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Constitución, que hacen que la reforma del sistema no pueda ya demorarse. La primera es el
reconocimiento en el artículo 43 y en el artículo 49 de nuestro texto normativo fundamental
del derecho de todos los ciudadanos a la protección de la salud, derecho que, para ser
efectivo, requiere de los poderes públicos la adopción de las medidas idóneas para
satisfacerlo. La segunda, con mayor incidencia aún en el plano de lo organizativo, es la
institucionalización, a partir de las previsiones del título VIII de nuestra Constitución, de
Comunidades Autónomas en todo el territorio del Estado, a las cuales han reconocido sus
Estatutos amplias competencias en materia de Sanidad.
La Ley da respuesta al primer requerimiento constitucional aludido, reconociendo el
derecho a obtener las prestaciones del sistema sanitario a todos los ciudadanos y a los
extranjeros residentes en España, si bien, por razones de crisis económica que no es
preciso subrayar, no generaliza el derecho a obtener gratuitamente dichas prestaciones sino
que programa su aplicación paulatina, de manera que sea posible observar prudentemente
el proceso evolutivo de los costes, cuyo incremento no va necesariamente ligado a las
medidas de reforma de las que, en una primera fase, por la mayor racionalización que
introduce en la Administración, puede esperarse lo contrario.
La incidencia de la instauración de las Comunidades Autónomas en nuestra organización
sanitaria tiene una trascendencia de primer orden. Si no se acierta a poner a disposición de
las mismas, a través de los procesos de transferencias de servicios, un dispositivo sanitario
suficiente como para atender las necesidades sanitarias de la población residente en sus
respectivas jurisdicciones, las dificultades organizativas tradicionales pueden incrementarse,
en lugar de resolverse. En efecto, si las Comunidades Autónomas sólo recibieran algunos
servicios sanitarios concretos, y no bloques orgánicos completos, las transferencias de
servicios pararían en la incorporación de una nueva Administración pública al ya complejo
entramado de entes públicos con responsabilidades sobre el sector.
Este efecto es, sin embargo, además de un estímulo para anticipar la reforma,
perfectamente evitable. El Estado, en virtud de lo establecido en el artículo 149.1.16 de la
Constitución, en el que la presente Ley se apoya, ha de establecer los principios y criterios
substantivos que permitan conferir al nuevo sistema sanitario unas características generales
y comunes, que sean fundamento de los servicios sanitarios en todo el territorio del Estado.
III
La directriz sobre la que descansa toda la reforma que el presente proyecto de Ley
propone es la creación de un Sistema Nacional de Salud. Al establecerlo se han tenido bien
presentes todas las experiencias organizativas comparadas que han adoptado el mismo
modelo, separándose de ellas para establecer las necesarias consecuencias derivadas de
las peculiaridades de nuestra tradición administrativa y de nuestra organización política.
El eje del modelo que la Ley adopta son las Comunidades Autónomas, Administraciones
suficientemente dotadas y con la perspectiva territorial necesaria, para que los beneficios de
la autonomía no queden empeñados por las necesidades de eficiencia en la gestión. El
Sistema Nacional de Salud se concibe así como el conjunto de los servicios de salud de las
Comunidades Autónomas convenientemente coordinados. El principio de integración para
los servicios sanitarios en cada Comunidad Autónoma inspira el artículo 50 de la Ley: «En
cada Comunidad Autónoma se constituirá un Servicio de Salud integrado por todos los
centros, servicios y establecimientos de la propia Comunidad, Diputaciones, Ayuntamientos
y cualesquiera otras Administraciones territoriales intracomunitarias, que estará gestionado
como se establece en los artículos siguientes bajo la responsabilidad de la respectiva
Comunidad Autónoma».
Es básica la generalización de este modelo organizativo y el Estado goza, para
implantarlo, de las facultades que le concede el artículo 149.1.16 de la Constitución. La
integración efectiva de los servicios sanitarios es básica, no sólo porque sea un principio de
reforma en cuya aplicación está en juego la efectividad del derecho a la salud que la
Constitución reconoce a los ciudadanos, sino también porque es deseable asegurar una
igualación de las condiciones de vida, imponer la coordinación de las actuaciones públicas,
mantener el funcionamiento de los servicios públicos sobre mínimos uniformes y, en fin,
lograr una efectiva planificación sanitaria que mejore tanto los servicios como sus
prestaciones.
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Los servicios sanitarios se concentran, pues, bajo la responsabilidad de las
Comunidades Autónomas y bajo los poderes de dirección, en lo básico, y la coordinación del
Estado. La creación de los respectivos Servicios de Salud de las Comunidades Autónomas
es, sin embargo, paulatina. Se evitan en la Ley saltos en el vacío, se procura la adopción
progresiva de las estructuras y se acomoda, en fin, el ritmo de aplicación de sus previsiones
a la marcha de los procesos de transferencias de servicios a las Comunidades Autónomas.
La concentración de servicios y su integración en el nivel político y administrativo de las
Comunidades Autónomas, que sustituyen a las Corporaciones Locales en algunas de sus
responsabilidades tradicionales, precisamente en aquellas que la experiencia ha probado
que el nivel municipal, en general, no es el más adecuado para su gestión, esto no significa,
sin embargo, la correlativa aceptación de una fuerte centralización de servicios en ese nivel.
Para evitarlo se articulan dos tipos de previsiones: La primera se refiere a la estructura de los
servicios sanitarios; la segunda, a los organismos encargados de su gestión.
En cuanto a lo primero, la Ley establece que serán las Áreas de Salud las piezas básicas
de los Servicios de Salud de las Comunidades Autónomas; Áreas organizadas conforme a la
indicada concepción integral de la Sanidad, de manera que sea posible ofrecer desde ellas
todas las prestaciones propias del sistema sanitario. Las Áreas se distribuyen, de forma
desconcentrada, en demarcaciones territoriales delimitadas, teniendo en cuenta factores de
diversa índole, pero sobre todo, respondiendo a la idea de proximidad de los servicios a los
usuarios y de gestión descentralizada y participativa.
En segundo lugar, sin perjuicio de que el Proyecto disponga la organización de los
Servicios de Salud bajo la exclusiva responsabilidad de las Comunidades Autónomas,
ordenando incluso la integración en aquellos centros y establecimientos que antes venían
siendo gestionados separadamente por las Corporaciones Locales, el leve efecto
centralizador que pudiera resultar de esta medida se compensa otorgando a las
Corporaciones Locales un efectivo derecho a participar en el control y en la gestión de las
Áreas de Salud, que se concreta en la incorporación de representantes de las mismas en los
principales órganos colegiados del Área.
Debe añadirse, en fin, que la integración de servicios que la Ley postula, al consumarse
precisamente y de modo principal en el nivel constituido por las Comunidades Autónomas,
puede producirse sin ninguna estridencia y superando dificultades que, sin duda, se
opondrían al mismo esfuerzo si el efecto integrador se intentara cumplir en el seno de la
Administración estatal. En efecto, muchos servicios con responsabilidades sanitarias que
operan de forma no integrada en la actualidad en el seno de la Administración estatal han
sido ya transferidos, o habrán de serlo en el futuro, a las Comunidades Autónomas. Se
produce así una ocasión histórica inmejorable para superar las anteriores deficiencias
organizativas, integrando todos los servicios en una organización única. La Ley toma buena
nota de esa oportunidad e impone los criterios organizativos básicos de que se ha hecho
mención, evitando que las Comunidades Autónomas reproduzcan un modelo que ya se ha
probado inconveniente, o que aún introduzca una mayor complejidad, por la vía de la
especialidad, en el sistema recibido.
IV
La aplicación de la reforma que la Ley establece tiene, por fuerza, que ser paulatina,
armonizarse con la sucesiva asunción de responsabilidades por las Comunidades
Autónomas, y adecuarse a las disponibilidades presupuestarias en lo que concierne al
otorgamiento de las prestaciones del sistema a todos los ciudadanos. Ello explica la
extensión y el pormenor con que se han concebido las disposiciones transitorias.
Esa extensión no es menor en el caso de las disposiciones finales, aunque por una
razón diferente. En efecto, en esas disposiciones se contienen diversos mandatos al
Gobierno para que desarrolle las previsiones de la Ley General de Sanidad y autorizaciones
al mismo para que refunda buena parte de la muy dispersa y abundante legislación sanitaria
vigente. De esta manera, el nuevo sistema sanitario comenzará su andadura con una
legislación renovada y puesta al día, donde deberán aparecer debidamente especificados los
contenidos más relevantes de la regulación del sector salud.
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TÍTULO PRELIMINAR
Del derecho a la protección de la salud
CAPÍTULO ÚNICO
Artículo uno.
1. La presente Ley tiene por objeto la regulación general de todas las acciones que
permitan hacer efectivo el derecho a la protección de la salud reconocido en el artículo 43 y
concordantes de la Constitución.
2. Son titulares del derecho a la protección de la salud y a la atención sanitaria todos los
españoles y los ciudadanos extranjeros que tengan establecida su residencia en el territorio
nacional.
3. Los extranjeros no residentes en España, así como los españoles fuera del territorio
nacional, tendrán garantizado tal derecho en la forma que las leyes y convenios
internacionales establezcan.
4. Para el ejercicio de los derechos que esta Ley establece están legitimadas, tanto en la
vía administrativa como jurisdiccional, las personas a que se refiere el apartado 2 de este
artículo.
Artículo dos.
1. Esta Ley tendrá la condición de norma básica en el sentido previsto en el artículo
149.1.16 de la Constitución y será de aplicación a todo el territorio del Estado, excepto los
artículos 31, apartado 1, letras b) y c), y 57 a 69, que constituirán derecho supletorio en
aquellas Comunidades Autónomas que hayan dictado normas aplicables a la materia que en
dichos preceptos se regula.
2. Las Comunidades Autónomas podrán dictar normas de desarrollo y complementarias
de la presente Ley en el ejercicio de las competencias que les atribuyen los
correspondientes Estatutos de Autonomía.
TÍTULO I
Del sistema de salud
CAPÍTULO I
De los principios generales
Artículo tres.
1. Los medios y actuaciones del sistema sanitario estarán orientados prioritariamente a
la promoción de la salud y a la prevención de las enfermedades.
2. La asistencia sanitaria pública se extenderá a toda la población española. El acceso y
las prestaciones sanitarias se realizarán en condiciones de igualdad efectiva.
3. La política de salud estará orientada a la superación de los desequilibrios territoriales y
sociales.
4. Las políticas, estrategias y programas de salud integrarán activamente en sus
objetivos y actuaciones el principio de igualdad entre mujeres y hombres, evitando que, por
sus diferencias físicas o por los estereotipos sociales asociados, se produzcan
discriminaciones entre ellos en los objetivos y actuaciones sanitarias.
Artículo cuatro.
1. Tanto el Estado como las Comunidades Autónomas y las demás Administraciones
públicas competentes, organizarán y desarrollarán todas las acciones sanitarias a que se
refiere este título dentro de una concepción integral del sistema sanitario.
2. Las Comunidades Autónomas crearán sus Servicios de Salud dentro del marco de
esta Ley y de sus respectivos Estatutos de Autonomía.
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Artículo cinco.
1. Los Servicios Públicos de Salud se organizarán de manera que sea posible articular la
participación comunitaria a través de las Corporaciones territoriales correspondientes en la
formulación de la política sanitaria y en el control de su ejecución.
2. A los efectos de dicha participación se entenderán comprendidas las organizaciones
empresariales y sindicales. La representación de cada una de estas organizaciones se fijará
atendiendo a criterios de proporcionalidad, según lo dispuesto en el Título III de la Ley
Orgánica de Libertad Sindical.
Artículo seis.
1. Las actuaciones de las Administraciones Públicas Sanitarias estarán orientadas:
1. A la promoción de la salud.
2. A promover el interés individual, familiar y social por la salud mediante la adecuada
educación sanitaria de la población.
3. A garantizar que cuantas acciones sanitarias se desarrollen estén dirigidas a la
prevención de las enfermedades y no sólo a la curación de las mismas.
4. A garantizar la asistencia sanitaria en todos los casos de pérdida de la salud.
5. A promover las acciones necesarias para la rehabilitación funcional y reinserción
social del paciente.
2. En la ejecución de lo previsto en el apartado anterior, las Administraciones públicas
sanitarias asegurarán la integración del principio de igualdad entre mujeres y hombres,
garantizando su igual derecho a la salud.
Artículo siete.
Los servicios sanitarios, así como los administrativos, económicos y cualesquiera otros
que sean precisos para el funcionamiento del Sistema de Salud, adecuarán su organización
y funcionamiento a los principios de eficacia, celeridad, economía y flexibilidad.
Artículo ocho.
1. Se considera como actividad fundamental del sistema sanitario la realización de los
estudios epidemiológicos necesarios para orientar con mayor eficacia la prevención de los
riesgos para la salud, así como la planificación y evaluación sanitaria, debiendo tener como
base un sistema organizado de información sanitaria, vigilancia y acción epidemiológica.
2. Asimismo, se considera actividad básica del sistema sanitario la que pueda incidir
sobre el ámbito propio de la Veterinaria de Salud Pública en relación con el control de
higiene, la tecnología y la investigación alimentarias, así como la prevención y lucha contra
la zoonosis y las técnicas necesarias para la evitación de riesgos en el hombre debidos a la
vida animal o a sus enfermedades.
Artículo nueve.
Los poderes públicos deberán informar a los usuarios de los servicios del sistema
sanitario público, o vinculados a él, de sus derechos y deberes.
Artículo diez.
Todos tienen los siguientes derechos con respecto a las distintas administraciones
públicas sanitarias:
1. Al respeto a su personalidad, dignidad humana e intimidad, sin que pueda ser
discriminado por su origen racial o étnico, por razón de género y orientación sexual, de
discapacidad o de cualquier otra circunstancia personal o social.
2. A la información sobre los servicios sanitarios a que puede acceder y sobre los
requisitos necesarios para su uso. La información deberá efectuarse en formatos adecuados,
siguiendo las reglas marcadas por el principio de diseño para todos, de manera que resulten
accesibles y comprensibles a las personas con discapacidad.
3. A la confidencialidad de toda la información relacionada con su proceso y con su
estancia en instituciones sanitarias públicas y privadas que colaboren con el sistema público.
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4. A ser advertido de si los procedimientos de pronóstico, diagnóstico y terapéuticos que
se le apliquen pueden ser utilizados en función de un proyecto docente o de investigación,
que, en ningún caso, podrá comportar peligro adicional para su salud. En todo caso será
imprescindible la previa autorización y por escrito del paciente y la aceptación por parte del
médico y de la Dirección del correspondiente Centro Sanitario.
5. (Derogado)
6. (Derogado)
7. A que se le asigne un médico, cuyo nombre se le dará a conocer, que será su
interlocutor principal con el equipo asistencial. En caso de ausencia, otro facultativo del
equipo asumirá tal responsabilidad.
8. (Derogado)
9. (Derogado)
10. A participar, a través de las instituciones comunitarias, en las actividades sanitarias,
en los términos establecidos en esta Ley y en las disposiciones que la desarrollen.
11. (Derogado)
12. A utilizar las vías de reclamación y de propuesta de sugerencias en los plazos
previstos. En uno u otro caso deberá recibir respuesta por escrito en los plazos que
reglamentariamente se establezcan.
13. A elegir el médico y los demás sanitarios titulados de acuerdo con las condiciones
contempladas, en esta Ley, en las disposiciones que se dicten para su desarrollo y en las
que regulen el trabajo sanitario en los Centros de Salud.
14. A obtener los medicamentos y productos sanitarios que se consideren necesarios
para promover, conservar o restablecer su salud, en los términos que reglamentariamente se
establezcan por la Administración del Estado.
15. Respetando el peculiar régimen económico de cada servicio sanitario, los derechos
contemplados en los apartados 1, 3, 4, 5, 6, 7, 9 y 11 de este artículo serán ejercidos
también con respecto a los servicios sanitarios privados.
Artículo once.
Serán obligaciones de los ciudadanos con las instituciones y organismos del sistema
sanitario:
1. Cumplir las prescripciones generales de naturaleza sanitaria comunes a toda la
población, así como las específicas determinadas por los Servicios Sanitarios.
2. Cuidar las instalaciones y colaborar en el mantenimiento de la habitabilidad de las
lnstituciones Sanitarias.
3. Responsabilizarse del uso adecuado de las prestaciones ofrecidas por el sistema
sanitario, fundamentalmente en lo que se refiere a la utilización de servicios, procedimientos
de baja laboral o incapacidad permanente y prestaciones terapéuticas y sociales.
Artículo doce.
Los poderes públicos orientarán sus políticas de gasto sanitario en orden a corregir
desigualdades sanitarias y garantizar la igualdad de acceso a los Servicios Sanitarios
Públicos en todo el territorio español, según lo dispuesto en los artículos 9.2 y 158.1 de la
Constitución.
Artículo trece.
El Gobierno aprobará las normas precisas para evitar el intrusismo profesional y la mala
práctica.
Artículo catorce.
Los poderes públicos procederán, mediante el correspondiente desarrollo normativo, a la
aplicación de la facultad de elección de médico en la atención primaria del Área de Salud. En
los núcleos de población de más de 250.000 habitantes se podrá elegir en el conjunto de la
ciudad.
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