Nerea Mateos Ruiz 2º Laboratorio
Mañanas
ÍNDICE:
Clasificación
Características
Manifestaciones clínicas
Diagnóstico
Tratamiento
Bibliografía
Clasificación:
El Lymphocrytovirus es un género de la familia HERPESVIRIDAE,
subfamilia GAMMAHERPESVIRINAE, constituida por virus similares a
las especies típicas de herpesvirus 4 humano (HERPESVIRUS 4,
HUMANO), conocido mejor como el virus Epstein-Barr o como virus de la
mononucleosis.
Características:
El virus Epstein-Barr (VEB) presenta una doble cadena de ADN con una
longitud de 172 Kb. Esta información genética está protegida por una
cápside isocáedrica de aproximadamente 100 nm y rodeada por una
envoltura proteolipídica compleja. Para asegurar la infección de las células
diana y el ensamblaje y salida de los nuevos viriones, se requieren al menos
6 proteínas .
Se han identificado dos tipos de VEB: el VEB-1 y el VEB-2. En Europa y
Estados Unidos, el tipo VEB-1 es 10 veces más frecuente que el VEB-2,
aunque en otros entornos, como África, ambos tipos están equitativamente
distribuidos.
La vía de contagio habitual del VEB es a través de la saliva, aunque
también se ha descrito la transmisión sexual y por hemoderivados. Además,
se ha aislado el virus en la leche materna. Curiosamente, más del 90 % de
los pacientes no recuerdan haber tenido contacto con una persona enferma,
ya que el virus puede permanecer durante meses en la orofaringe de
pacientes que ya han pasado la enfermedad.
Una vez en la orofaringe, el VEB llega al epitelio orofaríngeo y a las
glándulas salivares, donde infecta a las células epiteliales. Los viriones
también infectan a los linfocitos B, que transitan cerca o directamente en
las criptas tonsilares. La entrada del virus en la célula linfoide es un
proceso complejo que comienza con la unión de la glicoproteína vírica gp
350/220 al receptor de superficie de los linfocitos B CD21. La entrada del
virus en la célula ocurre mediante endocitosis. Una vez dentro del
citoplasma, se produce la decapsidación y el transporte del ADN al núcleo.
En ese momento, la molécula de ADN adquiere una morfología circular y
forma un episoma. Después de la infección, los linfocitos B comienzan el
ciclo celular y proliferan continuamente en un proceso denominado
transformación o inmortalización, lo que da lugar a líneas de células
linfoblastoides inmortalizadas que pueden propagarse in vitro.
La infección de los linfocitos B por el virus Epstein-Barr (VEB) se
caracteriza por un estado de latencia vírica. Durante este estado, debido a la
acción de enzimas celulares del huésped sobre el episoma, se producen una
serie de moléculas in vitro. Algunas de estas moléculas destacan:
Proteínas de membrana de infección latente (LMP1 y LMP2).
Antígenos nucleares (EBNA).
Dos pequeños fragmentos de ARN no codificantes (EBER).
Otras moléculas de ARN que podrían codificar proteínas (BART) .
La proliferación y expansión de los linfocitos B infectados, junto con las
células T reactivas, dan lugar al crecimiento del tejido linfoide.
El VEB se propaga a través de la sangre. Durante la fase de infección
aguda, más de 1 de cada 100 linfocitos B de sangre periférica están
infectados. Sin embargo, tras la infección primaria, el VEB solo se detecta
entre 1 y 50 linfocitos circulantes por millón. Esto es posible gracias a la
expresión restringida de los antígenos de latencia, que les permite perdurar
a pesar de la vigilancia inmune.
La infección por el VEB provoca una respuesta tanto celular como
humoral. En la fase inicial de la infección, la acción combinada de células
NK (natural killer) y linfocitos T (CD4+ y CD8+) controla la proliferación
de los linfocitos B infectados. Durante las primeras fases de la infección,
hasta el 50 % de los linfocitos circulantes son activos frente a los antígenos
del ciclo lítico del virus. Se han demostrado anticuerpos específicos contra
los antígenos de la cápside viral (VCA) y los antígenos tempranos (EA).
Posteriormente, cuando la infección latente se ha establecido, la respuesta
inmune se dirige contra los antígenos de latencia, especialmente EBNA3.
El VEB ha desarrollado múltiples estrategias para eludir esta respuesta
inmune, como la producción de la proteína BCRF1, que tiene una similitud
del 70 % con la citosina inmunomoduladora interleucina 10, y la proteína
BARF1, que interfiere en la expresión del interferón a por los monocitos.
La hiperproducción de bcl-2 previene la apoptosis de las células del
huésped. Finalmente ha desarrollado una estrategia para persistir en el
compartimento de los linfocitos B de memoria, manteniendo las células que
expresan únicamente EBNA1, que es resistente a la degradación por el
proteosoma celular y elude ser presentado como antígeno
Manifestaciones clínicas:
La mononucleosis infecciosa es la manifestación clínica más común y
ampliamente conocida del virus Epstein-Barr (VEB). Su presentación varía
según la edad en la que se manifiesta. El grupo de edad más afectado se
encuentra entre los 10 y 20 años, con tasas de incidencia de 6 a 8 casos por
cada 1000 habitantes al año.
El periodo de incubación oscila entre 4 y 6 semanas y está precedido por
pródromos (como astenia, febrícula y mialgias) durante 1 a 2 semanas.
Luego se desarrolla el cuadro típico, que incluye fiebre, odinofagia y signos
de inflamación faríngea y linfadenopatías. Los ganglios laterocervicales
son los más afectados, y esta tríada se presenta en más del 50 % de los
pacientes. Además, se pueden observar otras manifestaciones, como
enantema palatino (5–13 %), esplenomegalia (detectada habitualmente por
ecografía en un 50–63 %), hepatomegalia (6–14 %) y rash macular o
maculopapular (que aparece en un 5 % de los pacientes y aumenta hasta
más del 70 % en aquellos que toman penicilinas o amoxicilina). Es
importante mencionar que la prevalencia del rash después de la
administración de betalactámicos es mucho menor en estudios más
recientes. Además, existen formas “glandulares” en las que predominan las
linfadenopatías, prácticamente sin síntomas faríngeos, y formas
“sistémicas”, en las que hay escasas molestias faríngeas y adenopatías.
La evolución es generalmente buena. La mayoría de las manifestaciones
desaparecen al final de la cuarta semana, aunque las adenopatías y la
astenia se resuelven más lentamente. Hay síntomas como la astenia y la
hipersomnia que se pueden prolongar en el tiempo (hasta un 10 % lo
presentan 6 meses después de la enfermedad)
Se pueden presentar diversas complicaciones, en ocasiones potencialmente
fatales. Las complicaciones hematológicas se observan en más del 25 % de
los casos y son habitualmente leves. Incluyen anemia hemolítica,
trombocitopenia, neutropenia, anemia aplásica, púrpura trombótica
trombocitopénica, síndrome hemolítico urémico y coagulación
intravascular diseminada. Las complicaciones neurológicas oscilan entre el
1–5 %; destacan entre ellas el síndrome de Guillain-Barré, la
meningoencefalitis o meningitis aséptica, cerebelitis, mielitis transversa,
neuritis ópticas, mononeuritis o parálisis de nervios craneales. La
afectación de la analítica hepática (hipertransaminasemia) es muy frecuente
(75 %), aunque la ictericia y el fallo hepático (menos de 0,1 %) son raros.
También es posible la afectación pulmonar en forma de neumonitis y la
obstrucción de la vía aérea superior por la hiperplasia linfoide y el edema
de la mucosa que se puede presentar en hasta el 1–3 % de los casos
Diagnóstico:
La mononucleosis infecciosa se sospecha en cualquier joven que presente
una clínica compatible con fiebre, odinofagia y adenopatías cervicales.
Habitualmente se acompaña de elevación de transaminasas (ocurre entre el
50–75 % de los casos) y, sobre todo, de una leucocitosis moderada con
linfocitosis relativa y linfocitos atípicos1 que corresponden a células T
citotóxicas activadas. Como criterio diagnóstico consideramos linfocitosis
superiores al 50 % del total y linfocitos activados por encima del 10 %
(sensibilidad del 75 % y especificidad del 92 %)
1: linfocito polimorfo de núcleo irregular con
cromatina menos compactada,
hiperbasofilia citoplasmática y con zona clara
perinuclear, con refuerzo periférico
En el diagnóstico diferencial se incluyen las faringitis de otra etiología,
sobre todo de las producidas por estreptococos, que es la causa más
frecuente de este proceso (15–30 % en niños y 10 % en adultos); en la
faringitis estreptocócica no se detecta esplenomegalia ni linfocitosis. Otras
causas de faringitis como las producidas por los virus respiratorios
(rinovirus, coronavirus, adenovirus) deben ser valoradas.
Para el diagnóstico en el laboratorio se utilizan las siguientes técnicas:
Detección de anticuerpos heterófilos mediante la prueba de Paul-
Bunnell:
Anticuerpos Heterófilos:
Durante la infección primaria, se generan anticuerpos circulantes
heterófilos (principalmente IgM). Estos anticuerpos reaccionan contra
antígenos virales y también cruzan reactividad con antígenos presentes en
los glóbulos rojos de carneros o caballos. El test rápido para detectar
estos anticuerpos se llama monospot y se utiliza para el diagnóstico de la
MI infecciosa. En la primera semana, estos anticuerpos pueden ser
negativos en el 25% de los casos y entre el 5% y 10% en la segunda
semana. Una vez que se vuelven positivos, pueden persistir durante más de
un año.
Detección de Anticuerpos Específicos para el VEB:
En situaciones atípicas o cuando los anticuerpos heterófilos son
negativos, se recomienda evaluar anticuerpos específicos para el virus de
Epstein-Barr. El diagnóstico definitivo se basa en la detección de los
siguientes anticuerpos: IgM e IgG contra antígenos de la cápside vírica
(anti-VCA): Elevados en más del 90% de las infecciones agudas. Los anti-
VCA tipo IgM aparecen temprano y desaparecen en semanas, mientras que
los anti-VCA IgG persisten de por vida. Anticuerpos tempranos (anti-EA):
Surgen a las 2-4 semanas del inicio de la enfermedad. Existen dos tipos:
EA-D (relacionados con la gravedad y el carcinoma nasofaríngeo) y EA-R
(presentes en el linfoma de Burkitt).
Cultivo: Se puede cultivar el virus procedente del exudado de la
orofaringe o de los linfocitos circulantes, pero es complejo y no
tiene utilidad en el diagnóstico de la enfermedad aguda. Para la
localización de muestras en tejidos se ha utilizado la detección de
EBER, mediante hibridación in situ. La determinación de carga
vírica por reacción en cadena de la polimerasa (PCR) en sangre o en
plasma (mejor en plasma acelular) ha demostrado tener su utilidad
en el diagnóstico, aunque con cifras muy dispares según los
laboratorios; no está recomendada de rutina en pacientes
inmunocompetentes. Su utilidad radica en distinguir portadores
sanos de pacientes con enfermedades relacionadas con el VEB, en la
infección crónica y en el diagnóstico y seguimiento de diversos
tumores. Es útil su medición periódica en pacientes trasplantados
con riesgo de desarrollar linfomas postrasplante
Tratamiento:
Actualmente no se dispone de un tratamiento farmacológico específico y
eficaz frente a la enfermedad viral, por lo que el tratamiento de la
mononucleosis infecciosa tiene un carácter sintomático, basándose en el
empleo de fármacos que alivian las molestias propias de la enfermedad:
Como el uso de analgésicos y antipiréticos (paracetamol y antiinflamatorios
no esteroideos), que son los fármacos de elección para tratar los síntomas
más generales de la enfermedad: fiebre, dolor e inflamación. No se
aconseja el empleo de ácido acetilsalicílico por el riesgo de síndrome de
Reye, ya que se trata de una enfermedad de origen vírico.
Fórmulas de uso tópico a base de antisépticos, anestésicos y
antiinflamatorios, cuya indicación principal es aliviar las molestias de la
zona orofaríngea.
Los corticoides, acortan la duración de la fiebre, pero la linfadenopatía y
los síntomas orofaríngeos de la enfermedad, no están indicados en el
tratamiento de la mononucleosis infecciosa no complicada. Su utilidad se
centra en aquellos casos en los que coexiste, junto con la sintomatología
habitual, obstrucción de la vía aérea, anemia hemolítica aguda, afectación
cardíaca grave o enfermedad neurológica.
Bibliografía:
[Link]
mononucleosis-infecciosa-revision-actualizacion-13132075
[Link]
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