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Persona y Estado Civil en Derecho

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LA PERSONA Y SU CAPACIDAD. EL ESTADO CIVIL.

Vanessa García Herrera


Prof. Titular de Universidad I URJC

I. La persona.

El concepto de persona es el postulado básico sobre el que descansa todo el derecho civil, ya
que este tiene como finalidad primordial la protección y defensa de la persona y de sus fines
dentro de la comunidad.

Aun cuando persona y personalidad aparecen siempre unidos, dado que toda persona, por el
mero hecho de serlo, tiene personalidad, ambos conceptos deben diferenciarse. La persona es todo
ser con aptitud para ser sujeto de derechos y de obligaciones, mientras que la personalidad es la
aptitud para ser sujeto activo y/o pasivo de relaciones jurídicas. El sujeto es el ser, y la
personalidad es la aptitud.

Debe distinguirse también la persona de la personificación, qué es cualquier realidad social


que el derecho considera traslativamente como persona para atribuirle derechos y obligaciones y,
en consecuencia, para que dicha realidad pueda actuar en el tráfico jurídico.

De acuerdo con lo que acaba de exponerse, existen dos clases de personas:

1. Las personas físicas o individuales, constituidas por el ser humano.


2. Las personas ficticias, abstractas, incorporales, morales, colectivas o sociales,
constituidas por aquellas entidades que se forman para la realización de los fines
permanentes y colectivos de los hombres, a las que el derecho reconoce capacidad para
ser titulares de derechos y obligaciones.

II. La persona física.

A) Comienzo de la personalidad. El nacimiento y sus requisitos.

Según el artículo 29 del Código Civil “El nacimiento determina la personalidad; Pero el
concebido se tiene por nacido para todos los efectos que le sean favorables, siempre que nazca
con las condiciones que expresa el artículo siguiente.” Y, según el artículo 30 del Código Civil,
“La personalidad se adquiere en el momento del nacimiento con vida, una vez producido el entero
desprendimiento del seno materno.”

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El comienzo de la personalidad, de acuerdo con lo establecido en estos artículos, se halla en
el nacimiento, siempre que tenga lugar con los requisitos del artículo 30. Por nacimiento en
sentido estricto debe entenderse el concepto usual de vida extrauterina independiente de un feto,
es decir, rotura del cordón umbilical y cumplimiento de las funciones biológicas esenciales
propias de la vida humana.

El concebido no tiene personalidad, ya que según el artículo 29 del Código Civil está surge
con el nacimiento. Sin embargo, se le tiene como nacido para todos los efectos que le sean
favorables. El concebido recibe protección por el Derecho Público (por ejemplo, el Código Penal
castiga el aborto salvo en determinadas circunstancias y las lesiones al feto) y por el Derecho
Privado (por ejemplo, el artículo 29 del Código civil le protege en todo lo que le sea favorable, el
artículo 627 del Código civil le permite ser donatario y los artículos 959 y siguientes del Código
civil consagran las precauciones que deben adoptarse cuando la viuda queda encinta).

B) Fin de la persona física.

De acuerdo con el artículo 32 del Código Civil “La personalidad civil se extingue por la
muerte de las personas”.

Por muerte debe entenderse la separación del alma del cuerpo, que se evidencia a posteriori
por la descomposición orgánica del cuerpo.

La muerte es la única causa de extinción de la personalidad. Producido el fallecimiento, ya no


hay persona, sino cadáver, que ya no es cuerpo humano, sino un bien mueble de naturaleza
especial.

Producido el fallecimiento de la persona, su patrimonio personal se transforma en herencia y


se extinguen las relaciones jurídicas personales (por ejemplo, el matrimonio) pero no las
patrimoniales, qué perduran en la herencia.

Un supuesto especial de muerte es el de la conmoriencia, que consiste en el fallecimiento


simultáneo de dos o más personas llamadas a sucederse recíprocamente. A este supuesto se refiere
el art. 33 del Código Civil, según el cual “Si se duda entre 2 o más personas llamadas a sucederse,
quién de ellas ha muerto primer, el que sostenga la muerte anterior de una o de otra, debe
probarla; A falta de prueba, se presumen muertas al mismo tiempo y no tienen lugar la
transmisión de derechos de una a otra”.

C) Prueba del nacimiento y de la muerte.

a) Prueba del nacimiento (arts. 40 y ss. Ley de Enjuiciamiento Civil, LEC).

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La prueba oficial del nacimiento es su inscripción en el Registro Civil, que hace fe del hecho,
fecha, hora, y lugar del mismo, del sexo y, en su caso, de la filiación del inscrito. En ella se
consigna también el nombre del nacido.

Sólo pueden inscribirse en el Registro Civil los nacimientos en que concurran los requisitos
del artículo 30 del Código Civil.

La inscripción se practica en virtud de declaración de quien tenga conocimiento cierto del


nacimiento. Esta declaración se formulará entre las 24 horas y los 8 días siguientes al nacimiento,
salvo los casos en que el reglamento señale un plazo superior.

Están obligados a promover la inscripción por la declaración correspondiente: 1º el padre; 2º


la madre; 3º el pariente más próximo o, en su defecto, cualquier persona mayor de edad presente
en el lugar del alumbramiento al tiempo de verificarse; 4º el jefe del establecimiento o el cabeza
de familia de la casa en que el nacimiento haya tenido lugar; 5º respecto a los recién nacidos
abandonados, la persona que los haya recogido.

Sin perjuicio de lo anterior, en todo caso el médico, comadrona o ayudante técnico sanitario
que asista al nacimiento estará obligado a dar inmediatamente parte escrito del mismo al
encargado del Registro. En defecto del parte, el Encargado, antes de inscribir, deberá comprobar
el hecho por medio del médico del Registro Civil o por cualquier otro procedimiento
reglamentario.

Las personas obligadas a declarar o a dar el parte del nacimiento, están también obligadas a
comunicar en la misma forma el alumbramiento de las criaturas abortivas de más de 180 días de
vida fetal aproximadamente. En el Registro Civil se llevará un legajo con las declaraciones y
partes de estos abortos.

b) La prueba de la muerte (arts. 81 y ss. LEC).

El medio oficial de prueba de la muerte es su inscripción en el Registro Civil, que hace fe de


la muerte de una persona y de la fecha, hora y lugar en que acontece.

La inscripción se practica en virtud de declaración de quien tenga conocimiento cierto de la


muerte. Esta declaración se presentará antes del enterramiento. Mientras que no se practique la
inscripción no se expedirá la licencia para el entierro, que tendrá lugar transcurridas al menos 24
horas desde el momento de la muerte. Si hubiera indicios de muerte violenta, se suspenderá la
licencia hasta que según el criterio de la autoridad judicial correspondiente lo permita el estado
de las diligencias.

Deben promover la inscripción por la declaración correspondiente los parientes del difunto y
los habitantes de su misma casa o, en su defecto, los vecinos. Si el fallecimiento ocurre fuera de
la casa, están obligados los parientes, el jefe del establecimiento o cabeza de familia de la casa en

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que hubiera ocurrido, o la autoridad gubernativa. Será necesario la sentencia firme, expediente
gubernativo u orden de la autoridad judicial que instruye las diligencias seguidas por muerte
violenta, que afirmen sin duda alguna el fallecimiento, para inscribir este cuando el cadáver
hubiera desaparecido o se hubiere inhumado antes de la inscripción.

D) Capacidad jurídica y capacidad de obrar.

Capacidad es sinónimo de personalidad. La aptitud en qué consiste la personalidad se


despliega en dos vertientes:

1ª La actitud del sujeto para la mera tenencia y goce de los derechos (capacidad jurídica
o de goce). Esta capacidad se adquiere con el nacimiento (toda persona tiene capacidad jurídica
por el mero hecho de ser persona) y presenta 3 características esenciales:

- Es una cualidad esencial de la persona, es decir, no es persona quien no tiene capacidad


jurídica.
- Es la actitud de la persona para la apropiación, es decir, en base a ella podemos tener,
poseer, adquirir, estar obligados y responder de modo que afecte a la propia esfera jurídica.
- Tiene una eficacia unificadora, es decir, centralizadora de todas las relaciones jurídicas
cuyo titular sea la persona, lo que se manifiesta en la unidad del patrimonio personal.

2ª La aptitud para ejercitar los derechos y poder concluir actos jurídicos (por ejemplo,
celebrar contratos), que se denomina capacidad de obrar o de ejercicio. Esta capacidad se
adquiere de forma plena cuando se alcanza la mayoría de edad, que en España está fijada en los
18 años, y presenta las siguientes características:

- Es una cualidad propia inseparable de la persona.


- Es una cualidad de la persona para que ésta produzca, por medio de sus actos, efectos
jurídicos para sí y para su patrimonio. Por eso, si una persona necesita representante legal,
se dice que tiene la capacidad de obrar limitada.
- Varía porque depende del Estado civil de la persona. Así, se llama capacidad de obrar
plena o normal a la del mayor de edad que no haya sido incapacitado, pero dicha capacidad
de obrar puede quedar restringida como consecuencia de un estado civil (por ejemplo, el
de extranjero).

Al cumplir los 18 años la persona alcanza su plena madurez física y psicológica; hasta entonces
carecía de capacidad de obrar (plena) en base a su insuficiente grado de madurez, ante el temor
de que pueda ser engañada. Pero el hecho de que la plena capacidad de obrar se adquiera con la
mayoría de edad no significa que los menores de edad no puedan actuar en el tráfico jurídico. Los
menores de edad no son personas “incapaces”, sino que tiene una capacidad que va evolucionando

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con su edad y su madurez. La ley reconoce a los menores de edad capacidad de obrar para realizar
determinados actos, por entender que a esos efectos concretos sí disponen de capacidad de
entender y de querer. Por poner algún ejemplo, a los 12 años los menores tienen derecho a ser
oídos en juicio cuando los padres están enfrentados por el ejercicio de la patria potestad (art. 156
Cc) y es preciso contar con su consentimiento para la constitución de una adopción (art. 177 Cc);
a los 14 años el menor puede cambiar de nacionalidad (art. 23 Cc) y de vecindad civil (art. 14
Cc); y a los 16 años debe consentir todo tipo de emancipación (arts. 239 y ss Cc). Pues bien, por
lo que a nosotros nos interesa, la ley también reconoce al sujeto, antes de alcanzar la mayoría de
edad o de haber sido emancipado, capacidad para consentir el tratamiento de sus datos personales.
En concreto, se permite al menor de edad manifestar válidamente su consentimiento a tales efectos
a partir de los 14 años (art. 7 LOPD, Ley Orgánica de Protección de Datos).

Antes de la reforma del Código civil operada merced a la Ley 8/2021, de 2 de junio, por la que
se reforma la legislación civil y procesal para el apoyo a las personas con discapacidad en el
ejercicio de su capacidad jurídica, la plena capacidad de obrar la adquiría el sujeto cuando cumplía
la mayoría de edad, a menos que fuera incapacitado, en cuyo caso, o bien no adquiría dicha
capacidad (si la incapacitación era absoluta), o bien la adquiría limitada (si la incapacidad era
relativa). La incapacidad era un estado civil que venía constituido en virtud de una sentencia
judicial cuando el sujeto adolecía de deficiencias físicas o psíquicas perdurables en el tiempo que
le impedían autogobernarse. Al incapacitado se le nombraba un tutor (si el juez estimaba que la
incapacidad era absoluta), que era su representante legal y le sustituía en la toma de sus decisiones
(tutela de autoridad), o un curador (si estimaba que la incapacidad era relativa), que asumía un
papel más bien asistencial y de apoyo. Con la reforma operada en virtud de la citada ley (cuyo fin
es desarrollar el contenido de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad
hecha en Nueva York el 13 de diciembre de 2006), ha desaparecido la incapacitación y la tutela,
y se pasa un sistema de tutela de autoridad a uno que es plenamente respetuoso de la voluntad del
sujeto, que repito, ya no se considera “incapaz”, sino de persona discapacitada o necesitada de
apoyo. La tutela se suprime y se da prioridad a las medidas de apoyo que el propio discapacitado
haya podido establecer en escritura pública (mandatos preventivos, autotutela…). Si el sujeto
necesitado de apoyo no hubiera previsto ninguna medida de apoyo y lo necesitara, la autoridad
judicial, merced a un procedimiento de provisión de apoyos, le designará un curador a tal efecto.
Como regla general este curador asume labores asistenciales (curador asistencial), de manera que
no representa al discapacitado, sólo le apoya en lo preciso; en cambio, si el juez lo estima
oportuno, y siempre excepcionalmente, puede atribuir a dicho curador funciones representativas
(curador representativo). El nuevo régimen que se establece se basa en la consideración de las
personas con discapacidad como verdaderos sujetos de derechos y obligaciones y, en
consecuencia, con capacidad jurídica y de obrar en igualdad de condiciones que los demás. Su

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voluntad, en definitiva, es el eje sobre el que descansa el nuevo sistema. Tal consideración ha
inducido a la doctrina generalizada a entender que se ha suprimido la tradicional distinción de
aptitudes dentro de la personalidad, de suerte que la capacidad de obrar ha quedado embebida en
la capacidad jurídica; ambas aptitudes, se afirma, han resultado unificadas en un todo inseparable.
Personalmente no comparto tal consideración. si se hubiera suprimido tal distinción y se
reconociera en rigor la capacidad jurídica (incluido su ejercicio o capacidad de obrar) por igual a
todas las personas, sin que pudiera limitarse, no veo el sentido ni la necesidad de regular un
sistema de apoyos. ¿Para qué dicho sistema si la capacidad no es limitable y toda persona la tiene
reconocida? Si se reglamenta el reiterado sistema de apoyos es precisamente ante la realidad de
que muchos sujetos padecen limitaciones, mayores o menores según sus circunstancias, en el
ejercicio de su capacidad jurídica (que es lo mismo que decir que padecen limitaciones en su
capacidad de obrar, ¿no?) que únicamente pueden solventarse con el apoyo adecuado. Y éste es,
desde mi modesto punto de vista, el sentido en el que la Ley 8/2021 habla de medidas de apoyo
para el ejercicio de la capacidad jurídica. Se dice que no es posible hablar de limitación de la
capacidad de obrar del sujeto porque todos, incluidas las personas con discapacidad, tenemos
derecho a equivocarnos. Tampoco estoy muy conforme con esta afirmación. Está muy bien
reconocer un derecho a equivocarse cuando existen facultades decisorias, pero flaco favor
hacemos reconociéndolo incluso en aquellos supuestos en los que el sujeto adolece de tales
facultades. No creo que sea deseo ni voluntad de ninguna persona el que, ante una privación de
sus facultades de discernimiento suficientes para formar y manifestar su voluntad, deseos y
preferencias, se le permita “equivocarse” en la toma de sus decisiones, sobre todo en las de gran
trascendencia personal o patrimonial; en tal hipótesis, considero preferible la limitación de la
capacidad de obrar del sujeto en el sentido en el que debe entenderse esta expresión en el ámbito
objeto de análisis, es decir, para que otra persona le apoye, le asista o, en su caso, le represente en
el ejercicio de su capacidad jurídica y, en consecuencia, evite que sus potenciales equivocaciones
le generen consecuencias que pueden llegar a ser nefastas.

E) El estado civil de las personas.

Se entiende por Estado Civil aquellas situaciones en que puede encontrarse la persona a lo
largo de su vida y que son determinantes de la atribución de derechos y deberes, así como de su
ámbito de poder y responsabilidad en cada momento.

El estado civil no es único, sino múltiple; una persona puede ostentar simultáneamente varios
Estados civiles siempre que no sean contradictorios.

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El estado civil es determinante de la capacidad general de obrar de la persona. Cada persona
tendrá la capacidad que corresponda a su estado civil o conjunto de cualidades de Estado que
reúna.

Los conflictos sobre el estado civil sólo pueden ventilarse directamente ante los órganos de la
jurisdicción nacional del Estado, y no pueden ser sometidos a arbitraje.

Aunque La ley no determina cuáles son los Estados civiles en Derecho Español, la doctrina
enumera los siguientes:

- El matrimonio: dentro de él se distingue el estado civil de soltero y el estado civil de


casado. Dentro del Estado civil de casado se encuentran los que están casados en
matrimonio válido y los separados. Dentro del Estado civil de soltero se encuentran los
que han sido siempre solteros y nunca han contraído matrimonio, los divorciados, aquellos
cuyo matrimonio ha sido declarado nulo y los viudos.
- La filiación: significa tener una condición de hijo frente a la del padre. Es el vínculo que
une a los padres con los hijos. Se distingue aquí entre la filiación por naturaleza (dentro
de la cual, a su vez, hay que distinguir entre la filiación matrimonial y la no matrimonial
o extramatrimonial) y la filiación por adopción.
- La nacionalidad: determina la ley nacional por la que se regula la capacidad de obrar de la
persona. Cabe distinguir entre nacionalidad española y la extranjera y, dentro de esta
última, según que se tenga la nacionalidad de otro país o se sea apátrida.
- La vecindad civil: determina el sometimiento de la persona al Código Civil o al derecho
foral que sea.
- La edad: se puede tener el estado civil de mayor de edad o el de menor de edad y, dentro
de este último, se puede ser emancipado y no emancipado.

El titular de un estado civil tiene diversas facultades en relación con el mismo; así: 1º Facultad
de cambiar el estado civil; 2º Facultad de impugnar el propio estado civil (por ejemplo, cuando
se han producido vicios de la voluntad; 3º Facultad de verificar los asientos registrales cuando
no concuerden con la realidad del Estado civil (por ejemplo, cuando se ha producido un cambio
de sexo); y 4º Facultad de pedir que se publique el estado civil a través de la práctica del
asiento correspondiente.

Las facultades del Estado civil, al igual que éste, son de orden público y, por lo tanto, son
indisponibles, irrenunciables e intransmisibles. Su ejercicio es personalísimo y son
imprescriptibles, aunque a veces la ley marca un plazo fijo para su actuación.

El estado civil se protege mediante acciones. Las acciones de Estados son aquellas
pretensiones que se formulan ante los órganos judiciales que tienen por objeto un estado civil,
ya sea para conseguir que se declare de forma pública y solemne, ya sea para impugnarlo, bien

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ya sea para reclamarlo (acciones declarativas, de impugnación o de reclamación,
respectivamente). Estas acciones también participan de las mismas notas que el Estado civil,
es decir, son indisponibles, irrenunciables e intransmisibles, personalísimas y no pueden ser
objeto de transacción.

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