.
Materia:
Entrevista Clínica Y Diagnostico
Profesora:
Ana Joseline Martínez Rodríguez
Sustentado Por:
Luz Seneida Morillo Sánchez
Matricula:
19-SPSS-6-182
Sección:
1081
Fecha:
11/10/2024
Reflexión personal.
Conducta no verbal del cliente.
El capítulo 8 del texto sobre “Conducta no verbal del cliente” enfatiza la importancia de la
comunicación no verbal en la terapia, enfatizando cómo estos elementos son esenciales para
captar las emociones y actitudes de los clientes. Creo que es especialmente importante cómo
el autor aborda el hecho de que, incluso en silencio, la gente sigue comunicándose y que los
comportamientos no verbales son generalmente más espontáneos y más difíciles de controlar
que los comportamientos verbales, esto refuerza el valor de estas señales para los terapeutas,
quienes pueden usarlas para comprender mejor el estado emocional del cliente y sus
reacciones a ciertos temas.
Una reflexión personal que surge de este análisis es cómo, cotidianamente, también somos
“terapeutas” en nuestras relaciones interpersonales. Por ejemplo, cuando alguien dice que
está bien, pero su lenguaje corporal (quizás cruzando los brazos o evitando el contacto visual)
sugiere lo contrario, podemos concluir que hay una discrepancia entre lo que dice y lo que
realmente siente. Este tipo de discrepancias, como señala Knapp, son esenciales para la
correcta interpretación de las emociones ajenas, en mi experiencia, cuando se trata de amigos
o familiares, las señales no verbales a menudo me dan más información que las palabras en
sí, y es fundamental prestarles atención para evitar malinterpretar el contexto emocional.
Otro aspecto interesante que destaca el autor es las kinestesias, es decir el análisis de los
gestos y expresiones corporales, especialmente el papel de los ojos, la boca y las manos. Este
punto es especialmente útil no sólo en terapia sino también en el lugar de trabajo. Por
ejemplo, durante una entrevista de trabajo, el contacto visual constante y una postura abierta
pueden transmitir seguridad y confianza, mientras que el nerviosismo puede demostrarse
mediante gestos como morderse el labio o no morderse.
Un ejemplo que he visto en mi entorno es como una persona en una reunión importante puede
hablar con seguridad, pero los movimientos constantes de sus pies, como golpeando el suelo
revelan ansiedad, es en estos pequeños signos que podemos ver la verdadera emoción detrás
de las palabras.
En cuanto a los aspectos prelingüísticos, como el tono de voz o las pausas, me parece
fascinante cómo el autor los relaciona con el proceso terapéutico. En una conversación
normal, cuando alguien baja la voz y habla lentamente, puede expresar tristeza o
preocupación. En mi experiencia personal, cuando alguien con quien estoy hablando
comienza a hacer pausas largas, es una señal de que algo es emocionalmente denso o difícil
de expresar. En estos casos, deja espacio y no lo hagas. La presión para obtener respuestas
rápidas puede ser la clave para que la persona se sienta escuchada.
Por último, el capítulo también aborda la proxémica, o la gestión del espacio en la interacción
terapéutica. Este aspecto me recuerda que, en las situaciones sociales cotidianas, la
proximidad o distancia física entre las personas también es una forma de comunicación. Por
ejemplo, en las reuniones familiares, aquellos que están emocionalmente más cerca tienden
a sentarse juntos, mientras que aquellos que pueden estar en conflicto se sienten más lejos.
Esto se aplica no sólo al contexto terapéutico, sino también a nuestra manera de funcionar
cotidianamente.
En conclusión, la comunicación no verbal es un aspecto esencial de la interacción humana,
tanto en el contexto terapéutico como en la vida cotidiana. Este capítulo muestra cómo,
observando atentamente estos gestos y señales, podemos comprender mejor las emociones y
actitudes de los demás. Para mí, esto refuerza la importancia de ser conscientes no sólo de lo
que decimos, sino también de lo que transmitimos sin palabras, tanto en nuestras relaciones
personales como en interacciones profesionales.