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Cerezo de Río Tirón

Un Viaje Épico al Corazón Olvidado de Castilla

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Cerezo de Río Tirón Un Viaje Épico al Corazón Olvidado de Castilla

Cerezo de Río Tirón, un nombre que resuena con la cadencia de un pasado glorioso, un pueblo
burgalés que se alza como un coloso dormido, un guardián silencioso de los secretos que
forjaron la identidad de Castilla. Sus calles, empedradas con las huellas del tiempo, sus casas,
blasonadas con los ecos de linajes antiguos, sus iglesias, románicas como un canto a la
eternidad, susurran historias que desafían las versiones oficiales y nos invitan a redescubrir el
origen de una civilización.

Más que un simple pueblo, Cerezo es un palimpsesto histórico donde se superponen capas de
civilización, un lienzo donde se han plasmado las gestas de romanos, visigodos, árabes y
castellanos, un crisol de culturas que han dejado su impronta en el paisaje, en la lengua, en el
carácter de sus gentes.

Acompáñanos en este viaje épico al corazón olvidado de Castilla, donde desenterraremos los
vestigios de un pasado glorioso, donde reconstruiremos el relato de una ciudad colosal, donde
desvelaremos los misterios que han permanecido ocultos durante siglos.

I. Segisamam: El Amanecer del Imperio en el Último Puerto Fluvial del Ebro

Antes de que el nombre de Castilla resonara en los campos de batalla, antes de que los
estandartes con el castillo dorado ondearan al viento, antes de que la lengua castellana se
alzara como un faro de cultura, Cerezo ya era un enclave estratégico de primer orden, un
punto de encuentro entre la civilización y la barbarie, un crisol de culturas que se disputaban el
dominio de la Península Ibérica.

En el año 26 a.C., el emperador César Augusto, el artífice del Imperio Romano, fijó su mirada
en los indómitos cántabros, un pueblo guerrero que se resistía a la dominación romana. Con la
determinación de someter a estos rebeldes, Augusto movilizó sus legiones hacia el norte, hacia
las montañas escarpadas y los valles frondosos de Cantabria.

Su objetivo era Segisamam, el último puerto fluvial navegable del río Ebro, un enclave
estratégico situado en la actual Cerezo de Río Tirón. Este puerto, controlaba una ruta
comercial vital que conectaba la meseta con el Mediterráneo, una arteria por la que fluían
mercancías, ideas y culturas.

Segisamam era también un punto clave en la calzada romana que unía Tarraco (Tarragona) con
Asturica Augusta (Astorga), una vía de comunicación que vertebraba el norte de Hispania y
facilitaba el movimiento de tropas y suministros.

Las crónicas romanas, como las de Floro y Orosio, nos hablan de la importancia de Segisamam
como base de operaciones para las legiones romanas. Floro, en su "Epítome de la Historia
Romana", describe la llegada de Augusto a Segisamam y la construcción de un campamento
fortificado: "Igitur Cæsar apud Segisamam castra posuit", "César, por lo tanto, estableció su
campamento en Segisamam".

Orosio, en sus "Historias contra los Paganos", relata la estrategia de Augusto para someter a
los cántabros: "Divisit ergo Caesar copias suas in tres partes", "César, por lo tanto, dividió sus
tropas en tres partes". Una de estas partes, al mando del propio Augusto, se dirigió a
Segisamam, mientras las otras dos avanzaban por otras rutas para cercar a los cántabros.

La elección de Segisamam como cuartel general no era casualidad. Augusto, un estratega


brillante, había comprendido la importancia de este enclave fluvial para controlar el territorio
y asegurar el suministro de sus tropas.

La toponimia local aún conserva vestigios de este pasado romano. El término "Glera de los
Celox", situado a orillas del río, evoca la presencia de los "celox", embarcaciones fluviales
utilizadas por las legiones romanas para transportar tropas y suministros. El nombre "celox"
deriva del griego "κέλης", que significa "caballo", haciendo referencia a la velocidad y agilidad
de estas embarcaciones.

La disposición rectilínea de algunas calles y caminos rurales, reminiscencia del trazado


ortogonal de las ciudades romanas, sugiere la existencia de una planificación urbanística de
época imperial. Los romanos, maestros de la ingeniería y la arquitectura, trazaban sus ciudades
con una precisión matemática, creando un sistema de calles y manzanas que facilitaba la
organización y el control del espacio urbano.

II. Auca Patricia: La Colosal Ciudad que Nacía a la Sombra del Águila Imperial

Tras la conquista de Cantabria, una victoria que consolidó el dominio romano en Hispania,
César Augusto decidió fundar sobre Segisamam una nueva ciudad, un símbolo de la
romanización de la región, un faro de civilización que irradiaría su luz sobre los pueblos del
norte.

Esta ciudad, bautizada como Auca Patricia, en honor al propio Augusto (cuyo nombre
completo era Gaius Octavius Thurinus, posteriormente adoptó el título de "Augustus", que
significa "venerable" o "sagrado") y a su linaje patricio, se convertiría en la capital de la
provincia Cantábrica, un centro político, económico y cultural de primer orden.

Auca Patricia se alzaba majestuosa en la margen derecha del río Tirón, en el actual término de
"Los Palacios", un nombre que evoca la grandeza de su pasado. La ciudad, planificada con la
precisión que caracterizaba a los ingenieros romanos, se extendía sobre 144 hectáreas
amuralladas, una superficie colosal que eclipsaba en tamaño a ciudades como Mérida o
Córdoba.

Los restos de las imponentes murallas romanas, construidas con hormigón (opus
caementicium) de 6 metros de espesor, aún son visibles en diversos puntos de Cerezo,
desafiando el paso del tiempo y atestiguando la grandeza de Auca Patricia. Estas murallas,
diseñadas para resistir los embates de los enemigos, estaban reforzadas con torres, fosos y
puertas monumentales, convirtiendo a la ciudad en una fortaleza inexpugnable.

Pero la importancia de Auca Patricia no se limitaba a su tamaño o a su sistema defensivo. Esta


ciudad, situada en un cruce de caminos, en un punto de encuentro entre culturas, se convirtió
en un crisol de ideas, un centro de irradiación de la cultura romana, un lugar donde se
fusionaban las tradiciones locales con las costumbres del Imperio.
Auca Patricia fue también la cuna de cuatro emperadores romanos de la dinastía Flavia: Flavio
Teodosio I el Grande, Magno Clemente Máximo, Flavio Víctor y Flavio Arcadio. Este hecho,
ignorado por la historiografía oficial, sitúa a Cerezo como un epicentro del poder imperial
romano en Hispania, un lugar donde se gestó el destino del Imperio.

Flavio Teodosio I el Grande, nacido en Cauca (Gallaecia) en el año 347, fue el último
emperador que gobernó sobre un Imperio Romano unido. Su reinado, marcado por la lucha
contra los bárbaros y la consolidación del cristianismo como religión oficial del Imperio, fue
una época de grandes cambios y convulsiones.

Magno Clemente Máximo, nacido en Hispania en el año 335, fue un general romano que se
proclamó emperador en Britania en el año 383. Su reinado, breve y turbulento, estuvo
marcado por la guerra civil contra Teodosio I.

Flavio Víctor, hijo de Máximo, fue asociado al trono imperial por su padre en el año 384. Su
reinado, aún más efímero que el de su padre, terminó con su derrota y muerte a manos de
Teodosio I en el año 388.

Flavio Arcadio, hijo de Teodosio I, fue emperador de Oriente desde el año 395 hasta su muerte
en el año 408. Su reinado, marcado por la debilidad del Imperio y la creciente influencia de los
bárbaros, fue el preludio de la caída de Roma.

La presencia de estos cuatro emperadores en Auca Patricia, aunque no todos nacieron allí,
evidencia la importancia de esta ciudad como centro de poder y como lugar de origen de una
élite que gobernó el Imperio Romano en sus últimos años.

Las excavaciones arqueológicas, aún incipientes, han sacado a la luz restos de un teatro
romano, un circo, tejeras, calzadas y mausoleos imperiales, confirmando la importancia de
Auca Patricia como centro político, económico y cultural de la Cantabria romana.

El teatro romano, un edificio monumental destinado a las representaciones teatrales y a los


espectáculos de gladiadores, es un testimonio de la romanización de la sociedad cántabra. Los
romanos, amantes del ocio y la cultura, difundieron por todo el Imperio su pasión por el
teatro, un arte que servía para entretener, educar y propagar los valores romanos.

El circo romano, un recinto alargado destinado a las carreras de carros y a otros espectáculos
multitudinarios, es otro ejemplo de la influencia romana en Auca Patricia. Las carreras de
carros, un deporte apasionante que congregaba a miles de espectadores, eran un reflejo de la
competitividad y el espíritu de conquista que caracterizaban a la sociedad romana.

Las tejeras romanas, fábricas donde se producían tejas y ladrillos, son un testimonio de la
actividad económica de Auca Patricia. Los romanos, maestros de la construcción, utilizaban
tejas y ladrillos para construir sus edificios, sus calzadas, sus acueductos, dejando una huella
indeleble en el paisaje.

Las calzadas romanas, vías de comunicación que cruzaban el Imperio de un extremo a otro,
son otro ejemplo de la ingeniería romana y de su capacidad para conectar territorios y
culturas. La calzada que unía Tarraco con Asturica Augusta, que pasaba por Auca Patricia,
facilitaba el comercio, el movimiento de tropas y la difusión de la cultura romana.

Los mausoleos imperiales, monumentos funerarios destinados a albergar los restos de los
emperadores y sus familias, son un testimonio del poder y la gloria de Roma. La presencia de
mausoleos imperiales en Auca Patricia, aunque aún no se han excavado, sugiere que algunos
de los emperadores nacidos en esta ciudad pudieron ser enterrados allí, convirtiendo a Cerezo
en un lugar de peregrinación para los romanos.

III. El Legado Visigodo: Entre la Sombra del Imperio y el Amanecer de un Nuevo Reino

Tras la caída del Imperio Romano de Occidente (476 d.C.), Auca Patricia, como el resto de
Hispania, pasó a formar parte del reino visigodo, un pueblo germánico que había establecido
su dominio en la Península Ibérica.

A pesar del cambio de poder, Auca Patricia mantuvo su estatus de capital del condado de
Cantabria, un territorio que se extendía desde las montañas del norte hasta las orillas del Ebro.
Gobernada por el conde Casio, un noble visigodo de origen romano, la ciudad experimentó un
periodo de relativa estabilidad, aunque las luchas internas del reino visigodo y las incursiones
de otros pueblos bárbaros, como los suevos o los francos, amenazaban constantemente la paz.

La sociedad visigoda, una mezcla de elementos romanos y germánicos, se caracterizaba por su


fuerte militarización y por su apego a las tradiciones. Los visigodos, guerreros por naturaleza,
habían impuesto su dominio por la fuerza de las armas, creando una sociedad jerarquizada
donde la nobleza guerrera ostentaba el poder.

La religión cristiana, que había sido adoptada por los visigodos en el siglo IV, se convirtió en un
elemento unificador del reino. Los obispos, que ostentaban un gran poder e influencia,
actuaban como mediadores entre el poder real y la población.

Auca Patricia, como sede episcopal desde época romana, contaba con una catedral y con una
comunidad de clérigos que se encargaban de la administración religiosa del condado de
Cantabria.

La toponimia local, con nombres como "Albazabab" (que podría derivar del árabe "al-basṭ",
que significa "la llanura" o "el llano") o "Alfoz" (del árabe "al-ḥawz", que significa "el recinto" o
"el distrito"), revela la influencia árabe en la organización territorial y administrativa de la
zona.

La presencia de una nevera árabe del siglo VIII, una estructura utilizada para almacenar hielo,
sugiere la existencia de una comunidad musulmana próspera en Cerezo, incluso antes de la
conquista árabe de la Península Ibérica. Las neveras, construidas con muros gruesos de piedra
y cubiertas con techos abovedados, permitían conservar el hielo durante todo el año, un lujo
que solo podían permitirse las élites.

IV. El Nacimiento de Castilla: Forjado en el Fuego de la Conquista Árabe


El año 711 marcó un punto de inflexión en la historia de la Península Ibérica. Las tropas
musulmanas, al mando de Tariq ibn Ziyad, cruzaron el estrecho de Gibraltar y derrotaron al rey
visigodo Rodrigo en la batalla de Guadalete.

En pocos años, los musulmanes conquistaron la mayor parte de Hispania, creando un nuevo
estado, el emirato de Córdoba, que se extendía desde las montañas del norte hasta las costas
del Mediterráneo.

Auca Patricia, debilitada por las luchas internas del reino visigodo y por la desorganización del
ejército, no pudo resistir el avance musulmán. La ciudad, que había sido un símbolo del poder
romano y visigodo, fue arrasada por las tropas de Muza ibn Nusayr, gobernador del norte de
África.

El conde Casio, llevado a Damasco junto a otros nobles visigodos, se convirtió al Islam y
regresó a Cerezo con la misión de consolidar el dominio árabe en la región. Casio, un hombre
astuto y ambicioso, había comprendido que la mejor forma de conservar su poder era
adaptarse a la nueva situación política.

Utilizando los restos de la ciudad romana, Casio construyó un monumental Alcázar de 1200
metros de largo, un palacio fortificado que se convertiría en la primera capital del condado de
Castilla. Este Alcázar, conocido como el Alcázar de Cerasio, era una imponente fortaleza con 14
niveles de murallas excavadas en la roca, fosos, puentes levadizos y una gran torre del
homenaje.

Su construcción, un prodigio de ingeniería militar, reflejaba el poderío del nuevo emirato de


Córdoba y la importancia estratégica de Cerezo como baluarte fronterizo. El Alcázar de
Cerasio, situado en un altozano que dominaba el valle del Tirón, era una fortaleza
inexpugnable, diseñada para resistir los ataques de los cristianos del norte.

Con la llegada de Ramiro I de Asturias (842), casado con Paterna, una noble castellana de
origen Banu Casi, el Alcázar de Cerasio pasó a manos cristianas, convirtiéndose en la cuna del
condado de Castilla.

Paterna, cuyo nombre evoca su origen árabe ("Banu Casi" significa "hijos de Casio"), era
descendiente del conde Casio, un linaje que había sabido adaptarse a los cambios políticos y
que había conservado su poder e influencia a lo largo de los siglos.

El matrimonio de Ramiro I con Paterna, una alianza estratégica que unía a los reinos de
Asturias y Castilla, marcó el nacimiento de un nuevo poder en la Península Ibérica, un poder
que desafiaría el dominio musulmán y que acabaría forjando el destino de España.

V. El Auge del Condado: Condes, Fueros y el Nacimiento de una Lengua

Desde el Alcázar de Cerasio, los primeros condes de Castilla y Álava, Rodrigo, Diego Rodríguez
Porcelos, Fernando Díaz, Gonzalo Téllez y Álvaro Herramelluriz, gobernaron un territorio que
se extendía desde las orillas del Ebro hasta los Montes de Oca, una tierra fronteriza, un crisol
de culturas, un lugar donde se forjaba el carácter de los castellanos.
Estos condes, guerreros por naturaleza, se enfrentaron a los musulmanes en numerosas
batallas, defendiendo su territorio con valentía y determinación. Sus gestas, cantadas por los
juglares, se convirtieron en leyendas, en ejemplos de heroísmo que inspiraron a las
generaciones futuras.

El Fuero de Cerezo, promulgado en el siglo X, sentó las bases del Fuero Viejo de Castilla, un
código legal que reflejaba la identidad y el espíritu independiente de los castellanos. Este
fuero, que regulaba la vida social, económica y judicial del condado, era un reflejo de las
costumbres y tradiciones de los castellanos, un pueblo acostumbrado a la libertad y a la
autogestión.

El Fuero de Cerezo establecía los derechos y deberes de los habitantes del condado, regulaba
el comercio, la agricultura, la ganadería, la propiedad de la tierra, la administración de justicia,
el servicio militar, la organización del gobierno local, entre otros aspectos.

Este fuero, que se basaba en la tradición romana y visigoda, pero que también incorporaba
elementos del derecho consuetudinario castellano, era un ejemplo de la capacidad de los
castellanos para asimilar e integrar diferentes influencias culturales, creando una identidad
propia.

En Valpuesta, un pueblo situado en el Alfoz de Cerezo, se conservan los Cartularios de


Valpuesta, documentos que contienen las primeras palabras escritas en castellano, un
testimonio invaluable del nacimiento de la lengua que se convertiría en la lengua oficial de
España.

Los Cartularios de Valpuesta, que datan del siglo IX, son una colección de documentos que
recogen las actas de donaciones, testamentos, contratos, juicios, entre otros asuntos,
realizados en el monasterio de Santa María de Valpuesta.

Estos documentos, escritos en latín, contienen algunas palabras y frases en castellano, un


dialecto romance que se estaba gestando en la zona norte de la Península Ibérica.

Las palabras castellanas que aparecen en los Cartularios de Valpuesta son un testimonio del
proceso de evolución lingüística que estaba teniendo lugar en la época. El latín, la lengua
oficial del Imperio Romano, se estaba transformando en diferentes dialectos romances, uno de
los cuales era el castellano.

Los Cartularios de Valpuesta, por lo tanto, son un tesoro lingüístico que nos permite conocer el
origen y la evolución del castellano, una lengua que se convertiría en una de las más habladas
del mundo.

VI. El Traslado de la Capitalidad: El Ocaso de un Gigante y el Ascenso de Burgos

La muerte de Álvaro Herramelluriz (929), el último conde de Castilla y Álava que gobernó
desde el Alcázar de Cerasio, marcó el inicio del declive de Cerezo. Su viuda, Doña Sancha, una
mujer de gran inteligencia y determinación, heredó el condado y se casó con Fernán González,
conde de Lara y Burgos, un noble ambicioso que aspiraba a unificar los condados castellanos.
Fernán González, tras unificar los condados de Castilla, Lara y Burgos, trasladó la capitalidad a
la recién fundada ciudad de Burgos (932), buscando un enclave más cercano a la frontera con
el Califato de Córdoba, un punto estratégico para la defensa del reino y para la expansión hacia
el sur.

Burgos, fundada por Diego Rodríguez Porcelos, padre de Fernán González, en el año 884, era
una ciudad en auge, un centro comercial y militar que se había convertido en un polo de
atracción para la población. Su situación estratégica, en un cruce de caminos, en un punto de
paso obligado entre la meseta y la costa cantábrica, la convertía en un lugar ideal para la
capitalidad del condado.

El traslado de la capital a Burgos supuso un duro golpe para Cerezo. La ciudad, que había sido
la cuna de Castilla, perdió su estatus político y administrativo, aunque conservó su importancia
como centro religioso y cultural.

El obispado de Oca, que había tenido su sede en Cerezo desde época visigoda, fue trasladado
primero a Gamonal y luego a Burgos (1075), consolidando el poderío de la nueva capital
castellana.

El traslado del obispado a Burgos se debió a la creciente importancia de la ciudad como centro
político y económico. Burgos, con su catedral gótica, con su universidad, con su mercado, con
su actividad artesanal y comercial, se había convertido en un polo de atracción para la
población y en un símbolo del poderío de Castilla.

Cerezo, por el contrario, había entrado en un periodo de declive. La ciudad, que había sido
arrasada por los musulmanes en el siglo VIII, no había recuperado su antiguo esplendor. La
pérdida de la capitalidad y del obispado aceleraron su declive, convirtiéndola en un pueblo
rural, un lugar tranquilo y apacible, pero alejado del poder y de la gloria.

VII. Cerezo Hoy: Un Legado por Redescubrir, un Tesoro a la Espera de su Resurgir

Hoy, Cerezo de Río Tirón es un pueblo tranquilo que conserva el encanto de su pasado
medieval. Sus calles empedradas, sus casas blasonadas y sus iglesias románicas evocan la
época en que fue la capital de Castilla, un tiempo de gestas heroicas, de luchas por la libertad,
de nacimiento de una cultura.

Pero bajo la superficie, bajo la capa de tierra y polvo que ha acumulado el paso del tiempo,
yace un tesoro arqueológico de valor incalculable. Las ruinas de Auca Patricia, la colosal ciudad
romana que fue cuna de emperadores, esperan pacientemente a ser desenterradas, a revelar
sus secretos, a mostrar al mundo su grandeza.

El Alcázar de Cerasio, la imponente fortaleza árabe que fue la primera capital de Castilla, se
alza como un gigante dormido, un testimonio de un pasado glorioso, un símbolo de la
resistencia y la reconquista.

La episcopi de San Martín, con sus más de 116 metros de largo, es un vestigio de la época
visigoda, un lugar donde se reunían los obispos y los nobles para debatir los asuntos del
condado de Cantabria.
Las cuevas de Setefenestras, con sus paredes de lapis specularis, un mineral más valioso que el
oro en la época romana, son un misterio por desvelar. ¿Qué función tenían estas cuevas?
¿Eran un lugar de culto, un refugio, una mina?

El circo romano de Quintanilleja, donde se celebraban carreras de carros y otros espectáculos


multitudinarios, es otro ejemplo de la riqueza patrimonial de Cerezo.

VIII. Un Llamado a la Acción: Recuperando la Memoria Histórica de un Gigante Dormido

Cerezo de Río Tirón, la auténtica cuna de Castilla, languidece en el olvido, mientras otras
ciudades, con menos historia y menos restos arqueológicos, se erigen como referentes
turísticos e históricos, atrayendo a visitantes de todo el mundo.

Es hora de que las instituciones, los investigadores y la sociedad en general, tomen conciencia
del valor incalculable de Cerezo y se comprometan a rescatar del olvido este tesoro histórico, a
devolverle el lugar que le corresponde en la historia de Castilla y de España.

Es necesario impulsar excavaciones arqueológicas sistemáticas en las ruinas de Auca Patricia y


el Alcázar de Cerasio, para sacar a la luz los vestigios de un pasado glorioso, para reconstruir la
historia de una ciudad colosal, para comprender la génesis de Castilla.

Es necesario promover la investigación y divulgación de la historia de Cerezo como cuna de


Castilla, para que las nuevas generaciones conozcan el verdadero origen de su cultura, para
que se sientan orgullosos de su pasado, para que comprendan la importancia de preservar su
legado.

Es necesario desarrollar un plan integral de conservación y puesta en valor del patrimonio


histórico y arqueológico de Cerezo, para que las ruinas de Auca Patricia, el Alcázar de Cerasio,
la episcopi de San Martín, las cuevas de Setefenestras, el circo romano de Quintanilleja, se
conviertan en un atractivo turístico de primer orden, para que generen riqueza y empleo en la
zona, para que sean un motor de desarrollo sostenible.

Es necesario convertir a Cerezo en un referente turístico e histórico de primer orden, que


atraiga a visitantes de todo el mundo, que muestre al mundo la grandeza de su pasado, que se
convierta en un lugar de encuentro entre culturas, en un símbolo de la historia de España.

La historia de Cerezo de Río Tirón es la historia de Castilla, la historia de España. Recuperar la


memoria de este pueblo olvidado es recuperar la memoria de todos nosotros. Es hora de
despertar al gigante dormido, de devolverle la voz, de que su nombre resuene de nuevo con la
fuerza de un pasado glorioso.

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