Secuencia de actividades Ciencias Sociales
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relato
Una llegada inquietante Un 30 de junio de 1908, a bordo del vapor Asunción, Rosa Anna
Bondio está llegando al final de su largo viaje. Rosa Anna es casi una niña. Tiene apenas 16
años. Viajó sola desde su aldea del norte de Italia para encontrarse con su hermano, quien
cultiva un campo en la provincia de Santa Fe. Desde la cubierta del barco, Rosa Anna mira la
costa y el puerto de Rosario. ¡Desearía tener una vista de lince para poder ver a lo lejos y entre
tanta gente a su querido hermano Giuseppe! Dos lágrimas se desprenden de los ojos de Rosa
Anna. Lentas, ruedan por su rostro. Mientras se las seca con la manga del sacón, mete su otra
mano en el bolso y acaricia el cofrecito de plata que había pertenecido a su madre. Se
tranquiliza. Pero no puede dejar de temblar. ¿En junio frío?, se pregunta extrañada. En mi
tierra, en junio, hace calor. ¿Qué estarán haciendo mis asnos? ¿Y los cabritos? Seguro que
correteando por la montaña... Se sacude. ¡No quiere volver a llorar! Seguro que Giuseppe está
ahí. Piensa en la radicheta que le va a plantar y en las buenas pastas que le amasará con su
cuñada Amalia. Se relame pensando en la carne que comerá. ¿Y sus sobrinos? ¿Cómo serán
Julia y Francisco? Cuando llegan al puerto, Rosa Anna agarra bien fuerte el bolso. No es cosa de
perder las ropas. ¡Mucho menos el cofrecito! En el lugar donde revisan los pasaportes, Rosa
Anna espera sola y, luego de unas horas, cuando la llaman, se adelanta y comienza a conversar
con un empleado de la oficina de migraciones. El hombre no la entiende. Rosa Anna le dice su
nombre completo, qué sabe hacer, de dónde viene, pero el hombre sigue sin entenderla.
Finalmente, el señor se cansa y le entrega un papel. Si pudiese leerlo, Rosa Anna se enteraría
de que ahora se llama Rosana, que no tiene profesión y que es una inmigrante.
Adaptación del relato de Francis Korn, “Un puerto para llegar”, en Buenos Aires, 1910:
Memoria del porvenir, Buenos Aires, 1999.
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Comparación:
podríamos preguntarles a los chicos si conocen gente que se ha mudado de país, de provincia,
ciudad o pueblo. Podemos, además, abrir interrogantes acerca de las causas de tales
desplazamientos. Seguramente, las historias fluirán desordenadamente, mezclándose
itinerarios propios y ajenos, desplazamientos “solitarios” con otros que reconocemos
formando parte de migraciones más o menos masivas. Podemos, después, proponerles que,
ayudados por sus familiares, completen una encuesta sencilla para averiguar si sus padres,
abuelos, bisabuelos o tatarabuelos migraron hacia el lugar donde ellos viven. Preguntas del
tipo: ¿cómo se llama la persona de tu familia que emigró?, ¿qué relación tiene o tenía con
vos?, ¿de qué lugar vino?, ¿en qué año llegó, aproximadamente?, ¿por qué vino a este lugar?
servirán, probablemente, para comenzar a reconocer los distintos tipos de migraciones
(ultramarinas, limítrofes, internas) que recorren la historia de nuestro país.
Luego, junto con los chicos, podremos volcar en un cuadro de doble entrada la información
recogida por cada uno de ellos. Estaremos, entonces, en condiciones de analizar la información
y de establecer relaciones entre las variables planteadas. Para ello, en primer lugar, agrupamos
a los migrantes por períodos de llegada, por lugares de origen, por los motivos de los
desplazamientos, y proponemos a los alumnos que observen si encuentran relaciones entre las
variables. Por ejemplo, podrán ver si los motivos que los sujetos asocian con la migración
(mejorar las condiciones de vida, conseguir empleo)5 coinciden en varios migrantes de la
misma época o del mismo lugar, o si son una constante en todas las migraciones. Pueden,
entonces, escribir algunas oraciones que den cuenta de estas relaciones y de sus opiniones
sobre la información obtenida por medio de la encuesta.
Observamos imágenes.
En el trabajo con las fotos será importante detenernos en algunos detalles que consideramos
significativos. Por ejemplo, si trabajamos con la foto que retrata un grupo de inmigrantes que
acaba de descender del barco y otra donde se los ve sobre la cubierta del vapor podríamos
plantearles: ¿hay mujeres? ¿Y chicos? ¿Hay más hombres o mujeres? ¿Qué equipaje traen?
¿Cómo están vestidos? ¿Te parece que viajan cómodamente? Pero, además de esta primera
descripción, nos interesa problematizar, es decir, abrir interrogantes para que los chicos
reflexionen sobre la difícil y compleja experiencia de migrar. Consignas como las siguientes
pueden alentar el intercambio de opiniones y el debate: ¿creés que será fácil instalarse en otro
país para vivir? ¿Qué sentirá toda esta gente al mudarse a un lugar desconocido? ¿Qué habrán
dejado en su país? ¿Cómo lograron hacerse entender? ¿Habrán sido bien recibidos? ¿Sus vidas
habrán cambiado mucho?
Los docentes nos encargaremos de tomar nota de las opiniones de los alumnos al tiempo que
coordinaremos el intercambio e intervendremos repreguntando, acotando y promoviendo que
ellos expresen y argumenten sus puntos de vista. Posteriormente, volcaremos nuestras
anotaciones en una cartelera del aula para poder volver sobre ellas a medida que avancemos
en el conocimiento de la temática en estudio.
De allá para aca - Meli - Canal
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Pakapaka
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