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Texto - Fluidez - 6° Básico

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o

6
Fluidez
lectora
®
Corporación Crea+

Material didáctico para educación básica


Asesoría y enseñanza del Lenguaje Crea+.

Recopilación y edición: Equipo Crea+

2020, Corporación Crea+


Hendaya 378, Las Condes, Santiago.

Sitio web: www.creamas.cl


Contacto: [email protected]
Fono: 22 2329827
Fluidez
lectora
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Curso:

Colegio:
INDICE
Texto 1. El cielo del gorrión (Cuento) 7

Texto 2. El arroyo (Poema) 8

Texto 3. Retratos (Texto narrativos) 9

Texto 4. Amigos (Cuento) 10

Texto 5. El diario a diario (Cuento) 11

Texto 6. Hércules (Mito) 12

Texto 7. He visto (Poema) 13

Texto 8. Aserrando una rama (Cuento) 14

Texto 9. El halcón peregrino (Texto informativo) 15

Texto 10. El campesino y su caballo (Cuento) 16

Texto 11. Autorretrato (Texto narrativo) 17

Texto 12. La leyenda de Make-Make (Leyenda) 18

Texto 13. Junta de los ratones (Fábula) 19

Texto 14. Volumen del olvido (Poema) 20

Texto 15. ¿Buena suerte o mala suerte? ¿Quién sabe? (Cuento) 21

Texto 16. La piedra del león (Leyenda) 22

Texto 17. Eros y Psique (Mito) 23

Texto 18. La anciana dueña de la montaña 24

Texto 19. Moby Dick (Novela) 25

Texto 20. El narrador (Cuento) 26

Texto 21. La laguna del Inca (Leyenda) 27

Texto 22. El gato (Poema) 28

Texto 23. El canario (Cuento) 29

Texto 24. Historia de un lobo (Fábula) 30


Texto 25. La isla del tesoro (Cuento) 31

Texto 26. La leyenda de la Añañuca (Leyenda) 32

Texto 27. Gulliver y los gigantes (Cuento) 33

Texto 28. El Sol (Poema) 34

Texto 29. Esquina peligrosa (Cuento) 35

Texto 30. Los esquimales (Texto informativo) 36

Texto 31. Prometeo (Mito) 37

Texto 32. Más verde (Texto informativo) 38

Texto 33. Efectos terapéuticos de la risa (Texto informativo) 39

Texto 34. Los dos comerciantes (Cuento) 40

Texto 35. La isla del tesoro (Novela) 41

Texto 36. El rey mocho (Cuento) 42

Texto 37. Mamiña, la niña de mis ojos (Leyenda) 43

Texto 38. Ícaro y Dedalo (Mito) 44

Texto 39. Un animal irritable (Texto informativo) 45

Texto 40. La cabellera de Berenice (Leyenda) 46


Texto 1

El cielo del gorrión

Había un gorrión minúsculo que, cuando retumbaba el trueno de la tormenta, se


tumbaba en el suelo y levantaba sus patitas hacia el cielo. —¿Por qué haces eso? —
le preguntó un zorro. —¡Para proteger a la tierra, que contiene muchos seres vivos! —
contestó el gorrión—. Si por desgracia el cielo cayese de repente, ¿te das cuenta de lo que
ocurriría? Por eso levanto mis patas para sostenerlo —¿Con tus enclenques patitas quieres
sostener el inmenso cielo? -preguntó el zorro. —Aquí abajo cada uno tiene su cielo —dijo
el gorrión—. Vete… tú no lo puedes comprender…

Anónimo

Firma Apoderado

Fluidez Lectora 7
Texto 2

El arroyo

Este arroyo que me mira


con inocencia de pájaro
tiene los ojos azules
del horizonte serrano.

Por ellos habla la tierra


y el árbol está soñando;
por ellos oigo la queja
del firmamento estrellado.

Como el corazón herido


por un dolor sin descanso,
canta porque está muriendo,
muere porque está cantando.

Mitad sonora presencia


y mitad sueño lejano,
este arroyo es nuestra vida,
repartida en piedra y canto.

Francisco Luis Bernández

Firma Apoderado

8 6º Básico
Texto 3

Retratos

Matiana parecía de más de cincuenta años. Tenía la dentadura completa y blanca;


pero su pelo ya cano, la piel reseca y arrugada, el cuerpo algo encorvado y, sobre todo,
esos ojos siempre enrojecidos por dentro y por fuera, le daban un aspecto extraño. Y solo
por eso la llamaban bruja.
En cambio, Jipila, como de treinta años, tenía el pelo negro, grueso y lacio, la piel clara
y lisa, andar airoso y pie chico a pesar de los dedos desparpajados por andar descalza.
Aseada y fresca (aprovechaba cuanto arroyo o fuente encontraba en los caminos para
lavarse la cara y las manos pequeñas, y alisar los cabellos escarpados de su trenza), se
veía muy bonita con su buen porte, los ojos negrísimos y los dientes aún más blancos y
parejos que los de Matiana, a la que llamaba tía.

Manuel Payno
(Adaptación)

Firma Apoderado

Fluidez Lectora 9
Texto 4

Amigos

Dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron.
El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:
“Hoy mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro”.
Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido
abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse
tomó un estilete y escribió en una piedra:
“Hoy mi mejor amigo me salvó la vida”. Intrigado, el amigo preguntó:
—¿Por qué, después que te lastimé, escribiste en la arena, y ahora escribes en una
piedra?
Sonriendo, el otro amigo respondió:
—Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento
del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo; por otro lado, cuando nos pase
algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento
ninguno en todo el mundo podrá borrarlo.

www.ciudadseva.com

Firma Apoderado

10 6º Básico
Texto 5

El diario a diario

Un señor toma el tranvía después de comprar el diario y ponérselo bajo el brazo.


Media hora más tarde desciende con el mismo diario bajo el mismo brazo. Pero ya no es el
mismo diario, ahora es un montón de hojas impresas que el señor abandona en un banco
de plaza.
Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en
un diario, hasta que un muchacho lo ve, lo lee, y lo deja convertido en un montón de hojas
impresas.
Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierten otra vez
en un diario, hasta que un anciano lo encuentra, lo lee y lo deja convertido en un montón
de hojas impresas.
Luego se lo lleva a su casa y en el camino lo usa para empaquetar medio kilo de
acelga, que es para lo que sirven los diarios después de estas excitantes metamorfosis.

Julio Cortázar

Firma Apoderado

Fluidez Lectora 11
Texto 6

Hércules

Cuenta la historia que los hermanos, Hércules e Ificles, crecieron juntos, fuertes y
sanos, pero a pesar de esto no tenían las mismas características y eran muy diferentes
entre sí.
Ificles era un muy buen estudiante, mientras que su hermano Hércules no,
constantemente se distraía y no le interesaba estudiar. En una ocasión, por desatender sus
lecciones de música, Hércules fue castigado por su padre que observaba a su hijo.
Para controlar sus impulsos el padre de Hércules lo envió a cuidar los rebaños en
compañía del pastor Téutaro, pero jamás pensó que, con él, Hércules aprendería a manejar
el arco y flecha a la perfección.
Su primera aventura le prodigó fama en muchos pueblos. El león de Citerón amenazaba
con devorar todos los rebaños de las praderas griegas, por lo que Hércules se propuso
acabar con él.
La tarea le llevó cincuenta días que los pasó junto al rey Tespio. Una vez que el héroe
griego pudo capturar al felino, se vistió con su piel. Esto lo distinguía ante los habitantes de
las ciudades helénicas.

Mito griego

Firma Apoderado

12 6º Básico
Texto 7

El arroyo

He visto atardecer tu rostro


en el desvío de unos labios
y al brillo del jazmín.

He visto como a pesar de tu aparición


sobre los cuerpos,
piensas en el fuego y la sangre confundidos.

He visto que para tu


silencio no bastan soledades
ni voces destruidas y que
en un llanto sostienes las vigilias del alba.

A lo lejos,
mil azucenas te miraban
como en una angustia de hueso.
Alfonso Calderón

Firma Apoderado

Fluidez Lectora 13
Texto 8

Aserrando una rama

Nasrudín subió a un árbol para aserrar una rama. Alguien que pasaba, al ver
cómo lo estaba haciendo, le avisó:
—¡Cuidado! Está mal sentado en la punta de la rama... Se irá abajo con ella
cuando la corte.
—¿Piensa que soy un necio que deba creerle? ¿Es usted un vidente que pueda
predecir el futuro? —preguntó Nasrudín.
Sin embargo, poco después, como siguiera aserrando, la rama cedió y Nasrudín
terminó en el suelo. Entonces corrió tras el otro hombre hasta alcanzarlo:
—¡Su predicción se ha cumplido! Ahora dígame: ¿cómo moriré?
Por más que el hombre insistió, no pudo disuadir a Nasrudín de que no era un vidente.
Por fin, ya exasperado, le gritó:
—¡Por mí podrías morirte ahora mismo!
Apenas oyó estas palabras, Nasrudín cayó al suelo y se quedó inmóvil. Cuando
lo encontraron sus vecinos, lo depositaron en un féretro. Mientras marchaban hacia el
cementerio empezaron a discutir acerca de cuál era el camino más corto.
Nasrudín perdió la paciencia. Asomó la cabeza fuera del ataúd y dijo:
—Cuando estaba vivo solía tomar por la izquierda. Es el camino más rápido.

Anónimo

Firma Apoderado

14 6º Básico
Texto 9

El halcón peregrino

Se denomina peregrino al hermoso halcón


que cada año emigra desde Europa hasta el
corazón de África: y bien merece el nombre ese
extraordinario vuelo de millares de kilómetros.
Es tan majestuoso y tan bello el vuelo del
halcón, que posee también unas potencialidades
de atracción de la hembra: ésta queda fascinada
por la exhibición del macho en las alturas. La
preparación del nido no es complicada: les basta
a la pareja de halcones cualquier cavidad rocosa o
el lugar ocupado por algún ave menos poderosa,
que no tenga ánimos para enfrentarse a ellos.
Mientras la hembra incuba sus huevos, que tienen manchas oscuras, el macho se
dedica a la caza: arrebata del suelo las presas todavía vivas y así las conduce hasta su
refugio.
Cuando los polluelos están en condiciones de aprender a volar, sus padres los arrojan
al vacío: único modo de que su instinto de supervivencia les obligue a agitar las alas, para
mantenerse en el aire y regresar luego a su lado. De esta manera, a fuerza de «sustos»,
llegan a dominar el vuelo, hasta realizar las maravillas de los halcones adultos.

Firma Apoderado

Fluidez Lectora 15
Texto 10

El campesino y su caballo

Un campesino que luchaba con muchas dificultades poseía algunos caballos para que
lo ayudasen en los trabajos de su pequeña hacienda. Un día, su capataz le trajo la noticia
de que uno de los caballos había caído en un viejo pozo abandonado.
El pozo era muy profundo y sería extremadamente difícil sacar el caballo de allí. El
campesino fue rápidamente hasta el lugar del accidente y evaluó la situación; se aseguró
de que el animal no se había lastimado. Pero, por la dificultad y el alto precio para sacarlo
del fondo del pozo, creyó que no valía la pena invertir en la operación de rescate.
Tomó entonces la difícil decisión de decirle al capataz que sacrificase al musculoso y
fuerte animal tirando tierra en el pozo hasta enterrarlo allí mismo. Y así se hizo. Comenzaron
a lanzar tierra dentro del pozo de forma que cubriese al regio caballo.
Pero, a medida que la tierra caía sobre el animal, este la sacudía y se iba acumulando
en el fondo, posibilitando al caballo el ir subiendo. Los hombres se dieron cuenta de que
el caballo no se dejaba enterrar, sino, al contrario, estaba subiendo hasta que, finalmente,
consiguió salir.

Cuento tradicional

Firma Apoderado

16 6º Básico
Texto 11

Autorretrato

Éste que véis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, de frente lisa desembarazada,
de alegres ojos, de nariz corva, aunque bien proporcionada, las barbas de plata, que no a
veinte años fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes no crecidos,
porque no tiene sino seis, y éstos mal acondicionados y peor puestos, sin correspondencia
de los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande ni pequeño; la color
viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas y no muy ligero de pies; éste
digo, que es el rostro dela autor de Galatea y de Don Quijote de la Mancha… y otras obras
que andan por ahí descarriadas y quizá sin el nombre de su dueño: llámese comúnmente
Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde
aprendió a tener paciencia en las adversidades, perdió en la batalla naval de Lepanto la
mano izquierda, de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa,
por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos ni
esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo
de la guerra, Carlos V.

Miguel de Cervantes Saavedra

Firma Apoderado

Fluidez Lectora 17
Texto 12

La leyenda de Make-Make

Cuenta la leyenda que, después de haber creado el mundo, el Make-Make sintió que
algo faltaba. Entonces cogió una calabaza que contenía agua y, con asombro, se dio cuenta
que al mirar en el agua veía su rostro reflejado. Make-Make saludó a su propia imagen y
notó que en ella había un pico, alas y plumas. Mientras observaba su reflejo vio a un pájaro
posado sobre su hombro. Encontrando gran similitud entre su imagen y la del ave, unió su
reflejo y el del pájaro para crear de ese modo a su primogénito. No obstante, Make-Make
quiso crear a un ser que tuviese su imagen, que hablara y pensara como él.

Entonces, primeramente, fecundó las aguas del mar y entonces aparecieron los peces.
Pero el resultado no era el que esperaba. Luego, fecundó una piedra en la que había tierra
colorada, y de ella surgió el hombre. Make-Make se sintió contento por haber creado al
hombre, la criatura que él deseaba; sin embargo, al ver al hombre solitario, creó también
a la mujer. Make Make no olvidó su imagen de pájaro y llevó a las aves hasta los motu o
islotes frente a Rano Kau para celebrar el culto de Tangata Manu, el hombre-pájaro.

Leyenda Rapa Nui

Firma Apoderado

18 6º Básico
Texto 13

Junta de los ratones

Un gato llamado Rodilardo hacía tal matanza de ratones, que apenas se veía uno, de
tantos que había metido en sepultura. Los pocos que aún quedaban, sin atreverse a salir
de su agujero, se hallaban reducidos a comer su hambre. A sus ojos, Rodilardo no pasaba
por un gato, sino por un diablo carnicero.
Una noche que Rodilardo partió hacia los tejados en busca de su dama, los ratones
tuvieron junta en un rincón sobre su necesidad urgente. Desde el principio, el decano,
varón más prudente, sostuvo que tarde o temprano había que colgar un cascabel del
cuello de Rodilardo, de modo que cuando este partiera en guerra contra ellos, pudieran
todos esconderse bajo tierra advertidos de su presencia. Tal era el remedio, y no sabía
otro. Fueron todos de la misma opinión; nada les pareció más a propósito. Solo había una
dificultad: poner el cascabel al gato.
Un ratón dijo:
—¡Yo por mí, no voy; no soy tan tonto!
Y añadió el siguiente:
—¡Yo no sabría hacerlo! De tal manera que al fin se separaron sin adoptar acuerdo.

Muchas vanas reuniones así he visto, y no de ratones, sino de grandes personajes.


Para deliberar, la corte está llena de consejeros; para cumplir, nunca nadie comparece.

La Fontaine
(Adaptación)

Firma Apoderado

Fluidez Lectora 19
Texto 14

Volumen del olvido

Como una lejanía sin respuesta


estás presente en todo:
en los muslos renegridos de unos árboles,
en la tibia ausencia de unas hojas detenidas
en el cansancio sin forma del ser perdido
habitante mojado de los atardeceres del sur.

Todo está en tu aire tembloroso


con fragancia a lluvia o luna de diciembre.
En tu sabor dulcemente extraño
perpetuando la noche temblorosa
de la infancia extraviada entre los labios.

Eres el anochecer de marzo con sus horas plenas.


Eres musgo o presencia helada
recorriendo no caminos sino cuerpos,
a ratos lentos, a ratos sigilosos
hacia el gimiente pulso de un límite.

Alfonso Calderón

Firma Apoderado

20 6º Básico
Texto 15

¿Buena suerte o mala suerte? ¿Quién sabe?

Había un campesino sabio que tenía un viejo caballo para cultivas sus campos. Un día,
el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano campesino se acercaban
para consolarlo, y lamentar su desgracia, el sabio campesino les replicó: «¿Mala suerte,
buena suerte? ¿Quién sabe?».
Varios meses después, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una
preciosa yegua embarazada. Entonces los vecinos felicitaron al campesino por su buena
suerte. Este les respondió: «¿Mala suerte, buena suerte? ¿Quién sabe?».
Cuando el pequeño potro creció y el hijo del campesino intentó domarlo, cayó y se
rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como una desgracia. No así el sabio
campesino, quien se limitó a decir: «¿Mala suerte, buena suerte? ¿Quién sabe?».
Una semana más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los
jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del campesino
con la pierna rota le dejaron tranquilo. «¿Mala suerte, buena suerte? ¿Quién sabe?».
El sabio campesino dijo ¿Lo entendéis ahora queridos vecinos? Los hechos no son
ni buenos ni malos en sí mismos, lo que nos hace sufrir son las opiniones y juicios que
tenemos de ellos. Hay que esperar a cómo afectan a nuestro devenir.”

Cuento popular chino

Firma Apoderado

Fluidez Lectora 21
Texto 16

La piedra del león

En tiempos en que los indígenas habitaban la zona de San Felipe, los pumas abundaban
en los alrededores. Y por ahí se encuentra la piedra del león, más precisamente en un cerro
llamado Yevide. Desde que existe memoria se sabe que estos felinos han sido perseguidos
y que están en riesgo de exterminio. Cuenta la leyenda que en Yevide vivía una hermosa
leona con sus dos cachorros. Un día la hembra tuvo que dejar a sus hijos para salir a buscar
comida, y dejó a los cachorros durmiendo junto a una enorme piedra. Cuando la leona
regresó de la cacería los pequeños no estaban.

En su ausencia, unos arrieros se los habían llevado. La madre, desesperada, los buscó
incesantemente sin resultados. Al llegar la noche se echó desconsolada junto a la piedra
e hizo escuchar sus gruñidos de lamento. Se dice que desde todas partes se escuchaban
los rugidos del animal, que no eran otra cosa que el llanto de una fiera herida. A partir del
amanecer siguiente nunca más se volvió a ver a un solo puma. Todos se fueron del cerro
Yevide. Y en las noches de invierno, la gente suele escuchar el gemido de la leona. Es el
alma de ella, dicen, que aún reclama a sus hijos que dejó en la piedra.

Leyenda zona norte de Chile

Firma Apoderado

22 6º Básico
Texto 17

Eros y Psique

Psique (en griego la palabra quiere decir “alma”) era una princesa de una belleza tan
extraordinaria que la misma diosa Afrodita estaba celosa de ella.
Sin embargo, Psique era tan bella que no lograba tener un novio, porque su belleza
sobrehumana asustaba a sus pretendientes. Afrodita ordenó a su hijo Eros, el dios del
amor, que castigara a la atrevida mortal. Por eso, algún tiempo después, un oráculo mandó
al padre de Psique, bajo la amenaza de una terrible calamidad, que llevara a su hija a una
roca solitaria donde sería devorada por un monstruo.
Pero el dios Eros, cuando vio a la muchacha que tenía que morir en la boca del
monstruo que la esperaba abajo, quedó tan impresionado por su belleza que tropezó y se
pinchó con una de sus propias flechas —esas flechas que utilizaba de manera tan eficaz
para llevar el amor súbito tanto a los mortales como a los dioses—.
Así fue como Eros se enamoró de la persona que su madre le había mandado eliminar.
Temblando, pero resignada, Psique estaba esperando en su roca solitaria la ejecución
del oráculo, cuando de repente se sintió suavemente elevada por los vientos; era Céfiro,
el viento del Oeste, que la llevó a un valle donde quedó dormida, sobre un verde césped.

Mito griego

Firma Apoderado

Fluidez Lectora 23
Texto 18

La anciana dueña de la montaña

En las boscosas montañas de la Araucanía, se perdió un hombre que andaba buscando


a sus animales. No los encontró. Se hizo la noche sin que hallara el camino de regreso a su
casa, de modo que decidió buscar un lugar en el monte para dormir. Cuando se acomodaba
para descansar, de pronto vio un fulgor en medio del bosque. Era una fogata y alrededor
del fuego bailaba una anciana. Se dirigió hacia ella. Se trataba de Kupuka, la dueña de la
montaña, que tenía una casa hecha con materiales recogidos en los bosques del monte.
Poseía de todo, papas, arvejas, maíz, etc.
El hombre saludó con mucho respeto a la anciana, luego se hicieron amigos y se
casaron. Al saber que el hombre era pobre, viudo y que tenía cuatro hijos, la anciana le dijo:
“si tienes hijos, tráelos, aquí hay de todo”. Entonces el hombre llevó a sus hijos, comieron
y alojaron en la casa de la Kupuka. Cierta noche, uno de los niños se rió de los pies de la
anciana: “miren, la viejita tiene sólo dos dedos”. La anciana montó en cólera, pateó su casa
y así desapareció todo, el fuego, la riqueza y la Kupuka. El hombre desesperado devolvió a
sus hijos a la antigua casa, les aconsejó contra la burla y regresó a la montaña para seguir
viviendo con la Kupuka.

Leyenda zona sur de Chile

Firma Apoderado

24 6º Básico
Texto 19

Moby Dick

Lo que la distinguía de otras ballenas no era tanto su volumen, sino más bien su frente
peculiar, blanca como la nieve y arrugada, y una alta joroba piramidal y blanca. Ésas eran
sus características más salientes, las señales por las cuales, aun en los mares sin límites
y sin cartografiar, revelaba a gran distancia y a quienes la conocían, su identidad. El resto
del cuerpo estaba tan rayado y manchado y lleno de lunares de tonalidad de mortaja, que,
en último término, había ganado el apelativo que la distinguía: “ballena blanca”, un nombre,
en verdad, justificado literalmente por su vívido aspecto cuando se le veía deslizándose en
pleno mediodía a través de un mar azul profundo, dejando una estela lechosa de espuma
como crema, toda rayada de brillos dorados.
Pero no era propiamente su desacostumbrada magnitud, ni su notable tonalidad, ni
aun su deformada mandíbula inferior, lo que tanto terror natural producía en el ballenero;
era su malicia inteligente y sin ejemplo, que, de acuerdo con relatos precisos, había
mostrado una y otra vez durante sus ataques. Más que todo, sus retiradas traicioneras
producían una confusión que superaba a cualquier otra cosa. Porque, mientras nadaba
ante sus entusiasmados perseguidores con todos los síntomas de alarma, más de una vez
se le había visto volverse de pronto y, cargando sobre ellos, desfondar el bote haciéndolo
astillas, u obligarlos, llenos de constelación, a retornar a sus buques.

Herman Melville
(Fragmento)

Firma Apoderado

Fluidez Lectora 25
Texto 20

El narrador

Había una vez un hombre a quien todos querían porque contaba historias muy bonitas.
Diariamente salía por la mañana de su aldea, y cuando volvía al atardecer, los trabajadores,
cansados de trajinar todo el día, se agrupaban junto a él y le decían:
—¡Anda, cuéntanos lo que has visto hoy!
Y él contestaba: -He visto en el bosque a un fauno que tocaba la flauta, y a su alrededor
a muchos enanitos con sus gorras de colores, bailando alegremente.
—¿Qué otra cosa viste? —le preguntaban los hombres, que no se cansaban de
escucharlo.
—Cuando llegué a la orilla del mar, ¡a que no se imaginan lo que vi!
—No, no podemos imaginar nada. Dinos lo que pasó a la orilla del mar.
—Pues vi a tres sirenas, sí señores, a tres sirenas que con un peine de oro peinaban
sus cabellos verdes.
Y los hombres lo amaban, porque les contaba hermosas historias.
Una mañana salió de su aldea como todas las mañanas, pero cuando llegó a la orilla
del mar vio a tres sirenas, que al borde de las olas peinaban sus cabellos verdes con su
peine de oro. Y cuando llegó al bosque vio a un fauno que tocaba la flauta, mientras los
enanitos bailaban a su alrededor. Esa tarde, al volver a su aldea, los trabajadores le dijeron
como de costumbre: —¡Anda, cuéntanos lo que has visto hoy!
Y él contestó: -Hoy no he visto nada.

Oscar Wilde

Firma Apoderado

26 6º Básico
Texto 21

La laguna del Inca

Escondida en las alturas de la Cordillera de los Andes, en Portillo, se encuentra una


hermosa laguna que hoy se conoce como Laguna del Inca. Según cuenta la leyenda, el inca
Illi Yupanqui estaba enamorado de la princesa Kora-llé, la mujer más hermosa del imperio.
Decidieron casarse y escogieron como lugar de la boda una cumbre ubicada a orillas
de una clara laguna. Cuando la ceremonia nupcial concluyó, Kora-llé debía cumplir con el
último rito, que consistía en descender por la ladera del escarpado cerro, vestida con su traje
y joyas, seguida por su séquito. Pero el camino era estrecho, cubierto de piedras resbalosas
y bordeado por profundos precipicios. Fue así como la princesa, mientras cumplía con la
tradición, cayó al vacío.
Illi Yupanqui, al escuchar los gritos, se echó a correr, pero cuando llegó al lado de la
princesa, ella estaba muerta. Angustiado y lleno de tristeza, el príncipe decidió que Kora-llé
merecía un sepulcro único, por lo que hizo que el cuerpo de la princesa fuera depositado en
las profundidades de la laguna.
Cuando Kora-llé llegó a las profundidades envuelta en blancos linos, el agua
mágicamente tomó un color esmeralda, el mismo de los ojos de la princesa. Se dice que
desde ese día la Laguna del Inca está encantada. Incluso hay quienes aseguran que en
ciertas noches el alma de Illi Yupanqui vaga por la quieta superficie de la laguna emitiendo
tristes lamentos.
Leyenda zona norte de Chile

Firma Apoderado

Fluidez Lectora 27
Texto 22

El gato

Mi gato pequeño
va siempre con sueño
y duerme de día,
acaso pensando, con gran alegría,
en todas las ratas que va a manducar.

Se tiende a la orilla
del fuego que brilla
y allí ronronea,
y en tanto que el fuego brillante chispea
el gato dormido se pone a roncar.

Después de algún rato,


miau-miau, dice el gato.
Se lame el bigote
si escucha el chillido de algún pericote
que allá en la despensa corriendo pasó.

De noche, en acecho
está bien derecho;
ni duerme ni chilla;
si pasa una rata, altiro la pilla,
le clava las garras y ¡zas!... ¡la mató!
Antonio Bórquez

Firma Apoderado

28 6º Básico
Texto 23

El canario

¿Ves aquel clavo grande a la derecha de la puerta de entrada? Todavía me da tristeza


mirarlo, y, sin embargo, por nada del mundo lo quitaría. Me complazco en pensar que estará
siempre allí, aun después de mi muerte. A veces oigo a los vecinos que dicen: “Seguro que
antes colgaba ahí una jaula”. Y eso me consuela: así siento que él no está olvidado del todo.
... No te puedes figurar cómo cantaba. Su canto no era como el de los otros canarios,
y lo que te cuento no es solo mi imaginación. A menudo, desde la ventana, acostumbraba
observar a la gente que se detenía en el portal a escuchar, se quedaban absortos, apoyados
largo rato en la reja. Supongo que eso te parecerá absurdo, pero si lo hubieses oído no te lo
parecería. Yo creía que cantaba canciones enteras que tenían un principio y un final.
Por ejemplo, cuando por la tarde había terminado el trabajo de la casa, después de
haberme cambiado la blusa, me sentaba aquí en la baranda a coser: él solía saltar de una
percha a otra, dar golpecitos en los barrotes para llamarme la atención, beber un sorbo de
agua como suelen hacer los cantantes profesionales, y luego, de repente, se ponía a cantar
de un modo tan extraordinario, que yo tenía que dejar la aguja y escucharlo. No puedo
describirte su canto, aunque me gustaría. Todas las tardes pasaba lo mismo: yo sentía que
comprendía cada nota que emitía.

Katherine Mansfield
Fragmento

Firma Apoderado

Fluidez Lectora 29
Texto 24

Historia de un lobo

Un lobo que no era más que piel y huesos encontró un día a un perro que irradiaba
salud. Se detuvieron a charlar un rato y el lobo dijo: “¡Cómo lo haces para estar tan bien
nutrido, mientras yo, que soy más fuerte que tú, estoy que me caigo de debilidad!”. El perro
respondió: “No se trata de un gran secreto; también tú puedes ser como yo...”. “¿Y qué es
lo que debo hacer?”, le interrumpió el lobo interesado.
Y el perro continuó: “Debes servir al hombre: montar guardia en su casa incluso de
noche. En suma, debes vigilar contra los ladrones” “¡Pero entonces resulta muy fácil! Estoy
verdaderamente cansado de vivir en el bosque siempre con frío y muerto de hambre. Voy
contigo”.
Mientras iban hacia casa, el lobo observó una marca que rodeaba todo el cuello del
perro; y le preguntó: “¿Qué es esa huella, amigo mío?”. El perro respondió: “Nada especial,
como me consideran un poco peligroso, durante el día me encadenan, pero después me
liberan por la noche y voy donde quiero”.
El lobo, al conocer esta información, se quedó de piedra; inmediatamente se detuvo y
dijo: “¡Pero entonces no puedes hacer todo lo que te parece!” “Bueno es cierto que no, pero
siempre tengo el estómago lleno.”, le confirmó el perro. “Pues entonces no, ya que con esos
requisitos no me avengo”.
Con estas palabras, el lobo echó a correr y dejó que el perro disfrutase de todas las
ventajas de la cautividad.

Esopo
(Adaptación)

Firma Apoderado

30 6º Básico
Texto 25

Caminos

De la ciudad moruna tras las El viento ha sacudido los mustios


murallas viejas, yo contemplo la olmos de la carretera, levantando
tarde silenciosa, a solas con mi en rosados torbellinos el polvo de
sombra y con mi pena. la tierra. La luna está subiendo
amoratada, jadeante y llena.
El río va corriendo, entre sombrías
huertas y grises olivares, por los Los caminitos blancos se cruzan y
alegres campos de Baeza. se alejan, buscando los dispersos
caseríos del valle y de la sierra.
Tienen las vides pámpanos dorados Caminos de los campos... ¡Ay, ya,
sobre las rojas cepas. Guadalquivir, no puedo caminar con ella!
como un alfanje roto y disperso,
reluce y espejea.

Lejos, los montes duermen


envueltos en la niebla, niebla de
otoño, maternal; descansan las
rudas moles de su ser de piedra en
esta tibia tarde de noviembre, tarde
piadosa, cárdena y violeta. Mario Benedetti

Firma Apoderado

Fluidez Lectora 31
Texto 26

La leyenda de la Añañuca

Cuenta la leyenda que, en tiempos previos a la Independencia de Chile, en la localidad


de Monte Patria, vivía Añañuca, una bella joven indígena que todos los hombres querían
conquistar, pero nadie lo lograba.
Un día llegó al pueblo un minero que andaba en busca de un tesoro. Al conocer a
Añañuca, surgió el amor entre ambos, por lo que decidieron casarse. La pareja fue feliz
durante un tiempo, pero una noche, el joven tuvo un sueño donde un duende le revelaba el
lugar en donde se encontraba la mina que por tanto tiempo buscó.
A la mañana siguiente, sin avisarle a nadie, ni siquiera a su mujer, partió a buscarla.
Añañuca, desolada, lo esperó y esperó, pero pasaron los días, las semanas, los meses
y el joven minero nunca regresó. Se dice que éste habría sido víctima del espejismo de
la pampa o de algún temporal, causando su desaparición y, presuntamente, su muerte.
Añañuca pronto murió, producto de la gran pena de haber perdido a su amado.
Fue enterrada por los pobladores en pleno valle en un día de suave lluvia. Al día
siguiente, salió el Sol y todos los vecinos del pueblo pudieron ver un sorprendente suceso.
El lugar donde había sido enterrada la joven se cubrió por una abundante capa de flores
rojas. Desde ese momento, se asegura que esta joven se convirtió en flor, como un gesto
de amor a su esposo, ya que de esta manera permanecerían siempre juntos. Así fue que se
le dio a esta flor el nombre de Añañuca.

Leyenda zona norte de Chile

Firma Apoderado

32 6º Básico
Texto 27

Gulliver y los gigantes

Pronto Gulliver volvió a embarcarse en un buque llamado “Aventura”. Esta vez la


tempestad zarandeó la nave por todos los mares meridionales, lanzándola hacia tierras
desconocidas, hasta llegar a un lugar, al parecer, deshabitado. Como la tripulación carecía
de agua, el capitán echó anclas. Entre los enviados a tierra estaba Gulliver. Este, en su
deseo de explorar el país, se apartó de los demás un par de millas. Subió una colina, cruzó
un valle, se internó en un bosque...
De pronto, desde una colina, cuando pensaba regresar y unirse a los de la barca, vio
de lejos cómo huían todos sus compañeros, lanzando gritos desesperados, y luego observó
cómo remaban con todas sus fuerzas hacia la nave. Era que los perseguía un hombre tan
alto como una torre.
Gulliver, al ver aquello, quedó atónito. Aterrorizado, echó a correr hacia los campos;
pero cuanto más avanzaba más crecía su asombro. La senda por donde corría, ancha como
una calzada, estaba bordeada de campos por donde la hierba era tan alta como los árboles.
Entonces vio ante sí una criatura humana de proporciones similares a las del que
perseguía a sus compañeros poco antes. Cada vez más asustado, se metió corriendo en
un sembrado de trigo e intentó escabullirse por entre los altísimos tallos; pero el hombre
gigante con una voz que resonó como un trueno, llamó a otros siete semejantes suyos,
quienes acudieron armados de enormes hoces, y les mandó a segar aquella parcela de
trigo. Gulliver, al escuchar cerca el silbido de aquellas descomunales hoces, salió de allí
corriendo lo más rápidamente que pudo.
Cuento clásico
(Adaptación-fragmento)

Firma Apoderado

Fluidez Lectora 33
Texto 28

El Sol

El Sol mueve la cabeza, Pasea sin parasol,


bosteza y se despereza; enamora a un girasol,
se acaba de levantar se cuela por la ventana,
de su cama azul de mar. viste de luz la mañana…

Y va a lavarse la cara Bota como una pelota,


con agua de lluvia clara. juega con una gaviota,
Lava su melena rubia se bebe el agua de un charco,
con agua clara de lluvia. dibuja en el cielo un arco…

El Sol, con un arrebol, Y tiñe todo de rojo,


se seca el pelo al resol; por capricho y por antojo,
hasta el cielo sube y sube con tintura de carmín;
por un abrigo de nube. ¡qué cansancio y qué trajín!

Con pintura de alegría Después de un día tan loco,


pinta de color el día. para descansar un poco,
Con encajes de bolillo el Sol se vuelve a acostar
vuelve lo gris amarillo. en su cama azul de mar.

Carmen Gil

Firma Apoderado

34 6º Básico
Texto 29

Esquina peligrosa

El señor Epidídimus, el magnate de las finanzas, uno de los hombres más ricos del
mundo, sintió un día el vehemente deseo de visitar el barrio donde había vivido cuando era
niño y trabajaba como dependiente de almacén.
Le ordenó a su chofer que lo condujese hasta aquel barrio humilde y remoto. Pero el
barrio estaba tan cambiado que el señor Epidídimus no lo reconoció. En lugar de calles de
tierra había bulevares asfaltados, y las míseras casitas de antaño habían sido remplazadas
por torres de departamentos.
Al doblar una esquina vio el almacén, el mismo viejo y sombrío almacén donde él
había trabajado como dependiente cuando tenía doce años.
—Deténgase aquí —le dijo al chofer. Descendió del automóvil y entró en el almacén.
Todo se conservaba igual que en la época de su infancia: las estanterías, la anticuada caja
registradora, la balanza de pesas y, alrededor, el mudo asedio de la mercadería.
El señor Epidídimus percibió el mismo olor de sesenta años atrás: un olor picante y
agridulce a jabón amarillo, a aserrín húmedo, a vinagre, a aceitunas. El recuerdo de su niñez
lo puso nostálgico. Se le humedecieron los ojos. Le pareció que retrocedía en el tiempo.
Desde la penumbra del fondo le llegó la voz ruda del patrón:
—¿Estas son horas de venir? Te quedaste dormido, como siempre.
El señor Epidídimus tomó la canasta de mimbre, fue llenándola con paquetes de azúcar, de
yerba y de fideos, con frascos de mermelada y botellas de lavandina, y salió a hacer el reparto.
La noche anterior había llovido y las calles de tierra estaban convertidas en un lodazal.

Marco Denevi

Firma Apoderado

Fluidez Lectora 35
Texto 30

Los esquimales

Casi la totalidad de las fuentes de vida


de los esquimales se encuentran en el mar. El
suelo, cubierto casi todo el año por la nieve y
por los hielos, produce tan escasos vegetales
que el esquimal no puede contar con estos
productos para su subsistencia, tiene que
vivir de cara al mar donde encuentra los
peces y, sobre todo, la foca, que es el principal
elemento de vida para estos hombres.
La foca les proporciona carne para la mesa, piel para su vestido y su calzado, y
grasa, que es el único combustible con el que pueden contar de una manera permanente
durante el invierno.
También son buenos pescadores de ballenas y cazadores de osos, renos y bueyes,
aunque la caza de estas dos últimas especies no pertenece ya a la verdadera vida esquimal
estricta, pues es ejecutada por los pueblos que viven en el interior y durante las estaciones
más calientes, en las que se producen emigraciones hacia el norte de estas especies.
El ingenio con que el esquimal ha ido perfeccionando sus medios de caza y pesca es
inaudito entre los pueblos salvajes. La caza de la foca la realizan de dos maneras distintas:
en invierno, vigilan los agujeros existentes en el hielo, a los que las focas se asoman para
respirar, provocando incluso su salida por medio de ruidos causados al raspar sobre el
hielo, y entonces se las arponea; en verano, van al encuentro de las focas y las morsas con
sus ligeras embarcaciones, y las arponean con un arpón provisto de cuerda y flotador.
La ballena es cazada utilizando un tipo de embarcación relativamente grande y con la
concurrencia de un gran número de personas.

Firma Apoderado

36 6º Básico
Texto 31

Prometeo

Cuando solo existían el Cielo y la Tierra, Prometeo tomó arcilla, la humedeció con
agua del río, la amasó y modeló al hombre. Para darle vida, pidió a todos los animales
cualidades, buenas y malas, y las encerró en su pecho. Atenea, diosa de la sabiduría, le
agregó el espíritu.
Así nacieron los primeros hombres. Durante largo tiempo vagaron como fantasmas,
hasta que Prometeo les enseñó a observar la salida y la puesta de los astros, los inició
en el arte de contar y en el de la escritura, les enseñó a utilizar a los animales como
compañeros de trabajo, los ayudó a fabricar barcas, les enseñó a mezclar medicamentos
para combatir las enfermedades y les hizo dirigir la mirada al interior de la Tierra para
descubrir los minerales metálicos: el hierro, la plata y el oro.
El dios Zeus exigió que las nuevas criaturas le rindieran homenaje, a cambio de su
protección. Se celebró entonces una asamblea de mortales e inmortales para establecer
los derechos y deberes de los hombres.
Prometeo ideó un plan para favorecer a los hombres. Sacrificó un gran toro e hizo
con él dos montones. En uno puso la carne, la médula y las entrañas del animal. En otro
puso los huesos, envueltos en sebo del toro. Luego pidió a Zeus que eligiera primero sus
alimentos. El dios, al darse cuenta de que Prometeo pretendía engañarlo, se encolerizó
y resolvió vengarse negando a los mortales el último don que necesitaban para alcanzar
la civilización: el fuego.
Prometeo no se desanimó: tomó un largo tallo, se acercó con él al carro del Sol que
pasaba, prendió fuego a la planta y bajó a la Tierra con el fuego robado.
Furioso, Zeus ordenó encadenarlo a una roca muy alta, donde debería permanecer
eternamente.
Mito griego

Firma Apoderado

Fluidez Lectora 37
Texto 32

Más verde

Seguramente habrás oído decir que


cada día desaparecen miles de hectáreas
de bosques de nuestro planeta. Una de
las principales causas de este hecho es la
tala masiva de árboles para su explotación
industrial. Aunque del aprovechamiento de la madera viven millones de personas en todo el mundo,
la destrucción de los bosques se ha convertido en un gravísimo problema medioambiental.
Ante esta amenaza, se ha encontrado una buena solución: el cultivo de árboles para la
explotación de madera. Así muchas empresas se están dedicando a la plantación de árboles,
como nogales, cerezos, arces, robles, castaños, fresnos y hayas. Estos árboles tienen una
madera dura y de gran calidad, muy apreciada en la industria del mueble, en la construcción
y decoración o en la fabricación de instrumentos musicales y artículos deportivos.
Son muchos los beneficios de esta nueva actividad. La ventaja más importante es, sin
lugar a dudas, la conservación de nuestros bosques naturales, con efectos muy positivos
para la atmósfera de la Tierra, para evitar la erosión del suelo para la pervivencia de
especies animales y de otras especies vegetales. Otra gran ventaja es hacer más rentables
los espacios agrícolas en los que se realizan estas plantaciones, ya que muchos de ellos se
encontraban sin cultivar o con cultivos que producen escasas ganancias.
Esta repoblación forestal impide, asimismo, el deterioro del terreno. Además, gracias a
esta actividad, se crean numerosos puestos de trabajo para que muchas personas puedan
seguir viviendo del aprovechamiento de la madera: silvicultores, transportistas, aserradores,
almacenistas, carpinteros y ebanistas…
Estas superficies arboladas, de un magnífico atractivo, también servirán para realizar
múltiples actividades en él, cada vez más creciente, turismo ecológico. Solo hay que
mencionar un pequeño inconveniente y es que, de momento, los productos elaborados con
la madera de estas plantaciones son más caros. ¡Todo sea por la supervivencia de nuestros
bosques y de nuestro planeta!

Firma Apoderado

38 6º Básico
Texto 33

Efectos terapéuticos de la risa

Algunos dicen que la “risa abunda


en la boca de los tontos” o que “después
de la risa viene el llanto”, sin embargo,
reírnos es una actividad que ha
demostrado ser muy beneficiosa para
nuestra salud. Según el psicólogo norteamericano, Sultanoff, ex presidente de la Asociación
Terapéutica del Humor, el sentido del humor influye en nuestra salud de diferentes formas.
Él y sus colegas afirman que: “El humor estimula la risa y, como sabemos, la estimulación
fisiológica a través de la risa conlleva una serie de beneficios para la salud.
Parece reducir el estrés; estimula la producción de inmunoglobulina A y tiende a
estimular los linfocitos T, que son anticuerpos que combaten las infecciones”. También
reduce los niveles de Cortisol, la hormona del estrés, que puede debilitar la respuesta
inmunitaria. Otras investigaciones han mostrado cómo las personas que sienten de forma
crónica emociones estresantes como rabia, depresión o ansiedad, sufren un impacto
negativo en su salud debido a dichas emociones.
Los estudios más numerosos se han realizado en enfermedades del corazón y
muestran que las personas crónicamente enojadas, mal genio y hostiles, vale decir, que
sienten como enemigos a quienes los rodean, tienen un riesgo de 4 a 5 veces mayor de
tener ataques cardíacos que si fueran personas alegres, amables y positivas.
Por otra parte, también se ha comprobado que quienes tienen una actitud negativa
y pesimista hacia la vida son más susceptibles a padecer enfermedades habituales como
resfriados, gripes y problemas digestivos. La risa, por tanto, es un aporte a la salud de
nuestro organismo al producir una estimulación positiva y relajante. Y hay otros científicos,
que agregan a lo señalado, que la risa ayuda a activar indirectamente las endorfinas, unas
pequeñas proteínas que mejoran el estado anímico en las personas pues al ser ellas los
analgésicos naturales de nuestro cuerpo, nos aumentan la tolerancia al dolor.

Firma Apoderado

Fluidez Lectora 39
Texto 34

Los dos comerciantes

Un pobre comerciante en hierros, tuvo que emprender un largo viaje por eso dejó sus
mercancías en casa de un amigo comerciante que era muy rico, para que se las guardara.
Cuando volvió del viaje, se fue a casa de su amigo a recoger las mercancías cuya
guarda le había encomendado. Pero, con gran sorpresa suya, el otro dijo al verle:
—Tus mercancías se han estropeado. Nada tengo que entregarte. Las dejé en el desván
y los ratones han roído el hierro. Si no quieres creerme puedes subir a verlo tú mismo.
El comerciante pobre no discutió y dijo sencillamente:
—Puesto que tú lo afirmas me basta solo con eso. No hace falta mirar. Desde hoy ya sé
que los ratones comen hierro.
Ya en la calle vio a un niño, hijo del comerciante rico, que estaba jugando. Le acarició,
le cogió en sus brazos, y se lo llevo a su casa. Al día siguiente, el comerciante rico fue a ver
al pobre y le contó la desgracia que le agobiaba: le habían robado a su pequeño hijo y pedía
consejo a su amigo para poder encontrarlo.
Ayer —repuso el comerciante pobre, —cuando salía de tu casa, vi justamente cómo un
gavilán se apoderaba de un niño y se lo llevaba por los aires. Sin duda era tu hijo.
—¿Quieres burlarte de mí? —exclamo el rico lleno de cólera. ¿Cuándo se ha visto que
un gavilán se lleve a un niño por los aires?
—No, no me burlo. Poco puede extrañar que un gavilán robe a un niño, en estos tiempos
en que los ratones comen hierro. Todo puede suceder...
Reflexionó entonces el rico.
—Tu hierro— dijo al fin— no lo comieron los ratones. Yo lo vendí. Daría el doble de su
precio por que el gavilán no se hubiese llevado a mi hijo.
—Yo puedo, en cambio, hacer que recobres a tu hijo, ya que los ratones no se han
comido el hierro. Y se fue a llamar al niño.
Cuento tradicional

Firma Apoderado

40 6º Básico
Texto 35

La isla del tesoro

La mañana se nos presentó por completo dedicada a las más pesadas faenas, pues,
como no veíamos señal alguna de viento, fue necesario arriar los botes y remolcar remando
la goleta durante tres o cuatro millas, hasta que doblamos el extremo de la isla y enfilamos
el fondeadero que estaba detrás de la Isla del Esqueleto. Yo me presté de voluntario para
remar en uno de los botes, donde, por supuesto, no hice ninguna falta. El calor resultaba
insoportable y los marineros maldecían a cada golpe de remo.
Aquel comportamiento no me daba buena espina, pues fue la primera vez que los
marineros no cumplían con presteza sus deberes; no cabe duda que, a la vista de la isla, las
ataduras de la disciplina habían empezado a soltarse.
Anclamos precisamente donde indicaba el mapa, a un tercio de milla de cada orilla, de
un lado de la Isla del Esqueleto y del otro, la grande. El mar estaba tan claro que podíamos
ver el fondo arenoso.
Cuando largamos el ancla, la fuente de espuma que desplazó hizo alzar el vuelo a una
nube de pájaros; que durante unos instantes llenaron el cielo con sus graznidos; luego se
posaron de nuevo en los bosques y todo volvió a hundirse en el silencio.
El fondeadero estaba muy bien protegido de los vientos y rodeado por frondosos
bosques, cuyos árboles llegaban hasta la misma orilla; la costa era llana y las cumbres de los
montes se alzaban alrededor, al fondo, en una especie de anfiteatro. Si el comportamiento
de la tripulación había empezado a inquietarme ya en los botes, cuando regresaron a bordo
se hizo claramente amenazador.
Tendidos en cubierta, en pequeños corrillos, discutían en voz baja. La más ligera orden
era recibida con torvas miradas y ejecutada de la peor gana. Hasta los marineros leales
parecían contaminados, pues no había ninguno a bordo que pudiera servir de modelo a los
demás. El motín se palpaba en el aire como la inminencia de una tormenta.

Robert Louis Stevenson (Adaptación-fragmento)

Firma Apoderado

Fluidez Lectora 41
Texto 36

El rey mocho

En un pueblo vivía un rey a quien le faltaba una oreja. Pero nadie lo sabía. Siempre
tenía puesta su peluca de rizos negros.
La única persona que conocía su secreto era el barbero del palacio, quien debía
cortarle el cabello una vez al mes. Un día, el barbero se enfermó y murió.
Pasaron muchos días y las greñas comenzaban a asomar por debajo de la peluca. El rey
comprendió, entonces, que debía buscar un nuevo barbero. Bajó a la plaza y pegó este cartel:
EL REY BUSCA BARBERO JOVEN, HÁBIL Y DISCRETO.
Esa noche llegó al palacio un joven barbero. Cuando comenzó a cortar el pelo,
descubrió que el rey era mocho de una oreja.
—Si lo cuentas —dijo el rey con mucha seriedad— te mando a matar.
El nuevo barbero salió del palacio con ese secreto. «El rey es mocho —pensaba— y
no puedo decírselo a nadie». Pero no podía dejar de pensar en el secreto y tenía ganas
de contárselo a todos. Cuando sintió que el secreto ya iba a estallarle por dentro, corrió a
la montaña y abrió un hueco en la tierra. Metió la cabeza en el hueco y gritó: «¡El rey es
mocho!». Tapó el hueco con tierra y así enterró el secreto.
Pasó el tiempo y en ese lugar creció una mata de caña. Un muchacho que cuidaba
cabras pasó por allí y cortó una caña para hacerse una flauta. Cuando estuvo lista, la sopló
y la flauta cantó: «El rey es mocho, no tiene oreja. Por eso usa peluca vieja».
Cortó varias cañas, preparó otras flautas y bajó al pueblo a venderlas. Cada flauta,
al soplarla, cantaba: «El rey es mocho, no tiene oreja. Por eso usa peluca vieja». Y todo
el pueblo se enteró de que al rey le faltaba una oreja. El rey se enojó, subió a la torre del
castillo y se encerró un largo rato. Luego bajó, se quitó la peluca y dijo:
—La verdad es que las pelucas dan mucho calor.
Y solo se la volvió a poner en carnaval.

Cuento tradicional

Firma Apoderado

42 6º Básico
Texto 37

Mamiña, la niña de mis ojos

En tiempos muy remotos, en dominios del Imperio incaico, vivía una hermosa princesa
que perdía la vista con el paso de los días. Privada de las bellezas de los territorios de su
padre, el último de los monarcas, entristecía bajo la esclavitud que le imponía la ceguera.
El inca envió mensajeros a todos los rincones del Imperio con la clara instrucción de no
regresar, a menos que trajesen noticias alentadoras para el mal que aquejaba a su bella hija.
Los mensajeros dirigieron a los territorios del extremo norte. Alcanzaron los parajes
de Pichincha, para regresar a Cusco sin el remedio que buscaban. Recorrieron de punta a
cabo las riberas del mar y regresaron desalentados.
Los mensajeros que se habían dirigido al sur del Imperio descendieron desde el Camino
del Inca hasta la pampa del Tamarugal, donde hallaron una imponente laguna de aguas
cristalinas con propiedades curativas. La feliz noticia fue llevada por ágiles corredores, que
solo se detenían para reponer sus energías.
Al enterarse el monarca del feliz mensaje, ordenó preparar de inmediato una caravana,
que sin tardanza transportara a la princesa hasta la laguna prodigiosa.
El tiempo ha ocultado sabiamente las semanas que empleó aquella comitiva en
llegar a la pampa del Tamarugal. Lo cierto fue que la joven, incapacitada de presenciar las
solemnes salidas y entradas del Sol y de la Luna, supo de tantos amaneceres y ocasos por
las mudas de ropa que le hacían sus doncellas.
La caravana llegó por fin a la imponente laguna de la pampa del Tamarugal de la que
tanto se hablaba. Con premura y el mayor de los cuidados, la enceguecida niña fue preparada
para el baño curativo. Muy liviana de atavíos fue sumergida una y cien veces en las aguas
sanadoras. Hasta que comenzó a recuperar la vista y, maravilla, pudo observar el esplendor
de la pampa y los incomparables tamarugos, que dominaban con su deslumbrante belleza.
De regreso junto a su padre, curada del mal que la aquejaba, fue tal la dicha que
produjo en el inca la sanación de su hija, que ordenó nombrar aquella prodigiosa laguna
como Mamiña, la niña de mis ojos.
Leyenda zona norte de Chile

Firma Apoderado

Fluidez Lectora 43
Texto 38

Ícaro y Dédalo

Minos, el rey de la isla de Creta, ordenó a su arquitecto Dédalo que construyera un


laberinto. Quería que fuera tan complicado que nadie pudiera escapar. Dédalo cumplió las
órdenes del rey. Construyó un laberinto con tantos pasadizos que parecía imposible escapar.
Cuando alguien logró hacerlo, el rey se enojó. Ordenó que Dédalo y su hijo Ícaro
permanecieran en la isla como prisioneros. Pero Dédalo estaba decidido a obtener la
libertad. Tenía un plan y una ilusión, pero eso significaba hacer algo que nadie jamás había
hecho. Dédalo era un artista ingenioso y no se desalentó.
Llamó a su hijo y le pidió que recogiera todas las plumas que pudiera encontrar.
Pronto, el muchacho recogió una inmensa pila de plumas. Luego, Dédalo derritió cera y
fabricó unas alas. Cuando terminó, se las ató a sus hombros y se sintió alzado por el aire.
Lleno de emoción, fabricó otras para su hijo. Eran más pequeñas que las suyas, pero
bellas y fuertes. Cuando hubo terminado, ató las alas a los hombros de Ícaro y le enseñó a
volar. Le dijo que observara el vuelo de los pájaros.
Una mañana despejada y ventosa, Dédalo decidió emprender el vuelo. Llamó a su
hijo y le dijo: «Ningún ser humano ha viajado jamás por el aire y quiero que escuches
atentamente mis instrucciones. Vuela a una altura moderada. Si vuelas demasiado bajo, la
niebla y el rocío atascarán tus alas. Si vuelas demasiado alto, el calor derretirá la cera que
las une. Quédate cerca de mí y estarás a salvo».
Padre e hijo ataron fuertemente las alas a sus hombros y empezaron el vuelo. Volaron
sobre el mar. Ícaro, emocionado, volaba cada vez más alto, hacia el cielo azul, hacia las
nubes. Su padre lo vio y gritó alarmado. Intentó seguirlo, pero no pudo alcanzarlo; Ícaro
estaba poseído por una sensación de libertad. El Sol, cada vez más ardiente, cayó sobre
las alas y ablandó la cera. El muchacho estaba tan cautivado que no lo notó, hasta que las
plumas grandes empezaron a caer. Llamó a su padre, pero Dédalo no podía escucharlo; el
ruido del mar era demasiado fuerte. Ícaro cayó al mar y murió.

Mito griego

Firma Apoderado

44 6º Básico
Texto 39

Un animal irritable

“Se fue hecho un quique” es una expresión


que se usa para indicar que una persona se
alejó muy enojada de un lugar o reunión.
Esta expresión se relaciona con un pequeño
animal de nuestra fauna que se caracteriza por
la furia con que se defiende de sus enemigos,
especialmente del hombre y de los perros cuando quieren cazarlo. El quique es de color
amarillo grisáceo, mezclado con negro, su cuerpo es alargado y su cola es corta. Lo distinguen
dos franjas blancas que van por ambos lados de la cabeza, desde la frente hasta el cuello.
La parte inferior, patas y nariz son negras. Cuando se ve atacado produce un líquido fétido
similar al del chingue o zorrillo. El quique habita en Paraguay, Brasil, Uruguay, Bolivia, Perú
y Argentina. En Chile, está presente en Arica y luego, desde Coquimbo a Magallanes. Su
hábitat comprende desde el nivel del mar hasta tres mil ochocientos metros de altitud, en
zonas de llanuras, zonas semipantanosas y quebradas alrededor de corrientes de agua.
Es un excelente cavador, construye largas galerías con entrada entre los matorrales
y quilas. Es un animal muy astuto e irritable. También se destacan sus hábitos familiares y
de monogamia. En la época de celo, corteja galanteando a la hembra, pero si ella no está
preparada y dispuesta al apareamiento, puede causarle la muerte al macho. Una familia de
quiques se moviliza en fila, con el padre en la punta, las crías en el medio y la hembra al final.
Los quiques son grandes cazadores y de una extraordinaria fiereza. Para alimentarse,
atacan a ratones, sapos, perdices, codornices, ranas e incluso a culebras. En nuestras regiones
rurales, los quiques son objeto de una feroz persecución por parte de los campesinos y los
perros. Estos ven en el quique a un enemigo natural y lo atacan siempre. El quique se defiende
con dientes y garras y causa más de una herida a sus atacantes, pero generalmente, termina
por ser vencido. El vencedor, eso sí, se convertirá en un ser maloliente por varios días. Los
campesinos suelen atacar al quique con palos y armas de fuego. Dichos ataques, en verdad,
no se justifican, ya que se trata de un animal que ayuda a mantener el equilibrio ecológico.

Firma Apoderado

Fluidez Lectora 45
Texto 40

La cabellera de Berenice

Hace muchísimos años, en Egipto reinaba el faraón Ptolomeo, casado con la hermosa
Berenice, una mujer que tenía una magnífica melena que no se había cortado jamás. Ella
estaba muy orgullosa de su pelo: lo cuidaba, lo perfumaba y lo adornaba con flores, cintas o
joyas. Sus doncellas se lo cepillaban más de cien veces antes de trenzárselo, como si fuera
una soga gruesa y apretada.

Sucedió que el faraón tuvo que emprender viaje a Siria, para combatir en una larga
y sangrienta guerra. Aunque al palacio llegaban noticias de sus victorias, la reina no podía
soportar que su marido estuviese en continuo peligro.
Iban a cumplirse ya siete años desde la marcha de su esposo cuando Berenice,
desconsolada, prometió a la diosa Afrodita un valioso regalo si Ptolomeo regresaba pronto
y sin daño alguno le daría como ofrenda su cabellera.

Al día siguiente llegaron al palacio unos emisarios anunciando que la comitiva del
faraón estaba a escasa distancia de la ciudad. Berenice entonces, muy contenta, se cortó
su larga y bella trenza. Este hecho causó una enorme admiración en toda la corte y solo una
dama muy envidiosa se atrevió a decirle:

—¡Oh, Berenice! ¿Qué has hecho? ¿Tú crees que el faraón te va a querer con ese
aspecto de oveja trasquilada?
—Me da igual. Prefiero que esté vivo, aunque me repudie —respondió ella.
—Escúchame, niña Berenice —intervino su nodriza—, si el faraón te quería únicamente
por tu pelo, mejor será saberlo para que no pierdas el tiempo con quien no te merece.
Cuando el faraón se enteró del sacrificio de su esposa, la abrazó conmovido y la
acompañó al templo para ofrecer su cabellera a la diosa. La trenza llevaba prendidas siete
perlas, una por cada año de ausencia de su esposo.

Los festejos por la victoria duraron hasta la puesta de Sol. Pero, con el crepúsculo,
cuando se encendieron las antorchas, descubrieron que la cabellera de Berenice había
desaparecido del templo.

46 6º Básico
El faraón, furioso, hizo responsables a los sacerdotes y ordenó su ejecución inmediata.
La sentencia estaba a punto de cumplirse, cuando el astrólogo de la corte acudió muy
exaltado y pidió que el castigo se suspendiera. Con su puntero, señaló hacia arriba y todas
las miradas se clavaron en el firmamento: allí, entre Virgo y Leo, resplandecían siete nuevas
estrellas. El astrólogo explicó que Afrodita había convertido en constelación la cabellera de
Berenice, para que aquella bella historia de amor fuera recordada por siempre.

Firma Apoderado

Fluidez Lectora 47
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