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Lacan Jacques El Sue o de La Bella Carnicera

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XX

EL SUEÑO DE LA BELLA CARNICERA

El deseo del Otro


El deseo
El deseo de otra cosa
El deseo tachado
La identificación de Dora

Si las cosas del hombre, algo de lo que en principio nos ocupamos, es-
tán marcadas por su relación con el significante, no se puede usar el signi-
ficante para hablar de estas cosas como se usa para hablar de las cosas que
el significante le ayuda a plantear. En otras palabras, ha de haber una dife-
rencia entre la forma en que hablamos de las cosas del hombre y la forma
en que hablamos del resto de las cosas.
Hoy día sabemos de sobra que las cosas no son insensibles al enfoque
del significante, que tienen relación con el orden del lagos , que esta rela-
ción ha de ser estudiada. Podemos, más que nuestros antecesores, perca-
tarnos de que el lenguaje penetra las cosas, las surca, las agita, las trastorna
por poco que sea. Pero en fin, en el punto en que nos encontramos ahora,
sabemos, o al menos suponemos, que, si no estamos equivocados, lasco-
sas, por su parte, no se han desarrollado en el lenguaje . Al menos, de eso
se partió para el trabajo de la ciencia tal como está constituida actualmente
para nosotros, de la ciencia de la physis.
Pensar, de entrada, en castigar al lenguaje, es decir, reducirlo al míni-
mo necesario para que pueda hacer presa en las cosas, es el principio de lo
que se llama la analítica trascendental. En suma, se las han arreglado para
despojar todo lo posible el lenguaje - no del todo, por supuesto - de las
cosas en las que estaba profundamente comprometido hasta una determi-
nada época, que corresponde aproximadamente al comienzo de la ciencia
moderna, para reducirlo a su función de interrogación.
Ahora todo se complica. ¿Acaso no constatamos singulares convulsio-
nes en las cosas que, desde luego, no carecen de relación con la forma en
que nosotros las interrogamos? - y, por otra parte, curiosos callejones sin

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LA DIALÉCTICA DEL DESEO Y DE LA DEMANDA EL SUEÑO DE LA BELLA CARNICERA

salida en el lenguaje, que, cuando hablamos de las cosas, se nos vuelve mario porque sea algo distinto del lenguaje. Avanzamos, precisamente, en
estrictamente incomprensible. Pero eso no nos concierne. Por nuestra par- su búsqueda.
te, nos ocupamos del hombre. Y aquí, quiero advertirles que hasta ahora el
lenguaje para interrogarlo no ha sido despejado.
Lo creemos así cuando sostenemos sobre las cosas del hombre el dis-
curso de la Academia o de la psicología psiquiátrica - hasta nueva orden,
es lo mismo. Nosotros mismos podemos advertir suficientemente la pobre-
za de las construcciones a las que nos entregamos así como, por otra parte,
su carácter inmutable, porque en verdad, después de un siglo que se habla En las lecciones anteriores estábamos abordando lo que llamé la dia-
en psiquiatría de la alucinación, casi no se ha dado un paso y todavía no se léctica del deseo y de la demanda.
ha podido definir de una forma que no resulte irrisoria. Les dije que, en la demanda, la identificación se produce con el objeto
Todo el lenguaje de la psicología psiquiátrica presenta, por otra parte, del sentimiento. ¿Por qué es así, a fin de cuentas? Precisamente porque nada
el mismo handicap, nos hace percibir su profundo estancamiento. Decimos intersubjetivo podría establecerse si el Otro, con mayúscula, no habla. O
que se reifica tal función o tal otra, y nos damos cuenta de la arbitrariedad también, porque es propio de la naturaleza de la palabra que sea la palabra
de esas reificaciones cuando se habla, por ejemplo en un lenguaje del Otro. O también, porque es preciso que todo lo correspondiente a lama-
bleuleriano, de la discordancia en la esquizofrenia. Y cuando decimos nifestación del deseo primario se instale en lo que Freud, tras Fechner, lla-
re!ficar, tenemos la impresión de formular una crítica válida. ¿Qué quiere ma la otra escena, y esto es necesario para la satisfacción de l hombre, por-
decir esto? No se trata en absoluto de que le reprochemos a esa psicología que al ser un ser hablante sus satisfacciones han de pasar a través de la
que convierta al hombre en una cosa. Ojalá lo hiciera, ya que éste es el palabra.
objetivo de una ciencia del hombre. Pero precisamente hace de él una cosa Sólo con esto, ya se introduce una ambigüedad inicial. El deseo está
que es, nada más y nada menos, lenguaje prematuramente congelado, que obligado a la mediación de la palabra, y es manifiesto que esta palabra sólo
suple apresuradamente con su propia forma de lenguaje algo que está ya tiene su estatuto, sólo se instala, sólo se desarrolla en su naturaleza, en el
tejido en el lenguaje. Otro como lugar de la palabra. Pero queda claro que no hay ninguna razón
Lo que llamamos.for111acio11es de l inconsciente, lo que Freud nos pre- para que el sujeto se dé cuenta. Quiero decir que la distinción entre el Otro
sentó bajo este concepto, no es sino la captura de cierto primario en el len- y él es la más difícil de las distinciones a establecer en el origen. Por eso
guaje. Por eso lo llamó proceso primario. El lenguaje marca este prima- Freud destacó claramente el valor sintomático de aquel momento de la in-
rio, y por eso puede decirse que el descubrimiento de Freud, el del incons- fancia en que el niño cree que los padres conocen todos sus pensamientos,
ciente, tiene su preparación en la interrogación de dicho primario en la y explica muy bien el vínculo de este fenómeno con la palabra. Como los
medida en que, en primer lugar, se detectó su estructura de lenguaje. pensamientos del sujeto se han formado en la palabra del Otro, es comple-
Digo preparación. En efecto, quizás permitiera preparar la interrogación tamente natural que en el origen sus pensamientos pertenezcan ·a dicha
de eso primario introducir a una interrogación acertada de las tendencias palabra.
primarias. Pero antes se ha de concretar, en primer lugar, qué se trata de Por otra parte; en el plano imaginario, entre el sujeto y el otro, no hay al
reconocer, a saber, que eso primario está tejido de entrada y ante todo como principio más que un tenue lindero, un lindero ambiguo en el sentido de que
lenguaje. Por eso los vuelvo a llevar hasta este punto. Esos que los sedu- se franquea. La relación narcisista está abierta, en efecto, a un transitivismo
cen con la síntesis del psicoanálisis y la biología les demuestran que es permanente, como lo demuestra también la experiencia del niño.
manifiestamente un señuelo, no sólo porque' nada en absoluto apunte en Estas dos formas de ambigüedad, estos dos límites, uno situado en el
esta dirección sino porque, hasta nueva orden, prometerlo es ya una estafa. plano imaginario, el otro perteneciente al orden simbólico por el que el
Estamos tratando de manifestar, de proyectar, de situar ante ustedes lo deseo se funda en la palabra del Otro, estas dos formas de franqueamiento
que llamo la textura del lenguaje. Esto no significa que excluyamos lo pri- que hacen que el sujeto se aliene, no se confunden. Por el contrario, es su

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discordancia la que le abre al sujeto, como la experiencia lo demuestra, una otra cosa significa el progreso que se produce en la etapa presuntamente
primera posibilidad de distinguirse. Por supuesto, se distingue de la forma genital. Consiste en que, instalado en la dialéctica primera, pregenital, de
más particular en el plano imaginario, estableciéndose respecto a su seme- la demanda, el sujeto se encuentra en determinado momento con otro de-
jante en una posición de rivalidad en relación con un tercer objeto. Pero seo, un deseo que hasta entonces no ha sido integrado y no es integrable
queda todavía pendiente la cuestión de qué ocurre cuando estos sujetos son sin modificaciones mucho más críticas y más profundas todavía que en el
dos, a saber, cuando se trata de que el sujeto se sostenga él mismo en pre- caso de los primeros deseos. Este otro deseo, como se introduce ordinaria-
sencia del Otro.
mente para el sujeto es en cuanto deseo del Otro. El sujeto reconoce un
Esta dialéctica confina con la llamada dialéctica del reconocimiento, deseo más allá de la demanda, un deseo no adulterado por Ja demanda, lo
que ustedes distinguen un poquito, al menos algunos de ustedes, gracias a encuentra, lo sitúa en el más allá del primer Otro a quien se dirigía la de-
lo que aquí hemos comunicado al respecto. Como ustedes saben, un tal manda, digamos, para fijar las ideas, la madre.
Hegel buscó su mecanismo en el conflicto del goce en la vía de la lucha Lo que les estoy diciendo no es sino una forma de expresar lo que se
llamada lucha a muerte, de la que hizo salir toda su dialéctica del amo y enseña desde siempre - que es a través del Edipo como el deseo genital
del esclavo. Todo esto es muy importante conocerlo, pero por supuesto no es asumido y acaba ocupando su lugar en la economía subjetiva. Pero so-
cubre el campo de nuestra experiencia, y por las mejores razones. Porque bre lo que trato de llamar su atención es sobre la función de este deseo del
hay algo muy distinto de la dialéctica de la lucha del amo y del esclavo, Otro, en la medida en que permite que la verdadera distinción entre el su-
··e stá lá relación del niño con los padres, está precisamente lo que ocurre en jeto y el Otro se establezca de una vez por todas .
el plano del reconocimiento cuando lo que está en juego no es la lucha, el En el nivel de la demanda, hay entre el sujeto y el Otro una situación
conflicto, sino la demanda.
de reciprocidad. Si el deseo del sujeto depende por entero de su demanda
Es suma, se trata de ver cuándo y cómo el deseo del sujeto, alienado en al Otro, lo que el Otro demanda depende también del sujeto. Esto se ex-
la demanda, profundamente transformado por el hecho de tener que pasar presa en las relaciones del niño con la madre por el hecho de que el niño
por la demanda, puede y debe reintroducirse. Estas cosas que les digo hoy sabe muy bien que tiene algo que puede rehusarle a la demanda de Ja
son simples.
madre, negándose por ejemplo a acceder a los requerimientos de la dis-
Primitivamente el niño, en su impotencia, se encuentra completamente ciplina excremencial. Esta relación entre los dos sujetos en torno a Ja
dependiente de la demanda, es decir de la palabra del Otro, que modifica, demanda exige ser completada con Ja introducción de una dimensión nue-
reestructura, aliena profundamente la naturaleza de su deseo. Esta dialéctica va que hace que el sujeto sea algo distinto que un sujeto dependiente, y
de la demanda corresponde aproximadamente al periodo que se llama, con o cuyo ser esencial lo constituye la relación de dependencia. Lo que se ha
sin razón, preedípico y, seguramente con razón, pregenital. Debido a la am- de introducir, y está presente desde el comienzo, latente desde el origen,
bigüedad de los límites del sujeto con respecto al Otro, vemos que se intro- es que más allá de lo que el sujeto demanda, más allá de Jo que el Otro
duce en la demanda el objeto oral que, en la medida en que es demandado en demanda al sujeto, se encuentra por fuerza la presencia y la dimensión de
el plano oral, es incorporado, y el objeto anal, soporte de la dialéctica del don lo que el Otro desea.
primitivo, esencialmente vinculado en el sujeto al hecho de satisfacer o no la Primero esto Je está profundamente velado al sujeto, pero es inmanente
demanda educativa, es decir, de aceptar abandonar o no determinado objeto a la situación, y es lo que poco a poco se desarrollará en la experiencia del
simbólico. En resumen, el reajuste profundo de los primeros deseos por la Edipo. Es esencial en la estructura, más original y más fundamental que la
demanda es perpetuamente sensible en la dialéctica del objeto oral y particu- percepción tanto de las relaciones entre el padre y Ja madre, acerca de las
larmente en la del objeto anal, y de ello resulta que el Otro con el que el su- cuales me extendí en lo que llamé la metáfora paterna, como de cualquier
jeto s.e enfrenta en la relación de la demanda está, a su vez, sometido a una punto de lo que conduce al complejo de castración, y constituye un desa-
dialéctica de asimilación, o de incorporación o de rechazo. rrollo de aquel más allá de la demanda.
Entonces ha de introduci1'se algo- distinto a cuyo través se restablece la Que el deseo del sujeto se localiza y se encuentra primero en la existen-
originalidad, la irreductibilidad, la autenti6dad del sujeto. Esto y ninguna cia del deseo del Otro, en cuanto deseo distinto de la demanda, esto es lo

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LA DIALÉCTICA DEL DESEO Y DE LA [Link]
EL SUEÑO DE LA BELLA CARNICERA
que hoy quiero ilustrarles con un ejemplo. ¿Qué ejemplo? Es exigible que
sea el primero. He aquí el texto del sueño. Freud anota escrupulosamente la forma en
que se verbaliza el texto de un sueño, y siempre y únicamente a partir de
En efecto, si lo que planteo es verdaderamente introductorio a todo lo
que se refiere a la estructuración del inconsciente del sujeto por su relación esta verbalización, una especie de texto escrito del sueño, le parece conce-
con el significante, hemos de encontrar nuestro ejemplo enseguida. bible el análisis de un sueño.

Le respondo, naturalmente, que sólo el análisis puede decidir sobre el


sentido de este sueño. En efecto, la e11ferma le había replicado con este
2 suelio diciéndole - Usted dice que un sueño es siempre algo donde se
realiza un deseo, aquí tengo las mayores dificultades para realizar mi
deseo. Freud prosigue - Admito no obstante que parece a primera
vista razonable y coherente, y todo lo contrario del cumplimiento de un
Ya he mencionado aquí lo que podemos señalar en las primeras obser-
vaciones de la histeria llevadas a cabo por Freud. Pasemos, pues, al mo- deseo. Pero, ¿cuáles son los elementos de este sueño? Ustedes saben que
mento en que Freud nos habla del deseo por primera vez. los motivos de un sueño se encuentran siempre en los hechos de los días
, Nos habla de él a propósito de los sueños. Hace tiempo les comen- anteriores.
té lo que Freud extrae del sueño inaugural de Irma, el sueño de la in- El marido de mi enferma es carnicero al por mayor; es un buen hom-
yección, y no voy a tomarlo otra vez. El segu ndo sueño es un sueño bre, muy activo. Le dijo hace algunos días que estaba engordando de-
de Freud - porque también analiza algunos de sus sueños en la masiado y quería hacer una cura de adelgazamiento. Se levantaría tem-
Traumdeutung - , el sueño del tío Joseph. Lo analizaré otro día, porque prano, haría ejercicio, se atendría a una dieta severa y no aceptaría más
es muy demostrativo e ilustra muy bien, en particular, e l esquema de los invitaciones a cenar. Ella añade, riendo, que su marido ha conocido, en
dos bucles entrecruzados - no hay mejor demostración de los dos pisos la mesa de los habituales del restaurante donde come a menudo, a un
en los que se desarrolla un sueño, el piso propiamente significante, que pintor que quería a toda costa pintar su retrato porque nunca había en-
es el de la palabra, y el piso imaginario donde se encarna de alguna for- contrado una cabeza tan expresiva. Pero su marido había respondido,
ma el objeto metonímico. con su habitual rudeza, que se lo agradecía mucho, pero estaba persua-
Tomo, pues, el tercer sueño que Freud analizó. Figura en el capítulo dido de que el pintor preferiría, a todo su rostro, un pedazo del trasero
cuarto, "Die Traumentstellung", "La transposición del sueño". Es el sueño de una bella muchacha. Mi enferma está actualmente muy enamorada
de aquella a quien llamaremos la bella carnicera. 1 de su marido y siempre lo está haciendo rabiar. También le ha pedido
que no le dé caviar. - ¿Qué puede querer decir esto?
He aquí el sueño - dice Freud. Quiero dar una cena, pero como provi- En realidad desea desde hace tiempo tener cada mañana un empare-
siones sólo tengo un poco de salmón ahumado. Quisiera ir de compras, dado de caviar, pero se niega este dispendio - o mejor, quizás no se
concede está licencia. Naturalmente, tendría enseguida ese caviar si
pero me acuerdo de que es domingo por la tarde y todas las tiendas es-
tán cerradas. Pienso en telefonear a algunos proveedores, pero el telé- se lo dijera a su marido. Pero le ha rogado, por el contrario, que
fono está averiado. De manera que he de renunciar al deseo de dar una no se lo dé, para poder darle más la lata a este respecto.
cena. Aquí, un paréntesis de Freud. Esto me parece rebuscado. Esta clase de in-
formaciones insuficientes esconden por lo común motivos que no se ex-
presan. Pensemos en la manera en que los hipnotizados de Bernheim qué
cumplen una misión posthipnótica la explican, cuando se les preguntan
las razones, con un motivo visiblemente insuficiente, en vez de respon-
1. Para seguir más de cerca a Lacan optamos por una traducción ad hoc del texto de
Freud. [N. del T.] der: "No sé por qué lo he hecho". El caviar de mi enferma sería un moti-
vo de esta índole. Advierto que está obligada a crearse, en su vida, un
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lA DIALÉCTICA DEL DESEO Y DE lA DEMANDA EL SUEÑO. DE lA BELLA CARNICERA •

deseo insatisfecho. Su sueño demuestra este deseo como realmente no muy netas, por parte de Freud, de lo que significa la identificación histé-
colmado. Pero, ¿por qué necesitaba semejante deseo? rica. Precisa su sentido. Salto algunas líneas para no extenderme dema-
Otra observación de Freud, entre paréntesis. Lo que se le ha ocurrido siado. Freud comenta, en lo que se llama la imitación histérica. la simpa-
hasta ahora no ha servido para interpretar el sueño. Insisto. Al cabo de tía del histérico por el otro, y critica con mucha energía la simple reduc-
un rato, como conviene cuando hay que superar una resistencia, me dice ción del contagio histérico a la pura y simple imitación. El proceso de Id
que ayer fue a visitar a una de sus amigas, de quien se siente muy celo- histérica, dice, es algo más complejo que la imitoción his -
sa porque su marido siempre habla muy bien de ella. Felizmente, la térica tal como se suele y como demostraremos con un ejem-
amiga es flaca, y a su marido le gustan las formas redondas. ¿De qué plo se debe a deducciones inconscientes. Si un médico ho puesto con
hablaba pues esa persona flaca? Naturalmente, de su deseo de engordar. otras enfermas en una habitación de hospital a un sujeto que presento
Y le preguntó: "¿Cuándo nos invitaréis otra vez? Siempre se come tan una especie de temblor, no se sorprenderá a l saber que este occidente
bien en vuestra casa." histérico ha sido imitado ( ...). Pero este contagio se produce más o /lle-
Ahora el sentido del sueño está claro. Puedo decirle a mi enferma: "Es nos de la forma siguiente. Las saben por lo general - habría
exactamente como si le hubiera respondido mentalmente: '¡Sí, vamos! que ver el peso que tiene esta observación, no quiero decir tan solo en la
Voy a invitarte para que comas mucho, engordes y le gustes más toda- época en que se hizo, sino aun hoy para nosotros - lllás cosos los unas
vía a mi marido. ¡Preferiría no dar ninguna comida más en mi vida!' El de las otras de lo que el médico puede saber sobre coda uno de ellas, y
sueño le dice que no puede usted dar una comida, de forma que cumple se interesan también las unas por los otras tras la l'isita del médico. Ob-
su deseo de no contribuir a hacer más bella a su amiga. La resolución servación esencial. En otras palabras, el objeto humano sigue viviendo
tomada por su marido de no aceptar invitaciones a comer para no en- su pequeña relación particular con el significante, incluso después de que
gordar le había indicado, en efecto, que las comidas mundanas engor- el observador, behaviorista o no, se haya interesado en su fotografía.
dan." Ya sólo falta una concordancia que confirme la solución. Todavía Una de ellas ha tenido hoy su crisis, las otras saben pe1fectal71ente que
no se sabe a qué corresponde el salmón ahumado en el sueño. "¿De una carta, recordándole sus penas de amor u otras cosas selllejantes, ha
dónde viene que evoque usted en el sueño el salmón ahumado?" - sido la causa. Su compasión se conmueve, Y hacen inconscientemente el
"Es, responde ella, el plato predilecto de mi amiga." Por casualidad, co- siguiente examen: si esta clase de moti1•os acarrea esta clase de crisis,
nozco también a esa dama y sé que tiene con respecto al salmón ahu- yo también puedo tener esta clase de crisis - articulación del síntoma
mado el mismo comportamiento que mi enferma en relación con el elemental con una identificación de discurso, con una situación articula-
caviar. da en el discurso-, porque yo tengo los mismos motivos. Si se trawra
de conclusiones conscientes, suscitarían la angustia de que se produ::,co
Aquí es donde Freud introduce el texto del sueño que supone otra inter- la misma crisis. Pero las cosas ocurren en otro plano psíquico y condu-
pretación, que entra en la dialéctica de la identificación. Se ha ident(ficado cen a la realización del síntoma temido. La identificación no es, pues,
con su amiga. Si ella se ha dado en la vida real un deseo no realizado, es simple imitación sino apropiación debida o una etiología idéntico: expre -
como un signo de .esta identificación, es decir, en la medida en que se iden- sa un "como si" debido a una comunidad que persiste -en el inconscien-
tifica con la otra. te. El término apropiación no está del todo bien traducido. Es más bien
Creo que ya deben de percibir ustedes en este simple texto cómo se es- tomado como propio.
boza su lineamiento. Hubiera podido abrir cualquier otra página de la La histérica se identifica preferentemente con personas con quienes ha
Traumdeutung y hubiéramos encontrado la misma dialéctica. Este sueño, que tenido relaciones sexuales, o que tienen las mismas relaciones sexuales con
ha sido el primero con el que tropezado, nos mostrará la dialéctica del las mismas personas que ella. La lengua es, por otra parte, responsable de
deseo y de la demanda, que es particularmente simple en el histérico. esta concepción. Dos amantes forman uno, dice Freud.
Continuemos la lectura, para seguir hasta el final lo que este texto tan El problema planteado aquí por Freud es la relación de identificación
importante nos articula. En suma, es una de las primeras articulaciones con la amiga celosa. A este respecto quiero atraer su atención sobre lo si-

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LA DIALÉCTICA DEL DESEO Y DE LA DEMANDA . EL SUEÑO DE LA BELLA CARNICERA

guiente - el deseo que encontramos desde los primeros pasos del análi- Freud se pregunta, en Psicología de las masas y análisis del yo, sobre la
sis, y a partir del cual se desarrollará la solución del enigma, es el deseo forma en que surge la hipnosis, pues su relación con el sueño está lejos de
como insatisfecho. En el momento de este sueño, la enferma estaba preocu- ser transparente, y el carácter electivo que la hace adecuada para determina-
pada por crearse un deseo insatisfecho. ¿Cuál es la función de este deseo das personas cuando otras se oponen, se apartan radicalmente de ella, per-
insatisfecho? manece enigmático. Pero todo parece indicar, sin embargo, que lo que se
Leemos, en efecto, en el sueño la satisfacción de un anhelo, el de tener realiza en la hipnosis resulta posible en el sujeto debido a la pureza de deter-
un deseo insatisfecho. Y lo que descubrimos con respecto a esto, es la minadas situaciones, más bien diría actitudes libidinales. ¿De qué se trata?
subyacencia de una situación que es la situación fundamental del hombre - sino de los lugares, los puestos que estamos esclareciendo. El elemento
-entre la demanda y el deseo, a la que trato de introducirles y les introduzco desconocido del que habla Freud gira en tomo a la articulación de la deman-
efectivamente a través de la histérica, porque la histérica está pendiente de da y el deseo. Es lo que vamos a tratar de mostrar más adelante.
esta escisión cuya necesidad acabo de mostrarles entre la demanda y el Si el sujeto necesita crearse un deseo insatisfecho, es que ésta es la
deseo. Aquí, no puede ser más claro. condición para que se constituya para él un Otro real, es decir, que no sea
¿Qué demanda ella antes de su sueño, en la vida? Esta enferma tan ena- del todo inmanente a la satisfacción recíproca de la demanda, a la comple-
morada de su marido, ¿qué pide? Amor, y las histéricas, como todo el mun- ta captura del deseo del sujeto por la palabra del Otro. Que el deseo en cues-
do, demandan amor, salvo que en ellas esto es más aparatoso. ¿Qué desea? tión sea por su propia naturaleza el deseo del Otro, a esto precisamente es
Desea caviar. No hay más que leerlo. ¿Y qué quiere? Quiere que no le den a lo que nos introduce la dialéctica del sueño, porque este deseo de caviar
caviar. la enferma no quiere que sea satisfecho en la realidad. Y este sueño tiende
La cuestión es precisamente saber por qué, para que una histérica man- indiscutiblemente a satisfacerla en relación con la solución del problema
tenga un comercio amoroso que le sea satisfactorio, es necesario, en pri- que trata de encontrar.
mer lugar, que desee otra cosa, y el caviar no tiene aquí otro papel más que El deseo de caviar, ¿cómo está representado en el sueño? A través de la
el de ser otra cosa, y, en segundo lugar, que para que esta otra cosa cumpla persona que está en juego en el sueño, la amiga con quien ella se identifica
bien la función que tiene la misión de cumplir, precisamente no se le dé. - los signos de esto último, los indica Freud. La amiga es también histéri-
Lo que su marido quisiera es darle caviar, pero probablemente entonces se ca o no lo es, no importa, todo es puro histérico-histérica. La enferma es
quedaría más tranquilo, piensa ella. Y lo que nos dice claramente Freud, es histérica, y por supuesto la otra también lo es, tanto más fácilmente cuanto
que ella quiere que su marido no le dé caviar para poder seguir amándose que el sujeto histérico se constituye casi por entero a partir del deseo del
con locura, es decir, darse la lata, hacerse la puñeta sin cesar. Otro. El deseo del que el sujeto se vale en el sueño es el deseo preferido de
Estos elementos estructurales, aparte de que nos estemos fijando en la amiga, el deseo de salmón, e incluso cuando no va a poder dar una co-
ellos, no son tan originales, pero aquí empiezan a adquirir sentido. Lo que mida sólo le queda eso, salmón ahumado, que al mismo tiempo indica el
se expresa es una estructura que, más allá de su aspecto cómico, debe de deseo del Otro y lo indica como algo que puede ser satisfecho, aunque sólo
representar algo necesario. 2 Y el histérico es precisamente el sujeto al que para el Otro. Por otra parte, no temas, hay salmón ahumado. Con todo, el
le resulta difícil establecer con la constitución del Otro como Otro con ' sueño no dice que las cosas lleguen hasta el punto de dárselo a su amiga,
mayúscula, portador del signo hablado, una relación que le permita con- pero la intención está presente.
servar su lugar de sujeto. Ésta es la propia definición que se puede dar del Por el contrario, lo que se queda en la estacada es la demanda de la
histérico. Por decirlo todo, el histérico está tan abierto o abierta a la sugesc elemento genético del sueño. Le ha pedido ir a comer a su casa,
tión de la palabra, que ahí tiene que haber algo. donde tan bien se come y donde, además, puede encontrarse con el bello
carnicero. Ese amable marido que habla siempre tan bien de la amiga, él
también ha de tener su pequeño deseo en la trastienda, y el trasero de la
2. Une nécessité. En francés. se dispone de dos significantes muy distintos: besoin y
11éeessité. el segundo de los cuales se refiere netamente a lo necesario, no a "las necesidades". joven mencionado con tanta prontitud a propósito de la gentil proposición
[N. del T.] ' del pintor que quisiera hacer un boceto, dibujar su cara tan interesante, tan

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LA DIALÉCTICA DEL DESEO Y DE LA DEMANDA EL SUEÑO DE LA BELLA CARNICERA

expresiva, está ahí sin duda para demostrarlo. Por decirlo todo, cada cual queda algo más allá de lo que se puede satisfacer por intermedio del signifi-
tiene su pequeño deseo más allá, tan solo está más o menos intensificado. cante, o sea, a través de la demanda. Esta escisión producida en torno a la
Pero, en el caso específico del histérico, el deseo como más allá de acción dfl significante, ese residuo irreductible vinculado con el significante
toda demanda, es decir, en tanto que ha de ocupar su función en calidad tiene también su propio signo, pero dicho signo se identificará con aquella
de deseo rehusado, desempeña un papel de primerísimo orden. Nunca marca en el significado. Ahí es donde el sujeto tiene que dar con su deseo.
comprenderán ustedes nada de una o un histérico si no parten de este pri- En otros términos, el sujeto reconocerá su deseo tachado, su propio de-
mer elemento estructural. Por otra parte, en la relación del hombre con el seo insatisfecho, en la medida en que el deseo del Otro está tachado. En este
significante la histérica es una estructura primordial. Por poco que hayan deseo tachado por intermedio del Otro se produce el encuentro del sujeto
llevado lo bastante lejos con un sujeto la dialéctica de la demanda, en- con su deseo más auténtico, a saber, el deseo genital. Por esta razón el de-
contrarán siempre en un punto de la estructura la Spaltung de la deman- seo genital lleva la marca de la castración, dicho de otra manera, de deter-
da y el deseo, a riesgo de cometer grandes errores, es decir, que el enfer- minada relación con el significante falo. Son dos cosas equivalentes.
mo se vuelva histérico, pues todo lo que analizamos ahí es, por supuesto, Primero encontramos lo que responde a la demanda, es decir, en una
inconsciente para el sujeto. Dicho de otra manera, el histérico no sabe que primera etapa, la palabra de la madre. Esta misma palabra tiene una rela-
no puede ser satisfecho dentro de la demanda, pero es muy esencial que ción con la ley que está más allá y que, como les he mostrado, es encarna-
ustedes lo sepan. da por el padre. Esto es lo que constituye la metáfora paterna. Pero con toda
Estas indicaciones les permitirán empezar a concretar ahora loque quie-
0
la razón tienen derecho a pensar que no todo se reduce a ese escalonamiento
re decir el pequeño diagrama que les hice la última vez y cuya interpreta- de la palabra, y creo que esta especie de falta tuvo que dejarles algo que
ción era algo prematuro darles entonces. desear también a ustedes cuando se la expliqué.
Ya lo hemos dicho, lo que se manifiesta corno una necesidad ha de pa- En efecto, más allá de la palabra y de la súper-palabra, de la ley del padre
sar por la demanda, es decir, dirigirse al Otro. En el lado opuesto se produ- comoquiera que se la llame, algo muy distinto resulta exigible. A este títu-
ce un encuentro, o no se produce, que ocupa el lugar del mensaje, o sea lo lo se introduce, y naturalmente en el mismo nivel donde se sitúa la ley, ese
que es significado del Otro. Se produce finalmente esa secuela de la deman- significante electivo, el falo. En condiciones normales, se sitúa en un se-
da, consistente en la alteración de lo que se manifiesta en el estado todavía gundo nivel del encuentro con el Otro. Es lo que, en mis pequeñas fórmu-
no informado del deseo del sujeto, y que se manifiesta en principio en la las, les he llamado S(Á), el significante de A tachado. Se trata con toda
forma de la identificación del sujeto. La próxima vez lo retomaré con el precisión de lo que acabo de definir como la función del significante falo,
texto de Freud en mano y verán ustedes que la primera vez que habla de a saber, la de marcar lo que el Otro -desea en cuanto marcado por el signifi-
forma completamente articulada de la identificación - pueden leerlo ya si cante, es decir, tachado.
están de humor-, la identificación primitiva está articulada corno aquí se ¿Dónde está el sujeto? Cuando ya no se trata del sujeto ambiguo, al
lo señalo y de ninguna otra manera. mismo tiempo perpetuamente sometido en la palabra del Otro y capturado
Ustedes saben, por otra parte, que a lo largo del camino donde se intro- en la relación especular, dual, con el otro con minúscula, sino del sujeto
duce el cortocircuito narcisista existe ya una posibilidad, una apertura, un constituido, terminado, de la fórmula en forma de Z, es el sujeto en tanto
esbozo de tercero en la relación del sujeto con el otro. que se ha introducido la barra, o sea, él mismo está también marcado en
Lo esencial de lo que les he planteado al describirles la función del falo alguna parte por la relación del significante. Por eso lo encontramos aquí,
es que es aquel significante que marca lo que el Otro desea, en cuanto él mis- en(% OD), donde se produce la relación del sujeto con la demanda propia-
mo, como Otro real, Otro humano - forma parte de su economía estar mar- mente dicha.
cado por el significante. Es esta fórmula precisamente la que estamos estu- ¿Cómo explicar la etapa necesaria eri la que se realiza normalmente la
diando. Precisamente en la medida en que el Otro está marcado por el signi- integración del complejo de Edipo y el complejo de castración, a saber, la
ficante, el sujeto puede - y sólo así puede, a través de este Otro - recono- estructuración a través de ambos del deseo del sujeto? ¿Cómo se produce
cer que él también está marcado por el significante. Es decir, que siempre esto? Lo encontrarán desarrollado.en_,este diagrama. Es por mediación del sig-

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LA DIALÉCTICA DEL DESEO Y DE LA DEMANDA EL SUEÑO DE LA BELLA CARNICERA

nificante falo como se introduce el más allá de la relación con la palabra del Una sola cosa es necesaria para el mantenimiento de este equilibrio, que
Otro. Pero, por supuesto, tan pronto está constituido no permanece en este Dora consiga realizar en alguna parte una identificación de sí misma que
Jugar sino que se integra en la palabra del Otro y va a ocupar su lugar, con le proporcione equilibrio y le permita saber dónde está, y ello en función
todo su séquito, más acá, en el lugar primitivo de la relación de la palabra de su demanda que no está satisfecha, su demanda de amor a su padre. Esto
con la madre. Aquí es donde desempeña su papel y asume su función. se sostiene así mientras hay un deseo, un deseo que no puede satisfacerse,
En otros términos, este más allá, que hemos planteado en la medida en ni para Dora ni para su padre.
que tratamos de delimitar las etapas necesarias para la integración de una Todo ello depende del lugar donde se produce la identificación llamada
palabra que le permita al deseo encontrar su lugar para el sujeto, permane- del Ideal del yo. Como ustedes ven en el esquema, normalmente se produ-
ce inconsciente para el sujeto. En adelante es aquí donde se desarrolla para ce siempre tras el doble franqueamiento de la línea del Otro, en l(A} En el
él la dialéctica de la demanda, sin que sepa que esta dialéctica sólo es posi- caso Dora es parecido, salvo que el deseo del padre está representado, por
ble si su deseo, su verdadero deseo, encuentra su lugar en una relación, que la segunda línea. Después del doble franqueamiento de las dos líneas, se
para él permanece inconsciente, con el deseo del Otro. En resumen, nor- realiza aquí, en ($O a), la identificación de la histérica. No se trata de una
malmente estas dos líneas se intercambian. identificación con el padre, como ocurre cuando el padre es pura y simple-
Por el solo hecho de que deban intercambiarse, se producen en el ínte- mente aquel a quien se dirige la demanda. No lo olviden, ahora hay un más
rin toda clase de accidentes. Estos accidentes, los encontraremos bajo for- allá, y esto le va muy bien a la histérica para su satisfacción y su equilibrio .
mas diversas. Hoy quiero indicarles tan solo los elementos de·carencia que La identificación se produce con un otro con minúscula que, por su parte,
se encuentran siempre en el histérico. · está en posición de satisfacer el deseo. Se trata del Sr. K, el marido de la
Sra. K, esa Sra. K tan seductora, tan encantadora, tan resplandeciente, el
verdadero objeto del deseo de Dora. La identificación se produce aquí por-
que Dora es una histérica y, en el caso de un histérico, el proceso no puede
3 ir más lejos.
¿Por qué? Porque el deseo es el elemento encargado, él solo, de ocupar
el lugar del más allá jalonado por la posición propia del sujeto con respec-
Tomemos e l caso Dora.
to a la demanda. Como es una histérica, no sabe lo que demanda, simple-
En ella, vemos producirse en estado puro el deseo del Otro, y nos resul- mente tiene necesidad de que en alguna parte haya deseo más allá. Pero
ta tangible por qué falta una parte de la batería de elementos. No se habla para que, este deseo, ella pueda apoyarse en él, consumarse en él, encon-
en absoluto de la madre. Tal vez han advertido ustedes que está del todo trar en él su identificación, su ideal, es preciso al menos que aquí, en el más
ausente en el caso. A quien ha de hacer frente Dora es a su padre. El amor allá de la demanda, haya un encuentro que le permita descansar, situarse
que quiere es el de su padre.
en esta línea, y ahí es donde interviene el Sr. K, en quien , como es evidente
Hay que decirlo - antes del análisis está muy bien equilibrada, la vida en toda la observación, encuentra a su otro en el sentido del a minúscula,
de Dora. Hasta el momento en que estalla el drama, ha encontrado una so- aquel en quien se reconoce.
lución muy feliz para sus problemas. Es a su padre a quien se dirige la de- Por esta razón, precisamente, está extremadamente interesada en él,
manda, y las cosas van muy bien porque su padre tiene un deseo, tanto hasta el punto de engañar a su entorno en un primer momento - o sea,
mejor cuanto que este deseo es un deseo insatisfecho. Dora, Freud no nos Freud cree que ama al Sr. K. No lo ama, pero le es indispensable, y le es
lo disimula, sabe muy bien que su padre es impotente y que su deseo por la mucho más indispensable que él desee a la Sra. K. Como se lo he señalado
Sra. K es un deseo tachado.
ya cien veces, esto queda archidemostrado por el hecho de que la circula-
Pero lo que también sabemos nosotros - Freud sólo llegó a saberlo un ción queda completamente cortocircuitada, y Dora recae con respecto a a
poco demasiado tarde - es que la Sra. K es el objeto del deseo de Dora, minúscula en la situación de desencadenamiento agresivo que se manifiesta
porque es el deseo del padre, el deseo tachado del padre. mediante una bofetada formidable Es el furor contra el otro como seme-

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LA DIALÉCTICA DEL DESEO Y DE LA DEMANDA

jante que, siendo tu semejante, te arrebata pura y simplemente tu existen- XXI


cia. La frase fatal que le dice el Sr. K - no sabe nada de lo que dice, el
pobre infeliz, no sabe que sostiene la identificación de Dora-, a saber, que LOS SUEÑOS DE "AGUA MANSA"
su mujer no es nada para él, es precisamente lo que Dora no puede tolerar.
No puede tolerarlo, ¿por qué?
Con toda razón se puede decir, aunque es algo incompleto, que Dora
está manifiestamente estructurada de forma homosexual, tanto como pue-
de estarlo una histérica. Tras lo que le dice el Sr. K, normalmente debería La Sra. Do/to Y e/falo
estar muy contenta. En absoluto, precisamente esto es lo que desencadena La blusa de una histéricu
su furia, porque en ese momento se hunde su bella construcción histérica Lo incondicionado de la demanda de amor
de identificación con la máscara, con las insignias del Otro, en concreto con La condición absoluta del deseo
las insignias masculinas rebosantes que le ofrece el Sr. K, y no su padre. El Otro conrertido en objeto del deseo
Vuelve entonces a la demanda pura y simple, a la reivindicación del amor
de su padre, y entra en un estado casi paranoico cuando se concibe como
lo que ella es mucho más objetivamente para su padre, o sea como un ob- Partiremos de la actualidad tal y como pudieron aprec iarla aquellos de
jeto de intercambio, alguien que entretiene al Sr. K mientras él, su padre, .ustedes que asistieron ayer por la noche a la comunicación científica de la
puede ocuparse de la Sra. K. Por muy en vano que sea, con eso le basta, y Sociedad. De eso precisamente tratamos de hablar también nosotros.
ustedes ven perfectamente en este caso la propia función del deseo.
Después de la frase del Sr. K, nuestra histérica aterriza otra vez·' y vuel-
ve al nivel completamente primitivo de la demanda. Exige pura y simple-
mente que su padre sólo se ocupe de ella, que le dé amor, dicho de otra
manera, de acuerdo con nuestra definición, todo lo que no tiene.

Lo que hoy acabo de hacerles es un primer pequeño ejercicio con la En la perspectiva que nos planteaban, la relación heterosexual demostraba
barra para tratar de mostrarles qué sentido tiene la relación entre el deseo y ser esencialmente formadora. Era en suma un dato de partida de la tensión evo-
la demanda. A medida que se habitúen, esto nos permitirá ir mucho más lutiva entre los padres y el niño. Desde otra perspectiva, en la que se encuentra
lejos y con mucha más seguridad. nuestro punto de partida, esto es precisamente lo que está en cuestión - la
relación heterosexual entre los seres humanos, ¿es algo tan simple?
30 DE ABR IL DE 1958 En verdad, si nos atenemos a una experiencia inmediata, no lo pare-
ce. Si fuese simple, debería constituir en el interior del mundo humano
una serie de islotes de armonía, al menos para quienes hubieran conse-
guido eliminar la maleza. Al parecer, hasta ahora no podemos considerar
que una voz común de los analistas - pero, después de todo , ¿acaso hay
necesidad de invocar a los analistas para eso? - se ponga de acuerdo en
nada salvo en decir que ni siquiera cuando llega a ser completa, la relación
heterosexual deja de presentarse para el hombre como algo inestable. pues
lo menos que se puede decir es que en ello reside todo su problema. Tome-
3. Re10111 /)(' de lw111. To111/Jrr de lw111 es una expresión que se utiliza para significar que
alguien de pronto se da cuenta de la cruda realidad. En este caso, sin embargo, también mos los escritos de Balint, por ejemplo, que se centran bastante en esto,
parece aludir a los distintos nivel es del grafo. [N. del T.] pues constituye el título de su recopilación Ge11itol lo1·e - en ellos se com-

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