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Duelo

Para entender la experiencia de la pérdida, suele ser útil reconocer su omnipresencia


en la vida humana; perdemos algo con cada paso que avanzamos en el viaje de la
vida, desde las cosas más concretas, como personas, lugares u objetos, hasta las más
inmateriales, pero no por ello menos significativas, como la juventud o los sueños e
ideales que se desvanecen cuando nos enfrentamos a las duras “realidades” de la
vida. Cada una de estas pérdidas inevitables va acompañada de su propio dolor y nos
afecta de una manera particular. Según Alba Payás, “El duelo es la respuesta natural a
la pérdida de cualquier persona, cosa o valor con la que se ha construido un vínculo
afectivo, y como tal, se trata de un proceso natural y humano y no de una enfermedad
que haya que evitar o de la que haya que curarse. La expresión del duelo incluye
reacciones, que muy a menudo se parecen a aquellas que acompañan a trastornos
físicos, mentales o emocionales. Es importante ser muy cauteloso en la interpretación
de ciertas expresiones de duelo que pueden aparecer como patológicas y ser, en
realidad, manifestaciones totalmente naturales y apropiadas, dadas las circunstancias
particulares de la pérdida.”
La palabra “duelo” proviene del término latino “dolus” que significa dolor. El manual
diagnóstico de los trastornos mentales DSM-IV-TR, lo clasifica en problemas
adicionales que pueden ser objeto de atención clínica, incluye el duelo y lo define
como la reacción ante la muerte de una persona querida.
De acuerdo con Bayés, los componentes del duelo son tres: (a) una reacción universal
ante la pérdida, en el sentido de que constituye una faceta que aparece en todas las
culturas, aun cuando sus manifestaciones puedan ser muy diferentes. (b) Produce
sufrimiento, el cual puede encontrarse asociado, tanto a comportamientos activos de
malestar como a comportamientos pasivos de tipo depresivo. (c) Puede afectar
negativamente a la salud de la persona que lo experimenta (insomnio, anorexia).
En función de los autores a los que hagamos referencia hablaremos de distintas
etapas o fases en el proceso de duelo, Otros autores como Worden consideran más
oportuno hablar de tareas en el proceso de duelo, puesto que éstas implican que la
persona sea activa y pueda hacer algo, mientras que las fases implican una cierta
pasividad, es decir, algo que la persona en duelo atraviesa. Así, Worden incluye
cuatro tareas en el duelo: (a) aceptar la realidad de la pérdida, (b) trabajar las
emociones y el dolor de la pérdida, (c) adaptarse a un medio en el que el ser querido
está ausente y (d) recolocar emocionalmente al fallecido y seguir viviendo. Del mismo
modo, Parkes y Weiss consideran necesarias tres tareas: (a) reconocimiento
intelectual y explicación de la pérdida, (b) aceptación emocional de la pérdida y (c)
asunción de una nueva identidad.

Parkes y Kubler-
Lidermann Engel Randon Neimeyer
Bowlby Ross
Conmoción Conmoción
e Aturdimiento e Negación Evitativa Evitación
incredulidad incredulidad
Desarrollo
Duelo Anhelo y De
de la Ira Asimilación
agudo búsqueda Confrontación
conciencia
Desorganizaci
Negociació De
Resolución ón y Restitución Acomodación
n restablecimiento
desesperación
Reorganizació Resolviend
Depresión
n o la perdida
Idealización Aceptación
Resolución
Es necesario valorar si el duelo sigue un curso normal con toda la variedad de
manifestaciones posibles descritas, si éstas son adecuadas en duración e intensidad,
así como tener en cuenta que no todas las personas viven el proceso de duelo de la
misma forma. Podemos considerar que las manifestaciones normales del duelo son
las siguientes:
1. Sentimientos: tristeza, angustia, apatía, enfado, ira, culpa, soledad, abandono,
impotencia, insensibilidad, extrañeza con respecto a sí mismo o ante el mundo
habitual.
2. Cogniciones: incredulidad, confusión, preocupación, rumiaciones, pensamientos e
imágenes recurrentes, sentido de presencia, alucinaciones visuales y/o auditivas,
dificultades de atención, concentración y memoria, distorsiones cognitivas.
3. Sensaciones físicas: vacío en el estómago y/o boca seca, opresión en
tórax/garganta, falta de aire y/o palpitaciones, hipersensibilidad al ruido, sentido de
despersonalización, falta de energía/debilidad.
4. Conductas: alteraciones del sueño y/o la alimentación, conducta distraída,
aislamiento social, llorar y/o suspirar, llevar o atesorar objetos, visitar lugares que
frecuentaba el fallecido, llamar y/o hablar del difunto o con él, hiper-hipo actividad,
evitar recordatorios del fallecido.

Duelo complicado
En algunos casos, el proceso de duelo puede no seguir un curso normal,
complicándose y produciéndose alteraciones importantes en la vida de las
personas que lo experimentan, lo cual se conoce como duelo complicado, patológico,
anormal o traumático. En ocasiones, el propio doliente puede ser consciente de que el
duelo sigue un curso anormal, puesto que interfiere notoriamente en su
funcionamiento general y esto le lleva a buscar ayuda especializada.
En los problemas adicionales que pueden ser objeto de atención clínica se señala la
presencia de ciertos síntomas que no son característicos de una reacción de duelo
“normal” y que pueden ser útiles para realizar una identificación de duelo patológico y
episodio depresivo mayor. Entre estos síntomas se incluyen:
1. La culpa por las cosas, más que por las acciones, recibidas o no recibidas por el
superviviente en el momento de morir la persona querida.
2. Pensamientos de muerte más que voluntad de vivir, con el sentimiento de que el
superviviente debería haber muerto con la persona fallecida.
3. Preocupación mórbida con sentimiento de inutilidad.
4. Enlentecimiento psicomotor acusado.
5. Deterioro funcional acusado y prolongado.
6. Experiencias alucinatorias distintas de las de escuchar la voz o ver la imagen fugaz
de la persona fallecida.

Los criterios para establecer un duelo complicado fueron adaptados por García et al.
estos criterios son:
Criterio A: Estrés por la separación afectiva que con lleva la muerte. Presentar cada
día o en grado acusado 3 de los cuatro síntomas siguientes:
1) Pensamientos intrusivos—que entran en la mente sin control— acerca del fallecido
2) Añoranza —recordar su ausencia con enorme y profunda tristeza— del fallecido.
3) Búsqueda—aun sabiendo que está muerto— del fallecido.
4) Sentimientos de soledad como resultado del fallecimiento.
Criterio B: Estrés por el trauma psíquico que supone la muerte. Presentar cada día o
en grado acusado, y como consecuencia del fallecimiento, 4 de los ocho síntomas
siguientes:
1) Falta de metas y/o tener la sensación de que todo es inútil respecto al futuro.
2) Sensación subjetiva de frialdad, indiferencia y/o ausencia de respuesta emocional.
3) Dificultad para aceptar la realidad de la muerte.
4) Sentir que la vida está vacía y/o que no tiene sentido.
5) Sentir que se ha muerto una parte de sí mismo.
6) Asumir síntomas y/o conductas perjudiciales del fallecido, o relacionadas con
él.
7) Excesiva irritabilidad, amargura, y/o enfado en relación con el fallecimiento.
8) Tener alterada la manera de ver e interpretar el mundo.
Criterio C: Cronología. La duración del trastorno —los síntomas arriba indicados— es
de al menos 6 meses. —
Criterio D: Deterioro. El trastorno causa un importante deterioro de la vida social,
laboral u otras actividades significativas de la persona en duelo.

Duelo y la salud

Los términos “duelo”, “luto” y “pesar” tienen pequeñas diferencias de significado:

•El duelo es la respuesta emocional de una persona ante la experiencia de una


pérdida.

•El luto es el proceso de adaptarse a la vida después de una pérdida. Se ve


influenciado por la sociedad, cultura y religión de la persona.

•El pesar es el estado de haber experimentado una pérdida

No podemos separar el cuerpo de la mente, no son entes divididos que vayan cada
uno por su lado. Los seres humanos somos un todo y no podemos atender una parte
de nosotros mientras descuidamos la otra. A nivel fisiológico, el duelo supone un
estresor a largo plazo, de modo que el proceso psicológico va a venir acompañado de
sintomatología y sensaciones a nivel físico, que debemos atender como parte de la
atención global que merece el duelo.

Reacciones frecuentes del duelo


Las reacciones ante una pérdida se llaman reacciones del duelo. Varían mucho de
persona en persona e incluso en la misma persona a lo largo del tiempo. Las
reacciones frecuentes del duelo incluyen sentimientos, pensamientos, sensaciones
físicas y comportamientos complicados.

•Sentimientos. Las personas que experimentaron una pérdida pueden tener una gran
variedad de sentimientos. Estos pueden incluir conmoción, bloqueo, tristeza, negación,
desesperanza, ansiedad, enojo, culpa, soledad, depresión, impotencia, alivio y anhelo.
Una persona en duelo puede comenzar a llorar después de escuchar una canción o
comentario que los haga pensar en la persona que falleció. O la persona puede no
saber qué desencadenó su llanto.

•Pensamientos. Algunos patrones de pensamiento frecuentes incluyen rechazo,


confusión, problemas para concentrarse, preocupaciones y alucinaciones.

•Sensaciones físicas. El duelo puede causar muchas sensaciones físicas. Estas


incluyen opresión o peso en el pecho o garganta, náuseas o malestar estomacal,
mareos, dolores de cabeza, entumecimiento físico, músculos debilitados o tensionados
y fatiga. También puede hacerlo vulnerable a las enfermedades.

•Comportamientos. Una persona en duelo puede tener problemas para dormirse o


permanecer dormido. También puede perder la energía para realizar actividades
agradables. La persona puede perder interés en la comida o en socializar. Una
persona en duelo puede volverse más irritable o agresiva. Otros comportamientos
frecuentes incluyen inquietud y actividad excesiva.
Complicaciones físicas graves del proceso de duelo
Las complicaciones físicas del duelo también pueden ser intensas y complejas. Por
ejemplo, pueden darse procesos de ansiedad que incluyan ataques de pánico, mareos
y fuertes somatizaciones físicas. La somatización se hace patente cuando no está
habiendo una atención adecuada al proceso interno, tanto emocional como cognitivo.
Es el recurso que tiene nuestro organismo para llamar la atención de lo que está
ocurriendo y no estamos atendiendo. Por este motivo, deberíamos estar más
agradecidos que enfurecidos con nuestro cuerpo cuando se resiente, ya que nos está
advirtiendo y, por lo tanto, haciendo un favor.
Durante el duelo, es común experimentar una variedad de síntomas físicos como:
Fatiga o agotamiento
Deseo de dormir todo el tiempo o dificultad para dormir
Cambios en el apetito
Propensión a las enfermedades y las infecciones
Tensión muscular
Dolores, como de cabeza y espalda

Hay una serie de maneras de contrarrestar algunos de los síntomas físicos del duelo:
Tome comidas balanceadas.
Evite la comida chatarra.
Manténgase físicamente activo.
Limite la ingesta de alcohol.
Practique una higiene regular.
Descanse lo suficiente

El duelo afecta cada aspecto de la vida. Sobrellevar cada día es un desafío y los
pasos pequeños son la clave. Encontrar formas prácticas y factibles de cuidarse brinda
esperanza y sanación, poco a poco.

Algunas ideas para el cuidado personal pueden ser:

Dese un baño caliente. Esto puede ser relajante y ayudar con los síntomas físicos del
duelo y el estrés.
Escriba un diario con los sentimientos y los recuerdos del niño. Continuar expresando
amor puede ser terapéutico.
Encuentre una tarde o una noche de forma regular para hacer una actividad o pasar
tiempo con un amigo.
Haga algo creativo o algo que le permita usar sus talentos y le brinde sentido de
identidad.
Cómprese un regalo o compre algo para un ser querido; haga que se lo envuelvan.
Envuélvase con una manta abrigada y beba su té favorito o leche tibia.
Escuche música.
Deshágase de las listas de “cosas por hacer”. En lugar de eso, haga una lista de lo
que hizo durante el día.
Cuide de una planta o una mascota.
Practique respiración profunda, meditación o yoga.
Pase tiempo en la naturaleza.
Salga a caminar.
Tipos de duelo
¿Cuáles son los tipos de duelo que hay? A continuación, puedes encontrar los
diferentes tipos de duelo.

1. Duelo anticipado
El duelo anticipado es aquel que se da antes de que la muerte haya ocurrido. Es
habitual cuando se diagnostica una enfermedad que no tiene cura. El proceso de
duelo es el habitual, lo que la persona experimenta diversos sentimientos y emociones
que anticipatorios que le prepararán emocional e intelectualmente para la inevitable
pérdida.

El duelo anticipado es un proceso de duelo prolongado, no tan agudo como el resto,


dado que cuando llega la muerte se suele experimentar, en parte, como algo que da
calma.

2. Duelo sin resolver


El duelo sin resolver, como su nombre indica, significa que la fase de duelo sigue
presente. Sin embargo, suele denominarse así al tipo de duelo que sucede cuando ha
pasado cierto tiempo (entre 18 y 24 meses) y todavía no se ha superado.

3. Duelo crónico
El duelo crónico también es una clase de duelo sin resolver, que no remite con el paso
del tiempo y que dura durante años. También se denomina duelo patológico o duelo
complicado.

El duelo patológico puede darse cuando la persona es incapaz de dejar de revivir de


forma detallada y vívida los sucesos relacionados con la muerte, y todo lo que le
ocurre le recuerda esa experiencia.

4. Duelo ausente
Este tipo de duelo hace referencia a cuando la persona niega que los hechos hayan
ocurrido. Por tanto, es la etapa de negación de la que hemos hablado con anterioridad,
en la que el individuo sigue evitando la realidad pese a haber pasado mucho tiempo.
Es decir, la persona ha quedado estancada en esta fase porque no quiere hacer frente
a la situación.

5. Duelo retardado
Es similar al duelo normal, con la diferencia a que su inicio se da al cabo de un tiempo.
Suele ser parte del duelo ausente, y también recibe el nombre de duelo congelado.
Suele aparecer en personas que controlan sus emociones en exceso y se muestran
aparentemente fuertes. Por ejemplo, una persona que tiene hijos y debe mostrarse
entera.

El duelo retardado suele darse cuando la persona que lo sufre, en un primer momento,
debe hacerse cargo de muchas cosas que requieren su atención inmediata, como por
ejemplo el cuidado de una familia.

6. Duelo inhibido
El duelo inhibido se produce cuando hay una dificultad en la expresión de los
sentimientos, por lo que la persona evita el dolor de la pérdida. Suele venir asociado a
quejar somáticas. Las limitaciones de la personalidad del individuo le impiden llorar o
expresar el duelo. A diferencia del duelo ausente, no es un mecanismo de defensa.

7. Duelo desautorizado
Este tipo de duelo ocurre cuando el entorno que rodea a la persona no acepta el duelo
de ésta. Por ejemplo, cuando transcurrido un tiempo largo la familia le reprocha a la
persona que siga en duelo. Ésta reprime los sentimientos de cara a la familia, pero
internamente no lo ha superado.

Muchas veces, este tipo de duelo se da cuando la persona que murió o se marchó
para siempre llevaba asociado un estigma y se encontraba excluida, al menos para el
entorno cercano de la persona que lo sufre (por ejemplo, su familia). Expresar duelo
puede llegar a ser un acto simbólico que subvierta ciertas ideas políticas y sociales.
Por ejemplo, si la persona ausente era la pareja homosexual de alguien y la familia no
aprueba este tipo de relaciones.

8. Duelo distorsionado
El duelo distorsionado se manifiesta como una fuerte reacción desproporcionada en
cuanto a la situación. Suele ocurrir cuando la persona ya ha experimentado un duelo
previo y se encuentra ante una nueva situación de duelo.

Por ejemplo, puede haber experimentado la muerte de un padre, y al morirse un tío,


revive también la muerte de su padre, lo que le lleva a una situación mucho más
intensa, dolorosa e incapacitante.

Mitos sobre el duelo

“La muerte tiene una dimensión social y cultural que varía según el momento histórico,
las costumbres, las creencias y la sociedad donde acontece y que puede influir
facilitando o dificultando los procesos de duelo individuales de las personas” (Bermejo,
J; et Al. 2016).
En este sentido, es necesario analizar las creencias, erróneas o no, el concepto de
duelo que maneja cada doliente. Sin embargo, en el caso concreto del personal de
salud, cuando a veces no
hay tiempo de un análisis como tal, es importante entonces saber escuchar al paciente
y estar informados en relación a mitos e ideas que el doliente puede tener, para que
de forma bondadosa
encausarlo hasta donde la circunstancia permita para que le sea favorable en la
superación de su pérdida. Según diversos especialistas algunos mitos con relación al
duelo podrían ser los siguientes: (pérdidas, 2014).

· MITO 1: El duelo se resuelve aproximadamente en un año. El duelo es un proceso


complejo y muy personal, por lo que el periodo de tiempo para “resolverlo”
satisfactoriamente varía en función de múltiples factores. En cualquier caso, dura tanto
como cada persona lo
necesite.
· MITO 2. El duelo es como una depresión. De hecho, son términos prácticamente
sinónimos. El duelo no es una enfermedad. Aunque ambos comparten en ocasiones
ciertas manifestaciones (abatimiento, desilusión, tristeza profunda, llanto, desapego de
la vida, apatía), conviene recordar que la depresión es una enfermedad mental con
sus propias causas y criterios diagnósticos. El duelo, es una reacción normal y
adaptativa ante la pérdida de algo o
alguien significativo.
· MITO 3. Dentro de los diferentes tipos de muerte, hay unasque son peores que otras.
El duelo no es una competición de méritos para ver quién ha tenido la peor desgracia y
quién está sufriendo más. Nadie está dentro de la mente
ni del corazón para comprobar cuánto importaba lo que se ha perdido.
· MITO 4. Cuando la muerte es “natural”, sobre todo de una persona mayor, no genera
duelo. En el duelo, lo que importa es la vinculación que se tenía con quien se ha
perdido, ¿qué significaba para la persona misma? ¿por qué se necesitaba a esa
persona? Una muerte puede ser “natural”, sin embargo, estar acompañada de ciertos
factores de riesgo que puedan complicar en un momento
u otro ese duelo.
· MITO 5. Los hombres lo llevan mejor, para ellos es diferente, se recuperan antes.
Durante años se ha hablado del duelo “en hombres” y el duelo “en mujeres”. No
importando el género, cada uno hace lo que puede con su pérdida y organiza su
experiencia como puede y como sabe para poder soportarla.
- MITO 6 Quien más llora es quien más dolor tiene. El duelo es un proceso complejo y
misterioso, donde están presentes muchas emociones, muy alteradas, mezcladas,
como en una explosión o ebullición muy desordenada. No hay que reducir el duelo a
tristeza y llanto. En el duelo también hay culpa, rabia, miedo y vergüenza. El llanto es
solo una manera más de expresar el dolor y puede ser mal interpretado ya que una
persona que llorar no está sintiendo más que una
persona que no llora.
- MITO 7 Las personas jóvenes lo llevan mejor. Ser joven no significa ser más feliz,
igual que ser
hombre no significa ser más fuerte, ni ser mujer es ser más sensible. Todos los seres
humanos viven las experiencias de dolor diferente, cada uno siente el dolor de manera
individual.
· MITO 8 Lo mejor que puede hacer una persona en duelo (y cuanto antes) para
recuperarse es pasar
página y orientarse a la vida. “Centrarse en la pérdida es de depresivos”. No hay que
olvidar nunca que, el duelo es un proceso individual, muy complejo, muy misterioso
cuando aparece, parece invadirlo todo y ocupar toda la vida; hay momentos para
centrarse en el dolor y otro momento para orientarse a la vida. Ambos momentos son
necesarios.
· MITO 9 El duelo es un proceso lineal de cinco fases (shock, negación, negociación,
depresión y
aceptación). Se va saltando de una en una hasta llegar a la quinta y, una vez ahí, todo
habrá acabado.
Durante décadas se ha consolidado la creencia de que todo duelo tiene cinco fases
por las que todo el mundo pasa. Lo que es cierto es que el duelo es un proceso
dinámico, con algún tipo de fases o etapas, pero de ningún modo todo el mundo pasa
por todas ellas, ni en el mismo orden.

Mitos respecto al duelo en niños y niñas: (Ferrufino, 2020)


- MITO 1: Los niños no sufren.
- MITO 2: El duelo en los niños no provoca un sufrimiento tan profundo como en los
adultos.
- MITO 3: Los niños cuentan con suerte, porque son tan jóvenes que no entienden
sobre la muerte.
- MITO 4: Los niños deben ser protegidos del dolor y el sufrimiento que la muerte lleva
con el fin de
mantener su inocencia infantil.
- MITO 5: Dada su juventud y resiliencia, son capaces de olvidar fácilmente a la
persona
cercana fallecida o pérdida, resolver el duelo rápidamente y seguir con sus vidas.
- MITO 6: Cuando se consideran como grupo, los niños y adolescentes entienden,
experimentan y
expresan el duelo de la misma manera.
- MITO 7: Se dice: “En la infancia no se comprenden los rituales y además les pueden
traumatizar, por lo que es mejor que no asistan a ellos.

Que hacer y qué no hacer durante el duelo

Que no se debe hacer:


 Inhibir la expresión de sentimientos y obligar a la persona que ha sufrido la
pérdida a asumir un papel determinado según los criterios propios de otra
persona. Las frases "no pienses más en esto", "piensa en los demás", "no te
preocupes", "tienes que ser fuerte", "no llores más", son además de imposibles
inadecuados para poder apoyar a la persona. Debemos permitir que las
persona tenga y exprese sus sentimientos sin transmitirle la sensación de que
nos está defraudando.
 Salir huyendo ante la mínima expresión de sentimientos dolorosos. Permitir y
animar la expresión de sentimientos dolorosos es una de los factores clave en
la ayuda de las personas que han tenido pérdidas. Es necesario el contacto
físico como consuelo a la persona que experimenta esa aflicción.
 Decirle a la persona que ha sufrido la pérdida lo que tiene que hacer. En cosas
del dolor, el experto es el sufriente y es él el que tiene que hablar ("Duelo que
no se habla es duelo que no se cura").
 Decir "sé cómo se siente". Cada persona experimenta el dolor a su manera.
Muéstrale tu comprensión "entiendo que tienes que sentirte mal" e invita a la
persona a que comparta sus sentimientos si es su deseo.
 Decirle "llámame o ven a mi casa si te sientes muy mal o necesitas algo".
Cuando uno se siente tan mal no suele tener ganas de llamar o visitar a nadie.
No esperes a que a que te busque, toma la iniciativa y llámalo o visítalo.
 Sugerir que "el tiempo cura todas las heridas". En el primer período de duelo,
de 6 a 12 meses no suele cumplirse esa sentencia.
 Ante la demanda de ayuda, delegarla en otros. Nuestra presencia, interés y
preocupación genuina es lo importante. Y no tiene por qué decir nada.
 Intentar que la persona se dé prisa en superar su dolor. Cada persona tiene su
tiempo y velocidad y las prisas no son buenas. El animar a la persona a ocupar
el tiempo es una buena estrategia "por momentos", pero que simplemente
aplaza y no soluciona el problema.
 Retirar de la vista de la persona toda información referente al duelo, al dolor, la
pérdida, la aflicción y el luto.
 Aislar a la persona de su familia y fomentar o crear indisposición mutua. El
duelo es un "asunto de familia" y es ésta la institución más importante para la
recuperación de la pérdida de un ser querido.
 Desentenderse de la persona en duelo. Debido a que el proceso de duelo es
largo y toma su tiempo, las personas se suelen agotar de prestar su apoyo y
consuelo. Acuerde con la persona afligida la cantidad y calidad de apoyo que le
puede ser más útil. No interrumpa de manera brusca su apoyo.
 Rechazar cualquier tipo de grupo de terapia de duelo. Una de las personas
más adecuadas para ayudar a alguien en duelo es precisamente otra persona
en duelo que ya haya avanzado un poco más.

Cosas que se deben hacer


 Leer e informarse de todo lo relacionado con el duelo, la aflicción y el luto. Si
no sabes que decir, pregunta: "¿cómo ha estado hoy?", "¿cómo va el día?".
 Mantener los oídos atentos para escuchar el dolor, la tristeza, la rabia, la
frustración, la soledad y todos los sentimientos que acompañan a la aflicción.
Intente escuchar un 80% y hablar un 20%.
 Permite y anima la expresión de los sentimientos de dolor y pérdida del ser
amado, sin salir huyendo ante la expresión de los mismos. Aprende a sentirte
cómodo con el silencio compartido en lugar de intentar hablar para animar a la
otra persona. Permítele compartir los recuerdos del ser querido.
 Presta indefinidamente, tus hombros, brazos y pecho como consuelo ante el
ser humano que sufre.
 No esperes a que el que sufre la pérdida te llame o te visite, hazlo tú. También
puede ser muy útil tu ayuda en las tareas de la vida cotidiana.
 Contribuye a que el apoyo y la comunicación de la familia sean los
instrumentos más efectivos que faciliten la recuperación por la pérdida del ser
amado.
 Respeta las diferencias humanas en la expresión del dolor y la tristeza.
 Estate atento a la presencia de reacciones anormales o distorsionadas del
duelo.
 Anima a la realización de todas las actividades necesarias para la promoción,
mantenimiento de la salud y prevención de enfermedades.
 Estimula y anima para la participación en grupos de autoayuda.

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