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Sinopsis
Ser llamado para rescatar a mi hijastra en una fiesta universitaria no fue una sorpresa.
Lo que tuve que hacerle al imbécil que intentaba aprovecharse de mi dulce chica sí lo fue.
Es la primera vez que tengo que terminar con la vida de alguien para proteger su honor,
pero no será la última. Juré proteger a Shelby con mi propia vida cuando murió su
madre, y siempre cumplo mis promesas.
Pero no había nada en la promesa que hice sobre enamorarme de ella.
Ahora que ha crecido, no puedo evitar lo que me hace sentir cuando me mira con
inocencia en esos grandes ojos verdes.
Mis hermanos y yo haremos lo que haga falta para salvarla de las duras calles en las que
crecimos, pero algunos pensarán que es de nosotros de quienes necesita ser salvada.
Estoy decidido a demostrar que se equivocan.
No nos detendremos ante nada para salvarla.
Y nadie podrá impedir que la amemos.
Nota de la autora: Shelby hará lo que sea para que su padrastro y sus dos tíos se sientan
orgullosos de ella, sobre todo si eso significa entregarse a las peligrosas tentaciones que
han estado acechando sus sueños. Always Be His Baby es pecaminosamente oscuro y
delicioso, con algunas escenas desencadenantes para algunos lectores y un HEA digno
de un awwww.
Always Be His Baby
Aria Cole
Traducción NO oficial, hecha por un lector para otro lector.
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Capítulo 1
Shane
—Hermano. El rastreador de Shelby está muerto.
—¿Qué demonios quieres decir con muerto? —Mis ojos recorren la
habitación para encontrarse con los oscuros de mi hermano. —Ella está
en un club esta noche, no puede estar muerto. Sabes que no está
segura allí. Sabes que lleva uno de esos vestidos ajustados. Del estilo
que tienen a todos los tipos babeando y siguiéndola, ansiosos por
echarle algo en la bebida.
Mi hermano, Rafe, asiente. —No lo entiendo. Tal vez el software
está fallando.
—Creía que habías cambiado la batería la última vez que fuimos a
su apartamento.
Gio, mi otro hermano, levanta la vista. —No deberíamos haberla
dejado ir.
—Él tiene razón, ella no está a salvo sin nosotros. Sé que quieres
darle libertad, pero esto es peligroso para ella... y para nosotros.
—¿Dónde fue el último lugar donde la rastreamos?
Rafe mira la pantalla de su iPad y luego dice el nombre de un club
en la zona sur. —Joder, ¿otra vez ese lugar? Está lleno los sábados por
la noche.
Gio gruñe afirmativamente. Y antes de que pueda decir nada más,
me levanto de la silla y me dirijo al ascensor que me llevará al vestíbulo
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del edificio y a las calles de Chicago. Necesito recuperar a mi chica,
asegurarme de que está a salvo, asegurarme de que ningún otro
imbécil está jodiendo con ella.
Mis hermanos tienen razón, no debería haberla dejado ir a la
universidad.
Nuestra familia era demasiado importante, pero sentí que ella lo
necesitaba después de que su madre muriera y todo se fuera al infierno
para ella. La abracé durante semanas mientras lloraba. Y durante
meses sostuve su mano en terapia mientras lloraba la pérdida de su
madre en un extraño accidente en un tren urbano.
Ella es todo lo que tengo ahora, y haría cualquier cosa para
mantenerla a salvo.
En verdad, lo que siento por mi hijastra dista mucho de ser
apropiado, sobre todo porque la he criado yo solo desde que tiene
catorce años. Pero yo soy todo lo que ella tiene en el mundo.
Crecí en el sórdido submundo de Chicago. De donde yo vengo,
tienes que hacer todo lo posible para mantener a tu familia a salvo. El
apellido Andolini significa cosas en estas calles, buenas y malas,
dependiendo de quién seas. Aunque yo dejé esa vida hace mucho
tiempo, y mis hermanos también, eso no significa que estemos fuera.
En realidad, nadie nunca consigue estar fuera.
Cuando llego al estacionamiento para meterme en mi Maserati y
dirigirme al último paradero conocido de Shelby, oigo los pasos de mis
hermanos que vienen hacia mí.
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—No necesito su ayuda —les ladro por encima del hombro a Gio y
Rafe. Sé que no servirá de nada. Sé que la aman tanto como yo y que
no hay nada que pueda hacer al respecto. Siempre lo hemos
compartido todo. Crecer en el oscuro submundo de Chicago dejó una
marca, y criar a Shelby juntos es la única gracia salvadora a la que
todos nos aferramos.
Y esta chica necesita ser salvada.
Siempre ha sido demasiado dulce, demasiado ingenua para esta
ciudad en la que vivimos. Conseguimos protegerla de ella durante toda
su vida. Le dimos una educación normal y pudimos enviarla gratis a la
universidad. Le pagamos el piso para que no estuviera sometida a los
imbéciles universitarios del campus que, sin duda, intentarían arruinar
a nuestra chica.
Pero ya no es un bebé.
Rellena sus vestidos con curvas que me hacen salivar por las
noches, haciendo que agarre mi polla en un puño al pensar en ella. Es
una buena chica; viene a casa todos los días festivos, nos ayuda a
preparar las cenas familiares y da las gracias sobre la mesa con las
manos entrelazadas con fuerza. Y mientras tanto... fantaseo con
deslizar mi polla entre sus gordas y exuberantes tetas y follármelas
hasta correrme por sus bonitos labios.
Soy un mal papá, sin duda. Pero por lo que Shelby sabe, soy el
mejor padre del mundo.
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Capítulo 2
Shelby
Las manos de Damien se deslizan alrededor de mi cintura
mientras bailamos en la pista de Room 773, la discoteca de moda en la
zona sur de Chicago. El ritmo me corre por las venas tan bien como
cualquier cóctel. La verdad es que nunca bebo. No me gusta cómo me
nubla el cerebro. Mi padrastro me metió en la cabeza que el alcohol
sólo altera tu percepción del mundo, haciéndolo parecer menos
peligroso, cuando en realidad se vuelve más peligroso. Entonces le
creí, y ahora una parte de mí echa de menos su presencia. No lo he
visto en toda la semana. No desde el domingo para nuestra cena
familiar semanal. Me encanta cocinar y paso gran parte del tiempo los
fines de semana preparando comidas para mi padrastro y mis tíos
adoptivos, que trabajan juntos y viven en el mismo edificio de
apartamentos en el norte de la ciudad.
La colonia dulzona y enfermiza de Damien se filtra por mis fosas
nasales y me marea junto con las luces estroboscópicas que laten al
ritmo de la música hip-hop. No sé cómo me he convencido a mí misma
para acompañarlo esta noche. La verdad es que no me cae bien más
allá de un simple compañero de estudio de mi curso de psicología, pero
me he dado cuenta de que le gusto y me ha costado decirle que no a
alguien tan agradable. Me encanta estudiar con él a deshoras en la
biblioteca y a menudo compartimos anécdotas de nuestras crianzas y
hablamos de los partidos de los Cubs... pero para mí sólo es eso. Una
buena amistad.
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¿Pero para Damien?
Sé que quiere mucho más. A veces veo que sus ojos se desvían
hacia mi amplio pecho y, por eso, he empezado a llevar chaquetas de
punto con los botones cerrados hasta el cuello para no atraer su
mirada. Es apuesto, pero sólo hay un hombre que me hace pensar
cosas sucias. Un solo hombre que me enciende. Sólo un hombre con el
que quiero hacer cosas inapropiadas. He intentado salir con otros
hombres los últimos años de universidad, pero ninguno me hace sentir
como Shane.
Mi padrastro, mi salvador, mi caballero de brillante armadura.
Él es quien me excita tanto ante la idea de que sus ojos rocen mis
pezones que me obliga a meterme los dedos por delante de los
pantalones para provocarme un orgasmo rápido cada noche antes de
dormirme.
Odio vivir sola, y a menudo pienso en volver a mudarme al
penthouse que compartimos durante todos mis años de instituto. Sólo
con pensar en mi mejor amiga, Kami, viniendo a casa y hablando
efusivamente de lo bueno que estaba mi padrastro. Siempre me
incomodaba, pero solo porque estaba de acuerdo y lo quería solo para
mí. Es un hombre intenso, despiadado en sus negocios, pero tuvo que
serlo en el mundo en el que nació. No me ha contado mucho sobre su
educación en la zona sur, sólo que era dura y que en un mundo así había
poco margen para el error.
Los chicos de mi pequeña universidad nunca podrían compararse
con él. Pero eso no significa que no haya intentado tener citas. Deseo
desesperadamente fantasear con alguien que no sea mi padrastro. Un
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pensamiento repentino me lleva a pensar en mis tíos y en las veces que
los he sorprendido masturbándose con pornografía, o en una ocasión
en que entré en la habitación y sorprendí al tío Gio con una mujer. Los
labios de ella se deslizaban por su polla mientras estaba arrodillada
entre sus rodillas en el suelo del salón.
Estaba tan avergonzada y tan excitada. Antes de que pudiera
descubrirme, me metí en mi dormitorio y me froté vergonzosamente
hasta el orgasmo antes de quedarme dormida con una sonrisa de
satisfacción en la cara. Fantasías con mi padrastro y sus hermanos se
repetían en mi cabeza día y noche. Pensé que podría librarme de ellos
yéndome a la universidad, pero la cosa no ha hecho más que empeorar.
Cada uno de ellos comparte los mismos hombros anchos y un
llamativo pelo oscuro, con la piel del tono de un cálido día de verano,
recién bronceada por el sol. Pienso a menudo en pasar la lengua por
las crestas de sus abdominales mientras me tiran del pelo y me obligan
a chupársela a cada uno de ellos en rápida sucesión.
Damien y los otros chicos de la universidad nunca podrán
compararse, y ese pensamiento casi hace que se me salten las
lágrimas.
¿Alguna vez me sentiré satisfecha con alguien que no sea mi
padrastro?
—¿Quieres agua? —La atenta pregunta de Damien me saca de mis
pensamientos.
—Sí, gracias.
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Engullo el agua que me tiende, sintiendo ya la humedad en el
nacimiento del pelo por el baile y el cúmulo de cuerpos apiñados en la
pista. Me encanta bailar, pero no me gustan las discotecas, por eso
nunca salgo sola. Sé que soy una chica bonita, me han invitado a salir
en bastantes ocasiones, pero nada me incomoda más que los ojos de
un desconocido acariciando mis curvas desde el otro lado de la sala.
Los hombres tienen una manera de hacerme sentir como la presa de
un depredador, y Shane nunca me hace sentir así. Shane sólo me hace
sentir segura, me hace sentir en casa, me hace sentir suya.
—Voy a ir al baño.
—De acuerdo. —Damien sonríe. —Voy contigo.
—Está bien, ahora vuelvo.
Damien sonríe y me sigue de todos modos. Intenta entrelazar sus
dedos con los míos, pero los aparto como si no fuera consciente de lo
que intenta hacer. No es la primera vez que Damien intenta tomarme
de la mano al salir de la biblioteca o entrar en el aula. Pero siempre le
hago saber que no soy suya. Nunca lo seré.
Llego al baño y me encuentro con una larga cola esperando en una
de las cabinas. Resoplo suavemente, la pegajosidad del aire se me sube
a la cabeza y me hace sentir mareada y aturdida a la vez. Me apoyo en
la pared y, por suerte, Damien está ahí para sostenerme. Acepto su
suave abrazo, una pequeña sonrisa se dibuja en mis labios al darme
cuenta de lo buen amigo que ha sido este último año de universidad.
Dentro de dos semanas nos graduaremos juntos, y sólo unos pocos
exámenes nos separarán de nuestros títulos en psicología. Damien
hará un máster, y ese también era mi plan en un principio, pero ahora
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creo que debería tomarme un descanso durante el verano o más
tiempo, porque estar lejos de Shane y de mi familia me ha pasado
factura.
Me llevo una mano a la cabeza, el sudor me resbala por la frente
mientras se me reseca la garganta, a pesar de que acabo de beberme
media botella de agua de Damien.
—Creo que voy a vomitar.
—Te acompañaré a casa. —Damien sonríe, sus ojos cálidos
mientras me guía a través de la multitud y hacia el aire fresco. Respiro
aliviada, pero dura poco cuando una punzada sube por la base de mi
cráneo y se aloja en mi lóbulo frontal.
—No he bebido nada hoy.
—¿Ni una gota de alcohol?
Asiento con la cabeza. —Sólo necesito una siesta.
—Mi apartamento está justo a la vuelta de la esquina, puedes
quedarte en el sofá.
Vuelvo a asentir, pensando por primera vez que dormir en el sofá
de alguien me parece una gran idea. No creo que tenga fuerzas para
caminar las diez manzanas que me separan de mi apartamento.
Además, de todas formas no habrá nadie esperándome. Shane se
aseguró de que tuviera un apartamento entero para mí sola porque no
confiaba en ninguna compañera de piso para mí, y me alegro por ello.
Ser hija única me hace sentir cómoda con el tiempo a solas. De todos
modos, la única persona con la que quiero vivir es Shane. La tristeza
me invade entonces, antes de prometerme llamarlo a primera hora de
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la mañana y quedar para desayunar o algo así, solo para pasar tiempo
con él. Soy casi adicta al aroma de su piel y a la curva de sus labios
cuando me sonríe ante un plato de comida casera. Complacerlo es lo
que más me gusta hacer en la tierra.
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Capítulo 3
Shane
Mi visión se vuelve roja en cuanto veo a Shelby, mi niña, salir por
la puerta del club de la mano de un imbécil. Me doy cuenta de que la
han drogado. Shelby no bebe y cada tropiezo de sus pasos la hace
parecer ebria o peor, mucho peor. Sus enormes tetas casi se salen de
su pequeño vestido ajustado. Se ve hermosa. Siempre está estupenda,
pero esta noche debe de haber atraído las miradas de todos los
hombres con los que se ha cruzado.
Quiero matarlos a todos.
Sin siquiera buscar un lugar para estacionar, me subo a la acera,
con Gio gritando desde el asiento trasero, pero todo lo que veo es rojo.
Lo único que veo es su mano en la de él. Lo único que puedo pensar es
que tiene que morir. Salgo del coche y corro hacia ella. Está tan perdida
que ni siquiera me ve venir. No se da cuenta de que estoy ahí hasta que
arranco la mano de su compañero de la suya y le propino un gancho de
derecha que lo deja en el suelo. Me subo sobre él, golpeándole la cara
con el puño y gritándole que voy a matarlo.
Shelby grita, pero cuando se da cuenta de quién soy, Rafe ya está
allí y la sujeta. Ella tiembla mientras yo sigo golpeando a su compañero.
—¡Sé lo que hiciste! Sé lo que hiciste y ahora vas a morir por ello.
Nadie jode con mi niña.
Sólo sonidos gorgoteantes vienen en respuesta mientras la sangre
le resbala por la cara desde la nariz y los labios. Uno de ellos ya está
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hinchado y distorsiona sus rasgos. Era un tipo apuesto. Pero será un
cadáver aún más apuesto.
—¡Vas a matarlo! —grita Shelby.
—Él te drogó, tienes toda la maldita razón de que voy a matarlo. Y
ese sería un destino demasiado fácil. Un desgraciado como este no
necesita estar en las calles haciendo daño a otras mujeres inocentes
como tú. Le estoy haciendo un favor a las mujeres de Chicago.
Shelby se queda callada, luego se lleva la mano a la frente
sudorosa mientras sus ojos se abren con consciencia. —Me siento
drogada. No he bebido nada. Seguí tus reglas - no tomé nada de alcohol.
—¿Bebiste algo de él? —Gio está allí entonces, entrelazando los
dedos de ella con los suyos y forzando su mirada hacia sus cálidos ojos.
Ella sacude la cabeza. —Yo… Tomé un poco de agua —admite
finalmente.
—Drogar a chicas bonitas con agua, ¿eh? —Aterrizo otro gancho en
su sien antes de agarrar su garganta con mi mano izquierda y apretar
lo suficiente como para bloquear el flujo de oxígeno. —Buenas noches,
hijo de puta.
Su cuerpo se desploma, sin vida.
—Mierda. Vamos a necesitar que alguien limpie esto —comenta
Rafe y saca su teléfono, tecleando un mensaje rápido a quien supongo
que es nuestro limpiador. No tengo a nadie en plantilla, no acostumbro
a matar a desgraciados estúpidos como este tipo, pero en los últimos
años ha sido más frecuente desde que Shelby se fue a la universidad.
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—¿Dónde está tu rastreador?
—¿Mi rastreador? —Shelby parece confusa, mete una mano en el
bolso y rebusca. Saca el pequeño localizador GPS que me aseguré de
que llevara siempre consigo. —Supongo que se ha quedado sin batería.
Gio se lo quita de la palma de la mano y le da la vuelta para
examinarlo antes de meterse una mano en el bolsillo y sacar otro. El
de su bolsillo parpadea en rojo, indicando que está activo. Lo desliza en
su bolso. —Tendré que llamar a la compañía para que me cambien éste.
Mientras lo cargues por la noche, no debería apagarse nunca.
—Suban al coche —indico.
Y así, los cuatro nos alejamos. Nuestra familia vuelve a estar a
salvo.
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Capítulo 4
Shelby
—¿Te sientes bien? —me pregunta Shane mientras me da un
codazo y me acompaña al edificio de la casa de mi infancia. Mis tíos
adoptivos nos siguen. Son todos un grupo rudo, pero Shane, al ser el
mayor, siempre ha sido el más reverenciado entre ellos. Entiendo por
qué. Da miedo, es más alto, tiene una cicatriz en un lado de la mejilla,
la piel de un suave tono rosado por la que ansío deslizar la lengua por
los bordes. Muchas veces le he preguntado qué le ocurrió, pero él sólo
sacude la cabeza y me dice que las chicas dulces como yo no
necesitamos saber lo malvado que es el mundo en realidad. Espero
poder arrancárselo algún día.
—¿Shelby? Respóndeme, ¿cómo te sientes? ¿Tengo que llamar a un
médico y conseguir algo para contrarrestar las drogas en tu sistema?
—exige Shane.
—No, ahora me siento bien. —Resulta que sólo hacía falta estar en
presencia de mi padrastro para calmar mis nervios. —No debe de
haberme dado mucho, parece que ya ha hecho efecto en mi organismo.
—Ya he enviado un correo electrónico a la compañía sobre la mala
batería del GPS que se ha fundido. Enviarán un repuesto por la noche
—canturrea Gio mientras se abren las puertas del ascensor. Entramos
y el tío Rafe cierra la puerta de hierro derecha mientras Gio pulsa el
botón del penthouse.
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Aunque intentaron convertir la casa de mi infancia en un hogar,
después de que mamá muriera en circunstancias sospechosas, se
convirtió más en un búnker y un espacio de trabajo que en un lugar
acogedor para crecer. Shane insistió en que mantuviéramos a la familia
unida, y nunca se permitió que nadie viniera de visita. Cuando iba a casa
de una amiga en el instituto, Shane o uno de mis tíos siempre estaban
apostados fuera para asegurarse de que estaba a salvo. Los padres de
mis amigas nunca hacían preguntas, nadie lo hacía, probablemente
porque mi padrastro y mis tíos les daban tanto miedo que no querían
saber la respuesta.
Me dieron una vida tan normal como pudieron y siempre les estuve
agradecida por ello. Hacía lo que podía para devolverles el favor,
preparando tantas comidas caseras como podía a la semana, sabiendo
que, de lo contrario, pedirían comida para llevar tres veces al día como
chicos de fraternidad universitaria. Por suerte, la madre de Shane -mi
abuela italiana adoptiva- me enseñó a cocinar todas las comidas
favoritas de Shane y cada una de ellas quedó tatuada en mi cerebro
como mi forma favorita de mimarlos una vez que ella ya no estuviera.
Cuando llegamos al penthouse, me dirijo a mi dormitorio. Se ha
mantenido en perfectas condiciones desde que me fui a mi primer año
de universidad. Sigo quedándome a dormir casi todos los fines de
semana. Me encanta el sonido de los hombres al moverse por la casa
después de cenar, Gio retirándose al ordenador de su habitación, el
suave repiqueteo de sus dedos en el teclado arrullándome para
dormirme muchas noches. A menudo me encuentro a Rafe en el balcón
bebiendo whisky y fumando un puro mientras la brisa arrastra el sonido
de Chicago.
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Y Shane.
Mi Shane.
Su habitación está al lado de la mía, pero muchas noches entra en
la mía y se sienta en la silla del rincón a leer un libro, para sí mismo o
en voz alta para mí, hasta que me duermo. Tiene una manera de
hacerme sentir segura, siempre atento, siempre haciéndome sentir
especial cuando nadie más lo ha hecho.
Lo amo, de eso no hay duda. Y hace tiempo que superé el hecho de
que mi amor, ahora que yo también soy una mujer adulta, se inclina
definitivamente hacia lo inapropiado. No tengo tiempo para la
vergüenza, sólo sé que él me hace sentir bien, y quiero hacerlo sentir
bien a él a cambio.
—¿Me leerás esta noche?
Shane se eleva por encima de mí por lo menos treinta centímetros,
pero mueve su alto cuerpo, inclinándose para mirarme a los ojos.
—Lo que sea por ti, pequeña.
Me quito las zapatillas de lona cerca de la puerta y me dirijo
directamente a mi habitación. No me molesto en cerrar la puerta. Al oír
sus pesadas botas entrar detrás de mí, siento un escalofrío en las
venas. Me quito el vestido ajustado por encima de los hombros y lo
escucho resoplar al verme en tanga y con un sujetador push-up negro
de tiras. Dejo el vestido en la silla en la que suele sentarse y abro uno
de los cajones de la cómoda en busca de algo cómodo para ponerme
en la cama. Saco una de las viejas camisetas desgastadas de los Cubs
de Shane. Es mi favorita, desgastada y suave por el uso. De niña le corté
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el dobladillo y me la ponía para andar por la casa, y ahora está estirada
sobre mis pesados pechos, casi sin cubrirlos ya. De niña me desarrollé
rápidamente en el instituto y, la verdad, la vieja camiseta ya casi no me
queda bien, pero sigue siendo mi favorita. Me doy la vuelta, me quito los
tirantes del sujetador por encima de los hombros y lo dejo caer al suelo,
deslizando la camiseta sobre mis pechos y tirando suavemente de ella
hacia abajo para cubrir mis pezones. La redondez de mis pechos aún
asoma por el dobladillo cortado, pero después de una noche como la
de hoy, necesito que la prenda más cómoda que poseo esté junto a mi
piel. Preferiblemente una que aún huela a él.
—¿Qué me estás haciendo? —gruñe.
La luz de la luna que entra por la ventana dibuja su silueta, el pelo
plateado de las sienes y la barba resaltando sobre su piel bronceada y
cremosa. Al instante estoy mojada, y el tanga apenas oculta mi
excitación.
—Nena —me mira, —puedo oler lo excitada que estás.
—Nunca he estado tan excitada. Con nadie. —Me muevo por la
habitación, atraída por él como una polilla por una llama.
Cuando llego hasta él, recorro con la yema del dedo la curva de su
grueso bíceps, pasando por encima de su hombro y bajando por su
tenso músculo pectoral. Respiro cuando el aroma masculino de su piel
me inunda de nuevo. Mis muslos se inundan de excitación mientras me
muevo de un lado a otro, rezando para que me toque de una forma que
un padre nunca debería tocar a su hija.
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—Nena, no puedo resistirme cuando me tocas. Y te aseguro que no
puedo resistirme cuando me miras así.
—Así que no te resistas. —Me acerco más, rozando con la nariz el
borde de su cuello y atreviéndome a deslizar la lengua por la vena
palpitante. —Por favor.
Un gruñido gutural vibra en su pecho. Y finalmente, el momento
que he estado esperando durante años, desliza las yemas de los dedos
por la redondez de mi pecho y tira del pezón a través del fino algodón
de la camiseta. Respiro y mis dos pezones se erizan ante su contacto.
—Esto está mal.
—Entonces, ¿por qué se siente tan bien? —susurro, besándole el
cuello y luego bajando la mano por la dureza de sus abdominales hasta
llegar al cinturón en su cintura. Sujeto suavemente la hebilla, aflojando
el metal de su lazo. Zumba de placer y sus caderas se agitan mientras
me toca los pezones con las dos manos. Echo la cabeza hacia atrás y
cierro los ojos; el placer recorriendo mi cuerpo por primera vez en mi
vida.
—Dime que sigues siendo virgen, pequeña.
—Sí —siseo.
—Bien. —Se muerde el labio inferior con los ojos clavados en mi
excitada figura. —Llevo mucho tiempo pensando en este momento.
Me chupo el labio inferior, ansiosa por sentirlo dentro de mí. Le
acaricio la polla dura como una roca a través de los vaqueros y sus
caderas se inclinan hacia delante, presionando contra las mías.
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—Quiero sentirte.
—Confía en mí, Shelby, papá te hará sentir muy bien.
—Confío en ti —repito.
—Bien. —Me pellizca el pezón, antes de deslizar la palma de la
mano por mi cuello y apretar. —Esta noche he matado por ti. No es la
primera vez. No será la última. No soporto que nadie más te mire. No
soporto que nadie intente quitarme lo que siempre ha sido mío.
—Gracias, papi.
—De nada, cariño. Ahora es el momento de hacer sentir bien a
papá, te prometo que yo también te haré sentir bien a ti.
Trago saliva y siseo cuando me pellizca el pezón con tanta fuerza
que sé que por la mañana tendré moretones.
—Quiero todos los moretones de papi.
Gruñe, clavándome la polla salvajemente en la palma de la mano.
—He estado esperando a que dijeras esas palabras, pequeña. A papá le
gusta ser duro, voy a hacer que duela, y luego voy a besarlo para que
mejore. ¿Te parece bien?
Asiento con la cabeza, mirándolo con ojos de gatita, grandes y
redondos, llenos de toda la inocencia que siento ahora mismo. —Estoy
lista.
Su palma vuelve a apretarme el cuello y con la otra mano gira mi
cuerpo, haciéndome sentir tan ligera como una pluma. Me inclina sobre
la cama de mi infancia y aparta la fina barrera de mi tanga antes de
arrodillarse y deslizar su lengua por la hendidura empapada entre mis
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nalgas. Yo me retuerzo y empujo hacia él, mientras desliza los dedos
por los suaves pliegues de mi coño. Me agarra por las nalgas y me
estrecha contra él mientras se da un festín, lamiéndome como si
estuviera hambriento de mí. —Voy a follarme el coño de mi dulce niña
hasta que grite sobre mi polla palpitante. —Vuelve a lamerme, metiendo
y sacando la lengua de mi hendidura empapada, amasando mis nalgas
mientras lo hace, antes de arrancarme el tanga con tanta fuerza que
me deja la piel ardiendo. Grito y jadeo, y luego le pido más salvajismo.
—Así me gusta, haces muy feliz a papá.
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Capítulo 5
Shane
No puedo creer que estemos a punto de hacer esto. No puedo creer
que estemos aquí. Mi polla está goteando. Puedo sentir la humedad
mojando la parte delantera de mis pantalones.
Es tan bonita. Tan perfecta. Tan mía.
No puedo sentir ni una pizca de vergüenza por quererla así. He
aguantado tanto tiempo, he hecho lo que era mejor para ella, la he
criado para que sea la buena chica que es. Y ahora ha llegado el
momento de tomar este bonito coño y mostrarle lo mucho que papá la
ama.
—¿Lista para la polla gorda de papá, pequeña?
—Sí. Quiero que la entierres profundamente en mi interior. Te
necesito dentro de mí.
Sus sucias palabras casi me hacen perder el control. Pero me
contengo por ella. Necesito demostrarle lo mucho que significa para
mí, lo mucho que significa finalmente entregarse a mí, para siempre
para nosotros.
Sin pensarlo, la volteo sobre la cama, trepo por su cuerpo y
entrelazo mis manos en sus largas ondas doradas, uniendo nuestros
labios en un beso enérgico. Arrastro mi gruesa polla contra sus
húmedos pliegues, deseando sentir su piel sobre la piel, pero sabiendo
que en cuanto lo haga explotaré.
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—No puedo contenerme contigo, chica linda.
—Pues no lo hagas —gime.
Arrastro mis dientes por sus labios, mordisqueo suavemente y
luego con más fuerza. —Voy a follarte tan profundo y tan fuerte. Voy a
vaciar mi semen en este precioso vientre. Quiero asegurarme de que
estás preparada. Necesito que sepas que nunca haré nada que no
quieras hacer y que nunca haré nada que te haga daño.
Una suave inclinación de cabeza es mi única respuesta.
—Desabróchame el cinturón. —Mi voz es áspera, devastada por la
idea de romperla en pedazos mientras me deslizo dentro de su suave
cuerpo.
Sus ojos se abren de par en par, y entonces sus dos manos tantean
la hebilla de mi cinturón, sacando el cuero de sus trabillas antes de que
las yemas de sus dedos trabajen en el botón y la cremallera del
vaquero. Cuando mi polla se libera, me duele con fuerza, palpitando por
la necesidad de sentir sus labios, de sentir el fondo de su garganta.
—Déjame follar esos bonitos labios. Necesito follarte la cara
porque cada vez que cierro los ojos es esa bonita mirada la que me
hace correrme tan fuerte.
Me recuesto en la cama, sin importarme que la puerta siga abierta.
Si Gio y Rafe nos ven, o mejor aún, se unen a nosotros, la noche será
aún más divertida. Pero primero tengo que asegurarme de que ella está
de acuerdo. Y tengo que asegurarme de que sepan que es mía. Sólo la
compartiré con ellos dos.
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Se levanta de la cama y la parte inferior de sus tetas se sale de mi
camiseta favorita de los Cubs, con la que lleva haciendo piruetas desde
que era adolescente, volviéndome loco y haciendo que mi polla gotee
todas las malditas noches antes de ir a la cama. Me gusta pensar que
sabe lo que hace, volviéndome loco, haciéndome esperar hasta que
tuviera edad suficiente para elegir lo que quería.
Tenía fe en que me elegiría a mí. Sabía que ninguno de esos jodidos
asquerosos de su universidad pública se comparaba con la forma en
que yo podría hacerla sentir. Con una sola mirada, puedo dominar a
cualquiera, pero es ella la que me pone tan duro que siento que voy a
reventar la cremallera.
Antes de tocarme, se apoya sobre sus rodillas y mete las manos
bajo la camiseta, levantando lentamente la tela y tirando suavemente
de sus pezones con las suaves yemas de los dedos. Gruño en voz alta.
—Nena, me estás matando ahí.
—Tú me has estado matando desde el día en que empecé a
correrme a los quince años.
Resoplo, fascinado al verla pellizcar los picos duros y sonrosados.
Y entonces le exijo: —Más fuerte. Pellízcalos fuerte. Imagina que son
mis dientes los que te hacen chillar. Papá no te va a dar esta polla hasta
que te hagas gritar y te corras.
Sus caderas empiezan a girar ante mi orden, y acelera el pellizco
de sus pezones, tirando cada vez más fuerte hasta que pellizca lo
suficiente como para provocar dolor. Miro sus muslos desnudos y veo
que brillan por su excitación. —Jesús, nena, estás empapada. Te gusta
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duro, ¿eh? ¿Te gusta que papá te diga cómo hacer que ese coño se
corra?.
—Ya casi estoy. Estoy tan cerca. —Le tiembla la voz y sus caderas
se mueven cada vez más erráticas al tocar mi muslo cubierto de
vaqueros.
Deslizo la mano hacia la parte delantera de mis bóxers, dejando
finalmente salir mi polla gorda para divertirme un poco. Me acaricio
suavemente, consciente de que si me follo con la mano demasiado
deprisa o demasiado fuerte, me correré demasiado pronto. Y quiero que
esto dure.
—Eso es, pequeña, muéstrale a papá lo que te gusta.
Ella asiente con la cabeza, con la respiración entrecortada. Me
muero por tener sus labios alrededor de mi polla. No veo la hora de
hacer que mi semen baje en espiral por su garganta y que sus ojos
lloren mientras se atraganta con mi polla.
Entonces, una de sus manos baja hasta su rosado e hinchado coño
y empieza a juguetear con su clítoris dilatado.
—No te toques —le ladro. —No toques lo que es mío sin pedir
permiso.
Justo cuando estoy a punto de castigarla por poner las manos
sobre su coño hinchado y excitado, oigo una voz carraspeando en la
puerta por encima de mi hombro.
Shelby abre los ojos, pero sus dedos siguen trabajando en su coño
húmedo. Me giro y veo a Gio y Rafe en la puerta, con los ojos clavados
en nuestra chica.
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Gio ya tiene la polla fuera y la acaricia suavemente. Verlo mirarla
me pone tan caliente, me dan ganas de enterrarme dentro de su bonito
y húmedo coño mientras él mira. Rafe me llama la atención y yo asiento
con la cabeza una vez antes de que se desabroche el cinturón en
silencio y meta su propia mano en los pantalones, empezando a
frotarse antes de sacar su gruesa polla al aire.
No es la primera vez que veo a mis hermanos correrse, no es la
primera vez que veo a una chica chupársela a los dos a la vez. Pero
ninguna chica me ha hecho correrme como la que tengo ahora delante.
Ha pasado tanto tiempo, una década por lo menos. Poco después de la
muerte de su madre, Gio me emparejó con una de sus follamigas
habituales, pero ni siquiera pude correrme. Los ojos suaves de Shelby
rondaban mi mente mientras la follamiga hacía todo lo posible por
chupármela. Hablaba sucio, me decía cómo quería ordeñarme hasta
dejarme seco. Pero Shelby no tiene ni que decir una palabra y ya estoy
al borde, intentando contenerme.
—Papá necesita sentir esos bonitos labios envolviendo la base de
su polla.
Shelby parece ansiosa, gateando sobre mis muslos y haciendo
contacto con mi polla por primera vez con sus dedos de punta rosada.
Resoplo, intentando medir la incontrolable reacción de mi cuerpo ante
ella.
—Eso es, cariño, ahora lleva a papá al fondo de tú garganta.
Se cierne sobre mí un momento antes de lamerme la polla desde
las pelotas hasta la punta una vez y luego succionarme por completo.
Ahueca las mejillas y chupa con tanta fuerza que creo que ya lo ha
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hecho cientos de veces, y solo de pensarlo me enfurezco. Pero dice que
es virgen y le creo.
—Joder, pequeña. Joder.
Al principio chupa suavemente, tentativa pero ansiosa.
—Fóllate ese coño con los dedos. Quiero que te corras con mi polla
enterrada en tu garganta.
Gio se mueve entonces por encima de mi hombro y puedo oír cómo
se agarra la polla y apenas se aferra a su propia liberación. Rafe se
acerca por el lado de la cama, obteniendo la vista perfecta de su culo,
alegre y redondo, empujado en el aire y brillando con la excitación de
su coño empapado.
Me gustaría verlo lamerla hasta dejarla limpia, pero primero la
necesito a ella.
Parece que le gusta actuar, sus caderas giran y sus dedos se
mueven rápidamente entre sus labios hinchados mientras los ojos de
mis hermanos acarician su piel. Es cremosa, redonda y suave por todas
partes, y no puedo evitar pensar que los cuatro solos podríamos
quedarnos encerrados en este apartamento para siempre, follándola
hasta dejarla sucia y usada con esa bonita sonrisa en los labios para el
resto de nuestros días.
Estoy tan jodidamente cachondo. Nunca me había sentido así. Y
saber que a ellos también les excita tanto me lleva al borde de la
liberación. Su lengua recorre mis pelotas y, antes de que pueda
pensarlo, bajo una mano hasta su coño y le doy una bofetada tan fuerte
que grita de dolor. Casi me corro otra vez, pero consigo contenerme
27
antes de abofetearla una, dos y tercera vez. Luego meto los dedos en
su jugoso coño y la follo con fuerza y rapidez hasta que la siento
chorrear y estremecerse alrededor de mis dedos. Mi polla gotea y se
moja con su saliva.
—Límpiala —le ordeno a mi hermano.
Él asiente ansioso, se inclina sobre la cama y, con la mano aún
empuñando su gruesa polla, empieza a lamerle la crema de los muslos
y el coño empapado. Gimo mientras miro, ansioso por follarme su coño
perfecto, ansioso por que mis hermanos y yo llenemos sus
hambrientos agujeros. Ella lo es todo para nosotros. Prometo pasar el
resto de mis días demostrándole lo mucho que significa.
Sus caderas se agitan y su respiración es entrecortada mientras
parece encenderse cada vez más al verme empuñar mi propia polla
mientras mi hermano limpia su coño reluciente.
—Se siente tan bien —murmura.
—Bien, nena. Porque no hemos hecho más que empezar.
Le rodeo la garganta con la mano y aprieto con fuerza hasta
cortarle el aire lo suficiente para que abra los ojos. La atraigo hacia mí
y le rodeo la cintura con el otro brazo. Le agarro el culo mientras Rafe
vuelve a sentarse en la cama, con los ojos entreabriéndose y
cerrándose mientras empuja la polla contra su mano. Me doy cuenta de
que está al límite, pero quién no lo estaría: ella es tan hermosa, sus
curvas tan suaves, su culo rebotando con cada movimiento del colchón.
—Me voy a follar este precioso coño, y tú le vas a dar las gracias a
Gio por haberte limpiado chupándosela. ¿Te parece bien, pequeña?
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Ella asiente, con los ojos redondos y hambrientos.
—Cristo, eres tan malditamente perfecta. —Es Rafe, que tararea
mientras se agarra la polla y empieza a temblar, señal inequívoca de
que está a punto de correrse.
Escuchar sus palabras por encima de su hombro parece excitarla
más y más, y sus iris se oscurecen de hambre.
Incapaz de esperar más, tiro de ella hacia abajo por las caderas,
empalándola en mi rígida polla. Grita por la contundente intrusión, y
entonces recuerdo que soy el único que ha estado aquí. Debería ser
suave y delicado, debería darle lo que se merece, pero una parte de mí
piensa que se merece esto por andar pavoneándose con esas
camisetas cortas que juegan al escondite con sus tetas respingonas y
turgentes. Le daré los cuidados posteriores que se merece, la atenderé
de pies y manos, le chuparé ese coñito tan bonito hasta que sea como
masilla en mis manos, pero ahora necesito correrme duro y profundo
en su coño virgen.
Parece adaptarse rápidamente a mí: sus manos me rodean el
cuello y sus dedos se enredan en mi pelo demasiado largo. Me trata
con suavidad y dulzura, y yo soy como un animal enjaulado que necesita
liberarse.
Rafe se acerca al lado de la cama, su pesada polla dura y palpitante
se acerca a los labios de ella. Sus ojos brillan ávidos antes de
metérsela en la boca, tentativa al principio, antes de hacerle una
garganta profunda hasta la base.
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Gimo ruidosamente, ver cómo complace a mi hermano pequeño es
lo que más me excita. Rafe gruñe y aprieta los dientes mientras se
sujeta la base de la polla y mete la otra mano en el suave pelo de ella.
Ella tararea con avidez alrededor de su polla y, mientras la machaco
hasta dejarla inconsciente, Rafe empieza a temblar y a sacudirse con
su inminente orgasmo.
Tan excitado que no puedo pensar con claridad, le doy una fuerte
bofetada en la nalga derecha, y eso hace que Gio gruña de placer
mientras su culo se contonea alrededor de mi polla gorda. Mueve el
puño arriba y abajo por su polla con rapidez, con los ojos abriéndose y
cerrándose mientras lucha por correrse con los ojos bien abiertos,
contemplando a mi preciosa pequeña.
Es nuestra.
—Dios, pequeña, te sientes tan condenadamente apretada,
aferrándote a mi polla como un tornillo de banco y sacándome el semen
—gruño y golpeo su culo de nuevo, más fuerte esta vez, y ella suelta un
grito alrededor de una boca llena de la polla de Rafe antes de correrse
en oleadas alrededor de mi polla. Gio gruñe una última vez y entonces
largos hilos de su blanco semen salen disparados de su polla y decoran
sus redondas nalgas. Rafe no tarda en seguirle, cubriendo los labios de
nuestra chica con su semen espeso. Gotea por sus labios y cae sobre
sus tetas, esos pezones sonrosados brillando a la luz de la luna con el
espeso semen de mi hermano.
No puedo aguantar más y deslizo una mano alrededor de su
cintura, presionando con la punta del dedo el apretado capullo de su
culo. Se retuerce y me suplica que lo haga con más fuerza.
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Hago lo que me pide, tanteo suavemente hasta que meto el dedo
índice entre sus nalgas apretadas hasta el primer nudillo.
Mueve las caderas contra mi polla y, antes de pensármelo dos
veces, estoy chupando el apretado capullo de uno de sus pezones,
saboreando la mezcla de su dulce piel y el semen salado de mi hermano
en los picos de su capullo.
Vuelve a correrse, esta vez con más fuerza, mientras echa la
cabeza hacia atrás enloquecida de placer.
Verla correrse es lo más hermoso que he visto en mi vida.
—Sí, Dios, sí, pequeña. Eso es, dáselo todo a papá.
Abre los ojos y se lame el semen de Rafe de los labios con dulzura,
y ese pequeño acto me pone al límite.
Es tan jodidamente sexy que no puedo controlarme más y me corro
duro y profundo en su dulce forma. Me está sacando toda mi leche para
bebés y robándome el corazón con ello.
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Capítulo 6
Shelby
A la mañana siguiente me despierto envuelta en los brazos de papi.
En mi pequeña cama de matrimonio apenas cabe su enorme cuerpo,
pero me encanta estar tan cerca de él.
Me siento tan afortunada de ser tan amada. Algunas personas
viven toda su vida sin sentir lo que este hombre me hace sentir y estoy
tan contenta de que por fin podamos demostrarnos nuestro afecto
físicamente. He pasado demasiado tiempo de mi vida anhelándolo,
deseando que me tocara, pero ahora me duele el cuerpo por un motivo
distinto.
Estirándome, me giro hacia él. Me cuesta moverme porque su
brazo rodea mi cuerpo, pero debe de notar cómo me contoneo porque
sus ojos se abren al instante y conectan con los míos.
—Buenos días.
—Muy buenos días. Mi mejor mañana hasta ahora. —Me besa
suavemente y nunca había sentido un contacto tan tierno como el suyo.
—Me duele el cuerpo por donde estuviste anoche y me encanta.
—Mmm, bien, porque ahora pienso machacarte todas las noches.
—¿Se acabaron los cuentos antes de ir a dormir?. —Mi sonrisa es
coqueta.
—Lo que haga falta para ponerte cachonda, pequeña, estoy aquí
para ello.
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—Mm, suena perfecto. Voy a preparar el desayuno.
Me escabullo de su brazo, sintiendo nuevos dolores y moretones
que me hacen sonreír. Al levantarme de la cama, siento una humedad
única entre los muslos, algo más que excitación. —Oh no, creo que me
has dado tan fuerte que me ha venido la regla.
Shane enarca las cejas con interés y nos quita las sábanas de
encima. Me relamo los labios por instinto cuando veo su erección
matutina, dura como una roca, esperándome. Y entonces veo los daños
de nuestra noche de diversión. Las sábanas están manchadas de rojo,
no sólo un punto aquí y allá, sino charcos enteros que han ensuciado
probablemente hasta el colchón.
—Definitivamente me ha venido la regla.
—¿Segura que no es por haberte quitado la virginidad anoche?
Sacudo la cabeza. —No. Supongo que eso significa que no
tendremos más tiempo sexy durante al menos unos días.
—Difícilmente. Soy un hombre de verdad y todo lo que hay en tu
cuerpo me excita. —Desliza una mano por mi vientre blando y
desciende entre mis pliegues carmesíes, y empieza a acariciarme
suavemente hasta que tarareo y muevo las caderas a punto de
correrme. Estoy más sensible que nunca, con los nervios llenos de
sangre y placer, mientras los dedos de este hombre me ponen a cien.
Antes de que me dé cuenta, unas lentas sacudidas se apoderan de mí y
me balanceo mientras experimento un suave orgasmo bajo sus manos.
Sonríe al sentir el chorro alrededor de sus dedos, saca los dedos de mi
coño y los mete entre sus labios, chupándolos hasta dejarlos limpios
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antes de girar sobre mí y deslizar las palmas de las manos sobre mis
muslos curvilíneos, abriéndome para él antes de lamerme con la
lengua. Da vueltas en mi clítoris y luego mete y saca la lengua de mi
agujero chorreante. Me da suaves mordisquitos en los labios y, antes
de que me dé cuenta, ha sustituido toda la excitación carmesí por su
propia saliva mientras me chupa y me mordisquea el coño, y luego hace
que me corra en más suaves temblores. Me siento tan abierta con él,
más yo misma de lo que nunca he sido con nadie. Él es todo para mí, y
cada momento que paso con él solo demuestra aún más mi punto de
vista.
—Sé que soy un bastardo enfermo que ya ha matado por ti, pero
algo en lamer tu sangre me pone tan jodidamente duro. Y al mismo
tiempo creo que esta podría ser tu última regla por un tiempo si
siembro un precioso bebé en este dulce coño como pretendo.
Mi cuerpo zumba con sus palabras, tan excitado y desesperado por
que me folle otra vez.
Me tomo un minuto para retroceder y contemplar las hermosas y
duras líneas y crestas de su ancho pecho. Mi excitación se dispara y
mis manos se posan al instante en su piel.
—Shelby —ronronea, y sus manos recorren mi cuerpo. Me agarra
los muslos con avidez antes de acariciarme las curvas del culo.
Mi lujuria se dispara hasta nuevos extremos.
Gimo y le rodeo el cuello con las manos. Una de sus palmas
engancha mi pierna a su cintura mientras nos aprieta contra una pared.
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Suspiro y gimo, deseando desesperadamente subirme a este Adonis de
hombre y cabalgarlo hasta que no pueda pensar con claridad.
—Te vas a quedar sin voz después de gritar mi nombre. —Su voz
baja una octava y mi estómago se llena de lava fundida. Mi cerebro se
confunde con las endorfinas mientras sus manos siguen trabajando en
mi piel.
—¿Sabes siquiera lo que les haces a los hombres, paseando este
cuerpo de curvas tan sexy con esos vestiditos de verano? —Su pulgar
y su dedo pellizcan uno de mis pezones.
Me estremezco cuando el deseo que siento por él empapa mi coño.
Mis muslos se mueven mientras mis manos se arrastran por su pelo.
—Te quiero desnuda y abierta ante mí para que pueda saborear
cada centímetro de tu cuerpo. Todos. Y. Cada. Día —puntualiza sus
cuatro últimas palabras.
No puedo creer lo calientes que somos juntos.
—Esa es mi pequeña. —Sus pesadas manos suben por mi cintura
y recorren los redondeados globos de mis tetas. —Tan dulce. Dime,
¿estás mojada por mí? ¿Tienes el coño empapado para papá?
Deseo desesperadamente que lo descubra por sí mismo.
—¿Lo averiguamos? —pregunta, como si leyera mi mente.
—Sí, sí...
Una de sus pesadas palmas se acerca a mi cintura. Suspiro y me
retuerzo contra él. No me importa si esta noche ha sido sólo una vez o
mil: lo deseo. Me hace sentir cosas que nunca antes había sentido.
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Tiemblo cuando su mano encuentra la hendidura empapada entre
mis muslos. Me arqueo y suspiro, cabalgando sobre su mano como si
llevara días desesperada y esperándolo. Así es. Llevo años
esperándolo.
—Jesús, estás empapada. —Sus labios chupan la carne de mi
pecho, su otra mano amasa la carne del otro. Pellizca el pezón y luego
le hace cosquillas con la yema áspera de su hábil pulgar. —Acuéstate.
Quiero verte.
Su voz gruesa llega directamente a mi clítoris. Las yemas de sus
dedos desaparecen de repente de mi dolorido coño y, levantándome por
la cintura, me lleva de nuevo a la cama.
Me acuesta de espaldas, sus ojos abrasando mi cuerpo mientras
me pasa el pelo por encima de un hombro. Me lo aparta de la cara y lo
coloca sobre la curva de un pecho.
—Impresionante —murmura antes de besarme el ombligo.
Baja sobre mí mientras mi coño se pone más desesperado por la
necesidad y el deseo.
—Papi —suspiro, con los pezones duros como piedras y hasta el
punto de dolerme.
—Tócate —me dice. —Quiero ver cómo te corres.
Su nariz recorre el pliegue de mi rodilla y la curva de mi muslo.
Gime y sus fosas nasales se agitan al llegar al vértice de mis
muslos, la entrepierna de mi tanga ya húmeda por la desesperación.
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—Tan excitada. Quizá debería haberte besado aquella noche
después del baile de graduación, cuando cumpliste dieciocho. —Sus
dedos juegan con el elástico de mis bragas.
Recuerdo aquel día al instante, la energía que crepitaba entre
nosotros cuando salí de mi habitación con el vestido de graduación.
—Dime, Shelby —su mano acaricia mi monte y ejerce suficiente
presión para volverme loca de lujuria —¿también habrías estado
mojada entonces? —Sus ojos están oscuros de lujuria.
Un lento gemido sale de mis labios cuando aparta la tela y desliza
un largo dedo en mi coño.
—Dios mío, papi. —Me acaricio el pecho, deseando sentir su toque
áspero por todas partes.
—Dulce. Tan jodidamente dulce. —Su voz gutural me anima
mientras me mira a la cara. —Ya quería probar este precioso coño rosa
entonces, y Dios me libre si no lo deseo aún más ahora.
Shane me quita el tanga de los muslos y acerca su boca a mi coño
empapado. Saca la lengua en largos y duros movimientos mientras gira
en torno a mi clítoris y me folla con el dedo.
Mi otra mano se aferra a su pelo mientras siento un orgasmo, un
muy necesitado y largamente esperado orgasmo, ardiendo en mi
interior.
—Papi, papi —gimo cuando desliza otro dedo contra las sensibles
paredes de mi interior.
—Córrete sobre mí, pequeña, déjate llevar.
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Su voz ronca me lleva al límite. Un orgasmo golpea mi cuerpo, me
agarro con fuerza a su pelo y un grito sale disparado de mis labios.
Percibo vagamente su suspiro de placer antes de que los dos
dedos estén en su boca, chupando mis jugos.
—Aún no he terminado contigo —me reprende y trepa por mi
cuerpo.
Me planta un beso decadente en los labios. Saborearlo a él y a mí
juntos en su boca reluciente casi me hace estallar otro orgasmo.
Me relamo los labios, sin desear nada más que arrodillarme ante
él y tragarme su polla hasta el fondo de la garganta. ¿Cómo sonarán
sus gemidos? Ese pensamiento casi me deshace.
—¿Shelby? —Shane me levanta la barbilla para encontrarme con
su mirada. —¿Ya estás desesperada por mi polla?
—Sí, tan desesperada que estoy dispuesta a suplicar —digo,
mirándolo con los ojos muy abiertos.
—Quizá debería hacerte bailar para mí.
Miro hacia abajo y veo su polla alta y rígida entre nosotros,
ligeramente curvada hacia un lado. Se me hace agua la boca. Estoy a
punto de arrodillarme y mostrarle mi agradecimiento cuando vuelve a
inclinar mi cara hacia la suya.
—Ojos arriba. —Sus manos se deslizan por mi pelo y lo agarran
antes de tomar mi boca en un beso castigador.
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Su lengua atraviesa mis labios y se empuja contra los míos,
follándome con todo lo que tiene, y sólo es un precursor de lo que está
por venir.
—Dulce Shelby. Un ángel. —Me inclina hacia atrás en la cama, su
cuerpo duro presionado contra el mío mientras caigo sobre el mullido
edredón blanco. Me besa el cuerpo, sus manos amasan mi carne
mientras su lengua descubre el sabor de mi piel. Sus labios se unen a
los míos en un lento beso antes de separarse. Se detiene y me mira con
ojos brillantes. —Siempre has sido mía.
Casi me ahogo con las palabras que cruzan por mi cabeza. ¿Mía?
¿Después de tantos años?
—Los chicos siempre son estúpidos, siempre ingenuos. No saben
lo que quieren hasta que se convierten en hombres, y joder, creo que
ni siquiera lo sabemos entonces. Todo lo que sé es que siempre me
faltó algo hasta ahora. Nunca supe lo que era. Me resistía a pensar en
ti. Entonces vi tu hermoso rostro y tu cuerpo sexy anoche, y lo supe. Te
estaba echando de menos, Shelby. Te necesitaba. —Su suave risita me
atraviesa por dentro.
—Shane... —No sé qué decir, pero por suerte me interrumpe.
—Shh... Solo quiero volver a disfrutar de ti. Nunca he querido a
nadie más. Pase lo que pase mañana, ya lo solucionaremos.
Sus palabras derriten mis músculos y convierten mi estómago en
una jaula de mariposas salvajes.
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Asiento con la cabeza, incapaz de articular palabra antes de que
nos demos otro apasionado beso. De algún modo, esto está bien. Me
siento mejor que cuando estábamos separados.
—Te debo unos cuantos orgasmos más —dice Shane contra mis
labios antes de que su mano agarre su dura polla entre nosotros y la
alinee en mi entrada. —Hace más de una década que no salgo con nadie.
Siempre pensé que me pasaba algo, pero ahora sé que siempre estuve
destinado a estar contigo.
Respiro lentamente. —Por favor, papi. Te quiero a ti, todo tú.
Arrastro el lóbulo de su oreja entre mis dientes y siento un lento
estremecimiento consumir su cuerpo. Entonces la cabeza de su polla
vuelve a deslizarse entre mis labios empapados, cubriéndolo de mi
excitación. Tantea suavemente mi entrada, sus besos imitan el lento
sondeo de su erección.
—Fóllame, papi —le suplico, sin poder oírme ni importarme lo que
piense. Hemos esperado tanto para compartir nuestro amor. Quiero
sentir todo lo que él puede darme. Tomó mi corazón hace mucho tiempo
y lo ha llevado consigo en todos los años transcurridos desde entonces.
—Estoy a tu merced.
Las palmas de las manos de Shane sujetan mis muslos alrededor
de su cintura mientras su lengua tantea mis labios y baila con la mía.
Su polla se desliza lentamente dentro de mí, estirándome y llenándome
tanto que creo que voy a gemir, correrme y perder la cabeza en los
próximos tres segundos.
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—Eres tan grande —jadeo cuando por fin está completamente
dentro de mí.
Me besa de nuevo con una mano en el pelo de la nuca y con la otra
me levanta por la espalda. Nos miramos el uno al otro, sus caderas
cobran impulso mientras me siento empalada en su polla, con los
brazos rodeando su enorme cuerpo.
La piel empapada de sexo es lo único que separa nuestros
corazones.
—Jesús, me alegro tanto de haberte encontrado. Temía que te
hubieras ido. Temía no volver a verte. Volví esperando que aún
estuvieras aquí. Recé para que algún bastardo afortunado de la
universidad no te robara —murmura contra mi cuello mientras
balanceo mis caderas contra las suyas, con los codos apoyados en sus
hombros y los dedos retorciéndose en su pelo.
—Me alegro tanto de que me hayas encontrado. —Reflejo sus
palabras con cada latido atronador de mi corazón.
Sus labios suben y se pegan a mi pezón. Sus ojos se clavan en los
míos mientras succiona, larga y lentamente, haciendo girar la lengua
alrededor del pezón y amasando la carne cremosa. Me balanceo y
tarareo antes de que una de sus manos se deslice entre nosotros. Sus
dedos se arremolinan en mi clítoris a un ritmo furioso.
—Córrete para mí. Dame otro de esos gemidos sexys.
Su polla alcanza un nuevo ángulo dentro de mí y me corro en un
torrente de lágrimas y gritos, mi cuerpo temblando mientras mis
músculos se tensan y mi cerebro se vuelve papilla de endorfinas.
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—Dios, sí —gruñe mientras su cuerpo se tensa contra mí, sus
manos alrededor de mi cintura, su cabeza acunada entre mis
voluminosos pechos mientras dispara chorros de esperma blanca y
caliente dentro de mi cuerpo. —Jesús, nunca voy a tener suficiente de
ti.
Me recuesta suavemente sobre el edredón, me mete bajo su brazo
y tira de mí.
—No puedo creer lo que acaba de pasar.
—Mmm. —Mete la nariz en mi pelo y juega con algunos mechones
esparcidos por la almohada. —Estoy deseando volver a hacerlo.
Las últimas doce horas han sido un sueño.
Para cuando Shane termina conmigo, nos metemos juntos en la
ducha y me siento tan mimada por este hombre que una parte de mí
desearía no haber malgastado los últimos cuatro años en la
universidad y haberme quedado aquí y ser atenta con él para que, a
cambio, se ocupara de todas mis necesidades dentro y fuera del
dormitorio. Él me hace sentir realizada y tan feliz, la más feliz que he
sido desde el día que perdí a mamá.
Con Shane envuelto en una toalla y yo vestida con un vaporoso
vestido veraniego salpicado de florecitas rosas, nos dirigimos a la
cocina y preparo las famosas tortitas de manzana y canela de su madre
que sé que le encantan. Al poco rato, Rafe y Gio se han unido a nosotros
y estamos preparando el desayuno todos juntos. Mis caderas se
contonean al ritmo de la música del equipo de música mientras echo la
primera cucharada de masa en la sartén, asegurándome de deslizarla
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para que las tortitas queden crujientes por los bordes, como les gusta
a los chicos. Mis chicos. Sonrío para mis adentros, pensando en lo
rápido que hemos adquirido este ritmo los cuatro, y en lo feliz que me
hace estar con todos ellos aquí ahora.
—No iba a decir nada ahora —interrumpe Gio, —pero parece que
algo hizo saltar la cámara de seguridad anoche en el pasillo del
penthouse.
El cuerpo de Shane se pone rígido al instante, sus ojos recorren la
habitación desde los míos hasta los de Gio.
Sirve el resto del tocino cocido en un plato cubierto con una
servilleta y deja que se impregnen de la grasa antes de asentir a Gio y
cruzar la sala de estar y entrar en el dormitorio de Gio. No se molestan
en cerrar la puerta, pero no importa porque sigo sin oír nada por
encima de la música de la lista de reproducción matinal. Gio y Shane
regresan un minuto después y puedo ver las arrugas de la frente de
Shane. Debe de haber pasado algo, algo malo. Pero sé que no me lo
dirá, al menos no hasta que esté preparado. Es lo que siempre han
hecho, mantenerme al margen hasta que ya no pueden más. Me
pregunto brevemente si será algo de anoche, no algo entre nosotros,
sino algo sobre Damien y lo que pasó en el club. Un soplo de irritación
me recorre cuando pienso que Damien me dio una droga para violarme.
Por suerte, ya no siento nada en mi organismo, pero no me cabe duda
de que lo hubo anoche. Agradezco de nuevo que Shane estuviera allí
para ser mi caballero de brillante armadura, y agradezco que Gio
insistiera en que llevara un dispositivo de rastreo en todo momento.
Nunca hice preguntas, siempre asumí que eran mis prepotentes
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ángeles guardianes, y anoche fue la primera noche que tuvieron que
demostrarlo.
—Las tortitas están listas. —Capto la mirada de Shane y asiente
una vez. —¿Todo bien?
—Sí. O al menos lo estará.
Me acerca la silla a la mesa de la cocina y me dejo abrazar por él,
al menos por ahora. Estos tres hombres siempre han dividido su tiempo
entre cuidar de mí y ocuparse de los negocios, y nunca me ha importado
porque siempre me hacen sentir muy protegida, pero esta vez desearía
que me dieran alguna pista sobre lo que los tiene tan alterados.
Rafe añade dos tortitas a un plato junto con una generosa ración
de beicon, y luego lo desliza hacia mí. Gio sirve un vaso de zumo de piña
y me lo acerca. Sabe que es mi favorito. Aprecio los pequeños detalles
de cada uno de ellos. Cuando Rafe apila en silencio su plato con su
generosa ración de desayuno, se aclara la garganta una vez y luego
dice: —¿Hay algo de lo que tenga que ocuparme?
Sé que él es característicamente el músculo del grupo, y Gio es la
seguridad. Shane opera en algún punto intermedio entre los dos, a
menudo dándoles instrucciones sobre el siguiente movimiento, sea
cual sea.
Muerdo mi tortita, masticando suavemente y esperando que no sea
nada que ponga sus vidas en peligro, aunque todo lo que hacen y la
gente con la que lo hacen siempre parece ponerlos en peligro.
Me cuesta digerirlo, a pesar de lo deliciosas que están las tortitas.
Han salido perfectas, según la receta, pero ahora lo único que puedo
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pensar es que si estoy embarazada del bebé de Shane no puedo
permitir que él salga corriendo y se cobre vidas, aunque sea en nombre
de valerosas razones. Lo necesito. Y lo necesito para que me ayude a
criar a nuestro hijo, si es que anoche hicimos uno. No puedo repetir el
ciclo de criar a un hijo como madre soltera como él se vio obligado a
criarme a mí. Asqueada de pensarlo, aparto el plato y dejo el resto de
la comida sin comer.
Gio levanta una ceja. —¿Va todo bien?
Asiento una vez y me levanto de la silla. —Todo está perfecto.
Ahora sólo tengo miedo de perderlo todo.
Y con eso camino de vuelta a mi habitación, esta vez cerrando la
puerta, que es algo que rara vez hago con ellos. Estos hombres lo
saben todo de mí, nunca me he molestado en guardar un secreto
porque la vigilancia que siempre han tenido sobre mí es tan exhaustiva
que parecía inútil hacerlo. Además, les contaría cualquier cosa, les
confío mi vida. Pero ahora, por primera vez, me gustaría que no fueran
tan grandes, aterradores y fuertes y que no tuvieran trabajos tan
peligrosos. Sé que es sólo un factor de la vida en la que nacieron, sé
que en su mayor parte han roto el ciclo de violencia que conlleva
pertenecer a su familia. Los hombres Andolini son conocidos en
nuestra pequeña aldea italiana de la ciudad, son grandes y anchos y
dan miedo como la mierda. Intimidan con una mirada, pero a mí nunca
me han intimidado. Ahora sólo tengo miedo de perderlos.
—¿Qué pasa? No me mientas. —Los brazos de Shane me rodean la
cintura, me acercan a él y me obligan a mirar sus ojos preocupados.
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—Amo tanto lo que tenemos que ni siquiera quiero irme para volver
a la universidad, aunque ya casi termino. Y tengo miedo de perderlo
todo cuando acabamos de encontrarlo.
—No acabamos de encontrar nada. Sabía que llegaría este día.
Sabía que siempre serías mía, nuestra. Me comprometí hace mucho
tiempo a cuidarte y a asegurarme de que siempre estuvieras a salvo.
Eso no cambia ahora. Ni un ápice. Cuidaré de ti y de nuestros futuros
hijos. —Coloca entonces una palma sobre mi suave vientre y puedo
sentir su ternura, y sé que desea que el pequeño milagro que pueda
vivir allí llegue también a nuestras vidas.
—Sólo tengo miedo.
—No tienes por qué tenerlo. El miedo no tiene cabida en nuestra
vida. El miedo hace que la gente tome malas decisiones. Lo de anoche
no cambia nada, y lo que acabas de revelarme no cambia nada. —
Acerca sus labios a los míos y me besa con ternura, asegurándome con
cada movimiento de su lengua que soy suya.
Siempre seré suya.
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Capítulo 7
Shane
Mis dedos bajan por su cintura por sí solos. Siempre he sido
incapaz de resistirme a ella. Y ahora que no tengo que hacerlo, no puedo
dejar de tocarla. Duerme plácidamente, con sus suaves labios rosados
entreabiertos mientras respira, haciendo que mi polla cobre vida. No
puedo dejar de pensar en deslizarla entre sus labios y follarle
profundamente la cara. Es todo lo que siempre he deseado. Sé que mis
hermanos y yo no nos detendremos ante nada para asegurarnos de que
siempre esté cuidada y a salvo.
Se retuerce mientras duerme, su vestido corto de verano de flores
se le sube por los muslos y deja al descubierto sus bragas rosa pétalo
ante mis ojos ávidos. Están húmedas, el algodón mojado por su
liberación y mi semen mezclados desde hace unas horas. Veo la suave
pendiente de los delicados labios de su coño bajo la tela y, sin pensarlo,
arrastro un dedo por la húmeda hendidura de sus labios, disfrutando
de cómo parece excitarse conmigo, incluso mientras duerme. Una
suave oleada de excitación humedece un poco más el algodón e inhalo
profundamente, oliendo en el aire la mezcla de nuestro placer juntos.
Sus pezones se fruncen bajo el algodón de su vestido y tengo que
resistirme a succionar uno de sus pezones en mi boca a través de la
tela y despertarla con otro orgasmo.
Tengo que hablar con Gio sobre lo que me dijo antes. Alguien
estuvo merodeando ante nuestra puerta anoche, no sé cómo consiguió
47
burlar la seguridad del edificio. Por eso elegimos este edificio, por la
seguridad veinticuatro horas y el conserje, para alertarnos de cualquier
cosa sospechosa. Considero brevemente la posibilidad de hacer una
llamada airada a la recepción, pero eso tendrá que esperar hasta el
lunes, cuando esté el encargado. Ya sospechaba que el nuevo empleado
era un infiltrado. No podía precisarlo, pero la forma en que la rata me
mira cada vez que cruzo el vestíbulo me inquieta. Tuve que resistirme
a estrangularlo el fin de semana pasado cuando Shelby vino de visita y
sus ojos se fijaron en sus tetas a través del vestido. He tenido que
resistirme a menudo, porque Shelby llama la atención se ponga lo que
se ponga y vaya donde vaya, tanto de hombres como de mujeres.
Siempre ha sido esa chica, y cuanto más se convierte en una mujer
curvilínea, más he tenido que apartarlos con un palo tanto por mi propia
tranquilidad como por su seguridad.
Respiro hondo y salgo de su dormitorio, pensando que es hora de
trasladarla conmigo a la suite principal. La quiero en mis brazos todas
las noches. He pensado en trasladarla allí innumerables veces.
También pienso en el secreto que tengo que revelarle antes de
pedirle que se case conmigo. Ese día se acerca, ya tengo el anillo
guardado en la caja de seguridad, esperando a que diga que sí. Me lo
regaló mi abuela hace años, y pensé en dárselo a la madre de Shelby,
pero pasamos tantos días peleándonos como amándonos que nunca
me pareció bien. Ahora sé por qué. Porque Shelby vino a este mundo
para estar conmigo, y me mata que su madre fuera un daño colateral
en mi complicada vida.
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—Rafe. —Asiento con la cabeza cuando llego a la cocina y hago un
gesto hacia la habitación de Gio, donde sé que probablemente estará
repasando las grabaciones de seguridad en uno de sus muchos
monitores de ordenador. Rafe asiente y me sigue a la habitación de Gio.
—Está durmiendo. Cuéntame todo lo que has encontrado hasta
ahora.
—Definitivamente son ellos.
—Joder. —Los Selensky -una familia numerosa que se mudó a
nuestro barrio hace dos décadas- han dado problemas sin parar desde
entonces. Con conexiones conocidas con la mafia rusa, han sido un
problema para mi familia desde el primer día. Se han dedicado a
maltratar a los propietarios de pequeños negocios que llevan años en
este barrio, los mismos propietarios de negocios a los que hemos
liberado de pagar un soborno mensual bajo el pulgar de la mafia
italiana que sigue dirigiendo la mayoría de las secciones de esta ciudad.
Excepto la nuestra.
Nos hemos asegurado de que los negocios puedan seguir
funcionando con normalidad sin la nube del blanqueo de dinero y otras
actividades mafiosas que ha padecido gran parte de la ciudad durante
tantas décadas. Algunos propietarios de negocios insistieron en
pagarnos su gratitud por la seguridad que les proporcionábamos.
Estábamos disponibles todo el día o toda la noche si había algún
problema, pero en las dos últimas décadas nos han llamado mucho
para que nos ocupáramos de ellos después de que los Selensky se
infiltraran en nuestro barrio. La violencia se desata de vez en cuando a
causa de esta familia, y lo que Shelby nunca supo es que hace tiempo
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que sospechamos que su madre fue un peón en el juego que su familia
estaba jugando con los Andolinis. Tienen una relación de trabajo mutua
con las otras familias italianas de la zona, pero no con la nuestra. No
trabajamos con escoria. Los Andolinis están más preocupados por
proteger el barrio que por conseguir un trozo del pastel. Los Selensky,
en cambio, se apresuran a amenazar con la violencia si algunos de los
dueños de los negocios no pagan, y no aprecian que nos hayamos
empeñado en quitarles las mensualidades.
La vida es despiadada en estas calles de la ciudad, pero es mi
hogar y no me detendré ante nada para mantenerlo tan seguro y
protegido como pueda. Sabía que mis hermanos pensaban lo mismo.
Siempre hemos estado en el mismo equipo, con los mismos valores,
criados por nuestra increíble madre italiana y una figura paterna fuerte
y moral para guiarnos por esta vida despiadada. Y fuera de ella. Es
lógico que todos nos enamoráramos de la misma chica, y yo les confío
mi vida. En lo que a mí respecta, somos nosotros cuatro contra el
mundo.
—Creo que la quieren.
—¿Qué vamos a hacer? —Rafe se deja caer de espaldas en una de
las sillas del ordenador y ésta rueda por la habitación.
Cruzo los brazos, inseguro de qué decirles. Más allá de dejar la
ciudad, estoy perdido. He hecho todo lo que he podido para mantenerla
a salvo. También hice todo lo que pude para mantener a salvo a su
madre, pero Dolly era tan testaruda que siempre rechazaba mi
seguridad. Decía que odiaba estar bajo el pulgar de un hombre. Tendría
que haber contratado a una de las muchas mujeres que conocía que
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eran más fuertes que la mayoría de los hombres y lo bastante fuertes
como para ser su seguridad. Pero ella también se habría negado, era
terca como una mula y ésa era una de las razones por las que la amaba.
Pero eso fue en última instancia lo que la mató.
No permitiré que la historia se repita.
—Ese tipo del club era un infiltrado. Creo que los Selensky
contrataron a alguien de una de sus clases para que se hiciera amigo
de ella, la siguiera, se aprovechara de ella...
Me paso una mano por la cara. —No sé qué hacer. Si no la encierro
en este edificio para siempre, mientras estemos aquí, siempre correrá
peligro. ¿Cómo puedo darle mi apellido si es una sentencia de muerte?
Mis hermanos permanecen en silencio hasta que los ojos de Rafe
se giran y se centran en la puerta.
Me giro y veo a Shelby, con los ojos todavía entornados por el
sueño y la boca abierta en un gesto de silenciosa confusión.
—¿Shane?
La atraigo hacia mí y la abrazo antes de sentarla en la silla de
ordenador vacía del rincón. —Tenemos una confesión.
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Capítulo 8
Shelby
Shane y los chicos pasan la siguiente hora hablándome de los
detalles del fallecimiento de mi madre y explicándome cómo la
amenaza que acabó con su vida es ahora un riesgo para la mía.
No sé qué pensar, apenas puedo respirar. Es como volver a
perderla, las heridas aún están frescas en mi corazón, aún sangran.
Estoy furiosa con ellos por no habérmelo dicho antes, pero en cuanto
miro fijamente los oscuros iris de Shane, sé por qué lo hizo.
Probablemente yo habría hecho lo mismo en un esfuerzo por proteger
a la frágil niña de catorce años que era. Pero ya no lo soy. Soy
prácticamente una graduada universitaria y una mujer adulta que
puede valerse por sí misma.
Me retuerzo en la silla, preguntándome cuál debe ser mi próximo
movimiento. Me han dicho que lo más seguro es que me quede aquí,
encerrada en este penthouse como una princesa en su torre. Pero eso
no me gusta. La vena obstinada que se filtró a través de mi madre me
conecta a ella, y ahora todo lo que quiero es un largo paseo por el
parque para despejar mi mente y considerar mis opciones. Pienso en
mudarme a otra ciudad, quizá Boston, Los Ángeles o Seattle, algún
lugar donde pueda perderme de verdad. Pero el negocio de Shane está
arraigado aquí, en Chicago, y no creo que sea capaz de pedirle que se
vaya. Sé que no soy capaz de irme sin él.
Suspiro profundamente. —¿No podemos irnos todos juntos?
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Shane niega con la cabeza, mirándome con el dolor marcando sus
rasgos. —No serviría de nada, siempre nos encontrarán.
—Pero... —No tengo palabras. Me siento como mi madre debió de
sentirse hace tantos años. Y entonces me doy cuenta de que es su vena
obstinada la que muy probablemente acabó con su vida. Siempre me
pregunté por qué tomaba el tren L aquel día, cuando Shane o uno de
mis tíos la habrían llevado en coche a donde ella quisiera. Pero ahora
me doy cuenta de por qué; ella quería su libertad de esta vida, de estos
hombres.
La libertad de ellos es lo último que quiero después de las últimas
noches de dicha.
Shane, sintiendo mi inquietud, me rodea las mejillas con las
palmas de las manos y me da un beso lento y sensual en los labios. Sus
ojos se quedan mirándome durante un buen rato hasta que se separa
y mira a sus dos hermanos. —Voy a salir un rato, tengo que ocuparme
de unos asuntos. No la pierdan de vista, por favor.
Enderezo la columna, incómoda por la forma en que acaba de
encargarles un trabajo de niñera. Sé cuidarme sola y no puedo
quedarme encerrada aquí para siempre.
Me chupo el labio inferior entre los dientes, intentando contener
las lágrimas mientras el amor de mi vida sale por la puerta.
Me levanto entonces, sin molestarme en mirar a Gio y Rafe, y me
dirijo a mi habitación, cerrando la puerta al llegar. El apartamento
permanece en silencio durante un buen rato y sé que no me han
seguido, ni parece que estén rondando mi puerta. Después de secarme
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unas lágrimas rebeldes, froto círculos en mi vientre, los calambres
tiran de mí con dolor mientras pienso en lo bien que me vendrían unas
pastillas de Midol y un baño caliente. Reviso mi escritorio en busca de
la medicina que me quite el dolor y me doy cuenta de que me tomé la
última el mes pasado y tendré que ir a por más si quiero tener algún
alivio hoy. Quizá también compre una botella de vino para llorar.
Abro la puerta de mi habitación, me calzo las sandalias, me coloco
el bolso en un brazo y salgo del apartamento sin hacer ruido. Tardo un
minuto en llegar al vestíbulo y miro por un momento al nuevo conserje.
Tiene más o menos mi edad y es simpático. Hemos hablado en el
pasado, así que le envío un breve saludo con la mano antes de salir por
las puertas del vestíbulo hacia la calle.
Doy la vuelta a la esquina y camino dos manzanas hasta la pequeña
bodega a la que voy desde que era niña. Solía sentirme tan segura en
este barrio, con los males del mundo ocultos tras mis ojos ingenuos.
Echo de menos aquellos días, y por muy despiadados que sean Shane,
Gio y Rafe, no los cambiaría por nada, ni siquiera por la presunta
inocencia que una vez creí tener.
Todavía me duele el cuerpo por sus caricias de anoche, e incluso
he notado unos cuantos moretones en el espejo esta mañana antes de
meterme en la ducha. Entonces me hicieron sonreír, y siguen
haciéndolo. Es curioso que Damien sólo fuera un caballero para mí y
que nunca me haya interesado nada más con él, pero estos tres
salvajes me hacen sentir viva y me mantienen despierta noches
enteras pensando en sus manos dejando marcas en mi piel en nombre
del placer.
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Justo cuando salgo de la bodega, metiendo la medicación en el
bolso y llevando una botella de vino bajo el brazo, de la nada una mano
me tapa la nariz y la boca y me empuja desde atrás a un callejón. Intento
gritar mientras me arrojan contra un contenedor, pero es inútil.
Ya está. Esto es de lo que siempre me advirtieron, y he sido una
estúpida por no hacerles caso. Igual que mi madre.
Pero yo no soy ella, soy una luchadora. Me niego a caer sin luchar.
Shane me enseñó mejor que eso, y recuerdo mis primeros años
aprendiendo a boxear y a hacer jiu-jitsu con él cuando era adolescente.
Probablemente fue el comienzo de mis ansias por él y ahora me será
útil. Ahora podría salvarme la vida.
—Eres incluso más bonita que tu madre. Nos vamos a divertir
mucho contigo.
No puedo hablar con la mano que aún me tapa la boca, pero mi
propia mano está libre y agarro el cuello de la botella de vino y la
aplasto rápidamente contra el contenedor que tengo a mi lado hasta
que los bordes dentados pueden hacer sangre. Golpeo a mi atacante,
que lleva un pasamontañas, apuntándole a la cabeza. Lo dejo aturdido,
los brillantes ojos azules que brillan a través de los dos círculos de la
máscara oscura se tambalean y se cierran durante un minuto, y me
tomo el respiro extra para decidir si estoy dispuesto a tener la sangre
de otro hombre en mis manos.
Sin esperar a decidirme, actúo por instinto y le rajo el cuello con
los bordes dentados de la botella de vino. El Merlot carmesí se mezcla
con la sangre fresca que gotea por su cuello y por todas mis manos. Mi
atacante me suelta al instante, pero no he terminado con él. Cae de
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rodillas y creo que ya he dado en el blanco, pero lo tiro al suelo de una
patada y sigo acuchillándole el cuello con los trozos de cristal hasta
que la sangre brota y cae a borbotones sobre la acera, a mis pies.
Dejo caer la botella de vino, mis músculos están temblando de
miedo, mi mente me suplica que corra, pero lo único que puedo hacer
es arrodillarme y sollozar. Acabo de salvar mi propia vida, pero no soy
tonta. Sé que habrá más después de él. Sé que alguien buscará a este
hombre encargado de secuestrarme o, peor aún, de matarme hoy
mismo.
Aplasto mi cara entre las manos, llenando mis palmas de lágrimas
saladas y embadurnándome en la sangre de mi atacante. Puedo oler el
líquido cobrizo mezclado con el dulce vino tinto y pienso en que nunca
podré volver a beber vino. Mi mente se vuelve confusa y ya no puedo
procesar lo que acaba de ocurrir.
Hasta que las manos de otro hombre rodean mis hombros y me
ponen en pie.
Agarro la botella que hay en la acera, dispuesta a empuñarla y
rebanarle la garganta a otro hombre, cuando una voz familiar me
devuelve a la realidad. —Shelby, soy yo. Soy el tío Gio. Ahora estás a
salvo.
—¿Gio? —Abro los ojos, agradecida de encontrar sus penetrantes
ojos marrón oscuro mirándome con calidez y preocupación. Nunca me
había sentido tan segura.
—Gracias a Dios que se me ocurrió comprobar la batería del
cargador de tu GPS. Cuando me di cuenta de que estabas calle abajo
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pensé que debía de estar mal, creía que aún estabas en tu habitación
leyendo un libro o dándote un baño.
Se me escapa un sollozo entrecortado y luego todo mi cuerpo se
deshace en temblores al entrar en estado de shock.
—Jesús. Lo has matado, Shelby. Lo has matado de verdad. Estoy
jodidamente orgulloso de ti.
Me limpia la sangre de la cara con la manga de su camisa oscura,
el escozor de las lágrimas en mis ojos casi me marea mientras me
rodea la cintura con un brazo y me acompaña paso a paso de vuelta al
apartamento. De vuelta a la seguridad y a sus brazos.
—Shane no se va a alegrar de que te haya dejado salir.
—Tú... tú no me dejaste salir. Me fui porque quería, me fui porque
necesitaba caminar. Me fui porque necesitaba un estúpido Midol para
mis cólicos.
—Rafe y yo podríamos haber corrido a la tienda por ti. Ojalá te
hubieras quedado. Me va a costar mucho explicarle esto a mi hermano.
—Sus ojos se iluminan justo cuando llegamos a nuestro edificio, se
detiene un momento y me aprieta la mano. —Pero por Dios, Shelby,
estoy muy orgulloso de que hayas aguantado.
Con su cuerpo, me bloquea de las miradas indiscretas del conserje
del edificio mientras caminamos por el vestíbulo. Da un puñetazo al
ascensor para llevarnos a la última planta y, cuando entramos en el
penthouse, Rafe nos está esperando con el ceño fruncido de
preocupación.
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En cuanto ve las manchas de sangre y vino que decoran mi piel,
corre al lavabo, moja una toalla y empieza a limpiarme con ternura.
—¿Necesitas un médico? ¿Debo llamar a alguien?
—Ya le he dicho a Shane que se fue sin nosotros; le envié las
coordenadas de su GPS. Seguro que nos ha estado siguiendo, volverá
en cuanto pueda.
Y sin más, el hombre del momento entra con una mirada
angustiada que hace estragos en sus hermosos ojos.
Cruza hacia mí sin decir palabra, me acuna entre sus brazos y tira
de mi cara para mirarme a los ojos. —¿Estás bien?
Sus palabras son suaves y tiernas, pero me doy cuenta de que está
furioso. Asiento con la cabeza y me disculpo sollozando.
—No hay necesidad de disculpas, pequeña. Ya he terminado con la
vida del bastardo de Selinsky que envió la orden de quitarte la tuya.
Después de aquella noche en el club, supe que estaban centrados en
una cosa y sólo en una cosa. En ti.
Asiento con la cabeza, deseando por todos los diablos haber
pedido a Rafe o a Gio que me trajeran la medicina y el vino, y así no
tendría sangre en las manos.
—Ya me he decidido. —Shane mira de mí a Gio. —Nos vamos a
Costa Rica.
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Epilogo
Shelby
Aspiro una bocanada de aire cálido y salado de la playa mientras
Jane, nuestra ayudante en la finca privada de la isla, aprieta los
cordones de la espalda de mi vestido blanco de línea A. Sonrío cuando
me da los últimos retoques con el labial y me calzo los tacones azul
cobalto que he elegido para hoy. No es fácil en la playa, pero me
encantan. Siempre quise tener mi momento de princesa, y finalmente
lo estoy teniendo. Mucho antes de lo que esperaba, pero aún así lo estoy
teniendo. A lo grande.
Me detengo un momento cuando Jane empaqueta su pequeña
bolsa de maquillaje en el pequeño tocador improvisado de la villa de la
playa. Mis labios se fruncen mientras miro hacia el paseo marítimo y
las resplandecientes olas azules.
Junto a la orilla hay un gran toldo blanco en el que fluyen todos los
tonos de flores blancas conocidos, junto con vibrantes rosas de punta
azul en ramos que añaden un impresionante toque de color a una
escena ya de por sí hermosa. Los hermanos de Shane permanecen en
la plataforma elevada del paseo marítimo construida para la ocasión.
Lazos de color rosa bebé decoran cuatro postes a cada lado del toldo
y bordean el paseo marítimo -mi pasillo improvisado- y en el centro
está el hombre contratado para casarnos.
Es una boda sacada de un cuento de hadas, y me he estado
pellizcando en cada momento previo a ella. Desde las rosas hasta el
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vestido de encaje de línea A con escote corazón y delicado trabajo de
pedrería que Shane encargó a un sastre en sólo tres semanas. Mi
príncipe.
Shane.
Las mariposas se agitan en mi estómago mientras me llevo las
manos al vientre y pienso que pronto tendré que quitarme este vestido.
La cintura me aprieta y los zapatos me friccionan. También rezo para
que mi ligero toque de rímel no se corra con las lágrimas de felicidad
que pronto me nublarán la vista.
—¿Lista, querida? —tararea Jane. Ha sido como una segunda
madre para mí desde el momento en que pisamos la isla privada que
Shane nos compró hace poco más de un mes. A las veinticuatro horas
de mi ataque, estábamos en un avión rumbo aquí, Isla del Cayo, nuestro
nuevo hogar.
—Estoy lista. —Asiento con la cabeza y me trago el nudo de
ansiedad que tengo en la garganta antes de girarme y dedicarle una
sonrisa. —He estado contando los días que faltaban para esto. Estoy
más que lista.
Jane abre de par en par las puertas francesas y saluda a la playa
con la mano antes de que empiece a sonar una suave música de piano.
Se me saltan las lágrimas al reconocer la conocida marcha nupcial.
Otro detalle más de Shane. No ha escatimado en detalles y se ha
puesto a planificar la boda desde que me propuso matrimonio con un
anillo más caro que cualquier casa en la que haya vivido. Dije que sí
aquí mismo, en la playa, nuestra primera noche en la isla, y caí en sus
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brazos mientras lágrimas de felicidad corrían por mis mejillas y las
olas besaban nuestros tobillos a la luz de la luna.
Mucho antes supe que él era la persona con la que estaba
destinada a caminar por la Tierra. Una oleada de energía me consume
en cuanto él entra en una habitación, una reacción explosiva en los
átomos que se lanzan entre nosotros. No hay vuelta atrás, estoy tan
indefensa ante su fuerza como ante cualquier cosa, y lo amo a él y a
sus hermanos con una fe y una lealtad feroces.
Después de todo, nuestra conexión está unida por la sangre.
Gio y Rafe han decidido dividir su tiempo entre aquí y Chicago, pero
Shane y yo nunca volveremos, y yo asistí virtualmente a la última de
mis clases, e incluso asistí a mi ceremonia de graduación en el colegio
comunitario de nuestra pequeña isla frente a Costa Rica.
Cuando llegamos al final del paseo marítimo, con lágrimas en los
ojos, Jane me da un beso rápido en la mejilla y entro en el pasillo que
me llevará a la orilla del agua. El piano toca al compás de los acordes
mientras miro fijamente a mi eterno amor.
Está impresionante. Lleva el pelo oscuro peinado hacia atrás con
elegancia, un esmoquin negro impecable de la cabeza a los pies y un
sexy destello azul turquesa en el bolsillo. Quiero correr hacia él,
besarlo sin que nadie me vea y darle las gracias por amarme. Por
salvarme. Mi mirada se dirige hacia mis tíos, los dos hombres que están
a su lado. Están tan apuestos como siempre, y pienso en lo afortunada
que soy de tenerlos en mi vida. Sonrío al verlos ahí de pie,
representando todo el amor que mi vida puede albergar en este día tan
especial.
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Ninguna otra persona del planeta me importa más que los tres
hombres que están hoy aquí conmigo.
Las lágrimas me suben por la garganta y amenazan con
desbordarse cuando estoy a los últimos pasos y mis ojos se cruzan con
los de Shane. Mi futuro marido extiende entonces el brazo y, con ese
simple toque, me uno a él para toda la eternidad.
—Por fin —susurra Shane cuando estoy lo bastante cerca para
oírlo, y sus labios me besan delicadamente en el cuello mientras la
felicidad me consume, mi sonrisa es tan grande que podría partirme
las mejillas, mi corazón está tan lleno que no puedo pensar en otra
cosa que en nuestro futuro juntos.
Hay mucho más por venir para nosotros, y la vida con Shane está
a punto de hacerse más grande, y mucho mejor.
***
Shane
Una vez terminada la ceremonia y la sesión fotográfica, y cuando
mis hermanos regresan a casa para celebrarlo con vino y aperitivos,
tomo a mi hija de la mano y la acompaño hasta la orilla. —¿Estás bien,
cariño? —Necesito un momento con ella. Puede que haya un millón más
en mi futuro, pero necesito este.
—Estoy mucho mejor que bien —tararea. —No creía que pudiera
ser tan feliz. Gracias por regalarme un día tan mágico. —Sus ojos
finalmente voltean y el agua que se cierne sobre sus párpados casi me
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deshace en el acto. Siento tanto amor por esta mujer que no se puede
expresar con palabras.
—Eres tan hermosa, mi amor. Eres tan hermosa y pura como las
olas cristalinas del océano. Mi vida no tenía sentido antes de ti.
Mi esposa. ¿Cómo pude tener tanta suerte? Pensé que tendría que
encerrarla en una torre para mantenerla a salvo, pero aquí es donde
siempre estuvimos destinados a estar. —Tú lo cambiaste todo. Eres el
comodín que no vi venir. Mi vida es mucho más plena contigo en ella, y
si otro hombre alguna vez intenta interponerse entre nosotros su
sangre estará en mis manos. —Pienso en el hombre con cuya vida
acabé el día antes de que llegáramos aquí, el día en que la atacaron
cerca del mercado y se defendió sin piedad. Tal y como le enseñé a
hacer. —Gracias por soportarme, y gracias por ser mía.
—Mmm... —tararea contra mis labios mientras mis palmas bajan
hasta su cintura, imaginando el vibrante y diminuto latido del corazón
que sé que vive allí.
—¿Cuándo vamos a decirles? —pregunto, refiriéndome a Gio y Rafe
en la casa.
—Sería divertido anunciarlo durante el brindis —responde
mientras la luz se refleja en sus rizos rubios. Hoy parece tan feliz.
Positivamente radiante.
—Quizá aún no esté preparado para compartirte. —Le acaricio la
barriga con la palma de la mano, con mi bebé oculto bajo capas del
encaje y el satén más caros. Los dos tardamos en notar los síntomas,
achacándolo en gran parte al estrés de su organismo tras la mudanza.
63
Y entonces volví de mi oficina improvisada en la isla y encontré una
prueba de embarazo positiva encima de mi almohada.
Casi me abalanzo sobre ella de alegría. No faltará el amor en
nuestra casa.
—Quizá cuando sepamos si es niña o niño —continúa Shelby
mientras coloca sus palmas sobre las mías, rodeando su abdomen y a
nuestro bebé.
—Definitivamente es un niño. —Inclino la cabeza para depositar un
orgulloso beso allí.
—Ya hay bastantes niños por aquí, ¡quiero coletas y princesas! —
Se ríe mientras me roza la nuca con las yemas de los dedos. Aprieto
los dientes, pensando que sólo me quedan unas pocas horas más de
juego antes de llevarla a nuestra cama y desenvolverla como si fuera
mi propio regalo de valor incalculable.
Gruño y le doy un beso más prometedor. —Tengo planes para ti
esta noche. —Arrastro los dientes por la carnosidad de su labio inferior.
—Estoy deseando estar dentro de ti.
—¿Ah, sí? —Suspira y se mueve, con los ojos vidriosos por la
lujuria, mientras lleva la palma de la mano a mi gruesa polla, que cubre
mis pantalones de esmoquin. He estado duro como una roca durante
toda la ceremonia y no puedo dejar de pensar en todas las formas en
que quiero ser duro pero tierno con ella esta noche. Y todas las noches.
—Quería decirle al tipo que nos casó que se diera prisa de una
jodida vez para poder tenerte a solas y ver qué hay debajo de este
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vestido. —Mi mano juguetea con la tela, tratando de subirla para
descubrir sus piernas, pero sólo encuentro más tela y menos carne.
Su risa resuena en las olas que nos rodean mientras el sol brilla
vibrante en el océano. —Nunca encontrarás nada ahí debajo mientras
lleve esto. —Señala el vestido. —Pero espera a ver lo que me he
comprado para esta noche. —Sus ojos brillan con picardía antes de que
apoye las mejillas en mis palmas y le dé un largo y lento beso en la
boca.
Quiero a esta mujer más que a mí mismo. Significa más, se
preocupa más y ama más de lo que jamás hubiera soñado.
—Me acabas de convertir en el hombre más afortunado del mundo
—murmuro contra sus labios, con nuestras frentes juntas y un amor
infinito latiendo entre nosotros. Cuando por fin la encontré, me
encontré a mí mismo.
***
Shelby
Me engancho los tirantes de la costosa lencería sobre los hombros
y doy una vuelta en el baño principal. Shane me espera en la cama, mi
nuevo esposo. Siento mariposas en el estómago cuando contemplo en
el espejo mis copas desbordantes, mis generosas curvas, que
aumentarán con el embarazo, y mi larga melena rubia oscura cayendo
sobre un hombro.
Espero que le encante.
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Suspiro, miro de perfil y admiro la cintura que pronto empezará a
mostrar a nuestro bebé. Nuestro hijo. Me sorprendió descubrir que
estaba embarazada hace apenas una semana, pero desde el primer
momento mi instinto maternal se puso en marcha, y nada deseo más
que criar a un niño feliz y sano al que no le falte el amor ni un solo día
de su vida. Y si me salgo con la mía, nuestra familia crecerá con cada
año que pase.
—¿Todo bien ahí dentro? —Shane llama a la puerta suavemente.
—Ya voy. —Respiro, saboreando el sonido de la voz de mi esposo.
El consuelo que trae. El amor y la protección que tan
desesperadamente necesitaba, ahora me los da uno de los hombres
más hermosos que he conocido, por dentro y por fuera. Me abraza y me
hace sentir segura sin dudarlo, y eso me llega al corazón mucho más
de lo que podrían hacerlo unas palabras bonitas.
Shane se aclara la voz, sin duda ansioso por mi entrada después
de que antes me burlara de él por mi compra. Un conjunto de encaje
negro con tirantes y corpiño pedido por Internet a una boutique de lujo.
El precio era elevado, pero Jane me aseguró que merecía la pena sólo
por ver la reacción de Shane.
Y ahora estoy a punto de comprobarlo.
Al girar el pomo y entrar en el dormitorio, mis ojos se posan en el
hombre que amo.
Vuelve a sentarse en la cama, con la corbata de esmoquin y el
cuello de la camisa sueltos y desordenadamente colgando, la camisa
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blanca impecable desabrochada, los pantalones oscuros
desabrochados, abiertos y esperándome.
Quiero arrastrarme por su cuerpo, desabrochar esos botones
blancos nacarados con los dientes y luego lamer cada centímetro
cuadrado del duro y hermoso cuerpo de este hombre.
—Jesús, nena —su gruñido flota en el aire entre nosotros y hace
que mis rodillas se vuelvan gelatina. Mi esposo me está llamando.
Una media sonrisa tuerce mis labios mientras hago todo lo posible
por caminar seductoramente como Jane y yo practicamos una noche
pocos días después de llegar a la isla.
—¿Qué me estás haciendo, nena? —La palma de la mano de Shane
se desliza por la parte delantera de sus pantalones y observo con
lujuriosa fascinación cómo aprieta su gruesa longitud a través de la
tela.
—Oh, Dios. —Se me escapa un gemido cuando llego al borde de la
cama.
Los ojos de Shane se desorbitan mientras recorre mi cuerpo con
la mirada. —Eres tan hermosa, todo en ti me hace desear cubrirte con
mis labios. Quiero que me entierres dentro de ti hasta que me sienta
tan bien que ninguno de los dos pueda pensar con claridad.
Sus palabras me incitan y me arrastro a cuatro patas por la cama,
alcanzo sus piernas y tiro de sus pantalones oscuros. Gruñe y levanta
las caderas de la cama. Cuando los pantalones le llegan a los tobillos,
me sorprende descubrir que no lleva ropa interior. Lleva todo el día en
plan comando, y la idea me pone aún más cachonda.
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Me relamo los labios y continúo arrastrándome hasta encontrar el
dobladillo blanco de su camisa, toco los botones y los desabrocho uno
a uno hasta que su rígido vientre queda a la vista. Le arranco el algodón
de los hombros, lo tiro al suelo, me pongo a horcajadas sobre sus
muslos y froto el sedoso algodón de mi tanga contra su cuerpo hasta
que sus ojos se cierran y sus puños aprietan las almohadas que lo
rodean. Me abalanzo sobre él, atacando su cuello con los labios y la
lengua, frotándome y rechinando contra su longitud hasta que siento
mi coño empapado y gotas de su preciado pre-semen mezclándose y
humedeciendo mis bragas.
—Te necesito ahora —gime mientras una mano se enreda en mi
pelo. —Te ves demasiado jodidamente bien. Quiero desenvolverte como
un regalo y hacer que te corras con mi lengua. —Me quita el satén
negro, apreciando cada paso de mi desnudez con ojos hambrientos. Sus
labios se aferran a cada pezón a medida que se revelan ante él, sus
palmas cubriendo el peso carnoso de mis pechos mientras gimo y
continúo meciéndome contra su cuerpo esculpido.
—Tan dulce y tan lista. —Shane desliza una palma entre nosotros
y engancha el pulgar en la endeble tira de mi tanga. Lo arrastra por mis
muslos un momento antes de renunciar a los buenos modales y apartar
los tiernos hilos de mi cuerpo. —Dulce niña. —Su pulgar se desliza por
las resbaladizas zonas íntimas de mi coño y me acaricia el clítoris hasta
que tiemblo encima de él.
—Nos quedaremos con este —se ríe entre dientes cuando hace un
chasquido con una liga que se sujeta a mi cintura, y sólo una falda
obscenamente corta cubre mi trasero ahora desnudo.
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—Móntame, quiero que tú dirijas esta noche —me ordena, y de
pronto siento su gruesa longitud penetrando mi sensible carne y
abriéndose paso hasta mi entrada. Aprieto los labios contra los suyos
y le doy un beso largo y profundo, despojándome de mi miedo, mi dolor
y mi pasado en favor de nuestro futuro juntos.
—Sí, Shane —tarareo y me muerdo el labio antes de hundirme en
su dura longitud y sentir que el mundo gira salvajemente fuera de
control. Ese es el efecto de Shane en mí, me hace tambalear y me hace
sentir segura y con los pies en la tierra al mismo tiempo.
—Shelby —gime mientras sus músculos empiezan a temblar de
excitación. —Shelby, mi hermosa esposa —repite mientras sus dedos
se mueven y mi propio cuerpo se tensa a medida que un orgasmo crece
entre mis piernas.
—Shane, te amo tanto. —Los párpados se me llenan de lágrimas
cuando la liberación me recorre desde los dedos de los pies hasta los
nervios de la nuca, enviándome a otro reino de tiempo y lugar. La propia
liberación de Shane sigue a la mía casi al instante y saboreo el toque
de sus manos en la carne de mis nalgas, clavándose y permitiéndome
sentir cada onda expansiva mientras lo cabalgo.
—Me tomaré mi tiempo contigo esta noche —comenta Shane. —Me
tomaré mi tiempo contigo todas las noches del resto de mi vida. —Me
acaricia el cuello. —Siempre has sido la única para mí.
Me desplomo contra la pared de su amplio pecho, con el corazón
martilleándome por todo lo que me ha dado, desde el principio hasta
este día, y el próximo que tendremos dentro de nueve meses, cuando
demos la bienvenida a nuestro mundo a nuestra niña o niño.
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Mi príncipe azul me ha dado mi futuro, y encima el mundo. Me ha
limpiado de todas las penas y me ha hecho pura de nuevo. Como las
embravecidas olas que hay fuera de nuestra ventana, nuestro amor
corre feroz y puro por nuestras venas, permitiéndonos superar
cualquier cosa y bañándonos con el calor y el amor que ambos
necesitamos tan desesperadamente.
Shane me ha dado el amor que he anhelado toda mi vida y, aún
más que eso, me ha devuelto mi vida.
Mi caballero salvaje, fuerte y encantador.
El hombre de mis más dulces sueños.
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Epilogo 2
Shane
Cinco años después
—Mmm, gracias por ser el mejor papi —ronronea Shelby,
rodeándome el cuello con los brazos y metiéndome los dedos en el
pelo.
—Soy inútil diciéndote que no —suspiro, atrapando el lóbulo de su
oreja entre mis labios y disfrutando del escalofrío que recorre su piel
con mi contacto.
—Me tienes consentida. —Sus labios se pegan a los míos, sus
caderas rechinando contra mi erección.
—Me encanta que me necesites —tarareo, recostándola en la
arena.
Sus palmas se deslizan bajo mi camiseta, recorriendo las crestas
de mis abdominales y haciendo que mi polla se sacuda. —Dios, me
vuelves loco, nena.
Los labios carnosos de mi preciosa esposa se dibujan en una
sonrisa arrogante antes de quitarse la camiseta por los hombros,
llevando sólo un sujetador de cintura para arriba. Mis ojos se clavan en
su escote y luego en la playa. Estamos acurrucados a la sombra de un
grupo de palmeras y los niños ya se han dormido en la cama, así que
sé que estamos solos. —No me tientes.
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Me pasa las yemas de los dedos por la línea de la mandíbula y me
susurra ronroneando. —Si me quieres, será mejor que me tomes, papi.
Este es el único momento a solas que hemos tenido en una semana.
Un gruñido me quema el pecho. Tiene razón y lo odio. No odio que
tenga razón, odio que nuestras ajetreadas vidas nos hayan alejado el
uno del otro. Tocar a Shelby, conectar con ella, es un bálsamo para mi
alma. Ya estoy en abstinencia y ahora ella está sentada aquí, con las
tetas al aire, en mi regazo en la arena y rogando por mi polla.
—Hazme tuya, papi.
Le acaricio las tetas, lamiendo la carne sedosa y ansioso de
enterrarme hasta la empuñadura en su interior. —Siempre serás mía,
cariño. ¿Necesitas que te lo recuerde?
No le doy la oportunidad de responder antes de deslizar una mano
por su falda, agarrar el elástico de sus bragas con la mano y tirar. Un
segundo después, mis dedos se deslizan por su coño empapado,
provocando escalofríos de placer que recorren cada vena de su cuerpo.
Por las mías también. Ver a Shelby correrse sigue siendo lo más sexy
que he visto nunca.
Podría morirme de felicidad ahora mismo con mis dedos
enterrados profundamente dentro de ella, esa mirada borracha de
placer en su cara. Es una jodida visión. La madre de mis hijos. Mi todo.
—Eres una mami tan sucia, dejándome follarte así en la playa.
Su respiración es demasiado agitada para las palabras, así que me
muerde el labio inferior, arrastrando sus dientes por la carne sensible
con lenta precisión, enviando rayos directos a mis pelotas. —Llevo toda
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la semana deseando tener tu gruesa polla dentro de mí. Vacía tus
pelotas dentro de mí, por favor, papi.
Me mira con ojos grandes y redondos. Sabe exactamente lo que
está haciendo.
—No puedo aguantar más con esa boca sucia, nena —digo
apretando todos los músculos mientras me bajo la cremallera de los
pantalones, liberando mi gorda polla y encajándola con fuerza entre
sus muslos. Suspira al contacto y sus caderas rechinan contra mí por
instinto.
—Te necesito tan adentro y tan fuerte. —Me aprieta el pelo con los
dedos.
En un movimiento rápido, empujo profundamente dentro de su
cuerpo caliente y curvilíneo, sus músculos apretados ajustándose
cómodamente a mi alrededor, fundiéndonos en uno, tal y como estamos
destinados a ser.
Suspira, echa la cabeza hacia atrás y expone la delgada línea de
su cuello a mis labios. La ataco, arrastrando los nervios con los dientes
y lamiendo con la lengua el mordisco de dolor que le he dejado. Agarro
sus redondas nalgas y la acerco a mí, decidido a llegar hasta el fondo
antes de retirarme y volver a penetrarla. La necesito, toda ella. Cada
momento sin ella es como una bocanada de aire. Siempre estoy
hambriento de mi pequeña.
Le doy una bofetada en el culo, disfrutando de cómo la suave carne
de sus mejillas tiembla y se agita con el impacto. Le froto la carne antes
de asestarle otra bofetada junto a la primera, con cuidado de no golpear
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dos veces en el mismo lugar, consciente de cómo sus suaves gemidos
salen de sus labios y sus caderas se agitan con más fuerza.
Ser ruidosos y salvajes no es algo que podamos hacer a menudo
con tres niños correteando por la casa, pero con la ayuda de Jane, el
tío Gio y Rafe, que vienen cada pocas semanas desde Chicago, además
de una posición un poco creativa, Shelby y yo hemos encontrado la
manera de disfrutar el uno del otro a menudo.
Nos volveríamos locos si no lo hiciéramos.
No podría verla pasear por la casa de playa todo el día, dulce y
sexy como el demonio, y no saciarme de ella con regularidad. Que Dios
me ayude, los días que lleva a los niños a la playa para las clases de
natación y chapotea en su diminuto bikini de lunares. Tengo que luchar
contra mí mismo para no sacarla de las olas y azotarla por ponerme la
polla tan dura todo el tiempo.
Tenemos una gran vida en la isla. No hemos vuelto a Chicago, y no
puedo decir que lo eche de menos. Gio y Rafe se ocupan de los negocios
cuando es necesario, pero pasan gran parte del día con nosotros,
cuidando de nuestros hijos y, cuando podemos, explorando el lado
sexual salvaje de nuestra vida aquí juntos. Tenemos la familia perfecta.
Tenemos mucho amor. No tenemos mucho tiempo.
Pero el tiempo que Shelby y yo podemos robar juntos no tiene
precio. Esta mujer me ha dado su corazón, y con él se ha llevado mi
vida. No sabía lo que me estaba perdiendo, y lo único que lamento es
que Shelby y yo no empezáramos antes, que no nos juntáramos en
cuanto fue legal. Pero necesitaba que tuviera tiempo para descubrirse
a sí misma, y asegurarme de que se graduara en la universidad y viviera
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todas las experiencias que quisiera era importante para mí. Al fin y al
cabo, soy un buen papá. Sólo quiero lo mejor para ella.
Pero ahora... ¿qué puedo decir? Soy un tipo codicioso y rogaría,
pediría prestado o robaría para pasar más tiempo con mi pequeña.
—Dios mío, papi... —Sus palabras resuenan en las palmeras, sus
piernas empezando a temblar lentamente cuando está a punto de
correrse.
—Eres tan hermosa. —Le meto las manos entre las olas de la playa
y le beso los labios mientras la penetro cada vez más fuerte. —Córrete
conmigo, cariño. Muéstrame lo bien que se siente. Quiero que mi polla
se empape de tu dulce coño.
Deslizo el pulgar entre nosotros, frotando y girando sobre el
pequeño capullo de su clítoris. No hace falta prestar mucha atención
para que sus uñas se claven en mis hombros y ella gima y zumbe en
dulce sucesión mientras se corre en oleadas alrededor de mi polla.
El suave latido de su propio orgasmo estimula el mío, provocando
violentas oleadas de placer en mis músculos. Los tenso y relajo en una
sola descarga simultánea. Me corro profundamente, empujando mi
semilla dentro de su hermoso cuerpo. Shelby y yo nunca hemos usado
protección, ni siquiera nos lo hemos planteado. Siempre hemos dejado
nuestra familia en manos del destino, y siempre daremos la bienvenida
a otro miembro de nuestra creciente prole.
Mientras tenga a Shelby, lo tengo todo.
Con agonizante lentitud y lamentando un poco que esta noche sólo
tengamos tiempo para un polvo rápido, salgo de ella, metiéndome la
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polla en los pantalones antes de ayudarla a volver a ponerse la
camiseta.
La cubro de dulces besos y, cuando termino, le aliso el pelo para
que esté tan perfecta como el día que me casé con ella.
—¿Crees que tendremos suerte y seguirán todos dormidos?
¿Comas de carbohidratos por los espaguetis de Jane, tal vez?
—No lo creo. —Se ríe. —Dolly necesita mimos antes de dormir, no
hay forma de que se duerma.
Dolly. Nuestra pequeña de nueve meses, y nuestra primera niña.
Shelby quería llamarla como su madre, y pensé que era perfecto. A
cambio, me tocó nombrar a los niños: Shelton y Sawyer. Mis hijos se
pelean como locos, juegan aún más duro y son dueños absolutos de mi
corazón. No creía que hubiera lugar para otro niño en mi corazón, y
entonces llegó Dolores Elizabeth. Igual que su madre, con unos
grandes ojos marrones que miran al alma y una sonrisa que ilumina
cualquier habitación. Mi niña era diferente de lo que habían sido mis
hijos, lo supe desde el primer momento en que la tuve en brazos.
Era como su mamá, un alma vieja, sin duda.
—Te amo, pequeña. —Acerco a Shelby, envolviéndola en mis
brazos.
—Te amo hasta las profundidades del océano y de vuelta, papi. —
Me da un beso en la nariz, haciéndome sentir un amor que jamás
hubiera creído posible.
Shelby nunca deja de demostrarme cuánto me posee, su amor es
como una droga. Soy adicto. No hay esperanza de recuperación.
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Ser amado por ella me estremece el alma, es tan profundo y
verdadero que no hay vuelta atrás.
Me estoy ahogando en ella, y nunca saldré a respirar.
Fin
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