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Boletín de Historia: Homenaje a Eduardo Santos

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Bogotá, D. E.

, Abril, Mayo y Junio de 1974

Organo de la Academia Colombiana de Historia

BOLETIN
DE HISTORIA
Y ANTIGÜEDADES

DIRECTOR: REDACTORES:
MARIO GERMAN ROMERO LUIS ALBERTO ACUÑA
FERNANDO GALVIS SALAZAR

VOLUMEN LXI N<? 704

Tarifa Postal Reducida - Licencia número 141 del Ministerio de Comunicaciones


TABLA

Páginas
I—DOCTOR EDUARDO SANTOS ........................................................................ 139
II—Manuel José Forero.—Las expediciones botánicas de la Nueva Gra­
nada y de la Nueva España .......................................................................... 143
III—Héctor Parra Márquez.—Discurso pronunciado en San Mateo el 25
de marzo de 1974 con motivo de la conmemoración del sacrificio de
Ricaurte ................................................................................................................. 153
IV— John L. Phelan.—La trayectoria enigmática de Manuel García Ola-
no durante la revolución comunera ............................................................. 157
V— Jorge Arias de Greiff.—Algunos documentos, desconocidos unos, y
poco conocidos otros, pertenecientes a don Francisco José de Cal­
das y Tenorio ...................................................................................................... 187
VI— Francisco de Paula Plazas S.—Genealogía de don José Rafael de
la Rocha Flórez .................................................................................................. 201
VII—Bernardo Sánz de Santamaría.—Cartas a don Alejandro Osorio ... 219
VIII—José M. de Mier.—El señor Fiscal Don Manuel Bernardo de Ber­
nardo Alvarez ....................................................................................................... 265
IX—Noticiero académico ........................................................................................... 281
X—Ingreso de libros, folletos y revistas a la Biblioteca Eduardo Santos
durante los meses de febrero a junio de 1974 ......................................... 285

“En las obras o artículos que la Academia publique, en volumen o en el Boletín,


la responsabilidad de las tesis u opiniones que allí se sostengan, será tan sólo de
los respectivos autores. La del Instituto se limita a considerar que esos libros o
artículos merecen ser publicados. Esta declaración aparecerá en cada número del
Boletín y en los libros o folletos que la Academia publique’’.
(Artículo 32. Capítulo VIII de los Estatutos).
Boletín Je Historia
(EDICION ORDENADA POR EL DECRETO NUMERO 1169 DE 1949)
ORGANO DE LA ACADEMIA COLOMBIANA DE HISTORIA
Director: Mario Germán Romero
Redactores: Luis Alberto Acuña - Fernando Galvis Salazar
Volumen LXI. Bogotá, D. E., Abril, Mayo y Junio de 1974. Número 704

DOCTOR EDUARDO SANTOS

El 27 de marzo falleció en Bogotá el doctor Eduardo San­


tos, ciudadano eminente, de vastísima cultura, escritor atil­
dado y periodista insigne, que libró recias batallas por la li­
bertad, la dignidad y la tradición jurídica de Colombia. De
ejemplar vida privada y pública, dechado de virtudes demo­
cráticas y republicanas, el doctor Santos ocupó con decoro ele­
vadas posiciones administrativas, diplomáticas y legislativas,
y rigió los destinos de la nación en el período de 1938 a 1942,
distinguiéndose su actuación en todos los campos, por el amor
a la patria e imprimiéndole al mismo tiempo el sello de sus
grandes atributos morales e intelectuales.
El doctor Santos, miembro de muchas academias e insti­
tuciones culturales de Colombia y del exterior, fue un insomne
propulsor y mecenas de la conservación y defensa del patri­
monio intelectual, científico y artístico de la nación, especial­
mente de las investigaciones históricas de la Academia Colom­
biana de Historia, de la cual era Presidente Honorario y miem­
bro numerario.
En las horas de la tarde de ese mismo día, 27 de marzo,
la Academia Colombiana de Historia se reunió en junta ex­
traordinaria, con la casi totalidad de sus miembros numera­
rios y correspondientes, para deplorar el fallecimiento del doc­
tor Santos y rendirle los honores de que era merecedor por
sus grandes virtudes ciudadanas y como Presidente Honora­
rio y miembro de número de la Corporación.
El Acuerdo aprobado unánimemente, dice así:
140 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

LA ACADEMIA COLOMBIANA DE HISTORIA

considerando:

Que en el día de hoy, falleció en esta ciudad el Presidente


Honorario de la Corporación, doctor Eduardo Santos;
Que como gobernante fue modelo de hombres de Estado,
acrecentó el prestigio internacional del país y bajo su man­
dato se fundaron varias instituciones de gran trascendencia
social, cultural y económica en la vida de la Nación;
Que con singular brillo defendió los derechos sagrados de
la Patria en Asambleas Internacionales, dejando muy en alto
el nombre de Colombia;
Que el doctor Eduardo Santos, por espacio de 32 años, fue
Miembro de la Academia Colombiana de Historia, sirviéndola
con especial decoro e ilustración;
Que ocupó la Presidencia de la Institución durante cuatro
períodos y que desde 1962 fue exaltado a la dignidad de Pre­
sidente Honorario;
Que a su discreta y constante generosidad debe la Acade­
mia en gran parte su restauración material y la publicación
de la Biblioteca que lleva su nombre;
Que como escritor público deja páginas perdurables en
la historiografía nacional,

acuerda:

Artículo 19 La Academia Colombiana de Historia deplora


sinceramente el fallecimiento de su Presidente Honorario doc­
tor Eduardo Santos y rinde a su memoria el homenaje de res­
peto y gratitud a que se hizo acreedor por sus singulares vir­
tudes públicas y privadas.
Artículo 29 Rendirle los honores que el Reglamento de la
Institución ordena para los Numerarios fallecidos, y mantener
vacante su sillón por tiempo indefinido.
Artículo 39 Invitar a las Academias Colombiana de la Len­
gua y de Jurisprudencia, que lo contaron entre sus miembros
más ilustres, a rendirle conjuntamente, en solemne sesión, los
honores que se le deben como a uno de los más eximios varo­
nes de la Patria.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 141

Articulo 4Q Consagrar a su memoria un número especial


del Boletín de Historia y Antigüedades, para destacar los prin­
cipales actos de su vida ejemplar, y recoger en un volumen
sus escritos de carácter histórico.
Articulo 5? Una comisión designada por la Presidencia ha­
rá entrega de un ejemplar del presente Acuerdo, con las fir­
mas de los dignatarios de la Academia y de sus Socios de Nú­
mero, a la Dirección del periódico “El Tiempo” que el doctor
Santos orientó por más de medio siglo, y en el cual se ha ren­
dido ferviente culto a los hombres y a los hechos que han hon­
rado la historia nacional.
Dado en Bogotá, a 27 de marzo de 1974.

Con motivo de la muerte del Presidente Honorario de la


Academia, doctor Eduardo Santos, se recibieron las siguientes
notas de condolencia: de la Academia Antioqueña de Historia,
de la Academia de Historia de Sucre, del Centro de Historia
de Manizales, del Centro de Historia y Casa de la Cultura del
Socorro y del Club de Abogados, de la Academia Nacional de
Historia de Venezuela y notas personales de su Director, doctor
Héctor Parra Márquez y de su Secretario, doctor Carlos Felice
Cardot; de la Academia Nacional de Historia de Buenos Aires
y de los académicos Gabriel Giraldo Jaramillo, Jorge Obando
Lombana y J. León Helguera.
LAS EXPEDICIONES BOTANICAS
DE LA NUEVA GRANADA Y DE LA NUEVA ESPAÑA

Por Manuel José Forero

Todos los días registramos un fenómeno perceptible a vi­


vas luces en el mundo de los acontecimientos históricos. Se­
gún él recordamos con emoción sincera los sucesos de la his­
toria colombiana, pero solo por excepción nos ocupamos de los
grandes hombres y de los vastos hechos de la historia de
España.
Lo cual manifiesta cierto desequilibrio en nuestra mirada
hacia el paisaje ya vivido. De la nación enriquecida en los días
de Cristóbal Colón por Isabel la Católica, fortalecida a la usan­
za imperial por Felipe II, decorada por insignes maestros en
la filosofía y el derecho, la poesía y el teatro clásico, de esa
nación vinieron derechamente hasta nosotros cumplidos dones
y singulares dádivas.
Las Expediciones Botánicas, por ejemplo. La de Nueva
Granada en 1783 y la de Nueva España en 1786. Y la que
tendría como escenario el Virreinato del Perú.
Largamente han hablado los historiadores y naturalistas
a propósito de la célebre reunión de botánicos, matemáticos,
zoólogos y dibujantes a cuyo cuidado estuvo el cuerpo labo­
rioso presidido por la mente de Mutis.
Siempre hemos sentido orgullo los colombianos a causa
de suceso tan sorprendente y exquisito. Mayormente al darnos
cuenta de que la asociación de aquellos hombres de ciencia
fue la glorificada antesala de nuestra independencia política
y de nuestra condición republicana.
144 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Francisco José de Caldas con sus investigaciones astro­


nómicas, con el hipsómetro y el compás, realizó entonces las
considerables ideas del Arzobispo-Virrey en cuanto al conoci­
miento del solar nativo.
Y con Caldas otros varones ejemplares en el orden del
estudio y en la ambición patriótica de las ideas. Ciertamente,
al inclinarse los acompañantes de Eloy Valenzuela para reco­
ger del campo verde y de la floresta engalanada, algunas mues­
tras de la naturaleza granadina, descubrieron el suelo de la
patria. Y al advertirla se sintieron hijos de ella.
Y de ella se hicieron proceres y se formaron mártires.
Carlos III y Carlos IV cumplieron debidamente uno de
sus principales deberes al ofrecer su apoyo y prestar su influen­
cia a la creación de entidades de carácter tan vivo. Al amparo
de tales monarcas pudieron cooperar para el establecimiento
de aquellas los botánicos Antonio José Cavanilles, Casimiro
Gómez Ortega, Antonio Palau y Miguel Barnades. Todos ellos
fueron profesores de su preferente disciplina, no solo respe­
tados en los círculos de la Corte a la hora de los besamanos,
sino en las casas de los señores cuya discreción y mesura im­
primían gravedad a los actos del gobierno español.
Un historiador actual de la península hispana dice a pro­
pósito de Antonio José Cavanilles: “Fue un hombre excepcio­
nal, que llegó a ser miembro correspondiente del Instituto de
Francia ... Filósofo y doctor en teología, dedicó muy espe­
cialmente los últimos años de su vida a la botánica. Se inició
a los treinta y seis años de edad en esta ciencia y murió en
1804 a los cincuenta y nueve, en brazos de su discípulo predi­
lecto, Mariano Lagasca ... Su fecundidad es notable si se
atiende a la extensión e intensidad de sus trabajos, realizados
en tan poco tiempo. En 1801 fue nombrado Director del Jardín
Botánico (de Madrid) y primer catedrático de esa ciencia, para
sustituir a Gómez Ortega. En tres años que duró su gestión
llevó la primera cátedra española de botánica al más alto gra­
do de celebridad, introduciendo una serie de reformas y me­
joras que enaltecieron el Jardín. Redujo Cavanilles las 24 cla­
ses de Linneo a 15 ... Formó escuela y dejó discípulos, siendo
los principales Mariano Lagasca, Simón de Rojas Clemente
y José Demetrio Rodríguez. Todos los exploradores americanos
le consideraban como maestro y le mandaban plantas en con­
sulta, algunas de las cuales se publicaron en los “Icones”,
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 145

como por ejemplo, la Dahlia, planta de la que Sessé mandó


sus raíces tuberosas a Cavanilles para que las estudiara. Este,
a su vez, consultaba muchas de sus publicaciones con el gran
maestro Mutis, continuando así la correspondencia intensa ini­
ciada por Gómez Ortega” (1).
Anotemos, de paso, que el apellido de un sabio sueco, Dahl,
dio nombre a una de las flores americanas de más hermosa
fisonomía y más noble apostura. El ilustre naturalista Enri­
que Pérez Arbeláez dice en su voluminoso libro sobre las plan­
tas útiles de Colombia que “las dalias son un dón al mundo,
ofrecido por la flora mejicana” y que “su cultivo ha adquirido
tanta importancia que se han formado asociaciones de jardi­
neros dedicados a su cultivo, mejora, selección, propagación
y venta”. Y concluye diciendo que por sus cualidades de ex­
cepción son famosas las dalias cultivadas sobre la buena tierra
de Bucaramanga (2).
Sin duda alguna, en el grupo de los consejeros reales fi­
guraron en Madrid hombres que miraban a lo lejos y no sen­
tían recortada su vista por los tejados de palacio. Al lado de
los cortesanos entregados por entero a la política excluyente
de otros empeños esenciales, no faltaron entendimientos más
amplios, más generosos, más universales, para los cuales sig­
nificaba mucho la economía con sus valores, la ciencia con sus
orientaciones, la geografía con sus panoramas.
Sin tales auxiliares, la Corona no hubiera emprendido ta­
reas que exigieron por igual dos tesoros: el de la inteligencia,
cifrada en los doctos hijos suyos que la decoraron y sirvieron,
y el de la riqueza, tal como se custodiaba en los antiguos ar-
cones imperiales.

Al recordar en este escrito la fundación de las dos Expe­


diciones, la destinada a México y la creada para el Nuevo Reino
de Granada, resulta indispensable acudir al libro del inesti­
mable historiador don Florentino Vezga, titulado La Expedi-

(1) Juan Carlos Arias Divito: “Las Expediciones Científicas Españolas


durante el siglo XVIII. Madrid, Ediciones Cultura Hispánica, 1968. (Cfr.
P. 28).
(2) Enrique Pérez Arbeláez: “Plantas útiles de Colombia”. Madrid,
Sucesores de Rivadeneyra, 1956. (Página 294, grupos 265 y 266).
146 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

ción Botánica. En los numerosos decenios posteriores a él se


han descubierto en los archivos informaciones más completas
y detalles importantes, mayormente útiles para conocer lo que
fue aquella; pero, de todos modos, el grave escritor santande-
reano vale lo indecible por sus afirmaciones.
Vezga consignó para el porvenir los nombres del doctor
José Celestino Mutis, de Francisco Antonio Zea y de Francisco
Javier Zabaraín. Y cita a los pintores Salvador Rizo, Antonio
Cortés, Nicolás Cortés y Francisco Javier Cortés, Vicente Sán­
chez, Antonio Barrionuevo, Francisco Villarroel, Francisco Ja­
vier Matiz, Manuel Roales, Mariano Hinojosa, Manuel Martí­
nez, Manuel José Jironsa, Félix Tello y José Joaquín Pérez.
Fueron miembros de la Expedición mejicana varios per­
sonajes de gran calidad: el aragonés Martín de Sessé, médico
titulado en Zaragoza; el mejicano José Mariano Mociño, cono­
cedor no solamente de la medicina sino de la lógica y la filo­
sofía, las matemáticas y la flora; el peninsular Vicente Cer­
vantes, miembro de la Real Academia de Medicina de Madrid;
el erudito botánico Juan Diego del Castillo, también español;
y el riojano José Longinos, naturalista reconocido también por
su extrema habilidad para “disecar y preparar aves, peces y
todo género de animales” (3).
Dilatado horizonte se presentó a los escogidos por el mo­
narca para reconocer las tierras de México: Chihuahua y So­
nora, Durango y Zacatecas, la Baja California, Michoacán y
Jalisco, Oaxaca y Chiapas, Toluca y Tamaulipas, Guanajuato
y San Luis Potosí; donde quiera hallarían oportunidades aque­
llos Adelantados de la ciencia española, aplicados a la Amé­
rica misteriosa y arcana.
La considerable extensión del país no fue obstáculo para
el planteamiento de sus tareas. Tanto las sierras orientales
como las occidentales, y las cordilleras unificadas, fueron re­
giones naturales abiertas ante los ojos de los expedicionarios.
Eran muchos los distritos adecuados para el estudio, pero solo
a algunos alcanzó su minuciosa diligencia. Poblaciones de im­
portante cuantía, en donde los arquitectos, escultores, tallistas
y pintores de la metrópoli dejaron obras de suma calidad, pre­
senciaron en ocasiones los afanes del médico Sessé y de sus

(3) Arias, obra citada, página 42.


BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 147

autorizados acompañantes. Los campos y florestas recibieron


la visita de aquellos hombres de ciencia, escucharon sus con­
versaciones, percibieron la huella de sus pasos. Como los del
Perú oyeron a Hipólito Ruiz y José Pavón, entre 1777 y 1787.
Por espacio de catorce años la Expedición Botánica de la
Nueva España examinó altos árboles, frágiles arbustos, plantas
escondidas y flores silvestres. Según las informaciones reco­
gidas para trazar estas líneas, la extensión recorrida llegó a
más de cuatro mil leguas. Y desde Nicaragua hasta el Golfo
de California penetraron los buscadores, dejando de tales co­
marcas la noticia fundamental. Sobre lo cual es preciso aña­
dir que hubo trabajos más allá de las fronteras mejicanas,
puesto que las islas de Cuba y Puerto Rico lograron quedar
comprendidas dentro de las libretas de trabajo de tales inves­
tigadores.
Pasaron de 3.500 las plantas de su herbario. Dice el doc­
tísimo Sessé que por lo menos 2.500 eran desconocidas en Eu­
ropa. Peces y aves figuraron también en mitad de las tareas
cotidianas, aunque faltó tiempo a la Expedición para estu­
diar reptiles, serpientes, insectos. Con todo, dice uno de los
informes, “se describieron y dibujaron algunas especies nue­
vas y raras de estas familias”.
El 29 de abril de 1783 ocurrió la primera salida de la Ex­
pedición Botánica del Nuevo Reino de Granada. El día pri­
mero de octubre de 1787 señaló el comienzo de los viajes cien­
tíficos en la Expedición de México.
Curiosa es la coincidencia visible en dos personajes de gran
relieve en aquellas laudables iniciativas. Arzobispo-Virrey fue
don Antonio Caballero y Góngora, vinculado a la Botánica de
la Nueva Granada. Y Arzobispo-Virrey fue también Alonso Nú-
ñez de Haro, cuya firma se halla en el pliego destinado a po­
ner en conocimiento de Sessé la Real Orden relacionada con
la creación de la Botánica de México (4).
Siempre habrá de ser aplaudida la extraordinaria orien­
tación científica de Caballero y Góngora, tal como fue ex­
puesta en uno de los mejores capítulos de su Relación de Man­
do: “Todo el objeto del Plan se dirige a sustituir las útiles
ciencias exactas en lugar de las meramente especulativas, en

(4) Arias. Cit., p. 67.


148 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

que hasta ahora se ha perdido lastimosamente el tiempo; por­


que un Reino lleno de preciosísimas producciones qué utilizar,
de montes que allanar, de caminos que abrir, de pantanos y
minas que desecar, de aguas que dirigir, de metales que de­
purar, ciertamente necesita más de sujetos que sepan cono­
cer y observar la naturaleza, y manejar el cálculo, el compás
y la regla, que de quienes entiendan y discutan el ente de ra­
zón, la primera materia y la forma sustancial”.
Se siente uno inclinado a comparar con la de México la
investigación de la Nueva Granada, no en cuanto a su enti­
dad esencial desde luego, sino en cuanto al desenvolvimiento
de sus esfuerzos. La obra escrita por el historiador Arias Di­
vito nos ha permitido saber que fueron muchas las contradic­
ciones soportadas por quienes miraban en el nuevo instituto
posibilidades excelentes. Acerca de ello dice: .. Sessé no solo
había pensado en implantar los estudios de botánica, utili­
zando el Jardín con ese objeto, sino que tomando como base
esa ciencia, ideaba mejorar los estudios de medicina, cirugía
y farmacia. Esta última especialidad le preocupaba grande­
mente y sería muchas veces objeto de sus comentarios por los
abusos que se cometían”. Y agrega en seguida:
“El desarrollo de ese plan, completado con la expedición
científica, que abarcaba el estudio íntegro de la naturaleza
del país y el de sus aplicaciones al fomento y mejora de la
medicina y demás artes útiles, requería considerables recursos
económicos que afectarían la hacienda del Virreinato y a tra­
vés de ella podía gravar o disminuir los ingresos de otras en­
tidades interesadas. La inercia en una sociedad como aquella,
el recelo de los posibles afectados, la envidia de los que con­
templaban el importante papel que las nuevas funciones atri­
buían a los miembros de la expedición y que parecían empe­
queñecer las ostentadas hasta ese momento exclusivamente
por ellos, son otros tantos aspectos que nos hacen explicable
el que creara tantos adversarios y pasiones una empresa que
debía contar, y contaba, al parecer ... con el asentimiento de
todos. Todo se tradujo en falta de ayuda, obstáculos multi­
plicados y negativa de los recursos materiales precisos para
la buena marcha de lo planeado”.
El número cuantioso de los historiadores colombianos cu­
ya pluma se ha ocupado en los actos y realizaciones de la Ex­
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 149

pedición Botánica de Mutis, nos ha demostrado la poderosa


protección del Arzobispo-Virrey a los propósitos del Sabio, y el
buen ambiente formado a estos dentro del Reino neogranadi-
no. El señor Caballero, ampliamente estimado por los reyes y
príncipes, acatado por quienes en Madrid se daban cuenta de
su increíble capacidad intelectual, respetado por consejeros y
ministros, aseguró para la obra fundada los buenos éxitos ob­
tenidos en el correr de su afán, de su constancia y de su gloria.

El examen y exacto conocimiento de la naturaleza ame­


ricana presidió las aspiraciones del soberano español, según
las expresiones contenidas en la Orden fechada en San Lo­
renzo el primero de noviembre de 1783.
Quiso atender, no solo a contribuir al progreso de las cien­
cias físicas, sino a “desterrar las dudas y alteraciones que hay
en la medicina, tintura y otras artes importantes, y para au­
mentar el comercio, y que se formen herbarios y colecciones
de productos naturales, describiendo y delineando las plan­
tas que se encuentren en aquellas mis fértiles provincias”, di­
ce el pliego real (5).
En los libros escritos por los denominados Historiadores
de Indias cumplieron estos con la enumeración de las especies
animales y vegetales registradas por los colonizadores y misio­
neros en sus varios viajes y en sus arriesgadas aventuras. Hoy
podemos informarnos de infinitos matices de la naturaleza
apreciada por ellos, en los gruesos volúmenes conformados por
su inteligencia, entusiasmo y acierto. El Río de la Plata y el
Perú, México y la Nueva Granada son visibles allí.
En realidad, la riqueza de América recibió considerabilí­
sima transformación merced a los colonizadores peninsulares.
Es cosa indudable que pocos lustros después de empezado el
siglo XVI ya disfrutaban tales colonizadores del caballo para
trasladarse y del trigo para la hechura del pan. En cuanto ai
primero, a tiempo que los indígenas americanos carecían de

(5) Vezga, Florentino. “La Expedición Botánica”. Bogotá, Editorial


Minerva, tomo 48 de la Selección Samper Ortega de Literatura Colom­
biana. (Página 26 y siguientes).
150 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

cabalgaduras fuertes, resistentes y ágiles para lograr el co­


nocimiento de sus vastos países, los campesinos de Asia y de
Europa disfrutaban de ellos, como lo habían logrado egipcios
y etíopes desde la más remota antigüedad.
Pobres fueron los naturales de este inmenso continente,
perdido para la ciencia en medio de dos ingentes océanos, pues
jamás conocieron, antes del Descubridor y de sus audaces se­
guidores, las potentes especies animales cuyo concurso influyó
sin límites en el crecimiento de la civilización occidental.
Extensos valles fueron cubiertos largamente por las se­
menteras de trigo, amorosamente cultivadas por quienes, de­
jando de lado la violencia de la conquista, se dedicaron desde
el amanecer de cada día a la siembra y a la cosecha, a la
radicación de una agricultura cada vez más opulenta. Tierras
planas fecundas y aptas para la multiplicación de riquísimos
vegetales traídos por los hombres hispanos, se vieron vestidas
por ellos y convertidas en granjas y cortijos de serena y apa­
cible fisonomía.
Un siglo después de 1492 la economía americana había
logrado un crecimiento valioso por todos los conceptos, gracias
a la presencia de especies jamás conocidas por muiscas ni
aztecas, ni por incas, quimbayas, charrúas o caribes. Llanuras
y bosques tupidos fueron dominados por labriegos extremeses
y castellanos, leoneses y andaluces. Y de comarcas donde nun­
ca había prosperado la agricultura peculiar de los europeos,
pudo hablarse como de veneros acaudalados.
No eran ya soldados quienes habitaban y cuidaban de la
tierra fértil. Eran campesinos infatigables que mientras vigi­
laban las sementeras durante la noche, contemplaban en el
firmamento estrellas que habían brillado sobre su infancia des­
valida.
Hemos venido a hablar de estas cosas teniendo en cuenta
el interés manifestado por los reyes españoles de fines del si­
glo XVIII, con relación a las producciones terrígenas del Orbe
Nuevo. Habría sido sorprendente, para gobernantes y gober­
nados de entonces, darse cuenta de los beneficios innumera­
bles derivados de las especies animales y vegetales traídas a
la América sobre los crujientes galeones que siguieron la hue­
lla de Cristóbal Colón.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 151

Las condiciones políticas de España a partir de los de­


senfadados amoríos de la reina María Luisa con el favorito Ma­
nuel Godoy, ocasionaron grandes variaciones en aquel país y
en sus colonias ultramarinas.
Quienes veneraban a los reyes como si fuesen de natura­
leza cuasi divina, tuvieron que admitir las pruebas de su deca­
dencia innegable. Y cuantos pensadores criollos respiraban en
la Nueva Granada y en el país mejicano, en Caracas y en
Quito, admitieron sin esfuerzo la conveniencia de una reforma
sustancial en la conducta americana.
Siete años antes de concluir el siglo, Antonio Nariño tra­
ducía en Santafé los Derechos del Hombre y del Ciudadano.
Santacruz y Espejo inquietaba al Presidente y a los Oidores de
Quito. Y los ministros creados por la autoridad de Madrid se
dividían entre sostenedores de Godoy y adversarios de su pre­
potencia y audacia.
Más afortunada que la Expedición originada para la Nue­
va España fue la nuestra. El rey había fijado inicialmente co­
mo período de aquella solamente seis años, pero el trabajo re­
lacionado con lo hecho por sus doctos componentes tuvo una
duración considerable y llegó hasta comienzos del siglo XIX.
Mejor fue nuestra suerte, pues la Expedición de Mutis no tuvo
duración definida en los papeles oficiales y solo concluyó cuan­
do este venerable Sabio cerró los ojos y descansó las manos.
Cuando visitamos nosotros hace pocos años el Jardín Bo­
tánico de Madrid, y sentimos orgullo patrio al protegernos por
sus aleros, vimos allí los opulentos testimonios depositados
en la capital española según la voluntad de sus regentes y
señores. Todos sabemos bien que “un soldado ignorante y fe­
roz” dispuso durante el Terror, la almoneda de los bienes
secuestrados en la casa de la Botánica, y que Pascual Enrile
fue encargado de la traslación de los pliegos al suelo penin­
sular.
Felizmente vinieron días mejores. En uno de ellos anun­
ciaron las autoridades de la nación, en ceremonia realizada
al pie de la estatua de don Rufino José Cuervo, el acuerdo ce­
lebrado entre España y Colombia para efecto de publicar la
Flora depositada en la capital hispana. Tanto el Instituto
de Cultura Hispánica, domiciliado en Madrid, como el Insti­
tuto Colombiano de Cultura Hispánica, radicado en Bogotá,
unieron sus esfuerzos para llevar adelante el propósito. Es muy
152 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

de notar el empeño eficaz de este último, por diversos con­


ceptos, dignos todos de singular estima, acordes con sus altas
ideas.
En 1954 apareció el tomo I, que contiene la historia de la
Expedición entre nosotros; las firmas de Enrique Pérez Arbe­
láez, Enrique Alvarez López y Lorenzo Uribe Uribe S. J., apa­
recen en él. Y a su lado figuran Alfredo Sánchez Bella (cuyas
gestiones fueron muy valiosas al respecto), Eduardo Bulgue-
rías de Quesada, Salvador Rivas Godoy y Francisco de las Ba­
rras de Aragón. Las cuarenta y una láminas contenidas en
el volumen dan idea de la categoría de la empresa.
El Diario de Observaciones de Mutis fue publicado en
1957 y 1958 por Guillermo Hernández de Alba, así como el Epis­
tolario numeroso. El Primer Diario de aquellos viajes cientí­
ficos vio la luz en la ciudad de Bucaramanga por especial
empeño del doctor Mario Acevedo Díaz, acreditado historia­
dor de ella. Los tomos séptimo de la Flora, veintisiete, y cua­
renta y cuatro, también aparecieron en Madrid, en el lapso de
1955 a 1963.
Para concluir, tributemos alto honor a la memoria del
muy ilustre naturalista Presbítero Enrique Pérez Arbeláez,
pues él continuó con autoridad las faenas memorables de Mu­
tis y José Jerónimo Triana, logró ver impresos los tomos de
la Flora que recibieron su vital asistencia, y demostró que Co­
lombia no solo se honra con su pasado, sino que sabe glori­
ficarlo en nuevas expediciones del espíritu.
Discurso pronunciado en San Mateo, Estado Aragua,
Venezuela, el 25 de marzo de 1974, por el Dr. Héctor Parra
Márquez, Director de la Academia Nacional de la Historia
de Venezuela, con motivo de la conmemoración del sacrificio
de Antonio Ricaurte

Regularmente, en este mismo sitio del propio sacrificio,


la gratitud nacional celebra actos semejantes al actual, en
homenaje a la memoria del insigne neogranadino don Anto­
nio Ricaurte, el joven héroe, quien con el mismo brío con que
durante la campaña libertadora de 1813 hacía vibrar el acero
de su espada, templado en la fragua de la fe republicana,
con mano firme e incontrastable, prendió la mecha que sal­
varía momentáneamente la causa redentora y lograría para
él la admiración de la patria y un lugar insustituible en el co­
razón de la misma.
Porque en Venezuela, la figura egregia de don Antonio
Ricaurte, a pesar de la breve trayectoria de su acción, se le
sitúa entre los más esforzados constructores de la Segunda
República y, por lo tanto, como uno de sus más esclarecidos
paladines.
De preclara estirpe, nació en la Villa de Leiva, en el Vi­
rreinato de Santa Fe, el 10 de junio de 1786. Por sus venas co­
rría sangre revolucionaria. Su abuelo don Jorge Lozano y
Caicedo Villasis, descendiente del Marqués de San Jorge, se
alineó en 1791 al lado de los comuneros y murió en defensa
de esa causa; y su tío, el intrépido abogado don Juan Antonio
Ricaurte, fue el defensor de don Antonio Nariño, en el proceso
seguido a éste en Bogotá, por la traducción y difusión de los
Derechos del Hombre y del Ciudadano. Tras ocho años de
prisión, murió el jurista por la osadía, conforme al concepto
del Virrey, de asumir aquella noble defensa.
154 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Durante su paso por el Colegio de San Bartolomé, regla­


mentado al estilo de las Universidades, Antonio Ricaurte cur­
só estudios Filosóficos; y tal vez en aquellos claustros, donde
soplaban leves aires de renovación, se infiltrarían en su espí­
ritu algunos principios e ideas de igualdad, proclamados por
la filosofía de entonces y recibidos con fervor por pueblos
ávidos de justicia.
Entre tanto ocurrieron en Quito los terribles aconteci­
mientos del 10 de agosto de 1809, fuente de desasosiego en
Bogotá y causa de la prisión de varias personas, entre ellas
don Antonio Nariño, recién llegado de su cautiverio en Cádiz.
Advenidos en el Virreinato los acontecimientos de 1810
y dado el grito insurreccional, Antonio Ricaurte, quien se en­
contraba en Bogotá, adhirió al movimiento. Una de las pri­
meras medidas tomadas por la Junta fue levantar cuerpos vo­
luntarios de milicias. El futuro mártir de San Mateo entró
a servir en clase de Teniente, junto con Francisco de Paula
Santander como abanderado.
El muchacho de Leiva libró las primeras armas a las ór­
denes de don Antonio Nariño y así, al iniciarse la epopeya, lo
encontramos en el camino de los hechos arrogantes.
Por otro lado, en Venezuela, con celeridad pasmosa, des­
pués de días de júbilo, de ensueños y esperanzas, se produ­
cen acontecimientos terribles, como la caída de la Primera
República, la prisión del infortunado Precursor Miranda y el
exilio de Bolívar quien, después de peripecias increíbles, apa­
rece en Bogotá.
Allí, el Gobierno General de las Provincias Unidas de Nue­
va Granada, presidido por el eminente don Camilo Torres,
capta los destellos del genio del insigne caraqueño y lo au­
toriza para ponerse al frente de un cuerpo del Ejército Unido
compuesto de seiscientas plazas, para invadir a Venezuela.
Entre aquellos oficiales, en la flor de la vida, figuraban
Rafael Urdaneta, Luciano D’Elhuyar, Atanasio Girardot, Ma­
nuel y Antonio París, José Félix Ribas, Francisco de Paula
Vélez, Antonio Ricaurte y otros más; con aquel grupo de ve­
nezolanos y neogranadinos, héroes en ciernes, el Libertador
traspasa la frontera tachirense; desaloja a los realistas de La
Grita y Bailadores en abril de 1813 y sigue a Mérida que de­
lirante de entusiasmo lo recibe y lo rodea.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 155

Con empuje vigoroso destruye, crea y avanza hasta Tru-


jillo, donde protagoniza una de las escenas más terribles de
su vida maravillosa y estupenda al lanzar la célebre Procla­
ma de la Guerra a Muerte; y sigue adelante precedido por
el terror que produjeron el lenguaje fulmíneo y los términos
implacables y tremendos de la agreste declaratoria de la gue­
rra sin cuartel.
Los campos de Niquitao, Barinas y Guanare, Ospino, Los
Horcones, Araure, Taguanes y otros sitios son testigos elo­
cuentes de aquella lucha titánica y de aquella marcha asom­
brosa, hasta la llegada el 2 de agosto del precitado año a Va­
lencia, para seguir de inmediato a la Victoria, donde concede
una honrosa capitulación a los realistas. El día 7 llegó a Ca­
racas y el 8 declaró establecida la República.
Pero no era libre el territorio de la misma. Mientras Mon-
teverde se hallaba fortificado en Puerto Cabello y otros cuer­
pos operaban en diferentes partes, aparece por los llanos co­
mo un fantasma aterrador, como una pesadilla espantosa,
Boves, el formidable caudillo.
Entre alternativas de triunfos y reveses marchaban los
patriotas; pero debían sucumbir ante los afanes del azaroso
año de 1814. Sus ejércitos mermaban bajo la cuchilla afila­
da del implacable asturiano; y a pesar de algunos triunfos,
golpes de muerte reciben en La Puerta, La Victoria, Valencia
y aquí en San Mateo, donde en explosión de gloria, Antonio
Ricaurte alcanza una momentánea victoria para las armas
patriotas, mientras su nombre, en alas de la celebridad y de
la fama, entraría de lleno al templo de la inmortalidad.
El asedio por parte de los caballos y de las bayonetas rea­
listas se hacía irresistible. Con empuje vigoroso, por el frente
y por los flancos avanzaban incontenibles las columnas de
Boves hacia la casa del ingenio confiada a la custodia de Ri­
caurte.
Y cuando en el campo enemigo consideran casi inevitable
el triunfo y lo celebran jubilosos, ensordecedor estrépito re­
tumba por los montes y, tras intensa llamarada, retiemblan
colinas y explanadas. Cual otro Leónidas, Ricaurte se ha in­
molado en aras de la patria y su holocausto ha salvado el
ejército republicano.
Apóstol generoso de la causa emancipadora, bien le ca­
ben al eminente neogranadino los elogios de Bolívar, cuando
156 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

años más tarde decía al General Tomás Cipriano de Mosquera:


“¿Qué hay de semejante en la Historia a la muerte de Ricaur­
te? Ese suicidio para salvar la Patria, el ejército y a mí, sin
más esperanza que el amor a la Independencia y a la Liber­
tad, es digno de cantarse por un ilustre genio como Alfieri”.
Hacía así justicia el genio de la América a la abnegación
y al sacrificio de su preclaro teniente; y con igual admiración,
ante el hecho, el más evocador de la epopeya, a quienes vie­
nen y transitan por aquí, les palpita emocionado el corazón
ante el asombro de la muerte sublime.
Y hoy, cuando conmemoramos los ciento sesenta años de
aquel gesto espartano, la Academia Nacional de la Historia se
asocia complacida al homenaje y hace propicia la oportunidad
para renovar los votos porque se traben más y más los vínculos
de confraternidad entre Colombia, la patria del inmortal Ri­
caurte y Venezuela, escenario de su hazaña portentosa.
Que los hombres de elevado pensamiento de las dos na­
ciones hermanas, encaminemos los esfuerzos para lograr, den­
tro de los postulados de la razón, la equidad, la justicia y el
derecho, convertir en realidad tangible los sueños de unidad
continental acariciados por Simón Bolívar, padre y forjador
de ambas nacionalidades.
LA TRAYECTORIA ENIGMATICA DE
MANUEL GARCIA OLANO
DURANTE LA REVOLUCION COMUNERA

Por John L. Phelan

Existió de hecho una alianza activa entre los elementos


procomuneros en la ciudad de Santa Fe de Bogotá y la di­
rectiva de los comuneros en Socorro. Hay evidencia sustan­
cial como para comprobar que la célebre “cédula del pueblo”,
el pasquín, que muchos observadores contemporáneos han
acreditado con inflamar la ira popular en la jurisdicción de
San Gil y Socorro, fue efectivamente compuesto en Bogotá (1).
La Junta de Tribunales, que ejercía la autoridad guberna­
mental en Bogotá en ausencia del virrey y después de la huida
del regente visitador general, actuó bajo la suposición de que
los Comuneros de Socorro tenían un contingente de simpati­
zantes numeroso y de gran influencia en la capital (2).
La hipótesis del presente ensayo es que uno de los esla­
bones entre los grupos procomuneros de la capital y la de los
dirigentes socorreños era don Manuel García Olano. La evi­
dencia que se presenta a continuación es virtualmente con­
cluyente.
Nacido en España, Manuel García Olano llegó a Nueva
Granada antes del año 1755. Hizo alianza por matrimonio con
una familia cuyos miembros ocupaban una variedad de pues­
tos burocráticos. Sus nuevos parientes estaban conectados, tan­
to por matrimonio como por sangre, con las principales fami­
lias criollas de la capital (3). Por virtud de su carrera buro­
crática en Nueva Granada, que se alargó por un período su­
perior de los veinticinco años, y por virtud de su familia por
158 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

matrimonio, Manuel García Olano fue un español “criolli-


zado”. Era el yerno del fiscal de la audiencia, nacido en Es­
paña, don Manuel Bernardo Alvarez, que en unión con su
bien nacida esposa criolla, doña María Josefa del Casal, fue­
ron los fundadores de una verdadera dinastía burocrática.
Una de las hijas, doña Joaquina, se casó con García Ola-
no. Otras hijas de este prolífico matrimonio se casaron con los
siguientes magistrados: Oidor Benito Casal y Montenegro
(1747-1781); don Vicente Nariño, contador de la mesa de Adua­
na del Tribunal de Cuentas y padre del célebre procer, Anto­
nio Nariño; don José López Duro, contador de la Ordenación
del Tribunal de Cuentas; don Manuel de Revilla, oficial de la
caja real, y don Francisco Robledo, asesor general del Virrey
Flores. El hijo del fiscal, Manuel Bernardo Alvarez, era el con­
tador en el Tribunal de Cuentas. Su esposa, doña Josefa Lo­
zano, era hija del primer marqués de San Jorge de Bogotá, el
hombre más acaudalado del Nuevo Reino (4).
La modesta carrera burocrática de Manuel García Olano
floreció con suegro y cuñados tan bien colocados. Ocupó una
variedad de puestos. Entre ellos estaba administrador del mo­
nopolio de aguardiente de Mompox, director del estanco del
tabaco y director del servicio postal de Bogotá.
Antes de examinar con algún detalle la trayectoria buro­
crática de García Olano, lo que necesita examen primero
es el choque entre el regente visitador general, Juan Francis­
co Gutiérrez de Piñeres, y el Virrey Flores. Gutiérrez de Pi-
ñeres buscaba implementar la nueva política Carolina de reem­
plazar a criollos con magistrados españoles, tanto en las au­
diencias como en la administración fiscal de las Indias, y re­
servar para los criollos acreditados un número respetable de
prestigiosas posiciones militares, burocráticas y eclesiásticas
en España. Así, los reformadores carolinos buscaban crear un
estado unificado de los diferentes reinos bajo la corona es­
pañola. Al reemplazar a los magistrados criollos por españoles
europeos en el Nuevo Mundo, los consejeros de Carlos III es­
peraban crear una burocracia más abierta al programa de re­
formas dictadas desde Madrid, y a la vez menos susceptible
a las aspiraciones de las élites criollas locales en América.
El Virrey Flores, por otro lado, siguió la política más tra­
dicional de sus predecesores virreinales. Defendió la convenien­
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 159

cia de otorgar un. número significativo de puestos adminis­


trativos a los criollos locales para apaciguarlos (5).
Especialmente en este choque, como en el resto de los otros
conflictos entre el regente visitador general y el virrey, el pun­
to de vista del primero fue el que prevaleció. José de Gálvez,
ministro de las Indias entonces, colocó confianza absoluta en
Gutiérrez de Piñeres. Después de todo, el visitador general ha­
bía sido enviado a Nueva Granada para imponer la nueva po­
lítica fiscal y administrativa de la cual Gálvez era el arqui­
tecto principal.
La preeminencia del clan Alvarez en la administración
fiscal de Bogotá representaba una amenaza potencial, si es
que no de hecho, de fraude y colusión. Con su acostumbrado
vigor, aunque con cautelosa eficacia, Gutiérrez de Piñeres se
encargó del desbaratamiento de la influencia de la familia
Alvarez. Dentro de un período de dos años, el regente visi­
tador general pudo informar a su mentor, Gálvez, que la in­
fluencia de la familia Alvarez había sido drásticamente redu­
cida. Sólo tres miembros del clan aún retenían puestos im­
portantes en la administración fiscal de la capital. Vicente Na­
riño, por ejemplo, falleció el 12 de julio de 1778. El regente
hizo arreglos para un retiro con honor para el envejecido Oi­
dor Benito Casal y Montenegro. El hijo del fallecido fiscal fue
trasladado con un puesto de igual rango desde la real hacien­
da de Bogotá a la de Popayán. Gutiérrez de Piñeres hizo arre­
glos para la renominación en España de otro de los Alvarez,
Francisco Robledo, el asesor general del virrey.
Finalmente, Gutiérrez de Piñeres gestionó el despido de
otro de los Alvarez, cuando maniobró a que el virrey Flo­
res expulsara, aunque renuentemente, a Manuel García Olano
de su posición de administrador general de la renta de ta­
baco (6).
Se pueden apreciar varios esquemas del descontento de
los criollos, lo cual materializó en el estallido de la revolución
comunera. Se debe distinguir claramente entre el malestar
de los criollos latifundistas tales como el marqués de San Jor­
ge, y las quejas de los pequeños agricultores criollos de So­
corro quienes estaban resentidos por los antiguos y nuevos
impuestos que se les impusieron tan repentinamente, y que fue­
ran recolectados en forma tan abrasiva. Otra fuente de des­
contento fue la que prevaleció entre ciertas familias criollas
160 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

de Bogotá: los Prietos, los Ricaurtes, los Caicedos, los Oriundos


(?) y los Alvarez, quienes por décadas estaban acostumbrados
a llenar los altos puestos de la burocracia. Pocos miembros de
estas familias, quienes estaban estrechamente emparentados
entre sí por matrimonio y lazos sanguíneos, poseían grandes
fortunas independientes. De aquí que las carreras burocráti­
cas representaban a la vez un cómodo ingreso y una fuente
de prestigio social. De aquí, también, que ellos debían de ha­
ber presenciado con enorme congoja la rapidez con la cual el
regente general los estaba excluyendo del servicio adminis­
trativo (7).
La trayectoria en la administración fiscal de Manuel Gar­
cía Olano estaba lejos de ser distinguida. Sirvió primero, desde
1760 hasta 1770 como administrador del estanco de aguardien­
te Mompox. Luego que dejó su posición, violó el requisito acos­
tumbrado de entregar cuentas terminales a la tesorería. De­
bido a esto, comenzó un pleito judicial interminable. El día 3
de septiembre de 1774, García Olano hizo una declaración ju­
rada de daños y perjuicios contra el oidor Luis Carrillo de
Mendoza. El magistrado negó vehementemente que tenía
prejuicio contra el acusado, pero sí estuvo de acuerdo en abs­
tenerse de la votación en dicho caso (8). Por su incapacidad
de dar cuenta de unos mil jarros de miel que pertenecían al
estanco real, García Olano recibió por último una multa de
6.000 pesos (9).
El 24 de octubre de 1776, el virrey Flores reorganizó el
estanco real de tabaco, el cual fue creado en 1766. Se esta­
bleció la administración general en Socorro. El sistema de
asientos o contratos fue reemplazado por la administración
directa de oficiales asalariados, elegidos por el virrey. Con el
objetivo de eliminar la sobreproducción, el cultivo del tabaco
se confinó a ciertas áreas de la provincia de Tunja donde el
tabaco era superior, es decir, Girón y Zapatoca, la villa de
San Gil, Charalá y Simacota. El autor del plan de reorgani­
zación fue don Francisco Robledo, el asesor general del vi­
rrey (10). Fue Robledo quien persuadió al virrey para que co­
locara a Manuel García Olano en el puesto de administrador
general en Socorro (11). Es muy improbable que el asesor gene­
ral desconociera que García Olano tuviera un pleito judicial
en su contra por su omisión de presentar las cuentas finales
como administrador del estanco de aguardiente de Mompós.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 161

En menos de dos años, el 8 de junio de 1778, Francisco


Robledo contrajo matrimonio con doña Rita Alvarez, la cu­
ñada de García Olano (12).
El nombramiento interino de García Olano por el virrey
tenía que ser confirmado por José de Gálvez, ministro de las
Indias, en su calidad de superintendente general de rentas.
El 5 de agosto de 1777, Gálvez cortamente informó lo siguiente
al virrey Flores:
En vista de la carta de V. E. de 28 de febrero de este año, número
326 y la que incluye de don Manuel García Olano, pidiendo la aprobación
de la administración del Socorro a favor de éste, repito la real orden que
con fecha primero de julio próximo comuniqué a V. E. para que inme­
diatamente haga cesar a Olano en dicha administración y no le confiera
empleo alguno de real hacienda, por los legales motivos que le incapa­
citan para ello ... (13).

A pesar de esta tajante orden el virrey, quien simpatizaba


con el clan Alvarez, no despidió a García Olano hasta agosto
de 1778. Gutiérrez de Piñeres que llegó a Bogotá el 16 de enero
de 1778, de hecho obligó al virrey renuente para que despidie­
ra a García Olano. Durante su administración había permi­
tido una masiva sobreproducción de tabaco, la cual había
causado una pérdida significativa para el tesoro real. Calcu­
lando mal el consumo de tabaco, García Olano compró 4.000
cargas cuando el mercado del distrito sólo podía vender a los
consumidores un total no mayor de unas 2.000 cargas anua­
les. El tabaco se estaba pudriendo en las bodegas reales. Un
mes después de su llegada a Bogotá, Gutiérrez de Piñeres
expuso a Gálvez la mala administración de García Olano (14).
El regente visitador general reorganizó el estanco de ta­
baco. Todos los estancos reales se reunieron bajo una admi­
nistración centralizada cuya jefatura central estaba en la ca­
pital. Con el objeto de evitar el tipo de sobreproducción que
García Olano había permitido, el regente restringió la pro­
ducción tabaquera a Girón, Bucaramanga, Zapatoca, La Ro­
bada y Simacota donde el tabaco era de la mejor calidad. Se
les prohibió este cultivo a Charalá, San Gil, Barichara y Oca­
ña. Esta prohibición que se reforzó abrasivamente por la po­
licía peninsular, los guardias, inició el resentimiento más amar­
go entre los agricultores criollos y mestizos de la jurisdicción
de Socorro y San Gil. Este resentimiento, por supuesto, fue
162 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

una de las causas mayores del estallido de la revolución co­


munera poco tiempo después.
Por muy complacidos que estuvieran los productores lo­
cales de tabaco con la generosa política de compras de García
Olano, su ira se intensificó aún más cuando Gutiérrez de Pi­
ñeres disminuyó el precio pagado por la tesorería a los produc­
tores y aumentó el precio que el estanco real cobraba a los
consumidores (15).
Por más de un año Manuel García Olano residió en So­
corro, donde tuvo la oportunidad de conocer a los ciudadanos
principales de dicha comunidad, algunos de los cuales iban a
formar parte del nudo directivo de la revolución comunera
dentro de los siguientes tres años. Cuán estrechas eran las
relaciones de García Olano con Juan Francisco Berbeo no es­
tá clarificado por la evidencia, pero al menos se conocían en
Socorro. Sin embargo, una de las personas con quien Olano
mantuvo estrechos lazos fue Salvador Plata, el hombre más
acaudalado del distrito. Muchos historiadores han acusado a
Salvador Plata de ser “un traidor”. Tal acusación pierde su
punto de vista ya que hay amplia evidencia de que él siempre
fue hostil a la revolución comunera. No parece que sea justo
acusar a un hombre de traición a una causa en la cual nunca
tuvo fe (16). Como una condición para el ascenso al puesto
de administrador principal de correos en Bogotá, el virrey, co­
mo era costumbre, le requirió que empeñara la cantidad de
1.000 pesos. Varios ciudadanos prominentes de Socorro sirvie­
ron como fiadores. El único contribuyente de mayor alcance
fue Salvador Plata, quien prometió 300 pesos. Entre los de­
más fiadores de Socorro estaba el regidor Gregorio Roldán y
Manuel Tavera, alcalde de la hermandad (17).
Otro prominente socorreño con quien García Olano es­
tableció una estrecha amistad fue José Antonio Estévez. Du­
rante la revolución comunera José Antonio Estévez sirvió co­
mo capitán general con el rango de teniente general. Reem­
plazó a Salvador Plata como miembro del Supremo Consejo de
Guerra, el cuerpo administrativo del movimiento revolucio­
nario.
El 25 de junio de 1777, Manuel García Olano otorgó po­
deres extraordinarios a Estévez para que condujera todos sus
asuntos privados (18). Este documento del archivo notarial
de Socorro demuestra que Manuel García Olano colocó una
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 163

confianza de proporciones desusuales sobre José Antonio Es­


tévez quien, unos pocos años más tarde, iba a pertenecer al
escalón dirigente más elevado de la revolución. Después de su
regreso a la capital, García Olano continuó una correspon­
dencia regular con el hermano de José Antonio, Clemente, el
teniente del corregidor de Tunja en Socorro, como también
con el cura párroco de Socorro, Francisco de Vargas.
García Olano tenía intereses comerciales suficientemente
extensos como para justificar la necesidad de otorgar poderes
extraordinarios. Al tener a otra persona que administrara sus
negocios privados, García Olano tenía así la esperanza de en­
cubrir estas actividades ilegales con un manto de anonimato.
Con el objeto de hacer distinciones entre sus carreras privada
y pública, García Olano otorgó poder a un abogado de Bogotá,
Pablo Sarmiento, para que defendiera sus intereses en su ca­
pacidad oficial en la administración del tabaco (19).
A pesar de que el regente visitador general obligó al vi­
rrey Flores a que despidiera a Manuel García Olano de la ad­
ministración general de la renta de tabaco en agosto, 1778, su
carrera burocrática no terminó ahí. Sus conexiones de fami­
lia y sus relaciones amistosas con el virrey resultaron en su
nombramiento como administrador principal de la real renta
de correos de Bogotá a un sueldo anual de 1.500 pesos. Man­
tuvo este puesto durante la revolución comunera hasta que
el virrey-arzobispo Antonio Caballero y Góngora lo despidió
en enero de 1783.
Este nombramiento parece ser una flagrante violación a
la carta de Gálvez enviada al virrey el 5 de agosto de 1777 en
la cual decretaba que a García Olano no fuera dado ningún
otro puesto en la administración fiscal, a la cual el servicio
postal pertenecía. Evidentemente el virrey Flores nunca llegó
a ver la carta de Gálvez. García Olano o su cuñado, el asesor
general del virrey, sacaron la carta de los archivos de la ofi­
cina virreynal (20).
Durante la revolución, el cabildo de Socorro y los diri­
gentes comuneros buscaban comunicarse con el virrey en Car­
tagena sin el conocimiento de Gutiérrez de Piñeres. En sus
cartas fechadas mayo 7, 1781, el cabildo y los dirigentes co­
muneros reafirmaron su lealtad al rey, pero atacaron los nue­
vos impuestos recientemente impuestos por el regente. El ca­
bildo envió las cartas a García Olano con el pedido de que se
164 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

las hiciera llegar directamente al virrey. Con el objeto de pro­


tegerse contra cualquier cargo futuro de traición, García Olano
tuvo la visión de despachar las cartas de Socorro al virrey con
la siguiente introducción:

Excmo. Señor. Señor: El cabildo y capitanes de los Sublevados del


Socorro se han valido de mí para que dirija a V. E. las adjuntas con
seguridad las que por venir aviertas he tenido por conveniente manifes­
tar al Real Acuerdo donde creo han quedado copiadas, evitando por este
medio el que no se susurre tengo comunicación con los sublevados, que
no sea dirigida al Servicio del Rey.

Causa poca sorpresa el hecho de que los ciudadanos prin­


cipales de Socorro buscaran solicitar los servicios de García
Olano como intermediario con el virrey, ya que todos se co­
nocían muy bien. Lo que es más sorprendente, sin embargo,
es que José Antonio Galán, con quien García Olano no tenía
relaciones previas, lo invitara a un encuentro como adminis­
trador principal de correos. Desde Facatativá, en mayo 30,
Galán envió la siguiente nota a Manuel García Olano:

Muy señor mío: Con los deseos de comunicar con vmd., me ha hecho
poner esta en planta, pues no tengo otra persona de mi satisfacción ni
comunicato, con quién poder saver lo cierto que es la determinación de
los Señores, pues nosotros no pedimos, ni quitamos la razón, ni ley de
Dios, solo tiramos a que tengamos un convenio para el bien común; assi
de vmd., como mió, y de todos, porque somos christianos Cathólicos Apos­
tólicos Romanos, no vamos contra la ley de Dios, ni faltamos a la obe­
diencia de Nuestro Soberano, por que somos sus vasallos y le obedecemos
todo cuanto mandare, solo queremos que lo que el Señor Regente des­
compuso, se buelba a componer, porque de lo contrario todos perecere­
mos, y no habrá quién nos socorramos a unos á otros. Si vmd. fuere ser­
vido de salir á comunicar con nosotros lo tendremos a mucho mérito. Con
vmd. solo podemos desahogarnos, y a la vista quedaremos, gozosos, y todo
se compondrá en paz, y gracia de Dios si los Superiores quicieren y de
lo contrario esperimentarán una muy grande ruyna. Nuestro Señor nos
ponga en paz, y que vivamos como hijos de obediencia. Esperamos razón
de vmd. con este próprio. A mi Señora doña Joaquina Lia mujer de
Olano J que deceo verla, y que me ordene precepto para obedecerle, y
á Dios que me guarde por muchos años (22).'

Esta carta revela primero que José Antonio Galán, de pro­


cedencia no-elitista, como también los dirigentes elitistas de­
positaron algo de su confianza en Manuel García Olano, si
no como un aliado activo, por lo menos como un amistoso in­
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 165

termediario entre ellos y la autoridad real en Bogotá. Segundo,


la carta de Galán no es el testimonio de un revolucionario,
quien ha sido descrito en algunas oportunidades como el pre­
cursor remoto del Ché Guevara. En un lenguaje más rústico,
Galán expresó los mismos sentimientos que los dirigentes de
Socorro comunicaron al virrey. Ambos reafirmaron su lealtad
al rey a la vez que denunciaron las medidas fiscales introdu­
cidas por Gutiérrez de Piñeres y Galán estaba en favor de
negociar “un convenio para el bien común” entre ellos y las
autoridades reales, una política que Berbeo estaba implemen-
tando en Zipaquirá.
La fecha de la carta es significativa. Galán escribió desde
Facatativá el 30 de mayo. Los acontecimientos avanzaban ver­
tiginosamente. En el Zipaquirá vecino, el arzobispo Caballero
y Góngora estaba conduciendo las negociaciones que en el
plazo de una semana culminarían en la firma de las capi­
tulaciones.
A menos que fuera subsecuentemente acusado de trai­
ción, García Olano tuvo la visión de mostrar la carta de Galán
a la Junta de Tribunales. El 31 de mayo la Junta determinó:
Manifestada en este Real Acuerdo, y Junta General por el Adminis­
trador Principal de Correos, Don Manuel García Olano, y visto su con­
tenido, se resolvió de común Acuerdo que desde luego, y sin pérdida
de tiempo pasase dicho Don Manuel á tratar con los Capitanes, que le
convocan; á cuyo fin se le instruyó de las intenciones de esta Junta,.. (23).

Con el permiso de la Junta, García Olano viajó a la cer­


cana Facatativá donde mantuvo una entrevista no con Ga­
lán, sino con uno de sus asociados, Nicolás de Vesga. Lo que
aconteció en esta reunión no se sabe. Cuando Vesga pidió una
segunda reunión, el oidor Catani rehusó otorgar autorización
a García Olano.
Las razones para la denegación del oidor no pueden ser
documentadas; solo pueden ser sub-entendidas. Se le sospecha­
ba a García Olano de ser procomunerd, y por ende, de poca
confianza. En segundo lugar, las negociaciones estaban alcan­
zando un clímax frenético en Zipaquirá. De aquí que hubo
poca necesidad de negociar con Vesga, quien era un simple
lugarteniente de Berbeo. En tercer lugar, un estuche real de
correos fue confiscado hacía poco por las fuerzas de Galán,
y se acusaba hipotéticamente a García Olano (24).
166 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

La correspondencia mantenida durante la Revolución por


García Olano con los dirigentes de los comuneros levantó las
sospechas de Caballero y Góngora. El 17 de noviembre de 1782
el arzobispo virrey comisionó al oidor Juan Antonio Mon y
Velarde para conducir una pesquisa secreta de la conducta
del administrador principal de correos. La encuesta secreta no
tuvo éxito en demostrar evidencia conclusiva de traición fla­
grante, a pesar de que muchas de sus actividades bordeaban
con la traición. Una buena parte de la evidencia, sin embargo,
sugirió que la conducta de García Olano era lo suficientemen­
te sospechosa como para indicar que no era digno de confian­
za como para mantener el delicado puesto en el servicio de co­
rreos, donde podría tener acceso a la correspondencia oficial
confidencial. Al comienzo de la investigación, el virrey suspen­
dió a García Olano de su cargo. Hacia sus términos, García
Olano y uno de sus subordinados, quien también era su cu­
ñado, Gerónimo de Mendoza, fueron despedidos de sus puestos
y exilados a España.
Por muy multifacético que fuera Caballero y Góngora
hacia los súbditos del rey en Nueva Granada, fue casi siem­
pre cándidamente directo en explicar sus acciones a los mi­
nistros reales en Madrid. El 31 de enero de 1783 escribió una
larga carta al conde de Floridablanca en la cual incluyó como
apéndice el testimonio tomado en la encuesta secreta del oidor
Mon y Velarde. En un pasaje clave de la carta, Caballero y
Góngora escribió:

... aunque yo no puedo creer haya sido traidor al rey me ha mo­


vido a esta disposición el recelo que fundadamente tengo de que su man­
sión en esta ciudad siempre produciría malas consequencias, pues pasando
los parientes de su muger de más de sesenta personas de las principales
de esta ciudad si le permitía su residencia en ella hera temible que su
cavilosidad y travesura sugiriese especies en los ánimos de estas gentes
y fomentase alguno nuevo motivo de desconfianza que transtornase la
quietud y tranquilidad en que he logrado poner este rcyno (25).

La razón ostensible para el despido y exilio de García Ola-


no fue su administración ineficaz en el servicio de correos. Esta
cortina de humo oscureció así al público los motivos reales del
virrey (26).
La pesquisa sí puso al descubierto la evidencia que justi­
ficaría el veredicto aparentemente duro del arzobispo. Manuel
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 167

García Olano sí sacó de los archivos de la secretaría del virrey-


nato la cédula donde estipulaba que no recibiría más posicio­
nes en el servicio fiscal (27). En otra ocasión, García Olano
mandó a un subordinado que hiciera una copia de una carta
del virrey (28).
La indagación secreta reveló bastante evidencia de que
él era un administrador ineficaz. Pero el propósito central del
examen fue establecer la conexión entre García Olano y los
dirigentes comuneros. La indagación buscó determinar si fue
García Olano quien enviara desde Bogotá a Socorro el cele­
brado pasquín, a que el populacho llamó “la cédula del pue­
blo”.
Probablemente escrito por un fraile dominicano, Ciríaco
de Archila, quien pertenecía a los límites periféricos del círculo
del marqués de San Jorge, el pasquín evidentemente fue en­
viado por un mensajero privado desde Bogotá hasta el her­
mano del autor, Pedro Fabio de Archila, quien era capitán de
los comuneros en Simocota (29). Ninguna evidencia emergió
estableciendo la conexión directa de García Olano con la cé­
dula del pueblo. Lo que seguramente despertó las sospechas
de las autoridades fue que la esposa de García Olano era la
cuñada de una de las hijas del marqués de San Jorge.
Otro cometido de la indagación secreta era determinar si
García Olano hizo despachar información sobre la rebelión
de Túpac Amaru a Socorro. Muchos observadores contempo­
ráneos aseguran que los acontecimientos en el Perú fueron un
catalizador, provocando desasosiego entre los indios, los crio­
llos y los mestizos en toda la provincia de Tunja. Las auto­
ridades también querían averiguar si fue García Olano quien
enviara desde Bogotá el ardiente manifiesto que fuera publi­
cado en Silos el 24 de mayo.
El manifiesto de Silos, la expresión revolucionaria más
sobresaliente de la revolución comunera, proclamaba la de­
posición de Carlos III y el entronamiento de Túpac Amaru
como rey de la América entera. Nunca publicado por Túpac
Amaru en el Perú, el documento fue encontrado entre sus pa­
peles cuando fue capturado por las autoridades españolas el
6 de abril de 1781. Entre el 6 de abril y el 24 de mayo, el ma­
nifiesto aún no publicado encontró su camino desde Cuzco
hasta el pequeño pueblo de Silos en la región occidental de la
provincia de Tunja, donde se publicó por primera vez. Los es­
168 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

pañoles, no sin fundamentos por parte suya, sospechaban una


colusión en los altos puestos. Pero la pesquisa no arrojó evi­
dencia de consideración que conectara a García Olano con
esta misteriosa cadena de eventos.
Uno de los testigos, Ignacio de Angulo y Olarte, quien fue­
ra alcalde ordinario de Socorro en 1781, observó:

Que todas las noticias de esta capital (Bogotá) y lo que es más las
providencias reservadísimas del gobierno, se entendían y dibulgaban [en
Socorro] mucho antes que llegaban las ordenanzas (31).

Lo que el alcalde no pudo comprobar fue que Manuel


García Olano despachó las noticias de la capital a Socorro.
Varios testigos afirmaron que García Olano mantenía co­
rrespondencia regular con dos ciudadanos prominentes de So­
corro. Uno de ellos fue Francisco de Vargas, el cura párroco
de Socorro, quien falleció en Tunja el 30 de marzo, unas dos
semanas después de que el primer tumulto estalló en So­
corro (32).
Su otro corresponsal regular fue Clemente Estévez, un re­
gidor y el teniente del corregidor de Tunja en Socorro. Cle­
mente Estévez, el representante gubernamental de más alto
rango en Socorro, era el hermano de José Antonio Estévez,
un dirigente comunero importante, a quien García Olano con­
cedió unos pocos años antes, poderes de procurador para con­
ducir sus asuntos privados.
Salvador Plata fue el único testigo que ofreció evidencia
incriminadora como para comprobar que García Olano era
el corredor de informaciones entre la capital y Socorro. Plata
testifica:

Dijo, que save y le consta que quantas noticias se supieron y dibul­


gaban en aquella jurisdicción [Socorro y San Gil] tocantes a la revelión
del revelde Tupac-Amaro y las ventajas que este conseguía contra las
armas del Rey fueron por este conducto [de García Olano], escritas al
referido Doctor Vargas, una papeleta para el fin de entregarla a Estévez
después que la huviese leído ... (33).

Salvador Plata luego procedió a entregar a la pesquisa dos


cartas sin firma dirigidas al doctor Vargas escritas con la ca­
ligrafía de García Olano.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 169

Se desconocen sus contenidos, pero evidentemente con­


cernían los eventos políticos de Bogotá y el Perú. Desde fuen­
tes diferentes a las de Salvador Plata, un ciudadano promi­
nente de Tunja, don Fernando Pavón y Gallo, testificó que la
fuente principal de información sobre los acontecimientos en
el Perú era el fiscal del crimen en Lima, Dr. Nicolás Vélez de
Guevara y Suescún. El fiscal nació y fue educado en Santa Fe
de Bogotá. La versión de los acontecimientos que finalmente
llegó a Socorro vía el cordón de transmisión representado por
el fiscal en Lima y García Olano en Bogotá, fue la opinión
exagerada y falsa “de que el Inca Túpac Amaru ya era el
señor de las ciudades de Cuzco y Lima” (34). El Dr. Vargas
y los demás corresponsales de García Olano sembraban a
diestra y siniestra este cuadro distorsionado entre las élites y
las no-élites de Socorro. Esta información desfigurada sobre
Túpac Amaru se convirtió en un estimulante poderoso que
intensificó el desasosiego en Socorro, la cual estalló finalmente
en una serie de tumultos los días 16 de marzo, 30 de marzo
y 16 de abril.
Salvador Plata ofreció alguna de la evidencia más con­
tundente en contra de García Olano. Los otros seis testigos
ofrecieron testimonios que fluctuaron entre la evidencia cir-
custancial y el mero rumor. Varios testigos afirmaron que el
acusado habló duramente del regente visitador general y de
su política fiscal. Pero también lo hacía el resto de Nueva
Granada. Algo más dañoso fue el hecho de que García Olano
gravemente olvidó enlistarse como voluntario en la milicia
que rápidamente se organizaba en la capital para defender la
ciudad contra la amenazante invasión de los Comuneros.
Muchos de los testigos que le acreditaban a García Olano
“un genio poco sociable”, testificaron de que se mostró desu-
sualmente gregario durante los meses de marzo, abril y mayo
mientras los acontecimientos de la revolución avanzaban. Un
testigo comentó:
... que en tiempo de la mayor revolución estaba García Olano con
total tranquilidad dejándose ver en el sitio más público de la Ciudad,
qual es el pórtico de la real aduana con el doctor Viana, cura de Charalá,
desde las seis de la mañana hasta la noche sin hacer más ausencia que la
precisa para comer siendo esto tan contra su costumbre que ni antes ni
después de las pasadas sediciones se le ha visto ni se le ve en las calles
ni concurrencias públicas (35).
170 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

El tema principal de sus conversaciones era propagar ru­


mores sobre los acontecimientos en Socorro. El mismo testigo
agregó:

Que ha ohido decir por público y notorio que se jactaba el referido


Olano que aunque entrasen los socorreños en esta capital, siempre su
casa sería exempta del saqueo (36).

Aún otro testigo afirmó:


Que si ha ohido entonces que Olano profería que en caso de llegar
los socorreños a esta Capital, le darían mil hombres para guardar su casa
y que después de acabadas las reboluciones ha ohido decir que también
aseguraba que en caso de coronarse Reyna por los socorreños lo sería
su muger (37).

Evidentemente García Olano no carecía del sentido del


humor.
Varios testigos acusaron a García Olano de complicidad
en la toma de la cartera del correo real por Galán. García
Olano aseguró a las autoridades de que podía enviar la co­
rrespondencia destinada para el regente visitador general en­
tonces en Honda con un mensajero, un chasqui, quien toma­
ría una ruta poco conocida para evitar el encuentro con las
tropas de Galán quien entonces ocupaba Facatativá. El tes­
tigo agregó:

... el chasqui haviendo salido de esta capital en derechura al pue­


blo de Facatativa donde se hallaba el rebelde José Antonio Galán, fue
interceptado a pocas horas y Olano lo dibulgó assí, antes del tiempo que
hera regular huviese mediado para que viniese la noticia (38).

En vista de las agudas protestas tanto de la Junta de


Tribunales en Bogotá como del Arzobispo Caballero y Gón­
gora en Zipaquirá, Juan Francisco Berbeo devolvió la bolsa
del correo real sin que se abriera (39). La evidencia de la
complicidad de Manuel García Olano en este incidente es poco
menos que terminante.
El hecho de que solo uno de los siete testigos, Salvador
Plata, desenterró la veta dorada durante la pesquisa secreta
se debe en gran medida a la naturaleza y carácter de la in­
vestigación. Fue una investigación secreta en la que los tes­
tigos juraron reserva total so pena de traición. El carácter
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 171

secreto de la investigación se consideró necesario con el ob­


jetivo de salvaguardar la tranquilidad pública, la cual el ar­
zobispo consideraba en estado aún precario. Por matrimonio,
García Olano estaba vinculado con las familias criollas prin­
cipales de Bogotá. De aquí que el oidor Mon y Velarde tuvo
que elegir testigos de irreprochable lealtad. Fueron éstos los
individuos que tendrían menos información sobre las cone­
xiones secretas, si las hubiera, entre García Olano y los di­
rigentes comuneros. Ninguno de los últimos, por ejemplo, fue
interrogado ya que su lealtad estaba obviamente bajo sospecha.
Solo dos de los testigos eran de Socorro. Uno de ellos era
un oponente de los Comuneros, el alcalde ordinario de 1781,
José Ignacio de Angulo y Olarte. El otro testigo de Socorro,
Salvador Plata, tenía la confianza de las autoridades. Sola­
mente él podía proveerles con alguna evidencia incriminadora,
ya que estaba al tanto de algunos pero no todos de los mane­
jos secretos de los dirigentes comuneros.
Los cinco testigos restantes eran residentes de Bogotá.
Por admisión propia revelaron ser meros conocidos casuales
del acusado (40). De aquí que su testimonio varió entre la
evidencia circunstancial, parte de ella perjudicial, y lo so­
breoído.
Paradójicamente, el que presentó la evidencia más incri­
minadora, la del tipo que los investigadores ansiaban, fue da­
da nada menos que por el mismo García Olano. El, por
supuesto, nunca fue llamado como testigo. La pesquisa loca­
lizó dos de sus cartas, la una redactada antes de la firma de
las capitulaciones, y la otra un poco después de ese aconte­
cimiento. Estas dos cartas expresan elocuentemente su acti­
tud hacia los hechos dramáticos que entonces acontecían.
Manuel García Olano escribió a su hija, la condesa de
Pestagua, quien entonces vivía en Cartagena. La carta tenía
la fecha del 14 de mayo, 1781, el día posterior a la huida de
Gutiérrez de Piñeres y la partida del arzobispo hacia Zipa­
quirá, y unos diecisiete días después de la firma de las capi­
tulaciones. La carta describe gráficamente la confusión y el
pánico que tomó presa de la ciudad en los albores de una in­
minente invasión de los comuneros. Sólo García Olano pa­
recía inperturbable. Su hostilidad hacia el regente visitador
general afluye claramente. El aplaude la decisión de la Junta
172 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

de Tribunales tomada ese mismo día de 14 de mayo, para res­


cindir el programa fiscal de Gutiérrez de Piñeres. Sus sim­
patías comulgan claramente con el invasor. Describe a los
comuneros como ciudadanos respetuosos de las leyes cuya ira
no está dirigida tanto contra la propiedad privada como me­
ramente contra los odiados estancos de tabaco y aguardiente
reales. El texto de la carta de García Olano dirigida a su hija
es el siguiente:

La expedición que se hixo en esta ciudad para castigar los socorreños


ha tenido tan fatal éxito como se anunció un mes antes de su salida por
sugeto bien circunstanciado y fidedigno: El Señor Regente llevado de adu­
ladores y votarates creyó que solo con verse por aquellos hombres casa­
cas militares se havían de acobardar y que como corderos al cuchillo los
havían de llevar a la horca: De esto proviene el que los socorreños a quie­
nes se conceptuaba tan dispuestos a ser víctimas se hechasen como ra­
biosas fieras sobre el Señor Oydor Osorio y toda su gente de que sin
disparar un tiro se apoderaron con doce mil pesos del Rey. Los bienes de
toda la comitiva, ciento cincuenta fusiles, única defensa de esta Ciudad,
veinte y cinco mil cartuchos y todo lo demás que llevaban.
Con esta noticia dejando todas sus facultades el Señor Regente a una
Junta que se formó y disponiendo que el Señor Arzobispo con el Oydor
Vasco y un Alcalde Ordinario, saliesen a capitular con los socorreños
otorgándoles quanto pidan como en efecto salieron ayer a las diez del día;
se fue de la ciudad el mismo día a las dos de la madrugada para Car­
tagena, tomando camino extraviado temeroso de que por vando havían
pedido los amotinados su caveza, la de Moreno y la de Campuzano Co­
rregidor de Tunja. Moreno hace seis dias salió para Lima por lo qual ya
está libre, pero ignorando el paradero de Campuzano.
Ellos con ningún particular se meten para hacer daño; pagan o dan
conocimiento de lo que piden, y esto a quien puede; lebantan gente en
todas las poblaciones por donde pasan que les siguen por gusto y con
pena de la vida obligan a un vecino y distinguido y acaudalado a que los
capitanee. Tiene pena de la vida qualquiera que hurta dos reales, se
propase con persona alguna, o pierda el respeto a muger. Su encono es
contra los estancos, derraman cuanto aguardiente encuentran con cer­
tificación de que no lo han provado y se toman todo el tabaco que hallan
con los caudales de uno y otro ramo.
Ayer tubimos aquí un día de confusión cada hora se estendía la voz
de que ya estaban los socorreños en la Ciudad. Todos anduvimos locos
y los lugares sagrados son depósitos de quanto precioso hay, de suerte
que las dos noches pasadas no se vehía otra cosa que baúles por las
calles, se manifiesta nuestro amo en todas las Yglesias y se oyen con­
tinuas plegarias.
Hasta ahora no se ha derramado una gota de sangre y espero en
Dios no se derrame por que el orden de que se les conceda quanto pi­
dan y se reduce a que queden las cosas de rentas como las dejó el Señor
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 173
Cerda, lo que ya está decretado o se decretará mañana según se dice. Esta
mañana llegó un Chasqui de Chiquinquirá avisando de que antes de ayer
llegaron allí los socorreños haciendo lo que en todas partes sin extorsio­
nar a nadie y que pidieron una baca que pagaron, que se dividieron en
dos trozos de que salió uno para Leiba y otro venía marchando para
Cipaquirá, camino de ésta donde los aguardamos pasado mañana si el
Señor Arzobispo no los detiene.
Las prevenciones son un bando que acaba de hecharse de que hasta
la pleve se ha reído mandando que todos los vecinos salgan en oyendo
la caja con sus armas que son las narizes por que no hay otras y se está
aprotando un cañoncito única defensa que ha quedado en esta Ciudad.
El doce al medio día llegó Ponce bestido de fraile (el que trahia a
todos los socorreños amarrados a la cola de su cavallo) hecho una miseria
y quasi loco, huido de el Puente Real y después llegaron el guarda mayor
visitador con otros guardas huidos del Socorro y quasi con seguridad de
que traen las nalgas calientes.
Hoy llegaron Arjona, el Alférez y unos siete soldados a quienes disi­
mularon que se huyesen todos quasi desmidudos entre ellos viene un mo­
zo mui racional y verídico, cuenta la acción mui diversamente que los de­
más, que de un modo el más ignominioso que hasta ahora han padecido
las armas del Rey, no por los soldados, que se mantuvieron a pié firme,
sino por los oficiales, brabos quando no havía a quien temer, que se por­
taron con la maior vileza, llegando Ponze a pedir con lágrimas y de ro­
dillas que el Oydor mandase rendir las armas, lo que hasta entonces havía
resistido. Este valentón, no hallándose seguro en esta Ciudad, aquí a gritos
confesó que de solo ohir el nombre de socorreños temblaba, el pasage
es tan vergonsoso como largo, pero no hay tiempo para referirlo.
Oy se ha recibido un chasqui del Cura de Moniquirá inmediato al
Puente Real y cuenta lo allí sucedido como el que anduvieron con él mui
atentos y que solo violaron los estancos y avisa se llevaron al Oydor y a
Barrera al Socorro.
En este mismo día se han publicado aquí tres vandos sin caxa, que
parecían entierros de viernes santo: El primero nada importa, el segundo
es de perdón general a todos los delincuentes que se presentasen y el
tercero se publicó de noche con faroles a pedimento del Director General
de rentas y del Señor Fiscal aboliendo por todo el Reyno todos los nue-
bos impuestos, quitando las guías y contra-guías con la Armada de Bar­
lovento. Tomó la Ciudad otro aspscto con ésto. Los semblantes se reno­
varon, las calles que manifestaban la melancolía de los ánimos no reso­
naban sino gritos de viva el Rey disparándose muchos cohetes y ya puede
contar el Rey con tantas vidas como tiene vasallos hasta enagenados por
las contribuciones. Las cosas han variado tanto que ya no tememos a
los socorreños.
Acavamos de saver que los socorreños llegaron á Enemocón donde
dispusieron de la salina nombrando Administrador y ya parece llegaron a
Zipaquirá anunciando que pasado mañana entraban aquí de paz. Aquí no
se descuida la gente y esta tarde que somos quince ban entrando porción
de gentes a cavallo que podrán llegar a ochocientos hombres a que se
174 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

agregan muchas armas de fuego que se han recogido de particulares, no


haviendo los eclesiásticos presentado una siquiera de las muchas que
tienen aunque se les ha mandado por el Provisor y se asegura que los
amotinados llegan ya a catorce mil (41).

El día 21 de mayo, la condesa de Pestagua en Cartagena


dio al público un resumen de la carta que recibiera de su pa­
dre en Bogotá. El tono francamente pro-comunero de la ver­
sión publicada molestó a las autoridades en Cartagena, que
era el bastión militar del poder real en el Nuevo Reino. Juan
Pimienta, el entonces gobernador de Cartagena y quien sub­
secuentemente sirvió muy brevemente como virrey, consideró
a García Olano algo menos que un traidor por así haber es­
crito a su hija (42). La versión de la carta de su padre que
la condesa entregó al público de Cartagena es la siguiente:

Los amotinados después de apoderarse de Tunja, Leyba y los demás


lugares llegaron al Puente Real, donde se apoderaron, sin disparar un
tiro, por que temieron a dos mil quinientos hombres que los cercaron,
del Oydor Osorio, Barrera, Arjona y los cincuenta soldados con ciento
cincuenta fusiles, veinte y cinco mil cartuchos y como doce mil pesos,
huyendo solo Ponce por providencia divina después de haverse escondido
en un nicho de un santo y haver estado veinte y quatro horas devajo de
la cama de una mulata, quien llegó ayer al medio día á ésta vestido de
Frayle.
Contarte lo que pasa, no me lo permite el tiempo; solo te digo que
los aguardamos mañana aquí, si el Arzobispo y el Oydor Vasco, que han
salido oy a las dies del día, con facultad de concederles quanto piden,
no los contienen.
El único consuelo que hay es que hasta ahora no han hecho mal
a nadie, piden lo que necesitan a quien lo puede dar, le dan recivo con
asignación de precio, ofreciendo pagarlo y lo asientan en su libro que
traen para el efecto; y han hechado vando con pena de la vida al que
cometiere qualesquier excesos, especialmente con mugeres.
Al Oydor aunque lo tratan con respeto lo despojaron de quanto lle-
bava, y lo mismo a los demás diciendo a los soldados a quienes cortaron
el pelo que a todos los llevaban al Socorro a desyervar las rozas para que
supieran el trabajo con que ellos ganaban la comida. Su encono es contra
las rentas que en todas partes roban.
El Señor Regente, después de una junta que duró seis horas, salió
huyendo anoche a las ocho y media para esa, quedando todas las fa­
cultades en la Junta.
Esto queda en la maior confusión. Todos los caudales y papeles se
quedan poniendo en la posible seguridad y mirándonos unos a otros por
haver despreciado lo que le informé por escrito en seis de Marzo de se­
tenta y ocho y haberme atropellado.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 175
Ellos solo piden que los derechos queden en el pié antiguo; que se
aproveche el Rey de las contribuciones y no se gasten las rentas en ara-
ganes petrimetres y las cavezas de el Regente, Moreno y Campuzano. El
primero ya huyó, Moreno hace quatro dias que salió para Lima y a
Campuzano no savemos como le hirá. Todo el Reyno y sus Provincias
queda conmovido y deseosos de que triunfen estos hombres no por infi­
delidad sino por que dicen no pueden con los tributos que agravan las
vejaciones con que se cobran especialmente las guías (43).

El tono de la carta que escribió a daña María Luisa Zu-


leta, una residente de Mompox, contrasta marcadamente con
la carta que escribió a su hija. La fecha de la primera es sig­
nificativa. Fue el 13 de junio, unos seis días luego de firma­
das las capitulaciones, que acababan con el peligro de una in­
vasión comunera a la capital. El día 13 de junio Olano expresó
el temor y la angustia ante la posibilidad de que los Comu­
neros ocuparan a Bogotá. Tal prospecto no pareció inquietarle
el día 14 de mayo cuando la invasión cobraba visos más claros.
Aún retiene el respeto por Juan Francisco Berbeo, pero a sus
seguidores consideraba como “la furia y barbarie de un exér-
cito de furias irracionales”. José Antonio Galán, quien consi­
deraba a García Olano como un intermediario amistoso hasta
la fecha del 30 de mayo, fue llamado un “picaro” que había co­
metido incesto con su hija. Las capitulaciones, las cuales im­
pedían la toma de la capital, fueron llamadas “ignominiosas”.
García Olano aclama al arzobispo Caballero y Góngora como
el héroe del día por haber dominado “la infame pieve y gente
más soez del mundo ... tal multitud de canalla desenfrenada
sin temor de Dios ni del rey sin subordinación a sus gefes ...”.
García Olano aún expresa hostilidad hacia Gutiérrez de Pi­
ñeres cuando escribe: “Pero si el visitador buelve como se te­
me, todo se acaba y los pagaremos los más fieles”. El texto
de la carta es el siguiente:
Santa Fe y Junio trece de mil setecientos ochenta y uno. — Después
de las continuas angustias en que hemos vivido desde el día trece de Mayo
en que salió huyendo de esta Ciudad el Visitador del Reyno dejándonos
expuestos a la furia y barbarie de un exército de furias irracionales he­
mos logrado respirar desde el dies del corriente en que el Real Acuerdo
y Junta de Tribunales resolvió firmar con mucho acuerdo las ignominio­
sas capitulaciones que acompañan a esta. Y aunque no creo se halla en
las historias que la más ínfima pleve y gente más soez del mundo haya
jamás ajado tanto la Soberanía, tengo por mui preciso e indispensable
176 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

lo executado con que se redimió de la última desolación esta Ciudad y


de su total pérdida del Reyno y todas sus provincias.
Son ya públicos los principios, al parecer mui déviles de esta rebe­
lión, los que engañaron a muchos que creyeron fácil su dicipación, pero
no yo que con el conocimiento que tengo del genio brutal de las gentes del
Socorro y sus inmediaciones siempre previ que la corta actividad de los
remedios havia de irritar mas que sancir la llaga; aunque confieso que
nunca se me ofreció llegase a tanto el daño.
En fin nos hemos visto cercados de un exército de brutos los más
despechados de diez y seis mil hombres con más de dos mil quinientos
cavallos, convidándose muchos más a concurrir a la empresa sin reservar
de lugar desde Cúcuta y Pamplona hasta Popayán y todas las circunfe­
rencias haviéndose visto obligados a despedir más de quatro mil que be-
nían de los Llanos y sus inmediaciones y las gentes de la Palma y Pacho
con otros muchos lugares, todos los yndios del Reyno y de la carrera de
Pamplona, los de los Llanos y quatro mil gentiles que se le vinieron a
ofrecer.
Su empresa hera robar a Santa Fe, deponer la Audiencia y demás
Tribunales y Administradores de rentas. Crear otros a su mantonto y de­
jar a su arbitrio las cortas rentas Reales que quisiesen permaneciesen
para ellos y pasar a Honda y prender al Visitador y apoderarse del Reyno
hasta Popayán lo que les seria tan fácil como lo demás que han reducido
y aun más por que todos estaban ya sublevados.
¿Quién? sino Dios hera poderoso para contener tal multitud de ca­
nalla desenfrenada sin temor de Dios ni del Rey sin subordinación a sus
Gefes y que ya havía consentido en enrriquecerse a costa de los despojos
de Santa Fe? Sin embargo hemos visto que tomando por instrumento al
Señor Arzobispo ajado y velipendiado y muchas veces insultado, los
contubo tantos días en un pantano donde más nadaban que caminaban
con infinitas incomodidades hasta que aplacada la ira divina pudo reducir
a estas fieras a las duras pero necesarias capitulaciones que se firmaron
con disgusto de la canalla y algunos de sus gefes que solo se satisfacían
con robar a Santa Fe; y aún después de capitulado insistían en su in­
tento y aun empezaron a marchar para conseguirlo. El Rey deve el Reyno
y Santa Fe su libertad a la prudencia, paciencia y tolerancia de este be­
nemérito Prelado. Contar lo que ha sobrevenido en estos días es impo­
sible un instante teníamos de consuelo y luego venían tan lúgubres no­
ticias que nos dejaban en la maior confusión.
Discúrrase por la inconstancia de tal gente y considérese quantos
descaminos es capaz de que se ocurran tantos y muchos más han pro­
ducido estas bestias y ha llegado a tanto su desvergüenza que vino orden
del consejo del Socorro que ha tenido en su mano su Yltma. para que lo
extrañasen y tocasen a Sede Vacante. Del Visitador es imponderable lo
que se ha dicho; y si aquí no se corta y no se huye a Cartagena, lo pren­
den o matan sin duda alguna, por más satisfecho que se halla de su
Honda, donde solo se aguardaba ver socorreños para manifestarse como
todos.
Si tan temibles heran tantos y tan temibles enemigos aún hera ma­
yor nuestro temor por los que teníamos dentro de la Ciudad donde se
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 177
hallaban mui pocos fieles y rarísimos el que no se alegraba libertarse
de las contribuciones. Aquí se ha fraguado todo; de aquí se han dado
todas las disposiciones; de aquí se les avisaba quanto pasaba aun antes
que el público los trascendiese añadiendo mucho para irritarlos y de aquí
se les ha improperado el que se redujesen a capitulaciones, las que pu­
sieron de peor condición las cartas del Visitador que interceptaron los
amotinados en que manifestaba su inflexibilidad y el deseo de castigarlos,
dando por nulo el perdón y quanto se les ofreciese.
Venga el más obstinado de esta y niegue a Dios su providencia viendo
que al grito de una vieja despreciable que levanta las manos al cielo se
commuebe un pueblo, y este propaga la revelión a más de ciento treinta
leguas de tierra sin derramarse una gota de sangre, sin violencia de muger
entre gente quasi sin religión, sin robo alguno a excepción de algunas ra­
piñas cortas y estafas, descargando todo su furor sobre la Real Hacienda
y que a este nombre desenfrenado lo reduce solo la mansedumbre de nues­
tro Arzobispo a costa de las capitulaciones aunque indígenas necesarias,
con 5 mil pesos que hemos tenido que dar para su regreso a sus tierras
y millares de arrobas de sal que se han llevado, sin haver enfermo un
hombre entre tantos mal alimentados, bien vevidos y pisando y durmiendo
en un pantano. Si aquí no resplandece la providencia Divina no hay su­
ceso en las historias con que podamos comprovarla.
En este estado quedamos mui contentos; el pueblo con la libertad
goza, y lo manifiesta con tan manifiestas señales, que el día que se em­
pezó a vender el tabaco a medio, lo que antes valía dos reales, unos los
besaban, otros no se cansaban de olerlo, otros llamaban a los socorreños
públicos benefactores, y el que menos, manifestaba en el semblante su
alegría. Mui diverso efecto causa esta catástrofe en los reflexivos, que
son pocos, y previendo lo que es indispensable suceda, considerando que
esto sólo es un adormecimiento, lloran este día como anuncio de las fa­
talidades que le esperan.
De Girón savemos hasta el día siete que aunque se juntaron quatro
mil para asolarlo por las muertes que hizo Carriazo resistiendo a los su­
blevados, éstos encontraron el lugar solo, y que después salieron de los
montes adonde se havían refugiado los vecinos principales con el Cura
los que se confederaron y todo bendría a parar sobre los bienes de Ca­
rriazo no encontrándose su persona.
El campo de Cipaquirá se ha desecho pero ésto queda lleno de so­
correños, haciendo sus Gefes gala del bastón que los acredita traidores.
El Señor Arzobispo sale el diez y ocho para el Socorro con seis Misioneros
capuchinos y franciscanos haver si puede docilitar su barbarie.
Aunque no bien recuperados de los sobresaltos pasados temerosos de
que esta canalla no quedase satisfecha de las ignominiosas capitulaciones
que havía conseguido su insolencia sin lograr el saqueo de Santa Fe a
que heran instados de aquí, el catorce nos llegaron aún más funestas no­
ticias. Decía la primera venir al mismo fin gran porción de gentes de
Tocayma, Neyba, la Purificación y Llano grande: La segunda haverse al­
zado Vetuima, Villeta, Guaduas, la Palma y todas las inmediaciones con
cuyo aviso y de hir marchando toda esta gente confederada con la de
178 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Honda y la circunferencia de aquella Villa, desengañado el Visitador de


que Honda estaba tan mal contenta con su presencia como lo demás del
Reyno se havía hechado precipitadamente Río abajo; y la tercera más fu­
nesta que dentro de la Ciudad teníamos una numerosa conjuración para
hechar fuera todos los chapetones.
Fué cierta la sublevación de Tocayma, pero solo contra los Adminis­
tradores de Tabacos y aguardientes que governados por la inflexivilidad
del Visitador en no querer hacer la rebaja que se les havía mandado por
la Junta, continuaban en hender estos géneros a la tasa impuesta. Y es
cierto que a no haverseles hecho ceder huviera continuado con perjudi­
ciales resultas este alboroto; pero certificada esta multitud de gente de
la verdad se aquietó, contentándose con anotar al los guardias que lo
tenían bien merecido por su insolencia.
Lo de Honda tomó más cuerpo por que no queriendo sugetarse a las
órdenes de su Gefe que le mandó retirar un Josef Galán, tan picaro que
fué desterrado a las fábricas de Cartagena por nuebe años y a los tres se
huyó tan corregido que en las sublebaciones del Socorro lo hecharon de
la cárcel donde se hallaba por incestuoso, con una hija, éste fué suble­
vando todo el territorio y recogiendo mucha gente con mucha más que le
aguardaba en Honda y sus inmediaciones. Pero haviendo estos savido las
capitulaciones se refriaron y lo han dejado quasi sólo, después que solo
del susto puso en la maior confusión a Honda y al Visitador que de solas
las sombras huyó. Dícese que sin pasar por Honda se fué el Galán a Ma­
riquita con poca gente y oy veinte y cinco salen de aqui unos socorreños
a preenderlo, con auxilio de la Audiencia; y parece que todo está sose­
gado, aunque nada cierto sabemos en esta fecha, ni aún a donde se fué
el Visitador que algunos dicen se halla en las inmediaciones de Honda
con ánimo de bolver lo que pocos aprueban.
La conjuración de esta Ciudad ha tenido mayores progresos. Mal con­
tentos los que la fomentaban de que no se huviese saqueado y hechado
los Chapetones luego que vieron firmadas las capitulaciones y disuelto
el campo de Zipaquirá intentaron con algunos amotinados que vinieron
aquí poner en execución su proyecto y por no haver entre ellos persona
aún de mediana suposición, se valieron de algunos de los capitanes amo­
tinados para que los capitanease entre ellos havía algunos hombres de
bien y avisaron.
Empezóse a hacer pesquiza y a los primeros pasos se encontraron
cómplices un receptor que corría con los negocios del Visitador y Direc­
ciones que después de haver capitaneado a los amotinados se ha huhido,
un oficial mayor de la Escribanía de la Audiencia, un escribiente de la
de Goviemo, el escribano de las caxas reales y un oficial con otros de
este jaez que quedan presos; con lo que queda averiguado quienes daban
noticia de lo más secreto que pasaba en los Tribunales, sin que quedase
uno que no estubiese contaminado.
Oy son los alborotos con la pretensión de hechar fuera de las cár­
celes los reos que parece van declarado tantos cómplices, que no habrá
cárceles para ellos, aunque ninguna persona de distinción por su naci­
miento y si mucho eclesiástico según se dice; por lo que el Señor Arzo­
bispo que para salir mañana veinte y siete al Socorro parece se detendrá
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 17&
y aquí vivimos con un continuo sobresalto, por saver son muchísimos los
interesados en soltar los presos, los que amenazan a la Ciudad con des­
caro sin poderlos contener por falta de fuerzas, hasta que llegue la tropa
y armas; día en que se libertará Santa Fe de la insoportable tiranía en
que vive, viendo los mayores excesos, sin poderlos castigar por haverse
perdido aquí y en todo el Reyno el temor a la Justicia y hallarse esta
sin fuerza para recuperarlo, descansando algo solamente con el conti­
nuo trabajo de la nobleza ocupada de día y de noche en guardias y pa­
trullas sin poder confiar en nada de la pleve.
Después de las capitulaciones vino a la Ciudad el que llaman General
con otros muchos capitanes é insolentes soldados ó por mejor decir la­
drones. El General se ha portado mui bien y ha propendido quanto ha
podido a la pacificación pero los mas de los capitanes se han presentado
haciendo gala de los bastones se han burlado de Santa Fe y sus tribunales
y hasta el más desastrado socorreño ha insultado a la Ciudad provocando
con desvergüenza y amenazando públicamente en la calle. El tal General
es uno de los que más traté en el Socorro y se puede considerar que
persona es que jamás ha podido ser Alcalde aún entre aquellos pazguatos
y ahora hiva a ser Escrivano; con toda la Junta le ha hecho Corregidor
del Socorro y Maestro de Campo de sus milicias y si huviera querido los
Oydores le huvieran vesado la mano. Por fin salió el Señor Arzobispo y
él le ba acompañando.
El Governador después que le quitaron quanto tenía salió huyendo
con sola la ropa que sacó puesta haviéndole robado como diez mil pesos
en efectos. Dice que un Mendoza el más acaudalado de la tierra y bien
conocido aquí se hizo proclamar Rey, fingiendo poderes de Tupac-Amaro
para ello en las ciudades de Santiago, Chire y Pore y los pueblos de Mor­
cóte y demás del Goviemo que prendieron todos los curas por que no
quieren Rey ni Yglesia y que los llamados blancos son peores que los
yndios.
El diez y nuebe se aparecieron en Neyba cinco socorreños que según
las señas son los mismos que pasaron días ha por estas inmediaciones
diciendo hiban a alcanzar y matar a Don Francisco Moreno. Estos entra­
ron en el estanco del tabaco a apoderarse de él. El Governador que los
vió salió de su casa en bata a persuadirlos disistiesen y uno de ellos le
dió tan fuerte lanzada que lo suspendió en el ayre de que murió en breve
tiempo confesado según dicen unos o absuelto según otros. Un criado que
los vió salió con un par de pistolas de un tiro le quitó al matador la tapa
de los sesos y con el otro pasó a otro compañero por el pecho de suerte
que uno y otro quedaron en el puesto sin decir Jesús: También salió un
negro del Governador con un sable a acometerlos pero uno de los tres
que quedaron con vida le dió una lanzada de que quedó agonizando. Los
resultes se ignoran por haverse acusado sin dilación. El Governador hera
Don Policarpo Fernández teniente del Regimiento fixo de Cartagena.
Es imposible decirse lo que aquí ha sucedido y sucede: Y aún lo poco
que se puede decir se hará increhible al que no lo ha visto: Quedamos
sin Rey y sin justicia perdido el temor a Dios, el más atrevido manda.
Sola la presencia del Señor Virrey y su prudencia podrá remediar tanto
180 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

desorden poco a poco. Dios le mueba a venir quanto antes pues ya basta
los que aborrecían el nombre de Virrey conocen la falta que hace: Pero
si el Visitador buelbe como se teme todo se acaba y lo pagaremos los
más fieles.
Los que mataron al Governador de Neyba no fueron socorreños sino
cinco mazamorreros del país, por el nuebo derecho que les havía im­
puesto el Visitador.
Los matadores del Governador de Neyba fueron los que dije pri­
mero (44).

Lo que estas dos cartas revelan es la misma ambivalencia


que caracterizó la actitud de muchos de los participantes im­
portantes de la revolución comunera. Por un lado, resentían
amargamente las innovaciones fiscales introducidas por Gu­
tiérrez de Piñeres. Por otro lado, temían y despreciaban la plebe
como posible vehículo de una revolución social que pudiera
amenazar la posición privilegiada de las élites. La segunda
carta de García Olano demuestra cuán hábilmente el arzobis­
po Caballero y Góngora manipuló estos temores con el obje­
tivo de separar a los dirigentes comuneros de sus seguidores
plebeyos (45).
De no menos importancia como parte de la explicación
en el cambio de tono en la correspondencia de Manuel García
Olano antes y después de las capitulaciones, es el hecho de
que ya por el 13 de junio las fuerzas del gobierno habían triun­
fado sobre los de la revolución. Le correspondía, pues, aclamar
a los victoriosos y denunciar a los vencidos. A pesar de ello,
la dicotomía que verbaliza, hostilidad hacia el programa fis­
cal del regente y temor a la plebe, fue compartido por mu­
chos de sus contemporáneos de clase alta.
El oidor Mon y Velarde había reunido suficiente evidencia
circunstancial como para justificar las sospechas del arzobis­
po-virrey de que García Olano enviaba regularmente informa­
ción, noticias, y quizás rumores desde Bogotá a Socorro. Man­
tenía el puesto potencialmente delicado de administrador prin­
cipal de correos por cuya oficina pasaba correspondencia con­
fidencial. Bien conectado por matrimonio con algunas de las
familias criollas principales de la capital, también era uno
de los pocos individuos que conocía personalmente a la gente
bien en Socorro. Su hostilidad hacia Gutiérrez de Piñeres es
un hecho. Su simpatía hacia los Comuneros está bien docu­
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 181

mentada. Algunas de sus acciones caballerescas en la oficina


postal subrayaban meramente su no confiabilidad.
Actos específicos y contundentes de traición no pudieron
ser comprobados ya que los recipiendarios de aquella informa­
ción no pudieron ser llamados como testigos a la pesquisa se­
creta. De que García Olano proveyó a sus corresponsales en So­
corro con noticias al minuto de lo que estaba aconteciendo en
la capital y en el Perú está claramente establecido. Pero estas
actividades epistolares definitivamente quedaban algo cortas
a una traición flagrante, hecho que reconoció el arzobispo.
De aquí que la decisión de Caballero y Góngora de despe­
dir y exilar a don Manuel García Olano so pretexto de mala
administración fue un acto político y no judicial. Esta táctica
de exilar a los buscapleitos políticos pero escondiendo las ra­
zones verdaderas que motivaran tal determinación era carac­
terístico del estilo político del arzobispo. En otra ocasión acon­
sejó al presidente de la Audiencia de Quito a que adoptara la
misma táctica en una situación similar (46).
Caballero y Góngora empleó el mismo recurso cuando exi-
ló a Ambrosio Pisco en Cartagena. El virrey confesó cándida­
mente a José de Gálvez de que no veía al dirigente titular de los
indios como a un traidor. De hecho, acreditaba a Ambrosio
Pisco de haber contribuido a la pacificación de los indios.
Pero el factor político, y no el judicial, fue capital en el racio­
cinio del virrey. Ambrosio Pisco no podía permanecer en la
sierra. Continuaría siendo el potencial foco de desasosiego en­
tre los indios, quienes lo vitoreaban como descendiente de los
caciques primigenios de Bogotá (47).
Aún hay otros ejemplos que ilustran la predilección de Ca­
ballero y Góngora por exilar a los buscaplietos potenciales o
actuales bajo un pretexto diferente al motivo real. Había una
buena cantidad de evidencia circunstancial que sugiriera que
el autor de la célebre “cédula del pueblo” era un lego domi­
nicano, Ciríaco de Archila, quien se movía en la periferia del
círculo del marqués de San Jorge. En 1784, se despachó sigi­
losamente a Archila en calidad de prisionero a un monaste­
rio dominicano en España (48).
Al otro individuo prominente a quien el arzobispo-virrey
sospechaba que fuera un eslabón entre el partido pro-comu­
nero en Bogotá y los capitanes de Socorro fue el criollo más
acaudalado en el Nuevo Reino, Jorge Tadeo Lozano de Peralta,
182 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

el primer marqués de San Jorge de Bogotá. Eligiendo la misma


táctica que empleó contra Manuel García Olano y Ambrosio
Pisco, Caballero y Góngora nunca lo acusó directamente de
complicidad en la revolución comunera. Las impetuosas e in­
terminables querellas del beligerante marqués con ciertos oi­
dores ofreció un conveniente pretexto para exilar a Jorge Tadeo
Lozano de Peralta a Cartagena, donde murió el 11 de agosto
de 1793 (49). La sentencia dictada por la Audiencia no era
más que una cortina de humo. Actuando bajo la información
proveída por Caballero y Góngora, José de Gálvez, ya en fecha
15 de junio de 1784, escribió al arzobispo-virrey:

El Rey se ha enterado de los documentos que se acompañaron a la


nota reservada número 24 y ve con satisfacción la prudencia con que ha
obrado V. E. para conservarle ese Reino. El Rey aprueba todo lo que ha
hecho V. E. para apagar las ideas de infidelidad; pero en vista de la
activa parte tomada por don Jorge Tadeo Lozano de Peralta, que con
sus escritos sediciosos conmovió el reino y regó la semilla de la deslealtad,
ordena a V. E. que se le reduzca a prisión y se encierre de por vida en
el castillo de San Felipe de Barajas de Cartagena, sin más fórmula, ni
juicio, guardándole en la prisión las consideraciones de su nobleza. Asi­
mismo, su confidente, Fray Ciríaco de Archila será confinado en uno
de los conventos de su orden de esta corte (50).

Caballero y Góngora interpretó flexiblemente estas órde­


nes. Esperó hasta 1786 cuando las disputas del marqués con
la audiencia le dieron el pretexto para exilarlo a Cartage­
na (51).
En el caso de su enemigo caído, Manuel García Olano, el
arzobispo-virrey pudo ser a la vez compasivo y político. Hizo
la siguiente observación a Gálvez:

Con este motivo no puedo dejar de hacer presente a V. E. la mi­


seria, en que me dicen queda la crecida familia de muger y diez hijos
del citado Olano reducida á subsistir con la limosna de 500 pesos annuales
que les ha subministrado desde que lo separé de su empleo y remitir á
Santa Marta, por si respecto estar cumplida la Real disposición de su
envió á España fuese del real agrado de S. M. mandarla pagar la asigna­
ción de 300 pesos que había hecho á Olano sobre la renta de correos
por su juvilación (52).

El proveer a la desposeída familia de Manuel García Olano


con 500 pesos de su propio bolsillo y el recomendar que su fa­
milia recibiera una pensión, es una demostración de la gene­
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 183

rosidad principesca de que era capaz este maquiavélico aun­


que compasivo político. El conde de Floridablanca, en su ca­
pacidad de superintendente general de correos y portes te­
rrestres y marítimos, otorgó la solicitud de Caballero y Gón­
gora (53).
Así acabó en la Nueva Granada la trayectoria poco dis­
tinguida aunque sí enigmática de Manuel García Olano.

NOTAS:

(1) El argumento más persuasivo para esta hipótesis es Fray Alberto


E. Ariza, O. P., Fray Ciríaco de Archila, primer procer de la libertad ab­
soluta en Colombia (Bogotá, 1971), págs. 7-33.
(2) Vea las minutas de la Junta de Tribunales, AGI, Audiencia de
Santa Fe 633-WA.
(3) No me fue posible averiguar el lugar o fecha de su nacimiento
o su muerte. Evidentemente murió en España después que se le expulsó
de Nueva Granada en 1783.
(4) Para la discusión del clan Alvarez, consulte mi artículo “El auge
y la caída de los criollos en la Audiencia de Nueva Granada, 1700-1781”,
Boletín de Historia y Antigüedades, LIX, 1972, 597-618.
(5) Ibid., págs. 609-10. También consulte de Flores a Gálvez: Noviem­
bre 15 de 1777, y de Gutiérrez de Piñeres a Gálvez: julio 31 de 1778, AGI,
Audiencia de Santa Fe 659.
(6) Consulte mi “Auge y caída de los criollos”, págs. 612-614.
(7) Ibid.
(8) Archivo Nacional de Colombia: Audiencia, Cundinamarca, IX, sig.
992-1.000.
(9) Gutiérrez de Piñeres hasta Gálvez: 15 de mayo, 1778; 31 de
marzo, 1779, AGI, Audiencia de Santa Fe 659.
(10) Clímaco Calderón, Elementos de hacienda pública (Bogotá, 1911),
págs. 539-41. Pablo E. Cárdenas Acosta, Del vasallaje a la insurrección
de los Comuneros: La provincia de Tunja en el virreinato (Tunja, 1947),
págs. 345-46. De Gutiérrez de Piñeres a Gálvez: 31 de agosto, 1778 y
18 de noviembre, 1778, AGI, Audiencia de Santa Fe 659.
(11) Calderón, págs. 539-41. Flores a Gálvez: 15 de noviembre, 1777;
de Gutiérrez de Piñeres a Gálvez: 30 de marzo, 1778 y 15 de mayo, 1778,
AGI, Audiencia de Santa Fe 659.
(12) José María Restrepo Sáenz, Biografías de los mandatarios y mi­
nistros de la real audiencia, 1671-1819 (Bogotá, 1952), págs. 559-30.
(13) Cárdenas Acosta, Del vasallaje, p. 346. Calderón, págs. 539-41.
(14) Ibid., Cárdenas Acosta, p. 347.
(15) Ibid., Calderón, págs. 539-41. De Gutiérrez de Piñeres a Gálvez:
28 de febrero de 1778; 15 de mayo de 1778; 31 de julio de 1778; 31 de
agosto de 1778; 20 de noviembre de 1778; AGI, Audiencia de Santa Fe
659.
184 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

(16) Para una discusión balanceada consúltese a Horacio Rodríguez


Plata, “Episodios de la revolución de los Comuneros, ¿Quién fue Salva­
dor Plata?”. Boletín de Historia y Antigüedades XLIV, págs. 366-379. Para
Berbeo y García"Olano, consúltese la Declaración de Berbeo (14 de sept.,
1782) en Manuel Briceño, Los Comuneros (Bogotá, 1880). Después de
Zipaquirá, cuando Berbeo visitó la capital, García Olano le hizo una vi­
sita de cortesía.
(17) Archivo de la Notaría del Socorro, l9 de agosto, 1780, tomos
1.779-80.
(18) Ibid., 25 de junio, 1777, tomos 1.776-77, sig. 106-107.
(19) Ibid., 5 de octubre, 1777, f. 219.
(20) De Caballero y Góngora a Floridablanca: 31 de enero, 1783, AGI,
Audiencia de Santa Fe 736-A.
(21) Los textos de las dos cartas enviadas al virrey Flores desde So­
corro fueron publicados inicialmente en Briceño, Los Comuneros, págs.
100-04. También véase “La pesquisa secreta sobre la conducta reprehensible
de Manuel García Olano en el tiempo de las alteraciones ...” incluido
como apéndice a la carta de Caballero y Góngora a Floridablanca: 31 de
enero, 1783, AGI, Audiencia de Santa Fe 736-A. De aquí en adelante
citado como pesquisa secreta.
(22) Ibid.
(23) Ibid.
(24) Ibid. También consúltense las minutas de la Junta de Tribunales:
29 de mayo, 30 de mayo y l9 de junio, AGI, Audiencia de Santa Fe 663-A.
(25) Pesquisa secreta.
(26) Ibid. De Caballero y Góngora a Floridablanca: 31 de enero, 1783.
(27) Ibid.
(28) Ibid.
(29) Consúltese a Ariza, Fray Ciríaco de Archila. Por un análisis inci­
sivo de los contenidos de ese pasquín véase a Rafael Gómez Hoyos, La re­
volución Granadina de .1810: Ideario de una generación y de una época,
1781-1821 (2 vols., Bogotá, 1962), I, 169-172.
(30) Daniel Valcarcel, La rebelión de Túpac Amaru (3 * ed., Lima,
1970), p. 60 Boleslao Lewin, La rebelión de Túpac Amaru y los orígenes
de la emancipación americana (Buenos Aires, 1957), págs. 425-29. Lillian
Estelle Fisher, The Last Inca Revolt, 1780-83 (Norman, 1966), págs. 134-35.
Hay una disputa activa sobre la cuestión de si este documento fue una
falsificación hecha por las autoridades españolas para que se pudiera con­
denar a Túpac Amaru de alta traición. Lo que sobrepasa toda discusión
es el hecho de que el manifiesto, con algunos arreglos de menor im­
portancia, fue publicado en Silos. También vea a Briceño, págs. 139-40.
(31) Pesquisa secreta.
(32) Pablo E. Cárdenas Acosta, El movimiento Comunal de 1781, (2
vols., Bogotá, 1960), I, p. 89.
(33) Pesquisa secreta.
(34) De Caballero y Góngora a Gálvez: 31 de mayo, 1781, AGI, Au­
diencia de Santa Fe 600.
(35) Pesquisa secreta.
(36) Ibid.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 185
(37) Ibid.
(38) Ibid.
(39) Consúltense las minutas de la Junta de Tribunales: 28 de mayo,
30 de mayo y l9 de junio, AGI, Audiencia de Santa Fe 663-A.
(40) Los otros testigos fueron Gregorio Domínguez, Manuel de Paz,
Gregorio Monzaneque, Antonio Cajigas y José Antonio Rodríguez.
(41) Pesquisa secreta.
(42) De Caballero y Góngora a Floridablanca: 31 de enero, 1783,
AGI, Audiencia de Santa Fe 736-A.
(43) Pesquisa secreta.
(44) Ibid. Por breves extractos de la carta cuyo texto completo he
publicado, véase a Pablo E. Cárdenas Acosta, El movimiento comunal de
1781 en el Nuevo Reino de Granada (2 vols., Bogotá, 1960), II, 219-20.
(45) Para alguna ilustración reveladora sobre las tensiones entre
las élites y las no-élites consúltese a Indalecio Liévano Aguirre, Los grandes
conflictos sociales y económicos de nuestra historia (3 *> ed., Bogotá, 1968),
págs. 468-502.
(46) De Caballero y Góngora a Gálvez: 6 de febrero, 1783, AGI, Au­
diencia de Santa Fe 736-A.
(47) Caballero y Góngora a Gálvez: 15 de octubre, 1782, AGI, Au­
diencia de Santa Fe 594.
(48) Ariza, Fray Ciríaco de Archila, p. 43.
(49) Sobre las disputas del marqués de San Jorge con la audiencia,
consúltese su carta al rey: 31 de octubre, 1785, el Museo Británico, Egerton
I, 807, sig. 604-608.
(50) Ariza, p. 32. También consúltese a Cárdenas Acosta, El movi­
miento, I, 135.
(51) Mi análisis está en desacuerdo con el de Raimundo Rivas quien
arguye que su castigo no tiene conexión alguna con sus actividades du­
rante la revolución comunera. Véase a Raimundo Rivas, “El marqués de
San Jorge”, en el Boletín de Historia y Antigüedades, VI, 1911, págs. 721-50.
(52) De Caballero y Góngora a Gálvez: 31 de mayo, 1783, AGI, Au­
diencia de Santa Fe 600. De Caballero y Góngora a Floridablanca: 31 de
enero, 1783, AGI, Audiencia de Santa Fe 736-A. También consulte a Cár­
denas Acosta, El movimiento, II, 219.
(53) Archivo Nacional de Colombia, Correos de Cundinamarca, tomo
II, sig. 416-417.
ALGUNOS DOCUMENTOS, DESCONOCIDOS UNOS,
Y POCO CONOCIDOS OTROS, PERTINENTES A DON
FRANCISCO JOSE DE CALDAS Y TENORIO

Por Jorge Arias de Greiff

Iniciaré esta lectura, destinada a la presentación de do­


cumentos ante la Academia Colombiana de Historia, inéditos
unos, y otros, aunque ya publicados, poco conocidos en Co­
lombia, con la lectura del siguiente: (1)
Excelentísimo Señor:
Desde esta prisión elevamos a Vuestra Excelencia nues­
tras súplicas confiados en la clemencia del Rey Nuestro Se­
ñor, y la bondad tan caracterizada del corazón de Vuestra
Excelencia. La fama ha llevado por toda la Nueva Granada
la noticia de la dulzura con que Vuestra Excelencia ha tra­
tado a todos los prisioneros y presos que tuvieron la dicha de
poner su suerte en manos tan clementes. ¡Dichosos nosotros
si conseguimos igual fortuna!, fortuna que pedimos encare­
cidamente a Vuestra Excelencia. Nosotros Excelentísimo Se­
ñor, creemos enjugadas nuestras lágrimas si llegamos a al-

(1) El original se encuentra en la “Biblioteca Ecuatoriana Espinosa


Polit” en Cotocollao, Ecuador. Fue también publicado por Juan Friede
en el Boletín Cultural y Bibliográfico de la Biblioteca Luis Angel Arango,
vol. X, N<? 3, pág. 475, Bogotá, 1967, tomado de una copia existente en
la Colección Latinoamericana de la Universidad de Indiana.
188 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

canzar el que Vuestra Excelencia nos mande trasladar a Quito


para juzgar nuestros errores, y nuestros delirios en la causa
de la revolución, delirios que detestamos altamente, y por los
que reclamamos la piedad del Rey y la innata bondad de
Vuestra Excelencia.
Nosotros dejamos a Santafé en los días de las disputas del
francés Serviez y retirados en Popayán resolvimos esconder­
nos en un bosque hasta que pasados los días de la efervescen­
cia pudiésemos presentarnos al Señor Brigadier y General el
Señor Sámano, o seguir por la vía de Almaguer a hacerlo a
Vuestra Excelencia en Quito. Pero la desgracia nos privó del
consuelo de presentarnos, porque fuimos sorprendidos en nues­
tro retiro, y nos entregamos sin la menor resistencia a las
armas del Rey.
Nosotros, Excelentísimo Señor, hemos errado: lo confe­
samos en la sinceridad de nuestros corazones, y en la misma
protestamos a la faz del cielo, y de la tierra una enmienda
absoluta de nuestros delirios anteriores, y ofrecemos hacer en
lo que nos reste de vida obras capaces de lavar nuestras cul­
pas, y de satisfacer al Rey reparando así nuestras faltas con
utilidad de todos. Dios se desarma con la penitencia: imítelo
Vuestra Excelencia con nosotros verdaderamente arrepentidos.
Nos consuela Señor el que ninguno de nosotros ha tomado
jamás las armas, ni ha sido cabeza de revolución, y concluimos
repitiendo nuestra súplica, es decir que Vuestra Excelencia
nos haga trasladar a ésa para juzgarnos.
Dios Nuestro Señor guarde a Vuestra Excelencia muchos
años. Popayán y julio 21 de 1816.

Excelentísimo Señor

(firmado) Francisco Caldas


Manuel R. Tortees
José María Dávila.

Excelentísimo Señor Don


Toribio Montes Teniente General
de los Reales Ejércitos y Presidente
de Quito.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 189

De la misma fecha es el siguiente documento: (2)

Excelentísimo Señor:
Confiada en la benigna piedad de Vuestra Excelencia una
pobre Mujer destituida de otra protección, implora la clemen­
cia de Vuestra Excelencia, para que se digne inclinar sus
oídos en la súplica que interpone para con Vuestra Excelen­
cia, a favor de un hijo suyo, Don José Caldas, que se halla
preso en esta ciudad de orden del Señor General de la Pro­
vincia Don Juan Sámano, por haber seguido el torrente de
las desgracias de este tiempo; pero en términos que inspec­
cionada por Vuestra Excelencia la causa, me parece, si no me
engaño, tendrá todo el favor que debo apetecer en alivio de
un hijo resignado a la determinación de Vuestra Excelencia.

Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años. Popayán


y julio de 1816.

María Vicenta y Thenorio

Excelentísimo Señor Presidente y


Capitán General Don Toribio Montes.

A la súplica de doña Vicenta Tenorio y Arboleda contestó


Montes el 6 de agosto siguiente mediante carta en la que le
anuncia a la dama payanesa las medidas que ha tomado, y
le promete un tranquilo futuro para el hijo en peligro al lado
del hermano, Camilo Caldas, establecido desde comienzos del
siglo en Quito. El presidente de aquellos días, Barón de Ca-
rondelet, le había nombrado, escogido de tema, el 21 de sep­
tiembre de 1804 para el cargo de oficial 19 de la Administra­
ción General de Tabacos, Pólvora y Naipes de Quito (3), y

(2) Esta carta de la madre de Caldas y el fragmento de la respuesta


de Montes que más adelante se reproduce, fueron publicados en Quito,
en el libro “Relieves” del historiador ecuatoriano Celiano Monge, páginas
383 y 384, Quito, 1936.
(3) Archivo Nacional de Historia, Quito, 1804, Presidencia de Quito,
vol. 13, expediente 9.675.
190 boletín de historia y antigüedades

luego, el Virrey desde Santafé, por superior orden del 4 de


mayo del año siguiente, promovido al de oficial 2? de la Con­
taduría general de rentas reales en esa ciudad (4).
He aquí un fragmento de la contestación de Montes a
doña Vicenta:

Quito, agosto 6 de 1816

Señora Doña María Vicenta y Tenorio.


Popayán.

Enterado de lo que Ud. me manifiesta en su carta de 21


de julio sobre su hijo Don José Caldas, previne por extraor­
dinario al Señor Brigadier Don Juan Sámano que lo remita
a esta Capital, donde podrá al lado de su hermano Don Ca­
milo vivir con entera tranquilidad ..
Nueva súplica elevó Caldas ante el General Montes, esta
vez solo, ya no en compañía de Rodríguez Torices y de Dávila,
lo que hace pensar que la clemencia concedida fue única­
mente para Caldas. A continuación el texto de la misiva: (5)

Excelentísimo Señor:
Mi virtuosa Madre, fue víctima de su dolor, y expiró de
congoja al verme en esta prisión, y en medio de los peligros
que amenazan a mi vida. Ella no alcanzó a gustar el dulce con­
suelo de leer la generosa y magnánima contestación de Vues­
tra Excelencia que yo abrí, y no pude leer sin emoción y sin
derramar lágrimas de júbilo hacia un Jefe clemente, y gene­
roso, para con un desgraciado que pecó, y que arrepentido
ofrece emplear todos los días de su vida en reparar sus locu­
ras revolucionarias, en satisfacer al Rey, y en amar y admi­
rar al Clemente Montes. Dichoso yo si se realiza el contenido
de esa carta preciosa y si un día puedo besar la mano que la

(4) Archivo Nacional de Historia, Quito, Presidencia de Quito, 1805,


vol. 2, expediente 9.815, Comunicado a Camilo Caldas con fecha junio 10
de 1805.
(5) Esta carta fue publicada, aunque mutilada, en la obra citada
de Monge, pág. 384. Aquí se presenta, tomada del original que se conserva
en la “Biblioteca Ecuatoriana Espinosa Polit”, en Cotocollao, Ecuador.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 191

firmó y emplear todo cuanto yo pueda en contribuir a la glo­


ria de Montes, del misericordioso Montes.
Señor Excelentísimo, no olvide Vuestra Excelencia a este
desgraciado, sálveme de esta borrasca horrorosa y continúe
Vuestra Excelencia sus órdenes benéficas para conservar los
días de un hombre que puede ser de alguna utilidad.
Yo aún quedo preso y no sé qué determinaciones tomará
acerca de mí el bondadoso, y humano General el Señor Don
Juan Sámano. Ojalá sea la de remitirme a esa ciudad que tie­
ne la dicha de obedecer a Vuestra Excelencia.
Dios Nuestro Señor guarde a Vuestra Excelencia muchos
años. Popayán y agosto 21 de 1816.

Excelentísimo Señor
Francisco Josef de Caldas

Excelentísimo Señor Don


Toribio Montes, Teniente General
y Presidente de Quito.

La prevención a Sámano para que enviara a Caldas a


Quito, que Montes anunció haber hecho por un correo extraor­
dinario no fue acogida por el Gobernador de Popayán, de lo
cual Caldas se ha enterado ya, a juzgar por esta nueva co­
municación al Presidente de Quito, dirigida en los primeros
días del mes siguiente: (6)

Excelentísimo Señor:
Mi reconocimiento para con Vuestra Excelencia no tiene
límites, y siempre tendré presente la clemencia paternal con
que Vuestra Excelencia ha querido salvarme de esta terrible
borrasca. Es cierto que me llevan a Santafé, y que no puedo
tener el dulce placer de besar la mano bienhechora de Vues-

(6) El original de esta carta está en la “Biblioteca Ecuatoriana Es­


pinosa Polit”, en Cotocollao. Fue publicada integramente en la obra citada
de Monge, páginas 385 y 386.
192 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

tra Excelencia, y el consuelo de ser juzgado por el más be­


nigno de nuestros Jefes; pero Señor, que el influjo de sus bon­
dades se extienda hasta la capital a donde voy a ser condu­
cido dentro de pocos días. Señor, yo ruego a Vuestra Excelen­
cia que interponga sus poderosos respetos para con el Exce­
lentísimo Señor General Morillo, y para con el Brigadier Sá­
mano a fin de que se me juzgue con misericordia, y salvada
mi vida se me remita a esa en donde quiero consagrarme al
servicio de Vuestra Excelencia y contribuir a sus glorias. Com­
padezca Vuestra Excelencia la suerte desgraciada de un As­
trónomo y de un Geógrafo, que puede ser útil a la Nación, al
Rey, y contribuir con mis trabajos científicos a hacer más glo­
rioso el nombre ya tan amado de Vuestra Excelencia. Tenga
Vuestra Excelencia piedad de este literato, que sólo desea la
vida para corregir sus errores pasados, y satisfacer a los que
ofendí en los delirios de esta detestable revolución. Yo imploro
la clemencia de Vuestra Excelencia y su poderosa mediación.
Señor, mis culpas se reducen a cuatro papeles exaltados: yo
no he tomado las armas jamás, yo no he perseguido a ningún
español, yo no he incendiado, ni robado. Hablo a Vuestra Ex­
celencia en la sinceridad de mi corazón, y concluyo elevando
mi voz e implorando la misericordia de la bondad del corazón
de Vuestra Excelencia.
Dios Nuestro Señor guarde a Vuestra Excelencia muchos
años. Popayán y septiembre 6 de 1816.

Excelentísimo Señor

Francisco Joseph de Caldas


Excelentísimo Señor Don
Toribio Montes, Teniente General de los Reales Ejércitos
y presidente de la provincia de Quito.

El final es bien conocido. No lo es en cambio la recrimi­


nación de Toribio Montes a Morillo, fechada el 21 de diciem­
bre de 1816 en Quito, reprochándole su proceder sangriento,
de la cual son los siguientes párrafos: (7)

(7) Esta carta fue fragmentariamente publicada en la obra citada


de Monge, páginas 386 y 387.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 193

“Afirmándose Vuestra Excelencia del indulto concedido


para los que se sometan, y no habiendo órdenes posteriores
y que determinen la voluntad de Su Majestad, entiendo que
la clasificación de casos es un acto libre y reservado a la So­
beranía, como lo fue el de expedir la ley y que ninguna potes­
tad inferior tiene facultad para alterarla. Convengo en los
males que todos esos hombres han causado, y los crímenes
que han cometido, pero si hay un indulto, si él no señala otro
caso que el que lo invoque, y se someta, este es el mandato
del Soberano y éste sin interpretación se debe cumplir. Hay
injurias y delitos en que el castigo de los Reyes debe ser la
clemencia.
Tampoco convengo con Vuestra Excelencia en el plan de
que los pueblos hayan de mantener las tropas expediciona­
rias, componer caminos, entregar al servicio las acémilas y
llevar por entero la carga. Los Pueblos pagan los tributos, que
el Soberano ha estimado justos, y si en atención a las circuns­
tancias y a la necesidad, es preciso extenderlos, no a los Jefes
sino a Su Majestad corresponde ... La América es como un
vaso de agua turbia; si se le deja y da tiempo, por medio de
medidas prudentes, depurará sus heces, irán al fondo, y que­
dará al fin clara y tranquila, si no siempre se conservará al­
terada, y manteniendo su fermentación vendremos al punto
de destruirla o de perderla ..
Esta es la verdad sobre las gestiones realizadas ante Mon­
tes por el propio Caldas y su familia y sobre la acción del
presidente de Quito para salvarlo.
Rumores de la acción de Montes en favor de Caldas de­
bieron infiltrarse a la opinión en aquellos días y varias leyen­
das se forjaron. Schumacher, en su biografía de Caldas, tan
rica en informaciones respaldadas en unas notas de gran va­
lor histórico (8), que desafortunadamente no fueron incluidas
en la reciente traducción (9), trae, sin respaldarlo, el cuento
de un envío de dinero por Montes, para sobornar a la guardia

(8) Schumacher, Hermann A. Südamerikanische Studien - Drei Le-


bens und Cultur Bilder - Mutis Caldas - Codazzi. Berlín, 1884.
(9) Schumacher, Hermann A. Biografía Cultural del Sabio Caldas.
Tr. Gerardo Paz Otero. Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. XI, N4? 7,
Banco de la República, Bibl. Luis Angel Arango, Bogotá, 1968.
194 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

y permitir la fuga de Caldas de la prisión en Popayán. La ac­


ción de Montes, oficial ante Sámano, pública hacia la familia
de Caldas y enérgica ante Morillo, puesta ampliamente en
evidencia por estos documentos, resulta incompatible con esta
versión de Schumacher de que “el presidente de Quito se cui­
dó de revelar francamente su intención respecto a Caldas, pe­
ro envió un emisario con la suma de cuatro mil pesos a Juana
Sánchez ..etc.
Otra leyenda, que Lino de Pombo basa en lo referido por
“personas diversas, todas veraces”, y que incluye en su escrito
biográfico de Caldas (10), y que los posteriores biógrafos aco­
gen, habla de una anterior oportunidad de fuga, cuando era
conducido cautivo de Paispamba a Popayán, que habría Cal­
das rechazado al no ser extensiva a otros compañeros presos,
entre los que se cita a Ulloa, quien por lo demás estaba es­
condido en un lugar diferente y se había dirigido por aparte
a Montes.
No se compagina la gallarda actitud atribuida a Caldas
con el texto de las misivas a Montes, si bien es cierto que en
la primera de ellas es solidario con la suerte de otros patrio­
tas, ellos sí escondidos con Caldas y sorprendidos conjunta­
mente con él, como lo dice la petición que elevaron y entre
los que tampoco figura Ulloa; en las restantes aboga exclu­
sivamente por su propia suerte.
Complementan estas cartas la famosa dirigida a Enrile,
desde la Mesa de Juan Díaz, en camino a Santafé, el 22 de
octubre siguiente, carta que ya no debe interpretarse como
un aislado y desesperado grito. No son de último instante
estas argumentaciones, ante la inminencia de un cadalso, sino
una posición sostenida a lo largo de varios meses y con la se­
guridad, en algunos momentos, de haber ya conseguido la
clemencia, al menos la de Montes. No es una actuación ais­
lada de Caldas, otros patriotas lo acompañaron en ella. ¿Nos
extraña esta actitud? Pero si era la de Popayán entera, a
juzgar por el alud de felicitaciones que recibió desde allí Mon­
tes luego del triunfo de la “Cuchilla del Tambo”, por los nu-

(10) Pombo, Lino de. Memorias Históricas, sobre la vida, carácter, tra­
bajos científicos y literarios, y servicios patrióticos de Francisco José
de Caldas. Bogotá, 1852.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 195

merosos ofrecimientos de servir al Rey, en cualquier empleo,


y contribuir al éxito español, desde algún cargo público, na­
turalmente. Todo se aclara si se ve la actitud de Caldas como
la de quien se ha acogido al indulto otorgado a aquellos que
se entreguen y sometan, y además, se considera útil para el
conocimiento de su Patria. Y en cuanto a la reacción general,
no debe olvidarse que medio virreinato permaneció más rea­
lista que patriota, y que aquellos pueblos, sin madurez polí­
tica, tenían mucha tendencia a irse detrás del Jefe victorioso
en la última batalla; y con entusiasmo si las victorias de las
fuerzas del Rey hacían pensar en el derrumbe del intento
emancipador. Sólo se enrumbaron definitivamente hacia una
independencia estos pueblos con la aparición de un caudillo
de muchedumbres: Bolívar.
♦ ♦ ♦
Permítaseme ahora retroceder dos años en el transcurrir
del tiempo y leer esta comunicación, una de varias similares
dirigidas por el flamante Coronel de Ingenieros Francisco José
de Caldas a los nueve nuevos cadetes que el Superior Gobier­
no ha nombrado por solicitud suya, y en la que transcribe el
decreto pertinente: (11)
“El Secretario de Guerra y Hacienda con fecha 3 del pre­
sente me comunica lo que sigue:
‘Vista por el Supremo Gobierno de la República la pro­
puesta de los cadetes, que con oficio 27 del pasado le dirige
Vuestra Señoría, ha pronunciado el decreto siguiente:
‘ “Palacio del Supremo Gobierno de la República, Antio-
quia, junio 3 de 1814. Se aprueba la propuesta que hace el
Ingeniero General de los nueve individuos para el complemen­
to de los doce cadetes del Cuerpo, a saber: Ciudadanos Pedro
Uribe, Alejandro Vélez, Manuel López, Hermenegildo Correa,
Indalecio Mejía, Alejo Escobar, Félix Escobar, José María Cór­
doba, y Luis Salazar. Y se autoriza al mismo Ingeniero Ge­
neral para que les comunique este decreto que servirá de tí­
tulo bastante, mientras que con el auxilio de la imprenta, se

(11) El original se encuentra en el “Archivo Restrepo”, Bogotá.


196 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

les despacha por el Departamento correspondiente. Hay una


rúbrica. Ulloa Secretario’ ”,
Y lo comunico a usted para su inteligencia y satisfacción,
debiendo presentarse en la Escuela establecida en esta Ciudad
el día 13 del corriente en que se da principio a las lecciones
militares.

Dios guarde a usted, Rionegro, junio 6 de 1814.

(firmado) Francisco Caldas

Ciudadano Alejandro Vélez”.

¿Indica este decreto de nombramiento que José María Cór­


doba fue uno de los discípulos de Caldas y que la Escuela se
inició en Rionegro? Relativo a lo primero esta evidencia do­
cumental confirmaría lo aseverado por los biógrafos de Cór­
doba, basados en la tradición de la Familia. Sin embargo,
existen las listas fechadas en Medellín del 1*? y el 15 de sep­
tiembre de 1815, y firmadas por Caldas, en las que aparecen
nombres de los individuos del Cuerpo de Ingenieros que pa­
saron revista en esas fechas; son ellos Alejandro Vélez, Ma­
nuel López, Pedro Uribe, Mariano Restrepo, Valerio Pontón y
Juan María Gómez.
Los tres primeros figuran en el decreto que se acaba de
leer, pero en estas listas no aparece Córdoba. La carencia de
documentos que manifiesten la asistencia a los cursos, ha he­
cho negar a muy distinguidos investigadores lo dicho por los
biógrafos.
¿Significa, entonces que Córdoba, nombrado y convocado
por este decreto fue discípulo de Caldas al iniciarse la escuela,
pero que no viajó a Medellín al ser trasladada a los pocos días
a esa localidad?
De todos modos los investigadores de la vida de Córdoba
tienen ya un decreto, un título y una orden convocatoria a tan
famoso curso.
• * *
Y continuando en el retroceso temporal, he aquí, tradu­
cidos, algunos párrafos de una carta en francés del jesuíta
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 197

italiano, Jean Antoine Grassi, profesor de un colegio de Geor-


getown de Maryland, y dirigida al flamante astrónomo de
Santafé, el 12 de marzo de 1812 (12).

Señor:
El gentilhombre señor Pedro de Lastra (13) su amigo, tu­
vo la bondad de ofrecerme el honor de sostener corresponden­
cia, con usted, señor que desempeña con tanto celo como ha­
bilidad el cargo de Astrónomo en el nuevo Observatorio de
Santafé de Bogotá, del cual me ha facilitado la descripción.
Con la mayor complacencia veo la bella disposición de
este primer monumento erigido a Urania en el Nuevo Mundo.
Lo que me causa todavía mayor satisfacción porque podré
ahora con sobrada razón callar a ciertas personas mal influen­
ciadas que miran con desprecio y como envuelta en la igno­
rancia a una nación, a la cual usted hace honor, y por la
cual yo he tenido siempre particular afecto y una estimación
profunda. Ningún otro estado en América puede vanagloriarse
de un establecimiento similar al suyo, y es bien conveniente
que la primera nación de este nuevo continente en dar el
primer ejemplo, hizo ver que se puede, y que supo unir la hu­
milde y sencilla práctica de la religión verdadera, con los es­
tudios de las ciencias más sublimes. Los Estados Unidos de
América, donde me encuentro actualmente, no tienen ningún
observatorio donde se hagan observaciones continuas; esto es
bastante sorprendente, pero no es menos cierto; y para su na­
vegación se contenta con hacer reimprimir en Filadelfia el Al­
manaque Náutico tal cual se recibe de Londres”.
La carta continúa con la promesa de mandar a sus colegas
europeos la descripción del Observatorio, con algunas noticias
de la actualidad astronómica en Europa y con el ofrecimiento
de enviarle las correcciones a la edición inglesa de las Tablas
Astronómicas publicadas en París por orden de la Oficina de

(12) El manuscrito original inédito se encuentra en el Archivo de la


“American Philosophical Society”, Filadelfia, con cuyo permiso se re­
produce aquí.
(13) Pedro Lastra había viajado a Norteamérica cumpliendo un en­
cargo de conseguir imprentas y armas para el gobierno de Cundinamarca.
A su regreso las armas le fueron confiscadas por el gobierno de Cartagena.
198 boletín de historia y antigüedades

Longitudes, edición que a pesar de haber sido hecha con más


cuidado, no estaba sin embargo exenta de errores.
Esta carta es un reflejo de cómo se recibió en el extran­
jero la noticia de la creación en Santafé de Bogotá del primer
Observatorio de América.
♦ * »

Y si retrocedemos aún más, encontramos al apasionado


de la ciencia que queriendo ampliar el ámbito de la Expedición
Botánica, a cuyo servicio se halla en Santafé, a donde no ha
mucho ha llegado, ha logrado la incorporación a ella de Ge­
rónimo Torres, “Chorno”, su primo segundo y hermano de
Camilo. Van dos cartas llenas de consejos para el nobel astró­
nomo y botánico, que nos confirma esta nueva agregación a
la Expedición Botánica y añaden otro nombre a la muy ilus­
tre lista de sus colaboradores (14).

Real Observatorio de San Carlos


y marzo 28 de 1806

Al Señor don Gerónimo Antonio de Torres.


Popayán.

Mi amado Chorno: ya Camilo ha dado parte a usted de


su agregación y yo no he podido comunicársela. Ahora que
tengo un momento libre, ahora que está el cielo nublado y
las estrellas nulas para mí quiero acordarme de mis amigos.
Sepa usted que ha más de un mes es usted mi socio y mi
compañero. No he hecho más para obtener esta gracia del vir­
tuoso Mutis, que pintar a usted a su imaginación como usted
vive en la mía, y añadir que a usted le debía el conocimiento
de dos Quinas. La longiflora (la de los Cerrillos) y la gran­
diflora (la de Manchique) a usted se deben y merecen mi re­
conocimiento. Es muy justo escriba usted a este venerable an­
ciano y apreciado de usted.

(14) Los originales inéditos de estas dos cartas pertenecen al Dr.


Juan Jacobo Muñoz, Ministro de Educación.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 199

Agradezco los esqueletos de Quina que usted forma para


esta Expedición, y me alegro de los bellísimos trabajos botá­
nicos de Usted que Camilo me ha comunicado. Celebro también
que ya haya recibido la Filosofía Botánica de Linne y más ce­
lebraré se aproveche usted de este libro clásico en su género.
El día se abre, el cielo me lo restituyen las nubes, el equi­
noccio vernal está a punto de verificarse, ya no pertenezco a
la tierra y corro a la azotea. Adiós mi Chorno, hasta que tenga
el gusto de abrazar a usted en este templo de Urania.
Caldas
♦ ♦ *
Junio 6 de 1808

Mi querido Chorno: Me complazco de que Usted posea ya


un buen sextante, un octante, una aguja azimutal, y tenga
esperanza de un telescopio acromático. Ya renacen en mi co­
razón las dulces esperanzas de tener un correspondiente en
Popayán. ¡Cuánta falta ya hacen en mi patria! Si usted llega
a poseer el telescopio para el año que viene, tengo miras vas­
tas con usted, miras que le harán honor y que ilustrarán ese
suelo. Las ocultaciones de las estrellas por la Luna, los eclip­
ses de Sol, los de los satélites de Júpiter son objetos dema­
siado importantes para fijar longitudes. Permita usted que le
dé mis consejos. 16 años de astronomía y de una antigua amis­
tad deben autorizarme para esto.
Nada existe en la astronomía sin el tiempo: esta es la
llave, este el fundamento de esa ciencia inmensa. El péndulo
que usted posee es malo, y, necesita otro mejor. Doña Bár­
bara Asprilla tiene uno nuevo, Ulloa y otros tienen de esas
péndolas inglesas comunes que quitada la campana, y toda
comunicación con su rodaje, sirven como un péndulo astro­
nómico. El arreglo del péndulo por alturas correspondientes
o por alturas absolutas del sol, es en lo que usted debe ejer­
citarse demasiado. Para esto, ya posee usted un sextante. El
uso de este bello instrumento a quien debe el último siglo to­
dos los progresos en la Náutica y en la Geografía, es un poco
complicado y se necesita de mucho tiempo para escribir una
Memoria. No obstante voy a procurar decir a usted por ahora
lo más esencial en su rectificación ...
200 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Si usted se pone en estado de hacer buen uso de su sex­


tante, si me remite alturas bien tomadas entonces pensare­
mos en remitir los eclipses de los satélites. Si ocurriese duda
escríbame.
Saludo a Ignacio, a Manuel, y usted cuente con cuanto
puede su afectísimo amigo que besa su mano.

Francisco José de Caldas


* * *

Es mi propósito, al presentar estos documentos, no sólo


descorrer el velo sobre velados hechos históricos, sino prin­
cipalmente contribuir al conocimiento de la verdadera y com­
pleja personalidad de este astrónomo, geógrafo y literato, de
quien tenemos una imagen falseada, y de sus poco y mal co­
nocidos tiempos, tan confusos y controvertidos.
Agradezco aquí al Dr. Juan Jacobo Muñoz, al Padre Ju­
lián Bravo, Director de la “Biblioteca Ecuatoriana Espinosa
Polit” y al Dr. León Helguera, la eficaz colaboración que me
prestaron para el estudio de estos documentos, y a la Univer­
sidad Nacional que me comisionó para este estudio y a la Fun­
dación Guggenheim con cuyos fondos pude viajar a Quito y
Filadelfia.
Jorge Arias de Greiff
GENEALOGIA DE DON JOSE RAFAEL
DE LA ROCHA FLOREZ

Por Francisco de Paula Plazas S-

Fue bautizado en Neiva, lugar de su nacimiento, el 24 de


octubre de 1753. Hijo de don Joaquín de la Rocha, alcalde ordi­
nario de dicha ciudad, por los años de 1753, 1754, 1760 y 1761,
quien testó en Purificación en 1788, y doña María Catalina
Flórez. Nieto de don Pedro de la Rocha y doña Ana María de
la Borda; de don Francisco José Flórez, licenciado, alguacil
mayor de la Real Audiencia, y doña Ignacia de Subía, quienes
casaron en 1714. Bisnieto de don Domingo de la Rocha Ferrer,
nacido en 1648 en la ciudad de Tenerife, en las Canarias, oidor
de la Real Audiencia de Santafé de Bogotá en 1687 a 1691, y
doña Clamencia de Labarcés Pando, natural de Cartagenta de
Indias; de don Miguel de la Borda y doña Juana María de
Burgos; de don Martín Jerónimo Flórez de Acuña, escribano
mayor de la gobernación del Nuevo Reino, y doña Bárbara
Vanegas Cifuentes; del capitán Pedro de Subía, natural de
la Anteiglesia de San Juan Evangelista de Berriz, en jurisdic­
ción de la villa de Orrio en Vizcaya, alcalde ordinario de
Santafé de Bogotá en 1718, año en que recibió a su costa al
virrey de la Cueva, y de doña Catalina de Mena Loyola Máz-
mela, santafereña.
Contrajo matrimonio en Purificación con doña Antonia
Gutiérrez de Celis, hija de don Julián Gutiérrez de Celis, as­
turiano, alcalde ordinario de Ibagué en 1746 y 1771, y doña
Josefa Guzmán Castillo.
202 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Falleció en el Chaparral el 22 de abril de 1813. De su ma­


trimonio con doña Antonia Gutiérrez Guzmán, procedieron
cinco hijos, a saber.

I. Don Luis Rocha Gutiérrez.


II. Don José María Rocha Gutiérrez. Casó con doña Car­
men Conde.
III. Doña Concepción Rocha Gutiérrez. Contrajo matri­
monio con don Pedro José Cadena.
IV. Don Ignacio Rocha Gutiérrez. Esposo de doña Fran­
cisca Arellano.
V. Don Juan de la Cruz Rocha Gutiérrez. Casó en el
Chaparral el 20 de octubre de 1819 con doña Manue­
la Castilla, hija de don Manuel de la Castilla y de
doña Clemencia Soria. Nieta de don Agustín López
de la Castilla, nacido en la villa de Encinasola en
España en agosto de 1746, quien pasó muy joven al
Nuevo Reino de Granada, vistió la beca del Colegio
Mayor del Rosario, se estableció en el Chaparral, y
doña Antonia Galindo Romana; de don Jerónimo So­
ria Oviedo y de doña Mariana Arana Arsalús. Muri-
rió el 10 de mayo de 1848. Hijos:

1 Don Nicolás Rocha Castilla. Nació en el Chaparral.


Como diputado por el círculo del Espinal, concurrió a la asam­
blea constituyente del Estado Soberano del Tolima, que se
reunió en Natagaima, capital del Estado, y como tal signó la
constitución que este cuerpo expidió el 23 de julio de 1866. En
ese año fue también presidente de dicho Estado. Contrajo
matrimonio en Bogotá, con doña Lucía Caicedo, nacida allí
el 13 de septiembre de 1819, hija de don Andrés Caicedo y do­
ña Juana Sanz de Santamaría, casados en Santafé el 12 de
julio de 1807. Nieta de don Luis Caicedo Flórez y doña Josefa
Sanz de Santamaría Prieto; de don José Hermenegildo Sanz
de Santamaría Prieto y de doña Mariana de Mendoza Galavis-
Entre sus haberes de fortuna poseyó la hacienda del Salado,
ubicada en Coello, y las de Madroñal, Maito y Santana, sitúa-
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 203

das en el Chaparral, en donde murió el 18 de marzo de 1885.


Descendencia:

A. Don Andrés Rocha Caicedo. Fue bautizado en el Cha­


parral el 19 de diciembre de 1846. Abogado. Contrajo matri­
monio en esta población el 12 de enero de 1876 con doña Her­
minia Alvarez, hija de don Antonio Alvarez y doña Nicolasa
Guzmán, quienes casaron en Ibagué el 17 de febrero de 1853.
Nieta de don Fidel Alvarez y doña Josefa Salcedo, naturales
de Ataco; de don Carlos Guzmán Varón y doña Lucía Her­
nández, oriundos de Ibagué. Falleció en el Chaparral en 1893.
Fueron padres de:

a) Don Andrés Rocha Alvarez. Fue Director General de


la Policía Nacional y Tesorero General de la República. Casó
con doña Rosaura Cruz, hija de don Javier Cruz y doña Vir­
ginia Avendaño. Con sucesión.
b) Doña Paulina Rocha Alvarez, que casó con el doctor
Marco Aurelio Iriarte, hijo del doctor Marco Aurelio Iriarte
Castro y doña Amelia Rocha Caicedo. Con sucesión.
c) Doña María Josefa Rocha Alvarez, que casó con Aldo
Faccio, hijo de don Ambrosio Faccio y doña Ernesta Cottino.
Con sucesión.

B. Doña Cristina Rocha Caicedo. Nació en el Chaparral


el 19 de diciembre de 1848. Casó allí el 20 de febrero de 1868
con don Julián Morales, hijo de don Timoteo Moralles Ulloa y
doña Trinidad Quintero Zamora, matrimoniados en La Mesa.
Murió en Bogotá el 30 de enero de 1928. Fueron padres de:

a) Doña Ana Morales Rocha, que casó con don Daniel


Merizalde, hijo de don Antonio María Merizalde Vásquez y
doña Concepción Ramírez Castro. Con sucesión.
b) Doña Sara Morales Rocha, que casó con don Roberto
Merizalde Ramírez, hermano del anterior. Sin sucesión.
c) Doña María Morales Rocha, que casó con don Juan
Crisóstomo Osorio, hijo de don Crisóstomo Ororio Ricaurte
y doña Clara Azcuénaga Tovar. Con sucesión.
204 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

d) Doña Cristina Morales Rocha, que casó con don Juan


Gregorio Martínez, hijo de don Bernardo Martínez Montoya
y doña Lucía Gutiérrez de Uricochea. Con sucesión.
e) Don Timoteo Morales Rocha, que contrajo matrimo­
nio dos veces. En primeras nupcias, con doña Cecilia del Cas­
tillo, hija de don Pedro del Castillo Cortés y doña Santos Ce­
cilia Urbaneja Padrón y en segundas, con doña Laura Rosa
Pérez hija de don Pedro Pablo Pérez de Guzmán y doña Ma­
ría de Jesús Arrola Ruiz. Con sucesión en ambos matrimonios.
f) Don Julio Morales Rocha, que casó con doña Elena
Corredor, hija de don Julio Corredor y doña Felisa Latorre.
Sin sucesión.
g) Doña Soledad Morales Rocha. Religiosa de la Presen­
tación. !
h) Don Nepomuceno Morales Rocha. Soltero.
i) Doña Dolores Morales Rocha, que casó con don Ma­
nuel Félix Restrepo, hijo de don Félix Restrepo Pardo y doña
Amalia Briceño Fernández. Sin sucesión.
j) Doña Carmen Morales Rocha, que casó con don Elias
José Bohórquez, hijo de don Cornelio Bohórquez Salazar y do­
ña Elena Gómez Mora. Con sucesión.
k) Doña Mercedes Morales Rocha, que casó con don Ju­
lián Delgado, hijo del doctor Evaristo Delgado Borrero, natu­
ral de Popayán, abogado, y doña Susana Mallarino Cabal. Con
sucesión.
l) Don José Vicente Morales Rocha, que casó con doña
Ana González, hija de don Leónidas González y doña Susana
Contreras. Sin sucesión.
m) Don Carlos Morales Rocha, que casó con doña Ana
Adelina Martínez, hija de don Francisco Martínez Rizo y do­
ña Mariana Peñuela Vergara. Con sucesión.
n) Doña Lucía Morales Rocha, que casó con don Alfonso
García, hijo de don Víctor García-Herreros Orbegozo y doña
Dolores Pardo Ordóñez. Con sucesión.

C. Doña Amelia Rocha Caicedo- Fue bautizada en el


Chaparral el 8 de junio de 1850. Contrajo matrimonio en esta
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 205
localidad el 29 de junio de 1871 con el doctor Marco Aurelio
Iriarte, médico, hijo de don José María Iriarte y doña Casimi­
ra Castro. Nieto de don Pedro de Iriarte Rojas y doña Rosalía
Serrano Vargas; de don Francisco Javier de Castro Marizan-
cena y de doña María Francisca López de la Torre. Falleció
en Bogotá el 26 de septiembre de 1915. Fueron padres de:
a) Don José María Iriarte Rocha, odontólogo, que casó
con doña Justina Perdomo, hija de don Nicasio Perdomo Tru-
jillo y doña Rosaura Gutiérrez Gutiérrez. Con sucesión.
b) Don Jorge Iriarte Rocha, abogado, que casó con doña
Isabel Melendro, hija del doctor Mariano Melendro Varón y
doña Encamación Sema Vidales. Con sucesión.
c) Doña Lucía Iriarte Rocha, que casó con don Ricardo
Vargas, hijo de don José Vicente Vargas Martínez y doña Isa­
bel Cheyne Fajardo. Entre sus hijos contó este matrimonio
al doctor Ricardo Vargas Iriarte, fundador del hospital San
Carlos, miembro de la Academia Colombiana de Cirugía y de
la Academia Nacional de Medicina. Casó dos veces. Primero
con doña Clementina Cortés Noguera y luego con doña Isabel
Cortés Castro.
d) Don Marco Aurelio Iriarte Rocha. Nació en el Chapa­
rral el 29 de diciembre de 1876 y murió en Bogotá el 18 de oc­
tubre de 1945. Médico notable, miembro de la Academia Na­
cional de Medicina, etc. Casó con doña Paulina Rocha, hija
de don Andrés Rocha Caicedo y doña Herminia Alvarez Guz­
mán. Entre sus hijos mencionamos al doctor Eduardo Iriarte
Rocha, médico, miembro de la Sociedad de Pediatría, etc. Casó
con doña Elena Caro Pardo.
e) Don Carlos Iriarte Rocha, abogado, que casó con doña
Ana Amaya, hija de don José Joaquín Amaya y doña Benigna
Betancourt. Con sucesión.
f) Don Sixto Iriarte Rocha, que casó con doña Cecilia
Uricochea, hija de don José María Uricochea Rovira y doña
Aquilina Montoya Lbrenzana. Con sucesión.
g) Don Camilo Iriarte Rocha. Soltero.
h) Don Germán Iriarte Rocha, ingeniero, que casó con
doña María Herrán, hija de don Mauricio Herrán Mutis y do­
ña Cayetana Rodríguez. Sin sucesión.
206 boletín de historia y antigüedades

i) Amelia Iriarte Rocha. Soltera.


j) Don Benjamín Iriarte Rocha. Odontólogo. Soltero.
k) Don Manuel Iriarte Rocha, médico, que casó con doña
Emma Latorre, hija de don Rafael Latorre y doña María Za­
pata. Con sucesión.

D. Doña Claudia Rocha Caicedo. Nació en el Chaparral


el 30 de octubre de 1851, en donde contrajo matrimonio el 7
de enero de 1871 con don Emilio Saiz, hijo de don Domingo
Saiz y doña María de Jesús Páramo, casados en Bogotá el 25
de febrero de 1824. Nieto de don Manuel Saiz Mayordomo y
doña María Ignacia Catalina Roel Bemal; de don Manuel
Julián Páramo Fernández y de doña Eusebia Ortiz Barrera.
Murió en Bogotá el 11 de julio de 1938. Fueron padres de:
a) Don Domingo Saiz Rocha, que casó con doña Marga­
rita Arévalo, hija de don Esteban Arévalo y doña Agueda
Arévalo- Con sucesión.
b) Don Emilio Saiz Rocha. Soltero.
c) Doña Teresa Saiz Rocha, que casó con el doctor Cris­
tóbal Bernal, hijo de don Federico Bemal y doña Hersilia
Aza. Sin sucesión.
d) Doña Carmen Saiz Rocha. Soltera.
e) Doña Mercedes Saiz Rocha, que casó con don Carlos
Castilla, hijo de don Heliodoro Castilla Nieto y doña Evange-
lina Rocha Guzmán. Con sucesión.
f) Don José María Saiz Rocha. Soltero.
g) Doña Julia Saiz Rocha, que casó con el doctor Luis
Largacha, hijo del doctor Froilán Largacha, nacido en Popa­
yán el 15 de diciembre de 1844 y muerto en Bogotá el 5 de
mayo de 18'92, tesorero general de la república, ministro de
hacienda y fomento, del tesoro y crédito nacional, magistrado
de la Corte Suprema de Justicia, presidente de la república
en 1863 durante las sesiones de la Convención de Rionegro,
y doña Carolina Ortiz. Con sucesión.
h) Doña Isabel Saiz Rocha. Religiosa.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 207

i) Doña María Saiz Rocha, que casó con don Juan Borde,
hijo de don Francisco Borde y doña Catarina Mennoni. Con
sucesión. ...__. . *¡

E. Don José Vicente Rocha Caicedo. Fue bautizado en el


Chaparral el 19 de julio de 1853. Médico eminente. Contrajo
matrimonio en Bogotá el 27 de mayo de 1886 con doña Ale­
jandrina Vargas, hija de don Francisco Vargas y doña Elena
Gómez. Nieta de don Inocencio Vargas Martínez, bautizado en
Barichara el 3 de enero de 1798, quien fundó en Bogotá una
de las más respetables y acreditadas casas comerciales que
por más de cien años subsistió, y doña Anunciación Vargas
Calderón; de don Martiniano Gómez Vargas y de doña Do­
minga Calderón Mantilla. Falleció en Bogotá el 30 de abril
de 1914. Fueron padres de:
a) Don Francisco Rocha Vargas, que casó con doña Ce­
cilia Kopp, hija de don Leo Siegfried Kopp Koppel, nacido en
Offembach, Alemania, el 14 de agosto de 1858 y muerto en
La Esperanza, Cundinamarca, el 4 de septiembre de 1927,
fundador en Bogotá, el 4 de abril de 1889, de la sociedad de­
nominada “Kopp Deutsche Brauerei Bavaria” (Cervecería Ale­
mana Bavaria de Kopp), y doña Mary Castello González. Con
sucesión.
b) Don Vicente Rocha Vargas, que se casó con doña Ce­
cilia Durán, hija de don Guillermo Durán López y doña Mag­
dalena Durán Borrero. Con sucesión.
c) Don Nicolás Rocha Vargas, que casó con doña Isabel
Ferro, hija de don Mario Ferro Neira y doña Carmen Otálo-
ra González. Con sucesión.
d) Doña Carmen Rocha Vargas, que casó con don Gon­
zalo Córdoba, hijo del general Jaime Córdoba Velasco y doña
Enriqueta Velasco Borrero. Con sucesión.
e) Doña Elena Rocha Vargas, que casó con el doctor Luis
Piñeros, hijo del doctor Joaquín María Piñeros Piñeros y doña
Mercedes Suárez Suárez. Con sucesión.
f) Doña Mercedes Rocha Vargas, que casó con don Ber­
nardo Vargas, hijo del general Marceliano Vargas Lezaca,
208 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

quien fue diputado, gobernador de Cundinamarca y Boyacá,


ministro de Colombia en Francia y ministro del despacho en
varias carteras, fallecido en Bogotá el 28 de agosto de 1924,
y doña Inés Marroquín Osorio, Con sucesión.
g) Doña Isabel Rocha Vargas. Soltera.

F. Don Juan de la Cruz Rocha Caicedo. Fue bautizado en


el Chaparral el 25 de marzo de 1855. Ingeniero. Falleció en la
población donde vio la luz primera el 2 de septiembre de 1884.
Soltero.
G. Doña Manuel Rocha Caicedo. Nació en el Chaparral
el 2 de junio de 1858. Murió en Bogotá el 4 de junio de 1904.
Soltera.
H. Don Nicolás Rocha Caicedo. Fue bautizado en el Cha­
parral el 18 de mayo de 1860. Odontólogo. Falleció en Bogotá
el 14 de agosto de 1896. Soltero.
I. Doña Lucía Rocha Caicedo. Nació en el Chaparral el
30 de agosto de 1861. Murió en Bogotá el 17 de julio de 1936.
Soltera.

J. Don Benjamín Rocha Caicedo. Fue bautizado en el


Chaparral el 2 de abril de 1863. Contrajo matrimonio en Gi-
rardot el 9 de enero de 1913 con doña Matilde Gómez, hija de
don Helí Gómez y doña Ameba Rosillo. Falleció en Bogotá
en 1926. Fueron padres de:
a) Don Benjamín Rocha Gómez, que casó con doña Bea­
triz Marulanda, hija de don Manuel Marulanda Neira y doña
Elvira Ortiz Arango. Con sucesión.
b) Doña Manuela Rocha Gómez, que casó con el doctor
Alfredo Fonnegra, hija de don Miguel Fonnegra Posada y do­
ña Paulina Villar-Borda. Con sucesión.

K. Doña Mariana Rocha Caicedo. Nació en el Chaparral


en 1865. Murió en Bogotá el 9 de agosto de 1915. Soltera.
Don Nicolás Rocha Castilla tuvo en doña Rita Gutiérrez
a don Rafael y doña Alejandrina Rocha Gutiérrez, de quienes
hablaremos a continuación:
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 209

1. Don Rafael Rocha Gutiérrez. Nació aproximadamente


en 1833. Se doctoró en derecho. Siendo en 1865 Presidente
del Estado Soberano del Tolima el doctor Clímaco Iriarte, de­
sempeñó la Secretaría de Gobierno y Guerra. Fue magistrado
de la Corte Suprema de Justicia. En 1887 publicó en París una
obra intitulada La Verdadera y Falsa Democracia- Murió en
Girardot el 23 de enero de 1912 y fue sepultado en Bogotá.
Había contraído matrimonio en Berna, Suiza, con doña Her­
minia Galvis, fallecida en Bogotá el 18 de julio de 1945, hija
de don Nicanor Galvis y doña Sofía Hots. Descendencia:

A. Doña Silvia Rocha Galvis. Casó con el capitán Carlos


Uribe, ministro de guerra en la administración del doctor En­
rique Olaya Herrera, hijo del general Rafael Uribe, distingui­
do hombre público, nacido en la hacienda El Palmar, en Val­
paraíso, Antioquia, el 12 de abril de 1859 y muerto trágica­
mente en Bogotá el 15 de octubre de 1914, y doña Sixta Tulia
Gaviria, casados en Medellín el 8 de febrero de 1886. Nieto
de don Tomás Uribe Toro y doña María Luisa Uribe Uribe;
de don Nemesio Gaviria Restrepo y doña Adelaida Sañudo Ca­
llejas. Falleció en Bogotá el 29 de noviembre de 1966. Fueron
padres de:
a) Don Rafael Uribe Rocha. Murió muy joven en un ac­
cidente de tránsito.
b) Doña Silvia Uribe Rocha, que casó con don Ernesto
Pardo, hijo de don Jorge Pardo Umaña y doña Isabel Umaña
Díaz. Con sucesión.

B. Doña Elvira Rocha Galvis. Casó con don Federico Ole-


garay. Mexicano.

C. Don Mario Rocha Galvis. Contrajo matrimonio con


doña Ana Rosa Calderón, hija de don Florentino Calderón y
doña María Rodríguez. Nieta de don Carlos Calderón Reyes y
doña Inés Reyes Fonseca; de don Adolfo Rodríguez Aza y do­
ña María Josefa Chary. Murió en Bogotá el 3 de octubre de
1931. Fueron padres de:
210 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

a) Don Rafael Rocha Calderón, que casó con doña Car­


men Camacho, hija de don Salvador Camacho-Roldán Reyes
y doña Cecilia Koppel Holguín. Con sucesión.
b) Doña Gloria Rocha Calderón.
c) Doña Beatriz Rocha Calderón, que casó con don Al­
berto Gómez, hijo de don Alejandro Gómez Umaña y doña
Elena Tamayo Mejía. Con sucesión-
2. Doña Alejandrina Rocha Gutiérrez. Institutora. Soltera.

2. Don Rafael Rocha Castilla. Nació en el Chaparral. Hizo


sus estudios de literatura y medicina en Bogotá y luego en
París perfeccionó su ciencia en la Escuela de Medicina de la
Universidad de Francia. Al regresar al país, se radicó en Bo­
gotá, en donde ejerció la profesión con éxito y ocupó alto
puesto en el cuerpo médico. Coadyuvó en 1866 a la formación
de la Escuela de Medicina, de la que fue profesor de anato­
mía topográfica, medicina operatoria y patología externa.
Creada la Universidad Nacional, fue profesor de anatomía
durante varios años, y de los miembros fundadores de la So­
ciedad de Medicina y Ciencias Naturales. Falleció el 15 de
mayo de 1885- Había contraído matrimonio el 11 de febrero
de 1865 con doña Josefa Dordelly, hija de don Pedro Dordelly,
nacido en Génova, Italia, el 6 de diciembre de 1798, y doña
Rufina Estrada, natural de Cúcuta. Nieto de don Esteban Dor­
delly y doña Paula Garibaldi; de don José María Estrada Res­
trepo y doña Josefa Plata Vesga. Descendencia:

A. Don Pablo Rocha Dordelly. Contrajo matrimonio en


Bogotá el 15 de mayo de 1891 con doña Emma Schloss, hija
de don Carlos Schloss y doña Soledad Valenzuela, casados el
15 de agosto de 1866. Nieto de don Salomón Schloss y doña
Jane Greenfidd; de don Francisco Valenzuela Mutis y de doña
Rosario Suárez Fortoul. Murió el 4 de febrero de 1937. Fueron
padres de:
a) Don Rafael Rocha Schloss, que casó con doña Soledad
Nieto, hija de don Femando Nieto Torres y doña Soledad Ra­
mos Urdaneta. Con sucesión.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 211

b) Don Alvaro Rocha Schloss, que casó con doña Esther


Lalinde, hija de don Juan Mario Lalinde López y doña Ma­
ría Antonia Tovar Tovar. Con sucesión.
c) Doña Cecilia Rocha Schloss, que casó con don José
María Obregón, hijo de don Evaristo Obregón Díaz-Granados
y doña Isabel Arjona Zardá. Con sucesión-
d) Doña Beatriz Rocha Schloss, que casó con don Carlos
Dávila, hijo del general Juan Manuel Dávila Pumarejo, im­
portantísima personalidad en el mundo de los negocios, quien
por su clara visión y su dinamismo contribuyó en forma in-
valuable al desarrollo de Colombia, y de doña Josefina Ordó-
ñez Reyes. Con sucesión.
e) Don Pablo Rocha Schloss. Soltero.
f) Doña Leonor Rocha Schloss, que casó con don Eduardo
Alvarez, hijo del doctor Rafael Alvarez Salas, notable ingenie­
ro, nacido en Purificación el 7 de noviembre de 1859, fallecido
en Nueva York el 30 de junio de 1920, uno de los fundadores
de la Sociedad Colombiana de Ingenieros en 1887, miembro
de la American Society of Engineers y de la National Geogra-
phic Society de Washington, y de doña Rebeca Gutiérrez
Uricochea. Con sucesión.
g) Don Hernando Rocha Schloss. Soltero.

B. Don Carlos Rocha Dordelly. Contrajo matrimonio en


París con doña Lucila Leclerd. Sin sucesión.

C. Doña Rufina Rocha Dordelly. Fue bautizada en Bo­


gotá en 1873. Contrajo matrimonio con don Ignacio Sanz de
Santamaría, hijo de don Juan Nepomuceno Sanz de Santa­
maría, nacido en Nemocón el 13 de mayo de 1833, ingeniero,
institutor y dueño de la hacienda de El Diamante en la Sa­
bana, muerto en Bogotá el 29 de septiembre de 1909, y doña
Mariana Herrera, matrimoniados el 22 de abril de 1866. Nieto
de don Mariano Sanz de Santamaría Ricaurte y doña Dorotea
Lineros Vargas; del doctor Bernardo Herrera Buendía y de
doña María de Jesús Restrepo Montoya. Falleció el 6 de agos­
to de 1940. Fueron padres de:
212 BOLETIN de historia y antigüedades

a) Don José Sanz de Santamaría Rocha, que casó con


doña Cecilia Santamaría, hija de don Gonzalo Santamaría
Valenzuela y doña Mercedes Zúñiga Teac. Con sucesión.

3. Don Fermín Rocha Castilla. Nació en el Chaparral- Abo­


gado. Contrajo matrimonio el 2 de julio de 1864, en la pobla­
ción en donde vio la luz primera, con doña Casimira Iriarte,
hija de don José María Iriarte y doña Matilde Vargas. Nieta
de don Pedro de Iriarte Rojas y doña Antonia Rosalía Serra­
no Vargas; de don Lucas José de Vargas Rivas y de doña Joa­
quina Mendívil Borrero. Falleció en Ibagué el 16 de noviem
bre de 1908. Descendencia:

A. Don Elias Rocha Iriarte. Fallecido en Ibagué el 30 de


noviembre de 1907. Soltero.

B. Doña Rebeca Rocha Iriarte. Nació en Ibagué el 13 de


febrero de 1882, en donde contrajo matrimonio el 15 de fe­
brero de 1903 con el doctor Luis Umaña, gobernador del Huila
del 10 de marzo de 1913 al 15 de agosto de 1914, hijo de don
Ignacio Umaña y doña Amalia López. Nieto de don Rudesindo
Umaña Barrera y doña Justa Bustamante Ortiz; de don Mi­
guel Antonio López Palomares y de doña Pantaleona Peñuela
Jácome, quienes casaron en Alpujarra el 30 de noviembre de
1836. Falleció en Bogotá el 10 de marzo de 1932. Fueron pa­
dres de:

a) Don Alberto Umaña Rocha, que casó con doña Lola


Restrepo, hija de don Rafael Restrepo Alvarez y doña María
Vidales. Con sucesión.
b) Don Guillermo Umaña Rocha, que casó con doña Leo­
nor Díaz, hija de don Neftalí Díaz Meza y doña Irene Rugeles
Correa. Con sucesión.
c) Doña Elvira Umaña Rocha, que casó con don Rafael
Díaz Rugeles, hermano de la anterior. Con sucesión.
d) Don Bernardo Umaña Rocha, que casó con doña Bea­
triz López, hija de don Antonio López Umaña y doña Arge-
mira Villoría Arias. Con sucesión.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 213
e) Doña Soledad Umaña Rocha, que casó con don Josué
Gómez, hijo de don Pedro Pablo Gómez Luque y doña María
Josefa Pereyra Vesga. Con sucesión.
f) Doña Alicia Umaña Rocha, que casó con don Ismael
Umaña, hijo de don Ramón Umaña Rivas y doña Ana Joaqui­
na Umaña López. Con sucesión.
g) Don Luis Eduardo Umaña Rocha. Soltero.
C. Don Belisario Rocha Iriarte. Soltero.
D. Don Alcides Rocha Iriarte. Falleció en Ibagué el 16 de
abril de 1923. Soltero.
E. Don Jorge Rocha Iriarte. Contrajo matrimonio en Al-
pujarra el 9 de marzo de 1920 con doña Concepción López,
hija de don Miguel Agustín López y doña María Duque. Nie­
to de don Agustín López Peñuela y doña Manuela Concepción
Osorio; de don Jesús Duque Arboleda y de doña María de Je­
sús Gómez Gómez. Sin sucesión.
F. Doña Georgina Rocha Iriarte. Soltera.
G. Doña María Rocha Iriarte. Casó en Ibagué el 26 de
noviembre de 1907 con el doctor Manuel Antonio Botero, va­
rón de regios quilates espirituales y culturales, rector de va­
rios establecimientos de educación como el colegio de San Si­
món de Ibagué y Universitario de Bogotá. Fue secretario de
educación de Antioquia y del Tolima y autor de varios libros
de historia, de filosofía y de psicología que todavía se usan
como textos de educación media y superior en el país. Nació
en Sonsón el 16 de diciembre de 1874. Hijo de don Manuel An­
tonio Botero y doña Isabel Cadavid. Nieto de don León Botero
Villegas y doña Faustina Alvarez Londoño; de don Eusebio
Cadavid Puche y de doña Cristina Isaza Londoño. Fueron
padres de:
a) Don Alfonso Botero Rocha, abogado, que casó con do­
ña María Ignacia Borda, hija de don Ignacio Borda Angulo
y doña Isabel Wilson Hernández. Con sucesión.
b) Doña María Isabel Botero Rocha, que casó con el doc­
tor Jesús María Correa, hijo de don Alfredo Correa Henao y
doña Dominga Rengifo Ospina. Con sucesión.
214 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

H. Doña Julia Rocha Iriarte. Soltera.


4. Don Severo Rocha Castilla. Nació en el Chaparral, en
donde contrajo matrimonio el 3 de julio de 1851 con doña
Pilar Tavera, hija de don Bernabé Tavera y doña Gregoria
Tavera. Nieta de don Joaquín Tavera y doña Ana Beatriz Var­
gas; de don José Antonio Tavera y de doña Josefa Gómez-
Murió el 28 de noviembre de 1884. Fueron padres de:

A. Don Aníbal Rocha Tavera. Falleció en el Chaparral el


28 de noviembre de 1884. Soltero.

B. Don Ernesto Rocha Tavera. Contrajo matrimonio con


doña Mercedes Buenaventura, hija de don Vicente Buenaven­
tura y doña Natividad Guzmán. Nieta de don Eustacio Buena­
ventura y doña Isidora Torres; de don José Guzmán y de doña
Ciara Lugo. Fueron padres de:
a) Don Vicente Rocha Buenaventura, que casó con doña
Rosa Emilia Olaya, hija de don Agustín Olaya y doña Juliana
Nava. Con sucesión.

C. Don Uldarico Rocha Tavera- Casó en el Chaparral el


6 de agosto de 1896 con doña Julia Alvira, hija de don Antonio
Alvira y doña Matilde Durán. Nieta de don Ramón Alvira Me-
néndez y doña Ursula Castilla Soria; de don Pedro José Du­
rán Ordóñez y de doña Juana Nepomucena Alvira Menéndez.
Murió en Girardot el 29 de octubre de 1941. Fueron padres de:
a) Don Antonio Rocha Alvira. Nació en el Chaparral el
10 de noviembre de 1899. Notable abogado. Ha sido Magistra­
do de la Corte Suprema de Justicia, Profesor universitario.
Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacio­
nal, Rector del Colegio Mayor del Rosario, Ministro de Edu­
cación Nacional, Gobernador del Tolima, etc. Casó en Neiva
el 4 de enero de 1928 con doña Julia Borrero, hija de don
Delfín Borrero Alvarez y de doña Enriqueta Durán Alcázar.
Con sucesión.
b) Don Aníbal Rocha Alvira.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 215

c) Doña Julia Rocha Alvira, que casó con don Rafael Vás-
quez, hijo de don Luis Femando Vásquez Zerda y doña María
Isaza Otálora. Con sucesión.

D. Don Severo Rocha Tavera. Contrajo matrimonio en el


Chaparral el 29 de noviembre de 1906 con doña Lastenia Al­
vira Durán, hermana de doña Julia. Falleció en Bogotá el 9
de diciembre de 1920. Fueron padres de:
a) Don Severo Rocha Alvira. Ingeniero. Fue Gobernador
del Tolima en 1949. Casó con doña Beatriz Fonnegra, hija de
don Femando Fonnegra Suárez y doña Isabel Miramón Fer­
nández de Castro. Con sucesión.
b) Doña Lastenia Rocha Alvira, que casó con el doctor
Nereo Tapias, hijo de don Donato Tapias Vargas y doña Nie­
ves Pilonieta González. Con sucesión.
c) Don Alberto Rocha Alvira- Médico. Fue Gobernador
*62.
del Tolima de 1'961 a 19 Casó con doña Amparo Jaramillo,
hija de don Roberto Jaramillo Isaza y doña Inés Gómez Mejía.
Con sucesión.
d) Doña María Isabel Rocha Alvira. Soltera.

E. Doña Aleñáis Rocha Tavera. Contrajo matrimonio en


Girardot el 14 de septiembre de 1904 con don Adolfo Galindo,
hijo de don Isidoro Galindo y doña Calixta Arteaga. Murió en
el Chaparral el 2 de mayor de 1938. Sin sucesión.
5. Don Cesáreo Rocha Castilla. Nació en el Chaparral.
Contrajo matrimonio con doña María Josefa Guzmán, hija de
don Joaquín Guzmán y doña Paula Acosta, matrimoniados en
Guaduas el 21 de junio de 1822. Nieta de don Juan Vicente
de Guzmán Silva y doña María Josefa Rubio Osorio; de don
Pedro Acosta y de doña Josefa Palacios. Falleció en su ciudad
natal el 6 de abril de 1885. Fueron padres de:
A. Don Cesáreo Rocha Guzmán. Murió joven.
B. Doña Elisa Rocha Guzmán. Soltera.
C. Don Ricardo Rocha Guzmán- Contrajo matrimonio con
doña Carmen Castilla, hija de don Juan Castilla y doña Teó­
216 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

fila Alvarez. Nieta paterna de don Joaquín de la Castilla Ga­


lindo y doña Josefa Guzmán Lombo y materna, nieta de doña
Francisca Alvarez. Fueron padres de:
a) Doña Teófila Rocha Castilla. Soltera.
b) Don Cesáreo Rocha Castilla, que casó con doña Sofía
Ochoa, hija de don Marco Antonio Ochoa Casas y doña Rosa­
rio Giraldo Marín. Con sucesión.
c) Doña Carmenza Rocha Castilla. Soltera.
d) Doña Emma Rocha Castilla, que casó con don Domin­
go Echandía, hijo de don Domingo Echandía Reyes y doña
Filomena Castilla Nieto. Con sucesión.
e) Doña Elvira Rocha Castilla. Hermana de la Presenta­
ción-
f) Doña María Josefa Rocha Castilla, que casó con don
Teófilo Hoyos, hijo de don Teófilo Hoyos Ramírez y doña Ana
Rosa Ramírez. Con sucesión.

D. Don Joaquín Rocha Guzmán. Casó en el Chaparral con


doña Aparicia Mendoza, hija de don Guillermo Mendoza y do­
ña Margarita Palomino. Murió el 22 de marzo de 1826. Fue­
ron padres de:
a) Don Luis Arturo Rocha Mendoza, que casó con doña
Carmen Peralta, hija de don Pío León Peralta y doña Rosa
María Rincón. Con sucesión .
E. Doña Josefina Rocha Guzmán. Soltera.
F. Doña Evangelina Rocha Guzmán. Contrajo matrimo­
nio con don Heliodoro Castilla, hijo de don Pedro Castilla y
doña María del Rosario Nieto. Nieto paterno de don Joaquín
de la Castilla Galindo y doña Josefa Guzmán Lombo y mater­
no, nieto de doña Mariana Nieto Liévano. Falleció el 23 de
mayo de 1910. Fueron padres de:
a) Don Jorge Castilla Rocha, que casó con doña Sofía
Castilla, hija de don Juan Castilla Guzmán y doña Teófila
Alvarez. Con sucesión.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 217

b) Don Carlos Castilla Rocha, que casó con doña Merce­


des Saiz, hija de don Emilio Saiz Páramo y doña Claudia
Rocha Castilla. Con sucesión.
c) Don Bernardo Castilla Rocha, que casó con doña Ame­
lia Castilla, hija de don Vicente Castilla Alvarez y doña Sole­
dad Monroy Varón. Con sucesión.
d) Don Alejandro Castilla Rocha, que casó con doña Lucía
Samper, hija del doctor Antonio Samper Uribe y doña Emilia
Sordo Menéndez. Con sucesión.
e) Don Hjeliodoro Castilla Rocha, que casó con doña Ma­
ría Elena Castilla hija de don Manuel Eugenio Castilla Sán­
chez y doña Micaelina Varón Galván. Con sucesión.
f) Doña Eva Castilla Rocha, que casó con don Juan Ar-
ciniegas, hijo de don Belisario Arciniegas Tello y doña Er­
nestina Gaitán Poveda. Con sucesión.
g) Doña Soledad Castilla Rocha, que casó con el doctor
Helí Bahamón, hijo de don Gregorio Bahamón Cardoso y doña
Elena Gutiérrez Gutiérrez. Con sucesión.
h) Doña Isabel Castilla Rocha, que casó con el doctor
Roberto Caycedo, abogado, gobernador del Huila de 1922 a
1925, magistrado del Tribunal Superior de Neiva, etc. Hijo de
don Ignacio Caycedo Monroy y doña Eduvigis Sanmiguel La­
go. Sin sucesión.
i) Doña María Josefa Castilla Rocha, que casó con don
Carlos Galindo, hijo de don Eusebio Galindo y doña Justa
Uscátegui. Con sucesión.
G. Doña Paula Rocha Guzmán. Soltera.
H. Doña Concepción Rocha Guzmán. Soltera.
6. Don Francisco Rocha Castilla. Nació en el Chaparral.
Contrajo matrimonio con doña Bárbara Ramírez. Murió en
tal población el 17 de jul;o de 1868. Sin descendencia.
218 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

FUENTES DE INFORMACION

Archivos

Archivos de las parroquias de Campoalegre, Chaparral, Guamo, La Me­


sa, Neiva, Tarqui y de la Catedral de Ibagué.
Archivos de las parroquias de la Catedral, Las Nieves, La Capuchina
y Santa Bárbara, de Bogotá.
Archivos de las Notarías de Chaparral, Guamo y Primera de Neiva.

Obras

Arango Mejía Gabriel. Genealogías de Antioquia y Caldas. Bogotá. 1942.


Arboleda Gustavo. Diccionario Biográfico y Genealógico del Antiguo
Departamento del Cauca. Cali. 1910.
Ibáñez Pedro M. Memorias para la Historia de la Medicina en Santa
Fé. Segunda Edición. Bogotá. 1968.
Plazas Sánchez Francisco de Paula. Genealogías de la Provincia de
Neiva. Neiva. 1967.
Plazas Sánchez Francisco de Paula. Genealogía de don Agustín López
la Castilla. Boletín de Historia y Antigüedades. Volumen LVI. 1969.
Restrepo Posada José. Genealogía de la familia Páramo. Boletín de
Historia y Antigüedades. Volumen LII. 1965.
Restrepo Posada José y Sanz de Santamaría Bernardo. Genealogía
Sanz de Santamaría. Boletín de Historia y Antigüedades. Volu­
men LVII. 1970.
Restrepo Posada José y Sanz de Santamaría Bernardo. Genealogía
de la familia Gutiérrez. Boletín de Historia y Antigüedades. Vo­
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Restrepo Sáenz José María. Biografía de los Mandatarios de la Real
Audiencia (1671-1819). Bogotá. 1952.
Restrepo Sáenz José María y Rivas Raimundo. Genealogías de Santa
Fé de Bogotá. Bogotá. 1938.
Rodríguez Plata Horacio. La Inmigración Alemana al Estado Soberano
de Santander en el Siglo XIX. Bogotá. 1968.
CARTAS A DON ALEJANDRO OSORIO

Don Alejandro Osorio es un procer de la Independencia


tan notable e interesante como desconocido y olvidado. Por
ejemplo, en el Diccionario Biográfico (Bogotá, 1879) de Scar-
petta y Vergara, donde figuran hasta personajes de quienes
apenas se conoce el nombre, los autores incalificablemente
omitieren al doctor Osorio, cuando debían saber muy bien que
“sus servicios, hazañas y virtudes” lo hacían harto merecedor
de figurar entre los más meritorios “campeones de la Liber­
tad”, como reza la portada de ese apreciado diccionario.
Del archivo de mi bisabuelo Osorio queda muy poco. Oí
decir en mi familia que sus hijos le entregaron muchos de los
papeles a un historiador que naufragó con ellos: debió de ser
quizá a don Felipe Larrazábal.
Yo doné al Archivo Nacional todos los referentes a sus
haciendas de Quiroga y Llano de Mesa, documentos que for­
man actualmente un tomo íntegro de la sección “Tierras de
Cundinamarca”. Doné así mismo unas cartas familiares a mi
primo don Felipe Osorio Racines, porque él guarda cuidado­
samente la mayor parte de lo que aún resta.
Un libro manuscrito, iniciado por mi abuelo don Alejan­
dro Osorio Ricaurte, registro de la descendencia de Osorio, lo
heredó y conserva mi sobrino don Eduardo Vargas y Sanz de
Santamaría, dos veces cuarto nieto del procer-
Y los originales que hoy se publican por primera vez (ex­
cepto la carta de Bolívar) han pasado por muchas vicisitudes,
pues han sido escamoteados, vendidos, devueltos y recupera­
dos, y bueno es que no perezcan. Hace varios lustros los cla­
sifiqué y ordené y los hice encuadernar, pero no los copié.
Hoy pertenecen a un trisnieto, mi sobrino don Gustavo Rueda
Osorio, quien los heredó y amablemente me los prestó con
este fin. Se han transcrito, para facilitar su lectura, sin abre­
viaturas y con ortografía y puntuación modernas. Son cartas
y esquelas de desigual importancia, pero hemos preferido no
discriminarlas con ese criterio y publicarlas todas, porque son
una auténtica expresión de su época.
Bernardo Sanz de Santamaría
220 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

París, octubre 31 de 1859


Señor Doctor
Alejandro Osorio.
Bogotá.
Muy apreciado señor mío:
Es muy grato para mí el deber de contestar a la atenta
carta que usted se ha dignado escribirme con fecha de 11 de
agosto.
Tuve el placer de conocer y de tratar, durante mi viaje
a este lugar, al señor Nicolás Osorio, digno hijo de usted. Él
es un joven de tan buenos sentimientos, y su conducta es tan
caballerosa que es imposible verle sin quererle, o tratarle sin
estimarle. Ojalá pueda yo alguna vez serle útil en algo, para
merecer la carta con que usted me ha honrado, porque hasta
ahora nada he hecho ni podido hacer, que me haga acreedor
a esta distinción, que estimo, sin embargo, y agradezco pro­
fundamente, y con tanta mayor razón cuanto que ella me
presenta la oportunidad, que yo había deseado tener ha mu­
cho tiempo, de ofrecer a usted mis servicios, y suscribirme, co­
mo lo hago con mucho gusto, de usted muy atento y obsecuen­
te servidor,
Julio Arboleda

Señor Alejandro Osorio.


Imola, 31 de mayo de 1851
Muy apreciado señor y amigo:
Acompaño con ésta a monseñor Lorenzo Barili, enviado
de la Santa Sede en la Nueva Granada. El nombramiento de
él es muy propio para el oficio distinguido a que lo ha desti­
nado el Santo Padre, y estoy cierto de que su misión será en
un todo satisfactoria a los buenos granadinos, y que los ne­
gocios religiosos del país aventajarán con el influjo de per­
sona tan ilustrada y tan llena de las prendas necesarias para
ese encargo. No es por tanto necesario que yo lo recomiende
a usted en nombre de nuestra amistad, seguro de que usted
se ocupará muy gustoso en cuanto sea menester. Renuevo a
usted mis respetos y soy como siempre su muy adicto servi­
dor y amigo,
Cayetano Cardenal Baluffi.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 221

Señor Alejandro Osorio.


Guanare, 25 de mayo de 1821
Mi querido amigo:
Hoy he tenido una noticia muy agradable: La Torre se
ha ido para Caracas con sus mejores tropas y se dice que es
por una insurrección en aquella capital. El hecho es que muy
grande novedad lo ha llevado allá; pues sólo la aproximación
de Bermúdez no es bastante, porque el ejército de Morales
es suficiente para rechazar a Bermúdez. Una carta del padre
de Ospinos dice que al entrar nuestras tropas en Caracas pe­
reció el coronel Monagas con su batallón de Valencia; y que
el que refiere la noticia ha visto en Valencia los emigrados
de Caracas. También afirma otras muchas cosas que no son
creíbles.
El ejército va a marchar mañana para San Carlos para
impedir que destruyan a los patriotas de Caracas o al general
Bermúdez que en efecto debía estar ya en sus cercanías. No
espero por los cuerpos de Páez y Urdaneta porque esta demora
puede sernos ruinosa. Sin duda alguna las circunstancias son
demasiado favorables para no aprovecharlas.
En este estado he recibido el correo que usted me ha
mandado del 16, que contiene las noticias más lisonjeras. To­
do va bien por Europa, por el sur, y por acá. Si la fortuna
no se burla descaradamente de nosotros, Colombia será libre
y reconocida en este año.
El boletín del gobierno no es tal boletín, ni es del go­
bierno, sino del congreso. Perdóneme su autor que no conozco,
ñero este papelucho nos va a hacer risibles a los ojos de todos
los hombres. Los mismos españoles, que son los últimos en
la escala de la civilización, nos han dado un modelo en sus
diarios de Cortes.
Sobre negocios extranjeros de Hacienda, de Justicia y de
Interior no espere usted que yo me mezcle en nada. Si algo
indico es como un simple ciudadano; estando resuelto a no
mandar más un Estado en que todo va contra mi sentir y en
que hasta los hombres más ilustrados obran como el señor
Zea. Estoy como se dice aburrido con lo aue se habla, piensa,
escribe y hace. Con esto he dicho a usted todo. No puedo ser
ciudadano de Colombia, con cuyas leyes no me conformo. He
presentado un proyecto de constitución que no se aprobó.
Aquel proyecto era mi condición para Ser ciudadano de Co­
lombia. No habiéndose adoptado, estov cierto de que no ha­
brá estabilidad política y social; y añado que aquel mismo
proyecto no contiene todo lo que yo pienso que se requiere
para asegurar nuestra existencia.
222 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Si llego a Caracas llego al puerto que ando buscando


ocho años ha; y de allí quién sabe para donde me voy. Esta
resolución me la confirma lo que dice Zea de Vergara, la que
yo veo en el bajo pueblo y el odio que se profesa a los liberta­
dores de su patria por la vil canalla de los egoístas que se
dice pueblo. Santander, por ejemplo, que ha servido divina­
mente a su patria, es el que está más odiado y de aquellos que
profesan la indiferencia más absoluta del bienestar nacional.
Nada, amigo, ni aún la perspectiva más lisonjera que se
ofrece ahora a la vista aplaca el horror que le tengo al servi­
cio público: sólo los ambiciosos o los malvados pueden tolerar
las penas anexas a una grande autoridad; o solos los ángeles
y dioses son capaces de conducir con perfección la nave del
estado. Y no siendo yo ni uno ni otro no me atrevo a embar­
carme en tal navio como piloto. Además yo estoy enfermo,
aburrido y cansado hasta el extremo; he agotado mi paciencia
en once años de servicios y mi primer impaciencia ha vuelto
al galope para que se cumpla el adagio: carácter y figura
hasta la sepultura.
Adiós, mi querido amigo, mande usted a su afectísimo,
seguro servidor que besa su mano,
Bolívar.

.. .particular con todas las seguridades que desee. El señor


López Méndez podrá concluir con vuestra excelencia y demás
jefes y oficiales las estipulaciones que juzguen convenientes
antes de emprender su viaje a Venezuela.
Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.
Bolívar.

Saldaña, octubre 3 de 1818


Mi amadísimo Alejandro:
Don Hermenegildo Bravo, conductor de ésta, necesita
el auxilio y luces de usted para justificarse de algunas impu­
taciones que le ha formado el padre Tavera, cura de Coyaima,
por las que tal vez se le ha suspendido en el corregimiento.
Se ha manejado con la mejor conducta, y nos interesa mucho
que sea restituido. Abunda de documentos con qué justificar­
se y tiene metralla suficiente contra sus enemigos. Yo espero
de usted que mueva cuantos resortes sean posibles para su
boletín de historia y antigüedades 223

restitución; pues a más de lo expresado, el sucesor es poco


agradable. En una palabra conviene que mire usted este asun­
to como si fuera mío.
Pacho quería escribir a usted sobre esto mismo, pero aún
no ha llegado de su hato, a donde se fue ayer. Recxba usted
mil expresiones de él, de Juana, Rufina y demás de esta su
casa, y con particularidad de su afectísimo estimador y mejor
amigo,
Domingo Caycedo
Señor Doctor Don Alejandro Osorio.

Purificación, 16 de noviembre de 1819


. ¡f i
Mi amadísimo Alejandro:
El ciudadano Manuel Lugo, portador de ésta, sigue con
el objeto de que se le rebaje alguna cantidad del donativo
que un comisionado del gobierno de Mariquita le ha impuesto.
Espero que en atención a su decidido patriotismo, de que va
documentado, y a las buenas cualidades que adornan a este
sujeto, me lo atiendas como merece. El está pronto a hacer
cualesquier sacrificio en favor de la causa; pero el modo con
que se le quiere exigir el presente le va a causar una pérdida
irreparable.
Con mucho trabajo he conseguido algún fierro de Honda
con el objeto de hacer las lanzas; pero carecemos absolutamen­
te de herreros, y las que se han hecho son muy malas. Esto
mismo oficié al general, y mandé a significar verbalmente
con Pacho Morales; así pues creo sería mucho mejor se hi­
cieran en ésa las lanzas y mandaríamos por ellas cuando me
avisares; de otro modo sería imposible conseguir un número
considerable en mucho tiempo.
Procura que se tomen pronto providencias sobre el bata­
llón, pues ya estos pueblos miserables no lo pueden sostener
sino con mucha dificultad.
No dejes de comunicarme cuanto ocurra interesante.
Ocupa siempre con la mayor franqueza a tu afectísimo amigo
que te desea salud y felicidad.
D. Caycedo
224 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Antonio B. Cuervo tiene el honor de saludar al señor Ale­


jandro Osorio R. y de manifestarle que, deseando obsequiar
a su amigo y ahijado, el presbítero Antonio J. Sucre, espera
se sirva concurrir a una reunión que, para el efecto, tendrá
lugar en su casa de habitación mañana a las doce del día.
Octubre 3 de 1857.

Señor Doctor Alejandro Osorio.

Mi estimado amigo:
Según los datos que me ha suministrado la casa de mo­
neda, resulta que los derechos correspondientes al estado por
quintos, fundición y amonedación del oro, alcanzan a 11 pe­
sos, 2/4 reales por ciento; mas como deben deducirse los
sueldos de los empleados, gastos de braceaje, etc., quedará
reducida la utilidad líquida a menos de un diez por ciento,
pues usted sabe que no hay mucha economía en nuestras ca­
sas de moneda, ni es posible obtener noticias bien exactas de
lo que cueste a la república la amonedación para calcular
lo que producen a la nación los impuestos sobre el oro.
Soy de usted con toda consideración atento amigo y muy
obediente servidor,
Rufino Cuervo
Martes, 28 de febrero de 1843.

Ciudadano Doctor Alejandro Osorio.

Socorro, diciembre 10 de 1819


Mi pensado amigo:
Permítame usted que la primera vez que le escribo sea
para molestarlo en asuntos personales. El que ahora ocurre
ha venido a ser de importancia para este su amigo. Me he
enfermado gravemente y con este motivo dirijo a su excelen­
cia con esta misma fecha una representación solicitando se
me permita pasar a esa capital a medicinarme, bien sea con
una licencia temporal o bien admitiéndome la renuncia que
hago. Yo no creo que haya un motivo para la negativa; pero
si así fuera estoy casi seguro de que sería mi sentencia de
muerte.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 225

Usted se halla inmediato al señor vicepresidente, y así por


su destino como por otras mil causas, no dudo de la eficacia
de su interposición en mi favor y que la hará valer en obse­
quio de nuestra amistad.
^Bien sea’que se admita mi renuncia^ o bien que se me dé
una Ucencia, yo debo indicar a usted los sujetos de esta pro­
vincia que podrían ocupar este destino y desempeñarlo con
indecibles ventajas al que lo ocupa en la actualidad. Estos son
el abogado doctor Joaquín Plata, residente en esta villa y el
ciudadano José María Gómez Rueda, de Barichara. Yo me
tomo la Ubertad de hacer esta indicación para que haga de
ella el uso que estime conveniente, y en el concepto de que en
esa capital hay personas de esta provincia que tienen un co­
nocimiento de sus habitantes, y de ellos se pueden tomar los
informes que se deseen; pues el acierto en la elección para los
de esta naturaleza me parece de una trascendencia infinita.
Concluyo con repetir a usted mis súplicas sobre que apo­
ye mi sohcitud. Entre tanto no tenga usted ocioso el buen
afecto con que desea servirlo su invariable amigo, seguro ser­
vidor que besa su mano,
Diego F. Gómez.

Nos Antonio Herrán, por la gracia de Dios y de la Santa Sede,


Arzobispo de Santa Fé de Bogotá.
Por cuanto el señor doctor Alejandro Osorio nos ha ma­
nifestado la necesidad que tiene de un oratorio en su ha­
cienda de “Llano de Mesa” en jurisdicción de la parroquia
de Santa Bárbara de esta ciudad, hemos tenido a bien decre­
tar lo siguiente:
Santa Fé de Bogotá, a 1Q de julio de 1857. Expídase nue­
vamente el título del oratorio de “Llano de Mesa” pertene­
ciente al doctor Alejandro Osorio, con expresión de que en él
pueden cumplir con el precepto de la misa todas las personas
de la misma hacienda o que accidentalmente se encontraren
en ella. Se podrán también administrar los sacramentos de la
penitencia y eucaristía a los individuos de la familia. El Arzo­
bispo. Fonseca, secretario.
Por tanto mandamos librar y libramos el presente, que­
dando el agraciado en posesión de la licencia mencionada con
226 boletín de historia y antigüedades

arreglo a los términos del decreto inserto. Dado en Santa Fé


de Bogotá, a primero de julio de mil ochocientos cincuenta
y siete. i¡ f í
(Hay un sello verde). Antonio Arzobispo de
Santa Fé de Bogotá.

El secretario, Gregorio
de Jesús Fonseca.
Registrado: Libro 29, folio 47.

Santa Fé de Bogotá, 26 de marzo de 1860.


A petición del señor Alejandro Osorio, ampliamos este
título de la manera siguiente: podrá celebrarse allí el santo
sacrificio todos los días, con excepción del triduo de semana
Santa, aunque no esté allí sino un solo individuo de la fami­
lia, y en los días de precepto cumplirán con él todos los que
se encuentran en la hacienda; pero para que no sean privados
los colonos de la palabra divina, el sacerdote que celebrare
hará una breve explicación del evangelio. En la misma capi­
lla u oratorio podrán administrarse los santos sacramentos
de la penitencia y la eucaristía a las personas que lo desearen,
pero no podrá cumplirse con el precepto anual de confesarse
y comulgar. Ultimamente, en cada año por una vez podrá
retirarse un retiro hasta de nueve días, en beneficio de los
colonos o arrendatarios. Se pondrán en conocimiento del res­
pectivo cura por el agraciado las precedentes licencias, y pu­
diéndose decir hasta cuatro misas el día de la comunión
de los ejercicios espirituales-
Antonio Arzobispo de
Santa Fé de Bogotá.
El secretario, Gregorio
de Jesús Fonseca.
He revisado estas licencias y están corrientes.
Bogotá, abril 19 de 1865. Juan Manuel García Tejada.
Llano de Mesa, hacienda que fue del procer Alejandro Osorio,
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 227

Para Alejandrito Osorio.


Del P. L. (en el dorso).
Mi muy amado Alejandro:
La cartita que usted me escribió me complació sobrema­
nera. Pido su continuación, con 100 tercios de noticias sobie
el seminario y compañeritos colegiales. Yo estoy sin novedad
y muy contento con mis cachifos. Aquí me falta un niño muy
amable que dejé en Bogotá, llamado Alejandro Osorio; si usted
lo viere, dígale de mi parte que pienso mucho en él, que lo
quiero en extremo y que venga en compañía del padre L.
Amoros. Salude usted a este último en mi nombre; no lo
enfaden ustedes con trampillas y faltas de silencio; de otra
suerte se exponen ustedes a que les den un padre de armas
tomar, que me les ponga los puntos sobre las ii.
Adiós mi muy amado; encomiéndeme usted sin cesar a
nuestra mamita la virgen María, y mande usted a su afectí­
simo amigo, José Segundo Laínez.

Pasto, 19 de septiembre de 1847


Mi queridito Alejandro:
Cuanto más me alejo de Bogotá más me acuerdo de us­
ted. Antes de meterme otra vez en los montes, he querido
escribirle a usted dos liniecitas, para manifestarle lo mucho
que lo aprecio y que no lo he olvidado. Me hace usted tanta
falta que no puede ser más.
Mi viaje fue feliz hasta Pasto; una sola vez me sucedió
una desgracia, de que usted y Juan Crisóstomo se hubieran
reído mucho si la hubieran presenciado. Montaba yo un ma-
chito muy vivarraco (sic) y que al parecer era capaz de apren­
der latín, solfa, y quién sabe si también griego. Un día, pues,
le quité la silla y lo llevé al río para que bebiera. Después que
hubo bebido, lo monté a pelo. Pero descubrió una habilidad
más, la de bailar; y bailó con tanto garbo una especie de polca,
que su abuela le enseñó, que me tiró por las orejas y me hizo
bailar a mí la misma polca por el aire. Pero no me lisió en
nada; sólo sí se quedó mirándome con mucha atención, y
como que se reía de verme patas arriba en el suelo-
Ahora voy otra vez a Mocoa; si usted pudiera venir con
Juan Crisóstomo les regalaría unas canoítas, mi escopeta y
228 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

un perrito muy bonito, para que se divirtiesen mucho. Pero


me dirán ustedes que no hay tiempo y que los exámenes están
encima. Es verdad, mi hijito; y desde ahora les doy a los dos
los parabienes por el buen resultado. No deje usted de escri­
birme y darme parte de todo y de quiénes se han lucido más.
Cuidadito con ser siempre buen seminarista; cuando us­
ted sea mayor se alegrará de haber trabajado. El joven vir­
tuoso y aplicado es la gloria de su familia, el consuelo de sus
maestros y la esperanza de la patria.
Expresiones a Juan Crisóstomo, a Rafael Arboleda, a
Arrublas el pequeño, a Carlos Merizalde, a Simón Herrera, a
Quevedo, etc.
Dígale usted al padre Amoros y al padre Trapiella que
luego les escribiré.
Su afectísimo amigo, José Segundo Laínez.
(En el sobrescrito) Para mi queridito Alejandro.

Al señor doctor Alejandro Osorio.


Putumayo, San Juan de Cuimbé, a 16 de noviembre de
1847.
Mi muy apreciado señor doctor Osorio:
Acabo de recibir en estas soledades su muy grata carta,
que pienso conservar toda mi vida, por lo mucho que me ha
gustado- Ella me ha animado y consolado al mismo tiempo;
la leeré muy a menudo, pues está llena de unción, de buenos
consejos y de verdades que sólo podían salir de un corazón
cristiano como el de usted, y tan afecto a nosotros como sa­
bemos lo es el que la escribió. Ni un padre provincial la hu­
biera puesto mejor. Hablo con sinceridad. Doy pues a usted
las más rendidas gracias por eso y por las excelentes dispo­
siciones que ha dado a la Prefectura.
Estoy sin novedad haciendo una nueva correría. El señor
Pineda se porta muy bien hasta ahora. Todavía no han venido
sacerdotes a las misiones; pero no por culpa del señor obispo,
pues hace cuanto puede para encontrar algunos buenos y no
le ha sido posible. Sólo existen dos de los antiguos. Yo estoy
esperando uno de los padres de Popayán, pues he sabido ha­
bían llegado ya de Europa los que se esperaban.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 229

Con mucho placer he leído la carta de mi Alejandro; lo


quiero más o tanto como usted.
Ya se acerca el congreso; tiempo de malos ratos; buen
ánimo. Hubiera deseado haber enviado a usted para esa épo­
ca alguna buena relación, pero la llegada y visita del señor
Pineda me impedirá el ir tan pronto como yo quería a la
conquista de los orejones.
Encomiéndeme usted mucho a la Santísima Virgen, y
atenga usted la bondad de saludalr afectuosamente en mi
nombre a toda esa muy apreciable familia, en particular a
Alejandro y Juan Crisóstomo, y usted mande con confianza
a su afectísimo servidor que su mano besa,
José Segundo Laínez, misionero-
(En el sobrescrito) Al señor doctor Alejandro Osorio,
Secretario de Estado de Gobierno.
Bogotá.

El Conde Ledochowski saluda muy atentamente al se­


ñor doctor don Alejandro Osorio y le ruega quiera hacerle el
honor de acompañarlo a la comida, el domingo próximo, 18 de
los corrientes, a las tres de la tarde, en la casa de la Delegación
Apostólica.
Bogotá, abril 13 de 1858.

Reservada
Señor doctor Alejandro Osorio.
Panamá, noviembre 23 de 1847.
Compañero honorable y estimado señor desde el primer
congreso constitucional:
Arribé a este puesto desde el 3 de febrero, del año pasado,
y en donde hallé tantas dificultades, imposibles de vencerse,
que al punto me dirigí a esa Secretaría manifestando las que
al pronto pude conocer. Pero el espacio de un año y nueve
mesetf me han hecho tocar de bulto la imposibilidad absoluta
de ser obispo solo y sin cooperantes casi de ninguna clase,
230 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

como me lloro. Si los busco en el capítulo, me hallo con iner­


cia y oficios retardados en su contestación- Cuanto se les ha
prevenido de adjuntos que deben nombrarse cada año, de
conciliarios, de cuentas rendidas anualmente delante de dos
miembros dignidades y dos del clero, en iin, casi todo cuanto
en todas las iglesias es notorio, aquí lo extrañan, les parece
nuevo, lo resisten hasta que disgustados se rinden. Si busco
por fuera, los vicarios con mucho retardo; eluden las provi­
dencias de estudio para no tener que hacer y que continúen
las densas tinieblas, en que gime abismado un ciero cuyo ma­
yor número ni saben leer latín y acaso ni romance; ni hay
rentas de dotación en el seminario que se llama y que apenas
sirve para una cátedra de latín y otra de moral práctica y a
las que concurren los ya sacerdotes, que con amenazas de
suspensión estudian un algo de sus deberes, sin que se espere
que haya quien aspire a morirse de hambre, siguiendo carre­
ra en una diócesis que está despojada de todas las capellanías
de jure devolutivo, y cuyos curatos, sin obvenciones propor­
cionadas, no pueden ser pretendidos sino de los que quieran
agenciar subsistencia por otros medios que los del sagrado
ministerio. Casi ninguna persona de educación pretende el
estado eclesiástico: los modelos que en él se ven son espanto­
sos por conducta, por miseria y por insuficiencia. La mala
conducta, hija de la ignorancia y de la ninguna preparación
para órdenes, se ennegrece y se apura más con la miseria
causada, parte por la perturbación de todo, que es efecto de
la revolución, y parte porque ni el arancel parroquial les pro­
vee, ni el obispo puede socorrer en la oportuna necesidad con
alguna capellanía destinada a este propósito. Fero siendo más
calamitosa la insuficiencia ¿por qué se retarda el estatuto,
que con tanta prisa se me exigió para que a vuelta de correo
fuese remitido desde marzo, y en efecto lo remití? Si tienen
tropiezos sus artículos, los allanaré como pueda; y si no los
tiene ¿porqué tanto retardo?
Sobre no cubrirme la asignación los gastos de visita, las
deudas anteriores a mi consagración, ni las posteriores a ella,
tengo el disgusto de no tener maestros para el seminario,
hombres de instrucción y buen ejemplo, como jesuítas del
nuevo colegio de Bogotá. Ah! Si pudiera yo lograr siquiera
tres para este pobre clero. Cómo se lo premiaría Dios a usted
si un hombre de su recomendable cristiandad y noble patrio­
tismo me consiguiese el que para las misiones de Natá, Villa
de los Santos, Alanje y Darién se formase aquí un colegio,
cuyo claustro de jesuítas y templo, a poco esfuerzo que ellos
hagan, todavía existen casi útiles. Deseo infinito que usted
me alumbre el modo con que pueda lograrse este medio de
salud y orden, y crea que, si me atiende, ningún mérito bri-
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 231

liaría en la presencia del soberano Juez como el que usted


hará procurando efectuar este mi designio.
Compadézcase usted de mi suerte en un país enfermo,
caro, sin amanuenses, sin sujetos ni para consulta, ni para
secretario; en donde el término amigo y prójimo son difíciles
de hallarse en la sencilla significación propia ¿qué digo? en
donde se vive sin más sociedad que la de los cumplimientos
o civilidades comunes, que no entran de los labios, si no es
que encuentro padres sacerdotes que me traten de Sacra Real
Majestad. En fin, usted lea todo esto y consérvelo en secreto,
con toda la reserva del sigilo natural, porque si alguno de este
país lo sabe que a usted comunico esto ¿quién saldrá garan­
te del resultado?... Pero cuando desde 1823, en la primera
reunión constitucional, conceptué a usted hombre de pro, no
puedo menos que dar este paso reservado, porque así como
oficialmente me ha apuntado usted la conformidad con el
arancel parroquial de la arouídiócesis, así también lo solicito
confiado para que su ingenio me inspire, para descargo de
mi conciencia, no sólo los arbitrios que crea más convenien­
tes, sino también que emplee su poderoso influjo para que se
ejecuten, no olvidando el arancel de curia eclesiástica, sm el
cual no me es posible costear la santa pastoral visita; porque
en esta diócesis desde ab initio por cada testamento visitado
y obras pías se han pagado al obispo doce pesos y cuatro
reales, de lo que costeaban mis predecesores los gastos creci­
dos que se erogan en muy caras cabalgaduras, sin que el pre­
lado pueda ser auxiliado de los curas en casi nada, por ser
casi todos los curatos’ sumamente pobres.
Conjeture usted qué tanta es la miseria que en esta ca­
tedral desde los años de 8, 9 o 10, ni ha alcanzado la fábrica
a costear aguamanil en la sacristía, ni el incienso en las misas
mayores en lo£ días de trabajo, ni el poco carbón cuotidiano
para el incensario, y ni hay un monaguillo para portar ciria­
les, por ser tanta la inopia; ni menos se halla un algo de gene­
rosidad en prebendados para su propio servicio, que podían
reunidos costear siquiera uno ¡ni soñarlo! ¡Mezquindad!
¡Abandono!
Perdone usted mi molestia y empeñe usted por Dios Nues­
tro Señor su talento en mover totts viribus los resortes de su
alcance, como que este es mi último oficio o último esfuerzo
antes que presente la renuncia de un puesto imposible de sos­
tenerse sin los recursos necesarios, y que circuido a la vez de
tantos deberes temporales y con responsabilidades de acusacio­
nes y suspensiones, que, perturbado el ánimo, casi nunca está
expedito para los actos divinos y demás obligaciones espiri­
tuales que son esenciales a la Mitra.
232 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Crea usted que aunque mi aprecio a su persona ha estado


oculto en tantos años, no por eso ha sido olvidado el mérito
que lo funda, y renovado en mi corazón crece el afecto en su
intensidad cuanto más respecta las prensas relevantes que
me obligan a suscribirme siempre de usted su seguro estima­
dor sin término y capellán,

Juan Francisco, Obispo de Panamá.

(Juan Francisco del Rosario Manfredo y Ballestas).


(En el sobrescrito) Franco.
Señor doctor Alejandro Osorio.
Bogotá.

Señor doctor Alejandro Osorio.

Bogotá, 7 de noviembre de 1856

Mi apreciado y distinguido amigo:


Si Dios me da vida, salud y licencia, mañana es mi mar­
cha de esta ciudad para, Cartagena. Tengo el honor de salu­
darlo en compañía de mis señoras Josefita y Emilia. No me
fue dable darle un estrecho abrazo que tal vez hubiera sido
el último de esta vida; pero ya que no pude gozar de esta sa­
tisfacción, sírvase, le suplico, aceptar mi corazón, que queda
depositado en su pecho y en los de toda su familia. ¡Adiós, mi
querido y buen amigo! ¡Adiós, mi caro padrino! Unámonos
en la oración delante de Dios para vemos y estrechamos con
gozo eterno en la vida venidera.
Su corazón y los de la familia van en mi pecho. No pue­
do continuar. Reciba el afecto y distinguidos sentimientos de
estimación de su menor amigo y servidor,

Bemardino (Medina y
Moreno, Obispo de Carta­
gena). ___ :

(En el sobrescrito) Al señor doctor Alejandro Osorio en


el Rincón de Yerbabuena.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 233

Señor doctor Alejandro Osorio. Bogotá.


Cartagena, 22 de enero de 1857.
Mi muy pensado y apreciado amigo:
Hoy me trajo el correo la estimable de usted del 9 de este
mes, cuya lectura me ha llenado de satisfacción, ya por sa­
ber que se mantiene bueno en compañía de toda la familia,
ya porque me pone al corriente, aunque por mayor, de lo su­
cedido en esa en los momentos de la transición de los años,
ya finalmente porque sé que se segregaron de la Yerbabuena
y pusieron a La Mesa. Cualquiera que sea el puesto que usted
elija para pasar sus días me interesa saberlo, a fin de hacer
más fija la dirección de mi intención cuando pido a Dios por
usted y familia. Va el administrador a cerrar el correo, no
tengo más tiempo. Salúdeme a mis señoras Ignacia, Matilde,
Emilia, Josefita e Inés, y señores Alejandro, Ignacio, Crisós­
tomo, Nicolás y demás de casa. Dígale a mi señora Ignacia
que no le escribo en este correo porque no me alcanza el tiem­
po. Estoy bueno, fui recibido espléndidamente. Quedo su muy
afectuoso amigo que lo estima de veras. Reciba, con mi ben­
dición, los vivos deseos de que el Señor lo colme de toda con­
solación.
Bernardina, Obispo de Cartagena-
(Bemardino Medina y Moreno).

Señor doctor don Alejandro Osorio. Bogotá.


Cartagena, 16 de abril de 1857.
Muy apreciado padrino y distinguido amigo:
Tengo el honor y satisfacción de saludar a usted con toda
la expresión de mi afecto, en compañía de toda la familia,
con quien le deseo la consolación y paz de Nuestro Señor Je­
sucristo.
Yo estoy convencido que a usted no le gusta ya absoluta­
mente ningún asunto temporal y menos de los que corres­
ponden al laberinto del foro. Yo no quisiera causarle molestia
y dejarlo en la tranquilidad del retiro a donde, sustraído del
bullicio mundano, se ha elegido método de vida particular.
234 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Sinembargo me he visto obligado a conferirle el poder


adjunto a los documentos que le incluyo, por ser un negocio
perteneciente a mi iglesia y de una importancia vital para mi
seminario, y a ningunas otras manos que a las suyas me pa­
reció conveniente confiarlo. El poder contiene la cláusula de
sostituir (sic), y cuyo asunto le encarezco sobre manera. Es­
pero que, por amor de Dios y su Iglesia, se servirá aceptarlo
y desempeñarlo como si fuera un negocio propio.
Sírvase saludar a toda la familia y aceptar los sentimien­
tos de estima y consideración de su afectísimo ahijado, verda­
dero amigo y seguro capellán,
Bernardino, Obispo de Cartagena.

(Bernardino Medina y Moreno).

Señor doctor don Alejandro Osorio. Bogotá.


Cartagena, 18 de noviembre de 1857.
Muy apreciado amigo y respetado señor:
Las muy estimables de usted no pude verlas sino hasta
mi regreso de la Santa Visita, que comencé en mayo, pues la
primera que trajo el correo así como la que condujo monse­
ñor Barili fueron guardadas hasta que regresé en octubre
pasado; esta es la razón por que no había escrito a usted,
pero que ahora con sumo placer, cumplo este sagrado deber.
En cuanto a las instrucciones y demás conocimientos que
usted me exige para desempeñar el poder que le conferí, estoy
haciendo las diligencias y apenas obtenga los debidos' conoci­
mientos daré a usted el cumplido.
El señor Barili, amigo muy amado, ha deiado un profun­
do sentimiento en todas las ciases de la sociedad granadina:
él supo ganarse los corazones de todos; él simpatizó por todas
partes; él dejó recuerdos muy gratos, supo merecer bien de
todos. Feliz Bogotá que tuvo, como Cartagena, la dicha de re­
cibirlo, conservarlo y decirle el postrer adiós. Yo fui privado
de esa satisfacción; yo no tuve otra cosa que conocerlo, que
verlo, para que me cupiese la gran pena de sentirlo y de llo­
rarlo como se llora al padre que ha expirado. Ya se fue, ya no
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 235

lo volveremos a ver, ya no gustaremos de su amena conversa­


ción, ya nos dejó y apenas volveremos a reunimos con él en
el último día de los siglos y en el cielo, mediante la gracia
divina.
He celebrado mucho el himeneo del señor don Ignacio;
yo me congratulo con toda la familia y les doy la enhorabue­
na; yo ruego a Dios que se digne bendecirlos' de una manera
especial y hacer de ellos la familia y la casa de otro Abraham,
de otro Isac (sic), de otro Jacob, sobre quienes desciendan las
lluvias de la gracia y de la santificación.
Mucho placer he sentido al saber que en la casa y en
la familia no ha habido novedad. Estimo con una justa apre­
ciación las afectuosas saludes de todos y los recuerdos con que
se dignan honrarme; yo los retomo con un afecto singular y
espero de la bondad de usted que se digne darles a todos y
cada uno, así en esa como en Yerbabuena, por mí muy ex­
presivas saludes.
Yo duré en la visita cinco y medio meses; aún no he re­
corrido la tercera parte de la diócesis, mas me fue bien, con­
servó Dios mi salud, regresé ya en invierno y me mantiene la
misericordia divina bueno.
Tenga la bondad de aceptar los sentimientos de un sin­
gular aprecio y distinguida estimación, con que quedo deseán­
dole la salud, consolación y paz de Nuestro Señor Jesucristo,
y me suscribo su muy afectuoso amigo y capellán,
Bernardino, Obispo de Cartagena.
(Bernardino Medina y Moreno).
(En el sobrescrito). Al señor doctor don Alejandro Osorio.
Bogotá.

Señor doctor don Alejandro Osorio. Bogotá.


Cartagena, 30 de abril de 1858.
Mi estimado y singular amigo:
El señor don Ignacio puso en mis manos la apreciable
de usted fechada el 9 de los corrientes, cuya lectura fue para
mí de sumo gozo por cuanto aprendí que se halla bueno, co­
236 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

mo grande la alegría que tuve de ver a un amigo después de


un año y meses. Vino a tiempo que podía haber seguido para
ultramar, pero la agitación del camino y el cambio de climas
y alimentos le produjeron una indisposición con la cual no
resolvió embarcarse. No obstante que se estableció en uno de
los mejores hoteles de esta ciudad, yo le insté con urgencia a
que pasara a mi alojamiento, y la bondad de él lo hizo com­
placerme en pasar a mi habitación y partir los trabajos que
sufría yo solo, tomándolos sobre sus fuerzas. No podía darme
días mejores que estar conmigo y le he quedado por ello su­
mamente reconocido.
Seguirá en el vapor del 10 del entrante para Europa; va
bueno, no debe usted y estimable familia tener cuidado y acep­
tar mis sentimientos de respeto y afecto, con que me repito
seguro estimador y amigo que lo piensa,

Bernardino, Obispo de Cartagena-

(Bernardino Medina y Moreno).

Señor doctor don Alejandro Osorio. Bogotá.


Cartagena, 21 de junio de 1858.
Muy apreciado amigo y señor de mis respetos:
El correo de esa ha debido llegar antes de ayer y sin em­
bargo hasta ya casi con la noche aún no parece, a tiempo que
el que ha de llevar ésta se cierra mañana.
Con la estimable de usted fechada el 25 del próximo pa­
sado mayo he recibido una singular satisfacción, sabiendo
que no tienen novedad notable; en lo cual me parece que us­
ted se equivocó, porque la enfermedad de mi señora Fermina
es de mucha importancia: ella sufría ya fatigas hidro-plutó-
ricas cuando yo me vine y juzgo que esta carta ya no la en­
contrará viva; porque aunque usted no me dice cuál sea la
enfermedad que sufre, me supongo que es la declaratoria final
y completa que anunciaban aquellos preliminares, y así me
lo deja conocer la carta de mi señora Ignacia. No quisiera
aventurar, pero debo decirle que ya le encomiendo el alma
para que Dios le conceda el descanso eterno.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 237

No he recibido carta del señor don Ignacio. Por consi­


guiente no sé su paradero; pero por medio de la señora del
Cónsul norteamericano, con quien salió de ésta, supe que de
Colón habían seguido directamente a la Habana, a donde ha­
bían llegado sin novedad; de manera que no habiendo seguido
al norte desde Colón, no lo habrá hecho desde la Habana, por
consiguiente juzgo que habrá seguido a Londres. Ninguno
de los compañeros se le adelantó, iba con todos los que le
acompañaron hasta ésta. Me parece que no debe tener usted
cuidado. Yo me mantengo bueno, ruego a Dios que usted y
toda la familia gocen de salud, paz y consolación en Nuestro
Señor Jesucristo, como lo desea su muy afectuoso amigo y
capellán,
Bernardino, Obispo de Cartagena.
(Bernardino Medina y Moreno).
(En el sobrescrito). Al señor doctor don Alejandro Osorio.
Bogotá.

Presidencia del Consejo Administrativo de la Casa de Refugio,


Instrucción y Beneficencia.
Bogotá, 19 de enero de 1838.
Al señor Alejandro Osorio.
Los crecidos gastos, que se hacen en la casa de Refugio,
Instrucción y Beneficencia de esta capital, obligaron al con­
sejo administrativo a solicitar de la cámara de provincia la
facultad de pedir algunas limosnas para ayudar a dichos gas­
tos en casos urgentes. La cámara de provincia tuvo por con­
veniente acordársela en el decreto del 9 de octubre del año
pasado.
Encargado yo de la presidencia del consejo administrati­
vo, y testigo de que por ahora no alcanzan las rentas para
hacer un vestuario a los reclusos de ambos sexos, que se hallan
en la casa, me dirijo a usted por acuerdo del consejo, solici­
tando de su piedad y beneficencia algún ¿ocorro pecuniario,
cualquiera que sea, en favor de dicho objeto, quedándome la
confianza de que no será inútil este paso respecto de usted,
como que sabe apreciar el mérito que él encierra.
238 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Sírvase usted remitir el auxilio expresado a disposición


del señor José María Triana, director del establecimiento.
. vi ‘.'.'WJ
Dios guarde a usted muchos años.

El Presidente del Consejo,


Manuel José, Arzobispo de Bogotá.

(Manuel José Mosquera).


(En el sobrescrito). Señor doctor Alejandro Osorio-
Presente.

Señor doctor Alejandro Osorio.

Bogotá, 8 de octubre de 1849.

Muy señor mío de mi mayor estimación:


La necesidad de un periódico religioso se hace sentir cada
día más en nuestra república, y en mi opinión es preciso pro­
moverlo para reanimar el espíritu religioso, conservar la mo­
ral y desvirtuar, o a lo menos atenuar, el mal de la increduli­
dad y de la relajación de costumbres. La conocida piedad y
celo de usted, me hacen esperar confiadamente que prestará
su cooperación a este importante objeto; y con el fin de con­
ferenciar y sentar las bases para la empresa, ruego a usted
se sirva concurrir el día 11 a las cuatro de la tarde a la casa
arzobispal, donde nos reuniremos algunos amigos eclesiásticos
y seculares con este fin.
Acepte usted las consideraciones y sincero aprecio con
que soy de usted afectísimo seguro servidor y compatriota
que besa su mano,
Manuel José, arzobispo de Bogotá.
boletín de historia y antigüedades 239

Señor doctor Alejandro Osorio.


Muy señor mío de mi mayor aprecio:
El sábado se reunió la junta o comisión directiva de la
asociación para el periódico religioso y acordó: 19 Nombrar
cuatro comisiones, dos para artículos de fondo, una para ar­
tículos filosóficos y literarios, y una para historia y noticias.
29 Eligió para la primera de las dos de artículos de fondo a
usted, al señor doctor Marcelino Castro, al señor José Manuel
Groot y a mí. 39 Dispuso que el 8 de cada mes presentará
cada comisión un articulo o más, para que escogiere la comi­
sión directiva los que deban publicarse de preferencia, y or­
denar el periódico.
Tengo, pues, la honra de notificar a usted que nos reuni­
remos en nuestra comisión el sábado a las cuatro de la tarde,
para ver qué escribimos.
Soy de usted afectísimo seguro servidor y compatriota
que besa su mano,
Manuel José» Arzobispo de Bogotá.
Su casa, 18 de octubre de 1849.
(Manuel José Mosquera).

Señor doctor Alejandro Osorio.


Villeta, 11 de agosto de 1852.
Mi estimadísimo amigo y señor:
Si hoy tengo la satisfacción de saludar a usted, ya resuci­
tado de la muerte en que me vi, experimento también tristes
sentimientos, recordando los días de Ubaque en el año ante­
rior: días que pasaron ya y que no sé si volverán semejantes,
teniendo yo por delante un porvenir tan incierto.
Los vapores llegarán a Honda en los seis últimos días de
este mes, y quiero aprovechar estos días, en que aún no hago
aprestos inmediatos de viaje para escribir a los amigos y de­
cirles mis adioses. ¡Triste palabra! Nos separamos con el mar
de por medio y también con la revolución socialista de por
240 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

medio. ¿Pasará tan pronto que alcancemos a reunimos antes


de descender al sepulcro? Este problema no sería de tan difí­
cil solución en Europa y aún en otros países; pero entre no­
sotros, con la bonomía genial de los pueblos, con la audacia
de los malos y con el hábito de sufrir que crece diariamente,
no sé qué pensar. Pero como yo fío en la Providencia esperaré
que ella haga salir el orden y la justicia del mismo desorden
y de la iniquidad; y llevo la esperanza de regresar un día a
morir en medio de mi grey y de mis amigos. Ya sabrá usted
la prodigiosa reposición que conseguí en este clima: bien que
el doctor Vargas haya mostrado grande acierto, palpo algo
providencial y sobrenatural en mi resolución para reunirme
y en la mejoría. Dios me ha mirado con misericordia y esto
es todo lo que ha habido. Me quedan restos de la enfermedad,
que espero desaparezcan.
Durante mi estación aquí no he pensado más que en
Ubaque, deseando que ese clima hubiere sido el necesario,
para haber gozado de la buena compañía de usted y de toda
su estimable familia. Ahora les contemplo allí y a veces tengo
que desechar el pensamiento, porque me entra flato, viendo
ya tan lejos de mí esa dulce temporada, que me había figu­
rado renovar en otros años y que no pocas veces fue mi dis­
tracción y consuelo en la enfermedad. Pero Dios ha dispuesto
lo contrario y me lleva lejos de la patria, lejos de los amigos,
lejos de mi grey.
Partiré, pues, de aquí, mi buen amigo; mi ruta será por
los Estados Unidos a Europa; aunque tal vez me quedaré unos
meses en las Antillas, si no tengo seguridad de que el invier­
no de la tierra templada no me dañe. Allá como aquí y en
todas partes soy siempre buen amigo de usted y llenaré sus
órdenes con puntualidad.
Sírvase usted presentar mis respetos a mi señora Anto­
nia y dar mil expresiones a las señoritas, al amigo don Igna­
cio, Alejandro y Crisóstomo. Deseo que el clima de Ubaque
fortifique la salud de usted para que pueda sobrellevar las
calamidades del tiempo, y que toda la familia se encuentre
buena.
Adiós, mi buen amigo; reciba usted los cordiales afectos
de su adicto amigo, seguro servidor y compatriota que besa
su mano,
Manuel José, Arzobispo de Bogotá.

(Manuel José Mosquera).


(En el sobrescrito). Al señor doctor Alejandro Osorio.
Ubaque.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 241

Señor doctor Alejandro Osorio.


Villeta, 15 de agosto de 1852.
Mi estimadísimo amigo y señor:
Parece que nos comunicábamos los recíprocos sentimien­
tos de nuestra amistad, al cruzarse las cartas que nos hemos
escrito. La estimada de usted de 11 de los corrientes ha avi­
vado los afectos de mi alma y obligádome a lamentar mi im­
posibilidad de estar este año en Ubaque. Dios querrá unirnos
otra vez en tiempos bonancibles.
Sigo bien en mi restablecimiento: sólo me queda alguna
debilidad al pecho y los pies cargados por la tarde; pero ama­
necen perfectamente enjutos y creo que solo hay debilidad
en la piel, porque en lo sustancial me creo casi bueno.
Correspondo sus finos recuerdos a mi señora Antonia y
toda la familia. Que usted con todos los de ella adquieran
robusta salud en ese excelente clima, y que su vida no sea
turbada por ninguna novedad desagradable.
Adiós digo a ustedes otra vez, repitiéndome su constante
buen amigo y servidor,
Manuel José, Arzobispo de Bogotá.
(En el sobrescrito). Al señor doctor Alejandro Osorio.
Ubaque.

Señor doctor Alejandro Osorio.


Nueva York, 17 de febrero de 1853.
Mi estimadísimo amigo y señor:
Con mucha satisfacción he leído la apreciada de usted
de 5 de enero, sabiendo por ella que usted, mi señora Antonia
y la familia se conservan buenos. Deseo que continúen todos
del mismo modo.
Desde luego mi situación es trabajosa, ya porque la salud
no deja de sufrir y me veo siempre sujeto a medicaciones, ya
porque otras mil causas vienen a amargar la vida. No todas
me han sido igualmente sensibles, y aun me parece que al­
gunas por crueles que parezcan, en último análisis son favo-
242 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

rabies- Lo que más me atormenta es el oscuro porvenir que


no me da probabilidad próxima de volver a ver a mis amigos
y a mi grey.
El invierno no ha sido riguroso ni sus nieves me han
causado daño- Para el hígado me ha sido favorable el frío y
me siento mejorado; pero sufro todavía del pecho, y hoy mis­
mo esto con bronquitis, obligado a muchas precauciones. Es­
pero poder seguir en abril para Europa y lograr en los climas
meridionales alguna reposición más.
Por lo que he hablado con los Ponces, creo que no hay
mucha esperanza de que mejoren las circunstancias pero sí
observo que se va aproximando una crisis por el aglomera-
miento de las causas que tienen los partidos divididos. Pero
yo nada espero de los hombres, sino de la Providencia, que al
fin se duela de nuestra suerte.
Reciba usted mil memorias de mis hermanos y de He­
rrán; délas eje mi parte afectuosas y .expresivas a mi señora
Antonia y todos y cada uno de los apreciables miembros de
la familia. Adiós, que algún día nos vuelva a reunir, y entre
tanto soy siempre de usted afectísimo amigo, reconocido se­
guro servidor que besa su mano,
Manuel José, Arzobispo de Bogotá.
(En el sobrescrito). Al señor doctor Alejandro Osorio.
Bogotá.

Certificado de 600 hectáreas de baldíos. Firmado por


Manuel María Mosquera

Señor doctor Alejandro Osorio.


Mi querido amigo:
Va el proyecto de decreto. El artículo 79 es por conside­
ración al vicepresidente, y porque sé que dice que él no sabe
nada sino lo que se somete al consejo. Así lo ha escrito a Car­
tagena, de donde me han mandado la carta.
Me parece necesario desde ahora el artículo 59 porque
es mucho lo que está pendiente en hacienda y el mismo secre­
tario me lo ha informado.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 243

Le incluyo otro proyecto de resolución sobre las univer­


sidades y general para que no se crea que es solamente por
esta.
Su fiel amigo
T. C. de Mosquera

El Presidente de la República al Consejo de Gobierno.


Cuando en 1832 se fijó el sueldo del Presidente de la Re­
pública por el parágrafo 29 de la ley de 27 de marzo, estaba
vigente la ley de 14 de marzo de 1826, en la que se determina­
ba por el artículo 29 y el 49 lo que se entendía por peso o co­
lombiano que era la décima sexta parte de una onza de oro
o la moneda mayor de plata fina de 10 dineros 20 gramos,
conforme a lo dispuesto por el artículo 19 del decreto legisla­
tivo de 14 de marzo de 1826.
Tanto la constitución de 1832 como la reforma de 1843
disponen que los sueldos del presidente y vicepresidente de la
República no puedan ser variados y que cualquiera alteración
que se haga en dichos sueldos sólo tendrá efecto respecto de
los que después fueren nombrados. Las leyes de monedas han
variado sustancialmente los valores y denominación de la
moneda y se ha rebajado el sueldo de todos los empleados
públicos. Por tanto en los últimos meses infringiendo el ar­
tículo 97 de la constitución, ha pagado la tesorería de Bo­
gotá el sueldo de Presidente y Vicepresidente en reales nuevos
de plata, que valen veinte y cinco por ciento menos que los
antiguos.
Para dictar una resolución en el particular pido el dic­
tamen del consejo.
Debe tenerse presente que ningún sueldo de la República
puede ser mayor al de Presidente, y que teniendo los minis­
tros plenipotenciarios hasta 10.000 pesos antiguos de sueldo
anual tendrían ellos mil pesos más de sueldo que el Presiden­
te. Y estimando en reales los 10.000 pesos serían cien mil
reales y el Presidente solamente tiene noventa y seis mil rea­
les, que dan cuatro mil reales de diferencia, cuando debiera
tener ciento veinte mil reales, que son veinte y cuatro mil
reales nuevos.
Bogotá, 31 de agosto de 1847.
T. C. de Mosquera
244 boletín de histobia y antigüedades

Señor doctor Alejandro Osorio.


Medellín, 8 de septiembre de 1847.
Mi querido amigo:
Mucho celebro que todo vaya bien por allá. Yo he sido reci­
bido con mucha cordialidad en esta provincia y me ha gustado
mucho. El progreso de Medellín es muy notable y se conoce
que las fortunas son más considerables que en otras pro­
vincias.
Celebro mucho que la caja haya sido digna para el objeto
que se pidió y me parecen excelentes las notas que usted me
incluye en copia.
Ariza me manda la adjunta nota en una carta particular,
y nada me dice de la causa de la herida de Prieto. Será muy
sensible que vaya a peligrar.
Mucha falta nos va a hacer el gobernador Rodríguez
en Barbacoas. Orejuela es regular hombre; pero no lo creo
capaz para hacer progresar esa provincia y como senador
tendrá que venir al congreso en el año próximo; pero está
ya nombrado y no se debe variar.
El 13 me voy para Antioquia y el 23 estaré de regreso
aquí.
Soy de usted su fiel amigo y servidor,
T. C. de Mosquera

Señor Alejandro Osorio.


Popayán, octubre 26 de 1859.
Mi antiguo y buen amigo:
Me tomo la libertad de escribir a usted esta carta para
recomendar a usted la revisión de un acto de la Corte Supre­
ma en que ustedes se han equivocado al suspender una parte
del código de fomento e industria de Cundinamarca, que ofi­
cialmente reclamo porque acaso pensarán hacer otro tanto
con el código de minas del Cauca y seria para mí muy sensi­
ble entrar en polémicas con la Corte Suprema y aumentar los
conflictos en que el doctor Ospina ha puesto y está poniendo
a la confederación. No es posible que los Estados se dejen
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 245

arrancar la soberanía. La grita del Porvenir y el Federalista


de Cali diciendo que aquí se ostenta una gran mayoría en
contra de mi administración por el resultado de las elecciones
es falso. Voy a referir a usted lo que hay en realidad.
Los federalistas se dividieron en dos opiniones: Unos por
obedecer la ley y votar y otros por rechazarla y no votar, y
muchísimos no pudieron hacerlo porque los jurados forma­
dos con el objeto de ganar las elecciones han borrado millares
de sufragantes. Esto causó alguna molestia y reclamaron mu­
chos su inscripción, con lo que fue bastante para que ganá­
ramos la de Representantes por 143 votos sobre los centralis­
tas; falta ahora que el jurado electoral quiera anular algunos
registros para que la ley tenga el objeto que se propuso Ospina
y hacer el Presidente una revolución que no le salió bien
en 1851.
También me han dicho que unos pocos egoístas que no
quieren dar un empréstito han ocurrido a la Corte Suprema
pidiendo la suspensión de la ley que me autorizó a exigirlo,
pretextando que no es contribución general y esto no es así
y tendría la Corte Suprema que hacer otro tanto con las le­
yes de Santander, Boyacá y Bolívar y no lo ha hecho ni con
la ley naoional que autorizó al Poder Ejecutivo a suspender
el pago de cupones, que es mucho más grave- Ya están pa­
gando aquí buenamente y yo he dado el ejemplo dando pres­
tadas cien onzas. Me ha parecido conveniente decir esto a
usted y suplicarle que haga todo lo posible en la Corte Su­
prema para evitar los conflictos de los Estados con el Go­
bierno General. Por lo que hace al Cauca le aseguro a usted
que no ha estallado una revolución sangrienta porque yo la
evito y las sugestiones que vienen de Bogotá en contra de mí
y del Estado no han podido tener efecto por temor; aunque
no ha faltado quien la promueva y ha interceptado unas car­
tas un vecino de Bolívar y presentádoselas al gobernador de
Caldas, que sirven de cabeza a un proceso contra el coronel
Jacinto Córdoba.
Lo expuesto manifestará a usted cuán delicadas son estas
cuestiones.
En mi informe oficial recuerdo lo que pasó en el Consejo
de Gobierno cuando declaré que el vicepresidente había apo­
yado su resolución declarando vigente una ley de la novísima
recopilación equivocadamente como lo han hecho ustedes y
que usted como Secretario de Gobierno y después que mandó
revisar los cedularios que estaban en la Corte Suprema y en
el Tribunal de Cundinamarca y no se encontró ni copia nin­
guna auténtica sino un simple impreso que tenía el doctor
Tenorio, dio su voto con los otros Secretarios para revocar
aquello, y el doctor Pinzón, que era el que sostenía la cuestión
246 boletín de historia y antigüedades

de vigencia, también se convenció cuando les enseñé una ley


de Chile de 7 de noviembre de 1823 derogando el título de
ordenanza de minas que trataba de carbón fósil; lo que pro­
baba que tampoco a Chile se había comunicado. Recuerdo a us­
ted estos hechos que sin duda ha olvidado, puesto que ha fir­
mado la resolución de la Corte Suprema. Cuando estuve en
La Habana en 1857 solicité todas las leyes que había sobre
minas para trabajar un código para este Estado y vi que tam­
poco se había comunicado a La Habana aquella real cédula
y adquirí un tanto de las leyes que han dado últimamente
en España para la isla de Cuba y tampoco han incluido dis­
posiciones análogas a la mencionada cédula. Todo lo cual
refiero a usted porque me parece conveniente que lo sepa.
Deseo que usted se mantenga bien y me repito su cordial
amigo,
T. C. de Mosquera
Hágame el favor de saludar a mis amigos Martínez y
Barreto.

Señor doctor Alejandro Osorio.

Popayán, noviembre 23 de 1859.


Mi querido amigo:
Con mucho gusto he leído su carta de usted de 9 de los
corrientes porque ella me manifiesta que usted sabe conocer
lo que yo soy y que jamás me confundiré con esos conspirado­
res vulgares que hoy empuñan el puñal de asesinos, mañana
invocan la infracción de la constitución para sublevarse y
luego se convierten en rebeldes con el poder que les dá la
casualidad en Hispano-América. ¡Qué desgraciada es esta
nuestra patria! Esté usted seguro que siempre me encontrará
de parte de la legitimidad y del derecho. Hoy que la constitu­
ción federal ha sido violada escandalosamente por Ospina y
el congreso de 1859, he hecho cuanto está de mi parte para
que este Estado dé ejemplo de moderación exigiendo que las
cosas vuelvan a su común centro sin escándalos; pero temo
que mis esfuerzos sean ilusorios, porque no. se quiere compren­
der el sistema federal y se abre cada día más una horrenda
herida al corazón de la patria.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 247

Cree usted insignificantes las resoluciones de la Corte Su­


prema suspendiendo las leyes sobre que escribí a usted y esto
es un golpe mortal que dan ustedes a la soberanía de los Es­
tados, un motivo poderoso para que llegue la guerra civil tan
deseada por Ospina y sus secuaces. Son tan claras, tan ob­
vias las razones para suspender ustedes sus inconstitucionales
resoluciones que no hará la resistencia en ustedes otra cosa
que dar un fundamento a los Estados para exigir por la fuer­
za el cumplimiento del pacto de unión.
No se equivoque usted mi querido amigo: no es una sus­
pensión la cuestión. ¿El Senado de Tiberio qué hará? Ese se­
nado no es de delegados de los Estados. Son hombres a quie­
nes Ospina ha hecho elegir para que secunden sus planes y
preparen la elección de Herrán su sucesor. Son los instrumen­
tos de una guerra civil peor que las pasadas. Yo que ya tengo
el ánimo rendido en estar conteniendo un desborde en el
Cauca, que es el estado de más frenéticas pasiones, no sé
cuánto tiempo podré hacer que se prolongue la calma. Los
ultraconservadores conspiran hoy contra mí, alentados por
Ospina y Sanclemente. Los liberales desean un pretexto para
vengarse de sus antagonistas. El desenlace de 1854 creen que
ha sido un engaño, pues ellos fueron a combatir por restable­
cer la constitución y quedaron excluidos de todo. Mi conducta
moderada y de conciliación es lo que llaman que he dejado
mi partido para calumniarme, como si yo alguna vez hubiera
pertenecido a ese partido retrógrado. Yo soy hoy lo que he
sido siempre, hombre de orden y progreso. Yo no contesto
a las invectivas de mis enemigos, pero sí quiero dar a un
amigo como usted explicaciones de mis hechos, de mis opi­
niones’, porque estimo en mucho su buen concepto-
Pasando ahora a decir algo más sobre las cuestiones que
se ventilan sobre intervención del Gobierno General en nego­
cios de competencia de los Estados. El código de minas es
asunto exclusivo de los Estados. La excepción de la regla ge­
neral prueba hasta la evidencia que no se dejó tal negociado
al Gobierno General. Cité a usted un hecho que usted me
dice que no recuerda: yo apelo a los documentos y de eso no
se hace usted cargo. En cuanto al empréstito el doctor Calvo
ha visto bajo mal lado la cuestión: yo me fundo de diverso
modo. Si las leyes sobre garantías se reserva el conocimiento
al congreso general no hay federación, el código civil nace de
ellas y su desarrollo corresponde a los Estados. Ustedes han
formulado una definición para sacar de ella la consecuencia,
y en mi reclamo creo que se desenvuelve bien el negocio. Con
las resoluciones que dá la Corte Suprema se anula la con­
federación.
248 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Allá presentará el Presidente otra cuestión sobre el juz­


gamiento de los gobernadores que han mandado cumplir las
leyes de policía y seguridad sobre armas. Se quiere tener ar­
mados a los revolucionarios del Estado so pretexto de que son
comisionados del gobierno para recoger armas, y luego orde­
nará que me llamen a mí a juicio porque cumplo mejor que
él las leyes.
Le recomiendo a usted que medite mucho estas cuestio­
nes y considere las consecuencias. Estoy escribiendo un ma­
nifiesto para explicar mi conducta y la de. la legislatura del
Cauca. Querer Ospina sobreponerse a la constitución, a las
leyes y a la soberanía de los Estados es encender la guerra
civil. El país atraviesa una crisis de lo más difícil.
Venezuela invade nuestro territorio. El Perú quiere ex­
tender su dominio hasta el Mayo y entre tanto se ocupa el
Presidente en incendiar la Confederación, y me calumnia
atrozmente. El tiempo va a descorrer el velo de tantas infa­
mias y peripecias.
Tendré mucho gusto de continuar una correspondencia
con usted, si usted quiere que profundicemos la discusión y
ojalá esto pudiera poner en claro algunas cuestiones.
Me repito su invariable amigo,
T. C. de Mosquera

Pasaporte a Don José María Márquez, que pasa a res­


tablecer su salud a la jurisdicción de Fusagasugá o Tocaima,
con un criado y el correspondiente equipaje. Firmado en
Santa Fé de Bogotá a 12 de mayo de 1813 por Antonio Nariño
y Eugenio Martín Melendro.

Por este documento constará que he entregado al señor


Francisco Rocha doscientas reses, las que me deberá cebar,
siendo responsable en un todo de las que se pierdan. Y las que
se mueran por falta de pasto u otro descuido las deberá repo-
reponer o pagar, debiéndole yo pagar por la ceba de las dos­
cientas reses la cantidad de trescientos pesos al señor Fran­
cisco Rocha; y para podemos mutuamente compeler al cum­
plimiento de lo dicho lo firmamos en Sogamoso, a trece de
septiembre de mil ochocientos veinte y un años.
Francisco Rocha, Antonio Nariño
(Autógrafo de Antonio Nariño y Ortega, hijo del Precursor).
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 249

Ciudadano doctor Osorio.


Nemocón, octubre 11 de 1819.
Mi apreciado amigo:
El dador de ésta es el ciudadano Isidro Sánchez, quien
va a solicitar el desembargo de unas cargas de anís. Suplico
a usted lo dirija para que sea despachado lo más breve que
se pueda.
Con el mismo le remito una onza que no había mandado
por no tener persona segura, repito a usted las gracias y que­
do deseoso de que consiga cuanto desee, como de que ocupe
a su afectísimo amigo que besa su mano,
José Ortega
(En el sobrescrito). Al ciudadano doctor Alejandro Osorio.
Santafé.

(21 octubre 1819).


Los ciudadanos Alejandro Osorio y Antonia Ricaurte se
ofrecen a usted en su nuevo estado y nueva casa, calle de
San Miguel número 49.
Ciudadano Valentín Páez

Bogotá, 22 de septiembre 1847.


Mi respetado padre Laínez:
Por fin se me cumplieron mis deseos, que eran tener el
gusto de contestar a la carta de vuestra reverencia, que por
minutos aguardaba; porque sabía que vuestra reverencia no
se olvidaba de mí, así como yo no me he olvidado ni me olvi­
daré de vuestra reverencia. Cada vez que me acuerdo de vues­
tra reverencia me acuerdo de aquel paseo a caballo que tu­
vimos los cantores; lo que me desconsuela mucho, porque no
tendremos un paseo mejor que éste ni igual, porque vuestra
reverencia no vuelve a Bogotá, porque cree que aquí no lo
queremos, y que solamente sus indios lo quieren. Fue tan
agradable porque lo hicimos con su reverencia. Tpmbién me
250 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

ha llenado de gusto saber que tuvo un viaje muy feliz. Es


cierto que si hubiéramos Juan Crisóstomo y yo estado presen­
tes a lo que le sucedió con el macho, nos hubiéramos reído
mucho, como nos hemos reído de figurárnoslo; pero yo me
hubiera dejado dar dos porrazos por descubrir otra nueva ha­
bilidad del macho, para tener un macho latinista, cantor, gre-
cista y bailarín.
Así Juan Crisóstomo como yo agradecemos mucho los re­
galos que nos haría si fuésemos a Mocoa. Con mucho gusto
le daría cuenta de todos los que salieron bien en el examen,
pero se han tardado mucho los exámenes porque empiezan por
el otro colegio.
He cumplido con el encargo de vuestra reverencia dando
las memorias a los que me significó, quienes se las devuelven
duplicadas.
Su atento servidor y afectísimo amigo que besa su mano.
Alejandro Osorio (y Ricaurte)

La viuda e hijos de Don Domingo Osorio suplican a la


bondad de usted se sirva concurrir al entierro de su difunto
marido y padre, que se hará en la iglesia de Predicadores el
4 del presente a las 9 de la mañana; favor que no olvidará su
gratitud.
(Junio 3 de 1819).
Señor Don Jerónimo Mendoza.

Si son tantos los beneficios que recibimos de nuestros pa­


dres, si su misión es tan sublime y su amor tan grande ¿cuál
será la extensión de nuestros deberes para con ellos? Desgra­
ciado de aquel que al llegar al desarrollo de su razón no la
haya medido ya con la noble y segura escala de la gratitud.
Porque a la verdad el que no ha podido comprender para en­
tonces todo lo que debe a sus padres tampoco habrá com­
prendido lo que debe a Dios; y para las .almas ruines y des­
conocidas no hay felicidad posible ni en esta vida ni en la
otra.
1234567890. 1234567890. 1234567890.
13 octubre de 1857. Elias Osorio.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 251

(1842?)
Señor doctor Alejandro Osorio.
Bogotá, febrero 26
Mi respetado padre:
Una de vuestras hijas llena de júbilo en este día glorioso
y memorable, aniversario de vuestro nacimiento, os ofrece en
obsequio de tus días ese dibujo, fruto de su débil trabajo, per­
suadida que será muy grato a un virtuoso padre que desea la
felicidad de sus hijos, por ser una muestra de sus adelanta­
mientos.
Aceptad los más sinceros sentimientos de aprecio y con­
sideraciones de vuestra obediente hija,
Emilia Osorio y Ricaurte

Señor doctor Alejandro Osorio.


Bogotá, 26 de febrero de 1842.
Mi querido padre:
Hoy día feliz en que la suerte ha querido que consagréis
días más de vida a vuestros hijos, tengo el dolor de hallarme
incapaz de poder manifestar mis sentimientos a aquel a quien
debo mi existencia, a aquel a quien, si posible me fuera mos­
trar mi corazón, hallaría sentimientos que yo no puedo bos­
quejar; ahora más que nunca tengo el sentimiento de no
poder dedicaros una muestra de mi aprovechamiento, a tí en
quien no existen otros deseos que el bienestar de vuestros hi­
jos, queriendo que ellos, uniendo a sus conocimientos el amor
a la virtud, sean los verdaderos apoyos de su patria. Conozco
que vuestro empeño y decisión por mis adelantamientos han
sido siempre incesantes, pero yo como débil, no conociendo el
mérito de vuestros afanes, los he desatendido; pero antes que
la desgracia corte el hilo de tus días veréis en mí cumplidos
vuestros laudables deseos.
Ojalá que vuestros hijos, siendo los fieles imitadores de
vuestras sólidas virtudes, tiendan sus miradas por el sendero
de la felicidad.
Entre tanto que estas esperanzas se realizan, me suscribo
su más amante y obediente hijo,
Ignacio Osorio Ricaurte
252 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Los hijos y nietos de la finada señora Juan Josefa Uribe


de Osorio esperan de usted se sirva asistir a las exequias que
por el descanso de su alma se harán en la iglesia de Agustinos
Calzados mañana a las 9 y acompañar después el cadáver
al cementerio, por cuyo acto de piedad religiosa le vivirán
reconocidos.
(25 de marzo de 1846).

El general Páez suplica al señor general Antonio Nariño


se tenga la bondad de asistir al convite que va a dar en este
día en su casa de habitación en obsequio del excelentísimo
señor Libertador, y por la noche al baile dedicado a la señora
Juana Bolívar e hija.

Señor General Antonio Nariño.


Achaguas, mayo 9 de 1821
Apreciado amigo:
Satisfecho de la amistad que usted generosamente me
dispensó, me tomo la confianza de recomendarle al ciudadano
Juan Hurtado, que va a esos valles encargado por mí de ex­
pender unos ganados de mi propiedad, y como tal vez puedan
intentar embargarlos por cuenta del Estado, exijo en este
caso su protección para que puedan venderse francamente,
pues de otro modo quedará mi crédito en descubierto para
con varios sujetos que han tenido la bondad de subminis­
trarme para los inmensos gastos que he tenido que hacer sin
contar con otros recursos que con mis propiedades, de que por
primera vez dispongo ahora por no haberme dado lugar la
multitud de atenciones. Espero, pues, de usted que no dudará
hacerme este servicio, que le agradeceré eternamente.
Yo marcho mañana con todo el ejército que mando a reu­
nirme a su excelencia; mis tropas cada día están más lucidas
y deseosas de pelear por la libertad; el entusiasmo es tan ge­
neral que casi podemos lisonjeamos del triunfo.
Yo tendré el honor de comunicárselo con mucha antici­
pación y de darle frecuentes avisos de cuento ocurra. Usted
en todas distancias y en todos tiempos puede contar con un
fiel amigo atento servidor que besa la mano de usted,
José Antonio Páez
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 253

El doctor Miguel Peña felicita a su excelencia el general


Antonio Nariño e hijo.

Señor doctor Alejandro Osorio.


Rionegro, diciembre 25 de 1819.
Muy señor mío de todo mi aprecio:
Aunque no tengo el honor de haber tratado a usted me
tomo la satisfacción de escribir a usted por la primera vez,
valiéndome de la ocasión del viaje a esa, de mi hermano po­
lítico el señor Indalecio González. Me ha ofrecido introdu­
cirme a la correspondencia de usted y espero tenga usted la
bondad de favorecerme con ella para el siguiente negocio.
Deseo en algunos momentos de ocio dedicarme a colectar
materiales que puedan servir a la historia de la revolución
de Nueva Granada y Venezuela. Para esto puede usted ayu­
darme infinito, tanto porque me han dicho colectó usted algu­
nos materiales, como por sus luces y la oportunidad que tiene
en el puesto que dignamente ocupa, de acopiar otros muchos
bien importantes y auténticos. Yo intereso la bondad de us­
ted para que me haga ese favor, por el cual será eterno mi
reconocimiento.
Una colección completa del Correo del Orinoco, materia
muy agradable, si usted tiene ocasión para encargarla a Gua-
yana, lo estimaré infinito y satisfaré cualquiera costo que
usted impenda, lo mismo que en la compra o remisión de los
demás papeles y noticias que usted quiera comunicarme.
Aprovecho esta ocasión para ofrecerme a las órdenes de
usted, deseando ocupe en cuanto guste a su afectísimo y agra­
decido servidor, que su mano besa,
José Manuel Restrepo.
254 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Señor doctor Alejandro Osorio.


Rionegro, junio 16 de 1820.
Muy señor mío de todo mi aprecio:
Prevalido de la bondad de usted me atrevo a suplicarle
se tome la molestia de formar algunos apuntamientos acerca
de la campaña del Sur por el señor Nariño. Me dicen que us­
ted fue de su ley y ninguno mejor que usted puede comuni­
carme noticias exactas sobre los acaecimientos de esta par­
te interesante de la historia de nuestra revolución. Des­
graciadamente entre la multitud de documentos que me ha
remitido el señor Santander no hay uno que trate de aquella
guerra. Si usted hallare algunos se los estimaré y si no re­
cordando los hechos me hará favor de formar apuntamientos
sobre el número de tropas que llevó Nariño, las causas y ver­
dadero juicio que se debe formar de los sucesos de La Plata
cuando la prisión de Serviez y Campomanes; las acciones de
Palacé y Calibío; por qué se demoró tanto Nariño en Popayán;
qué tropas llevó contra Pasto; las acciones de Juanambú, Ta-
cines, etc. Cuál fue la causa de la prisión de Nariño y las
circunstancias. Lo que se sepa sobre su conducción a Pasto;
cuánto tiempo después a Quito y últimamente a España, ex­
presando el tratamiento que le dieron. Qué tropas se salvaron
de la derrota y hasta dónde las persiguió el enenrgo. También
las fuerzas que tendría éste y quién las mandaba.
Aunque sé las muchas ocupaciones que rodean a usted,
le hago esta súplica, pues veo que ninguno puede comuni­
carme en la materia noticias tan seguras. Acaso usted no
presenciaría todos los sucesos, pero en esa ciudad hay muchos
testigos oculares que pueden esclarecer cualquiera duda, y
usted tiene la crítica bastante para escoger las relaciones más
verídicas.
Dispense usted la molestia y deseando el que usted me
ocupe en cuanto guste, soy siempre de usted con la mayor
consideración su afectísimo y seguro servidor que su mano
besa,
José Manuel Restrepo
(En el sobrescrito). Al señor doctor Alejandro Osorio, Minis­
tro de Guerra y Hacienda. Bogotá.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 255

Señor doctor Alejandro Osorio.


Rionegro, julio 16 de 1820.
Muy señor mío y amigo:
Con la apreciable de usted fecha veinte y uno de junio
ultimo recibí los tres cuadernos de extractos de las informa­
ciones que se han hecho en la provincia acerca de las cruel­
dades cometidas por los españoles. Los estimo mucho y espero
continúe usted la remisión que me ofrece de los demás.
De la campaña del Sur tengo los partes de Palacé, Cali-
bío y Juanambú; pero absolutamente carezco de noticias o
documentos desde el paso de Juanambú hasta que el ejército
volvió en retirada a Popayán. En el parte de Juanambú no
puedo creer que el enemigo tuviera sesenta trincheras en
un cerro de seiscientas varas de elevación. Usted acaso me
podrá sacar de esta duda.
Deseo me ocupe usted como a su verdadero amigo y ofre­
ciéndome a sus órdenes soy siempre su afectísimo seguro ser­
vidor que su mano besa,
José Manuel Restrepo

Señor doctor Alejandro Osorio.


Rionegro, septiembre 26 de 1820.
Apreciado amigo y señor:
Con la estimable carta de usted recibí los apuntamientos
que tuvo la bondad de dirigirme en 9 de este mes sobre la
campaña del Sur. Los estimo infinito y me parecen excelentes,
sobre todo habiendo sido usted testigo ocular de los sucesos.
También recibí en el correo del 29 de agosto los impresos que
usted tuvo la bondad de acompañarme, los que verdadera­
mente son importantes. Espero no olvide usted de hacer lo
mismo siempre que algunos documentos caigan en sus ma­
nos. Entre ellos deseo un boletín que publicó Nariño cuando
la segunda guerra con el congreso, en el que se contenían las
ventajosas capitulaciones que ofreció a Bar aya y que éste no
quiso admitir. Es documento importante, de que no me acuer­
do bien. Igualmente deseo los tratados que celebró el mismo
256 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Nariño en Santa Rosa con el gobierno de Tunja en 30 de julio


de mil ochocientos trece.
En el presente correo dirijo al señor vicepresidente un re­
tazo de lo que tengo escrito sobre nuestra historia aunque
todavía imperfecto, pues solo es un ensayo que todavía nece-
cita refundirse, después de recoger todos los documentos po­
sibles. Estimaré a usted lo vea y me diga su opinión sobre el
plan que he adoptado y mi modo de ver los objetos. Usted sa­
be que las primeras cualidades del historiador son la verdad
y la imparcialidad, a que debe añadirse mucha pureza y ele­
gancia en el estilo, procurando que los adornos no sean de­
clamaciones tan continuadas como las de Raynal. He puesto
mucho cuidado en esto, procurando imitar a Rqbertson en
su historia de América, que es muy bella. Aún es tiempo de
corregir los defectos y yo celebraré que usted tenga la bondad
de decirme su opinión sin reserva alguna
Deseo me ocupe usted con la satisfacción de la amistad,
con la que siempre quedo de usted su afectísimo amigo y ser­
vidor que su mano besa,
José Manuel Restrepo

Santa Fé, 28 de septiembre de 1813.


Me consta que doña Rosa Marchan es una viuda pobre
cargada de hijos y destituida de todo recurso humano, por
cuya razón y por su buena conducta la considero digna de
compasión y acreedora a la limosna que la caridad cristiana
quiera hacerle; y para que conste lo firmo.
Manuel del Socorro Rodríguez
Recibí dos pesos.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 257

Al señor ministro del interior Alejandro Osorio.


Señor:
Estoy sorprendida por una reconvención que me hizo el
señor Alcalde Municipal 29 acerca de unos papeles y libros
que existían en la pieza del señor Fernando Bolívar y entre­
gados por Pacheco en el ministerio de su cargo. Esto fue sin
mi conocimiento.
Jamás me habría atrevido yo a pedir un archivo, y mu­
cho menos usted, señor ministro, a entregármelo. Yo he reco­
gido dichos papeles como encargada de ellos, las copias de las
cartas particulares de su excelencia el Libertador; porque
creo que nadie tiene derecho para reconvenirme en el pre­
sente caso, al menos que no haya una ley que autorice la
confiscación de bienes.
Delante de la ley solo se humilla su afectísima servidora,
Manuela Sáenz

Gobierno y Comandancia General.

Cuartel General de Santa Fé,


agosto 20 de 1819.
El excelentísimo señor Presidente de la República ha re­
suelto que por todas las corporaciones de esta capital se pres­
te el juramento de obediencia al gobierno; para que se haga
con la formalidad debida ha dispuesto igualmente concurran
todos a la sala de palacio el domingo 22 del presente a las
diez de la mañana. Lo aviso a usted para que compareciendo
con todos los individuos del comercio, concurra con ellos el
día y hora asignados.
Dios guarde a usted muchos años.
El gobernador comandante general,
F. P. Santander
Señor Juez del Comercio de esta capital.
258 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

(Tarjeta de visita)
F. de P. Santander (y autógrafo del mismo) y su señora.

Mayo 21-1821

Querido amigo Osorio:


Sea enhorabuena porque ya hubo congreso. No espero
grandes males porque aunque se empeñaran en hacerlos pa­
rece que las circunstancias por sí mismas los evitarían.
En cuanto a lo que hayan de hacer con el general Bolívar
no digo ni diré nada. 1? porque ya será negocio resuelto y lo
29 porque tengo la adjunta carta en copia. Estas especies no
me sorprenden, tanto porque tienen razón de llamarme libre,
como porque los hombres en todos los tiempos han sido los
mismos; desde que pude penetrarme de lo que eran sus...
resoluciones me hice cargo de que por un día podía estar en
la cumbre y en la gloria y al otro día en un presidio o en tres
palos. Otro consuelo ver que a fuerza me quieren hacer libre,
grande, pues diría que son estos los que serían ingratos y de­
sagradecidos. Por otra parte no sé qué especie de amor propio
me inspira la idea de que no he podido en mi vida imitar a
Milcíades, Epaminondas, Foción, ni puedo imitarlos en su úl­
tima suerte. En fin, estos son miserias; trabajen bien tranqui­
los, no se olviden de que hay y habrá guerra, ni de que no ha
habido ni un Cincinato, un Sila, un Washington, un Bolívar,
que voluntariamente se han desprendido del poder.
La expresión infame al congreso de 16 es desagradable y
alarmante; la segunda carta del que menos se piensa ha ca­
racterizado la época y el acto a que le atribuyo infamia, y
por esta presente quedan a cubierto los Torres, Camachos,
Gutiérrez... que siguen preguntando y ¿le llamará infame el
congreso de 1821? Dígales de mi parte que cuando intenten
negociar el oprobio, si sale un gobernante bueno es un dolor
perderlo porque la ley lo prohíba. En el Norte, los más repu­
blicanos que conocemos, hoy mismo ha sido reelecto... por
otros cuatro años. Una ley semejante hasta debilita la ambi­
ción al poder y la única que alimenta es la de portarse bien
y merecer los votos de la nación.
Zea me ha escrito de 8 de marzo; iba a París; usted sabría
lo que hay de negocios, etc. y he ahí menos trabajos.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 259

Las gacetas de... hasta el 20 de abril tienen noticias de


España. Por el 6 y 8 de febrero ha habido una fuerte conmo­
ción en Madrid; los ministros todos dieron sus dimisiones; las
cortes se reunieron el primero de marzo. De qué servirles ha­
cer la guerra a las cortes con las armas de la religión. Alerta,
amigo, y no ir a ganamos nuevos enemigos.
Es decidido en Laybach destruir el sistema de Nápoles.
El rey ha preferido se disuelva el parlamento. El ejército aus­
tríaco ha pasado el Po para Nápoles y va como amigo; ni obe­
decen con la orden del rey, y como enemigo sí la desobedecen:
qué chambronas. Esto tiene a la España en grande alarma:
es regular que lo mismo suceda a esa nación y a Portugal,
aunque tengo para mí que los españoles se defenderán hasta
morir defendiendo su constitución. Cuantos mueran son ene­
migos menos para los americanos, gracias a Dios.
Esta carta tenga usted la bondad de participarla a Soto...
Restrepo y... para que me den prueba de su amistad secun­
dando mis deseos.
Soy su muy apasionado amigo,
Santander
(El original, con algunos rotos, lo tiene Cecilia Osorio de
Gómez).

Departamento de Cundinamarca.
Palacio de Bogotá, a 11 de junio (1821).
Mi querido Osorio:
Esta carta ya no la recibirá usted en la presidencia del
congreso, pero ni usted dejará por eso de haberse sentido
satisfecho de ocupar un puesto de tanta preeminencia, ni sus
amigos (entre quienes a nadie cedo) dejarán ya de haber
sentido una igual satisfacción. Yo le aseguro que he estado
muy contento y tuve el gusto de brindar en un convite público
por usted.
Nariño me ha dicho que se estaba leyendo un proyecto
de constitución que él presentó. Inquietos nos tienen ustedes
pensando cuál habrá sido la revolución acordada en el punto
de unión. Aquí hay diez mil opiniones y cada uno patrocina
la causa que le dá gana. Yo entre tanto me atengo a lo
que el congreso haya resuelto, pues por experiencia sé que es
260 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

muy grande mal criticar y desconceptuar lo que una vez ha


hecho el gobierno. Dios nos saque con bien.
He visto el por ahora que ustedes han resuelto sobre mi
dimisión y quedo contento porque espero que no se quede un
año en por ahora tal resolución. Empéñese usted fuertemente
a que me dejen en paz: fuera de todas las razones políticas,
morales y físicas que hay para ello, añado que para poner mi
hacienda regular me he empeñado en diez mil pesos, y go­
bernando no salgo del empeño. Yo en el gobierno gasto exce­
sivamente y el sueldo que en justicia debe tener un vicepre­
sidente no alcanza a esos gastos. Por Dios y por la Virgen
déjenme siquiera un año quieto y después mándenme a Ca-
sanare de gobernador o de demonio. Me he abstenido de vol­
ver a representar al congreso: 1*? Porque no se crea orgullo
y excesivo amor propio. 2? Porque soy muy obediente a la au­
toridad y lo 39 y principal porque si la república es una e in­
divisible, de hecho quedo exonerado. Suplico a usted que en
la revisión de mis decretos me defienda mucho, porque aun­
que sean malos es preciso que se acuerden las circunstancias
en que se han dictado. Ahora hay un poco de tranquilidad y
ahora 16 meses lo que había era mucha apatía, mucho egoís­
mo, muchas necesidades y mucho enemigo amenazándonos.
Sírvase usted transcribir al general Nariño mis votos sin­
ceros por su salud; ahora no tengo tiempo de escribirle sobre
su carta de 21 pasado.
Por el Sur nada hay aún: se van reuniendo ya en Popa­
yán los depósitos que teníamos en las provincias. Por Carta­
gena seguimos bien.
Adiós mi apreciable amigo; cuente usted con la sinceri­
dad de corazón de su amigo,
F. P- Santander
(En el sobrescrito). Al señor Alejandro Osorio. Cúcuta.
Del general Santander.

Nós el doctor Juan Fernández de Sotomayor, provisor vi­


cario general del arzobispado, canónigo doctoral de esta santa
iglesia metropolitana, encargado accidentalmente del despa­
cho del ilustrísimo señor arzobispo.
Por cuanto habiendo ocurrido el señor doctor Alejandro
Osorio al ilustrísimo señor arzobispo pidiendo le concediese
su licencia para tener oratorio privado en la hacienda de
Llano de Mesa, que actualmente posee dicho señor en juris­
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 261

dicción de la parroquial de Santa Bárbara de esta ciudad, y


constándonos, según informe que hemos tenido a bien pedir,
que la pieza destinada a tal objeto se halla con todo el aseo,
decencia y seguridad que corresponde, separada de las del uso
doméstico y paramentada de todo lo necesario para la cele­
bración del santo sacrificio de la misa, en consecuencia veni­
mos en conceder como le concedemos nuestra licencia al ex­
presado señor doctor Osorio para que en la pieza destinada
para oratorio pueda celebrarse el santo sacrificio en todos los
días del año una sola vez por sacerdote habilitado, exceptuán­
dose los prohibidos por derecho, pudiendo cumplir con el pre­
cepto solamente el señor doctor Osorio, su familia, domésticos
y demás personas que por algún motivo le acompañen; y en
los días que obligando oír misa se pueda trabajar, cumplirán
con el precepto todos generalmente; siendo de cargo del no­
minado señor el procurar que en los días de fiesta se recen
los actos de fé, esperanza y caridad, una parte de docrina;
se explique por el celebrante el santo evangelio y las veces que
esto último no se pueda se lea una plática moral o las refle­
xiones del día que trae el Año Cristiano de Croycet. Por tanto
le damos el presente título firmado de nuestra mano y refren­
dado del infrascrito secretario, en el palacio arzobispal de
Bogotá, a 15 del mes de julio de 1831.
Juan Fernández de Sotomayor
Por mandato del señor gobernador, Agustín de Herrera, se­
cretario.
Título de oratorio, librado a favor del señor doctor Alejandro
Osorio.

Mariano Tanco y señora tienen el honor de invitar al se­


ñor Alejandro Osorio Ricaurte a un baile que darán en su
casa el 14 del corriente.
Bogotá, 1Q de enero de 1860.
262 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Honda, 4 de octubre de 1820.


Mi querido Osorio:
He recibido tu carta con todo gusto y por el correo la
resma de papel impreso; veo tu actividad en mi recomenda­
ción y agradezco tu eficacia. Te envío el modelo de los impre­
sos que debes hacer imprimir, pues a más de ser en efecto pocos
los de oficio y pasaportes que han venido les faltan algunos
requisitos que se hacen necesarios. Te estimaré me los remitas
a la mayor brevedad-
Va el sombrerito: me alegrará esté de tu gusto; si nece­
sitas de más u otra cosa en que pueda servirte, manda como
gustes a tu verdadero amigo,
Francisco Urdaneta

Postdata: He decretado una fiesta para el 28 del corriente,


en obsequio del cumpleaños del Libertador; convido a San­
tander particularmente y a tí del mismo modo te exijo vengas
a mi casa. Al general le pido dos arrobas de pólvora; procura
empeñarte me las mande. Este pueblo está en opinión de godo
y deseo desimpresionar el público festejando a Bolívar y con
el objeto de que nos divertamos, igualmente que atrayendo
bastante gente, corra el dinero en este pobre pueblo que está
miserable.

Honda, 15 de octubre de 1820.


Mi querido Osorio:
Convengo en lo que me dices respecto a los impresos; yo
lo había notado, pero por seguir el uso de mi antecesor lo
toleré. Espero, pues, los impresos a vuelta de correo y de todo
te doy las gracias.
Me alegro que el sombrerito haya quedado a tu gusto; el
pago de él es que me digas si quieres otro o alguna cosa que
yo pueda hacer.
He visto el reglamento de sueldos. Dime si quedan aboli­
das las secretarías de la comandancia general, pues solo se
trata de gobiernos políticos, con una dotación para su secre­
taría. Espero me saques de esta duda.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 263

Dime algo del Sur, que nada sé casi desde que salí. Ró­
bate un momento y sírveme en esta pregunta. No ocurre otra
cosa por ahora sino que mandes como gustes a tu verdadero
amigo,
Francisco Urdaneta

Partidas de Bautismo.
Mamerta Uricoechea parió el martes 9 de febrero de 1841,
a la una de la mañana, una niña que se bautizó y confirmó
el mismo día a las siete de la noche en la capilla del palacio
arzobispal por el mismo señor arzobispo, señor doctor Manuel
José Mosquera; se le puso María deí Carmen Inés Polonia;
su padrino, su tío Ignacio Gutiérrez y madrina, su tía Juliana
Uricoechea y por su enfermedad su tía Vicenta Gutiérrez, por
poder; de confirmación, la señora Bibiana Heredia.
El 11 de marzo de 1842 nació a las doce del día Agustín
Gutiérrez Uricoechea; se bautizó esa noche en el palacio ar­
zobispal por el señor arzobispo Mosquera; sus padrinos, se­
ñor Bernardo Alcázar y su tía Marta Uricoechea, y seguida­
mente se confirmó; su padrino, tu tío abuelo Isidro Manuel
Vergara, por poder de su hermano Ignacio Vergara. El 15 fe­
brero de 1843, por la tarde murió Agustín Gutiérrez y Uricoe­
chea en la hacienda de Techo, donde lo tenían sus padres
mudando temperamento, por la tos ferina; se trajo a sepultar
en Bogotá, en la capilla del Sagrario por sus tíos Ignacio
Gutiérrez e Isidro Vergara.
El domingo 23 de marzo de 1845, parió Mamerta Uricoe­
chea una niña que se bautizó y confirmó el día 24 de marzo
1845, a las seis de la tarde, en la capilla arzobispal, por el
señor arzobispo Manuel José Mosquera. Su padrino, señor
Rafael Alvarez Bastida; madrina, señora Manuela Tenorio;
de confirmación, señora Ignacia Ponce y Vélez; se le puso
Vicenta.
El domingo 2 de febrero 1847, parió Mamerta Uricoechea
una niña y se le puso María Margarita Romualda; su padrino,
su tío Ignacio Manuel de Vergara; su madrina, su prima her­
mana Filomena Uricoechea, y de confirmación, su prima her­
mana Bárbara Alvarez y Gutiérrez. La bautizó el señor arzo­
bispo Manuel José Mosquera en el palacio arzobispal, a las
once y media del día 9 de febrero de 1847.
264 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

INDICE

Julio Arboleda. Cardenal Cayetano Baluffi. Simón Bolívar (2).


Domingo Caycedo (2). Antonio B. Cuervo. Rufino Cuervo, Diego F.
Gómez. Antonio Herrán, arzobispo de Bogotá. José Segundo Laínez,
S. J. (3). Cardenal conde Miecislao Ledochowski. Juan Francisco Man-
fredo y Ballestas, obispo de Panamá. Bernardino Medina y Moreno,
obispo de Cartagena. (6). Manuel José Mosquera, arzobispo de Bogo­
tá (6). Manuel María Mosquera. Tomás Cipriano de Mosquera (5). An­
tonio Nariño. Antonio Nariño y Ortega. José de Ortega y Mesa. Ale­
jandro Osorio. Alejandro Osorio y Ricaurte. Domingo Osorio. Elias
Osorio. Emilia Osorio. Ignacio Osorio. Juana Josefa Joaquina Uribe de
Osorio. José Antonio Páez (2). Miguel Peña. José Manuel Restrepo (4).
Manuel del Socorro Rodríguez. Manuela Sáenz. Francisco de Paula
Santander. (4). Canónigo Juan Fernández de Sotomayor. Mariano Tan-
co. Francisco Urdaneta (2). Mamerta Uricoechea de Gutiérrez.

,Í||

El señor Fiscal don Manuel Bernardo de Bernardo Alvarez


EL SEÑOR FISCAL
DON MANUEL BERNARDO DE BERNARDO ALVAREZ

Por José M. de Mier

Con la lectura * de este breve escrito, deseo que traigamos


a nuestra memoria la figura de don Manuel Bernardo de Ber­
nardo Alvarez, con ocasión de cumplirse el bicentenario de
su muerte, acaecida en esta nuestra Santafé, el día 4 de mayo
del año del Señor de 1774.
Si bien su existir no involucra grandes actuaciones, ni
está su vida plagada de hechos de innegable trascendencia,
es de tenerse en cuenta que fue un clásico funcionario del
siglo XVIII y que él constituye tronco de una familia, cuyos
integrantes han servido a Colombia en muy diferentes cam­
pos, algunos de ellos de gran importancia y siempre desem­
peñándose de manera distinguida.
La familia Alvarez que tiene su origen en don Manuel,
demuestra un típico asentamiento de españoles de sangre que
tomaron a la Nueva Granada para sus lares, formando la
familia un claro exponente de los fundadores de la sociedad
santafereña.

En el mar de Castilla la Nueva, en la Villa y Corte de


Madrid, nace a fines del siglo XVIII Manuel Bernardo de Ber­
nardo Alvarez (1).

* Nota: Este texto corresponde a la lectura que el ingeniero José


M. de Mier hizo en la sesión del 23 de abril de 1974 de la Academia Co­
lombiana de Historia, la cual lectura fue repetida en la Sala de Confe­
rencias del Museo Arqueológico del Banco Popular (Bogotá), el 8 de
mayo de 1974.
266 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

El hogar fue establecido por don Francisco Bernardo, na­


tural de Madrid y su esposa doña Isabel Alvarez, natural de
San Pedro de Flariz en Orense. Tuvieron los antes mencio­
nados por sus respectivos padres a don Francisco Bernardo y
Lucía de Ayala, su mujer; a don Antonio Alvarez y Ana Gon­
zález, su esposa (2). En razón de lo anterior, se establece un
ancestro madrileño y de Flariz (3).
Tenemos noticias de un hermano de don Manuel, de nom­
bre Francisco de Bernardo Alvarez, pues éste así lo manifestó
cuando en 1742 vivía en Santo Tomás de Madrid (4) y ya
había abrazado la carrera de religioso, y de una hermana su­
ya, doña María (5), quien residió en el Colegio de las Viñas,
que llaman de Leganes y luego profesó de religiosa en el Con­
vento de Santo Domingo el Real, en la Corte de Madrid, con
el nombre de Sor María de Jesús (6).
Existió un tío de estos tres de Bernardo Alvarez, llamado
don Francisco Alvarez (7), quien atendió los negocios de don
Manuel cuando éste se trasladó a América al servicio de la
Corona Española y quien, con los dineros enviados desde el
Nuevo Mundo por el sobrino, atendía las necesidades de la pa-
rienta religiosa (8).
Conocemos de otro familiar, el tío don Miguel de Arizcum,
que hizo un pequeño legado a favor de la monja Sor María (9).

Don Manuel inició estudios en la Universidad de Sala­


manca en 1717, obteniendo el 2 de junio de 1722 el título de
bachiller en Sagrados Cánones, con lo cual pudo seguir es­
tudios mayores (10).
Durante sus años de estudiante universitario, presidió
Actos Mayores de Conclusiones, leyó leyes y fue Catedrático
de Víspera de Cánones y Decretales Mayores, eventos en los
cuales se desempeñó “con grande acierto, aplauzo y comprehen­
sión, en fuerza de su lucido ingenio y capacidad” (11).
El 4 de julio de 1726 es recibido don Manuel de abogado
del Consejo Real de Castilla (12), desempeñándose durante el
año de 1727 como Procurador del Rey (13).
Con fecha 15 de diciembre de 1727 es nombrado Teniente
Gobernador y Auditor de Guerra de la ciudad de Caracas en
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 267

Tierra Firme (14), destino que pasa á servir con atrazo, pues
la licencia para pasar a las Indias la obtuvo el 9 de septiem­
bre de 1728 (15), partiendo de Cádiz para tal efecto.
Encontramos más tarde —septiembre de 1733— a don Ma­
nuel, desempeñándose en el cargo de Factor y Director de la
Compañía del Asiento de Negros de Inglaterra, con sede para
sus actividades en Caracas (16).
Los méritos obtenidos por los servicios prestados a la Co­
rona, hacen que don Manuel Bernardo sea nombrado el 11
de febrero de 1735 por el rey don Felipe V (17), para el cargo
de Fiscal de su Real Audiencia del Nuevo Reino de Grana­
da (18).

Según el diario de Vargas Jurado, el Fiscal Alvarez entra


a Santafé el 26 de marzo de 1736 (19) y vemos que la Real
Audiencia se reúne en Acuerdo Extraordinario dos días más
tarde, o sea el 28 de marzo, bajo la presidencia del titular don
Rafael de Eslava y con la asistencia de los oidores José Quin­
tana y Acevedo, Juan Guerrero, Silvestre García Quesada y
José Joaquín Martínez Malo, para tomarle el juramento acos­
tumbrado (20).
La tranquila vida de este Nuevo Reino, que para ese en­
tonces es una Presidencia, transcurre plácidamente, pero con
aconteceres tales como la muerte del Presidente don Rafael de
Eslava, quien lo era en virtud de Real Cédula del 17 de fe­
brero de 1730 (21), circunstancia que obliga a que la Real Au­
diencia entre a ejercer el gobierno del Nuevo Reino (22), su­
ceso éste que se repetirá en 1738 a la muerte de otro Presi­
dente, don Antonio González Manrique (23).
Asiste Alvarez en 1739 a la posesión como Presidente de
don Francisco González Manrique (24), en esta Santafé, en
donde y desde el año anterior, se cuenta con imprenta (25).
En este mismo año y durante la sede vacante del Arzo­
bispado, la Audiencia no concurrió a la Catedral a la fiesta
de San Pedro, actuación que causó grave conmoción y por
lo cual los canónigos se dirigieron al Monarca, en solicitud
de que mediante real cédula, se dictaran las medidas ne­
cesarias para obligar a su Real Audiencia a asistir a tales fes­
268 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

tividades religiosas. Este era uno de los muchos reflejos de


las discusiones de pequeña sociedad y los enfrentamientos en­
tre poderes, los cuales se realizaban en todas las colonias y
ambos agraviados, recurrían en busca de solución al rey (25A).
El restablecimiento y nueva delimitación del virreinato,
el cual ahora comprenderá las provincias de Santafé, Carta­
gena, Antioquia, Santa Marta, Río Hacha, Popayán y Chocó,
las de Caracas, Maracaibo y Río Orinoco, Cumaná, Guayana,
Trinidad y Margarita, Panamá, Portobelo y Darién y Quito y
Guayaquil, es el suceso más importante de 1739, el cual se
desarrolla en cumplimiento de Real Cédula del 20 de agosto
(26), posesionándose como primer mandatario de esta nueva
etapa virreinal don Sebastián de Eslava, hermano del triste
y lamentado Presidente don Rafael, trámite que el señor Es­
lava cumple ante la Real Audiencia el 2 de junio de 1740 (27)
mediante apoderado, por hallarse el titular a la defensa de la
amenazada Cartagena de Indias.
Pero recordemos que el año se había iniciado en Santafé
con un acontecimiento de gran implicación: el comienzo de
servicio del Hospital Nuevo o de San Juan de Dios, que ini­
ciara el Padre Villamor y concluyera el Padre Guzmán, para
lo cual se reunieron todos los señores principales de la villa
y en solemne desfile, condujeron hasta allí, en sillas de ma­
nos, a los enfermos que venían siendo atendidos en la Enfer­
mería Vieja del Señor San Pedro (28), situada en el costado
occidental de la hoy carrera sexta entre calles diez y once.
Por atender el virrey los asuntos de Cartagena, es la Real
Audiencia quien ejerce el gobierno y a ella, compuesta, por
don Andrés Verdugo y Oquendo y don Joaquín de Aróstegui,
el Fiscal Manuel de Bernardo Alvarez, el asesor de gobierno
don Antonio de Peñalver, es a quien el señor Eslava (29) se di­
rige en solicitud de ayuda para atender al asedio que a Car­
tagena han impuesto en este año de 1740 los ingleses al man­
do de Eduardo Vemon.
Las medidas tomadas por la Real Audiencia no debieron
ser en todo muy amplias, considerándose creo, un impuesto
de recaudo inmediato y no un empréstito o una dadivosa ayu­
da, pues las provincias de Vélez, capitaneadas por su Alférez
Real don Alvaro Chacón de Lima y sus alcaldes y vecinos, se
levantaron contra el impuesto por la forma de ser cobrado y
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 269

la cuantía del mismo, parando luego algunos en la cárcel y


unos hasta morir en ella (30).
Mas a pesar de lo antes relatado, la ayuda a la plaza fuer­
te se obtuvo en muchos sitios del virreinato, fue oportuna y
no representó carga ni en un solo cuartillo al erario real, ex­
cepto en cuanto a fletes de mercaderías se refiere (31).
Los esfuerzos de españoles peninsulares y de neograna-
dinos, tuvieron el éxito esperado, al derrotar al temido y au­
daz invasor.
Destácase también, que para ésta época la Audiencia ade­
lanta las misiones por los territorios del Amazonas o Marañón,
Putumayo, Caquetá y Mocoa (32), la construcción de hospi­
tales, especialmente en las provincias de Santa Marta y Ma-
racaibo (33); la construcción del alcantarillado de Santafé (34)
y del camino que la une con Honda (35); la instalación de
un reloj (36) en la torre de la catedral de esta ciudad, el cual
fue construido aquí mismo, por un francés llamado Antonio
y cuyo costo ascendió a 2.000 pesos (37), reloj que los santa-
fereños luego llamarán cariñosamente “reloj viejo” (38).
No bien el viento había alejado de los ojos de los heroicos
cartageneros a las velas inglesas, se comenzaron a temer nue­
vas incursiones contra el mismo puerto. El pueblo granadino
estaba exhausto por la anterior contribución, siendo por lo
tanto el turno del suministro de ahora, a cargo de los vicarios
y curas del sector de Tunja y Villa de Leyva, quienes tenían
las mayores montoneras de trigo del virreinato; el requerido
aprovicionamiento del puerto caribe, solamente se logró, una
vez que el Arzobispo exhortó a cumplir su mandato bajo pena
de excomunión mayor y multa, a quienes no hiciesen entrega
u ocultasen los víveres requeridos para el bien común. Cuán
relajados eran en su disciplina ciertos eclesiásticos de este
entonces (39).

Durante el que pudiéramos llamar período de co-gobier-


no del virrey Eslava y la Real Audiencia, de la cual era Fis­
cal el señor Alvarez, período que se extiende también durante
el mandato del virrey su sucesor, Marqués del Villar, existe
una actuación poco estudiada y en algunos casos tan solo sos-
layadamente nombrada: la pacificación de la “nación chi-
270 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

mila” o sea, la reducción de la población de aborígenes de esta


raza, quienes habitaban la zona enmarcada por el río Mag­
dalena, la Sierra Nevada y las estribaciones de la Serranía de
los Motilones, con lo cual se desarrollaron los inmensos re­
cursos de la región y el seguro tránsito del río se logró (40).
Las agregaciones y nuevas poblaciones proyectarán su
existencia desde mediados de este tan ignorado siglo XVIII y
hoy al recorrer la zona, no podemos ignorar los nombres de
ellas, tan musicales unos y tan significativos todos: Santa
Ana de Buenavista, Santa Bárbara de Pinto, El Guamal, San
Sebastián de Menchiquejo, Chiriguaná, San Vicente de Saloa,
Tamalameque, El Banco, San Sebastián de Rábago o de la
Sierra!!. Todos con sus cercados, capilla ornamentada, admi­
nistración de justicia.

Don Juan Manuel de Muelle y don Pedro Hernández de


Zurita se propusieron instalar en Tunja una fábrica de paños
y bayetas, al estilo de los obrajes de la misma índole, existen­
tes en la Audiencia de Quito. Los interesados se dirigieron al
virrey don José Alfonso Pizarro, quien pasó en consulta tal
petición al Fiscal de la Audiencia don Manuel de Bernardo Al­
varez. Estudiada por el Fiscal la solicitud, éste conceptuó que
la legislación era expresa, al conceder el funcionamiento de
tales factorías, tan solo en la Audiencia de Quito y que las
instrucciones al virrey inhibían la concesión de tales permisos
en el Nuevo Reino.
En atención a lo anterior, los señores Muelle y Hernández
tan solo mantuvieron un taller casero, para producir paños
y bayetas (41).

Don Manuel de Bernardo Alvarez continúa actuando co­


mo Fiscal de la Real Audiencia cuerpo que integran los oido­
res Andrés Verdugo, Benito de Casal, Juan Francisco Pey y
Ruiz y Antonio Gómez de la Torre, y así lo vemos cuando se
inicia en el ejercicio como virrey, don José Solís Folch de
Cardona (42).
El año de 1755 trae dos sucesos para la vida de nuestro
Fiscal: su designación como segundo sustituto para instruir
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 271

el juicio de residencia al virrey Pizarro, que no llega a ejercer,


pues lo cumple don Antonio de Berástegui (43) y el otro su­
ceso será, que el 22 de septiembre el rey le reconoce jubila­
ción con pensión de 2.000 pesos anuales, con la preeminencia
de ser preferido en el asiento al Fiscal que debía de sucederle,
cuando asistiesen a funciones públicas (44).
El cargo de Fiscal lo debió ejercer el señor Alvarez hasta
1756, pues hasta ese año el rey en despacho dado en el Buen
Retiro, nombra como sucesor a don José Antonio de Peñalver
quien llegará a Santafé el 13 de noviembre del citado año de
56 (45).

Por estarnos enclavados en este castizo barrio de Santafé,


hemos olvidado a alguien que reside en la Metrópoli: Sor María
de Jesús, a quien su hermano Manuel Bernardo continúa asis­
tiendo en lo terrenal, pues en tanto ella ha orado en su con­
vento, pero no olvidado del todo el mundo (46) y le llegan:
—dos moliendas de cacao en 736 se hacen de la fanega; — ré­
ditos del año tras año—; el cargo que importó una cadena de
oro y una sortija de oro con una esmeralda, que le envió por
diciembre de 1737 y se vendió: la cadena que pesó 567 reales
% de plata de a 16 quilates y la sortija en 6 pesos.
En el 741 hallaremos a la reverenda hermana de Bernar­
do Alvarez: —recibiendo unas libras de tabaco—; ofre­
ciendo una fiesta el día del Carmen; —efectuando unos cas­
tillos que costaron 20 reales y otras veces más;— comprando
la cera y las mantillas, para las monjas y otras amistades —no
faltan los gastos menudos, el azúcar y más antes el turrón—.
Están los chorizos, las roscas de Valencia y el regalo de Na­
vidad (47).
La situación en el año siguiente del 42 es así (48): La
monja está en Valladolid y algunas amigas parten para las
Indias, previo un ágape con pastelón y llenados los bolsillos
de las viajeras con escapularios y evangelios. —En tanto com­
pra zapatos, chapines y el desestero—. No deja de existir uno
que otro regalo al confesor en el día de San Joaquín. —Unas
dádivas en pollos a un escribano—; y con los regalos que se
hacen, no hay uno que falte: es al Padre Gumilla, quien re­
cibe dinero para el pago de su hospedaje y una cartera.
272 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Con este recuento de la asistencia que nuestro don Ma­


nuel Bernardo prestara a su hermana radicada en Madrid,
se nos pierde su recuerdo, pero hemos deseado traer a cuento
tantas costumbres.

Para alojar a su numerosa familia el matrimonio Alvarez


del Casal, adquirió en noviembre de 1757 un solar con su edi­
ficación, al alguacil mayor de la Real Audiencia don Juan
Gil Martínez Malo, situado “en la colocación de la catedral,
en la esquina antes de llegar al puente de Lesmes” (49).
Al abrigo de estos tutelares muros, los mayores madrile­
ños y los hijos santafereños y numerosos amigos, después de
saborear espumoso chocolate de Girón, en jicara esta vez de
plata martillada, servido como refresco sobre mantel con da­
masquinados dibujos que realzaron su blancura, rodeados de
fuentes cargadas de deliciosa colación, oyeron los clásicos acor­
des y a todos los contertulios, los siempre hidalgos, se les vió
bailar ondú, cañadas, capitusé y zorongo, formando algunas
figuras de paseo, cadena y triunfo, baile y figuras que riguro­
samente concluyeron cuando el “reloj viejo” dio sus claras do­
ce campanadas.
Pasando el tiempo, una de estas reuniones la reconstrui­
rá en discreto pero diciente colorido Roberto Pizano Restrepo.
No puede claramente establecerse si la actual construc­
ción fue íntegramente edificada para morada de la familia
del Fiscal, pero en todo caso dícese que su construcción de
“majestad señorial” data del siglo XVIII (50) y es cierto que
los herederos de don Manuel la vendieron a don Jorge Lo­
zano Peralta en 1784 (51). Se conserva esta fábrica y se des­
tina al Museo de Cerámica del Banco Popular, lugar hoy es­
cogido para nuestra reunión.
Mas sea la oportunidad de recalcar, que esta casa situa­
da en la antigua Calle del Fiscal, nombre que algunos han
querido atribuir al hecho de colindar con la morada del Fis­
cal Alvarez, no debe su nombre a don Manuel, pues se dio
en honor del Fiscal don Francisco Javier Zarratea (52).
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 273

Ya retirado del empleo de Fiscal de la Real Audiencia del


Nuevo Reino de Granada, don Manuel Bernardo se dedica de
lleno a la vida de hogar.
Es oportuno el recuerdo de una tradición familiar: don
Manuel Bernardo anheló grandemente regresar a su nativo
Madrid, desde poco tiempo después de contraer matrimonio,
pero entusiasmándose tanto con el proyecto que veía cercano
a la realidad, la esposa quedaba esperando y así se posterga­
ban sus proyectos. Completó diez y ocho hijos de los cuales
algunos le sobrevivieron, radicándose en forma definitiva en
esta villa de Quesada, donde murió el 4 de mayo de 1774 (53).

Escudo partido, a la diestra sobre campo de oro un roble


de sinople, un lobo de sable lampasado de gules pasante al
pie del tronco, y a la siniestra sobre campo de gules, jaquela­
do de siete piezas de oro, bordadura de oro. Estas son las ar­
mas que conservaron los Alvarez, descendientes de don Ma­
nuel Bernardo (54).
Al analizar el retrato del Fiscal, vemos que fue un hom­
bre corpulento, con vestir austero; frente amplia y algo in­
clinada; ojos azules, mirada seria mas no adusta; aspecto se­
co pero afectuoso; tez rosada y cara redonda; boca recta, al­
go fina, pero afable en su expresión.
El anterior retrato tiene una bordadura, con una inscrip­
ción en latín, la cual reza así: “El señor don Manuel Bernardo
de Bernardo Alvarez, Fiscal Real y Abogado de la Real Au­
diencia de Santafé en el Nuevo Reino; habiendo desempeñado
fielmente su cargo y anteriormente otros, obtuvo varios y sin­
gulares galardones” (55).

Casó don Manuel Bernardo en la Iglesia Metropolitana de


Santafé el 2 de julio de 1738, habiendo precedido informacio­
nes de libertad y con licencia del Provisor don Nicolás de Ba-
razolda, con doña Josefa del Casal y Freiría (56).
Doña Josefa era hija de don Antonio Benito del Casal y
Freiría —quien había nacido en Pontevedra como hijo legí­
timo de Benito del Casal y de Ana María Padinpatiño— y de
274 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

su esposa doña Leonor López de Rojas y León —hija de Antonio


López de Pasos, ministro del Tribunal de la Inquisición en las
Islas Canarias y de su esposa Isabel de Rojas y León— (57).
Al nombrar a don Antonio Benito del Casal, debemos re­
cordar que se estableció inicialmente en Trinidad y luego pasó
a Santafé, volvió a Guayana hecho capitán, donde desempeñó
lucidos cargos; pasó luego a Tunja como corregidor y justi­
cia mayor, actuó de capitán general de ella y concluyó sus
servicios públicos como gobernador y comandante de la ciu­
dad y provincia de Maracaibo (58).
El matrimonio de los Alvarez Casal fue fecundo en hijos
y benéfico para la patria, constituyéndose en tronco de fami­
lias que han honrado el apellido y llenado los anales de la
historia, con nombres más que ilustres y enjuagado sus pá­
ginas con su sangre de mártires.
Tenemos que todos los hijos nacieron en Santafé y los
que contrajeron matrimonio lo hicieron en el Nuevo Reino,
en virtud del permiso concedido por Real Cédula de Fernando
VI dada el 14 de abril de 1755, así:

I Catalina Josefa, 30 de abril de 1739 (59), quien con­


trajo matrimonio el 8 de septiembre de 1758 con don
Vicente Nariño, quien vino a Nueva Granada como
contador de las Reales Cajas, y fue también de la
Santa Cruzada, Mayor del Tribunal y Real Audiencia.
El hogar se estableció en la casa situada en la Calle
de la Carrera y cuyo sitio ocupa hoy el Palacio de Na­
riño. El matrimonio tuvo ocho hijos: José, Juan Nepo-
muceno, Joaquín, Manuel, María Dolores, Cayetano,
Benita y el más importante de todos: Antonio (60).
Varios de los Nariño y Alvarez dejaron descendien­
tes, contándose entre ellos a José Manuel Marroquín
y en nuestros días tenemos al por todos querido ar­
zobispo Emilio de Brigard Ortiz.
II María Manuela Antonia, 5 de junio de 1740 (61), quien
no debió contraer matrimonio, pues para 1785 era sol­
tera (62).
III Petronila Bernarda, 30 de mayo de 1741 (63), fue la
primera esposa de don Jerónimo de Mendoza y Hur­
tado (64), Teniente de caballería y quien vino en la
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 275

guardia del Virrey Messía de la Zerda (65), y tuvie­


ron por hija a María Josefa de los Dolores, nacida en
1765 (66).
IV Antonia Bárbara Josefa, 3 de junio de 1742 (67).
V Manuel Bernardo, 21 de mayo de 1743 (68), colegial
de San Bartolomé y doctor de las Universidades Ja-
veriana y de Santo Tomás en ambos derechos y teo­
logía, Abogado de la Real Audiencia, contador en San­
tafé y en la Casa de Moneda de Popayán de donde
regresó con público reconocimiento en cuanto a ser­
vicios prestados. A partir del 20 de julio de 1810 abra­
zó la causa patriota e inició sus servicios entre ellos,
los de diputado al Congreso, Contador, Miembro del
Colegio Electoral, Presidente y Dictador de Cundina-
marca en 1814 y luego de otros cargos se retiró del
servicio público. Compuso varias poesías. Cuando la
Reconquista Española, Morillo hizo de él otra vícti­
ma, regando su sangre la Plazuela de San Francisco
en Santafé el 10 de septiembre de 1816, hasta donde
fue conducido, anciano e inválido, para dar su última
ofrenda a su patria.
Casó don Manuel Bernardo Alvarez del Casal con
doña Josefa Lozano y Manrique, hija de don Jorge
Miguel Lozano de Peralta y de doña María Tadea
González Manrique, Marqueses de San Jorge de Bo­
gotá, habiendo sido hijos María Ignacia, María Fran­
cisca, Manuel María —político activo en la Patria
Boba y luego de Boyacá, participó en el Congreso de
Cúcuta y desempeñó varios cargos—, María Tadea
—cuyo esposo Juan María Pardo y Pardo, fue signa­
tario del Acta de la Independencia— y Mariano, to­
dos nacidos en Popayán y de varios de los cuales hay
descendencia (69).
VI Joaquina Ana Margarita Josefa, 18 de julio de 1744
(70), quien casó con el español Manuel García Ola-
no (71), Administrador General de Correos, quien fi­
guró en la insurrección de los comuneros.
VII Juana Josefa Antonia del Espíritu Santo, 6 de jimio
de 1745 (72), contrajo matrimonio en Tunjuelo el
5 de septiembre de 1761 con Benito del Casal y Mon­
276 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

tenegro (73), graduado en cánones y oidor en San­


tafé desde 1746 hasta 1781; nombrado oidor en Lima,
no aceptó el cargo. Fueron sus hijos: María del Car­
men, Juan de Dios, Domingo José, María Manuela
y Mariano José (74), algunos de ellos con descen­
dencia hasta nuestros días.
VIII Juan de Dios Mariano, 2 de julio de 1746 (75), quien
fue colegial de San Bartolomé y luego de su ordena­
ción sacerdotal, actuó de cura de Moniquirá (76).
IX María Josefa, 13 de diciembre de 1747 (77), esposa
de don José López Duro (78), Teniente de Alabarde­
ros del Virrey la Zerda (79), contador ordenador del
tribunal de guerra y tesorero general del Montepío
Militar (80), quienes tuvieron cinco hijos (81) entre
los cuales se contó a Petronila Ana, quien fuera es­
posa de José María Carbonell, fusilado por Murillo el
19 de junio de 1816 (82).
X Leonor Claudia María, 22 de febrero de 1749 (83).
XI Francisco Javier Bernardo, 19 de mayo de 1750 (84).
XII José Manuel Cayetano, 3 de julio de 1751 (85), barto-
lino en 1762, contrajo matrimonio con Flora Suescún
y Rugero, habiendo tenido por hijo a José Mariano
(86).
XIII Angela Bárbara Josefa, 2 de octubre de 1752 (87),
quien permaneció soltera (88).
XIV Ignacio Antonio Bernardo, 16 de enero de 1754 (89),
fue bartolino en 1762 y soldado de caballería en 1781,
teniente de gobernador en Pamplona. Murió soltero
(90).
XV Rita Pascuala, 17 de mayo de 1756 (91), contrajo
matrimonio con Francisco Robledo, asesor del virrei­
nato de Santafé de donde pasó a ser oidor en las Au­
diencias de México y Guatemala. Tuvieron por hijo
a Luis (92).
XVI Bárbara Vicenta (92 A), 21 de febrero de 1758, con­
trajo matrimonio con Manuel de la Revilla, un es­
pañol que fue oficial de cajas, contador del tribunal
(93), secretario de cartas y gentil-hombre de Cá­
mara del virrey Messía de la Zerda (94).
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 277

XVII Juan José Nepomuceno, 11 de abril de 1760 (95), co­


legial en San Bartolomé en 1773, quien contrajo ma­
trimonio en Pamplona el 8 de mayo de 1794 con do­
ña María Juana de Villamizar, hija de José María Vi-
llamizar y su esposa Josefa Gallardo (96), nacida en
esa misma ciudad (97) y cuyos hijos fueron: —Jose­
fa que casó con Antonio Fruto Gutiérrez, dejando
descendencia—. Rafael que nació en Pamplona en
octubre de 1800 (98) y casó con Carmen Ramón, hi­
ja legítima de Rafael Ramón y María Sánchez; nieta
de Rafael Ramón y María Estrada y de José Ignacio
Sánchez y Juana María González.
Rafael Alvarez y su esposa Carmen Ramón tu­
vieron por hijo a Nepomuceno, quien nació en Pam­
plona el 10 de mayo de 1835 (99), se dedicó al co­
mercio por lo cual radicó en Bogotá, en donde formó
su hogar cuando casó en 1863 con Mercedes Plata So­
to, hija de José María Plata —la persona de mayor
importancia en su tiempo— y Dominga Soto, nieto
don Nepomuceno de Isidro Plata Obregón, el fusilado
en la Epoca del Terror y sobrino de Francisco Soto, el
ministro de Santander.
Del matrimonio Alvarez Plata descienden Pablo
—periodista—, muerto durante la revolución de 1895,
Inés, María, Carmen, Mercedes y Bernardo, de los
cuales contrajeron matrimonio y dejaron descenden­
cia: Inés, quien casó con Joaquín Emilio Tamayo
Restrepo y Bernardo, esposo de María Calvo Valen­
zuela.
XVIII María Luisa Antonia Josefa, 15 de junio de 1761 (100).

Cerramos esta semblanza del Fiscal don Manuel Bernar­


do de Bernardo Alvarez recordando, que bajo el mismo techo ♦
que hoy nos da abrigo, sobre sus cansadas rodillas de abuelo,
se sentó a oírle enseñanzas, uno de los más grandes america­
nos: su nieto Antonio Nariño y Alvarez, El Precursor.

Museo Arqueológico del Banco Popular - Bogotá.


278 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

NOTAS:

(1) RETRATO de don Manuel Bernardo de Bernardo Alvarez, propie­


dad de su descendiente Señora Carmen Tamayo de Mier - Bogotá.
(2) Restrepo Sáenz, José María y Rivas Escovar, Raimundo. ‘‘Genea­
logías de Santafé y de Bogotá”. Bogotá, Librería Colombiana, 1928.
Tomo I, página 18.
(3) Ver 2, ut supra, página 18.
(4) Academia Colombiana de Historia, Bogotá, Sección de Archivos
y Microfilms. “Papeles de los Alvarez”, folio 64.
(5) Ver 4, ut supra, folio 65.
(6) Ver 4, ut supra, folio 66 v.
(7) Ver 4, ut supra, folio 66 v.
(8) Ver 4, ut supra, folio 66.
(9) Ver 4, ut supra, folio 66.
(10) Ver 4, ut supra, folio 66 v.
(11) Ver 2, ut supra, página 18.
(12) Ver 2, ut supra, página 18.
(13) Ver 1, ut supra.
(14) Archivo Nacional de Colombia, Bogotá, Sala Colonia, Historia Civil,
tomo X, folio 221 r. también ver 4, ut supra, folio 66 v.
(15) Ver 2, ut supra, página 18.
(16) Ver 14, ut supra.
(17) Ver 2, ut supra, página 18.
(18) Ver 2, ut supra, página 18.
(19) Vargas Jurado, J. A. “Tiempos Coloniales” en La Patria Boba, Bi­
blioteca de Historia Nacional, Bogotá, Imprenta Nacional, 1902.
Página 16.
(20) Archivo Nacional, Bogotá, Sala Colonia, Real Audiencia — Cundi-
namarca, tomo XIII, folio 553 v.
(21) Ortiz, Sergio Elias. “Nuevo Reino de Granada, El Virreinato”.
Historia Extensa de Colombia, Bogotá, Ediciones Lerner, 1970, vo­
lumen IV, tomo I, página 101.
(22) Ver 21, ut supra, tomo I, página 123.
(23) Ver 21,ut supra, tomo I, página 130.
(24) Ver 21, ut supra, tomo I, página 131.
(25) Posada, Eduardo. “Bibliografía bogotana”. Biblioteca de Historia
Nacional, Bogotá, Imprenta de Arboleda y Valencia, 1917, tomo I,
página 1.
(25a) Restrepo Posada, José. “Arquidiócesis de Bogotá, datos biográficos
de sus prelados”. Biblioteca de Historia Eclesiástica, Fernando Cay-
cedo y Flórez. Bogotá, Editorial Lumen Christi, 1961, volumen II,
tomo I, página 162.
(26) Ver 21, ut supra, tomo I, páginas 148 a 150.
(27) Restrepo Sáenz, José María, “Biografías de los mandatarios y mi­
nistros de la Real Audiencia”, Biblioteca de Historia Nacional, Bo­
gotá, Editorial Cromos, 1952, página 83.
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 279
(28) Ver 25a, ut supra, página 163.
(29) Ver 21, ut supra, tomo I, página 241.
(30) Ver 27, ut supra, página 350. También Gómez Hoyos, Rafael. “La
revolución granadina de 1810”. Bogotá, Editorial Temis, 1962, to­
mo I, páginas 160 y 161.
(31) Ver 21, ut supra, tomo I, página 242.
(32) “Relaciones de mando”, Relación del Virrey Eslava. Biblioteca de
Historia Nacional. Bogotá, Imprenta Nacional, 1910, página 32.
(33) Ver 32, ut supra, página 33.
(34) Ver 32, ut supra, página 39.
(35) Ver 32, ut supra, página 39.
(36) Ver 19, ut supra, página 20.
(37) Ver 21, ut supra, página 254.
(38) Ver 19, ut supra, página 253.
(39) Groot, José Manuel. “Historia eclesiástica y civil de Nueva Gra­
nada”. Biblioteca de Autores Colombianos Bogotá, Editorial ABC,
1953, tomo II, página 48.
(40) Ver 32, ut supra, páginas 24 y 28.
(41) Ver 21, ut supra, tomo I, páginas 294 y siguiente.
(42) Ver 21, ut supra, tomo II, páginas 46 y 47.
(43) Ver 21, ut supra, tomo I, página 323.
(44) Ver 2, ut supra, página 18.
(45) Ver 27, ut supra, página 456. También ver 19, ut supra, página 44.
(46) Ver 4, ut supra, folio 66.
(47) Ver 4, ut supra, folio 65 r. y v.
(48) Ver 4, ut supra, folio 64.
(49) Ver 27, ut supra, página 461.
(50) Ortega Ricaurte, Daniel. “Cosas de Bogotá”. Biblioteca Eduardo
Santos. Bogotá, Editorial ABC, 1959, página 51.
(51) Ver 27, ut supra, página 461.
(52) Ver 50, ut supra, página 51.
(53) Ver 1, ut supra.
(54) Ver 4, ut supra, folio 21.
(55) Ver 1, ut supra.
(56) Ver 2, ut supra, página 18.
(57) Ver 2, ut supra, página 226.
(58) Ver 2, ut supra, páginas 225 y 226.
(59) Archivo de la Parroquia de San Pedro de la Catedral, Santafé (Bo­
gotá), “Libro de bautismos de españoles”. Tomo 20, folio 59.
(60) “Segundo centenario del nacimiento de don Antonio Nariño”. Bi­
blioteca de Historia Nacional. Bogotá, Editorial Kelly, 1965, páginas
13 y 14.
(61) Ver 59, ut supra, tomo 23, folio 79.
(62) Ver 2, ut supra, página 19.
(63) Ver 59, ut supra, libro 23.
(64) Ver 2, ut supra, página 19.
(65) Ver 27, ut supra, página 136.
280 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

(66) Apuntes de Joaquín Tamayo Alvarez, en poder de su hermano


Rafael.
(67) Ver 59, ut supra, libro 23.
(68) Ver 59, ut supra, libro 23, folio 7.
(69) Ver 2, ut supra, página 22. También José Restrepo Posada “Manuel
Bernardo Alvarez”, en Boletín de Historia y Antigüedades, tomo X,
páginas 678 y 679.
(70) Ver 59, ut supra, libro 23, folio 23.
(71) Ver 2, ut supra, página 19.
(72) Ver 59, ut supra, libro 23, folio 39.
(73) Ver 2, ut supra, página 19 y también ver 27, ut supra, página 360.
(74) Ver 66, Ut supra y 27, ut supra, página 361.
(75) Ver 59, ut supra, libro 23.
(76) Ver 2, ut supra, página 19.
(77) Ver 59, ut supra, libro 23, folio 91.
(78) Ver 2, ut supra, página 19.
(79) Ver 27, ut supra, página 136.
(80) Ver 66, ut supra.
(81) Ver 2, ut supra, páginas 330 y 331.
(82) Ver 2, ut supra, página 209.
(83) Ver 59, ut supra, libro 23, folio 109.
(84) Ver 59, ut supra, libro 23, folio 132.
(85) Ver 59, ut supra, libro 23, folio 151.
(86) Ver 2, ut supra, página 19.
(87) Ver 59, ut supra, libro 23, folio 169.
(88) Ver 2, ut supra, página 19.
(89) Ver 59, ut supra, libro 23, folio 184.
(90) Ver 2, ut supra, página 19.
(91) Ver 59, ut supra, libro 23, folio 212.
(92) Ver 27, ut supra, páginas 529 y 530.
(92a) Ver 59, ut supra, libro 23.
(93) Ver 2, ut supra, página 19.
(94) Ver 27, ut supra, página 136.
(95) Ver 59, ut supra, libro 23.
(96) Archivo Parroquial de Pamplona. “Libro de matrimonios”. Par­
tida copiada por Joaquín Tamayo Alvarez.
(97) Archivo Parroquial de Pamplona. “Libro de bautismos”. Partida
copiada por Joaquín Tamayo Alvarez.
(98) Archivo Parroquial de Pamplona. “Libro de bautismos”. Partida
copiada por Joaquín Tamayo Alvarez.
(99) Ver 2, ut supra, página 20.
(100) Ver 59, ut supra, libro 23.
NOTICIERO ACADEMICO

(Enero a junio de 1974)

Posesión de un académico correspondiente.


El 5 de febrero, en sesión ordinaria, el doctor Néstor Vi­
llegas Duque al posesionarse como académico correspondiente
lee un importante estudio sobre don Baldomero Sanín Cano.

Elección de un miembro numerario.

En la sesión ordinaria del 19 de febrero fue elegido por


unanimidad como miembro de número de la Corporación el
doctor Alvaro García Herrera.

Comisión de la OEA-

En la sesión ordinaria del 5 de marzo, el R. P. Alberto


Lee López, Director de Archivo Histórico Nacional y nume­
rario de la Academia, hizo una importante exposición sobre
la reunión de la Comisión de la OEA para la organización de
los archivos colombianos.

Elección de miembros correspondientes.

La Corporación ha elegido como miembros correspon­


dientes a los doctores Jorge Morales Gómez, Gilberto Vargas
Motta (5 de marzo) y Rafael Serrano Camargo (18 de junio).
282 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

Segundo centenario de Subachoque.

La Corporación se asoció a los actos conmemorativos del


segundo centenario de la Parroquia de Subachoque, actos que
se llevaron a cabo el 17 de marzo en dicha población.

Lecturas.

Durante este semestre varios académicos leyeron en las


sesiones ordinarias muy importantes y documentados estu­
dios, a saber:
a) Horacio Rodríguez Plata, sobre el Regente Visitador don
Juan Francisco Gutiérrez Piñeres (2 de abril);
b) José María de Mier, acerca del bicentenario del Fiscal
Manuel de Bernardo Alvarez (23 de abril);
c) Rafael Bemal Jiménez, sobre “El turbulento aprendizaje
de la libertad” (21 de mayo y 4 de junio), y
d) Femando Galvis Salazar, acerca de Los Sueños de Luciano
Pulgar (7 de mayo).

Duelo de la Academia.

Profunda pena ha causado en la Academia la muerte (14


de febrero) de su distinguido miembro de número doctor An­
drés Soriano Lleras, médico e investigador eminente; la del
doctor Rafael Bemal Jiménez, (18 de junio) sociólogo y edu­
cador eximio, quien iba a ser elevado a la categoría de nume­
rario ese mismo día, en reemplazo del doctor Soriano Lleras,
lo mismo que la del doctor Néstor Villegas Duque, médico y
escritor notable, posesionado como académico correspondiente
el 5 de febrero del presente año.

Homenaje a un académico fallecido.

El 25 de abril, en el salón de actos públicos de la Acade­


mia Colombiana de Historia, esta corporación y las Academias
Nacional de Medicina y la de Ciencias Exactas, Físicas y Na­
turales, celebraron sesión conjunta en homenaje a su nume­
BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 283

rario fallecido, doctor Andrés Soriano Lleras, de quien hicieron


merecido elogio los académicos Alfredo D. Bateman y Néstor
Villegas Duque. (Por súbita enfermedad del doctor Villegas
Duque, su discurso fue leído por el doctor Fernando Serpa
Flórez).

Homenaje a don Santiago Pérez.

La Academia de Historia de Cundinamarca y la Casa


de la Cultura de Zipaquirá, llevaron a cabo el 23 de mayo
muy solemne acto en homenaje a don Santiago Pérez, en su
ciudad natal, con motivo del centenario de su ascenso a la
presidencia de la república. El discurso de fondo fue pronun­
ciado por el doctor Antonio José Rivadeneira Vargas, distin­
guido miembro de la Academia de Historia de Cundinamarca.

Junta de Festejos Patrios.

La Junta de Festejos Patrios de la Academia de Historia


y la Sociedad Bolivariana de Colombia llevaron a cabo una
sesión solemne el 24 de junio, en la sede de esta última ins­
titución, con el fin de rendir homenaje a las mujeres que par­
ticiparon en la Independencia de Colombia, acto en el cual
llevó la palabra el académico doctor Ricardo Ortiz McCormick.
* ♦ ♦

LA ACADEMIA COLOMBIANA DE HISTORIA

deja testimonio en el acta de este día de su patriótica satis­


facción por las elecciones verificadas el domingo 21 de los co­
rrientes para la renovación de los poderes públicos, clara ma­
nifestación de la cultura política del pueblo colombiano. La
Academia hace llegar al Jefe del Estado y a las Fuerzas Mili­
tares su entusiasta felicitación por haber rodeado al electora­
do de todas las garantías apetecibles para el ejercicio del
derecho de sufragio en un ambiente de cordialidad nuevo en
la vida nacional. La Academia formula fervientes votos por­
que el próximo Presidente, doctor Alfonso López Michelsen,
284 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

pueda realizar su programa de gobierno con la colaboración


de todos sus compatriotas.
Transcríbase al Señor Presidente de la República, doctor
Misael Pastrana Borrero, al Ministro de Defensa Nacional,
General Hernando Currea Cubides, y al Presidente Electo,
doctor Alfonso López Michelsen, y publíquese en el Boletín
de Historia y Antigüedades, órgano de la Institución”.

Bogotá, 23 de abril de 1974.

El Presidente,
Abel Cruz Santos

El Secretario,
Guillermo Vargas Paúl

F. G. S.
ACADEMIA COLOMBIANA DE HISTORIA

Ingreso de libros, folletos y revistas a la Biblioteca


“Eduardo Santos” dzirante el mes de febrero de 1974

LIBROS
ABADIA MORALES, GUILLERMO, La música folklórica Colombiana. Bo­
gotá, Imp. Nacional, 1973, 158 ps.
ACADEMIA COLOMBIANA DE HISTORIA, Los derechos del hombre. Bo­
gotá, Edit. Lerner, 1966 - 29 ps.
ADANSON, MICHEL, Historia de la botánica. París, Edit. Lauere, 1883
300 ps.
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Popular, 1973 262 ps.
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tasma. Bogotá, Edit. Banco Popular, 1973 - 262 ps.
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Rica, 1907 - sin folios.
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cional, 1969 - 1.292 ps.
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cional, 1970 - 210 ps.
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Es. f.l - 1.256 ps.
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- 106 ps.
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BEUDANT M. F., Cours elementaire d’histoire. París, Edit. Simón Racón,
Es. f.I - 547 ps.
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BOUNCHARDT, A., Anuario de terapéutica. París, Edit. Martinet. 1876 -
- 296 ps.
BOUNCHARDT, A., Nuevos formularios magistrales. París, Edit. Martinet,
1881 - 686 ps.
286 BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES

BOUNCHARDT, J., Manual de materias médicas. Edit. Martinet, 1873 -


1.015 ps.
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versity press, [s. f.l - 924 ps.
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