Chuparse el dedo / Retirada del chupete
Cuándo es un problema Tratamiento
1. Descripción del problema. La mayoría de los niños se entretienen chupándose el dedo o algún objeto
sin ningún propósito nutricional. Pueden usar tanto un chupete, u otro objeto, como los dedos de las
manos o de los pies, principalmente como medio de autosatisfacción.
A. Epidemiología.
Se ha observado en el feto en momentos tan tempranos como las 18 semanas de gestación.
El 80 % de los niños se chupan el pulgar u otros dedos.
El 30-45 % de los niños en edad preescolar y el 5-20 % de los niños de 6 años y mayores
continúan chupándose el dedo.
Mitchos de los niños que se chupan el dedo durante largo tiempo comienzan antes de los
9 meses.
Predomina ligeramente en las niñas.
Más frecuente en niños de nivel socioeconómico elevado.
• El 32-55 % de los niños que se chupan los dedos tienen un objeto de fijación, como una manta, un
juguete y pieza de tela, o su propio pelo.
B. Etiología.
Algunos profesionales creen que chuparse el dedo es un hábito aprendido. Otros, especialmente los
psicoanalistas, creen que chuparse el dedo es una expresión de la sexualidad infantil y que refleja
trastornos emocionales cuando persiste más allá de la lactancia. La/inayoría consideran que chuparse el
pulgar es una forma de autocomplacerse. Puede ayudar a aliviar el estrés y a calmar al niño en respuesta
a desafíos del entorno. De forma alternativa, debido a sus efectos autotranquilizadores, chuparse el
pulgar puede suceder sólo cuando el niño se está durmiendo, cuando está cansado, aburrido, frustrado,
descontento, tiene hambre o se siente inseguro.
C. Secuelas negativas.
1. Dentales. Las consecuencias adversas más frecuentes de chuparse el pulgar (sobre todo si
persiste después de los 4 años) son dentales, en especial la maloclusión de la dentición primaria
y de la permanente. También puede conducir a anomalías temporomandibulares, sobremordida
anterior, mordida abierta, mordida cruzada posterior, estrechamiento de la arcada mandibular
debido a la contracción de la pared bucal, traumatismo de la mucosa, reabsorción atípica de las
raices y desarrollo anormal de la cara. El riesgo es mayor en los niños que se chupan el pulgar
persistentemente, día y noche.
2. Dedos anormales. Al chuparse el pulgar mucho tiempo puede presentarse una deformidad en
hiperextensión, que puede requerir corrección quirúrgica. También se observa formación de
callos, eccema irritativo, paroniquias y panadizo herpético.
3. Efectos psicológicos. Dado que chuparse el pulgar se considera inmaduro y socialmente
indeseable, puede contribuir a trastornar las relaciones con los padres y los compañeros. Los
padres y los compañeros pueden criticar, ridiculizar, hacer bromas y/o castigar al niño que se
chupa el dedo, y estas reacciones pueden afectar de manera adversa la autoestima del niño.
Intoxicación accidental. Los niños que se chupan el dedo presentan mayor riesgo de
sufrir intoxicaciones accidentales (p. ej., saturnismo) comparados con los niños que no lo
hacen.
D. Diagnóstico. Chuparse el dedo o un chupete se convierte en un problema a cualquier edad cuando
interfiere en los logros normales del desarrollo, las interacciones sociales o la exploración de un entorno
no estresante. A medida que el niño se hace mayor, chuparse el dedo puede proporcionar unos
beneficios secundarios debido a la atención que los padres u otras personas le prestan.
Exploración física. La exploración puede mostrar un dedo arrugado y enrojecido con o sin
formación de callo. La exploración oral debe realizarse para buscar la presencia de maloclusión y
otras complicaciones dentales.
Tratamiento.
Objetivos primordiales. Los objetivos primordiales del tratamiento de chuparse el dedo o un chupete son
prevenir las complicaciones dentales y los efectos adversos potenciales en las relaciones padres-hijo, las
relaciones sociales y la autoestima del niño. En general, no se necesita intervención hasta alrededor de
los 4 años ya que muchos niños espontáneamente lo dejan a medida que desarrollan otras estrategias
autorreguladoras y porque la mayoría de las secuelas adversas no aparecen hasta esta edad.
Estrategias iniciales del tratamiento.
1. Identificar los factores que causan estrés. Antes de que el tratamiento se instituya, debe
reconocerse la función adaptativa del hábito. Una vez que son identificados los factores
emocionales y psicológicos que lo ponen en marcha, pueden introducirse las estrategias de
adaptación alternativas (como expresar los sentimientos).
Autorizar al niño. Si el tratamiento ha de tener éxito, el niño debe participar activamente, mostrar
colaboración y, más importante, estar interesado en abandonar el hábito. Los padres deben ser
aconsejados en el sentido de que las amenazas y los castigos no deben utilizarse, ya que suelen
dar como resultado un aumento de la resistencia y por tanto prolongan el hábito. Deben
mostrarse pacientes y comprensivos, y proporcionar apoyo emocional sin hacer críticas al aceptar
que es tarea del niño v no de ellos sunerar el hábito.
a.Antes de los 4 años. Chupar un chupete o el pulgar es normal mientras como decía mos antes
no interfiera con las funciones sociales o el desarrollo. La conducta debe de ignorarse y no se le
debe prestar atención, pues en otro caso puede usarse para obtener beneficios secundarios. Si el
niño parece aburrido, se le debe distraer sin mencionar o mostrar interés en el hábito de chuparse
el dedo. El niño debe ser elogiado cuando no se chupa el dedo.
En relación a la retirada del chupete.
Enfrentado quizás con esta opinión hay otras que recomiendan retirar el chupete antes de los dos
años, e incluso aquellos pediatras y maxilofaciales que no lo recomiendan, se puede intentar
razonar al niño, pero será dificil, por ello se recomienda una vez tomada la decisión procurar
hacerlo lo más enérgico posible. Es clásico el relato de muchos padres que dicen haber retirado
el chupete cuando fueron con el niño y lo tiraron al contenedor de basura.
b. Después de los 4 años. Si chuparse el dedo es persistente y problemático, pueden emplearse
varias modificaciones de la conducta y técnicas de refuerzo positivo:
(1) Recordatorios amables, como una agenda o calendario que el niño usa para
registrar sus progresos.
(2) Recompensas, como pegatinas, disponer de más tiempo para leer cuentos,
postres especiales o más tiempo para pasarlo con los padres los días que no se
chupa el dedo.
(3) Elogios cuando no se chupe el dedo.
(4) Un cambio en el hábito de que en lugar de ser una experiencia
placentera sea una obligación. Se debe reservar cierto tiempo (10-15 min)
diariamente para que el niño permanezca en su habitación y se le requiera que se
chupe los diez dedos durante ese tiempo, o que se pase 10-15 min chupándose
el pulgar. Para algunos niños, chuparse el dedo pierde todo interés.
(5) Una sustancia de sabor amargo (que se expende en farmacias sin receta)
se aplica al pulgar cada mañana, cada noche y cada vez que se ve al niño
chuparse el dedo. Si se deja de chupar después de una semana, se suprime la
aplicación de la mañana. Pasada otra semana, se suprime la aplicación de la
tarde. Y al cabo de otra semana se termina con la aplicación de la noche. Si de
nuevo vuelve a chuparse el dedo, se repite el proceso. Esta estrategia es
especialmente eficaz cuando los niños quieren dejarlo, pero se introducen el
pulgar en la boca sin darse cuenta. De hecho, debe subrayarse que el líquido
sirve como recordatorio para que el niño deje de chuparse el dedo, no como
castigo.
(6) Si el chuparse el dedo ocurre principalmente durante la noche, pueden
emplearse guantes, férulas del pulgar o calcetines para recordárselo al niño.
También puede usarse una venda elástica. Se enrolla rIrededor de los codos en
extensión al acostarse. Cuando el niño se lleva la mano a la boca, el vendaje
ejerce una tirantez que recuerda al niño que no debe chuparse el dedo. El niño
debe ser el responsable de recordar que debe ponerse el guante o la venda, y no
se le debe recordar.
Criterios para consultar con el especialista. Si fracasa la modificación de la conducta, el niño puede
ser enviado a un dentista pediátrico para la aplicación intraoral de una barra de paladar que impida la
colocación del pulgar sobre la bóveda palatina.
Detalles y errores clínicos.
No preocuparse de que el niño se chupe el pulgar o continúe con chupete más allá de los 4 años.
Asegurarse de que el remedio no sea peor que la enfermedad. En algunoss casos, las ortesis ulteriores"
odontólogos..son un gran precio que hay que pagar a cambio de una interacción relajada padres-hijo y
una autoestima positiva.