PROMOCIÓN Y PREVENCIÓN DE LA SALUD
La perspectiva conservadora de la promoción de la salud
refuerza la tendencia de disminución de las responsabilidades
del Estado, delegando, progresivamente, a los individuos, la
tarea de tomar cuidado de si mismos (Lupton, 1995; Petersen,
1997).
Otra perspectiva es la progresista que enfatiza otra
dimensión del discurso de la promoción de la salud, resaltando
la elaboración de políticas públicas intersectoriales, orientadas
a la mejora de la calidad de vida de la población.
Sin embargo, surgen dificultades en la operacionalización de
proyectos de promoción de salud. No se distingue las
estrategias de promoción con las prácticas de promoción y
aparecen inconsistencias, contradicciones y puntos oscuros.
La salud pública o colectiva son prácticas organizadas
institucionalmente y orientadas a la promoción de la salud de
las comunidades.
El termino prevenir tiene significado de “preparar, llegar antes
de; disponer de manera que evite (daño, mal), impedir que se
realice” (Ferreira, 1986). La prevención en salud “exige una
acción, basada en el conocimiento de la historia natural a fin de
hacer improbable la expansión posterior de la enfermedad”
(Leavell & Clark, 1976). Las acciones preventivas se definen
como intervenciones orientadas a evitar la aparición de
enfermedades específicas, reduciendo su incidencia t
predominando en las poblaciones. Los proyectos de
prevención y de educación en salud se estructuran mediante
la divulgación de información científica y de recomendaciones
normativas de cambio de hábitos.
Promover tiene el significado de dar impulso a: fomentar,
originar, generar (Ferreira, 1976). Se define, tradicionalmente,
de manera mas amplia que prevención, pues se refiere a
medidas que “no se dirigen a una determinada enfermedad o
desorden, pero sirven para aumentar la salud y el bienestar
generales” (Leavell & Clark, 1976). Las estrategias de
promoción enfatizan la transformación de las condiciones de
vida y de trabajo que conforman la estructura subyacente a
los problemas de salud, demandando un abordaje intersectorial.
Promover la vida en sus múltiples dimensiones abarca, por un
lado, acciones en el ámbito global de un Estado y, por
otro, la singularidad y autonomía de los sujetos, lo que no
puede ser imputado a la responsabilidad de un área de
conocimiento y practicas. Es una conquista indiscutible el
reconocimiento oficial de los limites del modelo sanitario
basado en la medicina, estimándose que este debe estar
integrado en las dimensiones ambiental, social, políticas,
económica y de comportamientos, más allá de la biología y la
medicina. Las acciones propias de los sistemas de salud
requieren estar articuladas, sin duda, con otros sectores
disciplinares y de políticas gubernamentales responsables de
los espacios físico, social y simbólico.
En el contexto de la implementación de las prácticas de
salud se mantiene entre dos definiciones de vida: una la de
nuestra experiencia subjetiva; otra, la del objeto de las
ciencias de la vida, del estudio de los mecanismos físico-
químicos que estructuran el fundamento cognitivo de las
intervenciones de la medicina y de la salud pública.
A partir de concepciones y teorías respecto a la especificidad
biológica o psíquica, fueron elaboradas intervenciones objetivas
y operacionales de asistencia a la salud.
Tanto las practicas de promoción como de prevención usan los
conocimientos científicos
La idea de promoción se refiere al fortalecimiento de la
capacidad individual y colectiva para lidiar con la multiplicidad
de los condicionantes de la salud. En ese sentido va más allá de
una aplicación técnica y normativa, aceptándose que no basta
conocer el funcionamiento de las enfermedades y encontrar
mecanismos para su control. Esa concepción se refiere al
fortalecimiento de la salud por medio de la construcción de la
capacidad de elección, así como a la utilización del
conocimiento con el discernimiento de considerar las
diferencias y singularidades de los acontecimientos.
Promover la salud incluye elección y eso no pertenece al
ámbito del conocimiento verdadero, sino al del valor. Se vincula
a procesos que no se expresan por conceptos precisos y
fácilmente cuantificados. Términos como empowerment o
“vulnerabilidad” permiten abordajes transdisciplinares,
articulándose con conceptos de otras áreas, sino que también
se abren múltiples significaciones que emergen de la
consideración de diferencia, subjetividad y singularidad de los
acontecimientos individuales y colectivos de salud. Esa
obertura, no obstante, no deja de tener, como referencia de
dialogo, los conceptos que configuran la especificidad del
campo de la salud pública. Uno de los ejemplos, en ese sentido,
es la señalada vinculación de los proyectos en promoción de
salud con el conocimiento elaborado mediante estudios
epidemiológicos de riesgo. Ese vinculo se produce de la misma
forma en las investigaciones que alcanzan a articular múltiples
abordajes, como es el caso de los estudios de vulnerabilidad al
SIDA, que integran las extensiones de compartamiento
personal, contexto social y de organización de programas
institucionales. Gran parte de los proyectos definidos como
promoción también indican exposiciones ocupacionales y
ambientales en el origen de enfermedades, asi como proponen
el estímulo para cambios de comportamiento, como, por
ejemplo, el incentivo a la practica de ejercicios, al uso de
cinturones de seguridad la reducción del tabaco, alcohol y otras
drogas, etc.
Promoción de salud contempla un amplio espectro de
estrategias técnicas y políticas que incluyen tanto posturas
conservadoras como extremadamente radicales.