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Fidel Castro: Vida y Legado Histórico

La historia del comunista cubano

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Biografías de Líderes Políticos

Fidel Castro Ruz

Cuba

Fidel Castro Ruz

Primer secretario del PCC (1965-2011), primer ministro (1959-1976) y presidente de los
Consejos de Estado y de Ministros (1976-2008)

Fidel Alejandro Castro Ruz (nacido Fidel Hipólito Castro Ruz)

Mandato:

16 Febrero 1959 – 19 Abril 2011

Nacimiento:

Birán, Mayarí, provincia de Holguín 13 Agosto 1926

Defunción:

25 Noviembre 2016 La Habana, provincia de La Habana

Partido político:

Partido Comunista de Cuba (PCC)

Profesión:

Abogado

Fidel Castro, posiblemente la personalidad política más famosa del mundo a pesar de su
retirada de todo puesto de responsabilidad y su paulatino eclipse mediático, falleció el 25 de
noviembre de 2016, a los tres meses de convertirse en nonagenario y una década después de
transferir a su hermano menor todas sus funciones partidarias e institucionales debido a la
enfermedad. En 2008 Raúl Castro le sustituyó oficialmente como presidente del Consejo de
Estado, es decir, jefe del Estado cubano, así como presidente del Consejo de Ministros —jefe
del Gobierno— y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Y en 2011 tomó de él también la
Primera Secretaría del Partido Comunista de Cuba.

La desaparición del longevo comandante y líder de la Revolución Cubana de 1959, figura


capital en la historia de la segunda mitad del siglo XX, cabeza absoluta de un sistema dictatorial
de partido único que el régimen define como de “democracia popular y participativa”,
superviviente por antonomasia y personaje polarizador, o aborrecido o idolatrado, de
resonancias míticas donde los haya, se produce cuando la isla caribeña y Estados Unidos,
enterrando una malquerencia mutua prolongada durante más de medio siglo (tiempo en el
cual Castro lidió desde el poder con una decena de inquilinos de la Casa Blanca), se encuentran
en pleno proceso de normalización de sus relaciones, iniciado con la Administración Obama en
2015. Una reconciliación histórica que La Habana condiciona al total levantamiento del
bloqueo y las sanciones, y que, justamente ahora, la asunción presidencial en Washington de
Donald Trump deja en entredicho.

Texto actualizado hasta 29 noviembre 2016

1. Un inquieto estudiante de Derecho

2. Líder guerrillero contra la dictadura de Batista en la Sierra Maestra

3. 1959: triunfo de la Revolución, presentación internacional y primeras disposiciones

4. La vía socialista y el enfrentamiento con Estados Unidos: el bloqueo de la isla, la crisis


de los misiles y la invasión de bahía de Cochinos

5. Supresión de la oposición interna

6. Exportación de la Revolución a América Latina y estrechamiento de las relaciones con


la URSS

7. Institucionalización de la Revolución y concentración de poderes en Castro; la


organización del PCC

8. La sovietización de la economía y el plan del azúcar

9. Ofensiva internacionalista con un rostro militar: la onerosa aventura africana

10. El final de la cuarentena diplomática en la región latinoamericana


11. Los años ochenta y el apogeo de la Guerra Fría: tensión en el Caribe y repliegue
exterior

12. El mazazo de la Perestroika: pérdida del aliado soviético, reformas contra la crisis y
reacciones inmovilistas; el Período Especial en Tiempos de Paz

13. Sobreviviendo al cambio de siglo: prolongación del bloqueo estadounidense y de la


represión interior

14. Una renovada presencia internacional: protagonismo y conflictos diplomáticos

15. Ayuda providencial de Venezuela y alianza estratégica con Chávez; el colchón del ALBA

16. Complejidad, peculiaridades y aspectos familiares de un personaje histórico

17. El mutis de 2006: transmisión de funciones a su hermano Raúl por problemas de salud

18. Renuncias definitivas a las jefaturas del Estado, el Gobierno y el Partido entre 2008 y
2011

19. Una jubilación de la política entreverada de apariciones y comunicaciones públicas

20. Fin de la hostilidad de Estados Unidos en 2015 y fallecimiento en 2016 a los 90 años

21. La huella de Castro en la cultura, los libros y el cine

1. UN INQUIETO ESTUDIANTE DE DERECHO


El tercero de los siete hijos concebidos por Ángel María Bautista Castro y Argiz (1875-1956), un
acomodado propietario azucarero español oriundo de la aldea gallega de Láncara, en la
provincia de Lugo, y su segunda esposa, Lina Ruz González (1900-1963), nieta de canarios y
asturianos, Fidel Castro Ruz vino al mundo el 13 de agosto de 1926 en la hacienda que su
padre regentaba en Birán, municipio de Mayarí, en la actual provincia de Holguín. Sus
hermanos eran Ramón (mayor) y Raúl (menor), y sus hermanas Angelita (la primogénita),
Juanita, Enma y Agustina (menores que él las tres).

Don Ángel, un hombre rudo e iletrado pero sagaz en los negocios agrícolas, había combatido a
los patriotas cubanos como soldado del Ejército español y tras la derrota frente a Estados
Unidos en la guerra de 1898 había regresado a la isla, esta vez como emigrante dispuesto a
emprender una nueva y próspera vida. Fidel Hipólito fue alumbrado en 1926 por Lina Ruz
como un hijo ilegítimo, ya que entonces don Ángel continuaba casado, aunque sin hacer vida
marital, con su primera esposa, María Argota Reyes, con la que tenía dos hijos legítimos, Lidia y
Pedro Emilio, hermanastros del futuro líder cubano. Su pareja de hecho era, desde hacía años,
Lina, con la que había iniciado relaciones después de contratarla para el servicio doméstico.
Para acallar rumores y ocultar la existencia de sus hijos fuera del matrimonio, don Ángel envió
a los niños a vivir a la casa del cónsul haitiano en Santiago, Hippólite Hibbert, un amigo de
confianza.

A partir de los seis años, el joven Castro estudió en régimen de internado en la Escuela La Salle
de los Hermanos Maristas y en el Colegio Dolores de la Compañía de Jesús (llamado en la
actualidad Instituto Preuniversitario Rafael María de Mendive), dos centros privados
santiagueros. El muchacho no fue reconocido como hijo por su padre hasta los 17 años, una
vez legalizada su unión con la madre. Tras este cambio, Fidel se trasladó a La Habana para
proseguir sus estudios en la afamada Escuela Preparatoria Belén, regida también por los
jesuitas.

En 1945, una vez obtenido el título de bachiller en la Preparatoria, Castro se matriculó en la


Escuela de Leyes de la Universidad de La Habana, un centro que se distinguía por la politización
de su alumnado, adscrito a una u otra de las organizaciones estudiantiles que rivalizaban entre
sí. Allí, las diferencias ideológicas tendían a dirimirse con todo tipo de violencias, incluyendo el
pistolerismo. Joven de carácter competitivo, hiperactivo y pendenciero, Castro se involucró
profundamente en este ambiente de agitación, no tardando en hacerse miembro de una de las
camarillas estudiantiles más violentas, la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR).

Siendo activista de la UIR, Castro tomó parte en 1947 en un rocambolesco intento, frustrado
por la policía cubana, de alcanzar por mar la República Dominicana para hostigar a la dictadura
de Rafael Leónidas Trujillo como integrante de un batallón de opositores dominicanos del
bando izquierdista de Juan Bosch. Ese mismo año, Castro concibió y ejecutó un plan para traer
a la Universidad desde la ciudad oriental de Manzanillo la campana de La Demajagua, cuyo
repiqueteo había anunciado en 1868 el comienzo de la Guerra de los Diez Años contra España,
peripecia que luego se complicó por el robo temporal de la preciada reliquia por parte de un
grupo de estudiantes rivales, con el consiguiente escándalo nacional.

El veinteañero participó también en programas de radio y realizó colaboraciones para el diario


Alerta. Más importante para su posterior trayectoria fue convertirse en uno de los primeros
militantes del Partido del Pueblo Cubano, o Partido Ortodoxo, agrupación opositora fundada el
15 de mayo de 1947 por el senador Eduardo Chibás y Ribas, quien un año más tarde iba a
disputar sin éxito las elecciones presidenciales al candidato del gobernante Partido
Revolucionario Cubano (Auténtico), Carlos Prío Socarrás.

Revelado como un estudiante brillante, un deportista consumado y un auténtico tribuno de las


aulas que gustaba de polemizar e irradiaba liderazgo, en abril de 1948 Castro se encontraba en
Bogotá, asistiendo a la IX Conferencia Interamericana al frente de una delegación de la
Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), cuando se produjeron el asesinato del líder
liberal colombiano Jorge Eliezer Gaitán y los violentos disturbios subsiguientes, el famoso
Bogotazo. Sobre el grupo de Castro recayeron sospechas policiales de una connivencia con el
Partido Comunista Colombiano en su supuesto propósito de convertir la ira popular en un
ariete revolucionario contra el Gobierno conservador de Mariano Ospina, así que el estudiante
cubano hubo de abandonar precipitadamente el país. Nacionalista ardiente que encontraba
vergonzoso y agraviante el dominio, prácticamente neocolonial, de Estados Unidos sobre
Cuba, Castro frecuentó diversos comités antiimperialistas, como el Pro Independencia de
Puerto Rico, el Pro Independencia Dominicana, del que fue presidente, y el Comité 30 de
Septiembre, del que fue fundador.

El 12 de octubre de 1948 Castro contrajo matrimonio católico con Mirta Díaz-Balart Gutiérrez,
una estudiante de Filosofía de la Universidad, de 20 años y perteneciente a una influyente y
adinerada familia, bien situada entre las élites conservadoras del país. Su hermano, Rafael
Lincoln Díaz-Balart, era un antiguo compañero de clase en Belén, amén de paisano de Holguín;
años después, Díaz-Balart iba a convertirse en subsecretario de Gobernación con Batista y en
acérrimo enemigo de quien por unos años fue su cuñado. Con Mirta, Castro tuvo en
septiembre de 1949 a su primer hijo, Fidel Félix, familiarmente llamado Fidelito, un muchacho
que en su madurez iba a mostrar un sorprendente parecido físico, poblada barba incluida, con
su padre. En 1950 Castro terminó la licenciatura de Derecho y obtuvo el título de abogado, tras
lo cual abrió un pequeño bufete en La Habana.

2. LÍDER GUERRILLERO CONTRA LA DICTADURA DE BATISTA EN LA SIERRA MAESTRA

Su incipiente actividad profesional no le apartó a Castro del compromiso político radicalmente


militante; al contrario, el abogado redobló su implicación en las movilizaciones populares
contra el Gobierno de Prío y en las actividades de los Ortodoxos, que en 1951 encajaron el
rudo golpe del suicidio de Eduardo Chibás. Hasta su muerte, el carismático dirigente opositor,
adalid de la denuncia del imperialismo y la corrupción, consideró a Castro un discípulo
aventajado. Con 25 años, Castro fue designado por el partido candidato al Congreso en las
elecciones previstas para junio de 1952, pero el 10 de marzo de ese año se produjo el golpe de
Estado del coronel Fulgencio Batista Zaldívar, quien ya presidiera la República entre 1940 y
1944, y el proceso quedó suspendido.

Castro ya venía abogando por estrategias de lucha extraparlamentaria como dirigente de la


facción ortodoxa Acción Radical, así que ahora no pudo menos que denunciar públicamente la
vulneración del orden constitucional por Batista. Decepcionado con su débil respuesta al golpe
de Estado, rompió con la dirección de los Ortodoxos, asumida tras el fallecimiento de Chibás
por Emilio Ochoa y Roberto Agramonte, para entablar una batalla jurídica en solitario, pero su
denuncia contra Batista por violar la Carta Magna de 1940 fue desestimada por el Tribunal de
Garantías Constitucionales y Sociales.

Aparentemente, esta segunda frustración terminó por convencerle de la inutilidad de las


fórmulas legalistas para revertir la usurpación del poder por Batista; en lo sucesivo, él actuaría
exclusivamente por los cauces subversivos. Desde la clandestinidad, Castro fue alentando la
formación de un grupo opositor que se planteó el objetivo, en aquel momento puramente
utópico, de derrocar a Batista por la fuerza de las armas. Esta célula opositora con
pretensiones insurreccionales iba a ser el embrión del futuro movimiento revolucionario, y sus
integrantes, entre los que se encontraba Raúl Castro, en adelante inseparable compañero de
lucha de su hermano cinco años mayor, ya entonces recibieron el nombre de fidelistas.

Castro concibió la captura de un centro neurálgico para dominar una ciudad, conseguir el
levantamiento de una provincia y desde allí iniciar la liberación de todo el país. A esta
estrategia obedeció el espectacular ataque del 26 de julio de 1953 contra el Cuartel Moncada
de Santiago, que se saldó con la muerte, en el combate y luego por las torturas infligidas a los
capturados o en el paredón del fusilamiento, de 60 de los 135 integrantes de la columna
asaltante. El comando que atacó el cuartel Carlos Manuel de Céspedes de Bayamo, a 150 km
de Santiago, perdió a 12 de sus 22 componentes.

Tras la batalla, Castro y varios hombres a su mando consiguieron escapar a las montañas, pero
él fue aprehendido por una patrulla el 1 de agosto. Algunas biografías aseguran que el
abogado devenido partisano se salvó de una segura ejecución sobre el terreno gracias a la
intervención de un sargento negro que le conocía de la Universidad, el cual consiguió su
traslado a un calabozo. Fidel, Raúl y el resto de supervivientes capturados parecían abocados a
un juicio sumarísimo con sentencia de muerte. Pero el jefe rebelde encontró la salvación de
nuevo, esta vez merced a la presta intervención del arzobispo de Santiago, monseñor Enrique
Pérez Serantes, que intercedió por él y sus hombres ante Batista.

La providencia eclesiástica no le ahorró, empero, ser juzgado y condenado a 15 años de


prisión, mientras que a Raúl le cayeron 13 años. En el arranque de su juicio, el 16 de octubre
de 1953, que tuvo un carácter semipúblico, Castro asumió su propia defensa y pronunció un
alegato que se haría célebre, La historia me absolverá, en el que expuso el programa político
del futuro Movimiento Revolucionario 26 de Julio (M-26-7), cuya fundación formal tuvo lugar
el 19 de marzo de 1955.

El 15 de mayo de 1955, estando recluidos en la penitenciaría de la Isla de los Pinos (hoy Isla de
la Juventud), los hermanos Castro y otros 18 participantes en el asalto al Cuartel Moncada
fueron amnistiados por Batista, de cuyo Gobierno eran miembros el suegro, Rafael José Díaz-
Balart, y el cuñado, Rafael Lincoln Díaz-Balart, de Fidel. La medida de gracia presidencial, de
todo punto inesperada aunque enmarcada en los intentos del dictador de apaciguar la
creciente contestación interna contra su régimen, se tradujo en la inmediata liberación de los
reos. Una de las primeras cosas que hizo Fidel tras salir de prisión fue firmar el divorcio de
Mirta Díaz-Balart, no sin asegurarse la custodia de Fidelito, que entonces tenía cinco años.

El 7 de julio los Castro tomaron el camino del exilio en México, donde Fidel reagrupó a sus
partidarios bajo la sigla del M-26-7, acumuló fondos económicos, en buena parte obtenidos en
una gira de recaudación entre la diáspora cubana en Estados Unidos, y entró en contacto con
el médico revolucionario argentino Ernesto Guevara, apodado el Che. Juntos planearon una
incursión a Cuba con el objetivo de iniciar un foco guerrillero que, simultáneamente a una
sublevación en Santiago de jóvenes revolucionarios encabezados por Frank País García,
responsable de los efectivos civiles del M-26-7 en el medio urbano (y quien iba a ser asesinado
por la Policía batistiana en Santiago en julio de 1957, hecho decisivo para el impulso de la
Revolución), debía desencadenar una revuelta nacional contra Batista.

El 25 de noviembre de 1956, un mes después de fallecer su anciano padre a los 80 años, Fidel,
Raúl, el Che, Camilo Cienfuegos Gorriarán, Juan Almeida Bosque y otros 82 expedicionarios
zarparon en el yate Granma desde el puerto mexicano de Tuxpán, en el estado de Veracruz, y
el 2 de diciembre desembarcaron (en realidad, encallaron en unos bajíos, perdiendo buena
parte de sus pertrechos) en el área de Los Cayuelos, cerca de la ciudad de Manzanillo, en
Oriente. Sorprendida la exigua tropa por los disparos de las patrullas costeras que andaban
sobre aviso de posibles incursiones subversivas, únicamente 12 supervivientes, resultando los
restantes camaradas muertos, capturados o dispersados, consiguieron adentrarse en la Sierra
Maestra, donde, tras reagruparse con el nombre de Columna José Martí y bajo el mando de
Castro, emprendieron la lucha guerrillera contra los 40.000 soldados del Ejército de Cuba. El 17
de enero de 1957 el autodenominado Ejército Rebelde tomó el cuartel de La Plata, su primera
victoria.

3. 1959: TRIUNFO DE LA REVOLUCIÓN, PRESENTACIÓN INTERNACIONAL Y PRIMERAS


DISPOSICIONES

La invasión del diminuto grupo de Castro, por la que ningún observador habría apostado un
céntimo de haber presenciado su desastroso arranque, hizo realidad la quimera presupuesta:
tras dos años de metódico avance por la isla a lo largo del eje este-oeste y la apertura, gracias
al aporte constante de voluntarios y la colaboración —aspecto fundamental— de los
campesinos, de sucesivos frentes de combate, el M-26-7 provocó el desplome del régimen.
Dato a destacar, cuando se hizo con el control de todo el país, el Ejército Rebelde, pese a su
nombre, no superaba los dos millares de hombres. En realidad, su victoria fue más política y
propagandística que militar, ya que los soldados del Gobierno renunciaron a seguir
combatiendo cuando se dieron cuenta de que el régimen batistiano, sin el apoyo de la
población civil ni tampoco del exterior, estaba sentenciado.

En las primeras horas del 1 de enero de 1959, Batista, embargado de armamento por Estados
Unidos y desprotegido por un Ejército desmoralizado y minado por las deserciones, firmó su
dimisión y, secundado por la mayoría de sus lugartenientes civiles y militares, escapó de La
Habana camino del exilio, dejando la jefatura del Estado en funciones al presidente del
Senado, Anselmo Alliegro Milá, quien a su vez fue sustituido por el magistrado del Tribunal
Supremo Carlos Manuel Piedra y Piedra a instancias del autoproclamado comandante en jefe
de las Fuerzas Armadas, el general Eulogio Cantillo Porras. Pero la autoridad de Piedra y
Cantillo era puramente fantasmal.

Castro convocó a los habitantes de La Habana a una huelga general y ordenó al Che y
Cienfuegos que tomaran la capital de inmediato. El 2 de enero, luego de rendirse el Ejército
acantonado en Santiago, proclamada capital provisional del país, de ser arrestado Cantillo y de
triunfar el levantamiento civil capitaneado por los estudiantes del Directorio Revolucionario 13
de Marzo, primero en encender la protesta contra la dictadura, las columnas del M-26-7
entraron en la capital y Castro les siguió, encontrando un recibimiento apoteósico, el 8 de
enero.

La superación del vacío de poder institucional se ejecutó antes de llegar el secretario general
del M-26-7 a La Habana para asumir el mando. El 3 de enero se hizo cargo de la Presidencia
con carácter provisional el juez Manuel Urrutia Lleó, un partidario de la Revolución que había
pactado su nombramiento con Castro meses atrás; dos días después, Urrutia nombró primer
ministro al político liberal y notorio opositor a Batista José Miró Cardona, como él formado en
la abogacía, quien formó un Gobierno de coalición dominado por personalidades que, por
edad y cultura política, poco tenían que ver con los jóvenes e impetuosos revolucio

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