Tema Al Andalus Pregunta 5: Resumen Tema
La cronología de Al-Ándalus comienza en 710 con las expediciones musulmanas en la península, en el
contexto de la 2a fase de expansión del Islam. En 711, los partidarios de Witiza piden ayuda a los
musulmanes del Norte de África para luchar contra don Rodrigo, lo que lleva a la rápida conquista
musulmana tras la derrota visigoda en la batalla de Guadalete. Esta conquista se facilita por la debilidad
del reino visigodo, pactos de capitulación como el firmado por Teodomiro en Murcia (pactos por shul y
pactos por ahb), tolerancia religiosa a cambio del yizya y la pasividad de la población. Aunque los
musulmanes avanzan, sufren derrotas en Covadonga (722) y el reino franco por Carlos Masten en Poitiers
(732). Las áreas montañosas se convierten en áreas de resistencia cristiana, y la península queda bajo el
control de un wali dependiente del emir del norte de África y del califato Omeya de Damasco. Durante este
tiempo, surgen tensiones entre familias árabes por el control del gobierno y entre árabes y bereberes por las
tierras y botines. En 750, tras la caída de los omeyas en Damasco sustituidos por los abbasíes, Abderraman
I, el único sobreviviente omeya, llega a Al-Ándalus y toma el poder.
Abderramán I fundó el Emirato de Córdoba, un emirato independiente del poder de Bagdad desde el punto
de vista político y militar, aunque acataban todavía la autoridad religiosa del califa. Abderraman I, su hijo
Hisam I y su nieto Al-Hakam I, fundaron las bases de su consolidación mediante la confiscación de tierras
o bienes y una creciente presión fiscal. La centralización administrativa, la creación de un ejército
profesional de mercenarios (aumentando las razzias) y la promoción y difusión del integrismo religioso.
Con Abderramán II, emir que fundó la ciudad de Murcia en el 825, se producen conflictos en las marcas.
La muerte de éste coincide con una crisis política, donde los cristianos aprovecharon para avanzar hasta la
"tierra de nadie". Con Muhammad se produce la FITNA.
En el año 929, Abderramán III se autoproclamó califa, y con el gobierno de Córdoba: frenó las revueltas
en las marcas, calmó la rebelión interna de Ben-hafsun, inició unas campañas contra el rey de León y
conquistó Ceuta, Melilla y Tánger. A continuación, realizó una reforma en el estado para convertirlo en
Califato: actuó como un auténtico autócrata, la corte estaba encabezada por visires y hachib, mantuvo una
buena situación económica (Madina al-Zahra) e intensificó las razzias hasta convertir a los reinos
cristianos en tributarios, pagando las parias Al-Hakan II mantuvo el dominio militar y el culminante
esplendor cultural, atrayendo a los mejores escritores y juristas de la época. El final del califato se precipitó
tras la muerte de Al-Hakan II. Quien realmente gobernaba el califato era Al-Mansur, un hachib, que realizó
55 campañas contra los cristianos (Barcelona y Santiago de Compostela). Tras la muerte de él, el califato
entró en una larga crisis interna, donde el estado cordobés se descompuso en taifas. Finalmente, en el año
1031, se declaró extinguido el califato.
Al-Andalus quedó rota en unos 20 reinos de taifas enfrentados entre sí, y los reyes católicos aprovecharon
para extender sus territorios, provocando que los taifas buscarán ayuda en los almorávides. Surgiendo el
imperio almorávide, donde surgen las segundas taifas, y posteriormente se daría la derrota de los
almohades en la Batalla de las Navas de Tolos en 1212.
Solo sobrevive Muhammad I que controla Málaga, Granada y Almería tras entregar Jaén y Córdoba.
Fernando III le admite como vasallo y acepta su soberanía en el Reino de Granada. Este sobrevive durante
tantos años debido: al control del sistema bético, la eficaz gestión interna, la potencia democrática y la
habilidad diplomática. El período de máximo esplendor se produce en el siglo XIV, con Muhammad V y la
construcción de la Alhambra, con una crisis política, y finalizando en 1492 con la conquista de los Reyes
Católicos y la rendición de Boabdil.