BOLETIN
DE HISTORIA
Y ANTIGÜEDADES
• HOMENAJE AL ACADEMICO HONORARIO
DON HORACIO RODRIGUEZ PLATA
• CENTENARIO DEL HIMNO NACIONAL
DE COLOMBIA
• PROPUESTAS PARA EXAMINAR LA HISTORIA
CON CRITERIOS INDOAMERICANOS
Propiedad Intelectual - Resolución N’ 002023 ■ Julio 7 de 1081
T. P. R. Resolución N? 066 del 26 de abril de 1984 - Permiso N* 205
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N». 759 Antonio Cacua Prada Gabriel Camargo Pérez
Fernando Restrepo Uribe
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ACADEMIA COLOMBIANA DE HISTORIA
ESTATUTOS
Artículo 38. En las obras o artículos que la Academia
publique, en volumen o en el Boletín, la responsabilidad de las
tesis u opiniones que allí se sostengan será tan solo de los
respectivos autores. El Instituto se limita a considerar que esos
libros o artículos merecen ser publicados. Esta declaración
aparecerá en cada número del Boletín y en los libros o folletos
que la Academia publique.
Boletín de Historia y Antigüedades
— Organo de la Academia Colombiana de Historia
Fundado en 1902 —
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Antonio Cacua Prada
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COLECCION
COMPLEMENTO A LA HISTORIA EXTENSA DE COLOMBIA
Volumen I
JOSE CELESTINO MUTIS
A. Federico Gredilla
Volumen II
FRANCISCO DE PAULA SANTANDER Y JOAQUIN MOSQUERA
TESTIMONIO DE UNA AMISTAD
José M. de Mier
Volumen III
TRES PERSONAJES HISTORICOS
ARGANIL, RUSSI Y OYON
Alberto Miramón
Volumen IV
EL LIBRO DE ORO DE SANTANDER
Varios Autores
Volumen V
CUSTODIO GARCIA ROVIRA. EL ESTUDIANTE MARTIR
Antonio Cacua Prada
Volumen VI
APROXIMACION AL LIBERTADOR
TESTIMONIO DE SU EPOCA
Aníbal Noguera Mendoza y Flavio de Castro
Volumen VII
MEMORIAS DE UN ABANDERADO
José María Espinosa
Volumen VIII
ANTECEDENTES DE LA CONSTITUCION DE COLOMBIA DE 1886
Volumen IX
NUESTRO ARCHIPIELAGO DE SAN ANDRES
Y LA MOSQUITIA COLOMBIANA
Enrique Gaviria Liévano
Volumen X
LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO
MAGALLANES, EL CANO Y EL LIBRO PERDIDO
DE LA NAO VICTORIA
Mauricio Obregón
Volumen XI y XII
Tomo I y Tomo II
HISTORIA DE COLOMBIA
Henao y Arrubla
Volumen XIII
INTERAMERICANISMO CONTEMPORANEO
REMINISCENCIAS
Carlos Sanz de Santamaría
De venta en todas las Librerías
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OFRECE AL PUBLICO LAS SIGUIENTES NOVEDADES:
Historia Extensa de Colombia; 41 tomos Publicados hasta
hoy en la mayor obra histórica de Colombia. “6 nuevos
tomos”.
Volumen XIII—Historia Eclesiástica. Juan Manuel Pache
co C., S.J.
Tomo 3?—La Iglesia bajo el Regalismo de los Borbones,
siglo XVIII.
Tomo 4?—La Iglesia bajo el Regalismo de los Borbones,
siglo XVIII.
Volumen XVI—Historia de la Botánica y de las Ciencias
Afines en Colombia. Víctor Manuel Patiño.
Volumen XX—Las Artes en Colombia.
Tomo 1?—La Arquitectura en la República. Gabriel Uribe
Céspedes y Carlos Arbeláez Camacho.
Volumen XXI—La Ingeniería, las Obras Públicas y el Trans
porte en Colombia. Alfredo D. Bateman.
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dio Asesor para su Restauración, por Juan Manuel Za
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Investigaciones y Textos. Pilar Moreno de Angel y Horacio
Rodríguez Plata .................................................................. 5.500.00
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Comité Editorial Llanos de Colombia.
Prólogo: Belisario Betancur.
Impreso Litográfica ARCO ..................... ................................ 15.000.00
Director: Antonio Cacua Prada
Redactores:
Fernando Restrepo Uribe — Gabriel Camargo Pérez
ED. KELLY - BOGOTA, D. E.
Volumen LXXIV - Bogotá, D. E., Octubre, Nov., Dic. de 1987 - N9 759
INDICE
Págs.
I. Homenaje al Académico Honorario don Horacio Rodríguez
Plata ........................................................................................... 737
—Acuerdo N9 2 de 1987 (septiembre 15). Por el cual se honra
la memoria de un ilustre académico ...................................... 737
—Dos artículos inéditos del doctor Horacio Rodríguez Plata.
Por Juan Camilo Rodríguez Gómez...................................... 741
—La Familia Plata en Colombia. Por Horacio Rodríguez Plata 743
—Origen de la lepra en la antigua Provincia del Socorro. Por
Horacio Rodríguez Plata ........................................................ 751
—Horacio Rodríguez Plata. Por Germán Arciniegas. Oración
fúnebre leída en la Iglesia de Cristo Rey, al finalizar la litur
gia, el sábado 29 de agosto de 1987 .................................. 755
—Contribución a la Bibliografía de Horacio Rodríguez Plata.
Por Jorge Morales Gómez .................................................... 761
—Evocación. Horacio Rodríguez Plata. Por Jaime Duran
Pombo ................................................................................... 783
—Murió el historiador Horacio Rodríguez. De “El Tiempo”.
Sábado 29 de agosto de 1987 ................ 789
—Falleció el historiador Horacio Rodríguez Plata. De “El Es
pectador”. Sábado 29 de agosto de 1987 ...........................
—Horacio Rodríguez Plata. Por Alfonso Gómez Gómez. De
“Vanguardia Liberal”. Sábado 29 de agosto de 1987 .........
—Horacio Rodríguez Plata. Por Arturo Abella. De “El Siglo .
Domingo 30 de agosto de 1987 .............................................
—La muerte de Horacio Rodríguez Plata. Por Horacio Gómez
Aristizábal. De “El Tiempo”. Agosto 30 de 1987 ............
Págs.
—Columna de Frank. De “La República”. Lunes 31 de agosto
de 1987 ........................................................................................... 797
—Horacio Rodríguez Plata. Por Pilar Moreno de Angel. De
“El Tiempo”. Sábado 5 de septiembre de 1987 ................. 798
—Horacio Rodríguez Plata. Por Liro. De “El Frente”. Sábado
5 de septiembre de 1987 .............................................................. 800
—Horacio Rodríguez Plata. Por Antonio Cacua Prada. De
“El Siglo”. Martes 15 de septiembre de 1987 ..................... 801
—Homenaje a un socorrano ejemplar. Por Gustavo Galvis
Arenas. De “Vanguardia Liberal”. Miércoles 14 de octubre
de 1987 ........................................................................................... 803
—Mensajes ....................................................................................... 806
—Décima. Por Pedro Medina Avendaño ..................... 807
II. Posesión del Académico de Número don Gabriel Camargo
Pérez ................................................................................................. 809
—Indígenas y Campesinos en el V Centenario de América.
Discurso de Posesión como Miembro de Número de la Aca
demia Colombiana de Historia, de don Gabriel Camargo
Pérez ............................................................................................. 811
—Propuestas para examinar la Historia con Criterios Indo-
americanos.PorOtto Morales Benítez ...................................... 839
III. Centenario delHimno Nacional .................................................. 925
—Tarjeta ....................................................................................... 925
—Don Orestes Sindici Topai compositor de la música del Him
no Nacional de Colombia. Por Antonio Cacua Prada. Dis
curso de orden en el homenaje tributado por la Academia
Colombiana de Historia para conmemorar el centenario del
estreno del Himno Nacional de Colombia, en la sesión
solemne del viernes 27 de noviembre de 1987 ..................... 927
IV. Las Memorias del General Morillo. Por Monseñor Mario Ger
mán Romero ................................................................................... 949
V. La Legislación Civil en Colombia. Por Antonio José Rivade-
neira Vargas ................................................................................... 963
VI. Proposiciones ................................................................................... 967
VII. Noticiero Académico ................................................................... 971
VIII. Libros llegados a laBiblioteca “Eduardo Santos” 977
IX. Indice del Volumen N9LXXIV ................................................ 983
Horacio Rodríguez Plata
ACUERDO NO 02 de 1987
(Septiembre 15)
Por el cual se honra la memoria de un ilustre académico.
La Academia Colombiana de Historia,
CONSIDERANDO í
lo—Que el 28 de agosto de 1987 falleció en esta ciudad don
Horacio Rodríguez Plata, miembro de la Corporación desde
el 15 de julio de 1940, y exaltado en este año a la digni
dad de Honorario;
20—Que a lo largo de 47 años cumplió una brillantísima labor
como historiador, investigador, catedrático y Presidente,
distinguiéndose por el permanente celo en la defensa de
los intereses de la Corporación, por su inquebrantable
voluntad de servicio a la misma y a la altura como siem
pre la representó en posiciones directivas y en congresos
nacionales e internacionales de historia;
30—QUe el doctor Rodríguez Plata fue un exponente de las
letras nacionales y particularmente de su Departamento
de Santander, del que fuera Gobernador Encargado, Se
cretario de Gobierno y de Educación, propulsor de la cul
tura, Presidente de la Academia de Historia de Santander;
Gestor de grandes empresas como el Centro de Historia y
la Casa de la Cultura del Socorro, institución ejemplar,
que ahora lleva su nombre.
40—Que desempeñó altas posiciones en el gobierno, la política,
el periodismo, la cátedra universitaria y la diplomacia;
738 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
59—Que el doctor Horacio Rodríguez Plata aportó a la his-
riografía nacional obras importantísimas, como las si
guientes: José María Obando Intimo, Santander en
el exilio, La Antigua Provincia del Socorro, Antonia San
tos Plata, la Inmigración Alemana a Santander en él Si
glo XIX, El Movimiento Comunero de 1781, y fue autor de
otras y de numerosos artículos e informes académicos
que aparecen publicados en el Boletín de Historia y Anti
güedades de la Academia y de otras revistas académicas
y literarias;
69—Que el doctor Rodríguez Plata fue miembro de numerosas
academias nacionales y extranjeras, en las que su docta
palabra fue escuchada con admiración;
79—Que el doctor Horacio Rodríguez Plata fue profesor fun
dador y directivo del Instituto Universitario de Historia
de Colombia;
89—Que para la Academia Colombiana de Historia su nombre
será siempre símbolo de su tradición y de su obra como
instituto consagrado al culto de la patria y de la historia,
y en ella permanecerá como ejemplo para los que vinie
ren,
acuerda:
Articulo 19—Deplorar el fallecimiento de su Miembro Ho
norario doctor Horacio Rodríguez Plata.
Articulo 29—Dedicar un número del Boletín de Historia
y Antigüedades a la exaltación de su memoria y divulgación
de sus trabajos histórico-literarios.
Artículo 39—La Academia publicará los libros que haya
dejado inéditos como homenaje postumo.
Artículo 49—Presentar su vida a las generaciones futuras
como ejemplo de ciudadano, de patriota, de historiador y de
académico.
Artículo 59—Por la Presidencia se dispondrá hacer un
óleo del doctor Rodríguez Plata que será colocado en el salón
de sesiones ordinarias de la Corporación en acto solemne que
se celebrará con ese fin y en homenaje a su memoria.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 739
Artículo 69—Copia del presente acuerdo en nota de estilo
será entregada a su esposa doña Virginia Gómez Tapias de
Rodríguez y a su hijos.
Dado en Bogotá, a quince (15) de septiembre de mil no
vecientos ochenta y siete (1987).
El Presidente,
Germán Arciniegas
El Secretario,
Roberto Velandia
DOS ARTICULOS INEDITOS DEL DOCTOR
HORACIO RODRIGUEZ PLATA
Por Juan Camilo Rodríguez Gómez
“APUNTES PARA UNA GENEALOGIA
DE LA FAMILIA PLATA EN COLOMBIA”
En el IV Congreso Nacional de Historia celebrado en Bu-
caramanga en 1954, presentó Horacio Rodríguez Plata, que
para la época era el Presidente de la Academia Colombiana
de Historia, como ponencia, el avance de una investigación
en la que venía trabajando desde hacía largo tiempo. Se trató
de “Apuntes para una Genealogía de la Familia Plata en
Colombia”. En los años siguientes continuó documentando esa
primera versin, llevándola a ser una investigación genealó
gica de gran magnitud que llegó a dejar prácticamente con
cluida. El libro está dividido en dos partes: la primera, pre
senta la genealogía de la familia Plata, y en la segunda se
desarrollan algunas biografías de miembros del árbol genea
lógico. De ese libro inédito se presentan aquí la introducción
y el primer capítulo.
“Origen de la lepra en la Antigua Provincia del Socorro".
Buscando entre sus papeles algún artículo inédito, se en
contró un manustcrito de su puño y letra titulado “Origen de
la Lepra en la Antigua Provincia del Socorro”, fechado en
1935. Este escrito, que se presenta a continuación, representa
un anticipo de lo que sería con el tiempo la obra histórica de
Horacio Rodríguez Plata. Lo escribió cuando tenía veinte años
y se reflejan ya en él varios aspectos que permanecerían y se
742 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
acrecentarían a medida que evolucionó su labor investigativa.
Aspectos tales como la originalidad, el interés por su tierra
socorrana y el país, la rigurosidad y honestidad, están ya pre
sentes en este documento hasta ahora inédito. Por la época
en que lo escribió ya había consultado una extensa y variada
bibliografía de la historia colombiana y además había inicia
do la ineludible y grata labor del historiador erudito y respe
table que va a las fuentes en la búsqueda de un certero
conocimiento de los hechos. Por los documentos de los archi
vos notariales y del archivo nacional habían pasado ya sus
ojos escrutadores y su pensamiento analítico en el inicio de lo
que sería una vasta y fecunda obra.
LA FAMILIA PLATA EN COLOMBIA
Por Horacio Rodríguez Plata
Un resumen de este trabajo lo presenté en el año de 1954
ante el V Congreso Nacional de Historia reunido en la ciudad
de Bucaramanga. Me decidí entonces a llevar a la considera
ción de tan docta reunión este estudio porque consideré que
así contribuía a rendir a la ilustre Academia de Historia de
Santander, organizadora de aquella Asamblea, el homenaje a
que es acreedora por sus grandes méritos en el servicio de la
historiografía colombiana y en particular a la de la región
de la república que se honra con el apelativo del Hombre de
las Leyes.
La familia Plata en Colombia comenzó a integrarse y a
crecer en el suelo fecundo de la antigua Provincia del Socorro
y es por esta circunstancia por la cual debo dedicar también
mi investigación a la benemérita Casa de la Cultura de la
Ciudad Comunera donde se recogen las más gloriosas tradi
ciones de la independencia de Colombia y la que en todo tiem
po ha sido numen de su libertad. Por otra parte, la familia
Plata, ha dado a esa tierra gentes que no sólo han hecho mu
cho de su historia sino que la han enaltecido y destacado en
el concierto de los pueblos de nuestra patria. Colonizadores
y fundadores de ciudad, letrados, catedráticos, heroínas, már
tires, proceres, repúblicos, eclesiásticos, políticos, militares,
profesionales, hombres de trabajo, creadores e impulsores de
empresas, en fin, una pléyade de personalidades que dignifi
can nuestros anales, es la contribución que la familia Plata,
a lo largo de tres siglos, ha entregado al engrandecimiento
de la nación colombiana. Su genealogía, su historia, y la bio
744 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
grafía de sus más sobresalientes figuras, forma parte muy
importante de la crónica nacional y es por eso por lo que con
todo entusiasmo adelanté este trabajo.
Esta obra es producto de una paciente investigación de
muchos años. Para elaborarla hube de consultar multitud de
archivos públicos y privados y una larga lista de estudios
que aparecen en la bibliografía y fuentes citadas al final. No
considero completo este trabajo, al contrario, es todavía muy
deficiente y le faltan infinidad de complementos. Quizás más
tarde lo pueda adicionar con nuevos campos de investigación
y ante todo con los datos que me suministren las personas
interesadas en que se complete. Una genealogía exhaustiva es
casi imposible hacerla y más como en la presente que por mu
chas razones, entre otras la de haberse extendido el apellido
por todo el territorio nacional, es en extremo difícil llenar
todos los vacíos que en ella puedan encontrarse.
De la atenta lectura de esta genealogía, se observan dos
fenómenos interesantes. Es el primero la coincidencia de to
das las gentes que aquí aparecen en el amor y en el servicio a
la tierra donde nacieron, es el segundo, especialmente en los
siglos XVIII y XIX, la gran frecuencia de matrimonios con
sanguíneos. Esta última observación bien merece un corto
análisis. Las uniones consanguíneas fueron muy frecuentes
en las familias colombianas de otras épocas y constituyen acaso
una de las características más definidas en la integración de las
generaciones que han precedido a los actuales pobladores de la
nación. Los matrimonios consanguíneos se verificaban con
mayor frecuencia antes, por razones de determinismos geo
gráficos y de tradición hogareña. Sin vías de comunicación,
apenas con caminos casi intransitables y sin seguridades, las
poblaciones y las familias del Virreinato de la Nueva Grana
da y más tarde de la República. Realmente eran islotes con
vida propia y con muy pocas relaciones sociales y económicas
con otras comarcas, siempre separadas por grandes ríos, altas
cordilleras y largas distancias. Además, como un reflejo de
lo que acontecía en la metrópoli española, eran evidentes la
rivalidad y las rencillas entre los habitantes de una y otra
población, como por ejemplo entre Santa Marta y Cartagena,
Santa Fe y Tunja, Cali y Popayán, Socorro y San Gil, etc.
Esto explica por qué las gentes de una y otra región apenas
se conocían entre sí. Pero existieron otros aspectos, de tipo
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 745
sociológico, que es menester analizar. Era costumbre muy
generalizada entre los padres de familia el concertar matri
monios de sus hijos cuando éstos estaban todavía en la me
nor edad, para realizarlos cuando ya estuviesen pasada la
pubertad, y en muchas ocasiones esos compromisos, como es
natural, se hacían entre parientes cercanos. Esta costumbre,
de muy vieja data y de tipo feudal, tenía una finalidad
económica, la acumulación de capitales representados en
bienes inmuebles de los padres concertantes, y un origen so
cial condicionado por la legislación de la época que tendía a
preservar uniones de sangres disímiles según el concepto no
biliario. Es bien sabido que los blancos gozaban de algunas
excepciones en los impuestos, que socialmente eran mal mi
rados los mulatos y mestizos y que para ingresar a los reales
colegios de Nuestra Señora del Rosario y de San Bartolomé,
entre otros, era requisito indispensable probar la limpieza de
sangre del aspirante, la pureza de una tradición religiosa amén
de un origen limpio de lo que entonces llamaban linaje viciado
que no solo era el bastardo sino también el que se hubiese apar
tado siquiera en una generación de la fe católica. He ahí la
explicación de por qué fueron tan frecuentes los matrimonios
consanguíneos en épocas pasadas.
No ha sido la vanidad de un apellido le que me ha movido
a adelantar y publicar este estudio. Es el afecto por antepasa
dos a quienes debo respeto y gratitud, es el cariño por el estudio
de la historia colombiana, es una constante ambición, acaso
heredada, de que mis hijos y sus descendientes conozcan los
grandes merecimientos de muchas de las personas que los
precedieron, para que sean también como ellos, dignos colom
bianos, patriotas en todos los momentos, cristianos y caba
lleros.
Para su mejor comprensión y ordenamiento he dividido
este trabajo en dos partes. La primera comprende la Genealo
gía o sea la descendencia de don Francisco Félix de la Plata
y Domínguez, primero de este apellido que llegó a tierras del
Nuevo Reino de Granada, donde se estableció, descendencia
que se extiende a través de los doce hijos habidos en su matri
monio con doña Josefa Moreno y Meneses. En esta parte se
encuentran algunas llamadas1 en números latinos que se
contestan en la misma página, aclaratorias especialmente de
los merecimientos de algunas personas o de genealogías com
746 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
plementarías; y otras llamadas (L) en números romanos, que
remiten al lector a la Segunda Parte de la obra, en la que se
encuentran breves biografías de las figuras más sobresalien
tes entre la muy numerosa descendencia del primer Plata que
llegó a estas tierras. Hemos prescindido del índice onomásti
co, a pesar de que lo consideramos útilísimo, porque alargaría
demasiado el libro y porque en ocasiones se prestaría a con
fusiones por la mucha cantidad de nombres homónimos.
Réstame decir que todos los datos consignados en esta
obra han sido escrupulosamente confrontados con la esperan
za de que haya el mínimo de errores posible.
♦ * ♦
PRIMERA PARTE
EN ESPAÑA
ORIGEN DE LA FAMILIA Y DEL APELLIDO
En el lugar de Luaces, del Concejo de Pol y Partido Judi
cial de Lugo (Galicia) radicó desde muy antiguo una casa
solariega de apellido Márquez, alguno de cuyos caballeros, an
dando los tiempos, se apellidó Márquez de la Plata debido a
mina de aquel metal que poseía en tierras de Galicia, y uno
de sus descendientes más tarde, Plata simplemente, por el
concenso de sus contemporáneos que así comenzaron a dis
tinguirlo, a causa de que aquel señor dedicábase a la orfebre
ría. No es por tanto este apellido de origen judío como lo creen
algunos ni arranca por tanto esta Genealogía de príncipes ni
de duques, ni de osados guerreros, sino de una familia de hon
rados burgueses de la clase media española que con el correr
del tiempo, y especialmente ya en América, dignificarían su
apellido y enaltecerían su sangre a través de personajes que
mucho han contribuido a forjar la historia de cuatro países hoy
independientes, particularmente Colombia. Vamos a verlo:
Fabián Márquez de la Plata, minero, nacido en 1480, fue
señor de la casa de su apellido, residía en Luaces, donde casó
con doña Ana Sánchez en 1504, de la que tuvo entre otros
hijos a:
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 747
Juan Márquez de la Plata y Sánchez, llamado también
Juan Márquez de Castropol, debido a que se avencindó en este
lugar de la Provincia de Oviedo, en donde aparece como Re
gidor en el año de 1535. Contrajo matrimonio allí con doña
Mayor Pérez de la Vecina y fueron padres de:
Andrés Márquez de la Plata y Pérez de la Vecina, nacido
en 1537, quien celebró su enlace con doña Isabel de Omaña y
Rivadeneira, en 1564, ésta, tía de don Antonio, del mismo ape
llido, quien andando el tiempo vino a ser el fundador en el
Nuevo Reino de Granada de la familia materna del General
Francisco de Paula Santander \ Don Andrés y doña Isabel,
tuvieron, entre otros hijos a:
Andrés Márquez de la Plata y Omaña, bautizado en Cas
tropol en 1566, heredero del señorío de Luaces que había
ostentado su bisabuelo y dueño de minas en tierras del norte
de la Península. Don Andrés por razones que ignoramos, se
trasladó a residir en Jerez de la Frontera (Provincia de Cá
diz) , al sur de España, y allí fue distinguido con el título de
Veinticuatro de su Ayuntamiento por Real Cédula de 1588.
Ganó ejecutoria de Hidalguía en la Real Chancillería de Gra
nada el 14 de abril de 1590 y fue empadronado en el Estado
Noble de la Villa de Palomares del Río (Sevilla) el 18 de diciem
bre de 1600. Contrajo matrimonio en la Parroquia de San Juan
de Acre de Sevilla el 12 de febrero de 1597 con doña María
de Mendoza y Ponce de León, y fueron padres de:
Pedro Márquez de la Plata y Mendoza, bautizado en la mis
ma Parroquia de Sevilla el 8 de agosto de 1602 y empadronado
como Noble en la Villa de Palomares del Río el 19 de diciem
bre de 1638. Casó don Pedro en la ciudad de Sevilla, en la
Parroquia citada, el 22 de febrero de 1627, con doña Mayor
de Arévalo y Guzmán. Este matrimonio tuvo varios hijos, así:
Juan Salvador Márquez de la Plata y Arévalo, cuya des
cendencia vive en Chile, unos con el apellido Márquez de la
Plata y otros con el de Plata simplemente.
1 Pacheco, Luis Eduardo. La familia de Santander. En Gaceta His
tórica del Centro de Historia del Norte de Santander. Tomo IV. Mayo de
1940. Archivo Histórico Nacional. Geneologías. Tomo V, páginas 233 a
241.
748 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Isabel Márquez de la Plata y Arévalo con descendencia en
Centro América, especialmente en Guatemala y también en
Cuba; y
José Antonio Márquez de la Plata y Arévalo, el mayor, na
cido en Sevilla en 1628, avecindado allí y quien casó con doña
Ana María Domínguez en la misma ciudad y Parroquia en
en 1659. Don José Antonio fue orfebre de platería, célebre y
famoso como que actualmente puede admirarse su arte en el
altar de la Capilla Real de la Catedral de Sevilla que ayudó a
decorar. Muy joven había viajado por Italia y allí tuvo opor
tunidad de perfeccionar su arte en el taller de Jerónimo San-
tacroce, quien con un tío de don José Antonio, avecindado en
Nápoles desde varios años atrás, había labrado la magnífica
capilla de Nicolás Antonio Caracciolo, Marqués de Vico, en la
Iglesia de San Juan de Carbonare en Nápoles. De regreso a
Sevilla comenzó don José Antonio a ser llamado por sus cote
rráneos el señor de la Plata, para señalarlo por su profesión,
y entonces resolvió orgulloso del arte que profesaba, prescin
dir del apellido Márquez y optar únicamente el de la Plata
Don José Antonio adquirió una propiedad rural en San Lúcar
de Barrameda (Cádiz) y allí nació en julio de 1661 su segundo
hijo llamado Francisco Félix de la Plata y Domínguez, quien
fuera tronco de la familia Plata en el Nuevo Reino de Gra
nada b
Eran los tiempos de las expediciones al Nuevo Mundo que
tanto tentaban el espíritu de aventura y de riqueza de los jó
venes españoles. En 1683 don Francisco Félix, se embarcaba
para América. Parece que demoró poco tiempo en Cartagena
de Indias y siguió a la Villa de San Juan de Girón con el cargo
de Contador de Cajas Reales y el oficio de vigilar para las
arcas de Su Majestad el exacto recaudo de los quintos que le
pertenecían en la explotación de las minas de oro de aluvión,
1 García Carraffa, Arturo. Diccionario Genealógico y Heráldico de
Apellidos Españoles. Tomo 72.
Bernardo de Dominici. Viti de Pitori scultorii e darchitetti ñapóle.
Nápoli, 1843.
Datos suministrados personalmente por don Cristóbal Bermúdez
Plata, genealogista español y quien fuera Director del Archivo de In
dias (España). Descendiente de don José Antonio Márquez de la Plata
y?
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 749
entonces allí de extraordinaria riqueza. Empero don Francisco
Félix, a diferencia de la mayoría de sus antepasados, no tuvo
la afición de minero ni la de convertir los ricos metales en
joyas preciosas. Atraído por el creciente desarrollo de los ca
seríos fundados en las tierras que otrora fueran del Cacique
de Guanentá, resolvió renunciar el honorífico empleo y seguir
hacia esas regiones a principios del año de 1686, para estable
cerse en calidad de agricultor en el poblado indígena de Chan-
chón, muy próspero entonces, y cercano al lugar donde tres
años antes se había erigido la Parroquia de Nuestra Señora
del Socorro. Don Francisco llegaba al cacerío de Chanchón
provisto de los necesarios documentos que lo acreditaban como
persona de “cristianas costumbres y buen linaje”, amén del
título de “Capitán de Infantería Española” con que lo “había
honrado el Rey Nuestro Señor”. A poco de llegado recibió mer
ced de las tierras de Carahota y en ellas dedicóse a fabricar
casa de habitación y a hacer desmontes y cultivos que pocos
años más tarde se manifestaban en extensas sementeras de
algodón y caña de azúcar, lo mismo que no escaso número de
ganado. Próspera fue la actividad del joven hacendado, por
que cerca de dos años más tarde edificaba “casa y solar” en la
plaza pública de la vecina población de Nuestra Señora del
Socorro y allí se avecindaba y contraía matrimonio el 20 de
diciembre de 1687 con doña Josefa Moreno y Meneses “criolla
natural de estos Reinos”, según la siguiente partida:
“En dho. día mes y año (20 de diciembre de 1687) despo
sé según orden de Ntra. Sa. Madre Yglesia a Francisco Félix
de la Plata con Josepha Moreno. Fueron sus padrinos Lorenzo
de Aparicio y Juana de Uribe. Mtro. Camacho” Firmado y
rubricado \
Don Francisco Félix fue dueño igualmente del fundo rural
de Guarigua próximo a la ciudad del Socorro y de dos estancias
en el sitio de Pinchóte
Doña Josefa Moreno y Meneses era hija legítima del espa
ñol don José Martín Moreno y de doña Jerónima de Meneses y
1 Archivo de la Parroquia del Socorro. Libro I de Matrimonios,
folio 1, segunda partida.
2 Archivo Histórico y Nacional. Genealogías. Tomo II, páginas
508 a 516 y Tomo V, páginas 233 a 241.
750 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
nieta materna del Alférez Pedro Tello de Meneses y la Oliva
y de doña María de las Nieves Moseto, cónyuges reputados por
“gente honrada” que residían en Chanchón.
Doña María de las Nieves Moseto era hija de Juan Mo
seto, uno de los conquistadores y colonizadores de aquellas
tierras, y de Catalina de Nieto, “cristianos viejos”. Don José
Martín Moreno y el Alférez Pedro Tello de Meneses aparecen
entre los individuos que en documento firmado “en el sitio de
la Parroquia de Nuestra Señora del Socorro del Valle de Chan
chón” dan poder a Isidro López Madero y Juan de Escobar,
Procuradores de Causas de la Real Audiencia de la Ciudad
de Santa Fe para “que se les conzeda el poder fundar y azer
una villa en nombre de su Majestad en el sitio y parte donde
al presente tienen fundada dicha parroquia por allarze en copia
de más de quatro mil almas y muy distante de la ziudad de
Vélez de donde son tales bezinos foráneos y carecer continua
mente de la administración de justizia” *.
Don Francisco Félix de la Plata falleció en el Socorro el
9 de enero de 1730.
Los esposos Plata-Moreno, ya avecindados en el Socorro,
tuvieron doce hijos, en su orden:
Hipólito José - Francisco Cayetano - Simón Faustino -
Juan Antonio - Juan Bernardo - Pedro José - Manuel José -
Francisco Matías - Pedro Antonio - Ana María - Juan Anto
nio - María Teresa y Juana Josefa.
' Rodríguez Plata Horacio. Origen y Fundación del Socorro. En
Boletín de Historia y Antigüedades. Números 301-302. Noviembre-Di
ciembre de 1939, páginas 493 a 895,
ORIGEN DE LA LEPRA EN LA ANTIGUA
PROVINCIA DEL SOCORRO
Por Horacio Rodríguez Plata
Como es bien sabido, la lepra no se conocía en América an
tes de la conquista española y muy probablemente fue traída a
este continente por las sucesivas inmigraciones procedentes
del viejo mundo y en particular por las de esclavos africanos
a quienes se considera los más señalados portadores de la
enfermedad. En todo caso el terrible flajelo se desarrolló rá
pidamente en una tierra que para entonces, carecía de las
condiciones sociales e higiénicas propias para evitar el con
tagio.
Es curioso que a la Provincia del Socorro, tan azotada en
los últimos años del régimen colonial, durante todo el siglo
XIX y hasta la tercera década del presente por esta enferme
dad, no fuera precisamente la región del país donde primera
mente aparecieran las manifestaciones del bacilo de Hansen.
En efecto, la primera noticia que al respecto- de este tema
de nuestro estudio hemos encontrado en el Archivo Histórico
Nacional, es un Informe correspondiente al año de 1775, en
que el Cabildo del Socorro justamente alarmado, manifiesta al
Señor Fiscal de la Real Audiencia de Santafé de Bogotá: «Que
hace cosa de treinta años (1745) apareció el primer leproso
en esa Villa, que debido a las casi nulas precauciones que se
tomaron con él, la enfermedad se fue extendiendo mucho en
tre los ciudadanos no sólo de la Villa sino de la Provincia hasta
tal punto que en esa fecha, había más de cien lazarinos
deambulando por las calles y campos con gran espanto de los
moradores de estas regiones». Per último piden que para poner
752 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
remedio al mal y evitar su propagación, se remitan al Hospital
de San Lázaro en Cartagena todos los leprosos de la citada
Provincia.
Poco tiempo después de la anterior petición, y en el mis
mo año de 1775, los vecinos de la Villa de Nuestra Señora del
Socorro elevan un memorial al Fiscal de la Audiencia, pidien
do la fundación de un hospital de lazarinos semejante al de
Cartagena, alegando como fundamento de su solicitud la de
que por motivo de haber entre los enfermos mucha gente dis
tinguida y digna de consideración, creen inconveniente el que
se les remita a una parte tan distante de sus familiares, así
como también la de que hay muchos que son pobres y no pue
den costearse un viaje tan penoso, si bien es cierto que el go
bierno del señor Virrey ha ofrecido aue los auxiliaba en una
parte dedicando para ello la Real renta de alcabala.
El doctor don Francisco de Vargas, cura en esa época de
la Villa del Socorro, informa por su parte al Virrey en el mis
mo sentido y apoya con nuevas razones la petición de sus fe
ligreses.
Con el fin de atender las anteriores peticiones, comisionó
el Virrey de Santafé, Excelentísimo Señor don Manuel Anto
nio Flórez, al doctor Juan José Cortés, para que hiciera una
visita detenida a las regiones del Socorro y San Gil, e informa
ra sobre las causas, origen, estado de la enfermedad en esas
comarcas y averiguara las razones que tenían los vecinos para
oponerse a la remisión de los contagiados a Cartagena. En
efecto, el médico Cortés hizo la visita en el año de 1778. Acer
ca de su visita, no encontramos ningún documento en el Ar
chivo Nacional, lo cual habría sido muy interesante dada la
importancia de aquella comisión; a este respecto sólo encon
tramos un breve informe en que se limita únicamente a con
signar los nombres de los lazarinos que encontró en las
diversas poblaciones que visitó.
Posteriormente, los señores Lucas José Plata y Diego José
Fernández Domínguez, alcaldes ordinarios de la Villa del So
corro, informan al Virrey en el año de 1778, que la lepra tuvo
principio en esa Villa por la hija de Juana Petronila Domín
guez que se casó con cierto mercader venido de Mompós que
estaba leproso y que de ésta se fue propagando en otras per
sonas.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 753
Don Andrés Monsalve, vecino del Socorro, informa bajo
juramento que él sabe que “la lepra principió en el sitio de la
cabula de Fonce” por un individuo llamado Sebastián de
Cárdenas, vecino de Mompós, que se casó con “una Fulana
Ardila” contagiándola a ella y a su hija. En el mismo sentido
informa don Francisco de Uribe, vecino también de la Villa,
e igualmente bajo la gravedad del juramento.
Poco tiempo después hizo una detenida visita a la Provin
cia del Socorro el señor don Francisco Antonio Moreno, y Es-
candón, del Consejo de su Majestad, Fiscal de la Real Audiencia,
visita que le permitió escribir una memoria muy interesante y
en la cual consigna curiosas noticias de la región y algunos da
tos estadísticos de importancia. El escrito de Moreno y Escan-
dón nos da una clara idea de la falta de higiene que encontró
en todas partes, razón que consideró primordial para el desarro
llo de toda enfermedad. “No hay hospital en el Socorre, escri
be, ni farmacia y las pocas medicinas o_ue se venden son a
precios muy altos”. Dice que es muy escasa el agua y que se
trata de reparar esta escasez con una fuente pública que se
está construyendo pero que difícilmente se terminará pues
no hay recursos suficientes para ello. “En esta población debe
erigirse un hospital de lazarinos para los muchos leprosos que
hay”, pero como en San Gil existe uno principiado es más
conveniente que se concluya ese y se funde allá el hospital.
Al año siguiente, 1779, fueron por orden del Virrey Flórez
a visitar las Provincias de Vélez y del Socorro los médicos
franceses doctores Alejandro Alfonso Gastelbondo y Juan Bau
tista Leblond, el doctor Gastelbondo informó haber recorrido
la Provincia del Socorro durante sesenta y siete días, dice que
encontró en el Socorro 17 leprosos, 2 en Simacota, 21 en San
Gil, 12 en Mogotes, 10 en Curití, 2 en Guadalupe, 2 en Ran
chara, etc. Da los nombres de cada uno de los lazarinos y por
último anota los síntomas de la enfermedad, limitándose a
describir los que a simple vista se observaron.
Después de la visita que practicaron los médicos franceses,
Gastelbondo y Leblond, se remitieron al hospital de Cartagena
una gran cantidad de leprosos de las provincias y regiones
de Vélez, Socorro y San Gil. Pero no obstante esta medida, la
enfermedad continuó extendiéndose, motivo por el cual y en
atención a nuevas solicitudes del Cabildo, el Virrey de Santafé
754 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
determinó que se fundara en el Socorro un hospital de laza
rinos. En efecto se hicieron todas las diligencias para dicha
fundación, se dio orden de que la totalidad del impuesto de
alcabala, recaudado en esas regiones se destinara con este fin,
pero al cabo del tiempo se vio que no se podía iniciar la fun
dación, pues los recursos arbitrados no alcanzaban y se consi
deró que era menos gravoso para el fisco la remisión de los
lizarinos a Cartagena que la fundación propuesta.
Se inicia entonces un largo y doloroso éxodo de gentes, la
mayoría sin ninguna clase de recursos, del interior hacia la
Costa Atlántica. Entre 1790 y 1791 fue a la región del Soco
rro, en cuatro ocasiones, otro comisionado de las altas auto
ridades coloniales. Ahora se trata del doctor Sebatián Prat
quien por algunos años ejerció la profesión de médico en las
ciudades de Vélez y del Socorro. Un documento fechado en el
año de 1804 nos muestra que el Cabildo del Socorro pide con
insistencia al Virrey que se recojan los muchos enfermos que
hay en la Provincia y se remitan a Cartagena, ya que fracasó
la fundación del hospital y debido a que “viven robando el
ganado de las haciendas y son muy dados a cometer latroci
nios”.
La lepra fue traída a Colombia, especialmente por los
andaluces, dice el doctor Juan B. Montoya y Flórez, y los
negros africanos fueron los principales encargados de tras
mitirla. Como se ve, por las anteriores noticias, esta tuvo su
origen en la Provincia del Socorro debido al activísimo comer
cio que entonces tenía con la Costa Atlántica, especialmente
con la ciudad de Cartagena, centro en ese entonces del mayor
foco de la enfermedad puesto que allí desembocaban no sólo
los europeos sino los negros de Berbería, Congo y Guinea que
se traían para el laboreo de las minas.
El Socorro era por estas épocas uno de los centros manu
factureros más importantes del país. Allí se fabricaban man
tas, ruanas, lienzos y camisetas de algodón que se intercam
biaban y vendían a los comerciantes costeños. De ahí el
por qué fue en aquellos tiempos esta Provincia una de las más
azotadas por tan terrible enfermedad.
Bogotá, 1935.
HORACIO RODRIGUEZ PLATA
Palabras leídas por el Presidente de Ja
Academia, don Germán Arciniegas, en
la Iglesia de Cristo Rey al celebrarse
el funeral de Horacio Rodríguez Plata.
Horacio solía irse. Entonces, era Colombia peregrina, lle
vando a las espaldas la patria en un morral. Esta vez se fue.
Pero no hemos juntado en esta iglesia hoy, a medio día, a la
Academia de Historia, para llorar a un muerto. El sigue y
seguirá con nosotros, como siempre. De otra suerte, me tem
blaría la voz y no sería capaz de leer estas páginas. Lo único
que cabe en este caso es seguir la tarea, como él nos la dejaba
cada vez que salía. Hacer de su memoria un canto de vida y
esperanza, sencillamente.
Hace poco más de cincueta años, hacia 1936, fui al Soco
rro. Recogía entonces materiales para un libro sobre los Co
muneros. Iba con él, y echamos a andar por calles y plazuelas.
Entramos a la Iglesia, al cabildo, a las casas viejas. Salimos
a las veredas. El se lo sabía todo, piedra por piedra. Entonces
supe cómo nace la historia. Había que llegar al fondo de la
provincia para entender las cosas de la patria. Lo del Socorro,
para él, era una pasión de libertad que renacía entre sus ma
nos. Pensar que Manuela, la campesina cualquiera, había aga
rrado las tablas donde estaban pintadas las armas del Rey, y
las había tirado a la hoguera! Audacia parecida no se había
visto. Cuando se supo en Santa Fe, enrojecieron de ira los oi
dores. Hablando de esto con Horacio, tuve entonces la sensa
ción de moverme por calles y caminos con el último de los
comuneros, con el primero de los de la Provincia granadina.
Con el eterno estudiante de la revolución.
756 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Hoy no es tan patente el sentido de la palabra revolución
como en aquellos diálogos en que Horacio la revivía. Entonces
sí, cuando el Socorro se adelantaba a Santa Fe a dar el grito
que aquí sólo resonó el 20 de Julio. Aquello quería decir en
frentar la república democrática a la colonial del Rey. Derrum
bar en América la más antigua de las instituciones europeas.
Sacudir los cimientos del imperio y derrumbarlo. Cuando en
el Socorro se dio el grito anticipado, no era sino el eco de lo
que Manuela le cantó al mal gobierno, cuarenta años antes.
Horacio me contaba estas cosas, y ya estaba recogiendo los
primeros papeles para las 600 páginas que vino a tener su libro
sobre el Socorro. O le seguía la pista a un cura fabuloso, el
canónigo Rosillo, socorrano a quien el pueblo de Santa Fe
sacó del convento que se le había dado por cárcel. De cada
episodio de esto salía un libro, muchas lecciones en las uni
versidades, lecturas en la Academia. Pero, sobre todo, se abría
un camino nuevo para el comunero, provinciano, republicano
que iba surgiendo de estas exploraciones del pasado. Y se hizo
masón.
¿Por qué? Por las mismas razones que tuvieron Miranda,
San Martín, O’Higgins, Bolívar, Santander... Y Washington
y Jefferson y Franklin... Y los italianos de la Unidad y los
polacos defendiéndose de rusos y germanos... El despotismo
obligaba a buscar caminos subterráneos, y sólo podía vencér
sele conspirando, apretando en un secreto mágico a los hom
bres libres. Esto explica la razón de ser de las logias. Washing
ton decía que sin este auxiliar misterioso no habría podido dar
una batalla. Todas las revoluciones de Europa siguieron estas
soluciones que aquí introdujeron desde San Martín hasta José
Martí... Rastreando Horacio los caminos ocultos de la libera
ción fue avanzando, avanzando hasta llegar al punto maravi
lloso en que se dio el paso grande en la vida americana: Se
saltó de la guerra de Independencia a la vida civil de la repú
blica. Entre los de nuestra generación fue el más ¡ilustrado de
todos los Santanderistas. El que estudió hasta sus raíces la
vida y obra del Hombre de las Leyes.
Muchas veces habremos de preguntamos siempre qué es
más hermoso en la vida del continente americano, si las mara
villas del descubrimiento hace quinientos años o la proclama
ción de las independencias entre 1776 y 1810. Como hay que
saber qué es más decisivo para nosotros, si haber ganado en
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 757
la guerra la independencia con las armas o conquistado en la
república la libertad civil con las leyes. Desde el primer día
en que hubo un emigrante que saliera de Europa en busca de
un nuevo mundo, hasta hoy, las dos palabras mágicas que
han movido al hombre en busca de su liberación han sido
las que aparecen en la frase esclarecedora de Santander que
le han dado la vuelta al mundo: Independencia y Libertad.
Mientras las armas no sean el instrumento de las leyes que
dan la libertad, habrá que maldecirlas quijotescamente por
que llevan a la esclavitud. Esta filosofía elemental ha colocado
el nombre colombiano en el nivel más alto de las democracias,
y fue signo resplandeciente que llevó al Libertador a señalar a
Santander como autor de las leyes que han elevado a Colombia
sobre la barbarie de los despotismos. En Horacio fue una pasión
decirlo y publicarlo al punto que a pocos meses de este día lo
vimos trabajando, como si no tuviera más de los veinte años
que le conocí en el Socorro, en lo que será su última obra
escrita, la de la Educación bajo los gobiernos de Francisco de
Paula Santander.
Con pasos seguros, Horacio entró a vivir la formación de
la República y se hizo radical. Colombia tenía que radicalizar
el ideario de al nueva democracia para deslindar la república
de la colonia. Era la federación el primer paso. Por mantener
el centralismo bogotano, residuo del monarquismo europeo,
había ocurrido como primer resultado, después de Ayacucho,
la separación de Venezuela y Ecuador. Decir que el pueblo
granadino carecía de vocación republicana por inmadurez de
las provincias, era olvidar lo que habían sido El Socorro, Po-
payán, Cali, Cartagena, Antioauia, Tunja o Neiva en la for
mación del diario colombiano. Mantener sometidos a los
municipios por incapaces de desarrollar el núcleo original de
la república era desconocer el hecho elemental de como los
cabildos abiertos fueron el primer principio de la emancipa
ción. Horacio, para ser federalista y radical, tenía a la mano la
historia del Socorro. Y en escala mayor la de la provincia
santandereana. El error de arranque en nuestra vida estatal
estuvo en no comenzar educando al hombre federal, como
debería llamarse al nuevo ciudadano surgido de la revolución.
Los nombres que pudiéramos dar a Horacio para definirlo
son, en su mayoría, mal tratados en el lenguaje político: Co
munero, revolucionario, santanderista, masón, radical, federa
758 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
lista... Para entender hay que entrar en una explicación y
situar cada vocablo en su justo sentido pedagógico. La expli
cación es muy simple: Horacio era liberal. Y aquí es el punto
en que abre uno el diccionario y se siente perdido, burlado.
Para comenzar, no pensaremos en el partido de la bandera
encamada. Ser liberal, es ser generoso, justo, desprendido. El
diccionario considera la palabra como un adjetivo que designe
a quien obra con liberalidad. Lo que querríamos nosotros para
este caso sería una página con desbordamientos románticos
en que apareciera un hombre desprovisto de reservas mezqui
nas, de limitaciones que lo empequeñecen y disminuyen. Hasta
en las artes, se reconocen las que son liberales porque requie
ren el ejercicio del entendimiento. El hombre liberado se acerca
al que reconocía Descartes como el único digno de su filosofía:
el que piensa, luego existe. Claro que Horacio era liberal al
rojo vivo por el apasionado ejercicio de su liberalidad, y la
bandera de Colombia en sus manos encendía como una llama
la tercera de las franjas. Pero no le llevaba a distanciarse de
nadie, porque su mano franca lo mismo se apretaba para sa
ludar a los correligionarios que al más conservador de sus
amigos.
Este compañero sin par a quien no he venido a despedir
porque sería imposible, seguirá estando con nosotros como lo
estuvo hasta el último día en que lo vimos sentarse a nuestra
larga mesa de trabajos. Cualquiera que fuese la silla que ocu
para en ella reposaba, no digamos la cabeza de la reunión,
sino el corazón ardiente, palpitante. Que no haya nunca ja
más nadie de entre nosotros que vaya a decir que Horacio ha
muerto. Para el que crea como para el que no crea, él estará
siempre presente en sus libros, en su recuerdo, en la memoria,
y en la vida normal de quienes vivimos repasando el origen
de la nación colombiana. A pesar del mal tremendo que le
agarró por dentro, tuvo una felicidad en los últimos meses:
la de sus delirios. Relataba sus experiencias por el mundo, ha
ciendo amigos en Tokio, en Lima, en París, en Moscú o en
Atenas, hablándoles de las cosas buenas de Colombia... Pobla
ba de nombres el ambiente de la alcoba, y una muchedumbre
que venía de todos los continentes, le acompañaba... Así ire
mos todos, de ahora en adelante, con la fidelidad de los estu
diantes que le seguían cuando ya se había cerrado la lección
y era imposible suspender el diálogo.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 759
Todo esto que he dicho y lo más que callo, tienen mucho
de personal, pero
* como presidente de la Academia quiero hacer
una súplica al gobierno colombiano. Formó Horacio en más de
medio siglo de amor a los libros una biblioteca, la mejor de
cuantas han reunido entre nosotros papeles colombianos. A
ella tenían que ir cuantos estudiaban sobretodo la política
de la república. Ahí están folletos que sólo él había descu
bierto en tiendas de antigüedades o por el azar feliz de su
suerte y su curiosidad. Es una colección que en la Biblioteca
Nacional prestaría un servicio excepcional, y que valdría como
el mejor monumento al gran Historiador.
La biblioteca de Horacio es un monumento nacional. Las
palabras que vienen al discurso recordando su vida están mu
chas veces envueltas en la polvareda de la lucha, pero hay un
final que se sobrepone a todo, su pasión por la tierra colom
biana. En ella estaba él de cuerpo entero con su pasión y su
esperanza.
CONTRIBUCION A LA BIBLIOGRAFIA
DE HORACIO RODRIGUEZ PLATA
Por Jorge Morales Gómez
Este intento por recopilar la obra del ilustre historiador
socorrano Horacio Rodríguez Plata se inscribe dentro del ho
menaje que la Academia Colombiana de Historia le tributa a
su memoria. Sin duda se nos escaparon algunas referencias,
pero creemos que de todos modos es un intento que puede fa
cilitar la consulta de su enorme producción bibliográfica y
permitirá apreciar de algún modo, los intereses y tendencias
del insigne intelectual recientemente fallecido.
La vida y obra del general Santander, la figura de Nariño,
la participación del Socorro en la gesta emancipadora y el pen
samiento de los radicales, así como las capitulaciones comu
neras de Zipaquirá constituyeron temas predilectos de su plu
ma y de su inteligencia.
Horacio Rodríguez —“mi tío Horacio”— descolló notable
mente en el tratamiento de las semblanzas ideológicas de sus
biografiados, sobre todo de Santander y Obando. Sin embargo,
también produjo una magistral obra de carácter sociológico
como fue “La inmigración alemana al estado soberano de
Santander en el siglo XIX”.
Firmemente sostuvo tesis como la conciencia de indepen
dencia que tenían los Comuneros, la desvinculación de San
tander en la conspiración septembrina, la inocencia de Obando
en el crimen de Berruecos, la eficacia y bondad de los gobiernos
radicales, y reflexivamente mantuvo reservas sobre el centra
lismo de don Antonio Nariño y sobre su defensa en 1823.
762 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
No quisiera terminar esta muy breve nota introductoria
a la obra de Horacio Rodríguez Plata sin mencionar su enorme
conocimiento sobre la bibliografía colombiana en casi todos los
órdenes. De él aprendí mucho sobre el desarrollo político del
país y respecto a fuentes escritas para averiguar el mismo. Pre
cisamente, como una muy corta manera de mostrar mi enorme
gratitud hacia él, presento la bibliografía que sigue a conti
nuación.
Quiero agradecer muy sinceramente la colaboración de la
tía Virginia y sus hijos quienes no solo me permitieron consul
tar en extenso la biblioteca particular de su propiedad, sino que
además me ayudaron —especialmente Juan Camilo— nota
blemente en la localización de ciertos títulos. A todos ellos, mil
gracias.
♦ * *
LISTADO BIBLIOGRAFICO
Abreviaturas utilizadas:
BCB: Boletín Cultural y Bibliográfico de la Biblioteca Luis An
gel Arango, Bogotá.
BHA: Boletín de Historia y Antigüedades. Academia Colom
biana de Historia, Bogotá.
LD: Lecturas Dominicales. El Tiempo, Bogotá.
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ga.
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(301-302): 879-901. Bogotá.
3. b Origen y fundación del Socorro. Estudio.
94-96: 251-272. Bucaramanga.
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Vélez y conquistador de sus tierras. Estudio.
101-102: 155-194. Bucaramanga.
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403-408. Bucaramanga.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 763
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bia. Estudio. 97-100: 4-12. Bucaramanga.
7. 1941 10 de Julio de 1810 (Independencia del Soco
rro) . BHA. 28 (326): 1057-1077. Bogotá.
8. a Informe del Director de Educación Pública al
Gobernador de Santander. Bucaramanga, Im
prenta del Departamento.
10. b Juan Francisco Gómez Pinzón. En: Libro
Olímpico de Bucaramanga: 40-42. Bucara-
manga, Carlos Albarracín Tavera, editor.
11. c La primera escuela y el colegio del Socorro.
Estudio. 108-111: 7-36. Bucaramanga.
12. ch Medidas agrarias antiguas. Hacaritama. 77:
247-252. Ocaña.
13. d Régimen de la educación pública en Santan
der. Disposiciones reglamentarias dictadas en
Santander durante los meses de febrero y
marzo de 1941. Bucaramanga, Imprenta del
Departamento.
14. 1942 Apuntes para una historia del periodismo en
Santander. En: Conferencias dictadas en el
Centro de Historia de Santander: 9-39. Buca
ramanga, Imprenta del Departamento L
15. a Discurso en la sesión solemne que tuvo el
Centro de Historia de Santander, el día 12 de
octubre de 19412. Estudio. 120-123: 4-10. Bu
caramanga
16. 1943 Apuntes para una historia del periodismo en
Santander. Estudio. 133-135: 10-22. Bucara-
manga.
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demia Colombiana de Historia3.
18. a Conferencia dictada en el Centro de Historia
de Santander el día 2 de junio de 19444. Es
tudio. 145-152: 31-53. Bucaramanga.
764 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
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ra en Cali. BHA. 31 (351-352): 87-95. Bogotá.
20. C Los Azueros y la conspiración del 25 de sep
tiembre. Estudio. 153-154: 116-131. Bucara-
manga.
21. ch Palabras al tomar posesión de la presidencia
del Centro de Historia de Santander. Estudio.
155: 195-196. Bucaramanga.
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por Guillermo Hernández de Alba y Fabio
Lozano y Lozano. Revista de América. 1:
xxi-xxxiv. Bogotá.
23. (Reseña).
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libro “Los Comuneros” de Germán Arciniegas.
Revista de América. 3: 461-413. Bogotá.
24. b Quién es el dictador de Santo Domingo. Revis
ta de América. 10: 115-132. Bogotá.
25. 1949 Rosillo y Cadena5. BHA. 36 (417-419): 483-
489. Bogotá.
26. 1950 Homenaje al doctor Emilio Robledo. BHA. 37
(432-434): 698-700. Bogotá
27. 1951 La Gobernación de Urabá, Provincia del Da-
c rién. En: Curso Superior de Historia de Co
lombia. 4: 7-111. Bogotá, Academia Colom
biana de Historia.
28. Restrepo, Canal, Carlos y Liévano, Roberto
a (coautor). La libertad de los esclavos. Infor
me. BHA. 38 (441-443): 570-572. Bogotá.
29. b Los Comuneros (conferencias). Bogotá, Aca
demia Colombiana de Historia
30. 1952 Discurso al tomar posesión de Académico de
Número en la Academia Colombiana de His
toria. BHA. 39 (455-456): 392-414 Bogotá7.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 765
31. 1953 Discurso en respuesta al de don Roberto Lié-
vano en su posesión como miembro de núme
ro de la Academia Colombiana de Historia.
BHA. 40 (459-461): 98-121. Bogotá.
32. a El arzobispo Mosquera como hombre de esta
do. BHA. 40 (469-470): 642-659. Bogotá.
33. b El centenario del arzobispo Mosquera. Dis
curso pronunciado en Popayán. LD. Noviem
bre 27: 2, Bogotá.
34. c Emancipador de espíritus: Don Antonio Na
riño periodista. LD. Junio 14: 4. Bogotá.
35. ch Estampa de Roberto Liévano. LD. Febrero
8: 1, 4. Bogotá.
36. d Palabras del Presidente entrante en la Aca
demia Colombiana de Historia. BHA. 40 (468):
531-537. Bogotá.
37. e Palabras en el centenario de la muerte del
doctor Rufino Cuervo. BHA. 40 (469-470):
589-592. Bogotá.
38. f Primer centenario de la libertad de los escla
vos en Colombia. BHA. 40 (459-461): 1-23.
Bogotá.
39. 1954 IV Congreso Nacional de Historia. BHA. 41
(478): 442-453. Bogotá.
40. a Discurso en las bodas de oro de la Academia
Antioqueña de Historia. BHA. 41 (479-480):
569-573. Bogotá.
41. b Discurso pronunciado al hacer entrega de la
placa obsequiada por la Academia Nacional a
la de Santander. Huellas Históricas. 11: 19-25.
Bogotá.
42. c El arzobispo Mosquera como hombre de esta
do Bogotá, Editorial Sucre.
766 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
43. ch El arzobispo Mosquera como hombre de esta
do. En: Antología del Ilustrísimo señor Ma
nuel José Mosquera, arzobispo de Bogotá y
escritos sobre el mismo: 447-466. Bogotá, Aca
demia Colombiana de Historia.
44. d El médico del ejército libertador8. BHA.
(478): 413-422. Bogotá.
45. e El 10 de Julio de 1810 en El Socorro. Huellas
Históricas. 9: 27-47. Bogotá.
46. f El pensamiento económico de los revoluciona
rios comuneros del siglo XVIII. Economía co
lombiana. 1 (3): 501-507. Bogotá.
47. g Evocación de Luis Augusto Cuervo. BHA. 41
(475): 262-266. Bogotá.
48. h La Casa de la Cultura en El Socorro (reporta
je). Huellas Históricas. 9 : 79-86. Bogotá.
49. i La Casa de la Cultura. Reportaje concedido
a la revista Huellas Históricas. LD. Mayo 16:
4. Bogotá.
50. j La donación “Nieto Caballero”. BHA. 41 (481-
482): 747-748. Bogotá.
51. k Los Comuneros pedían libertad. LD. Marzo
25: 1, 4, Bogotá.
52. 1 Palabras al entregar la Presidencia de la Aca
demia Colombiana de Historia el 12 de oc
tubre de 1954. BHA. 41 (479-480): 517-519.
Bogotá.
53. 11 Trayectoria espiritual del Socorro hasta 1850.
Estudio. 239-245: 201-209. Bucaramanga.
54. m Voces de aliento". Huellas Históricas. 11: 7.
Bogotá.
55. 1955 Contestación al discurso del académico Per-
domo Escobar’". BHA. 42 (493-494): 656-667.
Bogotá,
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 767
56. a Homenaje de la Academia Nacional de Histo
ria a la Academia de Historia de Santander.
Estudio. 246: 403-411. Bucaramanga.
57. b Palabras pronunicadas en el entierro del aca-
* démico Juan Manuel Arrubla. BHA. 42 (487-
488): 259-261. Bogotá.
58. c Un hombre de gobierno u. Revista Policía Na
cional. 39-40: 16. Bogotá.
59. 1956 Breve historia de los correos en Colombia des
de la Colonia hasta 1859. Eco Rotatorio. Ene
ro-Marzo: 12-20. Bogotá.
60. a Don Manuel del Socorro Rodríguez. Revista de
América. 75: 64-74. Bogotá.
61. b Emigdio Benítez, maestro de proceres. BHA.
43 (501-502): 420-424. Bogotá.
62. c La revolución de los Comuneros. LD. Marzo
18: 3. Bogotá.
63. 1967 El arzobispo' Mosquera como hombre de esta
do. Revista Policía Nacional. 65-66: 15-24. Bo
gotá.
64. y Vargas Paul, Guillermo
1958 El General Agustín Codazzi, el más insigne
de nuestros proceres y el general Francisco
de Paula Vélez, el buen ciudadano. LD. No
viembre 16: 3. Bogotá.
65. a José María Obando íntimo (Archivo - episto
lario - comentarios). Bogotá, Academia Co
lombiana de Historia 12.
66. b Semblanza del doctor Eduardo Rodríguez Pi-
ñeres. BHA. 45 (528): 535-548. Bogotá.
67. 1959 Necesitamos comerciar con China y con los
demás países socialistas. (Entrevista) Voz de
la Democracia. Septiembre 19: 8. Bogotá.
768 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
68. a Una visita a los países socialistas. Reportaje
del senador Rodríguez Plata a Gonzalo Bue-
nahora. Sucesos. Septiembre 25: 10. Bogotá.
69. 1960 El pensamiento de los proceres en la consti
tución colombiana. Vanguardia Liberal. Julio
20: 4-5. Bucaramanga.
70. a El senador Horacio Rodríguez Plata opina so
bre el desarme (Carta de respuesta a Radio
Praga). Voz de la Democracia. Enero 14: 6.
Bogotá.
71. 1961 El movimiento de Independencia de Venezue
la En: Homenaje a los Proceres: 347-353. Bo
gotá, Academia Colombiana de Historia.
72. a Palabras pronunciadas a nombre de la Acade
mia Colombiana de Historia en la inaugura
ción del busto del General Obando. BHA. 48
(559-561): 246-250. Bogotá.
73. 1962 Momento estelar de la batalla de Boyacá
Vínculo Shell. 118: 20-25. Bogotá.
74. 1963 Biografía del doctor Manuel Plata Azuero. Bo
gotá, Facultad de Medicina de la Universidad
Nacional de Colombia.
75. a Homenaje a Roberto Botero Saldarriaga y
Abel Botero. BHA. 50 (582-583): 227-244. Bo
gotá.
76. b La antigua provincia del Socorro y la Inde
pendencia. Bogotá, Publicaciones Editoriales
Bogotá.
77. 1965 Discurso en la recepción del doctor Andrés
Soriano Lleras como miembro de número de
la Academia Colombiana de Historia. BHA. 52
(609-610-611): 483-490. Bogotá.
78. a Homenaje a un ilustre historiador. Palabras
en el entierro de Enrique Otero D’Costa. BHA.
52 (603): 19-32. Bogotá.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 769
79. b José Ignacio Bonamont, procer y fundador de
Riosucio (Caldas). BHA. 52 (604-605): OS
OS. Bogotá.
80. c La poesía popular y sus orígenes 13. LD. Oc
tubre 31: 6. Bogotá.
81. ch Las hormigas culonas en la historia y el flol-
klore. LD. Julio 18: 3. Bogotá.
82. d Las hormigas “culonas” en al historia y el
folklore. Vínculo Shell. 126: 5-9. Bogotá.
83. e Semblanza de un historiador. Discurso en el
entierro del doctor Pablo E. Cárdenas Acos
ta. BHA. 52 (609-610-611): 491-495. Bogotá.
84. 1966 Homenaje al General Santander. BHA. 53
(621-622-623): 413-430. Bogotá.
85. a Orígenes de la Universidad Nacional de Co
lombia. BHA. 53 (624-625): 609-622. Bogotá.
86. b Fedro Monsalve, mártir de la Independencia.
Revista de las Fuerzas Armadas. 41: 241-249.
Bogotá.
87. 1966-69 Las hormigas “culonas” en la historia y el
folklore. Revista Colombiana de Folclor. 10:
47-59. Bogotá.
88. 1967 Carlos Arturo Torres y Santiago Pérez. BCB.
10 1: 31-35. Bogotá.
89. a Orígenes de la Universidad Nacional de Co
lombia. LD. Octubre 1: 5. Bogotá.
90. 1968 Exordio al libro “Villa de Leyva. Tradiciones
y anhelos”, por Napoleón Ignacio Saenz. Bo
gotá, Litografía Ayudantía General del Co
mando del Ejército.
91. a La inmigración alemana al estado soberano
de Santander en el siglo XIX. Repercusiones
socio-económicas de un proceso de transcul-
turación. Bogotá, Editorial Kelly.
770 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
92. b La inmigració n alemana al estado soberano de
Santander. LD. Marzo 3: 1, 6. Bogotá.
93. 1969 Antonia Santos Plata (Genealogía y Biogra
fía). Bogotá, Academia Colombiana de His
toria 14.
94. a Antonia Santos. Revista de las Fuerzas Arma
das. 56: 257-264. Bogotá.
95. b Antonia Santos: Murió con la sencillez de una
mujer que todo lo pedía entregar a la Patria,
menos su dignidad. LD. Julio 27: 1-2. Bogotá.
96. c El momento estelar en la campaña de Boya-
cá Bogotá, Ecopetrol.
97. ch Homenaje a Roberto Botero Saldarriaga y
Abel Botero. En: El Libertador Presidente -
El Intruso - República de la Nueva Granada,
por Roberto Botero Saldarriaga: 5-24. Bogo
tá, Academia Colombiana de Historia ,s.
98. d introducción al catálogo de la Exposición
conmemorativa del sesquicentenario de la
creación de Colombia. 1819-1969. Instituto
Colombiano de Cultura.
99. e Las guerrillas patriotas y la guerra de Inde
pendencia. Actualidades Ecopetrol. 14: 26-29.
Bogotá.
100. f Plan sobre fundación de casas de cultura en
el país y sus proyecciones en la historiografía
colombiana y en la conservación del patrimo
nio histórico de la nación. BHA. 56 (660-661-
662): 561-569. Bogotá.
101. g Semblanza del historiador Roberto Botero
Saldarriaga Bogotá, Editorial Kelly.
102. 1970 Palabras pronunciadas en la recepción del
doctor Femando Galvis Salazar. BHA. 57
(672-674): 618. Bogotá.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 771
103. a Una lente que desvela la historia: Roberto
Botero Saldarriaga. LD. Diciembre 13: 6. Bo
gotá.
104. y Lee López, Alberto (comps.)
1971 Documentos sobre la campaña libertadora de
1819. Bogotá, Editorial Andes.
105. 1972 A propósito de Nariño. BHA 59 (697-698):
619-628. Bogotá.
106. 1973 Discurso en la recepción del académico nu
merario don Eduardo Santa. BHA. 60 (700):
184-190. Bogotá.
107. a Don Antonio Nariño y el federalismo. El Co
lombiano. Junio 17: 6. Medellín.
108. b Prólogo al libro “El Teniente general don
Antonio Nariño”, por el coronel Camilo Ria-
ño. Bogotá, Imprenta y Litografía de las
Fuerzas Militares 1C.
109. c Santander, intelectual y romántico. Gaceta
Histórica. 86: 27-30. Cúcuta.
110. ch Un autor y un libro. Prólogo al libro “Vida
del almirante José Padilla (1778-1828)”, por
Enrique Otero D’Costa. 2^ Ed. Bogotá, Im
prenta y litografía de las Fuerzas militares.
111. 1974 Palabras en la posesión de Alvaro García He
rrera como Miembro de número de la Acade
mia Colombiana de Historia. BHA. 61 (705):
334-340. Bogotá.
112. a Palabras pronunciadas en el entierro del doc
tor Andrés Soriano Lleras. BHA. 61 (706):
498-501. Bogotá.
113. 1975 Don Miguel de Santiestevan, juez de residen
cia del Virrey del Nuevo Reino de Granada,
don José Solís y Folch de Cardona. Caracas,
Academia Nacional de Historia.
772 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
114. a Don Miguel Santiestevan, juez de residencia
del Virrey del Nuevo Reino de Granada, don
José Solís y Folch de Cardona. En: Memorias
del segundo congreso venezolano de historia.
III. 11-38. Caracas, Academia Nacional de
Historia.
115. b Palabras en el sepelio de Roberto Liévano.
BHA. 62 (707): 85-91. Bogotá.
116. c Un hombre y un libro. Prólogo al libro “Gai-
tán, enfoque histórico”, por Horacio Gómez
Aristizabal. Bogotá, Editorial Cosmos.
117. 1976 José María Bustamante (Colombiano, procer
de la Independencia y general del Perú). BHA.
63 (713): 133-161. Bogotá.
118. a Santander en el exilio. Preceso, prisión, des
tierro. 1828-1832. Bogotá, Academia Colombia
na de Historia17.
119. 1977 Santander, intelectual y romántico. Cifras
y letras de Bogotá D. E. 7: 31-33. Bogotá.
120. a Viaje de un colombiano al Japón en el si
glo XIX.18. BHA. 64 (718): SSl^l. Bó-
gotá.
121. 1978 El general Santander, símbolo de la juridi
cidad. En: Temas Históricos-. 183-191. Mede-
llín, Fondo Cutural Cafetero (Bogotá).
122. a Influencia de “María” en la inmigración
japonesa. El Tiempo. Abril 27: LD. Bogotá.
123. b José Hilario López y la transformación nacio
nal de mediados del siglo XIX. En: Temas
Históricos: 285-291. Medellín, Fondo Cultural
Cafetero (Bogotá).
124. c Temas históricos Medellín, Fondo Cultu
ral Cafetero (Bogotá).
125. 1979 Colombia y Japón. En: Diálogo América La
tina y Japón. Simposio sobre intercambio cul
tural: 68-77. Tokyo, La Fundación Japón.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 773
126. a Palabras en la posesión de doña Pilar Moreno
de Angel como Miembro de número de la Aca
demia Colombiana de Historia. BHA. 66 (726):
382-386. Bogotá.
127. 1980 A propósito de la defensa de Nariño. En: De
fensa del general Antonio Nariño pronunciada
ante el Senado de la República el 14 de mayo
de 1823. Bogotá, Imprenta Nacional.
128. (Comp.)
a Escritos sobre el general Santander. 3 Vols.
Bogotá, Imprenta y Publicaciones de las Fuer
zas Militares 20.
129. b La esclavitud en Colombia. Correo de los An
des. 5: 61-70. Bogotá.
130. c Los Comuneros. Las Capitulaciones. Correo
de los Andes. 2 (2): 15-24. Bogotá.
131. ch Tupac Amarú y los Comuneros del Socorro.
Correo de los Andes. 6: 25-29. Bogotá21.
132. 1981 A propósito- de la defensa de Nariño. BHA. 68
(734): 785-802. Bogotá.
133. a Bicentenario de los Comuneros. El Tiempo. 30
de Marzo: 8-9F. Bogotá.
134. b Discurso del Vicepresidente de la Academia
Colombiana de Historia en la sesión realizada
en la ciudad del Socorro en nombre de la Aca
demia y Centro de Historia, allí reunidos, el
16 de marzo de 1981. BHA. 68 (732): 74-91.
Bogotá.
135. c Exégesis de las Capitulaciones de Zipaquirá.
Vanguardia Liberal. Marzo 16: 13-14. Buca
ramanga.
136. ch La Lección de los Comuneros: Breve diálogo
con el historiador Horacio Rodríguez Plata.
LD. Marzo 15: 2. Bogotá.
774 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
137 d Respuesta en nombre de la corporación al dis
curso de don Antonio Cacua Prada al tomar
posesión como Miembro de Número de la
Academia Colombiana de Historia. BHA. 68
(734): 661-665. Bogotá.
138. 1982 Crónica de un desenterramiento anuncia
do-2. BHA. 69 (315-317). Bogotá.
139. a El retorno del exilio. Revista Policía Nacional.
190: 47-63. Bogotá.
140. b Fernando Galvis Salazar. BHA. 69 (738):
682-685. Bogotá.
141. c La gobernación de Urabá y provincia del Da-
rién (Primera fundación en Tierra Firme).
En: VI Congreso Internacional de Historia de
América. 1: 455-576. Buenos Aires.
142. ch Respuesta en nombre de la corporación al
discurso de don Mauro Torres al tomar pose
sión como Miembro de Número de la Acade
mia de Historia. BHA. 69 (739): 951-955. Bo
gotá.
143. d Santander, intelectual y romántico. Consul
torio. s.n.: 25-27. Bogotá.
144. e Santander regresa del exilio. BHA. 69 (738):
577-604. Bogotá.
145. f Santander regresa del exilio. Correo de los
Andes. 16: 19-26. Bogotá.
146. g Santander regresa del exilio. Bogotá, Socie
dad Santanderista de Colombia.
147. 1983 Ante el bronce de Santander. Octubre 7, 1982.
En: Libro de Oro de Santander: 141-147. Bo
gotá, Academia Colombiana de Historia.
148. a Don Miguel de Santiestevan, juez de residen
cia del Virrey del Nuevo Reino de Granada,
don José Solís y Folch de Cardona. BHA. 70
(742): 835-863. Bogotá.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 775
149. b La gobernación de Urabá y provincia del Da-
rién (Primera fundación de Tierra Firme).
BHA. 70 (741): 505-538. Bogotá.
150. c La Nueva Granada en la gloria del Liberta
dor. De Mares. 118: 17-21. Bogotá.
151. ch Prólogo a “El libro de Oro de Santander’’. Bo
gotá, Academia Colombiana de Historia23.
152. d Prólogo al libro “Custodio García Rovira, el
estudiante mártir”, por Antonio Cacua Pra-
da. Bogotá, Academia Colombiana de Histo
ria 24.
153. e Santander regresa del exilio. En: Libro de
Oro de Santander: 89-114. Bogotá, Academia
Colombiana de Historia 25.
154. f The influence of Free Masonry on Latín Ame
rica independence an on Colombia’s political
history. In: Advance copy of the dllocution of
the Sovereingn Grand Commander Stanley F.
Maxwell, 33<? to be delivered at the 171st
annual meeting of the Supreme Council 33.
Milwaukee.
155. 1984 A propósito de la publicación de las cartas de
los sin cuenta. BCB. 21 (1): 108-111. Bogotá.
156. a El momento estelar de la campaña de Boyacá.
En: Cursillo de Historia Regional de Santan-
der. Revista de la Contraloría Departamental
de Santander, s.n.: 17-32. Bucaramanga.
157. b Homenaje al almirante José Prudencio Padi
lla. BHA. 71 (745): 296-301. Bogotá.
158. c Padilla, el almirante. Correo de los Andes. 25:
26-29. Bogotá.
159. ch y Moreno de Angel, Pilar (coautor)
Santander, su iconografía. Bogotá, Litografía
Arco.
776 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
160. 1985 Aspectos del radicalismo en Colombia. Bogotá,
Universidad Externado de Colombia.
161. a El Virrey Solís y su juez de residencia. Co
rreo de los Andes. 31: 25-32. Bogotá.
162. b Respuesta en nombre de la corporación,
al discurso de don Antonio Alvarez Restrepo
al tomar posesión como Miembro de Número
de la Academia Colombiana de Historia. BHA.
72 (750): 577-581. Bogotá.
163. 1986 Creación de la República de la Nueva Grana
da. Historia de Colombia Salvat. 61-62: 1203-
1219. Bogotá.
164. a Las hormigas “culonas” en la historia y el
folklore. Correo de los Andes. 39: 49-54. Bo
gotá.
165. b Santander, presidente de la Nueva Granada.
Historia de Colombia Salvat. 62-63: 1221-1239.
Bogotá.
166. s.f. Conferencia dictada el 23 de mayo de 1954
en el aula máxima del plantel, con motivo del
1249 aniversario del natalicio del Patrono
cívico de la institución, don Santiago Pérez,
s.p.i.
167. (coutor)
s.f. Homenaje de las Fuerzas Armadas en el cen
tenario de la muerte del general José Hilario
López. 1869 —Noviembre 27— 1969. Bogotá,
Imprenta de las Fuerzas Militares.
168. s.f. Las hormigas “culonas” en la historia y el
folklore, s.p.i. -1*1.
169. s.f. Presentación del proyecto para 1942 del Ins
tituto Comercial de Zapatoca. Bucaramanga,
Imprenta del Departamento.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 777
NOTAS
1 Biblioteca Santander, Vol. 14.
2 Homenaje al general Juan Francisco Gómez Pinzón.
3 Biblioteca de Historia Nacional. Vol. 49.
1 Sobre la participación de socórranos en las guerras de Independencia.
5 Vicente Cadena.
G Biblioteca Eduardo Santos. Vol. 2.
7 Referente a filosofía de la historia.
8 Juan Gualberto Gutiérrez.
9 A la Academia de Historia de Santander.
10 Biografía de don José Ignacio Escobar.
11 Camilo Torres.
12 Biblioteca Eduardo Santos. Vol. 12.
13 En torno al libro de Andrés Pardo Tovar, “La poesía popular co
lombiana y sus orígenes españoles”.
14 Biblioteca de Historia Nacional. Vol. 110.
15 Biblioteca de Historia Nacional. Vol. 111.
1G Colección de oro del militar colombiano. Vol. I.
17 Biblioteca de Historia Nacional. Vol. 135.
ls Nicolás Tanco Armero.
19 Contenido: Los Guanes; Don Martín Galeano; Origen y fundación
del Socorro; Medidas agrarias antiguas; José Ignacio Bonafont, procer y
fundador de Riosucio (Caldas); Los Azueros y la conspiración del 25 de
Septiembre; José María Bustamante (colombiano, procer de la Indepen
dencia y general del Perú); El general Santander, símbolo de juridici
dad; Un autor y un libro (Prólogo a “Vida del almirante José Padilla”);
Biografía del doctor Manuel Plata Azuero; Antonia Santos Plata; A propó
sito de Nariño (Apartes del prólogo a .‘El Teniente general don Antonio
Nariño” del coronel Camilio Riaño; Homenaje al historiador Roberto Bo
tero Saldarriaga; Breve historia de los correos de Colombia, desde la Co
lonia hasta 1859; Semblanza del doctor Eduardo Rodríguez Piñeres; Car
los Arturo Torres y Santiago Pérez; José Hilario López y la transforma
ción nacional de mediados del siglo XIX; Viaje de un colombiano al Japón
en el siglo XIX; Primer centenario de la libertad de los esclavos en Co
lombia; Las hormigas culonas en la historia y el folklore; Palabras de
inauguración en la Casa de la Cultura del Socorro.
778 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
20 Colección de oro del militar colombiano. Vol. 11.
21 Conferencia dictada en Lima durante un congreso de historia de
América.
22 Se refiere al traslado de los restos del general Santander, de Bo
gotá a la Villa del Rosario de Cúcuta.
23 Complemento a la Historia Extensa de Colombia. Vol. 4.
24 Complemento a la Historia Extensa de Colombia. Vol. 5.
25 Ver (23).
2G Publicado en 1973 por la Universidad Nacional de Colombia, Bogotá.
INDICE ONOMASTICO
A Comuneros: 23-29-46-51-62-130-
131-133-134-135-136.
Academia Antioqueña de Histo Congresos de Historia: 39.
ria: 40. Conspiración septembrina: 20-124.
Academia Colombiana de Histo- Constitución Nacional: 69.
riaia: 36-41-52-56. Correos Nacionales: 59-124.
Alemanes: 91-92. Cuervo, Luis Augusto: 47.
Alvarez Restrepo, Antonio: 162. Cuervo, Rufino: 37.
Arrubla, Juan Manuel: 57.
Azuero (familia): 20-124. CH
Azuero, Vicente: 22.
China: 67-68.
B
D
Benítez, Emigdio: 61.
Bolívar, Simón: 150. Darién: 27-141-149.
Bonafont, José Ignacio: 79-124. Desarme mundial: 70.
Botero, Abel: 75-97. Diez de julio de 1810: 7-45.
Botero Saldarriaga, Roberto:
75-97-101-103-124. E
Boyacá (batalla): 73-96-156.
Buenaventura, Manuel María: Educación Pública: 8-11-13-169.
19. Esclavitud: 28-124-129.
Bustamante, José María: 117-124. Escobar, José Ignacio: 55.
C F
Cacua Prada, Antonio: 137-152. Federalismo: 107.
Cadena, Vicente: 25. Filosofía de la historia: 30.
Cali: 19.
Campaña Libertadora: 104. G
Cárdenas Acosta, Pablo E.: 83.
Casas de Cultura: 48-49-100-124. Gaitán, Jorge Eliécer: 116.
Centro de Historia de Santander: Galeano, Martín: 4-124.
14-15-18-21-41-54-56. Galvis Salazar, Fernando:
Codazzi, Agustín: 64. 102-140.
7ao BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
García Herrera, Alvaro: 111. O
García Rovira, Custodio: 152.
Gómez Aristizábal, Horacio: 116. Obando, José María: 65-72.
Gómez Pinzón, Juan Francisco: OteroD’Costa, Enrique: 78-110-
10-15. 124.
Gran Colombia: 6-98. P
Guanes: 1-124.
Guerrillas patriotas: 73-96-99. Padilla, José Prudencio: 110-124-
Gutiérrez, Juan Gualberto: 44. 157-158.
Países socialistas: 68.
H Perdomo Escobar, José Ignacio:
55.
Hormigas culonas: 81-82-87-124- Pérez, Santiago: 88-124-166.
164468. Periodismo: 14-16-34.
Plata Azuero, Manuel: 74-124.
I Poesía popular: 80.
Proceres: 69.
Independencia: 7-18-69-71-76-99.
Instituto Comercial de Zapatoca: R
169. Radicailsmo: 160.
J Riaño, Camilo: 108-124.
Riosucio (Caldas): 79-124.
Japón: 120-125. Robledo, Emilio: 26.
Rodríguez, Manuel del Socorro:
L 60.
Rodríguez Piñeres, Eduardo:
Libertad de esclavos: 28-38-124.
66-124.
Liévano, Roberto: 31-35-115.
Rosillo y Meruelo, Andrés María:
López, Jo.se Hilario: 123-124-167.
17-25.
M S
“María” (novela): 122. Sáenz, Napoleón Ignacio: 90.
Masonería: 154. Santa, Eduardo: 106.
Medidas agrarias: 5-12-124. Santander (Departamento y Es
Migrantes japoneses a Colombia: tado Soberano): 8-13-14-16-191
122. 92.
Monsalve, Pedro: 86. Santander, Francisco de Paula:
Moreno de Angel, Pilar: 126. 6-84-109-118-119-121-124-128-138
Mosquera, Manuel José (Arzobis 139-143 a 147-151-153-159-165
po): 32-33-42-43-63. Santiestevan, Miguel de: 113-114-
Museos: 19. 146-161.
Santo Domingo (país): 24.
N Santos, Antonia: 93-94-95-124.
Santos, Fernando: 73u96-99.
Nariño, Antonio: 34 105-107-108- Socorro, El.: 2-3-7-11-18-45-48-53
124-127-132. 76-124-131.
Nieto Caballero, Luis Eduardo: Solís Folch de Cardona, José: 113
50. 114-148-161.
Nueva Granada: 150-163. Soriano Lleras, Andrés: 77-112.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 781
T Urabá, Gobernación de: 27-141
149.
Torres, Nicolás: 120-124.
Torres, Camilo: 58. V
Torres, Carlos Arturo: 88-124. Vélez: 4-124.
Torres, Mauro: 142. Vélez, Francisco de Paula: 64.
Trujillo, Rafael Leónidas: 24. Venezuela: 71.
Tupac Amaru: 131. Viajeros: 120-124.
Villa de Leyva: 90.
U Z
Universidad Nacional de Colom Zapatoca: 169.
bia: 85-89. Zipaquirá: 135.
EVOCACION
HORACIO RODRIGUEZ PLATA
Por Jaime Duran Pombo
Viene a nuestra memoria la imagen del amigo leal, del
caballero generoso y noble, del erudito historiador y habilísi
mo investigador, del profesor eximio e insuperable por sus
conocimientos y versación en los temas que exponía, los cuales
—además— estaban cimentados en firmes y sinceras convic
ciones. Valoraba sus lecciones con un profundo respeto por
las ideas y los conceptos ajenos. Afable y espléndido en toda
oportunidad, especialmente cuando atendía en su casa. La
cordialidad fue la característica esencial de su personalidad.
Su recuerdo nos lleva a la Sede de la Academia Colom
biana de Historia. Allí actuó desde temprana edad; en 1940
fue presentado como candidato para Miembro Correspondien
te de la Academia por el Presidente de la Corporación don
Enrique Otero D’Costa, otro de los grandes de la Patria His
toria. La postulación fue aceptada y Horacio Rodríguez Plata
fue elegido Miembro Correspondiente. Era muy joven, la Uni
versidad Libre le había otorgado el título de doctor en juris
prudencia; ya había ejercido como Juez en Barrancabermeja
y al ingresar a la Academia se desempeñaba como Director de
Educación Pública del Departamento de Santander.
Desde Bucaramanga remitió en esos días su primer tra
bajo, cuyo título señala el derrotero que desde entonces tomó:
“El 10 de Julio de 1819 (Independencia del Socorro)”. Este fue
el epígrafe de la colosal e insuperable labor histórica que Ro
dríguez Plata inició entonces y adelantó en forma ininterrum
784 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
pida por el resto de su vida, esto es hasta el pasado 27 de
agosto. El escrito mencionado, según opinión expresada
textualmente por el doctor Luis Augusto Cuervo, cuando se
publicó, presentaba “Documentos interesantísimos que se dan
a conocer hoy por primera vez, relacionados con los anales
revolucionarios de la legendaria ciudad del Socorro”.
Sí. “La Legendaria Ciudad del Socorro” solar de sus ma
yores y su villa natal, la cual registra en sus anales un gran
dioso pasado. Su nombradla había sobrepasado, desde antes
de nuestro grito de Independencia, los linderos comarcanos,
también los del Nuevo Reino de Granada hasta perturbar en
cierto modo el orden virreinal de la América española durante
el movimiento de los Comuneros, el cual presentó alguna sin
cronía con la rebelión de José Gabriel Condorcarqui en el Perú
Estas agitaciones fueron precedidas por la proclamación de
Independencia de las trece colonias inglesas de América del
Norte, y, proseguidas por el levantamiento de Tiradentes en
el Brasil. Tantas y tan variadas perturbaciones no estaban
enlazadas o relacionadas entre sí; su coexistencia a finales del
siglo XVIII señalan, junto con algunos otros episodios entre
ellos la traducción por don Antonio Nariño de los “Derechos
del Hombre y del Ciudadano” originado en la Revolución Fran
cesa, la alborada de las ideas demo-liberales, las cuales se
afianzarían, precisamente, en el Nuevo Mundo llamado a ser
el Continente de la Libertad
El Socorro, su historia y sus proyecciones, fomentaron
desde niño en Horacio Rodríguez Plata, el vehemente deseo de
inquirir, averiguar y examinar cuidadosamente el pretérito de
su villa natal. Esa inquietud intelectual no tuvo límites, del
solar nativo se amplió a la Patria Granadina, a la Colombia
creada por Bolívar y organizada por Santander, a las causas y
efectos de su disolución y sus vinculaciones con esa patria
grande que es América. Esa actividad investigadora comenzó
en la juventud, nunca fue interrumpida; se acrecentó con los
años y se enriqueció con la experiencia que acumuló en su
insaciable labor histórica.
En 1947 falleció el Catedrático don Moisés de la Rosa,
Individuo de Número de la Academia Colombiana de Historia.
El sillón vacante había sido ocupado inicialmente por el doc
tor Laureano García Ortiz a quien sucedió don Gustavo Ar
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 785
boleda y luego el mencionado doctor de la Rosa. Se eligió
entonces a Horacio Rodríguez Plata quien dentro del orden
genealógico académico fue el cuarto en ocupar este sillón.
Ya elegido como Individuo de Número más sin haber to
mado posesión, al conmemorarse el 21 de mayo de 1951 el
Centenario de la Libertad de los Esclavos, llevó la vocería de
la Academia en dicha conmemoración. Presentó una afortu
nada síntesis de lo que ha sido la Trata Negrera, su implan
tación en América y en la Nueva Granada y la brega
prolongada que por su abolición se había adelantado desde
antes de nuestra emancipación de España hasta el año de
1851 en que el Gobierno de entonces obtuvo del Congreso Na
cional la aprobación de la ley que puso término a tan igno
minioso comercio. Años más tarde, el 27 de noviembre de
1969, centenario de la muerte del General José Hilario López,
el Presidente de la República doctor Carlos Lleras Restrepo
dictó el Decreto 1.908 de ese año que firmaron todos los Mi
nistros del Despacho, por el cual se honraba la memoria del
ilustre patricio especialmente “por su actuación en la termi
nación definitiva de la esclavitud en Colombia” como reza
textualmente la disposición que, además, ordenaba colocar una
placa conmemorativa en el Capitolio Nacional en la que se
grabaran los artículos sustanciales de la “Lei sobre Libertad de
Esclavos”.
El señor Presidente de la República designó a Horacio
Rodríguez Plata para pronunciar el discurso de orden en esta
conmemoración, que presidió y en donde descubrió el mármol
mencionado. Fueron las palabras de Horacio Rodríguez Plata
ese día un elocuente tributo a quienes lograren la manumi
sión definitiva de los esclavos y completó y amplió las ideas y
pensamientos que sobre este tema había expuesto' hacía más
de quince años en 1951.
El 12 de septiembre de 1952, en solemne ceremonia tomó
Horacio Rodríguez Plata posesión del sillón de Individuo de
Número para el cual había sido elegido. El recipiendario, en
su discurso de posesión, encomió la labor de quienes le habían
precedido en el sitial académico y luego disertó sobre los “As
pectos de la Filosofía de la Historia”. Abarcó el campo de la
Historia Universal desde los “Nueve Libros” de Herodoto el
Estudio de la Historia de Arnol Toynbee considerando además
la réplica que a esa obra hiciera don José Ortega y Gasset.
786 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Ofreció conceptos y apreciaciones que, además de mostrar su
vastísima cultura mantienen su vigencia; cito como un ejem
plo el siguiente:
“La Historia no debe interpretarse desde un
punto de vista exclusivo o monista: ético, geográfico,
racial, humano, etc., sino en la total complejidad de
elementos que la realidad contiene. Decir interpre
tación A o B de la Historia entrañaría a priori un
supuesto: la exégesis total de ella dentro de determi
nada tesis o doctrina con exclusión de las demás”.
He aquí una teoría historiográfica a cuyos principios
se ciñó. A este brillantísimo discurso dio respuesta don Enri
que Otero D’Costa. Son dos piezas de inapreciable calidad
literaria y filosófica.
Poco tiempo después de su posesión como Miembro de
Número, Rodríguez Plata fue elegido Presidente de la Acade
mia, cumplió excelente labor. Viene a nuestra memoria el dis
curso pronunciado en Popayán en el centenario de la muerte
del Ilustrísimo Señor Manuel José Mosquera, en el cual des
tacó la figura del prelado como hombre de Estado. Fue esta
una evaluación ecuánime del prelado que murió en el des
tierro.
Anotamos que Rodríguez Plata incursionó en la política,
ocupó por su Departamento una curul en el Congreso, se des
empeñó como Secretario de Gobierno de Santander y estuvo
encargado de la Gobernación; años después pasó por la Sindi
catura de la Universidad Nacional cuando ejercía la Rectoría
su entrañable amigo, compañero académico y emérito histo
riador Luis Duque Gómez. Hay que señalar también que Ro
dríguez Plata fue viajero en todos los continentes y ello con
tribuyó a dar a sus interpretaciones un sentimiento universal.
Cito, como una curiosidad, el haber encontrado entre las locu
ciones niponas semejanzas con expresiones y vocablos utili
zados por nuestros antesapados los aborígenes Muizcas.
Desde el pasado 28 de agosto el salón en donde se efec
túan regularmente las sesiones ordinarias de la Academia
Colombiana de Historia, presenta aparentemente el aspecto
normal de todos los días. En la pared del fondo, vigilantes,
como las concibió para esta Corporación y este local el pincel
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 787
del maestro Rodríguez Naranjo, amigo y coterráneo del enton
ces Vicepresidente de la Academia Horacio Rodríguez Plata,
las figuras del Libertador y de Francisco de Paula Santander.
En cada una de las esquinas los bustos de Colón y Vespucio,
en las paredes laterales los retratos de los grandes historiadores
de nuestra patria. Allí se encuentran, entre otros, Juan de
Castellanos, Juan Rodríguez Freyle, Lucas Fernández de Pie-
drahita, Fray Pedro Simón, José Manuel Restrepo, José María
Vergara y Vergara, José Antonio de Plaza, José María Quijano
Otero, José Manuel Groot, Vicente Restrepo, Joaquín Posada
Gutiérrez, José María Cordovez Moure, Soledad Acosta de Sam-
per, Agustín Ccdazzi y el autorretrato de José María Espinosa.
En el centro del Salón la amplia y ancha mesa a cuyo lado se
han colocado las sillas que ocupan quienes asisten a las reu
niones; la silla que ocupaba regularmente Horacio Rodríguez
Plata está cruzada por cintas negras en señal de luto. Del asta
del estandarte de la Academia pende un crespón negro. Así
se señala la ausencia definitiva de uno de los más distinguidos
miembros de la Academia Colombiana de Historia.
La evocación que estamos haciendo de Horacio Rodríguez
Plata nos torna de los salones de la Academia a su casa sola
riega, a su hogar, punto inicial de nuestra remembranza en
el cual doña Virginia, su esposa, eficaz colaboradora y ani
madora de sus labores, como también sus hijos nos permiten
visitar la Biblioteca. Allí se rinde perenne homenaje a los
más acrisolados valores patrios Ese era el lugar preferido de
Rodríguez Plata para compartir con sus amigos.
Esta biblioteca, reunida en varios lustros de estudio e
investigación, es una colección magistral de las más disímiles,
raras y curiosas piezas bibliográficas que como documentos
históricos se han producido e impreso en Colombia. Allí está
tangible la actividad investigadora de Rodríguez Plata.
Germán Arciniegas, como Presidente de la Academia Co
lombiana de Historia, pronunció durante los funerales, a
nombre de la Corporación, una brillantísima oración en la
cual resaltó especialmente su generosidad intelectual, ese ser
dadivoso de sus conocimientos, de sus libros, de sus experien
cias que estaban siempre a la orden de quien las necesitase.
Enrique Isaza Morris, gran Maestre de 7a Logia Central de
Colombia, expresó en el acto de inhumación del cadáver el
788 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
sentido ético de las convicciones morales e intelectuales que
constituyeron su regia personalidad: “Fraterno, noble, devo
to e íntegro” le llamó con toda justicia: un representante de
la Casa de la Cultura del Socorro que Rodríguez Plata ideó,
creó y patrocinó, le llamó hijo epónimo del Socorro y el último
de “Los Comuneros”. Pilar Moreno de Angel en el nobilísimo
escrito que publicó “El Tiempo” pocos días después de su deceso
sintetizó su trayectoria así: “Vida llena de interés la de este
hombre polifacético. Viajero incansable y atento, descubría
el rincón de lo inesperado, adquiría la joya bibliográfica o se
interesaba en las gentes y costumbres de otros lugares y
países”.
Su familia, la Academia Colombiana de Historia y la Ca
sa de la Cultura del Socorro saben ya, pese a las oraciones
fúnebres, a los negros crespones del estandarte y la silla, al
dolor de los suyos, que Horacio Rodríguez Plata no está au
sente. Sus investigaciones y sus escritos constituyen un patri
monio histórico y cultural de América, Colombia y el Socorro.
A medida que continúe transcurriendo el tiempo, su obra se
valorizará día a día. Es patrimonio más que de las genera
ciones actuales de las futuras. Sus familiares y amigos guar
darán el recuerdo de su gallardía y evocarán al maestro
volviendo a leer: “Santander en el exilio”, “El canónigo Ro
sillo”, “La antigua provincia del Socorro y la Independencia”,
“Antonia Santos” o cualquiera de sus múltiples obras y es
critos. Sí, Horacio Rodríguez Plata no se ha ido, está presente
en su obra admirable.
Bogotá, D. E., 28 de septiembre de 1987.
MURIO EL HISTORIADOR HORACIO RODRIGUEZ
Poco después de las siete de la mañana de ayer falleció
en su residencia de Bogotá, luego de una prolongada dolencia,
el eminente historiador, escritor y catedrático Horacio Ro
dríguez Plata.
Distinguido exponente de la cultura y de las letras nacio
nales, Rodríguez Plata fue miembro honorario de la Academia
Colombiana de Historia. De ella fue presidente en varias
oportunidades y hasta hace algunas semanas fue miembro de
número.
Había nacido en Socorro, Santander, el 19 de marzo de
1915. Abogado de la Universidad Libre, desempeñó las secre
tarías de gobierno, de hacienda y de educación en diversas
administraciones de su departamento. Fue igualmente Gober
nador encargado del mismo, así como representante y senador
en varios períodos.
De muy activa personalidad e insuperable voluntad de
servicio, Rodríguez Plata fue, igualmente, director del Insti
tuto Colombiano de Cultura, fundador de la primera Casa de
la Cultura que se abrió en Colombia, precisamente la del
Socorro, que ahora lleva su nombre.
Fue catedrático de Historia de Colombia y de especialida
des jurídicas en las Universidades, Nacional, Libre, Jorge Ta-
deo Lozano, Andes y del Rosario, y Director de Cursos de Post
grado en Historiografía en la Universidad Externado de Co
lombia. Desempeñó igualmente la Dirección del Departamen
to de Humanidades del Colegio Oftalmológico de Colombia,
en donde fue profesor de Historia de Colombia.
En actividades complementarias fue el presidente de la
Sociedad Santanderista de Colombia. En diferentes oportuni
dades realizó viajes por los más diversos países, además de
790 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
haber asistido al Congreso Mundial de la Paz y haber presidi
do el Consejo correspondiente. Hace algunos años fue Síndico
de la Universidad Nacional, cuando desempeñó la Rectoría
de la misma el doctor Luis Duque Gómez.
Rodríguez Plata había contraído matrimonio con la dis
tinguida dama santandereana doña Virginia Gómez Tapias, y
fueron sus hijos Hernando, Germán, María Virginia, Horacio,
Daniel y Juan Camilo.
El registro académico del doctor Horacio Rodríguez Plata
fue, igualmente, uno de los más nutridos y brillantes. Perte
neciente a diversas instituciones del país y del exterior, fue
de manera principal destacadísima unidad de la Academia
Colombiana de Historia, su Presidente en varias oportunidades,
así como Correspondiente de la Real Academia Española de la
Historia y de otras varias nacionales y extranjeras.
Entre sus trabajos más destacados están “José María
Obando Intimo”, “Santander en el exilio”, “La antigua pro
vincia del Socorro”, “El movimiento comunero de 1781”, “La
inmigración alemana a Santander en el siglo XIX”, “Antonia
Santos Plata”, así como su valiosísima contribución de los
volúmenes de la Historia Extensa de Colombia.
Una de sus recientes realizaciones, en colaboración con la
historiadora Pilar Moreno de Angel, fue la Iconografía del Ge
neral Santander.
Su cadáver fue colocado en cámara aridente en el salón
central de la Academia Colombiana de Historia. Anoche fue
trasladado a la Funeraria de Cristo Rey, donde se llevarán a
cabo las exequias en la mañana de hoy.
(De “El Tiempo”, sábado 29 de agosto de 1987)
❖ * *
FALLECIO EL HISTORIADOR
HORACIO RODRIGUEZ PLATA
El prestigioso abogado, historiador, folclorista y catedrá
tico santandereano Horacio Rodríguez Plata falleció ayer en
Bogotá a consecuencia de grave y prolongada enfermedad.
Serio investigador histórico, ameno y prolífero escritor,
fue considerado como el mejor biógrafo del general Francisco
de Paula Santander, sobre quien publicó varias y densas obras.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 791
Oriundo de la ciudad del Socorro —a la que quiso entra
ñablemente— Rodríguez Plata desempeñó destacados cargos
públicos y particulares y perteneció a las más renombradas
academias y centros de historia del país y del exterior.
Nació en marzo de 1915, adelantó sus estudios de bachi
llerato en los colegios San Bartolomé y de Ramírez, en Bo
gotá, y se graduó de abogado en la Universidad Libre.
Contrajo matrimonio con doña Virgina Gómez, unión de
la cual nacieron seis hijos: Hernando, Germán, María Virgi
nia, Horacio, Daniel y Juan Camilo.
Desde joven abordó los temas históricos, folclóricos y an
tropológicos, y demostró su interés por todos los valores y tra
diciones del departamento de Santander.
Juez y académico
Su carrera profesional comenzó cuando entró a desem
peñarse como juez de circuito de Barrancabermeja y siguió
escalando posiciones hasta llegar a la vicepresidencia y la
presidencia de la Academia Colombiana de Historia.
En su departamento fue director de Educación Pública,
Secretario de Hacienda, Secretario de Gobierno y Encargado
de la Gobernación por dos meses en 1942. Fue, además, pre
sidente y organizador de los Juegos Atléticos de Bucaramanga.
Posteriormente, y como militante del Partido Liberal, fue
representante a la Cámara por Santander. Retirado de la ac
tividad política, se dedicó a la cátedra y a la investigación his
tórica. Fue profesor de historia, geografía e instrucción cívica
en el Gimnasio Femenino; de historia política en la Facultad
de Derecho de la Universidad Nacional y de Historia de las
Ideas Políticas en la Universidad Libre.
En el momento de su deceso venía desempeñándose como
director del programa de postgrado en la Universidad Exter
nado de Colombia, profesor de historia política en la Universi
dad de los Andes y director del Departamento de Humanidades
del Colegio Odontológico Colombiano.
Igualmente, fue miembro de número y dos veces presi
dente de la Academia de Historia de Santander, miembro de
las Academias de Historia de Cartagena y Antioquia; de los
792 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Centros de Historia de Cúcuta, Ocaña y Pamplona, y vicepre
sidente y presidente de la Academia Colombiana de Historia,
de la cual era en la actualidad miembro honorario.
Algunas obras
Escribió numerosas e interesantes obras históricas, muy
bien documentadas, entre las cuales se destacan: Antonia San
tos Plata (genealogía y biografía), El arzobispo Mosquera como
Hombre de Estado; Aspectos del Radicalismo en Colombia; Es
critos sobre el general Santander; Historia del Periodismo en
Santander; La inmigración alemana al Estado Soberano de
Santander en el siglo XIX; José María Obando, íntimo; San
tander en el exilio; Santander y su iconografía; Andrés María
Rosillo; Los Comuneros; La Antigua Provincia del Socorro y
La Independencia. Fue colaborador constante del Boletín de
Historia y Antigüedades.
En el folclor
Conocedor profundo de la idiosincrasia santandereana,
de agradable y fácil conversación, Rodríguez Plata dejó tam-
biín varios escritos sobre folclor regional. Por su conocimiento
en estas materias, fue miembro de la Comisión Nacional del
Folclor.
Escribió un libro sobre Folclor Santandereano, Coplas po
pulares y amenos artículos referentes a la hormiga culona.
Un cáncer en el páncreas acabó con la vida de Rodríguez
Plata, cuyo cadáver fue velado durante la tarde de ayer en
la sala de sesiones de la Academia Colombiana de Historia
y luego llevado a la cripta de Cristo Rey, en donde hoy sábado,
a las 12:30 del día, se realizarán las exequias.
Los despojos mortales serán llevados luego al parque ce
menterio Jardines de Paz, para su sepultura.
(De “El Espectador”, sábado 29 de agosto de 1987)
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 793
HORACIO RODRIGUEZ PLATA
Por Alfonso Gómez Gómez
Horacio Rodríguez Plata enalteció con brillo la Cultura
Nacional, la sirvió con generosa constancia de investigador y
creador de vida histórica. Vivió absorto en el mundo histórico,
en la historiografía, dedicado al hombre histórico, en el trans
curso de su fecunda existencia, es decir, dedicado al trascen
dental significado de la cultura, para deducir lo que el hombre
ha representado anteriormente, en la conexión de lo que ayer
fue presente y hoy es pretérito.
Vivió Horacio una estrecha relación entre la historia y la
vida, siguiendo el pensamiento de Dilthey: “Allí donde ha
transcurrido la vida y es comprendida, tenemos historia”. De
dicó muchas vigilias a la crítica histórica, escudriñando la
determinación de los hechos pasados entrelazados con el pre
sente, buscando lo que nos aconteció ayer y nos rodea hoy.
Pulsó las vivencias de los problemas generales de Colombia
y del mundo; vivencias vocablo referido a “vivir”, a la reali
dad que a nadie escapa, y que es “revivencia” cuando com
prende el pasado, y “convivencia” cuando se refiere al presente.
En varias obras, cerca de una docena, queda inscrita su
figura pública, su connotación eminente de santandereano,
entrañable de socorrano, que con proyección intelectual espi
gó exitosamente en la política y en el gobierno de su departa
mento. Sin deserción alguna inclina ahora su cabeza delante
de lo irremediable, cual exponente eximio de una generación
que en él como en otros coetáneos viene pagando alto estipen
dio de tumbas.
Hagamos referencia especialmente a sus leídos libros: Los
Comuneros, La Antigua Provincia del Socorro y la Colonia,
Historia General de los Estados Unidos de Colombia 1860-1885,
el Periodismo en Santander, José Hilario López, Andrés Ma
ría Rosillo y Meruelo, Santiago Pérez, Diccionario Bibliográfico
de Proceres de la Antigua Provincia del Socorro, La Inmigra
ción Alemana en el Estado Soberano de Santander en el Siglo
XIX, José María Obando Intimo, Temas Históricos, y su obra
794 BOLETÍN DE HISTOBIA Y ANTIGÜEDADES
culminante Santander en el Exilio. La Casa de la Cultura del
Socorro es testimonio de su devoción por su terruño, valor po
sitivo irrenunciable que en él adquirió mística elación.
Su vida académica fue un magisterio permanente, su per
sonalidad fue un vigoroso ejemplo humano; su pluma ágil, su
palabra docta, su dominio idiomático atractivo, su inteligen
cia clara fueron sus dotes sobresalientes para su admirable
tarea que exaltamos con voz de reconocimiento, y con expre
sión de solidaridad con su esposa y sus hijos. Bien podemos
decir a Horacio cuando emprende su viaje sin retorno con el
poeta Serguei Vikulov:
Al ponerte en camino nunca olvides
que es en sus obras donde el hombre vive,
pues todo lo demás queda olvidado,
como el polvo de ayer, que ya no existe.
(De “Vanguardia Liberal”, sábado 29 de agosto de 1987)
♦ * *
HORACIO RODRIGUEZ PLATA
Por Arturo AbeUa
El temperamento de Horacio se reflejaba en sus libros:
franco, descomplicado, iba a lo que iba y con una documen
tación invulnerable, narraba sin rodeos la historia pero sin
dejar su buen humor. Comenzamos a conocer su obra con la
biografía del canónigo Rosillo, cuya inmoralidad lo llevó al
procerato. Rodríguez Plata descubrió la verdad y descorrió el
velo sin tapujos, pero con el respeto que le merecía, no el ca
nónigo, sino la verdad histórica. Y así también descorrió el
velo que ocultaba a las Ibáñez y a don Miguel Saturnino Uribe.
Era bolivariano, pero no incondicional y en sus últimos días,
quería hacer un debate sobre la “bolivatría”, término que acu
ñó para contar otras intimidades del Libertador. No sabemos
si las dejó escritas.
Pero su admiración —sobra decirlo— era Santander. Tam
bién sin ser incondicional. Lo siguió paso a paso en su destierro,
como siguió paso a paso a “Obando íntimo”, obra esta que abre
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 795
otros horizontes en torno del caso “Berruecos”. Era un inves
tigador que logró evadir tanto lugar común que se ha escrito
sobre nuestra crónica nacional. Asistía a nuestras conferencias
clandestinas en los talleres de El Siglo, en tiempos de Rojas
Pinilla. Difícil encontrar un conversador más ameno y diestro
en la polémica, porque conocía la historia y parecía vivirla con
sus interlocutores. Y gozarla en esa biblioteca que deja tesoros
bibliográficos y documentos inéditos, biblioteca que recorría
con sus amigos, donde no se perdía un segundo de la charla
porque el dato estaba a la mano y el dueño de casa conocía a
ciegas sus tesoros. A través de su obra continuaremos las char
las con Horacio.
(De “El Siglo”, domingo 30 de agosto de 1987)
♦ * *
LA MUERTE DE HORACIO RODRIGUEZ PLATA
Por Horacio Gómez Aristizábal
Hondamente conmovidos registramos la muerte del gran
historiador y amigo excepcional, doctor Horacio Rodríguez
Plata. Su obra, en el campo de la investigación histórica, deja
una huella de nítidos perfiles. Con este varón muere uno de
los grandes catedráticos del país. Siempre se le tomó en serio.
Se le respetaba y se le pedía consejo.
Nunca dejó de investigar con avidez sorprendente. De
ahí su envidiable cultura. Fue un amigo ejemplar, discreto,
enemigo del escándalo y del exhibicionismo. En la vida ínti
ma, Horacio Rodríguez era bondadoso, comunicativo, cordial,
todo un dechado de gentileza y hombría de bien.
Horacio Rodríguez Plata deja, por fortuna una obra
científica de singular importancia. Citemos algunos de sus
trabajos: La Inmigración Alemana al Estado Soberano de
Santander en el Siglo XIX, Antonia Santos Plata, El momen
to estelar de la Campaña de Boyacá, Biografía extensa del
General Santander, La antigua provincia del Socorro, Obando.
Temas históricos, Las hormigas culonas en la historia y el
folklore.
796 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Horacio Rodríguez venía cumpliendo una destacada fun
ción en el país y en la Academia Colombiana de Historia. Re
cientemente se le había elegido Miembro Honorario, junto
con el decano de la Corporación doctor Guillermo Hernández
de Alba. Parece increíble que ya no esté presente el historia
dor Rodríguez Plata; que una persona de tanta vitalidad, tan
actuante, que llenaba tanto espacio, haya muerto. Porque
Horacio Rodríguez no era solo un humanista sobresaliente,
sino ante todo una persona, un hombre de esos con los que es
forzoso contar, que están ahí viendo las cosas históricas y ha
blándonos de ellas, sobre todo viviéndolas y compartiéndolas
con los demás. Un hombre de esos —tan pocos— que pueden
dar compañía a una comunidad entera. Hoy nos sentimos más
solos y pobres, después de su muerte. Era una persona inquie
tadora. Escribía libros y exponía tesis, para hacerlo sentir a
uno inquieto y anhelante. Horacio decía las cosas a veces en
tono iconoclasta y rebelde, siempre de un modo entrañable
y confortador. Este académico era un hombre de ideas, de los
más fecundos entre nosotros; y un hombre de libros, de los
suyos y de los ajenos, que es una de las cosas más vivas que
pueden darse, dígase lo que se quiera. Trataba las ideas de un
modo que pudiéramos llamar impaciente, como estímulos, co
mo excitantes, de manera cordial, acaso sin llegar sino pocas
veces a últimas evidencias.
En Rodríguez Plata se sumaban las más ricas virtudes que
hicieron de él un gran compañero de la Academia de Historia
y un hombre fuera de serie. Inteligencia, amor beligerante por
todo lo colombiano, ilustración, carácter. Ocupó las más en
cumbradas dignidades. Formó un hogar, orgullo de la socie
dad bogotana. Desde su más temprana juventud se hizo sentir
como todo un combatiente. “No recibía el impulso; lo daba”.
(De “El Tiempo”, agosto 30 de 1987)
❖ * *
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 797
COLUMNA DE FRANK
Horacio, masón de alto grado, del rito escocés. Yo católico
creyente hasta en el rejo de las campanas. El liberal sin una
sola debilidad. Yo godo empedernido y convicto. Y sin embar
go me unió a Horacio Rodríguez Plata una amistad límpida
y sincera, que hoy la muerte ha tronchado, y que venía de
muy atrás. Nos conocimos cuando iniciábamos ambos una ca
rrera política que tendría sus altas y sus bajas, sobre todo de
mi lado. Cuando fui por primera vez a Santander, con el an
helo de conocer y amar con conocimiento la tierra de mis abue
los, como Delegado de la Asamblea de Cundinamarca a las
Olimpiadas de Bucaramanga, que con tanto éxito organizara
Rodríguez Plata desde la Dirección de Educación del Goberna
dor Benjamín García Cadena, tuve la oportunidad de conocerlo,
y su caballerosidad y gentileza crearon un vínculo que otros
motivos más hondos hacían presentir. Fui con él a la tierra
roja de los Comuneros, y escuché de su boca erudita y emocio
nada las hazañas de Antonia Santos Plata y de Helena, su joven
sobrina, lo mismo que las proezas de la Guerrilla del Hatillo, va
liosa propiedad de quienes por encima de sus privilegios sociales
supieron ponerse al frente del pueblo oprimido y lanzarse por
los caminos de la revuelta. Fue una familia de conspiradores
natos, y Horacio contaba el número de mártires que había
aportado a la patria y su posterior dispersión y pérdida de
sus bienes. También se vanagloriaba Horacio de llevar la mis
ma sangre de don Vicente Azuero Plata, en realidad el orien
tador del liberalismo y menor del General Santander, de quien
dejó un boceto ajustado a la verdad histórica y galanamente
escrito. Su obra, por cierto numerosa, supongo que la Acade
mia de Historia, de la cual fue su Presidente, la recogerá en
edición de lujo, como bien lo merece. Estas breves líneas sólo
buscan manifestar a su señora esposa y a sus hijos, lo mismo
que al resto de sus familiares, la profunda pena que he sentido
ante la partida inevitable de quien fuera un caballero autén
tico y un intelectual e investigador de nuestra historia patria
como muy pocos los ha tenido Colombia.
(De “La República”, agosto 31 de 1987)
♦ ♦ *
798 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
HORACIO RODRIGUEZ PLATA
Por Pilar Moreno de Angel
Fue uno de los historiadores más importantes que ha dado
el país. Sabía mejor que nadie cuán cierta es la sentencia de
Santayana cuando dijo que “quien no aprende las lecciones
de la historia está condenado a repetirlas”.
Como historiador Rodríguez Plata enriqueció la biblio
grafía colombiana con numerosas obras, entre las que mere
cen destacarse: “Andrés María Rosillo y Meruelo”, “Antonia
Santos Plata”, “La antigua Provincia del Socorro en la Inde
pendencia”, “La inmigración alemana en Santander en el Siglo
XIX”, “José María Obando íntimo”. Su compilación “Escritos
del General Santander”, “Temas históricos”, “Santander, su
iconografía”, elaborado en colaboración con quien esto escri
be. Dejó un libro inédito titulado “La educación bajo los go
biernos de Francisco de Paula Santander”, el cual será
terminado por su hijo Juan Camilo.
Conoció en forma acertada y por demás bien detallada
la rica personalidad del General Francisco de Paula Santander.
Sobre un período de su vida escribió un libro admirable, “San
tander en el exilio”. Su lectura nos deja la sensación de haber
vivido con el personaje las horas amargas de su injusta pri
sión y prolongado exilio. Aquella inconmovible admiración por
el creador civil de la república estaba basada en un conoci
miento pleno de la vida y obra del procer.
Entre las facetas que formaban la rica personalidad de
Rodríguez Plata es menester destacar la del bibliófilo connota
do, quien logró reunir la más rica y completa biblioteca par
ticular, sobre temas colombianos, existente hoy en día en el
país. Cuando se recorre aquella importante colección biblio
gráfica y documental, se comprende cuán destacada fue la
obra de este bibliófilo extraordinario. Puede decirse que conti
nuó la insigne labor de Anselmo Pineda y de Laureano Gar
cía Ortiz. Esta bibliografía siempre estuvo al servicio de sus
colegas y amigos con generosidad sin límites.
Vida llena de interés la de este hombre polifacético. Via
jero incansable y atento, descubría el rincón inesperado, ad
quiría la joya bibliográfica o se interesaba en las gentes y
costumbres de otros lugares y países.
fcOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 799
Con extraordinaria lucidez y generosidad dotó totalmen
te y con obras de singular valor, la Casa de la Cultura del So
corro, cuya organización habría de servir de modelo para la
creación de posteriores instituciones similares en todo el país.
En buena hora se ha determinado darle a esa Casa de la Cul
tura el nombre de su fundador.
Perteneció Rodríguez Plata a numerosas academias, so
ciedades e instituciones en las cuales se le señaló siempre con
respeto y admiración. De la Academia Colombiana de Historia
fue presidente y vicepresidente. Como miembro correspondien
te, de número y honorario, mereció siempre el acatamiento y
cariño de sus colegas.
Parte importante de su actividad diaria se desarrollaba
como catedrático de historia. Maestro por antonomasia de esa
disciplina, no tuvo par por la profundidad de sus conocimien
tos, su elocuencia y erudición.
Aspecto muy atrayente de la personalidad del ilustre de
saparecido fue su nobilísimo sentido de la amistad, la cual
practicó franca, abierta y generosamente. Hizo de esa virtud
un rito y sus amigos entendíamos a cabalidad la regla de oro
de Voltaire: “La amistad de un grande hombre es un dón de
los dioses”.
Fue un humanista en la más amplia acepción de la pala
bra. Hombre fascinante por lo gentil de sus maneras, su dón
de gentes, la lucidez de su mente, su fina cultura, su energía
intelectual y la transparencia generosa de su vida.
Fue sin lugar a dudas Horacio Rodríguez Plata un colom
biano que honró sus apellidos, su patria, su generación y a su
muy amada Academia Colombiana de Historia.
(De “El Tiempo”, sábado 5 de septiembre de 1987)
* * ❖
800 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
HORACIO RODRIGUEZ PLATA
Por Liro
Horacio Rodríguez Plata, fue un eminente socorrano que
dio brillo a la cultura nacional. Historiador fecundo, biógrafo
de proceres de la antigua Provincia del Socorro, apologista
de la heroína Antonia Santos Plata y de Helenita Rosillo, quie
nes eran sus parientes cercanos, profesional, catedrático, po
lítico y Académico de Número de la Nacional y de la Academia
de Historia de Santander. Le sirvió a la patria como Secretario
de Educación de Santander en donde su labor se valorizó con
las primeras ediciones del folclore santandereano y más tarde
como Secretario de Gobierno en 1944. En esa época hizo parte
de la mesa directiva de la Revista Orden, órgano de la Policía
Departamental, de la cual el suscrito fue fundador y director
y allí publicó importantes artículos: “Los Azueros y la Conspi
ración del 25 de septiembre” y Homenaje al Socorro.
Se desempeñó en importantes cargos nacionales. Pudié
ramos decir que el doctor Horacio Rodríguez Plata, fue el pro
pulsor del florecimiento intelectual de obras históricas del
movimiento Comunero y de los proceres santandereanos de
la Independencia colombiana, junto con los historiadores don
Fulgencio Gutiérrez, Ramiro Gómez Rodríguez y otros. Ha
gamos referencia de sus libros de carácter histórico: Los Co
muneros. La Antigua Provincia del Socorro y la Colonia, His
toria General de los Estados Unidos de Colombia, José Hilario
López, Andrés María Rosillo y Meruelo, Santiago Pérez, Diccio
nario Bibliográfico de Proceres del Socorro, La inmigración
Alemana en el Estado Soberano de Santander en el Siglo XIX,
José María Obando íntimo, Temas Históricos, Antonia San
tos Plata y Santander en el Exilio.
Rodríguez Plata pertenecía a los Rodríguez del Socorro, to
dos ilustres, bastaría citar a Eduardo Rodríguez Piñeros, ju
risconsulto comentador del Código Civil y del Derecho Usual
y al Maestro Oscar Rodríguez Naranjo, uno de los mejores
pintores latinoamericanos, premiado en París. Creó el con
curso en homenaje a José A. Morales, fue fundador de la Casa
de la Cultura del Socorro, quien actualmente acaba de ser
distinguido por las directivas de dicha Casa, que llevará su pro
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 801
pío nombre, para la cual vino a nuestra Academia de Historia
su Presidente el doctor Javier Foronda a su protocolización.
Rodríguez Plata también fue uno de los fundadores de la
Universidad Industrial de Santander, junto con los doctores
Rafael Ortiz González y Alejandro Galvis Galvis y compañero
en nuestro Parlamento.
Su muerte, ocurrida en Bogotá el 28 de agosto, a la edad
de 74 años, constituye una pérdida irreparable y nos acerca
de nuevo a la certidumbre del inevitable adiós final de seres
muy cercanos y nuestra admiración y afecto.
(De “El Frente”, sábado 5 de septiembre de 1987)
* *
HORACIO RODRIGUEZ PLATA
Por Antonio Cacua Prada
Muy difícil escribir sobre el maestro, el colega, el compa
ñero y el amigo que nos ha precedido en el viaje sin retorno.
Antes de nuestra reciente visita a tierras peruanas fuimos a
despedirnos y lo encontramos, en medio de su dolorosa enfer
medad, lleno de esperanzas y de fe en el porvenir. A nuestro
regreso ya nos tocó cargar su féretro por los mismos lugares
que tantas veces recorrimos en la Academia Colombiana de
Historia y colocarlo en el salón mayor donde cosechó sus más
apoteósicos triunfos.
Nació el doctor Horacio Rodríguez Plata, el viernes 19 de
marzo de 1915 en la blasonada ciudad del Socorro y murió el
viernes 28 de agosto de 1987 en Bogotá.
Los estudios primarios los hizo en el Socorro, el bachille
rato en el Colegio de San Bartolomé y en el de Ramírez y se
graduó de abogado en la Universidad Libre. Su actividad pro
fesional la comenzó en Barrancabermeja como Juez del Cir
cuito, pero luego se dedicó a la docencia, al servicio público
y a investigar.
Bucaramanga lo conoció muy joven, cuando en 1941 ocupó
la Secretaría de Educación, y posteriormente la de Gobierno y
la Gobernación como encargado. Organizó y presidió los Jue
802 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
gos Atléticos de Bucaramanga. Actitud altiva y valerosa cum
plió cuando el golpe militar de Pasto, en 1944, al desarmar y
poner preso al jefe de la conspiración militar en la Ciudad de
los Parques.
El periodismo fue una de sus iniciales actividades. En
1943 continuó en el Socorro el semanario “Los Comuneros”,
fundado por su padre. Después en Bogotá, editó: “Fragua”,
“El Rotario dice ” y la “Revista Filatélica”. Colaboró perma
nentemente en el diario “Vanguardia Liberal” y en las revis
tas: “Boletín de Historia y Antigüedades”, de la Academia
Colombiana de Historia; “Estudio”, órgano de la Academia de
Historia de Santander; “Colombia Ilustrada”; y “Correo de
Los Andes”. Se desempeñó como secretario privado del doctor
Eduardo Santos, y durante un mes fue director del diario ca
pitalino El Tiempo.
La provincia del Socorro lo llevó a la Cámara de Repre
sentantes y posteriormente al Senado de la República. Por
varios años acompañó al maestro Jorge Rojas en la subdirec
ción de Colcultura
La cátedra fue uno de sus remansos. Fue profesor en el
Gimnasio Moderno, y en las universidades del Rosario, Libre,
de Los Andes, Colegio Odontológico Colombiano, Externado
de Colombia y Nacional, donde también desempeñó la sindica
tura. Estuvo entre los fundadores del Instituto Universitario
de Historia de Colombia de la Academia Colombiana de Histo
ria e integró su Consejo Directivo.
Devoto de los estudios históricos, fundó el Centro de His
toria y la Casa de la Cultura del Socorro, que ahora lleva su
nombre. En la Academia de Historia de Santander ocupó la
presidencia, lo mismo que en la Academia Colombiana de His
toria, donde también fue por muchos años tesorero y vicepre
sidente. Ambas instituciones lo elevaron a miembro honorario.
Perteneció a numerosas instituciones culturales nacionales y
extranjeras.
Admirador como pocos de la vida y obra del general Fran
cisco de Paula Santander, fundó la Sociedad Santanderista de
Colombia, y se desempeñó como presidente hasta cuando en
el presente año lo exaltaron a la presidencia honoraria.
Viajero incansable recorrió casi todo el mundo. Presidió
un Congreso mundial de la Paz y al renunciar a este consejo,
ingresó como presidente al Instituto Cultural Colombo-is-
boletín de historia y antigüedades 803
raelí. Su última actividad fue la de director ejecutivo de la
Fundación Francisco de Paula Santander, entidad creada
para celebrar el bicentenario del nacimiento del procer y el
sesquicentenario de su muerte.
Escritor castizo y prolífero, entre sus muchas obras sobre
salen: Santander en el exilio, Iconografía del general Santan
der, en colaboración con la Académica doña Pilar Moreno de
Angel, La Antigua Provincia del Socorro y la Independencia.
El Canónigo Andrés María Rosillo. La inmigración alemana al
Estado Soberano de Santander. Folclor Santandereano. Anto
nia Santos Plata. El periodismo en Santander. Los Comune
ros. Temas Históricos. Selección de escritos sobre el general
Santander. Estaba trabajando dos libros: uno sobre don Vi
cente Azuero Plata y los Azueros, y la obra educativa del ge
neral Santander.
Le sobreviven su esposa doña Virginia Gómez de Rodrí
guez Plata y sus hijos: Hernando, Germán, María Virginia,
Horacio, Daniel y Juan Camilo, a quienes hacemos llegar la
sinceridad de nuestro pesar, mientras musitamos por el en
trañable amigo una férvida oración.
(De “El Siglo”, martes 15 de septiembre de 1987)
❖ * *
HOMENAJE A UN SOCORRANO EJEMPLAR
Por Gustavo Galvis Arenas
El tañir de campanas de la grandiosa catedral del Soco
rro me sacó de las tibias sábanas de mi habitación, en
el confortable hotel Tamacara. Ese día sería especial, porque
los socórranos se reunirían en la Casa de la Cultura, en com
pañía de historiadores santandereanos, cundinamarqueses y
boyacenses, a rendir un sentido homenaje al notable escritor
Horacio Rodríguez Plata, recientemente fallecido. Las calles
del Socorro me atraen por sus senderos retorcidos, las casas
de balcón volado, las esquinas castellanas y la sensación que
siento de encontrarme en medio de la historia.
804 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Salí a recorrer el pueblo, acariciado por el aire fresco de
la mañana. Subía hacia la Casa de la Cultura cuando observé
atónito cómo una mujer desnuda salía de la catedral por la
puerta seglar. Mi sorpresa fue enorme, e inicialmente creía
estar viendo visiones o alguna jugada de mis ya cansados ojos.
Las gentes que bajaban con sus vestidos recién planchados de
domingo miraban perplejos a la mujer, que con paso rápido
subía por las antañeras calles.
Pasó frente a la Casa de la Cultura, talvez con el deseo
recóndito de que los viejos proceres acudieran al balcón a
observar sus redondeces. Finalmente una amable y pudibunda
señora cubrió a la joven, posiblemente poseída de locura, o
desafiando las sociedades arcaicas, como rebelión en este
final del siglo XX. Pero este incidente no rompe la tranquili
dad de la vieja ciudad de los Comuneros, y a las diez de la
mañana comenzaron a llegar gentes del pueblo y elegantes
señoras a la Casa de la Cultura. Y se hicieron presentes los
académicos con sus rostros apergaminados. Algunos con sus
limpias barbas, ya salpicadas de canas, como el elegante ar
quitecto Corradine, y el extraordinario historiador Gómez La-
torre; otros anhelantes y discretos como Humberto Vargas,
científico e investigador y Edmundo Gavassa, escritor caste
llano y polémico.
La sesión en homenaje a Rodríguez Plata fue severa y
elegante. La banda del departamento deleitó a la ciudadanía
con algunas piezas de estirpe colombiana, y los himnos de
Colombia y el Socorro, se escucharon por los viejos corredores
y los espaciosos salones. Pudimos también oír las voces de los
coros de la Casa de la Cultura, dirigidos por el médico Her
nando González.
Y habló el presidente de la Casa de la Cultura, médico
Javier Foronda. En cortas y sentidas palabras, recordó cómo
Rodríguez Plata fue el fundador de la primera Casa de la
Cultura y su permanente protector.
El discurso de fondo estuvo a cargo del historiador pam
plonés, Armando Gómez Latorre. Fue un espectáculo mara
villoso. Con voz fuerte y viril, emocionado Gómez Latorre
disertó en frases bellas, sobre el ilustre desaparecido.
Se solazó hablando del hombre que redescubrió al Gene
ral Santander, lo exaltó en toda su dimensión histórica
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 805
y humana y le enseñó al país cuál fue la importancia de los
Comuneros y de la antigua provincia del Socorro.
Definitivamente el historiador Rodríguez Plata fue un
hombre de trascendencia. Enseñó historia y a través de su
prédica señaló senderos para la democracia.
Por la tarde regresamos con la satisfacción del deber
cumplido, recordando la voz grave y sabia de Rodríguez y to
davía perplejos por la jovencita que quiso hacer historia con
vertida en una moderna lady Godiva.
(De “Vanguardia Liberal”, miércoles 14 de octubre de 1987)
* ❖ *
MENSAJES
Doctor
Antonio Cacua Prada
Academia Colombiana de Historia
Bogotá
Rendimos homenaje a la memoria de Horacio Rodríguez
Plata, santandereano que enalteció con sus virtudes y su ta
lento a nuestra tierra y cuyo nombre perdurará en las más
acendradas tradiciones de la historia comunera. Respetuo
samente,
Alvaro Beltrán Pinzón, Gobernador.
* * *
Germán Arciniegas
Antonio Cacua Prada
Academia Colombiana de Historia
Bogotá
También llorando admirado Horacio Rodríguez Plata.
Luis Enrique Figueroa Rey, Gobernación Santander.
* * *
Antonio Cacua Prada
Academia Colombiana de Historia
Bogotá
La solidaridad en el pésame por Horacio Rodríguez Plata.
Christian Rodríguez Esparza, Secretario General
Gobernación.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 807
DECIMA
Se murió Rodríguez Plata,
no tuvo otra alternativa,
mas por su memoria grata
quiero que en nosotros viva.
Se viste la cordillera
con rosas de amanecer.
Si Rodríguez Plata viera
cómo lo ama Santander,
quizás otra vez muriera
para de nuevo nacer.
Pedro Medina Avendaño
Gabriel Carnario Pérez
LA ACADEMIA COLOMBIANA DE HISTORIA
Se complace en invitar a Ud. a la sesión solemne que cele
brará la Corporación el día 21 del presente mes a las 6 p. m. en
la que tomará posesión como Académico de Número el Doctor
Gabriel Camargo Pérez, quien disertará sobre el tema “Indí
genas y campesinos en el V Centenario de América”.
Dará respuesta el Académico de Número Doctor Otto
Morales Benítez.
Bogotá, agosto de 1987 * 7 Nv 8-95
Calle lo
Parqueadero - Calle 8* N- 8-71
INDIGENAS Y CAMPESINOS EN EL V
CENTENARIO DE AMERICA
Discurso de posesión como miembro de
Número de la Academia Colombiana
de Historia, de don Gabriel Camargo
Pérez.
Por coyuntura hondamente afortunada y grata, quiero
aludir —como preliminar de mis palabras— a un episodio que
incide en el honor de llegar a esta tribuna, para dar gracias
a Dios.
Cuando en los colegios de mi tiempo aún se dictaban
lecciones de cultura cívica e historia de la patria, a la hora
de investigación bibliográfica hallé la siguiente noticia en
el “Diario Político” de 1810:
Seis días después del 20 de Julio, fecha del florero roto y
del amanecer republicano, la Junta Suprema de Santafé re
cibió un “volante” de Sogamoso, encabezado por sus voceros
Manuel Lagos y Domingo José Benítez, ofreciendo el aporte
humano de ese pueblo- al movimiento de la revolución \
“La Junta contestó —reza el “Diario”— que for
masen en el Distrito de Sogamoso dos Regimientos,
nombrando a Lagos y Benítez por Coroneles, y auto
rizando a éstos para que creasen los demás Oficiales
a su satisfacción”.
Aquella insurgencia de gentes criollas y mestizas, impul
sada por el dolor de indígenas y campesinos, cuyos antepasa
dos habían desgarrado su alma ante las llamas devoradoras del
templo consagrado al Sol, y más tarde ante el patíbulo de su
1 Según “Alegato” del procer Emigdio Benítez, Representante de
Sogamoso al primer Congreso Republicano, reunido en diciembre de
1810, tal ofrecimiento se garantizó en “dos mil y cuatrocientos hombres
armados, uniformados, sostenidos y asalariados a sus expensas, para
reparar el dón divino de nuestra libertad”.
812 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Capitán comunero don Lorenzo Alcantús, oteaba un horizonte
de alivio para la clase aldeana, y legaba un acicate de aliento
a la lucha por venir.
El 6 de septiembre siguiente, en aprecio de tan genuino
patriotismo, la mentada Junta Suprema otorgaba el título
de Villa a la antigua “Roma de los Chibchas”, y facultábala
para usar Escudo de Armas como divisa de su nuevo rango
libre, en el concierto de la nacionalidad.
Tan honrosa pero latente potestad, que no había sido
ejercitada —como sí lo fue por otras Villas Republicanas—
deparóme incentivo espiritual para idear y proponer el em
blema, ya en mi condición de Individuo Correspondiente de
esta Academia de la Historia.
Enaltecida mi ponencia con el pincel maestro de Luis
Alberto Acuña, mereció valioso informe de los atildados he
raldistas Enrique Ortega Ricaurte y Bernardo Sánz de Santa
maría, hermosamente oficiado a las autoridades de mi solar
natal por el entonces Secretario Académico, don Guillermo
Hernández de Alba, junto con el Blasón que por ellas fue
aprobado y empotrado en el frontis del Cabildo, el 6 de sep
tiembre de 1953. En ese Blasón aparecen los símbolos de la
“Ciudad del Sol”, con el gorro frigio de la libertad, por el
ardor de su gente al llamado de la patria, el 20 de Julio de
1810.
Cuándo iba a imaginar yo que esta misma Academia,
treinta y tres (33) años después de aquella consagración he
ráldica, me honrase con el título de Numerario, a tiempo de
ser exaltado a la cima de Honorario ese antiguo académico
que ahora centinela y alumbra la Casa del 20 de Julio, vale
decir, del guardián de nuestra heredad republicana, del eva
luador y escritor de nuestra más pura tradición nacional, del
Cronista Mayor de su amada Santafé de Bogotá, llamado y
querido con el nombre de Guillermo Hernández de Alba.
Tan venturosa coincidencia, me ha brindado el privilegio
de recibir y venerar la silla que ocupara, con pulcra dignidad
moral e intelectual, nuestro eminente Decano y Maestro de
la historiografía colombiana.
He aquí otro signo que demuestra la conducta naciona
lista y de portón abierto, observada por esta institución. Por
que si el caso de Sogamoso, en 1810, fue una insurgencia del
alma regional, cuya gente fue galardonada con el rango de
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 813
“Villa Republicana”, en esta pretendida similitud yo también
derivo de provincia, y por el hondo afecto que profeso a la
historia nacional, hoy resulto estimulado por estos benemé
ritos de la Academia y de la patria.
Con este atributo, me siento orgulloso de rendir home
naje a la obra ejemplar de Guillermo Hernández de Alba, quien
no requiere apología de mi pobre caletre, ya erigida por
ilustres sociedades y personalidades metropolitanas, comar
canas y extranjeras. Ellas han ponderado la inmensa contri
bución, dedicada al culto de los grandes hechos, del honor
humano y de las glorias alcanzadas por este país, a través
de sus proceres, estadistas, científicos y letrados, constelación
que ha hecho rebrillar, con su finísima pluma, a la luz de no
bles páginas incontables, plenas de amor por la honra y de
fensa de nuestra heredad.
Con solo mencionar aquí su magistral examen de la cul
tura hispano-colombiana, en escenas de tan lúcida prosa, como
las Crónicas y Galerías de los muy ilustres Colegios del Ro
sario y de San Bartolomé; el proceso universitario; las estam
pas de iglesias y santafereñas costumbres o el “Teatro del
Arte Colonial”, producción galardonada con medalla de oro
por la Academia de Bellas Artes de Madrid; con sólo citar su
tarea monumental de investigador y divulgador de la Real
Expedición Botánica, cuya muestra floral y forestal ha cau
sado asombro en el mundo científico, por la grandiosa labor
del sabio Mutis y de sus notables colaboradores, naturalistas
y artistas criollos; con sólo señalar la exaltación del Caballero
Andante Don Antonio Nariño, desde su cuna bogotana y su
ardor por los “Derechos del Hombre” y su espada revolucio
naria por la libertad y aquellas sus últimas palabras en la
Villa de Leyva, “Amé a mi patria, y cuánto fue ese amor lo
dirá algún día la historia”, dictado que ha hecho resplande
cer su biógrafo, devotamente; con sólo tan fecundos trabajos,
de hondo contenido crítico, sociológico, pero con infinidad
de otros no menos valiosos y de vigorosa enjundia mental,
Hernández de Alba ya está consagrado en la nómina de las
letras colombianas como un alto exponente de su tradición y
de su fama.
A todo ello debo agregar que este continuador de nuestra
buena cultura, ha sido como epicentro de un semillero fami
liar en el jardín intelectual bogotano.
814 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Porque al espíritu de Alfonso y Gregorio, sus hermanos de
ayer y de siempre —aquel en el ámbito juvenil de su romance
literario, el otro en su honda penetración arqueológica y an
tropológica— se aúna ahora el intelecto de Gonzalo, su sobri
no, empeñado en exaltar la grandeza de nuestro patrimonio
histórico nacional.
Por lo demás, a los títulos ganados allende, que honran
no sólo a Guillermo sino a esta su patria, valgan las palabras
de quien le entregara la presea de “Hijo eminente de América”
en la Casa de la Cultura mexicana de Acapulco (1969):
“Guillermo Hernández de Alba se configura en
el perfil de una identificación americana pura, pro
cedente de la cresta andina. Tiene su majestad y su
reciedumbre. Allí ejerció las primeras disciplinas,
sobre el mapa providente de la hermosa Colombia”.
Entonces, bien por nuestra Academia de la Historia, que
halo ascendido, junto con preclaros ex-mandatarios de la
República, a la más alta cumbre de su honor.
Para él demando un fervoroso aplauso de congratulación.
❖ *
En contraste con tamaña magnitud, debo ahora perge
ñar alguna tarea de mi ferviente amor a Clío, para cumplir
con el deber de juramentarme como sencillo numerario de
esta Casa, donde se adora la Verdad.
El tema, venturosamente, me lo ha deparado la exhorta
ción de Juan Pablo II, en su visita a Colombia, cuando dijo
estas palabras:
“Hay que mirar el pasado, no únicamente para
vivir de sus glorias, sino para encontrar en las pro
pias raíces, respuestas adecuadas a los retos de la
Historia” (Chinchiná, julio de 1986).
En tal dirección, las francas alusiones del Sumo Pontífice
condenaron las desigualdades e injusticias de nuestra sociedad,
que en mucho han sido causa de reacción popular, e instru
mento para la alteración del orden público, en detrimento
de la paz.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 815
Mi propósito, pues, anhela penetrar al origen de tales
diferencias, buscando en la fuente de nuestra conformación
humana y de nuestra evolución social, para buscar remedios
que contribuyan a corregir el mal, si es que hemos de utilizar
la eficaz, pero desestimada medicina de la Historia.
Y justamente ahora, cuando se avecina el V Centenario
del Nuevo Mundo, y todas las naciones de este hemisferio se
aprestan a celebrar 1a. gesta del magno suceso, no sólo es bue
no ocuparnos de la hazaña descubridora de 1492, sino tam
bién de la gente a quien se debe el primer desvelamiento
americano, por la otra cara continental, y del problema que,
desde entonces, ha sido causa de la desigualdad.
Ante todo, es necesario partir de que el Hombre Aborigen
fue dueño y señor de esta tierra, desde 40.000 años atrás,
cuando comenzara a ingresar por el Estrecho de Bering, hasta
llegar a la punta fueguina del Cono Sur.
Gigantesca tuvo que ser la odisea, atravesando hielos,
tundras y barreras rocosas, desiertos y volcanes, montañas y
ríos, para detectar asiendo tribal y fundar el principio de su
Viejo Mundo.
Tal andadura migratoria debió extenderse en uno como
examen, per los diversos contornos y lejanos territorios de las
costas, de las cuencas fluviales, de las mesetas cordilleranas,
para volver instintivamente a instalación definitiva, en mejores
asientos ecológicos, mientras el móvil exploratorio de sucesi
vos nómades, indetenible e inquebrantable, se aventurara a
desbrozar camino, en pesquisa de nuevas faunas y floras sil
vestres.
Aquellos peregrinos marcaron su paso en abrigos y es
taciones, cuyas señales arqueológicas han revelado complejas
manifestaciones de su nivel cultural, desde paleolíticas mues
tras de proyectiles cazadores y recuerdos de su actividad reco
lectora, agrícola y cerámica, hasta los más refinados de la
metalúrgica, escultórica y arquitectónica precolombina.
Pero, como es obvio, no todos los trayectos y ambien
tes recorridos, debían contar con iguales oportunidades
recursivas y de trabajo. Tal la razón de que algunos
buscadores, allí o allá, demorasen su desarrollo armónico, en
relación con otros más afortunados. En todo caso, al compás
de su progresivo avance por litorales y vaguadas, en una u otra
816 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
llanura o serranía, éllos fueron dejando la impronta de su Yo,
con fabricación de flechas, hachas, anzuelos, fetiches musica
les, estatuas, pirámides, estelas.
En cada ladera, monte o valle, de acuerdo con el clima,
los animales y los frutos; de acuerdo con los suelos, las aguas
y los vientos, el hombre errante de América pudo preferir si
quedarse a disfrutar del aguacate y de la pifia dulce, o a re
coger granitos dorados en la arena de los ríos, o a utilizar la
arcilla colorada que de pronto hallaría, para moldear sus uten
silios familiares, o a persistir en su aventura oteadora, hacia
el encuentro de más sorpresivas novedades.
Ese Hombre primitivo y subsecuente, pudo escoger, en
tre ciertos lugares que ofrecían, a su inquietud perceptiva, una
roca de piedra fina para esculpirla y consagrarla a sus dioses,
frente a la luz del sol y de la luna, o internarse en la selva,
siguiendo el curso de las grandes corrientes, para salir a otro
paisaje, o quedarse para siempre en el embrujo de la manigua.
Por aquella indefinida ruta de los pobladores america
nos, unos pudieron detenerse en prospecto al cultivo del agro,
con especies no sólo alimentarias, pero también industriales
para la fábrica textil y ornamental; otros fueron perfeccio
nando la plástica, la talla, la fundición y el moldeo de los
metales, hasta alcanzar increíbles obrajes de cerámica y or
febrería; otros, condujeron su ingenio a la concepción arte
sanal y artística, con aprovechamiento de las materias
ofrecidas por la naturaleza. Y a través de ese desarrollo, de
conformidad con la repartición demográfica, pudo operarse
la más infinita gama de tipos y estilos regionales, en la vivien
da y en la arquitectura, desde los palenques lacustres del Ca
ribe y los ranchos o bohíos del Ande, hasta los más suntuosos
templos, palacios y tumbas que aún deslumbran bajo el cielo
de México, Colombia y el Perú.
Esa la causa de que mientras los amerindios ricos en fru
tos y recursos minerales pudieron encauzar su espíritu al ejer
cicio de la producción, del gobierno y de la religión, los pobres
en tales medios de vida, se mantuvieran en la ignorancia y
algunos de éllos derivaran a la guerra y a la antropofagia.
Boletín de historia y antigüedades 817
Tal la razón de las grandes diferencias que hallaron los
descubridores del Siglo XV entre los pueblos atrazados y los
pueblos civilizados de América.
* aje *
Ahora bien, señoras y señores:
Todo aquel proceso de investigación, posesión, creación y
función de la obra desarrollada por el Hombre Americano,
extendióse a lo largo de 40 000 años, hasta su desvelamiento
de 1492.
Se había consagrado, pues, el más legítimo derecho de so
beranía patria sobre todos los contornos del hemisferio occi
dental, no por virtud de conquista guerrera, que antes bien
por haberse hallado virgen, como si se tratara de otro pla
neta, alcanzado por los astronautas de hoy.
Es cierto que en algunos sectores aún persistía la práctica
migratoria y también la vida selvática, sin vestido, ni política,
por razones de proceso étnico y geográfico. Pero en las nacio
nes ya organizadas y de conciencia estatal, se había creado un
espíritu de gobierno inspirado en principios de progreso y
función de utilidad social. Tanto el Hombre como la Natu
raleza daban fruto para satisfacer las necesidades familiares
y las necesidades de la tribu, vale decir de la Comunidad. Por
tal razón, esa propiedad territorial no se ejercía privada
mente, sino con dimensión y carácter colectivo, cuyo máximo
nivel fue alcanzado por el socialismo del Inga, que al fin de
cuenta significaba una filosofía de racionalidad.
Empero, cuando Colón el nuevo descubridor, anduvo por
la isla de Cuba, sus soldados entendieron que, más
allá o más acá, habría personas de un solo ojo en la frente y
con hocico de perro. El Almirante —dice su “Diario”— creía
que tales seres cautivantes de los indios, debían ser del se
ñorío perteneciente al Gran Kan, cuya meta buscaba. Con
todo, y queriendo conocer la provincia de “Auau, a donde nace
la gente con cola”, escribió lo siguiente en su primer informe
destinado al Rey :
<318 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
“En estas islas, hasta aquí, no he hallado hom
bres monstruosos, como muchos pensaban... Mas
antes, es toda gente de muy lindo acatamiento... Ni
son negros como en Guinea, salvo con sus cabellos
correndíos..
Sin embargo, la sospecha de bestialidad aborigen persisti
ría en muchos medios europeos, alimentados por la inventiva
de marineros y peones expedicionarios a pesar de que a España
fueron llevados hermosos ejemplares vernáculos, ataviados con
bellísimos plumajes de colores, en calidad de seductora invi
tación.
Yo creo que por errado entendimiento lingüístico, la alu
sión indiana a los monos tropicales y a 'os tatuajes y pintu
ras hechiceras del cuerpo humano, usuales entre magos
y curanderos, hubo de crear el mito de personas con batiente
cola o “con ojos en los hombros y la boca en medio del pecho”,
como las describiera Walter Ralegh en el “Descubrimiento del
grande y rico imperio de Guayana”, dramático tema de Shakes
peare en unos versos de su “Otelo”.
Esto, cuanto a los caracteres somáticos que aún se escu
driñaban en el hombre americano. Respecto de su espíritu,
Fray Tomás Ortiz, un Obispo de Santa Marta, generalizando
la conducta de todo el pueblo amerindio, enviaba los peores
informes al Consejo de Sevilla, para justificar la esclavitud,
ya que los Caribes “comían carne humana... eran como asnos
alocados e insensatos... bestiales en los vicios... haraganes,
mentirosos... agoreros y nigrománticos”... entre otros múlti
ples y denigrantes epítetos, según referencia del Padre Simón,
en sus “Noticias Historiales”.
Pero el Obispo Ortiz no sabía que ahí, no más, en las
faldas de la Sierra Nevada, los taironas de su vecindad, habían
construido no una sino decenas de ciudades, hoy “perdidas”,
en torno a un abanico de líticas esca’as, cuyos flancos serra
nos y terrazas de verdura regalaban la más hermosa ofrenda,
al hombre y a la paz. No sabía que atrás, en el Valle de Teo-
tihuacán, los aztecas habían concebido un código calendario,
con mentalidad cosmogónica de los tiempos y la luz. No sa
bía que, más acá, en el peñón de Machu-Pijchu, los incas ha
bían instalado un observatorio del espacio, para orientar la
conducta sacerdotal, logística y agraria del Tawantisuyu.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 819
Ahora bien. He ahí, como hecho incontrovertible, que fue
decisiva la comprensión misionera, para que la Bula Ponti
ficia de Paulo III, expedida el 9 de junio de 1537, declarara
verdaderos hombres a los “indios” americanos, porque —de
acuerdo con su texto— “no solamente son capaces de la fe de
Cristo, sino que acuden a ella corriendo con grandísima pron
titud. .. y no están privados, ni deben serlo, de su libertad,
ni del dominio de sus bienes, y no deben ser reducidos a ser
vidumbre”.
Este documento es sin duda, un precursor de algo que
hogaño defendemos como “Derechos Humanos”.
Con todo, cinco años después de la Bula, Fray Bartolomé
de las Casas, Obispo de Chiapas, en el país más adelantado del
mundo pre-colombino, al escribir su “Brevísimo relato sobre
destrucción de las Indias”, para conocimiento de la Corte es
pañola, demanda clemencia y condenación de las bárbaras
conquistas, que califica de “inocuas, tiránicas y por toda ley
natural, divina y humana, detestadas y malditas, contra aque
llas indianas gentes, pacíficas, humildes y mansas, que a nadie
ofenden”, conforme a los términos de su propia expresión. Y
remata:
“¿Con qué derecho, con qué justicia, teneis en
tan cruel servidumbre aquellos indios? Cosa es de
corregir, para que Dios prospere, conserve y haga
bienaventurado a todo el Estado Real de Castilla
Amén”.
Claro que la fuerza y el valor de quienes habían domina
do la naturaleza del hemisferio, hicieron frente al ímpetu de
cañones y caballos, con el mismo denuedo aue lo han hecho
y lo harán todos los pueblos del mundo, en defensa de su
patrio suelo. Pero lo cierto fue que las cabezas de Monteczuma,
de Atahualpa, de Tisquezuza, de Campolicán y de tantos otros
mandatarios de alto rango, cayeron cegados por las armas de
acero, que vencieron a las armas de palo, y así quedaron desam
parados, tristes e inmensamente pensativos los antiguos dueños
de América, sumidos en la melancolía indígena traducida por
la pluma de Armando Solano, y dispersos en peñoles, riscos y
aldehuelas del campo continental.
820 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Lo cierto fue, también, que cayeron los templos, observa
torios y esculturas, los ídolos de oro, las tallas de madera y
plásticas de arcilla, mientras quedaron los bohíos de paja, los
palenques ingratos, las tribus escondidas en la jungla y, por
añadidura, los siervos del yugo feudal.
Se produjo, pues, paradójicamente, el Cubrimiento de
América, o en otras palabras, lo que el Maestro Arciniegas ha
llamado “el revés de la historia”.
* * *
Porque ahora veamos qué sucedió con la tierra, con todo
este campo abierto, cultivado y cultivable, a lo largo y ancho
del hemisferio occidental.
Aquel privilegio de ocupación invitante y germinal, con
cedido por el Creador como dón gratuito de propiedad era,
justamente, el gozado por los indígenas de América, aplicando
las palabras del teólogo Leonardo Lesio (1564-1623):
“Los hijos de Adán fueron colocados en este
mundo como en un palacio pletórico de riquezas. Por
el mero hecho de ocupar alguno primero una cosa,
queda constituido Señor de ella” '.
Ahora, después de los 40.000 años, apareció otra figura de
propiedad, asumida por Derecho de conquista, vale decir, por
razón de la fuerza y gracia del Señor llamado Rey.
En este sentido, la providencia más antigua o piedra an
gular del inmenso traspaso territorial a la soberanía del ven
cedor, fue suscrita en Medina del Campo, el 22 de julio de
1497, y dirigida al propio Colón por los soberanos de Castilla.,
según transcripción del escritor hispano Manuel José Quinta
na, en su estudio dedicado a Fray Bartolomé de las Casas.
Dice así:
“Limitando e amojonando a cada uno lo que
así le diéredes e repartiéredes, para que aquello
haga e tenga e posea por suyo e como suyo; e lo que
1 El Derecho de propiedad y la Doctrina Social de la Iglesia, por
Angel Topete. Edic. Apostolado de la Prensa. Madrid, 1933.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 821
use e plante e labre se aproveche de ello, con facul
tad de lo poder vender, e dar, e trocar, e cambiar,
e enajenar, e empeñar, en facer de ello todo lo que
quisiere e por bien tuviere, como cosa suya propia,
habida de justo derecho e título”
Se comprobaba así la razón, filosófica de San Ambrosio:
“La naturaleza ha creado el derecho común; la
usurpación, el derecho privado”12.
Con base en ello se instituyeron las "Encomiendas de
Indios”, al cuidado de Capitanes y servidores de la Conquista,
como premio para disfrutar de bienes y tesoros americanos, que
también para cobrar el tributo establecido por Carlos V, desde
1523, y “requintar” su servicio obligatorio, en pró y nombre
de la Corona Real.
Donde pudiera surgir aluvión o veta de oro, allí deberían
laborar todos los brazos, que la comida sería suficiente con
pequeñas orillas de pan llevar; y donde no alumbraran meta
les o gemas preciosas, tales encomenderos obtendrían la pro
piedad del suelo, en forma que sus naturales dueños deberían
reducirse cada vez más, en calidad de “agregados” o simples
“estancieros”, llevando a los patronos el “camarico” o parti-
j a de la sementera, sin mayor desarrollo de la agricultura
colonial.
Menos mal que algunos jefes indianos levantaron su voz,
o primitivo "Memorial de Agravios” —entre otros el Cacique
Turmequé— por cuya razón el Rey Felipe, con buen sentido,
hubo de otorgar sendas porciones terrazgueras, a manera de
amparo al trabajo comunal de los nativos, sin que éllo implicase
—eso no— independencia de las autoridades hispanas.
Con todo, más tardó en crecer la población de chapeto
nes y criollos, que en disponerse la subasta de tales “Res
guardos”, debiendo mudarse la familia labriega a los pegu
1 Quintana. “Vidas de españoles ilustres”: De las Casas. Tomo IT.
En: Proceso Histórico de la propiedad en Colombia, por M. Salazar.
Bogotá, 1948.
2 De Oficus Ministrorum. Cita de B. Horne, en su Política Agraria.
Edit. Losada. Buenos Aires, 1945.
822 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
jales de la falda serrana, mientras rematadores y herederos
se adueñaban de los mejores campos, y esperaban en su ca
sona señorial el fruto aparcero de los indios.
En este cambio económico y social sufrido por el hombre
americano, hallaremos razón de que se hubiese apagado
aquella luz que ya alumbraba en su espíritu, a tiempo de la
conquista. El tránsito de sus bienes colectivos, hacia el domi
nio privado del invasor, con obligación de servicio feudal,
quebró fundamentalmente, como era obvio, el sistema que
venía rigiendo en la sociedad pre-colombina. Y si a ello se
agrega el inmenso desequilibrio cultural entre la comunidad
indígena y la conquistadora, por razones de ancestro y desa
rrollo, tan distante en origen y en edad, esa la causa de que
cualquiera generación autóctona en vía de progreso, durante
su antigua vida independiente, interrumpiera el camino que
le trazó la suerte, alimentando silenciosa esperanza de volver
a encontrarlo algún día, con el retomo de la libertad.
Por tal razón fue renaciendo la protesta del alma nativa,
en los pueblos quéchuas, guaraníes e incas, hasta el grito revo
lucionario de Túpac Amaru, trocado en martirio e insondable
resquemor.
Ahora, acerquémonos a nuestro caso:
Ya había transcurrido un término de doscientos cincuen
ta años en este Nuevo Reino de Granada, a partir de la llegada
española, cuando a la masa nativa hubo de sumarse el va
luarte mestizo, que también el criollo, aún tímidamente, y
entonces afloró la reacción comunera de 1781. Fue aquel acon
tecimiento un desespero del vasallaje, y en la propuesta capi
tular de Zipaquirá, elaborada por los Diputados de Tunja,
entre quienes actuaba don Joaquín de Castillo, quinto abuelo
de los Hernández de Alba, se incluyó esta petición:
“Que hallándose en el estado más deplorable la
miseria de los indios... porque sus limitadas luces
y tenues facultades de ningún modo alcanzan, con
sus cortas siembras, a satisfacer el crecido tributo
que se le exige con tanto apremio, por sus corregidores
y concurso de sus respectivos Curas... sean devuel
tos a sus tierras de inmemorial posesión; y que todos
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 823
los resguardos que de presente posean, les queden no
sólo en el uso, sino en cabal propiedad, para poder
usar de ellos, como tales dueños”.
Sobra todo comentario respecto de tal demanda, que al
tenor del pliego, debía concederse a las provincias de Cartage
na, Santa Marta, Maracaibo, Guayaquil, Quito, Popayán, Antio-
quia, Chocó y, desde luego a todo el Oriente del Nuevo Reino,
como primera Reforma Agraria en el ambiente jurídico de la
Colonia.
Pero bien es sabido que aquello, luego de ser aceptado y
juramentado por los representantes del gobierno realista, no
tuvo cumplimiento por la traición oficial. Era preciso con
trarrestar toda insurgencia para asegurar la perpetuidad im
perial. He ahí el error de la vieja Monarquía, a pesar del
verso defensivo de Quintana: “Crímenes son del tiempo y no
de España”.
Sin embargo, no puedo ser parcial, enfocando por una sola
cara la conducta hispana en la historia de América: porque
la metrópoli vistió nuestro paisaje campesino con simiente de
ganados y rebaños pródigos, con manto de cereales y huertos
generosos; transplantó el rico árbol de su idioma, cuya sabia
hizo brotar fecundas yemas castellanas; mudó la naturalista
idolatría del aborigen por la doctrina del más demócrata,
igualitario y justo de los Hombres que han sido y serán por
los siglos de los siglos; y mezcló su sangre con la sangre ame
rindia, hasta la conformación de un nuevo pueblo que habría
de hallar su propio destino.
Justamente, con el aliento de quienes así nacieron, se en
cendió la llama indetenible de la emancipación.
A este respecto, en el Archivo del Generalísimo Francisco
de Miranda, Precursor de la Independencia Latinoamericana,
se halló una copia de las Capitulaciones Comuneras, con in
teresantes anotaciones marginales, de su puño y letra, que
demuestran irrebatiblemente cómo tal movimiento no fue sólo
una protesta contra los impuestos, que además una tea revo
lucionaria en favor de las clases desvalidas. Al comentar Mi
randa la cláusula que atrás he leído, sobre devolución de los
Resguardos indígenas, escribió lo siguiente:
824 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
“Ninguna nación ama tanto las tierras donde
nace, y donde se han enterrado sus antepasados co
mo los Indios del Nuevo Reino de Granada. Este ape
go tiene aún religión; pero la codicia del gobierno ha
llegado a tanto, que por vender las tierras de los
indios, frecuentemente los despojan de éllas, hacién
dolos pasar a otros pueblos...
“Semejantes violaciones eran más fuertes que
nunca al tiempo de la insurrección, y esto dio motivo
a que todos los indios se levantasen en masa en aque
lla época. Los curas los extorcionan con fiestas,
entierros, etc. y los cobradores de tributos con veja
ciones de toda especie. El globo no tiene hoy gente
más desgraciada que los indios de que hablamos. Las
traslaciones han cesado con el levantamiento; pero
no los demás males, que se aumentan cada día” L
Situaciones similares contemplaba el Precursor, respecto
de los demás sectores indoamericanos. Por ello en su proyecto
de Constitución, para un gobierno federal, independiente de
España, que elaborara en 1808, incluyó entre las calidades de
ciudadanía, la propiedad territorial. Y para que nadie quedara
por fuera, deberían adjudicarse diez fanegadas de tierra a
cada indio casado y cinco a cada indio soltero, con miras a
buscar un principio de equidad económico-social, y un estí
mulo a la contribución laboral campesina en provecho de su
nacionalidad.
Fue, pues, el eminente venezolano uno como inspirador
de la política agraria que todavía se debate en favor de nues
tro pueblo rural*2.
Desde luego, con el advenimiento de la República, tendría
que mejorar aquella situación, por lo menos en el orden pedido
por la acción comunera.
El padre de la patria, manteniendo vivo el recuerdo de
quien no permutara a Barreiro por una morrocota, de ese pa-
rafrenero campesino llamado Pedro Pascasio Martínez, en la
victoria de Boyacá, dictó el siguiente Decreto, el 20 de mayo
de 1820:
’ Archivo del General Miranda. Tomo XV. Academia Nacional de
Historia de Venezuela: Levantamiento de Santafé de Bogotá.
2 Miranda, primer legislador de América, por Miguel A. Villarroel.
Caracas, 1970.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 825
“Simón Bolívar, Libertador y Presidente de Co
lombia ... etc. Deseando corregir los abusos introdu
cidos en la mayor parte de los pueblos de naturales,
así contra sus personas, como contra sus Resguardos
y aún contra sus libertades; y considerando que esta
parte de la población de la República merece las más
paternales atenciones del gobierno, por haber sido la
más vejada, oprimida y degradada, durante el des
potismo español, con prescindencia de lo dispuesto
por las leyes canónicas y civiles, he venido en decretar
y decreto:
“Se devolverán a los naturales, como propieta
rios legítimos, todas las tierras que formaban los Res
guardos, según sus títulos, cualquiera que sea el
que aleguen para poseerlas sus actuales tenedo
res. .. ”, etc.
Infortunadamente, ¡quién lo creyera! —señoras y seño
res— aquellas medidas iban a dar por resultado, a pesar del
reparto de tierras cumplido por el General Santander, en
1834, que cada heredero criollo de la Encomienda colonial o
del Resguardo rematado, fuese comprando, poco a poco, las
parcelas devueltas a los indios, y las parcelas del contorno, por
ridículo precio, para integrar su latifundio, quedando los no
vedosos vendedores indígenas en calidad de simples “concer
tados”, o con su mochila al hombro para servir en la parroquia
vecina, y abandonar el surco de su virgiliana tradición ’.
Porque veamos bien, dije otra vez: Los criollos y mestizos
que pelearon por la libertad, deseaban, como era justo, el co
mando de su propia nación. Pero aunque uno era su desafecto
a la Real Corona, otro era su amor a los bienes habidos por
línea familiar; al rango y tradiciones de su estirpe; al prove
cho de su propia economía, con el trabajo barato y lucrativo
de la gente común.
Nacía, pues, desde entonces, el gran problema del Estado,
por falta de vigorosa producción agropecuaria, afectado preci
samente por la injusticia social y laboral. Claro que no era
posible, de la noche a la mañana, convertir esta tierra
en paraíso, porque continuábamos divididas en dos mundos
1 Escritos Político-Económicos, por Miguel Samper.
826 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
humanos: el de la propiedad y el de la servidumbre; el de la
ilustración y el de la ignorancia; el de la riqueza y el de la
miseria.
El Presidente Márquez reanudó la obra iniciada en 1821,
que dispuso la supresión de ciertos conventillos menores e in
completos, para destinar sus solares dormidos al fomento de
la educación popular. Ello prendió la chispa de la discordia
caudillista, y fue atizando el bracero de la guerra nacional.
Ya en la década de los años 40. nuestros gobernantes mi
raron hacia tierras más lejanas y escondidas del país. La Nueva
Granada no sólo se integraba de Parroquias y Resguardos In
dígenas. Más allá o más acá extendíanse muchas comarcas
promisorias, que no habían sido mercedadas por el monarca
español, y entonces empezaron a expedirse sucesivas disposi
ciones sobre adjudicación de baldíos, en favor de quienes
fueran a trabajarlos con el filo del hacha y el empuje del
estanciero agricultor.
Con tal acicate inicióse el milagro de otra colonización.
La colonización mestiza del Occidente colombiano, a que acu
dieron paisas, toñinas y vallunos, en uno como bretón de nueva
fronda nacional, hermosamente apologado, hace unos días,
por la fértil pluma de nuestro colega Eduardo Santa.
Por otra parte, un nuevo sop’o de la segunda república
francesa comenzaría a influir en el ánimo político del libera
lismo criollo, a partir de 1850, y varias medidas radicales irían
aboliendo numerosos impuestos, censos y controles, para estí
mulo del trabajo artesanal y rural.
El gobierno del primer López daría libertad a los esclavos
de toda edad y condición, cuyo acceso al derecho de propiedad
y de salario, aumentaría el cultivo del suelo tropical.
Y por cuanto el inútil repaso de grandes extensiones te
rritoriales, donadas a congregaciones y monasterios, desde
tiempo colonial, las había calificado como “bienes de manos
muertas”, tal situación motivó el famoso Decreto expedido el 9
de septiembre de 1861, sobre desamortización de tan aprovecha
bles recursos, para fraccionarlos y rematarlos, con responsabi
lidad estatal, en favor de la producción campesina y del
incremento económico, sin menoscabo alguno de la religión.
La medida también cobijó a las corporaciones civiles de
similar situación, cuyo efecto aumentó la protesta; pero el con
trovertido Presidente Mosquera, reafirmando el programa que
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 827
había propiciado en su anterior mandato de evolución ideoló
gica, sobre aprovechamiento agrario de terrenos baldíos, de
fendió su nuevo paso con las siguientes razones, en Circular
a las demás autoridades de la nación:
“La propiedad fue constituida entre nosotros por
un gobierno despótico... Oprimiendo a las clases
trabajadoras en beneficio de las privilegiadas. Pero
esta constitución de la propiedad no es la que corres
ponde a un pueblo libre... Coloquemos, pues, la pro
piedad en consonancia con la democracia; demos la
tierra a los que la trabajan y la hacen producir; y
dejemos la renta a los que tienen que consagrarse ¿1
estudio de las ciencias y al culto, y a todos aquellos
que no pueden producir”
Yo creo que las anteriores palabras de quien fue puente
mental entre la Colonia y la República, en materia política,
antes que motivo de condena merecen exaltación histórica,
máxime por tratarse de un heredero monarquista que rompió
el macro-dominio territorial, para una más justa distribución
del pan, atendiendo al mandamiento de la Ley de Dios.
Así lo expresó el pensador Rafael Núñez, cuando por aque
lla época alentaba tal manera de pensar:
“El gobierno —escribió— no ha cometido despojo
en el sentido filosófico de la palabra; lo que ha hecho
es dar una nueva organización al sistema rentístico
de las corporaciones
“La desamortización es una de esas medidas que
tiene su día providencial en la marcha laboriosa de
los pueblos hacia la civilización.
“No se trata, solamente, de sacar a la vida y a
la circulación una masa considerable de valores iner
tes. .. sino de resolver el arduo e inmenso problema
de la distribución equitativa de la propiedad, sin per
juicio de ningún derecho individual...”12.
Aquellas proyecciones seguirían fomentándose con el buen
propósito de sucesivos mandatarios: Salgar, el “Presidente
Caballero”, crearía la primera Escuela Agropecuaria que fun-
1 y 2 En: Ensayo sobre evolución de la propiedad en Colombia,
por Diego Mendoza Pérez. Presentado a la Sociedad Colombiana de
Jurisprudencia, 1892.
828 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
cionara en este país, a cargo del Profesor Bovin, para tecno
logía de la operación rural, en la Sabana de Bogotá; Santiago
Pérez pondría en práctica la Ley 61 de 1874, que declaró pro
pietarios de tierras a quienes las hubiesen cultivado por más
de cinco años, otorgándoles título por treinta hectáreas adya
centes, para así ensanchar la explotación y producción de la
riqueza nacional.
Infortunadamente, estos primeros aleteos desarrollistas,
animados por el espíritu republicano de los Estados Unidos de
Colombia, no favorecieron en mucho a los de más abajo, por
que aparte de lo ya dicho, la contienda fratricida aumentaría
la injusticia social. Fue así como los pobres aldeanos tuvieron
que marchar, conscriptos o acaudillados, a las luchas domés
ticas de los partidos, como inmediata e inocente carne de
cañón, mientras ciertos dirigentes e influyentes regionales au
mentaban sus diligencias sobre obtención de baldíos, con prue
bas acomodadas o aparentes. Así se formularon y eternizaron,
en latifundio, grandes zarzales titulados, sin brazo, ni azadón,
ni esperanza de la gente labriega. Contrariamente, ¡ay! de
que surgiese un átomo de resistencia proletaria, ante los amos
y señores de Haciendas, aún avanzada la éra de nuestra demo
cracia: allá resonarían los golpes del foete en la espalda del
“concertado” remiso, o algo más aterrador —compatriotas—:
Allá por las llanuras orientales, la jinetada correría a cazar
aquellos indios que reclamaran ganados o sabanas, como si se
tratase de animales salvajes.
Menos mal que a comienzos de este siglo, cuando ya se
halló bárbaro cruzar más fuego entre hermanos de Colombia,
hubo de surgir una voz nacionalista y reflexiva, hacia el ulte
rior viraje de nuestra conducta social, evaluada y exaltada por
ilustres historiadores de esta Academia. Fue la voz del guerrero
y patricio Rafael Uribe Uribe. Después de resaltar la pobreza
del campesino que valientemente había luchado en los campos
de batalla, y de mostrar la deplorable situación de 30.000
indígenas, aún subsistentes en retiro tribal, según el censo
que él mismo propiciara, sometió al Congreso un dinámico plan
de civilización humana y laboriosa, para redimir el infortu
nio de tales compatriotas, en favor de la economía y el pro
greso de la nación.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 829
“La integración del indio —dijo— tiene que
adaptarse a la índole de cada tribu y a su clase de
vida... El objeto no es sustituimos al indio en la
posesión de la tierra, a la manera española de hace
cuatro siglos. .. que en la hora de ahora no tendría
excusa ni perdón’’.
Y antes, en su conferencia del Teatro Municipal (1904),
había significado:
“Santo y bueno que nuestros padres abolieran la
esclavitud; pero toca a las nuevas generaciones una
labor no menos ardua: redimir al pobre de la escla
vitud embrutecedora de la miseria”.
“Es necesario tomar la doctrina evangélica ínte
gra; y aplicarla a las costumbres y a las leyes, si se
quiere que sus principios al fin reinen en la tierra”.
El caudillo acogía así la recomendación de León XIII, en
su “Rerum Novarum” de 1891, frente a la precaria condición
de la clase laboral:
“Den leyes y Ordenanzas previsoras quienes go
biernan los Estados; tengan presentes sus deberes los
ricos y los amos; esfuércense como es razón los pro
letarios ... Apliqúese cada uno la parte que le co
rresponde, y prontísimamente... No sea que con el
retrazo de la medicina se haga incurable el mal, que
es ya tan grande”.
Con apoyo en tales ideas, reaccionaba entonces ese ger
men autóctono que habíase adormecido por efecto de la se
cuela colonial. Ahora despertaba, además, por el canto de su
sangre, en la triétnica fusión racial, ya con luces de talento
intelectivo o artístico, ya con prueba de fortaleza deportiva
y olímpica, ora con verbo polémico de caudillismo popular.
Ocurrida la primera huelga costeña, en una empresa in
ternacional frutera, cuyo rechazo tiñó de sangre los campos
bananeros del Magdalena, el legislador bipartidista, integrado
por la conjunción blanca, morena e indiana de nuestra demo
cracia, ha venido expidiendo justicieras normas en bien del
trabajador.
Tal ha sido la filosofía que comenzó a vibrar con la jor
nada de 8 horas y la sonada “Ley de Tierras”, que dispuso pres
cripción del dominio privado sobre sueldos incultos, para su
330 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
adjudicación a quienes hubieran aportado o aportaren su
trabajo al incremento productivo, en orden a desarrollar una
nueva figura jurídica de la propiedad, establecida en el Acto
Legislativo de 1936: la de su “función social’’.
Años después, el Presidente Alberto Lleras, en uno de sus
escapes de Palacio, a compenetrarse con el país nacional, re
trató vivamente el panorama aldeano, que aún subsiste en
muchas comarcas de la patria, al tenor de las siguientes pa-
labras:
“Estos días he convivido con campesinos, para
quienes la modestísima vida de nuestros obreros cali
ficados y empleados de clase media resultaría un
lujo inusitado y una aspiración inalcanzable. En ca
da casa, cubierta de paja o de ramas secas de palma,
de piso de tierra, se amontonan, dentro de un am
biente de calor insoportable, diez o quince personas,
que comparten una o dos habitaciones. Son familias
de jornaleros. La escuela más cercana está a dos o
tres kilómetros. En estas casas se come poco y mal.
El trabajo para el jefe de familia, no es regular, ni
siempre bien pagado...
“De continuar esa situación de miseria, hará ex
plosión, porque la resistencia para el dolor y el aban
dono tiene un límite. Y son millones de colombianos
los que viven de esta manera. Económicamente no
cuentan, porque sus consumos son ínfimos y su pro
ducción limitadísima. Necesitan escuelas nuevas,
hospitales, agua potable, servicios de transporte.
Podrían salir de esa situación con una educación
intensa, pero ante todo, requieren más y mejores
oportunidades de trabajo y, por sobretodo, tierra,
que es su oficio, su vocación, su afecto y su única
esperanza.
“La Reforma Agraria no es, pues, en Colombia,
principalmente, un problema económico, sino una
solución política y social que no admite más plazo
Se ha de hacer para los que no posean tierra; pero
principalmente en beneficio de quienes la explotan
y tienen derecho a verla garantizada contra un des
bordamiento de tanta miseria”.
En función de tan penetrante realidad, el Jefe del Estado
confió a su Ministro de Agricultura, Otto Morales Benítez, la
misión de sacar avante en el Congreso, la primera personería
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 831
estatal del labriego colombiano, y así fue como nació la Ley
135 de 1961, que puso en marcha el Instituto Nacional de la
Reforma Agraria.
Posteriormente, se han dictado otras normas legislativas
y gubernamentales, durante las administraciones conservado
ras y liberales, que deben estimarse como lampos de concien-
tización, surgidos de nuestra común raigambre nacional, en
programa de ensanchar la explotación del suelo y mejorar el
nivel de la franja campesina.
Empero, por cuanto algunos de tales caminos se han ca
lificado de incompletos, o han tropezado con dificultades eco
nómicas y administrativas, aunque han sido aprovechados por
varios sectores de nuestro adelanto agropecuario e industrial,
el sistema de vida puramente labriego, aparcero e indígena tri
bal, persiste en muchas áreas con serias restricciones en fun
ción de vivienda, salud y educación, meramente halagado con
la suerte de su parva sembradura, o el balido de su mínimo
rebaño, preñado de ilusión.
Es que no sólo se requiere la expropiación y adjudicación
de tierras, con única mira de fomentar la producción, sino
que es necesario aliviar el cuerpo y el espíritu del hombre,
atendiendo a su propia dignidad. De tal manera lograremos
mantener y fortalecer la permanencia familiar en el corazón
del campo. Así podrá mermarse, paralelamente, esta concen
tración de ahogo citadino, donde los mozos provincianos an
helan mejor suerte, subestimando la tasa de ocupación. Ellos
son quienes al sentir fallida su oferta, pasan a engrosar la
masa proletaria en extramuros de miseria y horror, mientras
la escasez de carne y leche, de trigo y de maíz, eleva cada día
el costo de la canasta familiar.
De acuerdo con informe elaborado por el DAÑE, en co
laboración con la UNICEF, la Oficina de Planeación y el Mi
nisterio de Agricultura, sobre indicadores de la pobreza en
Colombia, el porcentaje de viviendas misérrimas llega al 66*%
en el sector rural, y en algunas regiones como Sucre, Bolívar,
Córdoba, la Orinoquia y el Chocó llega al 80% del total.
Es apenas obvio, por supuesto, que los hijos de quienes
viven en un rancho desprovisto de toda higiene y fluido comu
nicante, cuando su juventud les llama a explorar otro hori
832 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
zonte, atraídos por las “luces de la ciudad”, abandonen poco
a poco el hábitat de sus mayores, disminuyendo, calamitosa
mente, el mantenimiento de la despensa nacional.
Entonces es cuando ha crecido la población de nuestras
grandes urbes, propicia al desempleo, al hambre y al delito.
Como consecuencia de tan grave situación, centenares de chi
quillos pululan en avenidas de tránsito automobiliario, de
mandando caridad y fermentando semillero de contravención,
para desbarajuste moral y vergüenza del país, ante los ojos
extranjeros.
El penúltimo censo colombiano, realizado en 1973, arro
jaba nueve millones trescientos catorce mil habitantes rurales,
mientras el último, cumplido en 1985, sólo computó nueve
millones ciento cuarenta mil, o sea que después de 13 años,
en vez de haberse registrado una elevación proporcional con
el aumento demográfico de todo el país, se produjo una mer
ma de 200.000 campesinos.
A lo anterior se agrega que 1.200.000 familias de las que
aún permanecen en el área aldeana, carecen de tierra propia.
Y a ello se agrega, con tristeza, que sólo el 28% de los niños
que allí crecen, van a la escuela primaria. Y que, debido a
pésimas condiciones sanitarias y nutricionales, de cada mil
niños del campo, sesenta fallecen antes de cumplir un año de
existencia.
Por ende, es necesario atender la exhortación de Su San
tidad Pablo II, que alumbra de epígrafe a este mi discurso:
“Hay que mirar el pasado, no únicamente para vivir de sus
glorias, sino para encontrar en las propias raíces, respuestas
adecuadas a los retos de la historia”.
Uno de tales retos es, justamente, el que tan excelso pon
tífice lanzara en la capital de Colombia, es a saber:
“Por la dignidad de los campesinos, como per
sonas, y por la labor que éllos desarrollan, merecen
que sus legítimos derechos sean tutelados; y que se
revisen aquellas situaciones objetivamente injustas,
a las que a veces muchos de éllos son sometidos, so
bre todo en el caso de trabajadores agrícolas, que se
ven obligados a cultivar la sementera de otros, y son
explotados por los latifundistas, sin esperanza de
llegar a la posesión de un pedazo de tierra en pro
piedad”. (Laborem Exercens, 21).
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 833
A esta homilía de Juan Pablo, ratificada por él en Popa-
yán, con noble defensa de la voz indígena, que no justifica su
marginación, sino antes bien su presencia en la vida nacio
nal, yo agregaría que los proyectos sobre Reforma Urbana,
en lugar de permitir el macro-ensanche de nuestras ya
contaminadas ciudades, con nuevos complejos fabriles y re
sidenciales, a donde acude la gente rica del país, y tantos in
telectuales y doctores, disminuyendo el desarrollo y la
cultura de la provincia, abran más bien múltiples y generosos
planes de vivienda rural, con las comodidades esenciales, de
manera que allí prospere el foco familiar aldeano, y continúe
ofrendando su amor a la tierra, para sustento y riqueza de la
nación.
Porque es urgente que en la provincia vivan, actúen y
ejerciten su profesión los médicos, ingenieros, economistas, so
ciólogos y técnicos que hoy disputan su competencia en la
populosa Bogotá y en otras ciudades cumbres, cuando grata
mente debieran contribuir al adelanto de sus propias comar
cas y al apoyo fraternal de las clases menos favorecidas.
Así podremos encauzar el retorno de los desplazados a su
antiguo paisaje, y la invitación a tantos brazos caídos y manos
inquietas, hacia el verde horizonte de una Colombia nueva.
Todo lo cual, por añadidura, habrá de acarrear más alimentos
y menor costo de vida o, en otras palabras, una fundamental
contribución al restablecimiento de la paz.
Es necesario, pues, conforme a los programas del gobierno,
un nuevo empuje para incrementar la empresa fabril y agro-
industrial en todo el mapa del país, construyendo carreteras
y caminos por las zonas de naturaleza inexplotada; instalando
energía eléctrica, o solar, en todos los ambientes de productivi
dad; implantando técnicas de cooperación, producción, distri
bución y consumo; regulando prestaciones y seguros laborales;
creando más focos de salud y educación para indígenas y cam
pesinos, en orden a procurar el equilibrio regional y social
del pueblo colombiano.
Desde luego, la reforma agraria que debe enderezarse,
no hay que entenderla únicamente para los actuales labra
dores. Además, para todos los hombres y familias que quieran
incorporar su brazo al mejoramiento del sistema. Ojalá una
buena proporción de nuestros bachilleres, en desahogo de la
834 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Universidad, se enrolara con agrónomos, zootecnistas y gana
deros a la actividad del campo, no sólo para el incremento de
la riqueza común, que también para robustecer el valor hu
mano, cívico y creador de la clase rural.
Históricamente, advirtamos cómo los males de nuestra
hora, estos que producen el dolor de la pobreza absoluta, se
han acumulado, en buena parte, por una gran cuota de cen
tralismo, que ha dejado la zona provincial y campesina cul
pablemente desamparada o, por lo menos, descuidadamente
atendida, respecto de sus problemas ecológicos, sociales y hu
manos.
Esa falta allí de cartillas, de medicinas, de ambientes de
portivos, ha sido la causa de que tantos muchachos, huidos
hacia el tráfago capital, no tengan noción de Dios, ni de Pa
tria, ni de Honor, mucho menos de Amor.
Por ello, el país reclama una legislación urgente que re
medie tan grave enfermedad. Y por lo tanto, es consecuente,
e indispensable, adecuar la reforma social-agraria que actual
mente considera el parlamento. Todo indica que ella es mo
tivo de honda y muy seria atención, por tratarse del grave
asunto que dejamos expuesto; y para que, mediante su pa
triótica visión, pueda cristalizarse en benéfica Ley de la Re
pública.
❖ ❖ *
Señoras y Señores:
Este mi discurso es apenas un examen histórico del con
flicto que nació con el encuentro de conquistadores y amerin
dios, a partir de 1492 y que, después de cinco siglos, atisba
horizontes de justicia social. Porque ahora, gracias a la amal
gama de sangres, en abrazo del tricolor patrio, ya predomina
en la sociedad contemporánea una conducta de comprensión
y acercamiento, que poco a poco ha ido hermanando los an
cestros europeos y asiático-orientales, en la propia esencia de
nuestra nacionalidad americana.
Los bandos políticos de este país han venido conjugando
su criterio republicano y nacionalista, ajeno al fuero religioso,
después de arduas experiencias y lecciones de autonomía, dic
tadura, utilitarismo, caudillismo, dogmatismo, radicalismo,
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 835
conservadurismo. Hoy todos los partidos abren compás legis
lativo y ejecutivo —escuchando el eco de Uribe Uribe— hacia
esa concepción de la justicia social.
Pero ante todo, para colmar tal empeño, con indepen
dencia soberana y democrática, hácese indispensable la ple
nitud laboral y la creciente producción económica, en orden
a garantizar la libertad, la prosperidad y la paz.
Por eso la nación recibe con aplauso la campaña que ha
iniciado el gobierno el Presidente Barco Vargas, con un “Plan
que atienda a los grupos desprotegidos, en zonas tradicional
mente aisladas del progreso, y en mira de mejorar a los afec
tados por el dolor de la pobreza absoluta”, conforme a su pú
blica expresión.
En este interés, el Presidente ha reiterado a sus Ministros
y Gobernadores:
“Necesitamos el concurso de todos ustedes para
no ser inferiores ante la responsabilidad histórica y
ante el compromiso adquirido. Es necesario corregir
los problemas seculares que hemos heredado; debe
mos corregirlos en un lapso corto”, repitiendo así,
subjetivamente, las ya citadas palabras de León XIII:
“Apliqúese cada uno la parte que le corresponde,
y prontísimamente; no sea que con el retraso de la
medicina se haga incurable el mal, que es ya tan
grande”...
Lo verdaderamente aterrador y paradójico es que mien
tras se pone en práctica esta política de “rehabilitación”, en
favor del pueblo raso, que incluye a nuestros indígenas y cam
pesinos más necesitados, los perturbadores del orden insistan
en estorbar el “cambio”, por medios opuestos al Derecho, a la
Ley y a la Razón.
Consecuencialmente —señores Académicos, políticos y
ciudadanos— para conjurar el mal que azota a toda la patria
y no a un solo partido, así como lo hemos hecho, y seguiremos
haciendo, para defender la soberanía nacional, debemos en
trelazar las banderas de Bolívar y Santander, de Mosquera y
Núñez, de Murillo Toro y José Eusebio Caro, de Olaya Herrera
y Carlos E. Restrepo, de Jorge Eliécer Gaitán y Rafael García
Herreros, de todos los viejos y nuevos patricios que las han
836 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
hecho batir, cada uno en su momento estelar, con inmarcesi
ble amor a la República. Ahora se trata de consolidar a Co
lombia, con recursos positivos, de acuerdo con sus nuevas
necesidades, frente al mundo de hoy.
Nuestros indígenas fundaron el noventa por ciento de los
pueblos que conforman el Nuevo Mundo. Esos “pueblos” que
justamente, se extienden con su dulce nombre, desde Alaska
hasta el Río Grande; desde México hasta el Istmo de Panamá;
desde las Islas Caribes hasta la Tierra del Fuego, son mitad de
la progenie americana.
Y los sucesores de ellos, los campesinos de todo el hemis
ferio, han sido la mano y el amor de nuestra madre tierra, a
través de cinco siglos.
Consecuencialmente, si tales seres humanos son acreedo
res a este reconocimiento, “es justo y necesario” se les coloque
en el puesto que merecen, al compás progresivo de la cultura
y la civilización.
Tan necesario paso para contrarrestar miseria e ignoran
cia, con auxilio de la tierra, la escuela y el trabajo, será el más
noble homenaje que pueda rendirse a indígenas y campesinos
en el V Centenario de América.
* * *
Honorables colegas:
Uno de los pensadores más profundamente adentrados
en el estudio y defensa del hombre colombiano —del aborigen,
del negro, del criollo, del mestizo— ya como parlamentario y
Ministro de Estado, pero además como escritor de ricas pá
ginas, por las cuales se agitan “Muchedumbres y Banderas”,
programas campesinos y agrarios, voces políticas y Derechos
Humanos de Indoamérica, responde a la campana de esta
patria, con el nombre de Otto Morales Benítez.
Tan calificado Maestro, con deferencia que me llena de
orgullo, será mi padrino de recepción académica, en virtud de
la elección con que me premiasteis tan generosamente. Una
y otra honra serán orgullo de mi vida y llama de mi deber.
El diploma que hace cuarenta años me acredita Corres
pondiente de esta ilustre Corporación, fue signado por su
entonces Presidente Eduardo Santos y su Vicepresidente
Germán Arciniegas.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 837
Hoy luce como cabeza de nuestra misma Casa, con escul
tura de bronce y espíritu desafiante de vida, el mismo Arci-
niegas que ha sucedido al doctor Santos en el puesto guardián
de la Historia Colombiana, y se ha perfilado como un nuevo
descubridor de América.
Si su firma y la de sus compañeros dignatarios han de
calificarme ahora en categoría de Numerario, yo también su
biría un punto de honor como alumno grato y ferviente de esta
inmarcesible escuela de la patria.
Señoras y señores que me habéis escuchado, muchas gra
cias.
Gabriel Camargo Pérez
La Obra de Camargo Pérez
PROPUESTAS PARA EXAMINAR LA HISTORIA
CON CRITERIOS INDOAMERICANOS
Respuesta del Académico Númerario
don Otto Morales Benítez, en nombre
de la Corporación, al discurso de don
Gabriel Camargo Pérez.
Gabriel Camargo Pérez ha venido preparándose para re
cibir esta consagración de Miembro de Número de la Acade
mia Colombiana de Historia. No podríamos decir que ha sido
un propósito deliberado. Pero sí que paciente y lentamente
ha elaborado diversos trabajos todos en torno a nuestras iden
tidades como pueblo autónomo en la raza, en las actitudes
sociales, en la vida política. Ellos le dan holgado título para
plegarse a tan alta consagración. Ha sido una sistemática
advocación por percibir y destacar lo más entrañable de la
patria. Sus libros se han ido ordenando en grados de unciones.
Primero, lo inmediato. Lo que lo rodea y que él relata, exaltán
dolo en su reparón local. De esa manera, surgen las aventuras
de su entrañable Sogamoso; del lago de Tota; de los varones
de la inteligencia comarcana; los simbolismos del Templo
del Sol. Más tarde, la biografía de un singular hombre de nues
tra política —Sergio Camargo— que le permite confrontar el
agitado y convulsionado transcurso de nuestro pasado repu
blicano. Y finalmente, sus variaciones acerca de Amérigo Ves-
pucci y su monumental tratado acerca de Indoamérica, donde
las tesis se suceden en categorías de ciencia, de hipótesis, de
repaso de diversas alucinaciones, cercanas a Ja utopía. Todo
840 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
este trabajo serio, cuidadoso, minucioso, tiene alcance cohe-
sionador. Este, se encuentra en la raíz de las razas primitivas,
en la alabanza de lo que nos distinguía antes del descubri
miento. Como nuestra sangre no desapareció, fue caminando
hasta producir el gran mestizaje, que es lo que hoy nos da
categoría y permanencia universal. Es el que nos distingue y el
que explica las creaciones, ideas y sistemas de nuestro conti
nente. El que nos destaca y caracteriza. El que nos hace per
manecer como nervio propulsor de singularidades en el amplio
escenario de la creación intelectual y política. El que indica
cuál es la fisonomía social de nuestro pueblo.
Para todo este recorrido, él se ha sumergido en la crónica
del pasado. La sigue con unción y la va relievando, sin prejui
cios y sin desvíos. Aún más: la penetra con afán de reverente
entusiasmo. Y van destacándose los hechos históricos con sus
peculiaridades; los personajes con sus rebeldías y con palabras
de profetas que los engrandecen; la tierra con los resplandores
que le dan esos indígenas que ya tenían una cultura, una re
ligión, una conformación social y política, que nos enseñaron
a desdeñar, con recelosa sordidez. El, rescata ese orbe de barro
y de paja —como fue el de lo chibchas— para que no desa
cordemos los orígenes. Estos, entonces, surgen claros. Y darán
vigor a todo lo que viene hacia el futuro. No es lo hispano lo
que nos da el carácter y la fuerza como pueblo. Es, al contra
rio, lo que hemos ocultado. Aquello que relegamos. Lo que nos
deja en perplejidades de complejo, en el cual se mueven, aún,
investigadores, historiadores y hombres de gobierno. Gabriel
Camargo Pérez nos da otra enseñanza: venimos de un barro
humano que no hemos querido amasar. Esa greda permite
modelarla. Hemos perdido mucho tiempo en desconocerla, re
legarla, despreciarla. El, en cambio, la cuenta en sus hechos,
en sus desvelos, en sus sueños. En lo que nos fusiona y nos da
razón de conducta.
“Del Barro al Acero”
El libro, “Del Barro al Acero en la Roma de los Chibchas”,
se interna en lo histórico, y es, como los iniciales de Camargo
Pérez, un devocionario boyacense. Viene de lo ancestral a lo
contemporáneo. Se detiene en las reminiscencias precoloniales,
o en las de la conquista, pero para situar cada hecho en el
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 841
contorno que él ha descubierto con sus ojos, con sus sentidos,
con su inteligencia. Para rendir homenaje a lo inmediato. A
lo que hoy podemos disfrutar sus coetáneos. Es un tributo de
fidelidad. Con pasiones recónditas de felicidad. Su terruño, su
leyenda, su historia, su cultura, los hombres que la han enno
blecido, pasan cantando sus alabanzas. Lo hacen con lo que
le extraen en jugos a aquél; con lo que las ilumina como parte
de un pasado mítico; con lo que crearon como apego al dis
currir de Colombia y de Indoamérica; con lo que han contri
buido a solidificar el pensamiento de la patria y del continente
y que arranca desde los años más remotos de nuestros ante
pasados indígenas; y ya enumerando con entonación, los ape
lativos de sus paisanos —del remoto ayer, de la cercanía
actual— para que su suelo sirva de referencia en el estudio
de su grandeza.
Su texto nos va revelando cómo fue el universo de los
chibchas. Bellamente lo describe como de arcilla, paja y barro.
Une su ascendiente con el de los aztecas y el incaico, auncuan-
do lo nuestro aplicó para sus creaciones, elementos más pe
recederos. En cambio, aportan enseñanzas esenciales como sus
leyes, su organización social, su equilibrio como comporta
miento. El autor lo advierte en frase de bella remenbranza:
“Aquí todo lo da el tono, el matiz, el silencio; las
cosas que callan, aquellas que no se hablan”.
Sobre cada noticia que da, flota la sensación de que nos
hallamos frente a una breve monografía. Como desea ser fiel,
se apoya en las escasas referencias de los Cronistas. Las em
plea con dosificada autoridad de historiador que penetra y
revisa con solidaridades. A la vez, nos identifica cómo es la
escritura de los chibchas. Para mí tiene todos los elementos
integrantes de un idioma si contemplamos sus signos, la or
denación de las figuras, la repetición de sus dibujos. Separán
dome un poco de la creencia del autor, lo que ellos lograron fue
cabalmente la representación del pensamiento hablado. A ello
unían otra calidad espiritual como es la de su misticismo, que
en una tendencia interior que revela singularidad cultural.
Otras muestras de su penetración, las hallamos en la astrolo-
gía; el poder electoral con acento democrático; el ejercicio del
sacerdocio; los ritos que siempre son maneras sublimadas de
expresar las efusiones del carácter interno de las creencias.
842 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
El, sigue atando reminiscencias. Va creando una atmós
fera de respeto a sus enunciados, pues los apoya en múltiples
citas de eruditas y pacientes lecturas. Juzga que los primeros
habitantes de su entrañable rincón boyacense, llegaron de los
Llanos Orientales. En el actual Valle de Sogamoso, antes lla
mado de Iraka se celebraba la creación del Sol. Fray Pedro
Simón así nos lo cuenta. Bochica dominaba a plenitud. Este,
era el civilizador, el Gran señor. Todos coinciden en destacarlo
como hombre prodigioso. Se le busca para conocerlo. Es un
reconocimiento a su categoría, que emanaba de que, a su arri
bo, se fue extendiendo la doctrina del Sol. La que contenía una
moral; una legislación; un sistema electoral; un comporta
miento en el vestir, en las relaciones sociales.
Bacatá moraba en Bogotá. Era evidente toda una jerar
quía: el Gran Jefe era el Zipa. Y, venían en el orden de impor
tancia: el Zaque de Hunza (Tunja); el Cacique de Tundama
(hoy Duitama) y el Sacerdote de Iraka o Sogamoso.
El Templo del Sol
En este continente, había una religión. El que se estable
ciera, revela una cultura. Porque aquella es una abstracción
para explicar los misterios totales de la vida y la muerte. Y es
un impulso ideal para organizar la conducta de los hombres.
Es un alto grado de abstracción y ésta no se alcanza sino cuan
do hay reglas ancestrales que permitan dar guías para ordenar
el universo. Y sus representaciones externas, las hallamos en
tres templos famosos: el de Palenque, en México; el del Cuzco,
en Perú, y el de Iraka, o Sogamoso. Para construir este último,
se tomaron árboles gigantescos y el denuedo de diversos arte
sanos que dirigían contingentes humanos concentrados para
edificarlo. El pueblo muisca que era nuevo, fabricó bohíos. Así
nació su templo, lleno de oro y de historia. La, iglesia —no lo
podemos olvidar— siempre ha contribuido a guardar las tra
diciones nacionales. Se custodiaron las que venían del más au
téntico ancestro indígena. Y se ordenó con bahareques y muros
finos; con puertas agachadas; con cerraduras de caña y vueltas
de cordel; la cubierta empajada y el suelo con esteras. Los
ídolos, los ritos, las ornamentaciones, le daban esplendor.
Con treinta y seis metros de diámetro, lleno de oro, con meta
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 843
les relucientes, con pebeteros para elevar el incienso ritual. Se
podía comprobar el sentido estético en las realizaciones en
cerámica y en orfebrería.
Todo ese esplendor fue abatido cuando el 4 de septiembre
de 1537, hace justamente 500 años, asomaron los españoles.
Suamox había huido, escondiendo las mujeres y las riquezas.
Los soldados Miguel Sánchez y Juan Rodríguez, en la noche,
rompen las cerraduras del Templo. Don Juan de Castellanos
nos informa que ardió durante cincos años.
Camargo Pérez nos describe el largo desvelo para recons
truirlo. Cuenta sus propias acciones; sus esfuerzos de tierna
constancia. A la vez, exalta dos nombres Rememora a Gre
gorio Hernández de Alba, como Director del Servicio
Arqueológico Nacional, en 1944, quien le dedicó fervores y
conocimientos. Relieva la consagración, la erudita pesquisa,
la paciente inclinación científica de Eliécer Silva Cehs, pe
leando por reconstruir el templo. Discípulo de Paul Rivet, su
empeño y su bienquerer se confunden con disciplinas riguro
sas. Así se sumergía en investigaciones antropológicas; en
confrontaciones etnológicas, en el pasado para situar las pro
yecciones culturales. Hasta rearmar esa obra del esplendor
indígena en medio de un proyecto más amplio como es el
“Parque Arqueológico de Sogamoso”.
Para escribir las páginas que comentamos, nuestro reci-
pendiario ha publicado, además, desde 1935, la “Geografía His
tórica de Sogamoso?’, “La Roma de los Chibchas” y “Tota, ben
dición de Nemqueteba”; ha organizado el “Museo Siderúrgico
de Colombia”. Y se ha detenido en observar las reglas del sabio
proceder de las aguas en el Río Chicamocha. Además, publica
nuevos volúmenes de cercanías a las entrañas comarcanas.
Didees nombres
Toda esta historia, la va entrelazando con dulces —y a ve
ces sonoros— nombres de pueblos y de aldeas. Precisamente son
los que identifican la geografía boyacense que, como él mismo
lo evoca, están situados en “un paisaje pleno de frescura”.
Hay que insistir en aquellos para que la dulzura del vocablo
acompañe la evocación de las hazañas: Chocontá, Turmequé,
Tenza, Garagoa, Busbanzá, Socha, Tasco, Tópaga, Monguí,
Tutasá, Yaconí, Bombazá, Tota, Sativa, Guaquirá. Y no
844 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
termina el deleite de nombres. Estos, se amplían con los
de Gámeza, Siachoque, Firavitoba, Iza, Pesca y Toca,
Cormachoque, Guáquira, Chipatá, Duitama, Paipa, Soa-
cá, Topía, Toquecha, Monquecha, Toquilla, Tutasá, Tequia,
Chicamocha, Tobasía. Cada uno de ellos nos trae diversas re
miniscencias. Unas, de la grandeza indígena. Otras, de las le
yendas míticas. Muchos se entretejen con la grandeza
histórica de la libertad. Los otros, con parte de la tierna pro
pensión por lo singular y la fidelidad a la heredad. Por lo que
nos da resplandor en el transcurso de la épica colombiana. Son
apelativos que repetimos con rendición de ternura. Con enaje
nado arrebato sentimental. Así nos confunde Boyacá en ape
gos. Y por ello enumeramos —una vez más, esos nombres
para ir ligando el paso de la historia con el del sueño y la
fantasía, que se atan en la grandeza y proyección de la pa
tria. Son sitios para repasar, como lo hemos hecho tantas ve
ces, con aliento de pasión, que se arbola en cantos y alabanzas.
Exaltación de lo popular
En la obra de Camargo Pérez, es evidente la inclinación
por la historia y la sociología populares. Pertenece a esa gene
ración que, en la República Liberal, se puso en contacto con
la realidad colombiana. Uno de los matices más singulares
de la acción que impulsó aquélla, fue comprometer a las in
teligencias jóvenes en estudiar el país. Hasta ese momen
to, existía una desviación retórica para analizarlo. Los juicios
virtualmente venían de una respetable estirpe literaria. Pero
no tenían que ver, exactamente, con lo que nos circundaba.
Como había intención de cambiarlo todo, lo primero fue mirar
lo que nos cercaba, y transformarlo en fórmulas sociales y
políticas. En esa etapa, nuestro compañero de la Academia,
se puso en contacto con las situaciones obrero-patronales, co
mo Director de Investigaciones Sociales y de Supervigilancia
Sindical. Siendo Abogado de la Caja Nacional de Previsión
Social, su cargo fue declarado insubsistente, por haber pro
nunciado un discurso en representación de esta Academia —en
homenaje a la memoria de Francisco de Paula Santander—.
Como éste defendió la juridicidad y proclamó la libertad, el
orador a ellas hizo referencia. Era el año de 1954, en el cual
no se toleraban esas palabras que contrariaban la reciedumbre
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 845
del autoritarismo que en nombre de Bolívar y de Cristo, que
rían imponer entre crueldades y desgarramientos colectivos
Esa circunstancia permitió a Camargo Pérez ser llamado como
Asesor Jurídico de Acerías Paz del Río, y recorrer los pueblos
y veredas de Boyacá, y acendrar su vibración por los valores
de la comarca.
Por ello en los libros que venimos comentando, exalta a los
seres singulares que se vincularon a las broncas protestas, en
Sogamoso, en todas sus horas históricas. La primera que re
lieve es la de 1539. Es cuando Hernán, el hermano de don
Gonzalo, el Conquistador, manda a que sometan a Suamox.
Entonces, Tundama se encabrita contra el imperio y grita:
“Lo que me sirve de ejemplo para no ceder un
solo instante en mi ardorosa pasión, son las malas
obras, los malos tratamientos y las atroces que habéis
causado a mis vecinos”.
Como se deduce, es un acto de solidaridad. Los indígenas
obraban en identidades. No tenían escapatoria de éstas, pues
ellos sabían que las crueldades los perseguían y el someti
miento era su término. Veamos, como ejemplo, qué pasó con
quienes estaban en cercanía: Suamox tiene que soportar la
“argolla de Federmann”. Lo mismo el cacique Firavitoba. A
Tundama lo doblegan con un martillazo implacable. A Sua
mox lo cristianizan y le ponen como nombre el de Alonso.
Pero sin que olvidemos que Fray Pedro Simón, relata cómo
los caciques de Sogamoso continuarán usando las ceremonias
mágicas de su religión, después de recibido el bautismo.
Cuando Suamox es invitado a la Real Audiencia de Santa
Fe de Bogotá, al contemplar un retrato del Rey, hace adverten
cias que son ya pensamiento elocuente de lo que es una creen
cia de cómo debía ser el gobierno y que evidenciaba una
manifestación de autenticidad de todos los indígenas y mesti
zos que iniciaron las duras rebeldías contra España. El dijo:
“El Rey España podrá ser un buen mandatario
si tuviera su corte en Sogamoso, pues no es admisible
que las colonias sean bien administradas, hallándose
el soberano a tan larga distancia”.
846 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Y después recalcó en sabio alegato:
“Mientras las aguas de los ríos sigan su curso
natural, no puede creerse que haya un Juez español
que administre justicia rectamente...
Cuando los Comuneros irrumpieron, Juan Lorenzo Al-
cantu, de Sogamoso, estuvo entre los Capitanes audaces. Nada
le detenía. Su coraje era ímpetu de la nueva raza americana
Actuó con el resplandor del creador revolucionario.
Y más tarde, el jurisconsulto Emigdio Benítez fue quien
representó a la ciudad en el Congreso que se reunió el 22 de
diciembre de 1810.
Era Benítez del Socorro. Profesor de Derecho en el Cole
gio del Rosario, maestro del Hombre de las Leyes, y fue mártir
en la época del terror.
Sus testimonios revelan la ardentía de su pensamiento,
incapaz de transar con posturas acomodaticias. Defiende el
derecho de representar a la “Roma de los Chibchas”, que ya
había recibido el 6 de septiembre de 1810, el alto título de
“Villa Republicana”. Para ello formula Benítez un alegato
destacando sus condiciones y calidades:
“¿Ignora acaso el doctor Torres que la situación
geográfica de Sogomoso es de las mejores del reino:
que su clima es el más saludable y cómodo: que
comprende dilatados y deliciosos valles, extensos
campos, tan fértiles, aue sólo los respectivos a sus
Resguardos, o dehesas, producen granos y frutos su
ficientes para proveer con abundancia las dos gran
des Provincias Socorro y Llano, y pastos para recibir,
hacer convalecer y cebar esas numerosas partidas de
ganados vacunos que continuamente salen de la úl
tima, en términos de que Sogamoso sostiene siempre
las crías y los abastos de carnes del mismo Soco
rro, Pamplona, Tunja, Girón, y esta Capital?
“¿Ignora también que Sogamoso es el puerto, y el
punto céntrico de las relaciones de comercio de las
mencionadas provincias, y particularmente de las dos
primeras: que su feria o mercado, apenas hay algún
otro que se le pueda comparar: que por lo mismo sus
entradas y salidas son cuantiosas, y sus rentas pú
blicas hacen un fondo de consideración, capaz de
sufrir los gastos de su organización, independencia
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 847
y representación nacional: y que los pueblos que se
han unido a Sogamoso, se componen de más de trein
ta mil habitantes, gran parte de ellos no sólo media
namente acomodados, sino ricos y opulentos, como
que dos pudieron solos ofrecer al cabildo de esta
Capital, en los instantes más apurados de la tiranía
del antiguo gobierno, dos mil y cuatrocientos hom
bres armados, uniformados, sostenidos y asalariados
a sus expensas, por el tiempo que se necesiten para
acudiría, y reparar el dón divino de nuestra libertad:
por cuya generosa oferta se les condecoró con los
títulos de coroneles de los mismos Regimientos que
estaban formando para traer: y esto se hizo por
aclamación de los Vocales de la Junta Provincial de
esta Capital, que se acababa de instalar?”. “En el mo
mento de nuestra santa revolución, en el lenguaje
del doctor Torres y sus secuaces, se rompieron les
vínculos que ligaban a las Privincias con la Capital
(Santa Fe). ¿Por qué han de quedar subsistentes los
de los pueblos numerosos con sus antiguas matrices,
cuando ellos son capaces de organizarse por sí solos,
sin dependencia alguna?
“No podrá negar el doctor Torres, que instalada
la Junta de Sogamoso, la reconoció la de esta capital,
y le libró el título de Villa, y protestó su protección,
y que librando a los indios de los tributos, los declaró
por españoles y dueños absolutos de sus respectivos
terrenos o resguardos: y por supuesto, deberá con
fesar igualmente, que estos corresponden en propie
dad a los habitantes de Sogamoso, que por ser
naturales no se han degradado de la representación
de ciudadanos: y que en contradecirlo él contraviene
a las expresas anticipadas providencias de la Junta
de que es individuo, ya las terminantes decisiones de
nuestras sabias leyes”.
“Santa Fe, ocho de enero de mil ochocientos
once. (Fdo.) Emigdio Benítez”.
La controversia para calificar las calidades del doctor
Emigdio como representante de la ciudad entrañable
de Camargo Pérez, suscitó la publicación, por orden del Su
premo Congreso de un folleto “Sobre la admisión en el Con
greso del Representante de Sogamoso señor Emigdio Benítez”,
que se puede consultar en la Biblioteca Nacional, “Patria
Boba” 1811 —Negociaciones de Cundinamarca, cuaderno N?
2— Sala Primera, Tomo 180/39.
848 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
En esas páginas se revela que es la lucha entre la Junta
de Gobierno y el Congreso, Este, se disolvió en 1811. No eran
problemas accidentales los que conmovían las relaciones en
tre los dos poderes. Se discutían temas esenciales en cuanto
a la manera de gobernamos. Se estaba definiendo el tipo de
ejecutivo que se consentía. Había tendencias a que primara
una Regencia, que contradecía los sentimientos democráticos,
que ya sacudían la imaginación de nuestro pueblo. En la
Biblioteca Nacional, en el Archivo Histórico, en el Tomo XI,
se puede leer la carta de Emigdio Benítez, a don Andrés Ro
sillo, Diputado de El Socorro, del 19 de enero, en la cual
quedan explícitas algunas materias que incitaban a la que
rella:
“Mi estimado compañero y amigo:
“Por el Acta o Acuerdo que le acompaña el Con
greso, verá los apurados extremos a que se le tiene
reducido por la Junta. El talvez acuerde de hoy a
mañana su salida a Sogamoso, o a otro lugar. A los
Pombos, a Torres, y a Acevedo se les han cogido car
tas en que descubren el plan de que reconozcan la
Regencia...
“Se pidió a la Junta que se les separase de Voca
les para proceder contra ellos y nada se ha conse
guido, sino desavenencias. Al señor Pey le vino el
Decanato por la Regencia. Ayer se puso preso a
Carbonell y la artillería a disposición de Cebollino y
Salcedo, y en una palabra los regentistas y chapeto
nes llevan la voz”.
Este libro al cual nos referimos tan velozmente, le permi
te al autor avanzar hasta los más recientes hechos de lo local.
Destaca lo que es el presente y da la guía de lo que le reserva
el futuro. Para ello se apoya en investigaciones eruditas.
Apela a los cronistas, a los poetas, a los más recientes auto
res. Se viene de lo ancestral y mítico, a las voces de Fray Pe
dro Simón. Se entrelaza en la lectura de Juan de Castellanos
y de Fray Pedro Aguado, sin desdeñar lo que describen, apo
yándose en Miguel Triana, el historiador de raras sabidurías
en lo chibcha. Hace un esbozo de la manera como se adminis
traba la propiedad de la tierra, pero a ella regresaremos más
tarde.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 849
Gabriel Camargo Pérez nos describe lo subterráneo de una
cultura ancestral. La de su embrujada Boyacá. Y puntualiza
las certezas en sus afirmaciones; y rastrea con minucia, le
yendas, suposiciones, visiones apenas míticas. Nos lleva de su
mano de erudito hacia sus temas, para que nosotros —devo
tos de la patria— continuemos buscando por ese sugerente
ambiente de lo que los boyacenses llaman —con esa califica
ción— “la tierra”.
“Exploraciones Históricas (Sucesos, personajes
y pueblos de Colombia)”
Camargo Pérez se ha dedicado a solidificar unas creencias
básicas para comprender el país y el continente. Su libro “Ex
ploraciones históricas (Sucesos, personajes y pueblos de Co
lombia)”, nos conduce a reflexionar que se van integrando
en nuestra necesidad de valorar lo que nos ata y compromete.
Desde lo precolonial, en tomo a un personaje como Nemque-
teba, va desarrollando pensamientos en cuanto a las ataduras
de lo mitológico con lo primitivo nuestro. Que, por cierto, tie
ne tanta calidad y significado, desafortunadamente analiza
do con cicatería intelectual y poco conocimiento. Avanza hacia
el Descubrimiento del Litoral Atlántico, que le permite formu
lar juicios en cercanía desde Urabá hatsa el Mar del Sur. La
Conquista la centra en Benalcázar y en la génesis de ciudades
como Cali y Popayán, sin relegar a Jiménez de Quesada en
vuelto en el brillo de las esmeraldas. Nos acerca a sus reductos
sentimentales y de sus lectores: El Valle de Tenza y el cañón
de Chicamocha.
Más adelante, regresa a la figura del mestizo don Diego
de Torres, quien redacta el primer Memorial de Agravios y a
quien lo llama “Pre-libertador de la servidumbre y de la es
clavitud en la historia de la patria”. Habla, igualmente, de
don Diego del Corro y Carrascal, “nebuloso e intrigante” que
hace contraste con aquel que empina la protesta inicial de
las libertades.
Nuevamente se acentúan en estas páginas sus insisten
cias por incursionar en la entraña de lo popular de la histo
ria. Hace comentarios en cuanto a lo que él llama la sociolo
gía comunera, que es una manera de penetrar en ese cavilar
850 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
colectivo. A don Agustín Justo de Medina lo observa como al
intelectual que ideó las Capitulaciones. Repite el crédito de
mártir a Alcantus, quien fue impulsador de la Insurrección.
Como desea volver sobre los perfiles de la patria, nos pun
tualiza qué significado tiene el 20 de Julio y lo que en su al
cance, es la Patria Boba en las disputas entre Antonio Nariño
y Camilo Torres. Hace consideraciones en cuanto a las tenden
cias del centralismo y del federalismo. El paso de los hechos
políticos y de las diferentes expresiones que sirvieron para
atarnos como nacionalidad, le exige revisar, para encomiar
las acciones de Francisco de Paula Santander en la Campaña
Litertadora. Desdeñando la mezquindad con la cual se le ha
tratado en diversas ocasiones en el análisis histórico al procer
colombiano, rememora episodios de su grandeza en las disputas
con Bolívar.
Penetra con sagacidad en la formación de los diferentes
matices de la política colombiana, indicando el alcance, y mal
antecedente del Gobierno de Rafael Urdaneta en los sucesos
de facto, que perturbaban el ritmo de nuestro ambiente re
publicano. Más adelante regresa a figuras esenciales como
Sergio Camargo, Santos Gutiérrez, Carlos Arturo Torres, Joa
quín González Camargo, o las cercanías entre Sogamoso y El
Socorro, o lo que es su Boyacá en la triple dimensión de “pai
sajes, historias y gentes”. Comienza el volumen con un cacique
de lo más entrañable del pasado chibcha, y lo cierra con todo
aquello que alimentó el transcurso humano de sus paisanos
boyacenses que han contribuido a la consolidación del destino
de la patria. Es una fervorosa pedagogía para cantar la varie
dad de los sueños creadores de Colombia.
Devociones históricas
Sus unciones históricas van ampliándose desde su “Geo
grafía histórica de Sogamoso” que ya marca parte de su insis
tencia en lo que le signará su aventura intelectual. Después
registrará la preocupación por el “Blasón” de su ciudad; o sus
estudios sobre “Tota, Bendición de Nemqueteba” o la “Etiolo
gía y Metamorfosis de la voz Cundinamarca”. Como hijo que
hace reverencia a su ancestro, regresa la memoria a lo clási
camente intelectual en su “Galería de Escritores Sogamoseños”.
En veintidós capítulos, se viene desde el “centinela de nuestras
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 851
fronteras patrias”, Demetrio Salamanca Torres, hasta el ma
gistrado Alfonso Patiño Roselli, enumerando nombres que le
han dado calidad espiritual a sus afanes colectivos, como Joa
quín González Camargo.
El poeta, recibe el homenaje que se extiende a Edmundo
Rico, tan marginado y con fecunda cbra para recoger en libros,
hasta un valor ya respetado en otras latitudes, donde su capa
cidad intelectual se proclama sin reticencias, como es el nombre
de Rafael Gutiérrez Girardot.
No descuida sus fervores por otros sucesos más amplios del
acontecer histórico. El, examina “El Archivo del Coronel Sal
vador Córdova”, que le permite penetrar en diversos episodios
de nuestro medio social y en crueldades de nuestros caudillos.
Y no se detiene: publica, su “Colombia 1497: Primer arribo
español a Tierra Firme”. Amplía su visión para comprender
cómo ha sido nuestro devenir ccntinental. No avancemos tan
rápidamente. Ahora detengámonos en un libro suyo que aca
ban de reeditar donde el desenvolvimiento nacional alcanza
alabanzas, preocupadas meditaciones, pronunciamientos en
cuanto a proceres y acerca de torcidas crueldades del acontecer
social. Demos una rápida hojeada a esos capítulos de inquietu
des patrióticas y radicales en su cuidadoso deseo de saber cómo
irrumpen los entendimientos y las discrepancias de nuestros
compatriotas.
“Sergio Camargo: el Bayardo Colombiano”
Otra vez, Camargo Pérez regresa hacia sus lares. En una
biografía de don Sergio Camargo, nacido en Iza, en 1832, in
siste en revelar las calidades de su gente. Cumple con la reco
mendación de Laureano García Ortiz, tendiente a cancelar la
deuda que tenemos de estudiar y denunciar, en palabras, orde
nadas con claridad patriótica, lo que fue el Siglo XIX en Co
lombia.
Desde el primer capítulo, el libro tiene una tendencia ge
nerosa, como es darle un marco de singularidad a Boyacá, a
Sogamoso y a los sucesos que marcan su discurrir. Cuando
Manuel Lagos y Domingo José Benítez arriban para impulsar
adhesiones a la Revolución de Quito, ofrecen * ‘levantar tropas
a su costa en beneficio de la patria”. Esa declaración, produce
contagios de fe en quienes tienen ancestrales inclinaciones por
la rebeldía.
852 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
El autor va cruzando el destino de su personaje con los
avatares nacionales. La simbiosis se alcanza en cuanto cada
hecho influye y determina actitudes comunitarias. En el caso
de Sergio Camargo, su adhesión a los sucesos públicos lo con
vierten en figura singular desde la más temprana juventud. Los
acontecimientos no lo rozan, sino que se confunden en el pro
pio ímpetu de su peregrinar político. Nacido en 1832, entiende
que la Constitución de 1853, abría perspectivas a la autonomía
regional, la cual se veía menoscabada, y, como es natural,
acentuaba grandes malestares sociales, la forma como, con
“cerrado sectarismo”, constituyó su gabinente Ospina Rodrí
guez.
Camargo asiste a la Asamblea Constituyente del Estado,
que se instala el 15 de septiembre de 1857. Por cierto, el 20 de
octubre se sancionó la primera “Constitución Política del Es
tado de Boyacá”.
En “Tierra Azul”, en Onzaga, fue su primer campo de ba
talla. La duma de su departamento, el de su inicial experiencia
parlamentaria. Cada suceso lo halla en el lugar de hombre de
acción guerrera intelectual. Para él, actuar era su deber per
sonal. No aceptaba el reposo ni se consentía licencias ante los
apremios de la comunidad. Así, cuando Mosquera monta la
guerra, Camargo entra a ella el 3 de julio de 1860. Aníbal
Galindo describe su dimensión:
“Lo único cierto es que contra un gobierno de
partido, se levantó el partido liberal, para hacerle
una revolución de partido, con el objeto de recuperar
el poder, al cual juzgaba no tendría acceso por las
vías del sufragio”.
Mientras tanto, el biografiado recibe nuevas consagracio
nes: es designado Auditor General del Ejército. Cuando se
convoca la Asamblea Constituyente en Boyacá, lo eligen como
tercer Designado. Lo consagran para ir a Rionegro (1863),
pero no puede asistir por estar, en ese momento, encargado del
poder boyacense.
Sin seguir en detalle todas sus peripecias vitales y pú
blicas, sólo podemos referir algunas pocas. Entre ellas, que
dirigió con tal prudencia y serenidad el mando, que resolvie
ron elegirlo, en propiedad, Presidente de su estado soberano.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 853
Mientras tanto, el 1Q de abril de 1864 entra a conducir a
Colombia Manuel Murillo Toro. Y se alcanza una fecunda labor
administrativa y se consolida la paz nacional.
Era costumbre que quienes adquirían mando y valía, ser
vían la docencia. Así don Sergio fue Rector del Colegio de Bo
yacá desde el 24 de diciembre de 1865. Este claustro ha
ennoblecido, desde que lo fundó Francisco de Paula Santander
—con otras innumerables Universidades e institutos, siendo en
el continente quien mayores aportes dio a la educación— y,
en forma prioritaria, a la inteligencia regional. En sus claus
tros se han formado varias generaciones de escritores, políti
cos, artistas, hombres de la inteligencia y con severo
comportamiento individual como una manera de dar respues
tas a las demandas de la comunidad. Como había sido elegido
simultáneamente Designado, declina este cargo.
De los claustros, regresa a sus deberes públicos y es con
sagrado como General de la Guardia Colombiana.
Mientras tanto, su paisano Santos Acosta crea la Univer
sidad Nacional por medio de los Decretos 13 y 17 de enero del
68, en desarrollo de la Ley 66 de septiembre 22 de 1867. El
primer Rector que se designa es don Ezequiel Rojas, autor
del primer programa del liberalismo. Al no poder aceptar, se
nombra a don Manuel Ancízar, hombre de actividad intelec
tual reconocida por su calidad e intensidad. La Universidad
—era el criterio predominante— debía realizar una tarea de
integración del pensamiento nacional. Su obligación, recoger
en sus aulas todos los matices de aquél y entregarla, sin re
cortes religiosos o de otra clase, a las diferentes perspectivas
del pensamiento científico. Confluía a fortalecer la gran revo
lución educativa que adelantó y consolidó el Radicalismo en el
gobierno y que vino a quebrar la Regeneración conservadora de
Núñez y de Caro.
Al acceder al poder Santos Gutiérrez el 10 de abril de 1868,
lo nombra Secretario de Guerra y Marina. En tal mandato, se
alcanza el acuerdo con el Ecuador, precisamente negociado
por Sergio Camargo.
Canal de Panamá
Vale la pena —siguiendo las líneas de Camargo Pérez—
singularizar que lo más trascendental de la administración
Gutiérrez, fue su inclinación por lo referente al Canal de Pa
854 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
namá. En la Memoria de Sergio Camargo al Congreso de Co
lombia —editada en la Imprenta de la Nación, Bogotá, 1870,
en la página 5— se leen advertencias capitales y que revelan
preocupaciones fundamentales por la integración colombiana
y de las calidades internacionales del Istmo:
“Séame permitido expresar aquí la importancia
que, a mi juicio, debe dar el gobierno de Colombia al
Istmo de Panamá, como punto estratégico, prescin
diendo de la gran significación comercial que le asig
nan unánimemente los estadistas de ambos mundos”
Las negociaciones adelantadas, fueron torpedeadas por
una unión entre draconianos y conservadores contra los gól-
gctas, en 1869, que actuaban como amigos de Mosquera. Con
Estados Unidos se había acordado, el 14 de enero de 1870, que
aquel país se comprometía a verificar las exploraciones que
se necesitaran para establecer si era aconsejable construir un
canal interoceánico. Que si se comprobaba su posibilidad, se
acometería la obra, pagando a Colombia un porcentaje sobre
los valores del transporte que se realizara por el Canal, du
rante cien años, al abrirse al tráfico mundial. A la vez, se
estipulaba que nuestro país cedería a Panamá “una cuarta
parte de los derechos que reciba”.
Para negarlo, se adelantaron discusiones que se calificaron
como el “debate del siglo”. El argumento que se esgrimía en
contra, era que Estados Unidos no se obligaba, irrevocable
mente, a construirlo. No tuvieron en cuenta que ya asomaba
una inclinación panameña por su Independencia.
Don Ezequiel Rojas advirtió con claridad que se acerca
ba, en la vida internacional, hacia el futuro. Y lo dijo sin du
bitaciones:
“Aunque nuestras más importantes relaciones
comerciales son en la actualidad las que tenemos con
Europa, y europeos muchos de los capitales que ali
mentan nuestra industria, no sucederá lo mismo en
un porvenir no muy remoto para la América del
Sur...
“Nuestros hijos llegarán al día en que la Europa
empiece a mendigar las relaciones comerciales de la
América del Sur”.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 855
Camargo, Presidente
Después Camargo, como segundo Designado, ocupa la
Presidencia de Colombia, cuando se retira don Aquileo Parra.
Antes de ello, pasan mil sucesos nacionales en los cuales
aquél ha estado actuando. Mandatos oficiales; luchas gue
rreras; inclinaciones invariables por el devenir nacional. Y
comportamiento de limpio ademán, que avalaba su carácter
de invariable mandato. Tanto en la guerra como en la paz,
sus palabras y su manera de actuar, marcaban pedagogías.
Sus acciones se describen en el libro con eruditas precisiones.
Es un caudal de datos, reproducción de documentos, citas que
sitúan la significación de los acontecimientos. Así se relata la
sagacidad para escoger el camino preciso, el que destaca con
más detalles la importancia de una situación política o gue
rrera.
Al tomar posesión de la Presidencia, el doctor Emiliano
Restrepo, Presidente del Congreso, dijo:
“Larga es vuestra hoja de servicios en favor de la
Nación. En la última crisis, vuestro valor, vuestra
pericia y vuestra prodigiosa actividad han dado mu
chos días de gloria a la República. A la cabeza de
numerosos ejércitos, recorristeis en pocos meses gran
parte del territorio del país; y donde quiera encon
trasteis al enemigo, demostrasteis que no equivoca
damente había descansado en vos la confianza
pública.
“Al presente, entráis a desempeñar funciones de
otro orden. Abrigo la seguridad de que en el desem
peño de ellas probaréis que, así como os adornan las
trillantes y sólidas condiciones del guerrero, tenéis
también las grandes aptitudes del Magistrado Civil”.
Se venía de una larga lucha guerrera. Camargo había
actuado en casi todo el país Su espíritu se sentía comprome
tido, ahora, en otro estilo de combate. Era el mando civil el
que recibía y lo alinderaba con precisión, en sus palabras. Al
contestar ante el Congreso de la República, manifestó:
“. . . mientras permanezca en el ejercicio del
Poder, podéis anunciar al pueblo de Colombia que la
espada que me dio la Ley, jamás herirá el corazón de
la República y que el bastón de Magistrado que
856 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
ponéis en mis manos, será en verdad símbolo de la
autoridad legítimamente constituida, mas nunca va
ra de fierro para los vencidos; ni está destinada a le
vantar en alto la bandera de la destrucción y del
encono”.
Después de una guerra en la cual se devastó el poderío
económico nacional, Camargo recibió un país sin vida fiscal.
En carta a Parra —8 de junio— le dice: “¿Qué se puede hacer,
cómo se puede gobernar sin dinero?”.
Por lo tanto, redujo el ejército y el personal burocrático
y estabilizó una verdadera dictadura fiscal. Esta, permitió ele
var el precio de la sal; cobrar un peaje; se negoció el pago de
los intereses de la deuda externa. En lo cultural, tomó provi
dencias que impresionan por la manera como se miraba la
misión de la inteligencia colombiana: asumió el sostenimien
to de la Universidad Nacional y de los Colegios de El Rosario
y San Bartolomé; se creó la Escuela de Ingeniería Civil y Mi
litar y se pusieron en funcionamiento todos los planteles edu
cativos que se habían suprimido con motivo de la guerra. Se
contrató la escritura de la “Historia Militar de la Independen
cia Colombiana” para relievar todo lo que fue esencial en la
emancipación. Se rehabilitó la Biblioteca Nacional. El 1? de
julio pronunció el discurso en la Universidad oficial en la cual
recalcó la postura ante los afanes comunitarios:
“Felices seréis si conseguís en vuestra carrera
hacia el porvenir, volver, como yo he vuelto, a pisar
estos dinteles, sin traer vuestras botas salpicadas por
el lodo en los campos de batalla, ni con la frente aba
tida por las desgracias de la patria común”.
Para estimular el entendimiento entre los colombianos, el
10 de julio, decretó la amnistía y devolvió el ejercicio de los
derechos ciudadanos a la acción democrática de los partidos
políticos, pudiendo ejercer la oposición, como lo consagraba la
Constitución, cuyo cumplimiento se había aplazado. Para for
talecer la paz, y el carácter civil del gobierno, se dirigió a los
Presidentes Federales, recomendándoles “tolerancia para los
contrarios y perdón para los vencidos”. Además, devolvió las
propiedades embargadas para suscripción de impuestos for
zosos. Hizo aprobar la ley de amnistía —la 62 de junio 4— y
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 857
quienes se acogieran a ella, deberían entregar las armas. Y
en Antioquia, que permanecía bajo el régimen provisional de
una Jefatura Civil Militar, a cargo del General Trujillo, por
Decreto 427 de julio 14, se convocó una Convención Constitu
yente que eligió los mandatarios. El mismo día le escribe a
Parra:
“He declarado en vigor las garantías individua
les, menos la de comerciar con armas y municiones”.
Y por Decreto 470, de 7 de agosto de 1877, se declara con
solidado el Orden Público y se reduce el “ejército al pie de
paz”.
Las Cartas Políticas
Camargo fue Embajador en varias misiones especiales;
negoció tratados; firmó convenios; realizó tarea de visión in
ternacional. Representó a Colombia en Francia, Gran Bretaña
y Alemania. Desde Europa, escribió cartas políticas en las cua
les insinúa insistentemente la urgencia de la convivencia. Al
doctor José del Carmen Rodríguez le dice desde Londres, el
2 de octubre de 1878:
“Constituir alguna normalidad social; aplacar,
reconciliar, fraternizar: tal es la tarea de la obra
presente. Y urge acometerla. De otro modo, la catás
trofe, patrióticamente presentida por un eminente
colombiano, no tardará en desatarse sobre nuestras
cabezas”.
En otra carta al General Ramón Santod-omingo Vil a
—Londres 3 de febrero de 1879— acentúa la necesidad de la
convivencia de los partidos en el poder y su derecho a concu
rrir en el mando. Es lo que él llama el “derecho colectivo al
gobierno”. Su posición política es cada vez más dinámica en
predicar el avenimiento, pues dice que no desea imaginarse
lo que sería una nueva guerra civil. Su posición queda explí
cita en sus textos:
“Así, pues, pienso que la más equitativa y sabia
combinación del arte dé la política sería la que pro
veyese a la coexistencia de los partidos en el ejercicio
del gobierno en sus ramas cardinales. En toda so
858 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
ciedad surgen siempre dos grandes partidos: uno que
busca el progreso por la autoridad, otro que tiende a
realizarlo por la libertad. Que ambos a dos tienen
derecho a concurrir en el ejercicio del gobierno, pa
rece evidente, si sobre ambos pesan obligaciones po
líticas. De otro modo, obligación y derecho no serían
correlativos, ni el principio democrático de la igual
dad sería más que una bella paradoja”.
Hacía alarde de su adhesión y su atadura doctrinaria al
libera’ismo. Pero su pasión colombianista, subyugaba su vida.
Al efecto, escribió unas frases que conmueven por el sentido
del alcance de su reflexión nacional:
“La unión de la familia liberal, tan cara para
mí, como que por ella cien veces he jugado mi vida,
es cosa que ardientemente deseo; pero hay una fa
milia que yo amo más aue la familia liberal. Esa
familia es la familia colombiana”.
Su política de conciliación, fue atacada y lo descartaron
en el Congreso en la elección de Designado para la primera
Magistratura, que se llevó a efecto el 24 de febrero de 1879.
Se hizo la postulación de su nombre como candidato para
nuevo Presidente de la Unión. Salvador Camacho Roldán cuen
ta ese inquietante proceso:
“Juzgué entonces, en vista de la exageración de
ideas que mostraron las cámaras legislativas en ese
año (1878), principalmente en lo relacionado con las
cuestiones eclesiásticas; de las ambiciones que sur
gían por todos los ámbitos, y de la popularidad
inmensa con que fue recibida la entrada del señor
General Trujilío a la Presidencia de la República
—entrada que señalaba el fin de la dominación del
partido radical— juzgué, digo, que la opinión em
pezaba a abandonarnos, que la ley de la ondulación
del péndulo en el movimiento del reloj, marcaba ya
para el partido liberal la hora de dejar el campo a
sus adversarios”.
Esto venía fraguándose con lenta y sagaz astucia política.
Fue una urdimbre bien planeda para culminar en la Regene
ración Conservadora de Núñez y de Caro. En mi libro “Cáte
dra Caldense”, en los capítulos “Las Guerras” y “La de 1876”,
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 859
ato una serie de datos históriccs que ayudan a explicar y en
tender este atentado, que conduce al desmonoramiento del li
beralismo.
En la Diplomacia
Fuera de las preocupaciones por el país, desde el punto de
vista político, realizaba su tarea en beneficio nacional, desde
los cargos diplomáticos. La primera, fue preocuparse por la po
sibilidad de la construcción del Ferrocarril Central. Se requería
convencer a los inversionistas ingleses que habría estabilidad
política; que la paz se prolongaría en el país.
Dirimió una controversia con el gobierno alemán. En Bu
caramanga, el 8 de septiembre de 1879, se presentó un tumulto
por asuntos particulares. Hubo atentados contra alemanes. El
gobierno de éstos, exigía medidas extremas, que descartó Ca
margo. Hubo anuncio de castigo de acuerdo con las leyes co
lombianas y homenajes a la tandera alemana Las relaciones
volvieron al cause normal.
El alcanzar un “status” con España, fue otro de sus en
cargos Se había intentado, pero sin éxito. El, firma un proto
colo, el 28 de mayo de 1880, que fue el que dio alcance a las
posteriores relaciones, que se iban intensificando. Lo mismo
que alcanzó otro con el imperio austrohúngaro.
Durante un tiempo, José María Quijano Wallis había sido
Jefe de Misión ante el gobierno italiano. Y había buscado un
“Modus Vivendi” con la Santa Sede, por mandato que venía
del Congreso de 1878, en el gobierno de Trujillo. Aquél recibió
una carta de Núñez en la cual éste le decía —12 de octubre
de 1879—:
“Celebro que tenga usted esperanzas de algo
práctico en asuntos eclesiásticos; usted conoce bas
tante mi temperamento y puede juzgar por tanto,
de mis íntimas tendencias; pero mi situación domés
tica acaso me inhabilitará para ir un poco lejos, por
que yo no podría contribuir yo (sic) mismo a
colocarme en posición desairada, obrando en desar
monía con mis actos privados. Desde luego que si
fuera practicable la intervención discreta de la San
ta Sede para dar a mi estado doméstico forma exte
rior, yo me complacería muy de veras, pero
comprendo cuántas dificultades se opondrán a este
desenlace”.
860 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Quijano Wallis en sus Memorias, dice:
“Comprendí por esta carta que el doctor Núñez
no se hallaba dispuesto a aprobar ningún arreglo con
la Santa Sede hasta que ésta no hubiera declarado
legítimo el segundo matrimonio que había contraído
con doña Soledad Román, viviendo aún su primera
y legítima esposa, de quien estaba él separado, pero
no divorciado, porque la iglesia católica no admite
ni sanciona el verdadero divorcio, que es la ruptura
del vínculo matrimonial y la consiguiente libertad
para contraer nuevas nupcias”.
Y más adelante agrega:
“Contesté a Núñez que “en ningún caso creía
yo que debía involucrarse un asunto puramente do
méstico y de interés personal y privado con los arre
glos de interés nacional que vo gestionaba ante el
Vaticano”.
A lo cual respondió Núñez el 7 de febrero de 1880:
“Creía yo que el asunto particular a que usted
se refiere podría haberse arreglado verdad sabida y
buena fe guardada; porque de otra manera no es
para mí aceptable la solución; menos aún en mi ca
rácter de libre pensador que nunca declinaré, Dios
mediante, si bien creo que debe darse toda la libertad
necesaria al culto católico. Si el nuevo Pontífice cuyas
luces todos reconocen no se sitúa en terreno práctico,
quedaremos a “Statu quo”. Tengo ciertamente los
más vivos deseos de dar garantías plenas al catoli
cismo colombiano; pero si no hay concesiones recí
procas, dudo mucho que se logre ningún cambio
sustancial”.
Núñez, en su calidad de Presidente, encarga de las nego
ciaciones a Camargo. Este, firma una Convención, donde, como
es elemental, no se hace mención a los asuntos a que se alude
en la correspondencia transcrita. Pero se alcanzaba la paz con
la Santa Sede. En carta de Camargo al General Angel María
Galán, del 2 de julio de 1880, se puede encontrar una síntesis:
“Me limité a establecer bases generales para arre
glar después definitivamente todos los asuntos re
ligiosos. Leálas en resumen: Nosotros derogamos
todas las leyes del 77 contra el clero y volvemos a
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 861
pagar la renta nominal. El Papa absuelve de culpa
y pena la desamortización: nos libertará de los Obis
pos del Cauca, si el gobierno insiste en rechazarlos,
y nos hará todas las exenciones y concesiones otor
gadas a la nación más favorecida. Es claro, desde
luego, que no habrá en Colombia culto oficial y que,
al contrario, todos los cultos serán permitidos,' pues
en ese punto de doctrina no se puede echar pie atrás,
y si alguien lo echara, ése, por cierto, no sería yo.
Quitar a Colombia el poder del clero a las revueltas
políticas, más aún: poner ese poder al lado del go
bierno, es mi objeto, como negociador, porque ése es
también mi anhelo como colombiano”.
Después, Núñez nombra otros plenipotenciarios. Camar
go había demostrado su eficaz empeño diplomático. Regresa a
Colombia el 2 de octubre de 1880.
El nombre de Camargo principió a mencionarse como
posible candidato a la Presidencia de la República. Para im
pedirlo se usaron mil subterfugios. Entre ellos, evitar que se
aprobara la Convención con la Santa Sede. La explicación nos
la da Eduardo Rodríguez Piñeres:
“Había otro motivo, éste de orden político, para
que Núñez no dejara pasar la Convención Nina-Ca-
margo: de los hombres del radicalismo que le habían
cerrado el camino de la Presidencia en 1875, uno de
los dos a quienes más odiaba era a Camargo (el otro
era Santiago Pérez) y sucedía que si la Convención
se aprobaba, crecería el prestigio de aquél, de suyo
muy grande, aún entre los conservadores; por lo cual
podría obtener la Presidencia de la República en el
próximo período”.
Para celebrar el primer natalicio de Simón Bolívar, el
Presidente Otálora nombró Ministro Plenipotenciario a Ca
margo. Viajó a Caracas. Fue escogido como el único orador
en nombre de todas las naciones representadas.
Otálora le solicitó que negociara con el Ecuador varias
reclamaciones que había formulado Colombia. Se solucionaron
sometiendo las materias a arbitraje. De esa manera, culminaba
su vida diplomática don Sergio Camargo.
862 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
La lucha radical con Núñez
Al reincorporarse al país Camargo, procedente del Ecua
dor, halló un ambiente político enrarecido; sin definiciones en
cuanto a los rumbos futuros. Núñez reelegido. No había pre
cisión en el curso de muchas actividades públicas. Se estimu
laba un pronunciamiento, por ejemplo, en lo relativo al alcance
de Reformas Constitucionales; un alinderamiento entre lo que
se llamaba “independientes” y radicales; la agitación religiosa
conservaba su clima de excitación al no haber Núñez consentido
la aprobación del convenio —Camargo-Nina—; y el desconoci
miento de la elección de Gobernador del General Eustorgio
Salgar.
Núñez, en frases enigmáticas —pero claras en su intención
final— escribía:
“La nueva éra que con ansiedad aguardamos,
puede requerir acaso para su alumbramiento, no
tanto ya del esfuerzo directo de los amigos, como al
gún nuevo decisivo error de los adversarios”.
Y en otra ocasión decía:
“Pronto llegará un día en que los radicales no
sabrán qué hacer con el vergonzante aluvión que ha
reculado a la costilla de su nave”.
Como lo destaca nuestro recipiendario, era ya la decisión
de obrar con prescindencia del pensamiento liberal.
Se hicieron movimientos, de acercamiento con Núñez. Ca
margo trató de servir de mediador. El, avalaba la urgencia
de comprometerse en un entendimiento con Núñez. Este, si
bilino, se inclinaba hacia otras medidas políticas. Su decisión
era otra. Camargo no acepta la jefatura del partido y se va
a vivir a Miraflores.
Hay “pronunciamiento” en Santander por Daniel Her
nández y Fortunato Bemal. Caminan hacia Bogotá. Se detie
nen en Santa Rosa de Viterbo cuando son notificados de que
no hay resolución en Cundinamarca de acompañarlos. Y fir
man una exponsión el 25 de diciembre.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 863
Se dirigen a Bogotá para consolidar el acuerdo con el Go
bierno Nacional. Núñez sólo les da audiencia el 30 de diciem
bre, sin reconocerles carácter oficial y sin ningún asomo de
interés.
Antes, había renunciado Acosta como Ministro de Go
bierno por el tratamiento que se le había dado al asunto de
Santander, al hacer Núñez una “os ten tosa intervención mi
litar”, sin expresa autorización del Congreso, como lo orde
naba el artículo 19 de la Constitución. Se desconocía ésta.
Igualmente, el jefe de gobierno recomendó al General conser
vador, Leonardo Canal, para que organizara un “Ejército de
Reserva” —extra facultad constitucional— entregando las
armas de la Guardia Colombiana y, sin comprometerse en la
paz que propiciaban los radicales, despachó a Boyacá refuer
zos para destruir la revolución.
Don Foción Soto, que era uno de los comisionados radica
les, reconstruye la escena:
“A fin de que ni por sus miradas pudiese descu
brir sus impresiones, recibiónos (Núñez) en un sa
lón oscuro y cubiertos los ojos con vidrios de color
opaco”.
Y agrega:
“. .. supe que en lo que menos pensaba era en
buscar medios de dar solución nacífica a la contien
da”.
Y Camargo Pérez comenta: “he ahí el primer movimiento
de Núñez hacia el partido conservador”.
Sergio Camargo había aceptado entrar a la contienda,
después de ser requerido por sus copartidarios, con el cargo de
Director General de la Guerra Como se sabe, todo este gue
rrear, culminó en “La Humareda” en donde el heroísmo y la
muerte se entrelazaron para conducir al sacrificio a un grupo
de los más brillantes hombres de Colombia. De “siniestra”
califica Alberto Lleras esta acción. Ella, consolidó ya la ten
dencia de Núñez de rechazo al liberalismo.
Quien accede hoy a la calidad de Miembro de Número en
nuestra Academia, relata otros incidentes. Finalmente nos
advierte cómo Camargo fue desterrado por Núñez a Venezuela.
Así sucedió con la totalidad de los jefes liberales.
864 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
La síntesis de este trajinar del señor Núñez, la formula
el doctor Eduardo Santos:
“Para mí el doctor Núñez supo vencer pero no
supo utilizar su victoria. Supo implantar en el país
normas nuevas de disciplina que estaban haciendo
falta evidente; supo reconstituir la unidad nacional
pero no pudo o no quiso impedir que de esos princi
pios se sacaran conclusiones contrarias a los ideales
que él había preconizado. Pudo contemplar en sus úl
timos años, como él mismo lo dijera, “la pirámide in
vertida”. Por eso sus últimos años fueron de una atroz
melancolía. Una de sus últimas, revela toda su ín
tima tragedia: “Si usted viera mi interior, dice, qué
sorpresa sentiría. Si hay una alma triste sobre el haz
de la tierra es la mía. Me alimento ya sólo de recuer
dos que no representan sino el vacío”.
Regreso y muerte
Camargo aboga en favor de los presos políticos ante Caro,
pues se hacía referencia a la intención de desterrarlos. Escribe
y visita a aquél.
Interviene en la Convención Liberal; hay ofrecimiento de
mando político; lo solicitan para otras misiones. Hasta don
Miguel Antonio Caro lo elogia, cuando propone una política
de “restablecimiento del Presidente doctor Sanclemente”:
“En esta cruzada, la cooperación del General Ca
margo sería de la más alta importancia, acaso deci
siva, por el gran prestigio político de que su nombre
disfruta y por la notoria nobleza de sus sentimien
tos”.
Requerido por sus copartidarios; ensalzado por sus anti
guos enemigos; en su marco ideal de Miraflores, muere Sergio
Camargo el 25 de septiembre de 1907. Esta figura de tan des
tacada participación en lo nacional, le permitió a Gabriel Ca
margo Pérez recrear las andanzas creadoras de uno de los
más altos valores de la escena boyacense. Era como un volver
a inmiscuirse en el ambiente de su tierra. Con elocuencia de
detalles, relatar qué nos sucedió en parte del Siglo XIX, en
medio de luchas políticas, de avatares guerreros, de audacias
diplomáticas, de tormentas sociales. Así alcanzó dos circuns-
Boletín de historia y antigüedades 865
tancias favorables para el estudio histórico de lo nuestro: Una
biografía minuciosa en la cual sigue al personaje en sus dife
rentes actos con fidelidad: y observar la manera cómo fuimos
integrándonos en las funciones republicanas.
"Colombia 1497: Primer arribo español
a Tierra Firme"
Para presentar estas páginas, el fino escritor y poeta,
Eduardo Mendoza Varela puntualiza, con exactitud, lo que ha
significado en nuestra historia Camargo Pérez. Lo expresa con
la discreta medida que tuvo siempre para hablar de quienes
merecían su atención de crítico:
“Camargo Pérez, es bien sabido, dispone de una
generosa y puntual tarea en su empeño por recabar
en nuestra historia. Y con el dón de una prosa limpia
y directa, ha pormenorizado en muchos espacios y
avatares. Desde los pueblos prehispánicos y sus mito
logías hasta los nombres de quienes primero arraiga
ron en nuestros campos y poblados, no ha deja
do de sondear con intuición penetrante y sobre
huellas insospechables, la realidad de nuestras
aldeas después de varias centurias. Gabriel Ca
margo Pérez ha sido una vocación y ha entregado,
limpias de muchas vacilaciones, las secuencias de una
historia bellamente clarificada”.
Este pequeño libro se acerca al gran debate que se ha
sostenido en tomo de la figura de Amérigo Vespucci. Apoyado
en la “Lettera” que él dirigió a Piero Soderini, que se publicó
en 1505, va avanzando por entre latitudes, adhesiones y recha
zos. Es impresionante la avalancha que desató el italiano con
sus palabras. Muchos no consentían en que él tuviera razón.
Y apelaban a mil subterfugios de precisiones; de medidas y
cálculos; de severas disquisiciones matemáticas.
En su próxima obra, "Misterio y hallazgo del Nuevo
Mundo", Camargo Pérez hace reseña de las otras cartas
que fueron para Pier Francesco de Médici, que se co
nocen como “Mundus Novus”. Todas en conjunto, tie
nen un valor muy singular y que es indispensable
destacar. Ellas señalan la transcendencia de adquirir con
ciencia de que se había llegado a otro continente. Como ésto
866 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
contradecía a quienes eran devotos de las genialidades de
Colón, desató las pasiones. Por ello mismo, Camargo Pérez
sostiene que su obra y su vida fue un “prolongado rodaje lleno
de zozobras y rectificaciones”. Y que lo que afirmó, aclaró y
recalcó, condujo a una discusión “hermosa, audaz y contro
vertida”.
La Florencia mágica y encantada
Vespucci nació en Florencia, la ciudad mágica y encan
tada. Administraba los negocios de Popolano. Entre sus mi
siones le correspondía mantener la correspondencia bursátil
con España. Sus contemporáneos son Chirlandahio, Savona-
rola, los Médicis y Boticelli. Este pintó, entre los trece miem
bros de la familia de Vespucci, a Simonetta en el “Nacimiento
de Venus”, en la “Primavera” y en “Venus y Marte”. Por ese
sólo hecho su apellido ya no desaparecería. Es la virtud apo-
teósica del arte. Pero él daría motivo para nuevas consagra
ciones.
Las tesis cosmológicas de otro de sus coterráneos —Paolo
Toscanelli— las conocía y eran de circulación en todas las
conversaciones de hombres inclinados a explorar las posibili
dades científicas. Entre éstos, como es elemental, están los
que tienen actividades mercantiles. Discípulos de aquél, eran
León Battista, Alberti, Marsilio Ficcino, Agnolo Poliziano,
Giorgio Antonio Vespucci y Landino.
En Florencia se trabajaba en una excitante atmósfera
intelectual. El arte cruzaba despertando sensibilidades y con
mocionando inteligencias. No había reposo en su medio polí
tico y cultural. La aventura del amor, sacudía la historia.
Nunca ha existido un centro de mayor convulsión. En los
años que allí permaneció Vespucci, se entrelazaban las múlti
ples inclinaciones de los artistas, las sagacidades que demanda
dirigir el Estado y las sutilezas de los apasionamientos de la
ternura o las paganías de la carne.
Se discutía a Platón, lo de Aristóteles, lo de Ptolomeo y
Marco Polo. Es decir, lo que hacía relación con las ensoñacio
nes de utopías, islas fantásticas —muchas ideales— pero que
reflejaban lo que era la visión, entre científica y poética, de
algo que aún no se conocía. Un sonambulismo técnico, presi
día todas esas cercanías sibilinas a lo que era el misterio.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 867
Todo era motivo de largas conversaciones, que se entre
veraban con los juicios más caprichosos —los que engendra
una imaginación excitada por el deseo de aventura— los via
jes de Bartolomé Díaz, de Vasco de Gama, los de Benetto Dei
Se creaba una circunstancia propicia a las expectativas. Así,
se aceleraba el pulso de los aventureros. Cada quien deseaba
participar en la escena del siglo. Se necesitaba estar someti
do a muchas reglas y sin aliento en la imaginación, para no
comprender que ese acertijo también pedía uno contribuir a
armarlo. El rompecabezas universal a cada quien lo ponía en
vigilia.
Vespucci en Sevilla
Vespucci va a Sevilla. Colabora en cercanía de Berardi.
Este, ocupa una singular posición de enlace entre Colón y los
Reyes. Eran de tal naturaleza sus ataduras que el 25 de sep
tiembre de 1493, Gianelto Berardi queda como apoderado de
Colón. En carta de los Reyes al Obispo Fonseca, le decían que
él despachó las carabelas y las proveyó de lo necesario, “en
nombre del almirante de las diversas islas, porque tiene un
poder para ello”.
¿Quién podía librarse de la influencia de lo que pasaba
por el meridiano de la hazaña? El azar llevaba a los hom
bres a contagiarse de su encanto. Eran incitantes: el riesgo,
la incertidumbre, las leyendas, lo que creaba la inteligencia
juguetona con calientes afanes de deslumbrar. Era un tiempo
de lances, de contingencias, de peligros. La mejor de las eda
des porque el alma se sacudía con grandes emociones que van
incitando la imaginación.
Vespucci, entonces, insiste en viajar. Y lo hizo. Se vino en
la carabela de Vicente Yáñez Pinzón. Salió de Cádiz el 20 de
mayo de 1497. El, dice que “su Alteza me eligió también a mí
para que fuera en esta empresa”. Esta travesía le permite
escribir las cartas que tanta polémica han desatado.
Las cartas y sus debates
Camargo Pérez hace un recorrido veloz por los autores más
esenciales en el análisis de la vida y de quienes polemizan en
torno de sus cartas. Unos, para apoyarlas y, otros, inclinados
868 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
a sus protestas. Comienza con Germán Arciniegas de quien
sostiene que es “el más brillante biógrafo del florentino”. Ob
serva a otro insigne colombiano, Mauricio Obregón, que ha
realizado por mar el recorrido de la Costa de Colombia a la
Argentina, para hacer precisiones en cuanto a los textos de
Vespucci. Lo mismo que analiza la posición de esa inteligen
cia polifacética de Enrique Uribe White. O apela a las noticias
siempre sugerentes de Eduardo Posada. Se apoya, igualmente,
en los pronunciamientos de Francisco Varnhagen, John Fiske,
Henry Harrise, Alberto Magnani, Federico John Pahl, Roberto
Levillier, A. Devis y el Canónigo Basin de Sandancourt. Muchos
de ellos amplían sus discusiones en cuanto se centran en los
grados de latitud. En ello dan vueltas con meticuloso rigor.
Pero lo primordial es que Vespucci proclamó la existencia de un
Cuarto Continente. Lo demás, es importante. Pero esta afirma
ción, es lo que establece la claridad que él tuvo, superando a
Colón, que nunca supo hasta dónde había arribado.
Bartolomé de las Casas, fue quien primero aupó sugeren
cias de desconocimiento de la obra de Vespucci. Se levantó el
vendabal de injurias. Se montó el alboroto que es la manifes
tación de lo que se relacionaba con Indoamérica. No parece
terminar aún. Pero Colón no tuvo ninguna expresión de re
proche contra su compatriota. Ni en la biografía de su hijo
corre un adjetivo contra éste. Al contrario, Colón dice en canta
paternal, lo siguiente:
“Amérigo Vespuchy, portador desta, va allá (a la cor
te), llamado sobre cosas de navegación. El siempre
tuvo deseo de me hacer placer: es mucho hombre
de bien: la fortuna le ha sido contraria como a otros
muchos: sus trabajos no le han aprovechado tanto
como la razón requiere. El va por mió y en mucho
deseo de hacer cosa que redonde en mi bien, si a sus
manos está. Yo non sé de acá en que yo le imponga
que a mi provecho, porque non se que sea lo que allá
le quieren. El va determinado de hacer por mi todo
lo que él fuere posible. Ved allá en qué puede apro
vechar, y trabajad por ello, que él lo hará todo y fa-
blará, y lo pomá en obra; y sea todo secretamente
porque non se haya dél sospecha”.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 869
En las costas colombianas
En Lorena, estaba el Monasterio de San Dié. En sus salo
nes se examinaban y expurgaban, con ardentía, las cartas de
Vespucci. Este, en su “Lettera”, decía:
“Llegué a la parte de las Antípodas, que por mi na
vegación es la cuarta parte del mundo. Yo he descu
bierto el continente habitado por más multitud de
pueblos y animales que nuestra Europa, o Asia o la
misma Africa”.
Da algunas noticias que se relacionan con parte del futuro
territorio de Colombia. Cuenta cómo fue el arribo a la Guajira
y cómo son sus gentes:
“Al amanecer del día siguiente, distinguimos en la
playa infinita multitud de hombres y mujeres que
traían consigo sus criaturas y, según echamos de ver,
todo su ajuar... Tan pronto como nos acercamos a
tierra, se arrojaron al mar (son excelentes nadado
res) y se vinieron por el agua hacia nosotros tanto
trecho como un tiro de ballesta, recibiéndonos be
nignamente, y mezclándose con nosotros con tanta
seguridad y confianza como si de antemano hubiése
mos estado juntos y nos hubiésemos tratado por mu
cho tiempo, de lo cual nos alegramos en extremo”.
“Tanto los hombres como las mujeres son en extremo
ligeros y veloces para andar y correr. Nadan maravi
llosamente, más de lo que es creíble.
“Duermen en ciertas redes grandes, hechas de algo
dón y colgadas al aire . .. Habiéndome muchas veces
sucedido tener que dormir en semejantes redes, ex
perimenté que eran para el caso mejores que las man
tas que llevávamos.
“Cada siete u ocho años trasladan sus ranchos y
habitaciones, y habiéndoles preguntado la causa de
éllo, respondieron que era con motivo del ardiente
calor del sol”.
El Monasterio de San Dié
Los canónigos de San Dié, andaban entre severidades
científicas y la cálida atmósfera de la poesía. Es una tempera
tura de recias disciplinas. Se discute lo inmediato del aconte
870 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
cer y lo que no es perecedero. Su ambiente lo han organizado
para el análisis. Lo de este continente, los mantenía en vigilia.
Así los inquietaba el que Vespucci afirmara que Colón no ha
bía alcanzado el Asia, que era una creencia equivocada. Ves
pucci enfatizaba que estaba la humanidad frente a un conti
nente nuevo. Esta sola precisión, produjo una revolución. Se
acentuó cuando propuso un nombre: Nuevo Mundo. En ese
momento crecieron las disputas científicas. Ardía la inteligen
cia en suposiciones, recelos, dubitaciones con materiales de
desesperación y conclusiones sin pliegues que permitieran otras
indagaciones.
Se produce un hecho que tiene una excepcional categoría
para el destino de nuestro continente. El 25 de abril de 1507,
se publicó la “Cosmographie Introductio”, que consta de un
prólogo, un epílogo —como lo dice Arciniegas en su “Amérigo
y el Nuevo Mundo”— y mueve minúsculos capítulos. Luego vie
ne la carta de Amérigo a Soderini, en su versión latina con la
dedicatoria al rey René. Todo parece indicar que el texto se
escribió a varias manos. Los ocho primeros capítulos se re
fieren a cosas matemáticas. El noveno trata de la tierra. Jules
Marcou supone que los cinco primeros debieron ser escritos por
Lud, quizás con la ayuda de Waldseemuller. En el sexto cam
bia el estilo; crece el tema: se habla del Nuevo Mundo. Al
margen aparece un nuevo nombre: Amerige. Por su elegancia,
Marcou lo atribuye a Basin de Sandancourt. El capítulo octa
vo, sobre los vientos, lleno de poesías y de citas, “denuncia el
estilo y carácter burlón de Ringmann”. “El capítulo IX —dice
Marcou—, mucho más largo e importante, de ocho páginas
más la esfera, indica, por su redacción, primero que la famosa
frase tan comúnmente citada (en que aparece el nombre de
América), debe haber sido escrita por la misma mano que
tradujo en latín las Quatour Navigationes; porque tiene su
elegancia y estilo fluido y poético. Luego, esa descripción del
viejo mundo en cinco páginas de versos, de una poesía un poco
a la diabla, recuerda en un todo la manera de Ringmann, como
aparece en esa pieza elegiaca y burlona, a la vuelta del folio
en que está el título de las Quartour Navigationes...”.
“En todo caso, en ese capítulo IX aparecen nueve líneas
que se han hecho famosas en la historia universal. Vertidas
del latín, dicen así:
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 871
“Más ahora que esas partes del mundo han sido
extensamente examinadas y otra cuarta parte ha
sido descubierta por Americu Vespucci (como se ve
rá por lo que sigue) no veo razón para que no la lla
memos América, es decir, la tierra de Americus, por
Americu su descubridor, hombre de sagaz ingenio,
así como Europa y Asia recibieron ya sus nombres de
mujeres”.
Al margen de este pasaje se escribió América, y en otro
lugar: “Esta cuarta parte del mundo, por cuanto la descubrió
Amérigo, sea permitido llamarla Amerige, o digamos, tierra
de Americi, es decir: América”.
“Misterio y hallazgo del Nuevo Mundo”
Este libro está aún inédito. En su escritura se hace eviden
te la fortuna de sus conocimientos; su paciencia de investi
gador; su capacidad de acumular datos, clasificarlos y
revelarlos en grato orden para el lector. Es un interés por
hallar el origen de nuestro continente. Sin olvidar los co
mienzos remotos; lo que éramos; lo que representábamos.
Aquello que se perdió en la Conquista y que, lentamente, se
ha ido reconstruyendo. Es un texto cuidadoso en las confron
taciones. Como es su costumbre, apoyado en minuciosas pes
quisas. No se pierde en devaneos o descripciones —para lo
cual la singularidad del mundo que nos rodea, lo permite—
sino que frena todo desbordamiento. Se exige precisión. Y así
acumula, para regodeo de los lectores, material de tantas cali
dades y, a veces, opuestas tesis, que es indispensable seguir
con cuidado su meticulosa investigación para ir sacando las
conclusiones que se acercan a nuestras inclinaciones histó
ricas
Camargo Pérez realiza su tarea sobre dos frentes: primero,
sitúa nuestro descubrimiento, remontándose hasta cuarenta
mil años y, en segundo lugar, describe en cómo fue el descu
brimiento antropológico, la presencia del hombre, su calidad
y su circunstancia.
El autor se solaza en lo que era nuestra ancestral vida.
Su visión retrospectiva trae muchas contribuciones. Hay apor
tes considerables en cuanto a precisiones de noticias, que antes
eran vagas o se movían en la inexactitud. Entre diversas teo
rías o datos, él hace los alinderamientos. A veces toma partido
872 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
por una, y allí comienza a dar sus propias versiones. Como al
gunas son de tipo científico; o aproximaciones a una tesis,
en parte misteriosa o desconocida, pues su posición puede ser
controvertible. El escritor exalta, el encuentro de Cristóbal
Colón con estas tierras. Sin dudas nos deja las explicaciones
de por qué ha existido tan mala conducta para juzgamos. Por
qué España, o el imperio, y, en general, los europeos, han te
nido una política tan equivocada para precisar nuestras cali
dades y posibilidades. El rememorar que eran muchos —y con
categorías diversas— los pueblos aborígenes. Lo más grave
fue la calificación que nos dio España y que facilita el desvío
universal contra el continente y el propio desdén que hemos
tenido aquí, entre nosotros mismos, por la propia identidad.
Es un desapego total, en la mayoría de las veces. Algunos
orientadores no han tenido orgullo de lo que nos singulariza.
Al contrario, con ademán español o europeo, han mirado de
soslayo la propia existencia continental. Ese es el origen de
diversos errores en la conducción de estos pueblos. En Es
paña el hombre indoamericano fue “fichado como una suerte
de animal”. No hay para qué buscar más explicaciones de las
dolencias que nos han circundado! —Porque se aceptó la afir
mación —a veces sin declararlo— por los extranjeros y por altos
exponentes de la inteligencia regional. No tuvo valor lo que
había dicho Colón el 13 de octubre cuando menciona que se
acercaron algunos hombres “... todos de buena estatura, gente
muy fermosa”.
Es de relievar cómo Camargo Pérez se apoya en los datos
de los archivos y de la arqueología. A veces, aprovecha los es
tudios regionales o los continentales. No hay carta geográfica
con vida a la cual no recurra ni al examen de los dibujos de
las figuras humanas antes y después de 1492. La etnografía y
geografía juegan un gran papel para acelerar y penetrar
en la investigación. Y es bueno declarar que para él
como para algunos de los historiadores—de estos lados—no co
mienza con la presencia de Colón en las islas del Caribe. Su
recuerdo tiene más densidad y penetración. En ese carácter,
reside parte de la esencia del linaje de su obra. El mismo ha
dicho cuál es su sistema histórico:
“Conocer, apreciar, configurar, conformar cada
uno de los vehículos que se han empleado para el
viaje”.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 873
Algo que deseamos encomiar al máximo, es su empeño en
revelamos el origen del “amerindio” o del “indoamericano”.
Comienza por evocar, con comprobaciones, de que hace no
menos de 'Cuarenta mil años pasaron, por la única vía pea
tonal, habitantes de Asia. Y así el poblamiento —de acuerdo
con la arqueología— fue de norte a sur. Por lo tanto, no hay
descubrimiento, sino redescubrimiento.
Debemos anotar que, en cuanto a estos aspectos, Camar
go Pérez ya había enunciado algunas teorías en su libro “Del
Barro al Acero” en cuanto a nuestra formación como conti
nente.
El Kathay
Colón murió con la convicción de que había alcanzado la
espalda continental de Kathay, el reino del Gran Khan. Este
comienzo, es parte de todo el enredo fantástico, inexplicable a
veces, en que nos hemos desenvuelto. Es el destello. Lo in
mediato que es superado por el sueño. Que lo sobrepasa todo
lo de misterioso que nos envuelve. Es como si siempre cami
náramos por entre las leyendas.
Cada suceso se va entretejiendo con las alusiones de los
escritores y poetas. Platón, Marco Polo, cada uno va soltando
su propia versión que nos justifica en el porvenir. Séneca
hablaba de más “allá de la Thule”.
El historiador, explorador e investigador, colega Mauricio
Obregón, escribe un prólogo para comprobar cómo Camargo
Pérez no oculta las hipótesis ajenas. Las toma y las consiente.
No se remansa en sus propios juicios. Penetra en los de los
demás. Con ardor pelea por los que comparte. Y Obregón
—que es otro apasionado y erudito para lo cual basta repasar
‘‘El Enigma de Américo y América” (1974) y “De los Argo
nautas a los Astronautas” (1977)— precisa que aquí teníamos
dos mil idiomas. Que, a pesar de ello, nos han aceptado como
si no tuviéramos cabeza. Es decir, alma. Era, tal vez, lo que
servía al catolicismo para imponer sus creencias. Lo otro de
mandaba un respeto a una actitud frente al universo. Tam
poco nos salvó para que nos calificaran como incapaces de
todo asomo de espiritualidad, el hecho de presentar una esta
tuaria como la de Tula, Palenque, Pascua, San Agustín o
874 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
construcciones urbanísticas y arquitectónicas —tan bien ar
monizadas y que revelan un concepto de cultura— como Ma-
chu-Pichu, en el Perú, o la Ciudad Perdida, en Colombia.
Nada!
Las consignas imperiales obedecen a propósitos econó
micos y culturales bien delineados. España sabía que alcanza
ba la mayor categoría, en el concierto de naciones. No quería
compartirla siquiera con quienes aquí habitaban desde fechas
milenarias.
Lo de América —desde cuando Cristóbal Colón parte para
el Japón, Cipango o India, pues en el nombre no había repa
raciones—, es un gran juego de ficciones. De hechos que no
concuerdan con lo que se esperaba descubrir, pero que los
superan. Van más allá de lo presentido, de lo deseado, de lo que
se conocía como datos veraces. Por eso mismo, el Maestro
Alfonso Reyes dijo:
“Atrevámanos a decir, que el descubrimiento de
América, fue el resultado de algunos errores cien
tíficos y algunos aciertos poéticos”.
Platón, por ejemplo, habló de la Atlántida. Sin exclusio
nes, hasta esta edad, mencionan a Eldorado. Los nombres que
se suceden al repasar la historia, se confunden con períodos
lejanísimos Lindan ya con el mito. ¿Existieron o son parte de
la mitología de quienes nos movemos entre palabras?
“El mar tenebroso” sigue siendo motivo de exploración.
Obregón nos cuenta, en el prólogo, que Camargo Pérez es
experto en utilizar la “cartografía rotera”. Es otra de sus cua
lidades.
Hay en el libro consideraciones afirmativas en cuanto al
mestizaje. El autor le da una categoría y le depara un recono
cimiento. Si él ordenara las notas en las cuales lo observa y lo
jerarquiza como ¡jarte básica de nuestra formación, como en
tidad étnica, autónoma, producto de las fusiones de sangre
que se cumplieron en estos contornos, tendríamos más precisión
sobre ese advenimiento que nos da filiación y un lugar de
autenticidad. Bien determinado por cierto. Que ha ayudado,
además, a formar un arte; un pensamiento; una manera de
filosofar; una tendencia al sincretismo religioso; una postura
democrática antes desconocida; una modalidad para consen
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 875
tir el amor y darle sus resplandores poéticos; un valor para
pelear y desafiar; una calidad moral que da impulso al ser
para defenderse de mil asechanzas; un carácter para clasi
ficar lo que nos rodea y sentirnos como la proyección espiri
tual de lo que nos pertenece; una alegre despreocupación, para
eludir la ley si no se ajusta a los principios de equidad. Ese
mestizaje da calidades singulares a una arquitectura y, como
es elemental, a un sistema de vida. A una manera de idear los
juegos y de desarrollarlos. A una serena y vigorosa defensa de
aquello que nos identifica. De lo que nace de la propia gracia
y fervor creador de su pueblo. Gabriel Camargo Pérez deja
enumeradas materias que reclaman mayores reflexiones. Que
indican su procedencia y dependencia. Como cuando habla de
amerindia, o de la raíz mestiza, o se demora en las diferentes
mezclas religiosas; o explora lo que pasa con el idioma, o
abunda en razones para reclamar la vuelta a la organización
primitiva, que tenía unos valores sociales indiscutibles. El libro
que ha escrito, es documentado. Abre dudas para seguir exa
minándolas. Esas dubitaciones, son las que nos dan el mar
gen para integrar nuestra propia historia. No se puede
pretender desconocer lo que de heroico tuvo la hazaña espa
ñola. Ya es tiempo sí de que los historiadores indoamericanos
nos desamarremos de las interpretaciones imperiales. Cerca
nos a España y exaltadores de sus actos, sin que conduzca a la
subyugación mental. Ya aletea otro macrocosmos —el que ella
ayudó a conformar— con su aporte sanguíneo. Por fortuna sí
otro mundo nuevo.
Hay otras preguntas que demandan esclarecimiento. Por
ejemplo: ¿Cuándo las clases altas coloniales principiaron a
sentirse americanas? ¿Cuándo son parte del mestizaje —no por
la sangre— sino por la actitud cultural? ¿En qu,é instante
notan —ya como posesión, irreversible—, el desarraigo? ¿Cuál
es el instante donde éste ya descubre que la oportunidad está
aquí y no en otro medio lejano?
Ya alcanzamos el tiempo en el cual es necesario situar
nuestra realidad intransferible. Y hacerlo sin parquedades ni
complejos. Sin las limitaciones que da el avasallamiento y so
juzgamiento que ejerce España con pensamientos imperiales
y sin prejuicios locales de sentimos perseguidos en nuestra
condición de herederos de una parte substancial de lo indí
gena. Somos otra cosa. Bien clara y definida en la aptitud
876 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
del mestizaje. Quedan los caminos abiertos. En otra aventura
para navegar nuevos mares de posibilidades sociales. Para
quienes dudan del mestizaje; para aquellos que tienen la ten
dencia clasista o el resabio de la limpieza de su sangre, quedan
las palabras de Gabriela Mistral como retrato de su propia
imagen:
“El criollo de mala leche... que proclama a voz
en cuello su pureza europea, en tanto yo les veo el
pómulo alzado, lo aceitunado de la piel y las rasga
duras de los ojos, el misterio de la gota asiática que
revela en ellos noblemente el indio, que tanto quie
ren negar... Son casi siempre gente de cuidado, por
lo inauténtica”.
Germán Arciniegas y Leopoldo Zea
Con motivo de la proximidad de los quinientos años del
arribo de Colón a las costas indoamericanas, van repitiéndose
y ampliando juicios que antes no se escucharon con severa
atención. Por ejemplo, el Maestro Germán Arciniegas, publicó
su libro “América: tierra firme”, en 1937. Sus enunciados
apenas principian a discutirse abiertamente. El dijo:
“¿Qué vinieron a hacer por estas tierras los ca
pitalistas, los empresarios, los encomenderos, los go
bernadores, los virreyes? Vinieron por imponer un
sistema económico, un dogma religioso, un tipo de
arquitectura, una raza, que eran otra cosa distinta
de la economía, la religión, la arquitectura, la raza
americanas”.
Y en otro lugar agrega:
“Me refiero al espíritu mismo del viaje de Colón,
al hecho de que no es posible considerar como des
cubrimiento á quienes, en vez de levantar el velo del
misterio que envolvía a las Américas, se afanaron por
esconder, por velar, por Cubrir todo lo que pudiera
ser una expresión del hombre americano”.
El Profesor Javier Ocampo López habla de tres calificativos
para distinguir el tropezón de Colón con estas tierras. Unos, lo
llaman descubrimiento; otros encubrimiento de nuestra cul
tura; la UNESCO y una serie de escritos, se solazan en decir
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 877
Encuentro de culturas. Como se vé, hay una tendencia a darle
un rango crítico diverso a la atmósfera en la cual nos debe
mos mover quienes, por estos lados, averiguamos cómo es
nuestra ontología.
El problema radica en que se ha demostrado que en In-
doamérica tenemos capacidad para determinar creencias; pro
ducir un arte con calidades peculiares; dar poder y orientación
al destino comunitario nuestro. Antes, en el complejo de infe
rioridad que aceptaron epígonos del continente, seguíamos
con fidelidad las concepciones eurocentristas. Sólo tenía pres
tigio lo de ultramar. El enfoque hoy es bien diferente. Hay
conciencia de las calidades como continente. Donde no se
adviertan, hay que imponerlas por medio del razonamiento.
Los prejuicios de casta ya se han eliminado. El mismo criterio
democrático, en el cual nos hemos movido desde el comienzo,
nos da la nueva proyección para juzgar la participación de
Indoamérica en el universo.
Otro Maestro, el mexicano Leopoldo Zea —quien acaba de
publicar su libro “América como Autodescubrimiento”, en la
Universidad Central de Bogotá—, sostiene que se debe hablar,
en esto instante, para celebrar el quinto centenario del “En
cuentro de dos Mundos”. El avanza tanto como Arciniegas en
la creencia del encubrimiento al recalcar:
“Colón y sus secuaces, no encontraron las Indias,
no descubrieron el mundo que querían encontrar, si
no un mundo que no entraba en su propio cosmos.
Un mundo que se apresuraron a encubrir más que a
descubrir, en relación con sus propias esperanzas.
Un mundo al que había, no qué descubrir con la
propia cosmovisión, con los propios anhelos, esto es,
con todo lo que se quería y que el viejo mundo sólo
había originado como utopía”.
El enfoque crítico ha evolucionado. No se trata de revivir
la antigua querella encaminada a cubrir de oprobios a España.
No es la vieja reminiscencia de la “leyenda negra”. Es incom
prensible afiliarse a ella, pues los instrumentoe de investi
gación histórico-científica, se han ampliado. No deben
desaprovecharse las amplias oportunidades de estudio desde
diferentes ángulos, que ofrecen las teorías históricas. Eso sí,
éstas se han tornado insistentes en la urgencia de rescatar cada
878 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
grupo humano y darle el sitio que le corresponde dentro de su
contorno. No es admisible, en esta hora, que rigideces impe
rialistas impidan que aparezca la verdad. En el caso de Indo-
américa, nuestra verdad.
Leopoldo Zea rememora que dentro de la interrelación his
tórica que se profundiza más entre los diferentes continentes,
en cuanto al quinto centenario se han producido reacciones
conjuntas. Es indicativo de que hay una tendencia a revisar
la historia. No como parte exclusiva de un parcial enfoque del
universo, sino que ya se deben incitar concordancias clarifi
cadoras. Ello sucede en el instante en el cual igualmente, se
agudiza el deseo de que las micro-historias o las regionales,
tengan su valor y su alcance de influencia prolongada.
Al efecto Zea escribe:
“Fue de acuerdo con este significado de ese 12 de
octubre de 1492 que en Naciones Unidas los repre
sentantes de Asia, Medio Oriente, Oceanía y el Caribe
Anglosajón, reaccionaron, con sorpresa, ante la pro
puesta de algunos gobiernos hispanoamericanos para
que, a nivel mundial, se celebrase esa fecha. ¿Cómo
—se preguntaban— los hispanoamericanos quieren
festejar la fecha del inicio de su dominación? Noso
tros no estamos dispuestos a hacerlo”.
¿Cuál es la obligación de los historiadores de esta orilla
indoamericana? Se va a celebrar una fecha —1492— que logra
una transformación honda en la visión del universo. Da los
materiales para indicar cómo es éste y cómo se complementa
e integra. Es inútil desconocer que Arciniegas ha escrito libros
de rara maestría en los cuales nos ha explicado que con el
arribo de Colón, comienza la época moderna de la humanidad.
Ha enumerado los cambios que introduce Indoamérica en la
ciencia universal; en la economía transforma las costum
bres domésticas. Algo que es fundamental: Cómo se acelera y
evoluciona el pensamiento internacional. Pues rescatar todo
ello, es el mandato insoslayable.
Igualmente, es la oportunidad para estudiar cómo se for
mó nuestra sociedad, la mestiza. Tampoco se ha explorado
cómo operó lo nuestro sobre lo ibero. Porque es una interre
lación recíproca. Lo alcanzó en el resto de Europa, ¿por qué iba
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 879
a estar España al margen de esas determinantes? No hay
viajero que no se asombre del mestizaje. Mientras nosotros
andamos aún atados a los prejuicios españoles que ellos derra
maron sobre esa amalgama social que nos da nuestro carácter
de pueblo autónomo.
Arciniegas en su libro “El Revés de la Historia”, al co
menzar hace referencias del mayor alcance en cuanto a lo
que desató el arribo de Colón. Y suscita el deseo de evitar mo
vemos más en la atmósfera de la duda y de la falta de lucidez
en cuanto a lo que somcs los indoamericanos y lo que hemos
ayudado a conformar universalmente.
“En la historia de Occidente hay una aventura
llamada América. La más grande aventura después
del Cristianismo. Cuando América entra en la esce
na, la Tierra —plana y pequeña— se hace redonda
y grande; los hombres comienzan a pensar y vivir de
otra manera; el mundo se hace —todo el mundo—.
Nuevo. Surge —al menos como posibilidad— la so
ciedad democrática. Europa encuentra hacia dónde
desplazarse”.
Relectura con Enfoque Latinoamericano
A partir de lo que conocemos, de las pistas que poseemos,
se puede releer todo, ya con nuestros criterios. No con los de
la metrópoli. Sino con los que conciernen al Continente. Aque
llos que concuerdan con destacar nuestra identidad y que ya
no desconocen sino despistados científicos europeos.
“La historia social ha descubierto que la hagiografía es
un venero insubstituible para conocer la vida social”. Pues
bien: aquí, por ejemplo, se ha relegado esa parte porque des
cribe lo cuotidiano. Que, en parte, fue lo que hizo la María
Josefa del Castillo. Críticos muy poco duchos en analizar ca
tegorías sociales, sólo han visto, en su obra, en esa acumula
ción de datos, noticias de las pequeñas debilidades en los
comentarios de una ciudad provinciana. Los dolores que le
infringían se consideran como simples episodios internos en
una comunidad. Es un juicio cicatero para apreciar las riquí
simas manifestaciones crudas del ambiente y de lo que deses
peraba a unas reclusas que dejaban, al descubierto, la cultura
general y las inquietudes que las desesperaban a ellas y sus
880 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
orientadores. Es una manera de penetrar en la vida corriente.
En lo que rodeaba, ordenaba y precisaba el existir, que es res-
catable para fijar los senderos de una formación social. Es, por
tanto, un volver a leer con enfoque indoamericano. No obe
deciendo a la norma oficial ibera.
Para que se comprenda cuáles son los alcances de la pro
puesta que formulamos, debemos apelar a una página del
gran poeta Juan Ramón Jiménez, un español apasionado en
sus fervores por su tierra. El, sostuvo una disputa con Pablo
Neruda. El primer contacto con la poesía de éste, fue de con
flicto. No la entendía. Su nivel de apreciación correspondía
a las reglas prevalecientes en su país. Las materias, igualmen
te, le producían extrañeza, casi un rechazo literario. No podía
comprender ni el lenguaje, ni el torrencial humano y la abun
dancia tropical de asuntos que el poeta indoamericano llevaba
a su caudal. Cuando Jiménez se vincula a este Continente,
halla explicaciones para las preocupaciones que le suscitaban
tanta perturbación estética Por decencia mental, así lo reco
noce. Sus anotaciones, son de claro perfil de descubrimiento
de una creación que él no presentía. Leamos su texto —res
petando su caprichosa ortografía— el que nos pone en la pista
para entender que esa relectura que propongo no es atrevi
miento sin fundamento. Es una convicción que he ido adqui
riendo, lentamente, en la medida en que me he detenido a
entender sus singularidades y sus diversas manifestaciones.
Dice el poeta español al chileno:
“Mi larga estancia actual en las Américas me
ha hecho ver de otro modo muchas cosas de América
y España (ya lo indiqué en la revista Universidad de
La Habana), entre ellas la poesía de usted. Es eviden
te ahora para mí que usted expresa con tanteo
exuberante una poesía hispanoamericana j eneral au
téntica, con toda la revolución natural y la metamor
fosis de vida y muerte de este continente. Yo deploro
que tal grado poético de una parte considerable de
Hispanoamérica sea así; no lo sé sentir, como usted,
según ha dicho, no sabe sentir Europa, pero “es”. Y
el amontonamiento, caótico es anterior al necesa
rio despojo definitivo, lo prehistórico a lo poshistóri
co, la sombra turbulenta y cerrada a la abierta luz
mejor. Usted es anterior, prehistórico y turbulento,
cerrado y sombrío. Para mí, España era antes mi
derecho y América mi revés. Siempre que llegaba a la
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 881
mitad del Atlántico, se me dividía ese cambio. No
diré que ahora América sea mi derecho y España
mi revés, sino que son dos reveses o dos derechos
completamente distintos que antes y diferentes entre
sí. ¿Y dónde y qué y cómo y para quién la verdad,
sobre todo la verdad poética? En mi libro Modernis
mo, en que trabajo hace tiempo, intentaré una visión
propia de este gran asunto”.
Las dispares visiones
Esta ineludible relectura es tan apremiante, que con solo
una referencia entenderemos mejor su trascendencia. De la
conquista de México, López Gomara nos da su juicio. Otro,
es el de Bernal del Castillo. Nos surge otra opción: la de hacer
las confrontaciones. El establecer las identidades y los recha
zos. El comparar entre ellos y con otros, nos puede dar una
nueva percepción para decir cuál es el grado de veracidad, del
uno o del otro, de acuerdo con la objetividad social que des
cribían. Así aparece en su alcance la circunstancia que trata
ban. La veían con asombro; penetraban en ella; se acercaban
con ojos de entendimiento, o le acomodaban el alcance de sus
propios significados y la medida de sus referencias sin enten
der el carácter de lo nuestro. Es algo de una proyección mayor.
El leer nos induce a descubrir lo que el escritor ha queri
do contar de la circunstancia social en la cual se mueve, que,
en muchas ocasiones, ni siquiera trata de situar en sus pági
nas. Esa relectura así, no se ha intentado. Estamos, por lo
tanto, en las afueras de demasiadas posibilidades. El libro
hay que evaluarlo pensando en la condición del escritor: quién
era; a nombre de quién actuó; de qué manera atisbaba el con
torno; a qué se sometía cultural y socialmente.
Los libros oficiales y los escondidos
Para volver a leer, nos hallamos ante otros puntos del
ejercicio. Había libros que se aprobaban de inmediato. Que
se consentían. Otros no: quedaban al margen. Apenas, en es
tos años recientes, los descubrimos para la lectura. Para estos
hay que tener otra óptica de enfoque. Hasta ahora han primado
las guías del imperio, que los patrocinó. Otros, como lo vere-
882 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
mes, los escondió. Tenemos que penetrar en todos ellos para
reconstruir nuestra entidad. Y poder darle el alcance que ella
tenía.
Aún más: explorando los sucesos —ya enumerados en
cronistas, relatos, cartas— hay el compromiso de acercamos
a ellos con otro atisbo. Durante mucho tiempo ha predomina
do el concepto de nuestra incapacidad; de la falta de alma o
de espíritu; de las limitaciones por tener sangre india o negra.
Por el desdén que se predicó por España para el mestizaje. Es
el prejuicio social. La discriminación, que es humanamente
reaccionaria. Que ya sabemos que produjo, en esta época, la
segunda guerra mundial. Ese prejuicio, tenemos que rectifi
carlo. Así podremos desplazarnos con un juicio nuevo para
aceptar el mestizaje como medio de integrarnos en el conti
nente y proponer respuestas indoamericanas.
Es que inclusive sólo, en estos días, estamos pudiendo leer
ciertos libros relacionados con el pretérito. No coincidían con
la versión española y se conservaron apartados de los ojos de
los lectores. No tenían por qué sacudir a éstos con pensamien
tos que no se habían concebido imperialmente! Ya se habían
indicado las reglas —las económicas, las religiosas, las del
imperio— y no era lógico que un escribidor audaz las desbara
tara, enjuiciara o las contradijera. Por eso, cuando Camargo
Pérez habla del libro perdido de don Gonzalo Jiménez de Que-
sada, podemos pensar que acaso esté celosamente escondido
durante varios siglos. Inesperadamente, puede encontrarse.
Ya ha sucedido con otros. Sería una contribución para noso
tros invaluable, pues estaría centrado en el actual medio co
lombiano. Brincan las preguntas: ¿qué diría el autor?; ¿qué
denunciaría?; ¿no era una alabanza al reino?; ¿dejaría dudas
sobre lo que realizó y le tocó dirigir?
En la bellísima “Biblioteca del Nuevo Mundo, 1492-1992”,
en el libro “Noticias secretas y publicas de América”, en la
introducción de Emir Rodríguez Monegal, leemos sus comen
tarios y denuncias, que nos confirman, más aún, el apuro de
la relectura con el convencimiento indoamericano:
“Contra la versión ufanista y hasta imperial de
las historias de América que han propuesto los his
toriadores oficiales, tanto en las metrópolis como en
las colonias, es posible proponer una versión que es
cuche el diálogo de las culturas: un diálogo que no
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 883
fue siempre audible en los años que van de 1492 a
1820. Porque las metrópolis se ingeniaron para que
circulase solamente la versión oficial. Así fomentaron
a Gonzalo Fernández de Oviedo y a Hernán Cortés,
a Alonso de Ercilla y a López de Gomara, pero si
lenciaron la Historia de las Indias de Las Casas, no
permitieron que circulase en América el Inca Gar-
cilaso, guardaron a buen recaudo la Carta sobre el
descubrimiento del Brasil, de Pero Vaz Caminha, y
extraviaron en una Biblioteca de Copenhague la
magnífica denuncia de Guamán Poma. Estos libros,
sin los cuales es imposible comprender la época colo
nial, no son contemporáneos de los lectores de su
época: son nuestros contemporáneos”.
Reexamen de los libros de los viajeros
También hay que procurar la lectura de los libros de los
viajeros. A veces están atados a su propia versión: la europea.
Naturalmente, en ello no tiene presencia nuestra concep
ción cultural. A pesar de que ésta —terca, dura, caprichosa
y sigilosamente— se asoma por entre la barahunda de resis
tencias que le presentan. Se muestra con su rostro perspicaz;
con su azogue de tierra nueva; con los ímpetus de una raza
en eclosión social y humanamente; con la fortaleza de un
tropicalismo detonante. Estos últimos destellos son los que nos
dan calidad. Los que nos personifican. Sobre ello no siempre
tienen certezas quienes escriben. Nosotros sí tenemos obliga
ción de describir cómo es la piel y el borbotón de los ímpetus
espirituales. Estos los consideran —los viajeros— destellos de
pasiones primitivas. Por falta de entender cuál es nuestro ca
mino, admitimos esa dañada interpretación. Lo primero que
debemos comprender y proclamar, es que somos difirentes.
La influencia eurocentrista, deforma
La circunstancia de que el diagnóstico conduzca a ciertos
errores, deforma lo que nos da una categoría. Como durante
siglos ha prevalecido el criterio eurocentrista para analizar
los avateres del pasado, los perjuicios sobre nuestra historia,
han tapado ésta. No le han permitido alcanzar la autentici
dad que debe tener para singularizar las características de
884 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
pueblo indoamericano. ¿Cuántos siglos han pasado para ex
tender las rebeliones populares?. ¿Hasta dónde hemos tenido
que avanzar para exaltar a nuestros artesanos?. ¿Para des
cubrir que ellos cambiaron el arte español? Llevaron a éste
ctros elementos: figuras humanas, animales, frutas, colores
y reflejo general de la comunidad. Sus juicios metafísicos
del existir, eran bien diferentes.
No es estática
Han querido que primen en la historia unas pautas rí
gidas. No es posible. Ella se amplía con los elementos de las
nuevas ciencias. Cuando la economía suministra elementos
para situar un proceso, principia a modificarse el juicio his
tórico. Lo mismo pasa con la sociología. O con la Antropología.
Pensemos en un acontecimiento : si la arquelogía nos pone
ante evidencias, antes no presentidas, se modifica el rumbo. Es
lo que está sucediendo hoy con los descubrimientos en Bul
garia, que demuestran que los tracios trabajaron, con sabia
maestría, el oro y los metales antes que los sumerios. Esto
llevará a una revisión de la historia. Y se harán presentes
nuevas teorías para examinarla.
Hay una movilidad histórica impresionante. ¿No será
—pregunto— este acontecer —el del arribo de Colón— el me
jor para acertar y ver nuestros acontecimientos con una nueva
mirada? La historia es movimiento. En ésta, la inteligencia
cumple la doble tarea de acumular nuevos datos; rectificar
algunos y volver millonaria su exégesis. La cultura está im
pulsada por la capacidad de reflexión, partiendo de las ciencias
que están multiplicando las características de las explicacio
nes.
Para reexaminar nuestra historia —la de la conquista
y la de la colonia y la misma de la independencia y de la Re
pública— hemos sufrido demasiados prejuicios. Ha pesado
demasiado la rigidez religiosa. Esta actuaba como un manda
to. Daba líneas extremas, que impedían la movilidad del pen
samiento. Excluía diferentes matices del estudio. Medraban
monomanías. Nos fuimos hundiendo así en severos moldes.
Rígidos, sin posibilidad de escapar. Ellos han convertido la
historia en durezas y subjetividades. Ambas calidades perju
diciales.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 885
A Heródoto se le juzgaba por los historiadores del siglo
XVin como un inventor de fantasías. Con el tiempo, se le ha
devuelto su valor. Por lo tanto, hay una buena referencia para
no temer en aventurarnos.
Los avances científicos
Algo en lo cual hemos adelantado poco en Colombia, es en
los estudios que recomendaba Niebuhr —ya aprobado como
clásico— “del contraste de las fuentes literarias con las fuen
tes no literarias”. Aquí descuella otra materia. Pero hay otros
más: José Luis Romero dice que “después de Freud, hay que
releer toda la historia”. Es una llamada seria de atención: los
apoyos científicos o técnicos, nos esclarecen zonas antes os
curas. Que no podíamos penetrar. Para las cuales no poseíamos
explicaciones. En la medida en que aquellos irrumpen, nos
hallamos con otras mediciones y juicios del pasado.
¿Y con el aporte de Marx, no tenemos otros ángulos des
conocidos para explorar y evaluar? No es indispensabde ser
marxista, en el sentido clásico y restringido como aparece en
nuestra cultura tan ceñida a parcialidades. Que no se nos
confunda, pues no estamos proponiendo que nos sometamos
a la tendencia política que se deriva de sus rituales. Es el
aprovechamiento de sus enseñanzas en cuanto a la conducta
humana. Tanto en lo social como en lo individual.
El progreso en el empleo de la “historia de las ideas”, es
un aporte de gran significado. Que plantea preguntas: ¿la
historia ha caminado ceñida rigurosamente a aquéllas? ¿O
simplemente las ha contrariado? ¿O ha permitido que ellas
cumplan su función, andando en el tiempo, lentamente? ¿Las
ideas, no han estado sacudidas por el paso del acontecer his
tórico que, generalmente, es cambiante, que irrumpe sin cá
nones ni mandatos?
Importancia de la micro-historia
Algunos de los textos que aquí hemos detallado, recupe
ran lo local, lo humilde. Se presta así un gran servicio porque
no hay conciencia de la historia nacional, porque nos la han
escrito en torno a los héroes; con medallones de proceres; en
lejanías de las circunstancias históricas que nos rozaron en la
provincia entrañable.
886 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Lo inmediato, en lo que la gente ha sido partícipe —a ni
vel de suceso particular, sin relieve, comarcano— se deja a un
lado. En ello han sobresalido los prejuicios. Uno: el que sólo
lo válido era lo que venía como regla del Imperio. Es la incli
nación centralista —el faro que destella— y donde se domina,
dictaminando. Además, así la luz venía de ultramar. De lo
más remoto. Fue naciendo y consolidándose el desprecio a lo
provinciano. Este término devino en peyorativo, ridículo. Los
actos que allí se incubaban, no tenían prestigio. Ni ante los
reyes o magnates; ni ante la vigilancia crítica.
Se conformaba de esa manera una historia sin raíces. Sin
que las personas y los grupos se sintieran atadas a ella. Esta
ba despojada de lo inmediato. La juzgaban con menosprecio.
O, simplemente, la ignoraban.
Dentro de la “historia de las mentalidades”, se exalta la
micro-historia. Se le da su sitio. El real, el más poderoso. El
que la fortalece desde adentro. Es como una luz que va proyec
tándose sobre sucesos humildes; episodios de una marcada sen
cillez; de una modestia que impide los relieves. ¿Y qué otra
cosa es la vida? ¿Inclusive la que aceptamos que asciende
hasta el heroísmo o la leyenda?
Víctor Massuh ha escrito en “La Nación” de Buenos Aires
—26-IV-87— que el “enfoque regional es enriquecedor: se
aleja de la uniformidad, es fiel a las diferencias y a las entida
des locales, difunde una imagen polifacética de la patria y, en
consecuencia, estimula el redescubrimiento de sus posibilidades
inéditas... En la última década he visto crecer en Francia el
interés por la unidad orgánica y la autonomía de las regio
nes, tanto desde el punto de vista cultural general como par
ticularmente histórico. Frente a los asedios supra-nacionales
tipo Braudel, se fue acentuando la focalización intra-nacio-
nal tipo Le Roy Ladurie. La macrohistoria se ve equilibrada
no por enfoques fragmentarios, parciales, sino por otras tota
lizaciones que, en tales casos, son las regiones. No es el frag
mento el que reemplaza a la macrohistoria, sino una nueva
totalización estructural”.
Esto lo ha logrado Gabriel Camargo Pérez con sabia maes
tría. Por un impulso de afectos. No como teoría, sino como
arrebato de la fidelidad a su tierra. El, ha integrado su ren
dición a la historia avanzando hacia lo ancestral, lo mítico,
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 887
lo más remoto. Con una característica, le devuelve el carácter
y significado a los personajes que se han tratado de apabullar
y desconocer. A los aherrojados. A los vencidos por el imperio.
¿Sólo el que triunfa en una hazaña, tiene razón? ¿Y el
matiz del disidente? ¿Y la protesta que se acalla? ¿Y la pala
bra que se desconoce y que lleva un afán de rebeldía justa?
Es que la historia no puede mirarse justamente desde el án
gulo de los triunfadores. De allí, que en un tiempo largo, ha
dominado nuestra mentalidad histórica de nacionalidades su
mergidas. Sin personalidad. Sin nada para irradiar. Sin ca
pacidad de concebir un pensamiento. Sin aliento para la
creación. Con esa actitud, hemos alimentado la destrucción de
nuestra propia calidad como pueblo. La hemos hundido. La
relegamos. La opacamos a manotazos para que triunfe la vir
tud del conquistador. En esta hora de reflexión, el acometi
miento del juicio histórico, es bien diferente.
Enunciación de temas
Para integrar nuestro contorno indoamericano, debemos
entrar a considerar disímiles materias. Todas aquellas que
dan fortaleza al mundo social.
Enumeremos algunas sin posibilidad de profundizar en
ellas en esta ocasión:
19 La Lengua:
Desde que comienzan los Cronistas a escribir, van desta
cándose demasiadas palabras que ya no son de estirpe espa
ñola. La manera de construir las frases, tiene otro orden.
No desconozcamos que Fray Pedro Simón hizo un diccionario
para que se entendiera su obra.
En la lengua regional tenemos un ejemplo que se despren
de de las páginas del “Atlas Lingüístico-Etnográfico de Co
lombia”, del Instituto Caro y Cuervo, en el cual se consignan
referencias realmente extraordinarias. Penetrando los signos
y el significado de las palabras, hallamos unas categorías im
presionantemente reveladoras en el lenguaje. Con sus matices
propios, con sus diferencias con lo español, bien marcadas.
Esa es la contribución regional a la formación de lo que ya ad
mite la Academia de la Lengua que se llama “colombianismos”.
888 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
En el proceso de la Conquista y la Colonia, tanto en el lado
español, como en el portugués, se unían las lenguas. Las de
allá y las de aquí: el náhuatl, el quechua, el aymará, el tupi-
guaraní y podríamos nombrar muchos otros.
29 Las ciudades y los pueblos:
Las Leyes de Indias consignaban normas estrictas de ur
banismo. Desde luego, no se acataban. Había mescolanzas in
sospechadas. Los artesanos y los maestros de obra, cambiaban
las indicaciones. Sobre esta materia el Profesor francés de la
Universidad del Valle, Jacques Aprile Gniset, prepara una
obra excepcional. Por ejemplo, al hablar de Tunja, anota que
ella toma las características morfológicas de “ciudad colonial”.
Advirtiendo que la heterogeneidad étnica y social, fue el pre
cio de su supervivencia. Para lograr su estabilidad, Tunja
tuvo que renunciar a su exclusivo carácter de “Noble ciudad
de españoles” y transformarse en ciudad indiana mestiza”.
El derecho de residir en las ciudades “españolas” lo van
adquiriendo los mestizos, por ser hijos de iberos en mezcla
racial. Esto le permite al mismo autor aseverar: “Se inicia en
tre ambos “habitats” este vaivén residencial y territorial de
los mestizos, que tanto preocupa a la Administración de la
Hacienda Real”.
Otro hecho esencial: la arquitectura que llamamos “colo
nial” tiene ya una serie de elementos que no son españoles
Son de origen mestizo. Así como el barroco no se aplicó, con
sumisión y se cambió —en las partes básicas, las que dan
autenticidad a la decoración—, de igual manera se variaron
las formas de distribuir la casa. Se adaptó a otras demandas
de las urgencias locales y económicas. Sobre el balance de lo
sugerido y lo aplicado, poco se ha trabajado. Quizás porque los
arquitectos historiadores que hemos tenido, son escasos. Has
ta hoy, con pocas excepciones, han venido de otras disciplinas.
39 Se obedece pero no se cumple:
Este desvío para mirar la ley, es una actitud que indica
varias protestas: una: la norma la dicta quien no tiene calida
des para hacerlo, pues como mestizo o desarraigado, no le
tolero categoría en el mando; dos: la imponen sin que se
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 889
tenga en cuenta mis apremios y mis circunstancias; tres: no
son una medida que se ciñe a lo inmediato indoamericano;
cuatro: tienen intención ideal pero no se ajustan a lo que
regulan; cinco: la vida del mestizo o desarraigado, se mantiene
en rebelión permanente. Y vivirán, protestando. La manera
—la más sutil de hacerlo— es no aceptando la ley.
49 El proceso colonial:
Debido a que nos preocupamos poco por conocer nuestra
dimensión histórica, social, política, racial y humana —desde
un punto de vista de nuestro continente— se han cometido
muchos errores; en otras ocasiones, omitiendo materias y la
trascendencia de ellas. Como nos consolamos ajustando nues
tra apreciación a la imperial española, nos expresamos con
recortes en los enfoques. No hemos profundizado en descubrir
—allí sí vale la palabra— cómo eran nuestras lenguas, religio
nes, contenidos sociales y políticos. En cambio, España, en sus
Leyes de Indias, proclamaba que aquí en la Colonia ya éramos
una sola respuesta en Derecho, en Religión, en la aceptación
ordenada a la monarquía. No fue así. Los historiadores lo han
repetido, sin agregar otros criterios. Naturalmente porque no
se le dio alcance a las historias regionales; a los aconteceres
locales; a los menudos sucesos diarios. Ellos no entraban den
tro de la jerarquía de la validez histórica que tenían. Por
lo tanto, no había por qué utilizarlos.
La colonia fue de grandes conmociones locales. Hubo una,
que comenzamos a proclamar como parte de la integración
indoamericana, que fue la Revolución de los Comuneros. En
cuanto se penetra en las condiciones inmediatas —las peque
ñas y sin aparente alcance— nos damos cuenta de que tene
mos aún mucha tarea. Nos preguntamos ¿cómo puede existir
estabilidad, si nuevos grupos, de protesta o de asalto, se mo
vían en este medio: lo africano, la piratería holandesa, la
francesa y la inglesa? Ella tenía que alimentar la confusión.
Aún más: las culturas prehispánicas no fueron borradas
totalmente. Aquí la relación se desarrollaba entre contra
dicciones y luchas. La circunstancia de que se hubiera ejercido
por parte de España una gran represión contra las posturas
culturales, las manifestaciones religiosas, condenando al os
890 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
tracismo sus ídolos, y arrasando monumentos o tapándolos,
¿garantizaba armonía, equidad y serenidad en los grupos so
ciales que se mezclaban?
La sola enunciación de estas materias, nos indica que es
aconsejable penetrar al estudio disímiles materiales para si
tuar nuestra autenticidad. Que, sin dubitaciones, es mestiza.
Historia de las Mentalidades
Para asistirnos en estos propósitos, los científicos hablan
de la “historia de las mentalidades”. Que viene a ser una ma
nera de vincularnos a la singularidad de las identidades: las
regionales, las culturales de esencia popular. Su peculiaridad
consiste en dar vislumbre a hacer lo que tiene acento colectivo.
No se ha obrado con esa tendencia, porque contradice muchas
de las teorías que han primado.
Se apela a los más comunes acaecimientos humanos, a
los más simples, a los que se les ha negado categoría, para así
ubicar la vida real de una etapa. Y saber cómo era sin des
viarla ni ocultarla. Sin disfraces ni arbitrarios acomodamien
tos. De esa manera se puede decir por qué el comportamiento
de todos —no de la parte de los símbolos— y podríamos enten
der la razón para haber actuado, con tal naturaleza, sus hé
roes, sus creadores, sus pensadores, sus estadistas. En cuanto a
la historia de las mentalidades, hemos leído penetrantes ensayos
de Jacques Le Goff, y Bartolomé Bennassar y los mayores téc
nicos son Lucien Febvre, Georges Duby y Robert Mandrou.
Todos ellos hacen una recomendación: que no se debe confun
dir con la historia de las ideas, que es otro enfoque.
La conclusión es bien sugestiva: “la mentalidad recubre
un más allá de la historia”. Esta especialidad se acerca y en
trecruza con muchas ciencias: con la etnología; con el sistema
de valores o de creencias; con los especialistas en hagiografía;
con la sociología; con la política, con la psicología social; con
los métodos estructurales, etc.
La tesis es que “importaba encontrar en la historia algo
más, distinto. Este algo más, esta otra cosa distinta, fueron
las mentalidades. Se sitúa en el punto de conjunción de lo
individual con lo colectivo; del tiempo largo y lo cotidiano; de
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 891
lo inconsciente y lo intencional; de lo estructural y lo coyun-
tural; de lo marginal y lo general”. Y los expositores, seña
lan como prototipo:
“Es lo que Cristóbal Colón y el marino de sus
carabelas tienen en común”.
Y vale la pena apelar a otro:
“Los automovilistas tienen un vocabulario de ca
balleros; los obreros de las fábricas del Siglo XIX, la
mentalidad de los campesinos que fueron sus padres
y abuelos. La mentalidad es lo que cambia con mayor
lentitud. Historia de las mentalidades, historia de la
lentitud de la historia”.
Los libros de Camargo Pérez a los cuales nos referimos,
facilitan el apreciar las conductas regionales; la microhistoria;
lo que se ignora. El, recupera nombres y sucesos que son par
te de nuestro acontecer. Parece que sólo interesaran a Boyacá
o a Sogamoso. No es así. Son parte integral de la totalidad
de lo que es la historia colombiana. Su intención ha sido des
cubrir lo que se ha mantenido oculto.
Eduardo Galeano recientemente se ha preguntado ¿por
qué se esconde nuestra historia? Y hace énfasis en que “se
esconde la América real, que es la América de los despreciados,
de los humillados”.
El hecho escueto es que se nos ha ocultado la atmósfera
y la naturaleza convulsionadas en las cuales nos hemos desen
vuelto. Se nos ha pretendido presentar una América amable,
sonreída. Mientras que los acontecimientos colectivos, la van
horadando, sacudiéndola. Cambiando sus preocupaciones y
descubriendo avatares que van puntualizando desniveles y
crueldades. Es una tendencia a escribir la historia sonrosada.
La de las placideces. La que no refleja nuestro accidentado es
tremecimiento comunitario.
En la historia, buscamos un ejemplo
A ningún ser apasiona el pasado por sí mismo. Lo es
tudian y penetran porque lo sienten cercano al presente. Porque
están soñando el futuro. Si se sitúan al margen de su realidad
—¿quién lo puede estar?— vivirían ausentes de lo que antes
892 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
sucedió. Lo inmediato, lo que nos llama y apabulla; y lo que
nos incita hacia el porvenir, es, precisamente, lo que nos
empuja hacia la historia. Porque queremos algo que nos orien
te. Deseamos hallar una contestación del ayer, ya que la que
hoy obtenemos no nos satisface. Es cuando miramos el pre
térito. Este, probablemente nos indique —con la evocación
de hazañas pasadas— que sí hay soluciones. Que ya las dio la
humanidad. Pero si son las nuestras, las que nacieron y se
fortalecieron en la comunidad, a la cual pertenecemos, los
hombres comienzan a serenarse. Esto les permite aceptar que
sí tienen soluciones para sus dramas o para sus perplejidades.
Allí está la gran magnitud de nuestro deber histórico: clari
ficar la calidad de lo que somos. Cuál es el pasado, pero, bá
sicamente, qué somos en el presente. De resto, no estamos
cumpliendo nuestra misión. Esta la podemos ampliar con mo
tivo de los quinientos años del Descubrimiento, diciendo qué
pensamos y esperamos de nosotros mismos, antes de empeñar
nos en repetir el juicio histórico que repartió Iberia.
El problema de la tierra
Justamente, para recibir el título de miembro de Número
de nuestra Academia, Camargo Pérez ha escrito un trabajo en
tomo del problema de la tierra. Sus raíces asoman desde el
más remoto pasado.
Es un sumario turbado. La tierra produce adhesiones sen
timentales muy arraigadas. La propiedad, por ello mismo,
favorece que se tejan tantos episodios pasionales de carácter
individual y colectivo.
Su planteamiento nos inclina a vislumbrar la materia en
relación con la política española. Aquí vale la pena que nos
detengamos a pensar si la Península tuvo inclinación por ella.
El Profesor Luis López de Mesa sostenía que España no tuvo
—frente a la tierra— sentido económico. Aquella, andaba por
el interés inmediato: el oro. El encontrarlo, el poseerlo, el tras
ladarlo a su patria. El metal no da estabilidad al trabajo.
Cuando éste se demandó, para su extracción, se apeló a la es
clavitud.
No debemos desviamos: el problema económico, es social
y cultural. Las historias regionales nos aclaran cómo se for-
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 893
marón nuestros regímenes legales de tierra. Es bien diferente
donde primó el resguardo indígena. Operó de manera dife
rente, en otros medios. Eso no está esclarecido.
Se puede escribir un capítulo bien sugerente al comparar
cómo fue la colonización española y la brasilera. Allá la tierra,
en cambio, fue lo fundamental. Los portugueses se afincaron
y comenzaron a trabajarla. Sin concesiones a la holgazanería
comunera. Su progreso, su bienestar, su seguridad, nacía de
su utilización. No dependían del oro, ni de la extracción de
éste. Tenía menor abundancia. Nuestra comarca la bautiza
ron con el nombre de Eldorado. Y aún jugamos a toparlo en
las especulaciones. Nos quedó ese mandato heredado de lo
inicial.
Repasando los grandes murales de Cándido Portinari, ha
llamos el relato pictórico de cómo se integró el trabajo en el
Brasil: la caña de azúcar, el tabaco. Por último, el café. Al oro
no lo vemos brillar en el ojo ambiocioso de los protagonistas de
sus cuadros. En cambio quien observe la obra del Maestro
Pedro Nel Gómez, localizará que el oro, las dragas, la lucha
de las barequeras, la historia de los socavones y de los gran
des ríos auríferos, son los que dan a sus frescos parte básica
de su interpretación de cómo se fue estableciendo nuestra
nacionalidad. La historia social colombiana, se reproduce con
su poder anónimo y con sus pioneros de la aventura del oro.
Hasta la muerte —que es la del minero— tiene su consagra
ción.
Sergio Buarque de Holanda, en su libro "Raíces del Brasil”,
anota que tanto en la colonización portuguesa como en la
española, el trabajo no fue el signo de su empeño. Escuche
mos sus observaciones:
“En la obra de la conquista y de la colonización
de los mundos nuevos, el espíritu de trabajo, en el
sentido en que aquí se entiende, tuvo un papel muy
limitado, casi nulo. La época predisponía a los ges
tos y las hazañas audaces premiando con generosi
dad a los hombres de grandes ambiciones. Y no
puede llamarse fortuita a la circunstancia de haberse
encontrado en este continente, consagradas a dicha
obra, las naciones donde el tipo del trabajador, tal
como acaba de definirse, halló' un ambiente menos
propicio”.
894 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
A lo anterior, debe “añadirse otra faceta bien típica de
su extraordinaria flexibilidad social: la ausencia completa, o
casi completa, de cualquier orgullo racial”. Y viene la anota
ción complementaria y analítica:
“Esta modalidad de su carátcer... se explica bastante
por el hecho de que los portugueses eran ya, en parte, cuando
se descubrió el Brasil, un pueblo de mestizos”.
Podemos anotar que igualmente mestiza era España. Pero
su concepción etnográfica, de su autoridad y de su predomi
nio, no lo admitían.
El mismo autor identifica la civilización llegada al Brasil
como de “raíces rurales”.
Cruz Costa en su “Esbozo de una historia de las ideas en
el Brasil”, sostiene que “en nuestros pensamientos, así como
en nuestro destino histórico, existen dos vocaciones: una que
lleva hacia el gran océano, que nos obliga a otear allende
los mares, por el lado donde nos vino la cultura. Y está tam
bién el sertón, la inmensidad de tierra que queda detrás de
las serranías de la costa y que aún nos atrae, como hace siglos,
atrajo sil aventurero”.
He querido hacer estas concomitancias con el Brasil por
que en un ensayo en el cual se haga referencia a Indoamérica,
no puede excluirse. Hay matices que son diferentes. Sin nin
guna duda, la esencia continental, con ese país se integra y
complementa.
Regresando al aspecto de la tierra que cataloga Camargo
Pérez, es bueno que repasemos este texto y los otros que so
bre la materia él ha escrito y que están dispersos en sus libros:
desde la lucha de los Comuneros que en su Cláusula Séptima
pedía que las tierras les queden en “Cabal Propiedad” y sin
tributos para el Encomendero o el Rey, la Iglesia o la nueva
instrucción, hasta alcanzar la Reforma Agraria de 1961. Y por
cierto, medidas y proyectos aplazados; traicionados por los
gobiernos; escamoteados con nuevas disposiciones. Ese sí que
es un cuadro de dureza social, que nos autoriza para contra
riar el verso de don Juan de Castellanos. Nuestro campesino
casi, en ninguna oportunidad, puede repetir el canto de “Tierra
buena que pone fin a nuestra pena”.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 895
La nueva aventura
Esta oportunidad de escribir para rendir homenaje a nues
tro recipiendario, me ha facilitado ordenar algunas pocas
ideas en aquello que juzgo un deber de los historiadores y hom
bres de cultura de Indoamérica. Se que es la propuesta de
emprender una gran aventura y muchos ya andan en ella.
Seguramente, no van a desertar fácilmente. Estos quinientos
años de encuentro de Colón con este continente, nos abre la
perspectiva de mirar hacia nuestra propia existecia: la his
tórica y la actual. Hacerlo con sentido y dimensión de gran
deza. Con la calidad que nos debe dar el ser y la expresión de
una nueva cultura: la mestiza, que permite escuchar lo que
relataba el productor de cine español Carlos Saura:
“Había un amigo americano que no había venido
nunca a Europa. Una vez estuvo y viajó a España, por
Inglaterra, por Francia. Cuando regresó- a Madrid,
le pregunté qué le había parecido lo que había obser
vado. Y me dijo: “Un Museo”. Me pareció su respues
ta una idea preciosa. Pero él agregó: la vida está en
los países que empiezan. ¿Te das cuenta —agregó—
que en Latinoamérica, por una regla elemental his
tórica, está todo por hacer? El día que los latinoame
ricanos tomen conciencia de ello, el continente será
un volcán”. 1987.
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noamericanos y del Caribe. Publicaciones de la Universidad Central.
Bogotá (Colombia), 1986.
PROPUESTAS PARA EXAMINAR LA HISTORIA
CON CRITERIOS INDOAMERICANOS
Por Otto Morales Benítez
II
Se publican dos textos del Académico de Número don
Otto Morales Benítez, que se unen entre sí en el desarrollo
de las tesis centrales de su teoría sobre Indoamérica. En car
ta al Profesor y académico don Javier Ocampo López, sinteti
za su posición y explica el alcance de estas dos monografías:
“He venido procurando decir cuál es nuestra obliga
ción como historiadores: hay necesidad de crear una
teoría acerca de ello. La voy trabajando lentamente.
En los discursos, 'Breves alcances acerca de Tunja
en la historia y la cultura Nacionales’ y en el de la
Academia: 'Propuestas para examinar la historia con
criterios Indoamericanos’, planteo cuál debe ser la
misión del historiador indoamericano frente al mes
tizaje y la necesidad de ‘remirar’ nuestro pasado con
ojos nuestros: sin primacía de la óptica hispana o
eurocentrista. Además, que debemos revisar la lec
tura de los textos de los Cronistas de Indias, de los
viajeros extranjeros y darnos cuenta de la importan
cia de la Microhistoria y de lo regional y aplicar la
historia de las mentalidades. Es la invitación a una
nueva aventura: el descubrimiento de lo nuestro con
autenticidad continental. Hasta ahora ha primado
en nuestros escritores el examen con el criterio ibero
o europeo. Ya es urgente tener una visión crítica mes
tiza, pues somos un continente con mayoría de edad
espiritual”.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 901
Revisión de la Historia y de la Cultura
BREVES ALCANCES ACERCA DE TUNJA
EN LA HISTORIA Y LA CULTURA
NACIONALES1
Por Otto Morales Benítez
La edad histórica
Para recibir el homenaje que, con exceso de generosidad,
me rinde la Academia Boyacense de Historia, haré recomenda
ciones que espero nos comprometan en nuevos apasionamien
tos por la investigación de la Historia y la cultura en Tunja.
Que debe proyectarse sobre los límites de las nacionales y ex
tenderse, con denuedo, hacia nuestro continente indoameri
cano.
De acuerdo con los datos de los científicos —Gonzalo Co
rreal Urrego y Van der Hammen— en la Altiplanicie cundi-
boyacense, el hombre tomó asiento 12.000 años antes de la era
cristiana. Y Eliécer Silva Celis en las investigaciones arqueo
lógicas que adelanta desde Sogamoso, rememora allí se apo
sentaron 500 años antes de J.C. Y en Villa de Ley va, en lo
que se conoce como las “Columnas del Infiernito”, se evidencia
era un pueblo de cultura preclásica, el cual floreció en el
primer milenio antes de J.C. Y por cierto, coexistía con ]a
Cultura Megalítica de San Agustín, en nuestro macizo co
lombiano, y con las Culturas Olmecas de México y las de Cha-
vín de Huantar, en el Perú. Y todas las comprobaciones, dan
información de cómo los Chibchas estaban organizados en
“cacicatos”.
902 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Madre de la tierra y del agua
En toda la Altiplanicie Boyacense, hay un mito que do
mina, gobierna y se alarga en el tiempo histórico. Es el de
la Bachué, que se juzga como el origen del pueblo chibcha.
Cerca de esta ciudad de Tunja, en la Laguna de Iguaque se
cavila que emergió aquélla. Y se le mencionó como madre del
género humano. Invariablemente se le ha presentado con un
nimbo de luz, que se extiende sobre la tierra, alumbrándola y
dándole resplandores de gracia y de belleza. Aún más: a Ba
chué se le proclama madre del agua y de la tierra. Es decir,
de ella dimanan los dos elementos consubstanciales que regu
lan el vivir, como si la existencia hubiera tenido aquí el mo
mento estelar de la creación. Y así debemos aceptarlo al ob
servar la magnificencia de su ámbito y la calidad de las obras
de sus hombres.
Igualmente, cuando se iba a realizar la unificación del
Zaque —quien en Tunja mandaba, peleaba y sostenía el pulso
de su dominio— con el Zipa, —que, desde Bacatá, adelantaba
todas las incursiones y provocaciones—, se interpuso la con
quista española. Se rompió un entendimiento político que hu
biera tenido las mayores consecuencias en el gobierno inicial
de nuestro territorio. Como es lógico, no eran los únicos jefes.
Sí los de mayor jerarquía y audaz dominio, en la región.
Resistencia a la dominación española
Hasta la hora actual, menospreciamos el carácter y alcan
ce de los combates de nuestros antepasados. Nos acostumbra
mos a atalayar nuestra historia, ceñidos a los patrones y di
dácticas peninsulares. Repetimos sus consignas. En cuanto la
interpretación social se ha ido imponiendo, principiamos a
descubrir grandes y tormentosas hazañas, que fueron las que
destacaron la resistencia a la dominación española. Es natu
ral que así haya sido, pues venían a subordinar a los grupos;
a usufructuar sus riquezas; a imponer una religión que no
concordaba con sus teogonias; a determinarles reglas que no
compaginaban con su criterio del trabajo y el valor de las
minas y de la tierra.
Se vivió en un torbellino social. No hubo reposo. Cuando
ios conquistadores creían haber logrado el vasallaje, volvía a
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 903
empinarse la insubordinación. A veces, con denuedo y con
contiendas espectaculares. Otras, con asordinada lentitud;
con parsimoniosos actos; con cautelosos recursos de imagi
nación. Los indígenas no estuvieron dispuestos a la subyuga
ción. Al contrario, toda la América tropical fue un hervidero
de actos políticos de protesta. Desafortunadamente no los he
mos querido sondear con detenimiento.
El profesor y tratadista Javier Ocampo López, en su libro:
“Historia del Pueblo Boyacense”, enumera cómo fue la resis
tencia indígena:
“La tenacidad, la soberbia y el orgullo ciudadano de
los Boyacenses tienen en el inconsciente colectivo
una relación muy estrecha con el indomable caci
que ‘Tundama’, el máximo héroe de la resistencia
indígena en Boyacá. Tundama es la expresión de una
raza que defendió a sus gentes, su tierra y su cul
tura, ante la avasalladora deculturación del pueblo
conquistador y dominante. Es la manifestación del
heroísmo indígena, enmarcado en la epopeya ameri
cana de la resistencia contra la dominación españo
la; de una raza que en los pueblos del Cacicato de
Tundama hizo los máximos esfuerzos de lucha pa
ra defender su dignidad ante la opresión colonial”.
Y las arremetidas venían también de los caciques Lupa-
choque, Ocativa, Susa, Sota, Saboyá o la resistencia la pre
sentaban los Chiscas, los Laches, los Chevas, los Muzos, para
mentar algunos. Y fue ejemplar, como acto de gran protesta
social, el suicidio colectivo de los Tunebos de Güicán. Antes
que doblegarse, prefirieron la muerte. Ese es el mayor simbo
lismo de la grandeza de esa raza.
Tunja, la de las pedagogías
El 6 de agosto de 1539 se fundó Tunja, aprovechando
los terrenos de la capital de los zaques, que tenía una cate
goría excepcional. Su población era numerosa. El Capitán don
Gonzalo Suárez Rendón tuvo el privilegio de hacerlo. Su primer
escribano fue don Domingo de Aguirre. Desde el orto, fue la
segunda ciudad en el Nuevo Reino de Granada por su ascen
diente político, el poderío económico 'que representaba; la
audiencia intelectual de la cual hizo ostentación al realizar el
904 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
primer concurso literario, y quizás el único, en la Colonia. Por
cierto que fue anunciado con chirimía por las calles. Lucas
Fernández de Piedrahita nos refiere que sus casas eran las
mejor construidas en su época. En 1541, Carlos V le otorgó el
título de Ciudad. Y don Juan de Castellanos rememora que
poseía diez templos de tal manera ornamentados —con pintu
ras, esculturas y grabados— que algunos semejaban “pifias
de oro”. Su nombre no es caprichoso. El historiador Ulises Ro
jas logró comprobar, que en el Archivo de Indias, el término
“Tunjar”, se usaba en documentos anteriores a la fundación.
La categoría de Tunja nunca decayó. En 1813, el 10 de
diciembre, declaró la Independencia, con un acento muy sin
gular: al proclamar su insurgencia, contra España, manifiesta
que espera una integración del continente. Es una adverten
cia de originalidad política. No estaban sus hombres para pen
sar con menguada audacia. En ese mismo escenario se reunió
el Primer Congreso de la Nueva Granada. Ha estado, pues, en
el límite augural de las grandes acciones históricas, invaria
blemente.
El Mestizaje arrollador
Vamos a concordar varias peripecias en las cuales el mes
tizaje reaparece en plena acción en la intrincada escena colo
nial. Aquel se fue produciendo por mandato del amor. El que
más tarde se hace palmario en las edificaciones. Los españoles
introdujeron la tapia pisada, el adobe, la teja y los diseños
para las construcciones. Los muiscas aportaron los muros de
bahareque, los henchinados, los techos pajizos, las esteras. Los
artesanos, de acuerdo con las condiciones del ambiente, cam
biaron los planos para los inmuebles que les presentaban.
En las iglesias, el Barroco lo fueron modificando. He es
crito acerca de este prodigio en el cual se desconocen los pa
trones españoles. Y comienzan por introducir, los artesanos
mestizos, la flora y la fauna de nuestras comarcas. Reempla
zan ciertos simbolismos por los que les despiertan adhesiones.
Llevan sus dioses a esos decorados y nunca pudo averiguarse
a cuál Dios iban a adorar en los templos. Durante algunas
semanas pasé recorriendo, no sólo a Tunja, sino a Boyacá
—con las tesis de Ricardo Rojas y las de Angel Guido— com
probando cómo el plateresco, el barroco y el churrigueresco,
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 905
que están patentes en todas nuestras capillas y catedrales, ya
tenían una expresión mestiza innegable. Era la réplica sote
rrada, callada, ingeniosa a la imposición cultural. Las respues
tas —las que daban la inteligencia y la sensibilidad de nues
tros antepasados, eran diferentes. Los seres que se tallaban
no eran los modelos griegos, apolíneos, y llenos de extraño
garbo, sino los seres humildes, bajos, poderosos de hombros,
con sus ojos oblicuos, que atravesaban y atraviesan las campi
ñas. Era el conjunto de representaciones que nos pertenece.
Al cual estamos y viviremos atados permanentemente.
No pudieron los españoles cambiar nuestra música, ni de
rrotar las canciones típicas, ni suplantar los trajes, ni desviar
el júbilo malicioso de coplas y romances. Las romerías se su
cedían, con otros patrones presidiéndolas, pero con el mismo
denuedo colectivo que antes las impulsaban. Lo religioso tuvo
un cambio audaz, de imposición forzosa. Los acompañamien
tos en chirimías, en decorados, y en ciertas solemnidades, eran
típicamente los tradicionales de nuestros antepasados. Sin po
der eludirlo se ataron costumbres de conquistadores con las
virtudes de un pueblo que sojuzgaban. Se cumplió el sincretis
mo cultural y, en algunos detalles, el de carácter religioso.
La comida también fue mestiza. Lo chibcha y lo hispánico,
se entremezclaron. Nuestro maíz armonizaba con los productos
del trigo; la papa, el fríjol, la yuca, alternaban con el arroz,
con los cítricos, con las carnes de animales importados. Pre
valecía el tomate, el aguacate, la ahuyama, la guayaba, los
cubios, la papaya y la piña. La cebada y las suntuosidades de
la gallina —que importaron los peninsulares— daban nuevos
toques de gracia a la cocina local. Eso sí, irremediablemente,
el ají coronaba de picardía los platos suculentos. Los licores
eran los que aquí se destilaban y todo se localizaba en alegrías
colectivas con las fiestas que, popularmente, habían prevale
cido.
El mestizaje es arrollador. Ya nadie lo podrá detener y lo
seguiremos destacando en el curso de estas palabras que an
dan buscando nuestra auténtica realidad.
906 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
La organización político-administrativa
Tunja dio ejemplo de celeridad en fortalecer la organiza
ción administrativa. El Capitán y Justicia Mayor, al día si
guiente de la fundación, delimitó la Provincia. En el libro “Co
rregidores y Justicias Mayores de Tunja” del citado Ulises Ro
jas, hallamos cómo fue la evolución político-administrativa. Y,
a la vez, la supremacía económica crecía. En el Siglo XVIII
se le destaca como la más poderosa en el conjunto de lo que
vendría a ser posteriormente parte de Colombia y Venezuela.
Su categoría se extendía en privanzas patrimoniales.
En el año de gracia de 1539, se designa a Hernán Pérez de
Quesada para reemplazar al fundador. Y todo ello coincidía
con los rumores de una conspiración indígena. Se complicaba
el ambiente, pues don Jerónimo de Lebrón venía a reclamar
se le entregara el mando del Nuevo Reino, exhibiendo un nom
bramiento de la Audiencia de Santo Domingo. Y Pérez de Que
sada vuelve a usar la táctica de la traición contra los indígenas.
Les pide que se reunan en un mercado “que deseaba presen
ciar” y, al avanzar, utiliza su alfange para cortar la cabeza al
cacique Aquimín, según la reseña de Aguado y que evoca con
fresca erudición Nicolás García Samudio en su “Crónica de
Gonzálo Suárez Rendón”.
Igualmente, principiaban a hacerse evidentes los senti
mientos de protesta. En 1569 el Cabildo Municipal reclama el
derecho a sus fueros y sus preeminencias. Se le cataloga como
el más revolucionario. Por primera vez, se proclama la defen
sa de los fueros civiles. Es un caso no suficientemente ana
lizado.
Sin desconocer que por 1561 ya se había estado en alerta
esperando la aparición de don Lope de Aguirre o de sus comi
sionados. Por cierto que la historia ha evolucionado. Antes se
editaban libros para demostrarlo como el traidor y el tirano;
y hoy, al amparo de la nueva interpretación histórica, miran
do los acontecimientos desde el punto de vista latinoameri
cano, comienza a llamársele el “Príncipe de la Libertad”.
En 1592, la “Rebelión de las Alcabalas”, es uno de los
incidentes sociales más cardinales. Es otra ostentación de la
conjura que crecía contra las autoridades coloniales. Y de
parte, otra vez, del Cabildo. Era la oposición contra el im
puesto de un tanto por ciento sobre el valor en las compra
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 907
ventas o en las permutas. Este impuesto a las ventas, desper
tó reacciones multitudinarias. El cauce de protesta tuvo su
asiento en los representantes cabilderos.
El Cacique Turmequé y las Leyes de Indias
No es posible desdeñar los movimientos del Cacique Tur
mequé. No actuaba en Tunja. La segunda vez que viajó a Es
paña, llevando su “Memorial de Agravios”, hay indicios de
que aquí se detuvo para discutir sus peticiones. En todo caso,
esa sedición, dirigida contra las concepciones jurídicas de Es
paña. tuvo consecuencias positivas. Al presentarse ante las
autoridades españolas, en la metrópoli, logró que se regla
mentaran las “Leyes de Indias“. Es un acontecimiento al
cual se le dá poca resonancia en la enumeración de las rei
vindicaciones que se obtuvieron en esos días. Como no tenía
el prestigio que dimanaba de ser español, se ha estudiado
poco la actitud de este gran varón de la resistencia. Y, es
bien difícil por no decir imposible, descubrir una valoración
adecuada de los temas propuestos; del alcance de su razo
namientos. Bien serios y sensatos deberían ser cuando la Co
rona los escuchó al atender sus protestas.
No hay que desconocer que desde 1557 se acentuaron
las grandes tensiones. Sin reposo, hubo levantamientos de
indígenas por todo nuestro territorio. No existió descanso en
los alzamientos. Era permanente la agitación. Esta se em
pinaba sobre el propio destino de los individuos que sabían
que sus vidas tenían acechanzas y muertes, como presagio
y premio a sus altanerías en nombre de la colectividad.
Todos los conquistadores entendían que la ebullición so
cial crecía. Suárez Rendón le dijo a Lebrón:
“Si tendéis la vista sobre estas campiñas, las veréis
cubiertas de enemigos simulados, entre quienes vi
vimos con las armas en las manos y el riesgo a los
ojos”.
Aspectos de la cultura. Don Juan de Castellanos
Ya fijamos cómo en el arte, en la música, en las fiestas,
se iba produciendo un hibridismo estético. Era inevitable. Tun
ja fue un verdadero centro intelectual en la Colonia. Ya
908 BOLETÍN DE HISTOBIA Y ANTIGÜEDADES
hemos acentuado muchas de sus calidades positivas. Puntua
licemos que aquí tuvo primacía la pintura manierista y los
murales en las Iglesias. Sólo ahora los estamos descubriendo.
En 1662 se organizó un certamen cultural. A los treinta años
de fundada, se reunió el primer círculo literario con clérigos,
escribanos y funcionarios. Es el síntoma de lo que va a mo
delar su mentalidad.
La Historiografía Indiana, tenía una fuerte expresión en
los mensajes que dejaban los cronistas. Pues bien: El Benefi
ciado Don Juan de Castellanos vivió en Tunja durante más
de cuarenta y cinco años. Fue el más americano de todos los
autores de su época. Se le podría llamar testigo de su tiempo
y autor solidario con el hombre que le tocó por compañero. A
todo lo que le rozó su vida o la de los otros, se refirió con
estilo festivo y lúcido. Siempre afincado en lo americano. Y
concibió en esta ciudad obras muy diversas: las más conoci
das, Elegías de Varones Ilustres de Indias”, “Historia del Nue
vo Reyno de Granada”, “Discurso de Francisco Drake”, “Rimas
de la Vida, Muerte y Milagros de don Diego de Alcalá”, “His
toria de la Gobernación de Antioquia y de la del Chocó”. Las
Elegías constan de ciento trece mil seiscientos nueve versos
(113.609). Tiene gran sensibilidad y datos para detallar la
historia de Tunja. Podría anotarse que se expresó en octavas
reales y que, a veces, hay un aire de tedio en sus remembran
zas. No podía exigírsele a los escritores españoles que se preo
cuparan de exaltar los dones de los hombres que por aquí
habitaban. Ese desdén lo han heredado muchos de nuestros
críticos. En Don Juan prevalece el afán épico y con él nace
la literatura colombiana. Tunja puede reclamar ese sitio de
vanguardia.
No hay tema que no roce don Juan; las costumbres, las
tradiciones, los mitos, las leyendas, las peleas, los naufragios,
las heridas, las dolencias cuyos orígenes son misteriosos, los
detalles sugerentes de la cosmografía.
A don Juan de Castellanos, en la crítica española, se le
ha relegado en múltiples ocasiones, por utilizar expresiones
americanas. Estas se juzgaban innobles, por su origen popu
lar. Desde luego, no pueden descartar que en su obra hay
un excepcional acopio de datos y que las noticias que trasmite
son muy peculiares. Es natural, porque en lo que escribe, está
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 909
descubriendo un medio desconocido. Es un relator de costum
bres a quien no se le escapa nada: ni lo procaz, ni lo que
produce hilaridad, ni lo que fija la estampa de un ser o detalla
un acontecimiento. Al Beneficiado don Juan de Castellanos le
debemos el haber dejado testimonio de nuestra realidad. Y a
ella tendremos que volver cuando resolvamos reconstruir el
ambiente de la colonia en lo que tenía de indeleblemente ame
ricano. Es algo que aún no se ha intentado.
Hernando Domínguez Camargo
No nació en Tunja. Pero tiene sus ancestros en la ciudad
por el lado maternal. Por estas tierras bendecidas por la gra
cia de su paisaje y de sus gentes, ejerció el curato. Escribió
“Ramilletes de varias flores poéticas"", “Otras flores aunque
pocas”, “Invectiva Apologética”, poemas “A la muerte de Ado
nis”, “A la pasión de Cristo”, “A Guatavita” y muchos otros.
El más conocido y juzgado por la crítica “Poema Heroico a
San Ignacio de Logóla”, con 1.200 octavas reales y sin ter
minar. Su nombre lo asocian al culteranismo. Don Dámaso
Alonso, Presidente de la Academia Española de la Lengua, lo
puso al lado de las “Soledades” de Góngora cuando se celebró
el centenario de éste. Algunos, vacilan y hablan del concep
tualismo. Para indicar su categoría, se basan, especialmente,
en las dificultades que entraña su lectura. Tiene abundancia
de simbolismos. Las versiones las hace con tropos. Su abun
dancia y elocuencia, lo sitúan en la categoría de un buen y
reconocido poeta. El Maestro Rafael Maya dice que le tocó
vivir en un momento en el cual se destacaba un “arte de cú
bala y de magia”. Que éste era adecuado para los sermones.
Pero se tomaba enigmático cuando se utilizaba en el verso.
Además, la costumbre de la lectura; la cercanía a los libros,
era muy reducida en esos días. España mantenía un riguroso
control intelectual sobre sus colonias. En varias ocasiones quie
nes eran exégetas de este sistema, lo recomendaban porque
así no se abrían las entendederas de quienes debían vivir es
clavizados.
A Domínguez Camargo le debemos una frase que nos debe
enorgullecer. A nuestro continente se le llamaba Las Indias
910 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Occidentales. El habló, por primera vez, de Nuestra América.
Escuchemos su verso consagratorio:
“Esta, de nuestra América pupila”.
Podríamos sostener que en el momento en el cual no había
conciencia americana, él la estimula y predica. Cuando se re
fiere a las cosas o los seres que han rozado su existir, hace
insistencia en lo positivo. A lo suyo, como que le correspondie
ra. Es el comienzo de la identidad con el continente.
Dos autores para valorar
Tenemos dos autores sobre los cuales es necesario ejercer
una crítica más rigurosa y permanente. Inclusive difundirlos,
pues las reseñas son muy modestas. Son Fray Andrés de San
Nicolás, hombre cultísimo, a quien de tánto compartir su sabi
duría las gentes lo llamaban “Biblioteca Animada”. Este título
hace incontrovertible la abundancia de sus conocimientos y
la opulencia de exposición con la cual los presentaba ante sus
contertulios. Entre sus libros, enumeremos: “Historia General
de los Agustinos Delcálzos de la Congregación de España e
Indias”, cuatro volúmenes de “Alabanzas a María Santísima”
“Historia de la Imagen de Nuestra Señora de Copacabana”,
“Passerculi solitarri Planctus”, “Tesorero de Palermo y su
Monte Peregrino”, “Vida de Santa Rosalía”, ocho volúmenes
sobre “Designios del Indice más dichoso sobre la Regla de S.P.
—N. Agustín” y otros que se nos escapan. Este tunjano que
vivió de 1617 a 1660, alcanzó la Rectoría del Colegio de Alcalá
de Henares. Queda su obra para los investigadores, en la cual,
sin disputa, se localizarán datos acerca de su mundo local,
en el cual fue formado, entre rezos y solidaridades con su gen
te. Es un hombre que debe estimular el aprecio del apelativo
de tunjano.
A don Pedro Solís y Valenzuela, a pesar de no ser tunjano,
se le debe una de las novelas primordiales de su tiempo. El
nació en Santa Fé en 1624. Pero visitó el Desierto de la Can
delaria en 1632 y 1638, es decir, a los ocho y catorce años.
Escribe más tarde “El Desierto Prodigioso” y “Prodigio del De
sierto”, considerada hoy la primera novela hispanoamericana,
lugar que ocupaba “Él Periquillo Sarmiento” del mexicano
Boletín de historia y antigüedades 911
José Joaquín Fernández de Lizardi. El texto de Solís incluye
meditaciones, leyendas, versos, piezas teatrales. Todo ello le
da una dimensión literaria muy singular. La denuncia de
este bien literario lo está realizando el Profesor y estudioso
Héctor H. Orejuela, a través del Instituto Caro y Cuervo. Co
mo vienen preocupándose varios investigadores de esta enti
dad de los textos literarios aborígenes. Estamos, por lo tanto,
en el comienzo de hallazgos que harán modificar trascenden
talmente los juicios sobre la cultura y el pensamiento primi
tivos. En cuanto alcancemos la dimensión de nuestro propio
mandamiento como pueblo, sabremos exaltar, con perspectiva
de identidad, lo que representa para el pasado más remoto to
do lo que avanza la ciencia de la investigación.
“El Desierto Prodigioso”, según Jorge Páramo Pomareda
es una novela de tono familiar y coloquial. Su fabular es muy
rico, con estilo barroco, con carácter prismático. Y hace énfa
sis en que ‘‘convoca el paisaje americano”. Vuelve, entonces,
esta ciudad a tener una obligación de descubrir el mensaje
interno que proyecta esta obra. Es parte de su tierra y de su
integración. Quienes hemos recorrido el Desierto de la Cande
laria, en peregrinación devota, de sumisión a su tierra rojiza,
con sus arenas movedizas, con su combado declinar sobre un
lugar perdido entre la hondonada de la montaña, sabemos que
describirlo es entrar a sentir y proyectar parte de la magia
telúrica, del dramático territorio americano.
El misticismo en la Colonia
En cuanto avanzamos en estos anales históricos y litera
rios, se va haciendo indisputable la inicial audiencia de Tunja
en la formación cultural. Ahora nos hallamos ante otro nom
bre ilustre, el de la Madre Francisca Josefa del Castillo y
Guevara, quien nació y murió en Tunja. Su obra está afiliada
a la corriente místico-ascética. Es otra precursora en lo crea
dor. Toda ella se dirige a la unión entre el alma y Dios. Es la
más pura visión mística, donde los elementos terrenos los
abandona para soñar y cantar esa cercanía beatífica. A pesar
de que lo humano cruza por sus escritos con todos los desga
rramientos y con extrañas digresiones, que producen escalofrío
al valorarlas.
912 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Publicó “Mi Vida", “Sentimientos Espirituales”, algunos
poemas y escritos de diversa naturaleza. Entre sus poesías
más destacadas, indicamos algunas: “Elegías y Súplicas a Ma
ría Santísima”, “Desengaños”, “Afecto 8”, “Al Santísimo Sa
cramento”, “A la Concepción de Nuestra Señora”, “Villancico
al Nacimiento del Redentor”.
Es muy extraño su caso, pues la literatura mística deman
da un ambiente de cultura superior. Quienes la han estudiado
indican que sólo la Biblia abasteció su laborar interior. Ella,
maneja el idioma con gran sagacidad, con ponderación clá
sica. Y se patentiza cómo era de sutil su sensibilidad. Cómo la
imaginación la amparaba en la creación. Que alternaba, con
un temperamento activo, como Abadesa que fue de su contur
bado y conflictivo Convento.
Como hemos pretendido llamar la atención sobre las ca
lidades americanas de los dramas, sucesos y matices culturales,
vale la pena que apelemos a una cita del Maestro Rafael Maya,
donde él nos vuelve a entregar apoyo para nuestras disquisi
ciones y afirmaciones:
“Cuando se han leído los místicos españoles con
detenimiento, y luego se pasa a la Madre del Castillo,
se observa la misma diferencia que hice notar en
cierta ocasión al tratar de la poesía americana en
comparación con la española. Esta es más parsimo
niosa y mesurada; más fría y llena de matices. La
otra carece de límites, y es muy fuerte de color y de
relieve”.
Como americana juzga a la Madre del Castillo y la destaca
por su efusividad y abigarramiento en la exposición de sus pen
samientos. Y tiene el sello de lo fastuoso, que es uno de los
signos de la literatura de este continente.
Sus narraciones están llenas de padecimientos. Lo inme
diato, la conjura, el chismorreo local, los conflictos con su
familia, los choques con sus compañeras, la inducen a revelar
su dolor, su desesperación. Estas limitaciones, las supera con
la visión del Absoluto. Es un libro bellamente escrito, en donde
la majestad de su intención sobrenatural, supera lo que de
conturbador sacude sus páginas. Su medio, el que correspon
día al tiempo de su existencia, determina cómo era el alma
de sus gentes; las parquedades interiores en que se movían
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 913
y se lanceaban: las corrientes que confluían al torrente de lo
social. La Madre del Castillo no deja nada por fuera. Está
metida en el acaecer colectivo, a pesar de que sus sueños mís
ticos la elevan de la humana restricción que la cerca. Su ca
vilar recóndito tenía un gran poderío. A veces parece que ella
se lastima con el escudriñar en su propia realidad entrañable.
Como que sufriera grandes turbaciones por lo que su existir
tiene de más dramáticamente personal, y entonces, se sacude
con desvelos sobrenaturales. Y esto la hace sentir el desamparo
que la cubre, a veces, en medio de la borrasca interior y la
sublimación de sus horas de ensueño. Lo dijo, por cierto, con
bello matiz literario:
“De tres principios como de tres caudalosos ríos
se levantan en el alma estas olas, que unas la abaten
hasta lo profundo, y otras la suben a las alturas, y
de aquí nace la tormenta que no entiende, y el cómo
acabar y morir”.
Los Americanistas
Dentro de las tesis que queremos fortalecer, es bueno
mencionar tres nombres que, unidos a Tunja, han dado estre
mecido vigor a los principios indoamericanos. Adriano Páez,
quien dirigió “Patria”, en Bogotá, cuyo primer número se pu
blica en 1878 y la anunciaba como “Revista Política y de Ins
trucción Pública”. La hemos repasado ahora para organizar
estas líneas. En sus páginas sobresalen los principios de la
libertad, de la defensa del pueblo, del carácter integrado de
nuestras dos Américas. A la vez, anuncia la “Revista Literaria
de Colombia”. Y la publicación de sus obras, así:
“Los tres primeros volúmenes serán de artículos
políticos (publicados e inéditos). Artículos literarios
(id.id.) y novelas (completamente inéditas)”.
Y Víctor Hugo le dice en carta de París de 28 de octubre
de 1877:
“Usted sabe cuánto amo a su generoso país. Yo
tengo, como usted, amor a la luz, y por religión la li
bertad”.
914 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Adriano Páez, además, publica en Londres la “Revista
Latinoamericana”, donde lo que lo desvela es afirmar la condi
ción autónoma de nuestro continente y recalcar cómo el uni
verso tendrá que detenerse a admirar el mensaje que salga
de nuestros países.
Debemos hacer referencia a otro valor colombiano, José
María Torres Caicedo —nacido en Santa Fe el 30 de marzo
de 1830— pero con raíces tunjanas por el lado de su madre,
doña Tadea Caycedo Villegas. Sus tíos fueron los presbíteros
de la ciudad de Tunja: José Antonio, Joaquín Manuel y San
tiago Torres Peña.
Su vida es la de un combatiente, según la recuerda otro
boyacense, el historiador Antonio José Rivadeneira Vargas, en
su estudio “José María Torres Caycedo: Precursor de la Multi-
patria Americana”, del cual hemos tomado los datos referentes
a este personaje. Este, adelantó, a través de la prensa, una en
cendida oposición contra el gobierno de José Hilario López.
Se ausenta del país en 1850. Logra triunfar en París y así lo
acredita José María Quijano Wallis en sus “Memorias” (1919).
Y César Cantú, en su “Historia de los últimos Treinta Años”
dice que si los países de nuestro continente enviaran “hombres
tan eminentes como el señor Torres Caicedo, adquirirían pron
tamente el crédito y estimación que merecen los pueblos civi
lizados de Europa”.
Arturo Ardao, ensayista uruguayo, en su obra “Génesis
de la idea y el nombre de América Latina”, dice:
“Exactamente el 26 de septiembre de 1856, fechó
Torres Caicedo, en Venecia, un poema titulado “Las
Dos Américas”, en cuya estrofa primera de la parte
IX se lee:
“La raza de la América Latina
Al frente tiene la sajona raza”
De suerte que es el primero en emplear la expresión “Amé
rica Latina”.
Su actividad en tomo a los problemas del continente, no
decae. En 1875 preside el “Congreso Internacional de Ameri
canistas”, y, a la vez, concurre al de Propiedad Literaria que
se celebra en Viena. En 1879, dirige el “Congreso Literario
Internacional” en París.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 915
Publica varios libros: “Religión, Patria y Amor” (1862),
en el 63 comienza a editar “Ensayos Biográficos y de Crítica
Literaria”; en el 65 su estudio: “Unión Latinoamericana”, tex
to en el cual plantea la tesis anti-imperialista, como una vo
cación de no someterse a los intereses norteamericanos, y, en
el mismo año “Los pirncipios de 1789 en América”. En 1879
funda: “La Sociedad de la Unión Latinoamericana”, en París
y participa en el “Segundo Congreso Internacional de Ameri
canistas”.
Hay una constante —como lo recuerda Rivadeneira Var
gas— en el pensamiento integrador de Torres Caicedo:
19) Crea la denominación “América Latina”;
29) Formula la doctrina de unidad en 1861;
39) Funda, en 1879, la “Sociedad de Unión Latinoame
ricana”
La síntesis de su lucha y de su pensamiento, aparece elo
cuente en su discurso de homenaje a José de San Martín:
“Para mí, colombiano, que amo con entusiasmo
mi noble patria, existe una patria más grande: Amé
rica Latina”.
El nombre del doctor Diego Mendoza Pérez nos recuerda
que fue Rector del Colegio de Boyacá, Representante a la Cá
mara, miembro de Academias, recreador de la Universidad Ex
ternado de Colombia y su Rector hasta 1933, cuando ocurrió
su muerte. Es bueno decir el título de sus libros: unos, básicos
para el laborar especulativo, y, otros, para entender muchos
de nuestros acaeceres públicos, especialmente en relación con
asuntos diplomáticos de sus días. Leámoslos: “Vocabulario
Gramatical”, 1884; “Segunda Lectura de María”, 1895; “Ensayo
sobre la Evolución de la Propiedad en Colombia”, 1897; “Cartas
sobre la cuestión Colombo-Americana”, New York, 1907; “Piro-
yect of a convention to regúlate the recovery o public debts”,
1907; “Labor Privada del Ex-Ministro de Colombia en Washing
ton”, 1908; “Expedición Botánica de José Celestino Mutis al
Nuevo Reino de Granada y Memorias inéditas de Francisco José
de Caldas”, edición en Madrid, 1909; “Apuntaciones sobre
916 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Instrucción Publica”, 1909; “Una opinión sobre Tratados de
Washington”, Madrid, 1909; “Memoria sobre el Alcoholismo”,
1909; “Manual de Instrucción Cívica”, 1917; “La Independencia
de Tunja”, 1914; “Informe del Ministro de Hacienda al Con
greso”, 1910; “Astillas de mi Taller” (el Canal Interoceánico),
Dos volúmenes, 1930; “Programa de Sociología” (texto); “La
bor Cultural de España en Colombia”, “La Doctrina Bolívar”,
“Moreno y Escandan y la Reforma Universitaria en la Colonia”.
Como periodista dirigió o colaboró regularmente en: “El
Relator”, “La Crónica”, “Repertorio Colombiano”, “Revista de
Legislación y Jurisprudencia”, Boletín de Historia y Antigüe
dades”, “Anales de Jurisprudencia”, “Hispania”, de Londres,
“Revista de la Academia de Jurisprudencia”, “La Prensa”, de
Lima, “Revista Moderna”, “Universidad”, “Cultura” y “El
Gráfico”.
Se caracterizó el doctor Diego Mendoza Pérez, como lo
anota Luis Eduardo Nieto Caballero, por su capacidad en la
contienda intelectual, por la defensa de la libertad, por el
apoyo constante a la democracia, por el desvelo infatigable
sobre los interrogantes del desenvolvimiento nacional. Perte
neció a una generación de la cual es deudora la historia nacio
nal. Y que es bueno mentar algunos de sus nombres, ahora, en
estos días, cuando para glorificar situaciones y textos históri
cos que dieron dolor y angustia a los colombianos, se quiere
denigrar de ellos y de sus realizaciones. Son Florentino Gon
zález, Santiago Pérez, Nicolás Pinzón, Felipe Zapata, Aquileo
Parra, Murillo Toro, Zaldúa, Salgar, Felipe Pérez, Esguerra,
Robles, etc.
Mendoza Pérez, reafirmó como Ministro de Colombia en
Washington, el derecho de autonomía en nuestras determina
ciones como país y como parte y síntesis del pensamiento in
doamericano. Al desatarse la voracidad invasionista sobre
nuestro territorio del primer Roosevelt, él movió la opinión
norteamericana, enemiga del atropello y del sistema de tomas
progresivas y abusivas de Estados Unidos. Ello produjo que el
dictador Rafael Reyes con su gabinete, declaran traidor a
Mendoza Pérez. Cuando lo que merecía era exaltar su nombre
como gran defensor de América Latina. Es, por cierto, este
acto, uno de los más bochornosos del Quinquenio. Les faltó
grandeza a sus integrantes para entender el significado de
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 917
una política antiimperialista, que cada día tiene mayor arrai
go y resonancia en Latinoamérica. Ese gesto de audacia lo
realiza un tunjano.
En el Congreso de 1909, Rafael Uribe Uribe presentó la
proposición por medio de la cual se declaraba, en nombre de
la opinión pública, que Diego Mendoza Pérez “no es responsa
ble del delito de traición a la Patria”. El mismo texto fue apro
bado por unanimidad en la Cámara e igual sucedió en el Se
nado. Y para sustentar su propuesta, dijo Uribe Uribe:
“El doctor Mendoza ha hecho muy bien no aco
giéndose al indulto, que lo comprende para regresar
al país, porque eso sería admitir implícitamente que
había incurrido en la pena a que se le condenó por
quien no podía hacerlo y por delito que no cometió”.
Su nombre, por lo tanto, resplandece hoy como ejemplo
de dignidad —la misma que predica cada país de América La
tina frente al Imperialismo— cuando se trata de atropellar sus
derechos.
Meditación Indoamericana
Los temas, sucesos y creaciones que reseñamos; las apro
ximaciones críticas formuladas; el criterio histórico popular
que exaltamos; la identidad con la vocación del continente
que predicamos, nos permite relievar la singular significación
de Tunja en estos disímiles acontecimientos. Es natural, pues
uno de sus hijos ilustres, el doctor Gonzalo Vargas Rubiano,
dijo que cuando los tunjanos abren los ojcs a la luz “nuestras
pupilas resplandecen con la visión del escenario libertador”.
Mi meditación se endereza a despertar nuevos e ineludibles
requerimientos de investigación a las gentes de esta comarca.
Sobre el pasado, se debe buscar la forma de identificación del
destino de nuestros pueblos, en relación con el continente. Lo
primero, es tener conciencia de la realidad nuestra. Al aso
mamos someramente a todos los nombres y sucesos que he
mos escrutado, he querido poner en evidencia que no debemos
enfrascarnos en sólo reminiscencias, apegadas a una visión
eurocentrista de lo que nos pertenece, sino avanzar hacia ha
llar la almendra de nuestra propia esencia social, humana, po
918 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
lítica, cultural. Sin desconocer que tenemos unas ataduras con
España, profundizar en lo que realmente indican nuestras
desemejanzas. No continuar el estudio del pasado histórico, ni
de la cultura, como un simple acontener de dependencia, de
subyugación intelectual, de suplantación del criterio. Lo que
hemos dicho es para significar cómo Tunja está en el comienzo
de esa gran experiencia intelectual, que debemos extremar
hacia el futuro. No se trata de revivir el viejo dilema de la
“leyenda negra”. No. Estoy muy lejos de todo sectarismo in
telectual. Pretendo llamar la atención, es que, ahora, y sin
dubitaciones, debemos partir de la propia realidad. Y ésta es
la indoamericana. Para ello, recurro a una cita que furmuló
un boyacense erudito y severo en sus juicios, el Profesor de la
Universidad de Bonn, Rafael Gutiérrez Girardot, al tomar del
maestro José Luis Romero estas palabras:
“Quizás ha sido Latinoamérica más original de
lo que suele pensarse, y quizás sean más originales de
lo que parecen a primera vista ciertos procesos, que,
con demasiada frecuencia, consideramos como sim
ples reflejos europeos”.
Mi tesis
Desde el año de 1951, vengo insistiendo en mis libros que
hay un mestizaje que condiciona el itinerario histórico y el por
venir del continente. Al indicar aquél, me aparto de los viejos
prejuicios de las divisiones étnicas y descarto las calificacio
nes de criollos, etc. El mestizo, para mí, es el hombre que nació
aquí y tomó conciencia de su responsabilidad de americano.
O aquél que llegó y se confundió con nuestro acontecer social,
sin pedir mercedes de reconocimiento por participar en el
devenir colectivo. Esa condición produjo una revolución en
instituciones, en el arte, en la realidad política, en las orien
taciones acerca del trabajo en las minas y en la tierra, en va
loraciones nuevas en la manera de manejar los asuntos
religiosos. El mestizo es el gran salto que hace América hacia
su propia predestinación. Es cuando se instala en su territorio
y comienza a hablar su propio lenguaje. El de su porvenir y el
de su gente. Bajo la sombra amable de unas luces que se encien
den desde el amanecer de la Conquista. Los ejemplos tunjanos
a que he apelado, me han confirmado en mis deliberaciones.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 919
El pensamiento de Haya de La Torre
Víctor Raúl Haya de la Torre en su libro “Toynbee frente
a los Panoramas de la Historia”, sostiene que el tiempo y el
lugar determinan las actividades que se refieren a la historia.
Toynbee incrusta dentro de las civilizaciones originales a la
Andina. Y la ubica. “La Civilización Andina”,
“asienta sus más firmes bases en lo alto de la cordi
llera, y desde ella domina y absorbe a los reinos del
litoral y funda un imperio de vasta amplitud longi
tudinal —desde Pasto hasta Maulé— limitado por
el mar, al occidente, y por los bordes de la escarpa
da, en sus declives fronterizos de la baja y cálida lla
nura amazónica”.
Haya de la Torre propone que se forme una “civilización
americana”, o, como él la llama con una denominación singu
lar: Novomúndica. Todo como desarrollo de su teoría “Espa
cio-Histórico indoamericano”.
Estas explicaciones, se complementan con la visión que
reflejé cuando expuse el juicio de Haya de la Torre al explicar
que la teoría de la relatividad modificó los criterios de Espacio
y Tiempo, que en la teoría clásica son abstractos, de carácter
metafísico. De allí su divergencia con el marxismo, que se apoyó
en ellos. Haya de la Torre, en cambio, dice que cada suceso
—cultural, político, económico, artístico— tiene “su” Tiempo
y “su” Espacio. En Indoamérica, ello es indudable. De allí que
no podemos admitir la división clásica de la historia europea
en Antigua, Media, Moderna. “La historia no es un proceso, sino
una serie de procesos”. Los de América son diferentes a los de
Europa. Insisto en que la realidad de América no hay que in
ventarla, sino descubrirla.
Los planteamientos de Grossmann
Rudolf Grossmann ha publicado un libro que surgió de sus
investigaciones en la Universidad de Hamburgo, que lleva por
título “Historia y Problemas de la Literatura Latinoamerica
na”. El primer interrogante que él se plantea es cuál es la
periodización literaria adecuada para nuestro continente. Le
920 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
preocupa que nuestra crítica haya aceptado, tan dócilmente
la medida europea. Y hace la revelación de lo que nos pasó con
nuestra literatura inicial —precisamente a lo que he hecho
comentario hoy— cuando dice:
“José Enrique Rodó —por lo demás un fervoroso
apóstol del americanismo— quería tildar a toda la
literatura colonial latinoamericana, al menos de falta
de originalidad (en el “Mirador de Próspero”, 1913).
Y mucho más tarde aún, Alberto Zum Felde y Ro
berto F. Giusti, en el Plata, consideraban a Europa
como la única patria espiritual de toda creación ar
tística allende el Atlántico. Sólo a partir de las gue
rras mundiales se afirmó allí con mayor decisión
la originalidad de la literatura. Como lema podría
servir lo que expresara Ronald de Carvalho poco des
pués de la primera Guerra Mundial en su “Pequeña
Historia da literatura brasileira”: “O erro primordial
das nossas élites, até agora, foi aplicar ao Brasil, arti
ficialmente, a licáo le uropéa. Estamos no momento
da ligáo americana. Chegamos afinal, ao nosso mo
mento”.
Y Grossmann, con profunda visión de nuestra realidad
cultural, lanza una pregunta que, como las de Haya de la Torre,
nos ponen en vigilia:
“Pero esto plantea el problema: ¿El esquema
crítico europeo seguirá siendo siempre el único ade
cuado para interpretar la literatura del Nuevo Mun
do? ¿Son realmente idénticos los principios de acá
y allá?”.
Y coincide con el Maestro Peruano en cuanto a las clási
cas divisiones tradicionales:
“Todas las ciencias históricas —dice Gross
mann— de los europeos: la filosofía, la historia po
lítica, y la historia del arte, se basan en la gran
subdivisión: Antigüedad, Medioevo, Edad Moderna...
En la misma medida en que hoy nos parece grotesca
la “Cronología de las cuatro Edades del Mundo”, re
sulta inaplicable el esquema Antigüedad, Medioevo,
Edad Moderna, si se tienen presentes los elementos
espirituales del continente americano”.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 921
Y, finalmente, él viene a darle fuerza a nuestra tesis del
mestizaje, lo que proclamamos con humilde regocijo:
“¿Cuál de estos ejemplos indica, pues, realmen
te la posición actual de Latinoamérica? Solo un nue
vo sistema de ordenamiento histórico en su estudio
literario podrá superar semejantes incongruencias: el
de la síntesis racial y cultural”.
La hibridación cultural
No nos queda duda de la importancia de lo que hemos ve
nido planteando. Los enunciados invitan a una reflexión se
vera en cuanto a la manera como hemos avanzado, desviando,
atropellando y desorientando el análisis de nuestras realidades
históricas, sociales y culturales.
Ello se intenta en concordancia, con algunas característi
cas del idioma. Es inútil desconocer que el pueblo es el que
habla. El Instituto Caro y Cuervo ha editado una obra monu
mental, que nos debe dar ínfulas culturales, como es “EZ Atlas
Lingüístico-Etnográjico de Colombia”, que busca denunciar
varios matices, que confluyen cabalmente hacia las observacio
nes que aquí hemos venido destacando:
a) Cómo hablamos actualmente —no los presuntamente
cultos— sino los pueblos (los incultos y los semicultos);
b) Hay o no una geografía lingüística colombiana, forma
da por varias causas:
1<?) Por los conquistadores que arribaron de distintas
provincias;
29) Por los influjos indígenas;
39) Por la irradiación de lo africano y otros elementos
extranjeros;
49) Por los modos de decir en razón de los medios fí
sico y económico. Y, lo más culminante: el Insti
tuto anhela, con esta investigación, conciliar el
pensamiento con la vida.
922 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Y para que no nos queden dudas, apelamos a la cita de un
Premio Novel y una de las más grandes poetisas del Continen
te, Gabriela Mistral. Ella ha dicho en una Conferencia en la
Universidad de California:
“Algo quiero deciros sobre los americanismos.
Tuve que hablar una noche en la Sorbona, e hice una
confesión desnuda de mi mestizaje verbal. Comencé
declarando sin vergüenza alguna que no soy ni una
purista ni una pura, sino persona impurísima en
cuanto toca al idioma. De haber sido purista, jamás
entendiese en Chile ni en doce países criollos la con-
versaduría de un peón de riego, de un vendedor, de
un marinero y cien oficios más”.
He pasado mucho tiempo visitando a Tunja. Lo hago con
persistencia enamorada y en cada viaje, mientras miraba sus
breves colinas —amarillas, rojizas, plomizas, desterrando los
árboles y con unos cultivos suaves de pan coger—, y me dete
nía a observar sus arroyos lentos, transportados por unas
muy delgadas acequias, fui meditando lo que he dicho aquí
para recibir este homenaje de la Academia Boyacense de His
toria, que me compromete. Y esta intrepidez, será compartida
con ustedes. Los invito a que iniciemos esa nueva revisión del
enfoque de nuestras historias: la social, económica, política y
la cultural. Desterremos los viejos prejuicios hispanistas, que
tanta limitación han impuesto a la apreciación crítica de nues
tro propio irradiar latinoamericano. Levantemos la visión in
doamericana como medida de las cosas del universo. Vamos a
sorprendemos de los hallazgos. Y ello es posible hacerlo desde
esta ciudad blasonada, donde hay vocación de análisis; devo
ción por las predestinaciones nacionales. Desde esta comarca
que, como lo dije hace muchos años, es la parcela patriótica
de Colombia. Desde aquí, desde Tunja, a la cual hay que re
petirle lo que le dijo la Madre del Castillo:
“Salve pequeño albergue, en rudo suelo... ”.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 923
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libro El lector Boyacense. Primer Tomo. Publicación Universidad
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LA ACADEMIA COLOMBIANA DE HISTORIA
Y LA COMISION DE FESTEJOS PATRIOS
Tienen el honor de invitarlo a la sesión solemne
conmemorativa del
Centenario del Himno Nacional
que tendrá lugar el viernes 27 de noviembre a las 6 de la tarde,
en el Salón de Actos Públicos de la Corporación.
Calle 10 N<? 8-95.
Bogotá, noviembre de 1987.
PROGRAMA
HIMNO NACIONAL DE COLOMBIA. Interpretará el cantante colombiano
Víctor Hugo Ayala.
Presentación del libro: “Sindici o la Música de la Libertad’*,
escrito por el académico, doctor An
tonio Cacua, con motivo del Cente
nario del Himno Nacional. Por el
doctor Jorge Enrique Molina Mariño.
Rector de la Universidad Central.
Discurso de Orden: La vida del maestro Orestes Sindici.
Por el académico numerario doctor
Antonio Cacua Prada.
CENTENARIO DEL HIMNO NACIONAL
DON ORESTES SINDICI TOPAI COMPOSITOR
DE LA MUSICA DEL HIMNO
NACIONAL DE COLOMBIA
Por Antonio Cacua Prada
Discurso de orden en el homenaje tri
butado por la Academia Colombiana de
Historia, para conmemorar el centenario
del estreno del Himno Nacional de Co
lombia, en la sesión solemne del viernes
27 de noviembre de 1987.
Cumple la Academia Colombiana de Historia y la Junta
de Festejos Patrios uno de sus objetivos al “despertar y avivar
el interés por el pasado de la patria, con permanente criterio
de imparcialidad y exactitud, honrando y enalteciendo la vida
y obras de sus grandes hombres”, al celebrar esta sesión so
lemne en homenaje al maestro Orestes Sindici, autor de Ja
música marcial de nuestro Himno Nacional, cuyo estreno se
realizó el 11 de noviembre de 1887, hace cien años.
Sólo la devoción por la historia me trae a esta enaltecida
tribuna para presentar la inspirada y bondadosa figura de
Joaquín, Atilio, Augusto, Orestes, Teopisto y Melchor Sindici
Topai, cuya partida de bautismo encontró en julio de este año,
nuestro colega y amigo el R. P. Roberto María Tisnés, en la
Parroquia de San Juan Bautista de la población de Ceccano,
situada a 94 kilómetros de la ciudad de Roma.
928 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Nacimiento y primeros años
El sábado 31 de mayo de 1828 vio la luz en la región ita
liana del Lacio, Provincia de Frosinone, en la población de
Ceccano, el niño Orestes Sindici Topai, a quien el arzobispo
de Livorno, Monseñor Lorenzo Antonio cristianó colocándole
seis nombres, el día jueves 5 de junio de ese año 28. Su padre,
don Vicente Sindici, había fallecido y su madre, doña Teresa
Topai, viuda, pronto volvió a contraer matrimonio.
El niño creció al lado de doña Teresa, quien se vino a vivir
al barrio romano de Trastévere, en la Via della Luce, número
25. Un tío de Orestes, el Padre Jacobo Sindici, conociendo las
aptitudes y afición por el canto de su sobrino lo matriculó en
el Conservatorio de Santa Cecilia en Roma, donde estudió
canto y piano durante varios años. Después entró a una Com
pañía de Opera que lo contrató como tenor.
El académico honorario doctor Manuel María Fajardo,
quien fuera hermano de la esposa del cuñado del maestro Sin
dici, en artículo publicado en el “Boletín de Historia y Anti
güedades” en 1908 contó que Sindici “se educó en Roma y
desarrolló sus dotes de artista, sobresaliendo en la poesía, el
canto y la música. El volumen de su voz de tenor absoluto lo
llevó a obtener los aplausos del teatro, y después de alcanzar
buenos triunfos en el Viejo Mundo vino a Colombia en 1863 y
se exhibió con grande éxito en el Teatro Maldonado”.
Llegada a Bogotá
En el mismo año de la célebre Convención de Rionegro,
1863, en el elenco de Luisa Visoni y Asuntta Masetti, arribó a
la altiplanicie bogotana el tenor Orestes Sindici. Tenía 35 años.
No fue muy larga la temporada de esta Compañía. En eso
llegó a Bogotá la encantadora Eugenia Bellini, “bella mucha
cha de dieciocho años”, en compañía del barítono Egisto Pe-
trilli, gran amigo de Orestes. Los artistas que se encontraban
en la capital de los Estados Unidos de Colombia se integraron
a la troupe de la Bellini. Ellos montaron las siguientes óperas
desconocidas en nuestro medio: “La Sonámbula”, “Rigoletto”,
“Baile de Máscaras”, “Don Pascual” y la zarzuela “El Jura
mento”. Pero donde hicieron tablas y se inmortalizaron fue
en “Hemani”.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 929
Vivía en esta ciudad Monsieur Justino Jannaut, casado
con doña Juana Eugenia Chamberriere, padres de Justina Eu
genia y de Enrique Justino Jannaut Chamberriere. Su casa
de habitación, de dos pisos, se encontraba en la calle del Co
mercio o Calle Real. En el piso alto, con su balcón corrido de
color verde oscuro, habitaba con su familia, y en la parte baja
tenía su “pulpería” o tienda, considerada como una de las
mejores de la ciudad.
Los Jannaut nunca faltaban al Teatro Maldonado, donde
mantenían un palco. Justina, quien había nacido en La Ha
bana, Cuba, en 1848, tenía 16 años cuando don Orestes la
flechó. En una oportunidad el sobresaliente cantante se acercó
al palco, le presentó sus respetos y solicitó permiso a los padres
para visitarla en su casa. Con cierta vanidosa distinción los
progenitores de Justina asintieron, y don Orestes tomó la de
terminación de no regresar a su patria, sino quedarse y ca
sarse con Justina.
Tragedia en Hernani
El académico doctor Miguel Aguilera, en su “Historia del
Himno Nacional”, cuenta dos deliciosas anécdotas:
“Dábase en el Teatro Maldonado, único que se conocía y
que se hallaba donde hoy se alza el Colón, la fastuosa ópera
“Hernani”, de Verdi. La sala se veía colmada de concurrentes.
Entre éstos, y en uno de los palcos más próximos al escenario,
se contaba la familia Jannaut. Doña Justina brillaba como un
diamante espléndido. La música voluptuosa y la animación
intrigante de la escena arrebataban los sentidos de los espec
tadores, quienes así pagaban el lucido trabajo de los actores
y los músicos. El centro adonde convergían todas las miradas
era el tenor. “Hernani” era la ópera de su predilección. Todo
había marchado con una regularidad irreprochable hasta el
último acto, en que la fama del tenor Sindici cobraba mayor
aliento. Con una maestría insuperable cantó la última aria.
Una tempestad de aplausos cortó la nota final del protago
nista, mientras se desplomaba éste fingiendo un suicidio ma
ravillosamente realizado. Pero ante el estupor de la densa
multitud, se vio que un grueso hilo de sangre hervoroso ma
930 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
naba por la abertura del amplio jubón, mientras la punta del
cuchillo adquiría un tono mate distinto del aspecto brillante
del resto. El caso parecía grave. Más aún, era grave. Los ac
tores, el apuntador, el director de orquesta y los músicos, de
un salto se pusieron sobre el escenario para cerciorarse de lo
ocurrido y prestar el auxilio indispensable. La confusión y
vocerío no tuvieron precedentes. Loca, fuera de sí, en un im
pulso de dolor moral, salió del palco la primorosa Justina hacia
el lugar donde habían puesto el cuerpo de su amado para
examinarle el daño inferido. Ya fuese por la sofocación en que
Sindici se hallaba, ya por el aterramiento de sentirse herido
involuntariamente, su imaginación trató de embotarse, pues
las palabras que exhalaba eran incoherentes o confusas, pu-
diendo destacarse como más inteligibles estas dos: Pugnale
avvelenato. Esto aumentó la algarabía y el desconcierto, pues
al accidente de la herida se acumulaba la contingencia de que
el cuchillo estuviese envenenado, aunque fuera con la ca
parrosa que se adquiere en el fondo de los baúles por oxidación
de la empuñadura de cobre. Hubiese o no motivo para temer
esto último, la joven procedió a ejecutar lo que manda la me
dicina de urgencia y no desautoriza la cirugía del amor: apli
car fuertemente los labios a la herida y succionar con todo el
poder que comunica la angustia. El remedio obró instantánea
mente, como era natural. Sindici se levantó lívido, vacilante,
desencajado, y midiendo en toda su apasionada extensión el
sacrificio de su novia, la miró dulcemente, e inclinándose luego
con reverencia, estampó sobre la breve mano un beso de in
contenible gratitud”.
“Así era la mocedad de Sindici. Exaltada, agradecida, te
merosa, precavida, genial; en una palabra artística. Todos
aquellos agasajos y demostraciones acuñaron en él la insignia
de una nueva nacionalidad. Sindici no pensó nunca, según su
propia confesión, en salir de Colombia. Cayó aquí como la
piedra tallada entre los garfios de una montura laboriosa. A
esto se añade que la vida de los actores tenía tal atracción
social, que nadie desdeñaba su trato por pretexto de una u otra
naturaleza”.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 931
Por unos cigarrillos
Don Orestes era un fumador impenitente y como hombre
previsivo que era siempre cargaba varios atados de cigarros
en los bolsillos de su chaleco.
Vivía en Bogotá un personaje muy simpático y ocurrente,
célebre por el pesebre que armaba cada año en su casa para
la novena del niño Dios, llamado Antonio Espina.
En alguna oportunidad actuaba en el Teatro Maldonado
don Orestes, con el mismo papel que hacia en “Hernani” y
alternaba en las tablas con Antonio Espina. El tenor Sindici
se apropiaba en tal forma su caracterización de suicida, “que
algún daño se causaba con el cuchillo, aún cuando fuera en
su ropa”.
“Al caer exánime al suelo, y mientras la orquesta desarro
llaba alguna frase alusiva a lo acontecido, se acercó uno de
los personajes a observar lo que sucedía en la penumbra. De
sempeñaba este papel de particchino el célebre Antonio Es
pina. Y piénsese en el asombro que éste experimentaría al
percatarse de que un cuerpo, o muchos cuerpos, extraños,
cilindricos, de color al parecer rojizo, salían por la desgarra
dura causada en el jubón del suicida. En aquel momento,
Espina tenía que decir algunas palabras del libreto, mas como
la garganta se le volviese un nudo por el terror, apenas pudo
exclamar con voz cavernosa:
“¡Hola, Orestes, que se te salen las tripas!”.
“Una estruendosa carcajada del agonizante enamorado
vino a poner fin a la delicada y exigente obra de Verdi. Espina
había creído ver los estragos del puñal sobre el intestino, en
el reguero de cigarros que se escapaba por entre la abotonadu
ra desgarrada del traje medioeval. Así, pues, el famoso y
agitado drama musical concluyó en modesto sainete, aunque
con el beneplácito y alegría de todos los concurrentes, quienes
se dieron exacta cuenta de lo ocurrido”.
932 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Matrimonio
El señor Sindici totalmente integrado a la sociedad san-
tafereña, ya aclimatado a los fríos bogotanos y ante la partida
de sus compatriotas, resolvió contraer matrimonio con la niña
Jannaut.
El domingo 11 de febrero, día de 13, Virgen de Lourdes,
patrona de los franceses, monseñor Vicente Arbeláez, arzobispo
auxiliar de Bogotá, celebró la boda en la catedral.
La fiesta ofrecida por don Justino hizo época en la capital.
Los novios viajaron en luna de miel a Villeta y de regreso se
organizaron en la casa paterna.
Dos años después, para dar cumplimiento a lo dispuesto
en el Código Civil del Estado de Cundinamarca, comparecieron
con sus testigos ante el Notario Segundo de Bogotá, don Nar
ciso Sánchez a contraer matrimonio. Este se sentó el 28 de
octubre de 1868.
Al mes siguiente, veintisiete días después, el 25 de noviem
bre de 1868, nuevamente se presentaron ante el Notario Se
gundo de Bogotá a verificar su casamiento. Al final de la
partida anotaron: “En este estado expusieron los contrayentes
que tienen una niña llamada Eugenia Teresa Justina, que
nació el veintinueve de noviembre de mil ochocientos sesenta
y siete, a quien reconocen por su hija lejitima”.
Cuatro hijos
En el matrimonio Sindici Jannaut nacieron cuatro hijos.
La primogénita, Teresa Eugenia Justina, quien nació en Bo
gotá el 29 de noviembre de 1867, y la bautizó en la Catedral
Primada, el excelentísimo arzobispo coadjutor, monseñor Vi
cente Arbeláez.
El segundo vio la luz en Nilo, Cundinamarca, y le dieron
por nombres: Orestes Justino Vicente María. Nació el 22 de
octubre de 1872 y lo bautizaron el 25 de enero de 1873 en la
Parroquia de San José de Nilo.
La tercera es María Teresa Atilia, nacida en Bogotá el 9
de enero de 1875. El bautismo lo hizo el Padre Adriano Felici,
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 933
italiano, quien vino con Monseñor Arbeláez, después del primer
destierro, en la propia casa de habitación de los Jannaut-
Chamberriere.
El cuarto retoño es Emilia Justina Eugenia, nacida el 19
de noviembre de 1878 en Bogotá, y bautizada en la Parroquia
de San Victorino. Sus padrinos fueron Egisto Petrilli, quien
nuevamente estaba en Colombia y Juliana Torres de Froes.
Don Orestes mantuvo gran fraternidad con sus suegros y
con su cuñado Enrique Justino, quien nació en Bogotá el 25
de diciembre de 1851. Don Justino Jannaut falleció antes de
1869. Enrique Justino contrajo matrimonio con doña Ursula
Fajardo, el 15 de julio de 1874. Sólo tuvieron una hija, María
Ignacia Teresa Rosalía Eugenia, quien vino al mundo el 31
de julio de 1875.
La finca de Prado
En San José de Nilo de Pagüey, Municipio del Departa
mento de Cundinamarca, fundado en 1783 por el cura Fran
cisco Antonio Ruiz y los vecinos Joaquín de la Cadena y Pedro
A. Gálvez, compró en 1869 don Orestes Sindici junto con su
cuñado Enrique Justino, un terreno llamado “Prado”, com
prendido en el globo denominado “Palmar”, en jurisdicción del
Distrito de Nilo, de la Provincia de Sumapaz, Estado Soberano
de Cundinamarca.
Don Antonio Toledo Cuervo le vendió a los señores Sindici
y Jannaut, por Escritura Pública número 102, otorgada ante
el Notario del Circuito de Tocaima, señor Femando Durán,
el jueves 8 de julio de 1869, y por la suma de $ 3.200 “pesos de
lei”, la hacienda “Prado” que se componía de “unas mil fane
gadas de terreno con bosques y buenas aguas, terrenos propios
para pastos, para sementeras y para criaderos de ganados, y
de las siguientes mejoras: cinco potreros de pastos artificiales,
cercados todos de piedra; de unas veinticinco a treinta mil
matas de café en producción; tres mil de cacao, también en
producción; seis almudes de sembradura de caña dulce, poco
más o menos; un trapiche de fierro Chatanoga con su enra
mada de bahareque y palma, dos fondos de fierro y uno de
cobre, una casa de habitación de adobe y teja de roble, una
934 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
máquina para descerezar café, y útiles y enseres para bene
ficiarlo; de seis bestias de servicio y de varias casas de habi
tación de peones y arrendatarios; y de sementeras de plátano,
yuca, etc., sabanas para criadero y una extensión de monte sin
cultivar”.
Don Orestes y Enrique Justino constituyeron una socie
dad de hecho y empezaron a explotar la finca.
Sociedad Jannaut-Sindici
Ante don Januario Triana, Notario Primero de Bogotá,
mediante la escritura pública número 18 del 8 de enero de
1878, constituyeron una Sociedad o Compañía Comercial Regu
lar Colectiva bajo la razón social de Jannaut-Sindici. El prin
cipal aporte consistía en la finca “Prado”, estimada en cuatro
mil pesos, que pertenece por mitad a ambos socios y “es el
capital que introducen ambos socios, mas su industria y tra
bajo personal en cualquiera negocio, empresa o especulación
que cada uno cometa, pues todo cuanto cada uno gane sepa
radamente pertenecerá a la sociedad”. En el artículo sexto
apuntaron: “La compañía se ocupará de todos los negocios
que tiendan al adelantamiento y progreso de los terrenos men
cionados en el artículo tercero, así como de negocios de co
mercio y de todo cuanto cada uno de los socios pueda empren
der colectiva o separadamente”.
Don Orestes pasaba todas las temporadas de vacaciones
en la casa de la finca de “Prado”, que está situada en un alto
o mirador desde donde se puede divisar gran parte de la ha
cienda.
Hasta ella llevó un armonio marca Dolt Graziano Tubi,
Italia, N9 11852, portátil, donde a la caída de la tarde se sen
taba a tocar y a componer sus canciones y motetes religiosos.
En la finca nunca sembró añil ni quina. Todas las escri
turas de la propiedad especifican detalladamente las semente
ras, casas, y el trapiche que tenía. Por lo tanto mal se puede
hablar que don Orestes se quebró económicamente con la ex
plotación del añil y de la quina. Estas tierras las mantuvo
bajo su propiedad hasta el 16 de octubre de 1897, cuando se
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 935
las vendió al señor Luis Patino Jaramillo, por la suma de
cincuenta mil pesos. Tampoco es cierto que se hubiera dedicado
a la guaquería.
Sin propiedad urbana
Don Orestes nunca adquirió casa en Bogotá. Los primeros
años los pasó en la casa de los padres de doña Justina. Des
pués en la finca de “Prado”. Posiblemente tuvo alguna casa
en alquiler en el barrio de San Victorino, pues el bautizo de
Emilia Justina Eugenia se hizo en esa parroquia el 9 de no
viembre de 1878.
La denominada Casa del Gasómetro, situada en la carrera
15 No. 14-50 de la nomenclatura actual, la adquirió don
Enrique Justino Jannaut por medio de la escritura pública No.
213 de la Notaría Primera del Círculo de Bogotá, mediante
compra que le hizo al señor José María Amaya, por la suma
de $ 5.600. Cuando Justino la compró ya había muerto su
esposa doña Ursula Fajardo, quien falleció el 15 de agosto
de 1876.
En esta residencia habitaron don Orestes, su señora e
hijos, don Enrique Justino y su hija Rosalía. Cuando murió
don Enrique Justino, el 30 de noviembre de 1890, la casa le
quedó de herencia a su hija Rosalía, quien luego se casó con
don Narciso Fajardo Barrero. El 28 de julio de 1903, por escri
tura número 1526 de la Notaría Quinta de Bogotá vendió la
propiedad del Gasómetro al señor Alejandro Flórez T.
El profesor Sindici
Una vez que se retiró de las tablas, el tenor Orestes Sindici
se dedicó a dar clases de solfeo y canto a domicilio. También
integró una orquesta para armonizar festividades religiosas,
acompañar a grupos de ópera y alegrar una que otra reunión
social. Su coro cantaba y tocaba en las iglesias bogotanas,
especialmente en la Catedral, San Carlos, Las Nieves y Santo
Domingo.
Cuando su amigo el señor arzobispo Juan Vicente Joa
quín Arbeláez Gómez, fundador de Chapinero y del bello tem
plo de Nuestra Señora de Lourdes, se encargó de la dirección
936 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
del Seminario y del arzobispado, nombró al profesor Sindici
catedrático de música y canto en el Claustro Conciliar. Le
pagaban $ 20.00 mensuales. De esta época son varias las Mi
sas, Te Deum y motetes religiosos, como también oficios fú
nebres, compuestos por don Orestes, que luego les enseñaba a
sus discípulos.
En esto nombraron al doctor Felipe Zapata Ministro de
lo Interior y Relaciones Exteriores, de donde dependía la edu
cación nacional, cuando el general Eustorgio Salgar desem
peñó la Presidencia de la República. En 1873 don Dámaso
Zapata ocupó la Superintendencia de Instrucción Pública del
Estado de Cundinamarca y la Dirección de la Escuela Normal.
Los Zapata le dieron gran impulso a la enseñanza del canto y
de la música en los planteles educativos. Don Dámaso nombró
al profesor Sindici maestro de música y canto en el Colegio
Mayor de San Bartolomé y en las escuelas públicas de la ciu
dad de Bogotá. Posteriormente lo designó director de una
academia de música como “complemento de las escuelas nor
males”.
Don Orestes puso música a numerosas composiciones de
grandes poetas colombianos, y a algunas suyas, y las habilitó
como “Cantos de la Escuela”. Entre ellos están los célebres de
“La Revista Militar” de don Rafael Pombo que dicen:
¡Adelante valientes muchachos!
Suenen cajas y trompas y cachos!
Bata el viento los rojos penachos;
Vista al frente y al hombro el fusil;
¡Adelante, cachorros intrépidos!
Rataplán, rataplán, rataplín”.
La Academia Nacional de Música
El 22 de febrero de 1882, don Jorge W. Price, abrió la Aca
demia Nacional de Música. En el primer Consejo Directivo
ocupó lugar especial don Orestes Sindici, como tercer conse
jero. También asumió la cátedra de canto y de solfeo.
Cuando en esta Academia, preludio del actual Conserva
torio Nacional de Música, se abrieron las cátedras de armonía
y composición, bajo la tutela de don Julio Quevedo Arvelo,
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 937
conocido con el mote de el “chapín Quevedo”, el profesor
Sindici se inscribió como alumno. Sus compañeros de clase
fueron: Alfonso Cifuentes y Gutiérrez, Andrés Martínez Mon-
toya, Federico Corrales, Pedro Morales Pino y Fray Anacleto
Acevedo.
Este ejemplo de humildad de parte de don Orestes, con
sejero y catedrático del mismo establecimiento, donde se anotó
como estudiante, nos demuestra las calidades humanas de
quien honraría las páginas de la historia colombiana.
En la lista de miembros honorarios de la Academia figuró
en 1887, don Orestes Sindici.
El viernes 8 de marzo de 1889, con motivo del séptimo
aniversario de la Academia, el señor Presidente de la Repú
blica, doctor Carlos Holguín, puso en manos del profesor Sin
dici el diploma que lo acreditaba como Maestro. El rector de
la Academia, en sus “Datos sobre la Historia de la Música en
Colombia”, anotó al referirse al maestro Sindici: “Sus esfuer
zos profesionales sin duda impulsaron en Bogotá el amor al
canto, especialmente entre los hombres”.
De cómo nació el Himno Nacional
El doctor Rafael Núñez, natural de Cartagena de Indias,
profesó a su patria chica un fervoroso cariño. Le encantaba
celebrar solemnemente el 11 de noviembre, aniversario de la
declaración de independencia absoluta de Cartagena, de la
Madre Patria.
En 1850 cuando desempeñaba la secretaría general de la
gobernación de la Provincia de Cartagena compuso un “Himno
Patriótico” que estrenaron en acto celebrado en la Sala de
Grados Literarios y que luego publicaron en la edición del
viernes 15 de noviembre del semanario cartagenero “La De
mocracia”. El coro decía:
CORO
“Del once de noviembre
mañana brilla el sol:
salud al gran suceso
de nuestra redención”.
938 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Las estrofas eran cinco. Las dos primeras expresaban:
“Cayeron las cadenas
la libertad sublime
derrama en todo el orbe
su bendecida luz.
La humanidad entera
que esclavizada gime
comprende las doctrinas
del que murió en la Cruz”.
II
“¡Independencia! grita
el pueblo americano,
aniéganse en su sangre
las hijas de Colón;
pero este gran principio:
“El pueblo es soberano” t
resuena aun más vibrante
que el eco del cañón”.
El ameno escritor de costumbres don José David Guarín
en su novela “Las Tres Semanas”, cuenta que el 20 de julio
de 1880, “a la una del día las galerías altas y bajas del jardín
de Santo Domingo fueron ocupadas por el señorío más esco
gido, y allí, acompañadas por la orquesta, cantaron las alum-
nas de las escuelas normales un himno patriótico compuesto
por el Presidente, señor Rafael Núñez, y con música del maes
tro Sindici”. Ningún otro dato hemos encontrado sobre este
aspecto.
En 1881 se convocó un concurso para Himno Nacional
que resultó fallido.
Con motivo del centenario del nacimiento del Libertador
Simón Bolívar, el Gobierno de Cundinamarca convocó un con
curso para Himno Nacional, con las firmas del gobernador
Daniel Aldana y del Secretario de Gobierno, Próspero Pereira
Gamba. Entre los jurados de la música estaba el maestro Sin-
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 939
dici. Resultaron ganadores: Manuel de Jesús Flórez, de la le
tra y Daniel Figueroa Pedreros, de la música, “pero a pesar
de haberse llamado a concurso sobre el tema Himno Nacional,
no alcanzó tal honor, no tal vez por no merecerlo, sino por no
ser aún conocido, y no haberlo sido sino en la memorable fecha
de su estreno, que por lo visto fue también la de su muerte”,
escribió el doctor Manuel María Fajardo.
En Bogotá vivió un inteligente y dinámico periodista cu
bano, don Rafael María Merchán, quien tuvo gran amistad con
el doctor Rafael Núñez. Ambos editaron el periódico “La Luz”,
en 1881. Ese mismo año el señor Merchán publicó “La Nación”
y en 1883 “La Industria”.
Como se acercaba el 6 de octubre de 1883, día del cum
pleaños de doña Soledad Román de Núñez, el señor Rafael
María Merchán resolvió obsequiarla con una compilación de
las poesías de su marido, en la cual se encontraba el “Himno
Patriótico”.
Tenía el doctor Núñez en Bogotá un entusiasta partidario
suyo, don José Domingo Torres, quien se dedicaba a organizar
festividades y compañías teatrales domésticas. Sabedor de la
felicidad que sentía el mandatario con la conmemoración del
11 de noviembre, a comienzos de 1867 se acercó hasta donde
doña Sola para contarle que él quería preparar un acto muy
especial para conmemorar ese aniversario y le pidió su ayuda.
Doña Soledad le facilitó el álbum que le había regalado el
señor Merchán y allí Torres descubrió el “Himno Patriótico”.
Con los versos en la mano se dirigió hasta la casa del
maestro Orestes Sindici para solicitarle les pusiera música. El
señor Sindici poco o ningún entusiasmo le puso a la petición
y así pasaron varias semanas, pero ante la insistencia de don
José Domingo un día los revisó y no le parecieron. Esto se lo
comunicó al señor Torres y le dijo: “Dígale al poeta que los
arregle, pues como están no se les puede poner música”. Qui
zás don Orestes no se dio cuenta que el autor era el Presidente
de la República. Torres se dirigió al Palacio de la Carrera y
le hizo la anotación al doctor Núñez, quien los revisó y le
entregó a don Domingo la nueva letra. Con ella volvió a donde
el maestro Sindici. Este estaba arreglando viaje para su finca
940 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
de “Prado”, en Nilo. El señor Torres le suplicó a doña Justina
le ayudara ante el maestro, pues quería darle una buena
sorpresa a su amigo el Presidente Núñez.
En Nilo, Cundinamarca
Doña Justina efectivamente se puso de parte de don José
Domingo Torres y a cada rato le decía a su marido: “Orestes
cumple tu palabra”.
En esas vacaciones de medio año de 1887, el maestro Sin
dici empezó a recibir la inspiración de la naturaleza.
Por las mañanas y en las tardes, colocaba don Orestes el
armonio Dolt Graziano Tubi en el ancho corredor de la amplia
casona campestre y daba rienda suelta a su numen. Empezó
la competencia entre los cantos de los turpiales, las chorólas,
y las pechiblancas, con las corcheas y las fusas que producían
las lengüetas de su armonio. El viento que se estrellaba contra
los higuerones y el caucho real, el rumor cantarino de las
aguas, la acompasada salutación de las cigarras, el murmullo
de las guaduas, el mugido de las vacadas, los gritos de los peo
nes y el canto victorioso de los gallos conformaban la orques
tación que luego se tradujo en notas, en silencios y en arpe
gios en las teclas blancas y negras del Dolt Graziano.
El maestro Sindici comenzó a tararear las frases musica
les que lo acosaban y repasando silenciosamente las grandio
sas y polifónicas óperas que antaño interpretaba, empezó a
producir los compases marciales del canto triunfal que habría
de incrustarse en el corazón de todos los colombianos. Eran
los clarines del triunfo en medio de una zona tórrida ardiente
y sofocante, golpeada por la sonora majestad del salto del
Tequendama.
El domingo, el maestro Sindici con su familia, como bue
nos católicos, bajó al pueblo a cumplir con el precepto. Se
hospedaron en la casa de don Mariano Carranza y de doña
Bartolomé Fierro, ubicada en el costado oriental de la plaza
principal frente a la iglesia. Después de rezarle a la Virgen de
la Salud de Nilo, pasados los oficios religiosos, en la tarde,
don Orestes le pidió al párroco prestado el armonio francés de
la iglesia y bajo el sombrío del tamarindo de la esquina noro-
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 941
ríental del parque empezó a ejecutar las notas del Himno
recién compuesto. Los escolares y campesinos que absortos
escuchaban empezaron a cantarlo en ese simpático preestreno
rural. Esta tradición la conservan los nilenses con sincero or
gullo patriótico. El hecho sucedió el domingo 24 de julio de
1887, día del natalicio del Libertador Simón Bolívar.
El estreno en Bogotá
Los periódicos de Bogotá anunciaron profusamente el
programa de la celebración del 11 de noviembre de 1887, “sep-
tuagesimosexto aniversario del primer grito formal de inde
pendencia absoluta de España, lanzado en nuestra patria den
tro de las murallas de la invicta ciudad de Cartagena, que por
la misma santa causa había de ser consagrada con el nombre
de Heroica por sus hazañas en el glorioso sitio de 1815”.
El 11, a las ocho y media de la noche, en el Teatro Varie
dades, situado en la escuela de Santa Inés, contiguo al Obser
vatorio Astronómico Nacional, “se cantará un himno patrió
tico alusivo a la fiesta que se conmemora”.
“Además de estos regocijos, el doctor Núñez manifestó su
deseo de que en las escuelas de la ciudad se llevase a cabo un
acto público solemne en que se practicase con amenidad un
examen de historia patria, desarrollando, desde luego, los su
cesos conmemorados”.
Efectivamente tres escuelas del barrio de la Catedral se
reunieron para celebrar el acto y en él “los niños cantaron
muy bien los dos himnos: el compuesto en años pasados por
el señor doctor Núñez, y otro escrito ahora por el doctor Ma-
diedo, ambos con música del señor Sindici, Maestro de canto”,
escribieron en “La Nación”.
En cuanto al teatro apuntaron: “En el Teatro Variedades
se llevó a efecto la función que en nuestro número pasado
anunciamos”. “Se cantó el himno nacional, de letra del exce
lentísimo señor doctor Núñez, y al terminar este, entre calu
rosos aplausos, se alzó el telón para la representación de <fEl
Héroe de Cartagena”.
“Según refieren los diarios, anotó el académico Miguel
Aguilera, la ejecución del Himno Nacional, aquella noche me
morable, fue acogida con un entusiasmo ruidoso. El coro y la
942 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
orquesta, formados por los mejores artistas de la ciudad, com
partieron los aplausos y felicitaciones con su director, el maes
tro Sindici. Este último se mostró emocionado y orgulloso. Y
no sin razón. Había pulsado la cuerda mejor templada y dulce
del sentimiento popular”.
En Palacio
El doctor Manuel María Fajardo, en sus datos sobre el
origen del Himno Nacional escribió:
“En el salón de la escuela dicha, habilitado de teatro, se
estrenó el himno, y desde el comienzo atrajo hacia sí el favor
público, pues agradó bastante. El relato del suceso llegó a
oídos del doctor Núñez, a la sazón Presidente de la República,
quien manifestó a Sindici el deseo de oír su obra. Sindici
reunió en su hogar varios miembros de su familia y a muchos
de sus discípulos, entre los cuales recordamos a los siguientes,
entonces jovencitos: Joaquín, Roberto y Julio Posada, Rafael
y Jesús María Osorio, Pedro Ramos Ruiz, Juan F. y Víctor
Nates, Pedro Aragón, Teodosio y Antonio Fajardo, Santos Ci-
fuentes, Antonio González, Justino Jannaut y Justina de Sin
dici, y otros muchos, y ante selecta concurrencia se le cantó
en el Palacio de la Carrera al señor Presidente la obra que
tan humilde origen había tenido. Menudearon, como era de
justicia, las felicitaciones”.
“De seguro que ni Torres al encargar el trabajo, ni Sindici
al ejecutarlo con desinterés y buena voluntad, imaginaron que
la obra nacida al calor patrio del primero y del amor conyugal
del segundo hubiera de perdurar. Pero así debía de ser: Tener
cuna humilde y ser fruto espontáneo de dos amores excelsos
y legítimos: el inspirado por la Patria en Torres y el engendrado
por el cariñoso arrullo del amor conyugal de la esposa en
forma de consejo en Sindici. El premio no tardó”.
Estreno oficial del Himno
Después del éxito obtenido el 11 de novimbre de 1887 con
la ejecución de la marcha patriótica, y de la presentación en
el comedor del Palacio de la Carrera, que arrancó muchos
aplausos del Presidente Núñez y de su esposa doña Soledad,
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 943
acto al que concurrieron don Rafael María Merchán y don
José Domingo Torres, el señor Ministro de Gobierno, doctor
Felipe Fermín Paúl resolvió que se ejecutara oficialmente por
la orquesta y el coro formados por su autor, el maestro Sindici.
Para ello el doctor Paúl, hizo llegar a un numeroso, dis
tinguido y selecto grupo de invitados la siguiente esquela:
“El Ministro de Gobierno saluda a usted muy atenta
mente y tiene el honor de remitirle adjuntas las boletas de
entrada al concierto que en la noche del 3 del presente tendrá
lugar en el Salón de Grados, con el objeto de estrenar un
himno nacional. La función principiará a las nueve”.
“Bogotá, diciembre de 1887”.
“Se suplica la devolución oportuna de las boletas, caso
de excusa”.
Posteriormente se anunció que se había pasado del sábado
para el martes 6 de diciembre.
“El acto se cumplió el martes 6 de diciembre de 1887, en
las horas de la noche. A él concurrieron todas las autoridades
civiles, eclesiásticas y militares y los miembros del Cuerpo
Diplomático, no obstante la copiosa lluvia que cayó inoportu
namente. El estreno oficial se hizo en el Salón de Grados, es
quina de la calle 10, frente al Palacio de San Carlos”.
He aquí el programa de la audición:
IV. Himno Nacional, a grande orquesta, veinticinco voces.
Todas las críticas resultaron muy elogiosas
Posteriormente empezó a ejecutarse en diferentes países
y ciudades. En Roma, según “El Derecho”, del 5 de julio de
1890 el “Inno Triunfale” de Sindici alcanzó un gran triunfo.
Informado el doctor Núñez le dirigió el 5 de agosto de 1890
desde Cartagena al maestro Sindici esta nota: “Estimado se
ñor: Recibí su favorecida del 24 de julio, y celebro mucho que
el Himno haya figurado, de algún modo, en Roma, centro de
la filarmonía. En muchas capitales de América ha sido tam
944 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
bién ejecutado —como en Méjico, Lima, Caracas y Curazao,
y otras que no recuerdo—; eso se debe sin duda al trabajo de
usted, pues la letra es secundaria”. “Con saludes a su señora
y familia, quedo de usted atento y deseoso seguro servidor,
Rafael Núñez”.
“El Himno de la República”
En su libro: “Sergio Camargo, el Bayardo Colombiano”,
el académico doctor Gabriel Camargo Pérez, relata el siguiente
importante episodio ocurrido en la clausura de la gran Con
vención Nacional del liberalismo, reunida en Bogotá, en 1887,
avalado por Monseñor José Ignacio Perdomo Escobar, renom
brado académico y autor de la “Historia de la Música en Co
lombia”.
“A una determinada señal la famosa orquesta de 15 ar
tistas dirigidos por el maestro Manuel Conti irrumpió en el
ambiente, sublimando la expectativa con los acordes marciales
del Himno Nacional, a lo cual toda la concurrencia, vestida
de etiqueta, se puso de pie, destacándose en la mesa central
“las figuras romanas de Aquileo Parra, Santos Accsta y Ser
gio Camargo, ex-mandatarios de la nación”.
Solamente un Delegado de Panamá permaneció en su
asiento, alegando que no rendiría culto al Himno de Núñez.
Oyó esto el General Camargo, Presidente de la Convención, y
replicóle:
“No. No es el Himno de Núñez. Es el Himno de la Repú
blica”. Y el Delegado se puso de pie.
“Cualquier comentario sobra en torno a este bello pasaje,
tomando en cuenta las diferencias personales y políticas que
mediaron entre el ‘Solitario del Cabrero’ y el ‘Bayardo Colom
biano’. Tal era, en toda forma, el alma de quien anticipándose
a la frase de Benjamín Herrera, siempre concibió la patria
por encima de los partidos”.
Carta de ciudadanía
Los eruditos académicos Henao y Arrubla en su Compen
dio de Historia de Colombia dicen que el maestro Sindici se
nacionalizó en nuestro país. Creemos, por lo afirmado en las
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 945
escrituras públicas, que esto no ocurrió, pero esto no es óbice
para considerarlo como nacional colombiano. El Dr. Pedro
Carlos Manrique, en la “Revista Ilustrada” NQ 22, de agosto
de 1899 bajo el título “Himno Nacional” escribió:
“Alegan algunos contra la adopción de esta marcha como
himno nacional el ser su autor musical de distinta naciona
lidad a la nuestra y haber ocupado el poeta papel militante
en la borrascosa política colombiana”.
“Para nosotros la obra de arte no tiene fronteras ni par
tido. La belleza es absoluta y superior a las pasiones antisocia
les de los círculos; y en. el desarrollo de los pueblos es conso
lador observar cómo los hombres que en otros campos no han
merecido la universal aprobación, cuando toman el pincel o
empuñan la lira nunca han osado ensalzar sino aquello que
constituye las más hermosas conquistas morales y políticas de
Ja humanidad”.
“El Sr. Orestes Sindici, inspirado compositor de este him
no, hace treinta y siete años que reside en Colombia, consa
grado a la enseñanza de la música y del canto. MGdesto, in
teligente. profundamente desinteresado, y enamorado del país
en donde fundó su hogar, podemos considerarlo como a un
compatriota. En todo caso, su bella marcha triunfal debe darle
carta de ciudadano de Colombia”.
El maestro Sindici escribió la música del Himno Nacional
en la tonalidad de mi bemol, en compás de cuatro tiempos,
en “Tempo di marcia”. En la imprenta de La Luz se hizo la
primera edición para canto y piano.
Muerte de los Jannaut
Don Justino Jannaut, padre, murió antes de 1869. Su hijo
Enrique Justino falleció el 30 de noviembre de 1890. Don Ores
tes, después de enterrarlo se trasladó con su familia a la finca
de “Prado”.
El 17 de julnio de 1894 doña Justina Eugenia de Sindici
entregó su alma al Creador, en la finca de Nilo. No la pudie
ron enterrar ni en San José de Nilo, ni en Agua de Dios por
falta de sacerdote. Tuvieron que hacerlo en Tocaima al día
siguiente. También para esta fecha había muerto María Te
resa Atilia.
946 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
El lunes 18 de octubre de 1897, don Orestes vendió la finca
de “Prado” a Luis Patiño Jaramillo por la suma de cincuenta
mil pesos, mediante la escritura 1848 de la Notaría 2% del
Circuito de Bogotá.
A finales de siglo desapareció Orestes Sindici Jannaut.
Don Orestes y sus hijas sobrevivientes, Eugenia y Emilia,
se regresaron a Bogotá y en casa tomada en arriendo a don
Alberto Baptiste, en la carrera 4^ N? 18-74 se instalaron.
El maestro volvió a sus clases al Seminario donde le pa
garon $ 50.00 mensuales, y a las escuelas públicas.
Fallecimiento del maestro Sindici
Setenta y seis años tenía el maestro Orestes Sindici cuan
do la arterieesclerosis, acentuada por su persistente abuso del
tabaco, dio cuenta de su existencia.
El martes 12 de enero de 1904 expiró el insigne compositor
en medio de la triste desolación de sus dos hijas Eugenia y
Emilia.
En este momento doloroso las acompañó don Carlos Mal-
donado, íntimo amigo de la familia Sindici y quien desde su
presentación en el Teatro Maldonado en 1864 se había conver
tido en uno de los más sinceros admiradores del cantante
italiano.
En la Iglesia de Nuestra Señora de las Aguas, carrera 3^
N*? 18-66, la quinta parroquia en antigüedad de Bogotá, se
sentó la partida de defunción. Las exequias se cumplieron en
el Templo de Santo Domingo.
“Los artistas de Bogotá, unánimemente, hicieron derroche
de afectuoso recuerdo. Cariñosamente prepararon un oficio
de réquiem del difunto, a toda orquesta, y cantado por más
de veinte voces. Difícilmente se volverá a ver un aconteci
miento tan imponente y majestuoso. Sobre el catafalco una
gigantesca lira de rosas finas, absorvía las miradas de la mul
titud que colmó el templo de Santo Domingo. El espíritu pa
triótico que no pudo sentirse conmovido ante la pérdida del
celebrado maestro, cedió en buena hora el puesto al tempera
mento artístico. Y este sí que supo vibrar como una cuerda
de oro tendida sobre una arpa eólica”.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 947
La partida de defunción sentada en la parroquia de Nues
tra Señora de las Aguas de Bogotá, reza:
“En las Aguas a trece de enero de mil novecientos cuatro,
di licencia para celebrar las exequias al cadáver de Orestes
Sindici, hijo de Vicente Sindici y Teresa Faboy (sic) viudo de
Justina Janeau (sic). Se administró. Conste. El Párroco, Darío
Galindo, Pbro.”.
“Es fiel copia expedida en la parroquia de las Aguas de
Bogotá, el siete de abril de mil novecientos ochenta y siete.
Germán Rojas Zárate, Pbro.”.
Hasta el Cementerio Central, en la parte occidental, fue
ron llevados los despojos mortales del inmortal músico italia
no. Allí descansaron en paz por unos años.
Los restos del maestro compositor permanecieron en su
primitivo lugar hasta el año de 1916 cuando los exhumaron
y los depositaron en la Administración del Cementerio Cen
tral, a cargo de don Enrique Tobar y Tobar.
El viernes 17 de julio de 1964 se inauguró el panteón
construido en el Cementerio Central, en el sector de grandes
personajes, en homenaje al maestro Sindici. Las placas, una
grande sobre la tumba reza: “Aquí yace Orestes Sindici autor
de la música del Himno Nacional de Colombia. Ceccano 1828.-
Bogotá 1904. Homenaje de la Junta de Festejos Patrios de la
Academia Colombiana de Historia, 1987”.
Otra pequeña, colocada en la parte posterior de la tumba,
dice: “Aquí reposa Emilia la hija del compositor”.
Adopción del Himno Nacional de Colombia
El honorable representante por la circunscripción electoral
de Pasto, doctor Sergio A. Burbano, presentó al Congreso un
proyecto que se convirtió en la Ley 33 del 18 de octubre de
1920, sancionada por el Presidente Marco Fidel Suárez y su
Ministro de Instrucción Pública, Miguel Abadía Méndez, don
de se adoptó oficialmente “como Himno Nacional de Colom
bia la letra que lleva ese nombre, compuesta por el señor
doctor Rafael Núñez, y la música del maestro Orestes Sindici”.
Posteriormente por Decreto N<? 1963 del 4 de julio de 1946,
el Presidente Alberto Lleras Camargo y su Ministro de Educa
948 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
ción, Germán Arciniegas, adoptaron la “revisión para canto
y piano, y las transcripciones para Banda Sinfónica y Banda
Militar, del Himno Nacional de Colombia, realizadas por José
Rozo Contreras, sobre la partitura original de Orestes Sindici”.
Esta a grandes rasgos la vida y la obra del maestro Orestes
Sindici Topai, autor de la música de nuestro Himno Nacional.
Ahora digamos con el doctor Evangelista Quintana R.:
EL HIMNO
“Es la voz de la Patria redimida,
la síntesis profunda de su historia,
el titánico aliento de su vida
y el canto magistral de su victoria”.
“Y así vibrante, cual fraterno grito
del alma patria en generoso anhelo,
remontando su acento al infinito
saludo al mundo en el azul del cielo”.
“Con la luz de las glorias nacionales
y aleteos de cóndores andinos,
palpita en sus acordes inmortales
él alma de los héroes granadinos”.
LAS MEMORIAS DEL GENERAL MORILLO
Por Monseñor Mario Germán Romero
I. Las Memorias de Morillo y “El Guardián” de Medellín
Hace más de cien años, ciento nueve para ser exactos,
un periódico de Medellín llamado El Guardián, reprodujo la
biografía de D. Pablo Morillo que trae el Diccionario universal
de historia y geografía de Bouillet, allí se afirma que el gene
ral escribió unas Memorias que fueron traducidas al francés
por E. de Blosseville en 1826, y agrega el periodista:
Un amigo nuestro, que nos ha llamado la aten
ción sobre este asunto, nos dice que habiendo estado
en Madrid visitó las principales librerías en solicitud
de las Memorias de Morillo, sin poder encontrarlas;
los libreros no tenían noticias de ellas y quizá ni aún
de su autor. Fue a la Biblioteca Real, y el ilustre
don Juan Eugenio Hartzenbusch, que entonces la di
rigía, le dijo que aquel libro no existía en ella pero
que debía encontrarse en la biblioteca del Ministerio
de la Guerra, donde se conservan todas las obras re
lativas a la historia militar de España. Nuestro ami
go no pudo entrar a aquella biblioteca y tuvo que
salir de Madrid con el sentimiento de no haber po
dido leer tan interesante libro. Dejó recomendado a
un inteligente caballero para conseguirlo a cualquier
precio; pero no volvió a tener noticia alguna, y la
esperanza de obtener el original español, le hizo des
cuidarse en solicitar la traducción francesa de Blos
seville, de que habla Bouillet.
Excitamos a los señores Quijano Otero, Páez,
Uribe Angel, general Posada y demás profundos
conocedores de nuestra historia, para que pu
950 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
bliquen cualquier dato que tengan sobre las men
cionadas Memorias o que procuren conseguirlas. ¿No
será ciertamente muy curioso conocer la opinión de
Morillo acerca de Bolívar, Sucre, Santander, Páez y
demás héroes con quienes tuvo que luchar en Amé
rica? ¿No será muy interesante oír de boca del prin
cipal actor enemigo la relación del sitio de Cartagena
y de las batallas de la Puerta, el Arado, Calabozo, el
Sombrero y las mil y más de esa homérica campaña?
La empresa de conseguir ese libro nos parece tenta
dora y por nuestra parte también trataremos de lle
varla a cabo
El suelto del periódico de Medellín encontró eco y fue
reproducido en La Opinión Nacional de Caracas el 26 de no
viembre de 1878. El erudito historiador Aristides Rojas salió
inmediatamente a la palestra con un artículo titulado Memo
rias del general Morillo. A “El Guardián” de Medellín. Des
pués de reproducir las palabras del periódico medellinense
que hemos copiado, dice: “Inútil nos parece solicitar en Es
paña y en América las Memorias de Morillo, pues este general
jamás escribió tal cosa”. Dice Rojas que estando Morillo en
París, en 1826, la casa Dufart publicó un volumen con el si
guiente título:
Mémoires du général Morillo, compte de Carthagene,
marquis de La Puerta, relatifs aux principaux évé-
nemens de ses campagnes en Amérique de 1815 a
1821; suivis de deux précis de don José Domingo Díaz,
secrétaire de la Junte de Caracas et du général don
Domingo de la Torre. Traduit de l’espagnol. Paris, P.
Dufart, libraire, 1826. XVI-452 págs. 19 cm.
Agrega Rojas que el traductor, que solo firma con las
iniciales E. D. B. y que parece ser, según Bouillet, E. de Blos-
seville, dice expresamente en la introducción que Morillo no
mandó publicar tal obra, pero que contaba con que no la re
chazaría.
Las tales Memorias son simplemente la traducción de tres
folletos publicados en Caracas:
19 Manifiesto que hace a la nación española el
teniente general don Pablo Morillo, conde de Carta
gena, marqués de La Puerta, y general en gefe del
egercito expedicionario de Costafirme. Con motivo
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 951
de las calumnias e imputaciones atroces y falsas pu
blicadas contra su persona en 21 y 28 del mes de abril
último en la gaceta de la Isla de León, bajo el nombre
de Enrique Somoyar. Caracas, impreso en la oficina
de D. Juan Gutiérrez, año 1820. 52-48 págs. 21.5 cm.
Reimpreso por Morillo en Madrid, Imprenta a cargo de
Cosme Martínez, 1821, con dos cartas de Bolívar y otros mu
chos documentos relacionados con sus campañas en América.
2<? Manifiesto que de orden de la Junta de con
ciliación hace don Josef Domingo Díaz, su secreta
rio, sobre todo lo obrado hasta la conclusión de los
tratados de armisticio y regularización de guerra ce
lebrados con S. E. el gefe del Gobierno de Colombia.
Caracas, en la Imprenta de D. Juan Gutiérrez, 1821,
32 págs. 20 cm.
Reimpreso en Madrid con el título: Manifiesto de la co
rrespondencia que ha mediado entre los generales conde de
Cartagena y don Miguel de la Torre, jefes del Ejército de Cos
ta Firme, con el de los disidentes don Simón Bolívar, desde
el restablecimiento de la constitución hasta la escandalosa e
inesperada ruptura del armisticio por Bolívar. Madrid, Espi
nosa, 1821.
39 Manifiesto que hace a los pueblos de Venezue
la el mariscal de campo don Miguel de la Torre, ge
neral en gefe del ejército expedicionario de Costafirme
sobre la continuación de la guerra. Caracas, Imprenta
de D. Juan Gutiérrez, 1821.
1 h., 34,2 págs. 23 cm.
Reimpreso en Madrid con el siguiente título: Manifiesto
que para satisfacer al mundo entero, de la conducta franca y
exclusivamente generosa por el gobierno español con el jefe
de los disidentes de Venezuela, hace el general en jefe del
ejército nacional expedicionario don Miguel de la Torre. Ma
drid, Espinosa, 1821.
En síntesis: El Guardián de Medellín, hace más de un si
glo, despierta la inquietud sobre la existencia de unas Memo
rias de Morillo. Responde inmediatamente Aristides Rojas y
dice que no hay tales Memorias. Estando Morillo en París, la
952 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
casa Dupart publicó un volumen con el título Mémoires du
Général Morillo, que recoge tres fo'letos conocidos, cuya ficha
bibliográfica presenta. Da el nombre del traductor y prolo
guista: E. de Blosseville; el del autor de la biografía de Mori
llo que allí aparece, el español Sebastián Miñano; y finalmen
te, que el Pacificador no mandó publicar tal obra2.
Antes de continuar, veamos qué es el Manifiesto de Mori
llo, pieza clave en sus mal llamadas Memorias. Libre Nariño
de su última prisión en Cádiz, aprovecha el movimiento de la
Península durante la etapa absolutista para hablar “de la
santa insurrección de España” y de la mal llamada “criminal
insurrección de América”. La oración era oportuna para hacer
oír los reclamos de estos pueblos a la nación española. Escribe
en la Gaceta de la Isla de León, entre el 21 y 28 de abril de
1820, tres Cartas de un americano a un amigo suyo, bajo el
seudónimo de Enrique Somoyar. Se refiere con ironía a “las
dulces y benéficas medidas que ha tomado el sabio y piadoso
Morillo en la Costa Firme” y denuncia sus crueldades y atro
pellos. Allí salen a relucir los asesinatos y saqueos que han
cometido Sámano y Morillo. En una segunda carta refuta los
planteamientos de un tal Sánchez Terquero que tacha de
“destituidas de verdad, de moderación, alarmantes, sin juicio,
llenas de encono y resentimiento injusto contra determinadas
personas, y de una cavilosidad miserable” las afirmaciones
hechas por Nariño. En esta segunda carta precisa más los
cargos que hace al Pacificador, “manchado con la sangre de
nuestros conciudadanos y amigos”, y del “oro atesorado por
Morillo”. Es patética la descripción que hace el Precursor de
las crueldades de Morillo en Santafé. La tercera y última car
ta está destinada a aclarar las observaciones que le hace un
señor Mier. Las cartas de Nariño fueron reproducidas en la
Gazeta de la ciudad de Bogotá, en los números correspondien
tes al 5, 12,19 y 26 de noviembre de 18203.
Morillo no se quedó callado. Desde Caracas lanza su Ma
nifiesto “con motivo de las calumnias e imputaciones atroces y
falsas publicadas contra su persona en 21 y 28 del mes de
abril último —1820— en la Gaceta de la Isla de León, bajo
el nombre de Enrique Somoyar”. Pretende el Pacificador mos
trar su conducta de paz y desinterés en la campaña que le fue
encomendada. Trata de sus actividades en Venezuela y Nueva
Granada. De esta útlima habla del sitio de Cartagena, su per
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 953
manencia en Mompox, Ocaña y su presencia en Santafé. Re
gresa a Venezuela a mediados de enero de 1817. Hace un
encendido elogio de su pobreza.
Y aquí la única confidencia sobre su vida privada: “Yo
no me avergüenzo de confesarlo, porque mi corazón es franco
y sincero, y jamás mis labios expresaron lo que este no sentía.
Yo habría llegado en estos países a sufrir aun mayores priva
ciones, si una esposa que me es adorable no hubiese dulcifi
cado mi suerte partiendo conmigo los bienes que la fortuna le
concedió; y si desde la distante Cádiz en que reside, no me
buscase por los desiertos y montañas por donde corro para
hacer con sus auxilios menos dura mi situación” (pág. 49).
Viudo a los treinta años, Morillo se casó en segundas nupcias
y por poder, estando en Cartagena con la acaudalada gaditana
doña María Josefa del Villar. Y ya que la nombramos, oigamos
a Juan Germán Roscio en carta al Libertador, firmada en
Angostura el 4 de octubre de 1820: “Mi hermano [...] me
dice que la mujer de Morillo y sus partidarios en Cádiz fueron
los que tiraron coces contra las cartas de Enrique Somoyar, y
probablemente los aue ganaron la orden de volverlo a pri
sión” 4.
¿Qué piensa Morillo de Enrique Somoyar? Al principio
de su Manifiesto dice que el autor de las cartas “no ha tenido
valor, o ha temido dar al público su nombre verdadero. Le
echa la culpa a él y a sus compañeros de la pérdida de la opu
lencia de la Nueva Granada y Venezuela “a que las habían
elevado tres siglos de paz y de justicia”. Y más adelante: “Ese
Somoyar audaz e inconsiderado que sin conocerme, sin haber
residido en su patria muchos años ha por consecuencia de su
conducta; desterrado de ella después de ser vencido en una
batalla defendiendo su rebelión; ignorante de los sucesos pos
teriores de su país; audaz hasta el extremo de publicar y tra
tar de persuadir la necesidad de infringir nuestra amada
Constitución, destruyendo la integridad de la monarquía, va
liente, por último fuera del peligro, y en un país en que se le
há respetado más de lo que merecían sus delitos; ese fingido
Somoyar, o más bien ese verdadero Nariño que hizo su patri
monio de la fortuna y bienes de sus compatriotas, ese me
imputa los excesos que le fueron familiares”. Ese Nariño quiere
presentarlo “como un mostruo de sangre e insaciable de ri
quezas”.
954 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
En nota al pie de página dice que Nariño es autor de las
Cartas de un americano a un amigo suyo, cartas dictadas por
el rencor y la rabia. Juzgado en Santafé por los años 90 al 94,
fue remitido bajo partida de registro a Francia a solicitar au
xilios para la emancipación de la Nueva Granada, visto que
los franceses desestimaban sus planes, pasó a Inglaterra “con
cuyo gobierno no fue más feliz este rebelde obcecado” 5.
II. Las Memorias de Morillo traducidas para el Boletín
Militar y el historiador Eduardo Posada
El Boletín Militar, dirigido por el coronel e ingeniero
Francisco Javier Vergara Velasco, era el órgano del Ministerio
de Guerra y del Ejército. En el número 94, correspondiente al
8 de abril de 1899, comenzó a aparecer una traducción del libro
francés ya citado, bajo el título de Memorias del General Mo
rillo, y que terminó en el número 25 de 21 de diciembre de 1901.
El final está acompañado de una Nota editorial del director,
en ella advierte que algunos han dudado de la autenticidad de
ese libro, y afirma: “Las Memorias de Morillo fueron publica
das en España y traducidas luego al francés muchos años
antes de la muerte de don Pablo, sin que este las desconocie
ra”. Afirmación, que como hemos visto, es errónea. Dice que
en las Memorias se notan dos partes, “y tanto que en la pri
mera Morillo habla en primera persona, en la segunda lo hace
el General Latorre, su sucesor”. Y concluye: “Cuanto a la
autenticidad de las piezas insertas en las Memorias, no puede
revocarse a duda, pues casi todas se hallan originales, o en copia
en el archivo del historiador colombiano Restrepo, guardado
por su familia, la que galantemente nos ha permitido su con
sulta, por lo cual hemos podido hacer esta afirmación” 6.
Hace exactamente ochenta y cinco años, en el primer nú
mero del Boletín de Historia y Antigüedades, septiembre de
1902, don Eduardo Posada escribió un artículo titulado Las
Memorias de Morillo, con ocasión de la traducción aparecida
en el Boletín Militar. Comienza preguntando: “¿por qué se
traduce del francés una obra que debió ser escrita en espa
ñol?, ¿es o no apócrifo, como se ha dicho, el libro relativo a
la vida del cruel Pacificador?”. Y se dispone a dar respuesta
a estos interrogantes.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 955
Cuenta Posada cómo Nariño se fugó de la prisión de Cá
diz en 1820 y se trasladó a la Isla de León, donde residía el
nuevo gobierno español. Allí publicó don Antonio las tres car
tas contra Morillo, conocidas como Cartas de un americano a
un amigo suyo, firmadas Enrique Somoyar. En ellas acusaba
el Precursor a Morillo de crueldad y peculado. Posada explica
quién fue en realidad Enrique Somoyar. Ya sabemos cómo
Morillo, que se hallaba en Venezuela, contestó' con el Manifiesto
ya conocido y que reimprimió en Madrid al año siguiente,
1821.
Morillo se trasladó a París en 1824 y dos años después
aparecieron las famosas Memorias. “La tarea del traductor
francés, dice Posada, fue la siguiente: suprimió todo lo relativo
a Somoyar o Nariño, incluyó en la narración los documentos
que aparecían al fin del Manifiesto, y en vez del lacónico relato
que el Pacificador hacía de sus campañas, puso una extensa
descripción que tomó de las publicaciones hechas por otros
dos jefes españoles: D. Ramón Correa y D. Juan Civí. Para
esto último le bastó cambiar la tercera persona por primera”.
Advierte que no es un libro de Memorias.
Trae a continuación Posada un testimonio muy valioso, el
de don Diego Barros Arana (1830-1907), distinguido historia
dor chileno, en su obra Notas para una bibliografía de obras
anónimas y seudónimas sobre la historia, la geografía y la
literatura de América. Al hablar de Morillo dice: “Conservo en
mi poder una carta autógrafa suya de 8 de febrero de 1826,
escrita en París, donde había establecido su residencia des
pués de la caída del régimen constitucional en España, en que
pide al célebre periodista Buchen (sic) que haga declarar en
los diarios que la publicación de este libro no es obra suya, y
que se ha hecho sin su intervención. A pesar de estas decla
raciones, fue el mismo Morillo quien suministró los documen
tos al Vizconde Blosseville, para la publicación de esta obra.
Blosseville escribió la introducción que firmó con sus inicia
les, y tradujo dos largos apéndices que contienen la relación
de algunos sucesos de esta guerra, escrita por don José Do
mingo Díaz. El manifiesto de Morillo y los otros documentos
fueron traducidos por Meissonier de Valcroissant, colaborador
de Blosseville en otras obras”. Y permítaseme una adición.
En los Documentos para la historia de la vida publica del
Libertador de Blanco y Azpurúa, Tomo VII, págs. 516-519, se
956 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
encuentra un escrito, El Gral. Don Pablo Morillo. Rasgos bio
gráficos por Diego Barros Arana. Al referise a la edición fran
cesa de las Memorias, repite lo transcrito por Posada, pero am
plía la información, dice aquí: “En mis colecciones de documen
tos autógrafos conservo una carta suya [de Morillo] sobre este
asunto, dirigida a M. Buchón, erudito francés muy estimado
en esta época, que militaba entonces en la prensa liberal de
París. Héla aquí textualmente y con la misma ortografía del
conde de Cartagena:
París, 8 de Febrero de 1826
Mi amigo Buchón: Siento el no poder pasar hoy
por esa para que fuésemos aver juntos al respetable
Abate Prat [se refiere al abate de Pradt, autor de
muchas obras sobre la revolución de América y Espa
ña, concebidas con un espíritu liberal] pero tengo un
talón lastimado de la bota, y no podré verificarlo
hasta el sábado o Domingo Próximo.
No se olvide V. de mi encargo sobre el Anuncio
de la obra de mis campañas para que se publique
en los Diarios que no es obra mía.
Páselo V. bien recibiendo espresiones de mi Es
posa, y mande a su amigo verdadero Q. B. S. M.
CARTAJENA.
A Monsieur Mr. Buchón, Rué Newf St. Agustín,
N9 6, a París.
Los diarios anunciaron en efecto que la obra titulada
Mémoires du général Morillo era una obra publicada sin la
voluntad de éste. No sabemos qué objeto podía tener el conde
de Cartagena al hacer con tanta insistencia estas declaracio
nes; pero sí nos consta que ellas envolvían una falsedad. Fue
el mismo Morillo quien reunió las piezas diferentes que con
tiene ese volumen; y por el intermedio de un conocido escritor
español, don Sebastián Miñano, las hizo traducir al francés
por Meissonier de Valcroissant y Bénigne Ernesto Porret, mar
qués de Blosseville, autores ambos de dos o tres opúsculos anó
nimos y de una traducción francesa de un libro de Nariño sobre
la revolución de España”. Barros Arana dice que esto está
referido también por Quérard en La France litteraire, suple
mento, y por De Manne en el Nouveau dictionnaire des au-
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 957
vrages ancmymes et pseudónimas, 3^ edición. Y comenta el
historiador chileno: “Tal vez Morillo pretendía hacer creer
que había en Francia hombres interesados en la gloria de su
nombre, que daban a luz ese libro sin consultar su voluntad y
hasta contrariándola”. Finalmente, se refiere a los traducto
res y dice que son casi completamente desconocidos. El mar
qués de Blosseville tenía cierto renombre, no como literato,
sino por un proceso por el delito de calumnia en que fue con
denado en primera instancia.
No se le puede negar a don Diego Barros Arana un pues
to de primer orden entre los historiadores que se han ocupado
de las Mémoires del Conde de Cartagena.
Y volviendo a don Eduardo Posada, concluye su escrito
con estas palabras que tendrán siempre vigencia: “No había,
pues objeto como lo ha hecho el castrense Boletín en tradu
cir del francés documentos que, originales, existen en espa
ñol” 7.
* ❖ *
Estos recuerdos han venido a mi mente con motivo de la
aparición de una nueva versión colombiana de Las Memorias
de Morillo, esta vez traducidas del francés, por el senador Ar
turo Gómez Jaramillo, recientemente fallecido, y publicadas
por el Senado de la República, Bogotá, Gráficas Margal Ltda.,
1985, 199 páginas Trae el libro en mención una nota intro
ductoria del académico Antonio Alvarez Restrepo, titulada Un
libro extraño.
Dice el doctor Alvarez Restrepo: “Entre los libros de his
toria de la independencia publicados en este siglo, quienes
hemos trasegado por ellos no encontramos ni una cita, ni un
recuerdo para la obra de Morillo” (pág. 5). Fuera del estudio
de don Eduardo Posada a que nos hemos referido, me acuerdo
haberlas visto citadas por el general Mosquera en sus Memo
rias sobre la vida del Libertador, cuatro veces reimpresas en
este siglo, la última en lujosa edición del Banco del Estado,
1980, Capítulo X, Tomo I, página 95 de esta edición, y en la
bibliografía del Nariño de Jorge Ricardo Vejarano, aunque al
paracer no las utilizó.
Anota el prologuista: “Faltaba este testimonio que nos
llega desde la otra ribera escrito por alguien que fue actor
principalísimo en las horas más duras de la emancipación
958 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
gran-colombiana. Es muy apasionante conocer lo que “ellos”
pensaban, lo que querían, y poder leer entre líneas su obsti
nación en la inútil crueldad de aquellos años” (págs. 6-7).
En sus llamadas Memorias Morillo se muestra tan pacien
te como el santo Job ante la terquedad de esos americanos,
como un san Vicente de Paúl que se conmueve con el dolor
ajeno. A veces lo traiciona el subconsciente, como cuando se
refiere al sitio de Cartagena y dice: “Podía en pocos días
destruir esta ciudad, hacer perecer a todos sus habitantes bajo
los escombros, o reducirlos por el hambre. Las bombas y las
granadas que tenía a mi disposición me convertían en el amo”
(pág. 30). ¿Y qué decir del Consejo de guerra permanente,
del Consejo de Purificación y la Junta de Secuestros que es
tableció en Santafé? Oigamos a Morillo: “El Consejo de Gue
rra que había instituido respetó siempre las formas protectoras
que la ley acordaba a los acusados. Nadie fue juzgado sin
haber (sido) oído y sin la defensa que prescriben las leyes
militares; los juicios fueron graduados según la naturaleza
de los delitos y los culpables —plenamente convencidos de sus
crímenes—, padecieron las penas a las cuales habían sido con
denados. En ninguna circunstancia la autoridad violó la san
tidad de las leyes” (pág. 47). Pero, ¿podía hablar de otra ma
nera don Pablo Morillo?
El historiador Restrepo nos dejó la siguiente etopeya del
Pacificador:
Era el general Morillo un militar ignorante y
sin educación, duro por carácter y que se dejaba
arrastrar por movimientos repentinos de cólera, des
confiado en extremo, aunque no desprovisto de sen
timientos generosos, de franqueza y lealtad. Como
general, carecía de la ciencia necesaria y de las com
binaciones rápidas para trazar una campaña o diri
gir los movimientos imprevistos en el campo de
batalla; pero tenía un valor a toda prueba, energía
y serenidad: severo sostenedor de la disciplina y del
orden en todos los ramos, se hacía querer del solda
do, y tales dotes constituían de Morillo un jefe acaso
el más a propósito para hacer la guerra en la Amé
rica española, donde solo combatían pequeñas fuer
zas” 8.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 959
Las Memorias de Morillo, publicadas por el Senado de la
República, deben ser leídas con cuidado, pues no faltan las
erratas, inevitables muchas veces, pero que pueden inducir a
error al común de los lectores. En la portadilla de la página 9
hay un error y una errata. Se lee: A. París, sobra el punto,
y se traduce sencillamente: En París; Quiau Voltaire, por
Quai Voltaire, es errata de imprenta. En la página siguiente
se lee: Enrique de Moyar, por Enrique Somoyar. En la página
15, segando párrafo, dice que el General Enrique cumplía las
funciones de Jefe del Estado Mayor. No hay tal Enrique, se
trata del conocido Pascual Enrile. Es curioso que en la página
17, en el cuadro de las asignaciones militares se hable en
piastras, cuando el traductor, con sobrada razón, más adelan
te hable en pesos y anote: “piastre, en francés, quiere decir
patacón, piastra, peso, durillo, moneda de plata de diversos
países y de valor variable. Por eso la traduciremos por peso”
(pág. 23).
Cuidado especial requieren los nombres propios y geo
gráficos, son muy numerosos los cambios introducidos por el
traductor francés y que pasaron a la versión española. En el
Boletín de Historia y Antigüedades, N<? 757, correspondiente
a los meses de abril a junio de 1987, se reproducen las pri
meras cincuenta y tres páginas de las Memorias, con las mis
mas erratas del original.
Me referí a las erratas que califico de inevitables, porque
no conozco libro que no las tenga. Otra cosa es el descuido
editorial, que a veces reviste caracteres mortales. En un cu
rioso libro del siglo XVI, la traducción que hizo el bachiller
Juan de Molina de Los triunfos de Apiano, hay al final una
nota dedicada Ad lectorem nimis delicatum, que con ortografía
moderna reza así:
Suelen algunos lectores ser tan delicados, que
por una sola letra que hallen más o menos mudada
o alterada, pierden toda la paciencia contra el impri-
midor y corrector de la tal obra. Yo les ruego, pues,
que tengan paciencia, y si quieren culpar, empiecen
por sí mesmos, que piden imposibilidades. Si no, si
mucho se enojan, remitirles he a los que el Sagrado
Evangelio condena, cuando reprehendiendo una se
mejante condición de hombres, dice: ponen sobre los
otros cargas intolerables, y ellos no quieren tocarlas
960 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
con el dedo. Esta negociación es de tal condición, que
no basta diligencia: por buena vista y entendimien
to que tengan los que en ello entienden, forzosa
mente se atraviesan muchas miserias de las que dicho
he: aunque el hombre se torne pavón y se haga todo
ojos como Argos el griego. Por tanto, el lector mo
desto y de gentil ánimo con humanidad lo sufra, si
algún tal defecto hallase, y con prudente paciencia
enmiende, yo se lo suplico, porque si en otra tal se
viere, Dios depare quien otro tanto haga por él.
Las llamadas Memorias del general Pablo Morillo deben
ser publicadas sobre los textos originales en español. Son
útiles para el lector que quiera conocer la historia del otro
lado, desde el punto de vista de los españoles. Los documen
tos y anexos, aunque publicados la mayor parte por Blanco
y Azpurúa, son muy útiles, pero que no se traduzcan del fran
cés documentos que originales existen en español.
NOTAS
1 En el Catálogo de todos los periódicos que existen Ten la Biblio
teca Nacional] desde su fundación hasta el año de 1935 inclusive. Edi
ción Oficial, Tomo I, Bogotá, Editorial El Gráfico, 1936, página 312,
está registrado El Guardián, Medellín, números 1 a 25, 11 de mayo al
25 de noviembre de 1878. Sala Prensa, 1938. Me dicen que ya no está
en la mencionada Biblioteca.
2 Memorias del General Morillo. A “El Guardián” de Medellín, en
Aristides Rojas, Obras escogidas, París, Garnier Hermanos, 1907, págs.
707-711.
Para los folletos que conforman las Memorias de Morillo, cfr.:
—MANUEL SEGUNDO SANCHEZ, Obras, I, Bibliografía venezola-
nista, Caracas, Banco Central de Venezuela, Colección cuatricentenario
de Caracas, 1964, págs. 240-241.
—PEDRO GRASES, Obras, 9, La Imprenta en Venezuela, II, Cara-
cas-Barcelona-México, Editorial Seix Barral [1982], págs. 298, 284, 312.
—El Manifiesto que hace a la nación española el general Morillo,
se halla también en BLANCO y AZPURUA, Documentos para la historia
de la vida pública del Libertador, Tomo VII, págs. 335-387. En la misma
colección se encuentran la mayor parte de los documentos que apa
recen en las Memorias de Morillo.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 961
Para mayor exactitud, las fichas bibliográficas de los folletos citados
por Aristides Rojas, las hemos completado con los ejemplares existen
tes en la Biblioteca Nacional, y con las que aparecen en la obra men
cionada de Pedro Grases.
1 Véase EDUARDO POSADA y PEDRO MARIA IBAÑEZ, El Pre
cursor. Documentos sobre la vida pública y privada del general Antonio
Nariño. Bogotá, Biblioteca de Historia Nacional. Vol. II, 1903, págs. 452-
474.
4 Ibid., pág. 486.
•"» Las citas del Manifiesto están tomadas de la edición de Madrid,
1821.
<*» Memorias del General Morillo, en Boletín Militar, año 1899:
números 94, 97, 99, 100, 102, 104, 112, 113, 120, 124, 127, 131; año 1900:
números 167, 169, 175, 182, 183; año 1901: números 189, 191. 193, 196,
197, 200, 201, 3, 6, 8, 10, 11, 13, 14, 16, 17, 18, 19, 20 a 25.
7 EDUARDO POSADA, Las Memorias de Morillo, en Boletín de His
toria y Antigüedades, año I, N9 1, septiembre 1902, págs. 43-47.
s JOSE MANUEL RESTREPO, Historia de la Revolución de la Re
pública de Colombia, en la América Meridional, Tomo II, Besanzon, Im
prenta de J. Jacquin, 1858, págs. 300-301.
LA LEGISLACION CIVIL EN COLOMBIA
Por Antonio José Rivadeneira Vargas
La llamada Revolución de Independencia, como es lógico
suponer, no implicó el cambio de la legislación española vi
gente, hasta el punto de que la Constitución de Cúcuta de 1821
en su artículo 188 dispuso “Se declararan en su fuerza y vigor
las leyes que hasta aquí han regido en todas las materias y
puntos que directa o indirectamente no se opongan a esta
Constitución, ni a los decretos y leyes que expidiere el Con
greso”.
La Ley de 4 de mayo de 1843 ordenó reunir todas las
Leyes y Decretos expedidos por la República en materia civil,
cuyo conjunto se denominó Recopilación Granadina, la cual
se dividió en siete tratados, quizá como reminiscencia de las
Siete Partidas de don Alfonso el Sabio.
En este mismo año de 1843 se llevó a la discusión del
Congreso un proyecto de Código Civil redactado por Justo
Arosemena, el cual no se aprobó por cuanto se apartaba del
formulismo peculiar de la legislación española, a que eran tan
aficionados los litigantes de la época.
A partir de la sanción de la Constitución de 1853, que
autorizó la creación de Estados Soberanos por medio de ley
ordinaria, surgió la necesidad de armonizar la legislación par
ticular de los Estados con la de la Nación y en orden a ello se
empezó a estudiar en las facultades de jurisprudencia el De
recho Civil francés y en especial el Código de Napoleón
Tratadistas y maestros como don Santiago Pérez, desde
su Manual del Ciudadano, reiteraban la idea de coleccionar o
resumir las leyes en Códigos, para metodizar su estudio, fa
cilitar su manejo y unificar la doctrina.
Manuel Ancízar y Basterra, después de separarse de la
Comisión Geográfica, viajó a Chile en misión que le confió el
Presidente José Hilario López, trabó amistad con don Andrés
964 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Bello, quien redactó el Código Civil Chileno sobre el modelo
napoleónico y en carta fechada en Bogotá el 10 de julio de
1856, el granadino solicita al caraqueño le remita cuatro ejem
plares del Código Civil.
En carta de marzo 13 de 1857 Ancízar le comenta a Bello:
“Como ya he recibido, enviados desde Lima, cuatro ejempla
res del Código Civil Chileno y por otra parte he obtenido en
la Cámara de Representantes que se ordene hacer una edición
nacional de aquella obra para distribuirla entre las legisla
turas de nuestros Estados, desisto de la petición que le hice;
pero en cambio espero que usted me favorecerá con dos ejem
plares de su Gramática y dos de su Prosodia y Métrica diri
giéndolos al señor Francisco Arias, ausente, al señor Agustín
Arias, Panamá. Para M. Ancízar, Bogotá”.
El primer Estado granadino que adoptó el Código Civil fue
el de Santander, lo hizo por medio de la Ley de 12 de octubre
de 1858, expedida a propuesta de su presidente Manuel Muri-
11o Toro.
A su vez, don Miguel Chiari, Secretario del Interior y
Relaciones Exteriores, asesorado entre otros por Manuel An
cízar, elaboró el proyecto de ley respectivo y así la Asamblea
Legislativa de Cundinamarca adoptó para este Estado el Có
digo de Chile el 8 de enero de 1859.
Dicho Estatuto fue adoptado sucesivamente por los de
mas Estados así: Cauca en 1859, Panamá en 1860, Boyacá en
1864, Antioquia en 1865. Sin embargo, llegó el caso de que el
Código Civil a pesar de regir en todos los Estados Soberanos,
no podía aplicarse en los Territorios Nacionales, puesto que
aún no había sido adoptado por el Congreso de la Unión. En
1872 y para subsanar esta anomalía, el Presidente Murillo Toro
contrató los servicios del jurisconsulto Agustín Núñez, quien
redactó el proyecto de Código Civil de la Unión tomando co
mo modelo el vigente en el Estado de Santander, proyecto que
Manuel Ancízar llevó a las Cámaras y que se convirtió en la
Ley 84 de 1873, sancionada por el ejecutivo el 26 de mayo de
1873.
Es pertinente anotar que la adopción del Código Civil para
la Unión no solo significó la sistematización del derecho pri
vado, unificado en un sólo cuerpo desde la época de los roma
nos y transferido a la modernidad por el genio de Napoleón,
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 965
sino que implicó también la implantación en Colombia del
principio que afirmaba el origen social de la norma jurídica, en
una época crucial en que a través de las reformas anticolonia
les iniciadas en 1850 se buscaba integrar una economía na
cional y la inserción del país en la división internacional del
trabajo.
Efectuada en 1886 la transición del sistema de las auto
nomías estaduales al régimen unitario central, el Consejo de
Delegatarios en uso de facultades legislativas expidió la Ley 57
de 1887, en cuyo artículo 1<? se dispuso que “Regirán en la
República, noventa días después de la publicación de esta Ley.
con las adiciones y reformas de que ella trata, los códigos
siguientes:
El Civil de la Nación, Sancionado el 26
de mayo de 1873”.
Esta ley, expedida el 15 de abril de 1887, empezó a regir
el 22 de julio del mismo año y adoptó para la República de
Colombia el mismo Estatuto que Manuel Ancízar llevó a las
Cámaras y que la Ley 84 de 1873 convirtió en Código Civil de
la Unión.
En orden a evitar confusiones conviene advertir que la
Ley 153 de 1887, expedida el 15 de agoste), adicionó el Código
Civil incorporando a su texto trascendentales reglas de dere
cho y reformó sustancialmente los demás Códigos Nacionales
y las leyes 61 de 1886 y 57 de 1887, pero insistimos en que sólo
fue esta última la que adoptó para la República el Código
Civil materia de nuestro estudio.
Procede recordar también que, aún por este inusitado
aspecto de la legislación civil, cobra vigencia la frase de que
“Bello nació en Caracas, enseñó en Chile y lo aprendieron en
Colombia”, pues así como Manuel Ancízar y Manuel Murillo
Toro fueron los promotores entusiastas de la adopción entre
nosotros del Código Civil Chileno, cupo a don Santiago Pérez,
abogado y filólogo insigne, la gloria de haber sido el intro
ductor a nuestro país de las doctrinas gramaticales de Bello,
que modestamente vertió en su Compendio de Gramática Cas
tellana por un Granadino (Bogotá, 1853) y que luego Rufino
José Cuervo, Miguel Antonio Caro y Marco Fidel Suárez enalte
cieron hasta el infinito.
966 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
No sería justo cerrar este informe sin consignar el ho
menaje de mi admiración a nuestro colega Enrique Balmes
Arteaga por su ponderado y erudito ensayo El Código de Bello
en Colombia, que tan útil me fue para la elaboración de este
trabajo y cuya lectura recomiendo a los señores académicos en
el Boletín de Historia y Antigüedades N9 735, correspondiente
a los meses de octubre, noviembre y diciembre de 1981.
Tal es, señor Presidente y señores Académicos, la trayec
toria histórica del Código Civil, el centenario de cuyo adop
ción por la República, se cumplió el 15 de abril próximo pa
sado.
Antonio Alvarez Restrepo, Enrique Balmes Arteaga, Jorge
Ancízar Sordo y Antonio José Rivadeneira Vargas.
BIBLIOGRAFIA
Balmes Arteaga Enrique: El Código de Bello en Colombia. Boletín de
Historia y Antigüedades, N9 735, Bogotá, 19-81.
Ortega Torres Jorge: Código Civil. Editorial Temis. Bogotá, 1985.
Pombo y Guerra: Constituciones de Colombia. Biblioteca Popular de
Cultura Colombiana. Bogotá, 1951.
Rivadeneira Vargas Antonio José: Don Santiago Pérez. Biografía de
un Carácter. Editorial El Voto Nacional. Bogotá, 1966.
Torres Quintero Rafael: Bello en Colombia. Instituto Caro y Cuervo.
Bogotá, 1952.
PROPOSICIONES
Sobre la salud del primer mandatario
La Academia Colombiana de Historia informada de los que
brantos de salud que aquejan al Excelentísimo Señor Presi
dente de la República Ingeniero Virgilio Barco en Seúl, los
deplora y formula votos por su pronta recuperación.
De felicitación al Académico doctor Jaime Posada
La Academia Colombiana de Historia presenta al señor
académico de Número don Jaime Posada cordiales felicitacio
nes por su nombramiento de Gobernador de Cundinamarca y
le brinda la colaboración que estime necesaria en el adelanta
miento de sus programas histórico-culturales para Cundina-
marca.
De reconocimiento al Honorable Senador
Hugo Escobar Sierra
La Academia Colombiana de Historia presenta al Hono
rable Senador Hugo Escobar Sierra su reconocimiento por los
proyectos de ley llevados a consideración del Honorable Con
greso Nacional sobre creación de las cátedras de Historia Pa
tria, Geografía de Colombia, Instrucción Cívica y Urbanidad,
en los pénsumes oficiales de enseñanza, y del Instituto Uni
versitario de Historia de Colombia, iniciativas que al llenar
un gran vacío en los currículos vienen a cimentar el senti
miento colombianista en los futuros ciudadanos y a inculcar
la noción de Patria, condiciones fundamentales para fortale
cer la nacionalidad.
La Academia Colombiana de Historia expresa al Hono
rable Senador Escobar Sierra las más cordiales felicitaciones
por su patriótica gestión en el Congreso de la República.
968 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
De Homenaje a Profesores Españoles
La Academia Co'ombiana de Historia rinde homenaje a los
científicos y profesores españoles venidos al país con motivo
de la guerra civil que padeció su patria durante los años treinta.
La Academia recuerda con gran cariño la obra realizada
por ellos en pro de la cultura nacional y deja constancia de
sus nombre en el acta de la sesión de la fecha. Esos nombres
son los siguientes:
Urbano González de la Calle, lingüista, quien con el padre
Félix Restrepo. S. J., participó en la creación del Instituto
Caro y Cuervo.
José María Ots Capdequi, especialista en Derecho Indiano y
autor de varios libros sobre la materia.
Antonio García Banús, fundador de la Facultad de Química
de la Universidad Nacional.
Luis de Zulueta, pedagogo y escritor de renombre.
Mercedes Rodrigo, psicóloga.
Francisco Cirre, especialista en lengua castellana y literatura.
Manuela de Cirre, paleógrafa.
José de Recasens, prehistoriador.
Pablo Vila, geógrafo, autor de un texto de Geografía de Co
lombia.
Francisco Vera, matemático.
José Royo Gómez, geólogo y palentólogo.
Manuel Ussano, médico especializado en educación física.
José Prat, escritor y periodista.
Carlos Sosaya, médico especialista en lucha antimalárica.
José Cuatrecasas, sociólogo.
Y el profesor Ramón de Garganta y Doctor Gabriel Trias.
De felicitación al Académico Eduardo Santa
La Academia Colombiana de Historia felicita cordialmen
te a su socio de número, doctor Eduardo Santa, por haberle
sido otorgada la Condecoración “Ciudad de Ibagué”, en cere
monia que se llevó a cabo en el Salón de Honor del Conservato
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 969
rio de Música del Tolima, el 23 de octubre del corriente año,
como reconocimiento a sus múltiples servicios prestados a la
cultura colombiana.
Transcríbase al doctor Santa en nota de estilo.
De aplauso a la Empresa Barnes de Colombia S. A.
La Academia Colombiana de Historia deja constancia en
la sesión de la fecha del valor y significación de la contribu
ción de la empresa Barnes de Colombia S. A. a. la celebración
del V Centenario del Descubrimiento de América, consistente
en la erección de un monumento al navegante y descubridor
Américo Vespucio, en la carrera 7^ con la calle 97 de esta
ciudad, donado por conducto de la Corporación a la ciudad de
Bogotá e inaugurado solemnemente el sábado 14 del presente
mes de noviembre a las 12 del día, acto que quedó protocoliza
do en los discursos allí pronunciados por el Presidente de dicha
empresa doctor Enrique Bayer D., por el Presidente de la Aca
demia doctor Germán Arciniegas, y el Secretario de Educación
del Distrito Especial doctor Oscar Constaín a nombre del Al
calde Mayor de la Ciudad.
Y expresa su más vivo reconocimiento a Barnes de Colom
bia S. A. y a su Presidente doctor Bayer, a cuya iniciativa se
debió esta obra, que consagra para la posteridad el nombre del
descubridor Vespucio, con la cual se inicia la conmemoración
por parte de Colombia de tan fausta y gloriosa efemérides.
Transcríbase en nota de estilo a Barnes de Colombia S. A.
y al señor Alcalde Mayor de Bogotá.
De pésame por el fallecimiento del Académico
Luis Galvis Madero
La Academia Colombiana de Historia deplora el falleci
miento del doctor Luis Galvis Madero, Miembro Correspon
diente de la Corporación, ocurrido el día de ayer en esta
ciudad.
El doctor Galvis Madero fue Miembro de otras institucio
nes académicas, ocupó muy destacadas posiciones en el poder
judicial y la empresa privada, y es autor de libros muy impor
970 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
tantes como Generación Frustrada, sobre el movimiento Co
munero; El Adelantado Jiménez de Quesada, y La Gran
Colombia, volumen VII de la Historia Extensa de Colombia.
Transcríbase en nota de estilo a sus familiares.
De agradecimiento por el Concierto del Centenario
del Himno Nacional
La Academia Colombiana de Historia agradece al Insti
tuto Colombiano de Cultura, al Teatro Colón y a la Orquesta
Sinfónica de Colombia el concierto celebrado el 13 del presente
mes en el Teatro Colón como acto conmemorativo del cente
nario del Himno Nacional, trascendente por su solemnidad y
profundo sentimiento patrio, exaltado por la emocionada alo
cución del doctor Antonio Alvarez Restrepo, Vicepresidente de
la Corporación.
Transcríbase en nota de estilo al señor Director de Coltu-
tura, a la señora Administradora del Teatro Colón, doña Gla
dys Jiménez de Galán y al señor Director de la Sinfónica de
Colombia.
NOTICIERO ACADEMICO
Por Roberto Velandia
Registramos los siguientes actos patrióticos y académicos
durante el último trimestre.
Centenario del Himno Nacional
La Academia Colombiana de Historia celebró los siguientes.
Visita a la tumba de Sindici. Miércoles 11 a las 9 a.m.
Una delegación de académicos visitó la tumba de Orestes
Sindici en el Cementerio Central de Bogotá y depositó una
ofrenda floral. Se colocó una nueva lápida en reemplazo de la
erigida en 1964.
Homenaje en la Plaza de Bolívar. Miércoles 11 a las 12 m.
En la Plaza de Bolívar con la colaboración de la Secretaría
de Educación del Distrito se hizo una concentración con par
ticipación de la Banda de la Policía Nacional, a la que asis
tieron las autoridades distritales. Llevó la palabra el General
Jaime Durán Pombo, quien pronunció un emocionado discur
so dirigido a la juventud.
Concierto en el Teatro Colón. Viernes 13 a las 6.45 p.m.
Organizado por la Orquesta Sinfónica de Colombia y Col-
cultura se ofreció en el Teatro Colón un concierto de la Or
questa Sinfónica Nacional con participación de la Academia, en
cuyo nombre el Vicepresidente doctor Antonio Alvarez Restre
972 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
po hizo la presentación en vibrante alocución de reconoci
miento y elogio al Himno Nacional como emblema que palpita
en el corazón del pueblo colombiano.
Sesión Solemne de la Academia. Viernes 27 a las 6 p.m.
En homenaje a la memoria de Orestes Sindici, la Academia
celebró una sesión solemne cuyo programa fue el siguiente:
a) Himno Nacional, interpretado por el cantante colom
biano Víctor Hugo Ayala.
b) Presentación del libro “Sindici o la música de la Liber
tad” del historiador Antonio Cacua Prada, por el doc
tor Jorge Enrique Molina Mariño, Rector de la
Universidad Central. Por encontrarse en Europa el
doctor Molina, leyó sus palabras el Académico doctor
Antonio José Rivadeneira.
c) Discurso de Orden del doctor Antonio Cacua Prada
sobre el tema “La Vida del maestro Orestes Sindici”.
Monumento a Vespucio
El sábado 14 de noviembre se inauguró solemnemente el
monumento al navegante Américo Vespucio donado por la em
presa Barnes de Colombia S. A., en la carrera 7£ con calle 97
de la ciudad. Estatua de 2.50 metros de altura, erigida sobre
una base de piedra de 1.50 metros de altura por 13 metros
de largo, de la cual se levanta un muro de 3.50 metros de cuyo
borde superior se desprende una cascada de agua. A un lado
otro muro de 7 metros en el que está grabado el mapa de Amé
rica. Fue construido por el arquitecto bogotano Octavio Mar
tínez Ch.
Asistieron los Embajadores de España, Portugal, Italia y
Brasil y numerosos académicos, y el Secretario de Educación
del Distrito doctor Oscar Constaín.
Hizo la entrega del monumento a la ciudad el doctor En
rique Bayer D., Presidente de Barnes de Colombia S. A. A con
tinuación se escuchó una alocución figurada de Américo
Vespucio transmitida por una grabación magnetofónica.
El maestro Germán Arciniegas, Presidente de la Academia,
pronunció el discurso de Orden.
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 973
Nuevos Miembros de la Academia
Correspondientes Nacionales. En la sesión del 8 de sep
tiembre tomó posesión como Miembro Correspondiente el doc
tor Gustavo Galvis Arenas, quien disertó sobre “Pasado y
Presente de la Descentralización”.
En sesión del 1<? de diciembre fue recibido como Miembro
Correspondiente el doctor Alfonso García Isaza, cuyo trabajo
versó sobre “Nuestro Radicalismo y Tradicionalismo del Siglo
XIX”.
Correspondiente Extranjera. En sesión del 15 de septiem
bre fue elegida Miembro Correspondiente Extranjera la histo
riadora uruguaya doña Martha Canessa de Sanguinetti, a quien
se entregó el diploma en reunión celebrada en la Sala de Con
ferencias de la Biblioteca Nacional, en la Cátedra de América,
el día 23 del mismo.
Fallecimientos
Con profundo pesar registramos el fallecimiento del doc
tor Luis Galvis Madero, Miembro Correspondiente, ocurrido
en Bogotá el 16 de noviembre del año en curso.
Directiva de la Academia 1987-1988
En la sesión del 15 de septiembre la Academia eligió nue
va Directiva para el período 1987-1988, la cual quedó confor
mada así:
Presidente: Germán Arciniegas
Vicepresidente: Antonio Alvarez Restrepo
Secretario : Roberto Velandia
Tesorero: Alfredo D. Bateman
Coordinador de Biblioteca
y Archivo: Rafael Serrano Camargo
Director del Boleín: Antonio Cacua Prada
Y redactores del Boletín fueron elegidos Gabriel Camar
go Pérez y Femando Res trepo Uribe.
974 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Lecturas Académicas
Además de las lecturas de posesión de Miembros Corres-
ponidentes hubo las siguientes:
Octubre 6. “Las Memorias de Mori’lo”, por Monseñor
Mario Germán Romero.
Noviembre 3. “Ots Capdequí y el desplome de una Na
ción”, por Eduardo Santa.
Noviembre 17. “Orígenes de la videncia en Colombia”,
por Alfonso Ricaurte Uribe.
Homenajes
Un numeroso grupo de académicos ofreció en octubre pa
sado al doctor Jaime Posada un almuerzo en el Gun Club para
celebrar su nombramiento de Gobernador de Cundinamarca.
En el salón de recepciones del Gun Club la Sociedad Boli-
variana de Co’ombia y numerosos académicos y miembros de
los Clubes Rotatorio de Chapinero y de Leones, diplomáticos
y otros amigos, ofrecieron un banquete al Teniente Coronel
Alberto Lozano Cleves, con motivo de cumplir veinticinco
años de Presidente de la Sociedad Bolivariana de Colombia.
Distinciones Académicas. La Academia Antioqueña de
Historia en solemne sesión efectuada el 12 de octubre entregó
los diplomas de miembros correspondientes a los académicos
Antonio Cacua Prada y Horacio Gómez Aristizábal. Con tal
motivo el académico Gómez Aristizábal pronunció un elocuen
te discurso.
Busto del Edecán Andrés Ibarra. En el parque de los ede
canes de la Casa de Bolívar de Bucaramanga fue inaugurado
el lunes 23 de noviembre, un bello busto en bronce del General
Andrés Ibarra Toro, obsequiado por el señor Embajador de
Venezuela doctor Luis La Corte. En este acto hablaron los
académicos Antonio Cacua Prada y Gustavo Galvis Arenas.
Periodismo: Responsabilidad y Paz. En la Casa Boliva
riana de Bogotá se realizó un seminario nacional sobre el te
ma; Periodismo: Responsabilidad y Paz. Como expositores
participaron los académicos Expresidentes Misael Pastrana
Borrero, maestro Germán Arciniegas, general Alvaro Valencia
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 975
Tovar y doctores Otto Morales Benítez y Antonio Cacua Prada.
En la sesión de clausura el Rector de la Universidad los Liber
tadores, doctor Hernán Linares Angel, presentó el libro: “Li
bertad y Responsabilidad de la Prensa”, de que es autor el
académico Antonio Cacua Prada. La obra tiene prólogo del
maestro Germán Arciniegas.
Vicepresidente Mundial de la FIAP. En noviembre se reu
nió la Asamblea Mundial de Ja Federación Iberoamericana de
Asociaciones de Periodistas, en la ciudad de Sevilla, España.
Como Vicepresidente de la entidad eligieron al académico An
tonio Cacua Prada, quien a su vez es el Presidente del Capítu
lo Colombiano de la FIAP.
Igualmente el académico Cacua Prada concurrió a la reu
nión de Institutos Culturales de Israel celebrado en Jerusa-
lem, en su calidad de Vicepresidente del Instituto Cultural
Colombo-Israelí.
LIBROS LLEGADOS A LA "BIBLIOTECA
EDUARDO SANTOS"
Libros llegados durante los meses de junio
a septiembre de 1987
ARIAS DE GREIFF JORGE. Etno-Astronomías Americanas. Bogotá: Edi
torial Universidad Nacional de Colombia, 1987.
BANCO DE LA REPUBLICA. Metalurgia de América Precolombina.
Bogotá: Editorial del Banco de la República, 1986.
------------- . El norte de Tierradentro y los orígenes de Barranquilla.
Bogotá: Talleres Gráficos del Banco de la República, 1987.
BANCO CENTRAL HIPOTECARIO. Desarrollo en un mundo de paz.
Editorial Presencia, 1987.
------------- . Development in a world of peace. Editorial Presencia, 1987.
BARAJAS NIÑO ENRIQUE. Curso de Etimologías Griegas. Bogotá:
Litografía Arco, 1984. (Biblioteca Científica de la Presidencia de
la República), Tomo III.
CAMARGO PEREZ GABRIEL. Sergio Camargo el Bayardo Colombiano.
Bogotá: Editorial ABC, 1987. (Publicaciones de la Academia Boya
cense de Historia), 2* edición.
COMANDO GENERAL DE LAS FUERZAS MILITARES. Reglamento
de protocolo militar. Bogotá: Imprenta de las Fuerzas Militares,
1986. 2* edición.
GOMEZ GABRIEL A. Resurrección Gómez y Rafael Uribe Uribe. Bo
gotá: Imprenta de las Fuerzas Militares, 1987.
ECHAVARRIA OLARTE FEDERICO. Dejaron atrás a Iberoamérica.
Bogotá: Plaza y Janés Editores, 1986.
ECHEVERRY E. RAUL. El discurrir de Mutis por el Departamento del
Tolima antigua provincia de Mariquita. Bogotá: Talleres de Col-
ciencias, 1987.
GOMEZ ARISTIZABAL HORACIO. 30 años de Abogacía. Bogotá: Edi
torial Carrera 7’, 1986.
978 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
H ARDOY JORGE E. Centro Histórico de Quito (preservación y desarro
llo). Quito: Impresora Nacional Ltda., 1984.
INGEOMINAS. El sismo de Popayán del 31 de marzo de 1983. Bogotá:
Talleres Italgraf, 1986.
ISQUEDA DAISAKU. Una paz duradera. Buenos Aires (Argentina):
Emecé Editores S. A., 1987.
LOPERA GUTIERREZ JAIME. La Colonización del Quindío. Bogotá: Ta
lleres Editoriales del Banco de la República, 1986. (Celección Bi
bliográfica Banco de la República).
PEÑAS DAVID E. Efemérides de Mompox. Cartagena: Espitia Edito
res, 1987.
RESTREPO FELIX. HERNANDEZ EUSEBIO. Llave del Griego. Comen
tario Semátito, Etiología y Sintaxis. Bogotá: Imprenta Patriótica del
Instituto Caro y Cuervo, 1987.
RIVADENEIRA ANTONIO JOSE. MARIN ALFONSO. Integración La
tinoamericana (legado del Libertador). Valencia (Venezuela):
Raúl Clemente Editor, 1985. Publicaciones de la Gobernación del
Estado Carabobo.
SENA. Educación, formación profesional y empleo. Bogotá: Talleres de
la sección de publicaciones del Sena, 1984.
SANCHEZ ZULETA GONZALO. Vida y pensamiento del Arzobispo
Mosquera. Bogotá: Editorial Kelly, 1987.
SANCHEZ VALENCIA BOLIVAR. La Argentina, antigua capital minera
de Colombia (Monografía). Bogotá: Litografía Guzmán Cortés, 1985.
SOCARRAS JOSE FRANCISCO. Facultades de Educación y Escuela
Normal Superior. Tunja: Editorial de la UPTC., 1987. (Ediciones la
Rana y el Aguila).
SUAREZ C. JUANA A. Monografía de Chiriví, hoy Nuevo Colón. Tunja:
Talleres Gráficos de la Caja Popular Cooperativa Ltda., 1966.
VALENCIA RODRIGUEZ LUIS. El Ecuador y las 260 millas. Quito: Ta
lleres Offygraba, 1977.
VARGAS MOTTA GILBERTO. Breviario del Huila y otros escritos. Bo
gotá: Editorial Kimpres Ltda., 1987. (Ediciones los Cámbulos).
URIBE BADILLO ALFONSO. Legislación del Tolima 1815-1985. Bogo
tá: Editorial Elocuencia, 1986. (Colección Políticos Colombianos).
USECHE LOZADA MARIANO. El proceso colonial en el alto Orinoco,
Río Negro (Siglos XVI a XVIII. Bogotá: Editolaser, 1987. (Funda
ción de Investigaciones Arqueológicas Nacionales Banco de la Re
pública).
ZAVALA SILVIO. Aportaciones Históricas. México: Editorial Nueva
Imagen S. A., 1985. (Colección Cuadernos Americanos, NQ 9).
LIBROS LLEGADOS A LA "BIBLIOTECA
EDUARDO SANTOS"
ENRIQUE BARAJAS NIÑO. Curso de Etimologías Griegas. Litografía
Arco, Bogotá, 1984.
ALFONSO GARCIA ISAZA. Hechos y Gentes. Edit. El Vieco y & Ltda.
ALFONSO GARCIA ISAZA. Sobre la Constitución Política de 1886 y
otros Ensayos. Publicaciones “San Antonio”.
ALFONSO GARCIA ISAZA. Ensayos sobre la Modernidad. Editorial
Eafit.
ROBERTO VELANDIA. Periódicos Oficiales de Cundinamarca. Impren
ta Departamental “Antonio Nariño”, 1986.
ALFONSO URIBE BADILLO. Legislación del Tolima 1815-1985. Edito
rial Elocuencia, 1986.
LUIS ALFONSO PLAZAS VEGA. 25 Soldados. Imprenta de las Fuerzas
Militares. Bogotá, D. E., 1984.
REVISTAS Y FOLLETOS
La Torre. Revista General de la Universidad de Puerto Rico, Año XXXIII,
N9 123. Año XXXII, Nos. 124 y 125. Año XXXII, N9 126.
Vniversitas. Pontificia Universidad Javeriana, Año de 1987.
Revista de Indias. Artes Gráficas Clavileño S. A. Madrid, enero-junio
1986.
Revista de la Universidad del Tolima. Febrero de 1982. Vol. 1
Revista de la Universidad del Tolima. Marzo 1986. Vol. N9 6.
Revista de la Universidad del Tolima. Abril 1986. Vol., N° 7.
Boletín Informativo. Procuraduría General de la Nación. Año 1. Vol. 4.
Boletín de la Real Academia de la Historia. Madrid. Tomo CLXXXIII.
Cuaderno III. Septiembre-diciembre 1986.
Boletín del Archivo Histórico de Miraflores. Nos. 121-122. Talleres de
la Imprenta Nacional.
980 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
RAUL ECHEVERRY E., I. A. El discurrir de Mutis por el Departamento
del Tolima. Antigua Provincia.
CARMEN PUMAR MARTINEZ. Estudios de Historia Social y Económica
de América. N9 2, 1986.
Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia.
Estudios de Derecho. Marzo y septiembre de 1985.
AYALA POVEDA FERNANDO. Otto Morales Benítez. Editorial Lealón.
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ZEA LEOPOLDO. América como auto descubrimiento. Universidad Cen
tral, Bogotá, 1986.
HASSAN RODRIGUEZ ARISTIDES IVAN. Compendio Histórico de la
Evolución Militar de las Fuerzas de Deefnsa de la República de
Panamá. Impresa, Panamá, 1987.
LIBROS DEL DOCTOR OTTO MORALES B.
Estudios Críticos. Plaza y Janés, Bogotá, 1986.
Alianza para el Progreso y Reforma Agraria. Segunda Edición. Univer
sidad Central. Bogotá, 1986.
Perfiles Literarios de Antioquia. Universidad Nacional de Colombia,
Bogotá, 1987.
Aguja de Marear. Banco Papular. Bogotá, 1987. Segunda Edición.
Reforma Agraria Colombiana Campesina. Universidad Externado de
Colombia. Bogotá, 1986. Segunda Edición.
Planteamientos Sociales. Universidad Externado de Colombia. Bogotá,
1986.
Política Laboral. Universidad Externado de Colombia. Bogotá, 1986.
Testimonio de un Pueblo. Imprenta del Banco de la República. Bogotá,
1982. Segunda Edición.
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toria. Lima. Perú, 1985-1986.
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ción de Otto Morales Benítez. Edit. Litográfica S. A., 1984.
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Kathleen Romoli, Bogotá, 1987.
Universidad de Pensilvania. Hispanic Review. Spring, 1987.
INDICE DEL VOLUMEN LXXIV
Por Julio Humbetro Ovalle Mora
Licenciado en Historia de Colom
bia.
— A —
Pág.
Abella, Arturo. Horacio Rodríguez Plata. (De “El Siglo”, do
mingo 30 de agosto de 1987) ........................................................ 974
Academia Colombiana de Historia
—Genealogía de las sillas de sus Miembros de Número. Corregida
y actualizada en agosto de 1987 por el Académico Secretario don
Roberto Velandia ........................................................................... 695
—In Memoriam. (Fallecimiento del escritor, periodista, poeta y Se
nador de la República, doctor Arturo Gómez Jaramillo) ......... 442
—Invitación a la sesión solemne del día jueves 13 de agosto en la
cual se recibe como Miembro de Número al ingeniero Carlos
Sanz de Santamaría ....................................................................... 465
—Invitación a la sesión solemne del 21 de agosto de 1987 para la
posesión como Académico de Número del doctor Gabriel Camargo
Pérez .................................................................................................... 809
—Invitación a la sesión solemne del viernes 27 de noviembre de
1987, conmemorativa del centenario del Himno Nacional............. 925
—Proposición de agradecimiento por el concierto del centenario del
Himno Nacional .............................................................................. 970
—Proposición de aplauso a la empresa Barnes de Colombia S. A. 969
—Proposición de aplauso a una publicación. (Almanaque de la In
dustria Panificadora El Arbolito. 1987) .......................................... 194
—Proposición de complacencia al R. P. Manuel Briceño Jáure-
gui, S. J............................................................................ 494
—Proposición de complacencia por el centenario de la fundación
de la Sociedad Colombiana de Ingenieros .................................. 443
—Proposición de condolencia al Académico doctor Alberto Corra-
diñe .......................................................... 445
984 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Pág.
—Proposición de condolencia por el fallecimiento de doña María
Edilia Prada de Cacua ............................................................................ 192
—Proposición de condolencia por el fallecimiento del doctor Alberto
Montezuma Hurtado ............................................................................ 192
—Proposición de condolencia por la muerte de don Juan Alvarez
Restrepo ................................................................................................... 445
—Proposición de duelo por el trágico fallecimiento de don Guiller
mo Cano ................................................................................................. 191
—Proposición de felicitación a la Academia Boyacense de Historia 443
—Proposición de felicitación al Académico Eduardo Santa ........ 968
—Proposición de felicitación al Académico José Francisco Socarras 445
—Proposición de felicitación al doctor Luis Duque Gómez .............. 444
—Proposición de felicitación al nuevo Ministro de Educación, doctor
Antonio Yepes Parra ............................................................................ 443
—Proposición de Homenaje a Profesores españoles ......................... 968
—Proposición de nombramiento de un representante......................... 193
—Proposición de pésame por la muerte del R. P. fray Alberto Ariza 445
—Proposición de pesar por el fallecimiento de doña Ana Velilla
de Mejía .................................................................... 445
—Proposición de pesar por el fallecimiento del Académico doctor
Luis Galvis Madero ................................................................................ 969
—Proposición de pesar por el fallecimiento del Académico doctor
Manuel José Cárdenas .......................................................................... 446
—Proposición de pesar por la desaparición del doctor Alirio Gómez
Picón ........................................................................................................... 192
—Proposición de pesar por la muerte de doña Lucía Vásquez de
Borbón ................................................................................... 193
—Proposición de reconocimiento al Honorable Senador Hugo Esco
bar Sierra ................................................................................................. 967
—Proposición de votos por el restablecimiento del Académico Ge
neral Alvaro Valencia Tovar ................................................................ 446
—Proposición lamentando los quebrantos de salud del Académico
Horacio Rodríguez Plata ........................................................................ 446
—Proposición sobre el cincuentenario del Expresidente de la Repú
blica doctor Enrique Olaya Herrera ................................................ 194
—Proposición sobre la donación de una estatua de Américo Vespucio 193
—Proposición sobre la fundación de San Juan de Pasto................. 444
—Proposición sobre la salud del primer mandatario ..................... 967
—Proposición sobre un Congreso de Académicos Departamentales
y Centros de Historia Regionales .................................................... 447
—Instituto Universitario de Historia de Colombia. Acta de Grado.
Entrega de certificados de Turismo Histórico. Junio 19 de 1987 .. 691
Adiós al eminente Jesuíta. Por Manuel Roca Castellanos ................. 183
Algunas observaciones sobre la insatisfacción de los pueblos con
sus Instituciones Nacionales. Por Carlos Sanz de Santamaría .. 471
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 985
Pág.
Altamar L., Gustavo Ernesto. Compras y ventas de la quinta de
Bolívar. Lectura para tomar posesión como miembro correspon
diente de la Academia Colombiana de Historia, el jueves 2 de
septiembre de 1986 ............................................................................ 209
Alvarez Restrepo, Antonio. Un libro extraño .................................. 305
Ancízar Sordo, Manuel. Manuel Ancízar como diplomático. Lec
tura para tomar posesión como miembro correspondiente de la
Academia Colombiana de Historia, el día martes 21 de abril de
1987 ...................................................................................................... 259
Angel, Rafael Eduardo. La educación colombiana en el Radicalismo.
Lectura para tomar posesión como miembro correspondiente de
la Academia Colombiana de Historia, el martes 4 de noviembre
de 1986 ................................................................ 231
—Los Porras ......................................................................................... 37
Arciniegas, Germán. Carta enviada por el Presidente de la Acade
mia Colombiana de Historia en nombre de la Corporación al Ex
celentísimo Señor Presidente de la República con motivo del
incidente en el Golfo de Venezuela y la evolución de la diferencia
sobre las áreas marinas y submarinas de las dos naciones .... 719
—Horacio Rodríguez Plata. Palabras leídas por el Presidente de la
Academia en la Iglesia de Cristo Rey al celebrarse el funeral de
Horacio Rodríguez Plata ................................................................... 755
—Un libro de piedra. Palabras pronunciadas por el Presidente de la
Academia Colombiana de Historia, el 6 de agosto de 1987, en el
acto del descubrimiento de las piedras en que se narra la histo
ria de la Plaza de Bolívar ................................................................ 579
La Audiencia de Santafé durante los siglos XVI y XVII: Desarrollo
y conclusiones de un estudio. Por Fernando Mayorga García .... 555
— B —
La Batalla de Bomboná un desastre para el Ejército Libertador.
Por Luis Enrique Borrero Garcés ................................................. 395
Bateman, Alfredo D. Cien años de la Sociedad Colombiana de Inge
nieros .................................................................................................. 567
—Respuesta en nombre de la Corporación al discurso de don Carlos
Sanz de Santamaría al tomar posesión como Miembro de Número
de la Academia Colombiana de Historia ...................................... 481
Bejarano Díaz, Horacio. El Padre José J. Ortega............................... 189
Beltrán Pinzón, Alvaro. Mensaje de condolencia al doctor Antonio
Cacua Prada por el fallecimiento del Académico Horacio Rodrí
guez Plata ........................................................................................ 806
Bocachica. Por Arturo Holguín Pardo ............................................. 673
Borrero Garcés, Luis Enrique. La Batalla de Bomboná un desastre
para el Ejército Libertador ............................................................. 395
Botero Goldsworthy, Néstor. Presencia incaica en Antioquia ......... 641
986 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Pág.
Breves alcances de Tunja en la historia y la cultura nacionales. Por
Otto Morales Benítez ............................................................................ 901
Briceño Jáuregui, Manuel. Homero, educador de Grecia ................. 77
—Homilía de los Proceres. En el oficio religioso celebrado el domin
go 19 de julio de 1987 en la Iglesia de La Veracruz, Panteón
Nacional ................................................................................................... 575
—Juan Manuel Pacheco, S. J. Homilía pronunciada por el R. P.
Manuel Briceño Jáuregui, S. J. en el homenaje tributado al P. Pa
checo, por la Academia Colombiana de Historia Eclesiástica, el
jueves 26 de febrero de 1987 ................................................................ 180
—La “Llave del Griego” ............................................................................ 297
— C —
Cacua Prada, Antonio. Centenario del R. P. Félix Retrepo, S. J......... 285
—Don Orestes Sindici Topai compositor de la música del Himno Na
cional de Colombia. Discurso de orden en el homenaje tributado
por la Academia Colombiana de Historia para conmemorar el cen
tenario del estreno del Himno Nacional de Colombia, en la sesión
solemne del viernes 27 de noviembre de 1987 ............................. 927
—Horacio Rodríguez Plata. (De “El Siglo”, martes 15 de septiem
bre de 1987) ............................. -........................................................... 801
Camargo Pérez, Gabriel. Indígenas y campesinos en el V centenario
de América. Discurso de posesión como Miembro de Número de
la Academia Colombiana de Historia................................................. 811
El capitán Francisco Mosquera y Figueroa. Primer gobernador de
Popayán. Por Miguel W. Quintero Guzmán y Fernando Jurado
Novoa ....................................................................................................... 51
Carta enviada por el Presidente de la Academia Colombiana de His
toria en nombre de la Corporación al Excelentísimo Señor Pre
sidente de la República con motivo del incidente en el Golfo de
Venezuela y la evolución de la diferencia sobre las áreas marinas
y submarinas de las dos naciones .................................................... 719
Centenario del R. P. Félix Restrepo, S. J. Por Antonio Cacua Prada 285
Cien años de la Sociedad Colombiana de Ingenieros. Por Alfredo
D. Bateman ............................................................................................. 567
Colón y la empresa americana. Por Roberto María Tisnés. Capítulo
de la obra en preparación, El primer obispo de Santo Domingo,
Alessandro Geraldine, amigo y defensor de Colón ..................... 603
Columna de Frank. (De “La República”, agosto 31 de 1987) .......... 797
Compras y ventas de la quinta de Bolívar. Por Gustavo Ernesto
Altamar L. Lectura para tomar posesión como miembro corres
pondiente de la Academia Colombiana de Historia, el jueves 2
de septiembre de 1986 ........................................................................... 209
La conciencia del mestizaje en la identidad cultural y la integra
ción de América Latina. Por Octavio Marulanda Morales.............. 107
Contribución a la bibliografía de Horacio Rodríguez Plata. Por
Jorge Morales Gómez ........................................................................... 761
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 987
— D —
Pág.
Décima. Por Pedro Medina Avendaño. (Sobre la muetre de Horacio
Rodríguez Plata) .............................................................................. 807
D’La Cruz de Pastrana, Lola. La Guajira más allá de la Historia 123
El detonante de las históricas jornadas del 13 de marzo de 1909 y
la caída del General Reyes. Por José María Esguerra Samper 363
Díaz del Castillo Z., Emiliano. Fundación de la ciudad de San Juan
de Pasto. Lectura para tomar posesión como Miembro Correspon
diente de la Academia Colombiana de Historia, el mares 2 de
junio de 1987 ..................................................................................... 487
—Mujeres notables en la conquista ................................................. 369
Discurso de don Carlos Sanz de Santamaría al posesionarse como
Miembro de Número de la Academia Colombiana de Historia,
el jueves 31 de agosto de 1987 ............................................................. 467
Don Pedro Fernández Madrid. Por Jaime Sánchez Ferrut ............. 427
Dos artículos inéditos del doctor Horacio Rodríguez Plata. Por Juan
Camilo Rodríguez Gómez ................................................................ 741
Duque Gómez, Luis; Serrano Camargo, Rafael; Velandia, Roberto.
Sobre el Escudo Nacional. Informe de Comisión........................... 167
Duran Pombo, Jaime. Evocación. Horacio Rodríguez Plata................ 783
—La Reforma militar de Reyes............................................................ 593
— E —
La educación colombiana en el Radicalismo. Por Rafael Eduardo
Angel. Lectura para tomar posesión como miembro correspon
diente de la Academia Colombiana de Historia, el martes 4 de
noviembre de 1986 .............................................................................. 231
En el 85^ aniversario de la fundación de la Academia Colombiana
de Historia. Por Alfonso María Pinilla Cote. Homilía pronuncia
da en la misa concelebrada en la Iglesia de la Veracruz, el lunes
11 de mayo de 1987 .......................................................................... 551
Escuela /sacerdotal de historiadores antioqueños. Por Carlos E. Mesa 627
Esgtierra Samper, José María. El detonante de las históricas jorna
das del 13 de mayo de 1909 y la caída del general Reyes............. 363
España y América en el siglo XVI. Por Alfonso Ricaurte Uribe.
Lectura para tomar posesión como miembro correspondiente de
la Academia Colombiana de Historia, el 7 de octubre de 1986 . 223
Evocación. Horacio Rodríguez Plata. Por Jaime Durán Pombo 783
— F —
Falleció el Historiador Horacio Rodríguez Plata. (De “El Especta
dor”, sábado 29 de agosto de 1987) ................................................. 790
La familia Plata en Colombia. Por Horacio Rodríguez Plata .... 743
Fernando Braudel y la teoría de las civilizaciones. Por Javier Ocam
po López .......................................................................................... 23
988 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Pág,
Figueroa Rey, Luis Enrique. Mensaje dirigido a los doctores Ger
mán Arciniegas y Antonio Cacua Prada lamentando el falleci
miento del doctor Horacio Rodríguez Plata ................................. 806
Fundación de la ciudad de San Juan de Pasto. Por Emiliano
Díaz del Castillo Z. Lectura para tomar posesión como miembro
correspondiente de la Academia Colombiana de Historia, el mar
tes 2 de junio de 1987 ............................................................................ 487
— G —
Galvis Arenas, Gustavo. Homenaje a un socorrano ejemplar. (De
“Vanguardia Liberal”, miércoles 14 de octubre de 1987) .............. 803
Gómez Aristizábal, Horacio, La muerte de Horacio Rodríguez Plata.
(De “El Tiempo”, agosto 30 de 1987) ............................................. 795
—Lo que América ha aportado a España y Europa............................. 269
Gómez Gómez, Alfonso. Horacio Rodríguez Plata. (De “Varguardia
Liberal”, sábado 29 de agosto de 1987) ............................................. 793
Gómez Jaramillo, Arturo. “Las memorias del general Morillo” .... 309
—“Memorias del general Morillo”. Traducción del francés .............. 314
Gonzalo Fernández de Oviedo. Primer cronista de Indias. Por Fer
nando Restrepo Uribe. Lectura para tomar posesión como miem
bro correspondiente de la Academia Colombiana de Historia,
el martes 17 de marzo de 1987 ........................................................ 245
Gregorio Marañón (1887-1960). Por Roberto M. Tisnés J. 89
Gutiérrez, Alberto. R. P. Juan Manuel Pacheco, S. J. ... 177
Gu?mán Noguera, Ignacio de. Los soldados sin armas . 147
'Vi
Hernández de Alba, Guillermo. Primer acueducto de la ciudad de
Bogotá, el histórico Mono de la Pila ................................................. 583
Holguín Pardo, Arturo. Bocachica............................................................ 673
Homenaje a un socorrano ejemplar. Por Gustavo Galvis Arenas.
(De “Varguardia Liberal”, miércoles 14 de actubre de 1987) .... 803
Homero, educador de Grecia. Por Manuel Briceño Jáuregui.......... 77
Homilía de los Proceres. Por Manuel Briceño Jáuregui. En el oficio
religioso celebrado el domingo 19 de julio de 1987 en la Iglesia
de la Veracruz, Panteón Nacional .................................................... 575
Horacio Rodríguez Plata. Palabras leídas por el Presidente de la
Academia, don Germán Arciniegas, en la Iglesia de Cristo Rey
al celebrarse el funeral de Horacio Rodríguez Plata ..................... 755
Horacio Rodríguez Plata. Por Alfonso Gómez Gómez. (De “Van
guardia Liberal”, sábado 29 de agosto de 1987) ............................. 793
Horacio Rodríguez Plata. Por Antonio Cacua Prada. (De “El Siglo”,
martes 15 de septiembre de 1987) .................................................... 801
Horacio Rodríguez Plata. Por Arturo Abella. (De “El Siglo”, domin
go 30 de agosto de 1987) .................................................................... 794
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 989
Pág.
Horacio Rodríguez Plata. Por Liro. (De “El Frente”, sábado 5 de
septiembre de 1987) .......................................................................... 800
Horacio Rodríguez Plata. Por Pilar Moreno de Angel. (De “El Tiem
po”, sábado 5 de septiembre de 1987) .......................................... 798
Indígenas y campesinos en el V centenario de América. Discurso de
posesión como Miembro de Número de la Academia Colombiana
de Historia de don Gabriel Camargo Pérez...................................... 811
El Instituto Universitario de Historia de Colombia. Grados en Turis
mo Histórico. Discurso de orden del doctor Roberto Velandia.
Jueves 19 de junio de 1987 ................................................................ 685
El integrismo, cruzada y rebeldía. Por Alfonso María Pinilla. Lec
tura para tomar posesión como miembro correspondiente de la
Academia Colombiana de Historia, el martes 16 de junio de 1987 495
— J —
Juan Manuel Pacheco, S. J. Homilía pronunciada por el R. P. Ma
nuel Briceño Jáuregui, S. J. en el homenaje tributado al P. Pa
checo, por la Academia Colombiana de Historia Eclesiástica, el
jueves 26 de febrero de 1987 ............................................................ 180
— L —
La Guajira más allá de la Historia. Por Lola D’La Cruz de Pastrana 123
La Legislación civil en Colombia. Por Antonio José Rivadeneira
Vargas ................................................................................................ 963
Liro. Horacio Rodríguez Plata. (De “El Frente”, sábado 5 de sep
tiembre de 1987) .............................................................................. 800
Lo que América ha aportado a España y Europa. Por Horacio Gó
mez Aristizábal .............................................................................. 269
Los Fernández de la Madrid. Por Jaime Sánchez Farrut ............. 137
Los Porras. Por Rafael Eduardo Angel ........................................ 37
— LL —
La “Llave del Griego”. Por Manuel Briceño Jáuregui .................... 297
— M —
Manuel Ancízar como diplomático. Por Manuel Ancízar Sordo. Lec
tura para tomar posesión como miembro correspondiente de la
Academia Colombiana de Historia, el día martes 21 de abril de
1987 ..................................................................................................... 259
990 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Pág.
Marulanda Morales, Octavio. La conciencia del mestizaje en la iden
tidad cultural y la integración de América Latina......................... 107
Mayorga García, Fernando. La Audiencia de Santafé durante los
siglos XVI y XVII: Desarrollo y conclusiones de un estudio .... 555
—Reflexiones sobre historiografía jurídica. Un programa de Historia
del Derecho para Colombia. Discurso pronunciado en la Academia
Colombiana de Historia para recibirse como miembro correspon
diente. Bogotá, noviembre 18 de 1986................................................. 10
Medina Avendaño, Pedro. Décima (sobre la muerte de Horacio Ro
dríguez Plata) ......................................................................................... 807
Las Memorias del general Morillo. Por Arturo Gómez Jaramillo . . 309
Las Memorias del general Morillo. Por Mario Germán Romero . . 949
“Memorias del general Morillo”. Traducción del francés por Arturo
Gómez Jaramillo ...................................................................................... 314
Mesa, Carlos E. El padre Alberto Ariza, O. P........................................ 439
—El padre Ortega Torres .......................................................................... 185
—El padre Pacheco ...................................................................................... 175
—Escuela sacerdotal de historiadores antioqueños............................. 627
1932—La guerra con el Perú, sus batallas y sus héroes. Por Guiller
mo Plazas Olarte ..................................................................................... 523
Morales Benítez, Otto. Breves alcances acerca de Tunja en la his
toria y la cultura nacionales ................................................................ 901
—Propuestas para examinar la Historia con criterios indoamerica
nos. Respuesta en nombre de la Corporación al discurso de don
Gabriel Camargo Pérez .......................................................................... 839
Morales Gómez, Jorge. Contribución a la bibliografía de Horacio
Rodríguez Plata ..................................................................................... 761
Moreno de Anglel, Pilar. Horacio Rodríguez Plata (De “El Tiempo”,
sábado 5 de septiembre de 1987) ........................................................ 798
La muerte de Horacio Rodríguez Plata. Por Horacio Gómez Aris
tizábal. (De “El Tiempo”, agosto 30 de 1987) ................................. 795
Mujeres notables en la conquista. Por Emiliano Díaz del Castillo Z. 369
Murió el Historiador Horacio Rodríguez . (De “El Tiempo”, sábado
29 de agosto de 1987) .............................................................................. 789
— N —
Noticiero Académico. Por Roberto Velandia .............. 195, 449, 723, 971
— O —
Ocampo López, Javier. Fernando Braudel y la teoría de las civili
zaciones ..................................................................................................... 23
Orestes Sindici Topai compositor de la música del Himno Nacional
de Colombia. Por Antonio Cacua Prada. Discurso de orden en el
homenaje tributado por la Academia Colombiana de Historia para
conmemorar el centenario del estreno del Himno Nacional de Co
lombia, en la sesión solemne del viernes 27 de noviembre de 1987 927
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 991
Pág.
Origen de la lepra en la antigua provincia del Socorro. Por Horacio
Rodríguez Plata 751
— P —
Pabón Núñez, Lucio. “Páginas Escogidas” de Ortega Torres ......... 188
El padre Alberto Ariza, O. P. Por Carlos E. Mesa................ 439
El padre José J. Ortega. Por Horacio BejarañoDíaz ...................... 189
El padre Ortega Torres. Por Carlos E. Mesa ................ 185
El padre Pacheco. Por Carlos E. Mesa ............................................. 175
“Páginas Escogidas” de Ortega Torres. Por Lucio Pabón Núñez . . 188
Pinilla, Alfonso Mario. El integrismo, cruzada y rebeldía. Lectura
para tomar posesión como miembro correspondiente de la Acade
mia Colombiana de Historia, el martes 16 de junio de 1987 .... 495
—En el 85Q aniversario de la fundación de la Academia Colombiana
de Historia. Homilía pronunciada en la misa concelebrada en la
Iglesia de la Veracruz, el lunes 11 de mayo de 1987 .................... 551
Plazas Olarte, Guillermo. La guerra con el Perú, sus batallas y sus
héroes ................................................................................................ 523
Presencia incaica en Antioquia. Por Néstor Botero Goldsworthy . . 641
Primer acuerdo de la ciudad de Bogotá, el histórico Mono de la Pila.
Por Guillermo Hernández de Alba ................................................. 583
Propuestas para examinar la Historia con criterios indoamerica-
nas. Respuesta del Académico Numerario don Otto Morales Bení
tez, en nombre de la Corporación, al discurso de don Gabriel Ca
margo Pérez ....................................................................................... 839
- Q -
Quintero Guzmán, Miguel W.; y Jurado Novoa, Fernando. El ca
pitán Francisco Mosquera y Figueroa. Primer gobernador de Po-
payán .................................................................................................. 51
— R —
R. P. Juan Manuel Pacheco, S. J. For Alberto Gutiérrez................ 177
Reflexiones sobre Historiografía Jurídica. Un programa de Historia
de Derecho para Colombia. Por Fernando Mayorga García. Dis
curso pronunciado en la Academia Colombiana de Historia, para
recibirse como miembro correspondiente. Bogotá, noviembre 18 de
1986 ................................................................................................. • 10
La reforma militar de Reyes. Por Jaime Durán Pombo ................ 593
Respuesta del Académico Numerorio don Alfredo D. Bateman, en
nombre de la Corporación al discurso de don Carlos Sanz de San
tamaría al tomar posesión como Miembro de Número de la Aca
demia Colombiana de Historia ........................................................ 481
992 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES
Pág.
Restrepo Uribe, Fernando. Gonzalo Fernández de Oviedo. Primer
cronista de Indias. Lectura para tomar posesión como miembro
correspondiente de la Academia Colombiana de Historia, el mar
tes 17 de marzo de 1987 .......................................................................... 245
Ricaurte Uribe, Alfonso. España y América en el siglo XVI. Lectu
ra para tomar posesión como miembro correspondiente de la
Academia Colombiana de Historia, el 7 de octubre de 1986 .... 223
Rico Villamizar, José J. La traición de los homónimos en la Historia 403
Rivadeneira Vargas, Antonio José. La Legislación civil en Colombia 963
Roca Castellanos, Manuel. Adiós a eminente jesuíta ......................... 183
Rodríguez Esparza, Christian. Mensaje de condolencia por la muerte
del Académico Horacio Rodríguez Plata, dirigido al doctor An
tonio Cacua Prada .................................................................................... 806
Rodríguez Gómez, Juan Camilo. Dos artículos inéditos del doctor
Horacio Rodríguez Plata ........................................................................ 741
Rodríguez Plata, Horacio. La familia Plata en Colombia................. 743
—Origen de la lepra en la antigua provincia del Socorro .................. 751
Romero, Mario Germán. Las Memorias del general Morillo.............. 949
— S —
Salazar R., Rafael H. 75 años de la Academia de Historia del Valle 417
Sánchez Farrut, Jaime. Don Pedro Fernández Madrid ................. 427
—Los Fernández de la Madrid.................................................................. 137
Santa, Eduardo. El vandalismo arquitectónico..................................... 359
Sanz de Santamaría, Carlos. Alguas observaciones sobre la insatis
facción de los pueblos con sus Instituciones Nacionales .............. 471
—Discurso de recepción al posesionarse como Miembro de Número
de la Academia Colombiana de Historia, el jueves 13 de agosto
de 1987 ..................................................................................................... 467
75 años de la Academia de Historia del Valle. Por Rafael H. Sala-
zar R........................................................................... ¡................................. 417
Sobre el Escudo Nacional. Informe de Comisión. Por Luis Duque
Gómez, Rafael Serrano Camargo y Roberto Velandia ................. 167
Los isoldados sin armas. Por Ignacio de Guzmán Noguera ............. 147
— T —
Tisnés J., Roberto María. Colón y la empresa americana. Capítulo
de la obra en preparación, El primer obispo de Santo Domingo,
Alessandro Geraldine, amigo y defensor de Colón ......................... 603
—Gregorio Marañón (1887-1960) ............................................................ 89
La traición de los homónimos en la Historia. Por José J. Rico Vi
llamizar .................................................................................................... 403
BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 993
— U —
Pág.
Un libro de piedra. Por Germán Arciniegas. Palabras pronunciadas
por el Presidente de la Academia Colombiana de Historia, el 6
de agosto de 1987, en el acto del descubrimiento de las piedras
en que se narra la historia de la Plaza de Bolívar ....................... 579
Un libro extraño. Por Antonio Alvarez Restrepo ............................... 305
— V —
El vandalismo arquitectónico. Por Eduardo Santa ......... 359
Velandia, Roberto. Academia Colombiana de Historia. Genealo
gía de las sillas de sus Miembros de Número ........................... 695
—Discurso de orden en la sesión solemne del viernes 14 de junio
de 1987 para entregar los diplomas a los alumnos de la segunda
promoción de Turismo Histórico ..................................................... 685
—Noticiero Académico..................................................... 195, 449, 723, 971
INDICE DE ILUSTRACIONES
Entre páginas
Doctor Carlos Sanz de Santamaría............................................. 464—465
Don Pedro Fernández Madrid ................................................. 426—427
Teatro de Operaciones del Sur. Conflicto Colombo-Peruano 526—527
INFORMACION ACADEMICA
ACADEMIA COLOMBIANA DE HISTORIA
Período 19861987
Presidente don GERMAN ARCINIEGAS
Vicepresidente don ANTONIO ALVAREZ RESTREPO
Secretario don ROBERTO VELANDIA
Tesorero don ALFREDO D. BATEMAN
Director del Boletín don ANTONIO CACUA PRADA
Coordinador de Biblioteca y Archivo,
don RAFAEL SERRANO CAMARGO
“BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES”
Director don ANTONIO CACUA PRADA
Redactores don ARMANDO GOMEZ LATORRE
don GABRIEL CAMARGO PEREZ
INSINUACION
La Academia Colombiana de Historia se permite insinuar a los colom
bianos que posean documentos de alguna importancia, originales e inéditos,
se sirvan remitirlos, si no tuvieren inconveniente, a la Secretaría de la
Corporación o a la Dirección del Boletín, con el fin de estudiarlos y de
darles publicidad, si fuere el caso. Con esta medida podrán enriquecerse
los anales patrios y salvarse de pérdida definitiva documentos de interés
general para la historia del país.
995
ACADEMIA COLOMBIANA DE HISTORIA
NOMINA DE LOS ACADEMICOS DE NUMERO FALLECIDOS
Miguel Abadía Méndez Fernando Galvis Salazar
Miguel Aguilera Juan Crisóstomo García
Indalecio Liévano Aguirre Julio César García
Enrique Alvarez Bonilla Alvaro García Herrera
Francisco Andrade Laureano García Ortiz
Miguel Arroyo Diez Nicolás García Samudio
Carlos Arbeláez Camacho Gabriel Giraldo Jaramillo
Gustavo Arbolera Antonio Gómez Restrepo
Daniel Arias Argáez José Manuel Goenaga
Gerardo Arrubla Luis Gonzaga (Hermano)
José Alejandro Bermúdez Maximiliano Grillo
Rafael Bemal Medina José Joaquín Guerra
Abel Botero Ramón Guerra Azuola
Roberto Botero Saldarriaga Rufino Gutiérrez
Pablo E. Cárdenas Acosta Jesús María Henao
José Joaquín Casas José Tomás Henao
Bernardo Caycedo Jorge Holguín
Bernardo J. Caycedo Hernando Holguín y Caro
José María Cordovez Moure Pedro María Ibáñez
Roberto Cortázar Antonio José Iregui
Carlos Cortés Vargas Emiliano Isaza
Santiago Cortés Adolfo León Gómez
Abel Cruz Santos Indalecio Liévano Aguirre
Carlos Cuervo Márquez Roberto Liévano
Luis Cuervo Márquez Julio Londoño
Luis Augusto Cuervo Luis López de Mesa
Simón Chaux Carlos Lozano y Lozano
Moisés de la Rosa Fabio Lozano y Lozano
Oswaldo Díaz Díaz Fabio Lozano Torrijos
Pedro Julio Dousdebés Pedro Carlos Manrique
Manuel María Fajardo Luis Martínez Delgado
996
José Manuel Marroquín José Restrepo Posada
José Manuel Marroquín Osorio Eduardo Restrepo Sáenz
Belisario Mattos-Hurtado Ernesto Restrepo Tirado
Rafael Maya Félix Restrepo
Diego Mendoza Pérez José María Restrepo Sáenz
Alberto Miramón Martín Restrepo Mejía
José Dolores Monsalve José María Rivas Groot
Ricardo Moros Urbina Raimundo Rivas
Enrique de Nárvaez Ignacio Rivas Putnam
Agustín Nieto Caballero Alfonso Robledo
Daniel Ortega Ricaurte Emilio Robledo
Enrique Ortega Ricaurte Eduardo Rodríguez Piñeres
Eugenio Ortega Luis Raúl Rodríguez
Sergio Elias Ortiz Daniel Samper Ortega
Tulio Ospina Eduardo Santos
Enrique Otero D’Costa Andrés Soriano Lleras
Gustavo Otero Muñoz Marco Fidel Suárez
Jorge Pacheco Quintero Jorge H. Tascón
Andrés Pardo Tovar Tulio Enrique Tascón
Carlos Pardo Rafael Tovar Ariza
José Manuel Pérez Ayala Miguel Triana
Juan Bautista Pérez y Soto Antonio José Uribe
José Ignacio Perdomo Escobar Francisco José Urrutia
Anselmo Pineda Guillermo Valencia
Joaquín Piñeros Corpas Andrés Vargas Muñoz
Jorge Pombo Cayetano Vásquez
Manuel Antonio Pombo Jorge Ricardo Vejarano
Gabriel Porras Troconis Jesús María Yepes
Eduardo Posada Liborio Zerda
Arturo Quijano Eduardo Zuleta
Carlos Restrepo Canal
997
PRESIDENTES DE LA ACADEMIA COLOMBIANA DE HISTORIA
Años 1902-1987
1902-1907 Eduardo Posada
1907- 1908 José María Rivas Groot
1908- 1909 Antonio Gómez Restrepo
1909- 1910 Adolfo León Gómez
1910- 1911 Ernesto Restrepo Tirado
1911- 1912 Diego Mendoza Pérez
1912- 1913 Ernesto Restrepo Tirado
1913- 1914 José Joaquín Casas
1914- 1915 Jesús María Henao
1915- 1916 Carlos Cuervo Márquez
1916- 1917 Martín Restrepo Mejía
19174918 Ernesto Restrepo Tirado
1918- 1919 Antonio Gómez Restrepo
1919- 1921 Raimundo Rivas
1921- 1922 Diego Mendoza Pérez
1922- 1923 Eduardo Restrepo Sáenz
1923- 1924 Gerardo Arrubla
1924- 1925 José Dolores Monsalve
1925- 1926 Enrique Otero D’Costa
1926- 1928 José Joaquín Casas
1928- 1929 José Manuel Marroquín Osorio
1929- 1930 Luis Augusto Cuervo
1930- 1931 Laureano García Ortiz
1931- 1932 José María Restrepo Sáenz
1932- 1933 José Joaquín Guerra *
1933- 1934 Nicolás García Samudio
19344935 Roberto Botero Saldarriaga
1935- 1936 Daniel Arias Argáez
1936- 1937 Gustavo Otero Muñoz
Murió durante la Presidencia y continuó el Vicepresidente Eduardo Zuleta
998
1937- 1938 Daniel Samper Ortega
1938- 1939 Fabio Lozano y Lozano
1939- 1940 Enrique Otero D’Costa
1940- 1941 Daniel Ortega Ricaurte
1941- 1942 Tulio Enrique Tascón
1942- 1943 Luis López de Mesa
1943- 1944 Francisco José Urrutia
1944- 1945 Jorge Ricardo Vejarano
1945- 1946 Eduardo Santos
1946- 1947 Eduardo Restrepo Sáenz
1947- 1948 Eduardo Rodríguez Piñeres
1948- 1949 Carlos Lozano y Lozano
1949- 1950 Emilio Robledo
1950-1951 Luis Martínez Delgado
1951- 1952 José Joaquín Casas. Presidente Honorario
1951- 1952 Eduardo Restrepo Sáenz, Presidente Titular
1952- 1953 José Restrepo Posada
1953- 1954 Horacio Rodríguez Plata
1954- 1955 Miguel Aguilera
1955- 1956 Enrique Ortega Ricaurte
1956- 1957 Guillermo Hernández de Alba
1957- 1958 Bernardo J. Caycedo
1958- 1959 Roberto Cortázar
1959- 1962 Eduardo Santos (desde octubre de 1962.
Presidente Honorario).
1962- 1963 Bernardo J. Caycedo
1963- 1965 Julio Londoño
1965-1967 Luis Duque Gómez
1967- 1968 Bernardo J. Caycedo
1968- 1969 Roberto Liévano
1969- 1970 Alberto Miramón
1970- 1976 Abel Cruz Santos
1976-1978 Gabriel Giraldo Jaramillo *
1978-1980 Manuel José Forero
1980-1987 Germán Arciniegas.
Murió durante la Presidencia v continuó el Vicepresidente Mons. José Ignacio
Perdomo Escobar.
999
ACADEMIA COLOMBIANA DE HISTORIA
GENEALOGIA DE LAS SILLAS DE SUS MIEMBROS DE NUMERO
(Investigación del académico Monseñor José Restrepo Posada, actualizada)
1. Eduardo Posada, 1902.—Luis Martínez Delgado, 1943.—Armando Gó
mez Latorre, 1980.
2. Pedro María Ibáñez, 1902.—Juan B. Pérez y Soto, 1916.—Carlos Cortes
Vargas, 1926.—Oswaldo Díaz Díaz, 1954.—Carlos Arbeláez Camacho,
1968.—Joaquín Piñeros Corpas. 1969.— Juan Carrasquilla Botero, 1983.
3. José María Cordovez Moure, 1902.—Luis Agusto Cuervo, 1918.—José
Ignacio Perdomo Escobar, 1955.—José Rafael Arboleda, 1980.
4. Bernardo Caycedo, 1902.—Belisario Mattos-Hurtado, 1928.—Ignacio
Rivas Putnam, 1903.—Pablo E. Cárdenas Acosta, 1956.—Eduardo
Guzmán Esponda, 1965.
5. Ernesto Restrepo Tirado, 1902.—Julio César García, 1949.—Jesús Ma
ría Yepes, 1960.—Rafael Bernal Medina, 1962.—Lucio Pabón Núñez.
1980.
6. Enrique Alvarez Bonilla, 1902.—Hermano Luis Gonzaga (Pacífico Co
ral), 1914.—Nicolás García Samudio, 1916.—Rafael Tovar Ariza, 1952.
Alberto Lozano Cleves, 1961.
7. Carlos Cuervo Márquez, 1902.—Daniel Samper Ortega, 1931.—Carlos
Lozano y Lozano. 1944.—Jorge H. Tascón, 1952.—Alfredo D. Bate-
man, 1968.
8. Carlos Pardo, 1902.—Raimundo Rivas, 1908.—Eduardo Rodríguez Pi-
ñeres, 1946.—Sergio Elias Ortiz, 1958.—Alfredo Vázquez Carrizosa,
1978.
9. Santiago Cortés, 1902.—Manuel María Fajardo, 1908.—Miguel Triana.
1924.—Gabriel Porras Troconis, 1931 *. —Aliño Gómez Picón, 1962.
10. Andrés Vargas Muñoz, 1902.—Jorge Pombo, 1909.—José María Res
trepo Sáenz, 1914.—Rafael Gómez Hoyos, 1950.
* Pasó a Honorario en 1962.
1000
11. Eduardo Restrepo Sáenz, 1902.—Julio Londoño, 1956.—Luis Raúl
Rodríguez, 1981.—Gonzalo Hernández de Alba, 1986.
12. Luis Fonnegra, 1902.—Rufino Gutiérrez, 1908.—José Manuel Marro
quín Osorio, 1923.—Juan Crisóstomo García, 1943 *. —Juan Friede.
1962.
13. Ricardo Moros, 1902.—Fabio Lozano Torrijos, 1918.—Francisco An-
drade, 1957.—Jorge Pacheco Quintero, 1972.—Roberto Velandia, 1982.
14. Manuel Antonio de Pombo, 1902.—Roberto Cortázar, 1911.—Fernando
Galvis Salazar, 1969.—Jorge Arias de Greiff, 1982.
15. Francisco de Paula Barrera, 1902.—Gerardo Arrubla, 1908.—Carlos
Restrepo Canal, 1946.—Antonio Alvarez Restrepo, 1984.
16. José Joaquín Guerra, 1902.—Guillermo Hernández de Alba, 1933. **—
Gabriel Camargo Pérez, 1986.
17. Adolfo León Gómez, 1902.—Enrique de Narváez, 1927.—Gustavo Otero
Muñoz, 1930.—Alberto Lleras, 1957 *. —Jaime Durán Pombo, 1980.
18. Antonio J. Mejía, 1902.—José Manuel Goenaga. 1909—Eduardo Zu
leta, 1925.—Enrique Ortega Ricaurte, 1937.—Roberto María Tisnés,
1962.
19. Anselmo Pineda, 1902.—Maximiliano Grillo, 1940.—Indalecio Liévano
Aguirre, 1950.—(Hasta aquí los fundadores).—Mauro Torres Agredo,
1982.
20. Pedro Carlos Manrique, 1902.—Hernando Holguín y Caro, 1910.—
Laureano García Ortiz, 1921.—Gabriel Giraldo Jaramillo, 1946.—Pilar
Moreno de Angel, 1979.
21. Ramón Guerra Azuola, 1902.—José Joaquín Casas, 1903.—José Manuel
Rivas Sacconi, 1953.
22. Liborio Zerda, 1902.—Jesús María Henao, 1909.—Germán Arciniegas,
1945.
23 Marco Fidel Suárez, 1902.—Miguel Abadía Méndez, 1927.—Emilio
Robledo, 1947.—Abel Cruz Santos, 1962.—Jaime Posada, 1984.
24. José María Rivas Groot, 1902.—Enrique Otero D’Costa, 1924.—An
drés Soriano Lleras. 1965.—Ricardo Ortiz MacCormick, 1974.
25. Antonio Gómez Restrepo, 1902.—Félix Restrepo, 1948.—Camilo Ria-
ño, 1966.
26. Tulio Ospina, 1903.—Miguel Arroyo Diez, 1921.—Tulio Enrique Tas
cón, 1935.—José M. Pérez Ayala, 1955.—Diego Uribe Vargas, 1972.
27. Diego Mendoza Pérez, 1903.—Manuel José Forero, 1933.
28. Arturo Quijano, 1903.—Daniel Ortega Ricaurte, 1935.—Abel Botero,
1961.—Guillermo Vargas Paúl, 1962.
29. Laureano García Ortiz, 1903.—Eugenio Ortega, 1908.—Gustavo Arbo
leda, 1916.—Moisés de la Rosa, 1938.—Horacio Rodríguez Plata, 1947.
30. Jorge Holguín, 1903.—Roberto Botero Saldarriaga, 1928.—Roberto
Liévano, 1948.—José María de Mier, 1975.
• Pasó a Honorario en 1980.
'• Pasó a Honorario en 1986.
1001
31. Antonio José Uribe, 1903.—Eduardo Santos, 1942.—Agustín Nieto Ca
ballero, 1975.—Otto Morales Benites, 1976.
32 José Manuel Marroquín Ricaurte, 1904.—Luis Orjuela, 1909.—Daniel
Arias Argáez, 1930.—Luis Alberto Acuña, 1952.
33. Joaquín Arciniegas, 1906.—José Tomás Henao, 1915.—Alfonso Roble
do, 1918.—Luis Cuervo Márquez, 1938.—Guillermo Valencia, 1941.
José Restrepo Posada, 1943.—Rafael Maya, 1973.—Rafael Serrano Ca
margo, 1981.
34. Cayetano Vásquez, 1906.—Fabio Lozano y Lozano, 1915.—Andrés Par
do Tovar, 1969.—Eduardo Santa, 1972.
35. Francisco José Urrutia, 1907.—Bernardo J. Caicedo, 1969.—Gonzalo
Correal Urrego, 1983.
36. Simón Chaux, 1907.—Jorge Ricardo Vejarano, 1924.—Luis Duque Gó
mez, 1952.
37. Emiliano Isaza, 1908.—José Alejandro Bermúdez, 1930.—Luis López
de Mesa, 1938 (Honorario, 1961).—Alberto Lee López, 1961.
38. Fernando Restrepo Briceño, 1908.—José Dolores Monsalve, 1910.—Pe
dro Julio Dousdebés, 1936.—Mario Germán Romero, 1954.
39. Martín Restrepo Mejía, 1908.—Miguel Aguilera, 1940.—Alvaro García
Herrera, 1974.—Antonio Cacua Prada, 1980.
40. Antonio José Iregui, 1908.—Alberto Miramón, 1941.—Alvaro Valencia
Tovar, 1981
1002
Miembros Honorarios: Alberto Lleras Camargo
Carlos Lleras Restrepo
Misael Pastrana Borrero
Guillermo Hernández de Alba
Horacio Rodríguez Plata
Miembros de Número por antigüedad de posesión:
1 Manuel José Forero 21 Pilar Moreno de Angel
2 Germán Arciniegas 22 Otto Morales Benítez
3 Rafael Gómez Hoyos 23 Jaime Duran Pombo
4 Luis Alberto Acuña 24 Antonio Cacua Prada
5 José Manuel Rivas Sacconi 2E José Rafael Arboleda
6 Luis Duque Gómez 26 Armando Gómez Latorre
7 Mario Germán Romero 27 Rafael Serrano Camargo
8 Alberto Lozano Cíeves 28 Lucio Pabón Núñez
9 Alberto Lee López 29 Alvaro Valencia Tovar
10 Roberto María Tisnés 30 Mauro Torres Agredo
11 Juan Friede 31 Roberto Velandia
12 Guillermo Vargas Paúl 32 Juan Carrasquilla Botero
13 Eduardo Guzmán Esponda 33 Jorge Arias de Greiff
14 Camilo Riaño 34 Gonzalo Correal Urrego
15 Alfredo D. Bateman 35 Jaime Posada
16 Diego Uribe Vargas 36 Antonio Alvarez Restrepo
17 Eduardo Santa 37 Gonzalo Hernández de Alba
18 Ricardo Ortiz McCormick 38 Carlos Sanz de Santamaría
19 José María de Mier 39 Gabriel Camargo Pérez
20 Alfredo Vázquez Carrizosa 40 Mauricio Obregón (electo)
1003
ACADEMICOS CORRESPONDIENTES DE BOGOTA (y Asistentes)
(En orden alfabético)
Altamar Layseca Gustavo E. Mayorga García Fernando
Balmes Arteaga Enrique Mejía Velilla David
Botero Restrepo Juan Mesa Bernal Daniel
Briceño Jáuregui Manuel Morales Gómez Jorge
Caballero Escobar Enrique Noguera Mendoza Aníbal
Carrizosa Argáez Enrique Obregón Mauricio
Cavelier Germán Ocampo López Javier
Corradine Angulo Alberto Ortega Ricaurte Carmen
Dangond Uribe Alberto Pacheco Juan Manuel, R. P.
Forero Benavides Abelardo Plazas Olarte Guillermo (Cor.)
Gaviria Liévano Enrique Puyana García Gabriel (Gral.)
Gómez Valderrama Pedro Reichel Dolmatoff Gerardo
Gómez Aristizábal Horacio Ricaurte Uribe Alfonso
Hincapié Santa María Jaime Rivadeneira Vargas Antonio José
Ibáñez José Roberto (Gral.) Rivera Sierra Jairo
Landínez Castro Vicente Sanz de Santamaría Carlos
Londoño Paredes Julio (Cor.) Socarrás José Francisco
Madrid Malo Néstor Torres Almeyda Jesús C.
Mantilla Ruiz Luis Carlos, R. P.
1004
MIEMBROS CORRESPONDIENTES NACIONALES (de fuera de Bogotá
y no asistentes)
(en orden alfabético)
Cortázar Toledo Alfredo León Rey José Antonio
Amarís Maya Rafael Malagón Barceló Javier
Angel Mogollón Rafael Eduardo Márquez Yáñez Francisco
Ariza Alberto E. Martínez Carlos
Azula Barrera Rafael Mesa Carlos, R. P.
Bozza Herazo Donaldo Molina Lemus Leonardo
Burgos Ojeda Roberto Palacios Rozo Marco
Buitrago Trujillo Rubén Plazas Francisco de Paula
Cárdenas Manuel José Reyes Posada Carlos José
Castrillón Arboleda Diego Rodríguez Gustavo Humberto
De Zubiría Ramón Rosselli Quijano Humberto
Del Castillo Mathieu Nicolás Sánchez Camacho Jorge
Duque Betancur Francisco Segovia Salas Rodolfo
Gaitán Linares Hernando Téllez Germán
Galvis Madero Luis Urrutia Montoya Miguel
Jaramillo Juan Diego Vargas Motta Gilberto
Lemaitre Eduardo
1005
PUBLICACIONES DE LA
ACADEMIA COLOMBIANA DE HISTORIA
“En las obras o artículos que la Academia publique, en
volumen o en el Boletín, la responsabilidad de las tesis
u opiniones que allí se sostengan, serán tan sólo de los
respectivos autores. La del Instituto se limita a conside
rar que esos libros o artículos merecen ser publicados.
Esta declaración aparecerá en cada número del Boletín
y en los libros o folletos que la Academia publique”.
(Artículo 38. Capítulo VIII de los Estatutos).
BIBLIOTECA DE HISTORIA NACIONAL
I. La Patria Boba, por Caballero, Vargas Jurado y Torres.
(Prólogo de Eduardo Posada).
II. El Precursor. Documentos sobre el General Antonio Nariño.
(Prólogo de Eduardo Posada).
III. Vida del General Pedro Alcántara Herrán, por Eduardo Posa
da y Pedro María Ibáñez.
IV. Los Comuneros. (Prólogo de Eduardo Posada). ,
V. Recopilación Historial, por fray Pedro de Aguado. (Prólogo
de Eduardo Posada).
VI. La Convención de Ocaña, por José Joaquín Guerra.
VII. El Trubuno de 1810, por Adolfo León Gómez.
VIII. Relaciones de Mando de los Gobernadores del Nuevo Reino
de Granada. (Prólogo de Eduardo Posada).
IX. Obras de Caldas, recopilación de Eduardo Posada.
X. Crónicas de Bogotá, por PedroMaría Ibáñez, Tomo I.
XI. Crónicas de Bogotá, por Pedro María Ibáñez, Tomo II.
XII. Crónicas de Bogotá, por Pedro María Ibáñez, Tomo III.
XIII. El 20 de Julio, por Eduardo Posada.
XIV. Biografía de José María Córdoba, por Eduardo Posada.
XV. Cartas de Caldas, recopiladas por Eduardo Posada
XVI. Bibliografía Bogotana, por Eduardo Posada. Tomo I.
1006
/ XVII. Vida del doctor José Ignacio de Márquez, por Carlos Cuervo
Márquez. Tomo II.
XVIII. Vida del doctor José Ignacio de Márquez, por Carlos Cuervo
Márquez. Tomo I.
XIX. Antonio Villavicencio, por José Dolores Monsalve. Tomo I.
XX Páginas de Historia Diplomática, por Francisco José Urrutia.
XXI. Vida de Miranda, por W. S. Robertson. (Traducción de Die
go Mendoza Pérez).
/ XXII. Epistolario del doctor Rufino Cuervo, por Luis Augusto
Cuervo. Tomo I.
XXIII. Epistolario del doctor Rufino Cuervo, por Luis Augusto
Cuervo. Tomo II.
XXIV. Epistolario del doctor Rufino Cuervo, por Luis Augusto
Cuervo. Tomo III.
XXV. Ricaurte y sus Impugnadores ante la Crítica, por Luis Or-
juela.
XXVI. Ferrocarriles Colombianos, por Alfredo Ortega. (Prólogo de
Eduardo Posada). Tomo I.
XXVII. Biografía de Salvador Córdova, por Alejandro Mesa Nicholls.
XXVIII. Monografías, por Rufino Gutiérrez. (Prólogo de Diego Men
doza Pérez). Tomo I.
XXIX. Antonio Villavicencio, por José Dolores Monsalve. Tomo II.
XXX. Monografías, por Rufino Gutiérrez. Tomo II.
XXXI. Los Fundadores de Bogotá, por Raimundo Rivas. (Prólogo de
Eduardo Posada).
XXXII. Crónicas de Bogotá, por Pedro María Ibáñez. Tomo IV.
XXXIII. Congreso de las Provincias Unidas, por Eduardo Posada
XXXIV. Congreso de Angostura (actas), por Roberto Cortázar y Luis
Augusto Cuervo.
XXXV. Congreso del Rosario de Cúcuta (actas), por Roberto Cor
tázar y Luis Augusto Cuervo.
XXXVI Bibliografía Bogotana, por Eduardo Posada. Tomo II.
XXXVII. Congreso de 1823 (actas), por Roberto Cortázar y Luis Au
gusto Cuervo.
XXXVIII. Mujeres de la Independencia, por José Dolores Monsalve
(Prólogo de Eduardo Posada).
XXXIX Apostillas a la Historia de Colombia, por Eduardo Posada
XL. Actas de la Diputación Permanente del Congreso de Angos
tura, por José Dolores Monsalve.
XLI. Memorias Histérico-Políticas, por Joaquín Posada Gutiérrez.
Tomo I.
XLII. Memorias Histérico-Políticas, por Joaquín Posada Gutiérrez.
Tomo II.
XLIII. Memorias Histérico-Políticas, por Joaquín Posada Gutiérrez
Tomo III.
XLIV Memorias Histérico-Políticas, por Joaquín Posada Gutiérrez
Tomo IV.
1007
XLV. Cualidades y riquezas del Nuevo Reino de Granada, por Basilio
Vicente de Oviedo. (Prólogo de Luis Augusto Cuervo).
XLVI. Congreso de 1824. Senado (actas), por Roberto Cortázar y Luis
Augusto Cuervo. (Prólogo por Enrique Otero D’Costa).
XLVII. Ferrocarriles Colombianos, por Alfredo Ortega. (Prólogo de
César Julio Rodríguez). Tomo II.
XLVIII. Momentos Críticos sobre la Fundación de Cartagena de In
dias, por Enrique Otero D’Costa.
XLIX Las Guerras de Bolívar, por Francisco Rivas Vicuña. Tomo I.
L. El Andante Caballero Don Antonio Nariño. (La juventud),
por Raimundo Rivas. (Introducción de Tomás Rueda Vargas).
LI. Las Guerras de Bolívar, por Francisco Rivas Vicuña. Tomo II.
LII. Las Guerras de Bolívar, por Francisco Rivas Vicuña. Tomo III.
LUI. Las Guerras de Bolívar, por Francisco Rivas Vicuña. Tomo IV.
LIV. Memorias sobre la vida del Libertador, por Tomás Cipriano
de Mosquera.
LV. Semblanzas Colombianas, por Gustavo Otero Muñoz. Tomo I.
LVI. Semblanzas Colombianas, por Gustavo Otero Muñoz. Tomo II.
LVII. Los Fundadores de Bogotá, por Raimundo Rivas. (Segunda
edición). Tomo I.
LVIII. Los Fundadores de Bogotá, por Raimundo Rivas. (Segunda
edición). Tomo II.
LIX. Causas Célebres a los Precursores, por José Manuel Pérez
Sarmiento y Luis Martínez Delgado. Tomo I
LX. Causas Célebres a los Precursores, por José Manuel Pérez
Sarmiento y Luis Martínez Delgado. Tomo II.
LXI. Crónica del muy magnífico Capitán Don Gonzalo Suárez Ren
dón, por Nicolás García Samudio.
LXII. Neiva en el siglo XVII, por Joaquín García Borrero.
LXIII. Gobernadores y Proceres de Neiva, por José María Restrepo
Sáenz.
LXIV. San Dionisio de los Caballeros de Tocaima, por Alejandro
Carranza B. (Prólogo de Enrique Otero D’Costa).
LXV. *
Congreso de 1824 Cámara de Representantes (actas), por
Roberto Cortázar y Luis Augusto Cuervo.
LXVI. Las Ciudades Confederadas del Valle del Cauca en 1811.
(Documentos). (Introducción de Laureano García Ortiz).
LXVII. Archivo Epistolar del General Domingo Caycedo. Tomo I.
(Edición al cuidado de Guillermo Hernández de Alba, Enri
que Ortega Ricaurte e Ignacio Rivas Putnam).
LXVIII Archivo Epistolar del General Domingo Caycedo. Tomo II.
LXIX. Andrés María Rosillo y Meruelo, por Horacio Rodríguez Plata.
(Exordium por Enrique Otero D’Costa).
LXX. Colaboradores de Santander en la Organización de la Repú
blica, por Eduardo Acevedo Latorre.
1008
LXXI Documentos sobre el doctor Vicente Azuero. (Recopilados y
publicados por Guillermo Hernández de Alba y Fabio Lozano
y Lozano).
LXXII. Gobernadores de Antioquia. Tomo I. (15794819), por José
María Restrepo Sáenz.
LXXIII. Vida del Mariscal Jorge Robledo, por Emilio Robledo. (Pró
logo de Enrique Otero D’Costa).
LXXIV. Historia de la Diócesis de Popayán, por Manuel Antonio
Bueno y Quijano y Juan Buenaventura Ortiz. (Prólogo de
José Restrepo Posada).
LXXV. Historia del Real Colegio Seminario de San Francisco de
Asís, de Popayán, por Pedro Vargas Sáenz.
< LXXVI. La Revolución (1876-1877), por Manuel Briceño. (Prólogo
de Carlos Restrepo Canal.
LXXVII. Archivo Epistolar del General Domingo Caycedo. Tomo III.
LXXVIII. Congreso de 1825. Cámara de Representantes (actas), por
Roberto Cortázar y Luis Augusto Cuervo.
LXXIX. La vida de Castillo y Rada. (Edición dirigida por Eduardo
Rodríguez Piñeres).
LXXX. Ferrocarriles Colombianos. (Legislación Ferroviaria), por Al
fredo Ortega.
LXXXI. Selección de Escritos y Discursos de Santiago Pérez (Edición
dirigida por Eduardo Rodríguez Piñeres).
LXXXII. Primer Libro de Actas del Cabildo de la Ciudad de Pamplona
(1552-1562). (Apéndice por Luis Eduardo Páez Courvel y pró
logo y notas del Enrique Otero D’Costa).
LXXX11I. La vida azarosa de Rafael Núñez. (Un hombre y una época),
por Gustavo Otero Muñoz.
LXXXIV. Biografías de los Mandatarios y Ministros de la Real Audien
cia (16714819), por José María Restrepo Sáenz.
LXXXV Congreso de 1825. Senado (actas) por Roberto Cortázar y
Luis Augusto Cuervo.
LXXXVI. Reseña Histórica de los Obispos que han regentado la Dió
cesis de Santa Marta (1534-1891), por Luis García Benítez.
(Epílogo de Enrique Otero D’Costa).
LXXXVII. Don José Solís, Virrey del Nuevo Reino de Granda, por Daniel
Samper Ortega.
LXXXVIII. Ensayo de Historia Americana. Estado presente de la Tierra
Firme, por Felipe Salvador Gilij. (Traducción de Mario
Germán Romero y Cario Bruscantini. Prólogo de Mario Ger
mán Romero).
LXXXIX. Noticia Biográfica del Prócer Don Joaquín Camacho, por Luis
Martínez Delgado.
XC. Archivo y otros Documentos del Coronel Salvador Córdova,
por Gabriel Pérez. Tomo I.
XCI. El proceso de Nariño a la luz de los Documentos inéditos.
Recopilación y prólogo de Guillermo Hernández de Alba.
1009
XCII. Memorias sobre los orígenes de la Independencia Nacional,
por el Presbítero José Antonio Torres y Peña. Transcrip
ción, prólogo y notas de Guillermo Hernández de Alba.
XCIII. Documentos sobre el 20 de julio de 1810, por Enrique Ortega
Ricaurte.
XCIV. Camilo Torres, por Manuel José Forero.
XCV. Gonzalo Jiménez de Quesada a través de Documentos His
tóricos. Estudio biográfico. Tomo I. 1509-1550. Por Juan
Friede.
XCVI. y XCVII. El movimiento Comunal de 1781 en el Nuevo Reino
de Granada, por Pablo E. Cárdenas Acosta.
XCVIII. La antigua Provincia del Socorro y la Independencia, por
Horacio Rodríguez Plata. Prólogo de Luis Martínez Delgado.
XCIX. Los Almeydas, por Oswaldo Díaz Díaz. Prólogo de Guillermo
Hernández de Alba.
C. Anzoátegui. Visiones de la Guerra de Independencia, por
Fabio Lozano y Lozano.
CI Fray Ignacio Mariño, o, p., Capellán General del Ejército
Libertador, por Roberto María Tisnés, c. m. f. Prólogo de
Oswaldo Díaz Díaz.
CU. El Héroe Niño de la Independencia. Pedro Acevedo Tejada,
por Mario Germán Romero. Prólogo de Bernardo J. Caycedo.
CIII. Historia de la Música en Colombia, por José Ignacio Per-
domo Escobar.
CIV. Colección de Documentos para la Historia de Colombia.
(Epoca de la Independencia). Primera Serie, compilados por
Sergio Elias Ortiz.
CV. Colección de Documentos para la Historia de Colombia.
(Epoca de la Independencia). Segunda Serie, compilados por
Sergio Elias Ortiz.
CVI. Segundo Centenario del Nacimiento de Don Antonio Nariño.
1765-1965. Prólogo de Oswaldo Díaz Díaz.
CV1I. Colección de Documentos para la Historia de Colombia.
(Epoca de la Independencia). Tercera Serie, compilados por
Sergio Elias Ortiz.
CVIII. Archivo Epistolar del General Mosquera. Correspondencia con
el General Ramón Espina. 1835-1866. Edición dirigida por
J. León Helguera y Robert H. Davis.
CIX. Conversando .... por Laureano García Ortiz. Prólogos de
Eduardo Santos y Eduardo Guzmán Esponda.
CX. Antonia Santos Plata (Genealogía y biografía), por Horacio
Rodríguez Plata.
CXI. El Libertador Presidente. - El Intruso. • República de la
Nueva Granada, por Roberto Botero Saldarriaga — Prólogo
de Horacio Rodríguez Plata.
CXII. Gobernadores de Antioquia. Tomo II, 1819-1873, por José
María Restrepo Sáenz. Completado y publicado por José Res
trepo Posada.
1010
CXIII. Bolívar y Santander. Historia de una amistad, por Alirio
Gómez Picón.
CXIV. Páginas para la historia de la ingeniería colombiana, por1
Alfredo D. Bateman.
cxv. El Congreso Grancolombiano de Historia. 1821-1871.
CXVI. Archivo Epistolar del General Mosquera. Correspondencia con
el General Pedro Alcántara Herrón. Tomo I, 1827-1840. Edi
ción dirigida por J. León Helguera y Robert H. Davis.
CXVI1. Archivo Epistolar del General Mosquera. Correspondencia con
el General Pedro Alcántara Herrón. Tomo II, 1840 -1842.
Edición dirigida por J. León Helguera y Robert H. Davis.
cxvm. Archivo Epistolar del General Mosquera. Correspondencia con
el General Pedro Alcántara Herrón. Tomo III, 1841-1842.
Edición dirigida por J. León Helguera y Robert H. Davis.
cxix. La Medicina en el Nuevo Reino de Granada durante la Con
quista y la Colonia. 2^ edición, por Andrés Soriano Lleras.
cxx. El golpe militar del 17 de abril de 1854, por Alirio Gómez
Picón.
cxxi. Murales históricos, por Alberto Montezuma Hurtado.
cxxii. Episodios de la vida del general Obando. Prólogo de Luis
Martínez Delgado.
cxxm. Epistolario y documentos oficiales del general José María
Obando. Compilados por Luis Martínez Delgado y Sergio Elias
Ortiz. Tomo I.
cxxiv. Epistolario y documentos oficiales del general José María
Obando. Tomo II.
cxxv. Epistolario y documentos oficiales del general José María
Obando. Tomo III.
CXXVI. Don Marco Fidel Suárez, por Fernando Galvis Salazar.
CXXVII. CXXX. Correspondencia y documentos del general José Ma
ría Córdova, compilación de Pilar Moreno de Angel.
CXXXI. CXXXII. Traiciones a la Independencia Hispanoamericana,
por Luis Martínez Delgado.
CXXIII. Epistolario y documentos relacionados con el general José
María Obando, Tomo IV.
CXXXIV. La Independencia en la Costa Atlántica, por Roberto M.
Tisnés J., cmf.
CXXXV. Santander en el Exilo, por Horacio Rodríguez Plata.
CXXXVI. (En preparación).
CXXXVII. José María Córdova, por Pilar Moreno de Angel
CXXXVIII. Segundo Congreso Grancolombiano de Historia. Sesquiccnte-
nario de la Convención de Ocaña 1818 - 9 de abril - 1978.
Publicación dirigida por José M. de Mier.
CXXXIX. Apostillas a la historia de Colombia, por Eduardo Posada.
3* edición. Prólogo de Alberto Miramón.
1011
CXL. Asesinato de Córdova. Proceso contra el Primer Comandante
Ruperto Hand. Reimpresión hecha con motivo del Sesquicen-
tenario de la muerte del General José María Córdova.
CXLI. La Perla de América, Provincia de Santa Marta. Por Antonio
Julián S. J. (Edición Facsimilar). Prólogo de Luis Duque
Gómez.
CXLII Historia de las Fortalezas de Santa Marta y Estudio Asesor
para sn restauración. Por Juan Manuel Zapatero. Presenta
*
ción de José María De Mier.
1012
BIBLIOTECA DE HISTORIA ECLESIASTICA
“FERNANDO CAYCEDO Y FLOREZ”
Volumen I Antología del Ilustrísimo Señor Manuel José Mosquera,
Arzobispo de Bogotá, y Escritos sobre el mismo. 1954.
Volumen II Arquidiócesis de Bogotá. Datos biográficos de sus Pre
lados. Tomo I, (1564-1819), por José Restrepo Posada.
Volumen III Arquidiócesis de Bogotá. Datos biográficos de sus Pre
lados. Tomo II (1823-1868), por José Restrepo Posada
Volumen IV Fray Juan de los Barrios y la Evangelización del Nuevo
Reino de Granada, por Mario Germán Romero.
Volumen V Arquidiócesis de Bogotá. Datos biográficos de sus Pre
lados. Tomo III (1868-1891), por José Restrepo Posada.
Volumen VI Arquidiócesis de Bogotá. Tomo IV. Cabildo Eclesiástico-
por José Restrepo Posada.
Volumen VII El Arzobispo Manuel José Mosquera, por Terrence B.
Morgan.
BIBLIOTECA COMPLEMENTARIA
I. Visión Política del Arzobispo Mosquera, por Miguel Aguilera.
Prólogo de Horacio Rodríguez Plata.
II. Marco Fidel Suárez, por Miguel Aguilera, Carlos Restrepo Ca
nal y Luis Eduardo Nieto Caballero.
III Selección de Discursos de Divulgación Histórica, por Luis Au
gusto Cuervo. Prólogo de Horacio Rodríguez Plata.
IV. Roma y el Mundo Americano, por el Padre Aurelio Espinosa
Polit, s. j.
V. Jorge Pombo Ayerbe, por Daniel Ortega Ricaurte.
VI. El General Enrique de Narváez, por Guillermo Hernández de
Alba.
BIBLIOTECA “EDUARDO SANTOS”
I. Franceses en la Independencia de la Gran Colombia, por Sergio
Elias Ortiz.
II. Curso Superior de Historia de Colombia (1781-1830). Tomo I.
III. Curso Superior de Historia de Colombia (1781-1830). Tomo II
IV. Curso Superior de Historia de Colombia (1781-1830). Tomo III
V. Curso Superior de Historia de Colombia (1492-1600). Tomo IV.
VI. Curso Superior de Historia de Colombia (1492-1600). Tomo V
VII. CursoSuperior de Historia de Colombia (1601-1700). Tomo VI
VIII. El Doctor Sangre, por Alberto Miramón. Prólogo de Enrique
Otero D’Costa.
IX. Notas y Documentos sobre Arte en Colombia, por Gabriel Giraldo
Jaramillo.
X. Escrutinio Sociológico de la Historia de Colombia, por Luis
López de Mesa.
1013
XI. Hechos y Comentarios. Nova et Vetera, por Eduardo Rodríguez
XII. José María Obando íntimo, por Horacio Rodríguez Plata.
XIII. (Sin publicar)
XIV. Lorenzo María Lleras, por Andrés Soriano Lleras.
XV. Agustín Agualongo y su tiempo, por Sergio Elias Ortiz.
XVI. Popayán, Ciudad Procera, por Luis Martínez Delgado.
XVII. Cosas de Santafé de Bogotá, por Daniel Ortega Ricaurte.
XVIII. 25 Años de Historia Colombiana, por Antonio Pérez Aguirre.
XIX. Génesis de la Revolución del 20 de Julio de 1810, por Sergio
Elias Ortiz.
XX. Nariño Periodista, por Carlos Restrepo Canal.
XXI Nariño. Una Conciencia Criolla contra la Tiranía, por Alberto
Miramón.
XXII. El Periodismo en la Nueva Granada. 1810*1811, por Luis Mar
tínez Delgado.
XXIII. 1818. Guerra de Independencia, por F. J. Vergara y Velasco.
XXIV. Dos vidas no Ejemplares. Pedro Fermín de Vargas, Manuel Mallo,
por Alberto Miramón.
XXV. El General Ospina, por Jorge Sánchez Camacho.
XXVI. Timaná. De Belalcázar a la Gaitana, por Rafael Gómez Picón.
XXVII. Movimientos pre-Independientes Grancolombianos, por Roberto
María Tisnés.
HISTORIA EXTENSA DE COLOMBIA
Etnohistoria y Arqueología, por Luis Duque Gómez.
Tribus Indígenas y Sitios Arqueológicos, por Luis Duque Gómez.
Lenguas y Dialectos Indígenas de Colombia, por Sergio Elias Ortiz.
Presidentes de Capa y Espada. 1634-1740, por Sergio Elias Ortiz.
Introducción al Descubrimiento de América, por Juan Friede.
Presidentes de Capa y Espada, 1605-1628, por Manuel Lucena Salmoral
Presidentes de Capa y Espada, 1628-1634, por Manuel Lucena Salmoral.
La Primera República. 1810-1816, por Manuel José Forero.
La Reconquista Española. 1815-1817, por Oswaldo Díaz Díaz.
Contribución de las Guerrillas a la Campaña Libertadora, por Oswaldo
Díaz Díaz.
Integración del Territorio Colombiano, por Julio Londoño.
Demarcación de las Fronteras de Colombia, por Francisco Andrade.
La Legislación y el Derecho en Colombia, por Miguel Aguilera.
Raíz y Desarrollo de la Literatura Colombiana, por Javier Arango Ferrer.
La Escultura en Colombia, por Luis Alberto Acuña.
La Arquitectura Colonial, por Carlos Arbeláez Camacho - Santiago Se
bastián .
La Cultura Musical en Colombia, por Andrés Pardo Tovar.
Morfología de la Nación Colombiana, por Abel Naranjo Villegas.
Economía y Hacienda Pública. De los Aborígenes a la Federación, por
Abel Cruz Santos.
Economía y Hacienda Pública. De la República Unitaria a la Economía
del Medio Siglo, por Abel Cruz Santos.
1014
El Virreinato. 1719
*1753. Tomo I, por Sergio Elias Ortiz.
El Virreinato. 1753-1810. Tomo II, por Sergio Elias Ortiz.
La Gran Colombia. 1819-1830, por Luis Galvis Madero.
La Nueva Granada, tomo I, 1831-1840, por Carlos Restrepo Canal.
República de Colombia 1885-1910, Tomo I, por Luis Martínez Delgado
República de Colombia 1910-1952, Tomo II, por Luis Martínez Delgado.
Historia Eclesiástica. La Evangelización del Nuevo Reino. Siglo XVI. Tomo
I, por Juan Manuel Pacheco, S.J.
Historia Eclesiástica. El Clero y la Independencia. Tomo IV, por Roberto
María Tisnés. C. M. F.
I. La Independencia, 1810-1815, por el Tte. Coronel Camilo Riaño.
La Independencia 1819-1828, por el Coronel (r.) Guillermo Plazas darte.
Historia Diplomática. Tomos I-II, por José Joaquín Caicedo Castilla.
Historia Eclesiástica. La consolidación de la Iglesia. Siglo XVII. Tomo II,
por Juan Manuel Pacheco, S. J.
Las Ciencias en Colombia. Geografía y Cartografía, por Eduardo Ace ve do
Latorre, Las Matemáticas, por Alfredo Bateman, La Medicina, por
Andrés Soriano Lleras.
La Nueva Granada, Tomo II, 1840-1849, por Carlos Restrepo Canal.
La Iglesia bajo el Regalismo de los Borbones. Siglo XVIII, por Juan Ma
nuel Pacheco. 2 tomos.
Historia de la Botánica y de las Ciencias afines, por Víctor Manuel Patiño.
Las Artes en Colombia. La Arquitectura en la República, por Gabriel Uribe
Céspedes y Carlos Arbeláez Camacho. 2 tomos.
La Ingeniería, las Obras Públicas y el Transporte en Colombia, por Alfredo
D. Bateman.
COLECCION BOLSILIBROS - BIOGRAFIAS SINTETICAS
1. Castillo y Rada. Hacendista y hombre de Estado, por Abel Cruz Santos.
2. Francisco José de Caldas. Síntesis biográfica, por Alfredo D. Bateman.
3. Un Precursor. Don Pedro Fermín de Vargas, por Roberto María
Tisnés J., cmf.
4. Un fraile guerrillero, por Roberto María Tisnés J., cmf
5. Doctor José María del Real. Jurisconsulto y diplomático. Procer de
la Independencia de Colombia, por Sergio Elias Ortiz.
6. Doña Magdalena Ortega de Nariño. La Precursora, por Manuel José
Forero
7. Antonio Arredondo, Coronel español al servicio de la Independencia,
por Roberto María Tisnés J., cmf.
8. José Hilario López o el soldado civil, por Abel Cruz Santos
9. Luis Vargas Tejada. Estampa de un poeta Conspirador, por Alberto
Miramón.
10. Francisco Javier Cisneros, por Alfredo D. Bateman.
II. José Félix de Restrepo, Jurisconsulto, Humanista y Hombre de Es
tado 1760-1832, por Carlos Restrepo Canal.
12. Don José María y don José Gerónimo Triana, por Andrés Soriano
Lleras.
1015
13. Fray Ciríaco de Archila y Fr. Simón de Archila, por Alberto Ariza
S. O. P.
14. De los hombres que hicieron historia. Felipe Zapata, por Ramón
Zapata.
15. Don Pedro Gual. El Estadista Grancolombiano, por Abel Cruz Santos.
16. Santiago Pérez Triana, por Sergio Elias Ortiz.
17. La Iglesia en dos momentos difíciles de la Historia, por José Restrepo
Posada.
18. El Congreso Anfictiónico de Panamá y la política de los Estados Uni
dos, por Jorge Pacheco Quintero.
19. Carlos Martínez Silva, por Luis Martínez Delgado. .
20. La Villa de Nuestra Señora de Leiva, por fray Alberto E. Ariza S.,
O. P.
21. El General Manuel Antonio López, por Rafael Ramón Castellanos
22. Santander. El militar, el gobernante, el político, por Abel Cruz Santos.
23. Trayectoria de Manuel Ancízar en Venezuela, por Numa Quevedo.
24. Siete ensayos sobre el arte colonial en la Nueva Granada, por Luis
Alberto Acuña.
25. Colombia y la diplomacia secreta, por Diego Uribe Vargas.
26. Fr. Cristóbal de Torres, O. P., por Fr. Alberto E. Ariza, S., O. P.
27. Cuatro Humanistas Colombianos del siglo XIX al siglo XX, por Abel
Cruz Santos.
28. Desarrollo histórico de la segunda guerra mundial, por el Mayor Ge
neral Jaime Duran Pombo.
29. Campaña de 1819, por el Tte. Coronel Alberto Lozano Cleves.
30. Política Secreta de Napoleón en Nueva Granada, por Alberto Mi-
ramón .
31 Manuel Murillo Toro, por Alfredo D. Bateman.
32. Santander, por Salvador Camacho Roldan.
33. Mis Padecimientos y mi Conducta Pública, por Francisco Soto.
34. Recuerdo Histórico, por Luis Vargas Tejada.
35. Padilla, por José M. de Mier.
36. Córdova (Biografías del siglo XIX). Federico Jaramillo Córdova y
Juan C. Llano.
37. Córdova (Biografías del siglo XIX). José María Arango y C. Rafael
Baraya.
1016
PUBLICACIONES VARIAS
Actas del Primer Congreso Nacional de Historia, 1930.
Puntadas de Historia, por Enrique Naranjo Martínez.
Páginas de Historia Colombiana, por Federico González Suárez. (Edición
dirigida por Luis Augusto Cuervo y Roberto Cortázar).
Bibliografías de Don Miguel Antonio Caro, por Víctor E. Caro, y de Don
Rufino José Cuervo, por Augusto Toledo. Prólogo de Luis Augusto
Cuervo.
Don José Manuel Groot, por Gabriel Giraldo Jaramillo.
Homenaje al Profesor Paul Rivet.
Vida de don Ignacio Gutiérrez Vergara, por don Ignacio Gutiérrez Ponce.
Tomo II, Edición, prólogo y adiciones de Guillermo Hernández de Alba.
Publicaciones de la Academia en homenaje a Bogotá
en el IV Centenario de su Fundación
Bogotá, por Antonio Gómez Restrepo.
Estampas Santafereñas, por Guillermo Hernández de Alba.
El Canónigo Don José Cortés y Madariaga, por Daniel Arias Argáez.
Estudios Históricos y Fisonomías Colombianas, por Laureano García Ortiz,
prólogo de Daniel Samper Ortega, Series I y II.
Introducción al Estudio de la Filosofía de la Historia, por Emilio Cuervo
Márquez (Edición al cuidado de Luis Augusto Cuervo).
Tradiciones Santafereñas, por Manuel José Forero.
Monumentos, estatuas, bustos, medallones y placas conmemorativas existen
tes en Bogotá, en 1938, por Roberto Cortázar.
Publicaciones de la Academia en homenaje al General Santander
en el Centenario de su muerte
1840. Muerte de Santander.
Conferencias en homenaje al General Santander.
Publicaciones de la Academia con motivo de sus bodas de oro.
Album Gráfico de la Academia (1902-1952).
Libro de Informes de la Secretaría (1902-1952)
Bibliografía Académica, por Enrique Ortega Ricaurte.
Indice General de los XXXVIII volúmenes del BOLETIN DE HISTORIA
Y ANTIGÜEDADES, por Daniel Ortega Ricaurte.
1017
Publicaciones del Sesquicentenario de la Independencia Nacional,
no incluidas en las Colecciones de la Academia
Album del Sesquicentenario
Homenaje a los Proceres.
Documentos inéditos para la Historia de Colombia,
coleccionados por Juan Friede:
Volumen I. 1509-1528 Volumen VI 1540-1543
Volumen II. 1528-1532 Volumen VII. 1543-1544
Volumen III. 1533-1535 Volumen VIII. 1545-1547
Volumen IV. 1535-1538 Volumen IX. 1547-1549
Volumen V. 1538-1540 Volumen X. 1549-1550
Cartas y Mensajes del General Francisco de Paula Santander
Compilación de Roberto Cortázar: 10 volúmenes.
Archivo Santander, 24 tomos.
Para pedidos, dirigirse a la Librería de la Academia
Calle 10 N<? 8-87 - Bogotá.
“BOLETIN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES”
73 VOLUMENES — 754 NUMEROS
Para suscripciones, dirigirse a la Academia Colombiana de Historia,
Sección Canjes. Calle 10^ N<? 8-95 - Bogotá.
BOLIVAR, CARTAGENA, 1812 - SANTA MARTA, 1830 ■ Boletín
Extraordinario
HOMENAJE DE COLOMBIA AL LIBERTADOR SIMON BOLIVAR
EN SU PRIMER CENTENARIO — 1783 1883
Edición Oficial
Bogotá Imprenta de Medardo Rivas, 1884
Edición facsimilar. Senado de la República
Academia Colombiana de Historia. 1783-1883
PLAZA & JANES. — HISTORIA
“ARCHIVOS”, revista semestral para la publicación de documentos
inéditos - Número 1 - enero-junio de 1967.
Número 2 - julio-diciembre de 1967.
Número 3 - enero 1968, diciembre 1970.
Número 4 - enero-diciembre 1971.
Número 5 - enero-diciembre 1972.
1018
MEDALLAS ACUÑADAS POR LA ACADEMIA
Bodas de Plata del Instituto (11 de mayo de 1927). Anverso, escudo de
la Academia; reverso, escudo de Colombia, alegoría de la Historia y
leyenda (bronce).
Primer centenario de la Muerte del Libertador (17 de diciembre de 1930).
Anverso, Bolívar (según Tenerani); reverso, símbolos de la Academia
de la Historia y leyenda (bronce).
Primer Congreso de Historia Nacional (1930). Anverso, busto de Bolívar;
reverso, leyenda (plata).
Cuarto centenario de la fundación de Bogotá (6 de agosto de 1938). An
verso, Gonzalo Jiménez de Quesada; reverso, armas de Bogotá y leyenda
(bronce).
Primer centenario de la muerte del General Santander (6 de mayo de 1940).
Anverso, Francisco de Paula Santander (medallón de David); reverso,
símbolos de la Academia y de Bogotá y leyenda (broce).
Bodas de oro del Instituto (11 de mayo de 1952). Plaqueta de bronce.
Anverso, edificio de la Academia; reverso, escudo.
Sesquicentenario de la Independencia (20 de julio de 1960). Anverso, Ca
milo Torres; reverso, leyenda (bronce).
Segundo centenario del nacimiento de Don Antonio Nariño (9 de abril de
1965). Anverso, Antonio Nariño; reverso, leyenda (bronce).
Bodas de Diamante de la fundación de la Academia Colombiana de Historia.
Anverso, fundadores de la Academia; reverso, escudo de la Academia.
1019
COLECCION COMPLEMENTO A LA
HISTORIA EXTENSA DE COLOMBIA
1983
Títulos de esta colección
Volumen I
JOSE CELESTINO MUTIS
A. Federico Gredilla
♦ * *
Volumen II
TESTIMONIO DE UNA AMISTAD
Francisco de Paula Santander y Joaquín Mosquera
José M. de Mier
♦ ♦ ♦
Volumen III
TRES PERSONAJES HISTORICOS
Arganil, Russi y Oyón
Alberto Miramón
♦ * ♦
Volumen IV
EL LIBRO DE ORO DE SANTANDER
Varios autores
♦ e ♦
Volumen V
CUSTODIO GARCIA ROVIRA
El estudiante mártir
Antonio Cacua Prada
♦ ♦ ♦
Volumen VI
APROXIMACION AL LIBERTADOR
Testimonios de su época
Aníbal Noguera Mendoza y Fiavio de Castro
1020
Volumen VII
MEMORIAS DE UN ABANDERADO
José María Espinosa
* * «
Volumen VIII
ANTECEDENTES DE LA CONSTITUCION DE COLOMBIA DE 1886
♦ ♦ »
Volumen IX
NUESTRO ARCHIPIELAGO DE SAN ANDRES
Y LA MOSQUITIA COLOMBIANA
Enrique Gavina Liévano
♦ ♦ ♦
Volumen X
LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO
MAGALLANES, EL CANO Y EL LIBRO PERDIDO DE LA NAO VICTORIA
Mauricio Obregón
♦ * ♦
Volúmenes XI-XII
Tomos I y II
HISTORIA DE COLOMBIA
Henao y Arrubla
♦ ♦ ♦
Volumen XIII
INTERAMERICANISMO CONTEMPORANEO
REMINISCENCIAS
Carlos Sanz de Santamaría
• ♦ ♦
PLAZA & JANES — HISTORIA
1021
ACADEMIA COLOMBIANA DE HISTORIA
Período 1986-1987
Presidente, don GERMAN ARCINIEGAS
Vicepresidente, don ANTONIO ALVAREZ RESTREPO
Secretario, don ROBERTO VELANDIA
Tesorero, don ALFREDO D. BATEMAN
Coordinador de Biblioteca y Archivo, don RAFAEL SERRANO CAMARGO
Director Boletín de Historia
y Antigüedades, don ANTONIO CACUA PRADA
Redactore-s del Boletín, don GABRIEL CAMARGO PEREZ
don FERNANDO RESTREPO URIBE
Miembros Honorarios: Alberto Lleras Camargo
Carlos Lleras Restrepo
Misael Pastrana Borrero
Guillermo Hernández de Alba
Horacio Rodríguez Plata
Miembros de Número por antigüedad de posesión:
1 Manuel José Forero 21 Pilar Moreno de Angel
2 Germán Arciniegas 22 Otto Morales Benítez
3 Rafael Gómez Hoyos 23 Jaime Duran Pombo
4 Luis Alberto Acuña 24 Antonio Cacua Prada
5 José Manuel Rivas Sacconi 25 José Rafael Arboleda
6 Luis Duque Gómez 26 Armando Gómez Latorre
7 Mario Germán Romero 27 Rafael Serrano Camargo
8 Alberto Lozano Cleves 28 Lucio Pabón Núñez
9 Alberto Lee López 29 Alvaro Valencia Tovar
10 Roberto María Tisnés 30 Mauro Torres Agredo
11 Juan Friede 31 Roberto Velandia
12 Guillermo Vargas Paúl 32 Juan Carrasquilla Botero
13 Eduardo Guzmán Esponda 33 Jorge Arias de Greiff
14 Camilo Riaño 34 Gonzalo Correal Urrego
15 Alfredo D. Bateman 35 Jaime Posada
16 Diego Uribe Vargas 36 Antonio Alvarez Restrepo
17 Eduardo Santa 37 Gonzalo Hernández de Alba
18 Ricardo Ortiz McCormick 38 Carlos Sanz de Santamaría
19 José María de Mier 39 Gabriel Camargo Pérez
20 Alfredo Vázquez Carrizosa 40 Mauricio Obregón (electo)