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Historia de España: Prehistoria y Culturas

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Historia de España 2º Bachillerato I.E.S.

Francisco Rodríguez Marín

1. DE LA PREHISTORIA AL FINAL DEL REINO VISIGODO

1. La prehistoria en la península ibérica


La prehistoria es el término con el que se designa al periodo que abarca desde la aparición de los primeros
homínidos hasta la invención de la escritura. Sus diferentes etapas se concretan en la península ibérica así:

1.1. El Paleolí co peninsular (1.200.000 - 5.000 a.C.):


La primera y más prolongada etapa de la prehistoria. Sus sociedades eran nómadas, se desplazaban
estacionalmente en busca de alimento ocupando abrigos y cuevas, y vivían de la caza, la pesca, el carroñeo
y la recolección. Hablamos, por tanto, de una economía depredadora. Se organizaban en pequeños grupos
con una organización social muy elemental. Podemos hablar de tres etapas en función de los pos humanos
existentes en cada una y de las técnicas empleadas para la producción de cultura material:
- Paleolí co inferior (1.200.000 - 100.000 a.C.): el antecesor es la primera especie del género Homo que se
reconoce en España, y el yacimiento más importante es el de la Gran Dolina, en Atapuerca (Burgos). La
siguiente especie es el heidelbergensis, cuyo yacimiento más relevante es la Sima de los huesos, que
también se encuentra en Atapuerca. Las piezas talladas en esta época son toscas (lascas, choppers,
bifaces, etc.) y se fabrican golpeando unas piedras con otras (Clactoniense y Tayaciense).
- Paleolí co medio (100.000-40.000 a.C.): el neanderthalensis fue el siguiente poblador peninsular del
género Homo. Más robusto que sus predecesores, contaba con una elevada capacidad craneal y un
pensamiento simbólico desarrollado. Se han encontrado restos en yacimientos como el de Carigüela del
Piñar (Granada) o Zájara (Almería), en los que se han hallado restos de ú les que muestran un mayor
dominio de la piedra en puntas de echa, raederas, cuchillos (Musteriense).
- Paleolí co superior (40.000-5.000 a.C.): llega a la Península el Homo sapiens (especie humana actual),
con un gran desarrollo intelectual y cultural que les permite desarrollar un sedentarismo estacional en
cuevas, refugios y cabañas, y ritos funerarios complejos como el “culto al cráneo”. Sus ú les muestran un
avance en la técnica, empleando nuevos materiales como huesos, astas o conchas marinas
(Chatelperroniense, Auriñaciense, Grave ense, Solutrense, Magdaleniense).

1.2. El Neolí co peninsular (5.000 - 2.500 a.C.):


Tras el periodo transicional del Mesolí co, las primeras sociedades neolí cas en la península ibérica surgen
a par r del 5.000 a.C., y se caracterizan por la aparición de nuevas ac vidades como la elaboración de
tejidos, la fabricación de cerámica, el pulimento de la piedra, el comercio, etc. La necesidad de vivir junto a
cul vos impulsó el sedentarismo y la aparición de poblados estables.
El origen de la revolución neolí ca se encuentra en la llegada a las costas mediterráneas de pueblos de
Oriente Próximo, que se extendieron al resto de la Península. Más tarde, también llegaron in uencias a
través del con nente europeo. En la Península, el Neolí co se suele dividir en dos etapas:
- El Neolí co inicial (5.000 - 3.500 a. C.): los asentamientos se realizaron en cuevas localizadas,
fundamentalmente en la costa mediterránea (Nerja-Málaga), y se caracterizó por el desarrollo de la
cultura de la cerámica cardial, decorada mediante incisiones con conchas de berberecho (Cardium edule).
- El Neolí co pleno (3.500 - 2.500 a.C.): son ya verdaderos poblados situados en zonas más llanas y
adecuadas para el cul vo. En el sureste peninsular se desarrolló la llamada cultura de Almería, mientras
que en Cataluña oreció la cultura de los sepulcros de fosa, caracterizada por la presencia de necrópolis.

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1.3.El arte prehistórico:


Las pinturas parietales o rupestres prehistóricas se han vinculado a mo vaciones mágicas (favorecer la caza)
o religiosas (cuevas-santuarios). En la Península, contamos con dos focos tempranos: por un lado destacan
las pinturas del área franco-cantábrica (Altamira o La Pasiega en Cantabria y Tito Bus llo en Asturias) y por
otro las del Mediterráneo (La Pileta o Higuerón en Málaga), realizadas en cuevas profundas y oscuras. Las
primeras son polícromas y naturalistas y están datadas en hace 15.000 años, y las segundas son
monocromas, fechadas en hace 30.000 años.
Hasta hace unos años, se iden caba la capacidad de abstracción que hace posible la producción ar s ca
con el Homo sapiens, pero las úl mas inves gaciones sitúan las pinturas con tampón de las estalac tas de
Nerja en hace 42.000 años, convir éndose así en las muestras de arte más an guas del mundo. La teoría
más defendida es que fueron posiblemente realizadas por Neanderthales refugiados en los úl mos años
antes de su ex nción. Esta teoría se apoya, además, en los grabados con evidentes signi cados hallados en
la cueva de Gorham en Gibraltar, de hace 39.000 años. Esto atrasaría la fecha de adquisición de
pensamiento abstracto y simbólico dentro del género Homo.
Más tarde, entre el Mesolí co y los inicios del Neolí co, en la ver ente mediterránea se desarrolla el
llamado arte rupestre levan no, con caracterís cas propias y más esquemá cas. Destacan las pinturas de
las cuevas de Valltorta (en Castellón) y de El Cogull (en Lérida). Estas pinturas, que se localizan en abrigos
rocosos rela vamente bien iluminados, presentan caracterís cas muy diferentes a las de la zona cantábrica,
pues las guras humanas asumen el protagonismo y se las representa formando escenas muy variadas:
enfrentamientos armados, cacerías de diversos animales, recolección de miel, etc., con un claro sen do
narra vo. En cuanto a la técnica, las guras enen formas muy es lizadas, casi esquemá cas, y son
prác camente monocromas o combinan pocos colores (ocre y negro).
En cuanto al arte mobiliar, destacan las esculturas femeninas, los altorrelieves de arcilla o los grabados
sobre placas.

1.4.Las culturas de los metales:


El comienzo del trabajo con los metales marcó un importante hito tecnológico en las sociedades de aquel
entonces. Esta etapa se ha dividido en tres edades, en función del metal predominante en cada una de
ellas.
- Edad del Cobre o Calcolí co (3.000 a.C.-1.700 a.C.): proliferaron los monumentos megalí cos (diversos
pos de construcciones des nadas a enterramientos colec vos, como el Dolmen de Menga en
Antequera) y aparecieron poblados amurallados. Las culturas más importantes fueron la de Los Millares
(en Almería) y la cultura del vaso campaniforme.
- Edad del Bronce (1.700 a.C. - 1.000 a.C.): los poblados se hicieron más grandes. Destacan las culturas de
El Argar (en Almería); la de los campos de urnas (en el valle del Ebro, Cataluña y Comunidad Valenciana) y
la megalí ca de las islas Baleares, representada por talayots, navetas, taulas, etc.
- Edad del Hierro (desde el 1.000 a.C.): en esta etapa se inició el periodo propiamente histórico de la
mano de los celtas y de los primeros pueblos colonizadores: fenicios, griegos y cartagineses.

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2. Los pueblos prerromanos


En torno al XII a.C., diversos pueblos indoeuropeos se van asentando en el norte y el oeste dde la Península
Ibérica, con un mismo sustrato lingüís co, conocimiento del hierro y rituales de enterramiento singulares.
Conocían el hierro, tenían una economía basada en la agricultura y la ganadería, y algunos de ellos
prac caban un ritual funerario basado en la incineración del cadáver cuyas cenizas eran depositadas en
unas urnas que luego se enterraban (campos de urnas).
Además, pueblos procedentes del Mediterráneo oriental establecieron colonias para comerciar. Se ene
no cias de ellos desde el siglo IX a.C. Estos pueblos se interesaron por los minerales (oro, plata, cobre,
estaño) y otros productos (como salazones, etc.). Dis nguimos tres:
- Por el Mediterráneo llegaron a la península fenicios, procedentes del actual Líbano, en el siglo IX a.C., los
comerciantes más importantes del Mediterráneo. Fundaron numerosas factorías en la costa sur, entre
ellas Gades, Abdera (Adra), Sexi (Almuñécar) o Malaca (Málaga). Vinieron atraídos por la gran riqueza de
metales del sur de la Península (Río Tinto): cobre, plata y oro. U lizaban el trueque, y aportaron a los
pobladores peninsulares la escritura, la salazón de pescado, la agricultura mediterránea (olivo, vid) y la
organización urbana, difundiendo además el uso del hierro y el torno de alfarero.
- En torno al 800 a.C. llegan a las costas peninsulares mediterráneas grupos de colonizadores griegos,
procedentes de Massalia (Marsella), que fundaron ciudades como Emporion (Ampurias) y Rhode (Rosas).
Enseñaron el uso de la moneda, aportaron su alfabeto y comerciaban con los habitantes peninsulares. Se
aprecia su in uencia en el arte, la lengua y en el cul vo de vid y el olivo. Mantuvieron su prosperidad
comercial hasta época romana.
- En el 600 a.C., las ciudades fenicias fueron conquistadas por los persas y las factorías peninsulares
pasaron a depender de una colonia fenicia del norte de África (actual Túnez), llamada Cartago. Los
cartagineses van a controlar el comercio del Mediterráneo sus tuyendo a los fenicios. Con nuaron las
estructuras fenicias, pero su colonización fue más hos l. Dominaron militarmente el sur y este peninsular
tras la I Guerra Púnica (264-241 a.C.); y permanecieron hasta su derrota a manos de los romanos (s. III
a.C.). Asdrúbal Barca fundó Carthago Nova (Cartagena). También fundan Ebusus (Ibiza).
Como resultado de la in uencia de estos pueblos, a lo largo del I milenio se fueron conformando en la
Península varias culturas interrelacionadas:

2.1. Tartessos:
Los más enigmá cos residentes peninsulares fueron los tartesios, con un temprano carácter cél co
posteriormente in uenciado por fenicios y púnicos. Se trata de un mí co reino indígena que aparece
re ejado en las an guas fuentes escritas de los griegos y quizá bíblicas, famoso por sus fabulosas riquezas,
agricultura, ganadería, minerales y con un ac vo comercio, que incluso llegó a las Islas Británicas.
Organizaron el primer Estado peninsular, entre los siglos VIII y VI a.C., con centro en el Guadalquivir y
fronteras en el Júcar y el Guadiana.
Su sociedad estaba muy jerarquizada, con una gran desarrollo económico basado en la agricultura, la
ganadería y la minería (explotación masiva de plata), además de un fuerte auge cultural (desarrollo de una
escritura propia, de complejos sistemas artesanales, urbanís cos, funerarios, etc.).
Aunque los restos arqueológicos son escasos, destacan sus ricas artes menores, como El Tesoro del
Carambolo o las estelas decora vas. Su decadencia se debió a la depreciación del estaño y a la presión de
celtas y cartagineses, desapareciendo a nales del siglo VI a.C.

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2.2.Íberos, cel beros y pueblos del norte:


Resultado de la in uencia oriental e indoeuropea sobre los pobladores originales, se desarrollaron pueblos
diversos con caracterís cas propias, aunque agrupables en íberos (del sur y del este), cel beros, y pueblos
del norte.
- Los íberos del sur eran herederos de tartesios (y por tanto, de fenicios) y celtas, dedicándose a la
agricultura, la ganadería, la minería, la salazón de pescado y el comercio. Se asentaron en verdaderas
ciudades-Estado como las de Bas o Cástulo, y se organizan en torno a una clase dominante encabezada
por un rey o regulo que gobernaba sobre libres y esclavos. Eran los turdetanos, los bastetanos, oretanos
y libio-fenicios.
- Los íberos del este contaban con una gran in uencia griega, destacando de su economía el comercio de
industrias como el lino. Organizados en ciudades-Estado con una clase dirigente que dominaba a grupos
libres o esclavos en la costa, y una aristocracia gen licia en el interior. Son los eldetanos, contestanos,
mas enos, iligertes, indigetes y gemmnetas.
- Las muestras ar s cas más reseñables de los íberos son la Dama de Baza o el León de Cástulo para los
del sur, y la Dama de Elche o el Jinete de Villares para los del este.
- Por su parte, los cel beros se asientan en el centro y oeste peninsular, in uenciados por celtas e íberos.
Con una organización tribal que se asienta en ciudades for cadas, viven de la agricultura y la ganadería
con un régimen comunal de la propiedad de la erra. Destacan en la guerra, con personajes legendarios
como Viriato. Hablamos de lusitanos, lusones, vacceos o carpetones.
- Por úl mo, los pueblos del norte (galaicos, astures, vascones, cántabros…) in uenciados por los celtas.
Se organizaron en tribus y clanes semi-nómadas, dedicándose a la recolección de alimentos y a la
ganadería, aunque también existen ciudades y Castros. Su organización social era jerárquica, con gran
peso de las mujeres y los ancianos.

3. La Hispania romana

3.1. La conquista romana:


La conquista romana fue el proceso histórico de dominio y control militar del territorio de la península
ibérica por parte de Roma. Dicho proceso fue bastante dilatado en el empo (desde el año 218 a. C. hasta el
19 a.C.). El interés de Roma por la península ibérica surgió durante el siglo III a.C., en el contexto de las
guerras púnicas contra Cartago por el dominio del Mediterráneo. La primera guerra púnica había
comenzado fuera de las fronteras peninsulares, con el intento de los cartagineses de apoderarse de Sicilia, y
concluyó con la victoria de Roma en el 241 a.C., que logró así consolidarse como la principal potencia del
Mare Nostrum.
Entre los años 237 y 218 a.C. los cartagineses habían conseguido dominar la mayor parte del sur y sureste
de la península ibérica, situando la frontera de su territorio en el río Ebro. No obstante, esta expansión
chocó con los intereses de algunas ciudades aliadas de Roma enclavadas en la zona de dominio cartaginés.
Ese fue el caso de Sagunto, conquistada por Aníbal Barca en el año 219 a.C., hecho que se convir ó en
casus belli (mo vo de guerra), desencadenando la segunda guerra púnica. La presencia militar romana se
inició en el año 218 a.C. con el desembarco de varias legiones al mando de Publio Cornelio Escipión (el
Africano), derrotando las tropas romanas a los cartagineses y conquistando toda la costa mediterránea
peninsular, el valle del Guadalquivir y parte del valle del Ebro.

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El este y el sur peninsulares cayeron rápidamente bajo el dominio romano, pero se dio una fuerte oposición
de los pueblos peninsulares, especialmente de cel beros y de lusitanos. Ejemplo de esa di cultad fue la
resistencia de ciudades como Numancia o de líderes como Viriato. Tras las victorias en las guerras
cel béricas y lusitanas, primero, y en las cántabro-astúricas, después, se completó la anexión de todo el
territorio peninsular por parte de Roma en el 19 a.C.
Para asegurar el territorio, Roma fundó diversos campamentos militares como Asturica Augusta (Astorga) o
Legio (León), que más tarde se convir eron en ciudades. De esta forma, toda la península ibérica pasó a
formar parte del Imperio romano, aunque el grado de integración fue más intenso en la costa mediterránea
y en el valle del Guadalquivir. Hispania fue escenario, además, de las guerras civiles republicanas, y el
primer lugar donde se fundó una colonia la na fuera de Italia, la de Carteia en el 171 a.C.

3.2. La romanización de la sociedad hispanorromana:


Se conoce por romanización al proceso de integración de los pueblos prerromanos en los modelos
económicos, sociales, polí co-administra vos, culturales y religiosos de Roma. Este proceso se realizó por
medio de instrumentos tan diversos como el ejército, las ciudades, la economía, las comunicaciones, las
relaciones sociales y clientelares, la cultura, etc.
De este modo, se difundió el la n, cambiaron las ves mentas y las costumbres y se desarrolló un nuevo
derecho penal. La romanización fue un proceso impuesto por los conquistadores, pero también contó con el
apoyo de las élites locales, interesadas en integrarse en el Imperio romano para no perder sus privilegios.

3.3. La economía hispanorromana:


La Hispania romana registró un importante desarrollo económico que solamente se frenó a par r del siglo
III d.C. Los romanos lograron la racionalización y la coordinación del sistema produc vo e introdujeron
mejoras técnicas en los sistemas de explotación agropecuaria y minera. Además, la inclusión de la economía
peninsular en los circuitos comerciales del Imperio romano supuso un gran impulso tanto para el comercio
como para la producción de muchas mercancías que se exportaban a otros lugares del amplio mercado
romano. La economía romana era esclavista, gran parte de las ac vidades produc vas v de los servicios
dependían del trabajo de esclavos, en su mayoría procedentes de pueblos conquistados o descendientes de
ellos.
La economía del Imperio romano se basaba en los intercambios comerciales entre las diversas partes del
mismo, que debían estar muy bien conectadas. La creación de una excelente red de comunicaciones
terrestres y marí mas ponía en contacto las dis ntas regiones y ciudades. El desarrollo urbano de este
periodo se debió al papel que desempeñaba la ciudad en esta economía mercan l.
La agricultura se fundamentaba en la clásica tríada mediterránea (trigo, vid y olivo), y aunque la producción
de trigo era importante, no se exportó en grandes can dades, como sí ocurrió con el vino y especialmente
con el aceite de oliva. En cuanto a la producción ganadera, esta era variada, pero sobre todo destacaba el
ganado ovino. Los romanos introdujeron innovaciones técnicas, como el barbecho y el regadío, y la forma
de explotación agropecuaria más frecuente era la villa (se trataba de una gran explotación la fundista
dedicada a la producción). La pesca fue igualmente destacable, y derivada de ella aparecieron otras
ac vidades como la elaboración de salazones, la producción de sal y la preparación de la salsa denominada
garum.

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En cuanto a la minería, la Península era muy rica en yacimientos mineros: plata y plomo en Cartagena,
cobre en Andalucía y Asturias, mercurio en Almadén, oro en Galicia y León, estaño en Galicia, etc. La
mayoría de las grandes explotaciones mineras eran propiedad del Imperio romano, pero se permi ó la
existencia de minas privadas que se correspondían, en general, con los yacimientos más pequeños.

3.4. La sociedad hispanorromana:


El modelo social hispanorromano quedó de nido por dos elementos fundamentales: la existencia de
desigualdades jurídicas derivadas de la dis nción hombre libre y esclavo, y la integración de las élites
indígenas. A par r de estas premisas se diferenciaron diversos grupos:
- En la cúspide estaban los ciudadanos romanos, dueños de grandes la fundios y muy ricos. Eran los
miembros del orden senatorial.
- Por debajo, estaban los caballeros, procedentes en su mayoría de aristocracia de los pueblos some dos y
que controlaban los cargos polí cos (magistraturas) locales o provinciales. Junto a los senadores
formaban la aristocracia.
- El grupo más bajo de los hombres libres era la plebe formada por pequeños propietarios agrícolas,
artesanos y trabajadores libres.
- Por debajo de todos, estaban los esclavos, que no tenían derechos ni eran libres.
La familia era patriarcal. El marido disponía de la patria potestad sobre todos los miembros de la familia, lo
que le otorgaba la capacidad plena de decidir sobre todas las cues ones familiares y el derecho a ser
obedecido. La mujer romana dependía del marido. No obstante, gozaba de un grado de libertad mayor que
en otras civilizaciones contemporáneas a la romana. Las funciones de la mujer en la familia eran
exclusivamente domés cas: mantenimiento de la casa y cuidado de los hijos. Solo en ausencia del marido
gozaban de un poder pleno sobre los miembros de la familia. El divorcio estaba regulado legalmente.

3.5. La cohesión del territorio:


Hispania se estructuró con una sólida base polí co-administra va, que se apoyó en una tupida red de
ciudades bien comunicadas. Para administrar el territorio peninsular los romanos usaron su tradicional
criterio de delimitación provincial: se dividió el territorio en provincias, cada una de ellas dirigida por un
gobernador y un consejo.
Había dos pos de provincias: senatoriales, que estaban controladas por el Senado romano (como la
Bé ca); o imperiales, que estaban bajo el control directo del emperador (como la Tarraconense o la
Lusitania). Su número varió a lo largo de la dominación romana:
- En los inicios de la conquista (siglo II a.C.). Hispania se dividió en dos provincias: Ulterior (la actual
Andalucía y la parte occidental de la Península) y Citerior (costa mediterránea y valle del Ebro).
- En la época de Augusto (27 a.C.) se crearon tres provincias: Bé ca, con capital en Corduba (Córdoba);
Lusitania, con capital en Augusta Emerita, después conocida como Emerita Augusta (Mérida), y
Tarraconense, con capital en Tarraco (Tarragona).
- En los siglos III y IV d.C. las provincias se hicieron más pequeñas y numerosas: Gallaecia, Cartaginense,
Tarraconense, Lusitania, Bé ca y Baleárica.

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3.6. La red urbana y de comunicaciones:


La civilización romana fue esencialmente urbana. Las ciudades crecieron en número y en tamaño, y eran
centros económicos y polí cos que organizaban, además, su entorno rural. La mayoría ofrecía a sus
habitantes una serie de servicios impensables para las sociedades prerromanas: acueductos, teatros, foros,
termas, etc.
Los romanos crearon una excelente red viaria basada en las calzadas, que permi a organizar el territorio,
asegurar su control militar y administra vo y unir las dis ntas ciudades. También sirvió para el desarrollo
del comercio.

3.7.La asimilación de la cultura romana:


La lengua, el arte, el derecho y la religión fueron las principales manifestaciones de la integración hispana
en la cultura romana. Estos cuatro aspectos han dejado una notable herencia cultural que perdura hasta la
actualidad
- El la n se difundió como lengua de pres gio. Su difusión, no solo oral, sino también escrita, se impuso
sobre las lenguas autóctonas que, no obstante, no desaparecieron totalmente. Algunos relevantes
autores la nos fueron de origen hispano: Marcial, Séneca, etc.
- Las manifestaciones ar s cas son abundantes, pero las más relevantes las hallamos en la arquitectura y
en el mosaico. En arquitectura destacan las obras de infraestructura urbana (acueductos como el de
Segovia o el de los Milagros, en Mérida, o teatros como los de Mérida o Cartagena), de transporte
(puentes como el de Alcántara), los templos o mausoleos (Fabara, en Zaragoza) y los arcos
conmemora vos (Barà en Tarragona o Cabanes, en Castellón). Los mosaicos son muy abundantes y
re ejan temá cas mitológicas, geométricas, paisajes, escenas co dianas, etc., destacando los de la Casa
de los Pájaros en Itálica o la de los Trabajos de Hércules que alberga el Museo Arqueológico Nacional.
- El derecho romano se extendió por toda la Península, y su empleo regulaba las relaciones privadas y el
funcionamiento de las ins tuciones polí cas.
- La religión se u lizó como medio de integración polí ca, y aunque se respetaron las creencias locales, era
obligado el culto al emperador y a los tres dioses que simbolizaban el poder de Roma: Júpiter, Juno y
Minerva. Más tarde, a par r de siglo III d.C., se difundió también el cris anismo. El Edicto de Milán (313)
decretó la libertad religiosa y reconoció legalmente el cris anismo, que pasó a conver rse en la Iglesia
o cial del Imperio con el emperador Teodosio I en el año 380.

3.8. La crisis del Imperio:


A par r del siglo III d.C. el Imperio romano comenzó a padecer graves problemas que marcaron el inicio de
su decadencia. La crisis fue consecuencia de una serie de procesos económicos, polí cos y militares que
debilitaron las ins tuciones de todo el Imperio.
Entre las causas económicas es destacable la escasez de mano de obra esclava como consecuencia de la
nalización de las guerras de conquista, lo que se tradujo en el encarecimiento y en la decadencia de
numerosas ac vidades produc vas. Entre las causas polí cas y militares hay que resaltar la inestabilidad
del poder imperial y la incapacidad del ejército para contener los asaltos de los pueblos bárbaros. Las
provincias tuvieron que enfrentarse solas a los ataques exteriores, a las guerras civiles y a la crisis
económica.

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4. El Reino Visigodo
Los pueblos vecinos del Imperio romano aprovecharon la debilidad económica y militar que padeció este a
par r de la crisis del siglo V d.C. y penetraron en sus territorios. Los emperadores, incapaces de organizar
una defensa adecuada, se vieron obligados a dividir el Imperio y a pactar con estos pueblos o vincularlos
como aliados (foedera o federados).
En este contexto, suevos, vándalos y alanos invadieron la Península a comienzos del siglo V. Para hacerles
frente, el emperador llamó a uno de los pueblos federados, los visigodos. A comienzos del siglo V d.C. los
visigodos llegaron a un acuerdo con el emperador romano: establecieron el reino de Tolosa en el sur de
Francia y entraron en la península ibérica para expulsar a suevos, vándalos y alanos.
Casi un siglo más tarde, y ya desaparecido el Imperio romano de Occidente, los visigodos fueron derrotados
por los francos en la batalla de Vouillé (507), abandonaron Francia y se asentaron de ni vamente en la
Península, donde formaron un reino independiente cuya capital fue Toledo.

4.1.Evolución polí ca del reino visigodo:


Los visigodos, a pesar de contar con el poder polí co, eran una minoría social en la Península respecto a la
población hispanorromana. Con el empo se produjo un proceso de asimilación, por el que se fueron
mezclando con la nobleza autóctona. Para entonces, los visigodos ya estaban bastante romanizados.
La monarquía visigoda era elec va, es decir, los nobles visigodos elegían de entre ellos a cada nuevo rey.
Este hecho creó una acusada inestabilidad polí ca, pues los enfrentamientos entre la nobleza por hacerse
con la corona fueron frecuentes. A par r del reinado de Leovigildo (572-586) se inició un proceso de
uni cación peninsular: se expulsó a los bizan nos (que habían ocupado el sureste peninsular) y se
conquistó el reino suevo (a los que habían desplazado hacia el norte en el siglo V).
Este rey quiso lograr también la unidad religiosa entre los visigodos, que eran arrianos, y los
hispanorromanos, que eran católicos. Este obje vo culminó bajo el reinado de su hijo Recaredo (586-601),
que se convir ó al catolicismo y acabó con la división religiosa. La unión de ni va entre visigodos e
hispanorromanos se produjo mediante la igualdad legal que se estableció en el 654 mediante el Liber
ludiciorum (Fuero Juzgo).
Los reyes visigodos gozaron de gran poder, pero lo compar an con oras ins tuciones de gobierno. La más
importante fue el Aula Regia, que era una asamblea consul va formada por la aristocracia visigoda. A par r
de la uni cación religiosa con Recaredo, se creó la otra gran ins tución de gobierno del reino visigodo: los
Concilios de Toledo. Aunque esta era una ins tución en esencia religiosa, con el paso del empo los
concilios adquirieron un gran peso polí co y asumieron importantes funciones legisla vas.

4.2.El nal del Reino Visigodo:


A principios del siglo VIII, el reino Visigodo de Toledo se encontraba inmerso el enfrentamiento entre las
familias de Chindasvinto y Wamba, por el problema sucesorio a la muerte del rey Wi za en el 710. Había
sido elegido sucesor el rey Rodrigo, decisión no acatada por la totalidad de la nobleza visigoda.
Por ello, el Conde don Julián, instado por los wi zianos que defendían a Agila II (el hijo de Wi za), pide
ayuda de los musulmanes de la provincia norteafricana de Ifriquiya, que se adentran en la Península. En el
711 ene lugar la batalla de Guadalete entre musulmanes y visigodos, siendo derrotado Rodrigo gracias, en
parte, a la traición de los wi zianos.

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Historia de España 2º Bachillerato I.E.S. Francisco Rodríguez Marín

Los musulmanes fueron adentrándose en territorio visigodo con rela va facilidad, hasta conquistar
prác camente la totalidad del territorio peninsular, ayudados por la propia fragmentación del reino de
Toledo.

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