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Ideas Erróneas sobre la Cultura Humana

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UNIDAD 2.

Cultura/s

ESTEBAN KROTZ

Cultura: elemento que distingue a la especie humana de todas las demás


especies.
Cinco ideas falsas sobre la cultura:
1. Se puede tener y no tener cultura: todos los humanos tienen
cultura, ya que pertenecer a una cultura es el rasgo característico
de la vida humana. Ser parte de la especie humana significa ser un
ser cultural. En todo caso, tenemos diferentes culturas, pero todes
tenemos saberes, experiencias y vivencias.
2. Jerarquía natural entre culturas y subculturas: la cultura humana
es un mosaico, es decir, compuesta por una cantidad inmensa de
culturas pasadas y presentes. Cuando hay multiplicidad, surge el
impulso de comparar y de agrupar, sin criterio objetivo alguno.
La jerarquía entre culturas parte de pensar que hay culturas
superiores, evolucionadas y avanzadas respecto de otras que son
inferiores, atrasadas o “primitivas”. Esto casi siempre va de la mano
de la estratificación social: las clases ricas y poderosas determinan
lo que debe ser llamado “alta cultura” (cultura propiamente dicha)
y lo que solamente sería “baja cultura”, lo cual refleja la
distribución de poder en una sociedad y época dada.
3. Culturas puras: siempre existe la tentación de presentar una
cultura como un todo integrado, completamente propio y
concluido en sí mismo, lo cual deja de lado el carácter de mezcla
que tienen todas las culturas.
4. Los recintos propios de la cultura son los museos, los teatros y las
bibliotecas: lo que tienen en común estas tres es que se trata de
lugares a los que solo acude una pequeña parte de la población.
Cualquier lugar puede ser recinto de la cultura, desde los museos,
teatros y bibliotecas, hasta casas, talleres, restaurantes, la calle, la
cancha, la ciudad. Esto rompe con las ideas elitistas de la cultura
(choque entre lo culto, lo popular y lo masivo).
5. La existencia de la cultura depende del Estado: el ámbito de la
creación y reproducción cultural es mucho más amplio que el
ámbito de las instituciones estatales. Krotz vuelve a plantear que la
cultura humana no es una sino un compuesto de culturas
diferentes. No es el Estado, es la identidad colectiva de una
población, es decir, cómo esta ve la vida y quiere vivirla, y qué
sentido encuentra en ella. (Relación con “Culture is ordinary” de
Raymond Williams).
Oposición dentro de la cultura de suma importancia: cultura propia y
cultura impuesta. En todas las culturas hay influencias de otras culturas,
el problema no radica en esas influencias sino en que si los humanos
pertenecientes a una cultura pueden decidir libremente si quieren
aceptar dichas influencias (cómo y cuáles). Poder escoger entre
alternativas supone conocer alternativas (por ej: mujeres musulmanas).

RAYMOND WILLIAMS

Etimología:
En latín, tiene un sentido polisémico: colere quiere decir habitar (de allí
colono), adorar (culto) y cultivar.
La palabra “cultura” se remonta en su etimología al mundo agrícola.
Alude a los instrumentos, las prácticas, las relaciones y los saberes que
garantizan la subsistencia y la continuidad de la comunidad.
Dice Williams: “El crecimiento y marcha de las cosechas y los animales y,
por extensión, el crecimiento y la marcha de las facultades humanas”. El
cultivo de la tierra requería no sólo herramientas sino también
conocimiento (del ciclo anual, la época de siembra, temporadas de lluvia,
tiempo de cosecha). En torno al ciclo agrícola, se organiza toda la vida de
un pueblo, no sólo la económica, sino también la social y la cultural: una
serie de creencias y prácticas que le dan un ordenamiento al mundo.

Idealismo:
En los siglos XVII y XVIII, muchos pensadores recurrieron a la metáfora
“cultivar el espíritu”, para moldear su naturaleza y cosechar una estirpe
capaz de gobernar sus instintos, sus pasiones dañinas y extraer lo mejor
de sí en beneficio de los otros y de la sociedad. Se llamó a esta propuesta
de gobierno “meritocracia”, es decir: el “gobierno de las personas cultas”,
cultivadas. Todavía hoy se habla de “alguien cultivado” para referirse a
una persona instruida, leída, etc.
Esa propuesta es desplazada, cuando la nueva clase en ascenso, la
burguesía, desconoce el derecho de antiguas élites a gobernar, y reclama
el poder para aquellos que producen la riqueza de una sociedad.
Entonces, el término cultura se refugió en su “torre de marfil”, una nueva
metáfora para aludir a los grupos reducidos que se aíslan del “mundanal
ruido” del tráfico comercial, de la dura realidad social, de la corruptible
política, y buscan la perfección espiritual, a través del conocimiento y la
práctica de la alta literatura, las bellas artes, la música culta. En este
punto, “cultura” dejó de asociarse al orden de lo material, para pasar a
referirse al orden de lo espiritual.
Esta tendencia se exacerba con el idealismo, imperante en el
pensamiento europeo a fines del siglo XVIII y primeras décadas del XIX.
En ese período se concebía a la cultura como mundo de los valores, las
creaciones espirituales y el perfeccionamiento moral, intelectual y
estético. Como contrapartida, se encontraba el mundo de la civilización,
en el que transcurrían las actividades técnicas y económicas.
Esta postura, de alguna manera, ha sobrevivido hasta nuestros días en
aquellas concepciones de cultura que separan de manera tajante la
actividad espiritual e intelectual de la actividad material (el orden de la
producción).

Materialismo:
Contra esa separación entre cultura y mundo material/civilización que
provoca la concepción idealista, Karl Marx propone a mediados del siglo
XIX el materialismo, una teoría, un modelo de análisis de la sociedad que
señala los modos en que la cultura está determinada por las actividades
de la base económica (“la existencia social determina la conciencia”).
Metáfora del edificio social:

Para Marx, “no es la conciencia de los hombres lo que determina su ser,


sino por el contrario su ser social el que determina su conciencia”. Se
proponía mostrar con este esquema de qué manera las manifestaciones
culturales y las instituciones políticas (las leyes, el Estado, etc.), se
asentaban en las relaciones de producción, es decir, en las relaciones que
los hombres establecen para producir sus medios de vida (relación entre
quienes poseen los medios de producción –la burguesía- y quienes
ofrecen su fuerza de trabajo –el proletariado-). De esta manera, las
superestructuras constituyen la parte visible del edificio, mientras que la
base material es su cimiento invisible.
Si es posible que éstas evolucionen, de formas menos complejas a formas
de mayor complejidad, es porque, por debajo de ellas, la base material
también se transforma a medida que la sociedad se va haciendo más
compleja y diversa.
Este planteo de la metáfora base/superestructura causa más problemas
de los que soluciona, ya que entiende a la cultura como algo secundario,
y oscurece el hecho de que las prácticas culturales son en sí mismas un
modo de producción, son materiales y reales.
Objeciones al esquema Base/Superestructura:
1. Coloca a la cultura como algo posterior y secundario.
2. Oscurece el hecho de que las producciones y prácticas culturales
también son producción.
Williams retoma del marxismo la crítica a la filosofía idealista (que
planteaba que la cultura refiere a manifestaciones del “espíritu”) y a su
vez, revisa críticamente el marxismo al concebir la cultura como proceso
social constitutivo creador de estilos de vida específicos y diferentes, es
decir, insiste en que la producción cultural no se deriva simplemente de
un orden social (o de relaciones económicas). Para el autor, la cultura es
una forma material de producción de significados (articulación de lo
material y lo simbólico).

Dos acepciones de cultura:


Williams define la cultura como “ese proceso global a través del cual las
significaciones se construyen social e históricamente”, planteando así el
vínculo con lo social y con la historia. Su materialismo cultural le permite
comprender que lo cultural se encuentra en prácticas materiales y que en
la cultura también se encuentra presente el conflicto.
Discute con una mirada idealista, que concibe la cultura como un
conjunto de ideas del espíritu. Rescata la idea de una cultura viva, lo
vivido, lo experimentado.
Los términos de cultura y civilización se vuelven divergentes.
Civilización equivale a lo que hoy llamamos sociedad, y cultura empieza a
asociarse a “vida interior”, subjetividad, imaginación, “lo individual”.
Para Williams, el término “cultura” tiene una doble acepción (“amplia” y
“restringida”).
“Cultura” es a la vez el nombre de un proceso “interno”, históricamente
acotado, especializado en la vida intelectual y las artes (definición
restringida, producción especializada, la cual incluye las artes y
humanidades, los objetos simbólicos y sus leyes de constitución,
transmisión y consumo, y el espacio donde se generan - arte, lenguaje,
moda, periodismo, publicidad, filosofía, estética, educación humanística,
obras de autor, tradiciones); y, al mismo tiempo, es el nombre del proceso
social que lleva a generar distintos “estilos de vida”, el “proceso social
total” en el que los hombres definen y configuran sus vidas (definición
amplia, sistema total de vida que permite incluir las ideas y las prácticas
y relaciones que se dan entre los hombres).

La práctica cultural y la producción cultural son elementos esenciales en


la constitución del orden social. Lo cultural no deriva de lo social sino
que lo constituye (la relación entre cultura y sociedad es recíproca).
Williams plantea el objeto de la sociología de la cultura: analizar la
cultura como proceso. Además, ubica en primer lugar la definición
restringida de cultura a partir de tres usos:
- estado de la mente.
- procesos de este desarrollo.
- modos de este proceso (actividades culturales, artes, obras
humanas e intelectuales).
A su vez, plantea un cuarto uso del término cultura, de carácter
antropológico y sociológico, centrado en la idea de “modo total de vida”
de un pueblo, diferenciado de otro grupo social (refiere así a la definición
en sentido amplio).
La cultura es un sistema significante a través del cual un orden social se
comunica, se reproduce, se experimenta y se investiga.

“LA CULTURA ES ALGO ORDINARIO”:


El ensayo narra un viaje e implica una formulación teórica, una revisión
crítica de la tradición y la construcción de un nuevo campo donde se
recupera el sujeto y su historia.
Queda definida así la cultura como forma material de producción de
significados y valores. Se rescata la centralidad de la experiencia del
narrador (el ómnibus pasa por donde él nació, por el trabajo de su padre
y de su abuelo, ambos obreros). La cultura se narra como una experiencia
ordinaria, del común, que conecta distintas acepciones. La idea de
“ordinary” remite a lo cotidiano y rompe con un sentido elitista de
concebir lo cultural ligado a las grandes letras, artes y a la llamada “alta
cultura”: la cultura es de todos, es del común (planteo que va en sintonía
con los argumentos de E. Krotz).
A partir de una anécdota autobiográfica, propone encontrar densidad en
un viaje en colectivo luego de visitar la biblioteca de una catedral. En el
ensayo conviven distintas prácticas y elementos en tensión, que
contrastan y a la vez interactúan: alta cultura vs. cultura de masas,
pasado vs. presente, continuidad vs. cambio, cultura alta vs. cultura baja,
cultura urbana vs. cultura rural. Esto permite tanto pensar lo cultural
como espacio de conflictos y tensiones, así como también comprender
que lo simbólico se expresa en modos de producción y prácticas
materiales. Esta concepción, que comprende que la cultura nos abarca a
todos y lo cotidiano, choca con definiciones tradicionales o hegemónicas
de cultura que la concibieron, hasta ese momento, como un dominio
separado de la esfera de la vida cotidiana.
El concepto cultura es utilizado para nombrar la biblioteca inaccesible, la
catedral, el cine de masas, los campos arados, los castillos, el hierro
trabajado en los acantilados, las haciendas, el molino, el gasómetro, las
minas, las relaciones afectivas y los modos de la seducción (entre el
chofer y la cobradora), etc.

CULTURA MATERIAL CULTURA INMATERIAL

WILLIAMS cadenas de la biblioteca religión


(Inglaterra) cine películas
biblioteca
catedral
mapamundi
colectivo

MORENO virgen religión


(Argentina) las gorras de Perón música (chamamé)
vestimenta
Ambos son relatos de lo cotidiano, de situaciones culturales.
Extrañamiento - mirar lo cotidiano y volverlo extraño. Forma de ver el
mundo.

Hegemonía:
Gramsci definió a la hegemonía como la capacidad que tiene un grupo
social de ejercer la dirección intelectual y moral sobre la sociedad, su
capacidad de construir un nuevo sistema de alianzas sociales, un nuevo
bloque histórico. La dominación social se mantiene por el poder y la
propiedad pero también por la cultura de lo vivido (hábitos,
experiencias, modos de ver).
Canclini define que “cultura” no es sólo un sistema de ideas, imágenes,
representaciones de la producción social, sino que la cultura misma es un
proceso de producción (producción de procesos simbólicos, “de
fenómenos que contribuyen, mediante la representación o reelaboración
simbólica de las estructuras materiales, a comprender, reproducir o
transformar el sistema social”). La cultura se entiende como un tipo
particular de producción (y no un reflejo mental o ideal de la esfera
productiva).
TODA PRÁCTICA CULTURAL TIENE UNA DIMENSIÓN MATERIAL Y UNA
SIMBÓLICA.
La cultura, para el materialismo cultural, es un espacio de conflicto, ya
que no se puede hablar de una única cultura.
Para Williams, la cultura es entendida como un proceso que se da en
varios niveles y en el que participan todos:
a. La cultura, tal como está estructurada, reproduce la desigualdad
social (aun cuando la niegue y se plantee como universal).
b. A través del análisis cultural, se puede avanzar en entender la
totalidad social.
c. La cultura como espacio relevante de lucha.

Cultura/ ideología/ hegemonía:

Dominio ≠ hegemonía.
Dominio: el dominio se expresa en las formas directamente políticas y en
tiempos de crisis por medio de la coerción directa o la violencia. Pero en
tiempos “normales”, el poder se ejerce a través de un complejo
entrelazamiento de fuerzas políticas, sociales y culturales.
Hegemonía: es un proceso de dirección política e ideológica en la que una
clase logra apropiarse de las instancias del poder, en alianza con otras
clases. Se apoya menos en la violencia que en el contrato: una alianza en
que hegemónicos y subalternos pactan prestaciones recíprocas, y que a
su vez implica condiciones de aceptación, adhesión y consenso.
La noción de hegemonía permite ver cómo se produce la dominación en
una sociedad de clases: ejerce presiones, impone límites, organiza e
interpreta la experiencia y la producción de significados y valores.
Incluye y va más allá de la cultura y la ideología.

La hegemonía supera al concepto de cultura (proceso social total en que


los hombres definen sus vidas) porque lo relaciona con las distribuciones
específicas de poder. Es abstracto decir que los hombres configuran sus
vidas, ya que existen desigualdades específicas en los medios para
realizar ese proceso. Supera también al concepto de ideología porque lo
decisivo no es sólo el sistema consciente de ideas y creencias, las formas
plenamente articuladas y sistemáticas, sino todo el proceso social vivido,
organizado por significados y valores específicos y dominantes. Es decir,
la conciencia heterogénea, confusa, incompleta o inarticulada de los
hombres reales de un período y sociedad.

Hacia una definición de hegemonía:


- Williams describe la hegemonía como un cuerpo de prácticas y
expectativas en relación con la totalidad de la vida, un sistema
vívido de significados y valores experimentados como prácticas.
- La hegemonía es siempre un proceso, no un sistema ni una
estructura. Es “un complejo efectivo de experiencias, relaciones y
actividades que tiene límites y presiones específicas y cambiantes”.
Es un PROCESO DADO (proceso por su carácter dinámico y dado
por estar en un determinado contexto).
- No se da en forma pasiva. Es continuamente resistida, recreada,
defendida y modificada, desafiada por presiones que no le son
propias.
- Por ello hay que incorporar las nociones de contrahegemonía y
hegemonía alternativa. Toda hegemonía, aunque se presente como
dominante, jamás lo es de un modo exclusivo y total. La oposición y
lucha es necesaria. La función hegemónica es controlarlas,
transformarlas e incorporarlas.
- Todo proceso hegemónico está en permanente alerta y
receptividad hacia las alternativas y la oposición que cuestiona o
amenaza su dominación.
Contrahegemonía: la hegemonía es constantemente alterada, resistida,
modificada y desafiada. Tiene elementos que se resisten, se oponen o
pueden presentar el potencial de constituirse en contrahegemónicos.
Asimismo, estos elementos pueden experimentar transformaciones y
desplazamientos a lo largo de la historia: algo que surgió como práctica
de oposición, puede pasar a formar parte de una práctica hegemónica
(ser “absorbido” por la hegemonía) en ese movimiento de asimilación y
alteración.

Tradición selectiva:
La idea de tradición selectiva remite a elementos que son recuperados del
pasado con el fin de ser resignificados en el presente.
Porque aunque es verdad que tradición implica continuidad, toda
tradición es selectiva, la naturaleza misma de la tradición, considerada
históricamente, consiste en una selección considerable. De esta manera,
todo lo que se selecciona del pasado es aquello que puede conectarse, ser
utilizado, tener valor en el presente.
¿Quiénes se encargan de recuperar intencional y selectivamente ese
pasado? La tradición selectiva es realizada por instituciones (formas de
organización perdurables en el tiempo y con reglas establecidas que
tienen influencia en un proceso social activo; por ej, museos, escuelas, la
iglesia) y formaciones (movimientos y tendencias efectivos – literarios,
artísticos, filosóficos o científicos- que inciden en la dinámica cultural en
determinado momento histórico; por ejemplo, los grupos literarios de
Boedo y Florida), presentes en una hegemonía dada. Por lo tanto,
aquellos elementos del pasado que son recuperados pueden adaptarse a
una hegemonía así como dar impulso a prácticas que la desafíen en algún
aspecto.

Elementos que pueden presentar desplazamientos, cambios y


transformaciones:
1. Dominante: lo señala como efectivo dentro de lo hegemónico. Por
ejemplo, los estándares de belleza.
2. Residual (diferente de lo arcaico: aquello que se reconoce como un
elemento del pasado para ser observado, examinado o incluso ser
revivido de un modo especializado): aquello formado en el pasado
pero que todavía se encuentra en actividad dentro del proceso
cultural como efectivo elemento del presente (es decir, aquello del
pasado que continúa activo y es significativo en el presente). Por
ejemplo, Folklore y Tango.
3. Emergente: nuevos significados y valores, nuevas prácticas, nuevas
relaciones y tipos de relaciones que se crean continuamente
(siempre pensados en relación con lo dominante y sus posibles
transformaciones). Por ejemplo, movimiento a favor del cambio
climático como Jovenes por el Clima Argentina o el movimiento
feminista de los ultimos años, más especificamente la Campaña
Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.
“Me percaté de la existencia de tres niveles: el dominante, equivalente a
lo hegemónico, que es la organización de las ideas, valores y nociones del
pasado que se corresponde con la hegemonía presente.
Pero también aprendí que junto al dominante (hegemónico) existe un
nivel que se llama residual: comprende lo que no ha sido realmente
creado en el presente, pero que, recibido del pasado, conserva todavía su
valor y significación cultural. Del otro lado de lo dominante se ubica lo
que llamé emergente: una ruptura, del tipo que sea, de lo hegemónico”.

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