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La Revolución Pacífica de Petro

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La revolución pacífica de Petro.

Ana Teresa Bernal

Los años 60 fueron años de convulsión y de cambios en el mundo, en Colombia fue la


época del Frente Nacional un pacto de exclusión y privilegios, las élites abrieron el camino
para que surgieron las insurgencias de las FARC y del ELN, los jóvenes abrazaron las ideas
de los barbudos revolucionarios de países como Cuba, o los aires antiimperialistas de Ho
Chi Min en Vietnam, varios curas como Camilo Torres se fueron a la guerrilla invocando la
opción preferencial por los pobres con el argumento de que cada día crecía más la
injusticia social.

Las décadas que siguieron a esos años produjeron más grupos insurgentes entre ellos el
M19 que le puso una connotación nacionalista y menos catastrófica a la idea de la
revolución, invocando la gesta libertadora de Simón Bolívar y los símbolos patrios como su
espada, o la invención del Diálogo Nacional identificado como el gran sancocho nacional
condición necesaria para superar la tragedia de la guerra.

Las cosas se complicaron, se agudizaron y degradaron con la inserción del narcotráfico que
inyectó toneladas de gasolina a la guerra y el heroísmo de la revolución armada, así como
el estado se contaminaron dramáticamente con ese mortal ingrediente.

El proceso de paz con el M19 en 1990 impulso la Asamblea Constituyente de 1991, que
tuvo una serie de afortunadas confluencias que desataron un cambio constitucional para
avanzar en el reconocimiento de los derechos ciudadanos, entre ellos la inclusión de las
diferentes poblaciones étnicas que hacen parte del país. Fue una corta primavera
democrática.

Las organizaciones insurgentes más numerosas y antiguas como las FARC y el ELN no
fueron parte de ese proceso quedando por fuera y no tardó el país en caer en otra acción
de guerra en el gobierno de Cesar Gaviria: la guerra integral.

Para entonces quienes firmaron acuerdos de paz como el M19, un amplio sector del EPL,
el movimiento Quintin Lame, y posteriormente la CRS proveniente de un sector del ELN,
comenzaban a asimilarse en la vida civil, algunos pocos en la política, otros en los
negocios, otros en el desempleo, y así, sin lograr afianzar algún proyecto político de
envergadura que pudiera alcanzar por medio de los escenarios democráticos los
profundos cambios que el país necesitaba y la puesta en práctica la nueva Constitución
Política de 1.991.

Fueron sectores ciudadanos quienes principalmente en la década del 90, acompañados de


algunos miembros de insurgencias desmovilizadas promovimos movimientos y redes en
favor de La Paz y de salidas políticas a las guerras que se mantenían y crecían dejando un
mar de muertos, desplazados y lastimados por la guerra.

El Estado no paró sus acciones derivadas de su concepción del enemigo interno importada
desde hacia mucho tiempo de las tensas estrategias de la guerra fría en el mundo, en la
que toda acción rebelde era ubicada en el campo del comunismo.

Gustavo Petro, como miembro de la dirección nacional, había firmado La Paz con el M19,
había sido un fiel militante de esa organización y había cumplido la palabra de no volver a
tomar el camino de las armas pese a que a su líder más importante Carlos Pizarro lo
habían asesinado después de la firma del acuerdo. Recuerdo el día de su entierro como un
día de movilización en medio de un diluvio de agua y lágrimas que caían sin parar del cielo
y de los rostros confundidos de quienes le habían apostado con tanta esperanza a La Paz.

A pesar del duro revés, los del M19 no se devolvieron a la guerra, estaban convencidos de
que no sería con las armas que se conseguiría un cambio para Colombia.
El M19 se disolvió como organización político militar y dio paso a diversas expresiones
políticas, muchos de sus militantes se dedicaron a diversas actividades económicas,
sociales o académicas. Algunos lograron intervenir en escenarios legislativos o de
gobernabilidad como Antonio Navarro que logró ser Senador, Gobernador y Alcalde, o
Vera Grabe congresista de la República desarrollando tareas importantes en procesos
puntuales, pero sin ninguna posibilidad de lograr las mayorías para que la sociedad
colombiana pudiera transformarse significativamente para que esa Constitución de 1.991
pudiera desarrollarse en la democratización que el país siempre ha necesitado para acabar
con la violencia histórica y estructural que nos acompaña.

Por el contrario todo se fue embolatando en beneficio de minorías cada vez mas corruptas
y excluyentes, muy poco de lo consignado en esa Constitución sirvió para un mejor vivir de
los colombianos. Las mafias se tomaron casi todos los escenarios de poder y de riqueza,
los privilegios fueron más evidentes y la violencia, el hambre y el abandono dejaron
decenas de millones de víctimas que sólo podrán salir de esa condición si el país logra La
Paz y la democracia de verdad.

Pero, qué fue lo que hizo Petro para que en medio de tanta adversidad llegará a gobernar
desde el 7 de agosto pasado a esta Colombia herida?

Petro no dejó de concebir nunca un proyecto político de cambio profundo y real para
Colombia, por eso le apostó siempre sin importar el esfuerzo y el tiempo que fuera
necesario, a ensayo y a error, a ganancia y perdida, con la convicción de que sólo
preparándose y siendo coherente en sus planteamientos, constante y perseverante se
lograría algún día alcanzar el objetivo de ser gobierno, viejo anhelo que desde Álvaro
Fayad uno de los máximos dirigentes del M19 en la IX Novena Conferencia en el llamado
“Congreso de los Robles” a finales de 1984.

Petro nunca claudicó, nunca se acomodó, ni se arrodilló ante el poder, por el contrario con
valor, con mucho valor fue capaz de desenmascarar los nexos de muchos políticos con el
paramilitarismo y de políticos y paramilitares con las mafias del narcotráfico que se fueron
sumando hasta controlar casi todo el poder.

No fue el único, pero si el más coherente en que esas denuncias no podían ser una pieza
suelta sino parte de una estrategia para hablarle al país, no se quedó solo en la denuncia,
sino que a ella le agregó la propuesta política y programática de cambio que el país ha
necesitado.

No lo hizo solo, porque siempre ha hecho parte de un conglomerado político, pero no se


ha quedado en las siglas de un partido, ha hecho que los partidos sean funcionales al
cambio y no el cambio a los partidos.

Aunque los adversarios hayan querido distorsionar con mentiras su capacidad de


gobernante, Petro fue un buen Alcalde de Bogotá, que disminuyó significativamente la
pobreza, sostuvo un buen promedio de los indicadores macroeconómicos, que redujo el
desempleo y dejó una tasa histórica de desempleo en 8.7%, fortaleció las empresas
públicas de Bogotá, amplio la cobertura de la inversión social en salud y educación y sobre
todo su gestión fue tan importante que en las ultimas contiendas electorales los votos por
Petro y los movimientos que el representa son los que demuestran la valoración por su
gestión.

Petro en sus campañas no se quedó encerrado, cientos de encuentros en plaza pública lo


conectaron directamente con la gente, se recorrió el país, sabe sus necesidades y sabe
que como gobernante debe responder a ello.

Con perseverancia, coherencia y mucha lucha, Gustavo Petro es hoy Presidente de


Colombia, se ha tomado su tiempo para armar un gran equipo que lo acompañará en las
decisiones que debe tomar para que Colombia crezca y sea de verdad una potencia
mundial de la vida y se enrumbe por el camino definitivo de La Paz y el desarrollo.
En pocos días comienza a demostrar que es posible que un policía patrullero pueda aspirar
a ser general, que todos los jóvenes puedan ser profesionales porque la educación es un
derecho, que los campesinos puedan realizar sus sueños porque tienen derecho a la tierra
y al crédito, que los industriales puedan hacer crecer a Colombia, que las mujeres, los
negros y los indios podamos gobernar, que nadie se muera de hambre o de sed y que el
centro de la seguridad sea el ser humano, que la paz es una gran tarea y que también
debe hacerse con la naturaleza.

Sin un arma, sin violencia, sin matar a nadie, Gustavo Petro nos ha demostrado que con lo
que él llama la política del amor Si es posible hacer una revolución pacífica.

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