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SUPERAR UNA RUPTURA
amorosa
Las rupturas amorosas se viven muy intensamente, son una gran fuente
de estrés y, en ocasiones, son muy difíciles de superar y aceptar, con lo
que pueden llegar a sentirse como un duelo. El dolor es normal.
Pueden aparecer sentimientos muy fuertes y pensamientos como
«Siento que me muero», «Me falta el aire» o «Mi vida ya no tiene
sentido». Se trata de un proceso de asimilación del cierre de un ciclo
que ha sido muy importante en nuestra vida para volver a empezar, esta
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vez sin esa persona.
Para comprender cómo se vive una ruptura a nivel neurológico, hay
que entender qué sucede en nuestro cerebro cuando estamos
enamorados. ¿Alguna vez has oído que el amor es una droga? Esta
frase es mucho más cierta de lo que crees.
Cuando estamos enamorados segregamos hormonas
extremadamente adictivas: la serotonina, la dopamina, la adrenalina, la
oxitocina y las endorfinas. Estas nos hacen sentir muy felices, positivos,
con mucha energía y en un estado eufórico. Nuestro cerebro se acaba
obsesionando con la persona que le provoca esa «bomba química». Y
podemos llegar a tener «mono» de esa persona y, sobre todo, de lo
que nos hace sentir. Esta bomba química se produce especialmente en
los primeros meses y años de la relación.
Cuando vivimos una ruptura, al igual que cuando un adicto a las
sustancias deja de consumirlas, aparecen efectos secundarios, entre
ellos conductas depresivas u obsesivas, o incluso una especie de
síndrome de abstinencia. Una ruptura tiene un impacto en nuestro
sistema nervioso y puede causar tanto síntomas físicos (náuseas, dolor
de cabeza, vómitos…) como psicológicos (insomnio, anhedonia,
disminución del apetito…). Hasta puede llegar a producir cambios
estructurales en el cerebro.
Durante una ruptura amorosa, los sistemas de recompensa de nuestro
cerebro esperan «la droga» que en este caso es la persona. Pero, como
esa dosis no llega, la reacción del cerebro es aumentar los síntomas
psicológicos y físicos. Al no obtener esta dosis, nuestro cuerpo
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empieza a liberar cortisol, que es la hormona del estrés, haciendo que
se creen pensamientos y estresores que activan el sistema de dolor.
En resumen, cuando nos comportamos de forma impulsiva y
llevamos a cabo conductas como enviar mensajes a nuestra
expareja con la necesidad de ver o saber de ella, estamos
respondiendo a la necesidad de nuestro cerebro de recibir la
dosis que necesita. A fin de cuentas, nuestro cerebro requiere tiempo
para aceptar esa pérdida, que esa persona no estará y que ahora todo
es diferente.
Sin embargo, no todas las rupturas son iguales: no es lo mismo que
la relación se rompa por mutuo acuerdo, porque las dos personas son
conscientes de que no funciona y, por tanto, el dolor va a ser en ambas
más o menos equilibrado, que cuando una de ellas es la que rompe y
la forma en que lo hace. Las rupturas en las que nos dejan con
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dudas, y las que son repentinas o que no son de mutuo acuerdo,
se viven de forma muy dolorosa si realmente queríamos a la
persona. Por otro lado, hay personas que viven el duelo durante la
relación: poco a poco se dan cuenta de que no es lo que desean y,
cuando deciden terminar con la relación, ya no resulta tan doloroso.
Una ruptura de pareja supone la pérdida de los proyectos que
teníamos con la otra persona, se deja de compartir tiempo y
actividades, desaparecen las rutinas… La ruptura supone un antes y un
después. Nuestra mente necesita tomarse un tiempo para conseguir
aceptar que esa persona ya no va a formar parte de nuestra vida y por
eso debemos permitirnos sentir esas emociones dolorosas sin miedo.
Para superar una ruptura de forma eficaz es muy útil ser consciente
de cuáles son las etapas por las que pasaremos de forma inevitable. No
se viven de forma secuencial, sino que podemos ir pasando de una a
otra, e incluso sentir que estamos en varias de ellas, por ejemplo, en el
mismo día.
1. Negación: Esta fase se caracteriza por una gran dificultad para
aceptar que la relación ha acabado. Es una fase muy dolorosa, ya
que la persona tiende a pensar que es simplemente algo temporal,
que conseguirán resolver los problemas que había y acabarán
volviendo. Pensamientos típicos de esta fase: «Es imposible que lo
nuestro acabe, sé que lo vamos a arreglar».
2. Ira y rabia: Esta fase se caracteriza por el enfado con la expareja.
Se tiende a culpar al otro de la ruptura, se empieza a odiar a la otra
persona y, por tanto, a hablar mal de ella o deshacerse de todos los
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recuerdos. «Me ha traicionado», «no me ha valorado», «no merece
mis lágrimas» serían pensamientos típicos de esta fase.
3. Negociación: En esta fase se suele intentar la reconciliación con
la otra persona, se le promete que si se vuelve a intentar todo será
diferente, que arreglarán los errores e incluso se puede llegar a
suplicar a la otra persona que vuelva. En esta fase suele aparecer el
chantaje emocional y la impulsividad. Estos intentos de negociación
pueden retrasar mucho el proceso de recuperación. Pensamientos
típicos de esta fase serían: «Puedo arreglar mis errores», «necesito
que lo volvamos a intentar», «no estábamos tan mal».
4. Depresión: Aparecen los sentimientos de incapacidad de superar
la ruptura, la idealización de la relación creyendo que fue la mejor
etapa de su vida, que no encontrará a alguien tan especial ni que
le quiera tanto, y se ignoran los momentos malos y lo problemas
que existían en la relación. Se llega incluso a culpabilizarse de las
dificultades de la relación. Pensamientos como «nadie va a
cuidarme tanto» o «nunca conoceré a alguien tan especial» son
típicos de esta fase.
5. Aceptación: En esta etapa, la persona consigue superar el duelo,
tener una visión objetiva de la relación; acepta los motivos que
hicieron que no funcionase y empieza a sentirse preparada para
seguir avanzando en su vida. La aceptación de la ruptura consiste
en aceptar todas las cosas positivas de la relación, descubrir qué
nos aportó, los aprendizajes que obtuvimos de ellos y pasar a
distanciarnos emocionalmente. La aceptación nos hace cerrar esa
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etapa de nuestra vida y nos permite disfrutar de nuestro presente,
con lo que empezamos a ver sentido a la vida.
HERRAMIENTAS PARA SUPERAR
UNA RUPTURA
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Aprovecha este tiempo para
conocerte mejor
Tras una ruptura, nuestras rutinas, nuestra realidad, nuestro estado
emocional se van a ver afectados. Vamos a vivir emociones intensas y
nos van a atormentar miles de pensamientos. Como todo duelo necesita
un tiempo; necesitaremos permitirnos ese espacio de dolor. Siendo
consciente de eso, tu trabajo consiste en tratar de aceptarlo y avanzar.
Utiliza este tiempo para conocerte más, para identificar y
comprender tus emociones. Vas a sentir rabia, enfado, frustración,
tristeza, culpa, miedo o preocupación. Aprende a reconocerlas y
comprender cómo funcionas a nivel emocional. Utiliza un diario para
expresar tus emociones, escribe todo lo que sientes tantas veces como
sea necesario para desahogarte.
Aprovecha este tiempo para ofrecerte un espacio en el que sanar,
descubrir qué es lo que necesitas, pensar qué quieres mejorar y
descubrir actividades que te ayuden a disfrutar. Escúchate, crece, sana.
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Escribe una lista con todo lo que
no te gustó de la relación
Cuando nos encontramos en esa «fase de abstinencia», nuestra mente
tiende a recordar únicamente las cosas buenas de la relación e incluso
a idealizar a la persona. Es importante ser consciente de que en una
relación siempre va a haber cosas malas y buenas, pero, si rompemos,
rompemos con todo; no podemos pretender mantener las cosas buenas
(como seguir quedando para hacer una actividad que nos gustaba
realizar juntos) e ignorar las malas. Cuando decidimos romper es sano
saber que con esa ruptura se va todo: lo bueno y lo malo.
Es útil conocer las malas jugadas que nos puede generar nuestra
mente. Para ello, te animo a tomar conciencia de que esa relación no
era buena para ti, escribe todas las cosas malas que ocurrieron,
momentos que te hicieron sufrir mucho, motivos por los que crees que
esa relación no era sana o adecuada para ti.
Cuando tengas la gran tentación de hablar o ver a esa persona, lee
esa hoja y recuerda por qué esa ruptura era buena para ti y por qué no
necesitas a esa persona en ese momento. Comprobarás que has
avanzado mucho durante el tiempo en que no has sabido nada de él o
ella y volver a contactar sería dar pasos atrás.
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Aplica el contacto
cero
En numerosas ocasiones decimos: «Es que yo, después de tanto tiempo
juntos, le quiero como persona, es importante para mí y no quiero
perder el contacto». Cuando hay un consenso de que la relación no
funcionaba y una consciencia de que no se va a volver, este contacto sí
es posible. Pero, cuando la ruptura es dolorosa y sentimos un vacío
enorme al no tener a esa persona cerca, la mejor opción para sanar es
aplicar el «contacto cero». Cada persona de la pareja debe pasar por
todas las etapas del duelo y cuando ya se haya aceptado la ruptura,
tengamos el control de nuestra vida y realmente vivamos con ilusión sin
esa persona será el momento de tratar de tener esa relación de
amistad.
Se trata de cortar totalmente el vínculo, la comunicación y todo lo
que nos pueda recordar a esa persona. Esta técnica nos permite tomar
distancia, nos evita entrar en dinámicas tóxicas, nos ayuda a aclararnos
mentalmente, a descubrir qué queremos y qué rumbo queremos tomar
a partir de ahora y favorece que sanemos las posibles heridas que
tengamos.
1. Elimina cualquier tipo de comunicación: Pídele a esa persona
que no te escriba; explícale que te hace daño y quieres tomarte
un tiempo para ti, pese a que pueden entrarte ganas de saber
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cómo está o sientas la necesidad de hablar con él o ella, trata de
continuar sin contacto.
2. Pídele a tu círculo cercano que no hablen de él: Explica a
tus seres queridos en qué momento estás y pide que no hablen
de tu expareja delante de ti ni te pregunten por él o ella.
3. Deja de stalkearle: Es normal que quieras saber qué hace,
pero en ocasiones nos obsesionamos con revisar las redes
sociales. Opta por silenciar a esa persona para no ver qué hace
ni con quién está.
4. Evita los sitios en los que creas que podéis coincidir: Es
posible que haya lugares a los que sabes que puede asistir; no
entres en el juego de ir a los sitios en los que sabes que
posiblemente os encontraréis; evítalos todos.
5. Guarda y aleja de tu vista todos los recuerdos: Recopila
todas las fotos que teníais juntos, los regalos, las cartas… y
guárdalos en una caja fuera de tu vista.
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Escríbele una carta que
nunca recibirá
En muchas ocasiones sentimos que nos quedaron cosas por decir, por
explicar y necesitamos desahogarnos y expresarnos para cerrar el ciclo.
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Pero, a veces, ni siquiera es posible hablarlo con esa persona, y
tampoco te haría bien. Por ello, te invito a escribir en un papel una
carta de adiós a esa persona. Después, rómpela, quémala o entiérrala.
Gracias a este ejercicio podrás sentir que te despides de esa
persona, te das la oportunidad de decirle y explicarle todo lo que
necesitas expresar y sentirás y, por fin, puedes decirle adiós y liberar
toda la carga que tenías.
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Tómate tu tiempo
y no te anticipes
Y, por último, no trates de evitar el dolor, no trates de buscar lo que te
daba esa persona en otra, no enlaces relaciones sin antes sanar el
duelo, porque esto simplemente significa temor a un dolor que tienes
que sentir inevitablemente, porque es así, tienes que sentirlo para
poder superarlo de forma eficaz.
Es difícil volver a empezar sin esa
persona, pero ni es el fin del mundo
ni nadie muere por amor; solo
necesitas tiempo para sanar y
volver a ilusionarte.
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