PLATÓN (427-347 A.E.
)
1. Vida y obra
Su verdadero nombre era Aristocles, pero sus anchas espaldas le darían el apodo con
el que pasará a la historia: Platón. De familia aristocrática, nació en Atenas en torno al año
427 a.e.; se educó con algunos de los grandes pensadores de su época, como Crátilo y Sócra-
tes, y este último será su gran maestro. Los acontecimientos históricos de su época influyeron
de forma decisiva en su vida y en su pensamiento, en especial la condición aristocrática de
su familia, la corrupción de la democracia ateniense, la guerra del Peloponeso, el cruel go-
bierno de los Treinta Tiranos, la sofística y, sobre todo, la condena y muerte de Sócrates.
Sus vivencias y el desencanto político con la democracia harán de la justicia la preo-
cupación central de su filosofía, siendo esta el horizonte que articula todo su sistema filo-
sófico.
Tras la muerte de Sócrates, Platón viajó a Megara, Egipto, Cirene, el sur de Italia y
Siracusa. En esta última ciudad intentó poner en práctica sus ideas político-sociales. De re-
greso a Atenas fundó la Academia como rechazo a la enseñanza del sofista. Su objetivo no
era la retórica, sino la búsqueda del conocimiento verdadero y la formación de una ciu-
dadanía justa. Allí pasó el resto de sus días dedicado exclusivamente a la enseñanza. Murió
en Atenas en el 347 a.e.
Su obra es un tanto paradójica, pues, aunque nos habla de la episteme (ciencia) como
forma de acceder a las ideas, en los momentos cruciales de su demostración recurre al mito.
De sus obras se han conservado aquellas que escribió para ser divulgadas, mientras que todas
las lecciones dictadas en la Academia se han perdido. Su obra se divide en cuatro períodos.
Juventud Muy influenciada por la filosofía de Sócrates. El Apología de Sócrates, Critón, Protágo-
(hasta los 35 años) tema principal es la virtud. ras, Eufitrión.
Transición Comienza a crear su propia teoría. Sócrates sigue Crátilo, Gorgias, Hipias Menor, Hipias
(35-40 años) siendo el principal interlocutor. Mayor.
Madurez Son los diálogos fundamentales. Se desarrollan en Banquete, Fedro, Fedón, Menón, Re-
(40-60 años) ellos las principales teorías y mitos platónicos, pública.
como, por ejemplo, la teoría de las Ideas o el mito
de la caverna.
Vejez En este período es crítico con su pensamiento ante- Parménides, Teeteto, El sofista, Filebo,
(60-40 años) rior. Sócrates ya no será el interlocutor principal. No Timeo, Critias, Las leyes, Carta VII.
hay mitos.
Hubo varios pensadores y escuelas que influyeron en Platón. Los más relevantes
son:
Heráclito y Parménides. Desde ellos fundamentará sus dos mundos, el mundo sen-
sible, que será el mundo del devenir de Heráclito, y el mundo inteligible, en el que
habitan las ideas, que toma como modelo la caracterización del Ser de Parménides.
Los pitagóricos y el orfismo. La religión órfica que practicaban los pitagóricos in-
fluirá en la afirmación de la existencia de los dos mundos, el físico y el inmaterial.
Son importantes también sus creencias sobre la inmortalidad y la transmigración de
las almas. Platón vinculará el alma con el mundo intangible de las ideas. Otro punto
que toma del pitagorismo es el papel que les a las matemáticas en su epistemología.
Por último, permitir que las mujeres formasen parte de la Academia y pudiesen inter-
venir en la vida pública.
Sócrates. De él adoptará el diálogo (formato con el que escribe sus obras), el univer-
salismos epistemológico y moral y la doctrina del intelectualismo moral. La búsqueda
de la verdad objetiva y universal o la respuesta por el pensamiento crítico son también
influencia de Sócrates.
Los sofistas. El rechazo al relativismo, a la retórica y el deseo de buscar una verdad
desinteresada, objetiva y universal es el rechazo al triunfo del sofista.
2. Dualismo metafísico: la teoría de las Ideas
2.1. La justicia como fundamento de la teoría de las Ideas
Platón formula la teoría de las Ideas para justificar, frente al relativismo del sofista
y la democracia corrompida, que existe una idea de justicia universal que es invariable, eterna
y que, todo ser humano puede contemplar desde el pensamiento.
Las Ideas no son meros conceptos o representaciones mentales, sino que existen
realmente de forma independiente en un mundo que no es el mundo físico y “hacen que
las cosas sean lo que son”. Las ideas serán también llamadas Formas o Esencias.
Las Ideas habitan en un mundo inmaterial. Son entidades que subsisten por sí mismas,
son únicas, eternas, invariables, necesarias y universales. El mundo propio de las Ideas es el
mundo inteligible y, frente a la multiplicidad del mundo físico, las Ideas se presentan como
algo capaz de unificar la multiplicidad. La consecuencia de la teoría de las Ideas es que el
mundo queda duplicado, sosteniéndose con ello el dualismo ontológico.
2.2. Los dos mundos: mundo sensible y mundo inteligible
Platón divide la realidad en dos mundos completamente diferentes, entre los cuales
no hay contacto porque los separa un abismo insalvable (chorismós).
Mundo inteligible o Es el mundo verdadero, al que accedemos por medio de la razón y en el que habi-
mundo de las ideas tan las Ideas. Es inmaterial, eterno e inmutable, y en él reina la unicidad de cada
idea. La caracterización de este mundo y de las Ideas tiene como modelo la onto-
logía y la epistemología de Parménides.
Mundo sensible Es el mundo físico, el mundo de objetos sensible que percibimos con los sentidos.
Se caracteriza por el devenir, la multiplicidad, el cambio y la temporalidad. Es un
punto que toma como modelo la propuesta ontológica de Heráclito, que Platón
considera engañosa.
Las Ideas, en su valor de realidades existentes en sí mismas, son los argai (los arque-
tipos originales), los modelos o prototipos de los que las cosas participan (méthesis), hacién-
doles ser lo que son. Por ejemplo, un triángulo dibujado sobre la arena de la playa será un
triángulo concreto que el agua del mar borrará, pero en algún lugar, ajeno al mundo sensible,
debe existir la Idea del triángulo, que no está sometida al cambio, y gracias a la cual recono-
cemos los triángulos del mundo sensible.
Los objetos del mundo físico no serían más que una mera imitación (mímesis), una
copia imperfecta de las Ideas. Siguiendo este argumento, toda cosa del mundo sensible
tendrá un modelo al que parecerse. Por ello, solo si conocemos las Ideas podremos conocer
la realidad.
2.3. El mito de la caverna
El dualismo ontológico de Platón queda ilustrado en el famoso mito de la caverna
incluido en su obra República (Libro VII). Platón narra la situación de unos prisioneros que
viven en una caverna subterránea en total oscuridad. Están encadenados desde que nacieron
y solo pueden ver las sombras de los objetos que unas personas portan detrás de un muro al
iluminarlos un fuego. Un día, uno de los prisioneros consigue liberarse e intenta salir hacia
la luz. Como desde que nació solo ha visto sombras, la luz le ciega, pero cuando se acostum-
bra a ella distingue los objetos iluminados. Finalmente, saldrá de la caverna y logrará ver el
sol. En ese momento se dará cuenta del engaño en el que ha vivido: durante toda su vida ha
contemplado sombras y no la realidad verdadera. Querrá volver a contarles todo a los demás
prisioneros, querrá liberarles, pero, cuando lo intente, los demás le matarán.
En este mito, la persona que se libera representa al filósofo; la caverna, al mundo
sensible; los objetos iluminados, al mundo de las Ideas; y el sol, a la Idea de Bien. Al final,
cuando el filósofo cuente lo que ha visto, los demás querrán matarle. Esto es lo que le ocurrió
a Sócrates.
2.4. La Idea de Bien
Para Platón, las Ideas tienen, por un lado, un significado independiente, pero por otro
están entrelazadas. Esta relación hará del mundo de las Ideas un todo organizado y armo-
nioso. Pero no todas se relacionan con todas, existe un orden dentro del mundo de las Ideas,
acorde al cual unas serán más importantes que otras; se establece así una jerarquía.
En la jerarquía encontraríamos las Ideas de los objetos físicos, después accederíamos
a las Ideas de los entes matemáticos y posteriormente a las Ideas relativas a los conceptos
morales. Por último, encontraríamos la Idea de Bien, que en el mito de la caverna se repre-
senta con el sol, pues gracias a su luz percibimos las cosas. El Bien “ilumina” al resto de
Ideas y nos permite conocerlas. La idea de Bien no puede ser entendida como lo que está
bien o lo que está mal, sino como la forma en sí misma y a partir de ella surgen todas las
demás.
2.5. Cosmología
En la vejez, su época más crítica, Platón revisará su teoría y planteará varias objecio-
nes:
Si la realidad física es una copia del mundo de las Ideas, ¿puede existir una Idea
para cada cosa del mundo físico? ¿Existen Ideas de cosas cambiantes, malas o
justas?
Si el mundo físico y el inteligible están separados por un abismo insalvable,
¿cómo pueden las cosas físicas participar de las Ideas inmateriales si no las han
podido conocer? Este punto será una de las mayores objeciones que hará Aristó-
teles a Platón, y se conoce como “el argumento del tercer hombre”.
Para dar respuesta hay que recurrir al planteamiento cosmológico de Platón, ex-
puesto en su obra Timeo. Siguiendo a los “filósofos de la naturaleza”, explica el origen y la
estructura del universo acorde a su teoría de las Ideas. Afirma que el universo ha sido orde-
nado por una inteligencia, el Demiurgo, que conoce las Ideas del mundo inteligible y, según
estas, ordena la materia física de la forma más parecida posible. La creación del mundo res-
ponde a las Ideas de Bien, Belleza y Armonía. Platón tiende, así, un puente entre el mundo
sensible y el mundo inteligible.
Por tanto, para conformar el mundo se precisan cuatro elementos independientes
entre sí:
Las Ideas como modelo de las cosas sensibles.
La materia preexistente.
El Demiurgo, que a la vista de las Ideas modela las cosas sensibles.
El espacio vacío, donde se aloja el cosmos.
3. Epistemología (teoría del conocimiento)
3.1. La dialéctica
El proceso que logra el acceso al mundo inteligible de las Ideas, la dialéctica, consiste
en un proceso intelectual ascendente que culmina con la Idea suprema de Bien y la visión de
la realidad. Tiene un posterior momento de descenso, en el que quien ha logrado ascender
hasta el mundo de las Ideas tiene el deber de hacer partícipes al resto de individuos de lo que
allí ha contemplado, instruyéndolos en el conocimiento y la verdad.
La dialéctica tiene en Platón dos sentidos:
Es un método que consiste en hacerse una serie de preguntas y respuestas. Tiene
como modelo el método basado en el diálogo ideado por Sócrates. Su fin es al-
canzar el conocimiento verdadero.
Es una ciencia, un saber. Es el grado más alto de conocimiento. Se corresponde
con la contemplación y comprensión de los Eidos, de las Ideas. Llegar a este grado
implica haber alcanzado la sabiduría. Para explicar el camino dialéctico hacia las
Ideas, Platón inventa el símil de la línea.
3.2. El símil de la línea
En su obra República, Platón expone el símil de la línea con el que explica las dife-
rentes formas de conocimiento, desde la más apegada al mundo engañoso de los objetos
físicos, a la más elevada, la que comprende el mundo de las Ideas. En el símil de la línea, el
filósofo relaciona ontología y epistemología.
Platón presenta una línea dividida en varios segmentos que corresponden a los niveles
de realidad: el mundo sensible y el mundo inteligible. La ascensión por las formas de cono-
cimiento de la línea corresponde a la ascensión del prisionero (el filósofo) en el mito de la
caverna, desde el conocimiento sensible al conocimiento de los Eidos.
Doxa u opinión Basada en la percepción sensible, es un tipo de conocimiento limitado y parcial.
Episteme o ciencia Basada en la razón, pretende llegar a las causas y fundamentos últimos de las cosas.
3.3. Teoría de la reminiscencia
¿Cómo podemos conocer las ideas si estas pertenecen al mundo inteligible y no-
sotros formamos parte del mundo sensible? Para resolver este problema, Platón recurre a
la teoría del innatismo y de la reminiscencia. El alma conoce las cosas recordándolas y tra-
yendo a la memoria el recuerdo de aquello que ya ha visto en el mundo ultraterreno antes de
reencarnarse. Por ello es intermediaria entre el mundo sensible y el inteligible.
Esta teoría reforzó la idea de que los sentidos no ofrecen conocimiento, sino que la
ciencia es el esfuerzo de la memoria por acceder a un saber innato que poseemos antes de
nacer.
Eliminando el componente místico-religioso y órfico-pitagórico de la reminiscencia,
para Platón, al nacer ya traemos ciertas ideas aprendidas (ideas innatas), porque el alma las
conoce desde antes de enmarcarse en un cuerpo. En su obra Fedro, afirma que el alma conoce
las Ideas, pero al bajar al mundo sensible y quedar atrapada en un cuerpo, las olvida. Su tarea
será entonces recordar todas las Ideas que ha olvidado.
La consecuencia de afirmar que “no aprendemos, sino que solo recordamos” implica
que el conocimiento no se derive de la experiencia sensible, sino de un saber preexistente en
el intelecto. Si atendemos a esta teoría, todo lo que hacemos en el instituto no es aprender,
sino recordar. Recordamos aquello que nuestra alma ha olvidado, por lo que conocer es un
acto de autoconocimiento, de reflexión interior.
Platón expone su teoría de la reminiscencia en el diálogo titulado Menón, En esta
obra, Sócrates le pide a Menón que traiga a un esclavo para demostrar que si le ayudamos a
recordar llegará a comprender conocimientos matemáticos que no ha podido aprender a lo
largo de su vida. A partir de ingeniosas preguntas y usando el diálogo, Sócrates logra que el
esclavo diga la respuesta correcta, con lo que Platón habría demostrado por boca de Sócrates
su teoría.
3.4. Eros y dialéctica
Eros supone también una vía para ascender desde el mundo físico al de las Ideas por-
que al igual que ocurre con el camino de la dialéctica, es un proceso de abstracción. Platón
compara el amor con la dialéctica porque, implicaría la idealización del objeto amado. No
amamos solo a la persona física, sino que también amamos al modelo que imaginamos que
es la persona. Eso es idealizar al ser amado. El amor se parece en este sentido a la dialéctica
porque empezamos amando una persona física, pero acabamos en una idea suprema que va
más allá de lo físico. El proceso de ascensión hacia las Ideas desde el amor Platón lo plantea
de la siguiente manera: “Empezamos amando un cuerpo bello, de ahí un alma bella, después
a todas las almas bellas, luego a la belleza y de aquí acabamos amando la Idea de Bien”.
4. Antropología: el papel de la educación y la ética
4.1. Dualismo antropológico
La antropología de Platón está totalmente relacionada con la ética y con la política,
por eso es necesario comenzar explicando las ideas más importantes de la antropología pla-
tónica.
Al igual que en su ontología, y vinculada a esta, Platón afirma un dualismo antropo-
lógico al comprender al ser humano como un ser compuesto de alma y cuerpo.
Bajo la influencia del orfismo, Platón entendió el alma como una sustancia inmate-
rial, indisoluble, divina e inmortal. Creía en la transmigración de las almas, una realidad
preexistente que se encarnaba en el cuerpo y que, al morir este, el alma no moría con él. Al
ser inmortal, se debe purificar a lo largo de la vida, por lo que llevar una vida dedicada al
saber permitirá que vuelva al mundo de las Ideas. El rechazo de la dimensión corporal no es
una actitud ascética, sino también el medio para que el alma comience a recordar la reali-
dad ideal de la que procede. Frente al alma, el cuerpo es finito, variable y mortal, pertenece
al mundo sensible.
Para Platón, el alma preexiste antes de su unión con el cuerpo, habitando en la
región celeste desde donde contempla las Ideas (este postulado permite sostener la teoría de
la reminiscencia). La unión entre el cuerpo y el alma es accidental. El alma mantiene un
movimiento circular desde el mundo sensible al mundo inteligible, y a veces en su trayecto
por el mundo sensible se encuentra con un cuerpo donde queda atrapada. Desde este mo-
mento, el cuerpo se convierte en la cárcel del alma y esta solo logra liberarse de su prisión
corpórea con la muerte.
Alma racional (en la cabeza) Es inmortal. Tiende a la inteligencia, al pensamiento.
Alma irascible (en el pecho) Es mortal. Tiende a los sentidos y las pasiones nobles, racionales.
Se caracteriza por el valor. Por ejemplo, indignarnos
por algo injusto.
Alma concupiscible (en el abdo- Es mortal. Tiende a satisfacer las necesidades biológicas, los ins-
men) tintos, impulsos y pasiones innobles o irracionales. Se
caracteriza por el deseo.
La relación entre las partes del alma se halla recogida en el mito del carro alado,
donde el auriga es la razón (alma racional), quien controla y guía al caballo (alma irascible)
y al caballo negro (alma concupiscible). Todos son necesarios, pero seremos personas justas
si las tres partes del alma conviven en armonía y la razón domina las pasiones, idea que
actualmente sigue vigente.
4.2. Virtudes y clases sociales
En el centro de la ética platónica se sitúa la virtud (areté) y será entendida como:
Sabiduría: acorde al intelectualismo moral de Sócrates, “el que sabe lo que es el
bien no puede obrar mal”. La sabiduría es la virtud más elevada, propia del alma
racional.
Purificación: purificar el alma es esencial para acceder al mundo de las Ideas.
Armonía: se expresa a través de la justicia como “acuerdo entre las partes del
alma”.
Si cada parte del alma cumple la virtud que le corresponde, el ser se vuelve justo,
virtuoso y armonioso. Este equilibrio se trasladará a la polis (principio de isonomía), y esta
será justa cuando cada clase social cumpla su papel y viva en armonía con el resto de clases.
La sociedad platónica es una sociedad jerarquizada en la que cada clase social se define
por el tipo de alma que les caracteriza. El tipo de alma depende de una predisposición natural
y acorde a su naturaleza y sus capacidades, cada persona recibirá un tipo de educación.
Alma Virtud Clase social Función en la polis
Racional Sabiduría y prudencia Gobernantes. Son los filó- Son los que gobiernan por-
(phronesis) sofos y las filósofas. No que conocen las ideas de jus-
podrán tener familia ni bie- ticia y de bien. Son los úni-
nes materiales para no co- cos que pueden gobernar el
rromperse. Estado de forma justa.
Irascible Fortaleza y valentía Guardianes. Tampoco pue- Defender la polis y mantener
den tener familia ni bienes la seguridad y la obediencia a
materiales. las leyes de la ciudad. De
esta clase social se elegirán a
los sabios y sabias.
Concupiscible Templanza y moderación Productores, campesinos, Es la clase inferior pero tiene
comerciantes y artesanos. un papel muy importante:
producir el sustento diario,
reproducirse y mantener a las
otras dos clases sociales.
4.3. El papel de la educación
Como no todos los seres humanos están igualmente dotados por la naturaleza ni deben
realizar las mismas funciones, el Estado se convierte en una institución pedagógica que ha
de seleccionar y formar a sus futuros gobernantes y ciudadanos en las ideas de Bien y de
Justicia. Platón diseña un Estado clasista, propio de su pasado aristocrático, más afín a Es-
parta que a Atenas, pero no se trata de una aristocracia de estirpe, sino de una aristocracia del
saber, donde quienes deben gobernar han de ser las naturalezas mejor dotadas intelectual-
mente, es decir, las personas dedicadas a la filosofía.
En la obra República, Platón da las claves para el proceso que deben seguir filósofos
y filósofas porque, como Pitágoras, no excluye a las mujeres de la educación ni del Estado.
En consecuencia, este puede ser gobernado también por ellas. El Estado separa a los niños y
las niñas de sus familias y se encarga de su educación para seleccionar de entre ellos quiénes
han de gobernar y quiénes deber ser gobernados.
En la infancia se educan mediante juegos, cantos y gimnasia. Con esta aprenden
a dominar las inclinaciones corporales. Los que demuestren mayor capacidad en
los juegos matemáticos serán seleccionados para realizar la conversión del alma
desde el mundo de los sentidos al mundo de las Ideas, desde la doxa a la episteme.
En la adolescencia, de los 16 a los 20 años, se inicia a los jóvenes en la vida
militar.
En la juventud, de los 20 a los 30, los más idóneos estudian ciertas materias (ma-
temáticas, astronomía y música) como propedéutica para alcanzar la dialéctica.
Ya en la vida adulta, de los 30 a los 35, seguirán ejercitándose en la dialéctica y,
finalmente, las personas menos idóneas serán destinadas a ser guerreras y las más
idóneas, a ser filósofas y dialécticas hasta los 50 años.
A partir de entonces podrán desempeñar, si lo requiere el Estado, la labor de filósofo
rey o filósofa reina. Se aplicarán a gobernar sin ser guiados por la ambición de poder, sino
por la inspiración del mundo de las Ideas, para aplicar a los asuntos humanos la Idea de Bien
y de Justicia en sí misma, y no en su significado convencional o relativo como señalaban los
sofistas.
Pero, aunque este programa político-educativo se base en una prolongada selección
de la ciudadanía mediante la observación de sus aptitudes y la consiguiente estimulación de
estas, se trata en realidad del mito aristocrático por excelencia. Las personas no son lo que la
educación hace de ellas, sino que nacen ya con una determinada naturaleza que es la que hay
que estimular. Por este motivo, una educación generalizada a la manera que defendía Protá-
goras, propia de la Atenas de Pericles, era rechazada por Platón.
5. Política
5.1. Formas de gobierno
Platón será el primer pensador utópico de la historia al proponer un modelo ideal
de gobierno en su obra República. Esta obra será el primer tratado político de la historia de
la filosofía.
Desde joven, Platón estuvo muy influenciado por los asuntos políticos de su tiempo,
sobre todo con la injusta condena y muerte de Sócrates. Para Platón, era comprensible que la
persona más sabia y justa de Atenas fuese condenada por la democracia y las leyes.
En la República, Platón desarrolla su forma de gobierno ideal que consiste en el go-
bierno de una aristocracia o monarquía basadas en el saber y la virtud. En este modelo
platónico los que gobiernan no lo hacen por linaje o herencia, sino que el gobierno les perte-
nece a los sabios, a los filósofos y a las filósofas (recordemos que Platón afirmaba que las
mujeres podrían alcanzar cualquier puesto en la escala social si se las educaba). Los gober-
nantes nunca buscarán satisfacer su interés personal, sino que gobernarán bajo el mando de
las Ideas, fundamentalmente de la Idea de Bien y de Justicia.
No contento con formular un modelo meramente teórico y utópico, Platón trató de
llevarlo a cabo por tres veces en Siracusa. Los tres intentos fueron fallidos hasta el punto de
que, tras el primer intento, Platón fue encarcelado y vendido como esclavo. Será liberado por
un amigo.
Como los demás miembros del pueblo griego, Platón cree que todo nace y se co-
rrompe, incluso los sistemas políticos. Las diferentes formas de gobierno y su corrupción las
expresa en el Libro VIII de República:
Aristocracia y monarquía. Es el régimen más perfecto. Rige la virtud y la
inteligencia, o bien por el gobierno de una sola persona (la monarquía) o bien
por el gobierno de varias personas (la aristocracia).
Timocracia. En este gobierno el alma irascible domina sobre el alma racional,
siendo los guerreros la clase dominante.
Oligarquía. Es el gobierno de las personas más ricas, que negarán el acceso
al gobierno a los pobres. Usan el gobierno para enriquecerse individualmente.
Democracia. Surge cuando los pobres se rebelan y vencen a los oligarcas.
Parece la mejor forma de gobierno, pero no lo es. La libertad del pueblo y su
libertad de elegir se va corrompiendo hasta degenerar en la oclocracia (el go-
bierno de las masas) y la demagogia, llegándose a un estado de violencia que
acaba degenerando en la tiranía.
Tiranía. El exceso de libertad lleva a la esclavitud. Ante el descontrol y la
violencia de la democracia, el pueblo acepta al tirano para que restablezca el
orden.
5.2. Las leyes
En la etapa de vejez ya no encontramos el pensamiento utópico en la obra de Platón,
probablemente por sus fracasos políticos en Siracusa. En esta etapa a Platón le preocupan las
condiciones que hacen una polis justa, pero dentro de una visión más práctica y realista, no
utópica. Ahora apunta a la importancia de las leyes para organizar una polis. En este periodo
Platón cree que son las leyes las que posibilitan la vida en la polis.
Las leyes deben recoger los deberes de la ciudadanía, y sin son leyes estables y sóli-
das, ayudarán a que la persona que legisla mantenga el orden. De ellas derivarán las consti-
tuciones, cuyo fundamento deben ser las Ideas de Bien y de Justicia en sí mismas.
Platón, en su vejez, ya no es tan antidemocrático y abre su gobierno aristocrático a la
participación del pueblo en la creación de las leyes, aunando así libertad y sabiduría. Si no
se complementan los gobernantes y el pueblo, ambos sistemas degeneran: la democracia en
oclocracia y la aristocracia o monarquía en oligarquía o tiranía.
En su etapa de vejez, Platón no da tanta importancia a que el político sea sabio. En su
lugar afirmará que lo más importante es que tenga la capacidad de unificar la multiplicidad
humana mediante la ley, e ilustra esta destreza comparando al gobernante con un tejedor.
5.3. Repercusión del pensamiento de Platón
Platón ha sido uno de los pensadores más complejos de la historia de la filosofía, no
solo porque escribió sobre todas las grandes temáticas, sino porque además su pensamiento
estuvo en constante evolución desde su juventud hasta la vejez.
Estemos más o menos de acuerdo con él, lo que no puede negarse es que Platón ha
sido uno de los pensadores más influyentes en la historia del pensamiento. Sus preguntas y
teorías se desplegarán en los planteamientos filosóficos posteriores, encontrando muchos
aliados pero también muchos detractores de su doctrina. En este sentido, el filósofo Alfred
North Whitehead, en el siglo XX, afirmará que “Toda la filosofía occidental es una serie de
notas a pie de página de la filosofía platónica”. Hasta tal punto es significativa la aportación
que Platón hizo al pensamiento que cabe preguntarse: ¿se puede pensar sin Platón?
Eb filosofía aparecerán, acorde a su doctrina, el pensamiento racionalista, el idea-
lismo y la filosofía cristiana. Platón influirá profundamente en la doctrina cristiana, con la
que podemos observar grandes similitudes: por ejemplo, la idea de que existe un mundo más
allá del mundo físico, la denostación del cuerpo y del mundo material frente a un reino in-
material que alcanzaremos con la muerte, el Bien como idea suprema o el afirmar un alma
inmortal.
Entre sus grandes críticos destaca la filosofía empirista (sostendrá que la fuente pri-
mordial del conocimiento es la experiencia), el monismo metafísico, el materialismo o las
posiciones inmanentistas que afirman que solo existe un mundo verdadero y no es otro que
el mundo material. En este sentido, Friedrich Nietzsche (siglo XIX) o la posmodernidad
(siglo XX) se esforzarán por invertir el platonismo y destruir la distinción entre mundo
aparente y mundo verdadero.
En ciencia, Platón hará la gran aportación de promover la actitud y el método cien-
tífico. Siguiendo los planteamientos de Platón, la ciencia parte del objeto físico concreto,
pero acaba llegando a ideas y formulaciones universales, tal como Platón pedía al filósofo.
En política, planteó la importancia de tener personas justas al mando del gobierno, a
la par que, en sus últimos años, dio a las leyes una importancia central en la organización del
Estado. Las leyes harán posible la ciudanía y darán lugar a las constituciones. Asimismo, en
la polémica con el sofista, Platón afirmaba la importancia de alcanzar una idea de justicia
universal; esta demanda de universalidad será el germen que posibilite, por ejemplo, la De-
claración Universal de Derechos Humanos.