a los celtas como es la
independencia, el heroísmo, la arrogancia… Los clásicos les darán estas
virtudes características a través de sus textos. Estrabón y Diodoro
Sículo remarcan este espíritu, resaltando sus particularidades. Otro texto
de Flavio Arriano sobre una reunión entre Alejandro Magno y galos también lo
pone de relieve, así como Polibio en la batalla de Telamón. Aquí nos sirve el
fragmento de Polibio sobre dicha batalla para poner de relieve ese espíritu:

Infundía también terror la vista y movimiento de los que se hallaban desnudos en la


vanguardia, ya que sobresalían en robustez y bella disposición. Todos los que
ocupaban las primeras cohortes estaban adornados de collares de oro y manillas; a
cuya vista los romanos, ya se sobrecogían, ya estimulados con la esperanza de rico
botín, concebían doblado espíritu para el combate. Después que los flecheros
romanos avanzaron al frente, según costumbre, para disparar espesas y bien dirigidas
saetas, a los galos de la segunda línea les sirvieron de mucho alivio sus sayos y
calzones; pero a los desnudos de la vanguardia, como sucedía el lance al revés de lo
que esperaban, este hecho los colocó en grande aprieto y quebranto. Porque como el
escudo galo no puede cubrir a un hombre, cuanto mayores eran los cuerpos, y éstos
desnudos, tanto más se aprovechaban los tiros. Finalmente, imposibilitados de
vengarse contra los que disparaban, por la distancia y número de flechas que sobre
ellos caía, postrados y deshechos con el contratiempo, unos furiosos y desesperados
se arrojaron temerariamente al enemigo y buscaron la muerte por su mano, otros se
refugiaron a los suyos, hicieron público su temor y desordenaron a los que estaban a
la espalda. De esta forma fue derrotada la altivez de los "Gesatos" por los flecheros
romanos. Lo mismo fue retirarse los flecheros y salir al frente las cohortes, que venir a
las manos los insubrios, boios y tauriscos, y hacer una vigorosa resistencia. Cubiertos
como estaban de heridas, mantenía a cada uno el espíritu en su puesto. Sólo había la
diferencia que eran inferiores, tanto en general como en particular, en la estructura de
las armas.
Polibio, Historias, I, II, VIII
VII. Arte irlandés del I milenio d. C.
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Se llama celta a este arte como también se habla de la Iglesia celta. Los
modelos estéticos celtas perviven. El cristianismo llega en el
siglo V con Patricio. Gracias al latín se aprende la cultura antigua. En las
recopilaciones de textos se aprecia el arte celta en sus miniaturas, como en los
libros de Durrow y de Kells. Hoy en día esta cultura pervive. En cuanto a la
literatura, se conservarán algunos ciclos como el de Úlster y el de Finn.

VIII. Valores heredados de los celtas


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En el siglo XVI algunos eruditos ingleses y franceses se vanagloriaban de
descender de los celtas, en particular de los druidas. Se empiezan a atribuir
los monumentos megalíticos al celtismo, iniciándose una celtomanía. Se va
sobreponiendo una visión romántica a la que contribuye un texto de Plinio el
Viejo sobre los druidas. Aquí está el texto que ha ido desdibujando la forma
originaria de los druidas en una más romántica:

Los druidas (porque así se llaman estos magos) no tienen nada más de sagrado que
el muérdago y el árbol que lo soporta, siempre suponiendo que el árbol sea un roble
(...) pero ellos sólo eligen arboledas compuestas de robles para buscar el árbol, y
nunca realizan ninguno de sus ritos excepto en la presencia de una rama de él (...) De
hecho creen que todo lo que crece sobre él ha sido enviado desde el cielo y es una
prueba de que el árbol fue elegido por el dios mismo. Sin embargo, el muérdago se
encuentra rara vez sobre el roble, y, cuando se encuentra, se recoge con la debida
ceremonia religiosa, si es posible en el sexto día de la Luna (...) ellos llaman al
muérdago por un nombre significativo, en su lengua, el que todo lo cura. Habiendo
hecho los preparativos para el sacrificio y un banquete debajo de los árboles, ellos
traen allí dos toros blancos, cuyos cuernos atan entonces por primera vez. Vestidos
con ropas blancas, los sacerdotes ascienden al árbol y cortan el muérdago con una
hoz de oro y lo reciben otros con una capa blanca. Luego matan a las víctimas,
rogando a dios que otorgue este don propicio a aquellos a los que él ha admitido. Ellos
creen que el muérdago, tomado como bebida, imparte fecundidad a los animales
estériles y que es un antídoto para todos los venenos. Tales son los sentimientos
religiosos que han mantenido muchas personas respecto a cosas sin importancia.
Plinio el Viejo, Historia Natural, XVI, 249
Hoy en día, cierta retórica que apela a lo céltico se utiliza con fines políticos,
también para reforzar las identidades nacionales. Se ve
con Boudica en Inglaterra, Vercingetórix en
Francia, Viriato en Portugal, Breogán y Numancia en España. En especial
invenciones como es el "espíritu celta" o la "herencia celta". Por tanto,
según Ruiz Zapatero lo celta es en gran parte, lo que ha sido inventado a partir
de la información arqueológica y los datos de fuentes clásicas y medievales,
sumando representaciones imaginarias.

Prehistoria e historia de los pueblos celtas


[editar]
Véase también: Cultura de los campos de urnas
El término celta (keltoi) es de origen griego, quienes pudieron haberlo tomado
prestado de iberos o ligures. Los celtas probablemente se llamaban a sí
mismos *gal-,[cita requerida] o sea: galos (derivados: gálata).

No se ha logrado discernir etnias propiamente celtas entre los primeros grupos


de indoeuropeos que penetraron en la Europa central. Según el punto de vista
tradicional, solo hasta el siglo V a. C. con el surgimiento de la cultura de La
Tène es razonablemente seguro identificar a los portadores de esa cultura
como hablantes de lenguas celtas. Desde un punto de vista igualmente
tradicional, los primeros pobladores indoeuropeos podrían haber sido los
portadores de la cultura de los campos de urnas que se propagaron rápida y
extensamente por Europa hacia el siglo XIII a. C. Los portadores de esta cultura
se expandieron descendiendo por la margen derecha
del Ródano ocupando Languedoc, Cataluña y el bajo valle del Ebro. Otra línea
de expansión les llevó a Bélgica y el sureste británico.

Guerrero celta representado en la Fíbula de Braganza,


arte helenístico 250-200 a. C.
Sin embargo, recientemente se ha asociado a los celtas o sus precursores
inmediatos con la cultura del vaso campaniforme,4 que en el Neolítico medio se
habría expandido desde la península ibérica, difundiéndose por el frente
Atlántico hasta el centro de Europa (zona media del Elba).5 Al confluir así con
la cultura de la cerámica cordada se habría constituido el primer horizonte
cultural Paneuropeo, que algo más tarde desembocaría en la cultura del bronce
en Unetice, cerca de Praga. El estudio aún más reciente de la distribución del
haplotipo mitocondrial H, no solo es consistente con estas hipótesis, sino
concluye que esta difusión, que parte del SO de Europa, habría supuesto un
importante movimiento de población, y no solo la transmisión de un "paquete
cultural".6

A partir del siglo VIII a. C., otros pueblos presuntamente indoeuropeos fueron
los portadores de la cultura de Hallstatt (Hierro I), extendiéndose en esta fase
por el interior de la península ibérica (siglo VII a. C.) En el siglo VI a. C. los
pueblos presuntamente indoeuropeos fueron desplazados del noreste ibérico a
manos de los iberos, quedando así los celtas de Iberia aislados del resto de
pueblos celtas continentales.

Desde el siglo IV a. C., los celtas continentales inauguran la cultura de La Tène,


específicamente celta (Hierro II). En esta fase, los celtas acabaron de ocupar el
norte y centro de Francia (la Galia), el norte de Italia, así como la mayor parte
de las islas británicas. También se extendieron por los Balcanes, alcanzando
incluso una comarca de Asia Menor, que será conocida como Galatia. En esta
época se construyen importantes villas fortificadas (lat. oppida), que sirven de
centros comerciales y políticos. Es también en este período cuando
el druidismo se extiende entre los celtas. Contrariamente a lo que se cree, los
druidas no tenían templos de piedra ni arqueológicamente se ha podido enlazar
el druidismo celta con Stonehenge, siendo la cultura megalítica anterior en
varios milenios a la cultura celta y al fenómero del druidismo. Este error de
asociar la cultura megalítica atlántica (presente en las islas británicas, Francia y
España) con Stonehenge está muy extendido entre la gente por ser un invento
del romanticismo del siglo XVIII. Como ejemplo: los celtas ibéricos no
conocieron el fenómeno druídico, pero en España hay muchos restos
megalíticos.

Una de las primeras menciones de los celtas, es la de los galos senones


cisalpinos liderados por su rey Breno, que llegaron a invadir Roma en el
390 a. C. Posteriormente la república romana primero y el imperio romano
después combatirían exitosamente a los galos cisalpinos y transalpinos. Julio
César ya había luchado contra ellos durante su conquista de la Galia y, con el
tiempo, los romanos les arrebataron también sus dominios británicos e ibéricos.
A finales del Imperio romano (476), los celtas tan solo ocupaban partes del
noroeste de Francia, Irlanda, Gales y algunas zonas de Escocia. Durante el
transcurso de la Edad Media, reforzaron su control de Escocia e hicieron varios
intentos de ampliar su territorio en Inglaterra. A partir del siglo II a. C., los celtas
acusan la creciente presión militar de los germanos por el norte y, algo
después, la de los romanos por el sur. En pocas décadas toda la Galia está
ocupada por los romanos. La presencia romana en Gran Bretaña fue de escasa
duración, lo que permitió a las lenguas celtas de esta isla (galés) sobrevivir y,
más tarde, regresar al continente (Bretaña francesa).
Todavía en el siglo VII los celtas llevaron a cabo su quizá última expansión:
los escotos irlandeses invadieron Caledonia, región que pasó a ser
llamada Escocia.

Entre los restos arqueológicos celtas destacan los castros y


los petroglifos (nota: muchos petroglifos son mil años anteriores a la cultura
celta, aunque se seguirán haciendo durante el periodo celta), que se
encuentran con frecuencia en el noroeste de la península ibérica.

Los pueblos y cultura célticas tuvieron una fuerte presencia en el sudoeste de


la península, documentada por Plinio el Viejo y otras fuentes. Según
historiadores como Adolf Schulten el norte de la Península estaba habitado no
por pueblos celtas sino por ligures.

Lenguas celtas
[editar]
Artículo principal: Lenguas celtas
Sin duda el principal rasgo definitorio de las etnicidades celtas es la lengua. Ya
que el resto de aspectos históricos y culturales fueron más cambiantes, en
tanto que la lengua es más estable frente al devenir histórico, a pesar de que
debido al cambio lingüístico las lenguas celtas fueron diversificándose en un
proceso análogo al que llevó del latín a las lenguas románicas.

Las lenguas celtas derivan de un conjunto de dialectos del proto-indoeuropeo,


idioma que cronológicamente ocupa una posición intermedia dentro de
la familia indoeuropea. A partir de los rasgos comunes a las lenguas celtas
mediante los métodos de la lingüística histórica se ha reconstruido del proto-
celta que es una aproximación a la lengua madre que dio lugar por
diversificación a las lenguas celtas históricamente conocidas.

Cultura celta
[editar]
Véase también: Arte celta
Asentamiento celta en Eslovaquia

Casa celta en Gales


La cultura celta está formada por tradiciones transmitidas de forma oral,
destacando las historias incluidas en el Ciclo del Úlster, como el "cuento del
cerdo de Mac Datho",7 la batalla de los bueyes de Cualinge o Bricriu.8

Los autores griegos y romanos describen a los celtas como personajes


jactanciosos y turbulentos, muy amigos de armar camorra. Esto era aún más
cierto durante sus festines. Los festines eran una parte importante de la vida de
la nobleza celta. Los guerreros tenían entonces la oportunidad de alardear de
sus hazañas. Antes de trinchar la carne, tenían lugar una contienda verbal de
bravuconería, para decidir quién era el guerrero más valiente de los presentes.
Los contendientes para la obtención del título eran estimulados por sus
defensores para exponer los alegatos más extravagantes. El vencedor era
premiado con trinchar el animal asado, y reservarse para el la parte superior
del músculo, llamada la “parte del campeón”.910

La vestimenta de los celtas, tal y como ha sido reconstruida, muestra un estilo


colorista y bien ornamentado, con mucha tendencia a la mezcla de colores
llamativos. Los tintes principales, que tanto fervor causaron, seguramente eran:
para el rojo, la llamada “Roja” (Rubia tinctorum L.), para el amarillo Reseda
luteola y para el azul, yerba pastel (Isatis tinctoria). El lino ha sido el material
textil más antiguo hallado, usado por los proto-celtas. La lana se convirtió en la
materia prima más usada una vez las ovejas fueron domesticadas. En la Edad
de Hierro la mayoría de ropa de los celtas estaba hecha de lana. La tela se
tejía con telares, a cuadros y rayas, pero más simples que el “tartán” actual.
Las piezas de vestir básicas eran braccae para los varones11 y túnicas largas
y peplum para las mujeres, así como un saquito en el cinturón
(denominado pouch)12) para ambos.13

Las casas estaban formadas por una armadura de postes de madera, ramas
y mimbres entrelazados y embarrados, cubiertas de entramados de paja.
Hoyos distribuidos alrededor de la vivienda, servían para almacenar los
cereales. Las viviendas se encontraban dentro de cerros fortificados, como es
el caso de Maiden, en Dorset.
Religión
[editar]
Artículo principal: Mitología celta

El caldero de plata Gundestrup, Dinamarca,


mostrando relieves de la mitología celta
La religión de los antiguos celtas, particularmente la de los galos antes de la
conquista romana, no es bien conocida, y los datos de que se disponen para
reconstruirla son escasos y no muy precisos.

El culto estaba a cargo de los druidas, sacerdotes que a la vez eran los
educadores de la juventud. Los monumentos tradicionalmente llamados
"piedras druídicas", anteriores a la llegada de los celtas al oeste de Europa,
parecen no haber representado ningún papel en la religión de los antiguos
galos.

Durante mucho tiempo solo existieron cultos locales especialmente


relacionados con las montañas, los bosques y las aguas, a los que se invocaba
bajo diferentes nombres. Hallamos el dios Vosgos, la diosa Ardenas, el dios
Dumias; las divinidades de las fuentes o de los ríos: Sequana (la fuente del
Sena), Nemausis (la fuente de Nimes).

Más tarde se estableció el culto de las grandes divinidades, más o menos


común a toda la Galia. En la época galorromana éstas se fueron identificando
con las divinidades de Roma, mediante un proceso cultural llamado
"sincretismo": Teutates, especie de Mercurio con algo de Júpiter y
de Marte; Taranis, relacionado con el rayo, pero carente del poder supremo de
Júpiter; Esus, dios de la guerra y del ganado, asimilado a Marte o a
Silvano; Belenus, dios de las artes, relacionado con el sol y comparado
con Apolo; Cernunnos, dios del sueño y de la muerte asimilado a Plutón.

Junto a ellos figuraban diosas como: Rosmerla, asociada a Teutates; Belisma,


diosa de las artes del fuego, asimilada a Minerva; Epona, diosa de la
abundancia agrícola, asimilada a Ceres.

Los galos tuvieron también divinidades abstractas o genios de las ciudades.

Entre las prácticas de la creencia popular es famosa la recolección, de acuerdo


con prescripciones fijas, del muérdago, al que se consideraba dotado de
virtudes extraordinarias. Asimismo, el roble se consideraba un árbol sagrado.

El druidismo es una institución pan-celta. De manera comparable a otras


sociedades indoeuropeas, los druidas forman un cuerpo profesional procedente
de la aristocracia, de especialistas en las técnicas del derecho y del culto
asociados a la función soberana. Auxiliares de la realeza, velan por las
actividades de palabra y de enseñanza asegurando la transmisión del saber
tradicional.

En la época que precedió a la conquista romana de la Galia, y, al parecer,


posteriormente en las islas, la característica principal de la práctica religiosa de
los antiguos celtas es el druidismo. La palabra druida que es específicamente
celta proviene de *der-w/dr-ew que se entiende como «el que sabe fielmente, el
que tiene una visión verdadera, cierta». La existencia del clero druida está
atestiguada en varios autores antiguos, para diferentes épocas y en diferentes
lugares del mundo celta. En la Galia, los druidas parecen haber desempeñado
un papel clave en la insurrección de -52 y, posteriormente, en las revueltas
galas del siglo I: la de las Guerras de Secesión, liderada por el heduo Julio
Sacroviro en 21 d. C. y descrita por Tácito en sus Historias, habría conducido al
estallido de las hostilidades de Roma contra los druidas galos.

El «clero» druídico estaba encargado de la celebración de las ceremonias


sagradas y de los ritos cultuales: solo él tenía derecho a practicar los
sacrificios, a veces humanos, pero más generalmente de animales o simbólicos
(como atestiguan los exvotos de madera inventados en las fuentes del Sena).
Fue la práctica de los sacrificios humanos la que sirvió de pretexto para la
prohibición de los druidas bajo el emperador Tiberio (o Claudio para algunos
historiadores). Otras prerrogativas de los druidas eran lógicamente la
enseñanza, la diplomacia, la historia, la genealogía, la toponimia, la magia, la
medicina y la adivinación. El druida, gracias a su saber (cuya adquisición podía
requerir veinte años de estudios, según César) y gracias a su dominio de las
prácticas mágicas, era un intermediario entre los dioses y los hombres.

El druida tenía también un papel de consejero político ante el rey con el que
pudo formar un binomio en el que el rey ejercía la soberanía bajo la inspiración
del druida. El druida Diviciacos, contemporáneo de Cicerón y directamente en
el origen de la conquista romana de la Galia, aparece sobre todo como el jefe
político de los eduos.

Algunos pueblos celtas


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Celtíberos
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Artículo principal: Celtíberos
Véase también: Célticos
El territorio peninsular sobre el que se asientan los recién llegados (preceltas)
estaba habitado por pueblos preíberos (aparte de geográfico, íbero es un
término cultural). Se discute mucho si se produjo un desplazamiento, una
conquista, una alianza, asimilación, pacto o fusión entre celtas e íberos (de
buen grado o como siervos). Las primeras referencias escritas sobre
los celtíberos se deben a geógrafos e historiadores grecolatinos
(Estrabón, Tito Livio, Plinio y otros), aunque su estudio, que arranca del
siglo XV, no adquiere rango científico hasta los inicios del siglo XX (marqués de
Cerralbo, Schulten, Taracena, Caro Baroja, etc.), cobrando renovado impulso
en los últimos años. Pese a este excepcional acervo literario, aún hoy se
discuten aspectos claves para su definición: los confines de su solar, su
verdadera personalidad o su propia genealogía.

Los datos disponibles son contradictorios y las teorías de los autores difieren
sobre el tema. Incluso podría darse una mezcla de todas las opciones posibles,
ya que las densidades de población y los recursos disponibles son muy
especulativas. Las relaciones e influencias mutuas cambiaron con el paso del
tiempo. Se atestigua una gran presencia precelta en zonas de la Bética (actual
Huelva, Sevilla) que se intenta explicar mediante la presencia de siervos,
mercenarios o bolsas aisladas de colonos.

La cultura de los celtíberos hizo suya la herencia de los iberos, de quienes


adoptaron el sistema de escritura. Tras la caída de Numancia en el 133 a. C.,
su territorio pasó a formar parte de la provincia romana Hispania Citerior.

Existe también un buen número de monedas grabadas con el nombre celtíbero


de la ciudad o de los habitantes de la ciudad en donde aquellas fueron
acuñadas. Además, se han encontrado 20 teseras de hospitalidad grabadas,
pequeñas placas de bronce utilizadas como símbolo de pacto entre dos partes,
generalmente entre un individuo y una comunidad, con las que el portador
podía solicitar hospitalidad a lo largo de sus viajes. La mayoría de estas
inscripciones son muy breves, con la excepción de la tesera de Luzaga (24
palabras).

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