Capítulo II: Desarrollo Cognitivo
2.1 Aspectos del desarrollo cognitivo
a) Inteligencia y habilidades de procesamiento
La inteligencia en la adultez tardía no disminuye de manera uniforme; depende
de qué capacidades cognitivas se midan y cómo se evalúan. Algunas habilidades, como
la velocidad de procesamiento mental y el razonamiento abstracto, suelen decrecer en
los últimos años de vida. Sin embargo, otras capacidades, como la sabiduría, el
conocimiento acumulado y el juicio práctico, tienden a mantenerse estables o incluso
mejorar a lo largo de la vida adulta.
Pese a que algunos cambios cognitivos pueden estar relacionados con el
deterioro neurológico, hay una gran variabilidad individual. Esto sugiere que los
deterioros no son inevitables y que, en algunos casos, podría prevenirse o ralentizarse.
Factores como la capacidad cognitiva previa, el nivel educativo y la posición
socioeconómica son determinantes importantes en el mantenimiento de la inteligencia
en la vejez.
En cuanto a las cuestiones prácticas, la inteligencia práctica y la solución de
problemas cotidianos suelen mantenerse estables, a diferencia de lo que ocurre con las
capacidades medidas por pruebas de inteligencia abstracta. Las decisiones relacionadas
con situaciones cotidianas, como resolver conflictos interpersonales o planificar ante
problemas, muestran que los adultos mayores pueden ser más eficaces y flexibles que
los jóvenes, especialmente cuando los problemas tienen un componente emocional
relevante.
Aunque los estudios muestran que la capacidad de resolver problemas cotidianos
se mantiene estable durante gran parte de la vida, tiende a disminuir en etapas muy
avanzadas. Los adultos mayores aplican estrategias más diversas, dependiendo de si los
problemas son instrumentales (prácticos) o interpersonales (relaciones sociales). Pero
algo a destacar es que estos tienden a resolver situaciones de relevancia emocional de
manera más eficaz y flexible, referida a lo interpersonal.
En lo que respecta a los cambios en las capacidades de procesamiento, las
capacidades cognitivas experimentan cambios variados. La ralentización del sistema
nervioso central afecta la velocidad de procesamiento, relacionada con la salud física y
las actividades cotidianas. Cambiar rápidamente de atención entre tareas se vuelve más
difícil, lo que puede complicar actividades como conducir. Sin embargo, los adultos
mayores suelen mantener un buen desempeño en tareas que dependen de conocimientos
y hábitos frecuentemente realizados.
El entrenamiento cognitivo puede mejorar la velocidad de procesamiento y otras
habilidades, demostrando la plasticidad cerebral incluso en esta etapa de la vida. Los
mayores progresos se observan en aquellos que comienzan con un desempeño más bajo,
especialmente cuando el entrenamiento se enfoca en metas prácticas específicas.
b) Cambios en la memoria
Las fallas de memoria suelen considerarse un signo del envejecimiento.
Actividades cotidianas que antes se realizaban con facilidad, como recordar una lista de
tareas o las dosis de medicamentos, pueden volverse más difíciles en la adultez tardía.
La pérdida de memoria es una de las principales preocupaciones en los adultos mayores,
afectando aproximadamente a uno de cada cinco mayores de 70 años, aunque no todos
presentan demencia.
El deterioro de la memoria varía considerablemente entre individuos y se
manifiesta de manera más lenta en comparación con otras capacidades. Por ello, para la
comprensión de estos cambios, es esencial diferencias los tipos de memoria
Entre ellos están:
Memoria de corto plazo: Es evaluada a menudo mediante la capacidad de
recordar secuencias de números. Los adultos mayores tienden a retener bien la memoria
hacia adelante, que se relaciona con la memoria sensorial, la cual se mantiene estable
con la edad. Sin embargo, la memoria de trabajo, que implica manipulación de
información (como recordar números en orden inverso), muestra un deterioro gradual a
partir de los 45 años. Las tareas simples de repetición muestran poco deterioro, pero
aquellas que requieren reorganización o elaboración presentan mayor declive debido a
la limitada capacidad de la memoria de trabajo en los adultos mayores.
Memoria de largo plazo: Se divide en la memoria episódica, semántica y
procedimental. En primer lugar, está La memoria episódica, que almacena recuerdos
específicos, es la más vulnerable al deterioro con la edad, especialmente en la capacidad
de recordar eventos recientes. En contraste, la memoria semántica, que contiene
conocimientos generales sobre el mundo, se ve menos afectada y puede incluso mejorar,
dado que el vocabulario y los hechos acumulados a lo largo de la vida siguen
fortaleciéndose. Por último, la memoria procedimental, que implica habilidades
automáticas como montar en bicicleta o escribir a máquina, también se conserva
relativamente bien, aunque puede verse afectada por la disminución en la velocidad de
respuesta relacionada con la edad.
Asimismo, el envejecimiento también afecta la capacidad de recuperar palabras
con rapidez, lo que provoca dificultades para recordar términos conocidos o expresar
ideas con fluidez. A pesar de estos problemas, el conocimiento del vocabulario y el
lenguaje en general permanece intacto en la mayoría de los adultos mayores.
En lo que respecta a la codificación y memoria, suele ser muy común tener
problemas sobre estos en esta etapa aunque los adultos mayores pueden mejorar con el
entrenamiento adecuado o si se les recuerda usar estrategias eficaces. El estrés y los
factores emocionales también pueden influir en las fallas de memoria.
c) Sabiduría en la vejez
Debido al envejecimiento global, la sabiduría, un tema que durante mucho
tiempo fue objeto de especulación filosófica, ha adquirido relevancia en la investigación
psicológica. Teóricos como Jung y Erikson la consideran como la culminación de una
vida de crecimiento personal y desarrollo del yo. En este sentido, la sabiduría puede ser
vista como el resultado de un proceso de maduración a lo largo de toda la vida.
La sabiduría también se ha estudiado desde una perspectiva cognitiva, definida
como una capacidad que combina una amplitud y profundidad excepcionales del
conocimiento sobre las condiciones de la vida y los asuntos humanos, junto con un
juicio reflexivo acerca de la aplicación de dicho conocimiento. Esta capacidad no solo
implica el manejo de conocimiento factual, sino también la conciencia de la
incertidumbre y la complejidad de la realidad, lo que puede conducir a la trascendencia
y al distanciamiento de las preocupaciones egoístas (Moya, 2020).
2.2 Enfermedades y afecciones concurrentes en la vejez
a) Enfermedades con mayor incidencia
La adultez tardía es una etapa de la vida en la que el cuerpo humano se vuelve
más vulnerable, lo que aumenta el riesgo de desarrollar diversas enfermedades. La salud
física y cognitiva se deteriora con el tiempo debido a factores como el debilitamiento
del sistema inmune y el metabolismo más lento el cual ya no responde como antes
(Fundación Atilano Sánchez Sánchez [FASS], s.f.).
Entre las enfermedades más concurrentes en esta etapa, se encuentran el
Alzheimer que produce la pérdida de memoria y dificultad en el manejo de actividades
cotidianas, el Parkinson que afecta la movilidad y coordinación del cuerpo asi como
provocar temblores y problemas de equilibrio. Asimismo, se pueden encontrar otras
como la hipertensión que está relacionada con enfermedades cardiovasculares, el ictus,
la cual es una enfermedad cardiovascular, que causa daño neuronal evidenciándose en la
pérdida de coordinación y dificultades en el habla. En cuanto a su salud mental, se
encuentra con frecuencia la depresión en las personas de mayor de edad, sobre todo en
aquellos que sufren de soledad o aislamiento. (FASS, s.f.).
Es importante mencionar que algunas de estas enfermedades no deben ser
confundidas como parte inevitable de la etapa de la vejez como lo es el Alzheimer o el
Parkinson, puesto que son patologías que pueden ser tratadas, prevenidas o
diagnosticadas a tiempo.
b) Deterioro cognitivo leve y demencia
El deterioro cognitivo leve es una afección que afecta a algunas personas
mayores, provocando problemas de memoria y habilidades cognitivas más
significativos que los que presentan otras personas de su misma edad. A pesar de estos
problemas, las personas con el deterioro cognitivo leve suelen poder cuidarse a sí
mismas y llevar a cabo sus actividades cotidianas con normalidad. Aunque dicha
afección puede ser un indicio temprano de la enfermedad de Alzheimer, no todas las
personas que lo padecen desarrollarán esta enfermedad.
Si una persona mayor experimenta cambios en su memoria o en sus habilidades
cognitivas, es importante que consulte a un médico para evaluar si padece dicha
afección y para identificar los posibles síntomas tempranos (National Institute on
Aging [NIA], 2023)
En cuanto a la demencia, a diferencia del deterioro cognitivo leve, esta no es una
parte normal del envejecimiento. La demencia implica una pérdida significativa de las
funciones cognitivas, como pensar, recordar, aprender y razonar, que afecta gravemente
la calidad de vida y las actividades diarias. Aunque la pérdida de memoria es uno de los
síntomas más comunes, no es el único. Las personas con demencia también pueden
tener dificultades con las habilidades del lenguaje, la percepción visual, la atención y, en
algunos casos, experimentar cambios de personalidad (NIA, 2023)
2.3 Conservación de la salud cognitiva
a) Estimulación cognitiva
La estimulación cognitiva es una estrategia clave para mejorar y mantener las
capacidades cognitivas de los adultos mayores. No solo es beneficiosa para personas
con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, sino también para aquellos
que experimentan un envejecimiento normal. A través de ejercicios y desafíos
cognitivos, los adultos mayores pueden mejorar su memoria, velocidad de
procesamiento y otras funciones cognitivas importantes, contribuyendo a una mayor
calidad de vida.
El cerebro, al igual que los músculos, requiere ejercicio regular para mantenerse
activo y saludable. La gimnasia cerebral puede fortalecer las conexiones neuronales y
retrasar el deterioro cognitivo, favoreciendo la autonomía y el bienestar emocional de
los adultos mayores. Incorporar estos ejercicios en su rutina diaria puede ayudar a
prevenir el deterioro cognitivo y fomentar un envejecimiento saludable.
Entre los ejercicios que más se recomiendan, según la institución Paz Mental
(2024) para mantener la mente activa y saludable de los adultos mayores está ordenar la
cocina que consiste en acomodar los objetos de la cocina, relacionar concepto en donde
se relacione información nueva con algo conocido, resolver acertijos y juegos de lógica,
leer, jugar juegos de mesa, completar tanto crucigramas como sopa de letras y hacer
ejercicios de atención y concentración.
Cabe destacar que para que los adultos mayores se beneficien de estos ejercicios,
es importante que los incorporen de manera regular en su rutina diaria. Comenzar con
ejercicios sencillos y aumentar gradualmente la dificultad puede ayudar a mantener la
motivación y a evitar la frustración. El objetivo es mantener la mente activa y saludable,
logrando así una mayor independencia y una mejor calidad de vida (Paz Mental, 2024)
b) Aprendizaje continuo
En esta etapa de la vida, el aprendizaje continuo se convierte en una herramienta
clave para mejorar la calidad de vida, mantener la mente activa y explorar nuevas
pasiones.
Este ofrece numerosos beneficios a los adultos mayores, que van más allá de la
adquisición de nuevos conocimientos. Como ejemplo está la estimulación cognitiva
como se mencionó anteriormente, el desarrollo de nuevas habilidades puesto que las
personas en esta fase de sus vidas tienen mayor tiempo y flexibilidad para atender
intereses olvidados o desatendidos, la conexión social tambien es otro beneficio y algo
esencial puesto que reduce la soledad que muchos de los adultos de la tercera edad
puedan sufrir. Por último, está el bienestar general, en el cual la sensación de logro y el
estímulo intelectual contribuyen a mejorar la autoestima y a mantener un sentido de
propósito en la vida (Centro de Educación Continua Anahuac Mexico [CECAM],
2024).
Por ello, el aprendizaje continuo en la vida adulta no solo mejora las capacidades
cognitivas y emocionales de las personas mayores, sino que también las mantiene
activas y conectadas con el mundo.