CAPITULO II
Normas de comportamiento policial.
Artículo 7º La carrera policial requiere: vocación, patriotismo, abnegación, honradez profesional,
firmeza de carácter, veracidad, valor, obediencia y compañerismo.
Artículo 8º La política periodista y las discusiones de tal carácter, así como las de índole religiosa,
no son permitidos en la Policía Nacional. A sus integrantes les está prohibido pertenecer a
instituciones políticas, concurrir particularmente a actos de tal naturaleza, o permitir su
propaganda dentro de ella.
Artículo 9º Los superiores, con su actitud ejemplar, tienen la obligación de estimular en sus
subalternos las virtudes profesionales.
Artículo 10. El trato recíproco del personal policial y sus relaciones con los demás miembros de la
fuerza pública y seguridad de la Nación deben estar regidos por sentimientos de hidalguía,
franqueza, seriedad, respeto y compañerismo.
Artículo 11. El porte del uniforme ha de ser pulcro, sin ostentación, con gallardía y honor.
Artículo 12 En el ejercicio de sus funciones el policía ha de hacerse obedecer con el
convencimiento de que encarna la majestad de la ley, por esto ha de usar la reflexión, el buen
juicio y de preferencia la persuasión.
Artículo 13 En el manejo y control de caudales, elementos y bienes de la institución debe
procederse con la más estricta honradez profesional.
Artículo 14. El desconocimiento de las normas del reglamento no exime de responsabilidad
disciplinaria a los miembros de la Policía Nacional.
CAPITULO III
De la subordinación.
Artículo 15. La subordinación debe fundamentarse en el contenido de las leyes, normas y
reglamentos.
Artículo 16 Cuando la obligación profesional debe cumplirse sin mediación de una orden o de una
autorización, la subordinación es directa.
Artículo 17. Cuando el cumplimiento de la obligación profesional requiera la existencia de una
orden o de una autorización, la subordinación es jerárquica.
Artículo 18. La subordinación jerárquica será inmediata cuando, según las normas del conducto
regular, las ordenes o las autorizaciones necesarias para el cumplimiento de funciones ordinarias
de servicio, puedan impartirse sin intermediario.
Artículo 19. El funcionario competente para expedir órdenes o conceder autorizaciones se llama
superior de quien deba ejecutarlas o solicitarlas y este último se llama subalterno de aquel.
Artículo 20. El orden jerárquico es el establecido en la ley, pero la competencia para dar ordenes o
conceder autorizaciones no depende del grado que se ocupe en la jerarquía sino de la función que
se haya asignado al superior.
Artículo 21. No puede destinarse a un funcionario para que sirva bajo el mando de otro que ocupe
grado inferior en la jerarquía.
CAPITULO IV
De la disciplina.
Artículo 22. La disciplina es condición esencial para la existencia de la institución e implica la
observancia de las leyes, reglamentos y órdenes que consagran el deber profesional.
La disciplina policial debe ser mantenida por quienes ostentan autoridad, mando o jerarquía, a
través de la cohesión, de la inteligencia y voluntad de sus subordinados en el cumplimiento de las
órdenes del servicio.
Artículo 23. La disciplina se mantiene cumpliendo los propios deberes y ayudando a los demás a
cumplir los suyos. Del mantenimiento de la disciplina serán responsables todos los miembros de la
institución, en forma directamente proporcional a las funciones y obligaciones que de acuerdo al
grado y cargo desempeñen.
Artículo 24. Es deber de todo superior estimular a quienes se destaquen en el cumplimiento de sus
obligaciones y corregir a quienes falten a éstas.
Artículo 25. Es deber ineludible del superior prevenir la comisión de infracciones. Solo como
último recurso debe recurrir a las sanciones.
Artículo 26. Los superiores con atribuciones disciplinarias deben proceder con estricta
imparcialidad y rectitud. El que omita la sanción cuando esté obligado a aplicarla lesiona el
principio de autoridad, estimula la impunidad, entorpece la educación, multiplica las faltas y
quebranta la disciplina. La sanción pierde todo su valor y eficacia cuando no se aplica con
oportunidad, rectitud y moderación.
Artículo 27. Llámase atribución disciplinaria la facultad que tienen las comandantes y jefes
policiales para aplicar estímulos y sanciones a sus subordinados.
Artículo 28. Los medios para encauzar la disciplina pueden ser: estímulos y sanciones; los primeros
se emplean para incrementarla y fortalecerla y las segundas para restablecerla cuando ha sido
quebrantada.
Artículo 29. Son estímulos todos aquellos que tienen por finalidad reconocer y exaltar las
actuaciones destacadas del personal de la policía en el cumplimiento de sus funciones.
Artículo 30. Son sanciones todas aquellas que implican el ejercicio de la autoridad reglamentaria
para conseguir la corrección de quienes han infringido las normas que consagran y defienden los
principios profesionales y evitar la reincidencia.
CAPITULO V
De la jerarquía.
Artículo 31. La superioridad policial existe por razón del grado, antigüedad o cargo. Todas las
jerarquías de la policía están presididas por:
a) Presidente de la República
b) Ministro de Defensa, y
c) Director General
Artículo 32. Entre los miembros de las diversas jerarquías no existe equivalencia, pero se deben
mutuo respeto y están obligados a colaborar armónicamente para la mejor satisfacción del fin
común.
Artículo 33. La sucesión del mando se produce, invariablemente, cuando por ausencia del superior,
el subalterno asume la función de aquel, según el orden de jerarquía y antigüedad.
Artículo 34. La antigüedad se determina dentro de un mínimo grado por la fecha de
nombramiento o del ascenso respectivo y por orden de colocación en la norma que lo confiere.
CAPITULO VI
Del mando.
Artículo 35. Mando es la facultad para dirigir y conducir hombres, ejerciendo al mismo tiempo
predominio intelectual y moral suficiente para obtener unidad de acción voluntaria. El mando y la
dirección deben entenderse como el uso adecuado de los recursos, tanto humanos como
materiales para lograr los objetivos. Los comandantes, directores y jefes deben entender que las
unidades se guían por la acción del mando y no por inercia.
Artículo 36. Para mandar acertadamente se requiere saber obedecer consciente y
razonablemente.
Artículo 37. La justicia será siempre norma invariable de comportamiento y procedimiento del
superior, quien está obligado a ser ejemplo para sus subordinados, guardándoles las
consideraciones correspondientes a su jerarquía, cargo, condiciones y dignidad.
Artículo 38. El ejercicio del mando o la acción de dirigir implica responsabilidades ineludibles. El
superior no podrá disculparse ni justificarse con las omisiones o descuidos de sus subordinados.
Artículo 39. Es deber del personal de la Policía Nacional asumir la responsabilidad de todos sus
actos con arreglo a las leyes, reglamentos y disposiciones de carácter general.
CAPITULO VII
De las órdenes.
Artículo 40. La función de dirigir y mandar se ejercita, principalmente, mediante órdenes.
Artículo 41. La orden es un mandato externo se la autoridad que se debe obedecer, observar y
ejecutar, constituyéndose en la función más importante y delicada del mando.
Artículo 42. El superior investido de mando y autoridad, dentro de la jerarquía policial, es
competente para impartir órdenes; los límites de esta competencia se señalan en la ley y los
reglamentos que regulan el servicio y la función.
Artículo 43. Por regla general, se presume la legitimidad y conveniencia de todas las órdenes.
Artículo 44. Toda orden policial debe ser lógica, oportuna, clara y precisa. Se debe ordenar siempre
con serenidad. Ordenar lo que no se debe o no puede ser obedecido es provocar la
desobediencia.
Artículo 45. Antes de impartirse una orden se reflexionará sobre si su contenido está dentro de las
facultades inherentes al cargo, si no invade o interfiere atribuciones ajenas, si no es contraria al
espíritu o letra de las leyes, reglamentos u órdenes superiores o si está bien concebida para no dar
lugar a contraórdenes.
Artículo 46. Es legítima la orden cuando excede los límites de la competencia de quien la da, o
quien la recibe no es competente para cumplirla.
Artículo 47. Siempre excede los límites de la competencia del superior la orden que conduzca
manifiestamente a la perpetración de un delito. En tal caso la responsabilidad recaerá sobre el
superior y subalterno.
Cuando el subalterno tenga duda sobre la legitimidad de la orden debe advertirlo así al superior.
Se justifica el incumplimiento de una orden cuando el subalterno estuviese incapacitado
físicamente para cumplirla.
Artículo 48. Por regla general, toda orden superior debe ser cumplida. No obstante, podrán los
subalternos poner de presente al superior en forma comedida y discreta, la inconveniencia de su
cumplimiento. Pero si hubiere insistencia por parte del superior, previa confirmación por escrito, la
orden debe cumplirse sin dilación alguna.
Artículo 49. Si la orden conduce manifiestamente a la comisión de un delito, los subalternos no
están obligados a obedecer.
Artículo 50. Las órdenes deben cumplirse en el tiempo, modo y lugar indicado por el superior.
Cuando al ejecutarla aparecieren circunstancias de fuerza mayor que puedan modificar el tiempo,
modo y lugar previstos para su ejecución, su cumplimiento puede ser dilatado o modificado,
siempre que no pudiere consultarse al superior a quien se comunicará la decisión tomada, tan
pronto como fuera factible.
Artículo 51. Cuando el personal de la Policía Nacional actúe en conjunto, la responsabilidad recae
en el superior que imparte las órdenes.
Artículo 52. Siempre que el superior imparta una orden o asigne una misión, el subordinado está
obligado a dar aviso sobre su cumplimiento y resultado dentro del menor tiempo posible.
CAPITULO VIII
Del conducto regular.
Artículo 53. Se entiende por conducto, regular el sistema empleado para trasmitir tanto las
órdenes, disposiciones, consignas, así como solicitudes, partes y reclamaciones escritas y verbales,
a través de las líneas de mando ascendentes y descendentes, de conformidad con la organización y
jerarquía establecida para la Policía Nacional.
Artículo 54. El conducto regular deberá observarse tanto del subalterno al superior, como del
superior al subalterno. Sin embargo, cuando un subalterno recibe una orden directa esta en la
obligación de cumplirla dando aviso a su superior inmediato, con la cual se considera cumplido el
requisito reglamentaria del conducto regular.
Artículo 55. El conducto regular podrá pretermitirse solamente ante hechos o circunstancias
especiales, cuando de obsérvalo, en razón del tiempo o exigencia del caso, se deriven resultados
perjudiciales.
Para los asuntos relacionados con la Justicia Penal Militar no hay conducto regular.
Artículo 56. El conducto regular no podrá ser negado al subalterno por ningún superior. En caso de
ocurrir, aquel podrá pretermitirlo para llegar al superior directo de quien lo negó.
Artículo 57. Ningún funcionario podrá perturbar el desarrollo de un servicio o función,
impartiendo órdenes o condescendiendo autorizaciones sin el conocimiento o consentimiento del
superior a cuyo mando o dirección estuviese, la función o servicio.
Artículo 58. No obstante las anteriores disposiciones, todo superior deberá comunicarse directa y
frecuentemente con sus subordinados, con el fin de informarles de sus iniciativas y necesidades.
Artículo 59. Las solicitudes o reclamos relativos o no al servicio o función deberán hacerse
invariablemente, en forma individual.