Nunca le gustó la lluvia. Bueno, realmente ninguna estación en realidad.
Sin embargo, debía
admitir que de todos los días esos eran los más soportables. Si le preguntaran, diría que la razón
era que la melancolía típica de su esencia le brindaba el disfraz perfecto a la desesperación oculta
en sus ojos.
Cada que llovía, podía sentirse libre de romperse. Gritar, llorar, reír sin emoción.
Luchando por deshacerse, en vano, de las asfixiantes ataduras de su existencia; porque eso era a
sus ojos: una existencia ilícita, sin razón de ser, sin significado, sin importancia.
Oh, si tan sólo pudiera desaparecer de una vez. Si, así como sus lágrimas se pierden entre las gotas
de agua cayendo sobre su rostro, el pudiera perderse en el paisaje... asegurando no darle más
molestias a los que consideraba sus amigos y él encontrando por fin la tan anhelada calma que
propinaba la soledad.
Acabar con tu "vida" podría considerarse una idea simple, que podría hacerse de maneras igual de
simples. Sin embargo, esa posibilidad pierde fuerza, ante la noción de una promesa hecha a
alguien importante.
Sakunosuke Oda, ese era el nombre de a quien Osamu había dado su palabra.
Más que un conocido, para Dazai, Sakunosuke era un hermano mayor. La única persona que se
preocupó por él de manera genuina sin importarle que el otro lo ignorara.
Luchó por encontrar una forma de acabar con el pensamiento suicida del más joven, de eso podía
dar crédito, más nunca lo logró. Extrañamente, cuanto más se esforzaba en conseguir algo en que
enfocar la atención de manera positiva, menos probabilidad había de que la distracción durara un
tiempo razonable.
Sólo lo estaba condenando más a la perdición.
Cuándo dejó de buscar salidas, se limitó a seguirle el hilo de pensamiento y empezar a escuchar
con más detenimiento sus expresiones.
Al hacerlo concluyó que todo sería en vano.
No había salvación para él. O al menos, no una que él le pudiera brindar.
Dazai lo sabía, siempre lo supo, pero no negaría que tuvo la ligera esperanza de que Odasaku,
como él le decía, le encontrará fin a su sufrimiento. Estaba convencido de que nunca obtendría
paz. Y la vida sólo se lo confirmó cuándo le quitó a la única persona importante para él.
........
Fue un día lluvioso. Lo detestó con toda su alma. Oda no merecía que el escenario que presenciara
su muerte fuera uno tan deprimente, no cuando él intentó darle justo lo contrario.
Quiso huir. No se sentía capaz de afrontarlo. Quería que fuera un sueño, una pesadilla de las
tantas que lo atormentaban en las noches...
Pero no lo era.
Por más que cerrara los ojos, por más que apretara las uñas en su piel hasta sangrar, la imagen
frente a sus ojos no desaparecería.
Y aún con el corazón desbocado, con las manos temblorosas tomando suavemente las del otro
que se quedaban sin fuerza, escuchó las últimas palabras de su amigo, que más que eso eran una
súplica a su persona.
-"Dazai" -su nombre pronunciado con esa cautela tan desesperante y el cansancio asfixiante lo
aterraba- "nunca encontrarás una razón para vivir, es imposible para ti" -no quería seguir
escuchando- "eso lo comprobé en carne propia. Eres un ser hecho para vivir en la desesperanza, y
es probable que nunca encuentres la paz que tanto deseas. Tú no crees en el bien o el mal. Para ti
son lo mismo: Nada”. - Cállate. Eso quería decirle. No, gritarle, quería gritarle que se detuviera. Él
ya sabía todo eso. ¿Por qué se lo recordaba? ¿Por qué así? ¿Porque ahora? Cuando quiso hacerlo,
se dio cuenta de que ningún músculo le respondía, intentó hacerse reaccionar a sí mismo, hacer
algo, decir algo...pero nada.
Sólo pudo limitarse a escuchar sumiso la sentencia del mayor.
-"Entonces, si son lo mismo, vive como alguien de bien, ayudando al huérfano y a quien lo
necesite. Hasta el final de tus días, vive buscando sanar en otros la herida que en ti no hubo cura.
Tal vez eso no cambie nada en tu destino, pero almenos sería un poco más hermoso ¿No lo
crees?".
- "Lo haré, Odasaku"- no supo que más decir. La respuesta se articuló de forma mecánica.
Firmando así su condena.
.........
Llorar bajo la lluvia, se volvió algo recurrente.
Ese maldito circulo vicioso en el que se desmoronaba una y otra vez entre las gotas de agua,
apegándose al recuerdo de su amigo y verdugo. Maldiciendo la promesa y maldiciéndose así
mismo por pensar en romperla. Sólo la lluvia era testigo de los lamentos, impregnados de angustia
del muchacho.
Aunque, si la lluvia solo lo arrastraba más al sufrimiento ¿Por qué se seguía refugiando en ella?
.........
-"Los cerezos se ven hermosos en primavera ¿No lo crees Dazai?."- oh, ya lo recordaba. - "él
contraste de las flores y el cielo, luce encantador".- no contestó, se limitó a mirar el paisaje: un
campo colindante al parque que rodeado por decenas de arboles de cerezo albergaba a un
montón de parejas y familias que buscaban disfrutar en compañía el inicio de la primavera y el
espectáculo de bienvenida que este tenia por ofrecer .- "¿Lo ves? Incluso las simples y desnudas
ramas del cerezo se despojan de su su solitaria tristeza y se socorren en la compañia de hermosas
flores al terminar el invierno".
El no podía ver los colores de la primavera.
El se sentía como esas ramas: vacias, frias, aburridas. Atrapado en un invierno sin fin.
Esperando con la mano extendida poder sentir en algún momento los rayos del sol y ver a
colores...
Una ilusión a sus ojos.
Una ilusión que no seria tan irreal al final...
-¡'Samu! ¿Lo ves? Te dije que hoy era perfecto para venir. ¡Mira lo floreados que están!
Un pequeño pelirrojo de ojos zafiro, miraba con asombro entusiasmado el paisaje alrededor,
repleto de vida.
No respondió, se limitó a contemplarlo.
Le miraba con adoración nada disimulada, pero lo que debería ser considerado un gesto romántico
fue interpretado al contrario por el destinatario de aquella mirada.
-¡Hey! ¿Se puede saber a que viene esa cara de idiota?
-¿Hmmm? Oh, lo siento; no pude escucharte bien, ¿qué decías, percherito?
-¡¿Ah?! - se acercó a zancadas con clara intencion de darle un puñetazo en el rostro, puñetazo que
esquivó fácilmente.
-¿Eh? ¿Porque me quiere morder un pequeño Chihuahua?
-¡Tú, bastardo!- dirigió su puño las costillas contrarias, pero en un rápido movimiento éste atrapó
su muñeca suavemente y tiró de ella para caer ambos al pasto verde recubierto por petalos de
flor.
Empezó a arrepentirse ligeramente por haberlos aventado a ambos tan repentinamente; después
de todo, no consideró quien de los dos recibiría todo el impacto del golpe... Bueno, no todo era
malo, no con su pequeño pelirrojo encima de él, quien algo aturdido y apoyando sus manos en el
pecho contrario se levantó un poco para verlo a los ojos.
Ese hermoso instante de silencio, en el que sus miradas se encontraron y Dazai contempló con
cariño el rostro contrario cubierto de pétalos, jurando que aquella imagen la atesoraría en su
memoria y corazón para siempre, fue interrumpido por una estruendosa pero armoniosa
carcajada. Cortesía del dueño de sus pensamientos.
Incrédulo. Así estaba Dazai en ese momento. ¿Que era tan gracioso?
No fue hasta que la risa pareció calmarse de a poco, que el propio pelirrojo se lo mostró, sacando
un pequeño espejo del bolsillo de su suéter.
Osamu Dazai no era de avergonzarse. De hecho, no recordaba haberlo hecho antes.
Pero ahora, viendo su propio reflejo en el pequeño espejo de mano, no podia pensar en otra
excusa para explicar el creciente sonrojo en sus mejillas.
Al igual que el menor, él también se hallaba enterrado entre flores, pero claramente en mayor
cantidad. Cabello revuelto, espolvoreado en tonos rosas, haciendo juego a sus ahora rojas mejillas
y lo más llamativo: el curioso bigote floreado que lo hacía ver ridículo, según él.
Se levantó lo más rápido que pudo, sacudiéndose aún con el rostro rojo.
-Oh vamos, no te veías nada mal con tu nuevo look. -mencionó el más bajo, con un ligero tono
burlón pero inofensivo.
Cuándo Dazai lo miró, entrecerrando los ojos y con una mueca de reproche- seguramente por la
poca gracia que le causaba el que él otro se mofara de él por su actual apariencia- se acercó
sonriendo ligeramente y desenredó con suavidad Un pétalo que había quedado atrapado en los
traviesos rizos castaños.
Ambos se sentaron entre risillas sobre el césped y después de un corto y cómodo silencio, el
pelirrojo volvió a interrumpirlo con emoción contagiosa.
-¡'Samu, un trébol de cuatro hojas!- con entusiasmo, se inclinó para tomarlo con cuidado y se
acercó más a Dazai para que los dos pudieran observarlo mejor- ¿No es bonito?
- ¿Talvez? ¿Qué tiene de interesante una hoja partida en cuatro?
Un codazo fue lo que recibió.
- ¡No es una simple hoja inculto!
- ¿Ah no?
-No- guardo silencio un momento, como si analizara algo- veamos... ¿Qué debería hacer para que
tú diminuto cerebro de ardilla lo entienda?
No le dejó tiempo al otro de replicar por la mofa que le acababa de hacer, cuando volvió a hablar.
-Dan buena suerte. Mi hermana decía que, si te encontrabas uno y le contabas un deseo que
realmente añoraras con todo tu ser, te lo concedería.
- ¿Eh? ¿Los que hacían eso no eran los dientes de león?
-Sí, ellos también. Pero según ella los tréboles referían más al romance...
Dazai pareció interesarse más por ese punto.
-En ese caso, ¿Chuuya pedirá algo?
-Eh, bueno ...no lo había pensado mucho. Tal ves que mi hermana nos visite el año que viene para
ver las flores. Estoy seguro que le encantarían.
-Ya veo...
- ¿Ya veo? ¿Que se supone que significa eso?
-Tu realmente pides cosas aburridas. Si sigues pensando cosas tan cursis ni siquiera el gran trébol
podrá cumplirlo.
- ¡Eso no es cursi! Y, ¿Aburrido dices? ¡Estoy más que seguro que si tu llegaras a pedir un deseo
sería algo terriblemente estúpido!
-Pero no aburrido- contratacó con diversión nada disimulada en su cantarina voz.
-Argh, tú...- chasqueó la lengua algo irritado, inspiró hondo y relajó la expresión - ya no sé qué se
supone que hago siguiéndote la corriente. Al fin y al cabo, por más que intente meterte algo en
ese ridículo cerebro tuyo, no cambiarás. Siempre serás un idiota.
Y paso seguido se dispuso a recostarse tranquilamente en el suelo, cómodo y dispuesto a no ceder
a cualquier provocación por parte del castaño, quien ligeramente sorprendido por la reacción tan
calmada de Chuuya soltó una risueña risa a la par que tomaba lugar al lado suyo.
Se tomó su tiempo para observar el paisaje.
Un escenario hermoso, casi perfecto del que Dazai se antojaba indigno.
El realmente consideraba que creer en que una simple hoja como lo era un trébol, podría hacer
realidad tu más grande deseo sólo con pedirlo con apasionante entusiasmo era absurdo.
Sin embargo, si existiera la mínima posibilidad... Si se le permitiera ser un poco egoísta, al menos
una sola vez en su vida y pedir un deseo en base a ello...
-Chuuya- susurró con calma; saboreando en el proceso, el sonido de cada una de las sílabas que
conformaban aquel exquisito nombre a la par que llevaba su mano a la contraria y la tomaba con
delicadeza, pero firmemente, como temiendo que la imagen del pelirrojo frente a él desapareciera
como un espejismo ante el más mínimo toque.
El brillo en los serenos ojos zafiro, impregnados por un ligero tinte de sorpresa y curiosidad- lo más
seguro, por el repentino cambio en su mirada y voz, además de tener su mano sujetada- le hizo
saber con certeza que tenía toda su atención y le brindó el valor que necesitaba para pronunciar
sus siguientes palabras con todo el cariño y añoranza soñadora reflejada en su voz:
-Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos.