COLEGIO CIENTÍFICO HUMANISTA “ÁLVARO COVARRUBIAS”
GUÍA LITERATURA E IDENTIDAD
Aspectos y formas discursivas del tema de la identidad
Nombre:_______________________________________________________________________
Objetivos: Aprendizajes Esperados:
.
• Reconocer diversos aspectos y formas • Desarrollan habilidades de
discursivas del tema de la identidad. comprensión y análisis.
• Identificar las principales • Reconocen las principales implicancias
delimitaciones del concepto de en el mundo actual del concepto de
identidad planteado por diversos identidad, y toman una posición crítica.
autores.
❖ IDENTIDAD
El tema de la Identidad ha sido estudiado desde
distintos puntos de vista, por lo que ha derivado en una
multiplicidad de significaciones. Para efectos de nuestro
estudio, nos guiaremos por la visión del sociólogo chileno
Jorge Larraín, quien analiza la identidad desde una
perspectiva histórica-constructivista.
De este modo, cuando hablamos de identidad nos
referimos, no a una especie de alma o esencia con la que
nacemos, no a un conjunto de disposiciones internas que
permanecen fundamentalmente iguales durante toda la vida,
independientemente del medio social donde la persona se
encuentre, sino que a un proceso de construcción en la que
los individuos se van definiendo a sí mismos en estrecha
interacción simbólica con otras personas. A través de la habilidad del individuo para
internalizar las actitudes y expectativas de los otros, su sí mismo se convierte en el objeto
de su propia reflexión. Esta relación reflexiva del sí mismo con el sí mismo debe ser
entendida como hablarse a sí mismo, y hablarse a sí mismo debe entenderse como la
internalización del habla comunicativa con los otros. El individuo se experimenta a sí
mismo no directamente sino indirectamente; se hace objeto de sí mismo sólo al tomar las
actitudes de otros individuos hacia él. La identidad p o r lo tanto, es la capacidad de
considerarse a uno mismo como objeto y en ese proceso ir construyendo una narrativa
sobre sí mismo. Pero esta capacidad sólo se adquiere en un proceso de relaciones
sociales mediadas por los símbolos. La identidad es un proyecto simbólico que el
individuo va construyendo. Los materiales simbólicos con los cuales se construye ese
proyecto son adquiridos en la interacción con otros.
En este proceso social de construcción, Jorge Larraín1 (2001) nos propone tres
elementos constitutivos, por medio de los cuales se construye:
1. Los individuos se definen a sí mismos, o se identifican con ciertas cualidades, en
términos de ciertas categorías sociales compartidas. Al formar sus identidades
personales, los individuos comparten ciertas lealtades grupales o características
como la religión, género, clase, etnia, profesión, sexualidad, nacionalidad, que son
culturalmente determinadas y contribuyen a especificar al sujeto y su sentido de
identidad. En este sentido puede afirmarse que la cultura es uno de los
determinantes de la identidad personal.
2. En segundo lugar, está el elemento material, el cual incluye el cuerpo y otras
posesiones capaces de entregar al sujeto elementos vitales de
autorreconocimiento. Dicho de otro modo, es material en cuanto los seres
humanos proyectan simbólicamente su sí mismo, sus propias cualidades en
cosas materiales, partiendo por su propio cuerpo; se ven a sí mismos en ellas y
las ven de acuerdo a su propia imagen.
1 Sociólogo chileno titulado en la Universidad Católica de Santiago, doctorado en la Universidad de Sussex,
Inglaterra.
“Es claro que entre lo que el hombre llama mí y lo que simplemente llama
mío la línea divisoria es difícil de trazar… En el sentido más
amplio posible… el sí mismo de un hombre es la suma total de
todo lo que él puede llamar suyo, no sólo su cuerpo y sus
poderes psíquicos, sino sus ropas y su casa, su mujer y sus
niños, sus ancestros y amigos, su reputación y trabajos, su
tierra y sus cabellos, su yate y su cuenta bancaria”. (William
James, The Principles of Psychology, 1980).
3. En tercer lugar, la construcción del sí mismo necesariamente supone la existencia
de “otros” en un doble sentido. Los otros son aquellos cuyas opiniones acerca de
nosotros internalizamos. Pero también son aquellos con respecto a los cuales el sí
mismo se diferencia, y adquiere su carácter distintivo y específico. El primer
sentido significa que nuestra autoimagen total implica nuestras relaciones con
otras personas y su evaluación de nosotros. El sujeto internaliza las expectativas o
actitudes de los otros acerca de él o ella, y estas expectativas de los otros se
transforman en sus propias auto-expectativas. El sujeto se define en términos de
cómo lo ven los otros. Los padres son al comienzo los otros más significativos,
pero más tarde, una gran variedad de “otros” empiezan a operar (amigos,
parientes, pares, profesores, etc.).
Entonces, podríamos hablar de 3 elementos componentes de toda identidad:
categorías colectivas, posesiones y los "otros".
Por otra parte, los autores Carlos Ruiz 2y Marcos García de la Huerta3(2014) nos dicen que los elementos que pueden
intervenir para la conformación de la identidad serán:
1. “La orientación”, es decir, los límites fronterizos en los que cada persona se moverá dentro de su vida. De esta
manera, podemos describir una crisis de identidad como una “desorientación”,unapérdidade sentidoy horizonte
enlosquenosmovemosenlavida.
2. Nuestraidentidadse defineen la relacióncon los otros,en formade diálogocon losotros.La identidaddedesarrola
enunespaciodepreguntasqueestáformadoporellenguaje,relación ydiálogoconlosotros.
3. El “Yo” se vuelve objetivo, es decir, “la identidad personal es la identidad de un yo y el yo se entiendecomoun
objetoporconocer.Noescomootrosobjetos,escierto”.
2 Licenciado en filosofía de la Universidad de Chile, doctor en filosofía, director y académico del
Departamento de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.
3 Ingeniero Comercial, Licenciado en Filosofía, Doctor en Filosofía de la Universidad de París. Profesor e
investigador del Centro de Estudios Humanísticos de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la
Universidad de Chile.
IDENTIDAD: UN CONCEPTO TRANSDISCIPLINARIO I
Jorge Gissi Bustos
La necesidad de definir una identidad latinoamericana está golpeando
puertas. Responder a este requerimiento es una tarea que parece
radicar en una interdisciplinaridad, tal como lo plantea Jorge Gissi en
el presente artículo.
Hay una identidad personal (“¿quién soy yo?”) y varias identidades
colectivas (“¿quiénes somos nosotros?”). El “nosotros” es múltiple y no excluyente: “nosotros los
hombres..., los de la clase media..., los latinoamericanos...” los chilenos…” los profesores.,” los
católicos..., los viejos...” No hay solamente un nosotros sino varios, los que superponen entre sí y
con la individualidad única que es toda persona. El nosotros más universal es, en cierto sentido,
“los seres humanos” (más general es sin embargo “los seres vivos”, y la máxima abstracción es
“los seres o entes”).
En cierto sentido todos los seres humanos somos iguales: es el nivel de abstracción de la
antropología filosófica, de la biología de la especie, de la psicología general y de la antropología
de los “universales” de la cultura. En un segundo sentido, todos los seres humanos somos
distintos y únicos: es el nivel o perspectiva en que se pone la medicina y psicología clínica (“no
hay enfermedades, sólo hay enfermos”). A pesar de que la máxima semejanza posible entre seres
humanos es la de los gemelos univitelinos, ellos son también distintos. En una tercera
perspectiva, es también verdad que, en otro nivel de abstracción, todos los seres humanos somos
casi iguales (muy semejantes) a algunos y muy diferentes a otros: naciones, culturas, clases
sociales, épocas, generaciones, profesiones, etcétera.
Este último es el nivel en que se requiere el concepto de identidad cultural y colectiva en
todas sus formas, los anteriores corresponden a la identidad individual y “humana” (universal)
respectivamente. Como se ve pues, toda persona tiene los tres niveles de identidad superpuestos y
simultáneamente.
La psicología clínica ha desarrollado la teoría y la técnica sobre la identidad individual, la
antropología y la sociología sobre las identidades culturales. La identidad latinoamericana es
cultural y macrosocial: envuelve e incluye varias identidades parciales que se superponen, no
negándose unas con otras, pero si diferenciándose.
Dada la importancia de la teoría de la identidad en esta investigación, corresponde revisar
algo más analíticamente los aportes centrales.
La identidad básica
Comencemos desde la psicología. La identidad es una necesidad básica del ser humano, según
Erick Fromm (y otros). El tener una cierta respuesta a ¿quién soy yo?” es algo vital, como lo es la
necesidad de afecto, de comunicación, de comer o de dormir. Esta respuesta no es absoluta y está
en permanente cambio, pero siempre necesitaremos alguna mínima claridad al respecto. Dice
Fromm “(El hombre) a causa de que no es “vivido” sino que vive, a causa de haber perdido la
unidad originaria con la naturaleza, tiene que tomar decisiones, tiene conciencia de sí mismo y de
su vecino como personas diferentes, y tiene que ser capaz de sentirse a sí mismo como sujeto de
sus acciones. Como ocurre con las necesidades de relación, arraigo y trascendencia, esta
necesidad de un sentimiento de identidad es tan vital e imperativa, que el hombre no podría estar
sano si no encontrara algún modo de satisfacerla”.
Fromm subraya el “sentimiento” de identidad en una de sus frases (su relevancia
afectiva), la “conciencia de sí mismo y de su vecino como personas diferentes” enfatiza lo
cognitivo, el darse cuenta, marcando la identidad personal. Fromm subraya también la
perentoriedad de “tomar decisiones” (la libertad y la voluntad) y la necesidad de “sentirse a sí
mismo como sujeto de sus acciones”: aquí relaciona sentimientos con acción.
Así, la identidad es una necesidad a la vez afectiva, cognitiva y activa en complejas
relaciones, e inherente a la condición humana,
Jorge Gissi Bustos es profesor de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica de Chile.
Este artículo fue publicado en el suplemento Temas del diario La Época, del domingo 31 de
diciembre de 1995, páginas 20 y 21.
RESPONDE
¿Qué significa “transdisciplinario”? ¿Por qué se puede aplicar esta idea al concepto de identidad?
IDENTIDAD: UN CONCEPTO TRANSDISCIPLINARIO II
Identidad y autoimagen
Este concepto de identidad es próximo pariente de los conceptos de autoestima y autoimagen. Si
la identidad personal es “¿quién soy yo?”, “¿cuáles son algunas de mis características
culturales?” Autoimagen tiene toda persona, más consciente o inconsciente, más alta o más baja
(nexo con autoestima), más clara o más confusa (nexo con identidad). También autoestima tiene
toda persona, y toda la psicología, que la considera hoy como una necesidad básica y universal.
Como en otros casos, estos tres conceptos se superponen e iluminan recíprocamente, destacando
uno u otro aspecto que está siempre ligado a los otros.
Tales relaciones se expresan en el concepto de Eric
Erikson sobre la identidad, quien la ve como centrada
predominantemente en la etapa adolescente, cuya tarea es
justamente afianzar cierta identidad personal y de sexo, en
creciente independización de los padres, en creciente
apertura al mundo y en autonomizarse libre, crítica y
responsablemente. En esta génesis, que viene desde la
infancia (epigenéticamente) y tiñe toda la vida futura, la
identidad es también una necesidad (como en Fromm),
oscilante con la “confusión de identidad”, y en interacción
con otras personas en la cultura. Escribe Erikson: “El
estudio de la identidad psicosocial depende de tres
complementariedades [...]: la coherencia personal de la integración individual y de rol en su
grupo; sus imágenes rectoras y las ideologías de su época; su historia personal y la circunstancia
histórica”.
Así pues, la identidad es biográfico-sicológica, influida por la concepción del mundo del
actor (“sus imágenes rectoras”) y por la concepción del mundo de su época y lugar. Hay un cruce
de individuo-grupos-sociedad, y de historia personal en una historia social.
Tanto los individuos como los grupos y las culturas suelen tener conflictos de identidad:
“Cada persona y cada grupo albergan una identidad negativa, suma de todas aquellas
identificaciones y fragmentos de identidad indeseables o incompatibles que el individuo tuvo que
sumergir en sí mismo, o que el grupo le enseñó a considerar como el sello de la diferencia fatal
existente entre los roles sexuales o de razas, entre las clases sociales o las religiosas”. Todo lo
rechazable que es parte nuestra, constituye la parte negativa de nuestra identidad. Esta la
reprimimos (“sumergimos”) porque (como enseñó Freud) nos provoca angustia y/o sentimientos
de culpa y/o depresión: nos baja la autoestima y autoimagen. Si los grupos y culturas consideran
una diferencia “fatal” ser de algún sexo, raza, clase o religión, las personas de esa cultura o
subcultura sienten necesariamente que son inferiores, indignas, culpables, incivilizadas,
vulgares... La cosmovisión predominante racionaliza y legitima la discriminación, la
“construcción social de la realidad” institucionaliza, legitima e internaliza en la mayoría cierta
comprensión de lo definido como “la realidad”: las mujeres son inferiores, los musulmanes,
católicos, protestantes o indígenas americanos son endemoniados, los pobres o negros son
culpables o tontos... Algunos de estos aspectos negativos de la identidad son inherentes a los
latinoamericanos en general (lo veremos más adelante), otros son más marcados para algunos
países, para las culturas indígenas y afroamericanas y/o para algunas clases sociales.
Las identidades colectivas implican una cultura y cosmovisión relativamente comunes.
Dice Erikson: “Sólo dos o más personas que comparten una correspondiente imagen del mundo y
pueden empalmar sus lenguajes, pueden fusionar sus dos yoes en un nosotros”.
Identidad y diferencias
Así como la identidad individual supone diferenciarse de otros individuos, la identidad colectiva
(cultural) supone diferenciarse de otros colectivos (culturas). El “yo” supone un “tú” y un “él”, el
“nosotros” supone el “ustedes” y el “ellos”. El “nosotros” es una identidad común (relativa) y una
diferencia en cierto contexto: “nosotros los profesionales” se opone a los “no profesionales”, y así
“nosotros los europeos”, etcétera. El nosotros es móvil y contextual: las mismas personas que
dicen “nosotros los profesionales” dicen en otro momento “nosotros los hombres”, o “nosotros
los católicos” o “nosotros los chilenos”. Son pues muchas las identidades colectivas, y algunas
engloban (incluyen) a otras.
Pero algunas personas y contextos culturales marcan algunos “nosotros” como más
fundamentales que otros, o incluso como las diferencias más importantes entre seres humanos, y
como las diferencias más importantes del mundo. Así, en una cultura racista, etnocéntrica,
clasista o sexista, tales identidades colectivas quedan relevadas como “figura”, y toda otra
semejanza o diferencia se relega al “fondo” (no se “ve”, no se destaca).
La imagen de “ellos” implica pues prejuicios y segregación, lo que se relaciona con un
conflicto con la propia identidad de quien ha creado a “ellos”. Esta creación facilita una aparente
cohesión del “nosotros”, a través de una identificación proyectiva de tales conflictos hacia
“ellos”, los que se mantienen reprimidos y negados en el propio grupo. En los términos
precedentes de Erikson, “ellos” son los que padecen la “diferencia fatal”. Ejemplos clásicos: los
indios para la percepción de los conquistadores españoles (o ingleses en América del Norte), los
judíos para los nazis, los negros para los racistas en Estados Unidos (y otras partes), etcétera.
Erikson diagnosticaba la confusión de la identidad humana universal (“todos somos
personas”), la que llamaba identidad de la especie, con la identidad “de seudo especie”. En esta
segunda algunas culturas, grupos y personas consideran como identidad esencial a la raza,
religión o país, subordinando a esta “seudo especie” la identidad humana común a la especie. Por
tanto, agredir a grupos de otra raza, de otra religión o de otro país no sería grave, e incluso podría
ser (y lo ha sido) deseable y hasta meritorio. En esta visión del mundo y de la gente la agresión es
sin inhibición y sin sentimientos de culpa.
Responde en tu cuaderno
1. ¿En qué consiste la especie y la seudo especie? Indica un ejemplo de este último
concepto.
2. Explica qué es la identidad negativa
IDENTIDAD: UN CONCEPTO TRANSDISCIPLINARIO
Identidad grupal y culturas
El antropólogo Vittorio Lanternari retrata la complejidad de tales casos: “Un grupo termina por
negar igual valor humano a otro, que por tanto es discriminado, perseguido, marginalizado y, al
límite, aniquilado. Los varios niveles de identidad en los cuales cada individuo del otro grupo se
autorreconoce, devienen sofocados y negados. La identidad del grupo en cuanto tal es amenazada
o anulada. El desequilibrio que sigue ataca la relación entre la necesidad de identidad y las
relaciones sociales correspondientes, con grave alteración del equilibrio psicológico y social
dentro del grupo sobre el cual se ejercita la presión etnocéntrica”.
La identidad prejuiciosa en su forma de etnocentrismo, transforma pues en “humano” sólo
un pueblo. La víctima de tal etnocentrismo puede ser “aniquilada” pero también “marginalizada”,
en cualquier caso con sus diversos grados y combinaciones su identidad está amenazada, y así la
construcción de su realidad, esto es, la propia concepción del mundo. Es el caso, por ejemplo, de
los indígenas de América frente al etnocentrismo inglés o hispánico quienes sufren
“aniquilación” durante las invasiones, pero normalmente sólo “marginación” en la actualidad.
Como ya se ha visto, la identidad tanto personal como cultural supone a la vez la
identidad del otro o de los otros. Recíprocamente yo o nosotros somos otro (s) para ellos.Es pues
imprescindible la diferenciación entre identidad para mí e identidad para él, a las que llama
respectivamente “autoidentidad” y “metaidentidad”. Yo puedo sentirme y pensarme en primer
lugar como “profesional”, pero para algún (os) otro (s) puedo ser en primer lugar un “viejo”
(como los pedagogos para los púberes). Nosotros los investigadores y/o profesores
universitarios podemos pensarnos y sentirnos como de estrato medio alto, pero para algunos
“otros” podríamos ser parte de “los ricos” o de los “asalariados”. Fácilmente la estratificación
socioeconómica influye estas percepciones, así como la generacional la anterior. La autoidentidad
y la metaidentidad pueden pues ser casi iguales, próximas o muy distintas. Esto también vale para
los rasgos de carácter: nosotros podemos considerarnos simpáticos o dialogantes, pero no
cualquier persona nos considerará así.
Así pues, la cuestión de nuestra identidad es también y centralmente, como lo ha dicho
Todorov en un libro relevante, La cuestión del otro. Esta cuestión implica a la vez los límites o
“fronteras” con diversos otros, los que son en diversos grados permeables. Al revés del
diagnóstico de Lanternari y de la critica de Erikson a la “seudo especie” o de la critica a la
“estigmatización”, las fronteras permeables son la condición de la capacidad individual y
colectiva de crear auténticas comunidades fraternas.
Como el otro y los otros también cambian, la identidad va cambiando: podemos ser (y
somos) simpáticos para algunos, apáticos para otros, “ricos” para unos y “clase media” para
otros, “cultísimos” para algunos, “mediocres” para otros, etcétera. Como dice el antropólogo
Lanternari, la identidad supone alteridad. Escribe así: “Esa necesidad-sentimiento de identidad
implica una potencial contraposición entre el ego, como individualidad, y el otro ego, o entre el
propio grupo y el otro grupo. No hay reconocimiento de una identidad que no sea conjuntamente
el de una alteridad contrapuesta, más o menos antagonista”.
Tales antagonismos crean conflictos con otros, como se sabe, pero también con nosotros
mismos: cuando el otro no confirma mi identidad se transforma en una amenaza. Y
frecuentemente se evita (o intenta evitar) el diálogo o el encuentro con tales otros, para así evitar
la amenaza a nuestra identidad, autoimagen y autoestima. Así la identidad cultural se relaciona
estrechamente con los conceptos de “transculturización”, “deculturación” y “contraculturación” o
“cultura de resistencia”, explicitados por los antropólogos.
Como destacaba Erikson, la identidad es evolutiva y está en cambio permanente; como
destacaban Lanternari y Laing, la identidad implica diferencias y relaciones con otros.
Identidad y dominación
El cambio y las relaciones son intrínsecos tanto a la identidad personal como cultural, siendo la
transculturación justamente la influencia recíproca, contacto y cambios entre culturas y
subculturas. Escribe el antropólogo Fernando Ortiz: “Entendemos que el vocablo
“transculturación” expresa mejor las diversas fases del proceso transitivo de una cultura a otra,
porque éste no consiste solamente en adquirir una cultura, que es lo que en rigor indica la voz
angloamericana “aculturación”, sino que el proceso implica también necesariamente la pérdida o
desarraigo de una cultura precedente, lo que pudiera decirse una parcial “deculturación” y,
además, significa la consiguiente creación de nuevos fenómenos culturales, que pudieran
denominarse “neoculturación”.
Por tanto la transculturación es normal e inevitable, y así el cambio y la pérdida de
algunas pautas o costumbres (“deculturación”). Pero si la transculturación fuera por dominación,
la deculturación puede ser grave, y así la pérdida de memoria histórico-cultural y la pérdida de
autonomía para proyectos culturales, o sea, de vida. Es nuevamente el caso de las culturas
indígenas de América. En estos casos el etnocentrismo mezclado con racismo del agresor
provocó una deculturación compulsiva, en parte exigida, que osciló con una “contra-
aculturación” o “cultura de resistencia”: el negarse lo más posible a asumir toda la cultura del
invasor. Esta actitud se manifiesta en las culturas indígenas hasta hoy.
En los 500 años de América Latina la transculturación ha sido siempre asimétrica, por
dominación, “trauma de la conquista” primero, colonización después, cambios de influencias
desde España hacia Francia e Inglaterra durante el siglo XIX y hacia (predominantemente)
Estados Unidos durante el siglo XX. La identidad indígena se transformó en identidad mestiza y
la negra en mulata para toda América Latina, con variaciones. La identidad cultural del
subcontinente quedó ambivalente: de 500 años son más de 300 de dominación total de Europa. Ni
blancos, ni europeos, ni occidentales: América Latina quedó con un “complejo”, con autoimagen
baja e identidad difusa. Nuestros grandes literatos son en esto convergentes con las ciencias
sociales en general. Este conflicto de “autoidentidad” se ha generado por la relación de
dominación y las formas de “metaidentidad” que los latinoamericanos hemos recibido desde
Europa y Estados Unidos: primero se dudaba si los indígenas eran personas, después se los veía
como “bárbaros e infieles”, después el etnocentrismo y racismo se va moderando y se pasó a
hablar de “subdesarrollo y pobreza”. Casi siempre los latinoamericanos hemos sido “el otro
inferior”, así Europa y Estados Unidos han sido espejos que nos han mostrado una mala cara.
Esto ha influido negativamente sobre la identidad y autoimagen de los latinoamericanos y sobre
la valoración de su propia cultura.
“Los propios latinoamericanos –tal como ha recordado Carlos Fuentes– han tenido
siempre el sentimiento de estar viviendo en los “Balcanes de la cultura”, es decir, “al margen”, de
los “centros” culturales asociados inevitablemente con las grandes capitales europeas o, como
decía irónicamente Pablo Neruda: “nosotros los chilenos somos los sobrinos de Occidente”.
“(...) No es extraño, pues, que para pretender ser universal lo americano intentara,
desde un principio, identificarse con la cultura dominante occidental”.
Terminaremos pues retornando a la literatura. Así como ésta ha querido legitimar a sus autores y a
sus pueblos copiando a Europa, en las últimas décadas la literatura ha reivindicado la cultura
latinoamericana, al hombre latinoamericano y a sí misma, transformándose en muchos sujetos
personales y colectivos que cuestionan la alienación, recuperan la autenticidad, legitiman la
imaginación y ganan fuerza estética, ética y sicológica para América Latina y el mundo. En
palabras de Alfredo Bryce Echenique: “la dificultad estribaba en nuestra sensación de aislamiento
y dependencia cultural en la medida en que queríamos “ser como” y escribir “para” Europa.
Habíamos estado volcados a una enorme empresa de inautenticidad. La literatura ha sido uno de
los primeros discursos maduros en la superación de esa dificultad, el presentarnos tal como
somos”.
RESPONDE
Explica el sentido de la frase: “La identidad supone alteridad”
Relaciona la frase “La identidad, como la vida, es un gerundio”, con el artículo anterior. ¿Hay
alguna semejanza? ¿Hay contradicción?
Explica, con tus propias palabras, los conceptos aculturación, transculturación, deculturación,
neoculturación.
¿Por qué se puede afirmar que las culturas de América Latina son inauténticas? Explica y da
ejemplos que conozcas.
¿A qué se refieren la idea de individualidad y pertenencia en el proceso de formación de la
identidad?
Observa la siguiente viñeta:
Elabora un comentario sobre la historieta a partir de los conceptos desarrollados en el texto de
Jorge Gissi.
¿Qué se entiende por etnocentrismo, según el texto?
Ahora observa esta otra historieta:
¿Por qué se produce y mantiene la duda de Mafalda?
¿Por qué Manolito se contradice en sus ideas?
Finalmente, ¿existe la igualdad entre las personas? ¿qué se quiere decir cuando se plantea esa
afirmación?