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Tarascones

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1

TARASCONES

de Gonzalo Demaría
2

Prólogo

Una de las amigas recibe al público.

AMIGA: Buenas noches, bienvenidos.


Y discúlpenme la cara.
Ha habido un inconveniente.
Bien, de inconveniente nada:
lo que hubo adentro es un crimen.
Uno brutal por su saña,
porque la víctima en suerte
es apenas una infanta.
Una dulce criatura
entre algodones criada,
y ella misma de algodón.
Pasó mientras esperaban
ustedes para ingresar
al living de la estropeada.
Si no les abrió la puerta
la propia dueña de casa
es porque se desmayó
con los chillidos de alarma.
La sostuvimos nosotras,
sus amigas de canasta,
que si no se hubiera roto
cadera, rótula, espalda
y vaya a saber qué más
—la osteoporosis avanza.
La llevamos a su cuarto,
la acostamos en su cama
y le tendimos al lado
el cuerpito de su amada.
Tuvo suerte que el delito
fue el día de la semana
que nos reunimos las tres
amigas que aún la bancan
3

para tomar el té juntas,


charlar, jugar a las cartas
y hacer esas cosas simples
como acusar la mucama.
Voilà! Lo dije nomás,
ahora conocen de entrada
la identidad del culpable,
un clásico entre las tramas
de suspenso o policiales:
si el mayordomo es quien mata
en una novela inglesa,
en el Río de la Plata
como mayordomo no hay
la asesina es la empleada.
(Infame degradación
de la otrora clase alta,
que hoy se conforma en juzgar
al ladrón de batarazas
en lugar de hacer rodar
las cabezas coronadas).
Y este aviso no es spoiler,
es decir no arruino nada
al contarles el final.
El goce de esta jornada
será ver la ejecución
–como en la pública plaza
de los tiempos medievales–
de la hechicera malvada,
con las siguientes variantes:
nuestras lenguas son las llamas,
nuestro living es la hoguera
nuestra bruja es la criada.
Me voy a lo mío y pido
perdón por la perorata
pero es preciso el contexto
si la escena está empezada
(En latín in media res,
que no es decir media vaca,
sino en medio de la cosa,
siendo nuestra cosa el drama).
4

Vivan felices, amigos,


y que gocen la velada.

Sale.
5

Acto 1

Living de Raquel.
Martita vuelve de interiores. Zulma la aborda.

MARTITA: ¿Y cómo está la pobre?


ZULMA: ¿La pobre cuál?
MARTITA: ¿Cuál? La pobre es la víctima.
Siempre.
ZULMA: Igual,
si hablás de nuestra amiga.
MARTITA: ¿De quién si no?
ZULMA: Pobre también es crota.
MARTITA: ¿La que agredió?
Esa es la victimaria.
No confundir:
una cosa es ser flaco,
otra faquir.

Está difundida la confusión


de que la pobreza es virtud.
Que si vivís en una habitación
sos austero, que si hay gran multitud
en la pieza no es aglomeración:
son unidos. Si en vez de pulcritud
hay hongos, qué ecológicos, decís.
Es llamar blanco al negro y negro al gris.
¿No hay pobres vagos que odian el ahorro?
No, desocupados todos y amén.
¿La mina es puta y su macho es un chorro?
Son emprendedores. ¿Hijos de a cien?
Son puros, ignoran que existe el forro.
¿Saquean en banda algún almacén?
Autogestión grupal de plan social.
Pero el pobre es la víctima al final.
Si naciste rico es justo al revés:
6

sos vago si heredaste, explotador


si tenés una empresa. Si ahorrás diez
por mil que ganás, acaparador,
y una larva si vivís de interés.
¿Empleás? Negrero. ¿Echás? Peor.
¿Sos sin hijos? Amarrete. ¿Sos con?
Sembrás garcas nueva generación.
Ni decir si por desgracia quebrás:
no hay piedad para el nuevo pelandrún
porque no hay quiebra, algo escondés detrás.
Si en cambio vivís de rentas: chantún.
¿De negocios? Pactás con Satanás.
Sos la orca que se come al atún,
el chorro que no reparte el botín,
garca, sorete, burgués, malandrín. VISIÓN DE CLASE

ZULMA: Estás un poco excitada,


vení y sentate, Martita.
Nadie piensa de ese modo,
así que no te persigas.
Decí, ¿qué vamos a hacer?
MARTITA: Llamar a la policía.
ZULMA: Con nuestra amiga, pregunto.
MARTITA: Acá el tema es la convicta.
Que no escape.
ZULMA: ¿Pero cómo?
¿No la encerraste vos misma?
MARTITA: En su cuchitril.
ZULMA: ¿Entonces?
MARTITA: Estas fulanas, es fija,
copian las llaves de casa.
Más te digo, son tan vivas
que siempre logran que un cabo
las mire con simpatía.
Así que no te extrañés
si te enterás que la quía
se hizo copias para entrar
hasta en la comisaría.
ZULMA: ¿Vos creés?
MARTITA: ¿Y vos dudás?
7

¡Si son copias ellas mismas,


una igualita a la otra!
ZULMA: El tema social te excita,
volviste a ponerte mal.
¿Un trago? Mal no vendría.
MARTITA: ¿Qué horas son?
ZULMA: Hora del cocktail.
Andá a abrirle a la asesina
y que nos sirva un Campari. NO DEJAN DE PEDIR
SERVICIO
MARTITA: ¿Te quedarías tranquila
con ella libre en la casa
después de su escabechina?
¿Tomarías vos del vaso
que te da una genocida?
Un Campari en esas manos
es como armar un gorila.
ZULMA: No es capaz de envenenarnos,
ni sabrá qué es la estricnina.
MARTITA: En eso tenés razón,
piden mentes exquisitas
los venenos. No es el caso.
ZULMA: Para nada.
MARTITA: La nativa
mata a golpes y bien gracias,
sin pasión, con cobardía,
como hizo con la pequeña
de nuestra enlutada amiga.
ZULMA: No la mató, no exageres.
MARTITA: Vos no seas garantista.
¿O querés que el bruto crimen
quede impune todavía?
ZULMA: Le dio una mala patada…
MARTITA: ¿Hay buenas?
ZULMA: …a la chiquita
que es un ángel, eso es todo.
MARTITA: Voló de la galería
a nuestros pies en el living.
¡Le cayó encima a Estelita,
mirá qué mala patada!
8

La desvirgó a la angelita,
viste cómo le sangraba.
ZULMA: ¡Calza cincuenta esa india!
MARTITA: Su pie es un arma mortal.
Perdón: su pata homicida.
Digamos su patapulta.
Rogá que Raquel consiga
detener esa hemorragia,
que si no habrá una asesina
conviviendo entre nosotras.
ZULMA: ¿Es con cama? No sabía.
MARTITA: ¿Cómo pudo, troglodita,
atacarla así, dejarla
renga y mocha de por vida?
¿Qué sentido tiene, Zulma,
tanta maldad?
ZULMA: ¡Gran enigma!
MARTITA: ¡Gran puta! Soreta infame,
negra mala y resentida,
alma cariada y villera,
aborto incompleto, arpía,
monstrua, gorgona, medusa,
cancerbera, disminuida,
planera, ganapán, chorra,
mechera, embrollona, rata,
robacunas, descuidista,
piojosa, pulguienta, vaga,
sarnosa, mujer ladilla,
basurera, comeperros,
quilombera, subversiva,
tirabombas, tiragomas,
trola, trava, porquería,
conventillera, conversa,
concha floja multicría,
invasora, lumpen, okupa,
inmigranta, fronteriza,
bagayera, pasamanos,
chola, paragua, bolita,
mula, esclava, zombi, mara,
brownie, friholera, nigga,
9

chicana, sierva, sudaka,


chonga, chusma, chibcha y —¡fea! ODIO DE CLASE
PARODIADO
ZULMA: ¿Y eso último con qué rima?
MARTITA: ¡Rima conmigo, soy fea!
ZULMA: ¿Qué pasa? ¡Llorás, Martita!
MARTITA: Nada, me dejé llevar.
ZULMA: ¿Cómo nada? Soy tu amiga,
hablá, qué es lo que te pasa,
porque algo te tiene arisca
desde que entraste.
MARTITA: Dejame.
ZULMA: No sos fea. Sos jodida.
Tenés belleza en tu tipo,
es decir, tenés enigma.
MARTITA: Eso se dice a las feas
para dejarlas tranquilas.
ZULMA: No me oís.
MARTITA: ¿Cuál es mi tipo
de belleza?
ZULMA: La agresiva.
Agresión que desde adentro
sale afuera convertida
en un rictus que te afea
la cara.
MARTITA: Son teorías
bien de libro de autoayuda.
ZULMA: ¿Ves? Ya la tenés torcida.
MARTITA: Hablás de torcida y pienso
en mi marido.
ZULMA: ¡Martita!
MARTITA: Luis sale con mi mucama.
Ella me robó mi torcida.
ZULMA: ¡Con razón! Ya entiendo todo,
ahora tu furia es mía.
Vení, llorá, descargate.
Te hago un Campari yo misma,
nos vendrá bien.
MARTITA: Gracias, no.
ZULMA: Con naranja.
10

MARTITA: No insistas,
mi panza explota de masas
y el té llenó mi vejiga.
ZULMA: Con hielo.
MARTITA: Que no, carajo,
servite vos tu bebida
que venís desesperada
de hace un rato, mis heridas
son mías.
ZULMA: ¿Me estás llamando
alcohólica, Martita?
MARTITA: No, borracha. Estoy siendo
fea de adentro, querida.
No te ofendas, no es con vos,
es mi belleza agresiva.

Zulma se sirve su trago. Seguirá tomando el resto del acto.

MARTITA: Se fue ya hace una semana.


Mudo, la vista huidiza.
No hubo un “perdón”, no hubo un “chau”
ni carta de despedida.
Tampoco yo pregunté
porque en el fondo sabía.
Me quedé nomás mirándolo
cómo hacía su mochila.
Dije mochila, ¿me oís?
De lana, motivos incas.
Él, que fue siempre formal,
todo un médico legista,
que va a cumplir los sesenta,
¿de dónde la sacaría?
Es lo que me duele más:
su adolescencia tardía.
Sin mí. Guardó dos calzones,
dos medias y dos camisas.
Le alcanza y sobra al amor.
Se fue. Se hizo el mediodía
y ahí me quedé parada,
sin sirvienta y sin comida.
11

Ella aprovechó su franco


que le tocaba ese día
para huir la tarde antes.
Así que ni cena fría,
nada que recalentar.
Todo para gastar. Mías
las dos casas, los tres autos,
la camioneta, la quinta.
Que él disfrute cuanto pueda
la juventud de su china,
su vida de mochilero,
la venta de artesanías.
Está muerto para mí.
Ya fue. Ni odiarlo podría.
Yo estoy de nuevo en mi centro.
Volvió la luz a mi vida.
Ahora sí, dame un Campari.
Quiero brindar que soy rica.
ZULMA: De golpe tu vida se deshilacha
y vos te hacés la Buda,
la zen, la joven viuda,
mundana y vivaracha.
Pero la verdad cruda
—si dejás te la diga una borracha—
es que sos apenas una cornuda.
Si se me da la gana
yo podría abandonar el alcohol:
ya, hoy mismo, mañana.
No es tu caso, mi sol.
Vos quedaste al garete,
ya andarás por Santa Fe o por Cabildo
buscando algún pebete
o comprarás en su defecto un dildo.
MARTITA: ¿Qué es un dildo?
ZULMA: Un juguete.

Llega desde interiores un llanto desgarrado, teatral, casi andaluz.


ANDALUZ, JUEGO CON EL VERSO ESPAÑOL.

MARTITA: ¿Qué es ese batifondo?


12

ZULMA: Raquel.
MARTITA: ¿Estás segura?
Llora como en tortura.
ZULMA: No llora, es cante jondo.
MARTITA: No es Raquel, es Estela.
ZULMA: Volvió así de Granada.
MARTITA: Callate, estás mamada,
su viaje fue a Bruselas.
ZULMA: ¿Por qué volvió en caftán?
MARTITA: Dejá de divagar.
Lloran.
ZULMA: Fue algún lugar
de credo musulmán.
MARTITA: Es llanto, digo yo.
ZULMA: ¿Llora quién y por qué?
MARTITA: ¿No ves? ¡Te lo avisé!
La chiquita…

Entra de interiores Estela, desencajada.

ESTELA: ¡Murió!
ZULMA: Estela, entrás justito.
MARTITA: ¡Murió!
ESTELA: Tengo una duda...
MARTITA: ¡No murió, la zancuda
la mató, acá hay delito!
ZULMA: ¿Viajaste a Marrakech?
MARTITA: ¡Está muerta!, ¿no oís bien?
ZULMA: ¿Pero está muerta quién?
MARTITA: ¡Decile!
ESTELA: ¡Boule de neige!

Fin de Acto 1
13

Acto 2

Mismo living.
Estela encabeza la procesión fúnebre con la cajita de zapatos que sirve de
féretro al caniche. Vocaliza exquisitamente una pavana.
Detrás de Estela avanza Raquel, sufriente, sostenida por Zulma y Martita.
Estela deja en el suelo la cajita de zapatos, respetuosamente, y concluye la
pavana con coro desafinado de Zulma.

ESTELA: Quise cantar esta pavana digna


pues Boule de Neige –Bolitas–
en vida fue tan música
que se elevó de cuatro a dos patitas.
A nuestro igual nivel.
En cambio hay tanta bípeda
insensible, hipoacúsica,
que aprecio más al can que amó a Ravel.
En nuestros té canasta
nunca tu falda abandonó, Raquel.
Nunca saltó a la mesa
para engullir, como hace tal gimnasta
desde las masas hasta
las postrimeras migas.
Verla en su caja, tiesa,
más que llorar endechas
me hace inquirir: por qué.
¿Por qué no alguna de mis tres amigas?
Merecen más la palma,
¡si todas tienen ya sus vidas hechas!
Será que Dios prefiere puros de alma.
Así de blanca fue hasta Dios Bolitas,
blanco su pelo como rojo el crimen
que antes de asir su vida
le arrebató el himen.
Desfloración y muerte
fueron sus dos condenas.
14

Con un coturno en punta y de horma ancha


se ejecutó el martirio.
Sobrevivió a esta mancha
una hora y media apenas.
¡Adieu, querida Boule de Neige!
Z. & MAR.: ¡Adieu!
ESTELA: Y una advertencia al fin, amigas mías:
de los zapatos y los hombres, lejos.
Pues ambos huelen mal.
Retornarán los días
en que mujeres seamos, no conejos,
y así descalzas las de sexo igual,
sin varón ni otro tráfico,
andemos juntas el jardín de Lesbos.
Fin de mis versos sáficos.

MARTITA: Perdón, yo a Lesbos no voy.


ZULMA: Yo me quedo en Buenos Aires.
No es por despreciar, Estela.
ESTELA: No sean tan literales,
hablé con verba poética.
ZULMA: Qué bueno que nos hablaste
con verba y no con barba.
ESTELA: Mirá que tenés coraje,
hacer chistes esta noche.
MARTITA: Cierto che, que está el cadáver.
ESTELA: El cadáver tiene nombre.
ZULMA: Acá si hay un disparate
es usar para la víctima
de una patada salvaje
una caja de zapatos.
¿Nadie pensó en el detalle?
ESTELA: Perdón, fue lo que encontré
en medio de la masacre.
Corresponde a su tamaño.
MARTITA: Pero no ä su linaje.
ZULMA: En eso tiene razón,
mucho no te esmeraste.
MARTITA: Tuvo pedigré, Bolitas.
ZULMA: Raquel, pelá credenciales:
15

hija y nieta de dos Bolas,


campeones ambos dos canes.
Y tengo entendido incluso
que por línea de su madre
era hija de Canela.
MARTITA: ¿La del programa de cable?
ZULMA: No, la perra de Perón.
MARTITA: De las dos que se le saben
ninguna se llamó así.
ESTELA: Sigan nomás su divague
frente al cuerpito insepulto.
ZULMA: Cierto, que va a fermentarse.
ESTELA: Hay que decidir. ¿Raquel?
Con las chicas, tus cofrades,
nos preguntamos qué hacer.
MARTITA: ¿Nicho o tierra?
ESTELA: ¡Serás cafre!
ZULMA: Lo limpio es la cremación.
Con mi marido Fernández
no esperé a que se muriera,
lo cremé en vida al infame.
ESTELA: ¡Zulma!
ZULMA: No seas tan literal,
como yo con Lesbos antes.
Fue una manera de hablar.
Quise decir que del catre
pasó al fuego en un segundo.
Higiene.
MARTITA: Fresco el cadáver,
¿de qué higiene estás hablando?
ZULMA: Higiene mental.
ESTELA: ¿Y un parque?
¿No es lindo darle reposo
bajo la sombra de un arce?
MARTITA: ¿Nos dejamos de poesía
y hablamos de lo importante?
Tenemos a la homicida
encerrada bajo llave.
Llamar a la Sociedad
Protectora de Animales
16

es al gas, porque seguro


la protección va a aplicarse
a la mucama. Y de esto
nuestra amiga Raquel sabe,
por su fundación creada
para los irracionales:
ha gastado una fortuna
en los perros de la calle
y el Estado la castiga
con impuestos gananciales.
Y descartemos también
la cana: entre la causante
y todo el comisariato
hay relaciones carnales.
Ante la anomia evidente
y la impunidad reinante
propongo corte marcial
con nosotras de integrantes,
sin peros ni apelaciones,
burocracia ni peritajes:
juicio sumario y alcanza. DECIDEN ELLAS JUZGAR
ESTELA: ¿Pero y de jueza quién hace?
MARTITA: Raquel.
ZULMA: ¿Siendo ella la víctima?
MARTITA: Mirá qué prudencia imparte,
callada desde que entró.
Su silencio es intachable.
Vos Estela, la testigo
presencial.
ESTELA: No fue delante
de mí el puntapié a Bolitas.
MARTITA: Pero sí su aterrizaje.
Yo asumo el rol de fiscal,
que acusar no gusta a nadie.
Y vos Zulma, defensora,
por tu tendencia al zurdaje.
¿Estamos todas de acuerdo?
ESTELA: De acuerdo.
ZULMA: Para adelante.
17

Raquel se arrodilla junto a la cajita de zapatos. Abre la boca para hacer su


plegaria amorosa a su caniche difunto.

RAQUEL: Llevo en mi hígado un quiste hidatídico


que es el más maravilloso análisis
de tu amor sin condición. No habrá diálisis
que lo disuelva o consuelo jurídico

que lo indemnice. Durará el fatídico


minuto de tu óbito y mi parálisis,
del puntapié histórico y tu catálisis,
cual dura contra falso lo verídico.

Sin corazón mi cavidad torácica,


son tus besos húmedos hechos cálculo
los que me dan vida aunque sea básica.

Declaro ante nuestro íntimo cenáculo


y antes de que el dolor me deje afásica:
¡este quiste me tiene en el pináculo!

Aplausos.

ESTELA: ¡Corona de laurel!


MARTITA: ¡Brava! ¡Qué parrafada!
RAQUEL: Gracias, fue improvisada.
ZULMA: ¡Un brindis por Raquel!
MARTITA: ¿Traigo entonces la rea?
ESTELA: ¿Pero y la sepultura?
MARTITA: Después. Que la basura
comparezca y la vea.
Así comprende el mal
que causó a nuestra amiga.
ESTELA: Mejor que ella lo diga.
Raquel: la criminal
espera. ¿Qué decís?
¿Empezamos el juicio
o hacemos el servicio?
RAQUEL: Que pase la infeliz.
MARTITA: ¡Esa es nuestra Raquel!
18

Vuelvo enseguida, Usía.

Sale Martita a interiores.

ZULMA: ¿Yo qué papel hacía?


¿Soy perito o bedel?
ESTELA: Ninguno de los dos,
te tocó la abogada.
ZULMA: O sea no hago nada:
es culpable entre nos. MUY BUENO ESTO
ESTELA: Condenada seguro,
aunque algo en estas chicas
siempre las justifica.
ZULMA: ¿Algo cómo?
ESTELA: Oscuro.
Te resumo su historia
sin gran margen de error
(todas son en rigor
de símil trayectoria):
No vive en Recoleta,
lo que ya es desventaja.
Su marido la faja,
ella jura vendetta
y se desquita aquí
contra una perra enana.
RAQUEL: Pero no es siciliana,
Carmen es guaraní.
ESTELA: ¿Criada en qué albañal?
¿Bajada de cuál cerro
es quien piensa que un perro
no es más que un animal?
RAQUEL: El animal tiene alma.
El Papa lo afirmó.
Mi empleada… qué se yo.
ESTELA: Se hará justicia, calma.

RAQUEL: ¿Por qué me odiará esta chica?


Por rica.
¿Qué soy yo que no es ella?
Soy bella.
19

¿Qué no será si atesora?


Señora.
Siendo yo poseedora
de tantos dones divinos
hoy pagué mi triste sino
de rica, bella y señora.

ESTELA: ¡Esto es lo que faltaba!


Cargarte todavía
fealdad y carestía
de una nacida esclava.

Vuelve Martita de interiores.

MARTITA: Chicas, llamen a la cana.


ZULMA: Martita, me asustás fiero.
RAQUEL: Hablá, ¿se mató?
ESTELA: ¿Hay sangre?
MARTITA: ¡Mía! ¡Me masticó un dedo!
¡Miren! ¡Me royó el mayor
desde la yema hasta el hueso!
ESTELA (a R.): Mejor llamá al Dupuytrén,
hacen prótesis de yeso
tan reales que dan ganas
de amputarse el brazo entero.
MARTITA: ¡No lo perdí todavía,
hagan algo!
RAQUEL: Traigan hielo.
ESTELA: Hielo, ¿oyeron?
ZULMA: Hielo, pronto.
RAQUEL: ¿A quién le estamos pidiendo?
Tengo presa a la mucama.
ZULMA: No sé cocinar, lo siento.
ESTELA: A ver, Zulma, dale el vaso
y que meta allí su miembro.
ZULMA: ¿Tiene que ser en el mío?
ESTELA: Es el que siempre está lleno.
Dame tu mano, Martita.
Lo vas a meter adentro.
MARTITA: ¿Adentro de qué?
20

ESTELA: Del vaso.


MARTITA: ¿Decís?
ESTELA: Te hará doble efecto:
el frío frena la sangre,
el alcohol quema el veneno.
MARTITA: ¿Cuál veneno?
RAQUEL: Esa lengua
porta el virus más violento:
el chisme.
ESTELA: Y no digamos
los bacilos asunceños.
MARTITA: ¿Qué hago entonces?
ESTELA: Vos metelo.

Martita hunde el dedo mocho en el Campari de Zulma. Expectación.

RAQUEL: ¿Y?
ESTELA: ¿Te alivia?
MARTITA: Me anestesia.
ZULMA: Ya está entonces, devolvelo.
RAQUEL: ¡Pará, Zulma!
ZULMA: ¡Es mi trago!
ESTELA: No es un trago, es un remedio.
Batí, Martita, batí.

Martita revuelve con el dedo herido el trago de Zulma.

MARTITA: Ay, Estela, sos un genio.


No solo ya no hay dolor,
no solo me alivia el fresco:
de pronto siento que crece
en el vaso un dedo nuevo.
ZULMA (a M.): ¿Sos humana o lagartija? Muy lindo y metafórico esto.
Sacá de ahí.

Zulma le arrebata el vaso a Martita y hace fondo blanco. Martita exhibe


triunfal su dedo mayor regenerado.

MARTITA: ¡Miren.
RAQUEL: ¡Veo
21

un milagro!
ESTELA: Yo les dije.
RAQUEL: Volvamos al tema nuestro.
¿Me la encerraste de vuelta?
MARTITA: Soy frágil, fue un gran esfuerzo
el sacármela de encima:
se prendió al mismo tiempo
del dedo con sus colmillos
(se le traban como al cerdo),
de mis pelos con sus zarpas
(delanteras, por supuesto),
y al fin, en un malabar
más que humano simiesco,
alzó sus zancas uñadas
garrapateando mis pechos,
pellizcando los pezones.
ESTELA: ¡Quiero ya mismo un careo!
RAQUEL: Es peligrosa.
ESTELA: ¡Por eso!
Que no se dañe a sí misma
antes de que la juzguemos.
RAQUEL: ¿Y cómo zafaste de ella?
ZULMA: Terminá, Martita, el cuento.
MARTITA: De dónde saqué las fuerzas
no sé porque no las tengo,
pero en mi debilidad
la empujé como tres metros.
Voló hasta dar con su catre
soltando un grito guerrero.
En la pata del camastro
quedó en parte el cerebelo,
lo que explica la sonrisa
con que miraba del suelo.
Allí se quedó turula
y allí seguirá, presiento.
Lo que sí, por precaución,
más que encerrarla de nuevo,
le enrosqué un cable pelado
al picaporte de hierro.
Ahora si intenta huir
22

por su aullido lo sabremos:


será alarma de sí misma
con un sapukai postrero.
RAQUEL: Por Dios, estará furiosa.
ZULMA: Si de sierva daba miedo,
ahora que encima es zombi
vendrá por nuestros cerebros.
MARTITA: Vos, Zulma, estás a salvo.
ZULMA: ¿Qué me quiso decir?
ESTELA: Cero.
Yo que vos, Raquel querida,
sola en casa no me quedo.
ZULMA: ¿Vos le estás tirando onda?
RAQUEL: Hablemos, chicas, en serio.
¿Cómo se juzga a la rea
sin traerla a este aposento?
RAQUEL: La juzgamos in absentia. MUY BUENO ESTO, EN
AUSENCIA, QUE NO HABLE.
ZULMA: ¿Guaraní?
ESTELA: Latín.
ZULMA: Correcto.
¿Y en español de Castilla?
ESTELA: Que no hace falta su cuerpo,
la condenamos ausente.
ZULMA: Dirás la juzgamos, ¿cierto?
MARTITA: Da igual. ¿Quién mató a Bolitas
sino el diablo cama adentro?

Se hace un silencio. Todas miran a Raquel, expectantes.

RAQUEL: Años viviendo juntas.


Durmiendo las dos bajo el mismo techo.
Pisando ambas la misma moquet.
Comiendo mi comida, no el requecho:
yo filet, vos filet,
yo corazón de alcaucil, vos las puntas
—pero alcaucil de hecho.
Te enseñé a usar bidet
y a dormir en un lecho,
23

cambié tus malas yuntas


por el roce social con el jet set,
tu oxidada gilet
por cera para podar tu barbecho.
Tantas gracias conjuntas
que te di en tu provecho
las resumo en un hecho:
Yo te civilicet.
Se pronuncia así en las lenguas difuntas,
con las tes y las eses, hoy desechos.
Tengo, en fin, dos preguntas.
La primera: ¿me ensució mi parquet?
La segunda: ¿por quet? TREMENDO, MUCHO HUMOR

Todas aplauden conmovidas. Reverencia de Raquel.

MARTITA: El juicio en ausencia no va conmigo.


Basta de impunidad con tanta vaga:
la mía se escapó
y ésta atrás de un postigo.
¿Acá ninguna paga?
¿La tarada soy yo?
Si pago impuestos, reclamo un castigo. TÍPICA FRASE
DE CLASE.
ESTELA: Que este juicio se le haga.
Faltará en el estrado. En la horca, no.

Salen.

Fin de Acto 2
24

Acto 3

Raquel trae una careta de Mandinga. Martita y Estela la examinan curiosas.


Zulma se bombolea aparte, su estómago revuelto de tanto Campari.

ESTELA: ¿De dónde salió esa máscara?


MARTITA: ¿De un tour por el Orinoco?
ESTELA: Más bien del África Negra,
esas tallas las conozco.
MARTITA: Desempatá, Zulma.
ZULMA: Paso,
tengo en mi panza el sirocco.
MARTITA: Contenelo.
ZULMA: Debe ser
esa dieta del repollo
que empecé hace veinte días.
RAQUEL: ¿Casi un mes con eso solo?
ZULMA: Pero bajás quince kilos.
MARTITA: Y ya me imagino cómo.
Se te irán hasta las vísceras
con sentarte al inodoro.
RAQUEL: ¡Silencio! No es una talla,
es plástico del más croto,
aunque es verdad que proviene
de un lugar también remoto.
ESTELA: ¿Taiwán?
RAQUEL: No tan apartado.
MARTITA: ¿Perú?
RAQUEL: Tampoco tan choto.
ESTELA: Me rindo.
RAQUEL: Son tus antípodas.
ESTELA: ¿Mongolia?
RAQUEL: Monte Chingolo.
Festejan el carnaval
que es como un viaje de porro
—no es que yo fume, así dice
25

Carmen, que va cada agosto.


ESTELA: Carnaval es en febrero.
MARTITA: Tienen calendario propio.
RAQUEL: Cuestión que allá hacen desfile
de carrozas con Rey Momo
y la gran parafernalia.
¡Hasta eligen Reina y todo!
Carmencita insiste en ir
y vuelve siempre del corso
con una careta puesta,
porque es fea en grado heroico.
Esta es la última que trajo.
MARTITA: ¿Y a qué viene?
ESTELA: Lo supongo:
vos decís, Raquel, que usemos
su careta como icono
de ella misma en este juicio.
RAQUEL: Como médium la propongo.
No sé si en Animal Planet
vi este programa hace poco
sobre los indios chané.
ESTELA: Yo lo vi en el canal porno.
Muy educativo.
RAQUEL: Súper.
Explicaban que hay un tronco,
el Yuchán, en el que tallan
las caras de aves y monos
para bailes y suicidios.
MARTITA: ¿Se matan bailando o cómo?
RAQUEL: Son dos cosas bien distintas.
Contá, Estela, que ese trozo
lo vi con interferencias.
ESTELA: Si un nativo queda solo
se interna en medio del monte
y en un árbol vigoroso
se ahorca con la carita
de su animal más a tono.
RAQUEL: Esta máscara del diablo
funciona en cambio con otros:
un otro que te posee
26

y vomita en vos su odio.

Zulma vomita dentro de la caja de zapatos que sirve de tumba a Boule de


Neige. Nadie la ve hacerlo.

MARTITA: Ponete, Raquel, la máscara,


volvete Carmen de pronto.
ESTELA: Así veremos qué cuenta
de su crimen.
RAQUEL: Me la pongo.

Raquel se calza la máscara diabólica.

MARTITA: ¿Y, Raquel?


ESTELA: ¡Es Carmencita!
¿No ves el fuego en sus ojos?
¿Esa furia guaranítica
que le hincha el pecho de encono?
Contanos, Carmen.
MARTITA (a R.): ¿Qué tal
te sentís?
ZULMA: Yo para el orto.
MARTITA: ¿Qué hacés, Zulma, en cuatro patas?
ZULMA: Algo perdí.
MARTITA: El decoro.
Levantate, por favor.
ZULMA: No puedo.
ESTELA (a M.): Alzá el despojo.

Martita ayuda a Zulma a ponerse en pie.

MARTITA: Tomá el brazo.


ZULMA: Sos tan buena,
Martita… ¡Qué terremoto!
Me subió tipo una lava,
como un líquido bilioso
que me incendió los menudos.
No pude frenar el chorro.
Pero estoy mucho mejor.
27

Martita descubre el vómito en la caja.

MARTITA: ¿Qué hiciste, Zulma?


ZULMA: ¡Yo nada!
MARTITA: ¡Pero está todo caldoso!
ZULMA: Es su herida que supura.
ESTELA: ¿Pasa algo?
ZULMA (a E.): Nada, pimpollo.
(a M.): Le ponemos la tapita
y a otra cosa.
MARTITA: ¡Es hediondo!

Martita y Zulma tapan la cajita de zapatos. Se unen a Estela y Raquel.

ESTELA (por R.): ¡Vamos que está incorporada!


¡Lo que ocurrió es milagroso!
¡Más que una máscara es Carmen
que se le metió en un soplo!
MARTITA: ¿Por dónde?
ESTELA: Es ectoplasma,
penetra cada recodo.

Las amigas se acercan a Raquel enmascarada, intentan reconocerla.

MARTITA: Hablá.
ESTELA: ¿Cuál sos?
ZULMA: ¿Quién anda?
¿Raquel?
MARTITA: ¿Carmen?
ESTELA: ¿El demonio?

Raquel avanza y recita en estado de posesión.

RAQUEL: Tu culo soy, jue’jedienta,


hijas de un vagón de putas.
Llamen nomás a la yuta
que yo tengo a Añá el Pulenta
de mi lao, y Él va romper
el poporembó a las cuatro
por armarle tanto tiatro,
28

pobre Crista de mujer.


Son dos pares de soretas
necesitadas de pinga
y es por eso que Mandinga
me hizo dentrarle a esta cheta
sea que le guste o no.
Y guái con alzarse, ñatas,
porque llevo entre mis patas
medio metro de tembó.

ESTELA: Estoy epatée.


ZULMA: Yo, yerta.
La que habló no es nuestra amiga.
MARTITA: Quizá entró por su vejiga
el ánima de la muerta.
ESTELA: ¿Creen que Carmen murió?
ZULMA: Digo que Raquel no es ésta.
Si jamás pisó Floresta,
mucho menos Asunción.

Raquel-Mandinga avanza en diatriba contra Zulma.

RAQUEL: Vos, ña Zulma, oíme un cacho:


del chupi habla tu catinga.
Pero escondés la jeringa
con que palmaste a tu macho.
Lo mataste, confesate.
¿Cómo se va a trompezar
y hundirse en el paladar
media bombilla de mate?
Ese cuento hacele a Mongo.
Hoy seguís piola en tu casa
porque al muerto hiciste brasa
y el juez del caso es tu chongo.

Zulma arranca la máscara a Raquel, que se desarma como una marioneta.

ESTELA: ¡Zulma!
ZULMA: ¡No irán a creerle!
RAQUEL: ¿Qué pasó? ¿Qué es este frío?
29

MARTITA: Esa máscara funciona.


ESTELA: Sentate, Raquel, conmigo.
RAQUEL: ¿Qué es lo que dije?
ZULMA: ¡Pavadas!
MARTITA: ¿Vos mataste a tu marido?
ZULMA: ¡Pero no, de ningún modo!
Fernández sufrió un vahído
justo que yo le cebaba
un amargo con tomillo,
dobló su cuello de golpe
y la mala suerte quiso
que se enterrara ese fierro
todo entero desde el pico
hasta abrir la duramadre
y asomarle arriba el pincho.
Se quedó seco en el acto
—por desgracia sin testigos.
Esta es la verdad del caso,
se los juro por mis hijos.
MARTITA: ¡Pero si vos no tenés!
ZULMA: Yo banco de mi bolsillo
un comedor escolar:
son mis hijos putativos.
ESTELA: Es lo que vengo diciendo,
los hombres son para líos.
Si inmolaste al tuyo, Zulma,
ninguna dirá ni pío.
Era hombre.
MARTITA: No hables por mí.
ESTELA: Por quien se me cante el pito.
MARTITA: Que no tenés. Yo hablo entonces
por la careta. ¡Permiso!

Martita se calza la careta ritual.

ZULMA: ¡Martita, no!


ESTELA: ¡Suficiente!
¿Vamos a prestarle oídos
a más mentiras?
RAQUEL: ¿Qué pasa?
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ESTELA: No la escuchen, se los pido.

Martita-Mandinga en diatriba contra Estela.

MARTITA: Por el río Paraná


viene nadando una almeja
busca el mar, porque es pendeja
y se perdió, la porá.
Por ese río pardusco
va también la barracuda
que come a la almeja cruda
porque le gusta el molusco.
Esta fábula, en criollo,
te pinta entera, ña Estela:
a esa alumna de tu escuela
no le das clases de apoyo.

Estela arrebata la máscara a Martita, quien vuelve en sí.

ESTELA: ¿Pero qué inventás?


RAQUEL: ¡Pasmoso!
¿Vieron?
ZULMA: ¿Tú también, Martita?
MARTITA: ¿Dónde estuve? ¿Por qué traigo
gusto a algas en mis encías?
ESTELA: ¡Porque estás loca!
RAQUEL: Estela,
¿es cierto o habladurías?
ESTELA: ¡Y todavía preguntan!
De esa alumna soy la tía,
por eso viene a mi casa.
Hija de una hermana mía…
¡bueno! a ver: no es una hermana
carnal.
RAQUEL: Otra putativa.
ESTELA: ¡No me compares con Zulma
ni sus hijos de mentira!
ZULMA: ¡Frenate ahí, tijereta!
ESTELA: ¡Callate vos, asesina!
ZULMA: Lo seré, pero no hay pruebas,
31

solo una urna y cenizas.


ESTELA: Tampoco hay pruebas de estupro
con mi alumna favorita.
ZULMA: Que la llames de esa forma
ya es confesión admitida.
MARTITA: ¿Qué me perdí?
ESTELA: Más patrañas.
ZULMA (a E.): Las tuyas como las mías.
MARTITA: ¡Bueno! Viendo que la rea
en vez de pagar castiga
propongo acabar la farsa.
ZULMA: ¡Mirá qué justo, Martita!
Cuando a vos te toca el turno
de recibir la paliza
pedís telón.
MARTITA: ¡Es que acá
se dio vuelta la tortilla! ACUSACIONES ENTRE RICAS.
(Fue sin intención, Estela). JAJA
ZULMA: Hablá, Estela, no te inhibas.

Estela se calza la máscara ritual.

MARTITA: Cuidado, turra. Que estás


frente a una pantera herida.

Estela-Mandinga en diatriba contra Martita.

ESTELA: Llora, llora, urutaú,


en las ramas del yatay,
que tu macho en Paraguay
se ríe con la mensú.
Cómo lo tendrías lleno
que te lo dejó a vos tuito
pa’ vivir en un garito
con farol a keroseno.
Se pasa el día bombeando,
y si hijos le diste cero,
dos le dará ella en enero:
serán Lío y Diego Armando.
32

Martita le manotea la máscara a Estela, que despierta confundida.

MARTITA: Raquel, Carmen o Mandinga,


trinidad de hijas de puta.
ESTELA: Soñé que estaba en un rancho
y yo, que odio la aguja,
teje que teje escarpines
y baberos.
MARTITA: Te hago pulpa.
Voy a arrancarte las crenchas,
los pendejos de la vulva,
la piel de todo tu cuerpo,
los dos ojos y las uñas.
¿Qué te hacés la pitonisa,
quién te contó esa basura?
¿Me inventás ese embarazo
con qué intenciones, conchuda?
ZULMA: Para colmo de gemelos.
RAQUEL: Yo escuché mellizos, Zulma.
MARTITA: ¿Me echan leña al fuego ustedes?
¿O le creen su locura?
ZULMA: Tan locura no es, Martita:
que esos dos hicieron yunta
me lo contaste vos misma.
MARTITA: Vos dejá de meter púa.
¿Ahora te hacés la sobria?
Claro, purgaste la curda
vaciando tu vientre enfermo
para llenar una tumba.
RAQUEL: ¿Cuál tumba?
MARTITA: Te la emplastaron
a tu hijita la peluda.

Raquel mira dentro de la caja de zapatos y cae de rodillas horrorizada.


Hunde sus manos en la caja y saca el cuerpito chorreando un magma verde.

RAQUEL: ¡Mi niña! ¡Ay, bebé!


¡Se me cierra el diafragma!
¿Qué es este verde magma?
¿Tan pronto sos puré?
33

¿Por qué se ensaña así


el Gusano Triunfante
tiñendo en un instante
tu blanco chantilly?
Lana que amó el champú
y que hoy es un pegote:
¡qué duro es verte a flote
en tan turbio menú!
MARTITA: Se ve claro: chajá,
masas finas y secas,
un guiso de buseca
y triples de ananá.
RAQUEL: ¡Un momento! ¿Qué decís?
¿Buseca? ¿Acá en mi té?
De mi mesa no salió,
revisame el frigidair
a ver si tengo algo así.
Semejante ordinariez
vino de allende mi hogar.
¡Hablen! ¿Quién tuvo el tupé
de comer buseca aquí
y venirla a devolver
no solo en mi living room
no ya sobre la moquet
sino adentro del cajón
donde a mi niña enterré?

Martita y Estela dan un paso atrás sincronizado, Zulma queda expuesta.

ZULMA: Comer buseca no es crimen.


El filicidio es delito.
MARTITA: ¿Fili qué?
RAQUEL: No le hagan caso.
ESTELA: Cidio. Es matar a un hijo.
MARTITA: ¡Si tampoco Raquel tiene!
ZULMA: Cual si la hubiese parido
a Boule de Neige, a Bolitas.
¿Les gusta más perricidio?
MARTITA: ¡No puede ser!
ESTELA: ¡No es verdad!
34

¡Fue esa patada!


MARTITA: ¡La vimos!
ZULMA: ¿La vieron morir, acaso?
Y otra respuesta les pido:
¿Quién mató a Boule de Neige?

Todas las miradas convergen en Raquel, que retrocede acosada.

RAQUEL: ¡Me urgueteás con tu cuchillo!


ZULMA: Yo no preciso careta
para decir lo que digo.
Lo sé por mi amigo el juez.
Estás rodeada, vampiro.

Hay un silencio que al fin rompe Martita.

MARTITA: ¿Vos la mataste a Bolitas?


RAQUEL: Pero fue por profilaxis.
El patadón guaraní
la había dejado frágil,
no pude verla sufrir.
Tanto protegerle el cáliz
al sacarla de paseo
para que una pelotari
se lo rompiera en mi casa.
¡El destino es tan volátil!
No le dolió, tengo mano
para dar el gloriapatri,
un fin agradable y dulce.
Mandé a Estela a buscar candies
(fue una excusa: no quería
que me agarrase in fraganti).
Ya a solas con mi pequeña
la alcé del canil portátil
y la acosté en mi regazo.
Alcé su barbilla grácil
y al decirle “so long, dearie”
fue su mirada un oasis.
Cubrí por fin sus ojitos,
puse en su boquita un dátil,
35

la enrosqué con su correa


y pegué un tirón bien ágil.
Se fue con una sonrisa
y yo me quedé solari.

Zulma arrincona a Raquel.

ZULMA: Raquel Marión Pavelic de Alderete:


presidenta de la triple A, o sea
Amigos de Animales con Apnea.
Denuncias criminales: diecisiete.
Acusada de aplicar la eutanasia
en perros en estado de abandono
por gas o monóxido de carbono
como hacía su padre allá en Croacia.
Pues Raquel tiene a quién salir tan facha:
el nazi huyó al venírsele la noche
hallando su refugio en Bariloche
por crímenes en tiempos de la Ustacha.
Hoy su higiénica hija pasa el trapo
a todo bicho de salud menguada
incluso si es su perra desflorada
pues así lo aprendió de la Gestapo.

Las amigas se miran entre sí, por una vez de acuerdo.

ESTELA: Hay dos límites: los hombres


y el safari con mascotas.
MARTITA: Lo que acabás de contar,
Zulma querida, es la gota
que rebalsa el vaso.
ESTELA: Hasta
Medea fue más devota:
mató hijos, perros no.
ZULMA (por R): Vamos, quedó hecha compota.
Mi cartera.
MARTITA: Mi cartera.
ESTELA: Mi cartera.
MARITA: ¡Ay, qué idiota,
si puse a dos veinte a Carmen!
36

ZULMA: ¿Y si soltás a la crota


así pide nuestro taxi? SOLTARLA PARA QUE DE SU
SERVICIO.
ESTELA: ¿Pero es que somos marmotas?
Lo pido yo: ¡Taxi!
MARTITA: ¡Taxi!
ZULMA: ¡Taxi!
ESTELA: No dan ni pelota.
MARTITA: Será que hay que ir a la calle.
ESTELA: Vamos juntas, en patota.
ZULMA: ¿Y a cuál subimos?
MARTITA: A un negro
y amarillo, los de flota.
ZULMA: ¿Entraremos?
MARTITA: Dos atrás.
ESTELA: ¿La tercera?
MARTITA: Viaja en chota.

Las amigas salen. Raquel queda sola.

RAQUEL: ¡No vuelvas, Carmen! Estás despedida.


No quiero gesto, rictus ni pregunta.
En silencio te vas y hacé tu vida.
Será como si estuvieras difunta
para mí. Sepultada y deglutida.
Quedate en Gerli, yo me voy a Punta.
No existís. Es el precio que pagás
por tu crimen. Sos libre de ahora en más.
Un ente, el vacío, la nada misma
—pero libre. Allá en la periferia
—pero libre. Sumida en la marisma
del caos primordial, de la miseria,
te acordarás de mí y de mi carisma,
perdida en ese magma sin materia
que es un sirviente sin a quien servir.
Es mi veredicto. Podés partir.

¿Querías libertad? Te la concedo.

Un fogonazo en la iluminación de la casa. Cortocircuito.


37

RAQUEL: ¿Qué me rompiste? ¿O es un desafío?


¿O acaso es que ser libre te da miedo?
Te avergüenza que allá en tu rancherío
te apunten otras crotas con el dedo:
“Ahí va la Carmen, hagalen vacío,
se lo merece por morderle el guante
a quien le dio de comer, la ignorante”.
En cambio yo sin vos tengo un futuro.
De arranque, tengo llena mi barriga.
Tengo un cardiólogo y un pedicuro.
Tengo mi club y tengo mis amigas.
Y tengo, si todo falla, cianuro,
mientras que vos, veneno para hormigas.
Andate. No te necesito, che.
¡Esperá! Traeme primero un té. EL SERVICIO SOBRE EL
FINAL, NO PUEDE DEJAR DE SERVIR PARA ESTOS
PERSONAJES.

Apagón.

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