Escena 1: El taller de Dédalo
(El taller está lleno de herramientas, plumas, cera y cuerdas. La luz del sol se filtra por una
ventana alta. Dédalo está trabajando en las alas, mientras Ícaro lo observa con entusiasmo.)
Ícaro:
(Mirando las alas, con una mezcla de emoción y ansiedad)
¡Padre, esto es increíble! ¿De verdad podremos volar con estas alas?
Dédalo:
(Concentrado, ajustando las plumas)
Sí, hijo. Pero no es solo la cera y las plumas. Es la técnica, el equilibrio, y sobre todo, saber
cuándo volar y cuándo no. Si lo hacemos bien, podremos escapar. Pero debes escucharme muy
bien. El vuelo no es solo libertad, también es peligro.
(Con voz grave y preocupada)
Escúchame bien, Ícaro. La libertad que sientes es tentadora, pero el exceso puede ser fatal. Si
no sigues mis consejos, el vuelo no será tu salvación, sino tu perdición.
Ícaro:
(Confiado, tomando las alas en sus manos)
Lo entiendo, padre. Pero también quiero vivir el momento, ¡quiero ver el sol de cerca! Y
cuando estemos en el aire, nada nos detendrá.
Dédalo:
(Suspira, preocupado, pero con una mezcla de cariño y sabiduría)
Que así sea. Pero recuerda, la prudencia es lo que te mantendrá a salvo. La libertad sin control
solo traerá desastre.
(Ambos trabajan juntos en las alas, Dédalo ajustando con cuidado mientras Ícaro parece más
impaciente con cada minuto que pasa. La luz del sol ilumina la escena, anticipando el gran
vuelo que se avecina.)
(Con voz firme y seria)
Recuerda lo que te dije, Ícaro. No subas demasiado alto, ni bajes demasiado bajo. Mantente a
medio camino, y no olvides que el control es lo más importante.
Ícaro:
(Sonríe, con aire desafiante)
¡Lo prometo, padre! Volaré con libertad, pero sin perder el control.
Dédalo:
(Mirando con tristeza y miedo)
Ten cuidado. La emoción puede cegarte.
Ícaro:
(Le da un apretón de mano, casi con impaciencia)
¡No te preocupes, padre! El cielo nos pertenece. ¡Nos vemos allá arriba!
(Ícaro comienza a correr, y en un momento se lanza al vacío, levantándose en el aire. Dédalo lo
sigue con la mirada, preocupado. La cámara muestra a Ícaro ascendiendo rápidamente, sus
alas batiendo el aire con fuerza.)
(El sol comienza a brillar con fuerza. Ícaro está subiendo, cada vez más alto, desobedeciendo
las advertencias de su padre. El sol empieza a derretir la cera de sus alas.)
Ícaro:
(Mirando hacia el sol, con una expresión extasiada)
¡Es increíble! ¡Puedo tocar las estrellas!
(De repente, las alas empiezan a desintegrarse, las plumas se sueltan una a una. Ícaro no se da
cuenta hasta que es demasiado tarde.)
Ícaro:
(Gritando, al ver cómo sus alas comienzan a fallar)
¡No! ¡No puede ser!
(Las alas de Ícaro se rompen completamente. Comienza a caer al mar, gritando mientras
desciende rápidamente hacia su destino fatal.)
Ícaro:
(Gritando mientras cae)
¡Padre! ¡Ayúdame!
(La cámara sigue su caída hasta que Ícaro desaparece en el mar con un fuerte estruendo. El
agua se agita violentamente. La cámara regresa a Dédalo, que observa desde el acantilado, con
lágrimas en los ojos, sabiendo que no pudo hacer nada para salvar a su hijo.)
(Dédalo, solo en el acantilado, se deja caer de rodillas. La cámara lo muestra con el rostro
lleno de tristeza, mirando al horizonte donde su hijo ha caído.)
Dédalo:
(Con voz quebrada y llena de dolor)
Ícaro... hijo mío... ¿por qué no escuchaste?
(Dédalo mira al mar, y luego se levanta lentamente, mirando hacia el cielo con una mezcla de
amor, culpa y tristeza.)
Dédalo:
(Con voz baja, mirando al mar que ahora lleva el nombre de su hijo)
Tu vuelo fue breve, pero fuiste libre, como siempre quisiste ser. El cielo te reclamó, pero tu
espíritu no será olvidado. Descansa en paz, Ícaro.
(La cámara se aleja, mostrando a Dédalo en el acantilado, solo, con el mar y el cielo a su
alrededor. El sol se oculta lentamente en el horizonte, mientras la imagen se desvanece.)