GRAN PRIORATO DE
HISPANIA
Régimen Escocés & Rectificado
en los Conventos de las Galias de 1.778 y Wilhemsbad de 1.782
Priorato Provincial de Bolivia / Estamentos
de la República Mexicana.
MASONERÍA DE TRADICIÓN
MASONERÍA CRISTIANA
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❖ La ORDEN RECTIFICADA, tiene por fundamento la Fe en
Dios.
❖ Sus miembros profesan la Religión Cristiana y llevan, allá
donde se encuentren, su mensaje. Prestan sus
juramentos y compromisos sobre el Prólogo del
Evangelio de San Juan.
❖ Tiene por objetivo permitir al Hombre reencontrar su
verdadera naturaleza mediante una realización personal,
masónica y caballeresca.
❖ La Iniciación masónica, en su doctrina, por el trabajo
simbólico y por la práctica cotidiana de las virtudes,
procura a quienes la reciben los medios para reencontrar
en sí mismos su originaria dimensión divina.
❖ La vía caballeresca hace de quienes la integran
Caballeros de Cristo al servicio de los hombres para
hacer reinar la justicia.
❖ Masones y Caballeros, todos tienen en común la exigencia
moral de una beneficencia esclarecida, activa y universal
que testimonia la autenticidad de sus compromisos.
❖ La Masonería y la Caballería abren perspectivas místicas
que obran por la búsqueda de la Verdad y el ejercicio de
la Caridad. De este modo, la suerte de hombre alguno en
el mundo no es extraña a los miembros de la Orden, para
quienes Dios es camino de virtud, de verdad y de vida.
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ORÍGENES DEL R.E.R.
El Régimen Escocés & Rectificado fue organizado entre
1774 y 1782 por dos grupos de masones, uno en Lyon (Jean
Baptiste Willermoz, 1730-1824) y otro en Estrasburgo (Jean y
Bernard de Turkheim y Rodolphe Saltzman). Willermoz fue
sobre todo su alma pensante y
podemos decir que la arquitectura del
Régimen fue su obra, dando forma a la
doctrina que en él se transmite.
Desde el punto de vista formal, el
Régimen Escocés Rectificado tiene
tres orígenes históricos y dos fuentes
de inspiración espiritual.
Los tres orígenes históricos del Régimen son:
I. La Masonería francesa de la época, con su proliferación
de los grados más diversos (Willermoz los conocía
todos y practicó muchos de ellos) y que una vez
depurada, sería estructurada hacia 1786-1787 en un
Sistema que llevaría más tarde el nombre de “Rito
francés”, con sus tres grados y cuatro órdenes; sin
olvidar los diversos grados cuya combinación
constituye lo que se ha venido a llamar el
“escocismo”.
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II. El Sistema propio de Martinez de Pasqually, personaje
enigmático aunque inspirado, al que tanto Willermoz,
como Louis-Claude de Saint-Martin, reconocieron
siempre como a su Maestro, denominado “la Orden de
los Caballeros Masones Elegidos Cohens del Universo”.
III. La Estricta Observancia, también dicha “Masonería
rectificada” o “Reformada de Dresde”, sistema alemán
en que el aspecto caballeresco primaba absolutamente
sobre el aspecto masónico, y que pretendía ser, no ya la
heredera, sino que iba mucho más allá y pretendía
reinstaurar la antigua Orden del Temple abolida en
1312.
Las dos fuentes espirituales son:
1) La doctrina “esotérica” de Martinez de Pasqually
cuyo contenido esencial versa sobre el origen
primero, la condición actual y el destino último
del hombre y del universo.
2) La tradición cristiana nutrida por las enseñanzas
de los Padres de la Iglesia.
Partiendo de aquí, Willermoz dio a su Sistema o Régimen
una arquitectura concéntrica, organizándolo en tres clases
sucesivas cada vez más interiores al igual que más secretas,
siendo desconocida cada clase interior por la que le era
exterior.
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Por otra parte, el recorrido iniciático desarrolla, de grado
en grado, una enseñanza doctrinal progresivamente más
precisa y explícita gracias a las “instrucciones” que forman
parte del ritual de cada grado.
Esta concepción del conjunto - arquitectura del Régimen y
doctrina - fue oficialmente aprobada en dos etapas.
Primeramente a nivel francés, por el Convento de las Galias,
tenido en Lyon (entre noviembre y diciembre de 1778) el cual
aprobó, entre otros, el Código masónico de las Logias reunidas
y rectificadas y el Código de la Orden de los Caballeros
Bienhechores de la Ciudad Santa, de donde salen los textos
constitucionales particulares todavía en vigor en nuestro
Régimen. Luego a nivel europeo por el Convento de
Wilhelmsbad, en Alemania (agosto-septiembre de 1782),
tenido bajo la presidencia del duque Ferdinand de Brunswick-
Lunebourg y del príncipe Charles de Hesse, a la sazón
principales dirigentes de la Estricta Observancia, quienes se
adhirieron a lo que en esa época se vino a llamar la “Reforma
de Lyon”.
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LAS CLASES DEL R.E.R.
El Gran Priorato de Hispania, según el Régimen Escocés &
Rectificado que practica, tal cual Jean Baptiste Willermoz lo diseñó,
se estructura en tres Clases diferentes, dos ostensibles y una
secreta:
1. Clase Simbólica u Orden Masónica, constituida en
Directorio Nacional Escocés de las Logias Reunidas &
Rectificadas de España, bajo el cual trabajan todas las Logias
simbólicas confiriendo y llevando a término la iniciación masónica.
Esta clase se compone de cuatro grados: los tres primeros de
Aprendiz, Compañero y Maestro, son practicados en las Logias de
San Juan, también dichas logias azules a causa del color de sus
decoraciones, y un cuarto grado de Maestro Escocés de San Andrés
practicado en las Logias de San Andrés o Logias Escocesas, dichas
Logias verdes por las mismas razones.
Estos cuatro grados están fundamentados en la reconstrucción
interior del hombre por el conocimiento de la fe y la práctica asidua
de las virtudes cristianas.
Una vez que el Maestro Escocés de San Andrés da muestras de
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haber alcanzado el grado de realización espiritual que prueba que,
efectivamente, ha llevado a cabo su iniciación masónica, es cuando
puede tener acceso a la Orden Interior.
2. Clase Caballeresca u Orden Interior, denominada
Orden de los Caballeros Bienhechores de la Ciudad Santa, que
es una Orden de caballería cristiana de ninguna forma asimilable a
ningún sistema de altos grados de otras Obediencias Masónicas.
Se compone de dos etapas:
IV. Una primera etapa preparatoria y transitoria que es la de
Escudero Novicio. La calidad de Escudero Novicio se
confiere por la ceremonia de investidura.
V. La segunda etapa es la de Caballero Bienhechor de la Ciudad
Santa (abreviado C.B.C.S.). Esta etapa no es un grado, sino
una calidad que es conferida mediante la ceremonia de
armamento.
El Caballero tiene el deber de obrar activamente en la Orden y
en el mundo para poner en práctica las enseñanzas morales,
religiosas y doctrinales recibidas en las Logias de San Juan y San
Andrés. Logias que no abandona y en donde debe, ahora más que
nunca, dedicarse al servicio de sus hermanos y al de todos los
hombres, en particular mediante el ejercicio de la beneficencia.
3. Clase Secreta: Profesos y Grandes Profesos.
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LA DOCTRINA DEL R.E.R.
El Régimen Escocés & Rectificado presenta la particularidad
destacable y probablemente única de poseer una doctrina propia de
iniciación, explícitamente formulada y metódicamente enseñada
grado a grado. De este modo, al mismo tiempo que sus miembros
avanzan en la vía iniciática, se les imparte una enseñanza teórica en
forma de discurso pedagógico en relación con esta misma
iniciación.
Esta doctrina de la iniciación masónica está intrínsecamente ligada
a la naturaleza y destino del hombre y en perfecto acuerdo con el
cristianismo que le es connatural, permitiendo a quien se adhiere a
ella vivir la plenitud del proceso iniciático en la plenitud de la fe
cristiana.
El origen de esta doctrina está en las enseñanzas de Martinez de
Pasqually, particularmente en su Tratado de la Reintegración de los
seres, sustrato doctrinal de todo el conjunto del rectificado que
Willermoz adaptó a la estructura y presentación actual de la Orden.
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La doctrina rectificada se resume en las siguientes cuatro
enseñanzas:
Primero: El hombre ha sido creado a imagen y semejanza divina, y
en el estado primitivo glorioso que le era propio gozaba de la
inmortalidad y de la beatitud perfecta porque estaba en comunión
directa y constante con el Creador, en unidad con él. Esto es lo que
expresa el adjetivo glorioso, al que hay que tomar en su sentido más
amplio en que aparece en las Escrituras, en donde la gloria pone de
manifiesto la presencia inmediata y luminosa de Dios (en
masonería la palabra gloria tiene este sentido: para todo masón,
trabajar a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo es trabajar en
presencia del Dios Creador).
El primer hombre, revestido con luz divina, es decir, participando
de las virtudes y poderes que están en la esencia divina (lo que la
teología cristiana oriental llama las energías increadas),
participando sin ser él mismo de la esencia divina, tenía como
destino ser el rey de este universo creado por Dios.
Segundo: Este hombre, por decisión de su libre voluntad, se ha
desviado y separado de su Creador y ha caído. Como consecuencia,
ha perdido la semejanza divina. Sin embargo, la imagen divina
subsiste en él inalterada, porque la huella de Dios es inalterable.
Esta imagen está deformada, se ha convertido en algo disforme, y
esto es lo que simboliza el paso de Oriente a Occidente, de la luz a
las tinieblas, de la unidad a la multiplicidad: Adán expulsado de ese
lugar de luz y de paz total (pax profunda), que era el Paraíso
terrestre; y entendamos que el Paraíso terrestre no era en realidad
un lugar, sino un estado del ser.
Este hombre separado de su origen, que es Dios, de su verdadero
Oriente, es llamado por Willermoz, influenciado por Martinez de
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Pasqually, el hombre en privación. Y esta privación es absoluta. Esto
conlleva un doble castigo, castigo exigido por la justicia divina, pero
al que el hombre se ha condenado por sí mismo. El primero es que el
hombre no está en unidad con Dios, en comunicación inmediata y
constante con Él. Esto viene designado en los antiguos textos como
la muerte intelectual, teniendo en cuenta que en el lenguaje de la
época intelectual quería decir espiritual, incorporal; nosotros
diríamos ahora que el hombre caído está en estado de muerte
espiritual.
Pero ha sufrido también un segundo castigo. La mutación
ontológica radical que la caída del hombre ha provocado en él se
manifiesta también por el hecho de que el cuerpo glorioso de que
estaba inicialmente revestido, cuerpo de luz, cuerpo espiritual, se
ha transformado en un cuerpo de materia sujeto a la corrupción y a
la muerte; de suerte que, condenado a la muerte espiritual, lo está
también a la muerte corporal.
En este estado, a partir de ahora el hombre se encuentra dotado de
una doble naturaleza: su naturaleza espiritual, gracias a la cual
continúa siendo imagen de Dios, y que ha conservado; y la
naturaleza animal corporal que le ha valido su caída y que le
asemeja a los animales terrestres.
Y es víctima por ello de horribles tormentos. Como ser espiritual,
aspirante por su propia naturaleza a la unidad con Dios, sufre
indeciblemente por su ruptura con él. Como ser animal, se ha
convertido en el esclavo de sus sensaciones y necesidades físicas y
en juguete de las fuerzas y elementos materiales. En fin, como ser
doble, a la vez espiritual y animal, está desgarrado y descuartizado
por el antagonismo entre las aspiraciones y tendencias contrarias
de sus dos naturalezas.
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Trágica es, pues, la condición actual del hombre.
Tercero: Sin embargo, el Régimen Rectificado nos enseña que esta
privación absoluta, que se ha convertido según la justicia divina en
definitiva, no lo será en realidad a causa de la entrada en juego de la
misericordia o clemencia divina, la cual aparece en el instante en
que el hombre se arrepiente. Ahora bien, arrepentirse es volver a
encontrarse a sí mismo, es recuperarse. Es desviarse de las tinieblas
y hacer frente de nuevo a Oriente en donde se encuentra la Luz. Es
ponerse en situación de ascender a sus fuentes, a su origen.
Entonces es cuando el trabajo de iniciación es verdaderamente
posible. Pues la iniciación es uno de los medios utilizados por la
misericordia divina (y esto, desde el primer instante de la caída)
para permitir al hombre recuperar su estado original restableciendo
en él la semejanza a la imagen divina, restaurando en él la
conformidad del tipo al prototipo, del hombre a Dios.
Por esta razón se afirma insistentemente que el verdadero y único
objetivo de las iniciaciones es el de preparar a los iniciados para
descubrir el único camino que puede conducir al hombre a su
estado primitivo y devolverle los derechos perdidos. Texto a
parangonar con aquel otro en el que Louis-Claude de Saint Martin
expone que el objeto de la iniciación es el de anular la distancia que
hay entre la Luz y el hombre, o el de acercarle a su origen,
reponiéndole en el mismo estado en el que estaba en un principio.
Comprenderéis ahora en qué consiste esta unión necesaria entre la
caída del hombre y la iniciación a la que me he referido con
anterioridad. La iniciación es una consecuencia de la caída;
consecuencia no fatal, sino providencial; no obligada sino deseada
por la misericordia divina para contrarrestar la caída y anular sus
efectos. Es un auxilio de la Providencia al hombre, que no le ha
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faltado nunca a lo largo de su historia, y por esta razón las sucesivas
formas que adoptó la iniciación a lo largo de los tiempos (y la
masonería es una de ellas) estuvieron en relación con las vicisitudes
temporales del hombre, que sin cesar se debate entre la caída y el
arrepentimiento.
Captareis también, al mismo tiempo, no sólo la utilidad, sino la
necesidad de una enseñanza conexa con la iniciación. Tiene como
fin hacer que el hombre tome conciencia, por un lado, de su estado
presente y, por otro, del estado que era el suyo original, y que puede
volver a ser suyo. El objetivo es evidente: producir en el hombre (en
el iniciado) un cambio de estado de conciencia, de modo y manera
que permita el hacer posible el cambio de estado del ser que debe
realizar el trabajo iniciático. Los dos (estado de conciencia y estado
del ser) están ligados.
Es por esto por lo que el rito trata sobre el tema de la construcción
del templo, de su destrucción y su reconstrucción, que es la
transposición de forma constructiva del tema de la semejanza de
imagen, sucesivamente perdida y después recuperada, ya que, en
última instancia, el templo no es otra cosa que el hombre.
Cuarto: Hay una cuarta enseñanza con la que terminaremos y que
de todas es la más esencial: ¿Puede el hombre operar por sí mismo
este restablecimiento, esta reintegración en su estado primitivo y
en los derechos que ha perdido? Absolutamente, no. Sería, por su
parte, hacerse culpable de una empresa orgullosa similar a la que
provocó su caída original. Esta reintegración, es decir, esta vuelta a
la integridad primera, exige la mediación de un ser que, a la manera
del hombre, esté dotado de una doble naturaleza, de una parte
espiritual y otra corporal. Sin embargo, a diferencia del hombre
actual, cuyas dos naturalezas están corrompidas por la caída, están
las dos en estado de pureza en ese ser, de inocencia y de perfección
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gloriosa como lo estaban inicialmente en el hombre.
Entenderéis ahora de quién se trata y quién es aquel a quien
nuestros textos llaman el Divino Mediador. Los textos son, en lo
relativo a su identidad, perfectamente claros:
“(…) Todas las relaciones entre la misericordia divina y los
culpables habían sido aniquiladas y la desgracia actual del
hombre sería inexplicable si esta misericordia no hubiera
empleado un tonificante infinitamente poderoso para levantar
al hombre de su funesta caída y colocarlo de nuevo en el que era
su primer destino”.
No ignorareis cuál ha sido este tonificante. En efecto, ¿y quién otro
que no un ser que no sea Dios, que participe de su esencia, podía
encadenar el poder de aquel que había subyugado al hombre?
“Inmediatamente después del crimen del hombre, este
agente poderoso acudió a manifestar su acción victoriosa
sobre los culpables en el templo universal; la manifestó
especialmente en el tiempo a favor de la posteridad del
hombre y para vergüenza de su enemigo, uniendo su
Divinidad a la humanidad; en fin, no cesa de manifestarla
en todos los rincones del Universo. He aquí, mi querido
hermano, los auxilios divinos y eficaces que el hombre, a
través de su arrepentimiento, transmite a su posteridad y
de los que nadie puede participar si no actúa en nombre y
en unidad con este Agente, reconciliador universal”.
He aquí por qué, al término de la iniciación masónica, lo
que el Régimen Rectificado ofrece para que lo contemplen sus
miembros no es un renacimiento, sino una resurrección. Hemos de
anotar en este sentido que desvelar al término de la iniciación la
resurrección de Cristo no es exclusivo del Régimen Rectificado; esto
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se encuentra también en otros sistemas tanto franceses como
inglés. La particularidad de este Régimen es, en cambio, la de
incluirlo en una perspectiva metafísica y ontológica coherente,
fuerte y concretamente aplicable al hombre.
He aquí también por qué, una vez llegado a este término, el templo
sucesivamente construido, destruido y reconstruido, desaparece,
como desapareció el templo de Salomón, siendo la meta final la
Jerusalén Celeste, la Ciudad Santa donde no hay ya templo, pues,
como dice el Apocalipsis (21/22), el Señor Todopoderoso es el
Templo, así como el Cordero. En efecto, no lo olvidemos, el templo
que nos concierne verdaderamente es el hombre, y la meta
última del hombre es la identificación con el “templo no hecho
por la mano del hombre”: el Cristo resucitado.
Finalmente, por esto la Orden es Cristiana, y no está solamente
impregnada de un vago cristianismo. Ello justifica que sólo pueda
admitir a cristianos, es decir, a hombres que profesan la fe de Cristo.
Esta selección, o esta elección, no obedecen a ningún otro motivo
más que a la necesidad metafísica referida anteriormente. Porque la
iniciación tal y como la concibe Willermoz, según las enseñanzas de
Martínez, y que nos ha legado, no funciona de otra manera, no
puede funcionar de otra manera; y, por utilizar un pasaje ya citado,
constituye un auxilio divino y eficaz (…) en el que nadie puede
participar si no actúa en nombre y en unidad con este Agente
reconciliador universal que es el Cristo. Ahora bien, ¿cómo poder
actuar en nombre y en unidad con Cristo si no se tiene fe en Él?
Extracto de una Conferencia de JF Var titulada “De la masonería cristiana a la masonería rectificada”.
Cuadernos azules del GPDG.
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Preámbulo de la Regla Masónica
Rectificada.
Oh, tú, que acabas de iniciarte en las
lecciones de la sabiduría! ¡Hijo de la
virtud y de la amistad! ¡Presta oído
atento a nuestras instrucciones, y
que tu alma se abra a los nobles
preceptos de la Verdad!
Te enseñaremos el camino que lleva
a la vida dichosa y feliz; te
enseñaremos a complacer al Autor de
tus días y a utilizar con energía y
éxito todos los medios que la
Providencia te ofrece para ser útil a
los hombres y saborear los encantos
de la beneficencia
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DIRECCIONES DE INTERÉS
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Respetable Logia de San Juan
Caballeros Del Fénix nº 15
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