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PROYECTO DE VIDA

Un proyecto de vida puede definirse como un plan fundamental


para la existencia. En su elaboración deben considerarse una serie
de variables, tales como necesidades u objetivos.

Un proyecto de vida es una labor en construcción permanente que


sigue cierta continuidad, pero adaptada a la situación de cada
momento.

Los proyectos de vida movilizan la acción y la posicionan en una


dirección particular basada en metas significativas, integrando los
valores con las legítimas aspiraciones personales. Se erige como un
proceso que no se adhiere a una secuencia estática, pero que se
extiende a lo largo de los años y alberga una intención o propósito
claros. Es un camino plagado de satisfacción, pero que también
permite la posibilidad de trastabillar.

Por qué es importante un proyecto de


vida
Un proyecto de vida es esencial, en primer lugar, porque está dirigido
a una de las más elementales necesidades del ser humano: la
autorrealización. Este proceso prioriza lo importante ante lo
accesorio, identificando las decisiones que dotan de sentido al modo
en que se vive. Esta distinción se lleva a cabo en el contexto de un
plan de acción claro, que diluye la ambigüedad a la que nos expone la
convulsión general del entorno.

Asimismo, los proyectos de vida potencian la llamada motivación


intrínseca, que mantiene nuestro esfuerzo al margen de los
incentivos externos (económicos, sociales o de otro tipo). Dado que
permite determinar qué propósitos son significativos para nosotros a
largo plazo, es mucho menos probable que cedamos al hastío cuando
surjan obstáculos que impidan o dificulten su consecución inmediata.

Por último, el proyecto de vida nos permite pertrecharnos de un


mayor autoconocimiento, pues su diseño implica una exploración
atenta del cómo y del porqué. Esta búsqueda, que tiene un importante
componente introspectivo

Seguidamente ahondaremos en los aspectos básicos sobre los que


debería ser sustentado un proyecto de vida.

Cuáles son sus aspectos fundamentales


Planteamos cinco elementos fundamentales para el diseño de un
proyecto de vida, cuyo análisis debe elaborarse en paralelo:
realidad, necesidades, objetivos, valores y aplicación. Todos ellos
están interconectados, y no deben entenderse como realidades
independientes.

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PsicologíaArtículo revisado por nuestro equipo editorial

Proyecto de vida: ¿qué es y cuáles son sus


elementos más importantes?
Te explicamos cómo elaborar un proyecto de vida y sus
aspectos cruciales.

Joaquín Mateu-mollá
12 octubre, 2019 - 04:31
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Todas las personas debemos enfrentarnos, en algún momento de la


vida, a situaciones que suponen un reto adaptativo. Tales instantes
pueden parecer fragmentados, separados por el interludio de la
cotidianidad.

No obstante, una mirada más detallada nos muestra los lazos


invisibles que los mantienen unidos a un panorama amplio y
congruente, que supone la experiencia misma de ser en el mundo.
Esta relación tácita da sentido al proyecto personal que cada uno de
nosotros traza para su propia existencia, como un hilo conductor que
moviliza los esfuerzos y que dota a cada acto de un valor
trascendente.

En este artículo hablaremos sobre qué es el proyecto de vida,


entendiéndolo como el guión flexible que cada cual prevé para el
tiempo del que dispone, y que redunda en la congruencia entre lo que
se es y lo que se hace.
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 Artículo recomendado: "No sé qué hacer con mi vida: 6 estrategias
para tener un gran futuro"
Qué es un proyecto de vida
Un proyecto de vida puede definirse como un plan fundamental
para la existencia. En su elaboración deben considerarse una serie
de variables, tales como necesidades u objetivos, que pueden
coincidir o no con las expectativas que el entorno depositó sobre
nosotros. Un proyecto de vida es una labor en construcción
permanente que sigue cierta continuidad, pero adaptada a la situación
de cada momento.

Los proyectos de vida movilizan la acción y la posicionan en una


dirección particular basada en metas significativas, integrando los
valores con las legítimas aspiraciones personales. Se erige como un
proceso que no se adhiere a una secuencia estática, pero que se
extiende a lo largo de los años y alberga una intención o propósito
claros. Es un camino plagado de satisfacción, pero que también
permite la posibilidad de trastabillar.

Por qué es importante un proyecto de


vida
Un proyecto de vida es esencial, en primer lugar, porque está dirigido
a una de las más elementales necesidades del ser humano: la
autorrealización. Este proceso prioriza lo importante ante lo
accesorio, identificando las decisiones que dotan de sentido al modo
en que se vive. Esta distinción se lleva a cabo en el contexto de un
plan de acción claro, que diluye la ambigüedad a la que nos expone la
convulsión general del entorno.

Los proyectos de vida también contribuyen a la construcción de la


identidad, puesto que una persona es en gran parte aquello a lo que
dedica su tiempo (sus actos). A través de este análisis podemos
determinar qué acciones son congruentes con un sentido más
profundo de quiénes somos, en lugar de implicarnos erráticamente en
una miríada de actividades que no guardan conexión alguna con
nuestros valores o necesidades.
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Asimismo, los proyectos de vida potencian la llamada motivación


intrínseca, que mantiene nuestro esfuerzo al margen de los
incentivos externos (económicos, sociales o de otro tipo). Dado que
permite determinar qué propósitos son significativos para nosotros a
largo plazo, es mucho menos probable que cedamos al hastío cuando
surjan obstáculos que impidan o dificulten su consecución inmediata.

Por último, el proyecto de vida nos permite pertrecharnos de un


mayor autoconocimiento, pues su diseño implica una exploración
atenta del cómo y del porqué. Esta búsqueda, que tiene un importante
componente introspectivo, suele pasar desapercibida para las
personas que se enrolan en un cúmulo desbordante de acciones que
las alienan de sí mismas. Viktor Frankl etiquetó el malestar que surge
en esta circunstancia como depresión noógena, esto es, la zozobra
emocional ante la pérdida de sentido.

Seguidamente ahondaremos en los aspectos básicos sobre los que


debería ser sustentado un proyecto de vida.
Cuáles son sus aspectos fundamentales
Planteamos cinco elementos fundamentales para el diseño de un
proyecto de vida, cuyo análisis debe elaborarse en paralelo:
realidad, necesidades, objetivos, valores y aplicación. Todos ellos
están interconectados, y no deben entenderse como realidades
independientes.

1. ¿Cuál es mi realidad en estos momentos?


Aunque las coordenadas del proyecto de vida puedan sugerir que se
ubica en algún punto del futuro, lo cierto es que deben sostenerse en
la realidad del presente tal y como es. Esta realidad es el cimiento a
partir del cual deben considerarse todas sus dimensiones
básicas. De lo contrario, podemos perdernos ante la incompatibilidad
entre aquello que deseamos conseguir y el marco objetivo en el que
nos encontramos.

Una de las características de la vida es que está sometida a cambios


incesantes, a veces impredecibles, por lo que no es lógico pensar que
un plan de acción podrá aplicarse siempre del mismo modo en el que
fue originalmente concebido. Los recursos físicos, las personas que
nos acompañan e incluso lo que somos en nuestro fuero interno, están
sujetos al fluir perenne en el que se mecen todas las cosas. El cambio
es, pues, la única constante.

Nuestro proyecto personal de vida debe estar indisolublemente


conectado al momento ante el cual se despliega, asumiendo matices a
lo largo del tiempo pero manteniendo siempre su esencia. Este
propósito debe ser una parte más de la identidad, y al igual que esta
varía sin que perdamos de vista quiénes somos en realidad, nuestro
propósito también ha de hacerlo. Es flexible, pero resistente. Pese al
vaivén del cambio, siempre tendrá sentido.

2. ¿Cuáles son mis necesidades?


La identificación de las propias necesidades es un proceso difícil,
porque con frecuencia hemos llegado a confundirlas con lo que en
realidad son deseos. Aunque pudiera parecer que la diferencia entre
unas y otras es solo una cuestión gramatical, el incumplimiento de
cada una de ellas supone consecuencias diferentes: si no se satisface
una necesidad caemos en la desesperación, mientras que si se impide
un deseo la emoción resultará más fácilmente gestionable (fastidio,
por ejemplo).
Detectar las necesidades implica reconocer lo que realmente es
perentorio para satisfacer cualquiera de estas dimensiones, puesto
que de lo contrario se trataría únicamente de un deseo. La capacidad
para discriminar entre ambas cosas es clave, pues evita introducir
metas ilusorias para nuestra vida, que ocupan mucho tiempo y no
producen satisfacción.

3. ¿Cuáles son mis objetivos?


Un objetivo es una meta que consideramos importante en lo
personal, según la situación actual y las necesidades percibidas.
Es común que los objetivos no se definan de una forma precisa, por lo
que se proyectan resultados deseables pero se desconocen las
acciones que facilitarán su logro (o las herramientas de las que habrá
de proveerse). Identificar con claridad qué queremos conseguir es el
primer paso para actuar congruentemente con ello.

Otro problema que podemos encontrar es la construcción de objetivos


demasiado grandes, los cuales precisarán de un tiempo o esfuerzo
excesivo, asumiendo con ello un riesgo alto de ceder en nuestro
intento por alcanzarlos. Lo más eficaz en estos casos es descomponer
el objetivo en pasos asequibles a corto plazo; de manera que cada
avance nos acerque más a la meta última prevista, se obtengan
refuerzos periódicamente y se aumente la sensación de autoeficacia
(creencia de que soy capaz de lograrlo).

4. ¿Cuáles son mis valores?


Los valores constituyen el posicionamiento que la persona
asume sobre aspectos clave para su vida, y cuyo peso es muy
superior al que puede atribuirse a la opinión. Los valores se imbrican
en múltiples áreas de lo cotidiano, y son uno de los motivos más
elementales por los que las personas asumen un compromiso sólido y
duradero. Así, un análisis de nuestras convicciones más profundas
permitirá esbozar un plan de vida que sea coherente con ellas, lo que
reportará un sentido de congruencia.

Cuando las personas llevan a cabo algo que atenta contra sus valores,
se produce una disonancia cognitiva: una confrontación difícil entre
lo que consideramos correcto y el modo en el que actuamos, la cual
puede llevar a la culpabilidad y a la angustia. No es infrecuente que
las personas que actúan oponiéndose a sus valores se sientan
realmente mal por ello, lo que supone una sensación de pérdida a
medio y largo plazo.

Este hecho suele obedecer a la asunción de valores que realmente no


son nuestros ni los vivenciamos como si lo fueran, sino que han sido
impuestos por terceros durante nuestro desarrollo individual. En este
caso, es posible que la dirección de nuestra vida cumpla las
demandas del entorno social, mientras que las nuestras pasan a un
doloroso segundo plano. No es sencillo detectar esta circunstancia,
que a menudo se vive como una suerte de vacío existencial.

5. ¿Cómo puedo proceder?


En el momento en el que se clarifican todos los pasos precedentes, la
persona está en mejor disposición de elaborar un plan de vida
adecuado, el cual debe reunir las siguientes características
fundamentales: ser respetuoso con el estado actual de las cosas,
cubrir las verdaderas necesidades, estar compuesto de logros
asequibles y coincidir con nuestros valores. Con todo ello, estaremos
dispuestos no solo a diseñarlo, sino también a ponerlo en marcha.

Cualquier plan de vida está confeccionado por pequeñas cosas,


cuyo efecto acumulativo es el que lo encauza hacia las grandes
gestas, que se atisban tras la línea del horizonte como una promesa
resoluble. Es importante persistir en nuestro esfuerzo y ser flexibles
ante los cambios que surjan, pues un proyecto de esta envergadura
está sometido a la evolución de las necesidades de cada etapa del
ciclo vital.

Por último, es también importante aprender a renunciar. La vida está


sujeta a encuentros, reencuentros y pérdidas; y todas ella deben ser
integradas en el pentagrama sobre el que discurre. Renunciar a
aquello que nos duele, o que nos impide avanzar, puede ser tan difícil
como encontrar lo que nos hace felices.

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