Elementos del Estado: Pueblo y Territorio (Libro Estado de Derecho y
democracia de partidos: Capítulo I Epígrafes 4 y 5; Libro El Estado
Constitucional Multinivel: Capítulo l. Epígrafe 2 Subepígrafes 2.2. l, 2.2.2).
1. El pueblo.
Hay que diferenciar entre población (habitantes de un territorio) y pueblo (con derechos
jurídicopolíticos). El pueblo tiene dos facetas:
- Como pueblo gobernado (destinatario del poder estatal y sus normas): el pueblo es objeto de
poder (es el conjunto de personas al que se extiende el poder del Estado).
- Como pueblo gobernante (como electores, los ciudadanos crean normas, instituciones y órganos
estatales): el pueblo es sujeto de poder (es el conjunto de personas que se dotan de una determinada
forma política de gobierno).
Actúa como órgano de Estado:
- como cuerpo electoral: selecciona los titulares de otros órganos estatales.
- como cuerpo referendal: aprueba o rechaza una medida política.
En su origen eran diferentes los conceptos:
- “Pueblo” (que tenía referencias políticas: ciudadanos).
- “Nación” (que tenía referencias etnográficas y culturales: habitantes con una etnia y cultura
común).
No obstante, con el tiempo, ambos conceptos se hicieron sinónimos: “personas con unidad de
territorio, origen, costumbres e idioma, con vida en comunidad y conciencia social”.
2. El territorio.
Concepto, caracteres y funciones:
CONCEPTO: Kelsen define el territorio como “el ámbito espacial de validez del orden jurídico”;
en efecto, el territorio es el espacio sobre el que se ejerce el poder del Estado, ofrece la base para el
asiento de la nación y permite la defensa.
CARACTERES: sus dos características son:
a) el territorio está limitado (dentro del territorio todas las personas -nacionales o extranjeros- están
sometidos al Ordenamiento estatal, y se excluye la injerencia de otro Estado).
b) el territorio es estable (excepto excepcionalmente anexiones o escisiones).
Hasta el siglo XIX se sostenía que el Reino (personas y territorio) era propiedad del Rey.
El artículo 2 de la Constitución de 1812 decía: “La nación española [se entiende personas y
territorio] es libre e independiente y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona”.
El territorio objeto del orden jurídico estatal incluye:
- la tierra firme y las aguas interiores.
- el mar territorial (extensión y límites regulados por el Derecho internacional).
- el subsuelo.
- el espacio aéreo.
El territorio de un Estado no se extiende a las sedes diplomáticas [de otros Estados ubicados en el
territorio propio], ni a las naves y aeronaves que circulan bajo la bandera del Estado; no obstante,
a estas excepciones el Derecho internacional las dota de un estatuto jurídico especial.
El poder estatal se aplica sobre el pueblo y el territorio (principios de personalidad y territorialidad):
¿se aplica sobre los extranjeros residentes o transeúntes? Sí: los extranjeros (bien transeúntes, bien
residentes) están sometidos al Derecho del Estado en que se encuentran; y viceversa, los ciudadanos
que no están en su Estado de origen, para ciertas facetas de la vida (por ejemplo, votaciones en
elecciones), están sometidos al Derecho de su Estado de origen.
3. Las fronteras y su delimitación.
La noción de frontera es propia del Estado, se consolida revistiéndose de dos cualidades:
- la clausura [de dentro no sale nada].
- la impermeabilidad [de fuera no entra nada].
- El trazado de las fronteras entre Estados está regulado por el Derecho internacional. Hay fronteras
naturales y artificiales:
- Fronteras naturales:
• las montañosas, suelen fijarse uniendo las cimas más altas
• las fluviales, se traza una línea de puntos coincidente con los más profundos del lecho; en caso de
que el río sea navegable, se suele dividir el cauce al 50%
• las lacustres [lagos y pantanos], trazando una línea recta entre el término de las respectivas
riberas de los países colindantes y el centro del lago
- Fronteras artificiales: son las establecidas por acuerdos entre dos Estados o bien por resolución
del árbitro convenido o por el organismo internacional competente.
Por otro lado, el proceso de integración europea ha conducido a la creación de un espacio sin
fronteras interiores en virtud del Acuerdo de Schengen de 1985, suscrito por varios Estados de la
Unión, entre ellos el español, y algunos que no lo son. Se suprimen así los controles interiores y se
ha creado una frontera exterior que es donde se efectúan estos controles.
La moción de censura (Libro Estado de Derecho y democracia de partidos:
Capítulo XXII. Epígrafe 5. Libro El Estado Constitucional Multinivel: Capítulo
XVII. Epígrafe 6).
Derecho comparado.
La moción de censura es un procedimiento de exigencia de responsabilidad política del Gobierno
en el que la iniciativa parte del Parlamento. Tiende a provocar un cambio de equipo gobernante,
pero, en la actual democracia de partidos, sólo intenta realmente poner en aprieto al Gobierno,
obligarle a defender públicamente su programa y llamar la atención del electorado sobre las
deficiencias de dicho programa.
En Reino Unido la moción de censura puede presentarla cualquier diputado y es aprobada por
mayoría relativa, en cuyo caso, el Gobierno debe dimitir en pleno, encargando el Rey la formación
de un nuevo Gobierno a quien ofrezca posibilidades ciertas de obtener la mayoría parlamentaria.
En Italia, la moción de censura:
- Puede presentarse en cualquiera de las dos Cámaras
- Ha de estar suscrita, al menos, por una décima parte de sus miembros
- Deben transcurrir 3 días entre su presentación y su discusión.
- Requiere mayoría relativa y si es alcanzada el Gobierno dimite
En Francia la moción de censura se ajusta a las siguientes condiciones:
- Debe ser presentada por la décima parte de los miembros de la Asamblea Nacional.
- No puede ser votada hasta transcurridas 48 horas desde su presentación.
- Requiere mayoría absoluta de la Cámara para su aprobación.
Sus firmantes no pueden suscribir otra moción igual durante el mismo periodo de sesiones. - En
caso de ser aprobada, el Primer Ministro debe presentar su dimisión y la del Gobierno al Presidente
de la República.
Fuentes del Derecho Constitucional (Cap. VI. Epígrafe 5 del libro El lisiado
Constitucional Multinivel. cap. Epígrafe I del libro Estado de Derecho y
Democracia de Partidos).
Como dice García Pelayo, si bien el Derecho constitucional es inconcebible sin el poder, éste sólo
adquiere sentido estatal por su vinculación al Derecho. De ahí la importancia del estudio de las
fuentes del Derecho constitucional, es decir, de los tipos de formación jurídica que integran la
Constitución formal.
1. El Derecho escrito.
Muchos autores hablan de la ley, o de la ley constitucional, como la fuente primordial del Derecho
constitucional. No es aconsejable, emplear tal terminología por la naturaleza radicalmente distinta
de la Constitución respecto de la ley. Es mejor hablar de Derecho constitucional escrito, norma
constitucional escrita o Constitución escrita. Las constituciones suelen ser escritas, con la única
excepción del Reino Unido.
El principio de escritura parece responder mejor a las exigencias de seguridad jurídica y a la
concepción garantista de la Constitución, al menos en la Europa continental, en la que el régimen
constitucional emerge revolucionariamente. La Constitución escrita es la fuente suprema del
Derecho constitucional.
2. La jurisprudencia.
Los órganos judiciales, al aplicar la Constitución, la interpretan, fijan o aclaran sus preceptos más
oscuros, la adaptan a las circunstancias sociales y políticas del momento. Pero esta labor es de
mucho mayor alcance cuando se inscribe en la función de jurisdicción constitucional. La
jurisprudencia emanada en el ejercicio de tal función integra, junto con otras fuentes, el Derecho
constitucional del país.
En los países en los que existe jurisdicción constitucional, como el nuestro, se produce una
judicialización del OJ, pues todas las normas tienen su fundamento y sus límites en la Constitución.
Debemos destacar las denominadas sentencias interpretativas, en las cuales se fija el único sentido
de un precepto legal conciliable con la Constitución o las interpretaciones inconciliables.
3. La Costumbre.
El Tribunal Supremo español ha definido la costumbre como la norma jurídica elaborada por la
conciencia social mediante la repetición de actos realizados con intención jurídica. Por mucho que
unos mismos comportamientos sean observados y muy aceptada que sea su obligatoriedad, la
costumbre no es fuente del Derecho si no hay una norma del Ordenamiento jurídico que le confiera
tal carácter.
Pero, a su vez, los ordenamientos no atribuyen la naturaleza de fuente a cualquier conducta social si
no reúne esos rasgos antes citados: reiteración y creencia en su obligatoriedad. Cumple
funciones importantes, tales como colmar lagunas, adaptar preceptos a situaciones nuevas y
decantar la eficacia de un precepto en una orientación u otra. El problema surge cuando una
costumbre modifica sustancialmente la aplicación de una norma escrita, más aún si ésta tiene una
redacción inequívoca.
Este es el problema de la costumbre contra constitutionem.
La tesis más acorde es la de la neta subordinación de la costumbre a la constitución escrita e incluso
a la ley.
La costumbre es costumbre y, es jerárquicamente inferior al Derecho escrito, en el plano de
validez de las normas y en el sistema jurídico continental europeo.
Cuestión diferente es la de la desuetudo, desuso o falta continuada de ejercicio de una
competencia. Mientras la costumbre contraria a la Constitución consiste en prácticas positivamente
vulneradora del texto fundamental, el desuso de una competencia es un no ejercicio, un no acto
que sólo viola la Constitución.
En España, dada la juventud de nuestro régimen constitucional, no es fácil detectar la generación de
costumbres constitucionales. No obstante, se han hecho patentes algunas prácticas, tres como
ejemplos:
1. La apertura de las legislaturas por el Rey.
2. La disolución simultánea del Congreso y del Senado.
3. Tras unas elecciones generales, el líder del partido con más escaños en el Congreso de los
Diputados tiene prioridad para intentar formar Gobierno, aunque no tenga la mayoría absoluta.
El texto fundamental guarda silencio acerca de estas cuestiones. La primera, por motivos de cortesía
y solemnidad; la segunda, por razones de prudencia política, de economía y de ordenación de los
periodos electorales españoles; y la tercera procede de una convención que ha arraigado y es
considerada como de cumplimiento obligatorio.
4. Las convenciones.
Una convención constitucional es un acuerdo, expreso o tácito, entre órganos constitucionales
que busca regular el ejercicio de sus respectivas facultades y relaciones mutuas en aquellas
facetas no previstas por la norma escrita o que ésta ordena de manera abierta dejando a
dichos órganos cierta discrecionalidad.
Estamos ante unas reglas de comportamiento de altos órganos estatales caracterizadas por su
oportunidad, flexibilidad y no exigibilidad. Su importancia es notable. Tanto que las convenciones
constitucionales son vivero continuo de normas consuetudinarias y de Derecho escrito, sobre todo
en el ámbito parlamentario.
Pero estos rasgos y naturaleza hacen de la convención una regla no siempre nítidamente
diferenciable de la costumbre. Son ejemplos de convenciones constitucionales, entre otros; en
España: La celebración del debate sobre el estado de la nación en el Congreso de los Diputados y el
del estado de las autonomías en el Senado; y La reducción de los líderes políticos consultados por el
Rey antes de proponer candidato a la Presidencia del gobierno a sólo los de los grupos políticos del
Congreso de los Diputados.
En cuanto a la naturaleza jurídica de las convenciones constitucionales no hay acuerdo doctrinal,
se han manifestado diversas posiciones:
1. Son normas jurídicas, carentes de sanción;
2. Son normas prejurídicas o meramente sociales;
3. Son normas jurídicas dependientes de las circunstancias en las que se produjeron, decayendo
cuando éstas cambian;
Algunos consideran el problema irrelevante o meramente académico.
¿Cuál es la relación de estas reglas con el Derecho escrito? En la realidad política habrán
prevalecido convenciones sobre normas de la Constitución formal, produciéndose entonces
mutaciones constitucionales, pero, desde el punto de vista jurídico, es, en el momento de su puesta
en práctica, una violación de la Constitución. Las convenciones son celebradas por y entre órganos
de poder y el régimen constitucional nació precisamente para frenar y controlar jurídicamente al
poder, no para colocarlo al margen y por encima del Derecho.
El sistema parlamentario de gobierno (Cap. XIV. Epígrafe 3 del libro El lisiado
Constitucional Multinivel. cap. XXI. Epígrafe 4 del libro Estado de Derecho y
Democracia de Partidos).
El sistema parlamentario puede ser oligárquico o democrático. Inglaterra accedió al oligárquico y a
partir de 1832 comenzó a democratizarse. En el Continente apenas hubo sistema parlamentario
antes de la democratización del régimen.
1. En Inglaterra: sistema parlamentario oligárquico.
Triunfante la Revolución, el Parlamento inglés va a tener el mismo rango que el Rey, aunque este
conservaba el nombramiento y separación de los ministros. Durante la dinastía Orange, terminaron
despachándose los asuntos gubernamentales en un comité reducido del Consejo Privado del Rey: el
Gabinete. A lo largo del siglo XVIII se limitó el poder del Rey para el nombramiento de los
ministros a aquellas personas que tenían el respaldo de la Cámara.
A partir de la mitad del siglo:
- El Gabinete es cada vez más homogéneo.
- Uno de los ministros es líder del equipo y despacha habitualmente con el Rey.
- El Rey actúa con refrendo y responsabilidad de un ministro.
- El Gabinete comienza a responder colegiada y solidariamente ante el Parlamento.
- Con el sufragio universal y la pérdida de poder de la Cámara de los Lores llega la
democratización del sistema parlamentario.
2. En el Continente.
Aunque la revolución de 1848 acentuó la democratización del régimen, en muchos países apenas
tuvo reflejo, como por ejemplo en España o en Alemania. Otras monarquías europeas, como la
belga, evolucionan hacia un sistema parlamentario, que se democratizó con el reconocimiento del
sufragio universal. En nuestros días se tiende a limitar y condicionar el poder del Parlamento y a
fortalecer la posición del Gobierno, es lo que se denomina racionalización parlamentaria.
CARACTERES DEL SISTEMA PARLAMENTARIO.
El único elemento esencial de este sistema es: la relación de confianza entre el Gobierno y el
Parlamento. Estamos pues, ante un sistema de unión dinámica de poderes, de interrelación de los
poderes en su origen y permanencia y de colaboración funcional entre ellos.
Destacamos:
1. El Parlamento y, en ocasiones, el Jefe del Estado, procede del cuerpo electoral.
2. Si el Parlamento es bicameral y una de las Cámaras no es de extracción democrática, ésta no
tiene facultades relevantes en relación con el Gobierno.
3. Cuando el Jefe del Estado es elegido por sufragio universal, en ningún caso le corresponde al
Presidente exigir la responsabilidad del Gobierno.
4. Menos aún poseen esta facultad los monarcas y los Presidentes de República no elegidos
popularmente.
5. El ejecutivo dualista: el Jefe del Estado y el Gobierno. Lo hay solo en Francia. En los demás
casos (en las monarquías) la presencia e intervención del Jefe de Estado en el Gobierno tiene más
carácter simbólico que de poder efectivo. Por eso los Jefes de Estado son políticamente
irresponsables y sus actos han de ir refrendados por un miembro del Gobierno el cual asume la
responsabilidad.
6. La dirección política es del Gobierno. Dos de las facultades más importantes son: la elaboración
de los Presupuestos y la iniciativa legislativa.
7. El Parlamento aprueba las leyes, para que el Gobierno desarrolle su programa. Controla así
mismo la política gubernamental mediante la actividad rogatoria y las comisiones de investigación
que estime oportuno constituir, amén de poder exigirle su responsabilidad política.
8. El Gobierno responde solidariamente ante el Parlamento.
9. El Gobierno tiene la facultad de disolver el Parlamento. La disolución es, en última instancia, una
apelación al pueblo para que confirme o cambie la Mayora y, con ella, el Gobierno.
MODELOS ACTUALES DE SISTEMAS PARLAMENTARIOS
El sistema parlamentario admite muchas variedades. Nos fijaremos en 5.
1. Reino Unido. Es el pueblo quien elige al Premier a través del Parlamento, y éste lo sostiene con
su confianza. El Gabinete inglés, dirigido por el Premier, es un órgano bastante autónomo en el
funcionamiento del sistema político, aunque jurídicamente dependa de la confianza parlamentaria.
El Gabinete dirige al Parlamento.
El sistema de gobierno británico, ha evolucionado hacia una de sus variantes, primero la del sistema
de Gabinete y más adelante la del sistema de Premier o Canciller.
2. Francia. Tiene un Presidente fuertemente respaldado por el pueblo pero, en cambio, no consigue
para su partido la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional: No necesita investidura sino solo no
ser derrotado por una moción de censura o en una cuestión de confianza. Tiene potestad
reglamentaria amplísima, que reduce el ámbito de la ley a materias tasadas.
3. Alemania. Se aprecia el papel preponderante del Canciller y el carácter meramente
representativo del Presidente de la República.
El Canciller es propuesto por el Presidente a la Cámara Baja y necesita la investidura por mayoría
absoluta; de no obtenerla, la Cámara puede investir a su propio candidato.
El Canciller elegirá libremente a los ministros.
Además, existen muchas dificultades parlamentarias para exigir responsabilidad política, ya que
requiere que la moción de censura incorpore un candidato alternativo y sea aprobada por mayoría
absoluta, así como la posibilidad de disolver la Cámara en caso de perder una cuestión de confianza.
El Canciller tiene la función de dirigir la política y es la cabeza efectiva del Gobierno.
4. Italia. El Presidente de la República tiene funciones representativas y simbólicas pues todos sus
actos necesitan refrendo.
Su designación es realizada por un colegio mixto (todos los miembros de las Cámaras más electores
regionales).
La acusada personalidad de los dos últimos presidentes los ha hecho muy influyentes en la vida
política del país, habiendo provocado el actual, con sus extralimitaciones, un verdadero problema
institucional.
El Gobierno se ve sometido a la confianza de las dos Cámaras, y la ausencia de mayorías absolutas
ha deparado continuos Gobiernos de coalición.
En la actualidad se intenta crear un movimiento de opinión favorable a la reforma constitucional
para adoptar un sistema presidencialista.
5. España. Es un sistema con monarquía parlamentaria, el Rey no tiene propiamente poderes sino
más bien funciones simbólicas y representativas que se traducen en actos debidos necesitados de
refrendo.
El Gobierno español tiene primacía sobre el Parlamento y el Presidente del Gobierno sobre los
ministros, esto se apoya en: Investidura del Presidente del Gobierno, no del Gobierno. Selección
libre de los ministros por el Presidente.
Exigencia de candidato alternativo a la Presidencia en las mociones de censura.
Concepto y contenido de la Constitución (Cap. VI. Epígrafes 2 y 4 del libro
Estado Constitucional Multinivel; Cap. IV. Epígrafes 2 y 3 del libro Estado de
Derecho y Democracia de Partidos).
1. Concepto liberal garantista de Constitución.
El régimen constitucional nace como aquel en el que:
• El poder político está limitado por el Derecho y ello a fin de garantizar la libertad de las
personas, como hombres y como ciudadanos.
• El concepto moderno de Constitución es, pues, jurídico, liberal y garantista; por eso anida y se
desarrolla en el régimen liberal, uno de cuyos principales postulados es la primacía del individuo
sobre la sociedad y de la sociedad sobre el Estado. Allá donde hay limitación jurídica del poder y
garantía de los derechos hay Constitución y allá donde no las hay, no.
2. La Constitución como fundamento jurídico de la organización estatal.
Podemos definir sintéticamente la Constitución, con Sánchez Agesta, como norma suprema de
organización de un régimen político. Esta idea de una super ley fundamental no es originaria de la
Revolución francesa, sino que se la puede rastrear, siguiendo al citado autor.
a) En la idea, procedente de Grecia, de una ley natural superior al Derecho positivo.
b) En las leges imperii medievales, en las cuales se apreciaba una importancia superior a las demás
porque eran las concernientes a la organización política de la comunidad.
c) En el common law inglés, considerado como Derecho superior el emanado por el Rey y el
Parlamento.
d) En el pacto constitutivo entre el Rey y el Reino, que se entendía como límite del ámbito de
actuación del primero.
e) En la doctrina del pacto social mediante el cual un agregado de personas pasa del estado de
naturaleza al estado civil constituyendo una comunidad política.
2. Descripción general del contenido de la Constitución.
Con una u otra denominación, el contenido de la Constitución ha sido al menos análogo desde el
siglo XVIII: un sistema de normas jurídicas que organiza el poder político estatal y define la
relación entre la esfera de la libertad y la de ese poder político.
Para que esa organización política merezca el nombre de Constitución, debe contener un estatuto
jurídico de los gobernantes, es decir una definición de sus competencias, de los procedimientos de
adopción de las decisiones políticas y de los fines principales de su actuación. La Constitución
contiene el título de legitimidad para la actuación de los poderes públicos porque expresa cuáles son
las competencias de cada uno. La Constitución, al tiempo que habilita a los gobernantes para actuar,
los limita al obligarlos a mantenerse dentro de su estricta esfera funcional.
No sucede sólo que la Constitución es norma, y norma suprema, sino que se erige en fundamento y
límite del resto del Ordenamiento jurídico del país. En su virtud:
1) Establece un sistema de fuentes del Derecho;
2) Señala los órganos competentes y los procedimientos para la producción de dichas fuentes;
3) Impone al OJ los valores fundamentales en los cuales debe inspirarse y a los cuales debe servir;
4) Establece los principios técnico-jurídicos a través de los cuales debe instrumentarse toda esa
orientación teleológica.
3. Relatividad de a distinción entre la parte dogmática y la parte orgánica de las
Constituciones Tradicionalmente se distingue entre una parte dogmática y otra orgánica.
Parte dogmática, son los preceptos constitucionales que formulan los valores, los principios
básicos del régimen y los derechos y libertades de los ciudadanos; y Parte orgánica, la integrada
por los preceptos relativos a la organización, competencias y funcionamiento de los poderes
públicos.
Sin embargo, la parte orgánica debe estar en función de la parte dogmática. La idea de un régimen
constitucional remite a la de limitación del poder político por la esfera de libertad de los ciudadanos
y, consiguientemente, también a la idea de orientación de la actividad de ese poder por unos fines y
valores conexos con los derechos y libertades. Así, pues, la organización de los poderes públicos
debe estar realizada de manera que, evitando el abuso y la irresponsabilidad del poder, facilite y
garantice un ámbito de libertad e incluso la promueva.
La parte orgánica es, por tanto, garantía de la parte dogmática. Esa es la finalidad última de
instituciones como la reserva de ley, la justiciabilidad de la Admón. el juicio por jurados, la
jurisdicción constitucional o la moción de censura al Gobierno.
El sistema presidencialista de gobierno (Cap. XIV. Epígrafe 2 del libro Estado
Constitucional Multinivel, cap. XXI. Epígrafe 5 del libro Estado de Derecho y
Democracia de Partidos).
Tiene dos centros de impulsión política de igual o similar legitimidad electoral: El Presidente y el
Parlamento, lo cual avala igualdad de poderes, aunque la Constitución de Estados Unidos se inclinó
por una separación neta de ambos.
El poder ejecutivo corresponde al Presidente, no al Gobierno. En realidad, no existe Gobierno sino
secretarios del Presidente. El Presidente designa a los secretarios entre personas no pertenecientes a
las Cámaras. La separación de poderes, sin embargo, no es tan radical que no haya relación alguna
entre ellos:
- El Presidente no tiene iniciativa legislativa.
- El Congreso puede conferir una delegación legislativa al Presidente.
- El Presidente tiene derecho de veto sobre las leyes aprobadas por el Congreso, que éste no puede
superar sino con una mayoría de dos tercios, realmente difícil de alcanzar.
- El Senado ha de aprobar el nombramiento presidencial de los altos cargos públicos.
- El Senado tiene asimismo importantes facultades en política internacional.
- El Presidente no puede disolver el Congreso, ni una de sus Cámaras, y éstas no pueden exigir
responsabilidad política a aquél ni a los secretarios.
Es frecuente que el Presidente y la mayoría parlamentaria sean de diferente partido, e incluso que
difieran los de una y otra Cámara. La separación de poderes ha dado paso a la colaboración entre
ellos.
Las relaciones dependen sobre todo de la personalidad del Presidente, del liderazgo nacional que
ejerza y de su capacidad para comunicarse directamente con el electorado y generar una opinión
publica favorable a su política.
Modelos clásicos de justicia constitucional (Capítulo VII Epígrafe 2 del Libro
Estado de Derecho y Democracia de Par/idos. Capítulo VIII Epígrafe 1.2 del
Libro Estado Constitucional Multinivel).
Los modelos de jurisdicción constitucional son: el estadounidense y el Kelseniano.
1. Sistema estadounidense.
La Constitución de EEUU no menciona expresamente la potestad del Tribunal Supremo de enjuiciar
la constitucionalidad de las leyes.
Fue el propio Tribunal Supremo el que en 1803 estableció la doctrina y recabó dicha competencia
para los jueces. La brillante argumentación del juez Marshall en la sentencia sobre el caso Marbury
contra Madison tuvo la virtud de presentar el control de constitucionalidad de las leyes como una
obligación, mejor que como una facultad, del Poder Judicial.
El deber de los jueces es declarar lo que es Derecho y, si dos normas están en conflicto entre sí,
deben decidir cuál es la aplicable. Si una de ellas es la Constitución, los jueces deben respetarla
porque es superior a todo acuerdo ordinario del Poder Legislativo. Pretender lo contrario es obligar
a los jueces a incumplir la Constitución.
El juez debe inaplicar la ley inconstitucional.
No puede anularla porque ello es función legislativa, que sólo al Congreso compete. De manera
que, en principio, esta decisión judicial solamente tiene efectos respecto del litigio concreto que se
sustancia.
Pero la fuerza vinculante del precedente dota a la relación entre ley y jurisprudencia de un sentido
especial, según el cual, la ley no tiene otro contenido que el que le atribuyen las decisiones
judiciales. Este modelo es denominado de jurisdicción difusa porque el control corresponde a
todos los jueces y tribunales.
2. Sistema Kelseniano.
Frente al anterior modelo, Kelsen construyó el de jurisdicción concentrada, en el cual el control
de las leyes queda atribuido a un solo órgano creado al efecto: el Tribunal Constitucional.
Para Kelsen, la Constitución no contiene normas directamente aplicables por el juez sino
mandatos o prohibiciones dirigidos al legislador.
La Constitución es ejecutada por la ley, y ésta, por la sentencia del juez. Ahora bien, como el juez es
ejecutor de la ley, está vinculado por ella y no puede inaplicarla. Es necesario, pues, un órgano no
inserto en el Poder Judicial a fin de controlar la constitucionalidad de las leyes e invalidarlas si a
ello hubiere lugar.
Tal órgano, el TC, tiene una función de legislador negativo cuando expulsa del OJ las leyes no
ajustadas a la Constitución. En este modelo, la declaración de Inconstitucionalidad de un precepto
legal tiene efectos generales, tanto respecto de los ciudadanos como de los poderes públicos y de las
causas o litigios pendientes en los que dichos preceptos fueren aplicables, pero no respecto de los
casos ya juzgados.
3. Evolución convergente (coincidente) de los dos modelos.
En un principio, el modelo americano respondía a una necesidad del federalismo, pero evolucionó
hacía la protección de los derechos y libertades, muy principalmente desde el término de la II
Guerra Mundial. El sistema kelseniano quebró parcialmente con la reforma de la Constitución
austriaca, dando entrada al recurso indirecto de inconstitucionalidad, que es aquel que se suscita en
el curso de un proceso concreto ante el juez ordinario. En general, puede hablarse de una cierta
convergencia entre ambos modelos más por aproximación del kelseniano al estadounidense que
viceversa.
Procedimientos de reforma. Referencia a la reforma constitucional española
(Capítulo VI. Epígrafe 5 del Libro Estado de Derecho y Democracia de Partidos.
Capítulo VII. Epígrafe 3. Subepígrafes 3. 1 y 3.2 (3.2. 1 y 3.2.2) del Libro El
Estado Constitucional Multinivel).
Hay Constituciones modificables por el procedimiento legislativo común y otras que exigen
procedimientos especiales. Las primeras fueron llamadas constituciones flexibles; las segundas,
rígidas.
El procedimiento de reforma puede residir en la intervención de: órganos habilitados al efecto, o en
la existencia de unos tramites distintos de los requeridos en el procedimiento legislativo.
1. Los órganos especiales de reforma constitucional más habituales en el Derecho comparado
son:
a) Las asambleas constituyentes.
b) La reunión conjunta de las dos Cámaras del Parlamento.
c) Las Cámaras de los llamados Estados miembros de un Estado federal.
2. Las diferencias de tramitación respecto del procedimiento legislativo pueden consistir:
d) En la exigencia de mayorías cualificadas, o
e) En el requisito de una doble aprobación, que puede tener lugar en momentos sucesivos de una
misma legislatura o en dos legislaturas.
3. Mención aparte merece la exigencia de referendo, para la aprobación de reforma. Puede ser
obligatorio o facultativo.
La Constitución Española vigente se ha revestido de una fuerte rigidez. Establece el Título X dos
procedimientos de reforma:
a) Reforma ordinaria (art. 167), aquella que, por ser parcial y no afectar a ciertas zonas del texto
fundamental, sigue un procedimiento no excesivamente costoso: aprobación por 2/3 de cada
Cámara y referendo facultativo.
b) Reforma agravada (art. 168), protege especialmente algunas partes de la norma suprema y a
ésta como totalidad. Requiere:
1. Aprobación de la decisión de reforma por 2/3 de cada Cámara.
2. Disolución de las Cortes y convocatoria de elecciones.
3. Nueva aprobación de la decisión de reformar por cada Cámara de las Cortes elegidas.
4. Aprobación del texto de reforma por 2/3 de cada Cámara.
5. Referendo obligatorio.
La cuestión de confianza (Capítulo XXII Epígrafe 6 del Libro Estado de
Derecho y Democracia de Partidos. Capítulo XVII Epígrafe 5 del Libro Estado
Constitucional Multinivel).
Es un instrumento de control extraordinario del Gobierno por el Parlamento, en el que es el propio
Gobierno el que toma la iniciativa, y somete su continuidad a la aprobación, por parte de aquél, de
un proyecto de ley o de cualquier otra declaración o decisión política. Es un mecanismo de presión
del Gobierno sobre el Parlamento.
Se comprende que su utilización sea más propia de los Gobiernos de coalición y de los
minoritarios, no de los homogéneos que cuenten con mayoría absoluta en la Cámara.
En el Derecho comparado se observa bastante similitud en la regulación de este instituto. Por eso
expondremos las especialidades que presentan los ordenamientos: francés, alemán y español.
Francia:
El Primer Ministro francés puede presentar una cuestión de confianza sobre la votación de un
proyecto de ley. Se considera aprobado el texto y concedida la confianza si la Oposición no presenta
dentro de las 24 horas siguientes una moción de censura.
El proyecto de ley en cuestión puede ser aprobado sin haber sido tramitado ni votado por el
Parlamento.
La pérdida de la votación de confianza obliga al Primer Ministro a presentar la dimisión del
Gobierno y la propia.
Alemania:
Canciller la presenta sobre un proyecto de ley, una modificación de su programa de gobierno o una
declaración de política general.
Entre la presentación de la moción y la votación deberán transcurrir 48 horas. Para ser otorgada la
confianza solicitada, se requiere una mayoría de los miembros de la Cámara.
Si no es aprobada la cuestión, el Canciller puede dimitir o proponer la disolución de la Cámara o
proponer la declaración del estado de emergencia legislativa al Presidente Federal.
España. (art. 112 y 114.1 CE)
No puede versar sobre un proyecto de ley sino sólo sobre el programa del Gobierno o sobre una
declaración de política general.
Si la confianza es denegada el Gobierno ha de dimitir obligatoriamente, sin que pueda disolver la
Cámara para convocar elecciones.
La CE ha debilitado la naturaleza de esta institución como instrumento de acción recíproca entre
Parlamento y Gobierno. De ahí su escaza utilización.
Ha sido puesta en práctica sólo 2 veces:
• en 1980 (Adolfo Suárez), y
• en 1990 (Felipe González).
Las generaciones de los derechos (Libro Estado de Derecho y democracia de
partidos: Capítulo VIII. Subepígrafi2 3.2. Libro El Estado Constitucional
Multinivel: Capítulo IX. Subepígrafes: 1.4).
1- La primera generación está integrada principalmente por derechos individuales, que son
libertades- resistencia, libertades frente al Estado, más un muy limitado derecho de participación
política. Se considera suficiente el reconocimiento jurídico de los derechos con total
despreocupación por los medios para hacerlos efectivos.
2- Se extiende el derecho de sufragio y las libertades de más fuerte contenido político, las libertades
públicas. La libertad de asociación termina siendo reconocida.
3- La tercera generación está constituida por los derechos económicos- sociales (sindicación,
huelga, salario mínimo, vacaciones anuales, etc.) y por la socialización de otros, es decir, la
transformación de otros derechos (por ejemplo, los de educación y tutela judicial) en derechos de
prestación, en los que el Estado debe aportar las condiciones y elementos necesarios para su real
efectividad.
4. Es posible sostener que, desde el constitucionalismo de los años setenta para acá y cada vez con
mayor fuerza, asistimos a la generación de derechos. Podíamos denominarlos derechos de la
solidaridad. Son los derechos ecológicos. La extensión de la Seguridad Social a todos los
ciudadanos y la profundazicación de la igualdad mediante la protección más intensa de los sectores
secularmente desprotegidos: la infancia, la vejez, la mujer, los minusválidos, las minorías étnicas.
La progresiva constitucionalización y eficacia de estos derechos significará la plenitud del Estado
social y democrático de Derecho.
Evolución de la Monarquía desde su forma absoluta hasta la monarquía
parlamentaria (Libro Estado de Derecho y democracia de partidos: Capítulo
XII. Epígrafe: 2. Libro El Estado Constitucional Multinivel: Capítulo XII.
Epígrafe: 2: 2. l).
1. Monarquía frente a Democracia
Hoy podemos hablar de monarquías democráticas, de regímenes democráticos que están coronados
por una monarquía. En la pureza de los modelos clásicos, es evidente la distancia entre la
monarquía y la democracia. El principio monárquico en su sentido fuerte significa: a) Que la
soberanía reside en el Rey.
b) Que todo existe, se hace y funciona por el poder regio, por delegación suya, en su nombre.
c) Que el Rey es la suprema justicia, la maiestas; que está por encima del Derecho, no obligado por
éste; que es absoluto porque no existe instancia superior a él que pueda juzgarlo.
Opuestamente, el principio democrático entraña:
a) Soberanía popular.
b) Participación, electividad y temporalidad de los cargos.
c) Igualdad.
d) Responsabilidad de los poderes públicos.
e) Estado de Derecho.
Estos dos principios, tan enfrentados, han ido coincidiendo históricamente hasta su compatibilidad
actual.
2. Monarquía preestatal.
Desde sus orígenes, la monarquía, se ha apoyado en unos fundamentos que, siguen
singularizándola como forma política. El Rey ha aparecido siempre como persona sagrada porque
era imagen de Dios. Señor o dueño porque no se distingue entre su patrimonio y el reino. En esta
concepción la monarquía está instruida por dos elementos esenciales:
1. Su exterioridad al sistema político, y
2. La unidad que proporciona a este mismo sistema.
El Rey da unidad al sistema, pero no pertenece a él, sino que lo precede y trasciende. Así pues, la
Corona integró gentes, tierras, derechos y poderes en una unidad precursora de la idea de Estado.
Esta monarquía era todavía feudal.
3. Monarquía absoluta.
La monarquía absoluta significa la plenitud del principio monárquico. Se distingue en ella varios
subtipos:
1) La monarquía religiosa o confesional.
2) La monarquía palatina o cortesana.
3) La monarquía ilustrada o despotismo ilustrado.
4. Monarquía limitada.
En la Monarquía Limitada, el Rey conserva la titularidad del poder ejecutivo y comparte con la
nación el legislativo y el constituyente.
El Rey aparece como encarnación del poder neutral, moderador y arbitral.
El régimen político se asienta fundamentalmente sobre el principio monárquico por más que
aparezca algo limitado por el Parlamento.
El Rey nombra y cesa a los ministros.
Los actos del Rey deben ser refrendados por un ministro, pero esto no se traduce todavía en una
traslación de la competencia: es el Rey quien decide el acto y el ministro quien responde.
El Rey tiene iniciativa legislativa y veto de las leyes aprobadas por el Parlamento, que no lo son
propiamente sin la sanción y promulgación regias.
5. Monarquía orleanista.
Cuando la posición de los pactantes, Rey y nación se hace más equilibrada, las instituciones derivan
hacia una mayor limitación de la autoridad regia. Por eso los regímenes establecidos por las
Constituciones pactadas evolucionaron hacia este modelo monárquico:
a) Va perfilándose un Gobierno como órgano colegiado, a cuyo frente se sitúa un Primer Ministro
como único interlocutor del monarca.
b) El refrendo traslada paulatinamente la decisión de los actos regios al ministro refrendante.
c) La responsabilidad penal de los ministros deriva hacia una responsabilidad política.
d) Los ministros necesitan de una doble confianza: la del Rey y la del Parlamento.
Esta forma monárquica es conocida como orleanista por su realización y desenvolvimiento en
Francia bajo la Casa de Orleáns, de 1830 a 1848.
6. Síntesis (unión) de monarquía y democracia: la monarquía parlamentaria.
Es en la monarquía parlamentaria en la que se produce la síntesis entre la prerrogativa regia y la
soberanía nacional. La necesaria irresponsabilidad e inviolabilidad del Rey y el consiguiente
requisito del refrendo para la validez de sus actos han derivado en beneficio del principio
democrático. Así pues, es el principio monárquico el que ha ido cediendo ante el democrático:
1. El soberano no es el Rey sino el pueblo.
2. Los poderes políticos efectivos no los ejerce el Rey sino los órganos directa o indirectamente
representativos de la soberanía nacional.
Se han conservado algunos rasgos del carácter excepcional de la monarquía:
1. La excepción del orden sucesorio común;
2. La excepción del principio general de la responsabilidad de los poderes públicos; y
3. El propio estatuto jurídico de los demás miembros de la Familia Real, que excepciona el Derecho
común de familia.
El refrendo, es una de las máximas sutilezas del Derecho constitucional contemporáneo. En el
sistema parlamentario, es fundamental una limitación material del poder regio porque quien
refrenda asume íntegramente la responsabilidad de dicho acto.
En conclusión, el monarca parlamentario reina, pero no gobierna. Ejerce una magistratura de
autoridad e influencia, una magistratura equilibradora, simbólica e integradora, una magistratura
que goza de la confianza del pueblo. De ahí su óptima situación para animar, estimular, sugerir,
aconsejar el funcionamiento de la máquina del Estado y permeabilizar todas las instituciones.
La República: a)La República como forma de la Jefatura del Estado: b)
designación del Presidente, duración del mandato y renovación (carácter
electivo y temporal de la República como forma de la Jefatura del Estado); c)
Poderes, funciones y responsabilidad del Jefe del Estado (Libro Estado de
Derecho y democracia de partidos:
Capítulo XII. Epígrafes 5, 6 y 7. Libro El Estado Constitucional Multinivel:
Capítulo XII. Epígrafe 3, Subepígrafes 3.1, 3.2, 3.3 y 3.4).
1. Poderes y funciones:
Se acostumbra a diferenciar entre los poderes y funciones del Presidente de la República según se
trate de un sistema presidencialista o parlamentario.
a) En el sistema parlamentario:
El Presidente de la República en un sistema parlamentario neto tiene una posición institucional
similar a la del monarca parlamentario: le están referidas muchas funciones estatales pero su
ejercicio efectivo está vaciado de contenido por la existencia de un Gobierno parlamentariamente
responsable. Estamos ante una magistratura integradora y de representación del Estado.
1. El Presidente de la República nombra al Presidente del Gobierno y, a propuesta de éste, a los
ministros. Igualmente formaliza su cese. Pero en uno y otro caso, su poder está condicionado por la
relación de fuerzas en el Parlamento y por los procedimientos de exigencia de responsabilidad
política del Gobierno.
2. En relación con el Parlamento, es frecuente que le esté atribuida su disolución, así como la
sanción y promulgación de las leyes.
3. La política exterior es dirigida por el Gobierno. Aunque al Presidente le corresponda recibir y
acreditar embajadores, ratificar tratados e incluso declarar la guerra y firmar la paz.
b) En el sistema presidencialista:
El Jefe del Estado de una república presidencialista tiene la posición de líder de la nación y es tan
representativo de la voluntad popular como el Parlamento, pero con la ventaja de su condición
unipersonal. Goza de una preeminencia sobre los demás órganos estatales.
1. El Presidente de los EEUU, dice la Constitución, es el titular del poder ejecutivo, con la
principalísima función de dirección política, sin por ello haber abandonado la dirección de la
Administración, que también le concierne.
2. Protagoniza la política exterior.
3. Es el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. Comandancia efectiva.
4. Dirige mensajes al Congreso, los cuales ejercen gran influencia en la adopción de iniciativas
propiamente parlamentarias.
5. El presidente estadounidense puede oponer un veto suspensivo a las leyes del Congreso, que ha
de ser motivado.
El caso de Francia es diferente ya que su sistema de gobierno es parlamentario, pero el Presidente
de la Republica tiene constitucionalmente reconocidos amplios poderes, principalmente en:
1. Política internacional,
2. Le corresponde la disolución del Parlamento.
De ahí que la califiquen como sistema de gobierno semipresidencialista.
2. Responsabilidad:
Los presidentes republicanos son políticamente irresponsables, pero les alcanza la responsabilidad
penal por cierto tipo de delitos, lo que está excluido en las monarquías. En las repúblicas
parlamentarias la irresponsabilidad del Jefe del Estado se corresponde con la institución del
refrendo.
En las repúblicas presidencialistas responde a la severa separación de poderes constitucionalmente
establecida. Por lo demás, es difícil que se den las circunstancias y condiciones para el
procesamiento criminal de un Jefe de Estado. Lo más normal y pragmático es la presión para que
dimita sin ulterior proceso, con lo que la responsabilidad penal se resuelve en una atípica
responsabilidad política.
Los elementos de la democracia como método (Libro Estado de Derecho y
democracia de partidos: Capítulo XVII Epígrafe 2; Libro El Estado
Constitucional Multinivel: Capítulo XI. Epígrafes 2.1.2).
Los elementos de la democracia como método son:
1. Soberanía popular:
Todos los poderes del Estado emanan del pueblo, siendo éste quien legitima la actuación de todos
ellos.
Si la democracia significa inicialmente autogobierno del pueblo, de ahí se desprende directamente
el elemento de la soberanía popular.
2. Igualdad:
Carece de sentido hablar de gobierno del pueblo y basar su ordenamiento en la desigualdad de sus
habitantes.
La isonomía es la igualdad jurídica de los ciudadanos, de la que se derivan:
a) isegoría, igualdad de palabra
b) isocracia, igualdad en el ejercicio de los cargos públicos Por ser una forma política basada en la
igualdad es por lo que puede disponer el valor igual, a efectos jurídicos y políticos, de todos los
sufragios, y en principio, de todas las opiniones e ideologías con la única condición de la
reciprocidad. Participación ciudadana en los asuntos públicos, pudiendo ejercerla bien directamente,
o a través de sus representantes libremente elegidos
3. Libertad. Pluralismo:
La libertad en sentido amplio, como valor inherente a la persona, se basa en libertades concretas, sin
agotarse en ellas. De nada serviría la igualdad ni la soberanía popular, si no existiera libertad de
comunicación pública ni de actuación política, ni de asociación, en tantos grupos como sean
convenientes para canalizar dicha actuación; es decir, el pluralismo.
El Pluralismo, es una de las manifestaciones más importantes de la democracia, pudiendo afirmarse
que sin su reconocimiento ésta sería inexistente; entendiendo que sin pluralismo político no
concurren dos de los atributos de la democracia, cuales son la libertad política o la ley como
expresión de la voluntad popular. La democracia es pluralista: “democracia de partidos”.
4. Consenso:
El Consenso: el régimen democrático debe encontrar su fundamento en el consenso de los
ciudadanos sobre los valores y principios que le sirven de sustento, y a su vez, debe presidir el juego
político al definirse la democracia “régimen de diálogos”, pues es el consenso, hace posible que la
democracia perdure.
5. Principio de mayoría y respeto a las minorías:
El principio de la mayoría y el respeto de las minorías: el régimen democrático se define también
por actuar de acuerdo con el principio de la mayoría. A tal fin se requiere el reconocimiento del
sufragio universal, libre e igual, activo y pasivo.
El principio de la mayoría deberá adoptarse con escrupuloso respeto de las minorías, respeto que se
ve acrecentado cuando desde el Texto constitucional se exigen mayorías cualificadas, que exigen, el
diálogo entre mayorías-minorías (Gobierno-Oposición), que por lo general, atañen a asuntos de gran
relevancia para el buen funcionamiento del sistema. Si por el contrario, se exigen en asuntos menos
relevantes, se estaría dificultando la resolución de las cuestiones. Cuando se trata de Gobiernos con
mayoría parlamentaria, no necesita de las minorías para llevar a cabo su programa de gobierno.
6. Respeto de las minorías:
La Oposición política En la democracia como método tanto peso tiene la regla de la mayoría como
el principio de respeto de las minorías, que no son mera masa pasiva de la gobernación, mucho
menos mero objeto, sino que forman parte de la vida activa del país, están integradas por titulares
de derechos y obligaciones y pueden llegar a ser mayoría, en cuyo caso se invierte la relación, pero
no el principio que la rige.
7. Principio de reversibilidad:
La democracia supone la posibilidad de optar con libertad entre las diferentes propuestas, así como
la posibilidad de modificar la opción inicial. Desde este planteamiento, las cláusulas de
intangibilidad irán en contra de este principio, pues supone la imposibilidad de modificar la opción
adoptada y consensuada, como más idónea en un momento anterior. Por esta razón la “democracia
militante” ha de ser concebida de un modo distinto a su inicial implantación en la Ley Fundamental
de Bonn, mediante la que se establecen límites expresos para la reforma constitucional.
La "democracia militante" debe ser entendida, no como de adhesión positiva a la Constitución y al
ordenamiento jurídico, sino de adhesión, sin más, a la democracia.
8. División, control y responsabilidad del poder. La Oposición:
La separación de poderes se configura como el instrumento tendente a garantizar que no sea "uno" o
"un grupo minoritario" quien concentre el poder, sino que sean distintos los órganos que lo
retengan, erigiéndose, cada uno de ellos, en mecanismos de control de los demás y asumiendo la
responsabilidad política que se deriva de su ejercicio.
La Oposición es la conciencia crítica del Gobierno, su freno.
9. Publicidad. Régimen de opinión pública:
Publicidad: frente al Antiguo Régimen, que pretende la subsistencia del Estado a través del
desconocimiento de la “cosa pública”, el liberalismo opta por un régimen de publicidad como
medida frente a la opresión y la tiranía.
El paso al Estado democrático va a incidir sobre su relevancia jurídica. Traerá consigo la necesidad
de un régimen de opinión pública, ya que sólo cuando se haga posible la participación libre del
ciudadano, en condiciones de igualdad, en la “res pública”, la sociedad será una sociedad
democrática. "Opinión pública en la que se gesta la voluntad política de la colectividad y que
acabará manifestándose como voluntad jurídica del Estado".
10. Primacía del Derecho:
Primacía del Derecho: es lo mismo que afirmar la existencia de un "Estado de Derecho".
La vinculación a la Constitución y al ordenamiento jurídico que el Estado de Derecho exige en
democracia, se ha venido a denominar “principio de constitucionalidad” operando de distinto modo:
en los poderes públicos recae un deber positivo de acatamiento, traduciéndose en un deber de
lealtad en el ejercicio de sus competencias; en el ciudadano recae un deber negativo, debido, a que
los Textos constitucionales no regulan, las relaciones entre particulares.
La tipología de las Constituciones (Libro Estado de Derecho y democracia de
partidos: Capítulo V. Epígrafe 3. Libro El Estado Constitucional Multinivel:
Capítulo VI. Epígrafe 6).
1. Constituciones escritas y consuetudinarias.
Valdría mejor decir constituciones escritas y consuetudinaria puesto que únicamente la inglesa se
presenta con un notable contingente de costumbres junto a algunos textos escritos. El
constitucionalismo escrito es el que se ha difundido por todo el mundo y sobre el que se ha
construido casi exclusivamente la Teoría de la Constitución, con los imprescindibles recordatorios
de las excepciones inglesas. Aun así, la primera, Constitución escrita fue inglesa: el Instrumento de
Gobierno, de escasa vigencia.
2. Constituciones rígidas y flexibles.
Flexibles: pueden ser reformadas por el procedimiento legislativo ordinario.
Rígidas: establecen requisitos más exigentes para ser reformadas. La intangibilidad o absoluta
rigidez no suele ser declarada más que para unos determinados preceptos, o bien para toda la
Constitución durante un cierto tiempo. Que una constitución sea flexible no significa que sea
fácilmente reformable, puesto que los poderes públicos prefieren extremar las posibilidades de
eficacia de un texto, e incluso obviarlo mediante convenciones, antes de afrontar su reforma.
Además, aunque el procedimiento de reforma sea el ordinario, el hecho es extraordinario y se
refleja en todo el proceso.
Hoy casi todas las Constituciones son rígidas, la distinción entre ellas no se hace por su carácter
rígido o flexible, sino por el grado de rigidez adoptado.
3. Constituciones originarias y derivadas.
Originarias: Constituciones que han iniciado un modo de regulación, una forma política, o, al
menos, una institución o un principio funcional.
Derivadas: En caso contrario.
• Constituciones plenamente originarias hay muy pocas:
1. La del Reino Unido.
2. La de Estados Unidos.
3. La de Suiza.
4. El constitucionalismo soviético.
• Parcialmente originarias son: la mexicana, la alemana y la portuguesa.
4. Constituciones otorgadas, pactadas e impuestas.
Según sean las circunstancias políticas, podemos distinguir aquellas Constituciones en las que los
monarcas antes absolutos formalizaban su desprendimiento de algunas potestades y las transferían
a otro órgano del Estado, al Parlamento.
Otorgadas: fueron, la Carta francesa de 1814 y el Estatuto Real español de 1834. Hoy, son todas las
Constituciones de los Estados autocráticos, sean monárquicos o republicanos. Pactadas o pacto
constituyente: cuando en épocas de transición las principales fuerzas políticas buscan sellar un
acuerdo en lo esencial dejando las diferencias para la ulterior dialéctica Gobierno-Oposición. Ej. La
vigente Constitución española.
Impuestas o revolucionarias: aquellas originadas en un grave episodio de la vida nacional, como
una guerra, un golpe de Estado triunfante de signo no autocrático, una insurrección popular. Ej. La
francesa del 1971 y la española de 1812.
5. Tipología de Loewenstein.
Critica Loewenstein denomina clasificación ontológica a aquélla que distingue las constituciones
por su grado de normatividad y eficacia; y su grado de concordancia con la realidad política del
país. Las clasifica en:
1. Normativas- regulan eficazmente el proceso político y son observadas por todos los operadores
jurídico-constitucionales.
2. Nominales- muestran desajustes con la realidad política, que escapa parcial o temporalmente a su
normatividad, bien por inaplicación de los preceptos, bien porque la propia Constitución se proyecta
hacia el futuro, con normas programáticas, más que al presente.
3. Semánticas- aquéllas que no rigen en absoluto y no son sino fachada simuladora y encubridora
de una realidad política autocrática.
Poderes, funciones o atribuciones y responsabilidad del Jefe del Estado en la
República. (Libro Estado de Derecho y democracia de partidos: Capítulo XII,
Epígrafe 7 del libro. Libro El Estado Constitucional Multinivel: Capítulo XII,
Subepígrafes 3.3 y 3.4 del Epígrafe 3).
1. Poderes y funciones:
Se acostumbra a diferenciar entre los poderes y funciones del Presidente de la República según se
trate de un sistema presidencialista o parlamentario.
a) En el sistema parlamentario.
El Presidente de la República en un sistema parlamentario neto tiene una posición institucional
similar a la del monarca parlamentario: le están referidas muchas funciones estatales pero su
ejercicio efectivo está vaciado de contenido por la existencia de un Gobierno parlamentariamente
responsable. Estamos ante una magistratura integradora y de representación del Estado.
1. El Presidente de la República nombra al Presidente del Gobierno y, a propuesta de éste, a los
ministros. Igualmente formaliza su cese. Pero en uno y otro caso, su poder está condicionado por la
relación de fuerzas en el Parlamento y por los procedimientos de exigencia de responsabilidad
política del Gobierno.
2. En relación con el Parlamento, es frecuente que le esté atribuida su disolución, así como la
sanción y promulgación de las leyes.
3. La política exterior es dirigida por el Gobierno. Aunque al Presidente le corresponda recibir y
acreditar embajadores, ratificar tratados e incluso declarar la guerra y firmar la paz.
2. Responsabilidad:
Los presidentes republicanos son políticamente irresponsables, pero les alcanza la responsabilidad
penal por cierto tipo de delitos, lo que está excluido en las monarquías.
En las repúblicas parlamentarias la irresponsabilidad del Jefe del Estado se corresponde con la
institución del refrendo. En las repúblicas presidencialistas responde a la severa separación de
poderes constitucionalmente establecida. Por lo demás, es difícil que se den las circunstancias y
condiciones para el procesamiento criminal de un Jefe de Estado. Lo más normal y pragmático es la
presión para que dimita sin ulterior proceso, con lo que la responsabilidad penal se resuelve en
una atípica responsabilidad política.
Tipos de control de constitucionalidad (Libro Estado de Derecho y democracia
de partidos: Capítulo VII. Epígrafe 5. Libro El Estado Constitucional
Multinivel: Capítulo VIII. Epígrafe 3).
Los tipos de control existentes en el Derecho comparado obedecen fundamentalmente a tres
criterios: el momento en que se realiza, la vía utilizada y el aspecto que se enjuicia.
1. Por el momento en que se realiza el control. Puede ser:
a. Control represivo, reparador y sucesivo, tiene lugar después de promulgada la ley.
b. Control preventivo, se realiza antes de su promulgación y, por tanto, no enjuicia propiamente
una norma sino un proyecto.
2. Por la vía de impugnación utilizada. El control represivo puede instarse:
a. Por vía de acción, estamos ante el recurso de inconstitucionalidad. En él se somete la ley a un
examen de su constitucionalidad por impugnación de quien esté legitimado para ello, haya habido o
no aplicación de la ley en la que hubiera podido apreciarse su desajuste con la Constitución.
b. Por vía de excepción, estamos ante la vía incidental, excepción de inconstitucionalidad o
cuestión de inconstitucionalidad. Surge en el curso de un litigio ante un órgano judicial cuando éste
duda sobre la constitucionalidad de una ley que ha de aplicar en el caso que está resolviendo. Como
no puede dejar de aplicar la ley ni puede aplicarla si es inconstitucional, eleva la cuestión al TC y,
según éste decida, aplicará o no la ley en su sentencia.
3. Por el aspecto de la norma impugnada. El control puede ser:
a. Control formal, se enjuicia si el procedimiento seguido en la producción normativa es el
establecido en la Constitución y demás normas que regulan dicho procedimiento.
b. Control material, se aprecia la conformidad o disconformidad del contenido de la norma
enjuiciada con los preceptos constitucionales y con otras normas a los que la Constitución remite la
regulación de una materia. El conjunto de estos preceptos que sirven de parámetro o canon se llama
bloque de la constitucionalidad.
Los elementos del Estado: el poder y el derecho (Libro Estado de Derecho y
democracia de partidos: Capítulo I Epígrafes 6 y 7; Libro El Estado
Constitucional Multinivel: Capítulo l. Epígrafes 2.2.3, 2.2.4).
1. El poder, la soberanía:
1. Poder social y poder político. Institucionalización del poder.
El poder es capacidad de:
• decisión (decidir que hacer tanto uno mismo como los otros).
• y de influencia (capacidad de influir en la actuación de los demás).
Para ejercer el poder se necesita:
• fuerza (disponer de los medios necesarios para obtener el resultado pretendido).
- la fuerza se apoya en la superioridad física, en las armas, en la riqueza.
• autoridad (tiene autoridad quien es reconocido con derecho a utilizar la fuerza).
- la autoridad procede del prestigio personal o de la posición en el sistema social y político.
• todo poder combina ambos factores (fuerza y autoridad).
- según sean las proporciones de fuerza y autoridad estaremos ante un tipo de poder u otro.
La paulatina diferenciación y despersonalización del poder político ha llevado finalmente a su
institucionalización, que consiste en la distinción entre:
- el titular del poder.
- el conjunto de potestades, funciones y competencias en que el poder se manifiesta.
- el sujeto ejerciente de cada una de las funciones.
- la organización político-comunitaria en la que todo ello se inscribe.
El poder estatal democrático es el más despersonalizado e institucionalizado.
1.El derecho.
El poder del Estado se manifiesta creando y ejecutando Derecho; y viceversa, el Derecho es criatura
del poder.
El Derecho viene definido y sostenido por el poder; sin un poder que la respalde, una norma no pasa
de ser una recomendación, un consejo.
El Derecho traza cauces, líneas de conducta, define competencias y establece sanciones.
Según sea la relación poder-Derecho, así será el régimen establecido (absolutismo, estado
Democrático de derecho).
El Ordenamiento jurídico estatal es supremo y único. El Derecho estatal debe ser entendido como
Ordenamiento, como sistema de normas que está integrado por subsistemas y piezas individuales,
los cuales, únicamente adquieren plena significación en su referencia al todo (al Ordenamiento
jurídico en su conjunto).
Los órganos rectores de las Cámaras: El Presidente y la Mesa (Libro Estado de
Derecho y democracia de partidos: Capítulo XVIII. Epígrafe 10. Libro El
Estado Constitucional Multinivel: Capítulo XVI. Epígrafe 3.1: 3.1.1. y 3.1.2).
El Parlamento de hoy, no centra su vida exclusivamente en el Pleno de la Cámara. Diversos órganos
internos, con variadas funciones, facilitan su funcionamiento. Son:
1. Los órganos rectores: el Presidente y la Mesa. Los órganos ponen más su acento de sus
decisiones en la neutralidad de la aplicación del Reglamento.
2. Los representativos de los grupos parlamentarios: la Junta de Portavoces. Estos suelen llevar a la
Junta la opinión de estos, por lo que el acento de la decisión final recae más en criterios de
confrontación o de transacción política, según los casos.
EL PRESIDENTE es elegido por los miembros de la propia Cámara y su mandato suele
extenderse a toda la legislatura. Sus funciones:
1. Representación de la Cámara.
2. Dirección de los debates, concediendo y retirando la palabra.
3. Ejercicio de la disciplina parlamentaria.
4. Ejercicio de la autoridad administrativa y orden público.
5. Participación, junto a la Mesa y, en su caso, a la Junta de Portavoces, en la fijación del orden del
día del Pleno.
6. En España, el Presidente del Congreso de los Diputados dirige las consultas regias previas a la
propuesta de candidato a la Presidencia del Gobierno y la refrenda.
LA MESA es un órgano colegiado integrado por el Presidente, los Vicepresidentes y los Secretarios
de la Cámara. Sus funciones:
1. Asistencia al Presidente.
2. Participación en la fijación del orden del día.
3. Calificación de los escritos que se presentan a la Cámara.
4. Distribución del trabajo parlamentario entre las diversas Comisiones.
El régimen demoliberal como Estado de partidos. (Capítulo XVI Epígrafe 3
Libro Estado de Derecho y democracia de partidos. Capítulo IV. Epígrafe 7
Libro El Estado Constitucional).
El Parlamento fue en su inicio una agencia representativa que presentaba ante el Rey demandas,
peticiones y quejas. En él estaban presentes los estamentos. Poder no había más que el del Rey.
Evolución de esta institución: la época clave de la transición fue, en Inglaterra, de siglo y medio; en
el Continente, un instante revolucionario: 1789. El Parlamento pasó de ser ariete que golpeaba la
puerta del poder del Estado a situarse en su seno. El Estado ya no era el Rey, sino el Rey en
Parlamento.
El paso siguiente se dio enseguida: durante más de un siglo, en los Estados demoliberales. Ahora el
Parlamento era el Estado; los demás órganos no pasaban de ser sus delegados; él era el único que
decidía al legislar. Pero ello no ocurrió sin que el Parlamento dejara a sus espaldas la articulación de
las demandas sociales y su presentación ante el poder. Y como en política no pueden darse los
vacíos, esa zona pasó a cubrirla un ente político nuevo, el partido, encargado de llevar esas
demandadas precisamente ante el Parlamento.
Así, pues, los partidos políticos recogieron aquella función sociopolítica de agencia de demandas
que el Parlamento dejó. Y los grupos parlamentarios hicieron lo mismo dentro del Parlamento.
Las relaciones entre el partido político y su grupo parlamentario revisten una gran importancia.
Aunque se da hoy una tendencia al predominio de los dirigentes del partido sobre los del grupo
parlamentario, no es infrecuente la interpenetración de las dos estructuras con un equilibrio entre
ellas. Actualmente, hemos pasado de una concepción individualista a otra comunitaria, según la cual
los electores se identifican no con los candidatos, sino con el partido que los encuadra. La
representación proporcional ha favorecido este proceso.
En los actuales sistemas parlamentarios, el pueblo está políticamente organizado de dos formas: el
Estado y los partidos políticos. El Estado de hoy es un Estado de partidos.
La democracia actual es democracia de partidos.
Por eso, atentar contra la existencia o el libre funcionamiento de los partidos es atentar contra la
democracia.
En fin, la imbricación entre el componente partidario del Estado y su naturaleza social permite
hablar de Estado social de partidos.
Principios políticos de la Constitución de 1812: a) división de poderes b)
principio de libertad c) unidad religiosa y confesionalidad del Estado (Capítulo
I. Epígrafe 2.3.2 Libro Constitucionalismo histórico español).
1. División de poderes:
Según la Constitución de 1812:
- la potestad legislativa reside en las Cortes con el Rey
- la potestad ejecutiva reside en el Rey
- la potestad judicial reside en los tribunales establecidos por la ley.
La forma de gobierno es una Monarquía moderada: se trata de moderar la Monarquía haciéndola
compartir el poder legislativo con las Cortes.
2. Principio de libertad: los derechos fundamentales.
Las Cortes quisieron reconocer los derechos civiles y políticos, y además encontrarles raíces en la
legislación histórica española; además, las propias Cortes de Cádiz ya habían decretado la libertad
de imprenta y abolido la tortura; también habían liberalizado la economía como veremos más
adelante.
La Constitución no dedica un título específico a los derechos y libertades, sino que los reconoce y
regula en diferentes pasajes del texto:
- el artículo 4º dice que la nación ha de proteger “la libertad civil, la propiedad y los demás derechos
legítimos de todos los individuos que la componen”
- libertad y seguridad personales: se establecen los requisitos para apresar a un ciudadano y se
impone la obligación de tomarle declaración
- inviolabilidad del domicilio
- libertad de expresión del pensamiento (ya en 1810 las Cortes habían decretado la libertad de
imprenta): se establece un régimen no preventivo (de censura previa) sino represivo (posterior
enjuiciamiento de hechos delictivos)
- garantías procesales (la exigencia del juez predeterminado por la ley)
- abolición de las penas de tormento, apremio y confiscación de bienes
- derecho de petición
- derecho de sufragio (se llama indirecto en cuarto grado):
- el sufragio activo era universal masculino de los vecinos mayores de 25 años de cada parroquia:
elegían a los compromisarios parroquiales
- los compromisarios parroquiales elegían a los compromisarios del partido judicial
- y estos elegían a los diputados provinciales
- el sufragio pasivo era censitario: para ser diputado se requería una cierta renta anual procedente de
bienes propios
- este sistema electoral confiere al sistema político y a las Cortes un sesgo acusadamente burgués.
Finalmente, la Constitución prevé la posible suspensión de estos derechos por circunstancias
excepcionales, pero siempre por tiempo limitado.
3. Unidad religiosa y confesionalidad del Estado.
Queda prohibido el ejercicio de toda religión distinta de la católica, apostólica y romana, que es “la
única verdadera” y “es y será perpetuamente” la religión de la nación española. De no haber
establecido este principio, los propios constituyentes eran conscientes de que se hubiera
desencadenado “toda la violencia teológica y furia del clero”.
También el Preámbulo de la Constitución dice: “En el nombre de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y
Espíritu Santo, autor y supremo legislador de la sociedad”.
Otras disposiciones eran:
- en todas las escuelas se debía enseñar el catecismo católico
- en cuanto a la libertad de imprenta, se mantenía la censura previa en materia religiosa (era la única
excepción): estaba prohibido publicar nada contra la religión católica y se mantuvo el delito de
herejía (que juzgaba la jurisdicción eclesiástica)
- por otra parte:
se prohibió la inquisición en 1813 (lo que desató las iras del integrismo religioso)
se procedió, cuando se pudo, a la desamortización de los bienes eclesiásticos. Por su parte,
la Iglesia se opuso a los Decretos de las Cortes de Cádiz, como los de libertad de imprenta,
abolición de la inquisición, etc.
Principios políticos de la Constitución de 1931: Democracia; Liberalismo
político y Regionalismo. Libro Constitucionalismo Histórico Español. Capítulo
VI. Ep. 3: 3.1; 3.2 y 3.3).
a) Democracia.
El principio democrático se refleja en:
1. Soberanía popular (frente al principio de Constitución interna y soberanía compartida de la
Constitución de la restauración):
- pueblo en lugar de nación: los poderes de todos los órganos del Estado “emanan del pueblo”.
- no obstante, a lo largo de la Constitución se utiliza indistintamente el término pueblo y el de
nación.
- no se habla de soberanía del Estado (como hacía el proyecto de Constitución de Primo de Rivera).
2. Sufragio universal, igualdad de derechos electorales de hombres y mujeres mayores de 23 años
3. Participación política directa:
- la Constitución establece una democracia representativa: la potestad legislativa reside en el pueblo
“que la ejerce por medio de las Cortes).
- pero prevé tres formas de participación directa (con muchas limitaciones: se precisaba nada menos
que el 15% de los electores, por lo que estas iniciativas fueron impracticables): - la iniciativa
popular
- el refrendo abrogatorio de las leyes aprobadas por las Cortes.
- diferente fue el caso del referéndum o refrendo (que denomina plebiscito) para aprobar los
Estatutos regionales.
4. Instituciones políticas representativas:
- las Cortes, el Presidente de la República y el Gobierno.
b) Liberalismo político: garantías de los derechos y división de poderes.
El liberalismo político se plasma en:
1. La declaración de derechos:
• se señalan los derechos civiles y políticos liberales del siglo XIX (es novedoso el derecho de
sindicación de los funcionarios).
• además, se plasman derechos relativos a la familia, a la economía y a la cultura.
• se urge al legislador a crear tribunales de urgencia para hacer efectivo su amparo; este sistema
culminaba en el Tribunal de Garantías Constitucionales.
• algunos derechos (los relativos a la libertad personal, de circulación y residencia, de emigración e
inmigración, de expresión, de reunión y manifestación, de asociación, y sindicación y la
inviolabilidad del domicilio) podían ser suspendidos mediante decreto del Gobierno en situaciones
excepcionales, con una duración de no más de treinta días y su prórroga necesitaba el previo
acuerdo parlamentario.
• por otra parte, la Ley de Defensa de la República (elevada a rango constitucional) permitía dejar
sin efecto los derechos y prolongar el estado de excepción, a juicio del Gobierno y por causas no
bien determinadas.
• finalmente, la Ley de Responsabilidades (también elevada a rango constitucional) no casaba bien
con las garantías constitucionales, ya que su misión era depurar las responsabilidades contraídas
durante el régimen anterior.
2. La distribución orgánica del poder político:
• por una parte, para evitar los males de la restauración, se prefería el fortalecimiento y hegemonía
del Parlamento (que era monocameral: sólo Congreso de los Diputados) frente al Gobierno y a la
Jefatura del Estado.
• además, el Gobierno se hallaba sometido a una difícil doble confianza: la de las Cortes y la del
Presidente de la República.
• por otra parte, en ese periodo el Estado ya era crecientemente intervencionista, por lo que se
necesitaba un Gobierno ágil, no demasiado dependiente del Parlamento.
• el resultado fue un complejo parlamentarismo atenuado.
• finalmente, el Presidente de la República se veía muy limitado en su actuación por las Cortes y por
el Gobierno.
c) Regionalismo.
Ya el pacto de San Sebastián de 1930 hablaba de autonomía regional, refiriéndose sobre todo a
Cataluña:
- tras proclamar Maciá la República catalana, el Gobierno Provisional le tuvo que convencer para
que restaurase la Generelitat e iniciase el proceso autonómico.
- por ello, la elaboración del Estatuto de autonomía de Cataluña se comenzó nada más proclamarse
la República.
- el Estatuto catalán se aprobó en 1932, nada más aprobarse la Constitución. Se quería afrontar el
problema regional de una manera abierta sin perjuicio de la unidad nacional:
- había una conciencia generalizada de que el problema catalán se había agravado debido al
centralismo de los últimos dos siglos.
- según Ortega el problema catalán no tenía solución, “no cabe sino conllevarlo, dándole en cada
momento la mejor solución posible”.
- se optó por lo que se denominó Estado integral (equidistante entre el Estado unitario y el Estado
federal), cuyas ideas rectoras eran:
- igualdad de todos los españoles en las diversas regiones.
- superioridad del Derecho creado por los órganos centrales del Estado.
- los estatutos de autonomía debían ser propuestos por los Ayuntamientos de las provincias
interesadas, aprobados en referendo regional y de nuevo aprobados por las Cortes (que los podían
modificar, como se hizo con el catalán y, más adelante, con el vasco).
- la autonomía era una facultad, no una obligación; es más, cualquier provincia de una región podía
renunciar a la autonomía y volver al régimen de vinculación con el poder central.
- la prohibición de las federaciones de regiones autónomas.
- el reparto de competencias quedaba de la siguiente manera:
- la Constitución contenía una lista de materias cuya legislación y ejecución correspondía en
exclusiva al poder central.
- otra lista de materias correspondía también su legislación al poder central, pero podía pasar su
ejecución a las regiones si las materias eran incluidas en los Estatutos de autonomía.
- las regiones podían legislar y ejecutar en las materias no incluidas en los dos listados anteriores,
siempre que figurasen expresamente en sus Estatutos de autonomía.
- las materias no incluidas en las dos listas ni en los Estatutos eran competencia del poder central;
no obstante, este podía transferir estas materias a las regiones.
- finalmente, las Cortes podían fijar por ley las bases a las que debía ajustarse la legislación de las
regiones autónomas, para armonizar los intereses regionales y nacionales; no obstante, se precisaba
que el Tribunal de Garantías Constitucionales apreciase la necesidad de fijar estas bases.
Sólo llegaron a término el proceso autonómico catalán y el vasco (este último con muchas
dificultades: Navarra se salió y a punto estuvo de salirse también Álava; se aprobó por las Cortes ya
iniciada la guerra civil); el gallego llegó a aprobarse en referendo, pero no por las Cortes ni
promulgado. Otros Estatutos se iniciaron, pero quedaron en el proceso de elaboración.
El Estado Social de Derecho (Libro Estado de Derecho y democracia de
partidos: Cap.111. Epígrafes 2.2 El Estado social de Derecho (2.2.1 y 2.2.2).
Libro Estado Constitucional Multinivel: Cap. III. Epígrafe 2 El Estado Social de
Derecho (2.1 y 2.2).
1) Nacimiento y consolidación:
La expresión Estado social de Derecho apareció en la República de Weimar, acuñada por H.
Héller en oposición al Estado liberal y al totalitarismo. El adjetivo social aludía a una intervención
estatal en la sociedad y en la economía para ponerla al servicio de los objetivos de igualdad y de
justicia. El Estado social, tras la Segunda Guerra Mundial, ha derivado en Estado de bienestar
social, que pretende una economía organizada, concertada, dirigida o planificada si fuera preciso.
La idea fundamental, es la de que la armonía económica y social no viene preestablecida ni es
consecuencia automática de la libre concurrencia. Hay que crearla interviniendo en el mercado.
El hecho de que el Estado haya asumido dentro de sus potestades las de índole económica, ha
pasado a ser uno de los elementos constitutivos de la soberanía de nuestro tiempo. La soberanía
económica del Estado aparece como condición imprescindible para que éste pueda cumplir dos
funciones que le son esenciales: conservarse a sí mismo y asegurar el orden y el bienestar de la
sociedad que lo sustenta.
2) Un tipo diferente de Estado:
El Estado de bienestar social ha cubierto una etapa de desarrollo económico que abarca desde el fin
de la SGM hasta la crisis energética de 1973. El Estado regula las relaciones laborales, arbitra en los
conflictos y asume buena parte de la financiación de la Seguridad Social. Una de las consecuencias
de la socialidad del Estado que más profunda huella ha dejado en la parte orgánica de las
constituciones ha sido el nuevo diseño de las relaciones entre el Parlamento y el Gobierno.
El Estado busca una estabilidad institucional. El parlamentarismo liberal es visto como un peligro
que sólo puede evitarse fortaleciendo el Gobierno. Pero el crecimiento del Gobierno es inseparable
del de la Administración. La magnitud del Estado no equivale a su fortaleza. El Estado liberal era
mínimo, pero todo lo fuerte que necesitaba ser. El Estado social es máximo en su magnitud y
complejidad, pero no deja de dar muestras de debilidad en algunos aspectos. No es infrecuente verlo
desestabilizado ante una huelga salvaje realizada por un par de centenares de profesionales
estratégicamente situados en el proceso1876 productivo e integrados en un sindicato corporativista
e insolidario.
El Estado social, por tanto, responde a una idea estatal que busca conjugar su crecimiento con la
libertad de los individuos y de los grupos, su magnitud y complejidad con su eficacia, su
permeabilidad respecto de las organizaciones sociales con su ejercicio legítimo de la soberanía.
Principios políticos de la Constitución de 1876.
La Constitución interna y la soberanía compartida.
La Constitución interna está formada por aquellos aspectos históricos en los que todos están
conformes, es decir, la Monarquía hereditaria y las Cortes (según Cánovas, estas instituciones
resumen la política y la vida nacional de muchos siglos): el Rey representa la autoridad y las Cortes
la libertad; ambas instituciones se necesitan, contraponen y equilibran.
Aunque en teoría la soberanía era compartida entre el Rey y las Cortes, en la práctica no había tal
equilibrio institucional (ya que en la realidad la Constitución interna consistía en la soberanía regia:
la constitución interna era más monárquica que parlamentaria):
- las Cortes (bicamerales) no podían deliberar sobre la Monarquía.
- pero el Gobierno (el Rey, que tenía la potestad ejecutiva) no sólo reguló los preceptos
constitucionales sobre las Cortes, sino que cuando las Cortes no se sometían al ejecutivo podía
suspender sus sesiones o disolverlas.
- por eso, dice el profesor, las Cortes no eran más que un órgano colaborador del poder ejecutivo.
La doble confianza y el turno de partidos.
Se puede decir que existen 3 niveles constitucionales:
- la constitución interna (que es previa) define una Monarquía hereditaria y las Cortes.
- la constitución escrita define una Monarquía limitada.
- la constitución consuetudinaria o práctica perfila un sistema parlamentario inspirado en el modelo
inglés, cuyos dos principios esenciales son la doble confianza y el turno de partidos.
En la Monarquía constitucional, el Gobierno debía contar no sólo con la confianza regia (como en
las Constituciones anteriores), sino también con la parlamentaria; en efecto:
- el Rey nombraba libremente a su gobierno.
- el Parlamento podía forzar un cambio de gobierno; no obstante, a la desconfianza parlamentaria
podía el Rey responder con la disolución de las Cámaras o con la suspensión de sus sesiones.
El turno de partidos que facilitaba la Constitución escrita fue desvirtuado y falseado por la
Constitución consuetudinaria debido a la constante manipulación de las elecciones (debido a que se
restaura la monarquía, pero también se restaura el poder de la burguesía latifundista agraria que
dirige los destinos de la nación desde la época moderada, porque apenas se hicieron reformas
económicas y sociales), lo que terminó desprestigiando a las Cortes, y fundamentalmente a la
Corona.
Doctrinarismo transaccional en materia de derechos y libertades.
Cánovas, como doctrinario, estaba en contra del iusnaturalismo, el sufragio universal y la libertad
religiosa; pero era más transaccional que doctrinario; así, la Constitución de 1876:
- no reconocía el sufragio universal, pero posibilitaba su incorporación al sistema político mediante
ley ordinaria.
- no apoyaba la libertad religiosa plena, pero tampoco la religión única: establecía la tolerancia
religiosa.
- además, la Constitución dejó abierta la posibilidad del desarrollo legal de los derechos y
libertades. Aunque la declaración de derechos es similar a la de la Constitución de 1869, hay
algunas diferencias.
Los principios políticos de la Constitución de 1876.
La Constitución interna y la soberanía compartida.
La Constitución interna está formada por aquellos aspectos históricos en los que todos están
conformes, es decir, la Monarquía hereditaria y las Cortes (según Cánovas, estas instituciones
resumen la política y la vida nacional de muchos siglos): el Rey representa la autoridad y las Cortes
la libertad; ambas instituciones se necesitan, contraponen y equilibran.
Aunque en teoría la soberanía era compartida entre el Rey y las Cortes, en la práctica no había tal
equilibrio institucional (ya que en la realidad la Constitución interna consistía en la soberanía regia:
la constitución interna era más monárquica que parlamentaria):
- las Cortes (bicamerales) no podían deliberar sobre la Monarquía.
- pero el Gobierno (el Rey, que tenía la potestad ejecutiva) no sólo reguló los preceptos
constitucionales sobre las Cortes, sino que cuando las Cortes no se sometían al ejecutivo podía
suspender sus sesiones o disolverlas - por eso, dice el profesor, las Cortes no eran más que un
órgano colaborador del poder ejecutivo.
La doble confianza y el turno de partidos.
Se puede decir que existen 3 niveles constitucionales:
- la constitución interna (que es previa) define una Monarquía hereditaria y las Cortes - la
constitución escrita define una Monarquía limitada.
- la constitución consuetudinaria o práctica perfila un sistema parlamentario inspirado en el modelo
inglés, cuyos dos principios esenciales son la doble confianza y el turno de partidos.
En la Monarquía constitucional, el Gobierno debía contar no sólo con la confianza regia (como en
las Constituciones anteriores), sino también con la parlamentaria; en efecto:
- el Rey nombraba libremente a su gobierno.
- el Parlamento podía forzar un cambio de gobierno; no obstante, a la desconfianza parlamentaria
podía el Rey responder con la disolución de las Cámaras o con la suspensión de sus sesiones.
El turno de partidos que facilitaba la Constitución escrita fue desvirtuado y falseado por la
Constitución consuetudinaria debido a la constante manipulación de las elecciones (debido a que se
restaura la monarquía, pero también se restaura el poder de la burguesía latifundista agraria que
dirige los destinos de la nación desde la época moderada, porque apenas se hicieron reformas
económicas y sociales), lo que terminó desprestigiando a las Cortes, y fundamentalmente a la
Corona.
Doctrinarismo transaccional en materia de derechos y libertades.
Cánovas, como doctrinario, estaba en contra del iusnaturalismo, el sufragio universal y la libertad
religiosa; pero era más transaccional que doctrinario; así, la Constitución de 1876:
- no reconocía el sufragio universal, pero posibilitaba su incorporación al sistema político mediante
ley ordinaria.
- no apoyaba la libertad religiosa plena, pero tampoco la religión única:
-establecía la tolerancia religiosa.
- además, la Constitución dejó abierta la posibilidad del desarrollo legal de los derechos y
libertades. Aunque la declaración de derechos es similar a la de la Constitución de 1869, hay
algunas diferencias.
Principios políticos de la Constitución de 1869.
1. Democracia.
El principio democrático se plasma en el reconocimiento:
- de la soberanía (y poder constituyente) nacional (“La soberanía reside esencialmente en la nación,
de la cual emanan todos los poderes”).
- y de su correlato lógico, el sufragio universal (masculino), que ya había sido establecido por un
Decreto de 1868 para facilitar la participación electoral para las Cortes Constituyentes; la mayoría
de edad electoral se fijaba en veinticinco años:
- Cánovas, en el debate constituyente, combatió el sufragio universal: si se excluía a las mujeres,
¿por qué no excluir a los ignorantes o a los mendigos?
3. Monarquía parlamentaria.
Ya tras la Gloriosa Revolución d septiembre de 1868 el Gobierno Provisional había apostado por la
monarquía (aunque no borbónica); había de ser una monarquía democrática, lo que en un Estado
representativo es decir monarquía parlamentaria.
A su vez, el liberalismo del régimen se plasmó en la división de poderes:
- las Cortes bicamerales poseen el poder legislativo.
- el Rey ejerce el poder ejecutivo por medio de sus ministros.
- el poder judicial se atribuyó a los tribunales.
Es un sistema parlamentario porque el Gobierno está sometido al control de las Cortes (necesita la
confianza de éstas para mantenerse); recíprocamente, el Gobierno puede responder con un Decreto
regio de disolución de las Cortes. Además, es un sistema parlamentario atenuado porque el
Gobierno necesita de la confianza no sólo de las Cortes, sino también del Rey (“El Rey nombra y
separa libremente a sus ministros”).
Sistemas de gobierno: parlamentario y presidencialista. (Tema XIII. Ep. 2 del
Programa. Lección 8.Ep.6 Libro Estado de Derecho y democracia de partidos.
Capítulo VII. Ep. 3 del Libro El Estado Constitucional).
CARACTERES DEL SISTEMA PARLAMENTARIO.
El único elemento esencial de este sistema es: la relación de confianza entre el Gobierno y el
Parlamento. Estamos pues, ante un sistema de unión dinámica de poderes, de interrelación de los
poderes en su origen y permanencia y de colaboración funcional entre ellos.
Destacamos:
1. El Parlamento y, en ocasiones, el Jefe del Estado, procede del cuerpo electoral.
2. Si el Parlamento es bicameral y una de las Cámaras no es de extracción democrática, ésta no
tiene facultades relevantes en relación con el Gobierno.
3. Cuando el Jefe del Estado es elegido por sufragio universal, en ningún caso le corresponde al
Presidente exigir la responsabilidad del Gobierno.
4. Menos aún poseen esta facultad los monarcas y los Presidentes de República no elegidos
popularmente.
5. El ejecutivo dualista: el Jefe del Estado y el Gobierno. Lo hay solo en Francia. En los demás
casos (en las monarquías) la presencia e intervención del Jefe de Estado en el Gobierno tiene más
carácter simbólico que de poder efectivo. Por eso los Jefes de Estado son políticamente
irresponsables y sus actos han de ir refrendados por un miembro del Gobierno el cual asume la
responsabilidad.
6. La dirección política es del Gobierno. Dos de las facultades más importantes son: la elaboración
de los Presupuestos y la iniciativa legislativa.
7. El Parlamento aprueba las leyes, para que el Gobierno desarrolle su programa. Controla así
mismo la política gubernamental mediante la actividad rogatoria y las comisiones de investigación
que estime oportuno constituir, amén de poder exigirle su responsabilidad política.
8. El Gobierno responde solidariamente ante el Parlamento.
9. El Gobierno tiene la facultad de disolver el Parlamento. La disolución es, en última instancia, una
apelación al pueblo para que confirme o cambie la Mayora y, con ella, el Gobierno.
SISTEMA PRESIDENCIALISTA.
Tiene dos centros de impulsión política de igual o similar legitimidad electoral: El Presidente y el
Parlamento, lo cual avala igualdad de poderes, aunque la Constitución de Estados Unidos se
inclinó por una separación neta de ambos.
El poder ejecutivo corresponde al Presidente, no al Gobierno. En realidad, no existe Gobierno sino
secretarios del Presidente. El Presidente designa a los secretarios entre personas no pertenecientes a
las Cámaras. La separación de poderes, sin embargo, no es tan radical que no haya relación alguna
entre ellos:
- El Presidente no tiene iniciativa legislativa.
- El Congreso puede conferir una delegación legislativa al Presidente.
- El Presidente tiene derecho de veto sobre las leyes aprobadas por el Congreso, que éste no puede
superar sino con una mayoría de dos tercios, realmente difícil de alcanzar.
- El Senado ha de aprobar el nombramiento presidencial de los altos cargos públicos.
- El Senado tiene asimismo importantes facultades en política internacional.
- El Presidente no puede disolver el Congreso, ni una de sus Cámaras, y éstas no pueden exigir
responsabilidad política a aquél ni a los secretarios.
Es frecuente que el Presidente y la mayoría parlamentaria sean de diferente partido, e incluso que
difieran los de una y otra Cámara. La separación de poderes ha dado paso a la colaboración entre
ellos.
Las relaciones dependen sobre todo de la personalidad del Presidente, del liderazgo nacional que
ejerza y de su capacidad para comunicarse directamente con el electorado y generar una opinión
publica favorable a su política.
Constitución de 1812: Principios políticos: a) Soberanía nacional y mandato
representativo b) División de poderes c) Libertad d) Igualdad c) Unidad religiosa
(Tema XV del Programa. Capítulo II del Libro Constitucionalismo Histórico
español).
1. Soberanía nacional y mandato representativo: la democracia representativa.
El talante democrático de la Constitución se manifiesta en el principio de soberanía nacional, que se
instrumenta mediante el sufragio universal:
- ya en su primea reunión de septiembre, los diputados declaran que las Cortes representan a la
nación española, y en las Cortes reside la soberanía nacional esto es: soberanía nacional, Cortes
representativas de la nación y, consecuentemente, ejercicio parlamentario de esa soberanía.
- como decía Muñoz Torrero: “a la nación, como soberana, es a la única que le corresponde el
derecho de establecer sus leyes fundamentales y de determinar su forma de gobierno”; así, el
preámbulo de la Constitución dice que las Cortes, como representantes de la nación, ejercen el
poder constituyente.
- artículo 2º: la nación española es libre e independiente y no es ni puede ser patrimonio de ninguna
familia ni persona.
- artículo 1º: la nación española está integrada por todos los españoles de ambos hemisferios
[incluye a las colonias americanas]; es decir, nación es sinónimo de pueblo, y soberanía nacional de
soberanía popular.
- finalmente, el Rey lo es “por la gracia de Dios y de la Constitución”, y queda obligado a guardarla
y hacerla guardar.
Además, la Constitución adoptó el modelo de mandato representativo (al no existir instituciones de
participación popular directa).
2. División de poderes.
Según la Constitución de 1812:
- la potestad legislativa reside en las Cortes con el Rey.
- la potestad ejecutiva reside en el Rey.
- la potestad judicial reside en los tribunales establecidos por la ley.
La forma de gobierno es una Monarquía moderada: se trata de moderar la Monarquía haciéndola
compartir el poder legislativo con las Cortes.
3. Principio de libertad: los derechos fundamentales.
Las Cortes quisieron reconocer los derechos civiles y políticos, y además encontrarles raíces en la
legislación histórica española; además, las propias Cortes de Cádiz ya habían decretado la libertad
de imprenta y abolido la tortura; también habían liberalizado la economía como veremos más
adelante.
La Constitución no dedica un título específico a los derechos y libertades, sino que los reconoce y
regula en diferentes pasajes del texto:
- el artículo 4º dice que la nación ha de proteger “la libertad civil, la propiedad y los demás derechos
legítimos de todos los individuos que la componen”.
- libertad y seguridad personales: se establecen los requisitos para apresar a un ciudadano y se
impone la obligación de tomarle declaración.
- inviolabilidad del domicilio. - libertad de expresión del pensamiento (ya en 1810 las Cortes habían
decretado la libertad de imprenta): se establece un régimen no preventivo (de censura previa) sino
represivo (posterior enjuiciamiento de hechos delictivos).
- garantías procesales (la exigencia del juez predeterminado por la ley).
- abolición de las penas de tormento, apremio y confiscación de bienes.
- derecho de petición.
- derecho de sufragio (se llama indirecto en cuarto grado):
- el sufragio activo era universal masculino de los vecinos mayores de 25 años de cada parroquia:
elegían a los compromisarios.
- los compromisarios parroquiales elegían a los compromisarios del partido judicial - y estos elegían
a los diputados provinciales.
- el sufragio pasivo era censitario: para ser diputado se requería una cierta renta anual procedente de
bienes propios.
4. Principio de igualdad.
Un Decreto de Cortes de 1811 suprimió los señoríos con todas sus prestaciones y privilegios;
también abolió la prueba de nobleza para el acceso a funciones públicas.
El principio de igualdad significa que la ley protege a todos los españoles por igual, y se manifiesta:
- en la unidad de códigos (civil, mercantil, penal) para todos los españoles, aunque se deja la
posibilidad de la legislación territorial foral.
- en la unidad de fueros (todos están sometidos al mismo poder judicial), aunque se exceptúan los
fueros eclesiástico y militar.
5. Unidad religiosa y confesionalidad del Estado.
Queda prohibido el ejercicio de toda religión distinta de la católica, apostólica y romana, que es “la
única verdadera” y “es y será perpetuamente” la religión de la nación española. De no haber
establecido este principio, los propios constituyentes eran conscientes de que se hubiera
desencadenado “toda la violencia teológica y furia del clero”.
También el Preámbulo de la Constitución dice: “En el nombre de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y
Espíritu Santo, autor y supremo legislador de la sociedad”.
Otras disposiciones eran:
- en todas las escuelas se debía enseñar el catecismo católico.
- en cuanto a la libertad de imprenta, se mantenía la censura previa en materia religiosa (era la única
excepción): estaba prohibido publicar nada contra la religión católica y se mantuvo el delito de
herejía (que juzgaba la jurisdicción eclesiástica).
- por otra parte:
se prohibió la inquisición en 1813 (lo que desató las iras del integrismo religioso).
se procedió, cuando se pudo, a la desamortización de los bienes eclesiásticos.
Por su parte, la Iglesia se opuso a los Decretos de las Cortes de Cádiz, como los de libertad de
imprenta, abolición de la inquisición, etc.
Principios políticos del régimen de la Restauración: a) Constitución interna y
soberanía compartida; b) Doble confianza y turno de partidos; c) Tolerancia
religiosa (Tema XVII. Capítulo V, epígrafi2 3, de "Constitucionalismo Histórico
Español", de Antonio Torres del Moral).
a) La Constitución interna y la soberanía compartida.
La Constitución interna está formada por aquellos aspectos históricos en los que todos están
conformes, es decir, la Monarquía hereditaria y las Cortes (según Cánovas, estas instituciones
resumen la política y la vida nacional de muchos siglos): el Rey representa la autoridad y las Cortes
la libertad; ambas instituciones se necesitan, contraponen y equilibran.
Aunque en teoría la soberanía era compartida entre el Rey y las Cortes, en la práctica no había tal
equilibrio institucional (ya que en la realidad la Constitución interna consistía en la soberanía regia:
la constitución interna era más monárquica que parlamentaria):
- las Cortes (bicamerales) no podían deliberar sobre la Monarquía
- pero el Gobierno (el Rey, que tenía la potestad ejecutiva) no sólo reguló los preceptos
constitucionales sobre las Cortes, sino que cuando las Cortes no se sometían al ejecutivo podía
suspender sus sesiones o disolverlas
- por eso, dice el profesor, las Cortes no eran más que un órgano colaborador del poder ejecutivo
b) La doble confianza y el turno de partidos.
Se puede decir que existen 3 niveles constitucionales:
- la constitución interna (que es previa) define una Monarquía hereditaria y las Cortes
- la constitución escrita define una Monarquía limitada
- la constitución consuetudinaria o práctica perfila un sistema parlamentario inspirado en el modelo
inglés, cuyos dos principios esenciales son la doble confianza y el turno de partidos.
En la Monarquía constitucional, el Gobierno debía contar no sólo con la confianza regia (como en
las Constituciones anteriores), sino también con la parlamentaria; en efecto:
- el Rey nombraba libremente a su gobierno
- el Parlamento podía forzar un cambio de gobierno; no obstante, a la desconfianza parlamentaria
podía el Rey responder con la disolución de las Cámaras o con la suspensión de sus sesiones.
El turno de partidos que facilitaba la Constitución escrita fue desvirtuado y falseado por la
Constitución consuetudinaria debido a la constante manipulación de las elecciones (debido a que se
restaura la monarquía, pero también se restaura el poder de la burguesía latifundista agraria que
dirige los destinos de la nación desde la época moderada, porque apenas se hicieron reformas
económicas y sociales), lo que terminó desprestigiando a las Cortes, y fundamentalmente a la
Corona.
C) . Tolerancia religiosa.
Cánovas se inclinó por una fórmula ecléctica entre la fórmula elusiva de 1837, la unidad religiosa
de 1845 y la libertad religiosa de 1869: la tolerancia religiosa sería regulada por órdenes
ministeriales (ya que los conservadores defendían que la Constitución interna comprendía la unidad
religiosa, pero los liberales decían que lo tradicional en España era la tolerancia); como
compensación de esta ambigüedad, tuvo que reconocer el catolicismo como la religión del Estado.
Posteriormente, los gobiernos conservadores de Cánovas fueron restrictivos en cuanto a la
tolerancia religiosa, pero a partir de 1910 Canalejas fue mucho más liberal.
Es sorprendente el contraste entre los privilegios que tenía la Iglesia (confesionalidad,
representación en el Senado, apoyo económico, participación en la educación) y el sentimiento de
recelo y casi de sentirse perseguida que esta misma Iglesia mostraba.
Estado federal y Estado Regional. (Capítulo XXIII. Epígrafe 9 libro Estado de
Derecho y democracia de partidos. Capítulo XIII Epígrafes 2. l, 2.3 y 2.4 libro El
Estado Constitucional).
El Estado regional, es una forma política reciente. Data de la II República española, cuya
Constitución (1931) lo denominaba Estado integral, acaso para indicar que la autonomía que se
reconocía a las regiones no rompía la unidad e integridad territorial.
La Constitución española vigente, sobre el precedente mencionado, ha instaurado una organización
regional del poder que ha sido bautizada por la doctrina y la jurisprudencia como Estado
autonómico. Se reconoce la autonomía política, no soberanía, de las distintas regiones y
nacionalidades, denominadas CCAA. En 1983 terminaron de aprobarse todos los estatutos,
asumiendo unos, autonomía plena y otros limitada.
La diferenciación entre los Estados federal y regional podría cifrarse en las mayores competencias
de los entes federados.
Es preferible, pues, guiarse por criterios formales:
1. Las regiones o comunidades autónomas no tienen poder constituyente. Los entes federados, sí,
aunque constituido y limitado.
2. Un estatuto de autonomía regional debe ser aprobado por el Parlamento, aunque en su
elaboración hayan tenido las regiones un protagonismo decisivo. En cambio, la Constitución de un
ente federado es aprobada por éste con el único límite de no vulnerar la Constitución federal.
Concepto y caracteres del Poder Constituyente (Tema V del programa: Lección
8º, epígrafes: 3.2 y 3.3 de Estado de Derecho y democracia de partidos de
Antonio Torres del Moral y Lección 7ª, epígrafes: 1.2 y 1.3 de Estado
Constitucional de Antonia y Florentina Navas Castillo).
Concepto y caracteres del poder constituyente
Podemos definir dos conceptos de poder constituyente:
1. Concepto amplio y neutro: es la voluntad política cuya dureza o autoridad es capaz de adoptar
la concreta decisión de conjunto sobre modo y forma de la propia existencia política.
2. Concepto estricto: como la voluntad política del pueblo que decide sobre su propia existencia
democrática.
Los caracteres del poder constituyente se deducen de su concepto y del concepto de la soberanía
popular:
a) En un poder originario o radical: tiene su raíz en el propio pueblo.
b) Es extraordinario: actúa sólo en momentos fundacionales o de cambio político de cierta entidad.
c) Es permanente, aunque de ejercicio discontinuo.
d) Es unitario e indivisible, en el sentido y en la medida en que lo es su titular, bien que integrado
por millones de individuos.
e) Es inalienable, como lo es la soberanía y todo elemento del Estado.
f) Su ejercicio no tiene más condición que la democracia: tanto en el procedimiento seguido
como en el resultado final.
Tipología:
Todo está formulado sin diferenciar entre posibles tipos de poder Constituyente, como si el único
modo de expresión de éste fuera la aprobación de una Constitución. Pero no cabe duda de que
también lo es la reforma constitucional.
Se acostumbra a llamar poder constituyente originario al primero; y poder constituyente
constituido al segundo, también llamado poder constituyente derivado, o simplemente poder de
reforma o de revisión constitucional.
a) Poder constituyente originario: es previo a la Constitución, hace la Constitución.
b) Poder constituyente constituido: es obra de la Constitución, la cual lo regula y somete a
procedimiento, se dice de él que ocupa una posición intermedia entre el poder constituyente
originario y el poder legislativo. Este puede modificar la Constitución.
El Estado social y democrático de Derecho. (Tema II del programa: Lección 3ª,
epígrafes 5 y 6 de Estado de Derecho y democracia de partidos de Antonio
Torres del Moral y Capítulo 3 0, epígrafes 3, 3.1 y 3.2 de Estado Constitucional
de Antonia Navas Castillo).
La Constitución Española, dice que España se constituye en un Estado social y democrático de
Derecho.
Hay que partir de un entendimiento unitario de dicha fórmula: Ni es sólo Estado de Derecho, ni sólo
Estado social, ni sólo democracia, sino que cada uno de esos enunciados condiciona y nutre a los
demás: La fórmula es compleja y en la reciprocidad de sus elementos debe ser entendida.
Dicha reciprocidad es considerada por muchos como incompatible, principalmente porque el Estado
social puede trastocar las líneas maestras de un Estado de Derecho y de una democracia entendidos
al modo liberal.
Esta crítica contiene una lícita existencia, a saber: que cualquier intervención de los poderes
públicos en la esfera social y económica ha de hacerse con respeto de los controles y de los
procedimientos jurídicos.
El Estado social y democrático de Derecho representa un estadio en el que, a la vieja aspiración de
la limitación jurídica del poder se le une la de que, sin embargo, ese poder actúe e incida en la
sociedad para remodelarla, lo que sólo puede hacer lícitamente ese poder si está legitimado
democráticamente, si respeta los procedimientos jurídicos, si garantiza los derechos y libertades, si
es responsable de su actuación y si no bloquea los mecanismos de reversibilidad de sus opciones
políticas.
En conclusión: La plenitud del Estado social y democrático de Derecho consiste en un sistema de
solidaridad nacional gestionado por los poderes públicos con participación ciudadana efectiva y
con respeto a la primacía del Derecho y de los derechos.
Funciones del Parlamento: la función legislativa. (Tema XII del programa:
Lección 19, epígrafe 3 de Estado de Derecho y democracia de partidos de
Antonio Torres del Moral y Capítulo 16, epígrafes 6 y 6.1 Estado Constitucional
de Antonia Navas Castillo).
Desde el origen del régimen constitucional se considera que es el Parlamento, como representante
de la voluntad general, el único legitimado para legislar, pero su función legislativa ha sufrido una
considerable transformación en el Estado social de partidos. El estado social de partidos ha hecho el
resto:
a) Como Estado Social, ha de atender demandas urgentes que no pueden esperar el ritmo
parlamentario de producción legislativa; por eso se habilita al Gobierno para dictar normas con
rango de ley.
b) Como Estado de Partidos, la dialéctica política se establece entre el partido que domina el
Parlamento con su mayoría y que ocupa el Gobierno y el partido que queda en minoría, en la
Oposición. El partido del Gobierno dirige al Parlamento, casi monopoliza la iniciativa legislativa.
c) El Estado de partidos, que ha transformado el sistema parlamentario en sistema de Gabinete e
incluso de Primer Ministro, ha facilitado una cierta fungibilidad entre la ley y la norma
gubernamental con fuerza de ley. Pero si ese Estado social de partidos es un Estado democrático de
Derecho, las normas gubernamentales con fuerza de ley (decreto- ley y la legislación delegada)
deben ser excepción a la regla de la legislación parlamentaria y someterse a un estricto control por
parte de la Cámara. La construcción del Estado autonómico ha determinado el reconocimiento de
una pluralidad de centro de producción legislativa.
Órganos constitucionales de la Constitución de 1931: Las Cortes y el Presidente
de la República. (Libro Constitucionalismo histórico español. Cap. VI. Ep. 4: 4.1
y 4.2).
a) Las Cortes.
1. Monocameralismo.
Esta Constitución vuelve al modelo monocameral (Congreso de los Diputados) de la de 1812. Hubo
discusiones, que no cuajaron, sobre la necesidad de una segunda cámara de representación de
intereses, o incluso de una segunda cámara territorial [como actualmente].
2. Composición, organización y funcionamiento.
La posterior Ley electoral de 1933 conservó las pautas seguidas señaladas en la Constitución:
- sufragio universal de los ciudadanos mayores de 23 años.
- circunscripciones plurinominales.
- fórmula electoral de mayoría con sufragio restringido (para lograr una representación de las
minorías).
- el mandato es representativo y dura cuatro años (aunque nunca se consumió una legislatura
completa).
En cuanto al funcionamiento:
- las Cortes se reunían dos veces al año (al menos 3 meses a partir de febrero, y al menos 2 meses a
partir de octubre).
- además, el Presidente de la República podía convocarlas con carácter extraordinario.
- por otra parte, el Presidente de la República:
podía suspender las sesiones: un máximo de un mes en el primer periodo de sesiones, o un
máximo de 15 días en el segundo; además, los periodos de sesiones no podían ser inferiores
a los mínimos anteriores.
podía disolver las Cortes, con ciertas condiciones:
- no podía disolverlas más de dos veces durante su mandato.
- debía acordarlo por decreto motivado, que había de convocar elecciones en plazo máximo de 60
días.
- en caso de segunda disolución, el primer acto de las nuevas Cortes sería resolver sobre la
necesidad de dicha disolución, pudiendo cesar al Presidente de la República (así sucedió en 1936,
siendo destituido Alcalá Zamora).
-se creó la Diputación Permanente (tomada de la de 1812) para asegurar la continuidad del poder
parlamentario cuando las Cortes estaban cerradas o disueltas; trataba cuestiones como la suspensión
de las garantías constitucionales o la legislación del Gobierno mediante Decreto-Ley.
3. Funciones.
1. Legislativa: esta función la compartía con el Gobierno; las Cortes deliberaban y aprobaban las
leyes, que eran sancionadas por el Presidente de la República (podía ejercer el veto suspensivo una
sola vez; obligatoriamente había de promulgar la Ley si en una segunda votación era de nuevo
aprobada por 2/3 del Congreso).
2. Presupuestaria: el Gobierno elaboraba el presupuesto, pero correspondía a las Cortes su
aprobación (tanto las Costes como el Presidente de la República ni lo puede vetar ni lo promulga,
porque el presupuesto no es una ley).
3. De control político:
- los miembros del Gobierno tenían que acudir al Congreso cuando fuesen requeridos, para ser
preguntados e interpelados.
- por otra parte, tanto el Gobierno en su conjunto como cada ministro en su particular gestión eran
responsables ante las Cortes: existía el voto de censura contra todo el Gobierno o contra algún
ministro.
- finalmente, los miembros del gobierno eran individualmente responsables en el orden civil y
penal; en caso de delito, el Congreso ejercía la acusación ante el Tribunal de Garantías
Constitucionales, que era el que juzgaba.
b) El Presidente de la República.
La finalidad de un Presidente de la República era doble:
- por un lado mediar entre el ejecutivo y el legislativo.
- por otro, evitar las injerencias del Jefe del Estado en el juego político (como había sucedido con el
Rey en la monarquía): por eso tenía tan pocos poderes.
Era elegido por un colegio electoral compuesto por todos los diputados y un número igual de
compromisarios (que eran elegidos por sufragio universal directo):
- los requisitos para ser elegido Presidente de la República eran: ser español, mayor de 40 años y no
ser militar en activo, eclesiástico ni miembro de las antiguas casas reales.
- la duración de su mandato era de 6 años, no siendo inmediatamente reelegible (sino al cabo de
otros 6 años).
Sus atribuciones más importantes eran:
- nombramiento y separación libre del Presidente del Gobierno y, a propuesta de éste, de los
ministros; no obstante, la moción de censura podía truncar los deseos del Presidente de la
República.
- adopción de medidas urgentes que exigiera la seguridad de la nación, dando inmediata cuenta a las
Cortes; no obstante, el Presidente de la República precisaba del refrendo de estas medidas por parte
del Gobierno.
- promulgación de las leyes y derecho de veto suspensivo, como ya hemos dicho.
- aprobación, a propuesta y por acuerdo unánime del Gobierno, de decretos-leyes de urgencia
(existían abundantes requisitos y limitaciones para legislar por decreto-ley).
- suspensión y disolución de las Cortes, como ya hemos visto.
Finalmente, el Presidente de la República era política y jurídicamente responsable:
- su responsabilidad política era exigida por las Cortes; ya hemos dicho que la segunda disolución
del Congreso había de ser analizada por las siguientes Cortes, que podían cesar al Presidente;
además, las 3/5 partes de las Cortes podían iniciar un procedimiento de destitución en cualquier
momento: el colegio electoral decidía sobre esta propuesta.
- también era criminalmente responsable en el ejercicio de sus obligaciones constitucionales: las
Cortes podían acusarlo al Tribunal de Garantías Constitucionales y, admitida la acusación a trámite
por este tribunal, el Presidente quedaba destituido (con independencia de que la causa criminal
siguiera su curso).
- en ambos casos, cuando las Cortes pretendían destituir al Presidente y no lo lograban, las Cortes
quedaban automáticamente disueltas.