Trastornos de Ansiedad en la Infancia
Los miedos constituyen un factor casi constante en el transcurso del desarrollo humano. La aparición de
la ansiedad en los niños, lejos de constituir un rasgo patológico, indica una evolución en la que podemos
observar la conciencia que el niño va adquiriendo acerca de su propia individualidad, de sus limites y de
sus recursos. El registro de aquello que pueda resultar peligroso es una adquisición evolutiva
fundamental.
A lo largo de la infancia aparecen miedos considerados normales. Entre los 6 y 18 meses comienzan los
temores a la oscuridad y a lo desconocido. Alrededor de los 8 meses aparece la angustia frente al rostro
de un extraño, reacciòn que revela el reconocimiento y la individualizaciòn del rostro de la madre. En
este periodo sólo la presencia de una figura conocida puede calmar al niño.
En la segunda infancia (2-3 a 6-7 años), la naturaleza de los miedos es muy amplia; aparecen temores a:
Animales.
Monstruos, fantasmas.
Situaciones de soledad.
A partir de los 7 años se presentan temores acerca del rendimiento escolar y deportivo, temores de tipo
existencial y el miedo a la muerte.
Los temores descriptos disminuyen o desaparecen cuando el niño evoluciona de modo normal. Si esto no
ocurre, es probable que nos encontremos frente a un Trastorno de Ansiedad .
¿Cuándo hablamos de un Trastorno de Ansiedad en un niño? Básicamente, cuando la ansiedad interfiere
en el desarrollo normal de su vida, así como también cuando las manifestaciones de la ansiedad son muy
intensas.
Los estudios epidemiológicos demuestran que la prevalencia de los Trastornos de Ansiedad en la infancia
oscila entre 5,6% y 21% (Benjamín, Costello y Warren;.1990). Las niñas presentan una más alta
frecuencia que los varones.
Los Trastornos de Ansiedad en la Infancia se clasifican en:
Trastorno de Ansiedad por Separación
Este trastorno se caracteriza por ansiedad excesiva e inapropiada para el nivel de desarrollo del niño,
concerniente a su separación respecto del hogar o de las personas con quienes está vinculado
Sintomatología:
o Preocupación excesiva y manifiesta en relación a la salud o seguridad de sus
padres.
o Miedo que algo terrible lo separe de las figuras significativas.
o Miedo a estar solo.
o Negativa a ir a la escuela.
o Quejas somáticas cuando se anticipa la separación.
o Crisis de angustia frente a la separación.
o Insistencia en dormir con los padres.
Este trastorno se encuentra estrechamente ligado al Trastorno de Pánico. Estudios clínicos han
determinado que la mitad de los niños con este trastorno presentan, además, otro trastorno de ansiedad y
en un tercio de ellos encontramos, también, estados depresivos.
Otros estudios sugieren que esta patología incrementa el riesgo de desarrollar Trastorno de Pánico y
Agorafobia durante la niñez o la adultez (Moreau y Follet 1993)Trastorno de Pánico.
Los síntomas físicos y cognitivos son similares a los que ocurren en el adulto Puede presentarse en forma
inesperada y espontánea, pero en general aparece asociado a otros diagnósticos, especialmente a los de
Ansiedad por Separación, Fobia Escolar y Agorafobia.
Trastorno De Ansiedad Generalizada.
En contraste con las fobias especificas, en este trastorno encontramos una excesiva preocupación y
temor a diversas situaciones de la vida cotidiana. Es decir, que no está enfocado en una situación u
objeto determinado. Los niños con este trastorno van cambiando, con el correr de las semanas, los
focos de preocupación.
Sintomatologia:
1. Preocupaciòn crònica y excesiva, difícil de controlar . –Fatiga fácil -Quejas somáticas
frecuentes.
2. Mal humor.
3. Berrinches frecuentes ante situaciones de cambio o que el niño pueda evaluar como peligrosas
o insegura.
Fobia Social
Los criterios para diagnosticar este trastorno son:
o Marcado y persistente temor sobre uno o más aspectos del rendimiento social.
o Temor intenso a la critica y humillación en público.
o Miedo a estar con personas diferentes a los amigos o familiares.
o La exposición a situaciones sociales casi siempre provoca ansiedad,
predisponiendo, en algunos casos, a un ataque de pánico.
En los niños, la ansiedad se expresa en forma de llanto, oposición, berrinches y una necesidad imperiosa
de evitar la situación. A diferencia de los adultos, los niños no tienen porque reconocer lo irracional del
miedo.
Los niños con fobia social presentan, con frecuencia, distintos grados de depresión, así como también
poca confianza en sus habilidades y una fuerte tendencia a ser obstinados. .
Fobia Especifica.
Es el temor exagerado e irracional a un objeto o situación determinada (volar, contacto con animales,
a las alturas, a los espacios cerrados, a la oscuridad, a los insectos, etc.) Constituye el trastorno fóbico
más frecuente.
En los niños, las Fobias Específicas más frecuentes son :
A los animales.
A irse a dormir.
Fobia escolar.
A la oscuridad.
Como explicamos antes, debe diferencia la fobia de los temores normales y evolutivos. Estos últimos
desaparecen luego de seis a ocho meses de haberse presentado.
Trastorno Obsesivo Compulsivo.
Las obsesiones son ideas intrusivas, que irrumpen y asedian a quien las padece. Son difíciles de
controlar y se acompañan de una sensación de malestar y ansiedad de la que el niño no puede
desprenderse.
Llamamos compulsión a la necesidad de ejecutar una acción o tener un pensamiento con el objeto de
aliviar la ansiedad o impedir que algo malo suceda (pensamiento mágico). Las obsesiones y
compulsiones deterioran la vida social y escolar. Las compulsiones más frecuentes en los niños son:
o Lavado ritualizado de manos.
o Necesidad de repetir, chequear y contar.
o Rituales a la hora de dormir.
La edad de comienzo se sitúa alrededor de los 8 años. La mayoría de lo adultos con este trastorno refiere
haberlo sufrido desde su infancia, sin que nadie notara que estaban sufriendo síntomas constitutivos de
una patología.
Tratamiento de los Trastornos de Ansiedad en Niños
A diferencia de los miedos evolutivos, los trastornos de ansiedad en los niños no desaparecen por sí
solos, sino que, por el contrario, se intensifican y predisponen a quien los padece a sufrir otros trastornos
emocionales, así como también dificultades en el aprendizaje.
Los estudios que relacionan ansiedad y aprendizaje determinan que los altos niveles de ansiedad, como
así también como los bajos niveles de ansiedad dificultan el aprendizaje.
La relación entre el funcionamiento neurocognitivo y la ansiedad es bidireccional, ya que los trastornos
de ansiedad interfieren en dicho funcionamiento y, de manera inversa, determinado funcionamiento
neurocognitivo puede incrementar patológicamente la ansiedad. .Por ejemplo: un niño con dificultades en
el habla puede desarrollar, por esa causa, una fobia social y, a la inversa, una fobia social severa puede
conducir a una dificultad en la expresión del habla.
Por estas razones y para ahorrarle al niño años de padecimiento, es fundamental el abordaje de estos
trastornos en el momento de su aparición, para prevenir el desarrollo de complicaciones como las ya
explicitadas o, por ejemplo, el abuso de sustancias.
A diferencia de lo que ocurre con los adultos, en los niños se privilegia el abordaje psicológico por sobre
el farmacológico, si bien existe la posibilidad de que, en algunos casos en particular, cuando los síntomas
resultan muy severos y difíciles de controlar, se indique, además del abordaje familiar, la psicoeducaciòn
y la terapia cognitivo-comportamental, el tratamiento con psicofármacos.
ALGUNAS PREGUNTAS FRECUENTES
¿Los niños sufren ansiedad?
Desde su nacimiento el hombre presenta respuestas de ansiedad, las cuales constituyen un medio de
defensa innato, dentro del el repertorio de conductas normales. Ante un peligro, real o imaginado, nuestro
organismo tiene un sistema de alarma que organiza conductas defensivas.
¿Es negativo para su desarrollo que presenten ansiedad?
En el niño la necesidad de descubrir el mundo es ilimitada, sólo la emoción del miedo puede funcionar
como señal de alarma y como barrera contenedora frente a los peligros. Por lo que vemos, desde esta
perspectiva, la ansiedad en los niños resulta saludable.
¿Cómo distingo si la ansiedad de mi hijo es normal o patológica?
Los tres tipos de temores más firmemente establecidos en la especie humana son: a) miedo a los
animales, b) miedo al daño físico, y c) miedo a la separación.
El recién nacido teme que lo alejen de su madre, perder el contacto físico con ella. A los ocho meses de
vida el temor pasa a los extraños. Durante la primera infancia, los temores son despertados por los ruidos
intensos, los monstruos, las tormentas, la oscuridad y la separación de los padres. De los seis a los doce
años, los miedos más comunes son a daños físicos y al fracaso escolar; y en la adolescencia, al
desempeño en las situaciones sociales, temen hacer el ridículo, o que su desempeño sea evaluado por los
demás en forma negativa.
El desarrollo cognitivo (cognitivo: referido al pensamiento) acompaña a la evolución de los miedos
normales, y esto acredita que son parte de una línea evolutiva. Cuando los miedos evolucionan alejados
de la complejización del crecimiento cognitivo, estamos frente a los miedos patológicos que
desencadenan trastornos de ansiedad.
El nivel de desarrollo cognitivo, la intensidad de las respuestas de ansiedad, la frecuencia con que se
presentan y el contexto que la despierta, son variables fundamentales en la distinción de la ansiedad sana
o patológica.
Como vemos, existen miedos evolutivos normales y esenciales para un buen desarrollo psicológico del
niño. La predisposición genética y el contexto ambiental de cada uno en particular determinarán que
estos miedos evolutivos normales constituyan un estadio en el desarrollo psicológico o se transformen en
trastornos de ansiedad infantiles.
¿Influye la familia en la ansiedad infantil? ¿Cómo?
De acuerdo a cómo sean vivenciadas por sí mismo y por los adultos significativos, las respuestas de
ansiedad del niño podrán constituirse en normales o patológicas.
Si un niño de un año de edad se asusta del ruido de un globo al explotar, es normal para su nivel
evolutivo que sus cogniciones (ideas, pensamientos, imágenes) lo interpreten como potencialmente
peligroso. Su sistema de alarma desencadenará conductas de lucha o huida. En el caso que estamos
imaginando, lo más probable es que el niño llore y escape del estímulo. Hasta ese momento, por su edad
cronológica y su desarrollo cognitivo, su respuesta ansiosa es normal. Dependerá del ambiente que esta
ansiedad normal se extinga o evolucione hacia la ansiedad patológica.
Si la mamá, recordando su reacción, lo aparta de los globos, estará contribuyendo a que este miedo no
evolucione favorablemente, al impedir que el niño experimente situaciones vitales indispensables para
eliminar esa ansiedad.
Si por el contrario, le permite expresar la ansiedad en sus primeras experiencias con globos, y considera
natural que tenga miedo, permitirá crear un contexto propicio para la desaparición del temor original.
En el caso de los niños, es imprescindible considerar la interpretación que los padres y los adultos
significativos hagan de la ansiedad, ya que influirá como modelo de imitación para la planificación de la
conducta futura del niño.
Una mamá o un papá con miedos y preocupaciones sobre situaciones cotidianas, presentarán a su hijo, a
través del vínculo, su particular interpretación del mundo como un lugar peligroso, frente al que es
conveniente desarrollar conductas temerosas.
¿Y lo biológico que rol juega?
Las últimas investigaciones concuerdan en que los hijos de padres con Trastornos de Ansiedad tienen
mayor riesgo de padecer un trastorno similar. Beidel y Turner encontraron que los trastornos de ansiedad
eran 54 veces más frecuentes en hijos de padres ansiosos que en los hijos de padres sin trastornos
psiquiátricos. También se observaron elevadas tasas de Trastornos de Ansiedad en los padres de niños
con ansiedad.
Un grupo de investigaciones sugiere que algunos niños con síntomas de inhibición de la conducta
presentan un riesgo aumentado de desarrollar un trastorno de ansiedad. Sin embargo, todavía resta aclarar
por qué no todos los niños con trastornos de ansiedad presentan inhibición de la conducta; ni todos los
niños inhibidos desarrollan un trastorno de ansiedad.
¿Qué es más importante como causa desencadenante, lo biológico o lo ambiental?
Si bien ambas causas son importantes, el factor ambiental parece influir en mayor medida como
desencadenante de un Trastorno de Ansiedad.
Numerosos estudios sostienen que si bien la psicopatología de los padres coloca al niño ante un riesgo
genético, es evidente que también lo coloca ante múltiples condiciones de riesgo ambiental, tales como
discordia familiar, indisponibilidad emocional, inestabilidad de la vida familiar, baja calidad parental,
alta exposición al estrés, etc. (Downey y Walker, 1992; Gotlib y Avison, 1993; Masten y Coatsworth,
1995; Rende y Plomin, 1993).
La compleja interacción entre factores biológicos y ambientales determinará que el niño, ante la ansiedad
evolutiva normal, desarrolle recursos mentales y emocionales para afrontarla saludablemente o, por el
contrario, para desencadenar trastornos de ansiedad infantiles.
¿Cuándo un miedo es una fobia?
Existen miedos normales a los que se denomina evolutivos, ya que forman parte del desarrollo
psicológico sano del niño, en tanto que otros miedos son patológicos ya que desencadenan respuestas de
ansiedad inadecuada y conductas de evitación de determinadas situaciones u objetos, constituyéndose en
fobias.
Miedos evolutivos normales:
Edades Miedos
0 a 1 año Llanto ante estímulos desconocidos.
2 a 4 años Temor a los animales.
Temor a la oscuridad, a las catástrofes y a los seres imaginarios
4 a 6 años
(monstruos y fantasmas).
Temor al daño físico o al ridículo, por la supuesta ausencia de
6 a 9 años
habilidades escolares y deportivas.
Miedo a los incendios, accidentes, a contraer enfermedades
9 a 12
graves. Aparece el temor a conflictos graves entre los padres o
años
al mal rendimiento escolar.
Temores relacionados con la autoestima personal (capacidad
12 a 18
intelectual, aspecto físico, temor al fracaso) y con las relaciones
años
sociales.
Los miedos normales que presenta el niño durante el crecimiento son expresión de su proceso de
maduración emocional, social e intelectual, y van quedando atrás al superarse cada etapa. Cuando, por el
contrario, estos temores evolucionan de modo diferente, ya sea por una excesiva persistencia en el
tiempo, por su intensidad, o por las situaciones a las que se asocian, es posible que resulten patológicos y
que pasen a formar parte o a desencadenar un Trastorno de Ansiedad.
Como vemos, existen miedos evolutivos normales y esenciales para el desarrollo psicológico sano
infantil. Los aportes genéticos y el contexto ambiental determinarán que estos miedos evolutivos
normales constituyan un estadio en el desarrollo psicológico o se transformen en trastornos de ansiedad
infantiles.
¿Qué tipos de fobias tienen los niños?
Los niños pueden padecer diferentes tipos de fobias. Las Fobias a los Animales se desarrollan, casi
siempre, en la primera infancia, la Fobia Escolar, el Trastorno de Pánico, y la Ansiedad de Separación
aparecen en la infancia tardía; la Ansiedad Social y el Trastorno de Ansiedad Generalizada, en la
pubertad y en la adolescencia. (2)
¿Los niños se preocupan? ¿De qué cosas? ¿Es saludable que se preocupen?
La preocupación es la anticipación preventiva de eventos futuros más o menos probables.
El niño alrededor de los 8 años de edad adquiere la capacidad para poder pensar sobre el pensamiento; a
partir de esta función puede comenzar a preocuparse excesivamente. Es importante para el desarrollo
psicológico del niño que pueda adquirir capacidad para anticipar eventos futuros, y saludable que, de
acuerdo a su edad, los pueda prever, para poder planificar su comportamiento.
Por lo general, los nenes se preocupan por temas que giran en torno a sus vivencias:
-"¿Y si me va mal en el examen?"
-"Mamá y papá se pueden separar",
-"Juan se burló de mí"
-"Voy a parecer un tonto"
-"¿Y si me enfermo y me muero?"
La manera de elaborar las vivencias es a través del pensamiento, por lo que es saludable que el niño
exprese sus pensamientos preocupantes, que generalmente giran en torno a hechos para los que no puede
encontrar soluciones. Cuando estos pensamientos se traducen en estados emocionales negativos, en
variaciones anímicas y en comportamientos problemáticos o en sintomatología psicosomática, nos
encontramos frente a un estado de preocupación excesiva que requiere de la intervención profesional (ver
Trastorno de Ansiedad Generalizada)
¿Qué son las obsesiones, compulsiones y rituales?
Las obsesiones son "ideas que no se van de la cabeza", pensamientos repetitivos, invasivos,
desagradables, muchas veces absurdos (incluso para el paciente) y que se imponen al pensamiento contra
la voluntad de quien los padece. En un alto porcentaje conducen a compulsiones, que son actos
repetitivos por medio de los cuales se intenta neutralizar la ansiedad despertada por las ideas obsesivas. A
veces las compulsiones son más complejas y elaboradas: caminar sin tocar los bordes de las baldosas,
acomodar los objetos en forma simétrica, etc. Estas acciones se denominan rituales. Los rituales pueden
consumir mucho tiempo hasta que el individuo pueda sentirse más tranquilo y continuar con su actividad
normal.
Mi hijo remarca varias veces las palabras, si toca dinero piensa que pudo haberse contaminado y
se lava las manos en forma repetida durante el día. ¿Cómo saber si estas conductas son obsesivas o
normales?
Las descriptas podrían corresponder a compulsiones, que aparecen en respuesta a ideas obsesivas.
Los rituales y las perseveraciones son un rasgo que corresponde al desarrollo normal entre los 7 y 8
años. Estas conductas tienen un carácter de juego, si bien suelen aparecer en respuesta a un estado de
ansiedad o preocupación. No interfieren en la vida cotidiana del niño, su interrupción no le altera el
ánimo y no son percibidas como anormales por padres y maestros. Así, los nenes cantan varias veces la
misma canción para poder dormirse o disponen su cama y sus muñecos de una manera especial,
minuciosa e indispensable antes de entregarse al sueño.
Los rituales normales más frecuentes entre los niños de 3 a 6 años se relacionan con las comidas, el baño
y la conducta previa al dormir. En el momento de ir a acostarse son típicos los rituales previos, tales
como recibir besos repetidamente, tomar vasos de agua, escuchar un cuento o una canción. También se
presentan rituales más lúdicos, como contar los escalones, saltar baldosas, saltar en una sola pierna,
escribir de una determinada manera, no usar determinado color etc. En este rango de edad también se
perciben algunas conductas mágicas y supersticiosas como cruzar los dedos o caminar empezando con
determinado pie, prender varias veces la luz etc; estas últimas pueden presentarse en respuesta a
pensamientos molestos, como un intento de neutralizarlos.
Entre los 7 y los 11 años comienzan conductas como el coleccionismo, o supersticiosas, relacionadas con
la buena suerte, las cuales cobran especial realce a la hora de una situación estresante, por ejemplo, ante
un examen.
Este tipo de comportamiento decrece al acercarse la adolescencia, cuando el niño comienza a disponer de
recursos mentales y emocionales más realistas para controlar sus situaciones estresantes.
Por el contrario, los rituales obsesivo-compulsivos propiamente dichos y las compulsiones perduran o
incluso se acrecientan al llegar a la adolescencia. Son conductas que siempre tienen como objetivo
reducir una sensación de ansiedad y suelen demandar cierta cantidad de tiempo cada día, interfiriendo en
la vida cotidiana. La interrupción del ritual provoca irritación o incremento de la ansiedad. Estos
síntomas son percibidos como perturbadores por padres y maestros. (ver Trastorno Obsesivo
Compulsivo)
¿Por qué no puedo ir de compras tranquila?
¿ Qué pasa con mi hijo que no puede separarse de mí ?
La ansiedad de separación es el malestar desproporcionado que experimenta un niño cuando se separa
real o supuestamente de sus seres queridos, especialmente de su madre. Dentro de límites normales, esta
ansiedad es un mecanismo de defensa heredado, que permite al niño protegerse de los peligros de los
primeros años (Campbell, 1986)
La ansiedad de separación es normal y esperable en los primeros meses y años de vida. Cuando el niño
va adquiriendo movilidad, su desarrollo psicológico normal lo conduce a reemplazar esta ansiedad por
miedos específicos (a los extraños, a las alturas, a la oscuridad), que lo ayudan a preservarse de los
peligros, actuando como un mecanismo protector.
Este tipo de ansiedad adquiere un carácter patológico cuando ante situaciones habituales para la edad,
como concurrir a la escuela, a la casa de un amigo o que su madre salga sin él, el niño no puede tolerar la
separación y experimenta intensos síntomas de ansiedad. Suele observarse entonces la aparición de
síntomas físicos, irritabilidad, enojo llantos incontrolables o berrinches.
Este tipo de cuadro, por lo general, revela una gran dependencia e inseguridad.
¿Que pasa con los niños que han experimentado una situación traumática?
¿Pueden tener un Trastorno de Ansiedad?
Una situación es considerada traumática si incluye características de excepcionalidad, intensidad e
impacto severo en la persona que la experimenta o que recibe la información de lo sucedido.
El Trastorno por Estrés Postraumático suele ocurrir luego de la exposición a un trauma intenso, tal como
presenciar una muerte, o sufrir la muerte violenta de un ser querido, ser víctima de un ataque con peligro
para la propia vida, o verse en medio de un desastre natural (terremoto, etc.) Sus principales síntomas son
tres: revivir el evento traumático, a través de pesadillas o flashbacks; conductas evitativas, tales como
evitación de situaciones o lugares relacionados con el evento traumático; y embotamiento emocional. Se
acompaña también de síntomas que reflejan una elevada ansiedad, como irritabilidad, impaciencia e
inquietud.
En los niños y adolescentes también puede presentarse este desorden. Las señales indicadoras del mismo
son:
Repetición de la vivencia: el niño frecuentemente tiene recuerdos o pesadillas repetidas sobre el
evento que le causó tanta angustia. Algunos pueden tener "flashbacks", alucinaciones u otras
emociones vívidas de que el evento está sucediendo o va a suceder nuevamente.
Otros sufren de gran tensión psicológica o fisiológica cuando ciertos objetos o situaciones les
recuerdan el evento traumático.
Evasión: Los niños con trastorno de estrés postraumático sistemáticamente evitan las cosas que
les recuerdan el evento traumático. Pueden experimentar berrinches o llanto excesivo ante la
aproximación de algún objeto o situación que les recuerda el trauma.
Otros niños parecen no responder a las cosas o situaciones relacionadas con el evento y no recuerdan
mucho sobre el trauma. También pueden mostrar una falta de interés en las actividades que les eran
importantes antes del evento. Se sienten alejados de los demás, experimentan una gama de emociones
más limitada y no tienen esperanzas sobre el futuro.
Aumento de la excitación emocional: dificultad para conciliar el sueño o para despertar por la
mañana; irritabilidad; dificultad para concentrarse; alerta o cautela sin una razón clara;
nerviosismo y sobresaltos.
Ante la sospecha de que el niño presente un Trastorno por Estrés Postraumático resulta indispensable
realizar una consulta con un psicólogo infantil especializado en ansiedad.
¿Por qué mi hijo no quiere ir a los cumpleaños ni a la casa de ningún amigo?
Antes de los dos años y medio de edad el temor a las personas extrañas es evolutivo y forma parte del
desarrollo psicológico normal. Luego de esta edad y con el comienzo de la escolarización este temor
debe desaparecer, si así no sucede puede presentarse la Ansiedad Social, que es un trastorno en el que se
presenta ansiedad intensa en situaciones de interacción social.
El niño con esta problemática se desempeña pobremente en las situaciones de interacción social con sus
pares y/o en sus relaciones con adultos desconocidos. Se muestra inseguro, tímido, con poca confianza en
sí mismo y poco asertivo (es decir, sin capacidad para decir lo que realmente quieren decir, o hacer lo
que realmente quieren hacer. La timidez de estos niños va más allá (en intensidad, duración y evitación
de situaciones sociales) de las reservas naturales que muchos niños muestran en las primeras fases de las
relaciones con desconocidos.
Las habilidades sociales adquiridas en la infancia pueden permitirnos una vida más sana y feliz; es por
ello que es oportuno consultar en la niñez por la inhibición social a fin de lograr desde pequeño confianza
y seguridad en el desempeño social.
Estábamos en el parque y de repente, Nico se empezó a sentir mal, sentía palpitaciones,
sudoración y náuseas; desde ese día no quiere ir más a pasear.
El Trastorno de Pánico Es un trastorno en el cual la persona ha sufrido uno o más ataques de pánico,
seguido o seguidos de la preocupación por sufrir una nueva crisis, y las consecuencias que la mismo
podría depararle. La crisis o ataque de pánico se caracteriza por su comienzo brusco y una duración de
sólo algunos minutos. De modo súbito surge un temor intenso, que se acompaña de algunos de los
siguientes síntomas: temblor, taquicardia, mareos, sensación de desmayo, sensación de muerte,
despersonalización, sensación de falta de aire, de dificultad para tragar, trastornos gastrointestinales y
cosquilleos o parestesias. Por lo general, el Trastorno de Pánico se acompaña de agorafobia, que es el
temor a descomponerse en un lugar (parque, lugares alejados de la casa, etc.) en el cual no se pueda
obtener ayuda con rapidez o del cual no se pueda escapar a tiempo. En los niños este trastorno es difícil
de diagnosticar porque simula una descompostura momentánea y muchos pediatras no indagan acerca del
miedo que ha experimentado la criatura.
Es importante verificar si el niño siente miedo a sus sensaciones corporales y a su manera de reaccionar
en un lugar para él amenazante. Si esto es así, nos encontramos ante un trastorno de ansiedad que
necesita tratamiento.
En definitiva, ¿qué es la ansiedad?
Es el conjunto de respuestas de pensamiento, fisiológicas y motoras que hemos aprendido a dar y son
poco válidas para resolver una situación. Si nos enfrentamos a cualquier situación que requiera un
esfuerzo para resolverla, ya sea físico o intelectual, nuestro organismo debe activarse: tensando los
músculos, bombeando más sangre y respirando más rápidamente, memorizando lo aprendido,...
Vamos a ver cómo resuelvo una fobia…
El miedo a las arañas, las serpientes, los ratones, el avión, hacer el ridículo... son muy comunes. Sin
embargo, hay personas para quienes suponen un malestar terrible, que afecta a gran parte de su vida. Si
estas personas acuden a la consulta de un psicólogo probablemente se encuentren con un tratamiento de
este tipo.
Primero: un ambiente tranquilo
En un primer momento terapeuta y paciente tratarán de conocerse y tomar confianza, dado que el proceso
que van a seguir conjuntamente, puede suponer tensiónes y malentendidos que es importante solucionar.
Segundo: imaginando poco a poco
Poco a poco y bajo la supervisión del terapeuta, la persona va imaginando la cosa, animal o situación a la
cual teme. Primero aspectos parciales y luego todo en su conjunto. Progresivamente van apareciendo las
diferentes emociones: ansiedad, asco, angustia... En caso de ser éstas muy intensas el proceso será
detenido. Lo importante es llegar a superar el problema, no el tiempo empleado.
Tercero: allá, a lo lejos
Si es posible, como a menudo ocurre, llega un momento en el que el objeto o situación fóbica hace su
aparición. Pero al encontrarse alejada de la persona las emociones que suscita pueden controlarse.
Cuarto: aquí mismo
Lentamente, es decir, en el transcurso de varias sesiones, este elemento fóbico va acercándose. No es una
situación agradable, por supuesto, pero al ser el proceso muy paulatino y pararse cuando la persona lo
pida, casi cualquiera puede superarlo.
Quinto: ¡no es nada!
Y por fin la persona toma contacto directo con sus temores. Los vive y los observa, los toca y los analiza,
y comprende en profundidad que se hayan plenamente infundados.
Y mucho más
Pero además se realizan muchas dinámicas. El especialista tratará de trabajar pensamientos, emociones,
relaciones con otras personas, etc. todo ello para lograr los mas ambiciosos objetivos en el menor tiempo.
Trastornos
de
Ansiedad
en
la
Infancia