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Pobreza LEPRA SIGLO XXI JUAN BALLISTRERI

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Pobreza:

“La lepra del siglo XXI”

Ap. Juan Ballistreri


Dedicatoria

…A todos aquellos que comienzan cada día creyendo que todo


puede cambiar por medio del Evangelio de Jesucristo

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Agradecimientos

... A Dios, quien me permite vivir este tiempo extraordinario en el desarrollo de su


propósito en días complicados sobre la tierra.

... A mis hijos Iván, Abel, Caro, Evelyn, Samuel, Soledad, Marisa y Claudio quienes
son cada vez más generosos para entender el tiempo que vivimos. Con su amor, aliento y
apoyo, puedo hacer real estos libros que de otra manera dormirían en alguna
computadora.

... A Manantial de Vida, por ser la primera línea que recibe y asimila estos principios,
manifestando la veracidad de cada uno de ellos.

... A los pastores y líderes de Manantial de Vida que aprendieron a completar mi vida en
diversas áreas. Hoy tengo la libertad para disfrutar el desarrollo de una tarea que no
siempre es fácil.

... Al Apóstol Guido Raúl Ávila y Elba de Ávila porque encienden permanentemente los
dones y luego los hacen explotar para beneficio de todo el Cuerpo de Cristo. Gracias
porque son una clase especial y casi única de personas que Dios me regaló como
autoridad, compañeros, amigos e inspiradores.

... A la Federación CCN Internacional, junto a todo su equipo y en especial a Bladimiro


y Magui Wojtowicz, profetas de oficio y amigos incondicionales. Son como nuestro “Dr.
Lucas” que se encargan de ordenar la revelación apostólica en cada escrito literario.

... A quienes reciban este libro, por la determinación de resistirse a vivir conformados a
un sistema perverso de escasez que desvirtúa la calidad del Dios que nos llamó. Estoy
seguro que gestionarán lo necesario para ser enriquecidos en todas las cosas.

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Índice

Dedicatoria

Agradecimientos

Prólogo

Primera Parte
Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV

Segunda Parte
Capítulo I
Capítulo II
Conclusiones

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Prólogo

Casi con seguridad, todos oímos hablar alguna vez acerca de una enfermedad
llamada Lepra o Mal de Hansen. Sin embargo, no todos contamos con la
información necesaria sobre esta enfermedad que nos permitiría comprender
mejor el contenido de estas páginas.

Quienes estamos habituados a leer la Biblia conocemos su existencia. Se trata de


una enfermedad infecciosa producida por el bacilo de “Hansen”, en honor al
médico que lo descubrió. Este germen se caracteriza por atacar los nervios
sensitivos de las extremidades, con la consecuente pérdida de la sensibilidad
cutánea. Otra de sus manifestaciones es la aparición de manchas en la piel,
generalmente de color marrón claro. La pérdida de la sensibilidad lleva al
paciente a padecer accidentes frecuentes que terminan produciendo
ulceraciones. En un estado avanzado de la enfermedad se manifestará un gran
deterioro general denominado caquexia. En este punto las infecciones severas
producidas por el descenso de las defensas, sumado a las heridas provocadas
por los accidentes recurrentes, producen un gran deterioro del organismo y una
predisposición a la aparición de diferentes tumores malignos.

En las extremidades inferiores se manifiesta un síndrome de insuficiencia


venosa crónica que con el correr del tiempo se acompaña por grandes úlceras
que pueden abarcar desde la rodilla hasta el tobillo, con una evolución crónica y
progresiva de varios años, incluso décadas. Los dedos se van atrofiando por
causa de las infecciones repetidas hasta que en algunos casos se produce una
amputación espontánea ante el menor de los traumatismos.

La lepra es una enfermedad infecto–contagiosa cuyo mecanismo de transmisión


no se ha logrado establecer con certeza. En la antigüedad se creía que esta era
una enfermedad incurable, por tanto se estigmatizaba a quienes la padecían,
confinando a los enfermos en hospitales cerrados para aislarlos del contacto con
el resto de la sociedad, familiares incluidos, hasta el día de su muerte. Estos
centros fueron una realidad en la Argentina hasta hace no muchos años. El
avance de los tratamientos médicos en esta área permitió controlar la evolución
de esta enfermedad, aunque aún se discuten los criterios de sanidad.

Cuando alguien recibía el diagnóstico de lepra, el Estado lo confinaba a uno de


estos centros de tratamiento y se limitaba a proveerles el sustento necesario.
Pero desde el mismo instante que ingresaban a estos hospitales perdían todos
sus derechos y eran marginados por un temor exagerado y desmedido ante el
contagio. La tradición compara a la lepra con una maldición, porque a partir del
momento cuando el enfermo se contagiaba se convertía en un ser olvidado.

¿Por qué establecer una comparación entre la lepra y la pobreza? Porque los
pobres de este siglo también son marginados y excluidos de la sociedad.
Muchos prefieren ignorarlos antes de hacerse cargo de la triste realidad que

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azota a hombres, mujeres y niños que viven en los distintos continentes. Son
seres humanos desprovistos de sus derechos y carentes de todas las
posibilidades para acceder a una vida digna, acorde a lo que Dios desea para
sus hijos. La pobreza es un espiral que arrastra a los desposeídos hacia niveles
cada vez más profundos, condenándolos al ostracismo, el olvido y la muerte,
sin remedio y sin esperanzas.

El Dr. Juan Ballistreri nos muestra un panorama que puede cambiar,


enseñándonos que los hijos de Dios en este tiempo debemos rescatar nuestra
misión más importante: “ganar personas y enseñarles a vivir según los
principios del Reino”. Este es el único camino para brindarles amor, esperanza
y fe, mostrándoles a los que están sometidos bajo el yugo de la escasez y la
pobreza que sus vidas pueden cambiar. Caminar con Jesús implica transitar por
el camino de la verdad y la vida, porque sólo conociéndole a Él podemos tener
acceso a todas las riquezas del Reino. Una vez más la pluma afilada del autor
nos muestra con autoridad y solvencia en el conocimiento de la Palabra, un
mensaje de paz y esperanza, presentando una clara exhortación para amar a
nuestro prójimo.

Espero que cada lector se sienta inspirado y desafiado por el Espíritu Santo a
levantarse dispuesto a cumplir su propósito eterno en el Reino de Dios. Sólo así
la pobreza podrá ser totalmente aniquilada y erradicada para siempre de
nuestras naciones.

Prof. Dr. Bladimiro Wojtowicz

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Primera Parte

Manifestando la imagen del Padre

Capítulo I

Las páginas que leerá a continuación surgen de un proverbio que se sembró en


mi espíritu: “La pobreza es la lepra de este siglo”. Antes de entrar de lleno al tema
central de este libro quiero hacer referencia a algunas reflexiones previas.

➢ Nunca fundamento una predicación en una experiencia personal, salvo


cuando la puedo comprobar.

➢ Es necesario tener en cuenta que la teología vivencial puede ser muy dañina.

➢ No se puede respaldar una verdad eterna desde una experiencia personal. El


correr del tiempo genera las únicas condiciones que nos permiten hacerlo,
porque ese testimonio ilustrará un principio eterno.

En la Carta a los Corintios, el Apóstol Pablo nos habla acerca de los ministerios,
los dones y las operaciones de Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo. La Biblia
dice que el Hijo es quien entrega los ministerios porque le pertenecen. Los
dones los imparte el Espíritu Santo, pero el Padre se reservó el derecho legal
para operar. Esto significa que más allá de tener un don o un ministerio, Dios
puede usarnos como le plazca porque es su labor. Por ejemplo, en el caso de un
maestro, esa operación implica abocarse a la tarea de transformar un rhema de
Dios en una enseñanza creíble por medio del respaldo de la Palabra.

En este tiempo, nuestro objetivo más importante es ganar almas y liberarlas de


la maldición de la miseria en todas sus formas, redimiendo así a las naciones de
la tierra con el poder del Espíritu Santo. Pero este es un proceso que debe
comenzar “por casa”, en otras palabras, empieza por cada uno de nosotros. Esto
es mucho más que una frase hecha o una expresión trillada, tiene un significado
mucho más profundo y desafiante, relacionado con la implementación práctica
de nuestro propósito eterno en el Reino de Dios. Obedcastillo23 [Link]

El juicio de Dios comienza por su casa. Esta expresión no tiene nada que ver con
un terreno o con algunas paredes, es la sumatoria de todos los hijos de Dios que
la conformamos. La casa de Dios no la integra una sola persona y tampoco una
multitud de gente que pretende serlo cuando se congrega en una reunión
determinada. Está conformada por quienes se determinan a ser una morada
para Dios en el espíritu. Cada uno de nosotros sería como una habitación, pero
en ningún momento podemos ser toda la casa, porque está conformada por la
suma de todas las habitaciones del Padre.

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Cuando una persona pretende ser parte de la casa de Dios, debe sumarse a un
complejo edificio diseñado de una manera predeterminada. El arquitecto es
Cristo y los edificadores son personas autorizadas para hacerlo. Por eso no
podemos ser como una habitación sola o aislada en una calle, mucho menos
pretender que todo lo que Dios dice en su casa debe funcionar desde nuestra
habitación individual. Para ser más claro: no podemos tener calefacción en
nuestra habitación, a menos que se encuentre integrada al resto de la casa.

El gran conflicto de algunos cristianos es vivir preguntándose por qué a ellos no


les llegan los efectos de la Palabra que se predica. La respuesta es muy sencilla:
Dios no está comprometido con las habitaciones, su Pacto es con toda la casa.
Si las habitaciones no responden al diseño divino, no podrán acceder a los
beneficios de la Palabra revelada en cada tiempo. Si alguno decidió quedarse en
la habitación del fondo de la casa, habitualmente llamada “cuarto de las cosas
viejas”, no podrá acceder a muchas cosas porque esa área generalmente está
separada del edificio principal.

Cuando Dios me mostró este principio decidí asumir el desafío y determiné


caminar junto a una generación que habite en la casa. Para lograrlo renuncié a
ser una habitación apartada y decidí unir mi vida a las personas que tomaron la
misma determinación. Cuando el Señor nos mostró que era posible alcanzar la
meta de ganar, consolidar y discipular 5000 personas, inmediatamente mi
mente se fue a una casa con cinco mil habitaciones unidas de una manera
estratégica detrás la visión. El discipulado se trata de edificarle una casa a Dios,
donde todas las partes que la componen respondan al diseño divino. El Apóstol
Pablo lo define de esta manera: “un cuerpo bien concertado es un edificio que crece
sobre un buen fundamento”. Pero afina más la definición cuando dice: “es un
edificio vivo que crece hasta llegar a ser la casa perfecta, cuyo maestro arquitecto es
Dios”.

Cuando nos integramos por completo al edificio no importa lo que pensamos.


La única manera de lograr esto es dejar de ser una unidad aislada para ser una
parte integral dentro de un todo. Recién allí podemos dar la vida por ese
edificio, ofrendar, orar, servir, etc. Más allá de haber soportado el chisme, las
habladurías, la murmuración o si aún por causa de ese edificio nos cortaron la
cabeza, lo importante es que la siguiente generación tenga un testimonio vivo
llamado Iglesia, donde habita el Dios Viviente. Si nuestros hijos no encuentran
un lugar donde todo esté impregnado por la vida de Dios, donde todos quieran
entrar y sentirse abrazados por el Padre, no logramos el objetivo. Esto es lo que
intentó hacer el rey Salomón, aunque no pudo lograrlo.

Dios le dijo a Salomón: “No puedo entrar en tu casa, está muy linda pero ni todo el
oro del mundo podría contener al Yo Soy. El corazón de las personas es la única morada
dentro de la cual puedo habitar”. Todos nacimos para edificar una casa para el
Señor.

Es importante resaltar que si una persona no logra arrancar al espíritu de


pobreza de su corazón, quedará inhabilitada para avanzar en el propósito de
Dios. Debo aclarar que esto no tiene nada que ver con el dinero, es un concepto
con un alcance mucho más amplio. Tradicionalmente se nos enseñó a conectar a
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la pobreza con la cantidad de dinero que podamos tener y esto es un grave
error. Existen personas que tienen muchísimo dinero, pero manifiestan el
espíritu de pobreza en todas sus palabras y por medio de todas sus acciones,
contaminando todo a su paso. También existe el caso contrario donde hay
personas que no tienen tanto dinero, pero sus palabras reflejan una riqueza
incalculable por la sabiduría que las envuelve y transforman para bien a todos
los ambientes por donde pasan.

La tarea que Dios me encomendó es transformar una palabra rhema en algo


creíble a través del respaldo de su Palabra. No es mi intención crear una
doctrina sobre lo que acabo de decir, porque no tiene sentido llevar este tema al
plano de la discusión teológica. El objetivo es ver si alguna vez logramos ser lo
suficientemente sensibles como para entender las cosas que transcienden a las
letras escritas en una hoja de papel. No debemos olvidarnos que la Palabra
precedió a la Biblia, porque existió desde antes de la creación de todas las cosas.
Cuando podemos respaldar esa Palabra con la letra escrita, estamos intimados a
caminar por esa revelación del Espíritu de Dios.

Lepra: ¿enfermedad o pecado?


Creo que es necesario analizar bien el tema de la lepra antes de emitir una
opinión para derribar el mito que gestó la historia acerca de esta enfermedad.
Las corrientes teológicas y las tradiciones verbales nos enseñaron que la lepra
era un castigo divino que venía sobre las personas por causa de un pecado
oculto. Pero cuando el Señor me guió a reflexionar sobre este tema, mi primera
reacción fue: “¿Dónde está el pecado?”. La respuesta del Espíritu Santo fue: “No
te estoy hablando de pecado, ¡hablo de pobreza!”. No existe un solo pasaje en la
Escritura que respalde el mito que afirma que la lepra sea el castigo por cometer
algún tipo de pecado. Después de la resurrección del Señor no se vuelve a
mencionar en la Biblia a esta enfermedad ni a los enfermos de lepra. ¡Se
terminaron los enfermos de lepra! ¿Desaparecieron? ¿Se sanaron y volvieron a
integrarse al sistema social?

Le pedí al Señor que me mostrara ante qué estaba. Su respuesta fue clara:
“¡Estás ante un mito! Si te digo que la pobreza es la lepra del Siglo XXI debes hacer
algo. Te voy a llevar a una posición de autoridad desde la cual podrás liberar a muchas
personas atadas por esta maldición”. Históricamente, ninguna enfermedad
contiene una verdad eterna. Cuando la Biblia dice que la Palabra de Dios es una
semilla, afirma que habrá semillas mientras el hombre habite en la tierra. Un
ejemplo eterno ejemplificará una enseñanza eterna que no caduca. El día que no
haya más semillas y no haya más árboles, será una señal donde usted y yo
también habremos dejado de existir.

Es peligroso asumir posiciones radicales acerca de las cosas que se deterioran


con el paso del tiempo y perecen. ¿Cuántos de nosotros le creemos a Dios en
todas las áreas de nuestra vida? Bien, entonces podemos comenzar con el tema.
La palabra “pobreza” tiene un significado netamente espiritual. Para su
tranquilidad, el espíritu de pobreza opera tanto en gente de escasos recursos
como en personas con mucho dinero. Al hablar de un espíritu me refiero a
paradigmas de vida que determinan un comportamiento determinado. La

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pobreza es una estructura de pensamiento perversa que opera como un yugo
que se establece y adquiere derechos legales en nuestra mente.

Los que nacimos en el siglo XX y transitamos este nuevo somos como una
generación de ensamble. Asumimos que “tener algo” es una bendición de Dios
y al alcanzar un poco más de esa bendición, todos nuestros problemas se
podrían arreglar. Esta manera de pensar denuncia que nacimos bajo un yugo de
pobreza. La palabra “pobreza” tiene que ver con la “estrechez” en nuestra
manera de pensar, más que con el área económica. Por eso debemos aprender
que existe una gran diferencia entre “ser pobre” y “atravesar un tiempo de
escasez”.
La pobreza siempre es un espíritu, pero no sucede así con la escasez. Existen
hombres y mujeres que aman a Dios y son verdaderamente libres, pero
atravesaron momentos de escasez económica, financiera, familiar, etc. Todos
atravesamos tiempos de estrechez. La escasez tiene que ver con algo que nos
aprieta desde afuera hacia adentro. La pobreza tiene que ver con una actitud
interna, vivimos apretados aunque nadie nos presione. Es sorprendente la
cantidad de veces que figura la palabra pobreza en la Biblia. Si volvemos a leer
el pasaje que dice: “Bienaventurados los pobres de espíritu porque ellos verán a Dios”
veremos, a la luz de esta revelación, que el enfoque es completamente diferente.
Más adelante veremos este punto de una manera más detallada.

El espíritu de pobreza y los tiempos de escasez son dos cosas diferentes. El


pasaje de Lucas 4:16-30 dice: “Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de
reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el
libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El
Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los
pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los
cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año
agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro y se sentó; y los ojos de
todos en la sinagoga estaban fijos en él”.

“Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. Y todos


daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían
de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José? El les dijo: Sin duda me diréis este
refrán: Médico, cúrate a ti mismo; de tantas cosas que hemos oído que se han hecho en
Capernaum, haz también aquí en tu tierra. Y añadió: De cierto os digo, que ningún
profeta es acepto en su propia tierra. Y en verdad os digo que muchas viudas había en
Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo
una gran hambre en toda la tierra; pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una
mujer viuda en Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del
profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio. Al oír estas
cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira; y levantándose, le echaron fuera de la
ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad
de ellos, para despeñarle. Mas él pasó por en medio de ellos, y se fue”.

¿Qué causó tanto enojo entre los hombres que escucharon a Jesús leer este
pasaje y declarar su cumplimiento en su vida? ¿Qué puede tener de peligroso
que alguien lea la Biblia? ¿Qué se movió en el ambiente? ¿Qué ocurrió en
realidad?
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En lo personal tengo algunas razones para sostener por qué se enojó tanto esa
gente. La primera es que debían “creer en una Palabra cumplida”. Si creer en las
Escrituras fuera tan fácil, el mundo donde vivimos sería radicalmente diferente.
Existe una gran diferencia entre oír un pasaje de las Escrituras y entender el
tiempo de su cumplimiento en nuestra vida. No es lo mismo que le digamos a
una persona “Dios te quiere prosperar” a decirle “¡a partir de hoy, tienes prohibido
dejar de prosperar!”. Es decir, si no prosperas a partir de hoy, estás fuera del
propósito de Dios para tu vida. ¿Qué cambia nuestro estado de ánimo? El
cumplimiento de la Palabra. Una vez más, el problema surge cuando nos
limitamos a conectar la prosperidad con el dinero.

Pobreza y prosperidad son conceptos de vida que tienen una traducción


material en sí mismos, pero no en una idea preconcebida. Es una manera de
pensar qué se cree o qué se rechaza, algo que aceptamos o de lo cual nos
liberamos. Cuando Jesús leyó el pasaje del profeta Isaías no hizo nada original,
porque antes hicieron eso mismo durante centurias. ¿Por qué antes nadie se
enojó en Israel si ese pasaje se leyó durante setecientos años? Porque Jesús hizo
algo diferente.

En algún momento de nuestras vidas todos sentimos que las cosas se


detuvieron. ¿Nunca tuvo la sensación que debería estar mejor posicionado que
en el presente? ¿Alguna vez sintió que trabajó más de lo que pudo edificar?
¿Cree que oró más de lo que logró concretar? ¿Por qué pasa esto? Porque somos
parte de una generación a la cual se le enseñó a esperar el cumplimiento de la
Palabra. Pero Dios dice que no nacimos en la generación que espera el
cumplimiento de la promesa, ¡somos parte del cumplimiento de la Palabra! Mi
padre vivió en la generación de la promesa y murió feliz. Cuando partió con el
Señor lo hizo silbando porque siempre creyó en las promesas de Dios. En su
tiempo, las palabras que se predicaban se limitaban a despertar promesas como
“el Señor Jesús viene o el Señor Jesús te va a sanar y te va a dar”. Pero ahora no
puedo silbar en paz como mi papá y no porque me falte el gozo o la alegría del
Señor, sino porque formo parte de una generación donde la revelación de la
Palabra no despierta una promesa sino que decreta su cumplimiento.

Pero aún seguimos sin resolver el problema. Cuando crecimos acostumbrados a


ver sólo las promesas del Evangelio luego de pasar años escuchando a esa clase
de predicadores, tenemos un problema serio para integrarnos al mover de Dios
en este tiempo. Todos los que ministramos desde un púlpito deberíamos
caminar en el entrenamiento del cambio, listos para tomar las decisiones que
nos lleven desde una palabra de promesa hacia un tiempo de cumplimiento.
¿Por qué muchos creyentes se enojan dentro de la Iglesia? Porque nacieron
dentro de una generación en la cual caducó la promesa y comenzó el
cumplimiento, pero se negaron a realizar los cambios a tiempo para gozar de
sus beneficios. Cuando asumimos una vida fundamentada en las promesas,
incorporamos un estilo de vida determinado. Por ejemplo, si nos encontramos
con una persona a quien le prometieron un crédito, el diálogo podría ser:

-¿Cómo estás? ¿Todo bien?


- Estoy bien, esperando que llegue el dinero del crédito.
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Veamos otro ejemplo donde una persona está esperando el pago de una deuda
de alguien que está por vender su casa:

- ¿Por qué no te vas de vacaciones?


- No puedo, porque en cualquier momento cobro la deuda.

En ambos ejemplos, estas personas organizaron sus vidas en base a una


promesa. Durante dos mil años el pueblo judío vivió pendiente de una
promesa: el Mesías que iba a venir. Aunque parezca muy fuerte lo que voy a
decir, es muy necesario si queremos aclarar este punto para que se activen los
beneficios de la bendición de Dios. El mensaje del Evangelio que se enfocó
solamente en las promesas de Dios fue una de las tragedias más grandes que
provocaron el aborto de millones de destinos proféticos a lo largo de la historia
de la Iglesia. Así veíamos personas que pasaban sus vidas esperando lo que
Dios les daría o haría por ellos algún día. Cuando afirmamos nuestra vida en
esos principios, las promesas se convierten en los principales saboteadores de
su cumplimiento efectivo.

Una persona puede pasar la mayor parte de su vida creyendo que Dios lo va a
sanar, pero cuando llega el día de su milagro, quizá no le convenga porque
estructuró toda su vida alrededor de su enfermedad. Por eso Jesús le preguntó
al paralítico si quería ser sano, porque desde el momento cuando recibiera su
sanidad se terminaría el negocio de la mendicidad y debía producir para su
sustento. Recuerdo a una persona a quien le concedieron la jubilación y como
Dios lo había sanado, renunció a la pensión porque decía que estaba sano y
podía trabajar. Pero en general, la mayoría de las personas que cobran una
jubilación por invalidez, desarrollan una vida acorde a su condición de
“discapacitados”.

Esto arroja luz sobre la causa del enojo tan violento de las personas que se
encontraban en la sinagoga oyendo a Jesús. En realidad no les molestó la lectura
del pasaje de Isaías, sino el cumplimiento de la profecía de libertad para los
pobres y los oprimidos. En otras palabras, su enojo obedecía al fin del sistema
económico al que se amoldaron por años y determinó el entorno donde
desarrollaban toda su vida. El espíritu de pobreza que dominaba sus mentes
diseñó un mundo donde se sentían cómodos y del cual no querían salir. Es
como ser el dueño de una corporación farmacéutica dedicada a buscar los
medios para combatir el cáncer. ¡La peor noticia que puede recibir es el
descubrimiento de la cura definitiva para el cáncer!

¿Por qué la solución para todas las enfermedades aún no está disponible en las
farmacias? Porque la industria farmacéutica no fue creada para salvar a la gente
sino para lucrarse con los medicamentos que venden para tratar las
enfermedades. En otras palabras, existen para empobrecer a la gente,
postergando o mitigando la aparición de los síntomas de una enfermedad. Los
farmacéuticos no son Dios, sólo Él piensa en liberarnos definitivamente del
azote de la enfermedad. Por eso se levantó ese tremendo revuelo cuando Jesús
declaró que el motivo fundamental de su presencia entre ellos era liberar a los
esclavos y los oprimidos.
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Cualquiera que descubra un automóvil que puede funcionar mejor con
cualquier otro elemento que no sea un derivado del petróleo, enojará a un
montón de personas involucradas en el negocio petrolero. Es decir, cuando se
descubre una verdad que libera a las personas y no se limita a la simple
predicación de una idea bonita, siempre provocará irritación y enojo en los que
defienden el statu quo. El día que tomemos la decisión de ser verdaderamente
libres, abrazando el Evangelio completo del Reino de Dios, nos vamos a enterar
de la cantidad de enemigos que generó esa acción.

El Apóstol Pablo define esta situación de la siguiente manera cuando nos


aconseja: “airaos, pero no pequéis”. ¡Es imposible que una persona acceda a su
libertad sin enojarse contra el entorno que lo oprimió durante tantos años! ¿Por
qué los presos tratan de escaparse de las cárceles si saben que casi siempre los
volverán a atrapar? Porque la libertad es una de las características que Dios nos
impartió por medio de su Espíritu. Por eso no llama la atención que todos los
presos normales sólo piensen en el momento de salir de la cárcel. El sistema
carcelario puede colocar rejas alrededor de un ser humano por un cierto tiempo,
pero nunca logrará doblegar el anhelo de libertad que descansa en el espíritu
del ser humano.

Cualquier intento por abrir caminos hacia la libertad producirá algún grado de
enojo en las personas que no comprenden los beneficios de esa propuesta. Cada
vez que en nuestra congregación aliento a la gente a integrarse al programa de
discipulado, veo que algunos se enojan y ni siquiera saben por qué. ¿Por qué se
enoja la gente? Porque cada vez que alguien está a punto de ser libre de algo
que lo mantuvo detenido mucho tiempo en una situación con la que se
acostumbró a convivir, debe ser confrontado con el enojo. ¿Qué mantenía
funcionando a la sinagoga? Escuchar el lamento de toda la gente. Cuando Jesús
se puso de pie y dijo: “Hoy se cumplió esta Palabra. Desde ahora en adelante, nadie
volverá a llorar”. ¿Puede imaginar los pensamientos que cruzaron las mentes de
las autoridades religiosas? En ese tiempo esas personas administraban un gran
negocio y seguramente no querían compartirlo. ¡Con razón crucificaron al
Cordero de Dios! Después de todo fue quien llevó a la quiebra a ese negocio tan
lucrativo. Todos los días los líderes religiosos recibían una ofrenda de cada
persona y casi siempre era el mejor animal. No es extraño que las autoridades
religiosas rechazaran el cambio, porque a partir de ese momento tendrían que
aprender a vivir por la fe que predicaban. Eso mismo ocurre con los religiosos
de nuestros días.

Jesús hizo una obra de amor. ¿Qué es lo que enoja tanto del amor? Que el
verdadero amor libera a las personas para que se puedan desarrollar en la vida.
Siempre que alguien quiera liberarnos despertará nuestro enojo. Estoy
determinado a hablar sobre la libertad, más allá de la incomodidad que pudiera
generar este tema. Siempre habrá alguien dispuesto a salir de la prisión de
pobreza en la que se encuentra recluido. No debemos contemporizar con la
pobreza porque es una de las cárceles más crueles que existen. ¡Una Iglesia con
una mentalidad de pobreza no está en condiciones de tocar al mundo con el
mensaje libertador del Reino!

!13
La pobreza es similar a un trozo de cuerda: aunque ambos extremos sean
opuestos no dejan de ser iguales. Por un lado existen los pobres que no tienen
recursos, entonces la causa de su enojo estallará ante cualquier estrategia
propuesta porque quedarán expuestas sus limitaciones. Como están tan
metidos en esa cueva donde reina la pobreza, la miseria y la escasez, nunca
podremos contar con ellos para encarar ningún proyecto. Por otro lado existen
los pobres que tienen muchos recursos, pero se niegan a desprenderse de ellos
por temor a caer en la ruina. Si bien lograron adquirir muchos bienes, nunca se
despojaron de la mentalidad de pobreza. Pude ver esto en muchas personas que
al atravesar tiempos de estrechez financiera no tenían problemas en dar sus
diezmos, pero cuando Dios expandió su economía, se resistieron a expandir su
mentalidad y quedaron atrapados en la cárcel de la pobreza. Cuando tenían
diez diezmaban uno, pero cuando comenzaron a manejar diez mil, les parece
ilógico desprenderse de mil. Este es un fiel reflejo de la mentalidad que
alimenta este espíritu inmundo y debemos quebrantarla si anhelamos entrar en
la dimensión de gobierno del Reino de Dios.

¿Cuál es el sentido de una sinagoga ante la aparición del Cristo resucitado? ¿A


qué se iban a dedicar todos los que trabajaban allí? Traslademos esta situación
hasta nuestros días. ¿Qué ocurrirá cuando comiencen a suceder las olas de
sanidad que están profetizadas sobre las naciones? ¿Quiénes serán los primeros
en protestar? Todos los que integran el sector de la salud, (médicos,
farmacéuticos, clínicas, odontólogos, laboratorios de medicamentos, etc.), serían
los primeros en protestar y ridiculizar una situación que los perjudica. Cuando
el Espíritu Santo derrame mantos de liberación sobre ciudades enteras, ¿dónde
quedarán los sistemas religiosos que viven de la ministración continua del alma
herida?

Por eso el testimonio de Lucas tiene un doble mérito. Aunque era médico, no
tuvo reparos en ser el cronista que registró con detalles el mover del Espíritu
Santo en los albores de la Iglesia. Para que Lucas pudiera calificar como uno de
los escritores de la Biblia, tuvo que renunciar a su propia estructura mental,
proveniente de su formación científica. Su mayor mérito como médico fue
reconocer que Dios es el autor de la vida. Todos nosotros, aunque nos cueste
aceptarlo, albergamos alguna estructura de pensamiento basada en la pobreza.
Siempre habrá resistencia cuando un adúltero, un drogadicto, un alcohólico, un
joven descarriado, un idólatra o un avaro, se enfrentan a la realidad del cambio
para poder operar en las bendiciones del Reino de Dios. Este enojo proviene del
descalabro que existe en su ser interior, fruto de ese montaje perverso que se
edificó con el correr de los años. Cuando esa persona se encuentra con la
Palabra de Dios, tendrá que asumir su responsabilidad frente al cambio para
establecer el orden del Reino en su vida.

Trato de imaginar el efecto que tuvieron las palabras de Jesús cuando dijo:
“Escrito está: Mi casa será llamada casa de oración; pero ustedes la están convirtiendo
en cueva de ladrones” (Mateo 21:13). Las personas que tenían montado el negocio
de compra y venta de todo tipo de artículos en la puerta del templo se habrán
enfurecido. El encargado de la sinagoga y quienes lo acompañaban habrán
pensado que desde ese momento se cerraría su fuente de trabajo. ¿Sabe por qué
algunos líderes no quieren aceptar el cambio propuesto por la Iglesia
!14
apostólica? Porque es el único camino para activar las claves que le permitirán a
la gente vivir en libertad, independientemente de su pastor. Mientras que a los
apóstoles los sostiene el Señor, el ingreso de los pastores depende de sus
congregaciones. Por eso en muchos casos existen líderes inmaduros que no
pueden aceptar situaciones como éstas:

➢ La Iglesia tiene que emigrar hacia otra mentalidad.

➢ Dejar a la gente libre un domingo y si quieren descansar, que vayan al


campo.

➢ Si quieren recibir una palabra revelada de Dios venga al servicio, por el


contrario se la perderán.

Los líderes inmaduros tienden a incrementar el control sobre la gente por temor
a perderlos porque les cuesta asumir que las personas le pertenecen al Señor.
¡Con razón nos enojamos tanto ante la posibilidad de un cambio! En la vida del
profeta Samuel podemos encontrar uno de los ejemplos más claros de la actitud
que debemos asumir frente a los cambios. Sin lugar a dudas, podríamos afirmar
que este profeta tuvo uno de los peores pastores que existió en la historia y aún
así nunca se enojó contra Dios. Elí, el pastor de Samuel, se sentaba todos los
días en la puerta del tabernáculo de Silo anhelando el día de su muerte y a
esperar el mal de sus hijos. El profeta Samuel sobrevivió a una Iglesia con un
liderazgo de esta calidad. ¿Alguien entraría a mi congregación si me sentara en
la puerta del salón esperando que me lleguen toda clase de malas noticias?
¡Seguro que no!

El testimonio del ministerio profético de Samuel está en las Escrituras porque


fue capaz de dejar a un lado el montaje de la estructura humana que recibió de
su mentor y se consagró a vivir por una revelación divina. El ambiente adverso
en el cual creció fortaleció su convicción acerca de quién era Dios. Hoy las
iglesias están llenas de toda clase de místicos que tienen sueños, visiones y
proyectos, pero a la hora de asumir un compromiso nunca están disponibles.
Este es uno de los síntomas más frecuentes que reflejan su atadura ante la
pobreza, la lepra del siglo XXI.

¡La libertad no se negocia!


Cada vez que Dios quiere traer libertad financiera a mi vida y a la Iglesia, nunca
faltan quienes tratan de aconsejarme que “afloje la presión con el dinero”. Sin
embargo, soy el primero en cuestionar esa decisión. Cuando comienzo a
preguntarme si está bien lo que hacemos, entiendo que debemos cambiar
nuestra manera de oír para afinar nuestro entendimiento. Oír atentamente y
con discernimiento nos permitirá avanzar hacia la concreción del propósito de
Dios en la tierra.

Cuando Cristo ingresó al templo lo absorbió por completo. El apóstol Pablo


dijo: “Ya no vivo yo, Cristo vive en mí”. El problema se genera cuando existen dos
dueños diferentes que quieren vivir dentro de la misma habitación. Jesús dijo
que las tinieblas y la luz no pueden convivir, porque no se puede servir a dos
señores. Esta es una invitación para posicionarnos en un lugar donde no existe
!15
la posibilidad de realizar divisiones levantando telones, por eso cuando el
Señor murió en la cruz, se rasgó el velo de las divisiones y desde ese momento
hay una sola habitación. Ya no existen el lugar santísimo, el lugar santo o el
atrio, porque cuando Cristo viene a nuestra vida y nos consagramos a Él por
completo, destruye toda fuerza espiritual que operaba en nuestro ser.

Cuando incubamos y defendemos la pobreza como un estilo de vida, por más


que el Señor deje nuestra “casa” limpia (nuestra vida), la bendición de esa
nueva vida no encuentra la manera de manifestarse. Este es un tema algo
complejo y difícil de explicar. No perdemos la vida eterna porque ese pacto es
inquebrantable, pero sus efectos para cambiar nuestra realidad quedan
invalidados por nuestra propia decisión. Aún conservamos la “casa”, porque
Dios no se puede volver atrás del pacto que celebró con nosotros el día que
recibimos a Jesucristo como Salvador y esa situación se definió desde el plano
legal. Pero entre ser salvos y ser la “habitación de Dios”, existe una gran
distancia. Esto no tiene que ver con aceptar un dogma teológico, se recibe por
medio de una revelación directa del Espíritu Santo.

La salvación no es una doctrina, es una experiencia de vida que surge de la


intimidad con el Señor. Cuando una persona se entrega a Jesucristo y recibe una
nueva vida, el espíritu de pobreza se retira de inmediato, por eso es
incomprensible que existan personas nacidas de nuevo que decidan vivir con lo
justo, cantando lo justo, orando lo justo, ganando lo justo y dando lo justo. La
nueva vida nos saca del conformismo de ser parte del promedio de todas las
cosas para pasar desapercibidos dentro de la multitud.

Sin dudas podemos afirmar que el principal saboteador de nuestra libertad es


ese montaje interno que construimos con el correr de los años. No podemos
negar nuestra responsabilidad porque nosotros mismos montamos las bases
para que nuestra vida terminara en esclavitud. Así como la cura del cáncer
desbarataría el negocio farmacéutico –el cuarto más lucrativo del mundo- la
libertad en Cristo desbarata todos los fundamentos errados de nuestra vida.
Una persona que experimentó a Cristo, siente una conmoción profunda en todo
su ser. Por eso no creo en los cambios equilibrados ante la Palabra de Dios.

Muchas veces el testimonio de vida de algunas personas arrojan dudas sobre la


contundencia de su experiencia real con Cristo. Cuando una persona tiene
demasiadas vacilaciones a la hora de implementar cambios, comienzo a dudar
de la profundidad de su compromiso con el Señor. Esto quedará expuesto en el
momento que aparecen los desafíos para impulsar la marcha de los proyectos
de expansión del Reino de Dios. Allí el tiempo, las finanzas o el aporte de
recursos personales, se convierten en la excusa al Señor para que expresen su
verdadero nivel de compromiso. Cuando la gente necesita más de media hora
para tomar una decisión afirmativa en esta dirección, realmente dudo mucho de
la contundencia de su experiencia real de entrega al Señor.

En el mejor de los casos su experiencia con el Señor se limitó a unos cuantos


mimos, donde hubo muchas caricias pero nunca llegaron al nivel de intimidad
profunda que sólo puede manifestarse ante una entrega total y absoluta. Las
Escrituras no nos dejan ningún testimonio donde una persona que conoció
!16
verdaderamente al Señor se quede sentado “meditando los cambios”. Caminar
con Dios no nos deja opciones, dejamos todo por el Reino o nos conviertimos en
traicioneros que lo abandonamos ante la menor presión. Dios es tan poderoso
que no podemos controlar su poder, ¡sólo Cristo puede controlar la
manifestación de su poder en nuestra vida! Si tuviéramos un automóvil que
puede funcionar sólo con agua, despertaríamos la ira de todo el mundo porque
descubrimos un combustible que se puede conseguir con toda libertad y en
forma ilimitada. Eso mismo ocurre cuando dejamos de depender del pan para
vivir y nos alimentamos de toda Palabra que sale de la boca de Dios.

El Señor es bien enfático cuando nos exhorta a desmontar la maquinaria


perversa que edificamos en nuestra mente, determinando nuestro paradigma
de vida errado. ¡Tenemos que cambiar los fundamentos que empleamos para
tomar decisiones y asumir la mente de Cristo para que todo comience a
funcionar! Debemos dejar de lado la duda perversa, darle paso al cambio y no
dejar de analizar tanto lo que Dios ya nos aclaró por su Palabra que nos
conviene.

Las personas suelen olvidar el estado que tenían cuando llegaron a los pies de
Cristo. Muchos aún estaban al borde de la muerte, luego de intentar todas las
salidas y soluciones posibles sin obtener resultados. En esos primeros días
tenían tiempo para pasar horas a solas con Él, servirlo y obedecerlo sin dudar.
¿Qué les pasó en el camino que terminaron cayendo en la tibieza? El espíritu de
pobreza volvió a invadir su habitación, llenándola con telas de araña. Volvieron
a atarse al mundo de las ilusiones fundamentado en las promesas y se alejaron
de una vida que se mueve por tiempos cumplidos.

Si en este punto decide enojarse conmigo, puedo aceptarlo, no tengo problemas


con eso. El enojo humano es capaz de llevar a Jesús a empujones por toda la
ciudad y tratar de arrojarlo desde un monte alto. Aunque muchas veces yo
mismo tomé esas actitudes cuando no comprendí el mensaje que ciertos
predicadores depositaron en mi vida. ¿Por qué reaccioné de esa manera?
Porque me llevó veinte años comprender el comportamiento de algunos
hombres y mujeres de Dios, no los entendía porque estaba preso dentro de un
mundo lleno de promesas. El problema era que nadie se sentó conmigo para
explicarme esa revelación, por eso creo fírmemente que llegó el tiempo para
redimir esta situación y quiero compartir esto con usted: Podemos amar y
respetar a alguien, ¡pero debemos comprender que su libertad no se negocia!

Hace tiempo estuve dentro de esa celda y desde que el Señor me libertó decidí
que no volvería a entrar, aunque aún existen áreas en mi vida donde día a día
me muestra que debo ser libre. Una vez que Dios me muestra dónde debo
cambiar, no puedo perder más tiempo dentro de esa celda. Usted debe saber
con qué espíritu está tratando para poder quebrantar el poder de la pobreza
sobre su mente, no importa si tiene un millón de dólares en su cuenta bancaria
o no tiene siquiera un pan para comer el día de hoy. Esta es una cuestión
espiritual que continúa afectando a gran parte del pueblo de Dios. Cuando
logremos desterrarlo por completo de nuestra mente, la Iglesia avanzará en un
mes lo que no pudo recorrer en los últimos diez años.

!17
El problema es que teniendo todos los recursos a nuestra disposición seguimos
pensando como pobres, porque ante los desafíos nos enojamos igual que ellos.
Cuando nos enfrentamos ante la revelación de la Palabra del Reino de Dios,
reaccionamos desde nuestra mentalidad de pobreza y nos acobardamos. La
reacción de una persona libre debería ser: “¡Gracias Señor, porque dejaré a mi
generación bien posicionada en tu Reino!”. Las personas que estaban en la sinagoga
se enojaron ese día porque al escuchar la declaración que hizo Jesús, el montaje
que armaron a lo largo de sus vidas se les cayó encima. Todas las personas que
tienen un encuentro personal con el Señor, reconocen que sus vidas cambiaron
desde que tomaron esa determinación. Esto es lo normal que debería ocurrir en
las vidas de todos los creyentes. Como en el presente formo parte de una Iglesia
que aprendió a ser más inteligente, sé que es imposible hacer un cambio sin ver
que tiemblan los cimientos de toda la casa, por eso es imprescindible entrenar a
los hijos para enfrentar y asumir los cambios que surgen en nuestro andar con
Dios.

El anhelo de todos los padres emocionalmente sanos es evitar el sufrimiento de


sus hijos. ¡Pero el fruto del sufrimiento en Cristo siempre es gozo! Como padre
prefiero que mis hijos lloren hoy y rían el resto de sus vidas, pero me enfrento a
un problema ético si permito que mis hijos se rían y se nieguen al cambio,
¡porque eso determinará el llanto de mis nietos! No podemos darnos el lujo de
actuar con ligereza sólo por sentimentalismos y dejar de corregir todo lo
necesario en nuestros hijos, porque hay una generación que reclama su destino
y nos necesita para ser libre. Tenemos que asumir que somos discipuladores de
gente que se va a enojar, pero no se va a ir de nuestro lado. ¡Dios lo dijo!
Siempre habrá gente que se niegue a tratar con el cambio y decida volver atrás,
pero tarde o temprano regresarán porque sabrán que no les mentimos.

Este no es un mensaje simpático, pero si quisiera ganarme la simpatía de las


multitudes predicaría sobre otras cosas. Cuando nuestra libertad está en juego,
la simpatía y la aprobación de la gente son secundarias. El próximo cambio
implica desmontar ese andamiaje sobre el cual edificamos toda nuestra vida.
Todo el mundo anhela los cambios, pero nadie quiere sacar los muebles o tirar
las cosas que no sirven, aunque parezcan nuevas. ¡Nadie quiere desmontar el
statu quo en su vida!

Un domingo por la mañana clamamos: ¡Señor, cámbiame! Pero echamos a los


hombres de la mudanza cuando vienen por la tarde a llevarse los escombros de
nuestra vida. Es hora de desarmar el andamiaje perverso y vetusto que por años
estuvo montado en nuestra mente, porque las cosas que nos esperan por
delante son mayores y mejores. Ya es tiempo de amar a Dios con todas nuestras
fuerzas y desmontar todo el escenario del pasado para subirnos definitivamente
a la nueva vida en Cristo. Dios no se puede magnificar en sus promesas porque
no tendrán expresión en el mundo material hasta que llegue el tiempo de su
cumplimiento. No tema desmontar todos los escenarios que no le sierven más.
El apóstol Pablo lo dijo de esta manera: “haced morir lo terrenal en vosotros...”. En
otras palabras, la orden fue ¡maten al espíritu de pobreza que habita en sus
mentes!

!18
El pasaje de 2 Reyes 5 relata la historia del general sirio Naamán, quien estaba
enfermo de lepra y aunque padecía una enfermedad grave, este hombre no era
un hipócrita. Resistió todo lo que pudo porque no quería terminar sus días
confinado en un leprosario. Sabía que la victoria estaba en las manos del Dios
de Israel y finalmente recibió su sanidad, después de pelear contra una serie de
prejuicios. En ese tiempo en Israel había muchos enfermos de lepra, pero sólo
este se negó a resignarse y buscó a Dios con todas sus fuerzas. Cuando Dios ve
a un enfermo de lepra que quiere reinar, debe sacarlo de esa condición porque
es la única manera de ejercer esa autoridad con libertad.

El general Naamán estaba enfermo de lepra y sólo su sierva conocía su


condición física, aún así nunca lo descalificó. Podía haberlo denunciado en el
campamento, pero era una persona ungida que aprendió a respetar la autoridad
que reposaba sobre el general. Cuando respetamos la autoridad que Dios
estableció sobre nuestra vida estamos en condiciones de reinar, porque primero
somos reyes y luego sacerdotes. El traje de mendigos no nos queda bien porque
somos un producto extraordinario. Jesús dijo: “... y mayores cosas de las que hice,
haréis...”. Alguien debe hacer enojar a una generación, provocando el cambio de
la siguiente para que entre en el camino correcto.

¡Es tiempo de levantar al rey que está dentro de su corazón! Debe dejar de dar
lástima, porque Dios lo hizo un general. Asuma el riesgo del cambio, retome el
mando y arranque todos los focos de pobreza de su vida porque Dios lo
levantará. En el libro de los Hechos dice que todos los discípulos adoraban y
recibían la doctrina de los apóstoles porque este no era sólo un libro, ni siquiera
la Biblia, ¡era la revelación del Reino de Dios!

Cuando alguien se conectaba con un apóstol, no se atrevía a perderse ni una


sola palabra de la revelación que brotaba de sus mensajes. Cuando uno de los
sermones del apóstol Pablo se extendió por toda la noche, un joven se quedó
dormido, cayó desde un piso alto y murió. Sin alterarse demasiado el apóstol
oró por él, Dios lo resucitó y luego continuó enseñando. Nacimos para fastidiar
al diablo, no para fastidiar a los pastores o a los apóstoles. ¡La Iglesia nació para
echar a perder los fundamentos perversos que sostienen este sistema humanista
e incomodar a los corruptos! Debemos enojarnos con las mismas cosas que
enojan al Señor para que este mundo cambie, pero para que nuestro enojo sea
legal, en primer lugar debemos levantar un estándar de paz. Aunque en todas
partes haya cristianos gobernados por espíritus de pobreza, también son reyes y
reinas lavados por la sangre de Cristo.

No me asusta la lepra porque cuando afecta la vida de un rey no le queda otra


opción que desaparecer. El Señor hará pasar por su vida a profetas y apóstoles,
por eso es sabio recibirlos en su casa, sentarlos en su automóvil y honrarlos de
todas las maneras posibles. En Israel había muchos enfermos de lepra pero
ninguno estaba listo para dar una ofrenda si recibía su sanidad. Dios sabe quien
va a dar una ofrenda y quien no porque conoce nuestro corazón. Hasta que el
espíritu de miseria no se vaya de nuestra mente, Dios no puede contar con
nosotros para establecer su propósito eterno.

!19
Eso es lo que quiso decir el apóstol Pablo cuando expresó: ¡si no tenemos amor,
somos como símbalos que retiñen! Nuestra capacidad de amar se mide por nuestro
nivel de entrega, porque el verdadero amor crea todas las cosas. ¡Debemos
enojarnos contra toda manifestación de escasez en nuestra vida! Nuestro
testimonio de vida es el mensaje que heredarán nuestras generaciones, las cosas
que no resolvamos nosotros, recaerán sobre ellos. Todas las personas atraviesan
momentos de escasez en la historia de su vida aunque amen a Dios, pero no
pueden habitar en la escasez para siempre. Esta realidad debe cambiar cuando
el Evangelio del Reino se revela a nuestra vida.

La decisión de prosperar o morir dentro de la cueva de la auto compasión es


personal. A menos que decida romper esos conceptos perversos que
conformaron su mente con estos pensamientos de auto compasión, la lástima
será su compañera de camino. Cuando nos arriesgamos a hacer algo grande
para Dios nunca somos imprudentes, porque aunque nos hundamos en la
corriente del río de la vida, el Señor nos va a levantar. El apóstol Pedro se bajó
de la barca y caminó hacia Jesús, pero dudó antes de pisar las aguas y comenzó
a hundirse. Es preferible hundirse alguna vez por ejercer la fe que quedarse
montado sobre algo que creemos seguro, pero está muy lejos de ser lo mejor
para nuestras vidas.

El enemigo sabe que cuando salimos de la pobreza, todo lo que viene sobre
nuestra vida no tiene límites. Las autoridades religiosas reaccionaron con tanta
furia en contra de las palabras del Señor por estas dos razones:

1) Se enojaron porque el Señor les desarmó el negocio.

2) No soportaron que una persona común y corriente que conocían bien, fuera
el libertador de la Nación.

¿Sabe qué nos aparta de la libertad plena en Cristo? El espíritu perverso que nos
lleva a menospreciar a los hermanos que tenemos a nuestro lado o delante de
nosotros. El problema de todos los escogidos, es que la gente disfruta de ellos
en los escenarios incorrectos. Mientras son reconocidos cuando ministran en
otros lugares, en nuestro ambiente familiar nos consideran parte del paisaje.
Mientras tengo que exhortar a la gente de mi congregación para que asistan a
las reuniones, cuando ministro en otros lugares encuentro personas que
invierten en pasajes y hoteles para oirme predicar. Esto también lo puedo ver
cuando muchas personas viajan desde lejos para alimentarse de la Palabra de
revelación en el auditorio de Manantial de Vida.

¿Sabes por qué las familias no prosperan? Porque sus integrantes no se respetan
entre ellos. Hay familias de ministros del Evangelio que no se respetan,
entonces cuando la familiaridad se impone sobre la unción, la próxima estación
será la pobreza. No pierda su tiempo criticando a los demás por las cosas que
usted todavía no logró alcanzar, porque de todas maneras el Evangelio será
predicado. No se convierta en Dios porque sus juicios contra otras personas
caerán sobre su vida. Como ministro abracé a muchas personas que otros
despreciaron, pero hoy ocupan lugares de autoridad donde muchos desean
acceder y no pueden. La familiaridad hace que sea muy difícil celebrar a
!20
nuestro padre, a nuestros hijos o a nuestros hermanos cuando se manifiesta la
unción del Espíritu sobre ellos. En el pasaje de Mateo 11:11, Jesús describe a
Juan el Bautista con las siguientes palabras: “De cierto os digo: Entre los que nacen
de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el
reino de los cielos, mayor es que él”. En otras palabras, Jesús les preguntaba si
sabían ante quién estaban y les dijo que era el profeta más grande que nació de
una mujer, pero sus contemporánes lo tuvieron por loco porque sumergía a la
gente en el Jordán. Sin embargo, Jesús se dejó bautizar por ese hombre porque
lo amó y valoró. En realidad, Jesús hablaba de los riesgos de confiar en el
criterio humano para valorar y exaltar a los hombres, esto es así de simple y así
de difícil al mismo tiempo. Es tiempo de dejar de dar vueltas y obedecer. Si la
Palabra dice “honra a tu padre y a tu madre y te irá bien”, debemos hacer eso
mismo y veremos cómo se mueve la mano de Dios sobre nuestra vida sin
límites.

Podría decirle que el Señor comenzó a soltar finanzas sobre mi vida cuando
empezé a honrar a mis hermanos. Debe comenzar honrando a los que tiene
cerca y a los que le hicieron algunas cosas que es mejor no recordar. Comience
su holocausto sacrificial y deje de imaginar las mil excusas para no dar. Este es
el único camino para ser libre del espíritu de pobreza que opera en su vida y en
sus hijos. Este es un buen momento para cortar esa maldición, liberando
nuestra vida y la de nuestros descendientes. Esta Palabra no se puede negociar.
Bajo ninguna circunstancia cambie lo que Dios le habló:

➢ Si algún día no tiene qué comer, siga declarando que Dios es fiel.

➢ Si algún día el cáncer le está ganando a su cuerpo, siga declarando que Dios
sana.

➢ Si se muere caminando con Dios, acaba de comprar el pasasporte para su


próxima generación.

No cambie las palabras que Dios le habló, sólo porque las cosas no le vayan
bien. Tiene que aprender a creer que Dios es fiel cuando se encuentre en las
fiestas y también cuando esté en un velorio. No sé cómo es su relación con su
esposo o su esposa, pero si se mantiene creyendo y confesando la Palabra, el
Señor podrá irrumpir en su escenario de vida. En lo personal, creo que aún no
comenzamos a vivir todo lo que Dios tiene para nosotros, por eso no podemos
dejarnos atrapar por la familiaridad, debemos seguir creyendo y celebrando la
Palabra. Si el “Saúl” que hoy tenemos por delante sigue con vida o no, Dios
sabe cómo y cuándo resolverá el problema. Nadie podrá quitarnos la
recompensa cuando desarrollamos la habilidad para llorar a alguien como Saúl,
aunque sabemos que no es el hombre de Dios para el momento.

Aunque lloremos durante nuestro reinado en la tierra, al morir les dejaremos a


nuestros hijos las puertas abiertas para que caminen hacia su destino profético.
Nunca debemos olvidarnos que somos reyes en la tierra y nuestro ojo engorda
el ganado. ¿Qué ganado? Todo lo que Dios nos encomendó administrar y
multiplicar. Debemos desarraigar la idea que el pasto en el campo del vecino
siempre es el más sabroso. ¡Estamos pisando el mejor pasto que existe!
!21
!22
Capítulo II

Quiero retomar el punto donde las palabras de Jesús provocaron un gran enojo
en la sinagoga. ¿Qué enojó tanto a los religiosos? La manifestación del espíritu
de religiosidad que habitaba dentro ellos. Pero no debemos ser rápidos a la hora
de juzgar a estas personas, porque reflejan a los mismos rasgos religiosos que
aún siguen latentes dentro de nosotros. Estos son los rasgos que abortan las
semillas de fe en toda comunidad, nación, Iglesia o familia.

Todo iba bien hasta que Jesús dijo “la palabra se cumplió” y ahí se enojaron. Una
palabra cumplida destruye nuestra manera antigua de hacer negocios. Cada vez
que Dios quiera cumplir una palabra nueva y fresca en nuestra vida, será un
ataque directo contra nuestros “viejos” patrones de negocio. Los religiosos se
enojaron porque se desmoronó el “emprendimiento” que habían montado en
torno a las leyes del templo. Se enojaron cuando vieron que estaban a punto de
cesar los sacrificios, porque el Cordero de Dios se puso de pie en medio del
templo. Se terminó el negocio de las ofrendas y los cabritos engordados, porque
las palabras de Jesús sacaron al pueblo de su zona de comodidad.

Quisiera enfatizar este concepto: el creyente que sólo vive recordando promesas, en el
fondo de su corazón no quiere que se cumplan. Porque el día que esto suceda, debe
destruir toda la “escenografía” que montó a lo largo de su vida. Esto implica
reprender al espíritu de pobreza, porque siempre creemos que las cosas que
tenemos en nuestras manos son más seguras que aquellas que vendrán. Sin
embargo, Dios dice que todo lo bueno que decretó sobre nuestra vida es más
seguro, aunque hoy no lo podamos mostrar. El mensaje que el Señor nos envía a
través de su Palabra es: “Guárdate de vivir en mi Palabra, guárdate de vivir en mi
Espíritu. Busca mi rostro para que conozcas cómo miro las cosas. Saca tus ojos de mis
manos, deja de ver lo que yo hago y mira mi rostro para que puedas aprender a ver mis
pensamientos. Con mis manos puedo hacer obras de amor pero a través de mi rostro
podrás ver si apruebo o no tu vida”.

Dios hace cosas con las manos, pero sólo nos aprueba con su rostro. Así como
nos paramos ante un espejo, debemos mirarnos en el rostro del Señor. Cada vez
que Dios cumple una palabra en nosotros se quebró una estructura religiosa.
Esto también ocurre en nuestra congregación Manantial de Vida, cada vez que
debemos implementar cambios. Hay personas que no desean entrar en un
discipulado para ser formadas, no quieren entrenarse ni rendir cuentas, pero no
se dan cuenta que reaccionan así porque aún siguen atados a un espíritu
religioso. El peor problema con la religión es que se viste de piedad, más allá de
ser evangélica, católica, judía o islámica. Nadie es ajeno a esta realidad, por eso
debemos cuidarnos de los ataques de la religiosidad.

Otra razón por la cual se enojaron los religiosos en la sinagoga fue que a nadie
le resulta fácil aceptar que el Señor levante a alguien de su propia casa, familia o
vecindario. El espíritu de pobreza se manifiesta cuando no reconocemos al
libertador que nació en nuestra propia casa, entre los nuestros. Quizá hoy sea el
carpintero del pueblo al que creemos conocer bien y a simple vista no tiene

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nada diferente al resto, pero de pronto Dios lo llama a ser el mejor de todos.
Aunque a los ojos de los religiosos no hizo nada distinto para ser elegido como
el mejor, ¡es la persona que Dios decidió levantar!

Este es el mejor ejemplo de la expresión del espíritu religioso. Es posible que si


un forastero llegara desde otra ciudad diciendo que era el “mesías”, hubiera
recibido toda clase de aplausos aunque fuera falso. El problema con Jesús era
que formaba parte del “entorno conocido”, por eso no celebraron el día de su
manifestación. Eso mismo continúa ocurriendo en todos los ámbitos donde
Dios levanta a alguien con una gracia especial para manifestar su Reino de una
manera desconocida hasta ese momento. En todo lugar debemos inaugurar el
tiempo de la celebración, cada vez que Dios irrumpe en medio nuestro. Esto
implica celebrar a nuestros predicadores locales con el mismo grito y el mismo
aplauso que empleamos para recibir a quienes nos visitan. Si no corregimos
nuestra actitud hacia las personas que Dios levanta en medio nuestro,
actuaremos como religiosos y tendremos poca esperanza de prosperar en la
vida.

Liberación, bendición y sanidad


En la hermosa tarea de “ganar almas” implementamos un proceso de
consolidación que nos impulsa a cuidar, preservar y guiar a quienes desean
conocer y servir al Señor. Dicho proceso, identificado por sus siglas L.B.S., se
realiza con una gran humildad, desde los pastores hasta el último nivel de los
involucrados. Cuando las personas entienden el significado de limpiar todo lo
malo, impuro y perverso que hay en sus corazones, el efecto sobre su desarrollo
espiritual es asombroso.

Algo extraordinario de este proceso es el significado de “volver a aprender” las


cosas que creíamos superadas. Cuando nos encontramos con alguien que nos
dice: “yo tenía ese concepto, pero no estaba muy claro”; en realidad, nos está
diciendo que “no lo tenía”. En otras palabras, tener un concepto claro implica
que la “semilla está plantada en nuestro corazón”. Si no tenemos la idea clara,
eso significa que la semilla aún sigue dentro de la bolsa. Las semillas sólo
pueden dar fruto cuando caen en la tierra para ser plantadas y mueren, dando
lugar a otra cosa completamente diferente.

Cualquier concepto que nos enseñaron y aún no vivimos, equivale a una idea
que no se hizo carne en nosotros o no “aprendimos”. En este caso, es como
tener una vida fundamentada en toda clase de ilusiones. Las únicas personas
que pueden decir que las cosas les funcionan, son las que perseveran y no los
que vacilan entre dos pensamientos, dudando ante cada paso que dan.
Debemos saber que los procesos son una cadena de eventos que no se pueden
negar y cuando esa cadena se rompe hay que comenzar de nuevo. Esto requiere
humildad. La enseñanza que debemos rescatar es la siguiente: “Para transitar
por un proceso se requiere fe, pero para quebrar lo que no sirve y volver a empezar hace
falta humildad”.

Un espíritu, una cultura o una enfermedad


Creo que fui muy claro al establecer las diferencias entre un espíritu de pobreza
y un tiempo de escasez. Todos podemos pasar por tiempos de escasez y no sólo
!24
en el aspecto financiero, pero la pobreza es uno de los conceptos de índole
espiritual más profundos que tiene fundamentos jurídicos muy fuertes. Hoy
lamento no haber cursado carreras como medicina y abogacía, pero trato de leer
y estudiar los principios sobre los cuales se fundamentan estas disciplinas.
Siempre trato de escuchar a los que saben para incorporar los conocimientos
que necesito para hablar sobre estos temas. Cuando analizamos el propósito de
Dios para nuestra vida vemos que tiene un elevado contenido jurídico que
afecta todas las áreas, por eso los médicos y abogados tienen una gran ventaja
sobre el resto de los predicadores cuando analizamos el Cuerpo de Cristo.

Es imposible que un médico o un abogado insertado en el Cuerpo de Cristo que


reciba la Palabra de revelación no prospere por encima del promedio. El
Evangelio se fundamenta en principios legales que gobiernan la vida dentro del
Cuerpo de Cristo. Las Escrituras definen a Cristo como nuestro abogado, al
Padre como juez y al Espíritu Santo como nuestro defensor en el juicio, por eso
no podemos desconocer los principios de legalidad en el ejercicio del Evangelio
del Reino.

La pobreza es un espíritu de las tinieblas y como tal, su presencia es ilegal sobre


la tierra. Por eso es necesario explicar el significado de la expresión “pobreza
espiritual”. En principio tiene dos connotaciones: positiva y negativa. Para
explicar ambas, veamos algunos pasajes. Mateo 5:3 dice: “Bienaventurados los
pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos”. En los idiomas hebreo y
griego existen muchas palabras que se pueden asumir como “pobreza”, pero si
tuviera que elegir una que se ajuste mejor a definir el concepto del espíritu de
pobreza, (al que llamamos la lepra del siglo XXI), elegiría el concepto de
“pobreza emocional”.

Libres de la pobreza emocional


Detrás de un hombre o una mujer emocionalmente pobres, pueden encontrarse
innumerables errores cometidos a lo largo de sus vidas. Así vemos gente que
compró lo que no debía, vendió lo que debía conservar o se unió en matrimonio
a la persona incorrecta. Son seres que buscan incesantemente cómo cubrir o
saciar su necesidad de ser amados, comprendidos, contenidos y animados. La
pobreza también es miseria, es decir, la gente debe dejar de ser pobre en el
plano material. Necesitamos que el Cuerpo de Cristo comience a nutrirse
adecuadamente, porque esta clase de pobreza es un espíritu que opera tanto en
ricos como en pobres. El espíritu de pobreza emocional actúa tanto en la
persona que es amada, como en aquella que nunca lo fue. La persona muy
amada también puede padecer de pobreza emocional, porque si la amaron
demasiado y la sobreprotegieron, ese amor enfermizo produce el mismo efecto
que la falta de amor. En ambos casos, deben ser procesados.

Conozco personas adineradas que dan mucho menos que los que viven de un
salario. Existen personas a quienes les es muy difícil entender que prosperarán,
porque el mayor flujo de finanzas provendrá de los hijos engendrados en el
lugar donde Dios los plantó. La clave descansa en la actitud que desarrollamos
ante la Palabra, si la asimilamos hasta que se haga parte de nuestro ser,
tomaremos todas las decisiones que nos lleven a avanzar y prosperar en todas
las áreas de nuestra vida. Dediqué mi vida a luchar por esta revelación porque
!25
comprendí que mi labor es proveerle a la gente las herramientas necesarias para
que puedan lograrlo y así poder formar a otros. Una persona próspera es
consciente de su “auto existencia” en Dios, no es alguien “necesitado”
emocionalmente. Si nunca hubo una persona que le dijo que lo amaba, Dios se
encargará de decírselo todos los días. Ser rico es tener consciencia de un estado
de “auto suficiencia” en Dios, porque estamos conectados con la fuente
inagotable de recursos que gobierna el universo.

Romanos 3:23 dice: “…por cuanto todos pecaron, están destituidos de la gloria de
Dios…”. La palabra “destituidos” significa que “quedamos en el último lugar de
la fila”. En otras palabras, nos quitaron de una posición donde todos nos veían,
para ubicarnos al final de todo, en el fondo de la vida. Ese versículo significa
que el hombre pasó a ser la especie más dominada de la Creación, por eso lo
matan cosas como el agua y el fuego o lo muerden los perros, las víboras y los
leones, sufre con el frío y el calor extremo o lo infecta un virus o una bacteria. La
palabra griega “hustereo” significa “estar detrás, ser el último”. Pero existe una
diferencia con la palabra griega “justereo” que es “pobreza”. Ser pobre es mucho
peor que ser destituido. Alguien puede ser destituido y llevarse consigo todo lo
que ganó. Pero si además de ser destituido perdió sus fueros, su autoridad y su
rango… le quitaron todo. ¡En ese caso la persona quedó sin nada! El estado de
pobreza equivale a ser destituido y carecer de todas las oportunidades para
salir de esa situación.

Hebreos 11:36-38 dice: “Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto


prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de
espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres,
angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos,
por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra”.

Este pasaje habla de los siervos del Señor que fueron perseguidos hasta
relegarlos al nivel más bajo de la sociedad y murieron injustamente, sin tener
nada. Fue el precio que pagaron los primeros santos por abrazar el mensaje de
la Verdad apostólica. ¿Por qué figuran en la Carta a los Hebreos? Porque fueron
asesinados por el espíritu religioso que operaba en Jerusalén y el resto del
Imperio Romano.

Cuando un espíritu de pobreza opera en una persona que decide abrazar el


propósito de Dios, producirá un efecto rebote que lo catapultará hacia su
destino profético. El Reino de Dios se manifiesta con violencia y debemos
entrenarnos en el uso de la Palabra para arrancar toda obra de las tinieblas que
se interponga en nuestro camino. El azote de nuestro tiempo se expresa
violentamente en todas las áreas de la vida a través de la pobreza. La única
manera de vencer a este principado es entrenándonos para caminar en los
principios eternos del Reino consagrados en las Escrituras.

La prosperidad material que vemos en el pueblo de Israel, descansa en la


habilidad que desarrollaron por encarnar los principios de la Palabra de Dios y
transmitirlos hacia sus linajes. Cuando alguien dice que ningún judío es pobre,
está honrando algo equivocado. El pueblo de Israel se mueve por los principios

!26
de prosperidad, dominio y multiplicación que están en la misma Escritura que
leemos nosotros. Pero a ellos les funcionan porque a nadie en su sano juicio se
le ocurriría cuestionar principios de vida que dieron resultados por los últimos
cinco mil años. Ahora bien, tener mucho dinero no tiene nada que ver con
acceder a las verdaderas riquezas escondidas en el Reino de Dios.

Esta es la clase de riqueza donde todo lo que logre obtener y lograr, vendrá a su
vida por abrazar el Evangelio del Reino de Dios como una causa personal. En
Cristo no hay naciones ni nacionalidades privilegiadas, todos somos iguales y
tenemos las mismas posibilidades de alcanzar nuestro propósito en la vida. El
Señor nos lavó a todos con su Sangre, independientemente de la nación que nos
vio nacer. La puerta para nuestra prosperidad no se llama Abraham, Isaac,
Jacob o Moisés. Jesucristo, el Hijo del Dios viviente a quien predicamos y
honramos, es el único que nos abre la puerta hacia la salvación eterna y no sólo
hacia los bienes materiales temporales. ¡Yo quiero ser rico según los principios
consagrados en el Nuevo Pacto! Más allá de las raíces de su árbol genealógico,
si usted no tiene a Cristo en su vida como Señor y Salvador, será como
cualquier otro pecador.

Dios me trajo a este mundo para predicar su Palabra, si me hubiera negado a


servirlo, quizá me hubiera dado vida hasta ahora y tendría mis beneficios
porque Él se comprometió conmigo, pero Dios no es tonto, ata su corazón a las
personas porque sabe que el potencial encerrado dentro de ellas puede producir
muchos más beneficios para el Reino que el riesgo que corre al confiar en
nosotros. El punto es que no podemos pelear contra el destino señalado por
Dios. Si nos quiere usar en cierta manera y nos negamos sistemáticamente a
ello, corremos el riesgo de entrar en juicio con Él. No podemos quitarle sus
riquezas sin satisfacer la razón que lo embarga y pensar que nos irá bien.
Podemos caminar toda la vida cargando una promesa sin ver su concreción y
eso fue lo que sucedió con los judíos que estaban en la sinagoga. Mientras Jesús
les decía que en ese día se había cumplido la Palabra y el regalo que esperaban
se encontraba delante de ellos, en lugar de saldar todas sus cuentas pendientes,
prefirieron dejar a Dios embargado. Tomaron la peor decisión de sus vidas:
seguir esperando a otro “mesías”.

Mi trabajo es enseñarles a ser libres para manifestar el propósito eterno sin


limitaciones. En primer lugar, no se puede hacer nada sin comenzar declarando
que nuestro libertador es Cristo, por eso podemos ser libertadores del Nuevo
Pacto. Quiero creer, servir, amar y proclamar a Cristo en todas las naciones,
mostrando que existe un camino donde no hay cuentas pendientes con Dios.
Podemos vivir en un estado de justicia porque Él me ama y yo lo amo, desde
que me salvó cumpliré el propósito que sembró en mí hasta el último día de mi
vida.

¿Humildad o pobreza en el espíritu?


Isaías 66:1-2 dice: “Jehová dijo así: El cielo es mi trono y la tierra estrado de mis pies;
¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo? Mi mano
hizo todas estas cosas y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que
es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla ante mi palabra”.

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Cuando Jesús mencionó a los pobres en espíritu, quienes lo escuchaban sabían
de qué estaba hablando y a qué se refería, porque Isaías ya lo había explicado:
una persona pobre y humilde de espíritu es alguien que cuando oye la Palabra, tiembla
todo su mundo interior. Si por el contrario, esta persona comienza a elucubrar,
dando lugar a frases como: “lo voy a pensar, es interesante pero aún no me convence,
voy a decidirlo poco a poco, necesito más tiempo para ver si me sirve”, le aseguro que
el espíritu inmundo de pobreza y religiosidad que habita en su interior nunca se
va a ir de su vida, porque jamás tomará la decisión de desalojarlo.

¡Andar en el Espíritu!
Si Dios le dice algo a su espíritu ¡obedezca! Debe dejarse llevar por el temblor
de su espíritu y no por el temor de su alma. El mejor testimonio de la
regeneración de nuestro espíritu es el temblor al oír una Palabra que sale de la
boca de Dios. Pero no ocurrirá lo mismo cuando oiga el murmullo del diablo.
Esta situación refleja una carencia del nivel más básico de discernimiento.
Seamos honestos, si una persona no distingue entre algo de Dios y algo que
proviene del diablo, estará en graves problemas. Todos tendemos a rechazar las
cosas negativas o aquellas que nos dañan debido a un simple instinto de
conservación. Respondemos a la información que proviene del conocimiento
que adquirimos en nuestra vida porque se activó la intuición de nuestro
espíritu.

El único camino que nos va a librar del espíritu de pobreza, es comenzar a oír a
Dios y cuando le diga que debe comenzar a moverse, ¡no dude en obedecer!
Esto no implica dejar de actuar con prudencia, porque ésta es un fruto del
espíritu que no surge desde nuestra alma. Algunos se engañan cuando evalúan
las cosas del Espíritu diciendo: “en realidad, lo estoy pensando porque soy
prudente”. La mente no conoce la prudencia, porque es una virtud que surge
desde nuestro espíritu, así como la mansedumbre y la templanza. No pueden
ser frutos del alma porque su naturaleza se asemeja a una máscara de
apariencia falsa, pero todo lo que proviene del espíritu es verdadero.

En los próximos años, todo espíritu de pobreza se irá de nuestras vidas


mientras podamos temblar cada vez que oigamos una Palabra del Señor.
Cuando oiga una Palabra que conmueva sus entrañas sabrá que esa es la voz de
Dios, aunque no la comprenda del todo.

Juan 6:66-69 dice: “Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no
andaban con él. Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le
respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y
nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”.

En este pasaje, el apóstol Pedro reconoce que el Señor siempre les hablaba
directamente a su espíritu. La verdadera consolidación se producirá cuando el
espíritu de Cristo se conecte con el nuestro y podamos sintonizarnos con el
espíritu de las personas, porque es el único camino para liberarlas del espíritu
inmundo que opera en el alma. Cuando nos enfrentamos con una palabra así no
podemos comenzar a “meditar” en ella, sólo debemos pedirle al Señor que nos

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siga hablando. Debemos tener mucho cuidado porque sólo podemos meditar
con el espíritu y no con la mente. Si analizamos las cosas desde la fuente
correcta, produciremos los cambios necesarios que nos llevarán hacia otro nivel
de gloria, dejando atrás los patrones de comportamiento que nos postraron en
la vida.

Cuando el apóstol Pablo dice: “en esto pensad”, se refiere a que debemos meditar
en todo lo honesto, lo que tiene buen nombre y lo que glorifica a Dios. Nos está
diciendo que pensemos desde la naturaleza de nuestro espíritu con la mente de
Cristo, porque es el único que puede instruir a los pobres y humildes de
espíritu. Sólo cuando nuestro espíritu tiembla ante el “estruendo de muchas
aguas”, la Voz de Dios, dejamos de subestimar el mensaje. La Palabra de Dios
no busca hacer temblar nuestros pensamientos, sino nuestro espíritu. Hay
personas que cuando escuchan un mensaje dicen: ¡esto ya lo oí o ya lo sabía! Estas
palabras no brotan desde el espíritu sino de lo más profundo de su alma.

En este concepto hay algo aún más curioso. En el pasaje de Isaías 66:2-5, vimos
cuál es el verdadero perfil de la persona pobre y humilde de espíritu. En aquel
tiempo ser pobre equivalía a no tener dinero y así lo comprendió la mayoría de
la gente. Sin embargo, algunos afirman equivocadamente que los pobres son
quienes tienen un mayor acceso a la palabra porque necesitan más al Señor. Por
otro lado, dice que sacrifican bueyes y ovejas para hacer ofrendas, porque el
concepto de pobreza y riqueza tiene que ver con la naturaleza de las cosas, no
con nuestro estado financiero o nuestra cuenta bancaria. Las riquezas están
relacionadas con la manera que tiene el ser humano de conectarse
espiritualmente con Dios.

Por eso cuando recibimos esta revelación, sólo nos resta tomar la decisión de
destruir el argumento que afirma que la pobreza es un estado de injusticia.
Hechos 6:1-2 dice: “En aquellos días, como crecía el número de los discípulos, hubo
murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquellos eran
desatendidas en la distribución diaria. Entonces los doce convocaron a la multitud de los
discípulos y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios para servir a
las mesas”. ¿Qué tan grave era este problema como para motivar semejante
exhortación por parte de los apóstoles? ¿Cómo surgió la expresión “no es
justo”? Aquí entendemos que los apóstoles dijeron que la justicia de Dios iba a
caer sobre ellos si no tomaban cartas en ese asunto. Mi pregunta es: ¿cuál era el
asunto? Pues bien, se trataba de las fortalezas mentales de pobreza que
alimentaban al espíritu de mendicidad en las viudas.

Si ayuda a una persona que opera bajo un espíritu de pobreza pero nunca tomó
la decisión de salir de la situación opresora más allá del límite, la justicia de
Dios puede caer sobre sus hombros porque vivimos bajo los términos del
Nuevo Pacto. Realmente era muy costoso mantener a las viudas y había que
darles de comer porque en esa cultura eran las únicas que no tenían herencia
propia ni la recibían de sus esposos o padres. Por eso el apóstol Pablo enfatizó
tanto en su atención.

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El relato de 2 Reyes 17:8-24 refleja la visita del profeta Elías a la viuda de
Sarepta, cerca de Sidón. Esa mujer era la viuda de un profeta, pero al morir su
marido nadie le trajo nada porque las ofrendas eran para el profeta, no para su
viuda o sus hijos. Entonces Dios envió a Elías para liberarla. Sin dudas, cuando
habitamos en Cristo vivimos en un Pacto nuevo y mejor. No obstante, en el
párrafo que analizamos vemos que el crecimiento trajo murmuración. El
ingreso de personas nuevas siempre expondrá todos los espíritus que hay en
una congregación que debería estar gobernada por apóstoles.

No todos se alegran por el crecimiento de la congregación, algunos tienen


conflictos porque según su punto de vista “ya nada es igual”, “antes era mejor”,
“el pastor ya no saluda más a final del servicio”, etc. Esto surge porque a las
personas no les agrada que se quiebre el espíritu de familiaridad con el cual se
acostumbraron a convivir. Si el deseo de Dios hubiera sido desarrollar una
relación diferente con las personas que asisten a nuestra congregación, nos
habría hecho nacer en el mismo lugar y entonces seríamos amigos o vecinos.
Pero Dios no nos creó para ser sólo amigos, tampoco nos diseñó como
familiares o todos tendríamos el mismo apellido. Aunque todo esto se puede
permitir en una primera etapa del proceso de maduración del discípulo, no es
permanente. Dios nos conecta con gente de diferentes lugares, con otras
culturas e idiosincrasias y lo único que nos une es concretar el propósito eterno
del Reino. Cualquier otra cosa se puede cultivar en su momento, pero no es una
prioridad. Un amigo se puede perder y una familia se puede dividir, pero el
propósito de Dios es indestructible y eterno.

Si estamos unidos por la pasión por las almas y trabajamos para consolidarlas
una vez que se salven, todo lo que hagamos para cumplir esa meta será bueno
para ambas partes. Pero si sólo nos une una relación de amistad, el día que la
congregación llegue a cien mil personas, nadie vendría porque se sentiría
perdido. Debemos tener bien claro que el crecimiento siempre quebrará el
espíritu de familiaridad, aunque nunca dejaremos de ser parte de la familia de
Dios. A estas alturas se estará preguntando, ¿qué nos une? El propósito
supremo del Reino de Dios. ¿Y lo demás no tiene razón de ser? Sí, pero mientras
crecemos en la obra del Señor, nadie debería vivir bajo un espíritu de pobreza,
porque es ilegal en todos los ámbitos de la vida. Mientras se sigan cultivando
relaciones donde cada vez dependamos más de la familiaridad, ese espíritu
nunca se irá de nuestra vida.

¿Por qué no era justo que los apóstoles estuvieran involucrados en la


repartición de la comida? Porque ellos no debían involucrarse con los
problemas de escasez de un montón de mujeres que murmuraban por no tener
suficiente comida. No era justo que los apóstoles dejaran de predicar la Palabra
de Dios para dedicarse a servir a las mesas, sólo para conformar a esas mujeres
que no querían ser libres de ese espíritu de escasez. Cuando el pasaje menciona
a las “mesas”, no tiene nada que ver con el concepto occidental que empleamos
cuando “servimos la mesa para almorzar o cenar”. La palabra mesa en griego es
“trapesa” y era el lugar donde se hacían todos los negocios. Es decir, las viudas
hacían sus propios “negocios” con la ayuda que recibían. Los apóstoles dijeron
que no podían dejar el “negocio” de la predicación y la oración, para meterse en
los negocios torcidos que se realizaban con el dinero de los santos, porque no
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dejaban ningún fruto bueno. El espíritu del mundo había contaminado esas
mesas.

¿Quiénes serían hoy los que negocian con el dinero de los santos? Esas personas
a quienes les entregan una ofrenda y no responden como se espera. Son los que
viven con el dinero de los santos y no se reproducen o cuando reciben el
material para discipulado, no hacen discípulos. Los apóstoles dijeron que no era
justo porque la justicia de Dios les iba a quitar su apostolado si seguían
sembrando en aquellos que no querían ser libres. Cuando el Señor levanta un
libertador, debe ser consciente que no podrá liberar a todo el mundo y si se le
ocurre tratar de hacerlo, el juicio divino caerá sobre él. ¿Por qué Moisés no entró
a la tierra prometida? Porque un día se compadeció demasiado de todo el
pueblo de Israel hasta el punto de pelearse con el mismo Dios.

Es tiempo de recobrar el verdadero significado del término bíblico “diácono”.


Estos servidores tienen tanta autoridad como un apóstol, sólo que ejerce su
oficio en un lugar diferente. El diácono puede ver y sentir más de cerca el dolor
humano, porque es alguien con una sensibilidad especial. Por eso para atacar la
pobreza es necesario tener diáconos. La palabra “diácono” está compuesta por
el prefijo “dia” que significa “el que corre” y “conos” que quiere decir “polvo”.
Por tanto, un diácono es aquel que corre a sacar el polvo, porque es quien se
encarga de que todos dentro de la casa tengan los pies limpios.

El pasaje de Hechos 6:3-4, describe las características de estos libertadores de


pobreza: “Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen
testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este
trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra”. Lo más
interesante de todo esto, es que los apóstoles no escogieron a los diáconos, fue
la misma gente. Veamos con más detenimiento los atributos requeridos para
integrar el diaconado.

1) Buen testimonio: Al analizar sus vidas debían ser buenas personas en todo
sentido y ser irreprensibles. Esta palabra no implica ser perfectos, si alguien
pasaba su mano recorriendo sus vidas no hallaría nada donde quedar atrapado.
Por eso no se trata de alguien perfecto, aunque tuvieran cierto grado de
conflictos, eso no los descalificaba. El punto central era que no tenían pecados
ocultos, no eran murmuradores, no eran chismosos, no vivían bajo un espíritu
de pobreza, no se quejaban y tampoco le contaban a todo el mundo sus miserias
o sus éxitos. Además debían ser maridos de una sola mujer.

2) Llenos del Espíritu Santo: Cuando hablaban todo el mundo los entendía
porque la “llenura del Espíritu” es tener el idioma del Reino para nuestros días.
Esto nos permite tener una Palabra de Dios fresca para este tiempo y nunca
quedar atados a un mismo discurso.

Una persona llena del espíritu siempre hablará una palabra de fe porque nunca
mira hacia atrás, sabe que lo mejor está por delante. Por eso cuando el apóstol
Pedro tuvo que justificar los efectos de la llenura del Espíritu Santo, dijo que ese

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día se estaba cumpliendo la palabra dicha por el profeta Joel: “…en los postreros
días derramaré mi espíritu sobre toda carne”.

3) Llenos de sabiduría: Cuando alguien necesite una palabra de sabiduría, nos


buscará y la encontrará. Cuando esa llenura alcance a todos en la congregación,
los enfermos sanarán y los acongojados serán confortados, porque son personas
que manifiestan todos los dones. El Señor nos garantiza que cuando debamos
enfrentar algún conflicto tendremos una palabra de sabiduría. Cuando estemos
desorientados habrá una palabra profética direccional y también habrá un
pastor o un maestro que nos ayude, según sea la circunstancia.

Lo más curioso de todo esto es que cuando los diáconos se ocuparon de las
mesas, no sólo repartieron la provisión sin problemas, hubo paz y trajeron
justicia. El diácono es la persona que trae paz en medio de los conflictos.
¡Cuántas cosas hay que recuperar para que la pobreza salga de nuestras vidas!
Los diáconos son los servidores silenciosos del pueblo a quienes Dios honra
delante de los apóstoles. Los diáconos no son sólo los que sirven a la gente,
también destraban las mesas.

El primer diácono que figura en la Biblia es Cristo, porque fue el primero que
les lavó los pies a sus discípulos. Si anhela morir y resucitar para después
impartirse en la gente, debe aprender la lección del servicio. Haga todo lo que le
pidan con alegría, porque así será un regulador de entornos y un libertador
para los que viven atados por la pobreza. La gente pobre que vemos en las
iglesias y en el mundo, terminaron así por hacer malos negocios, ignorando los
negocios del espíritu. Estos son los que verdaderamente nos prosperan, porque
buscan un fin que va más allá del dinero para bendecir a otra gente. ¿Qué arrojó
por el aire Jesús en el templo? ¡Las mesas de la corrupción!

Hay personas que se confunden al ver a cada hermano como una fuente
potencial para sus ganancias personales. Debemos tener mucho cuidado con
acercarnos a la necesidad de los demás, sólo para ver cómo podemos sacarles
algo por medio de algún negocio. Cuando no vemos más allá del plano
material, esta misma ceguera cubrirá nuestro entendimiento de tal manera que
atraemos el juicio de Dios sobre nuestra vida y nuestras generaciones. La
Palabra dice que todo lo que les hagamos a cualquiera de sus hijos, se lo
hacemos a Dios mismo.

Cuando había alguna deuda de dinero entre los hermanos, debían pedirse
perdón todos los días y comprometerse a devolverlo porque si no, sólo habrá
entre ambos un pacto de papel. El espíritu de pobreza siempre actúa en el
silencio, si le debe a alguien y se olvidó de pagar, entonces acarreará la justicia
de Dios sobre su vida, pero cuando muestra un estado de dignidad en algún
punto de su vida, Dios responderá a su favor. Cuando deba algo, preséntese
ante su acreedor y hable en fe. Reconozca su deuda y comprométase a devolver
todo lo que pidió prestado. Este será un acto profético que abrirá caminos ante
sus pies. Es lo mismo que sucede cuando aprendemos a dar por revelación del
Espíritu y no por mera necesidad. Así tendremos plena conciencia que esa
semilla salió de nuestra mano, pero nunca se fue de nuestra vida.

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Mateo 5:1-3 dice: “Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus
discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo: Bienaventurados los pobres en
espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”. Un pobre en espíritu es demasiado
importante en las manos de un banquero de mesa. Ellos eran “demasiado” para
el medio que los rodeaba, por eso los persiguieron y los mataron. La corrupción
que había en las mesas no podía contenerlos.

Sofonías 3:11-13 dice: “En aquel día no serás avergonzada por ninguna de tus obras
con que te rebelaste contra mí; porque entonces quitaré de en medio de ti a los que se
alegran en tu soberbia, y nunca más te ensoberbecerás en mi santo monte. Y dejaré en
medio de ti un pueblo humilde y pobre, el cual confiará en el nombre de Jehová. El
remanente de Israel no hará injusticia ni dirá mentira, ni en boca de ellos se hallará
lengua engañosa; porque ellos serán apacentados, y dormirán, y no habrá quien los
atemorice”. El autor nos da su versión de un pueblo pobre. La única manera de
ser verdaderamente humilde es confiando en el Nombre del Señor.

¿Qué había en las mesas? Los apóstoles identificaron de inmediato al espíritu


de pobreza que había en las mesas y actuaron en consecuencia. Entre todas las
versiones de este pasaje, hay una relacionada con el ave de rapiña. Donde existe
este espíritu de rapiña habrá corrupción y reinará la especulación. No nacimos
para este tipo de negocios, Dios nos creó para vivir en bendición y en libertad.
Nos rescató de las tinieblas para que podamos ser libertadores de los oprimidos
y llevar la bendición del Reino, por eso nos podemos presentar a la mesa de los
corruptos y santificarla. Cuando la mesa de las naciones corruptas se santifique
recuperaremos ese dinero, pero primero debemos santificar las mesas.

Santifique su negocio y límpiese de todo lo incorrecto a los ojos de Dios. No


entregue cheques si no está seguro de poder cubrirlos, pague sus impuestos y
una vez que santifique la mesa de los banqueros, el dinero vendrá a su vida.
Cuando todos atraviesen crisis financieras inexplicables, en su mesa habrá
abundancia por haber activado los principios eternos del Reino a su favor. El
espíritu de pobreza está en este mundo, pero nada de este mundo está en
nosotros porque tenemos a Cristo en nuestro corazón. Aprenda a amar aunque
nadie lo ame, perdone aún a los que lo dañaron y a los que lo odian. Recuerde
que en Cristo somos autosuficientes.

Por algo los apóstoles solicitaron la presencia de diáconos poderosos, porque


sólo así podían terminar con el espíritu que había tomado las mesas. Si las
viudas sólo se hubieran ocupado de sus necesidades velando por las carencias
de otros, nunca hubieran levantado un espíritu de murmuración. Una cosa es
levantar una petición y otra muy distinta darle paso a un espíritu de
murmuración. Este es un comentario malicioso que llega a los oídos de alguien
que no tiene ninguna solución para nuestra vida.

¿Pobre o menesteroso?
En el Antiguo Testamento, Moisés dice en Deuteronomio 15:7-11: “Cuando haya
en medio de ti menesteroso de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en la
tierra que Jehová tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra
tu hermano pobre, sino abrirás a él tu mano liberalmente y en efecto le prestarás lo que

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necesite. Guárdate de tener en tu corazón pensamiento perverso, diciendo: Cerca está el
año séptimo, el de la remisión y mires con malos ojos a tu hermano menesteroso para no
darle; porque él podrá clamar contra ti a Jehová y se te contará por pecado. Sin falta le
darás y no serás de mezquino corazón cuando le des; porque por ello te bendecirá Jehová
tu Dios en todos tus hechos y en todo lo que emprendas. Porque no faltarán
menesterosos en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu
hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra”.

Este pasaje muestra las diferencias entre un pobre y un menesteroso. Ser pobre
no implica necesariamente ser menesteroso, pero indefectiblemente todos los
menesterosos son pobres. Un menesteroso es alguien que expresa su pobreza
por medio de frases manipuladoras. Es decir, no sólo es pobre, imparte ese
espíritu de pobreza para manipular a otros. Por eso debemos tener en cuenta
que al oír correctamente a Dios, no podemos defender al menesteroso ni al
estado de pobreza.

Es imposible ayudar a los pobres sin aprender a oír bien a Dios. Si Él nos dice
que debemos dar todo lo que tenemos, es porque conoce nuestro nivel de
prosperidad. Esto no tiene nada que ver con el concepto perverso que algunos
desarrollan al crear “mesas de cambio” ante Dios. Debemos comprender que en
el Reino del Señor, nuestro hermano no es un cliente, ¡es parte de nosotros! Por
eso debemos poner las cosas muy en claro cuando hagamos negocios dentro de
la congregación. Es imprescindible discernir el día cuando se produce nuestra
apertura hacia otros niveles de la manifestación de Dios. La meta principal
dentro de la Iglesia no es la rentabilidad de un negocio, sino la conservación de
los lazos que mantienen la comunión dentro del Cuerpo para no dañar el
propósito de Dios. Por eso debemos ser mucho más cuidadosos a la hora de
negociar con los hermanos que con la gente que no forma parte de la Iglesia.
Nunca debemos involucrarnos en negocios turbios o indefinidos con los
hermanos en Cristo porque al hacerlo, no podremos golpear la puerta de los
apóstoles para buscar una salida escritural. Dios no está obligado a avalar los
negocios donde Él no tiene nada que ver.

Ante la pobreza, la única conducta viable es rebelarse contra ese espíritu y huir
lo más lejos posible, sólo así podremos ser hombres o mujeres de paz. Según el
diccionario, el menesteroso es alguien que sólo vive deseando desde los
sentimientos del alma, por eso es una persona débil y afligida que debilita a
todos con quienes se junta. Aunque esta persona vive extenuado por su estilo
de vida, no toma la iniciativa de salir de la indigencia. Un menesteroso es
alguien “destituido de su lugar de honor”, empobrecido y siempre necesitado. Es
una persona pobre que perdió toda esperanza de prosperar porque es incapaz
de ver la riqueza escondida en el amor de su familia.

El rico sabe que Dios siempre le dará una nueva oportunidad pero esto ocurre
en la libertad, nunca bajo una mentalidad de esclavitud. Tenga cuidado,
identifique al menesteroso y su espíritu perverso, porque es como un ave de
rapiña que viene por un pedazo y termina comiéndose el resto del cuerpo. Pero
nunca se olvide que no está peleando contra personas sino contra espíritus. Los
diáconos deben poner sus casas en orden. Es tiempo de dejar de exhalar

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agotamiento y cansancio, llenar sus pulmones de aire puro y limpio para
recobrar la vida y la esperanza en Dios. No somos pobres o menesterosos, el
Señor nos hizo ricos porque nos conectó con la fuente eterna e inagotable de
bendición por medio de su sangre. ¡Esta palabra es para liberarnos! El “espíritu
de pobreza” es la madre de todas las conexiones erradas de la vida.

Cuando somos conscientes de nuestra conexión con la fuente de provisión


eterna e inagotable, ocupamos el centro del juego porque manejamos el máximo
capital, por eso la pobreza no tiene lugar en ninguna área de nuestra vida. La
vida que tenemos en el Señor no se agota, se derrama en abundancia para
realizar toda buena obra. Cuando nos lleva a la tierra que nos prometió, no
puede imaginarnos en pobreza o menesterosos, por eso nunca debemos
olvidarnos del lugar de donde salimos para reconocer el camino de bendición
que transitamos de la mano del Señor. Cuando nos encontremos ante un
menesteroso, no tendremos problemas en ayudarlo porque recordaremos el
lugar desde donde nos sacó el Señor.

Cuando hacemos algo significativo por una persona nunca más se olvidará de
nosotros, por eso es vital recordar de dónde venimos. Cuando estemos ante
alguien que no tiene nada para comer, necesitamos discernir el espíritu de
pobreza, pero no debemos dejar pasar de largo la oportunidad de ayudarlo. Esa
es la señal más clara que nos asegura que nuestras generaciones no padecerán
los azotes de ese espíritu. Darle a un pobre o a un menesteroso es la mejor
vacuna que nos inmunizará contra ese espíritu.

Cuando Israel estaba bajo el dominio de la ley, Dios les dijo en el desierto que
debían amar a su prójimo, porque cuando cruzaran el Jordán tendrían muchos
enemigos. Para manifestar un reino diferente, era necesario que tuvieran mucho
amor para hacer la guerra con un arma indestructible, pero como ninguno de
ellos aprendió a amar, todos murieron en el desierto porque sin amor no se
puede enfrentar ninguna batalla en la vida real. Debe tomar la decisión de dejar
ir de su vida todo aquello que no viene de Dios. ¡Reprenda al espíritu de
pobreza y al espíritu menesteroso de su vida! Nunca hable de su necesidad para
que alguien se conmueva y le entregue algo. Cuando alguien nos da algo en
estas condiciones, ocupará un sitio de gobierno en nuestra vida, pero cuando
alguien nos da algo porque el Espíritu Santo se lo revela, abrirá una puerta para
nuestra libertad.

“Nunca olvide que no nació para dar lástima, sino para ser un miembro
funcional dentro del Reino de Dios”

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Capítulo III
Cada vez que tengo la oportunidad enseño que este mundo necesita formar
más discípulos, porque todos somos discípulos de alguien. Quizá muchas
personas no lo sean de una manera consciente, pero eso no significa que no sean
discípulos. Basta ver los códigos del lenguaje de los jóvenes o la manera como
se tratan los adultos en ciertos núcleos empresariales para palpar esta realidad.

Hay cosas que suceden en nuestras vidas que nos afectan de una manera
consciente o inconsciente, por eso todos somos discípulos de alguien más. En
algunos casos decidimos ser discípulos de otra persona. Elegimos tener una
disciplina mental y eso no quiere decir que sea buena o mala. En realidad
nacemos con un cuaderno que tiene un montón de páginas en blanco que
llenaremos con conceptos que incorporamos a lo largo de nuestra vida y esto es
independiente de nuestra religión, la filosofía, la política o la familia. Los
discipuladores pueden ser los padres, los parientes, los amigos o algún profesor.
Las decisiones que tomemos en la vida dependerán del concepto que
desarrollemos sobre ser un discípulo.

Hay distintos tipos de discípulos y para todos los gustos, los hay flojos y
también comprometidos, hay quienes desean seguir a Bin Laden, Hitler o
Mahatma Ghandi, pero hay otros que deciden ser “discípulos de sí mismos”. El
problema es que nadie es tan original como para decir: “soy lo que quiero ser”. En
definitiva, siempre seremos el resultado de alguien que diseñó un estilo de vida
que decidimos adoptar porque fuimos creados para ser discípulos. A medida
que transcurre la vida, cada uno elige ser discípulo de alguna filosofía o alguna
persona.

En lo personal, aborrezco todas las costumbres religiosas y lo que se mueve


dentro de ese mundo porque esas costumbres ahogan la verdadera esencia de la
fe. Casi siempre al final de alguna conferencia se acerquen personas para
preguntarme qué religión practico. El problema surge porque al no tener
colgada una cruz, seguro no soy católico, si no ando en bicicleta, no debo ser
mormón, si los domingos no salgo bien temprano a despertar a la gente,
tampoco debo ser testigo de Jehová y encima no sigo algunos de los usos y
costumbres del pueblo evangélico. Para todos ellos tengo una respuesta firme y
rotunda: Determiné ser un discípulo de Cristo en la tierra y eso no tiene nada que ver
con una religión.

Esto trae aparejado todos los riesgos que conlleva la vida misma. Puede que me
entiendan, estén de acuerdo con lo que hablo, enseño y predico por el mundo o
que se paren en la vereda opuesta. Mi gran desafío es ser un discípulo de Cristo
y demostrar que realmente funciona. No tengo otra tarea en la tierra que vivir
para demostrar que todo lo que Cristo enseñó es verdad. Esta la tarea más
difícil que existe sobre la tierra, porque vivimos en medio de un sistema
diseñado para que las personas vivan una vida muy distinta a la que diseñó
nuestro Creador. El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, por eso
es vital que aprenda a manifestar esa calidad de vida.

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En la sociedad están las personas que quieren ser deportistas exitosos para
ganar dinero y los que tienen talento para poder lograrlo. Otros quieren
obtenerlo fácilmente haciéndose narcotraficantes y seguramente ganarán
dinero, porque en cada esquina hay gente que quiere comprar drogas. También
están los que pueden enriquecerse rápidamente haciendo negocios sucios (o
negociados) porque el nivel de corrupción reinante se los permite. Pero en la
vida es necesario “determinarse a ser de una manera” y como a mí me gustan
los grandes desafíos, decidí ser un discípulo de Cristo con el deseo y el honor
de ser aceptado cada día. La solución para resolver todos los problemas que
aquejan a nuestra sociedad es la formación de más discípulos que manifiesten la
mente de Cristo, porque son los únicos con la capacidad sobrenatural para
transformar y redimir la tierra.

De igual forma, si alguien me preguntara acerca de la solución para las


dificultades por las cuales atraviesa su familia, nunca le diría que profese una
determinada religión o trate de renunciar a la que ya tiene, porque esto implica
cambiar un sistema inoperante por otro. Este mensaje refleja la carga que
tenemos cuando viajamos por las naciones de la tierra para decirle a la gente
que la única oportunidad que tienen para vivir bien es convertirse en discípulos
de Cristo. Ser discípulo de Cristo es mucho más que limitarse a ser un creyente
o incluso un buen cristiano. En mi opinión, la palabra “cristiano” es uno de los
términos más religiosos y abortivos que existen. Cuando me preguntan si soy
cristiano, estoy en condiciones de decir que anhelo responder que no. La
denominación de “cristiano” es totalmente religiosa y fue impuesta por gente
que no tenía el menor conocimiento de lo que implicaba o realmente querían
decir. No obstante, es un punto que no voy a analizar ahora porque me alejaría
del tema central.

Si somos cristianos y bajo esta denominación caemos todos los que creemos en
Dios, podemos ver con claridad por qué las cosas se están cayendo a pedazos
en este continente denominado “cristiano”. Ante esta realidad debemos
hacernos el siguiente análisis: “el cristianismo es una gran estafa o no todos los que
dicen ser cristianos, en realidad lo son”. Con el correr de los años aprendí a debatir
mis ideas con personas que no piensan igual que yo y aceptar el disenso, no
necesito gente que aplauda todo lo que digo porque entonces sería un político
más. No tengo nada para vender ni una plataforma para que me voten, mi
llamado es animar a la gente de distintas ciudades, provincias y naciones a
convertirse en discípulos radicales de Cristo.

Debemos estar dispuestos a negociar lo que sea por causa del Reino, porque
salvar almas y hacer discípulos es el gran negocio de Dios en la tierra, esto es lo
único que he hecho a lo largo de mi vida. Entonces si usted quiere sumarse y
aceptar este desafío, le aseguro que le irá muy bien. Si cree que como discípulo
de Cristo nunca más tendrá que enfrentar situaciones difíciles se equivoca, pero
con Dios todo es mejor y conocerá qué significa “vivir bien”. A través de toda la
experiencia de vida acumulada con el correr de los años, pude ver que cada
persona posee una cierta capacidad para mezclar conceptos. El resultado que
surja de esa mezcla determinará la mayor o menor cuota de éxito que alcance en
la vida. Para ser más gráfico, diría que hay dos clases de mentalidades:
“acuarela” y “siderúrgica”. Veamos estos conceptos con mayor detenimiento.
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La “mentalidad de acuarela” sólo nos permite mezclar dos colores. Por ejemplo,
si combinamos rojo y amarillo obtendremos naranja. Las personas con una
mente de acuarela podrán conectarse con muy pocas cosas en la vida. Por el
contrario, una “mente siderúrgica” podrá mezclar hierro y carbono, como
resultado habrá acero. Es decir, la estructura de pensamiento que escojamos
determinará lo que estemos en condiciones de construir en la vida.

Las Escrituras llaman “simples” a las personas con mentalidad de acuarela


porque se ocupan sólo de las cosas cotidianas: si ganó o perdió su club de fútbol
favorito, cuál será el menú del día, si puede comprar algo con su tarjeta de
crédito y en cuántos pagos lo podrá adquirir, etc. Es gente simple que sólo
puede resolver problemas de baja complejidad, pero no se puede cambiar el
mundo con este tipo de mentalidad. Sólo aquellos que tengan una mentalidad
siderúrgica podrán hacer cambios estructurales porque podrán hacer puentes y
toda clase de construcciones que necesiten un soporte sólido que perdure en el
tiempo. Esto implica desarrollar una capacidad para concebir y mezclar los
pensamientos de una manera correcta.

Cada uno de nosotros construimos una vida buena o mala, pero no será más
que el fruto de los pensamientos que se mezclaron. Debemos dejar de ser
“simples” si queremos romper este sistema perverso en el cual vivimos y
comenzar a conectarnos con los pensamientos que nos den la capacidad de
desarrollar estructuras sólidas. No podremos salir adelante si no entendemos
por qué en una misma conferencia hablamos acerca de Dios y también sobre las
finanzas. Tenemos que desarrollar la capacidad de conectarnos con los grandes
temas de la vida.

Estamos buscando personas con “mentes siderúrgicas”, capaces de mezclar


pensamientos y calentarlos sin miedo hasta llegar a altas temperaturas. Si se
asusta sólo con encender un fósforo o un encendedor, no podrá calificar para
jugar en las grandes ligas. Comprobamos esto durante algunas conferencias,
cuando vemos personas incapaces de conectarse con algunos de los conceptos
propuestos, entonces se levantan y abandonan el recinto. En el peor de los casos
se quedan sentados hasta el final, sólo para torturar al conferencista.

Nuestro lema es decirle a la gente que todos nacimos para ganar porque
estamos diseñados para que nos vaya bien, pero todo esto depende de la
mentalidad que cada uno decida cultivar. Por eso cuando les hablamos de la
vida de Jesús muchos entienden que les presentamos una nueva religión, y en
realidad jamás perdería mi tiempo en algo así. Me gustaría volver a
encontrarme, dentro de diez o quince años, con las personas que deciden
retirarse de las conferencias para saber cómo les fue con la manera de pensar
que escogieron seguir.

Los religiosos, los políticos y los pregoneros de otras tantas teorías o filosofías
humanas, manipulan a la gente sólo porque “decidieron ser manipulables”. Si
no aprenden a conectarse con los pensamientos correctos terminarán siguiendo
al hablador de turno. En una elección podemos votar por un partido político y
en la siguiente por otro, pero es mucho mejor tener una manera de pensar que
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nos permita analizar las situaciones de la manera correcta. Hay personas que
tienen más de cincuenta años y votan por determinado partido, sólo porque
hace sesenta años a su padre le facilitaron la adquisición de una casa. Este
pensamiento simplista los atará a las circunstancias del día a día, porque no
pueden sostener más que eso. Debemos ser sinceros y admitir que hay muchos
principios correctos que nuestros padres nos inculcaron, pero la mayoría son
obsoletos ante la realidad que vemos en nuestro presente. Si no tenemos la
capacidad para renovarlos no podremos educar bien a nuestros hijos, porque
ellos reclaman una estructura diferente a la que emplearon nuestros padres
cuando éramos niños.

Pensando como discípulos.


Mucha gente no entiende la Biblia porque la lee con una mentalidad occidental.
En muchas oportunidades escuchamos expresiones como: “Si es cierto que Dios
existe, ¿por qué me pasan todas estas cosas?”. Pues bien, esa pregunta sólo puede
surgir desde una mentalidad religiosa occidental, con una teología totalmente
inadecuada e incorrecta. En la mentalidad oriental nadie busca la “buena vida”,
todos dan su vida por aquello que creen. La Biblia nos enseña cómo podemos
ser personas determinadas a vivir con convicciones profundas. Estos
comentarios pueden no ser de nuestro agrado, pero son necesarios para saber
qué clase de personas somos porque una persona simple tendrá una respuesta
fácil para todas las preguntas y es incapaz de llevar adelante un proyecto de
vida serio.

¿Alguna vez vio a una persona firmar la escritura de una propiedad sin leerla
primero? Si no se toman todos los recaudos necesarios y posibles, lo más
probable es que esa persona no vaya a pagar, porque hay una ley no escrita que
dice que aquel que no lee, seguro no paga. En este tiempo es imprescindible
desarrollar una manera de pensar compleja, capacitándonos y asesorándonos
con las personas correctas. No es mi intención hacerle firmar ningún
compromiso por medio de estas páginas, pero me gustaría que asuma un
compromiso con la vida, convirtiéndose en una persona pensante y abierta a
todas las oportunidades que Dios le presente.

Son fundamentales las palabras del apóstol Pablo cuando nos dice “en esto
pensad”, porque pensar implica “estar abierto” a los buenos pensamientos.
Cuando me entrevistan en diferentes programas de televisión, casi siempre
quieren saber mi opinión sobre la prostitución, la homosexualidad, las uniones
homosexuales o las drogas pero lo más curioso es que no esperan mis
respuestas para aprender, sino para conocer la dirección hacia la cual polarizo
mis pensamientos. Mi respuesta casi siempre es que Dios no me trajo a esta
vida para opinar. Ahora, si quieren saber qué piensa Dios acerca de esos temas
es otra cosa, porque entonces tendrán que vérselas con Él y no con mi opinión.
En realidad, no puedo expresar una opinión personal sobre algo que Dios
condena de plano pero nutro y fortalezco mi manera de pensar por medio de la
lectura de libros serios y al sentarme a oír a personas que saben más que yo en
un área determinada. Esto me permite desarrollar y perfeccionar cada día más
la maquinaria que empleo para juzgar ciertas situaciones a la luz de las
Escrituras, por eso cuando tocamos temas serios en la vida, es necesario
desarrollar una mente abierta para aprender a oír y no tener miedo de hablar.
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Un discípulo debe estar preparado para ser confrontado y para confrontar a
otros.

Más adelante voy a referirme a los desafíos financieros que nos presenta este
nuevo siglo, pero quiero plantear el tema desde ahora estableciendo la
diferencia entre “finanzas y economía”. Alguien puede tener alguna dificultad
financiera, pero eso tiene muy poco o nada que ver con su economía. La palabra
“finanzas” se relaciona con las deudas, los compromisos que asumimos y
debemos saldar. Por ejemplo, las cuotas de las tarjetas de crédito, un crédito
para la compra de la casa o para el automóvil. Para decirlo de una manera
sencilla y fácil de comprender, las finanzas tienen que ver con la administración
de los compromisos que asumimos. En general, la gente vive oprimida
financieramente y con mucha frecuencia es incapaz de reconocer su riqueza,
porque esto implica entender el valor de todo lo que posee. Si alguien deseara
medir sus riquezas, debería plantearse esta pregunta: “Si dejara de trabajar hoy,
¿cuánto tiempo podría vivir con lo que poseo?”.

Algunas personas creen ser ricos por tener quince negocios, pero si ante una
crisis financiera esos negocios quiebran y pierde todo lo que tiene, no supo
diferenciar el significado de las riquezas, la economía y las finanzas. El
equilibrio de estos tres factores determina nuestra calidad de vida. Aunque este
concepto parezca muy fuerte, estoy convencido que el estado económico,
financiero y de riquezas de un ser humano, está proporcionalmente ligado a su
espiritualidad. Creo que esta puede ser una puerta para que se vuelva ateo y no
creer nunca más en Dios o ser una gran puerta para entender que todas las
riquezas consagradas en las Escrituras le pertenecen por derecho legal.

Casi el cincuenta por ciento del tiempo que pasamos despiertos lo invertimos
pensando en multiplicar nuestras finanzas, en nuestra economía o en adquirir
riquezas. Hay personas extremistas que no duermen pensando en estas cosas y
en algunos casos terminan en un hospital. Mucha gente se enferma y muere
cuando no encuentra respuestas viables a este tipo de problemas.

El propósito por el cual convocamos a toda la gente que acude a nuestras


reuniones es que lleguen a ser discípulos de Cristo. Pero cuando Jesús llamó a
los hombres para que sean sus discípulos no les rogó que lo siguieran, tampoco
les entregó una tarjeta de invitación porque eso es lo que surge desde nuestra
mente “occidental”. En algunos casos vemos personas que llegan con una
actitud hostil, como si el Evangelio fuera un mensaje que está de oferta, pero
nada más alejado de la realidad, el Evangelio de Jesucristo no es una oferta,
además es sólo para entendidos. En los casi treinta años que llevo como
predicador, pude comprobar que la gente simple se queda en algún punto del
camino, cuando tienen un problema dejan de congregarse y algunos creen que
“cuando estén mejor, es tiempo de regresar”. ¡No! El enfermo va al hospital
cuando se siente mal, no cuando mejora. Por eso no dudo en aseverar que
somos gente de ecuaciones simples y no podemos concebir la vida desde un
plano más serio.

Sólo hay una manera de salir de esta terrible crisis en la que el mundo está
sumergido. En los últimos años sólo hablé del dolor de la gente y la opresión en
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la que vive. Está tan oprimida que quiero recordar que cuando Jesús apareció
en la tierra, una de sus primeras enseñanzas fue decirles a todos los que
escuchaban que vino a libertar a los oprimidos y a los pobres. Jesús no
engañaba a la gente. No apareció en la tierra diciendo: “Vótenme, porque no se
imaginan lo que voy a hacer cuando llegue al poder”. Más aún, cuando lo quisieron
coronar como líder político, dijo que no vino al mundo para eso porque no era
su intención ser un problema para Roma. Su objetivo no era el Imperio Romano
sino el corazón del ser humano.

Quien decida ser un discípulo de Cristo y creerle a Dios por una vida rebosante
del poder de su bendición, tarde o temprano tendrá problemas con su entorno,
pero una cosa es segura: ¡con Dios siempre se gana, nunca se pierde! Los
jóvenes que hoy tienen dieciocho años, ¿esperarán tener cincuenta para tomar la
decisión que hoy toman los que tienen sesenta años? A ellos les digo que
aprovechen la juventud y encausen su vida en las cosas que son determinantes
para edificar un mañana lleno del poder de Dios. Es importante hablar con
gente que tiene un testimonio de vida claro de su relación con Dios, porque
podrán decirnos cómo hacer para vivir en la plenitud del Reino. Debemos dejar
de pensar y analizar la vida de los que se drogan, los que juegan con la muerte
y viven al límite, porque la Biblia dice con claridad: “el que tiene una vida
desordenada, tiene un final desordenado”.

¡Debemos ser discípulos! Pero también es cierto que no todos tienen mente de
discípulos, porque si a alguien le va muy bien los demás deberían preguntarse
por qué es así y si le va mal, también deberían preguntarse lo mismo, pero no
van directamente al interesado para saber por qué le va bien. El discípulo no
pregunta para “sacar información”, sino para aprender las claves que le
permitirán activar esas bendiciones a su favor. Esa es la diferencia entre las
mentalidades oriental y occidental.

Cuando tomo algo más del tiempo pautado en alguna de mis conferencias por
la importancia del tema, puedo ver que el compromiso de algunos es muy
“liviano, superficial y endeble”. En ese momento me pregunto: “¿no sería
preferible quedarse unos minutos más que llorar cinco o diez años después?”.
Aprendí esta lección en lo personal, porque un día me retiré de un lugar del
cual nunca debí retirarme y luego vinieron las lágrimas. Cuando Jesús entrega
sus primeras enseñanzas, lo hace dentro de un contexto superpoblado de
religiosos. Aunque vino a traer buenas noticias para los pobres y aún hoy las
tiene, el sistema que se gestó a nuestro alrededor no nos permite acceder a esa
libertad. Este sistema diabólico existe desde antes que naciéramos, por eso no es
fácil detectarlo.

Clarificando algunos conceptos.


Existen algunas palabras de las cuales deberíamos aprender el significado
correcto. Una de ellas es “siglo”. Para la mente humana, un siglo equivale a cien
años pero en la mente de Dios y en el lenguaje bíblico, esta palabra expone las
“características de una generación”. La opresión económica y financiera es una
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de las características del siglo o era en la cual vivimos. Es exactamente lo mismo
que sucedió hace dos mil años, pero hoy contamos con una ventaja pues Jesús
supo cómo enfrentar al siglo, derribando sus argumentos. Esas mismas
herramientas nos sirven para enfrentarnos a lo que sucede en la actualidad. La
realidad del sistema puede cambiar y tiene solución, pero este proceso también
tiene sus demandas. Si queremos el cambio sin asumir ningún tipo de
compromiso o con el menor riesgo posible, todo seguirá igual.

Una de las realidades de la nueva vida en Cristo es que “si creemos, nos irá bien
en todas las cosas”, pero esto no es magia. Jesús le hablaba a la gente con un
idioma sencillo y fácil de entender. Se dirigía a la gente en el idioma arameo,
porque el griego solamente se usaba para el comercio y la política. Les hablaba
acerca de los asuntos espirituales en arameo y así se refería a los grandes temas
de la vida, pero aparte del idioma, también necesitaba pasar tiempo con ellos
para comprenderlos. Los discípulos dejaban todo lo que tenían para seguir al
Señor, porque sabían que necesitaban todo el tiempo posible para tratar de
capturar el pensamiento del Maestro. Aún así, nunca lograron capturarlo en
toda su plenitud. Actualmente, la gente va una vez por semana a un lugar para
oír hablar de estos temas, pero puedo asegurarle que por ese camino es
imposible que haya grandes cambios en sus vidas y mucho menos podrán
cambiar a una nación.

Cuando Carl Marx describió las características que para él debía tener la “nueva
humanidad”, analizó el problema desde un punto de vista político y filosófico.
Según Marx no era justo que alguien tuviera diez unidades de algo y otro nada,
por eso propuso repartir las cosas de una manera igualmente proporcional, para
que todos tuvieran la misma cantidad. Ese era su concepto de la nueva
humanidad que dio a luz el pensamiento comunista. Pero el único diseño viable
de la nueva humanidad es el que surge desde la mente de Dios, donde todos los
hombres recuperan su sentido eterno en esta tierra, sin depender de una
filosofía política o del gobernante de turno. Uno de los errores más terribles que
nos inculcó la mentalidad religiosa es transformar los templos en claustros
cerrados que no admiten ninguna reforma. No debemos aferrarnos a una
religión tratando de defender a ultranza las cosas que nos enseñaron nuestros
abuelos, porque muchas de ellas fueron buenas en su tiempo, pero hoy
perdieron vigencia y efectividad. No debemos tener temor a pensar y perderle
el miedo a la vida. Este es el único camino para hacer grandes cosas en Dios.

La solución para la transformación de la sociedad es levantar más discípulos


con la mente de Cristo para llevar la revelación de la Palabra a toda ciudad,
pueblo y nación de la tierra. Todos los predicadores deberían hablar acerca del
mismo objetivo. Las reuniones de discipulado deberían ser multitudinarias y
globales, donde los medios de comunicación se agolpen para saber qué estamos
diciendo y cuál es nuestro mensaje al mundo. Estoy convencido que veré esto,
aunque por ahora los medios sólo van detrás de los minúsculos escándalos
circunstanciales que provienen del mundo de la farándula, porque esos temas
levantan el rating. Pero también es cierto que la mayoría de la Iglesia sigue sin
reflexionar acerca de los grandes problemas de la humanidad.

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No obstante, Dios traerá convicción sobre muchísima gente que podrá ver la
salida para ser libre económica y financieramente. Podremos ser ricos y tener
abundancia en todas las cosas pero con un sentido, una razón y un propósito
eterno. No hablo de esto porque necesite dinero, Dios me permite vivir bien y
no me falta nada, si no fuera así no podría hablar de este tema con sinceridad.
El Espíritu Santo me enseñó a usar las claves de una manera correcta para
activar los principios de la bendición de Dios sobre mi vida. Aunque aún no
vivo en el nivel de prosperidad que debería, todos los días prosigo hacia esa
meta porque es mi desafío personal. Es necesario que mucha gente tenga
riquezas, pues tanto la verdad como la mentira sólo se pueden propagar
cuando reciben los recursos financieros suficientes. Hace un tiempo estuvimos
hablando con el personal de un canal local de televisión en nuestra ciudad y
abiertamente nos dijeron que no querían meterse en estos temas porque no
generan niveles elevados de rating, y es cierto, porque la gente compra y
consume con más facilidad los productos estúpidos que no la obligan a pensar.
Somos los responsables de crear ese nicho dentro del mercado e insistir en su
difusión pero como nadie tiene tiempo para dedicarse a eso, no nos movemos y
nos quedamos callados con los brazos cruzados.

Tengo la convicción profunda que algo sucederá, no me importa si algún


político viene a escucharme. Estuve ante políticos de distinta envergadura,
incluyendo presidentes, y siempre les digo lo mismo. Algunos dejaron sus
cargos y yo continúo con mis conferencias. Ellos fueron el resultado de una
cantidad de votos, en cambio soy la manifestación de una idea de Dios y esa es
la gran diferencia. Por eso no cambiaría esta dignidad por estar en un lugar
otorgado por la voluntad de la gente, preferiría morir antes de abdicar a mis
convicciones.

Argentina es un país inmensamente rico, pero aún así hay un montón de pobres
y para colmo, no tienen esperanzas de salir de esa condición. Hay pobres
porque hay corrupción y este es el fruto de los sistemas humanos diabólicos,
por eso la ambición no tiene medida. Hace un tiempo fui a dar una conferencia
a Oklahoma, Estados Unidos. Es un lugar con un suelo rico en petróleo y mi
anfitrión me contaba que el auditorio está ubicado por encima de un oleoducto,
esto determina que todos los meses les paguen un canon de acuerdo al precio
del barril de petróleo. Esto refleja el sentido de conciencia de una sociedad. En
nuestro país seguramente dañarían la casa para luego comprarla o simplemente
expropiarla y esto es así porque vivimos en un sistema de perdición.

Veamos el significado de la palabra “riqueza” en la época de Jesús. Cuando en


esa época moría una persona, en su familia y por cuatro generaciones, nadie
discutía sobre finanzas. Es decir, ni el hijo, el nieto, el bisnieto o el tataranieto
estarían desesperados buscando un empleo. “Riqueza” implica que si un día se
quiere dar el lujo de dejar de trabajar y mantener esta decisión por cuatro
generaciones, nadie podrá decir que Dios no estuvo con usted. Este concepto de
riqueza no significa que por todo lo que ganaron, sus hijos puedan dejar de
trabajar y además ser corruptos. Quien logra este nivel de riquezas es porque
creyó en Dios y tuvo una mente compleja, unió grandes pensamientos y logró
lo que otros no supieron o ni siquiera intentaron hacer. Por eso los discípulos de
menor categoría seguían la profesión de sus padres. No los escogían como
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discípulos porque no eran “parte de lo mejor”, entonces no les quedaba otra
alternativa que seguir los pasos de su padre y ejercer la misma profesión.

Debo reconocer que en Argentina se perdió toda una generación de oficios que
conformaban una fuerza laboral calificada que parece haberse extinguido. Me
refiero a los albañiles, mecánicos, electricistas, plomeros y otros oficios que hoy
son difíciles de encontrar. Se perdieron porque cuando sus padres no caminaron
con la bendición de Dios sobre sus vidas, sus hijos prefirieron seguir otros
rumbos. Además, debo decir que también contribuyeron a su desaparición la
mala administración de los gobernantes que según sus vaivenes, propician o
desalientan la construcción. Cuando toman este tipo de decisiones, no tienen en
cuenta que es uno de los rubros que moviliza muchos otros y genera multitud
de empleos aguas abajo.

Es necesario, imprescindible y urgente que empecemos a reconocer que


nuestras vidas pueden cambiar sólo cuando caminamos con Dios. Me imagino
jóvenes que impriman en sus espíritus este pensamiento, para que a medida
que vayan madurando conformen su propia familia bajo conceptos espirituales
que trasciendan a su herencia. Es un hecho concreto que más allá del personaje
que gobierne, aquel que logre conectarse con los pensamientos divinos tendrá
una vida diferente y no se verá afectado por las buenas o malas decisiones de
los gobiernos de turno. Dentro de diez años quizá algunos de esos jóvenes
recordarán que un día fueron a una conferencia durante la cual alguien dijo que
“con la bendición de Dios se podía ser rico, sin ser corrupto”.

Muchos jóvenes se drogan porque al analizar su entorno a nadie le va bien, a


nadie le funcionan las cosas, nadie tiene sueños, esperanzas o futuro. Estoy de
acuerdo con las campañas anti drogas, los programas de ayuda a los adictos
que quieren recuperarse y cualquier otro tipo de aporte que se le pueda dar a
esta gente. Quiero adelantarme a los tiempos, pues sería mejor enseñarles que
hay una mejor manera de vivir, porque con Dios todo es posible. Sólo Él es la
única esperanza que puede renovar los sueños y darles esa calidad de vida que
tanto buscan y anhelan. En otras palabras, soy consciente de la realidad, pero
hagamos “prevención” para que este mal no siga avanzando. La única manera
que “no vuelva a suceder”, es que cada uno de nosotros muestre que funciona
nuestra fe. Esto no se trata de tener una “opinión” al respecto, pues quiero
recordarle que sus opiniones también terminarán en un cementerio, con o sin
flores. En cambio, los conceptos de vida eterna que internalice en su vida
perdurarán a través de sus generaciones. Algún día morirá, pero alguien en su
familia seguirá creyendo en lo que usted creyó.

En el pasaje de Lucas 4:16-18, Jesús habló en la sinagoga acerca de los


oprimidos y la pobreza, pero los religiosos se debatían porque no sabían si se
refería a la “pobreza espiritual o material”. En realidad, no hay que complicarse
demasiado para entender que “pobreza siempre es pobreza”. Pero también fue
claro, pues no vino a liberar a los pobres para que en el mundo sean todos ricos.
Tenía una razón y para ello necesitaba que quienes lo acompañaran no fueran
pobres. Es obvio que cuando llamó a sus discípulos no los buscó entre los
desocupados, fue hacia los que trabajaban y eran productivos. Buscó hombres
que tuvieran “una mentalidad productiva”.
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Sé que muchas personas llevan sobre sus hombros una carga pesada porque en
la vida no les fue bien, tuvieron problemas en el hogar, con sus familias, sus
hijos o su economía, pero ese es el aroma del siglo en el cual vivimos. Esta es la
oportunidad de aprender a derribar al sistema, incorporando la fuerza del
Espíritu y la fe necesaria para derribarlo. Sé que algunos ancianos pensaron que
aportando para la jubilación iban a tener un buen nivel de vida cuando dejaran
de trabajar, pero fueron muy ingenuos al creer esto. ¡Tiene que pensar y elegir
durante sus años de juventud!

Todos conocemos el calvario que viven los jubilados en los países de América
Latina, haciendo colas interminables y peleando por un haber miserable que
apenas les alcanza para cubrir sus gastos más básicos. Pero aunque nos duela,
debemos reconocer que esa generación no pensó en su futuro o lo hizo de una
manera displicente. No es mi intención levantar una crítica sobre ellos, pero
debo plantar una palabra para que todos los integrantes de esta nueva
generación y las venideras, se arraiguen en una visión de Dios que establezca
una diferencia en sus vidas.

Puede que mis palabras sean duras, pero también lo soy con mí mismo. No
quiero esconder u ocultar nada, conozco bien lo que es vivir bajo una presión
constante, pero también aprendí a tomar decisiones que me brinden una mejor
calidad de vida. Creo que aún no probamos ni las primeras gotas de lo que Dios
tiene para sus hijos. No podemos creer en las palabras de algunos gobernantes
cuando dicen que hay menos pobres porque les asignaron una casita o un
crédito para comprar un automóvil u otros enseres, porque todo eso después
deben pagarlo. Tenemos que convertirnos en personas sabias e inteligentes de
una buena vez por todas.

Cuando Jesús habló de la pobreza fue claro. Habló de una nueva creación y una
nueva humanidad, pero ambas comienzan con un ser humano restaurado. En
su casa alguien debe comenzar, no busque el consenso, no espere ver si su
esposo o esposa está de acuerdo. No discuta ni pelee, esto no puede ser motivo
de discusiones porque se debe aceptar por fe. Hay quienes necesitan el
consenso de todo el planeta para tomar una decisión y eso los hace formar parte
de la masa. Tiene que tomar la decisión por sí mismo, arriesgarse, jugarse y
decirle a Dios que va a creer y a confiar en Él. No debe importarle lo que
puedan pensar sus parientes, vecinos o amigos, ellos saben que no está bien y
nada pueden hacer por su vida.

El sistema imperante en este siglo es muy perverso, puede no dejarlo prosperar


o permitirle acumular bienes, pero en un día quitarle todo lo que posee. Si no
tiene nada, esta palabra es para usted y si tiene mucho también. En los
comienzos de su ministerio, Jesús habló en Nazaret, un pueblito totalmente
incrédulo. La historia cuenta que en ese lugar habitaban muchas personas, pero
tenían pocas expectativas de mejorar sus vidas.

Recuerdo un pensamiento que siempre tengo presente: “Parece que a Dios le


gusta que las vacas escuchen a Beethoven, porque el mejor de los conferencistas fue a
disertar ante el peor de los auditorios”. Leo muchos libros y algunos pertenecen a
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autores que me gustan pero la gente no los comprendió. Cuando nació el
Salvador, los ángeles bajaron a cantarles a los pastores. ¿Por qué? Creo que esta
es una de las tantas ocurrencias de Dios para ridiculizar a los que se creen
sabios en su propia opinión. Dios tiene planes con usted y conmigo, aunque no
logremos calificar bajo los estándares de los hombres. ¡Pero lo importante es
calificar para Dios!

En los tiempos de Jesús, el Imperio Romano se sostenía por medio de un


sistema impositivo cruel, despiadado y abusivo, aunque esa era la “filosofía” de
todos los gobernantes. El crecimiento de Roma se hizo a expensas de los
impuestos que cobraban, porque construían todas las vías de comunicación
para que el Imperio estuviera perfectamente interconectado. Por eso se
encargaban de asegurarse que nadie dejara de pagar los impuestos
correspondientes.

Pude visitar algunas ciudades de Italia y comprobé que aún puede verse en las
entradas un gran portón de hierro que se cerraba a las seis de la tarde con la
caída del sol y una puerta más pequeña que quedaba abierta, para que entraran
los que llegaban después de esa hora a la ciudad. El diseño de las ciudades y la
ubicación de los caminos en las plazas eran tan buenos que difícilmente alguien
pudiera escaparse sin pagar sus tributos. Por todos los caminos había
recaudadores que contaban el número de las ruedas de los carros, porque de
acuerdo a la cantidad de ruedas, sería el monto que debían cancelar. Si su carro
tenía dos ruedas era pobre, si tenía cuatro era de clase media y si tenía seis,
pertenecía a la clase alta.

Cuando Jesús declaró que vino a dar buenas nuevas a los pobres, a libertar a los
cautivos y a los oprimidos, anunció la caída del sistema social imperante en su
tiempo. Roma sólo encarcelaba a los que tenían problemas económicos, no
detenía a los asesinos, los violadores o los ladrones, directamente los ejecutaba
donde los encontraba. ¿Para qué iba a alimentar a esa gente en las cárceles? La
política era que sólo podían vivir quienes les debían porque si los mataban, no
podían recuperar la deuda. Cuando crucificaron a Jesús, junto a Él había dos
ladrones, pero las cárceles estaban atiborradas de personas que le debían dinero
al Imperio. Esto no cambió en nuestros días, sólo que el sistema sigue
encarcelando a las personas con principios humanistas que los llevan a tomar
decisiones que los mantienen en esclavitud. Hay una multitud de personas que
no pueden conectar sus pensamientos con las claves para salir de la pobreza,
porque no dejan de pensar en sus problemas económicos y financieros. ¡Esa
persona se encuentra presa dentro de una cárcel emocional!

Si le digo a una persona que está punto de divorciarse que su vida puede
cambiar para bien, tampoco puede oírme porque está en una cárcel. No tener el
dinero suficiente en un momento determinado no está mal, pero vivir en una
cárcel de escasez es una tragedia porque va en contra de sus derechos humanos
más elementales. Cuando Jesús dijo que iba a liberar a los cautivos,
¡conmocionó al mundo de su tiempo! ¿Acaso quiso decir que nunca más se
podrían cobrar impuestos? Nadie entendió el alcance de su mensaje porque
Jesús no hablaba literalmente acerca de las finanzas, el concepto era otro. Si
compra el concepto, lo literal se va a manifestar pero si no lo compra, aunque
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reciba hoy un millón de dólares, mañana amanecerá deprimido porque no sabrá
qué hacer con todo ese dinero. Creo que nueve de cada diez personas no
sabrían qué hacer con un millón de dólares. Esto no tiene que ver con el hecho
que nunca tuvieron tanto dinero, sino con la “mentalidad de pobreza” que
cultivaron con los años.

¿Tiene algún plan escrito y detallado de lo que haría si mañana le dieran esa
cantidad de dinero? Yo sí tengo un plan en el caso que mañana me sucediera
esa situación. Como tengo una mente libre, sé que puede ocurrirme en
cualquier momento. Debe surgir una generación profética con una mentalidad
diferente y proyectos claros, en lugar de quejarse o soñar qué haría si tuviera
ese dinero. Si cambiamos nuestros conceptos acerca de las riquezas, las cosas
podrán comenzar a llegar hasta nuestra vida. No hay peor cosa que estar al lado
de una persona con una mentalidad cerrada. Desde nuestra infancia, el espíritu
de este siglo se dedica a rodearnos de experiencias negativas que nos llevan a
archivar en nuestra mente todas las formas posibles de decir “no tengo o no
puedo”. Incluso nos habituamos a reírnos de los chistes que surgen desde la
cultura popular acerca de la pobreza: “dormíamos tan amontonados que todos
soñábamos lo mismo”. El espíritu humanista utiliza hasta el humor popular para
crear e instalar esta cultura de pobreza en los pueblos. Es más, ¡pagamos para
ver y oír cosas como estas! Sin darnos cuenta, nos reímos…sin pensar en el peso
negativo que tienen esas palabras.

Me comprometí a vivir de manera tal que esta generación cambie por causa de
mi presencia, porque siempre habrá alguien que crea el mensaje del Reino. En
todas partes existe gente que todavía se atreve a creer en Dios. Cuando Jesús
vino a traer buenas nuevas a los pobres, se refería a todos aquellos que vivían
agachados, mirando el suelo y con una actitud agonizante. No estaba hablando
de dinero, ese es sólo uno de todos los factores, pero la verdadera pobreza tiene
que ver con un pensamiento inspirado por un espíritu que opera en el corazón
del ser humano. Todo problema financiero siempre acarreará vergüenza,
porque ninguno de los sueños que anhela para sus generaciones podrá ver la
luz. Con el correr del tiempo, llegará el día cuando su esposa y sus hijos ni
siquiera se acuerdan de usted en el día del padre.

Es vergonzoso que un corrupto que se roba todo nos gobierne, mientras salimos
todas las mañanas a trabajar para ganarnos el sustento diario. Debe aprender a
leer las estrategias de acción que diseñó el espíritu humanista de este siglo para
oprimir su vida. ¡Por eso algunos no tienen vergüenza! Aprender a sentir
vergüenza de sus acciones perversas es el primer camino que Dios va a usar
para cambiar su vida. Debemos dejar de echarle la culpa a la vida o a los demás
y asumir nuestra responsabilidad por los resultados que tenemos. La vida es un
regalo de Dios, no un castigo para escarnecernos ante los demás, por eso no
puede permitir que sus hijos vivan avergonzados.

Hubo ocasiones en mi vida cuando me tocó pasar vergüenza. Cuando era un


muchacho y aún iba a la escuela tenía tres amigos: el gordo Mario, el flaco Jorge
y un tercero al que llamábamos por su apellido, por eso me permito obviarlo.
Salíamos juntos y compartíamos asados, eran buenas personas pero a veces
salían temas donde compartíamos nuestra forma de vida y yo defendía lo que
!47
me enseñaron mis padres. Como era el único que creía en Dios, me decían “el
predicadorcito de fe”. Yo sostenía que se podía llegar virgen al matrimonio,
tener una sola esposa y serle fiel, porque desde ese momento creía que Dios nos
podía dar una vida mejor. Pero ante sus ojos, sólo era un estúpido que creía en
ese tipo de cosas. Claro, en ese momento ellos eran unos pícaros, pero cuando
uno tiene dieciocho años puede darse algunos lujos porque tiene toda la fuerza
de la vida.

Los padres de mis amigos estaban en mejores condiciones económicas que los
míos. Uno de ellos era comerciante en un rubro importante y mientras su hijo
paseaba en auto, yo lo hacía en una bicicleta de las que usan las mujeres y a la
que le había agregado una antena de “tele taxi” que me regaló un amigo.
Pasaron los años y hoy todos tenemos las misma edad, igual que cuando
íbamos a la escuela. Hace muy poco me encontré con uno de ellos, el que
siempre viajaba a Italia y sacaba muy buenas notas, mientras que a mí, además
de estudiar me tocaba repartir pescado. Mi padre nos enseñaba que debíamos
tener fe porque se podía ser honesto y vivir bien, pero mi amigo siempre se
burlaba de mi fe. Cuando vi a mi amigo de la infancia, lo encontré trabajando y
viviendo en un taller donde le prestaban un rincón donde dormir. Las crisis lo
habían derrotado y por causa de esto también perdió su familia. Lo abracé y le
di las mismas palabras que le hablaba en aquellos años de mi juventud para
decirle que si estaba vivo todavía tenía tiempo para creer en Dios.

Luego le pregunté por el gordo Mario y me contestó: “¡Perdió todo!”. ¿Es malo
perder todo? No, lo malo es que cuando ocurren estas cosas y la gente no tiene
de dónde aferrarse, también pierde su sentido de vida y comienza a andar mal
con sus seres queridos, luchando por tratar de ver a los hijos una vez a la
semana.

Luego le pregunté por el flaco Jorge y me contestó: “También está mal, cada día
está más depresivo”. Estos son ejemplos de personas que pasaron por un
momento de mi vida, pero son los modelos de vida que Jesús vino a cambiar.
Porque nuestras vidas siempre corrieron por caminos diferentes, pero en el mío
siempre estuvo Cristo y el resultado está a la vista. Jesús vino para dar a luz una
nueva generación que no tuviera que vivir agobiada ni avergonzada por el
espíritu de pobreza. No tiene que caminar mirando hacia abajo como pidiendo
permiso y tratando de ver a cada paso si encuentra una moneda, porque Dios
vino a su vida para dignificarlo en todo.

Si quiere vivir mejor, debe darle a Dios todo lo mejor de su vida. Al hacer esto
todo lo que ama recibirá lo mejor, porque sólo podrá ser así mientras Él sea lo
más importante para usted. Nunca se olvide que cuando vive una vida normal,
sus derechos están determinados por su espiritualidad, su fe y por la vida que
determinó vivir en Dios.

¡Es el mejor momento para decirle a Dios que quiere ser libre y pedirle que
venga a su vida!

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!49
Capítulo IV

Desde antes de nacer encapsulamos un propósito predeterminado para nuestra


vida como personas, familias y nación. También creemos que Dios tiene un
proyecto para la tierra y aunque para algunos parezca ausente, puedo
asegurarle que está más presente que nunca. Es necesario que entendamos que
todas las cosas que viven y sufren los seres humanos que habitan este planeta,
es sencillamente la consecuencia de haberse alejado de quien más sabe acerca
de la vida: Dios. Como tenemos un propósito y un proyecto, somos conscientes
que aún los proyectos divinos, celestiales y espirituales, necesitan finanzas y
otros recursos para poder materializarse de una manera efectiva sobre la tierra.
Hablar de sueños es muy lindo, pero necesitan financiamiento.

Muchas veces nos deleitamos ante una obra de Da Vinci o Picasso, nos encanta
oír la música de Mozart o Beethoven, pero no podemos ser tan idílicos e ignorar
que estas personas pudieron realizar sus obras porque había familias poderosas
que los apoyaban y sostenían hasta que pudieran concretarlas. Caso contrario,
la humanidad no tendría conocimiento acerca de su obra. Cuando estuve en
Florencia conocí el Palacio de los Medici, contemplé las esculturas de David y
Moisés, además de visitar el Vaticano. Tuve la oportunidad de conocer y ver
cosas extraordinarias, pero hay mucha gente que desconoce que estos grandes
artistas fueron subsidiados por familias poderosas que representaban el poder
político y gobernaban en la época del Renacimiento. Viendo esas
extraordinarias obras de arte, cualquiera puede darse cuenta que hace falta algo
más que talento y habilidades naturales. Si un artista no contaba con los
materiales, las herramientas, el espacio para trabajar y cantidad de otros
recursos, nunca habría dejado obras tan magníficas.

Cuando alguien quiere que sus anhelos perduren, hará que sus deseos se
cumplan y obtendrá los recursos necesarios para lograrlo. Es decir, tiene sueños,
un propósito y una razón para vivir, pero sabe que debe conectar esos sueños
con quienes puedan ofrecerle las posibilidades reales para ver su manifestación.
Aunque también existen aquellos que tienen sueños pero se ofenden cuando
alguien les habla de finanzas y se enojan diciendo que “no son materialistas”.
En realidad son unos ilusos.

Desde que nací creí que Dios tenía un propósito con mi vida, por eso desarrollé
una fe fuera de lo común. Actualmente soy consciente que las conferencias que
dicto por el mundo despiertan deseos de vivir en la gente. Por eso le pido a
Dios que me otorgue larga vida pues quiero vivir para llegar con este mensaje a
todas las naciones, ciudades y pueblos de la tierra. Me cuido al conducir mi
automóvil, cuando viajo siempre uso el cinturón de seguridad, cumplo con
todas las leyes de tránsito y hago todo lo posible para preservar mi salud.
¡Quiero vivir plenamente todos mis días!

Todos los que hacemos esta tarea sabemos que este mensaje despierta sueños y
ganas de vivir pero también sería un simple vendedor de ilusiones si no le
dijera que todos sus deseos pueden terminar transformándose en su peor arma

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mental si no piensa en los recursos. ¿Qué tipo de personas pueden combinar
sueños divinos con recursos celestiales? Aunque existen muchas personas con
deseos reales de obtener dinero como los narcotraficantes, ladrones y corruptos,
me refiero específicamente a los que piensan en el “propósito supremo” por el
cual fueron creados. Puedo decir que sólo hay un tipo de persona que puede
combinar los sueños que trae de fábrica, con todos los recursos para
manifestarlos sobre la tierra: Un discípulo de Cristo.

Sólo un discípulo de Cristo puede combinar los sueños con los recursos
adecuados, porque el Espíritu Santo inspira las motivaciones de su corazón.
¿Quiere saber si es un buen discípulo de Cristo? Debe revisar la calidad de sus
sueños, frente a la disposición de los recursos con los que cuenta para
cumplirlos. Un discípulo no es alguien que estudia o alguien que anhela serlo,
es una persona que logra combinar una alta expectativa de la razón de su
existencia con los recursos necesarios para manifestar ese sueño impreso en su
espíritu.

Cuando Jesús manifiesta su propósito en la tierra, su primer mensaje es el que


aparece en el evangelio de Lucas 4: Traerle buenas noticias a los pobres. Por tanto,
si quiere vivir una vida cumpliendo sus sueños no puede ejercer la profesión
que le imponen sus padres, sino aquella para la cual nació. Tampoco lo logrará
tratando de cumplir los sueños que pretende venderle el mercado, sino los que
Dios encapsuló dentro de su ser. Los tres pilares que sustentan la manifestación
de nuestros sueños son:

1. Revivir todos los días su sueño.


2. Obtener los recursos necesarios.
3. Determinarse a ser un discípulo de Cristo.

Mi llamado más elevado es ser y hacer discípulos, aunque no voy detrás de un


proselitismo religioso y tampoco busco llenar un salón con personas, el
mandato de Jesús es claro: “Id y haced discípulos”. Desde muy joven abracé esa
tarea y se convirtió en la gran pasión de mi vida. ¿A cuántos les gustaría ser
aceptados por Cristo para integrar su plantel de discípulos? Porque esto no se
trata que nosotros aceptemos o no, estamos muy equivocados cuando creemos
que esa es una elección que descansa en nuestras manos. A lo largo de mi
ministerio pude ver cientos de personas detenidas en la mitad del camino y
cada una con una buena excusa para no seguir adelante. Es como si hubiera
algún mecanismo que aborta a todos aquellos que no dan “lo mejor de sí
mismos”. Porque de esto se trata ser aceptado por Dios como alguien que va a
ver la manifestación de sus sueños sobre la tierra.

La gran tarea de Jesús en la tierra


Cuando Jesús comenzó esta tarea, su mensaje apuntaba a forjar una nueva y
mejor generación, para lo cual tendrían que cumplir con ciertos requisitos:

1. Si quiere ser buena madera, debe ser libre de las opresiones.

2. Si quiere ser parte del equipo ganador, nunca debe ser permitir que el
sistema perverso lo absorba. Podrá sobrevivir a todo lo que venga en su
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contra por el amor de Dios sobre la tierra y por ser parte de lo “mejor” del
Reino.

Nuestra responsabilidad como comunicadores del evangelio es erradicar la


pobreza en nuestra generación, porque esta prisión no es más que un concepto
mental. Cuando logremos desterrarla surgirá una nueva humanidad libre de las
desviaciones perversas del comunismo o el capitalismo, porque ambas se
fundamentan en el egoísmo humano. El “nuevo hombre” tampoco es el mismo
al que hacen mención el Che Guevara o Fidel Castro, aunque muchos de los que
dicen identificarse con sus pensamientos no tengan idea de lo que ellos
pensaban. Eran pensamientos egoístas que buscaban asegurarse el poder
político para una élite desde un humanismo que demostró su inutilidad a lo
largo del tiempo.

El único camino para recuperar nuestra verdadera identidad es través de la


Palabra de Dios. El nuevo hombre no fue un invento de Marx, estaba escrito en
la Biblia desde hace más de dos mil años y el único camino para que podamos
ser nuevas criaturas, es por medio del nuevo nacimiento en Cristo Jesús. Como
dijo el apóstol Pablo: “hay un nuevo hombre, pero debemos generarlo y gestarlo”. La
principal característica de este nuevo hombre es su estado de paz interior que
no se puede lograr ni explicar por medio de argumentos humanos. En nuestro
trabajo confiarán en nosotros y nos aumentarán el sueldo porque más allá de
ser efectivos somos un “reposo” para otros y dejamos de ser una carga; pero
este es el fruto de una nueva humanidad que se levanta en cada uno de
nosotros. Como podemos ver, la solución para una sociedad mejor no está en la
habilidad de los políticos, sino en la decisión de aplicar un sistema de vida
inspirado por Dios.

Previendo que la gente que lo escuchaba se burlaría de Él, Jesús dijo: “Y


enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga
estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de
vosotros. Y todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de
gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José? Él les dijo: Sin duda
me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo; de tantas cosas que hemos oído que se
han hecho en Capernaum, haz también aquí en tu tierra. Y añadió: De cierto os digo,
que ningún profeta es acepto en su propia tierra. Y en verdad os digo que muchas
viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y
seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra; pero a ninguna de ellas fue
enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en
Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el
sirio. Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira; y levantándose, le
echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba
edificada la ciudad de ellos, para despeñarle. Mas él pasó por en medio de ellos, y se
fue” (Lucas 4:20-29).

La familiaridad nos lleva a despreciar lo que tocamos y a la gente que nos


rodea, este es un error que la gente suele cometer muy a menudo cuando no
valora todo aquello que está delante de sus ojos. Este es un buen momento para
declarar: “¡Mi libertad está más cerca de lo que pienso!”. La gente con la que

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necesitamos encontrarnos para ver el cumplimiento de nuestros sueños no está
en Júpiter, está a nuestro lado. Nos cuesta verla porque forma parte de nuestro
paisaje familiar. En la medida que nos dediquemos cada día más a ser parte de
esta nueva creación que Dios está manifestando sobre la tierra, habrá gente que
se levantará y financiará su fe. Si alguien pintando un cuadro o haciendo una
escultura pudo pasar a la historia, nosotros deberíamos tener el pasaje
asegurado porque nuestro objetivo es transformar a la gente por medio del
amor de Dios. Creo en esto con todo mi corazón y ya no puedo retroceder pero
debemos concentrarnos en erradicar de nuestra vida la mentalidad de pobreza
y escasez.

Cuando Jesús cita un par de ejemplos en este pasaje, se refiere una gran
cantidad de viudas y enfermos de lepra que había en esa época pero sólo
destaca a uno solo de cada grupo: la viuda de Sarepta y Naamán el sirio. Jesús
afirma que va a libertar a los oprimidos, trayendo libertad a la gente encerrada
en las cárceles emocionales. La mentalidad de pobreza y escasez es una de las
cosas que tenemos que romper para que nuestros sueños se cumplan en la
tierra. ¿Por qué la libertad de los oprimidos está relacionada a esta historia del
enfermo de lepra que sucedió más de mil años atrás? Porque para encapsular
un principio eterno, Dios debe envasarlo dentro de algo intemporal y así esa
palabra se podrá entender en todo tiempo. Por eso describiré algunas
características sobre la lepra.

Jesús empleó el ejemplo de la lepra para demostrar el estado de esclavitud al


cual está sometida una persona enferma. La pobreza se puede comparar a la
lepra porque también es una enfermedad. En nuestros países se declaró un
estado de emergencia en distintas ciudades por causa de diferentes epidemias
como la gripe aviar o el dengue. Hoy la lepra es una enfermedad curable en casi
todos los casos, aunque en el mundo hay más de cinco millones de personas
que padecen esta enfermedad. Brasil es el segundo país con más enfermos de
lepra después de la India. A principios del siglo pasado, más precisamente en el
año 1909, en Argentina se crearon los leprosarios como una forma de profilaxis
contra la lepra. ¡Estamos hablando del año 1909 y no del año cero!

¿Por qué la Biblia habla tanto de los enfermos de lepra? Cuando Jesús declaró
que vino para liberarlos, fue para quitarles la mentalidad de pobreza y escasez.
Pues bien, nadie puede tener un sueño más grande que el envase donde espera
depositarlo. No podemos poner cinco litros de agua en un vaso donde sólo
entran quinientos centímetros cúbicos. Podemos tener un sueño grande, pero el
tamaño del sueño hará un embudo en nuestra mentalidad. Por eso debemos
entender la diferencia entre economía y finanzas, porque cuando tenemos
problemas financieros no podremos pagar los compromisos asumidos y
pasamos a ser deudores. ¡Todo deudor es un esclavo del acreedor!

Durante el Imperio Romano los deudores terminaban en la cárcel, aunque ahora


quizá se pudiera solucionar el tema con un soborno, ¡pero igualmente son
esclavos! Una persona honorable que tiene deudas pasará días enteros
pensando cómo pagarlas. Esto se agrava cuando a la deuda se le agrega la
opresión, como en el caso de un compromiso en moneda extranjera en un país
con una economía inflacionaria e inestable. Cuando el deudor logra tomar algo
!53
de aire, se entera que al mes siguiente aumentará el combustible, los impuestos
y los servicios, ahí se manifiesta la opresión del sistema. La pregunta de Jesús
señala que no sirve de nada recibir recursos si permanecemos dentro de una
cárcel. Podemos tener un automóvil Mercedes Benz, pero no nos servirá de
nada si estamos dentro de la cárcel. Podemos recibir el edificio más grande y
destacado de la ciudad, pero no podremos meterlo dentro de la cárcel. No hay
nada peor que alguien quiera regalarnos algo que no estamos en condiciones de
transportar o llevar a nuestra casa.

El problema no se encuentra en lo que Dios nos puede dar, sino en el tamaño de


lo que nuestra mente pueda albergar. No importa cuántos años tenga, es
imprescindible dedicar los próximos cinco años a cumplir la voluntad de Dios
con fe y disciplina, sujetándonos a un proceso de discipulado para recibir el
entrenamiento necesario. Supongamos que una persona de ochenta años muere
a los ochenta y cinco, luego de haberse entrenado los últimos cinco años de su
vida les habrá dejado un buen ejemplo a sus nietos y no tendrán que esperar
hasta ser ancianos para comenzar. A los que no estén involucrados en un
programa de discipulado efectivo les será casi imposible activar esta palabra
para transformar sus vidas. Si queremos ver el cumplimiento de nuestros
sueños, necesitamos algo más que oír o no faltar a las reuniones. Debemos
asumir un compromiso profundo con el mensaje del Evangelio de Cristo y eso
demanda disciplina.

Particularidades de la lepra
La palabra “Lepra” viene de “leptón” y significa “escamoso”. En realidad, viene
del nombre de una moneda pequeña de color blanco, porque esta enfermedad
comienza con manchas pequeñas y blancas. Cuando esto aparecía se tomaban
conductas preventivas, aunque al tratar con personas adultas se tomaban las
máximas medidas de seguridad. Somos parte de una sociedad enferma de
pobreza. Cuando una persona percibe un sueldo promedio, muchos lanzan
exclamaciones como si fuera una buena remuneración. ¿Esto es digno? No. Si
hacemos una ecuación matemática quizá sí, pero no estoy hablando de montos
sino de mentalidad. El monto mensual que percibimos por nuestro trabajo
puede ser básico, aún así debemos ser agradecidos con Dios, pero el problema
surge cuando no ejercitamos nuestra mente para manejar montos cada vez
mayores. Para lograr esto es necesario desarraigar todo rastro de pobreza de
nuestra mente.

La mente es un músculo y como tal, responde al ejercicio sistemático. Si nos


inscribimos en un gimnasio para ejercitarnos y nuestra meta es llegar a las dos
horas diarias debemos ir paso a paso. Con toda seguridad, el primer día no
podremos pasar de diez o quince minutos porque nuestro cuerpo necesita
incrementar su actividad de una manera gradual, esto requiere tiempo y
constancia. Debemos entender que para terminar con un mal como éste, donde
la pobreza y la escasez instalaron una mente miserable en el ser humano, es una
labor que requiere mucho tiempo. Por eso no tenemos que enojarnos cuando
alguien nos hable de estos temas.

Durante las conferencias siempre aclaro que no es mi intención que los


asistentes saquen dinero de sus bolsillos para solucionarnos un problema
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económico, porque entonces no hablaría de estas cosas y usaría unas cuantas
frases manipuladoras. Nuestro ministerio es parte de una visión que nació en el
corazón de Dios y para que se cumpla necesitamos recursos. Por eso si en los
próximos años seguimos compartiendo estas cosas, será para que nuestras
generaciones tengan todo lo necesario para ser personas libres de este sistema
perverso. El espíritu humanista diseñó un sistema económico que apunta a que
cada día vivamos con más escasez y así mantenernos en absoluta pobreza.

Si no tiene fe en el poder del Espíritu Santo que habita dentro de su ser para
sacarlo de ese estado de pobreza mental, aunque escuche al mejor conferencista
continuará hundiéndose cada vez más. El problema no está en el conferencista
sino en la decisión de creer. Mi deber es decirle que la única salida que tiene es
aferrarse al poder de Dios para sacarlo del sitio donde se encuentra, porque lo
escogió para realizar grandes cosas. No fuimos creados para vivir en
condiciones de estrechez y tampoco para vivir enfermos.

Volviendo a la lepra, es una enfermedad que se transmite por medio de una


bacteria y según los especialistas en Leprología, tiene la particularidad de
convivir con el cuerpo porque desarrolla un estado de tolerancia. En otras
palabras, el cuerpo tolera la presencia de la bacteria que terminará con él.
Veamos un ejemplo para comprender con más claridad qué significa la
tolerancia. Cuando vivimos expuestos a un fenómeno que nos somete a un
grado de estrés permanente, comenzamos a tolerarlo y así perdemos capacidad
de reacción. Esto explica por qué no reaccionamos violentamente contra
aquellas situaciones que sabemos bien que están minando nuestra calidad de
vida y esto es tolerancia. El cuerpo tolera al microorganismo que lo está
dañando y no reacciona como debiera. El cuerpo entra en una especie de estado
de confusión que a veces puede llegar al caos. Existe un axioma que siempre
mencionan los médicos: “No se enferma la persona que quiere sino la que puede
hacerlo”. Caso contrario, todos estaríamos enfermos de lepra.

Debe ocurrir una combinación de factores que determinan la convivencia entre


el cuerpo y la bacteria que lo infectó. Además está comprobado que es muy
difícil que las personas que están al lado de un enfermo de lepra contraigan la
enfermedad. Pero por algún mecanismo que aún se desconoce, el bacilo de la
lepra ingresa al cuerpo con su permiso, desconociendo la agresividad y la
peligrosidad de lo que le espera. Este es el paralelo con el espíritu de pobreza.
Nacimos en una cultura de país en desarrollo donde es normal vivir de un
empleo y un sueldo fijo. En esta cultura aprendemos a tolerar la pobreza como
parte de nuestra vida diaria. Creo no equivocarme al decir que debemos ser los
únicos que damos las gracias cuando nos sirven un huevo frito, aunque sea el
más pequeño de la caja. Esto me enseñó a darle gracias a Dios por su provisión,
¡pero luego de ver qué me sirvieron en el plato!

Nos enseñaron equivocadamente que debemos darle gracias a Dios por todo.
Pero al hacer esto, entramos en un estado de tolerancia muy peligroso. El
objetivo de estas líneas es despertar en usted un rechazo hacia la tolerancia. ¡No
puede tolerar la pobreza! No se puede coquetear con este espíritu, porque es
como esos cachorros recién nacidos que andan solos por la calle y se pegan a
cualquiera que les hace un cariño. La pobreza no perdona a quienes coquetean
!55
con ella y se les pega el resto de sus vidas. Nunca se olvide que todo lo que
usted invite a ser parte de su vida se quedará allí hasta que determine echarlo,
sean personas, animales o cualquier otra cosa.

Hay personas que viven en pobreza por generaciones y lo toleran, asumiendo


que es el destino que les tocó en suerte. Sin embargo, si a alguna de estas
personas se las trata mal, reaccionarán y dirán ¡no tolero a fulano! Esto quiere
decir que podemos ser intolerantes porque fuimos creados para rebelarnos
contra todo lo que nos perjudica. Debemos entender que necesitamos aprender
a encauzar correctamente la intolerancia. El problema es que el espíritu
humanista nos enseña a tolerar lo que no debemos tolerar y a ser intolerantes
con lo que sí hay que tolerar. Las cosas serían radicalmente diferentes en
nuestra vida si aprendemos a encauzar nuestro potencial de intolerancia hacia
la pobreza, la escasez, a una vida sin Dios, a un hogar que se destruye y a una
cantidad de deudas que casi nunca se pueden pagar.

Una mentalidad de pobreza se expresará por medio de frases como estas:

1. “Bueno, qué le vamos a hacer, la vida es así…”


2. “Esta es la vida que me tocó en suerte, pero hay que seguir adelante…”
3. “Siempre vivimos así y por lo que veo, seguiremos igual o peor…”

¡Con cuánta facilidad aceptamos una mentira! Esta manera de pensar nos lleva
a “avanzar hacia atrás”, por eso postergamos cada vez más nuestros sueños.
Debemos aprender a ser enérgicos, especialmente con aquellas situaciones que
deseamos que se vayan de nuestra casa. Pero ser enérgico no significa tener mal
humor o pelearse con todo el mundo. Mejor sería comenzar a notificarle a todas
las cosas que no funcionan en nuestra vida que les llegó la orden de desalojo
definitivo.

Debe desechar la idea de conformarse con un sueldito, porque ese será el límite
de lo que esté en condiciones de administrar. Tiene que estar dispuesto a
romper todas las estructuras perversas en su mente que lo mantienen cautivo
en la pobreza. Si le enseñaron que debía dar gracias por todo, ¡aprendió mal!
Debe “formatear” su cerebro porque de nada sirve acudir a una conferencia si
sólo va a buscar una excusa más para seguir viviendo igual. Cuando se conecta
con una de estas palabras, su ánimo se exaltará porque su espíritu registra que
nació para triunfar, pero cuando llega el día lunes por la mañana y debe
enfrentar sus compromisos, no encontrará dónde esconderse.

Si usted se vuelve más intolerante con la pobreza, será más tolerante con la
gente que lo rodea. Dios nos dio a todos la misma cuota de paciencia que
necesitamos, pero algunos no saben usarla correctamente. La tolerancia es como
el odio, fuimos creados para odiar y tenemos licencia para hacerlo. La palabra
“odiar” en la Biblia es “aborrecer” y queda claro que tenemos que aprender a
“aborrecer lo malo”. No obstante, si no sabemos odiar lo malo es posible
terminar odiando lo bueno. En otras palabras, si usamos mal el odio, no nos
quedará resto cuanto debamos usarlo correctamente. Fuimos creados para
enojarnos, pero sólo debemos hacerlo con las cosas correctas.

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¿Qué pasa cuando la lepra ingresa en el cuerpo? El organismo percibe una
alarma porque se produjo una infección y los glóbulos blancos comienzan a
juntarse para atacar el sitio de contagio. Ahí el cuerpo comienza a reaccionar
con un mecanismo llamado “hipersensibilidad”. Pero hay algo curioso en la
lepra y es que el mecanismo de sanidad no ataca a la bacteria, sino al daño que
produce. Cuando nos cortamos con algo se activa nuestro sistema inmunológico
y los glóbulos blancos trabajan para cicatrizar la herida pero en este caso hay
una “falta de concentración” y en vez de atacar la bacteria, el cuerpo se
concentra en atacar el daño que produjo la bacteria. En el caso de la pobreza,
producirá distintos problemas en la familia y uno de ellos es el estrés. Así
reacciona la gente que recibió instrucción, porque los mecanismos de defensa
son sus argumentos de vida. Cualquiera puede tener un golpe en su economía
cuando hace un mal negocio, compró o vendió mal, creyó en quien no debía,
etc. Cuando a esa persona le pegan, comenzará a sangrar porque existe un
mecanismo humano y divino que se activa. Cuando la escasez nos golpea por
una mala decisión, no podemos permitir que se convierta en lepra. ¡No debe ni
puede atacar a nuestra familia!

El origen de casi todos los problemas que tienen los seres humanos es producto
de su mala situación económica y financiera. Cuando esto sucede, la respuesta
es casi la misma que se presenta ante la lepra: ayudar a la familia, contribuir con
los gastos, otorgarles un subsidio o una “casita”. Estas son las consecuencias
periféricas. Jesús no vino a darle una casa al desocupado ni una bolsa de
alimentos al hambriento, ¡vino a sacarlos de la cárcel para liberarlos! Sólo una
persona libre podrá construir su casa, reconstruir su hogar y su familia cuando
fueron destruidos por el divorcio y los problemas financieros. Algunas personas
se divorcian y creen que en su próximo matrimonio todo será mejor porque no
quieren reconocer que llevan dentro de sí la enfermedad que volverá a
contaminar su siguiente matrimonio, sus hijos, su trabajo y sus generaciones.
Aunque cambie de esposo, esposa o aún de trabajo (y esto último no está mal
porque el cambio siempre es una opción), serán cambios de forma y no de
fondo.

Los cambios que lleve a cabo serán buenos, siempre y cuando no estén basados
en la periferia del problema. Esto es muy fuerte, pero debe saber que si no es un
“discípulo de Cristo”, no podrá acceder a las claves que activarán el proceso. Si
aún no se integró al programa de discipulado en su congregación está en serios
problemas. La única manera de ir a la raíz de los problemas y resolverlos
definitivamente, es provocando su enojo para desafiarlo hacia el cambio. Un
discípulo es alguien que combina un sueño de Dios con los recursos que decidió
conseguir, porque creyó como para disciplinar su vida hasta las últimas
consecuencias.

No importa cuántos años nos lleve establecer esta Palabra en el Cuerpo de


Cristo, debemos desarrollar toda la tolerancia posible hasta ver el cambio en las
personas. En el contexto de la Biblia se aislaba a todos los enfermos de lepra y
esto mismo ocurre con los pobres. Una persona con una mentalidad de pobreza
vivirá auto justificándose con frases como: “Soy así, me cuesta integrarme” o
“soy poco comunicativo y no sé socializar”. Deje de tolerar esos pensamientos
en su mente y comience a desarraigarlos definitivamente. A los enfermos de
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lepra hay que cuidarlos mucho, porque pueden cortarse o sufrir accidentes sin
darse cuenta porque perdieron la sensibilidad. La lepra ataca los centros
nerviosos, entonces los enfermos toman cosas calientes con sus manos y se
queman porque no sienten el calor. Espero ser claro, porque la pobreza también
opera de la misma manera, volviéndonos insensibles ante las amenazas del
entorno.

Muchas personas sumergidas en la pobreza viven en el límite de la subsistencia,


saliendo a robar porque no tienen qué comer y son capaces de matar a otros a
sangre fría. No podemos explicar cómo alguien puede hacer algo así, pero lo
hacen porque perdieron toda sensibilidad hacia la vida. Cuando me determiné
a quebrar las raíces que alimentan este espíritu perverso, pude conocer
personas con un grado de insensibilidad extremo y no estoy hablando de
delincuencia, sino de pobreza. Muchos piensan que dentro de la Iglesia “son
todos buenitos”, pero donde hay personas encontrará toda clase de situaciones.
Los que asisten a nuestras conferencias saben que si hace frío encendemos la
calefacción y si hace calor habrá aire acondicionado, pero hay gente que no deja
de hacer juicios o críticas. Eso se debe al espíritu de pobreza que aún está
enraizado en sus mentes. Por eso encontramos gente que dice “no asisto más
porque el frío me hace mal” y otros que dicen “dejé de ir porque el calor de la
calefacción me ahoga”.

Como padre o hijo tiene que aprender a expresar agradecimiento y no hacerlo


ante cualquier cosa. El espíritu de pobreza opera haciéndonos creer que todo el
mundo tiene la obligación de ayudarnos y cuando no lo hagan serán malas
personas. Ese es el grito de un espíritu perverso que se contagia como la lepra y
es altamente nocivo para nuestra salud como hijos de Dios. Actualmente se
afirma que si una persona enferma de lepra estuvo en tratamiento por más de
cuatro años, aunque no se puede hablar de curación total, deja de ser un
transmisor activo, pero bajo el concepto bíblico, la miseria, la pobreza y la
escasez son altamente contagiosas. Cuando hable con una persona que tenga un
espíritu de miseria, tenga dinero o no, terminará contagiándose de su espíritu
de amargura que lo llevará a ser triste y mezquino. Así como la lepra, la
pobreza causa hipersensibilidad, insensibilidad e intolerancia.

Muchas personas pobres se acostumbran a vivir en la suciedad y esto no tiene


nada que ver con los recursos que tenga en su vida. Hay gente que atraviesa
tiempos de escasez, pero mantiene su casa impecablemente limpia porque no
tolera la suciedad. Por otro lado, cuando estamos ante personas con un espíritu
de pobreza que ata sus mentes, la suciedad contaminará todo lo que tocan con
un olor característico. Pude ver esto en casas muy precarias, pero también en
mansiones llenas de toda clase de lujos. En realidad, la pobreza se conecta con
la suciedad porque es una asociación de pensamientos perversos.

Alguien que pierde el interés de prosperar, vivir bien y ver el cumplimiento de


sus sueños con Dios en su vida, comienza a acostumbrarse a ciertas y
determinadas situaciones que lo van degradando, hasta que deja de importarle
su higiene personal. Cuando su condición de vida no tiene una esperanza o un
sueño que lo lleve más allá del plano natural atraerá esa negatividad sobre sus
hombros. Con frecuencia viajo por los países desarrollados y en uno de esos
!58
viajes me subí a un vehículo que en Argentina podría costar alrededor de
setenta mil dólares. Aunque era una camioneta impresionante, estaba
totalmente sucia o mejor dicho, ¡mugrienta! Con esto quiero decirle que no
importa el auto que tenga o cuánto cuesta, si adoptó la falta de limpieza como
un estilo de vida, empieza a ser parte de su apellido. Debemos tratar con
energía este asunto, porque necesitamos cumplir el sueño de Dios en la tierra y
para eso necesitamos contar con los recursos necesarios. Salir de la pobreza no
implica acceder a una “vida feliz” y sin complicaciones, se trata de algo mucho
más profundo y trascendente.

Mis hijos reciben muchas cosas pero a veces les doy más a otras personas que a
ellos porque estoy transitando un período de mi vida donde debo sembrar en
esta nueva generación. Estoy involucrado de lleno en el negocio de liberar a una
generación, pero primero debo ser libre de toda atadura de pobreza emocional.
No quiero que piense en mí como un materialista, pero si aprendemos estas
reglas sencillas, incorporándolas como estrategias de vida para ponerlas en
práctica, estoy seguro que en cinco años la opresión que hay en este mundo se
irá apagando. Cada uno tendrá lo que le pertenece por derecho, porque la
“lepra” es un espíritu que existe en la tierra y está devorando a sus habitantes.

Cuando perdemos la sensibilidad, sólo podremos recuperarla siendo un poco


más sensibles cada día. A veces tendremos que darle al que no necesita porque
no siempre Dios nos guiará a sembrar en gente necesitada. Un discípulo
aprende a sujetarse a la voluntad de Dios cuando sabe que está ante las puertas
que lo llevarán hacia un nuevo nivel de gloria, por eso es imprescindible que
toda esta generación se incorpore al discipulado. Cuando luchamos contra
viento y marea por ser discípulos de Cristo, recibiremos los códigos para activar
la bendición de Dios a nuestro favor. Jesús un día les dijo a los discípulos que
fueran a Jerusalén y no se movieran de ahí, pero como no estaban oyendo al
Maestro se fueron a pescar. Esa noche Dios les dijo a todos los peces que se
fueran de ese lugar y no pudieron pescar ni uno solo. Cuando llegó Jesús y
echaron la red, la recogieron con tal cantidad de peces que explotaba por todo
lo que habían pescado. Sin embargo, a pesar de recoger semejante pesca, no
comieron ni un solo pescado. Jesús los estaba esperando en la playa con el pez
que Dios proveyó. En otras palabras, no comeremos el pez que sacamos con nuestro
propio esfuerzo, aunque tengamos la bendición de Dios.

Es necesario reconocer que estamos ante una pandemia y como ministros de la


Palabra debemos levantarnos para atacar la pobreza, la miseria, el abandono en
los hogares, la rebeldía en los hijos, la falta de respeto en la familia y todo lo que
nos ataca y destruye. Lograr esto es imposible si no aprendemos a cerrar estos
ciclos perversos que mantienen a las personas sumergidas en la pobreza. El
sueño que tenemos es grande, pero aún mayor es el propósito porque todo lo
que vivimos hasta ahora fue el producto de un ataque contra nuestra grandeza
en Dios. Estamos enfermos, pero la buena noticia es que podemos ser libres de
esta maldición. Si usted recibe estas palabras en su corazón y se determina a
tomar las decisiones correctas según las Escrituras, en dos años será un
libertador financiero.

!59
Cuando las jóvenes desean casarse con un muchacho en una buena posición
económica, siempre les digo que tengan mucho cuidado, pues que el novio sea
“solvente” no les garantiza que sea el hombre que las pueda acompañar el resto
de sus vidas. Un matrimonio es la plataforma desde la cual podremos cumplir
el propósito por el cual nacimos en esta vida. Siempre hay que hacer alguna
evaluación adicional, porque tener dinero no implica ser libre o tener un
proyecto de vida. En algunos casos sería bueno preguntarle al supuesto
candidato si alguna vez escuchó hablar de la lepra del siglo XXI. En muchos
casos la joven en cuestión pudo recibir el impacto de un gesto o una mirada,
pero la mayoría de las veces ese encanto se termina en la luna de miel.

No importa si es hombre o mujer, debe ser una persona inteligente y con buen
discernimiento, porque la elección del cónyuge correcto no es poca cosa.
Recuerdo las palabras que el Apóstol Pablo le dijo a Timoteo: “el que anhela
obispado buena obra desea y se requiere que gobierne bien su casa, que sea marido de
una sola mujer”. Estas demandas son tanto para el obrero de una Iglesia como
para el que desea gobernar una ciudad o formar una familia. ¿Cuál es el
problema de nuestros gobernantes? Que no siempre los que ejercen cargos de
autoridad viven una vida personal ordenada. Si cualquiera de nosotros en el
futuro recibe el llamado de Dios para ocupar un lugar de honra, será porque es
buen administrador. Una vez más, recordemos la importancia de la diferencia
entre finanzas y economía. Mientras las finanzas tienen que ver con los
compromisos que asumimos, la economía se relaciona con la administración
correcta de todos nuestros recursos. Es decir, podemos tener una buena
economía, aunque nuestras finanzas se encuentren temporalmente por el piso.
Dios no sólo nos bendice, también nos multiplica para que podamos tener la
economía y las finanzas necesarias para concretar nuestros sueños. La historia
de José, el hijo de Jacob, muestra que era un excelente ejemplo como
administrador y financista (ver Génesis 41).

Recuerdo que durante el transcurso de una conferencia hicimos una pequeña


encuesta entre todos los asistentes, preguntándoles qué harían si al día
siguiente Dios pusiera en sus manos un millón de dólares. El resultado nos
permitió ver quiénes tenían una mentalidad próspera y quienes no. Muy pocos
respondieron que tenían un plan de inversión para una provisión de tal
magnitud. Esto demuestra que la mayoría de las personas tiene una ilusión o
un deseo, pero carecen de un “proyecto de vida” y ese es el mejor indicio que
muestra una mentalidad de pobreza. Cuando Dios me habló sobre este punto,
preparé una carpeta con tres planos aprobados que están esperando la llegada
del “millón de dólares” por mes, porque creo estar libre del espíritu de pobreza.
No estoy esperando que Dios levante sólo a una persona con riquezas, debe
levantarse toda una generación libre de la maldición de la pobreza que
deteriora nuestras vidas, nos carcome y nos incita a juntarnos para convivir con
otros enfermos. Es imposible ver la luz si sólo hablamos con los que están
encerrados en la misma oscuridad que nosotros.

Sólo podremos ver el cumplimiento de nuestros sueños si desarrollamos un


nivel elevado de conciencia acerca de la bendición de Dios y esto refleja por qué
debemos generar recursos. Jesús sanó a diez enfermos de lepra, pero sólo uno
regresó a darle las gracias. Es decir, todos se fueron con una palabra de libertad
!60
económica, pero Jesús le dijo sólo al que regresó: “tu fe te ha salvado”. Tener una
buena economía no es lo mismo que tener salvación, es sólo el comienzo.
Cuando es libre a nivel económico y financiero sin olvidarse del Dios que lo
libertó y vuelve para agradecerle lo que hizo por usted, puede recibir mucho
más. La expresión “tu fe te ha salvado”, significa que no sólo fue libre de la
lepra sino que partir de ese punto sería prosperado, esa libertad se haría
efectiva en todas las áreas de su vida, y lo mismo le sucederá a usted.

Hay una ley que debemos aprender: Siempre hay algo que debe morir para que
aparezca la vida. Es decir, si lo primero no muere lo siguiente no puede vivir. Esta
ley se ve reflejada en muchos ejemplos:

➢ El primer Adán murió y el segundo resucitó.


➢ Moisés tuvo que morir para que Josué entrara en la Tierra Prometida.
➢ Israel tuvo que ser repudiada para que la Iglesia fuera aceptada.
➢ “Lo primero” de la cosecha se debía quemar para que el resto pudiera
prosperar.
➢ El primer animal se debía sacrificar para que el resto de la manada se
pudiera multiplicar.

Por eso cuando perciba su sueldo, sus honorarios o sus ganancias, lo primero
que debe hacer es separar sus primicias y sus diezmos para Dios. Este es el
camino para hacer morir nuestro egoísmo y darle a Él lo que le pertenece, desde
ese punto en adelante todo lo que queda es resurrección. Cristo nos salvó
porque murió como el primogénito de todos sus hermanos, como murió
primero podemos resucitar a una vida mejor. Conozco mucha gente en el
Cuerpo de Cristo que vive en escasez, sometida por un espíritu de pobreza, con
sus bolsillos flacos y sus alacenas vacía pero viven así porque son ladrones y
están llenos de excusas para no cumplir con los principios de administración
del Reino de Dios. Se creen demasiado inteligentes y sabios en su propia
opinión, pero eso no les alcanza. Nunca podrán lograrlo sólo con su esfuerzo
personal, a menos que le abran a Dios la puerta de sus corazones.

¿Quiere conocer al verdadero ser que vive dentro de usted? Pues bien, el diablo
es un adversario pero no una persona. Su función básica es llenarnos de
pensamientos que nos lleven a tomar decisiones contrarias a la voluntad de
Dios, por eso aunque la lepra no tiene nada que ver con la economía, es un
símbolo que refleja un estado de vida. ¿Sabe qué significa la presencia de un
enfermo de lepra en el seno de una familia? Que todos sus integrantes se verán
afectados de una manera negativa. Hay personas que aún les cuesta entrar en la
disciplina del diezmo y se quejan diciendo que al hacerlo no les alcanzará para
pagar el alquiler o para comer. Si usted es una de estas personas, ¡arriésguese
alguna vez a probar los beneficios de este principio! Separe este mes su diezmo
sin excusas y sin quejarse y observe cómo sus finanzas toman otro rumbo. Es
preferible morir bendecido que vivir toda la vida dentro de una cárcel de
pobreza y escasez.

En cada familia siempre habrá una persona que nació para liberar al resto,
porque en cada una Dios siembra un redentor. Quiero arrebatar eso para mí y
convertirme en un canal de liberación, porque lo importante es que crea que
!61
puede hacer las mismas cosas que hizo Jesús. Cuando estaba en la Cruz le dijo a
Juan que cuidara de su madre. Esto significa que mientras estuvo al frente de su
casa fue el responsable por cuidar de ella, pero a partir de ese momento
delegaba esa tarea en otro, por eso le dijo a Juan que se hiciera cargo de su
madre. Por causa de esta palabra usted se convertirá en el libertador de su
familia, pero antes debe aprender a hacer morir lo primero para liberar el poder
redentor que se encuentra encerrado en ese principio y abrirle paso a la
bendición postrera. Le aseguro que será escandalosamente prosperado. Eso sí,
nunca se olvide o dude que todas las cosas que tiene en su vida le pertenecen a
Dios.

3 Juan 1:2 dice: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas y que
tengas salud, así como prospera tu alma”.

“Nunca se olvide que su prosperidad dependerá del nivel de expansión de su


mente. Comience en este mismo momento a hacer planes y proyectos para una
vida mejor, porque Dios no es deudor de nadie”

¡Usted y su familia prosperarán en todo!

!62
Segunda Parte

Enfrentando el desafío financiero del siglo XXI

Capítulo I

Teniendo en cuenta los tiempos que corren y la problemática que afecta a una
gran parte de las familias de la tierra, casi siempre relacionado con aspectos
económicos y financieros, considero vital ofrecer respuestas a las preguntas que
se nos presentan a diario. Es muy frecuente que algunos se apresuren a dar
respuestas que nadie les está pidiendo o esperando y esto ocurre tanto en la
política como en la religión. Nuestra congregación está compuesta por hombres
y mujeres que cada mañana se levantan a enfrentar la vida con un mismo
estandarte y un solo sentir: Vivir su día creyendo en el Dios que los creó. Creer
en esto debe ser normal para todos los hijos de Dios.

Cuando una persona compra su primer automóvil cero kilómetro, se espera que
en los tiempos prefijados lleve su vehículo al “servicio oficial” para no perder la
garantía, aunque esta cobertura sólo dura un tiempo determinado. En cambio,
el ser humano creado por Dios a su imagen y semejanza tiene garantía eterna
desde el momento de su nacimiento y por el resto de la eternidad. En su
manual dice que funcionará correctamente, siempre y cuando asista a los
concesionarios autorizados por el Creador. Ahora, si usted afirma que sólo lo
crearon sus padres, entonces funcionará bien mientras ellos puedan mantenerlo;
si cree que forma parte de un sistema y por eso está en este mundo, cuando el
sistema cambie usted también lo hará; pero si puede creer que Dios lo creó,
mientras Él exista su vida está garantizada.

Tocar los temas de finanzas, economía, bienes o dinero es todo un riesgo, sin
embargo quiero referirme a conceptos sobre la vida y las finanzas relacionados
con la espiritualidad de todas las cosas. Algunos se alegran al encontrar
personas capaces de decir lo que piensan con honestidad. En cambio, otros se
enojan cuando son confrontados. Pero a pesar de las diferencias, avanzaremos
porque si no nos detenemos a hablar de los grandes asuntos de la vida
seguiremos corriendo los mismos riesgos que debieron sortear las generaciones
pasadas.

La gente suele tener una tendencia a separar ciertas cosas diciendo que están
dispuestos a oír hablar de Dios en un ámbito cuando en realidad no es así. Sin
embargo, estoy convencido que es necesario tratar estas cosas porque creo que
todo está relacionado. El día que comience a dividir su ser interior, se convertirá
en una persona llena de compartimientos separados. Cuando hablamos,
generalmente decimos que hay un lugar para la familia, otro para el empleo o la
empresa, otro para la recreación y así sucesivamente, pero esa separación es

!63
sólo verbal porque en la realidad las cosas son diferentes. A veces alguien
dispone una jornada de descanso y justamente ese día le sobreviene una
cantidad de trabajo que no esperaba, esto refleja que estas separaciones internas
no son más que una ilusión.

En la vida de una persona “todas las cosas” forman parte de un todo y ese es el
gran problema con los funcionarios que ocupan lugares de autoridad, pero sin
involucrar a Dios en su política de Estado. Esto mismo ocurre con los religiosos
cuando se encierran en un templo y se olvidan de los problemas cotidianos de
la vida. Este mundo maravilloso fue creado por Dios con una mentalidad
inclusiva donde “todas las cosas forman parte de un todo mayor”, por eso debemos
estar listos para “oír de todo”. Como discípulo de Cristo concibo la vida de esta
manera y esa es mi línea de pensamiento. Sé que hay muchas y distintas
maneras de pensar, pero como me dirijo también a discípulos de Cristo
entiendo que todos debemos tener la misma forma de concebir la vida.

Fuimos creados para ser discípulos porque tenemos una mente disciplinada,
siempre somos el fruto de alguien que nos formó (padre, abuelo, amigo, mentor
o maestro). Un discípulo es alguien que termina creyendo y abrazando un
concepto de vida que recibió de otro que conformó su manera de pensar. Estoy
tratando de desarrollar un discipulado efectivo porque me maravillo cuando
considero el producto final del ministerio terrenal de Jesús. Creo que
necesitamos definir nuestros conceptos de vida para movernos en este mundo.
Por eso determiné alinear mi manera de pensar con los conceptos que Jesucristo
nos dejó durante su paso por esta tierra. Esto me llevó a abdicar al discipulado
que recibí de mi padre, mi abuelo, mi tío o las tradiciones italianas que
afectaban muchas áreas de mi vida. Aunque no significa que vaya a renunciar a
todo lo que recibí de mis mayores, necesito definir una línea de pensamiento en
los asuntos más importantes de mi vida.

Cuando decidí ser un discípulo de Jesucristo, en primer lugar tuve que


pelearme con mí mismo y luego con muchas de las personas que forman parte
de mi generación, no porque fueran malas sino porque estaban muy
confundidas. A ellos les enseñaron que Cristo habitaba en un templo donde se
le debe buscar sólo los domingos para que algunas cosas funcionen mejor, pero
el lunes ya nadie se acordaba de Él. Como soy discípulo de Cristo creo que las
cosas que hablo y escribo me van a funcionar, si no es hoy será mañana o algún
día de estos, ¡pero estoy seguro que así será! Decidí creer en algo que me funcione
todos los días y me sirva tanto para los momentos de adversidad como en los
tiempos favorables.

Creo que en la vida todo es espiritual y en cuanto al tema de finanzas, considero


que es uno de los puntos centrales de la vida del discípulo. En este mismo
momento hay una gran cantidad de gente en el mundo que padece una
necesidad económica o financiera y a todos les quiero decir que Dios les
preparó una vida mejor. Pero estos temas necesitan un tratamiento especial y
quiero ser un instrumento para que sepan lo que Dios tiene para cada uno de
sus hijos. Soy parte de una generación de cambio y estoy dispuesto a promover
todas las transformaciones necesarias para que nuestras próximas generaciones
cambien su manera de pensar y por ende, su manera de vivir.
!64
Economía y finanzas no son sólo una cuestión monetaria, representan un tema
netamente espiritual y para comenzar este análisis, veamos el significado de la
palabra democracia. Pienso que entre todos los sistemas de gobierno humano,
éste es el “más aceptable” donde se puede convivir. Sólo viviendo en una
democracia el hombre tiene posibilidades de mejorar algún día por acertar en
sus decisiones y acceder a un mejor nivel de vida. Pero Dios no creó al hombre
para vivir en democracia o bajo un régimen autoritario porque esa no es su
naturaleza. Fuimos creados sólo para vivir bajo una “teocracia”, donde el
hombre le reconoce autoridad absoluta a Dios para que lo gobierne. No es mi
intención explayarme sobre este tema, pero hice esta salvedad para dejar en
claro que en ausencia de una “teocracia”, considero que una democracia es el
mejor sistema de gobierno.

Por eso creo que en esta vida hay personas que pueden dar un paso más allá y
determinarse a vivir bajo el gobierno de Dios, aún viviendo dentro de un
sistema democrático de libertades humanas. Como ciudadano natural puede
vivir bajo ese sistema de gobierno, pero como integrante de la familia de Dios
debe aprender a vivir en una teocracia. Esto quiere decir que aunque habitamos
en un mundo, un país o una sociedad democrática, debemos asumir que la
palabra de Dios debe gobernar nuestras vidas. En otras palabras, asumimos la
teocracia como un sistema de gobierno y no como un sistema religioso. Así
como las políticas reinantes afectarán nuestra economía y el resto de nuestra
vida, una teocracia producirá grandes cambios en nosotros.

También es necesario diferenciar que una cosa es ser un religioso empedernido


y otra aceptar un estilo de gobierno. A través de estas palabras no quiero
plantearle a nadie un cambio de religión o que asuma una posición religiosa
más radical, trato de decirle que puede elegir el tipo de gobierno que regirá su
vida. Sin lugar a dudas, puedo decir que los grandes baluartes de la democracia
en el mundo están en crisis. Nadie sabe qué funciona mejor si el liberalismo a
ultranza, el neoliberalismo, la socialdemocracia, etc. Cuando aparece alguien
con una mentalidad privatista, hay que achicar al Estado pero un par de años
más tarde, aparece un estatista que comienza a recuperar todas las empresas
que privatizaron, todo depende de la visión del gobernante de turno. Un buen
ejemplo puede ser Estados Unidos, el país de los fuertes capitales que tuvo que
intervenir con recursos públicos para salvar bancos y empresas pero lo concreto
es que tanto Europa, América del Norte y América Latina están sumidas en una
profunda crisis.

Toda estructura de pensamiento humano se está conmoviendo porque se


aproxima el día donde millones de personas verán que Dios está detrás de todo
este negocio llamado “planeta tierra”. A todos nos vendría muy bien entender
que a Dios no se le escapa ningún detalle, por eso creo que la única salida que
tiene este mundo es la presencia cada vez más numerosa de los discípulos de
Cristo.

Una línea de pensamiento se puede definir como una línea política y si algo
definía a Jesús era su lineamiento político. Él no habitaba en las sinagogas, se
paraba a hablarles a las multitudes al aire libre porque la cantidad de gente que
!65
lo seguía y quería escucharlo no cabía en ningún auditorio. Tampoco la gente
hubiera seguido a Jesús siendo un ignorante. Algunos todavía creen que Jesús
andaba por la tierra como una ambulancia a domicilio, sanando enfermos o
resucitando muertos. ¡Esos sólo eran algunos pequeños detalles de su
ministerio! Jesús hablaba con la gente y sanaba a los enfermos, pero también
definía su línea de pensamiento sobre los grandes temas de la humanidad. Jesús
habló acerca del dinero, los impuestos y la familia, enseñando a quienes
quisieran escucharlo la manera de constituir un hogar firme y cómo criar a sus
hijos. Hablaba acerca de vivir en un mundo convulsionado y cómo enfrentar
una mentalidad política que es la causa del sufrimiento de muchas
generaciones. Y en cada uno de esos mensajes hablaba de la fe.

¿Acuarela o Acero?
En un capítulo anterior hice referencia a estos conceptos, pero ahora quiero
tratarlos con mayor detalle. ¿Cómo se pueden mezclar la economía y las
finanzas con la espiritualidad? ¿En qué punto se unen? Para que esto suceda
debe haber amplitud de pensamiento en cada uno de nosotros. Esto nos
permitirá mezclar, unir o amalgamar estos conceptos tan diferentes. No existen
problemas grandes o pequeños, el único conflicto es la amplitud que hay entre
sus dos orejas. Dijimos que la acuarela nos permitía mezclar distintos colores
con agua para lograr un tercero diferente. Pues bien, así también se pueden
mezclar hierro y carbono para lograr el acero.

Es decir, nuestra capacidad para mezclar cosas determinará el producto que


vamos a obtener y en última instancia, la calidad de vida que vamos a disfrutar.
Es mucho más fácil mezclar pinturas que mezclar hierro y carbono pero según
sea nuestra mezcla, así será la fortaleza de nuestras estructuras internas y esto
determinará cómo o dónde podremos unir a Dios con nuestra economía y
finanzas. ¡Esta es una mezcla de alto voltaje! Si en nuestras cabezas sólo queda
espacio para pensar en los puntos a favor o en contra que obtuvo nuestro
equipo de fútbol favorito, no creo que podamos mezclar hierro y carbono
porque esta es una mezcla de alto voltaje.

Con acuarela sólo podremos pintar un cuadrito invirtiendo a lo sumo un par de


billetes, pero con acero hay que hacer grandes inversiones para poder construir
grandes estructuras. Con esto quiero decirle que su vida estará determinada por
la forma como elaboró las estructuras que sostienen sus pensamientos, porque
si elige emplear acero necesitará invertir en toda clase de maquinarias,
tecnología, informática, etc. Si realmente quiere cambiar su nivel de vida no
puede creer que todo se resolverá votando correctamente en las próximas
elecciones. La gente que piensa que su país va a cambiar por un determinado
número de votos que obtenga un político, quiero decirle que están pensando
como una acuarela. Las generaciones venideras no necesitan que les sigamos
hablando de “un mundo de acuarela”. Para el cambio se necesita pensar en
sistemas complejos con mentalidad metalúrgica o siderúrgica, capaces de crear
estructuras fuertes, complejas y de gran envergadura. Para eso debemos
desarrollar habilidades que nos permitan mezclar más de dos elementos nobles.

¿Sabe por qué la gente se goza en la presencia de Dios los domingos en una
Iglesia y el lunes cae en una depresión total? Porque sus sistemas de
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pensamiento no pueden mezclar dos cosas separadas por naturaleza. Hace
muchos años que trato de edificar y ampliar altos hornos de fundición en mi
cabeza donde pueda unir distintos elementos, pero aún veo que unir a Dios con
el ser humano es algo muy complejo. En cualquier lugar del planeta que visite
me encuentro con demasiada gente que sólo piensa con mente de acuarela,
creyendo que sus vidas se van a solucionar por mezclar todo rápido. ¡Y no
ocurre nada! Ahora le doy la posibilidad de elegir, puede seguir viviendo en un
mundo de acuarela o convertirse en una persona pensante y capaz de armar
otras estructuras complejas.

Seguir a Jesús implica formar discípulos en su Nombre en todas las naciones.


Esto es posible porque pudo mezclar al Padre con el hombre, porque fue Dios y
hombre al mismo tiempo. Por fuera era un hombre y la gente pudo golpearlo,
escupirlo y maltratarlo, pero por dentro era Dios para que la gente pudiera
conocer que en el Cielo aún había una mirada de amor hacia ellos. Necesitamos
algo más que un pincel para entender esto. En algún momento debemos
reaccionar para decidirnos a unir todas las cosas de la manera correcta, porque
si no lo logramos, nada va a cerrar y las heridas seguirán abiertas por siempre.

Cuando me cruzo con algún político suelo decirle que en general todos ellos
tienen el mismo problema: Cuentan con el poder pero carecen de soluciones. En
nuestro caso hablamos de las soluciones pero no tenemos el poder para
determinar los cambios. ¿Cuál es nuestro problema? Una “cuestión de mezcla”.
En este tiempo no cambio lo que estoy haciendo por nada del mundo porque
descubrí que la única salida que tiene el hombre es aprender a mezclar
correctamente su vida con Dios. Además, desde las sillas de poder sólo se
pueden ver personas sin soluciones, por eso casi siempre nos parece que el
remedio estaba en el candidato que no votamos o en el que no ganó y eso quiere
decir que la mezcla no funcionó.

Cuando el candidato elegido todavía no llegó al poder y no ostenta los fueros


adecuados, parece que tiene toda la capacidad mental para ver lo que se puede
o se debe hacer. Pero cuando el escrutinio está hecho y recorre el corto tramo
para llegar al poder, parece que se nublan todos sus pensamientos. Porque al
llegar allí se da cuenta que el poder es muy grande y no tiene la capacidad para
cambiar las estructuras inoperantes. Estamos trayendo un cambio de
mentalidad para la gente, levantando una “siderurgia mental” en el Cuerpo de
Cristo y en las personas para dejar de depender del ánimo que reciban los días
domingo y aprender a disfrutar con Dios todos los días de sus vidas. Cuando
aprendemos a manifestar los pensamientos de Dios estamos en condiciones de
mostrarle al mundo cómo debe funcionar en todas las áreas de la vida. La gente
no sabe que el Dios que habita en el Cielo sirve para llevar el pan a sus mesas,
pagar los impuestos, los servicios y proveernos de todo lo que necesitamos para
vivir bien. Hasta que esto no sea una realidad en nuestra vida, falló la
enseñanza o el aprendizaje.

Dios reúne todas las cosas en sí mismo, por eso anhela producir en nosotros un
nivel de calidad de vida cada vez más elevado. Si sólo quiere divertirse le
alcanzará con tener una mentalidad de acuarela, pero si quiere prosperar bajo
los parámetros del Reino de Dios, debe buscar algo más sólido, fuerte y serio.
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Debe desarrollar otra estructura pensante. Dios lo creó como un ser único que
genera cosas únicas, porque cada ser humano es una estructura diferente. Cada
uno puede tener una idea ingeniosa que no se va a repetir en otro, porque Dios
no nos creó como piezas en serie sino únicos y especiales. Por eso somos
capaces de elaborar cosas buenas.

¿Quiere desarrollar una mentalidad de siderurgia o metalurgia?


¿Quiere crear puentes de acero para sus hijos?
¿Quiere seguir pintando puentes de acuarela?

Existen unas pocas personas que se hacen millonarios pintando acuarelas, pero
la proporción se incrementa dramáticamente cuando consideramos a los que
edifican puentes que ayudan a la humanidad. Vivir una vida pintando puentes
de acuarela o construyendo puentes de acero es una decisión personal que
todos nosotros debemos tomar.

Las esposas y los hijos son los primeros en cansarse de oír al padre hablando
sobre lo que algún día van a tener pero aún no tienen. ¡Recuerde que su familia
espera cruzar el puente que construyó para ellos! Debemos avanzar para
cambiar al mundo y para lograrlo, es imprescindible despojarnos de la
mentalidad de acuarela. Los políticos desarrollan esta manera de pensar porque
no pueden conciliar el poder que recibieron con Dios pero nosotros sí podemos
construir ese puente con el amor de Dios, porque puede tratar con nuestra
eternidad, nuestro ser interior y nuestro bolsillo.

¿Por qué soy tan insistente con el tema del “bolsillo”? Porque hay estadísticas
que dicen que pensamos en dinero la mitad del tiempo que pasamos despiertos.
Cuando ponemos esto en números, podemos ver que pasamos ocho horas de
las veinticuatro que tiene el día pensando en dinero. Si dividimos esas ocho
horas en cuatro grupos, tenemos:

➢ La cuarta parte de ese tiempo, pensamos cómo obtener el dinero.

Pero si ya lo tenemos:

➢ Pensamos cómo gastarlo.


➢ Cómo ahorrarlo.
➢ Cómo invertirlo mejor para tener más.

Si no logramos conectar las finanzas con Dios y no descansamos en ese punto,


podemos terminar desquiciados. Algunas personas me dijeron: “Iría todas las
semanas a escuchar sus conferencias porque me hacen mucho bien, pero no tengo
dinero”. Esa gente tiene una modalidad de pensamiento que no le permite hacer
la conexión correcta. En cambio, hay otros que se conectaron correctamente y
dicen: “Desde que determiné ir a las conferencias no sé cómo o desde dónde surgen las
finanzas”. Una de estas dos personas hizo la conexión correcta.

Es necesario aclarar que aún estando correctamente conectados, siempre puede


haber momentos de dificultades en la vida. En cualquier siderurgia también
hay problemas, pero tienen el entrenamiento necesario para enfrentarlos.
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Supongamos que una siderurgia tuvo problemas en la gestión del negocio y su
directorio decide comenzar a fabricar juguetes. Esto es grave, porque revela que
no sólo están pasando por un mal momento, están perdiendo el propósito para
el cual crearon la empresa. Lo mismo puede suceder con nosotros porque
fuimos creados con un propósito eterno y eso no se puede negociar.

Fuimos creados para prosperar, independientemente del color del político de


turno. Existe una sentencia sobre nuestra vida que nos condena al éxito y si
dejamos de prosperar, habrá decenas de cosas que dejarán de funcionar en
nosotros. Cuando pasamos el cincuenta por ciento de nuestra vida consciente
pensando en las finanzas o en el dinero, aunque esto no significa pensar a quién
le podemos robar, quiere decir que estamos enfocados correctamente porque
somos personas normales que tenemos una esposa e hijos a quienes cuidar. Pero
si ese pensamiento no está encapsulado dentro de un pensamiento de fe,
corremos el riesgo de ser un esclavo más del sistema humanista que gobierna la
sociedad.

El gobierno de turno no tiene el poder para cambiar nuestra economía o


nuestras finanzas, el cambio se debe producir en nuestra estructura mental para
que podamos unir, mezclar o fundir las cosas correctas. Una vez que se unieron
el hierro y el carbono, el proceso está listo porque estaremos en condiciones de
enfrentar lo que sea. Cuando decidimos ser discípulos de Cristo, el estado
económico y financiero de una persona siempre denotará su “estado” o
concepto espiritual. Puedo decirle cuál es la condición espiritual de una
persona, sea rica o pobre, avara o derrochadora, porque el dinero va de la mano
con la administración y es el indicador del estado espiritual del ser humano. El
dinero es amoral, por eso no es bueno o malo. En las manos de una persona que
sabe administrar es una herramienta poderosa para el bien, pero en las manos
de alguien perverso, es un arma poderosa para el mal. El dinero sólo adquiere
moralidad cuando llega a las manos de una persona determinada.

No podemos achacarle los problemas de nuestra vida al dinero, porque es como


si fuera un televisor que no puede pegarnos, insultarnos o agredirnos ya que es
amoral. Somos los que le damos un buen o un mal uso porque el hombre es el
único ser sobre la tierra con la capacidad para asignarle moralidad a las cosas,
por eso cuando Dios quiere cambiar una sociedad nunca busca culpables, sino
responsables. Culpables habrá siempre y por todos lados, pero si no
encontramos a los responsables nunca se podrán implementar los cambios.
¿Cuál es el planteo? Dígame cómo administra su dinero y le diré qué lugar
ocupa Dios en su vida. Si tiene mucho dinero pero su mundo interior se cae a
pedazos, tiene un problema mayor que el dinero no puede resolver. Si no tiene
nada, vive en necesidad y su mundo comienza a caerse a pedazos, también será
el reflejo de su estado espiritual.

El dinero es como una luz roja en el tablero que se enciende para avisarle que se
quedó sin aceite. En ese momento puede hacer dos cosas:

1. Tomar un martillo y pegarle a la luz del tablero, pensando que así soluciona
el problema.

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2. Interpretar esa señal para ver qué cosas no están funcionando dentro de la
estructura vital del motor.

La luz roja es amoral como el dinero, su espiritualidad lo llevará a ignorar o


asumir el problema. Desde que el dinero apareció en la escena del ser humano
hace miles de años fue un indicador de la espiritualidad de las personas. Jesús
contó treinta y ocho historias de las cuales dieciséis estaban relacionadas con el
dinero, casi se condice con las estadísticas que presenté antes. Pero a nosotros
nos hablan de Jesús y lo imaginamos tocando un arpa o en una nube volando
por los cielos, encima ponemos cara de santos, por eso cuando la gente religiosa
va a un templo siempre dará una limosna. Una de las razones por las cuales
realizamos todas las conferencias en buenos hoteles, es para remover de las
mentes de la gente la mala costumbre de meter a Dios dentro de conceptos
religiosos.

Dios creó al hombre y también a la Iglesia, pero cuando los hombres trataron de
gobernarla la pervirtieron y se perdió su concepto divino. En dieciséis historias
de las treinta y ocho que relató el Señor habló sobre administración. Las
estadísticas dicen que de cada diez versos que leemos en la Biblia, hay uno
relacionado con el estado económico del ser humano. En otras palabras, uno de
cada diez temas reflejados en la Biblia está vinculado al aspecto económico.

¿Por qué a Dios le puede interesar que aprendamos a conectarlo con nuestras
finanzas? Nuestra función primordial es ayudar a una generación a ser libre de
la pobreza, enseñándoles a conectar a Dios con el dinero. En mi caso personal,
ningún hombre rico o poderoso me sacó del estado de miseria en el cual vivía.
Fui libre cuando adquirí un concepto que me trasladó hacia otro nivel de vida
donde tuve que aprender muchas cosas y continúo aprendiendo, porque
todavía no estoy viviendo ni las primeras gotas del banquete que Dios preparó
para mí. Soy una ilusión que habla en muchas áreas de mi vida. Por mucho
tiempo estuve sentado en una silla sufriendo cuando oía hablar de Dios hasta
que vino alguien que no sólo hablaba de Él, sino de todo lo que pasaba en la
vida y era normal. Recuerdo expresiones como estas cuando empecé a ver que
estas cosas también tienen que ver con Dios.

➢ ¿Qué les daré de comer a mis hijos mañana?


➢ ¿Podré pagar el alquiler?
➢ ¿Qué haré para pagar los impuestos o para que no me corten los servicios
cuando llegue la última fecha de vencimiento?

Aprendí que justamente en esos momentos es cuando más debemos


conectarnos con nuestro Creador que nos ama y nos cuida cada día. Porque de
nada sirve el Padrenuestro, el Ave María o todos los cánticos que conocemos, si
no somos capaces de conectar nuestra vida con Dios. Proverbios 27:23-24 dice:
“Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas y mira con cuidado por tus rebaños;
Porque las riquezas no duran para siempre”. El que dijo estas palabras fue el rey
más poderoso de la tierra y se llamaba Salomón como consejo hacia su pueblo.
Este rey tenía una mente “siderúrgica” y acumuló tanto dinero que podía
subsidiar a toda la nación. Era tan poderoso que construyó un edificio de dos
billones y medio de dólares a valores actuales. Todo lo que había en su palacio
!70
era de oro y como también era sabio, instruía y aconsejaba a su gente
diciéndoles que “cuidaran el estado de sus ovejas”. Si trasladamos este ejemplo
al siglo XXI y cambiamos la palabra “ovejas” por hijos, empleados o gente que
nos rodea, podremos comprender mejor las palabras del rey: ¡cuiden el estado de
sus hijos! Una vez más podemos ver el amor del rey porque todos somos
amados por Dios y aunque parece que algunos no se enteraron, a Él le interesa
que estén en buen estado y desarrollen una vida plena.

Aunque usted sea el ser más poderoso de la tierra no puede desconectar a Dios
de todos los asuntos de su vida diaria. Si no cuida su empresa y su personal,
nunca podrá prosperar. Si no cuida su tarea, su labor y su trabajo, no podrá
mantenerlo en el tiempo. ¡Cuídelo y adminístrelo con diligencia! Debe
asegurarse que la gente que lo rodea tenga una mentalidad de administración,
incorporando a Dios en todos los aspectos de sus vidas. El rey Salomón nos
advierte: “las riquezas no duran para siempre”. Si no somos previsores, ante la
menor crisis corremos el riesgo de quedarnos sin la fuente de nuestros ingresos
y eso alterará nuestro estado actual. ¿Cuál es la enseñanza? Debemos ser
personas con una “mente siderúrgica”. Si nos ocupamos de sembrar en el
“estado” de una persona, aunque perdamos momentáneamente nuestras
riquezas, por más que nos golpee una crisis estaremos tranquilos porque
podremos superar ese trance. Cuando sembramos principios que mantienen a
las personas siempre conectadas con Dios, cualquier dificultad será transitoria.
Cuando en la Argentina un ministro de economía decidió instalar un bloqueo
bancario para impedir la extracción de capitales al que llamaron “corralito”,
nadie pudo decir que a Juan Ballistreri no lo debían tocar. Tampoco me hacen
un precio especial por ser quien soy o por lo que hago cuando debo comprar
moneda extranjera. Estas cosas forman parte de los ciclos económicos humanos
conmovibles. Por eso es necesario aprender a desarrollar una economía
centrada en el Reino y conectada correctamente, combinando a Dios con todas
las áreas de nuestra vida. Para eso necesitamos con urgencia transformarnos en
discípulos de Jesucristo, sin negociar nuestra manera de pensar por causa de las
crisis que podamos atravesar.

Si se mantiene en el camino correcto y establece las conexiones correctas, por


algún lado se abrirán las puertas y todo lo bueno volverá hacia su vida. Esto fue
exactamente lo que ocurrió con el rey Salomón. Aunque fue muy rico y un día
sus riquezas menguaron, sus generaciones fueron atendidas por otros que él
había cuidado en sus días. Esta es una mentalidad de “economía de alto nivel”
y no de “acuarela”, entrenada para edificar sobre principios y no sobre bienes
materiales. La riqueza nunca se mide por cuánto dinero juntamos, sino por el
producto que surge de la conexión correcta con los principios del Reino y esto
nos transforma en personas extraordinarias. Esta clase de personas siempre van
a tener, aún cuando nadie tenga o en tiempos donde muchos se caerán. La
fortaleza de los principios se prueba durante las crisis, nuestra fe lo hará posible
porque tenemos al Creador de nuestro lado.

Los ricos y los pobres tienen el mismo problema, mientras al pobre le cuesta
conectar su miseria y escasez con Dios, al rico le es difícil hacer lo mismo con
sus riquezas. Los pobres dicen que no pueden asistir a nuestras conferencias
porque no tienen para pagar el pasaje, pero los ricos no pueden por otra gran
!71
cantidad de excusas. En ambos casos necesitan a Dios para salir de su
condición. Conocí a varios presidentes que ya no están el poder, porque para
permanecer en el cargo necesitan el voto de los habitantes de sus países. En
cambio, a nosotros nos sostiene una causa eterna mucho más grande y
poderosa, por eso decidí ser un discípulo de Cristo. Si usted aún no se decidió,
tendrá que hacerlo algún día. Quizá sea hoy o dentro de diez años, pero debe
dejar la mentalidad religiosa porque no fue creado para eso, sino para ser un
discípulo de Cristo. Sucede que los seres humanos quieren vivir una vida fácil y
sin compromisos, por eso viven esclavos en la pobreza y presos en las cárceles
emocionales de sus pensamientos.

Cuando Jesús dijo que vino a sacar a los pobres de las cárceles, hablaba del
Imperio Romano y se refería al contexto sociopolítico de la época. Como dije
antes, Roma no tenía presos políticos, se limitaba a encarcelar a las personas que
le debían dinero y a los demás los mataba. En el pasaje de Lucas 4:18-19, Jesús
dijo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas
nuevas a los pobres, me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar
libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a
predicar el año agradable del Señor”.

Cuando alguien le debía el dinero de los impuestos a Roma, seguro que no le


hacían un plan de pagos porque aún no conocían el crédito. Al deudor le daban
dos opciones: pagar o la cárcel. Todo el aparato burocrático y gubernamental de
Roma se sostenía con el sistema de recaudación de impuestos que
implementaban en las colonias. Por eso podían mantener sus armamentos, sus
soldados y todas sus actividades anexas. Todo eso se podía implementar porque
había una multitud de colonos que trabajaban y pagaban sus impuestos. Había
que juntar mucho dinero para mantener brillante el bronce romano durante
todo el año y a los centuriones apostados con toda la gloria de Roma.

En el sistema humanista que gobierna la sociedad actual, todo está diseñado


para que nosotros, nuestra esposa y nuestros hijos trabajen cada día más y se
vean las caras cada vez menos. Esta es una realidad que empeorará todos los
días, pero debemos dar gracias porque en el Señor tenemos la única salida. Es
posible que algunas personas piensen que estamos hablando de un cataclismo,
pero esta realidad puede cambiar y depende de nosotros. Cuando nos
dispongamos a aprender estos conceptos, haciendo un esfuerzo por estar en
cada reunión para conocer, aprender y capacitarnos, podremos conciliar
nuestros pensamientos redimidos por Dios con la vida misma.

Con toda seguridad, cada uno de los nuevos gobernantes que asuma el trono de
autoridad seguirá oprimiendo al pueblo. Es necesario sostener en pie este
sistema perverso que premia a quienes trabajan menos y comen a costa de los
que más se esfuerzan y este es un problema a escala global, por eso mi intención
no es limitarme a hacerlo reflexionar, intento movilizarlo y abrir sus ojos para
que produzca los cambios necesarios para caminar en libertad financiera. Es
hora de mezclar a Dios con todas las áreas de su vida. ¡Busque todas las
acuarelas que usó para colorear sus pensamientos y tírelas bien lejos! Sólo así
podrá cambiar su manera de pensar.

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Cada día que pasa veo más gente agobiada porque confunden la pobreza con la
escasez. Pero no todas las personas escasas son pobres y no todos los que dicen
tener son realmente ricos. Ambos son conceptos de vida que surgen como
producto de un sistema. Al viajar por otros países pude ver familias viviendo en
casas lujosas y con altos niveles de confort, pero deben todo lo que tienen
porque lo compraron a crédito prolongado. Tienen una casa de quinientos mil
dólares, pero hasta los nietos van a pagar esas deudas porque todo está
planificado para que los descendientes sigan pagando ante la muerte del
comprador. Esto pasa en Estados Unidos y en otros países de Europa. Todo el
sistema financiero mundial se está conmoviendo, porque la gente no mezcla la
vida con Dios y no lo hace porque su sistema pensante se lo impide para que
siga adormecido o aletargado. Aprendimos tanto a manejar nuestra economía
desde las matemáticas que no logramos mezclar a Dios con nuestra economía.
Es cierto que en el mundo real dos más dos son cuatro, pero en la dimensión de
la fe dos más dos pueden ser mucho más que eso.

No se trata de ser buenos sino pensantes, pero a diferencia de otros


movimientos, este no es un concepto político o social sino espiritual. Las
Escrituras nos aconsejan cuidar nuestros rebaños y el estado de nuestras ovejas.
Las fuerzas que tenemos hoy no las tendremos para siempre porque Dios no
nos creó para terminar como ancianos retirados haciendo cola frente a un banco
para cobrar dos centavos todos los meses. ¡Fuimos creados para otro tipo de
vida! La única manera de disfrutar la vida es cuando lo integramos a Dios de
una manera fundamental. Hay mucha gente que no mezcla a Dios en su vida y
no les importa hacerlo, pero quiero comenzar a mezclarlo con todas mis
decisiones, mi fe, mi espiritualidad, mi pensamiento o mi economía. Quiero
mezclar a Dios con mi descendencia para que cuando llegue a ser un anciano,
mis hijos y mis nietos me amen con sinceridad. Quiero llegar a viejo con la
certeza de haber hecho algo positivo por mi Nación y por otras personas.
Quiero continuar sembrando esta Palabra por cada pueblo, ciudad o nación que
visite. Tengo la certeza que hay millones de personas en el mundo que esperan
que alguien les enseñe a mezclar a Dios con sus vidas. Sólo así dejarán de ser
parte de las estadísticas de los que sufren por vivir separados de Dios.

El problema que muchos tienen cuando intentan combinar a Dios con sus vidas
es que deben llevarlo hacia todas las áreas. Si sus vidas están desordenadas
desde hace muchísimo tiempo se resistirán a dar ese paso. Muchos jóvenes
practican una vida sexual muy activa antes de casarse, por eso les resulta muy
incómodo combinar a Dios con sus vidas. Lo mismo sucede con los que hacen
negocios de todo tipo porque sólo les importa ganar dinero. ¿Cómo van a unir a
Dios con sus finanzas cuando tienen manejos turbios? Podemos combinar a
Dios con todas las áreas de nuestra vida porque es perfectamente compatible,
por eso no podemos involucrarnos correctamente con todas las cosas que nos
dañan. Existen muchas cosas que nos hacen mal y asumimos como nuestras,
pero al fin de cuentas sabemos que nos dañan y nos terminarán matando. No
fuimos creados para vivir al día, salvo que sea una situación momentánea y
pasajera, por eso es urgente salir de este concepto. ¡En la prosperidad es más
fácil ver la grandeza del amor de Dios! No espere un golpe de suerte, porque
fue creado para programar su éxito con Cristo y por eso es imprescindible

!73
cuidar todo lo que nos asignó. El manual para hacerlo de la manera correcta es
la Biblia, aún cuando necesitemos una palabra sobre administración y finanzas.

Imagine qué sucedería si todo el mundo incluyera a Dios en sus vidas para
tratar con sus economías y sus finanzas. Quisiera soñar y poder ver que el Dios
en el cual creemos, también se integra a nuestra vida, dejando de ser una
imagen de acuarela y papeles para ser el arquitecto de grandes planes y
proyectos. Con toda seguridad, los días que nos esperan serían completamente
llenos de dicha y satisfacción. En la agenda de Dios para nuestra vida hay
puertas que nunca se abrieron, gente que nunca imaginamos conocer o
proyectos que nunca estuvieron a nuestro alcance. Esto requiere la
manifestación de una vida de fe en el poder de la Palabra. Uno de los roles más
importantes del padre es ser proveedor para su casa, por eso nuestra familia
debe respirar provisión abundante. La miseria, la escasez y la pobreza sólo
deben ser aromas pasajeros, producto de alguna circunstancia adversa, pero
siempre como algo transitorio. Ningún hijo de Dios fue diseñado para
permanecer en ese estado de postración.

Cuando aprendamos a combinar a Dios con todas las cosas de la vida, la


realidad de un mundo mejor dejará de ser una utopía. Con esto no quiero decir
que sólo podemos considerar nuestro bienestar en función de nuestro trabajo o
negocio porque esa será una consecuencia, debemos dejar de centrarnos en
nosotros mismos. Cuando Jesús habló de liberar a los pobres, la gente había
quedado sólo con lo que llevaba puesto. Él pensaba en función al propósito de
la humanidad porque vino a romper una mentalidad de pobreza. Cuando nos
atrevamos a combinar a Dios con todas las áreas donde anhelamos que nos
vaya bien, esto nos va a demandar pensamientos tan fuertes que nos costará
dormir. Pero luego comencemos a sentir algunos ruidos dentro de nosotros,
como la manifestación de los “movimientos” que se producen al combinarse la
vida de Dios con la nuestra. No importa la edad que tengamos, podemos ser
niños, jóvenes, adultos o ancianos, pero todos tenemos una misión y cuando
aprendamos a caminar en ella se determinará el nivel de prosperidad que
necesitamos alcanzar.

Creo que la generación que viene caminará en la plenitud de los niveles de


revelación acerca de esta verdad que apenas conocimos. Aún no logro
conectarme con ricos poderosos de la talla de Bill Gates o Donald Trump que
pueden hacer un cheque de cinco millones de dólares para una fundación que
cuida y protege a los monos de África. ¡Esas son las dimensiones de riqueza de
las cuales estamos hablando! Algunos creen que son ricos porque pueden donar
mil dólares a la Cruz Roja de su país, pero eso es un chiste. El concepto de
riqueza, al cual me refiero, es aquel que le permite a una sola persona
solucionar un problema de tal magnitud que aunque muchos se sumaran, entre
todos no lograrían reunir la cantidad necesaria, por eso debemos seguir
profundizando en estos temas, para que finalmente logremos combinar a Dios
con nuestra administración.

Quiero mostrarle la diferencia que existe entre un rico en Dios y uno que no le
conoce: el segundo le hará el mejor regalo de la fiesta, pero el otro le regalará lo
que le haga falta, sin importar su costo. Conozco ricos que hacen regalos
!74
costosos pero estúpidos, porque nadie los usará el resto de su vida. El mundo
cambiará cuando los ricos aprendan a administrar sus riquezas por esta
revelación. Algunas veces me llamaron funcionarios del gobierno para hacer
algún trabajo a cambio de un subsidio y siempre les digo lo mismo: “nuestra
gente es generosa, no necesitamos ningún subsidio”. Sé que llegará el tiempo cuando
saldremos a ayudar en la concreción de proyectos ajenos, por causa de la
prosperidad que habremos alcanzado por combinar a Dios con nuestras vidas.

Los azotes que recibió en su economía y sus finanzas que lo mantuvieron bajo
opresión, se terminarán cuando decida abrir esa puerta que combina a Dios con
toda su vida, porque es el único que puede salvar todas las cosas. Cristo no es
un mediocre, la Biblia declara que es el Rey de todos los reyes y el Señor de
todos los señores, por eso cuando lo invitamos a ser parte de nuestra vida se
termina el tiempo de la pobreza y la escasez. El mejor negocio es aprender a
poner el dinero que ganamos con tanto esfuerzo en el mejor circuito de
inversión, donde nadie lo puede tocar y donde el rédito está asegurado.

En los días de Jesús la gente que se sanaba de lepra llamaba mucho la atención
porque era una enfermedad incurable. Cuando un enfermo de lepra se sanaba,
todo el pueblo quería ver al que lo sanó porque la sociedad se conmovía ante un
acontecimiento de tal magnitud. Por eso tengo una idea bien clara: la pobreza,
la escasez y la miseria son la lepra de este siglo. Pero cuando se sane, sea libre
y sus manos comiencen a producir, trayendo prosperidad a su casa, la gente
golpeará su puerta para conocer al que lo sanó. La enfermedad de la pobreza es
perversa porque produce divorcios, enfermedades, genera altos niveles de
estrés y separa a los padres de los hijos. Los padres viven para trabajar y le
pagan a alguien para que cuide a sus niños, a los abuelos, a los enfermos, etc.
Cada día aparecen personajes nuevos que lo sustituyen en las tareas que
debería asumir por naturaleza. Este es un mecanismo seductor que nos va
apartando de la voluntad de Dios y nos arrastra para que cada vez tengamos
menos tiempo para Él.

Para evitar caer en ese espiral descendente tenemos que rendirnos ante la
voluntad de Dios, aceptando que nos olvidamos de combinarlo en nuestra vida
por pensar que pintando todo con acuarelas de colores se resolvía nuestro
problema fundamental. Es un buen momento para pedirle a Dios que forme en
nuestro ser una mentalidad siderúrgica y compleja donde fundir nuestra vida
con la de Él. Por eso cuando la gente oía a Jesús, no querían apartarse de Él, no
lo querían dejar, deseaban oírlo y estar a su lado, siguiéndolo por todas partes.
Hacían eso porque sabían que no los iba a defraudar como el único que tiene en
sus manos el poder de la multiplicación. Recuerde que el Cristo que multiplicó
los cinco peces y los dos panes para alimentar a una multitud de cinco mil
hombres, es el mismo que hoy quiere ser parte de nuestra vida. Sólo así
podremos comenzar a operar según las leyes de las matemáticas del Cielo,
donde no existen las universidades de Ciencias Exactas porque el Padre, el Hijo
y el Espíritu Santo tienen a su cargo el entrenamiento sobrenatural de sus hijos.

Tómese un tiempo para meditar en estas palabras y luego declare en voz alta:
“Padre, quiero fundirme contigo, porque entiendo que esto va más allá del
dinero o las finanzas. Esto tiene que ver con la administración sabia de mi
!75
vida para producir dividendos de alto rendimiento en todo lo que
emprenda”. Atrévase a combinar a Dios con todas las áreas de su vida que aún
no funcionan correctamente. Cuando oramos e invocamos la presencia de Dios,
le damos licencia para meterse en nuestra vida y fundirse con nosotros.

Este mundo está así porque no hay discípulos. Aunque hay mucha gente que
habita en los templos, no hay muchos que abracen un ideal de vida sano y
poderoso en el Reino de Jesucristo. Hay muchos ricos que son pobres y hay
muchos pobres que quieren hacerse ricos, pero en ambos casos hay muy pocos
discípulos. Puedo asegurarle que para empezar no hace falta tener muchos
discípulos, pero luego podríamos ver lo fácil que sería cambiar la historia de
una generación.

¡Quiero ser un discípulo de Cristo! ¡Quiero que las naciones se llenen de


discípulos de Cristo!

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Capítulo II

Cuando inauguramos nuestro ciclo de conferencias el primer lema fue:


“Ayudando a las personas a cruzar el umbral del dolor hacia una vida de éxito”.
¿Quién puede decir que no atravesó algún momento de dificultad? Todos
aprendemos bien pronto que en la vida siempre se nos pueden cruzar
circunstancias difíciles. Tratar de evitar el dolor es como dejar de usar el
automóvil para no gastar sus ruedas. Fuimos creados y diseñados para
enfrentar toda clase de circunstancias hostiles, por eso los momentos difíciles
vendrán aunque no los queramos. Además, a través de esas mismas
circunstancias difíciles puede salir a la luz lo mejor que hay dentro de cada uno
de nosotros.

Es bastante común ver que cuando las personas atraviesan una crisis, piensan
que Dios mira para otro lado o se puso en contra de ellos. En realidad, es
normal transitar por situaciones difíciles o enfrentar períodos de crisis. Si usted
es de los que siempre se pregunta por qué le pasan ciertas cosas, tranquilícese,
porque lo normal es que así sea y en realidad no debería preguntarse o
preguntarle a otros por qué le pasa eso. Es como si un auto se preguntara por
qué siempre lo hacen andar de un lado para otro o una silla se enojara porque
siempre alguien se sienta encima de ella. En todos los casos, la pregunta es
innecesaria y hasta ridícula.

Fuimos creados para enfrentar circunstancias hostiles, por eso nos diseñaron
como esos vehículos tan bien equipados y provistos de tecnología que pueden
andar sobre “todo tipo de terreno”. Así nos hizo Dios, el problema es que
algunos todavía no se enteraron. Desde nuestro nacimiento vamos creciendo y
atravesando un mismo proceso de maduración: vamos al jardín de infantes, luego
cursamos la escuela primaria, la secundaria y así hasta donde cada uno pueda o quiera
llegar. Pero aprendimos a través de la historia que nuestros antepasados
diseñaron todos los símbolos históricos: la escarapela, el himno, la bandera, la
libertad, la independencia, etc. Como nunca nadie nos dijo que quedaba mucho
por hacer, crecimos dentro del mundo de las demandas:

➢ El mundo me tiene que dar…


➢ La vida me tiene que dar…
➢ Mis padres me tienen que dar…
➢ El gobierno me tiene que dar…

Lamento desilusionarlo, pero es totalmente al revés. Le aseguro que nada de lo


que se escribió hasta el presente es comparable con lo que va a suceder. Por
tanto, si las circunstancias de la vida le parecen hostiles, ¡bienvenido a la vida!
Fue creado para esto, por eso es tiempo de enterarse que lo mejor para su vida
está por venir. Si ya atravesó el dolor de los momentos difíciles y la angustia de
las situaciones hostiles, significa que está entrenado y en cualquier momento
puede comenzar a jugar en las ligas mayores. Allí además de acumular puntos
se otorgan grandes premios. Por eso hablamos de “economía y finanzas”.

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En el capítulo anterior traté de ser lo más concreto posible para explicar todo lo
que sucede en el sistema humanista que rige el destino de nuestra sociedad.
Cuando me enteré que uno de los tantos ministros de economía que tuvimos en
nuestro país había renunciado a su cargo me dije a mí mismo: ¡todo lo conmovible
se puede conmover!

Cuando algún periodista me entrevista, es bastante común que me pregunte


acerca de temas como éstos:

▪ ¿Qué opina sobre los homosexuales?


▪ ¿Qué opina acerca de la unión civil entre homosexuales?
▪ ¿Qué opinión tiene sobre los políticos?
▪ ¿Qué opina del divorcio, el aborto o la manipulación genética?

Mi respuesta siempre fue la misma: “nada, porque yo no opino”. No nací para


opinar y si digo algo sobre esos temas es porque la Biblia habla claro acerca de
ese asunto, y si está escrito, mi opinión no vale mucho. Por eso no me preocupo
por dar a conocer mi opinión personal sobre los temas concernientes a la vida.

Lo peor que puede hacer es decirle a su médico de cabecera que le dé una


opinión sobre su enfermedad, porque en la facultad no lo entrenaron para
emitir opiniones sino para resolver problemas. Por eso ningún buen profesional
se dedica a emitir opiniones sobre su área de competencia, declara qué se debe
hacer para que el problema se resuelva de la mejor manera posible.

“Las opiniones son conceptos personales mezclados con una cuota de orgullo
que existe en todo ser humano”

No me declaro experto en teorías económicas y financieras y tampoco estoy


dispuesto a escribir sobre “mis” opiniones, pero sí estoy facultado para hablar
sobre lo que Dios estableció sobre los grandes asuntos de la vida. Muchas de
estas enseñanzas sirvieron para solucionar problemas familiares y
matrimoniales donde otros “expertos” no pudieron hacer nada. Pude hablar
con empresarios a punto de quebrar que evitaron llegar a esa instancia sólo por
oír una palabra que les marcó la dirección correcta para encontrar la solución a
sus problemas. Pero así como hubo muchos que prestaron atención y pusieron
por obra la Palabra que oyeron, otros no lo hicieron y su situación empeoró.
Después de oír o leer estos conceptos, sólo quedan dos caminos: tomarlos o
rechazarlos.

En todo momento trato de ser muy cuidadoso al transmitir los principios


intemporales dictados por nuestro Creador, porque tienen una vigencia tan
clara y profunda que si los pusiéramos en práctica comprobaríamos que aún
siguen funcionando, pero comenzamos a considerar los cambios sólo cuando no
nos funciona lo que estamos implementando. Entonces cambiamos de ciudad,
trabajo o cónyuge, porque cuando estamos en el terreno de lo que no funciona,
emitimos alguna clase de opinión. Cuando dos personas opinan de la misma
manera está todo bien, pero cuando lo hacen de manera opuesta todo
funcionará mal. Por eso es vital determinar qué clase de vida espera vivir, ¿la
que fue creada para usted o la diseñada por el mundo de las opiniones?
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Quiero renunciar al mundo de las opiniones porque fui creado y llamado para
hacer tareas de una mayor envergadura, complejidad y responsabilidad. Puedo
asegurarle que no es lo mismo vivir por una opinión que creer en una palabra
basada en un principio divino. Este es el único camino para no terminar como
parte de una estadística y dejar una huella en los demás. Dios lo creó con un
propósito para creer que su voluntad sobre su vida es buena, agradable y
perfecta, así le irá bien en todo lo que emprenda.

¿Sabía que tiene una naturaleza olvidadiza?


Hay algunos temas concernientes a la vida misma en los cuales debemos ser
recurrentes. Aunque no somos monotemáticos, porque la vida tiene un
sinnúmero de temas que se deben tratar para vivir mejor, debemos ser
insistentes. Recuerde que usted es lo que piensa que es y vivirá según los
conceptos que tiene. Por eso Dios es recurrente cuando habla acerca de muchos
temas. Cuando caminamos con Dios irá sacando distintos temas de
conversación, pero podremos ver que en algunos puntos es recurrente porque
nadie como Él conoce tan bien nuestra naturaleza olvidadiza. Si bien es cierto
que hay muchas cosas que aún debemos aprender, es necesario admitir que nos
olvidamos de muchas de las cosas que aprendimos.

En nuestras conferencias tratamos permanentemente el tema de la economía y


las finanzas, aunque hay personas que piensan que en un ámbito donde mucha
gente asiste cargada con dolor y angustia, deberíamos hablar de otras cosas.
Pues bien, creo que la mayoría de esos dolores y angustias se ahorrarían si la
gente aprendiera a vivir en libertad económica y financiera. Casi todas las
estadísticas reflejan que la mayoría de los pesares que afligen a los hombres y
mujeres, reconocen su origen en una administración deficiente de sus
economías.

La palabra economía (oikonomo) significa “recursos”, por eso no es correcto


decir que sólo tiene que ver con dinero, porque si así fuera se estaría perdiendo
el noventa por ciento del poder que hay encerrado dentro de esta palabra. El
concepto incluye “todo” lo que tiene y si bien el dinero es un recurso, también
lo son la vida, el tiempo, las habilidades y los talentos. Todos somos un
depósito de talentos. ¿Qué representa la economía de los talentos? Todo ser
humano sobre la tierra, sin importar como ni dónde nació, es por naturaleza un
muestrario de talentos. También puedo asegurar que cada uno de nosotros nació
al menos con un talento determinado. Ese único talento tiene el poder para
proveernos una economía plena en todas las áreas de nuestra vida.

El gran problema de la humanidad es que muchos se dedicaron a hacer cosas


que nada tienen que ver con su talento original. Hay profesionales, empresarios
o comerciantes que heredaron fortunas, ganaron mucho dinero y aún así se
preguntan por qué les va tan mal en la vida. La respuesta es sencilla: una cosa es
hacer algo que les impusieron y otra cosa muy distinta es desarrollar su talento original.
Quien logra conectar su actividad con su talento, indefectiblemente será próspero,
pero si su actividad diaria no está conectada con su talento, será cliente
permanente de un psiquiatra o un psicólogo. Así aparece lo que muchos llaman
“vacío interior”: tienen dinero más que suficiente pero no son felices. En
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realidad su problema radica en su fracaso para conectar su talento personal con
su vida diaria. Aquellos que lo logran no sólo son exitosos, también tienen gozo.

Dios dotó a todas las personas con el mismo recurso del tiempo, el día tiene
veinticuatro horas para los presidentes, los científicos, los ricos y los pobres.
Cada uno tiene la posibilidad de conectarse correctamente con su talento y para
hacerlo los dotó de la misma cantidad de tiempo. Pero también es cierto que
algunos usan el mismo tiempo de una manera destructiva para conectarse con
la droga, la delincuencia o la corrupción. Esto es lo que yo llamo “economía de
la vida”, un concepto clave que debemos aprender pero que no lo enseña
ninguna religión o teoría política. Sólo podemos aprenderlo en algún lugar
donde nos amen verdaderamente.

Muchos padres, alegando el amor que profesan por sus hijos, los presionan para
que estudien la misma carrera que ellos, pero esto no tiene nada que ver con el
amor, es egoísmo simple y puro. Es muy probable que el hijo no tenga el mismo
talento que sus padres o sus abuelos. La mayoría de las crisis que padece la
gente tiene su origen en la “economía de mercado”. Los jóvenes estudian
carreras que están de moda según la tendencia del mercado y les garantizan
una salida laboral estable en el tiempo, aunque no tenga nada que ver con sus
talentos originales. Por eso comienzan una carrera y la abandonan o cambian
permanentemente por otras que los atraen más. En el mejor de los casos, este
peregrinaje termina cuando al fin encuentran una que se relaciona con su talento.
Podrán seguir dando vueltas toda su vida, pero sin poder conectarse con su
propósito.

No todas las escuelas secundarias implementan cursos de orientación


vocacional. No siempre la participación en un curso de orientación vocacional
conecta a las personas con su talento porque para ello es necesario crear un
clima de amor y en esos cursos no hay tiempo para eso. En cambio, quienes
asisten a nuestras conferencias, con el correr de los días tienen más
posibilidades de conectarse con su talento por el clima de amor que se genera
en cada una de ellas. Cualquier aporte que la persona realice en nuestras
conferencias es estrictamente voluntario. Lo importante no es el monto que
puedan dar, sino la calidad de los conceptos que reciben y el impacto que pueda
provocar en sus vidas.

No hay muchos lugares o conferencistas que le digan que la causa de su


angustia interior es el resultado de vivir realizando una actividad totalmente
desconectada de su talento original. ¡Este es un principio atemporal! Si lo
entiende, lo capta, lo incorpora a su vida y lo pone en práctica, comenzará a ser
feliz, viviendo un nivel de plenitud que antes no conocía. Pero también existe la
“economía del tiempo”. Cuando alguien solicita ser atendido a una hora
determinada se espera que llegue a horario. Si no acude o llega una hora tarde
sin previo aviso, esa persona no es digna de confianza y tampoco respeta el
tiempo de los demás. Personalmente desconfío de dos tipos de personas: las
que no llevan una agenda y las que no usan reloj. Cuando el tiempo se va
también se va la vida porque cada minuto perdido no vuelve a recuperarse, es
una inversión que no tiene retorno. Razón por la cual, no hay dinero para pagar
el tiempo de formación que alguien invierte en su vida.
!80
Todas estas reflexiones nos deben servir para tener un concepto claro del dinero,
pues para usar palabras como billete, moneda, divisas, ganancias, intereses, etc.,
debemos tener un concepto inmediato y diario. Diez años atrás lavaba mi
automóvil para ahorrar dinero, hoy sólo lo hago cuando quiero distenderme. En
mi presente, el dinero que invierto en el lavado no sólo es para que lo limpien
mejor, en ese tiempo puedo producir un pensamiento o una idea que puede
desatar una fortuna. En consecuencia, también tenemos que aprender a
planificar nuestro tiempo de ocio.

Cuando reflexionamos sobre este tipo de ideas invertimos dinero en lo más


importante que hay en nuestras vidas, porque los pensamientos también
forman parte de los recursos. “Pensar” es economía, si la mayoría de la gente en
el mundo está mal económicamente es porque no piensa o mejor dicho, porque
no lo hace en función de los recursos. Desde que tengo uso de razón no dejé de
oír que la Argentina es un país rico. Y todos sabemos que los recursos están en
la tierra, pero no hay personas con la integridad suficiente como para
administrarlos correctamente. Por eso, a pesar de los grandes recursos siempre
saltamos de crisis en crisis.

Si tiene todos los recursos que necesita para salir de sus dificultades
económicas, financieras, emocionales, familiares u otras, necesita recibirse de
“administrador”. Aquí arribamos a otro punto crucial, “la vida es una gran
ecuación” basada en tres variables importantes:

➢ Economía
➢ Finanzas
➢ Administración

Si la economía tiene que ver con los recursos, las finanzas están relacionadas con
la administración de esos recursos: cómo los invierto, los utilizo o los gasto. Las
finanzas tampoco tienen que ver sólo con el dinero. El multimillonario Donald
Trump también dispone de un día de veinticuatro horas y sus años no son más
largos que los nuestros. Sin embargo, tiene tanto dinero que no sabe dónde
guardarlo. ¿En qué se diferencia este hombre de tantos otros en el mundo? En la
manera de administrar sus recursos.

Cuando Cristo vino a la tierra se destacó por ser el Maestro de los


administradores. La Biblia dice que los hombres de su época lo azotaron,
clavaron, escupieron, se burlaron de Él y finalmente, lo clavaron en una cruz.
Cuando tratamos de ser buenos administradores, tendremos toda clase de
conflictos. Mientras seamos parte de la masa anónima, siempre seremos
esclavos y nunca nos va a pasar nada. Jesús no apareció en Hollywood, nació en
medio de los atentados del primer siglo. ¡Era un recién nacido y ya lo buscaban
para matarlo! ¿Por qué? Porque este sistema perverso en el cual vivimos “huele”
cuando una persona se determina a administrar la vida de una manera diferente
a la que le están imponiendo.

Todos los momentos difíciles que pasó en la vida se relacionaron con el intento
de arruinar al “administrador” que vive en su interior. Todos tenemos
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emociones, lloramos y nos reímos, todos conocemos tristezas y alegrías, tenemos
un sólo cuerpo y podemos estar en un sólo lugar a la vez. Todos ganamos y
perdimos dinero. Algunos sienten que perdieron un tiempo que no debieron
perder. A todos nos obligan a hacer largas filas, perdiendo horas de nuestras
vidas. El sistema imperante está diseñado para atacar nuestra administración y
a lo largo de estas páginas, intento decirle cómo puede salir de ese estado de
esclavitud.

Algunos piensan en Jesús y lo asocian con una idea religiosa, pero pasó muy
poco tiempo dentro del templo y en algunas oportunidades hasta lo echaron de
las sinagogas. Jesús vino a la tierra para enseñarle a la gente cómo ser mejores
administradores de sus vidas. Por eso dieciséis de sus historias se refieren a la
administración, la economía, los recursos y las finanzas. Mateo 5:1-12 dice:
“Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y
abriendo su boca les enseñaba, diciendo: Bienaventurados los pobres en espíritu, porque
de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán
consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los
pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que
padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda
clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es
grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de
vosotros”.

En el versículo cuatro, cuando Jesús habla de los que recibirán consolación, la


traducción correcta es que “serán mil veces más felices”, porque ese era el número
más grande que se conocía en la época. Si fuera en estos días, en lugar de mil
diría “trillones de veces” más felices. Jesús tenía la obligación de consolarlos y eso
se llama “administrar las emociones”. Según este pasaje de las Escrituras,
cuando lloramos por algo que no deberíamos llorar, el Señor no tiene por qué
consolarnos, salvo que nos arrepintamos y le pidamos perdón. Es decir, tiene
dos caminos: seguir sufriendo o arrepentirse. La conclusión sería la siguiente:
“aunque siempre en la vida tendremos un motivo para llorar por algo, debemos
aprender a realizar la inversión de lágrimas correcta para que se transformen en un
recurso y no en la consecuencia de nuestra ignorancia”.

Esto nos muestra que hay dos tipos de lágrimas:

1. Las que surgen de nuestra necedad por haber ignorado a Dios y


desobedecerlo.

2. Las que son un recurso de inversión: creemos en Dios y lloramos, pero


nos aseguramos de invertir bien nuestros recursos emocionales.

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Si aprendemos a llorar bien y por las cosas que debemos hacerlo seremos
consolados, pero si lo hacemos por cerrar nuestros oídos viviremos llenos de
angustia.

Hablando de dinero.
¿Por qué se enfatiza tanto en el dinero cuando se habla de economía, finanzas o
administración? Porque es el elemento tangible con el cual nos manejamos en
esos terrenos y es el mejor ejemplo para entender todos los demás conceptos. El
dinero es la parábola, el ejemplo y la imagen de la verdadera economía. Cuando
Dios creó al hombre no existía el dinero, fue una creación de los hombres que les
sirvió para depositar todo lo relacionado con sus recursos en esa moneda
corriente. Por eso el ser humano vincula al dinero con sus emociones. Si lo tiene,
es feliz y si no se sentirá como un miserable y dentro de su economía invierte su
tiempo.

¿Qué es el dinero?
Puede ser un pedazo de madera, tierra o papel al que el ser humano le da valor.
El dinero debería estar al servicio de los hombres, pero desde su creación
absorbe sus recursos emocionales, su tiempo, su vida y sus pensamientos. Hay
un efecto embudo donde todo gira alrededor del dinero, pero desde hace dos mil
años la Biblia dice que “el amor al dinero es la raíz de todos los males”. No dice que el
dinero sea malo, sino que el “amor desmedido y descontrolado hacia el dinero es
perverso”. Debemos desarrollar un concepto de vida y cultura acerca del
significado del dinero, por eso les enseño a las personas sobre estos temas. No
quiero que vivan con la ilusión de creer que por arte de magia van a desaparecer
todos sus problemas. Sólo podrán lograrlo aquellos que sean capaces de captar
este concepto claro y explosivo sobre el significado real de la economía, las
finanzas y la administración.
Las estadísticas dicen que ocho de cada diez personas están enfermas por causa
de sus problemas financieros. Si logramos que muchas personas aprendan a
solucionar este tipo de problemas, seguramente se empobrecerán los que
proveen las soluciones temporales que estamos acostumbrados a implementar.
Los médicos, los laboratorios, las farmacias, los abogados, las empresas de
servicios fúnebres y muchos otros rubros, tendrán serios problemas por causa
de una buena administración.

Pero debe tener bien en claro que si soluciona todos sus problemas económicos,
eso no significa la desaparición del resto de sus conflictos. Debe aprender a usar
todos los recursos que Dios le dio: vida, tiempo, emociones, salud, talentos, etc,
para tener los elementos necesarios que le permitirán arribar a las soluciones
correctas. ¡Esa es la razón fundamental de la vida! La buena noticia que Jesús
nos trajo es que aquel que llevaba una vida de embudo ahora puede revertirla.
Nadie duda que este sistema perverso nos quita el tiempo y los recursos,
apropiándose de nuestra familia y destruyendo nuestro matrimonio. También
ataca nuestro trabajo o nuestras empresas. Pero como Dios existe, ¡tenemos que
aprender a dar vuelta el embudo del sistema humanista a nuestro favor!
Declare con todas tus fuerzas: “¡Si estoy vivo, con Dios puedo revertir el
embudo!”.

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No importa si tiene o debe mucho, más allá de lo que tenga, el embudo logró su
objetivo: meterlo dentro de un billete ausente o presente. Si es rico, ya lo tiene,
y si no tiene dinero ¿qué espera para obtenerlo? Jesús vino a enseñarnos a
administrar y al invertir el embudo, daremos vuelta a toda nuestra vida. Es
decir, si aprendemos a manejar esto, inmediatamente el dinero nos llevará a
usar los recursos que Dios nos dio para no distraernos. Debido al efecto de la
ley de la gravedad, el embudo debe desarrollarse en nuestros talentos. Por eso
debemos tener más tiempo y paz para pensar con más inteligencia y sabiduría.

A partir de ahora debe disponerse a vivir la vida desde una perspectiva más
allá que sólo dinero, pues de lo contrario su vida seguirá igual. El amor al
dinero es la raíz de todos los males que aquejan a las personas, por eso quiero
que recuerde que se trata de un entrenamiento diario, porque cada día puede
perder alguno de estos conceptos. El día que los pierda o los olvide caerá en la
trampa.

La prosperidad que Dios le quiere dar no es para tener dinero, sino para
recuperar el tiempo, la vida y todos los recursos que recibió para usarlos sólo
para Él y ser feliz. Él no quiere que termine como un esclavo por tener dinero o
no. Cuando se aplican los principios equivocados de administración, tanto el
que tiene mucho como el que no tiene nada, se somete a su autoridad y pasa a
ser un esclavo del dinero. En eso reside su poder. Algunas personas se ofenden
cuando digo estas cosas, pero para ellos también tengo una buena respuesta: El
dinero es el “dios” que más competencia le hace a Dios por sus corazones, por el gran
poder que le asignan sobre sus vidas y hasta ahora nadie lo pudo negar.

Mateo 2:1-12 dice: “Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes,
vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos,
que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.
Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los
principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el
Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: Y tú,
Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de
ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel”.

“Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el


tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con
diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también
vaya y le adores. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían
visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba
el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa,
vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros,
le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en
sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino”.

Los reyes que vinieron desde Oriente recorrieron cerca de cuatro mil
kilómetros a lomo de camello viajando entre dos y tres años. Es fácil deducir
que cuando emprendieron el viaje María aún no estaba embarazada. En el verso
once dice que cuando los reyes vieron al niño, le adoraron y le mostraron sus

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presentes: oro, incienso y mirra. Todos los presentes que trajeron significaban
“máxima adoración”. ¿Cuál fue el motivo por el cual le regalaron oro a un recién
nacido? Porque la idea era que un niño debía nacer con el embudo hacia arriba.
Si Jesús vino con una misión a la tierra, no podía transcurrir treinta y tres años
renegando contra una economía que no funcionaba. Todos los que viajen a
Jerusalén deberían visitar la casa donde vivía Jesús, pues contaba con todas las
instalaciones necesarias que debía tener una casa confortable. José la dotó con
sistemas de calefacción y refrigeración, hasta tenía cloacas.

Jesús partió hacia Egipto por causa de la persecución, pero sin recursos no
hubiera podido sobrevivir dos años en otra nación. Aunque fuera Jesús, el
Salvador del mundo, con todos los dones y talentos, sin recursos hubiera
padecido el mismo efecto de embudo invertido que nosotros hoy debemos
cambiar. Los niños que murieron en aquel tiempo fueron los que no tenían
recursos o ninguna persona que invirtiera en ellos. Esto es duro, pero real.

Hoy en día, los niños desamparados siguen muriendo. En realidad, mucha


gente muere y la causa número uno de esas muertes es la falta de recursos
suficientes para montar una estructura capaz de sanar a esta sociedad que se
pudre en medio de una cultura consumista. En la sociedad humanista, lo único
importante es que todos tengamos un embudo cada vez más grande arriba y
con un hueco cada vez más pequeño hacia abajo, así el sufrimiento será cada
vez mayor. Por eso las presiones son cada vez mayores y cada vez hay más
gente deprimida que al no poder soportarlas, finalmente termina muriendo. El
dinero es un tema que duele y para algunos se transformó en la llaga que
atormenta sus vidas. Hay gente que por dinero se pelea con sus padres, hijos y
hermanos. Por diferencias graves de dinero quedaron en absoluta soledad, sin
casa, sin familia y andando por la vida como vagabundos. Por eso trato este
tema, porque usted o yo no nacimos para que nos vaya mal, vinimos a este
mundo para nos vaya absolutamente bien en todas las cosas.

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Conclusiones

Todo el mundo conoce los milagros que hizo Jesús, pero la gente lo encerró
dentro de los templos y lo rodeó con un cerco de religiosidad. La religión se
reservó el derecho de interpretar lo que Jesús vino a decirnos y así perdimos un
montón de tiempo defendiendo las razones de todas esas religiones. ¡Debemos
permitir que Dios se convierta en vida y no en una religión más! Si Dios no le
entrega las respuestas necesarias para sostener su vida religiosa se llenará de
frustración porque Jesús es vida y no el producto de una religión. Si quiere vivir
en plenitud no puede ignorar esta palabra, porque al creerla su vida puede
cambiar rotundamente y eso sólo depende de usted. Puede seguir dando golpes
con su cabeza contra la pared o aplicar esta palabra a su vida y confirmar que
efectivamente funciona. Una persona le preguntó a Jesús acerca del prójimo y
como respuesta recibió la siguiente historia: “Un hombre descendía de Jerusalén a
Jericó y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron,
dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y
viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole,
pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue
movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y
poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó
dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo
te lo pagaré cuando regrese. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del
que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces
Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo” (Lucas 10: 29-37).

Este relato nos muestra que hace más de mil años también había inseguridad.
Un hombre fue asaltado, le robaron todo lo que tenía, lo golpearon y lo dejaron
medio muerto en la mitad del camino. El primero que pasó por ahí fue un
sacerdote, pero no se detuvo. Esta es la primera figura de la realidad social que
nos toca vivir hoy: la religión es incompetente para dar vuelta al embudo del estado de
opresión donde nos dejó este sistema corrupto en el cual vivimos. Esta no es una
referencia específica hacia los sacerdotes, simplemente rescato que la Biblia dice
que son “incompetentes”. Por eso mucha gente abandona las religiones y se van
detrás de brujos, magos, hechiceros, curanderos o adivinos. Nada de eso funciona
porque todo lo que está envuelto en un papel de misticismo y religiosidad es
abortivo e incapaz de ver el dolor del ser humano.

Luego pasó un levita y para los que no lo saben o no lo recuerdan, era un


empleado que trabajaba en el templo a tiempo a completo. En otras palabras,
era una persona que trabajaba en la actividad religiosa y aunque no era una
gran autoridad, se suponía que debía conocer algo acerca del dolor humano. Sin
embargo, aquí vemos el mejor ejemplo del clásico “no te metas”. Por último
pasó un samaritano. Y me gusta mucho el relato, en el sentido que no menciona
el oficio de este hombre, sino la ciudad de dónde provenía. Era un ser
“anónimo”, por lo tanto podía ser cualquiera de nosotros. Pero aún siendo uno
más debía entender el significado de la vida. Es decir, sin importar si era o no
un religioso, sabía cómo funcionaba la vida y cómo invertir el embudo. El

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samaritano hizo muchas cosas a favor del hombre tirado al costado del camino,
pero sólo mencionaré las cinco que considero más importantes:

1. Usó misericordia: Esta palabra está compuesta por los términos “miseria” y
“cardia” que significan: “dónde el corazón se conmueve por la miseria de la gente”. Yo
vivo para decirle a la gente que es posible invertir el embudo, pero para
lograrlo debe asegurarse de habitar en un ambiente de misericordia. Los que
atravesamos por la miseria del dolor, la miseria económica o la miseria del
vacío interior, sabemos qué significa estar allí. Hay un mundo que todos
sabemos que existe, pero es así porque no supimos cómo invertir el embudo.

2. Aplicó los primeros auxilios. Sabía cómo actuar ante el dolor y por dónde
debía comenzar. Si estamos ante algún necesitado lo ayudamos, lo asistimos y
hacemos lo necesario porque nos entrenaron para eso.

3. Hizo un esfuerzo físico. Pudo hacer esto porque estaba sano. Alguien
enfermo de reuma, artritis o problemas cardíacos, no podría alzar a un hombre
medio muerto y acomodarlo sobre un caballo. Sería bueno entender el mensaje
inserto en esta palabra: Dios nos quiere sensibles, sanos y entrenados. Tiene
que estar físicamente muy bien para hacer estas cosas. Dios no puede darnos un
talento sin las fuerzas para disfrutarlo. Pero si nos lo entregó y no tenemos la
vida para disfrutarlo, es porque fuimos malos administradores. Cualquiera
puede tener un accidente, pero no al punto de perder el horizonte de su vida.

4. Lo llevó al hospital. Sabía hacia dónde debía ir porque tenía sentido de


orientación geográfico para conocer la ubicación del hospital y también la
frialdad necesaria para proceder correctamente en un momento crítico, sin
perder tiempo. En la vida debemos unirnos a las personas que aciertan. No
podemos ir detrás de los que también están desorientados, sin rumbo y sin
destino, porque no llegaremos a ninguna parte. Debemos salir de la cultura que
nos dicta que no se pueden hacer las cosas para asumir la realidad del Reino
que representamos.

5. Entregó su dinero. En el hospital había que pagar porque allí no había


misericordia o seguro social. Y en este final también aparece el dinero, porque
para cerrar el ciclo de su amor, su misericordia y todos sus esfuerzos, hace falta
el dinero. El samaritano hizo todo eso porque tenía recursos. Según como se
veía el embudo, el hombre ya estaba muerto. La historia y el embudo se dieron
vuelta, por eso el hombre quedó sano.

Nadie sabe cómo se llamaba el samaritano y tampoco importa, porque lo que


transcendió no fue su nombre sino la acción manifiesta a través de esos actos.
Fue misericordioso, estaba entrenado y preparado, por eso pudo ponerse en
acción con la orientación adecuada y una correcta administración del tiempo.
Quizá el sacerdote estaba muy apurado para comenzar el servicio religioso. Sin
embargo, uno siempre piensa que los sacerdotes viven para ayudar al pobre, al
que sufre y al necesitado. Una vez más reitero: la religión siempre nos mantendrá
desubicados y desenfocados, pero no es así ante el Dios viviente. ¿Quiere revertir el
embudo? ¡Aprenda a dar! Invierta su dinero en causas que expresen
misericordia y ayuden a la gente que sufre.
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Para revertir el embudo debemos aprender a despojarnos de algunas cosas que
tenemos en nuestras manos, pero también debemos aprender a dar. No
podemos dar las cosas que ya no estamos usando o que no nos sirven, porque
ninguna de esas cosas sirve para revertir el embudo. Recuerde que también se
invierte el embudo cuando aprendemos a darle a Dios el diez por ciento de
todo lo que recibimos. En la medida que vayamos creciendo nos volveremos
más y más sensibles. Dejaremos de pensar en función de lo que sacamos de
nuestro bolsillo para comenzar a buscar todos los caminos posibles que
revertirán el embudo.

Un padre que les deja a sus hijos una gran fortuna no los libera por completo,
porque contar con riquezas no significa que aprendieron a revertir el embudo.
La acción económica de un padre no revierte el embudo, sino una acción
económica ante Dios. Por eso debemos aprender a ser más liberales y
espontáneos con el uso de nuestro dinero en el Reino de Dios. La Biblia dice que
los reyes prósperos decían: “no le daré a Dios nada que no me cueste”. Si quiere
llegar a ser próspero en todas las áreas de su vida, debe tener en cuenta estos
principios.

Invierta su dinero en personas o causas donde perciba misericordia.


Invierta su dinero en entrenarse para administrar su vida.
Invierta su dinero en su salud.
Invierta su dinero en toda persona capaz de subir a otro sobre su caballo.

Atender y ayudar a un hijo en necesidad es su deber, pero si invierte en alguien


que ayuda a otros a subirse al caballo, está invirtiendo en la causa del amor de
Dios. En la vida hay que aprender a salir de la miseria para ingresar en la
misericordia. Sólo se sale de ese estado cuando se aprende a invertir con el
corazón de Dios. La visión que nos entregó el Señor en nuestro ministerio
sobrevivirá con gente que invierta, pues las limosnas sólo se dan en los templos
religiosos. Tenemos que aprender a dar y reciclar lo perverso del dinero para
evitar que una causa se destruya o quede trunca, llevando adelante lo que Dios
quiere hacer en la tierra.

“Ayer, hoy y siempre, Jesucristo es el buen samaritano. Es el único que puede


dar vuelta a la vida de un ser humano. ¡Recíbalo! No estoy hablando de sus
finanzas o sus recursos, ¡hablo de su vida!”

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Contratapa

Juan Ballistreri nació hace 51 años en la ciudad de Córdoba, República


Argentina, donde vive actualmente. Es padre de cinco hijos: Iván, Abel,
Carolina, Evelyn y Samuel; tiene dos nietos: Ian y Giuli. Desde el año 1981 viene
desarrollando su tarea ministerial como maestro de la Palabra de Dios.
Egresado del Instituto Bíblico de Córdoba en el año 1982, se graduó en el año
1992 como Licenciado en Teología en Cristo para las Naciones, en Argentina. En
el año 1997 recibió su Doctorado en Divinidades en la Universidad FATEFI de
Sao Paulo, Brasil.

Es licenciado en Teología de la Universidad Logos de Baltimore, USA. Doctor


en Misiones Urbanas de la Universidad Kyrios de Buenos Aires. Actualmente es
Presidente de la Fundación y Asociación Manantial de Vida, con sede en
Argentina, Estados Unidos, Canadá y España. Su actividad apostólica lo ha
llevado por diferentes países. Ha escrito varios libros para líderes. Es director de
la Escuela de Liderazgo de Avanzada y el Instituto CEMAD. Es un viajero
incansable dedicando su vida a edificar el Cuerpo de Cristo en las naciones.

La base desde la cual desarrolla su labor apostólica es el ministerio Manantial


de Vida, en la Ciudad de Córdoba, Argentina. Desde hace cinco años dirige un
equipo de trabajo ministerial llamado Motivados a la Vida, donde realizan
conferencias motivacionales como una herramienta de cambio para la sociedad.

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