Encontrando y realizando sentido
Sociedad Mexicana de Análisis
Existencial y Logoterapia, S. C.
Narciso Mendoza 45, Lomas Ávila Camacho,
53910, Naucalpan, Edo. de México
Tel. 5589-9743, Fax 5589-1362
smael@[Link]
[Link]
2a. edición, 2017
d.r. © Ediciones lag – Leticia Ascencio Villanueva
Wisconsin 19,
Col. Nápoles
03810, México, d.f.
isbn 970-92716-3-6
Impreso y hecho en México
Printed and made in Mexico
Alejandro Salomón Paredes
Juan Pablo Díaz del Castillo B.
Encontrando y realizando sentido
Diálogo socrático y ejercicios vivenciales
en logoterapia
Segunda edición
(ampliada y revisada)
EDICIONES LAG
México, DF
Contenido
Prólogo a la primera edición 11
Prólogo a la segunda edición 15
Acerca del contenido del libro 19
Nota a la segunda edición 21
Introducción:
La logoterapia 23
Encontrando y realizando sentido 26
Primera parte
i. La logoterapia como una forma de psicoterapia 31
Juan Pablo Díaz del Castillo B.
El ser humano desde Viktor Frankl 33
Estructura teórica de la logoterapia 35
Modelo de funcionamiento 58
Procedimientos técnicos 65
ii. El diálogo socrático en la logoterapia 67
Alejandro Salomón Paredes
aspectos actitudinales
Disposición amorosa 71
Ignorancia y actitud fenomenológica 73
La ironía 73
La mayéutica 83
aspectos metodológicos
Las preguntas socráticas 85
¿Qué preguntar? 87
Diálogo socrático y autodistanciamiento 88
Diálogo socrático y autocomprensión 89
Autocomprensión de las emociones 89
Autocomprensión del miedo 90
Autocomprensión de los significados 93
Autocomprensión de las vivencias 95
Autocomprensión de las etrategias de afrontamiento
(pasividades y actividades) 97
Autocomprensión de los recursos personales 99
Diálogo socrático y autorregulación 100
Diálogo socrático y autoproyección 102
Diálogo socrático y autotrascendencia 104
Diálogo socrático y diferenciación 104
Diálogo socrático y afectación 105
Diálogo socrático y entrega 107
La ironía y los señalamientos socráticos 108
Segunda parte: Ejercicios vivenciales
Alejandro Salomón Paredes
i. Para descubrir sentido por medio de dar 115
ii. Para descubrir sentido en las experiencias 121
iii. Para descubrir sentido en las situaciones límite 133
iv. Para desplegar la capacidad de autodistanciarse 145
v. Para desplegar la capacidad de autotrascenderse 161
Referencias consultadas 171
Referencias sobre Viktor Frankl 173
Referencias sobre logoterapia 173
Para ti mamá
Prólogo a la primera edición
onocí a Alejandro hace algunos años, me sorpren-
dió su interés por el pensamiento de Viktor Frankl,
su afán de conocimiento, pero especialmente su
creatividad con fundamento. Cuando tuve la oportunidad
de conocerle en nuestros cursos de formación clínica pronto
logró sorprenderme su habilidad para desarrollar estrategias,
propuestas e intervenciones rápidas y oportunas. Este libro
es una prueba de ello.
Preguntar es más difícil que responder, decía Gadamer;
por ello, en buena hora aparece un libro con estas caracte-
rísticas, pues el autor nos lleva a profundizar en la principal
técnica de la logoterapia: El diálogo socrático, sólo que esta
profundización no se limita a los aspectos teóricos que otros
autores hemos trabajado, sino que da un paso pedagógico
importante, al incluir diversas formas de aplicación del dialo-
go con numerosos ejemplos y explicaciones que le permitirán
al lector, no solo reconocer la teoría que se encuentra detrás
del ejemplo, sino aprender y enriquecer su arte de preguntar.
¡Conócete a ti mismo! Es pues, en esta misma línea, otro
de los intereses de este texto, ya que el mismo no es sólo
un grupo de actividades, estrategias o técnicas que pueden
favorecer el desarrollo de la psicoterapia, sino que al mismo
tiempo es toda una invitación a la autorreflexión y el trabajo
con uno mismo, es por ello que este libro podría ser llamado
un digno texto socrático.
11
Prólogo a la primera edición
Una de las criticas que desde la Sociedad para el Avance
de la Psicoterapia Centrada en el Sentido hemos realizado,
es la de encontrar que en muchos textos de diferentes formas
de psicoterapia, se menciona el diálogo socrático y se plantea
que es una técnica muy poderosa y esencial; sin embargo, es
realmente escaso y extraño encontrar algún texto que le diga a
los terapeutas cómo pueden ejercer dicha actividad. Este libro
sin lugar a dudas, llega a reforzar el espacio y el esfuerzo que
algunos logoterapeutas hemos venido haciendo durante los
últimos años por llevar a la praxis real y cotidiana del psicote-
rapeuta, herramientas prácticas y de fácil uso para su ejercicio.
Al principio, el lector puede sentir que el autor le está ha-
blando directamente a los ojos. Con el paso de los párrafos,
te puedes sentir invitado a la reflexión, sin embargo, este no
es un texto de autoayuda (aunque podría ayudar a muchos
que lo leyeran), este es un libro para enriquecer la labor de
ayuda de psicoterapeutas, coach, docentes y otras personas
que desde sus escenarios pueden llevar a la práctica algunas
de las propuestas que aquí se plantean.
Vale la pena resaltar que gran parte del libro se dedica
a aspectos técnicos y prácticos, dejando de lado la teoría;
sin embargo, es fácil ver que este libro en realidad es pura
teoría enriquecida, ya que de manera sencilla transita por los
planteamientos de Viktor Frankl y otros logoterapeutas, y
los convierte en preguntas y ejercicios prácticos para vivir la
teoría y no solo declamarla. En sus preguntas y actividades
puedes leer entre líneas los fundamentos de la logoterapia,
especialmente de los recursos personales o noológicos del
autodistanciamiento y la autotrascendencia, elementos que
creo importante señalar, como lo hacía Frankl, esenciales y
básicos para la psicoterapia, pero que al igual que el Diálogo
socrático, suelen mencionarse en casi todos los textos, pero
prácticamente en muy pocos se señala la manera como ope-
rativamente pueden hacerse útiles.
12
Efrén Martínez Ortiz Ph.D
Hace unos 20 años cuando conocí la logoterapia, tuve
una experiencia que muchos suelen repetir, tuve la sensación
que allí había algo para mí, pero no lograba entender bien
que era. Me perdía en los complejos párrafos del Hombre
doliente y leía una y otra vez las diez tesis de la persona hu-
mana. Con el paso de los primeros años de estudio, empecé
a comprender la riqueza del pensamiento de Viktor Emil
Frankl, pero fue en ese momento en el que descubrí, que
aunque ya entendía bien su obra, no me era tan fácil expli-
cársela a otros. Un poco después paso algo maravilloso, em-
pezó a ser fácil enseñar la logoterapia y dejo de ser difuso el
planteamiento existencial, lo que en ese momento sucedió,
es que la teoría se volvió parte de mi y aprendí a pensar, a
crear y a desarrollar estrategias terapéuticas desde allí. Este
libro, seguramente me hubiese ahorrado cierto tiempo, pues
explica con sencillez muchos de los conceptos fundamen-
tales de la logoterapia, pero desde un punto de vista prác-
tico y aplicado, por ello es un texto complementario a la
riqueza de los textos filosóficos y antropológicos de la teoría
Frankliana.
Efrén Martínez Ortiz Ph.D
Presidente de la Sociedad para el Avance
de la Psicoterapia Centrada en el Sentido
Marzo de 2015
13
Prólogo a la segunda edición
o es sencillo prologar una obra por segunda vez.
Quiero decir, cuando la primera vez fue hecho
por quien conoce tan bien a los autores y la obra.
Por otro lado, coincido con los conceptos volcados por el
[Link]én Martínez, quedando disculpado de reiterarlos. De
tal modo, intentaremos prologarlo desde otra perspectiva.
Cuando se escribe un libro, deberíamos pensar “para
qué”, “para quién” y “cómo hacerlo”. Si no nos preguntá-
ramos estas cuestiones, probablemente no tendríamos qué
escribir. Y si no pudiéramos responder estas cuestiones,
seguramente no tendría sentido escribirlo. Muchas páginas
impresas quedan en el olvido a poco de haber sido publi-
cadas, precisamente, porque responden a la necesidad de
nadie. Por eso mismo, un libro es una entrega al lector, el
mismo que, al leerlo, termina de escribirlo y le da sentido
final a su publicación.
Hace muchos años le preguntaron a Viktor Frankl so-
bre la vigencia de su obra “El hombre en busca de sentido”.
Constituido ya por entonces en lo que los editores llaman
un long-seller (un libro que siempre agotará sus ediciones),
en los años setenta se presentaba como un libro de lectura
universal. Tal vez se esperaba que Frankl hablara sobre las
cualidades del libro, la impactante manera de testimoniar sus
vivencias, la conmovedora forma de resolverlas, pero él solo
dijo lo siguiente: “el hombre siempre se preguntará por el sen-
15
Prólogo a la segunda edición
tido de su vida y siempre le resultará difícil responderse, por
eso se vende tanto este libro”. Indudablemente estaba escrito
para algo, para alguien y de una manera próxima a quién lo
necesita. El libro como entrega a un lector que siempre ter-
minará de escribirlo. Y esa es la historia, –o debería serlo– de
todo texto que se proponga tener vida en la vida del lector,
y no solo ocupar un lugar en un estante de la biblioteca.
Como formador, he tenido ocasión de conocer la historia
de los autores de este texto que ustedes están por apreciar.
Los dos, jóvenes entusiastas, hoy colegas, no se interesaron
especulativamente en el conocimiento teórico de la obra
de Viktor Frankl. No es el caso de teóricos que se esfuerzan
fanáticamente por meter al hombre dentro de una teoría, re-
duciéndolo al resultado de un interjuego de conceptos. No.
Siendo su interés el desarrollo de la persona, encontraron en
la teoría, elementos para liberarla y promoverla a su plena
manifestación. Ese interés los llevó a cruzarse primero, co-
nocerlo después y adoptar finalmente como marco, al pensa-
miento frankliano y sus propuestas terapéuticas.
En reiteradas ocasiones, el propio Frankl alertó sobre
el riesgo de gurificarlo y repetirlo hasta el hartazgo, como
si hubiera elaborado un sistema cerrado de conocimientos
que, en sí mismos, bastarán para comprender la intrincada
trama de la existencia humana. Alentó a seguir avanzando
en el conocimiento y comprensión del hombre, y la posibili-
dad de verse plenificado como persona.
Tanto Alejandro como Juan Pablo, han comprendido la
propuesta y se han dispuesto a llevarla adelante. Este texto
que el lector va a comenzar, no es la única expresión de ese
interés y compromiso. Es manifestación de una dedicada
vocación al servicio de la persona. Es más, ni siquiera me
animaría a decir que es la “mejor” expresión de ese compro-
miso, porque, leyendo y releyendo esta obra, vaticino que
las próximas llegarán a superarla.
16
Claudio García Pintos
Amigo lector, dispóngase no solo a leer un texto concep-
tual o un manual de acciones y prácticas concretas. Dialo-
gue íntimamente con este libro, recorra en usted mismo lo
que propone y “se encontrará realizando sentido”
Le deseo larga vida a este libro, fuera de los estantes de
las bibliotecas, abriendo camino en la vida de sus lectores,
llevando la noticia de que la vida, siempre y sin excepción,
posee sentido. Así sea.
Claudio García Pintos
Director de Cátedra Abierta Viktor Frankl
Universidad Católica Argentina
Marzo de 2017
17
Acerca del contenido del libro
uerido(a) lector(a):
Este pequeño libro tiene como misión proveerte de
una referencia para desplegar tu libertad y vivir con
sentido, confirmándote como responsable de tu vida, cons-
ciente de poder elegir cómo existir.
He redactado el contenido en primera persona, para po-
der dirigirme directamente a ti que me lees, y logremos a tra-
vés de tu lectura un vínculo que te ayude a aumentar tu mar-
gen de libertad personal y así puedas ayudar a otras personas
a ser más libres y auténticas en tu labor psicoterapéutica.
Esta obra se divide en dos partes:
En la primera parte revisaremos el panorama actual de la
logoterapia, profundizando en su estructura teórica, modelo
de funcionamiento y resaltando su importancia en el con-
texto clínico como una forma de psicoterapia.
Ya en un segundo capítulo nos introduciremos en el diá-
logo socrático, la principal herramienta de la logoterapia, de
forma clara y estructurada, profundizando sobre la actitud
fenomenológica en la relación terapéutica, así como el uso
de las preguntas y señalamientos, destacando la importancia
de la actitud presencial del terapeuta y del vínculo como
principal agente de cambio. Veremos numerosos ejemplos
extraídos de procesos psicoterapéuticos, así como preguntas
clave que te servirán de ayuda tanto para tu propio creci-
miento como para ayudar a otras personas en sus procesos.
19
Acerca del contenido del libro
En la segunda parte experimentaremos juntos algunos
ejercicios que exploran formas o caminos para encontrar
sentido en tu vida, ya sea de forma individual o junto a otras
personas, incluyendo trabajos con imaginería, movimiento
corporal, uso del sentido del humor y diálogo socrático. Se
incluyen además experimentos destinados a desplegar tus
capacidades de auto distanciamiento y auto trascendencia (ex-
plicadas más adelante), exclusivas del ser humano. Todos los
ejercicios vivenciales descritos en este libro han sido traba-
jados ya sea en sesiones de psicoterapia individual como en
talleres vivenciales.
Puedes utilizar estos ejercicios y experimentos para tu
crecimiento personal y trabajarlos con otras personas en un
contexto psicoterapéutico, así como en ambientes formati-
vos y académicos.
No es objetivo del presente libro explicarte detalladamen-
te lo que la logoterapia es. Para tales efectos existe una vasta
literatura disponible que puedes revisar. Al final de la obra
encontrarás referencias bibliográficas al respecto.
Quiero agradecer a Efrén Martínez, querido amigo y
maestro, por su motivador aporte en el prólogo de esta obra,
así como a Juan Pablo Díaz del Castillo, hermano y maestro,
por colaborar conmigo con el capítulo sobre logoterapia
como una forma de psicoterapia. Por supuesto, agradezco
infinitamente a Viktor Frankl, por la constante inspiración.
Espero, en este momento en el que escribo estas líneas,
que el contenido vertido en estas páginas te sirva tan solo
como herramienta, y que al usarla, halles tus propias res-
puestas y tu propio camino, y así puedas ayudar a otros a
transitar el suyo propio. Un fraterno abrazo.
Alejandro Khaled Salomón Paredes,
Lima, Octubre de 2014
20
Nota a la segunda edición
ara esta segunda edición Juan Pablo Díaz del Cas-
tillo ha ampliado el capítulo sobre logoterapia como
una forma de psicoterapia, en lo concerniente a la
mirada antropológica de Viktor Frankl, esto es, su visión del
hombre y su importancia en el marco clínico.
Así mismo he profundizado el capítulo sobre diálogo
socrático revisando con más amplitud la actitud fenomeno-
lógica en la relación terapéutica. Además he actualizado los
contenidos metodológicos y conceptuales y agregado nuevos
ejemplos. En el capítulo sobre ejercicios vivenciales, he in-
cluido nuevos ejercicios y mejorado los ya existentes.
Quiero agradecer también a Claudio García Pintos,
maestro y amigo por escribir el prólogo y enriquecer esta
segunda edición.
Espero que esta obra te continúe siendo nutricia.
Con afecto,
Alejandro Khaled Salomón Paredes,
Lima, Diciembre de 2016
21
Introducción
La Logoterapia
a logoterapia (del griego Logos: sentido o espíri-
tu, y de Therapeia: tratamiento o sanación) es el
enfoque psicoterapéutico propuesto por el médi-
co neuropsiquiatra austriaco Viktor Emil Frankl (1905 –
1997). Representa además un estilo de vida, una alternativa
existencial, una propuesta por si quieres vivir tu vida de una
manera más auténtica y responsable, es decir, con sentido.
Ahora bien, eres un ser único e irrepetible, y en ti existe
una dimensión que te constituye como persona, y que junto
a tu organismo psicofísico (mente y cuerpo) conforman la
totalidad de tu ser. Esta dimensión no excluye a las ante-
riores sino que las integra e instrumentaliza, presentándose
como tu centro, tu núcleo sano. Esta es la dimensión espiri-
tual, la dimensión de lo específicamente humano, es decir,
todo lo que hay de libre en ti, desde donde puedes oponerte
a todo lo que te condicione, ya sea psicológico, biológico
o social (Frankl, 2003). Es tu dimensión de conciencia y
elección. Desde esta dimensión es que puedes dirigirte hacia
los valores, hacia lo realmente significativo en tu vida, asu-
miendo tu responsabilidad y echando a andar el motor de tu
voluntad, una voluntad desde donde te orientas a descubrir
sentido a tu vida aquí y ahora y a tus posibilidades como
proyecto en el futuro.
23
Introducción
Partiendo de la teoría propuesta por Viktor E. Frankl, tu
motivación primordial es (como la de todo ser humano)
encontrar sentido a tu existencia por medio de tu voluntad,
de tu voluntad de sentido (Frankl, 2003). Este sentido se
encuentra precisamente afuera, en la vida misma, que está
llena de aspectos valiosos, no dentro de ti. Realmente he
de decirte que en tu vida estás orientado a algo más que tú,
hacia un sentido que realizar o un ser humano a quien amar
(Frankl, 2002). Sin embargo en este camino puedes verte
afectado(a) por condiciones impuestas por tu mente, por
tu cuerpo o por el mundo, restringiéndote en tu ser libre.
Tu voluntad entonces puede desviarse hacia el poder o el
placer si es que dejas de percibir lo realmente valioso de tu
vida. Entre estas condiciones se hallan tus interpretaciones
tóxicas de la realidad, creencias, significados, pensamientos,
emociones, conductas, actitudes y lenguaje; así también tus
predisposiciones hereditarias, enfermedades, sucesos físicos;
y los contextos socio – culturales.
Mas la espiritualidad en ti está siempre presente, pero
latente. Tu eres posibilidad (Jaspers, 2013), eres libertad que
espera ser desplegada por medio de tu conciencia, de tu auto
conciencia, para ser llevada a la acción por medio de tu de-
cisión. Eres tú descubriéndote a ti mismo(a) en situación,
tus restricciones, límites y condicionamientos, para elevarte
libre sobre ellos. Es el credo psiquiátrico de Frankl, la fe
inagotable en que detrás de tu enfermedad o condición, te
encuentras tú, esperando desplegarte y brillar.
Y es que en tu dimensión espiritual residen capacidades
exclusivas que solo tú posees por ser humano, necesarias para
que vivas una vida auténtica y con sentido. Se trata de tus
capacidades de autodistanciamiento y autotrascendencia.
El autodistanciamiento es la capacidad específicamente
humana por la cual puedes tomar distancia respecto a ti
mismo(a) y lo que te ocurre, objetivando de alguna forma
24
Introducción
tu propia personalidad, para comprenderte y tomar las rien-
das, para dar cara, para responder por tu vida. En palabras
de Frankl: “En virtud de tal capacidad, el hombre es capaz
de tomar distancia no solo de su situación sino también de
sí mismo, haciéndolo realmente toma posición frente a sus
condicionantes y determinantes biológicos y psicológico.
Visto así, una persona es libre de moldear su propio carácter
y el hombre es responsable por aquello que pueda hacer de
sí mismo” (Frankl, 2007 p. 100).
A su vez, el autodistanciamiento presenta tres manifesta-
ciones (Martínez, 2011):
• La Autocomprensión: es tu autoconciencia, el poder
comprenderte, descubrirte en situación, respecto a lo
que piensas, sientes y haces. Implica tu intuición que
se vuelve, en un segundo momento reflexivo, concien-
cia, luz que te trae claridad. Es saberte.
• La Autoproyección: Es verte a futuro diferente de cómo
vienes siendo (como una mejor versión de ti), es decir,
como un ser que es posibilidad. Esta es la base para tu
esperanza.
• La Autorregulación: es tu capacidad para regular cons-
cientemente tus propios procesos emotivos, cognitivos
y conductuales. Implica que tomes las riendas, asu-
mirte, aceptando tu vida y acogiéndote amorosamen-
te. Tiene que ver con tu conciencia como voz interior,
como órgano de sentido que te trae claridad respecto
a tus propios valores (Frankl, 2008). Es la base para tu
responsabilidad.
La autotrascendencia es por su parte, tu capacidad para
ir más allá de ti, al encuentro del mundo, de los valores y el
sentido de tu vida. Implica salir de ti ya no solo para verte
(autodistanciamiento), sino también para ver lo otro y a los
25
Introducción
otros. Es en el acto autotrascendente donde puedes hallar el
sentido. Según Frankl (2003): “Ser hombre significa estar,
desde siempre, orientado y dirigido a algo o a alguien que
no eres tú”. Según Martínez (2012) la autotrascendencia
es la capacidad intencional de la conciencia para dirigirte a
algo o alguien significativo. A su vez tiene tres manifestacio-
nes (Martínez, 2011):
• La Diferenciación: implica reconocer y confirmar al
otro (Buber, 1998) como un otro legítimo no menos
valioso que tu, con su propia forma de sentir, pensar
y actuar. Gracias a la diferenciación es que puedes en-
contrarte con un otro de forma auténtica.
• La Afectación: es tu capacidad para dejarte tocar por
los valores que hay en el mundo. Este dejarte tocar
implica el dejarte ver por el mundo, es abrirte, o abrir
tu corazón para que lo valioso impacte y vibre en tu
interior. Con esto se da una resonancia afectiva que
te mueve a intencionarte hacia aquello que te afecta, a
aquel sentido que te atrae, para realizarlo.
• La Entrega: es tu capacidad para darte al mundo in-
condicionalmente. Cuando te entregas se completa la
intencionalidad hacia el sentido con la acción de co-
nectar con aquello que te es valioso o hacia el otro que
se te muestra amable. Es entonces cuando el olvidarte
de ti mismo(a) te lleva a la autenticidad (Scheler, en
Frankl, 2007).
Encontrando y realizando sentido
Por supuesto es importante clarificar a qué nos referimos
con “sentido”. Podríamos decir que es la percepción afectiva
y realización de valores en diversos aspectos de la vida. Esta
26
Introducción
percepción y realización de valores “invitan a la persona a
actuar de un modo u otro, ante una situación particular o la
vida en general, dándole a la persona coherencia e identidad
personal” (Martínez, 2012 p. 124). El sentido es entonces
todo aquello que, al captarlo y realizarlo, construye vida
para ti y para otras personas. Si solo te enriquece a ti, no hay
sentido alguno. Quizá a lo mucho signifique algo para ti,
pero el sentido implica una realización en la que siempre
otros se enriquecen.
El sentido implica así mismo una dirección, un norte al
cual apuntar, un propósito que realizar, o una misión perso-
nal que cumplir (Frankl, 2013). Es importante señalar que
el sentido va más allá del placer, ya que no todo lo placente-
ro brinda sentido (p.e. el abuso de drogas), y por el contra-
rio, hay muchas cosas que son displacenteras y están llenas
de sentido (p.e. el parto).
Según Frankl, puedes descubrir sentido en tu vida por
medio de la realización de valores, a partir de abrirte y dejar-
te tocar por lo valioso de tu existencia, proponiendo tres for-
mas o caminos a través de los cuales puedes lograrlo; sentido
al momento que vives y a tu vida misma (Frankl, 2013):
• Valores creativos: es el darte al mundo, la acción hacia
afuera que es expresión autotrascendente de ti mis-
mo(a), en el trabajo, el arte, la ayuda, el servicio. Es
entregarte al mundo a través de una acción, una do-
nación, dejándote a ti en un segundo plano.
• Valores vivenciales: es recibir lo que el mundo te da
como valioso en tus experiencias, un encuentro amo-
roso con otro ser humano, el contacto con la naturale-
za, tus recuerdos y vivencias, etc.
• Valores actitudinales: es cuando asumes una postura
humilde ante la vida, cuando estás frente a una situa-
ción inmodificable y solo te queda asumirla y respon-
27
Introducción
derle. Este es según Frankl el camino más elevado, ya
que implica que le encuentres sentido a tu sufrimien-
to, enriqueciéndote tú y en la posibilidad de enrique-
cer a otros también.
Cuando no encuentras sentido por ninguno de estos
caminos, significa que tu disposición hacia los valores o
voluntad de sentido se ha frustrado. Tu espiritualidad queda
entonces restringida, y el sinsentido en tu vida tiene un co-
rrelato subjetivo, cuando sientes un vacío interior o vacío
existencial. Si no lo asumes con la actitud correcta, es decir,
aceptándolo y sintiéndolo, puedes desviarte hacia la satis-
facción de impulsos relacionados al placer y al poder para
disminuir tu malestar (angustia), desarrollando estrategias
para disminuir esa sensación de vacío, dejando de con-
frontarte contigo y tu situación, soltando las riendas de tu
propia vida. Entonces tu personalidad (tu instrumento para
manifestarte en el mundo) se torna inauténtica, impidiendo
que puedas salir de ti para verte a ti mismo(a) en situación
(autodistanciamiento) y para dirigirte hacia los valores y el
sentido (autotrascendencia) que te esperan “allá afuera”, en
tu propia vida. Esta inautenticidad implica que no te haces
responsable de ti, no te apropias de tu personalidad, viéndo-
te ya definido(a) y culpando al resto y a la vida por tu insa-
tisfacción existencial.
Sin embargo, siempre puedes apelar al ser espiritual que
eres, desde donde eres capaz de descubrirte, de coger tus
propias riendas y de darte el permiso de ser diferente, qui-
zá más auténtico(a), y salir con todo y la angustia hacia el
mundo, asumiendo el riesgo de dejarte ver por los otros y
dejarte tocar por los valores.
A continuación Juan Pablo te hablará sobre la logoterapia
como una forma de psicoterapia. Espero que te enriquezca.
28
Primera parte
i
La logoterapia como una forma
de psicoterapia
Juan Pablo Díaz del Castillo (c) Ph. D.
urante muchos años de mi vida tuve la oportuni-
dad de asistir a diferentes psicoterapias, durante
esos años no conocí el tipo de psicoterapia en que
estuve, pero se que algunas fueron muy importantes logran-
do grandes cambios en mi vida, otras simplemente ya ni en
mis recuerdos están; en mis años de acercamiento a formar-
me como psicoterapeuta conocí la obra de Viktor Frankl y
si algo me impactó es los cambios que vi en personas a mi
alrededor y como con su lectura empecé a tener mayor satis-
facción en vivir mi vida, desde ahí decidí formarme desde la
logoterapia.
El proceso de formarse como logoterapeuta tiene un pro-
ceso que he visto como se ha repetido en varias personas: 1)
sentimos que hay algo ahí que es valioso, pero no entende-
mos muy bien qué es, 2) empezamos a leer y sentimos que
no entendemos mucho y además no podemos explicarlo,
3) empezamos a entender y no sabemos cómo usar eso en
el consultorio y 4) lo interiorizamos, lo comprendemos y
descubrimos como cambia nuestra forma de intervención;
esto es algo que yo viví y he podido ver en las personas que
han pasado por las formaciones que he podido participar, es
posible que otros hayan experimentado algo similar.
Desde antes de formarme como psicólogo conocía de
Freud y tenía la idea que era el padre de la psicoterapia, pero
a la hora de empezar mi licenciatura ya conocía la obra de
31
i. La logoterapia como una forma de psicoterapia
Frankl y estaba seguro que quería seguir desde ese modelo
de pensamiento. Pero otras personas conocen diferentes
modelos de psicoterapia y en algún momento cae en sus ma-
nos el libro El Hombre en Busca de Sentido y sienten una
fuerte cercanía con lo narrado, el problema es que muchos
consideran que es un libro más de crecimiento personal y
lo dejan de lado, otros logran encontrar otros de sus títulos,
o logran ubicar a seguidores que les permiten acercarse a su
obra y saben que es algo más que un libro de crecimiento
personal. En ese momento saben que hay algo valioso en sus
planteamientos, en ese proceso se empiezan a buscar otras
obras de Frankl y se encuentra con una dificultad, no es tan
fácil leer esos otros libros, pero saben que es algo valioso.
Empezar un proceso de formación en Logoterapia clínica
es la mejor forma de lograr comprender la obra de Frankl,
porque otra sensación es que no sabemos cómo aplicarla a la
psicoterapia.
La Logoterapia como un modelo de pensamiento apli-
cado a la psicoterapia nos propone dos posibles caminos de
aplicación: a una se denomina logoterapia específica, que la
realizamos con consultantes que no tienen problemas psico-
lógicos, sino que acuden a nuestro consultorio por dilemas
existenciales: un duelo, tener una enfermedad crónica, sentir
culpa, haber extraviado el camino de mi proyecto vital, no
descubrir sentido en la vida, etc.; desde la logoterapia espe-
cífica dirigimos las intervenciones buscando que lo espiritual
o noológico se oriente hacia el mundo de los valores y el
sentido. Por otro lado tenemos la logoterapia inespecífica
que es propiamente lo que conocemos como psicoterapia,
acá acuden a nosotros por problemas psicológicos, pero
desde la Logoterapia los denominamos restricciones psico-
lógicas de lo espiritual: ansiedad, depresión, una restricción
de su modo de ser en el mundo, etc.; desde acá focaliza-
mos nuestras intervenciones hacia la dimensión espiritual,
32
Juan Pablo Díaz del Castillo (c) Ph. D.
buscando movilizar lo que Frankl denominaba los recursos
espirituales, autodistanciamiento y autotrascendencia; el fin
es desrestringir aquello que impide la manifestación de esta
dimensión, es decir: su libertad. Por lo tanto, podemos decir
que el objetivo central de la Logoterapia como psicoterapia
es movilizar la dimensión espiritual para permitir la mani-
festación de los recursos espirituales (Frankl, 2001a, 2003c;
Martínez, Díaz del Castillo & Jaimes, 2010; Martínez 2005,
2009, 2011, 2013); estos dos recursos son las características
antropológicas fundamentales (Frankl, 2001b).
Durante mi proceso de formación comprendí que un
modelo de pensamiento, para ser una psicoterapia requiere
de tres componentes: una estructura teórica, un modelo de
funcionamiento y unos procedimientos técnicos (Fernán-
dez-Álvarez, 1999), enmarcados en una visión epistemoló-
gica y antropológica, ya sean de manera implíca o explícita
(Martínez, 2005, 2011, 2013).
El ser humano desde Viktor Frankl
Como vimos anteriormente la psicoterapia debe estar en-
marcada en una visión antropológica y epistemológica, ya
sea de una manera implícita o explícita. Cuando estamos
acercándonos a la Logoterapia de Viktor Frankl muchas
veces llegamos a pensar que todo es una creación de él y no
ha sido de esa manera, su genialidad consiste en articular
el pensamiento de varios filósofos en un modelo de pensa-
miento que ilumina un ejercicio terapéutico que permite
a las personas que lo reciben un empoderamiento sobre su
existencia. Para Frankl por encima de todo lo desarrollado,
lo que más importaba para él era su visión antropológica o
idea del ser humano, que estaría manifiesta de una manera
explícita durante su obra.
33
i. La logoterapia como una forma de psicoterapia
El padre intelectual de Frankl en la idea del ser humano
era el filósofo alemán Max Scheler (1874-1928), que fue
discípulo de Edmund Husserl y condiscípulo de Martin
Heidegger; Scheler solía reflexionar y llegó a la conclusión
que el problema filosófico, cuya solución reclama con mayor
importancia nuestro tiempo, era el de una idea de qué es el
ser humano (2009). Es conocido también como el padre de
la Antropología Filosófica, que es una disciplina de la filoso-
fía que reflexiona sobre el fenómeno ‘ser humano’, para ella
toda ciencia humana tiene dentro de su teoría una visión
implícita o explícita de qué es el ser humano, desde esa vi-
sión nos acercamos al ser humano y llegamos a concebirlo
desde ahí; evidentemente las diferentes formas de psicotera-
pias tienen dentro de su teoría una idea sobre lo humano y
Frankl quiso que su nueva teoría tuviera una idea explícita
de aquello que es el ser humano.
Frankl tiene dentro de su obra una gran cantidad de con-
ferencias sobre lo antropológico en las que describe de una
manera magistral su idea del ser humano, pero a la que haré
referencia en el presente capítulo es sobre su conferencia en
Salzburgo titulada las diez tesis de la persona, que podremos
leer en su escritura básica, pero acompañados por mis anota-
ciones que te permitirá tener un acercamiento práctico hacia
el ejerció de la psicoterapia.
Navegando por las diez tesis de la persona
Frankl suele decirnos que en muchas oportunidades nos re-
ferimos a la persona con otro concepto: el concepto de “in-
dividuo”. Para la Logoterapia persona e individuo no es un
sinónimo, y de esta manera iniciamos con la primera tesis:
1. La persona es un individuo: “la persona es algo que no
admite partición, no se puede subdividir, escindir, porque
es una unidad” (Frankl, 2002, Pág. 106). Tal vez uno de los
34
Juan Pablo Díaz del Castillo (c) Ph. D.
grandes problemas que experimentamos en esta época es
la híper-especialización, porque debido a esto se han desa-
rrollado ciencias que estudian una parte del ser humano y
dejando a las otras dimensiones por fuera, mostrando una
imagen que no es acorde al ser humano, Frankl (1994) solía
llamar a esto el ‘nihilismo de la época’, porque caen en un
‘ismo’ que sólo ven una parte olvidando el resto, él nos decía
que existían el biologismo, el psicologismo y el sociologis-
mo, y que de esta manera era imposible que tuviéramos una
experiencia de sentido, porque desatendían nuestra inten-
cionalidad como seres humanos y que esta intencionalidad
es propia nuestra dimensión espiritual.
Frankl te propone que tú o tu persona es una unidad a
pesar de las tres dimensiones que tienes, al ser una unidad,
eres indivisible, es decir que eres un ‘individuo’, a esto se re-
fiere esta primera tesis, es decir que no te pueden dividir.
Para dicho propósito desarrolló una forma de com-
prender esta primera tesis, desarrolló dos leyes que nos
mostrarían de una manera visual lo que sucede cuando esta
primera tesis no se cumple, a este ejercicio lo denominó la
‘ontología dimensional’. Para dicho propósito usó figuras
permitiéndonos comprenderlo de una manera más fácil. Pri-
mero usaremos la figura tridimensional del cilindro, como
sabemos esta forma tiene un alto, un ancho y una profundi-
dad, ubicándola en un eje de tres dimensiones (figura 1)
Figura 1
35
i. La logoterapia como una forma de psicoterapia
Ahora nos ayudaremos de las figuras del libro, en un
primer momento imaginemos dos luces muy potentes que
iluminan este cilindro por el lado derecho y por la parte de
arriba (figura 2).
Figura 2
Podemos observar como en la parte inferior aparece una
sombra circular y en el lado izquierdo una sombre rectangu-
lar. Estas formas de dos dimensiones, el círculo y el rectán-
gulo, son las proyecciones del cilindro, pero no son el cilin-
dro, sólo son proyecciones parciales del cilindro (figura 3).
En esta imagen podemos ver que existen unas contradic-
ciones entre los dibujos y niegan la unidad del dibujo que
representan (Frankl, 2002).
Figura 3
36
Juan Pablo Díaz del Castillo (c) Ph. D.
De esta manera Frankl plantea su primera ley: un fenóme-
no proyectado fuera de su propia dimensión en otras dimen-
siones inferiores a la suya propia, se muestra de tal manera que
las proyecciones se contradicen entre sí (Frankl, 1994). En esta
ley Frankl nos llama la atención al peligro del reduccionismo,
ver al ser humano únicamente en una de sus dimensiones.
Cuando realizamos pruebas psicológicas como un test de per-
sonalidad, podemos caer en el error de creer que los resultados
de la prueba son la representación de la persona que tenemos
al frente y eso sería un reduccionismo, cuando esos resultados
son una fotografía de un momento específico de una dimen-
sión del fenómeno ser humano, en este caso el reduccionismo
cae en que reducimos al fenómeno ser humano a la dimen-
sión psicológica; también podemos caer en el reduccionismo
de suponer que una persona que sufre una depresión, lo que
tienes es una carencia de sentido en la vida, dándole mayor
peso a la dimensión espiritual; también podríamos pensar
que un hijo es los genes de su padre y que está condenado a
repetir la misma historia de su papá, el reduccionismo estaría
en la dimensión biológica; o que podemos pensar que alguien
por nacer en el lugar donde nació determinará su éxito o fra-
caso en la vida. Esta primera ley nos invita a que no veamos
al ser humano como algo dividido, porque a la persona no
la podemos dividir, porque es un individuo, un fenómeno
que no permite verlo reducido a una de sus dimensiones.
Ahora haremos otro ejercicio; observaremos dos fenóme-
nos tridimensionales: el cilindro del ejercicio anterior y una
esfera (figura 4).
Figura 4
37
i. La logoterapia como una forma de psicoterapia
Volveremos a imaginar esas luces, pero esta vez ubicadas
en la parte superior de los dos fenómenos (Figura 5).
Figura 5
En la dimensión inferior aparecerían dos sombras circu-
lares (figura 6).
Figura 6
Y acá Frankl nos plantearía su segunda ley: diversos fe-
nómenos, proyectados desde su propia dimensión a una
dimensión inferior, generan proyecciones ambiguas, porque
no se podría inferir de sus proyecciones que son un cilindro
y una esfera (Frankl, 1994). A modo de ejemplo podría-
mos usar a tres artistas: Pablo Picasso, John Lennon y León
Tolstoi, podemos proyectarlos en una dimensión inferior a
la suya propia y encontrarnos que los tres tienen una nariz,
los tres tienen dos brazos y los tres tienen una boca, por lo
podemos llegar a la conclusión que estas tres personas son
iguales; acá lo que nos sucedió es que se estamos viendo a
las tres personas desde la dimensión biológica, impidiendo
ver sus expresiones propias de cada uno: la pintura, la mú-
sica y la literatura, que los hace a cada uno de ellos un ser
38
Juan Pablo Díaz del Castillo (c) Ph. D.
diferente, su legado en el mundo se da precisamente en las
diferencias del ser humano y no en las similitudes de una de
sus dimensión, Frankl nos llama la atención a tener cuidado
del exclusionismo, donde vemos que el ser humano no es
sino nada más que una de sus dimensiones. En esta época
existen mandatos que excluyen otras dimensiones del ser
humano, se podría dar de ejemplo la moda del pensamiento
positivo, que dice que si se piensa positivo todo el mundo
cambia y todo es posible, seguramente pensar positivo traerá
algunos cambios en la vida, pero, ¿cómo es posible que los
pensamientos pudieran cambiar la experiencia que una per-
sona tiene con el mundo?, eso más bien podría generar una
experiencia aún más dolorosa, porque el pensamiento posi-
tivo tratando de modificar la experiencia de malestar en su
relación con el mundo no alcanza a cambiar una experiencia
profunda, como es la relación con el mundo, lo que podría
pasar es generar una experiencia de desconexión consigo
mismo o de sentirse indefenso ante lo que le acontece; lo
que se necesita en este caso es la aceptación de la experiencia
de malestar con el mundo, y la aceptación es posible por
medio de la dimensión espiritual, más exactamente del auto-
distanciamiento que permite aceptar lo dado a la conscien-
cia. Por eso se podría decir que el pensamiento positivo es la
consecuencia de una actitud espiritual antes el mundo, que
le ayuda a vivir mejor, pero el pensamiento positivo no es lo
que cambia el mundo.
2. “La persona no es sólo un in-dividuum, sino también
insummabile” (Frankl, 2002, Pág. 106): con esto Frankl
nos quiere decir que no solamente no se puede dividir sino
tampoco se puede agregar a algo, y esto porque no es sólo
unidad, sino que es también una totalidad (Frankl, 2002).
Con esto nos propone que no puede ser sumado a categorías
más incluyentes como son la clase social, la raza o el nivel
39
i. La logoterapia como una forma de psicoterapia
educativo, porque este tipo de categorías representan jerar-
quías que lo engloban y masifican, rompiendo su unicidad
y dejando de lado a la persona. Como ejemplo podemos
referirnos a una situación como la siguiente, que suele suce-
der en algunas reuniones: “¿usted es psicólogo?, fijo ya me
está analizando, porque se la pasan en esas todo el tiempo”,
es posible que en algún momento les hayan dicho eso, yo
recibo ese comentario bastante seguido, sobre todo cuando
conozco alguien nuevo, parece que nos quitan la individua-
lidad y nos vuelven parte de la masa, como si ser parte de un
grupo nos definiera como personas. Cuando crees asimilarte
a las masas, en realidad, lo que haces es hundirte en ellas
(Frankl, 2002); al perderte en la masa, pierdes la cualidad
que te hace humano, único e irrepetible: la responsabilidad
(Frankl, 2001c).
A veces mis estudiantes me dicen que esto pareciera ale-
jarnos de la comunidad y darle más peso a la individualidad
y ahí Frankl (2001c) nos dice que la verdadera comunidad
está integrada por personas responsables, mientras que la
masa anula la responsabilidad personal. El valor del indivi-
duo se halla condicionado a la comunidad, y el sentido de
la comunidad nos está dado por la individualidad de sus
integrantes; a diferencia de la masa que sólo valora la utili-
dad de cada uno de sus integrantes y no su dignidad como
personas. Por otro lado, también nos explica otro de los
peligros de masificar y es que recordemos que es más fácil
valorar o desvalorar un grupo de personas completa: por la
raza, la creencia religiosa, etc., que tener una idea sobre cada
persona por separado (Frankl, 2001c).
3. “Cada persona es absolutamente un ser nuevo” (Frankl,
2002, Pág. 107). Frankl nos plantea con una de sus tesis y
nos invita a reflexionar sobre las semejanzas y las diferencias.
El otro día una estudiante decía en clase que ella se había
40
Juan Pablo Díaz del Castillo (c) Ph. D.
sentido cercana a la ayuda de personas en sus dificultades, su
padre había sido político y a través de su profesión ayudó a
muchas personas mejorando su calidad de vida, pero ella no
se sentía cercana a ese estilo de vida, pero si quería ayudar
a las personas a su propio estilo, decidió estudiar psicología
y ser psicoterapeuta, esta tesis de Frankl se refiere a la firma
personal de cada uno, a la existencia individual, cada firma
es diferente, aunque trabajen en lo mismo, siempre será dis-
tinta. Con cada persona que viene al mundo, se arroja a un
nuevo ser; pues la existencia espiritual no puede heredarse
(Frankl, 2002), los padres heredan las pinturas, los pinceles
y el lienzo, pero el cuadro es una obra propia.
Esto también nos puede llevar a reflexionar si lo que le
enseñamos a nuestros hijos va a determinar su vida y resulta
que ayuda en cierta medida y no completamente, porque
como padres les podemos enseñar una gran cantidad de prin-
cipios, pero esa nueva persona aprende lo que decide apren-
der, lo hace propio desde su vida y no desde la de los padres.
Esta ley también hace referencia a la aceptación de la di-
ferencia, no todos nuestros hijos harán las cosas de la misma
manera y sería un error esperar eso, en algunos casos llegamos
a convertir al amor en un premio a la repetición de compor-
tamientos, cuando en realidad el amor no es ‘mérito’, el amor
es una ‘gracia’, se lo podría comprender como la vivencia de
otro ser humano, en todo lo que su vida tiene de peculiar
y singular, porque el amor acoge al otro como un legítimo
otro, el amor es un acto intencional, no un estado emocional
(Frankl, 2001c), es un poder decir te amo, y que a pesar de
las cosas que no me gustan de ti, te puedo seguir amando.
La aplicabilidad de esta ley la podemos ver en diferentes
campos; en el mundo de la psicoterapia muchas veces bus-
camos aprender muchas técnicas, esperando que al aplicarlas
solucionemos los problemas, entonces aparecen los protoco-
los que serían un paso a paso de cómo hacer la intervención,
41
i. La logoterapia como una forma de psicoterapia
pero esto tipo de técnicas y protocolos olvidan que cada per-
sona es diferente y que su repetición no implica un cambio
esperado sobre la persona que lo recibe. Por esto desde la Lo-
goterapia decimos que cada intervención será también única
e irrepetible, Frankl (2001c) lo explicaba en su ecuación Y =
X + Y, donde la letra griega Y simboliza la psicoterapia que
está en el resultado de la suma de la personalidad única e
irrepetible del terapeuta y de la personalidad única e irrepeti-
ble del consultante, esta es una invitación a que no creamos
que hay intervenciones universales que son iguales para to-
das las personas, cada persona que está buscando ayuda es
un mundo nuevo y así deben ser las intervenciones, diseña-
das para esa persona única que comparte nuestro espacio.
Por otro parte en la actualidad se ha empezado a hablar
más de la inclusión; esta nueva modalidad pone su énfasis
en la existencia de las diferencias, mostrándolas como reales,
pero sobretodo pone el énfasis en que todos somos personas
diferentes. En los últimos años hemos visto noticias alrede-
dor del mundo de personas con síndrome Down que han
empezado a lograr una mayor inclusión, y algunos han logra-
do ocupar puestos laborales que antes parecían imposibles;
Les recomiendo buscar en YouTube videos que son evidencia
de esta tesis: está el video de Tim’s Place, que es un restauran-
te atendido por su propietario, Tim que tiene síndrome de
Down y se encarga de administrar su propio negocio, como
dice el letrero, desayunos, almuerzos y abrazos, Tim le agrega
su firma diciendo “los abrazos son más potentes que la comi-
da, la comida es comida”, Tim nos muestra que lo importan-
te no es la profesión que se ejerce, sino el modo como se la
ejerce, que es propia de cada persona y que le da un carácter
único e insustituible a la existencia de cada persona (Frankl,
2001c). Este es uno de tantos casos que se pueden encontrar:
Sam el barista bailarín que también se puede encontrar en
YouTube, es un adolescente que tiene autismo leve y encon-
42
Juan Pablo Díaz del Castillo (c) Ph. D.
tró una oportunidad gracias a su actual jefe Chris, en una
tienda Starbucks en Canadá, su existencia nos trae un men-
saje, yo lo interpreto así: que las personas que decimos tienen
alguna “discapacidad”, la tienen bajo el ojo de un observador
que busca las semejanzas, por lo que no comprende que cada
persona tiene una forma propia de ser en el mundo, porque
cada persona es un ser nuevo que puede descubrir que puede
vivir en el mundo y vivir su vida como si fuera una misión,
que además le da sentido a su vida.
Me gustaría también mencionar un caso de una estu-
diante que tuve en mis viajes a Lima, ella “es una persona
que no puede ver con los ojos”, en esa ocasión estuvimos
realizando una serie de ejercicios, en uno les solicité que en
pareja se sentarán frente a frente y se quedaran en silencio
por un momento y que luego iban a dialogar sobre lo que
descubrieron en el encuentro, luego de la instrucción, algu-
nos me miraban con cara de sorpresa por el ejercicio que les
solicité realizar, yo sentí que les preocupaba su compañera
“que no podía ver”, seguramente pensaban que no iba a
poder realizar el ejercicio o creo que eso pensaban. Cuando
empezaron a compartir sus experiencias y ella empezó a con-
tarnos lo que sucedió en el ejercicio, la cara de todos se iba
transformando y descubrimos que, aunque muchos creyeran
que una persona como ella no podría hacer psicoterapia, ella
era una persona con una gran cantidad de habilidades que
nosotros los ‘videntes’, tenemos dormidas y que podríamos
despertar, porque su diferencia la hacía ‘ver las cosas dife-
rentes’, experienciarlas desde otros sentidos. Les comparto
esta historia después de su autorización, porque en este mo-
mento se encuentra al frente de un programa de sentido de
vida, para personas ‘no videntes’ que se llama “el sentido es
invisible a los ojos”.
Durante la última mitad del siglo xx se ha iniciado un
proceso de inclusión a todo nivel, aunque en la actualidad
43
i. La logoterapia como una forma de psicoterapia
nos parezca extraño o loco, se ha dado la inclusión de las
mujeres, los afrodescendientes, las personas con enfermeda-
des mentales, los homosexuales y poco a poco las personas
con las llamadas discapacidades como se vimos anterior-
mente, estamos viviendo un periodo de la historia donde la
inclusión es parte de la cotidianidad a muchos niveles de la
vida y que cada vez se da más cabida a la diferencia como
una realidad humana.
4. “La persona es espiritual. Por su carácter la persona es-
piritual se halla en contraposición heurística y facultativa
con el organismo psicofísico” (Frankl, 2002, Pág. 107). El
organismo psicofísico, es la totalidad de los órganos, de
la materia humana, de los procesos psicológicos, la perso-
nalidad entre otras más. Viktor Frankl nos plantea que la
función del organismo es la de ser medio de expresión de la
persona, porque lo espiritual lo instrumentaliza haciéndolo
propio; porque si no existiera nuestro organismo, la persona
no podría expresarse al mundo, quedaría inexpresable. El or-
ganismo constituye un medio para un fin, teniendo un valor
utilitario. Acá puedes darte cuenta que tu cuerpo tiene un
valor utilitario, pero podrás también pensar que cuando se
habla de Frankl, se habla de la dignidad humana, y te puede
seguir entonces una confusión que aclararé a continuación.
Cuando hablamos de utilitarismo, sabemos que lo opuesto
es dignidad, pero para la Logoterapia la dignidad está dada
porque somos una persona espiritual, acá podrás darte cuen-
ta entonces que la dignidad humana es independiente de la
utilidad social o vital del ser humano.
Acá podemos reflexionar sobre la dignidad humana y la
enfermedad, y podemos darnos cuenta que la dignidad hu-
mana está en que la persona espiritual se mantiene, porque
como dice Frankl (2002) no existen enfermos del espíritu,
porque lo espiritual no puede enfermarse y permanece ahí a
44
Juan Pablo Díaz del Castillo (c) Ph. D.
pesar de una posible enfermedad del organismo psicofísico,
aunque no la podamos ver. Por eso los logoterapeutas habla-
mos del credo psiquiátrico: “esta fe en la continuidad de la
persona espiritual aun detrás de los síntomas de la enferme-
dad psicótica; pues si no fuera así, decía yo, no tendría senti-
do para el médico curar el organismo psicofísico, ‘repararlo’”
(Frankl, 2002, Pág. 108). La enfermedad que afecta al orga-
nismo psicofísico por lo tanto no enferma la persona espiri-
tual, sino que la hace muchas veces invisible restringiendo
sus posibilidades de expresarse. Pero esta posibilidad, esta
mirada abierta a la posibilidad, fue un regalo que Frankl nos
dio, y como psicoterapeutas desde la Logoterapia, tenemos
esa mirada en la dignidad del ser humano y no nos queda-
mos en considerar a la persona como inútil a medida que el
organismo se vaya deteriorando o se encuentra enfermo, por
eso la idea que tenemos del ser humano es importante para
nosotros, porque de lo contrario pensaríamos en el ser hu-
mano como una ‘máquina’ que reparamos.
Es importante que hagamos otras aclaraciones sobre lo
que es la persona espiritual desde la teoría frankliana, para
nosotros lo espiritual se refiere a un centro activo, y no nos
referimos al espíritu como sustantivo: pues con los sustanti-
vos sólo podemos designar una sustancia o una cosa; mien-
tras que lo espiritual sería “independencia, libertad o auto-
nomía esencial –o la del centro de su existencia– frente a los
lazos y a la presión de lo orgánico, de la ‘vida’, de todo lo
que pertenece a la ‘vida’ y por ende también de la inteligen-
cia impulsiva propia de esta” (Scheler, 2003, Pág. 62); por
eso decimos que lo espiritual es una realidad ontológica y no
óntica, al ser una realidad ontológica podemos relacionarla
con la redefinición (fenomenológica-existencial) del ‘ser’ que
nos propone el filósofo alemán Martin Heidegger en su obra
cumbre ‘Ser y Tiempo’ (Martínez, Rodríguez, Díaz del Cas-
tillo & Pacciolla, 2015); donde nos plantea al ‘ser’ como el
45
i. La logoterapia como una forma de psicoterapia
concepto más universal, pero, como un concepto que no se
articula con un género o una especie, sería más bien un ‘tras-
cendental’ (Heidegger, 2009); el concepto ‘ser’ no lo pode-
mos confundir con un ‘ente’, porque al ‘ser’ no le podemos
atribuir una entidad (Heidegger, 2009); De esta manera me
atrevo a relacionarles lo espiritual en Frankl y el ‘ser’ en Hei-
degger, ambos como una realidad trascendente, como un
verbo, como un gerundio: ‘siendo’. Por eso decimos que el
‘ser’ de Heidegger lo relacionamos con los referentes inten-
cionales, llamados trascendentes, que relacionamos con la
autotrascendencia frankliana (Martínez & Martínez, 2013).
La psicoterapia antes de Frankl, y algunas actuales son
ajenas a la espiritualidad humana y por eso terminan sien-
do simples formas de reparar a ese ‘ser humano máquina’,
nosotros al tener presente la persona espiritual tenemos pre-
sente mucho más que la dignidad, también sabemos que esa
persona está frente a un mundo lleno de valores y sentidos
por realizar. Cuando te encuentras en un encuentro con tu
consultante recuerda que nuestras intervenciones van diri-
gidas hacia lo espiritual, buscando movilizar lo espiritual o
ayudándolo a orientarse hacia el mundo donde puede llegar
a descubrir y realizar el sentido de su existencia.
5. “La persona es existencial: con esto se significa que no es
fáctica ni pertenece a la facticidad” (Frankl, 2002, Pág. 111).
Tu como ser humano tienes un organismo psicofísico que
con el paso del tiempo se va volviendo fáctico, pero como
persona eres facultativo; eso facultativo te hace poder tomar
una posición ante lo fáctico que es tuyo, por eso decimos en
la Logoterapia que somos responsables, porque nos decidi-
mos a cada instante. Frankl nos dice que ser persona es ser
responsable de nuestra existencia (Frankl, 1999), es decir
que no sólo somos libres, si no que es responsable de sus
decisiones.
46
Juan Pablo Díaz del Castillo (c) Ph. D.
Como sabemos Frankl tomó una posición ante las otras
dos formas de psicoterapia que coexistían en Viena, el psi-
coanálisis de Freud y la psicología individual de Adler. Para
el primero aspiramos al placer, más exactamente buscamos
evitar el displacer, y estamos impulsados por la libido, de-
nominando a esto la voluntad de placer (Frankl, 2002),
“sin embargo, la hipótesis de Freud, basada en la física de su
tiempo, según la cual la única tendencia, fundamental y pri-
maria, del ser vivo sería el relajamiento, no está de acuerdo
con la realidad” (Frankl, 2003c, Pág. 49); desde la Logotera-
pia planteamos que no estamos determinados por nuestros
instintos o la evitación del displacer, sino que estamos orien-
tados hacia los valores y la realización del sentido, contrario
al psicoanálisis que plantea que estamos dominados por una
voluntad de placer.
Por el lado de la psicología individual de Adler:
sale del terreno de lo psicológico para recurrir de momento a la
biología, y tomar de allí su concepto de la ‘inferioridad del ór-
gano’. Esta, en cuanto fenómeno somático, lleva como reacción
psíquica al ‘sentimiento de inferioridad’, Pero no sólo ante la in-
ferioridad orgánica, sino también ante la constitución enfermi-
za, la debilidad y la fealdad. A su vez, el sentimiento de inferio-
ridad busca su compensación, bien sea en el ámbito de lo social,
o lo que es lo mismo en su correlato psíquico el ‘sentimiento de
sociabilidad’ – aquí se pone de manifiesto como saliéndose de la
esfera de lo biológico se introduce un elemento sociológico –, o
bien sucede que se llegue a una compensación o incluso a una
supercompensación del sentimiento de inferioridad, más allá y
fuera ya del ámbito de lo social, en cuyo caso, y siguiendo las
teorías de la Psicología Individual, se ha tocado ya la esencia de
la neurosis. A la petición de principio de unos instintos que se
frenan a sí mismos, según veíamos en el Psicoanálisis, correspon-
de ahora otra petición de principio, a cargo esta vez de Alfred
Adler, puesto que, según su doctrina, no es algo personal, sino lo
47
i. La logoterapia como una forma de psicoterapia
social mismo quien decide la actitud y postura del hombre ante
la sociedad: lo decisivo en este sentido son el medio ambiente, el
entorno y la educación del hombre, si hemos de creer a la Psico-
logía Individual (Frankl, 2003c, Págs. 50 y 51).
Como podemos ver acá el psicoanálisis ve al ser humano
como empujado por la evitación del displacer, te propongo
reflexionar sobre la siguiente situación: estás en clase en la
universidad y el profesor te pide pasar al frente y contarles
la vida de Viktor Frankl, supongamos que cuando te hacen
esa solicitud sientes mucho temor de pasar al frente y te
aterra la idea, porque no te consideras bueno para hablar en
público, desde la postura freudiana toda esa tensión interna
producto del miedo a exponer puede ser eliminada porque
los seres humanos buscamos la distensión del malestar, en-
tonces dices que ese tema no lo dominas, que necesitarías
más tiempo para prepararlo.
Teniendo en cuenta la misma situación, en el lado de la
psicología individual puedes pasar a exponer si te dan una
nota extra, o por el reconocimiento de tus compañeros o de
tu profesor, porque desde esta postura buscas el poder y así
logras distensionar el malestar psicofísico. Porque la volun-
tad de placer y la voluntad de poder buscan distensionar, la
tensión que se genera por la experiencia en clase.
Para Viktor Frankl esa tensión no se debe evitar o elimi-
nar, sino que se debe intencionar hacia el mundo de los va-
lores y el sentido, lo que Frankl proponía frente a lo anterior
era la voluntad de sentido, que busca dirigir sus esfuerzos a
buscar el sentido a su existencia (Frankl, 2003c), para Frankl
estamos en un mundo donde podamos decidir nuestra exis-
tencia a uno donde no se pueda y convertirnos en personas
conformistas, totalitaristas o fanáticos. Por eso en el ejemplo
anterior, desde la Logoterapia tu puedes sentir mucho mie-
do, pero te sientes atraído por los valores de la solidaridad y
48
Juan Pablo Díaz del Castillo (c) Ph. D.
los intelectuales, te gustaría convertirte en alguien que com-
parte su conocimiento, porque para ti la vida de Frankl es
digna de ser conocida por tus compañeros, entonces a pesar
del miedo decidiste pasar y convertirte en una nueva versión
tuya, trascendiendo tus miedos.
Para finalizar la quinta tesis dejemos que el mismo Frankl
(2001b), nos cuente la confusión de estas voluntades porque
sucede que tanto la voluntad de placer como la voluntad de
poder son efectos secundarios de la voluntad de sentido. El
placer, realmente es un efecto de la realización del sentido;
el poder es un medio para un fin. Así podríamos decir que,
mientras que la voluntad de placer confunde el efecto con el
fin, la voluntad de poder confunde el medio para un fin con
el fin en sí mismo.
6. “La persona es yoica, o sea, no responde al ‘ello’, no se
halla bajo la dictadura del ‘ello’, una dictadura en que Freud
pudo haber pensado cuando afirmó que el ‘yo’ no era amo
en su propia casa” (Frankl, 2002, Pág. 111). Volviendo al
contexto de donde surge la Logoterapia, Viena era una ciu-
dad que estaba en el centro de la psicoterapia con Freud a
la cabeza y con su teoría del aparato psíquico que se dividía
en ‘ello’, ‘yo’ y ‘súper yo’; desde la cual el ‘yo’ era el resultado
de la compensación entre dos fuerzas que empujaban ‘ello’ y
reprimían al ser humano ‘súper yo’, por lo tanto, el ‘yo’ no
decide, sino que media entre esas dos fuerzas; como hemos
estudiado Frankl se oponía a esta teoría y nos plantea que la
persona es ‘yoica’, es decir se decide a sí misma, es decir es
responsable de su existencia.
Frankl nos plantea que no sólo existe lo impulsivo in-
consciente, si no también lo espiritual inconsciente (Frankl,
1999, 2002); porque en cierto sentido la existencia es siem-
pre irrefleja, sencillamente porque es irreflexionable (Frankl,
1999), lo que haces cuando estás con un consultante es
49
i. La logoterapia como una forma de psicoterapia
hacer consciente de su ser que decide, hacerlo consciente de
su libertad y de su responsabilidad que los constituyen como
ser humano, que se decide a sí mismo y que no es el resul-
tado de mecanismos internos que le eliminan su posibilidad
de ser lo que ha decidido para sí mismo.
7. “La persona no es sólo unidad y totalidad en sí misma
(ver las tesis 1 y 2), sino que la persona brinda unidad y to-
talidad” (Frankl, 2002, Pág. 112): la persona presenta la uni-
dad física-psíquico-espiritual y la totalidad representada por
la criatura “ser humano” (Frankl, 2002). Frankl nos propone
que somos una unidad y una totalidad, y que es posible
debido a la persona; “se constituye, se funda y garantiza so-
lamente por la persona” (Frankl, 2002, Pág. 112). Nosotros
como seres humanos podemos ser conscientes de nuestra
dimensión espiritual sólo en coexistencia con nuestro or-
ganismo psicofísico, en tres niveles: lo físico, lo psicológico
y lo espiritual, todas en una unidad y totalidad. Lo clave
en la teoría frankliana para nosotros es que lo espiritual se
encuentra en un paralelismo psicofísico, gracias a esto nos
permite tener cierto nivel de distancia y así poder tomar una
posición ante lo psicofísico, es decir oponernos antes nues-
tros mandatos biológicos, por ejemplo, tu puedes tener el
impulso sexual de serle infiel a tu pareja, pero la espirituali-
dad puedes tomar una posición ante lo biológico y decidirte
por ser fiel, decidirte por el sentido antes que por un impul-
so de lo biológico, lo mismo sucede con lo psicológico, por
ejemplo, los pensamiento que tienes sobre una experiencia,
no son la experiencia, son pensamientos sobre lo que estás
experienciando, tampoco eres tus pensamientos, entonces tu
espiritualidad te puede hacer tomar una posición ante ellos.
Para poder lograr eso Frankl nos plantea que lo espiritual
se encuentra en oposición al organismo psicofísico, que lo
podemos considerar como algo fáctico, pero que se encuen-
50
Juan Pablo Díaz del Castillo (c) Ph. D.
tra con lo que él denomina ‘antagonismo psiconoético facul-
tativo’ (Frankl, 1994), que siempre es posibilidad (Frankl,
2002), una posibilidad que podemos convocar cuando
hacemos psicoterapia, pues en esos momentos buscamos
movilizar el ‘poder de resistencia de lo espiritual’ que es otra
forma de llamar a ese antagonismo. De esta manera Frankl
nos plantea su credo psicoterapéutico:
La fe en esta capacidad del espíritu del hombre, bajo cualquier
circunstancia y condiciones, de desapegarse de lo psicofísico y
ubicarse a una distancia fecunda. Si no valiera la pena –de acuer-
do con el primer credo, el psiquiátrico– ‘reparar’ el organismo
psicofísico, por no ser una persona íntegramente espiritual la que,
a pesar de su enfermedad, espera recuperarse, entonces nosotros
–de acuerdo con el segundo credo– no estaríamos en condiciones
de apelar o la espiritualidad en el hombre para que ofrezca su po-
der de resistencia a lo psicofísico (Frankl, 2002, Pág. 113).
Que tengamos presentes estos dos credos que nos plantea
Frankl, son claves para poder ayudar a nuestros consultantes
a manifestar su libertad, a través del ‘poder de oposición del
espíritu’.
8. “La persona es dinámica: justamente por su capacidad de
distanciarse y apartarse de lo psicofísico es que se manifiesta
lo espiritual” (Frankl, 2002, Pág. 113). Como vimos ante-
riormente lo espiritual es un verbo, no una sustancia o un
ente, y recordemos que lo espiritual es creador de la forma,
la personalidad hace parte de la forma, porque como decía
Frankl (1994) el carácter es algo creado y la persona es crea-
dora, pero nuestra personalidad se va haciendo rígida con el
tiempo, mientras que la persona sigue siendo dinámica.
‘Existir’ es una palabra que viene del latín ‘ex-sistere’
que significa salirse de sí mismo. Esta premisa del existen-
cialismo nos invita a modificar la idea del ser humano es-
51
i. La logoterapia como una forma de psicoterapia
tático, sino que tu puedes salir de ti y confrontarte contigo
mismo(a), eso lo hace la persona espiritual en cuanto se
enfrente como persona espiritual a sí misma como organis-
mo psicofísico (Frankl, 2002). Cuando ejercemos ese auto-
distanciamiento del organismo psicofísico constituimos a
la persona espiritual como tal, como espiritual. Para Frankl
(2002) únicamente cuando entablas un diálogo contigo mis-
mo(a), se manifiesta lo espiritual de lo psicofísico.
9. “El animal no es persona puesto que no es capaz de tras-
cenderse y de enfrentarse a sí mismo” (Frankl, 2002, Pág.
113). Como te conté más atrás, el padre intelectual de Frankl
fue Max Scheler y en su libro “El puesto del hombre en el
cosmos” nos plantea las diferencias cualitativas entre el ser
humano y los demás seres vivos, te contaré un poco de lo que
dice con relación tres grupos de animales vivos: 1. instinto
animal, 2. memoria asociativa y, 3. Inteligencia práctica.
Primero hablaremos del ‘instinto animal’, primero defi-
namos el instinto como una conducta innata en el ser vivo,
que está relacionada con un fin para la misma especie, tiene
cierto ritmo que se encuentra relacionada con el medio am-
biente, es innato, heredado y no depende de una cantidad
de ensayos previos, es decir es automático a cada especia
(Scheler, 2003). Para explicarlo más fácilmente hablemos un
poco de ciertas especies que están relacionadas con el ‘instin-
to animal’, demos algunos ejemplos, como las aves migrato-
rias, ellas en un momento del establecido del año, inician su
vuelo migratorio para cuidarse de los cambios estacionales;
las ardillas en un momento del año empiezan a recoger
provisiones para el invierno, estas conductas son innatas y
son instintivas, el fin es la supervivencia de la especie; lo que
un animal puede representarse y sentir, viene determinado
y dominado a priori por sus instintos y su medio ambiente
(Scheler, 2003).
52
Juan Pablo Díaz del Castillo (c) Ph. D.
El segundo grupo se denominó ‘memoria asociativa’, y a
este grupo pertenecen los seres vivos cuya conducta se puede
modificar lenta y continuamente, esta modificación se da
por prueba y error, la conducta está ligada a la imitación.
Ejemplos de este grupo son muy fáciles de encontrar en
nuestra vida cotidiana, se encuentran los perros, los caballos
y muchos animales que hacen parte de la vida de los seres
humanos. Estos animales pueden ser entrenados a través de
lo que conocemos como condicionamiento, los refuerzos
son parte de este proceso de aprendizaje.
Y finalmente está el grupo que denominó ‘inteligencia
práctica’, esta conducta tiene por característica que tiene un
fin, no es derivada de ensayos anteriores, responde a situa-
ciones nuevas, es una conducta producida y no está dada
por la imitación, porque además se basa en una situación
nueva. Este tipo de inteligencia se encuentra en animales
como los simios. El psicólogo Köhler realizó un estudio con
ellos en las islas Canarias y pudo comprobar todos estos
resultados mencionados anteriormente, los monos tenían la
capacidad de usar cosas de su medio ambiente como herra-
mientas, por ejemplo, un palo podía ser utilizado para alcan-
zar alimentos y no era producto de la repetición sino de una
inteligencia para innovar y resolver problemas novedosos.
Tu como ser humano compartes estas características
con los demás seres vivos; también tienes instintos, eso es
una diferencia clave, porque los animales son sus instintos
(Scheler, 2003), es decir que en su proceso evolutivo, el
animal viene determinado por sus instintos, siendo especies
perfectas que no pueden cambiar más, una ardilla no puede
ser más ardilla de lo que ya es, mientras que tú al tener ins-
tintos siempre puedes ser diferente y nunca podrás llegar a la
perfección, porque puedes tomar una posición ante los ellos,
por ejemplo puedes hacer una huelga de hambre por algo
más importante que tu mismo(a), también puedes poster-
53
i. La logoterapia como una forma de psicoterapia
gar tu deseo sexual, porque estas en una relación y decides
ser fiel a tu pareja. Pero debes saber que los seres humanos
también tenemos una memoria asociativa y podemos ser
condicionados con refuerzos positivos o negativos, como
planteaba Skinner, podemos aprender por prueba y error,
pero, y ahí radica la diferencia, que tú puedes tomar una
posición ante esos modelos de aprendizaje. También nuestro
nivel de autoconsciencia nos permite usar las cosas como
herramientas y como sabemos esto fue parte de nuestro pro-
ceso evolutivo, porque tienes una inteligencia práctica.
Pero la gran diferencia está en que los animales no son
personas, no tiene un mundo sino sólo un medio ambiente.
Por otro lado, no tienen relación con el mundo de los valo-
res y el sentido, podemos poner de ejemplo lo siguiente, tu
puedes llevar a tu perro enfermo y el veterinario le pone una
inyección para mejorar su estado de salud, pero esta le duele
y se va a sentir adolorido, en cambio tu puedes ir al médico
porque estás enfermo, él decide ponerte una inyección, y te
duele pero sabes que es para mejorar tu salud y a pesar del
dolor le encontrarás un sentido; eso es otra parte de las dife-
rencias entre un ser humano y los otros seres vivos, estamos
relacionados con los valores y el sentido, porque podemos
trascender y en eso consiste la siguiente ley.
10.” La persona no se comprende a sí misma sino desde el
punto de vista de la trascendencia” (Frankl, 2002, Pág. 114).
Porque según nos dice Frankl (2001c) la principal caracterís-
tica del humano es estar siempre dirigido o apuntando hacia
algo o alguien distinto de nosotros mismos, por ejemplo, un
sentido que cumplir, otro ser humano que encontrar, una
causa a la cual servir o una persona a la cual amar, porque lo
humano nos hace estar abiertos al mundo. Recordemos que
somos seres biopsicoespirituales, y que lo que nos hace estar
abierto al mundo de los valores y el sentido es la dimensión
54
Juan Pablo Díaz del Castillo (c) Ph. D.
espiritual, por eso somos seres que nos podemos compren-
der desde la trascendencia. Esta trascendencia se presenta
desde la conciencia, ella se revela como una función espe-
cialmente intuitiva. Para anticipar lo que ha de realizarse, la
conciencia debe primero intuirlo (Frankl, 1999), es como
una experiencia de fe en que el sentido y los valores existen
en el mundo y nosotros los podemos intuir. Para la Logo-
terapia cuando se habla de fe, no se habla de la fe en Dios,
sino de la fe en el sentido de la vida, por eso se puede hablar
de la comprensión de Albert Einstein que decía que “pre-
guntar por el sentido de la vida significa ser religioso”.
En la Logoterapia tenemos una fe a que el sentido está en
el mundo y lo descubrimos en el mundo, la conciencia nos
permite intuirlo, por eso lo llamamos el ‘órgano del sentido’,
porque lo intuye y nos hace sentirnos atraídos hacia esa in-
tuición, que es un sentir y no un conocimiento racional del
sentido, es aquello que moviliza la voluntad de sentido que
te hace intencionarte hacia la realización del valor. Si el ser
humano no creyera en ese sentido como dice Frankl (2002)
ni siquiera podría mover un dedo.
Luego de profundizar en lo antropológico en Frankl, si-
gamos con los tres componentes que debe tener una psicote-
rapia: una estructura teórica, un modelo de funcionamiento
y unos procedimientos técnicos (Fernández-Álvarez, 1999).
Estructura teórica de la logoterapia
Teoría de la noodinamia
Hasta acá has visto que hay algo novedoso en la logoterapia,
y es hablar de la dimensión espiritual en el ser humano, pero
todavía no te comento qué es; es importante aclararte que
cuando hablo de espiritual estoy hablando desde un con-
cepto filosófico y no religioso: desde la teoría frankliana no
55
i. La logoterapia como una forma de psicoterapia
hacemos referencia al espíritu como si fuera una sustancia
que puede ingresar y salir del cuerpo (Frankl, 1994); mas
bien lo espiritual es un centro activo, como algo que es inde-
pendiente, libre y autónomo frente a los condicionamiento
biológicos, psicológicos y sociales de la vida (Scheler, 1957);
por lo tanto lo espiritual es la dimensión específica tuya
como ser humano (Frankl, 2003), que te diferencia de los
demás seres vivos y te integra como una unidad múltiple; lo
espiritual es por definición aquello que es libre en ti (Frankl,
2003). Puedes darte cuenta que la psicoterapia desde la Lo-
goterapia privilegia la dimensión espiritual del ser humano,
pero sin desconocer las otras dimensiones que lo constituyen
y al mismo tiempo evitando la supravaloración de lo espi-
ritual (Martínez, 2013), es decir que como logoterapeuta
busco ayudarte a ser consciente de tu libertad ante lo que te
acontece.
El psicólogo y logoterapeuta colombiano Efrén Martínez
(2011, 2013) nos señala las características de la espirituali-
dad humana:
• Lo espiritual es potencia pura (Frankl, 1994), no posee
una realidad sustancial, es mera posibilidad de mani-
festación que se reconoce en su accionar.
• Lo espiritual brinda unidad y totalidad a la persona
humana, es la dimensión integradora que solo en un
nivel heurístico puede verse separada de su organismo
psicofísico (Frankl, 2003b).
• Lo espiritual hace consciente lo estético, lo erótico y
lo ético en una tensión fecunda de su propia intencio-
nalidad (Frankl, 2003b), es la dimensión del amor, el
arte y la moral, entre otras.
• Lo espiritual es autoconsciencia (Frankl, 1999b, 2003b),
es diálogo consigo mismo, es la diferencia fundamen-
tal con otros seres que no reflexionan sobre sí.
56
Juan Pablo Díaz del Castillo (c) Ph. D.
• Lo espiritual es doblemente trascendente en su inten-
cionalidad y reflexividad (Frankl, 1999b), está dirigi-
do hacia objetos intencionales fuera de sí –en sentido
ilustrativo- y dentro de sí.
• Lo espiritual es el núcleo sano de la persona, la di-
mensión que no enferma (Frankl, 1999b) y que como
se expuso en un punto anterior, puede tomar postura
ante la enfermedad.
• Lo espiritual ejerce presencia en sentido ontológico
(Frankl, 1994), es un ‘estar junto a’ que no se concibe
en términos espacio-temporales, está mas afuera que
dentro en sentido figurado.
• La dimensión noológica debe definirse como esa di-
mensión en la que se localizan los fenómenos específi-
camente humanos (Frankl, 2001).
• Lo espiritual es aquello que instrumentaliza al orga-
nismo psicofísico, utilizándolo como mecanismo de
expresión (Frankl, 1994, 2003b), anteponiéndose ante
el mismo si es preciso o reconciliándose con él, cuan-
do sea permitido.
• Lo espiritual es el centro de recursos noológicos, de
recursos como la Autotrascendencia y el Autodistan-
ciamiento (1999b).
Ahora bien, lo espiritual es aquello que te integra como ser
humano, como una unidad y es lo más íntimo tuyo, pero lo
espiritual no es consciente a sí mismo, es irreflejo e irreflexio-
nable (Frankl, 1999a), a esto la denominamos la espirituali-
dad no consciente; podría decirte que es la base de la persona
espiritual que carece de autoconsciencia reflexiva, es decir,
no puedes reflexionar sobre ti mismo, pero desde ella puedes
tomar una distancia de tu organismo psicofísico y reflexionar
sobre ello y de esta manera hacer consciente tus manifestacio-
nes (Martínez, 2013); tratemos de decirlo más fácil: lo más
57
i. La logoterapia como una forma de psicoterapia
profundo de ti, es tu espiritualidad no consciente, desde ahí
puedes ver tu órgano de expresión (lo psicofísico) y reflexio-
nar sobre él, sobre la forma en que lo usas, pero no puedes
verte a ti mismo, porque eres lo más profundo, eres tu espi-
ritualidad no consciente, aunque no eres exclusivamente lo
espiritual, recuerda que eres una unidad bio-psico-espiritual.
Otro elemento que integra la teoría de la noodinamia
son los recursos noológicos y que se componen por el auto-
distanciamiento y autotrascendencia; no profundizaremos
en este tema debido a que el presente libro tiene para ti un
capítulo dedicado a este punto.
Modelo de funcionamiento
Teoría del enfermar: la restricción de lo noológico
Tal vez te has acercado a la Logoterapia porque es diferente
frente a los modelos tradicionales, porque acá hablamos de
la libertad, del sentido de la vida y que la persona espiritual
no enferma, pero muchas veces se cree equivocadamente
que desde la Logoterapia no hablamos de psicopatologías,
y resulta que si, lo que pasa es que hablamos de las restric-
ciones psicofísicas de lo espiritual; es decir lo espiritual no
enferma, pero si puede ser restringido por enfermedades
biológicas o por trastornos psicológicos. Otra forma de res-
tricción está relacionada con los trastornos del desarrollo,
debido a la escasa maduración psicofísica para la manifesta-
ción de lo espiritual.
Desde este capítulo te hablaré de esas restricciones a ni-
vel psicológico, ya que estoy escribiendo sobre psicoterapia,
pero eso no te deja exento de conocer el enmascaramiento
psicológico que vendría siendo otra forma de restricción de
origen biológica pero con manifestaciones psicológicas: una
deficiencia en una hormona puede enmascararse con una
58
Juan Pablo Díaz del Castillo (c) Ph. D.
depresión, o un tumor podría enmascararse con un trastor-
no de personalidad; te recomiendo investigar sobre enmas-
caramiento psicológico.
Desde Viktor Frankl hablamos de diferentes formas de
restricciones: cuando son de origen somático las denomina-
mos somatógenas; también existen de origen psicológico y las
llamamos psicógenas, pero las enfermedades son siempre más
o menos somatógenas o más o menos psicógenas (Frankl,
2008). La restricción tiene una dimensión de expresión:
fenopsomáticas cuando se manifiestan en la dimensión so-
mática; y fenopsíquicas cuando la manifestación es en la di-
mensión psicológica (Frankl, 2008; Martínez, 2005, 2013).
Es importante que conozcas estas expresiones que hacen
referencia a las restricciones de lo espiritual, de la libertad,
porque a estas alturas ya sabes que lo espiritual no ha enfer-
mado, sólo está impedido en su expresión.
Frankl te invita como logoterapeuta a no concebir una si-
tuación que condicione al ser humano de tal forma que le pri-
ve de la más mínima posibilidad de ejercer su libertad (Frankl,
2004). Por ello Frankl te propone su credo psiquiátrico:
“Esta fe en la continuidad de la persona espiritual aún
detrás de los síntomas de la enfermedad psicótica; pues si no
fuera así, decía yo, no tendría sentido para el médico curar
el organismo psicofísico, ‘repararlo’. Por supuesto quien so-
lamente ve este organismo y pierde de vista la persona que
se halla detrás, deberá estar pronto a destruir el organismo
irreparable, ya que no tiene utilidad: de la dignidad de la
persona que no tiene relación con este organismo no sabe
nada” (Frankl, 2002, p. 108).
Frankl también te hace un segundo llamado con su credo
psicoterapéutico: “la fe en esta capacidad del espíritu huma-
no, bajo cualquier circunstancia y condiciones, de desape-
garse de lo psicofísico y ubicarse a una distancia fecunda”
(Frankl, 2002, p. 113).
59
i. La logoterapia como una forma de psicoterapia
La restricción de lo espiritual está ampliamente citada en
la obra Logoterapéutica (Frankl, 1999b, 2008, 2002, 2003b)
y quiero que conozcas como se expresan las restricciones de
lo espiritual a través de esta tabla (Martínez, 2013):
RESTRICCIÓN DE LOS RECURSOS NOOLÓGICOS
Autodistanciamiento Autotrascendencia
Arraigo intrapsíquico que Hiperreflexión que impide salir
impide verse a si mismo en de si mismo.
situación.
Dificultad para monitorear los Baja percepción valorativa y de
propios procesos emotivos y sentido.
cognitivos.
Dificultad para regular los Predominancia perceptiva de
propios procesos emotivos y valores útiles, sensibles y vitales.
cognitivos.
Déficit de la capacidad para Déficit del reconocimiento
dialogar, tomar distancia u de la mente del otro con
oponerse a los mandatos de lo independencia de la mente
psicofísico. propia.
Estrechez del campo Poca resonancia afectiva,
fenoménico. excepto en términos de bien-
estar y no de bien-ser.
Predominancia de la actividad y Dificultad de expresión y
pasividad incorrecta. manifestación amorosa en
términos de amor genuino.
Dificultad para ver otras Predominancia de la actividad y
opciones de si mismo. pasividad incorrecta.
Alta identificación con el Poca flexibilidad del campo
síntoma. fenoménico.
En ocasiones pueden Predominancia del amor sexual
desarrollarse niveles de y erótico.
automonitoreo, pero no de
autorregulación.
60
Juan Pablo Díaz del Castillo (c) Ph. D.
“Ahora bien, independiente de la preponderancia etioló-
gica, la restricción de los recursos espirituales es la misma,
variando en el nivel de restricción de manera proporcional
al grado de afección del organismo psicofísico, es decir,
los problemas mentales son psicopatologías de la libertad”
(Martínez, 2013, p. 142).
Pasividad y actividad
Durante tu proceso de maduración como ser humano te vas
convirtiendo y sintiendo como una presencia existencial en
el mundo, como un ser real y vivo, y en el sentido tempo-
ral como una persona continua a pesar de los cambios que
puedes experimentar; lo esperado es que todos pasemos por
esto. Cuando vives esto te sientes como alguien que puede
vivir en el mundo y relacionarte con los otros, experimen-
tando tu identidad y autonomía como algo que no corre pe-
ligro, es decir que tienes una ‘seguridad ontológica’ (Laing,
2014). Es decir puedes relacionarte con el mundo sin miedo
a perderte, porque como decía Kierkegaard estamos entre
la posibilidad de ser o no ser y entre esas dos posibilidades
experimentas angustia, pero para poderte reafirmar aparecen
estrategias de afrontamiento: huir, atacar o hacerte el muer-
to; estas estrategias no son buenas, ni malas, son parte de un
repertorios de conductas que has decidido para poder rela-
cionarte y mantenerte como una presencia existencial.
Desde la Logoterapia hablamos de dos estrategias de
afrontamiento que llamamos de actividad y pasividad
(Frankl, 1994a, 2001, 2003a, 2003b; Martínez, 2005, 2008,
2011, 2013; Lukas, 2004b). Podríamos decir que la actividad
tiene como intención la modificación de tu mundo exterior,
mientras que la pasividad busca modificar tu mundo interior.
Cuando usas las estrategias de pasividad y actividad sana-
mente (organismo psicofísico sano), tienes acciones armóni-
cas y flexibles, alternando la actividad y la pasividad según el
61
i. La logoterapia como una forma de psicoterapia
momento que vives, sin perder la experiencia de integración
y coherencia de ti mismo, como diría Laing (2014) con ‘se-
guridad ontológica’; las denominamos pasividad y actividad
correcta. El asunto es que esa seguridad la puedes perder y
las situaciones cotidianas las vives como amenazantes a tu
integridad y coherencia, dando origen a estrategias de pasi-
vidad y actividad que desarrollas de forma insana (organis-
mo psicofísico restringido), y empiezas a experimentar una
pérdida de libertad (Martínez, 2011); las llamamos pasivi-
dad y actividad incorrecta.
Pasividad y actividad incorrecta
Hablamos de actividad incorrecta cuando se te presenta una
experiencia que te obliga a luchar contra el malestar psico-
físico, bien sea enfrentando explícitamente lo que ‘supones’
es una amenaza o intentando modificar las situaciones o
los estados en donde se aumenta el riesgo de que aparezca,
incluso desarrollando actividades en donde intentas des-
truir o aniquilar aquello o a quien puede ‘dañarte’. Cuando
sientes que no puedes ser en el mundo utilizas estrategias de
actividad incorrecta en donde actúas sobre los demás o sobre
el medio ambiente para volver el mundo un ‘sitio seguro’,
intentando eliminar la experiencia, cambiar la misma o des-
truir lo que la genera (Martínez, 2011).
Denominamos pasividad incorrecta al grupo de estrate-
gias que desarrollas con el fin de escapar o huir de la situa-
ción que te genera un malestar psicofísico. El peligro que
tienes es que estas estrategias se pueden fijar de tal manera
que con la sola posibilidad de presentarse el peligro, escapas.
Esta estrategia te convierte en un gran escapista, ya que hu-
yes explícitamente ante la presencia de la amenaza, la evitas
cognitivamente, evadiendo las situaciones o los estados en
donde se aumenta el riesgo de que aparezca la ‘supuesta’
amenaza e incluso desarrollas pasividades en donde pueda
62
Juan Pablo Díaz del Castillo (c) Ph. D.
disminuirse la probabilidad del ‘daño’ que experimentarías si
la realidad fuese como sospechas (Martínez, 2011).
Cuando hablamos de pasividad y actividad incorrecta
hablamos también de estrategias de primer y segundo nivel
(Martínez, 2005, 2011, 2013).
La Pasividad y Actividad incorrectas de primer nivel: son
las estrategias más primarias que incluyen la automedicación
(uso de alcohol o drogas), las compulsiones y los comporta-
mientos autolesivos (autoagresiones, automutilaciones).
La actividad y pasividad de segundo nivel también son
estrategias de afrontamiento incorrectas, que al igual que
con las de primer nivel, usas buscando la distensión de lo
psicofísico, ya sea real o imaginaria. Estas estrategias suelen
ser más refinadas que las estrategias de primer nivel, pero,
son menos contundentes pues estas modifican tu experien-
cia, mientras que las estrategias de segundo orden modifican
más tu ambiente y las circunstancias que vives, obtienes un
efecto de retroalimentación por parte del mundo que te per-
mite ser en el mundo (Martínez, 2011, 2013).
Usas este nivel de estrategias buscando: 1) actuar sobre
el propio malestar psicológico modificando la imagen de ti
mismo(a) y la forma en que piensas a través de la modifi-
cación o lucha con el mundo, esto también te genera una
distención del malestar biológico; 2) previenes situaciones
que hacen surgir estados problemáticos en donde la iden-
tidad que has construido se siente en riesgo, preparándote
para experimentarlos de una manera diferente, destruirlos
si es posible o simplemente distensionando el malestar que
se genera por la anticipación de la posible presencia de una
amenaza, y 3) como una respuesta ante la frustración exis-
tencial y el estado de vacío que se genera en medio de la
inautenticidad (Martínez, 2005, 2011, 2013).
Con estas estrategias buscas permitirte ser en el mundo,
pero comienzan a impedirte aquello que buscabas, sientes
63
i. La logoterapia como una forma de psicoterapia
que el mundo se vuelve más pequeño, que va más rápido
que tu, que el suelo donde estas no te sostiene, que la respi-
ración es cada vez más difícil, que la tristeza no te permite
ser, que en la multitud te sientes solo, sientes que las es-
trategias ya no funcionan, experimentas la indefensión y te
sientes sin armas para afrontar esta selva en que vives; pero
también este suele ser el momento en donde la vida te brin-
da la maravillosa oportunidad de cambiar y desarrollar así la
actividad y pasividad correcta (Martínez, 2013).
Teoría del cambio: movilizando lo espiritual
Viktor Frankl (2003b) define al neurótico como aquella per-
sona que no se ve de otra manera, y que siempre será igual y
no de otra forma, es decir como una neurosis de la libertad
y responsabilidad. Como logoterapeuta tienes una visión de
ser humano libre y en devenir, por lo tanto cuando buscas
cambiar apuntas a movilizar tus recursos espirituales: auto-
distanciamiento y autotrascendencia, que ya conociste en el
primer capítulo.
A través de la movilización del autodistanciamiento bus-
camos que cambies la pasividad y actividad incorrecta por
una pasividad y actividad correcta, desembocando en el des-
pliegue del sentido de la vida como consolidador del cambio
que obtuviste (Martínez, 2013). Es decir primero realizaste
una logoterapia inespecífica, para finalizar en una logotera-
pia específica.
Pasividad y actividad correcta
La actividad y pasividad correctas (Frankl, 2001, 2002,
2003a, 2003b 2008; Lukas, 2004, 2006; Martínez, 2005,
2011, 2012) las manifiestas a través de los recursos espiritua-
les. Éstas te permiten expresarte libremente por medio de es-
trategias que buscan lograr la mejor versión de ti mismo en
cada situación, desarrollando estrategias de actividad y pasi-
64
Juan Pablo Díaz del Castillo (c) Ph. D.
vidad intencionadas por lo espiritual captando valores y sen-
tidos por realizar (Martínez, 2013). Es decir a partir de este
proceso puedes existir; definimos ‘existir’ como el poder salir
de nosotros al encuentro con el otro y volver a nosotros.
En la actividad y pasividad correctas también existen ni-
veles de expresión. Las estrategias de tercer nivel son aquellas
donde empiezas a manifestar la persona espiritual, es decir,
la libertad inherente a través del recurso del autodistancia-
miento. En este nivel cuestionas conscientemente los pen-
samientos y las conductas, y haces oposición a los mandatos
de lo psicofísico que buscan distensión. Incluyendo la auto-
crítica y el uso de los recursos internos para autorregularnos
(Martínez, 2011).
En la actividad y pasividad de cuarto nivel aceptas tus
propios límites y despliegas lo espiritual para la consolida-
ción del sentido de vida, la captación de valores y las relacio-
nes con lo trascendente (Martínez, 2011). El recurso noo-
lógico que se manifiesta es la autotrascendencia. Este nivel
de cambio es el plus de la Logoterapia, ya que consolidas el
cambio, como un cambio profundo y duradero hacia el de-
sarrollo del ser en su esencia y sentido (Martínez, 2013). Las
psicoterapias tradicionales se quedan en el tercer nivel, pero
ello no resuelve las cosas del todo, más bien lo que sucede
es que se suprimía una neurosis, el paciente se aprendía a
adaptar mejor, pero surgía una ausencia de sentido (Frankl,
2002).
Procedimientos técnicos
En esta parte del capítulo te voy a mostrar dos de los proce-
dimientos técnicos de la Logoterapia: la intención paradojal
y la derreflexión (el diálogo socrático será abordado en un
capítulo posterior). Esto no quiere decir que sean los úni-
65
i. La logoterapia como una forma de psicoterapia
cos, existen una gran cantidad de técnicas de diagnóstico,
formulación de caso, intervención y hasta de prevención de
recaídas.
La Intención paradojal: el humor como recurso
Viktor Frankl empezó a usar esta técnica en 1929 en el
Hospital psiquiátrico de la Universidad de Viena, en 1939
publicó un artículo sobre el tema en una revista suiza de
neuropsiquiatría y acuñó el nombre de ‘intención paradojal’
en 1947 (Frankl, 2002). Podemos definirla como un proceso
donde te animas a realizar o desear que ocurra, aquello que
precisamente temes que suceda (lo primero va a los pacien-
tes obsesivos y lo segundo con el fóbico); de esta manera si
tienes una fobia dejas de escapar de tus miedos y si tienes
obsesiones dejas de luchar contra tus obsesiones y com-
pulsiones, el miedo lo reemplazas por un deseo paradójico
(Frankl, 2003a).
Lo que buscamos a través de esta técnica es romper la an-
siedad anticipatoria. Lo que sucedió es que reaccionaste ante
un síntoma, con el temor que este se vuelva a repetir, desa-
rrollas la ansiedad anticipatoria, y esta hace que el síntoma
se vuelva a presentar, este hecho ratifica el temor inicial que
tenías; lo que te recomiendo es romper el círculo donde en-
traste desplegando el autodistanciamiento (Frankl, 2003c).
Una de las claves de la aplicación de esta técnica es que
uses el humor como estrategia. La palabra humor deriva
del latín ūmor, que a la vez deriva del latín ūmîdus y este
de ūmēre: ‘estar húmedo’ (Coromines, 2011); de acá se des-
prende que el humor es un estado y una forma de enfrentar
la vida, por eso se dice que el ser humano es el animal más
sufriente de la tierra y por eso se vio obligado a inventar la
risa (Nietzsche, 2012); el humor es algo personal que te per-
mitirá desdramatizar una situación o la vida (García-Pintos,
2009). Por eso te realizo una respetuosa invitación a usar el
66
Juan Pablo Díaz del Castillo (c) Ph. D.
humor a la hora de desear o realizar lo temido, a la hora de
realizar la intención paradojal. La mejor forma de autodis-
tanciarte es usar el humor, para verte desde una perspectiva
diferente.
La Derreflexión: el amor como recurso
Si en la intención paradojal movilizamos el recurso de au-
todistanciamiento, en la derreflexión buscamos movilizar el
recurso de la autotrascendencia (Frankl, 2008). Esta técnica
terapéutica aparece como respuesta a la llamada hiperre-
flexión (Frankl, 1994, 2001, 2003a, 2008,), el mismo pro-
fesor Frankl (2001) lo ejemplifica con un cuento: se le pre-
guntó a un ciempiés cómo hacía para mover cada uno de sus
píes sin tropezar; lo que pasó es que la reflexión hizo que se
obstaculizara su capacidad de ejecución, que en estos actos
se realizan de manera no consciente e involuntaria. Cuando
sufres de hiperreflexión centras toda tu atención en pro-
cesos que deberían darse de manera natural y espontánea,
cuando los observas y te concentras en ellos interrumpes la
necesaria espontaneidad y el sano fluir, podemos enumerar
los siguientes: el orgasmo, la inspiración creativa, el dormir,
tragar, respirar, reír, llorar, etc. (Sáenz-Valiente, 2013).
Lo que buscas con la técnica de la derreflexión es apren-
der a ignorarte, a ignorar tus síntomas (Frankl, 2008), a
no tomarte tan en serio, a ver hacia fuera de ti y a través
del amor orientarte hacia algo distinto Frankl, 1994, 2002,
2003a, 2008).
Hasta aquí has podido ir avanzando en lo que hace a la
Logoterapia una psicoterapia, ya te encuentras con conoci-
mientos que te permitirán comprender por qué ubicamos al
pensamiento de Frankl como una psicoterapia contemporá-
nea que va más allá de la búsqueda de sentido.
Como podrás haberte dado cuenta la psicoterapia de
orientación logoterapéutica o psicoterapia centrada en el
67
i. La logoterapia como una forma de psicoterapia
sentido es un modelo de pensamiento que enriquece nuestra
profesión de psicoterapeutas, pero también nos hace com-
prender la seriedad y responsabilidad que implica la forma-
ción que debes obtener. La psicoterapia es una aplicación de
la psicología, es decir que requieres haber tenido estudios
previos en psicología.
El mismo Frankl planteaba que la Logoterapia como psi-
coterapia estaba abierta a su propia evolución y los aportes
de varios autores alrededor del mundo la han ido potencian-
do convirtiéndola cada vez más en una psicoterapia robusta
al nivel de las grandes propuestas contemporáneas. Espero
que con el tiempo tú puedas ser parte del proceso de evo-
lución, seguro nos estaremos encontrando por alguna parte
del mundo.
68
ii
El diálogo socrático
Alejandro Salomón Paredes
n esta parte del libro nos sumergiremos en el fas-
cinante mundo del diálogo socrático, la principal
herramienta de la logoterapia. Lo haremos de tal
forma que lo que vayamos revisando pueda servirte ya sea
siendo un profesional en la ayuda a otras personas como en
tu propio crecimiento personal.
Revisaremos paso a paso cada elemento del diálogo,
tanto en lo metodológico como en lo actitudinal, incluyen-
do ejemplos de diálogos reales con diversas personas que
acudieron a mi consulta. De forma terapéutica y dinámica
te invitaré a encontrarnos a través de estas páginas, propo-
niéndote algunas preguntas clave que pueden ayudarte en tu
propio autodistanciamiento y autotrascendencia, y si fuera
el caso, ayudar a otros en su propio camino hacia el sentido.
Empecemos entonces este maravilloso recorrido.
“La verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia”.
Sócrates
“Conócete a ti mismo”
Sócrates
El Dialogo Socrático fue desarrollado por el filósofo Sócrates
en la antigua Grecia, cuando mediante preguntas y cuestio-
namientos buscaba la reflexión del interlocutor con el fin de
que considere como válidos otros puntos de vista, diferentes
69
ii. El diálogo socrático
del sostenido, ampliando el conocimiento y “dando a luz”
una verdad (Martínez, 2012). Sin embargo es probable que
ni el mismo Sócrates intuyera las profundidades aplicativas
que su estilo de relación y dialogo aportaría al mundo de la
psicoterapia, en especial a aquellas escuelas que se basan en
el encuentro, en la relación Yo – Tú, en la no interpretación
del mundo del consultante y en el respeto más elevado por
la libertad personal.
Es así que no nos remitiremos a Sócrates, sino a Viktor
E. Frankl (1901 – 1997) quien habló de un dialogo en un
sentido socrático (Frankl, 2002), como parte fundamen-
tal de su método psicoterapéutico: la Logoterapia. Esta es,
como ya hemos visto anteriormente, una propuesta psico-
terapéutica que se centra en que te hagas consciente de tu
propia libertad de decisión, respondiendo por ti ante tu vida
y asumiendo la angustia que te es inherente precisamente
por el hecho de ser libre para dar respuesta. Tal responsa-
bilidad se relaciona al hallazgo y vivencia de valores, a estar
abierto(a) al mundo (Scheler, 1957), de forma auténtica,
encontrándole sentido a tu vida
Concretamente en logoterapia, el dialogo socrático es un
estilo de encuentro psicoterapéutico que puede darse entre
dos o más personas y que busca por medio de preguntas,
señalamientos, descripciones y el elemento más importante,
la relación misma, ayudarte a tomar conciencia de tu libre
voluntad (Frankl, 2007), invitándote a dar respuesta por ti
mismo(a) ante lo que la vida te plantee.
El dialogo socrático, como su nombre lo indica, está
inspirado en los encuentros que Sócrates sostenía con sus
conciudadanos de Grecia, buscando confrontarlos con sus
supuestas “verdades” con el fin de demostrar su ignorancia
(Martínez, 2012). Si bien Sócrates no es conocido por ser
psicoterapeuta, su intención y método sirven a la logotera-
pia en el sentido de que una vez que te haces consciente de
70
Alejandro Salomón Paredes
tu libre voluntad, puedes actualizar tus posibilidades de ser
responsable, expandiéndolas por medio de tu decisión, hacia
una existencia más auténtica y más plena de sentido.
En palabras de Fabry (Fabry, 2009. p. 25): “el dialogo so-
crático es el instrumento que el facilitador emplea con más
frecuencia en la búsqueda de sentido. Este dialogo nos pone
en encuentro con nuestro núcleo saludable, el espíritu, a fin
que podamos hacer uso de sus recursos”.
Es importante aclarar que este método socrático se apli-
ca también en otras áreas como la pedagogía, con formas y
propósitos diferentes, que no revisaremos en esta ocasión.
El dialogo socrático reúne una serie de aspectos metodo-
lógicos y actitudinales que constituyen la base vincular del
proceso logoterapéutico. Te hablaré entonces de:
• Actitud socrática
• Preguntas socráticas
• Señalamientos socráticos
A continuación profundizaremos juntos cada aspecto,
detallando los procesos con ejemplos del diálogo en consul-
tas con diversas personas, así como preguntas clave que te
pueden servir de guía.
Aspectos actitudinales
Disposición amorosa
Aquí se contiene la clave para un adecuado encuadre logote-
rapéutico, ya que implica la puesta en forma de una actitud
personal frente a mí mismo como terapeuta y frente a ti
como consultante, donde predominan la autenticidad y la
disposición amorosa de entrega al otro. Al hablar de dispo-
sición amorosa no exagero al decirte que tengo el “corazón
abierto” ante ti, es decir, aceptarte y acogerte en tu ser ac-
tual, confirmándote no sólo en tu aquí y ahora sino en tus
71
ii. El diálogo socrático
posibilidades de ser diferente (Bruzzone, 1994, citado por
Martínez, 2012).
Como señala E. Lukas (Lukas, 2004 p. 115) refiriéndose
a Frankl: “…lo importante de una técnica de conversación
no es la técnica en sí, sino el espíritu con que se aplica. La
técnica no servirá de nada mientras se ciña exclusivamente
a prescribir recetas, pero su resultado será milagroso si está
impregnada con el espíritu del amor”.
El amor es entonces el sustento del cómo preguntarte y
de cómo señalarte algo, en sí, de todo nuestro vínculo tera-
péutico. Incluso cuando la pregunta resulta confrontadora, o
el señalamiento irónico o frustrante, si el amor está presente,
podrás escucharlos con los oídos del espíritu para movilizar
tu autoconciencia y tu responsabilidad.
Nuestra relación terapéutica se sustenta en el Yo – Tú
(Buber, 1979), en el encuentro sin prejuicios ni interpre-
taciones acerca de la otra persona. Somos dos seres que se
encuentran uno junto al otro, donde el amor nos moviliza
a llegar a ser una mejor versión de nosotros mismos (Martí-
nez, 2012).
Si hay disposición amorosa hay aceptación, tolerancia,
paciencia y respeto respecto a nuestros ritmos y tiempos y
del proceso en sí. Este respeto se fundamenta en la actitud
fenomenológica antes referida, donde estoy abierto a la ex-
periencia siempre nueva del encuentro, junto a ti, una per-
sona siempre nueva y única. Esta forma fenomenológica de
dialogo representa el abordaje más respetuoso de la libertad
en cada persona.
Según Martínez (2012) la importancia de la relación te-
rapéutica radica en que:
• Brinda una base segura para disparar nuevas capta-
ciones de la realidad, es decir, cambios profundos de
actitud con menos miedo.
72
Alejandro Salomón Paredes
• Facilita el cambio por el sentido que atrae y no por la
presión del terapeuta
• Facilita la manifestación de los recursos personales a
partir de la relación, permitiendo que los supuestos
riesgos que mantienen a la persona cerrada a la expe-
riencia sean disuadidos.
• Moviliza la expresión del autodistanciamiento a través
de las circunstancias que plantea la relación.
• Ayudan a expresar la autotrascendencia, fomentando
así la capacidad de abrirse íntimamente, dejarse ver y
ver a los demás.
• Permite validar la experiencia del consultante acep-
tando que lo que el consultante expresa es su verdad y
por tanto respetable.
• Permite generar vínculos de compromiso que favorez-
can el proceso de cambio. (Martínez, 2012. p. 76)
El factor clave en este vínculo amoroso entre tú y yo es
la confianza, siendo esta uno de los objetivos principales del
encuentro terapéutico. Yo como terapeuta aprendo a confiar
en ti, con todo lo que traes y en tu ser posible; mientras que
tú, al ir confiando en mí, te vas permitiendo salir al mundo,
al encuentro del que tienes al frente, dejándote ver con todo
y la angustia de dejarte ver.
Ignorancia y actitud fenomenológica
Imaginemos que llegas a mi consulta referido(a) por un
colega. Eres un(a) nuevo(a) consultante. Lo que traes como
“motivo de consulta” me resulta conocido. Casi tengo ya
una buena hipótesis, basada en una gran cantidad de proce-
sos terapéuticos, muchos de ellos satisfactorios. El momento
es una suerte de invitación a completar tu experiencia con
lo que yo ya sé. Me entran unas tremendas ganas de sacar
el manual para el tratamiento de las obsesiones que guardo
73
ii. El diálogo socrático
en la biblioteca y encaminar la terapia desde donde creo y
hacia donde creo debe ir. Siento también ganas de explicarte
lo que te acontece. Todo esto me hace sentir una cómoda
seguridad.
Todo sigue su curso natural hasta que de pronto algo me
pasa: un momento de autodistanciamiento, según Frankl
(2007) la capacidad de la persona para tomar distancia de sí
misma y revisarse, monitorearse, confrontarse y asumirse. Y
descubro que estoy mirando tan solo un espejismo de ti. Me
descubro interpretando lo que me dices, tanto verbal como
corporalmente. Me noto dándole un significado a tu expe-
riencia, encaminando el proceso por donde mi juicio, mis
teorías, mis inquietudes, experiencias y necesidades afectivas
me indican. Descubro que dejé de verte a ti para ver la idea
que me hice de ti. Paso a confirmar que mi mirada de la rea-
lidad es sesgada y reducida.
Me surgen preguntas: ¿Estaremos en el camino correcto?,
¿será esta la actitud más acertada frente ti?, ¿tu experiencia
tan singular puede estar en algunos de mis libros? Desde la
logoterapia la respuesta es no.
La logoterapia es una propuesta psicoterapéutica que se
centra en que hagas conciencia de tu propia libertad, au-
mentando tu responsabilidad ante tu vida y asumiendo la
angustia que te es inherente al hecho de ser libre para dar
respuesta. Tal responsabilidad se relaciona al hallazgo y vi-
vencia de valores, a que estés abierto(a) al mundo de forma
auténtica, encontrándole sentido a tu vida (Salomón y Díaz
del Castillo, 2015). Entonces si partimos de la libertad y
buscamos desplegar libertad necesito de una aproximación
diferente a ti. Una aproximación donde pueda conocer tu
experiencia tal cual la experimentas y reconocer el impacto
que tiene en mi experienciar, distinguiendo qué es lo tuyo
y qué es lo mío en la relación. Una forma de encuentro que
propicie la propia conciencia y la propia elección sobre el
74
Alejandro Salomón Paredes
propio camino y las respuestas ante la vida. Necesariamente
he de intentar abstenerme de interpretar, pre juzgar y teori-
zar sobre ti, tratando de evitar la explicación y la solución en
las que podría imponerte valores y así colaborar con tu irres-
ponsabilidad y en la restricción de tu propia libertad.
Necesito entonces asumir una postura de ingenuidad
(Martínez, 2012), esto es partir de un no saber que me in-
vite no a inferir respecto a lo ya conocido (otros pacientes),
ni a explicarte tu vivencia desde teorías pre concebidas, ni
a imponerte valores o sentido a tu vida; sino a contemplar
y describir lo mejor posible tu experiencia, sin juicios de
valor y sin interpretaciones ni explicaciones. La logoterapia
requiere y nos propone poner en práctica una actitud feno-
menológica en la relación terapéutica, donde podamos en-
contrarnos y mirarnos más allá de las apariencias (Husserl,
2011). Esta actitud es toda una invitación a un encuentro
más transparente y auténtico, donde podamos intencionar-
nos uno hacia el otro y donde el camino terapéutico será el
proceso que tu como consultante requieras para llegar a ser
más libre y responsable.
• El método fenomenológico
Hablarte de fenomenología y más específicamente de mé-
todo fenomenológico es hablarte inevitablemente de su
creador Edmund Husserl (1859 – 1938). Husserl se inte-
resó en conocer las cosas mismas más allá de las apariencias
(Husserl, 2011). Para esto nos propuso una interesante
forma de observar los objetos: como se hacen presentes a
la conciencia (Martínez, 2013). Husserl se interesaría en lo
que hace único a un “fenómeno” (todo aquello que aparece
a la conciencia), poniendo énfasis en las diferencias, dejan-
do de interesarse por lo que hace que las cosas sean iguales
(racionalismo), es decir, sus semejanzas. Para Husserl es im-
posible conocer la realidad totalmente, pues nuestra mirada
75
ii. El diálogo socrático
es siempre parcial, incompleta, por ser subjetiva, por lo que
pondrá en duda la existencia de una realidad para ofrecernos
la posibilidad de diversas realidades, tan diversas como seres
humanos hay en la Tierra. Para Husserl tu como persona y
tu mundo conforman una unidad indivisible (Van Deurzen
en Martínez, 2013).
Sin duda que manejar una postura racionalista nos ayuda
a aprender, atribuyendo significado a las experiencias y a los
fenómenos (Martínez, 2013), para así inferir y poder actuar
en el día a día. Me es muy útil utilizar mis experiencias pre-
vias con otras laptops para poder utilizar esta que uso en este
momento. En las relaciones humanas es hasta indispensable,
como el caso de un cirujano que opera con éxito gracias a su
vasto conocimiento y experiencia con la anatomía humana,
donde importa muchísimo lo que los seres humanos tene-
mos por igual. Sin embargo hay situaciones donde inferir o
utilizar sin límites los conocimientos previos o experiencias
previas puede obstaculizar un mejor y mayor conocimiento
de la realidad, como por ejemplo en nuestra relación psico-
terapéutica, donde si busco conectar con tu unicidad será
importante que preste atención a lo que te hace ser diferente.
Si bien Husserl se interesó por los objetos en general,
planteó una forma de aproximarnos a los fenómenos a la
que llamó método fenomenológico (Husserl, 2011), que nos
es de mucha utilidad en nuestra labor psicoterapéutica, si
pretendo encontrarme contigo.
Husserl nos plantea tres pasos o reglas del método (Mar-
tínez, 2013):
La suspensión o Epojé: que en griego hace referencia a
abstención (Reeder, 2011). Esto es “poner entre paréntesis”
tus propias experiencias, tus prejuicios, tus juicios de valor,
los significados que adjudicas a los hechos, tus interpreta-
ciones y tus teorías para así captar directamente (como se
da a la conciencia) la cosa. Esto implica suspender tu cono-
76
Alejandro Salomón Paredes
cimiento del mundo para quedarte con la intuición directa
del fenómeno (Husserl, 2011). El mismo Husserl considera
que esto es imposible de realizar por completo, ya que tú y
tu mundo forman una unidad y tu captación de los fenóme-
nos nunca puede estar totalmente exenta de interpretaciones
y significados, pero vale la pena tratar de acercarte un poco
más a la realidad (Husserl, 2011).
La descripción: una vez hecha la suspensión, describes
con minuciosidad tu experiencia del fenómeno, sin buscar
explicar ni dar significado.
La horizontalización: significa que ningún aspecto de la
descripción importa más que otro. Implica que no valores
nada de lo descrito.
Pero veamos de qué trata este método aplicado a la rela-
ción psicoterapéutica en una psicoterapia de la libertad y la
responsabilidad, como lo es la logoterapia.
• La actitud fenomenológica en la relación logoterapéutica
Como has visto, Husserl desarrolló este método a partir de
sus investigaciones en el campo de la lógica y matemática,
interesado en la conciencia como acto intencional hacia los
objetos. Karl Jaspers, el famoso psiquiatra y filósofo exis-
tencial, llevó este método a la psicopatología, planteando la
necesidad de abstenernos de los prejuicios (Jaspers, 2014)
para así poder describir y comprender la vivencia de la per-
sona con la enfermedad mental. A este respecto menciona
que “la fenomenología tiene la misión de presentarnos
intuitivamente los estados psíquicos que experimentan
realmente los enfermos” (Jaspers, 2014 p. 65), poniendo
énfasis en el encuentro único y particular con cada persona
única y particular. De esta forma a la fenomenología “le
importa la contemplación de los casos particulares mucho
más que el amontonamiento de incontables casos” (Jaspers,
2014 p.66).
77
ii. El diálogo socrático
Encontrarás en Frankl una visión que lleva esta prácti-
ca al terreno psicoterapéutico. Si bien Frankl no fue muy
ilustrativo respecto a cómo realizar el método en la relación
con el otro, nos habló de un diálogo en un sentido socrático
(Frankl, 2002) que parte de una actitud de ignorancia de mi
parte como terapeuta frente a lo que tú como consultante
traes como tu experiencia, para así ir poco a poco ayudán-
dote a dar a luz tu propia verdad, tus propias respuestas, y
a hallar tus propios valores y sentido (Salomón y Díaz del
Castillo, 2015). Este diálogo socrático conlleva la realización
de una actitud fenomenológica, donde el método en cuestión
es herramienta básica para lograr los objetivos logoterapéu-
ticos: libertad y responsabilidad. Esto no significa en abso-
luto que se trate de una técnica mecanizada o un recetario
previsto, sino todo lo contrario: es una metodología que al
asumirla y vivenciarla como actitud en la relación terapéuti-
ca me aproxima más a ti y me invita a un encuentro más au-
téntico. Nos dice Frankl: “…en el ámbito de la psicoterapia,
lo que menos importa es el método o la técnica empleados
en cada caso. El factor decisivo es más bien la relación hu-
mana entre el médico y el enfermo.” (Frankl, 2003a P. 51).
Como hemos visto el amor es el sustento de nuestro diá-
logo, por lo que tenemos que referirnos a Max Scheler y su
fenomenología del afecto (Scheler, 2007). Scheler se inspiró
en el método de Husserl para aproximarse a la experiencia
afectiva humana, sin juicios de valor ni interpretaciones.
Para Scheler estás abierto(a) a un mundo de valores y sen-
tido gracias a que eres un ser intencional, esto es, dirigido
hacia algo o alguien diferente de ti mismo(a). Aquello que
te abre a los valores es el amor. En nuestro encuentro pasa lo
mismo, estoy abierto e intencionado amorosamente hacia ti,
gracias a la simpatía (Scheler, 2004).
Otro aspecto importante de la fenomenología es que
nunca puedes captar la realidad por completo, por lo que
78
Alejandro Salomón Paredes
siempre tu percepción será sesgada. Es como cuando ves una
moneda, solo puedes ver una cara a la vez, nunca ambas.
Esto es una maravillosa invitación para que yo me aproxime
a ti sabiendo que eres mucho más que lo que puedo conocer
en este momento; y para que tú te veas como un ser siempre
en posibilidad, infinitamente más que lo que puedes cono-
cer de ti ahora mismo.
Ahora te mostraré cómo se da el método fenomenológico
en nuestro proceso logoterapéutico en forma de actitud:
La suspensión o epojé: como hemos visto, se trata de un
“poner entre paréntesis”. Pero para hacerlo es necesario
primero lograr autodistanciarme (verme a mí mismo en si-
tuación) y así poder descubrirme interpretando, juzgando,
significando, teorizando, hipotetizando acerca de ti, sin dis-
tinguir mis vivencias, necesidades y valores de los tuyos. Esta
autocomprensión facilita la suspensión. Esto no significa elimi-
nar lo que he puesto entre paréntesis (cosa que es además im-
posible), sino saber que eso está ahí, que es mío y que puede
entorpecer o mejorar la relación terapéutica y sus objetivos.
La ventaja es que no vamos dialogando a ciegas en piloto
automático, sino que puedo tener una mejor comprensión
de tus experiencias e intencionalidad y cómo resuenan en mí
como terapeuta. Al hacer la suspensión quedo en una mejor
posición para verme a mí mismo y ti, abierto a la novedad del
encuentro. Y poder distinguirme respecto a ti y tu experien-
cia es lo que llamamos diferenciación (Martínez, 2012), esa
capacidad de poder verte como un legítimo otro, que piensa,
siente, actúa, necesita y anhela, es decir, existe de forma dife-
rente a mí. Principio básico para una relación logoterapéuti-
ca. Finalmente nos enseña Jaspers (2014 p. 66): “tenemos que
dejar de lado todas las teorías recibidas, las construcciones
psicológicas, las meras interpretaciones y apreciaciones, tene-
mos que dirigirnos puramente a lo que podemos entender en
su existencia real, a lo que podemos distinguir y describir”.
79
ii. El diálogo socrático
La descripción: una vez hecha la suspensión puedo des-
cribir la experiencia. Para esto he de estar presente como
terapeuta, por lo que voy a percibirte no solo con mis cinco
sentidos. Aquí hablamos de lo que Max Scheler refiere como
disposición afectiva (Gesinnung) (Scheler, 1957), aquel acto
intencional hacia lo valioso, el estar abierto a percibir afecti-
vamente tu presencia. Es el estar junto a otro ente espiritual
(Frankl, 2007; Martínez, 2011). La propuesta es describir
con minuciosidad lo que puedo percibir de ti, ya sean tus
manifestaciones corporales y los contenidos verbales, así
como invitarte a describir tu experiencia emocional, cogni-
tiva, conductual, motivacional y relacional lo mejor posible,
siendo crucial que yo describa mi propia experiencia en la
relación. Todo esto facilita el despliegue de tu libertad en
términos de autocomprensión y que también pueda yo com-
prender mejor tu experiencia, a partir de una relación más
auténtica.
La horizontalización: ningún aspecto de la descripción
vale más que otro. O todo es igual de valioso o nada lo es.
En sí durante la terapia, la tarea de descubrir y jerarquizar
tus valores te corresponde a ti, y nunca a mí como terapeu-
ta. Recordemos que en logoterapia buscamos ampliar tu
libertad y tu responsabilidad en tu proceso vital.
La pregunta: la pregunta es el puente tendido que facilita
nuestro encuentro y amplía el conocimiento (Salomón y
Díaz del Castillo, 2015). Es parte clave en el diálogo socrá-
tico, ya que parto de una postura de ignorancia, es decir, de
un no saber, y como Sócrates suponía, todo conocimiento
parte de la ignorancia (Salomón y Díaz del Castillo, 2015).
Precisamente este no saber implica reconocer aquello que
he puesto “entre paréntesis”, dirigiendo mi intencionalidad
hacia ti con el fin de saber, de conocer tu experiencia, con
tus vivencias, significados y valores. ¿Cómo podría yo saber
más de ti que tú mismo(a)? Sería un terrible error si sin dar-
80
Alejandro Salomón Paredes
me cuenta acabo interpretando tu experiencia, mezclando lo
mío con lo tuyo y llevándote por donde yo como terapeuta
siento o necesito ir, impidiéndote la toma de responsabili-
dad y el despliegue de tu propia libertad, así como el hallaz-
go y realización de lo valioso de tu vida. Preguntar es un arte
que he de practicar para ayudarte a que despliegues tu arte
de responder y existir.
El encuentro logoterapéutico propicia que no solo tú
puedas como consultante desplegar tu libertad. Desarrollan-
do una actitud fenomenológica yo como terapeuta puedo
ampliar mi margen de libertad y responsabilidad al lograr un
mayor autodistanciamiento, es decir una mayor autocom-
prensión sobre cómo me relaciona con los demás, autorre-
gulándome respecto a mis propias interpretaciones y expli-
caciones sobre ti, aprendiendo a mirar todo como posible,
abierto a la novedad en cada momento. Así mismo facilita
mi capacidad de autotrascendencia, logrando verte de una
forma más “realista”, validándote como un legítimo otro,
diferente, único y singular. Con qué razón Kierkegaard decía
que había que despojarse del vestido interno de los pensa-
mientos y las ideas para poder ver la verdad (Kierkegaard en
Martínez, 2013). Esta diferenciación me ayuda a distinguir
lo mío de lo tuyo, facilitando un encuentro más claro y au-
téntico, es decir, una relación Yo – Tú (Buber, 1979).
Algunas pautas clave para desarrollar una actitud
fenomenológica en la relación psicoterapéutica en logoterapia
Se trata de cuestionarme como terapeuta ciertas cosas. Te
invito a que también tú lo hagas.
• ¿Cuál es mi actitud frente a la otra persona?
• ¿Hasta dónde creo conocer o saber sobre la expe-
rien-cia del otro?
• ¿Cuánto de lo que veo en el otro es realmente su expe-
riencia y cuánto es mi experiencia?
81
ii. El diálogo socrático
• ¿Qué cosas vienen a mi mente cuando el otro me co-
menta su experiencia?
• ¿Qué siento frente a la experiencia del otro?
• ¿Hasta qué punto tiendo a completar con mis conoci-
mientos o experiencias la experiencia del otro?
• ¿Cómo y cuánto interpreto la experiencia del otro?
• ¿Qué es lo que me resulta más fácil en la relación, ex-
plicar, interpretar o describir la experiencia del otro?
• ¿Noto que tiendo a darle mayor o menor importancia
a ciertos aspectos de lo que el otro me refiere como su
experiencia?
• ¿Qué significados le doy a la experiencia del otro?
• ¿Tiendo a hacer hipótesis sobre la experiencia del
otro?
• ¿Cuánta importancia le doy a la estadística y a los crite-
rios diagnósticos para entender la experiencia del otro?
• ¿Las preguntas que utilizo en la relación van dirigidas
a que el otro describa o explique su experiencia?
• ¿Tiendo a imaginar la causa del problema del otro?
• ¿Noto que me hago una idea de la otra persona según
lo que me refiere?
• ¿De qué forma los valores del otro chocan con mis
propios valores?
• ¿Tiendo a señalarle al otro sus posibles valores?
• ¿Hasta qué punto impongo mis valores a la otra per-
sona?
La actitud fenomenológica no solo es de mucho valor en
la relación psicoterapéutica, sino que puede ser una mara-
villosa invitación a que vivas y veas la vida con nuevos ojos,
desde una perspectiva más clara respecto a tu papel en las
relaciones, movilizando tu autoconciencia y ampliando tu
conciencia respecto al otro y su experiencia, propiciando un
vínculo más auténtico.
82
Alejandro Salomón Paredes
La ironía
Cuando vives en la inautenticidad se te presenta un dilema
existencial: por una parte te sientes tranquilo(a), aliviado(a),
pero por otra muy insatisfecho(a). Esto te ocurre cuando,
como hemos visto con anterioridad, desarrollas estrategias
para eludir tu responsabilidad, para no confrontarte con
las preguntas que te hace tu vida, cuando el mundo se te
ha vuelto un peligro, ya que tienes algunos “moretones”
que cuidas para que los demás no los vean ni los toquen.
El problema es que por cuidarte tanto te pierdes de todo lo
valioso que está en tu vida, allá afuera, en el mundo. He ahí
la tranquilidad de sentirte a salvo, pero con la insatisfacción
de una vida vacía. A través de la ironía buscaré señalarte es-
tos aspectos que durante nuestro diálogo manifiestas como
incongruencias (esto lo profundizaremos más delante de
forma aplicativa).
El estilo irónico del dialogo socrático es no directivo,
ya que no me pone como tu rival, resistente a lo que traes
como tu experiencia. Más bien me invita a acogerte, reco-
nociendo tus incoherencias y preguntándote ingenuamente
con el fin de buscar claridad. Como sabemos, la claridad es
señal de que la luz se empieza a esparcir.
Aquí te presento un ejemplo de un abordaje confronta-
cional y otro con ingenuidad e ironía socráticas. Se trata de
una persona con alcoholismo que no acepta la enfermedad:
Confrontacional:
T (yo como terapeuta): ¿y no crees que con tu actitud
estás causando mucho sufrimiento a tu familia? ¿No
has pensado en tus hijos?
C (consultante): eso es lo que me dicen, pero nadie
comprende que yo tengo todo bajo control. Están su-
friendo en vano.
83
ii. El diálogo socrático
Ingenuidad e ironía socráticas:
T: No entiendo algo, ¿cómo es que si me dices que amas
a tus hijos por sobre todo en el mundo, sigues bebien-
do y viéndolos sufrir con eso? La verdad, no me queda
claro; acláramelo por favor, y de paso aclárate tú tam-
bién.
C: (silencio y mirada fija a un lado) No lo sé, no lo había
visto así, pero siento pena cuando los veo sufrir.
La mayéutica
Es el arte de dar a luz tu verdad (Martínez, 2012). Cuando
nuestra relación terapéutica está constituida y se ha estable-
cido un vínculo de confianza y apertura, te haré preguntas
más incisivas y provocadoras, para confrontarte con tu in-
autenticidad, buscando que de tu confusión del momento
surja la claridad que ilumine tu conciencia y te animes a
transitar la angustia propia de tu responsabilidad, para así
abrirte al mundo de valores y sentido.
Según Restrepo (Restrepo en Martínez, 2012. p. 67)
“La mayéutica socrática es una forma de poner en práctica
la modulación de la actitud y consiste en una discusión
del consultante sobre sí mismo con la ayuda del terapeuta,
quien, como facilitador, presenta preguntas provocadoras e
incisivas sobre lo que el consultante sostiene en virtud de
una pasividad o actividad malsanas; en otras palabras, con-
siste en extraer el conocimiento del propio interlocutor”.
Ejemplo:
T: ¿para qué miras constantemente hacia afuera por la
ventana cuando te pregunto esto?
C: (silencio)
T: ¿ah?
C: ¡no lo sé! ¿Supongo que para no mirarte a los ojos no?
T: Ok, y ¿qué riesgo no quieres correr? ¿Qué pasaría si
me miras?
84
Alejandro Salomón Paredes
C: que veas lo que no quiero ni yo mismo mirar
T: ¿a qué te refieres?
C: a mi temor a enfrentar las cosas
Otro ejemplo:
T: ¿para qué es que mantienes esta relación si sufres con
los maltratos y humillaciones?
C: tengo miedo de que se vaya y no vuelva
T: ¿y a qué te arriesgas si eso pasa?, ¿a qué le temes en
realidad?
C: a quedarme sola
T: ¿y qué pasa si te quedas sola?, ¿cuál es tu temor de
fondo?
C: nunca he estado sola, no sé cómo vivir si no es con
alguien más
T: te entiendo. ¿Intuyes que puede haber algo valioso o
importante en quedarte sin él?
C: creo que sí, quizá poder aprender a valerme por mi
misma, ya estoy harta de esto.
T: te entiendo. Debe ser algo duro estar eligiendo mante-
ner esta seguridad insatisfactoria mientras sientes que
hay algo muy valioso que te espera.
C: si, pero creo que ha llegado el momento de soltar esta
amarra y arriesgarme. No quiero pasarme la vida asi.
Aspectos metodológicos
Las preguntas socráticas
Ya sabes que el dialogo socrático implica un encuentro feno-
menológico, donde yo como logoterapeuta busco facilitarte la
conciencia de tu propia libertad, sin intervenir aconsejándo-
te, orientándote ni sugiriéndote y sin interpretarte ni inferir
a partir de lo ya conocido (otras personas). Aquí nos remi-
85
ii. El diálogo socrático
timos a la Epojé de Edmund Husserl donde se busca sus-
pender todo juicio o certeza respecto a la realidad (Husserl,
2011). Por tanto si lo que buscamos es la libertad y respon-
sabilidad, nuestro vínculo debe estar centrado en preguntar,
describir y señalar, siguiendo el método fenomenológico
ampliamente trabajado en los enfoques humanistas – exis-
tenciales. Como señala Bruzzone (2008) la pregunta supone
que eres capaz de pensar y de avanzar en tu consciencia a
través de la misma.
Las preguntas fenomenológicas invitan a la descripción y
no a la interpretación o la explicación, por lo que no utiliza-
ré el ¿por qué? (ya que así te invito a responder con un por-
que), sino que nos basamos en el ¿qué?, ¿cómo?, ¿cuándo?,
¿dónde?, ¿quiénes? y ¿para qué?
El “¿qué?” es la pregunta fundamental que me permite
como terapeuta situarme en tu campo fenoménico, aceptan-
do que no sé y que requiero que tú me ubiques en tu propia
realidad (Martínez, 2012). Por ejemplo: ¿Qué es lo que
sientes cuando me hablas de tu jefe?, o ¿a qué te refieres con
mal?, o ¿qué está a tu alcance hacer con esta situación?
El “¿cómo?” es la pregunta que invita a la descripción de
los procesos y de las formas (Martínez, 2012). Esta pregunta
puede posicionarte frente a lo que te pasa y a ti mismo(a),
ayudándote a desplegar tu libertad en términos de autodis-
tanciamiento. Por ejemplo: ¿Cómo es sentirte angustiada?,
o ¿y cómo hiciste para tomar esa decisión?, o ¿cómo haces
para evitar ese malestar?
El “¿cuándo?” me permite ubicarme en la temporalidad
de los sucesos. No me invita a explicar ni a interpretar sino a
situarme en el contexto en el que se dan tus experiencias. Por
ejemplo: ¿Cuándo es que sientes esa sensación de no existir?
El “¿dónde?” nos permite ubicarnos en la espacialidad de
las experiencias. Recordemos que somos ser-en-el-mundo
donde ser/tiempo/espacio son una unidad indivisible (Hei-
86
Alejandro Salomón Paredes
degger, 2014). Por ejemplo: ¿Dónde sientes más esa pena?,
o ¿dónde te suelen ocurrir estos episodios de angustia?, o
¿dónde podrías utilizar esta capacidad?
El “¿quién?” o “¿quiénes?” facilita la comprensión de tu
mundo relacional (eres ser-en-el-mundo y también un ser-
con-otros y un ser-para-otros), invitándote a clarificar tu
acontecer emocional, cognitivo y conductual, ubicándome
como terapeuta en el conocimiento de tu experiencia. Este
posicionamiento se da no solo frente a tu relación con los
demás sino también en la relación contigo mismo(a). Por
ejemplo: ¿Con quiénes te pasa esto?, o ¿según quién eres una
fracasada?, o ¿quién es el que se viene descalificando?
El “¿para qué?” cumple una doble función. Por una
parte nos ayuda a clarificar en el aquí y ahora la intención
de las pasividades y actividades incorrectas (conductas inau-
ténticas, irresponsables, automáticas, rígidas, cristalizadas,
generalizadas) (Frankl, 2008) que puedes usar para eludir tu
responsabilidad sobre tu propia vida, restringiéndose así tu
libertad. Por ejemplo: ¿para qué te quedas callada en las reu-
niones de clase?, o ¿para qué me alzas la voz? Si te pregunta-
ra “¿por qué?” te invitaría como hemos visto a una respuesta
histórico - explicativa o justificadora. “El para qué nos pone
en contacto con las intenciones y propósitos experienciales
de la persona” (De Castro, 2013 P. 49). Así mismo el “¿para
qué?” te posiciona frente a tus posibilidades de realización
de valores y sentido. Aquí la pregunta no solo atañe al aquí
y ahora, sino también a tu proyecto. Por ejemplo: ¿para qué
sientes que esto te ha ocurrido?, o ¿para qué intuyes que esto
puede estarte pasando?, o ¿para qué decidirte por esto?
¿Qué preguntar?
En logoterapia buscamos juntos que despliegues tus recursos
espirituales (lo específicamente humano) (Frankl, 2003b)
principalmente el autodistanciamiento y la autotrascen-
87
ii. El diálogo socrático
dencia. Para esto te haré preguntas fenomenológicas (no
interpretativas, sino más bien descriptivas) ¿qué?, ¿quién?,
¿cómo?, ¿dónde?, ¿cuándo? y ¿para qué?, estando atento a
tu respuesta, para así poder hacerte otra pregunta o señala-
miento que favorezca el proceso de dar a luz tu verdad.
Dialogo socrático y autodistanciamiento
Respecto a esta capacidad espiritual señala Frankl (Frankl,
2007. p. 23): “En virtud de tal capacidad, el hombre es
capaz de tomar distancia no sólo de una situación, sino
también de sí mismo. Haciéndolo, realmente toma posición
respecto a sus propios condicionamientos y determinantes
somáticos y psicológicos. Visto así, una persona es libre de
moldear su propio carácter y el hombre es responsable por
aquello que pueda hacer de sí mismo”. Esta capacidad es-
pecíficamente humana te permite ubicarte a una distancia
fecunda (Frankl, 2007) para monitorearte, confrontarte,
verte a futuro con optimismo y tomar las riendas de tu
vida. En palabras de Martínez: “El autodistanciamiento es
la capacidad específicamente humana de tomar distancia
de sí mismo y monitorear los propios procesos emotivo –
cognitivos. Es la manifestación de la autoconciencia que
terapéuticamente es bastante útil y se expresa a través de la
autocomprensión, la autoproyección y la autorregulación”
(Martínez, 2011. p 15).
A partir de esto iremos explorando, mediante ejemplos
extraídos de procesos psicoterapéuticos, los usos del dialogo
socrático para el despliegue de tales capacidades, teniendo en
cuenta las preguntas clave que movilizan lo espiritual tanto
para abordar las restricciones que implanta lo psicofísico so-
bre tu libertad como para tu búsqueda de sentido en la vida.
Como ya hemos visto con anterioridad, la autocompren-
sión es tu capacidad para tomar conciencia de ti mismo(a),
es decir, tu autoconciencia. Esta capacidad es, según Frankl
88
Alejandro Salomón Paredes
(2003a), espiritual, por ser específicamente humana y te per-
mite clarificar tu existencia personal: “La autocomprensión
de la existencia es un fenómeno humano irreductible… pues
tal autocomprensión corresponde a toda existencia y a todo
hombre” (Frankl, 2007 p.81).
Diálogo socrático y autocomprensión
Para Martínez (Martínez, 2011 p. 16): “la autocomprensión
permite al hombre monitorearse, encontrarse consigo mis-
mo, verse a sí mismo en situación y en sus circunstancias
particulares…es la posibilidad de descubrir y asumir su par-
ticipación en lo que le acontece, de identificarse y afirmarse a
sí mismo a través del autoconocimiento”. También podemos
llamar a esta capacidad autodescubrimiento (Fabry, 2009).
En nuestro encuentro logoterapéutico podemos desple-
gar tu autocomprensión mediante el dialogo socrático, bus-
cando ampliar tu autoconciencia respecto a:
• Las emociones
• Los significados
• Las vivencias
• Las estrategias de afrontamiento (pasividades y activi-
dades) (Frankl, 1994)
• Los recursos personales (espirituales)
Autocomprensión de las emociones
Muchas veces no te permites sentir plenamente o no tienes
claridad respecto a lo que sientes. Esto puede ser parte de un
mecanismo neurótico que se sustenta en la inautenticidad
para eludir la angustia que por naturaleza tu vida conlleva
por ser tú un ser responsable. Por eso es crucial lograr clari-
dad y comprensión respecto a tu propia emocionalidad, ya
que muchas veces tus emociones son el correlato subjetivo
de todo lo valioso que hay tu mundo (Martínez, 2011), allá
afuera, en tu vida.
89
ii. El diálogo socrático
A continuación te describo un extracto de un dialogo
socrático orientado a la autocomprensión emocional. Busca
relacionarlo afectivamente con tu propia vida.
T (yo como terapeuta): Dime ¿qué es lo que te ocurre?
C (consultante): no me siento bien, me siento infeliz, in-
seguro de mi mismo
T: ¿y qué es lo que sientes con todo eso, emocionalmen-
te?
C: me da pena, me siento triste
T: ¿y cómo es sentirte triste?
C: me pongo a llorar, me encierro en mi cuarto, me sien-
to abatido.
Otro ejemplo:
T: veo que hay lágrimas en tus ojos, ¿qué es lo que sien-
tes?
C: no lo sé
T: ¿hay algo qué no te estás permitiendo sentir?
C: (entre lágrimas) pena, pero no quiero llorar
Otro ejemplo:
T: Me parece curioso que justo ahora al hablar de esto
quieras irte al baño, ¿qué sientes?
C: nada, solo quiero ir al baño
T: solo los muertos no sienten, y yo no estoy hablando
con un muerto, algo haz de estar sintiendo
C: me siento incómodo
T: ok, ¿y esa incomodidad, con qué emoción se relacio-
na?, ¿qué sientes?
C: siento miedo
Algunas preguntas clave que pueden ayudarte a auto-
comprenderte respecto a tus emociones o con las que puedes
ayudar a otras personas pueden ser:
90
Alejandro Salomón Paredes
• ¿Qué es lo que siento cuando ocurre eso?
• ¿Qué es sentirme mal?
• ¿Cómo es sentirme así?
• ¿Cómo siento esta pena?
• ¿Cómo siento esta cólera?
• ¿Dónde siento más mi alegría?
• ¿En qué parte de mi cuerpo siento más mi pena?
• ¿Cómo no quiero sentirme?
• ¿Qué no me permito sentir?
• ¿Qué siento de saber que logré afrontarlo?
• ¿Y todo esto tan valioso frente a mí qué me hace sen-
tir?
Autocomprensión del miedo
El miedo es parte de nuestra existencia humana inevitable-
mente. El miedo te advierte, te mueve, para hacerte sentir
vivo(a) y confrontarte con tu propia vida. Es decir, el miedo
te acompaña siempre, ya que constantemente la vida, con
su naturaleza incierta, amenaza lo que para ti es valioso e
importante (Martínez, 2011). Sentir miedo es el aviso de
que algo te puede ser doloroso o frustrante, ante la pérdida
de un valor. Puedes sentir miedo cuando tu integridad o tu
salud se ven amenazadas, o algún ser querido, o todo en lo
cual encuentres sentido, como una relación, un trabajo, un
proyecto, etc. Existencialmente, en el terreno de la respon-
sabilidad, el miedo es llamado angustia, como el estrecha-
miento de las posibilidades de ser, como tu miedo a ser libre
y asumir la propiedad de tu vida. Eres libre para responder,
y tu responsabilidad es elección, la cual implica riesgo, y el
riesgo está cargado de angustia. Entonces te angustias por-
que eres libre (May, 2000). En este sentido cuando dialoga-
mos socráticamente buscamos juntos movilizar tu autocon-
ciencia respecto a los miedos que te paralizan (por lo general
relacionados a actitudes neuróticas a través de las cuales
91
ii. El diálogo socrático
evitas tu responsabilidad), ayudándote a posicionarte frente
a lo que te ocurre y aceptando tu angustia como posibilidad
de cambio, decidiendo.
Te describo un ejemplo de dialogo socrático para lograr
autocomprensión respecto a los miedos y la angustia. Ábrete
a ver cómo resuena en ti.
T: ¿y qué pasaría si lo dejas?
C: lo he pensado, pero me da mucho miedo hacerlo
T: ¿qué te da miedo?
C: que realmente se vaya y no vuelva
T: ¿y qué pasaría si se va y no vuelve?, ¿a qué le temes
realmente?
C: a quedarme sola
T: ¿y qué pasaría si te quedas sola?, ¿a qué le temes en el
fondo?
C: a tener que vérmelas por mi misma
T: ¿y a qué le temes si te las tienes que ver por ti misma?
C: a que no pueda, a que no me salgan las cosas bien.
¡Me siento tan insegura, tan dependiente!
Algunas preguntas clave que pueden ayudarte a auto-
comprenderte respecto a tus miedos y tu angustia o con las
que puedes ayudar a otras personas pueden ser:
• ¿Qué me da miedo?
• ¿A qué le temo?
• ¿Cómo es este miedo?
• ¿En qué parte de mi cuerpo siento más este miedo?
• ¿Qué me angustia?
• ¿Qué pasaría si lo hiciera?
• ¿A qué me arriesgo si me decido?
• ¿Qué me impide asumirlo?
• ¿Qué me cuesta aceptar de todo esto?
• ¿Qué no quiero que me ocurra?
92
Alejandro Salomón Paredes
Autocomprensión de los significados
Los significados son las interpretaciones que haces acerca de
la realidad, de tus experiencias, de ti mismo(a), de los demás
y de tu vida. Un significado es una atribución cognitiva
(Martínez, 2011) que forma parte de tu estructura mental
y cosmovisión, por tanto, es una especie de guía o referen-
te para tu existencia. Todos los seres humanos atribuimos
significados e interpretamos el mundo, de lo contrario cae-
ríamos en un vacío de significación e identidad. El punto
crucial es cuando una interpretación resulta en una restric-
ción de la libertad. Entonces el quid del asunto está en cómo
interpretas la realidad. Por ejemplo, para alguien permitirse
llorar puede significar debilidad; para otra persona el hecho
de opinar equivocadamente en una clase puede significar un
rotundo fracaso; quizá para alguien más consumir una droga
puede significar distensión y tranquilidad.
Si tus significados son negativos se vuelven limitantes e
impiden el hallazgo del sentido de las situaciones que vives
y de tu vida en general. Si por el contrario son positivos se
vuelven posibilitadores, ya que facilitan que captes valores
y sentido (Díaz Del Castillo, conversación personal, 2011).
También es posible que tus significados puedan tornarse
positivos a partir de que te dejes tocar por un valor: cuando
descubres un valor (lo valioso en tu vida), lo intuyes o lo
sientes, pueden alterarse tus esquemas mentales en favor de
tu autenticidad, coherencia y libertad.
Por medio del diálogo socrático buscaremos que te auto-
distancies y autocomprendas respecto a los significados que
sostienen tu percepción de la realidad, descubriendo si te
son útiles o funcionales para una vida con sentido. Aquí te
muestro algunos ejemplos. Por supuesto, ve de qué forma
resuenan en ti y pueden ayudarte a autodistanciarte.
T (yo como terapeuta): ¿qué te ocurre con tu esposo?
C: me duele y me da cólera cuando le hablo y no me
mira, sigue mirando el periódico o la televisión.
93
ii. El diálogo socrático
T: ¿y qué significa esto para ti?, ¿significa que el qué…, o
que tú qué…?
C: significa que no me quiere, que no le importo.
T: ¿tienes esa sensación con otras personas también?
C: la otra vez mientras yo te hablaba miraste tu celular y
me sentí igual
T: ¿quieres decir que no eres importante para mí?
C: así me siento
T: ¿y cómo sabes qué es lo que yo siento por ti? ¿Tienes
algún don especial que no me hayas contado?
C: (risas) bueno no, la verdad es lo que yo imagino.
Otro ejemplo:
C: tengo miedo de decidirme
T: ¿qué pasa si te decides?, ¿a qué te arriesgas?
C: a que me salga mal, a fallar
T: ¿y qué significa para ti fallar?, ¿quién es alguien que
falla?
C: un inútil, un fracasado
T: me pregunto ¿cuántas cosas quisieras hacer y no haces
para no sentirte un inútil fracasado?
Otro ejemplo:
C: no me animo a terminar con ella, me cuesta
T: ¿qué significaría para ti terminar con ella?
C: soledad
T: ¿y qué significa para ti estar solo?
C: no tener a nadie
T: ¿y para qué quieres tener a alguien?, no me hablas de
ella en particular. ¿Qué significa para ti estar solo?
C: no me siento completo, como que solo no podría vi-
vir. Necesito de alguien siempre.
T: ¿y cuál es el precio que tienes que pagar por tener esa
muleta constante?
C: me siento esclavizado
94
Alejandro Salomón Paredes
Algunas preguntas clave que pueden ayudarte a auto-
comprender tus significados o con las que puedes ayudar a
otras personas pueden ser:
• ¿Qué significa esto para mí?
• ¿Significa que yo…?
• ¿Significa que él/ella/ellos…?
• ¿Significa que mi vida…?
• ¿Qué quiere decir esto para mí?
• ¿Cómo estoy interpretando esta experiencia?
• ¿Este significado me ayuda o me limita?
• ¿Cómo estoy interpretando esto?
• ¿Cómo es que esto significa…?
• ¿Qué significa para mí el haber logrado eso?
• ¿Qué otra cosa puede significar esto?
Autocomprensión de las vivencias
Las vivencias son experiencias que te marcan en lo emocio-
nal y cognitivo (Martínez, 2011), constituyéndose luego en
la forma como vives, como te ubicas en el mundo, como te
sientes y como te ves. Mientras las experiencias son tempo-
rales y pasan, las vivencias son atemporales, permaneciendo
en tu aquí y ahora. Una vivencia negativa puede condicionar
tu existencia, pudiendo bloquear tu libertad, restringiendo su
expresión, por medio de significados limitantes que la alimen-
tan. Por ejemplo, un joven que de niño era sobre exigido por
su padre en lo académico, donde sentía que no era reconocido
en su esfuerzo y nunca alcanzaba las expectativas del padre ni
de otras personas, puede tener la vivencia de incapacidad, es
decir, sentirse un incapaz, un bueno para nada que no puede
lograr ningún buen resultado, con lo que se inhibe de tomar
decisiones, para evitar el fracaso de no ser como esperaban
que fuera, lo cual le activaría la vivencia, generándole malestar.
En este contexto el diálogo socrático busca que te auto-
comprendas respecto a cómo te sientes contigo mismo(a)
95
ii. El diálogo socrático
y cómo es que aprendiste a sentirte así, descubriendo las
formas en que en el presente evitas que el mundo te toque
el “moretón”, ya sea luchando, huyendo (Frankl, 2007) o
haciéndote el muerto (Martínez, 2011), impidiéndote ser
auténtico por miedo a la angustia de enfrentar tu vida.
A continuación te brindo algunos ejemplos de dialogo
socrático para autocomprensión de las vivencias. Revisa de
qué forma hacen eco en ti.
T: ¿Qué es lo que sientes cuando estás en el grupo?
C: siento nervios, miedo
T: ¿Qué te da miedo?
C: que me pregunten algo y no responder adecuadamente
T: ¿Y quién es alguien que no responde adecuadamente?,
¿un qué?
C: como un tonto, así es como me siento en el fondo
Otro ejemplo:
C: No sé qué me pasa, todo lo postergo, no logro empe-
zar nada
T: ¿Qué pasa si te decides por algo?
C: Temo que no me vaya bien
T: ¿y si las cosas no salen como tu esperas, qué significa?
C: pues que he fracasado
T: ¿y fracasar te lleva a sentirte cómo?, ¿cómo un qué?
C: como el incapaz que soy
Algunas preguntas clave que pueden ayudarte a auto-
comprenderte respecto a tus vivencias o con las que puedes
ayudar a otras personas pueden ser:
• ¿Qué evito sentir?
• ¿Cómo me siento cuando eso ocurre?
• ¿Me siento como un…?
• ¿Cómo es que he aprendido a sentirme como un…?
• ¿Qué significa para mí ser un…?
• ¿Cómo es sentirme un…?
96
Alejandro Salomón Paredes
Autocomprensión de las estrategias de afrontamiento
(pasividades y actividades)
Como has visto en un capítulo anterior, Frankl (2008) nos
dice que puedes presentar dos reacciones neuróticas por ex-
celencia: huir de lo que sientes o luchar contra ello. A estas
formas de afrontar tu vida las llamó respectivamente “pasivi-
dad y actividad incorrectas” (Frankl, 2008), ya que implican
que evites a como de lugar lo que te viene ocurriendo, tanto
en tu mundo (objetividad) así como en tu emocionalidad
(subjetividad). Te pongo ejemplos: puedes huir de tu angus-
tia y de las situaciones en las que te sientes en peligro (como
en las fobias), o luchar descalificando a los demás para re-
ducir tu ansiedad y el riesgo de ser descalificado(a) (como
alguien con narcisismo), o abandonarte existencialmente
para no sentir tristeza y sufrir (como en la depresión). En
todas estas situaciones la vida te demanda respuesta. Si te
das cuenta, estas estrategias implican no aceptar la realidad
que te angustia ni la angustia misma, invirtiendo energía en
distensionar tu organismo psicofísico (Martínez, 2011), es
decir, buscas alivio.
Si bien las pasividades y actividades incorrectas son reac-
ciones neuróticas, en logoterapia entendemos a la neurosis
como una función de cuidado (Martínez, 2011), según
Martín Heidegger el Sorge (Heidegger en Martínez, 2011),
el cuidado que pones sobre tu propia existencia, en este caso
cuidando tu identidad psíquica y tu bienestar emocional. El
problema es que en la neurosis te cuidas de forma extrema
por medio de mecanismos psíquicos que se tornan auto-
máticos, y no te permites vivir la angustia ni el sufrimiento,
inhibiendo tu responsabilidad y tu libertad, con lo que ha-
blamos de un modo inauténtico de ser (Martínez, 2012).
Frankl (2008) también nos habla de “pasividad y acti-
vidad justas”. La pasividad justa ocurre cuando aceptas lo
que te pasa con humor y con una postura humilde ante la
97
ii. El diálogo socrático
vida (para esto Frankl plantea su conocida intención para-
dójica. Esto lo viste en el capítulo anterior). Por su parte, la
actividad justa es cuando aceptas lo que te ocurre y desvías
tu atención hacia objetivos llenos de valor y con sentido
en tu vida (aquí Frankl plantea la derreflexión, también ex-
plicada en el capítulo anterior). Al hablar de pasividades y
actividades justas hablamos de que ejerces dominio sobre tu
personalidad. Tus funciones psicológicas son autorreguladas,
dando lugar a un cambio en tu modo de ser ante el mundo,
que implica salir al encuentro de los valores con todo y la
angustia que sientes al elegir ser más auténtico(a).
Autocomprenderte respecto a las pasividades y activi-
dades incorrectas que utilizas te mueve a autorregularte, es
decir, al autodominio y la toma de responsabilidad, posibili-
tando el cambio hacia pasividades y actividades justas (como
veremos más adelante).
Nuestro vínculo terapéutico usará el diálogo para con-
frontarte con las formas incorrectas que utilizas para cuidar-
te, ampliando tu percepción de lo realmente importante y
valioso para ti. En esta parte utilizaremos con más énfasis la
pregunta ¿para qué?
Veamos algunos ejemplos. Nota de qué forma resuenan
en ti:
T: ¿Para qué gritas? Puedo escucharte perfectamente a
esta distancia.
C: ¡es que quiero que me escuches, que me respetes!
T: entiendo, ¿y qué pasa si no me gritas?
C: creo que no me vas a tomar en cuenta
T: uhm ahora entiendo para qué te muestras agresivo
y me gritas. ¿Qué pasa si no te escuchan entonces?,
¿cómo no te quieres sentir?
C: (con lágrimas y mirada perdida) no se otra forma de
lograr sentir que estoy, porque siento que nadie me
hace caso. No quiero sentir que no existo, que no soy
importante para nadie.
98
Alejandro Salomón Paredes
Otro ejemplo:
T: ¿Para qué sigues con él si estás sufriendo? No te en-
tiendo
C: No lo sé, quizá porque con él me siento segura. Ya he-
mos hablado de mis miedos y mi inseguridad.
T: Entonces, ¿para qué sigues con él? ¿Cómo consigues
sentirte? ¿Qué pasaría si terminas la relación? ¿A qué
te arriesgas?
C: sigo con él para no valerme por mi misma. Tengo
miedo a quedarme sola.
T: ¿toda tú está coherente con ese modo de ser, o hay al-
guna parte desde donde quisieras algo diferente?
C: bueno si, en parte quisiera poder decirle que ya basta
sin este miedo tan paralizante.
Algunas preguntas clave que pueden ayudarte a conocer
tus estrategias de afrontamiento incorrectas o con las que
puedes ayudar a otras personas pueden ser:
• ¿Qué hago para no sentirme así?
• ¿Cómo hago para protegerme en esas situaciones?
• ¿Para qué actúo de esa manera?
• ¿Para qué hago esto?
• ¿Siento que huyo o que lucho frente a esto?
• ¿De qué forma afronto la situación?
• ¿Qué estrategias utilizo para no sentirme mal?
• ¿Cuál es el precio que tengo que pagar por este modo
de ser?
Autocomprensión de los recursos personales
Viktor Frankl nos propone una visión del ser humano
esperanzadora y propulsora del cambio, para que puedas
verte como una persona dinámica y siempre en posibilidad
de ser diferente por medio de tu decisión. En palabras del
mismo Frankl (Frankl, 2007. P. 23): “Y la persona es funda-
99
ii. El diálogo socrático
mentalmente capaz de hacer frente a toda morbilidad psi-
cofísica; de lo contrario yo no podría ejercer de psiquiatra,
sería inútil”. Tú no eres tu enfermedad, ni tu condición, y te
encuentras en posibilidad de afrontar, de dar cara a tu situa-
ción psicofísica y existencial. Esto gracias a los recursos que
te constituyen: tus capacidades espirituales: tu conciencia,
tu responsabilidad y tu libertad que se encuentran siempre
posibles (salvo en condiciones de restricción biológica irre-
versible, como es el caso de un accidente cerebro vascular,
un traumatismo craneal severo, un estado de coma vegeta-
tivo o un retardo mental profundo). Tales recursos mientras
son posibles se encuentran como potencia en lo que Frankl
(2003b) llama inconsciente espiritual, esperando a que los
actualices en un acto de libertad, como puede ser un mo-
mento de autodistanciamiento, autoconsciencia y autodeter-
minación.
Gracias al diálogo socrático podemos explorar tu incons-
ciente espiritual, tu depósito de recursos latentes, para que
puedas utilizarlos libremente. Las preguntas han de orientar-
se a que tomes mayor consciencia de tu accionar actual (casi
siempre reacciones automáticas, estrategias de afrontamiento
incorrectas) y hacia las acciones que puedes realizar como
actos de responsabilidad, autodominio y libertad luego de
haberte auto comprendido. Aquí ya hablamos de autorregu-
lación. Esto es pasar hacia actividades y pasividades justas.
Diálogo socrático y autorregulación
La Autorregulación es, como hemos visto, tu capacidad
para distanciarte y regular tus propios procesos afectivos y
emotivos, reconciliarte con lo psicofísico o de oponerte a ti
mismo(a) si es preciso (Martínez, 2012). Es en pocas pala-
bras, tu capacidad para hacerte cargo de ti, de dominarte, de
apropiarte de tu personalidad y ejercerte a pesar de los con-
dicionamientos internos y externos.
100
Alejandro Salomón Paredes
A continuación te doy algunos ejemplos de autocom-
prensión de los recursos personales y autorregulación. Ob-
serva de qué forma resuenan en ti y pueden serte de ayuda:
C: Hoy no tenía fuerzas ni para levantarme de la cama
T: ¿Y cómo has hecho para venir aquí?
C: no lo sé, bueno venir aquí se supone que me ayudará
a estar mejor
T: me alivia que haya en tu mejoría una motivación para
levantarte de la cama. ¿En qué otros aspectos de tu
vida puedes tener una motivación así? ¿Qué otras co-
sas te motivan a levantarte de la cama?
Otro ejemplo:
C: he descubierto que haciendo “la ley del hielo” a mi
familia me protejo, me cuido de que me hieran.
T: ¿Te funciona? ¿Te llegas a sentir del todo bien con ese
modo de ser?
C: pues no, por un rato puede ser, pero luego vuelvo a lo
mismo. Cedo y sigo esperando de ellos que me hagan
caso para no sentirme poco importante para ellos.
T: ¿Qué quisieras hacer entonces con ese “moretón” que
tienes y que cuidas tanto?
C: creo que no estoy siendo clara con ellos, solo les digo
superficialmente las cosas. Ahora quiero decirles lo
que en verdad siento
T: uhm ese es un riesgo
C: si, estoy dispuesta a afrontarlo. Ya estoy cansada.
Algunas preguntas clave que pueden ayudarte a descubrir
tus recursos personales y autorregularte o con las que puedes
ayudar a otras personas pueden ser:
• ¿Qué quisiera hacer ahora?
• ¿Qué elijo hacer ahora?
• ¿A qué me mueve todo esto tan valioso que capto?
101
ii. El diálogo socrático
• ¿Qué está a mi alcance hacer habiéndome hecho cons-
ciente de todo esto?
• ¿Cómo hice para hacerme cargo de eso aquella vez?
• ¿Cuál es la opción que tiene más sentido para mí?
• ¿Cómo puedo utilizar este recurso en esta situación?
• ¿Para qué es que descubro todo esto?
Diálogo socrático y autoproyección
Por otra parte al autodistanciarte puedes también autopro-
yectarte, es decir, verte a futuro diferente de cómo vienes
siendo (Martínez, 2011), con esperanza, como un ser que
no está definido sino que es siempre posible. La autopro-
yección es tu capacidad para saber que eres un conjunto de
posibilidades en libertad (Jaspers, 2014).
Cuando presentas alguna enfermedad emocional o psí-
quica se puede restringir esta capacidad, impidiéndote una
visión esperanzadora, con lo que te estancas existencial-
mente y dejas de percibirte como un ser siendo, quedándote
como un soy. En palabras de Frankl: “el neurótico es aquel
que cambia la forma de percibirse: de un poder ser siempre
diferente, por un ser siempre de la misma manera” (Frankl,
2014 P. 94).
En este sentido con el diálogo socrático buscaremos que
despliegues tal recurso espiritual para que te conectes con
esa dosis de esperanza tan necesaria para que tu voluntad
asome por entre las grietas de la neurosis. Hay que movilizar
tus posibilidades de ser siendo y que puedas mirar tu hori-
zonte existencial con optimismo, tomando en cuenta qué
hay en tu presente que te puede brindar sentido y no estás
captando. Las preguntas van dirigidas a tu proyecto, a tu fu-
turo, buscando que te autoconfrontes en el aquí y ahora.
Acá te dejo algunos ejemplos de autoproyección con
diálogo socrático. Trata de relacionarlos contigo y ver cómo
desplegar tu libertad:
102
Alejandro Salomón Paredes
T: Dime ¿cómo te ves de aquí a seis meses de terapia?
C: bueno, espero sentirme mejor
T: ¿y qué sería sentirte mejor?
C: sentirme no tan triste todo el tiempo, pero no sé
cómo lograrlo
T: bueno para eso estás aquí. Desde ya es muy terapéuti-
co que logres verte a futuro diferente y mejor.
Otro ejemplo:
C: me veo igual
T: te entiendo, debe ser difícil observar el futuro con un
presente tan duro
C: así es, no puedo verme distinto
T: ¿quisieras poder verte distinto?
C: claro, pero no sé si lo lograría
T: a ver, probemos, ¿cómo te gustaría verte? Usa un poco
tu imaginación
C: no lo sé, más auténtico, menos obsesivo, como que
más libre
T: y en este momento ¿quisieras arriesgarte a imaginar
ese futuro? A ver cierra los ojos y déjate llevar por ese
querer estar mejor…
Algunas preguntas clave que pueden ayudarte a auto-
proyectarte o con las que puedes ayudar a otra persona
pueden ser:
• ¿Cómo me veo de aquí a un año?
• ¿Cómo me gustaría verme?
• ¿Qué significaría ser diferente?
• ¿Cómo quisiera sentirme?
• ¿Qué necesito hacer ahora para lograr eso?
• ¿Qué es lo valioso de ser diferente?
• ¿Qué sentido tiene ser diferente?
• ¿Qué cambiaría en mi vida si soy diferente?
103
ii. El diálogo socrático
Dialogo socrático y autotrascendencia
La autotrascendencia es tu capacidad para ir más allá de ti al
encuentro con los valores. En palabras de Frankl: “Porque ser
hombre significa estar orientado hacia más allá de sí mismo,
hacia algo o alguien…un trabajo que realizar o un ser huma-
no al cual amar” (Frankl, 1997 P. 51). La esencia del hombre
es su autotrascendencia (Frankl, 1997). Por eso cuando te
neurotizas puedes ensimismarte y no salir al mundo, no ir
más allá de ti. De esta forma no logras captar los valores
y el sentido en tu vida, siendo el sentido una “percepción
cognitiva y afectiva de valores” (Martínez, 2011). Como ser
humano estás llamado a realizarte en la medida en que te
autotrasciendes (Frankl, 2003b), en que sales y vas más allá
de ti y captas lo valioso que hay en tu vida, en tu mundo, en
tu existencia. Según E. Martínez, la autotrascendencia como
capacidad espiritual puede a su vez manifestarse a través de
la diferenciación, la afectación y la entrega (Martínez, 2011).
Diálogo socrático y diferenciación
La Diferenciación es tu capacidad para ir más allá de ti y
ver a los otros. Es tu capacidad para estar junto a otro ente
espiritual (Martínez, 2011). La diferenciación te permite
reconocer al otro como un legítimo otro (Martínez, 2012)
que piensa, siente, anhela y necesita de forma diferente a ti.
Si no lo logras no podrás vincularte de forma genuina con
ese otro, con el Tú (Buber). Nuestro diálogo socrático ha de
orientarse a que despliegues tu libertad para que te diferen-
cies de los demás, con preguntas dirigidas a tu unicidad y a
la conciencia de la alteridad, confrontando lo tuyo con lo
ajeno con el fin que distingas lo que corresponde a tu exis-
tencia y que tanto validas la presencia del otro.
Algunos ejemplos de cómo trabajar la diferenciación son
los siguientes. Autodistiánciate y observa de qué forma pue-
den ayudarte a autotrascenderte:
104
Alejandro Salomón Paredes
C: Me frustra tanto que ella no quiera ir conmigo, me
hace sentir que no le importo.
T: ¿y sabes qué siente ella?, ¿por qué no quiere ir contigo?
C: me dice que no le gustan ese tipo de reuniones
T: ¿y tú estás esperando que a ella le guste exactamente
lo mismo que a ti? (actitud irónica)
Otro ejemplo:
C: el problema es que me cuesta no creer que tengo la ra-
zón. Creo que mi esposa no es una persona muy lógica
T: y cuando la ves de esa forma, ¿cuál es tu actitud?
C: pues me cierro y le impongo mi razón
Algunas preguntas clave que pueden ayudarte a diferenciar-
te o con las que puedes ayudar a otras personas pueden ser:
• ¿Qué espero del otro?
• ¿Qué pasa si no esta persona no es como yo?
• ¿Cuál es la diferencia fundamental entre esta otra per-
sona y yo?
• ¿Espero que los demás sean como yo quiero?
• ¿Tiendo a validar la opinión o el sentir de otro, o me
cuesta?
• ¿Qué tiene esa otra persona de única y especial?
• ¿Qué aspectos son míos y qué aspectos pertenecen al
otro?
Diálogo socrático y afectación
Otra manifestación de tu autotrascendencia es tu capacidad
para dejarte tocar por los valores, de resonar afectivamente
en su presencia. Es la llamada Afectación (Martínez, 2012),
que implica que estés abierto(a) al mundo, salir e ir más allá
de ti al encuentro del sentido, que te espera afuera, en la vida
misma. Cuando te encuentras inauténtico(a) tu capacidad de
afectación se restringe, bloqueando el que puedas captar lo
que es realmente significativo para ti. Al estar continuamente
105
ii. El diálogo socrático
“adentro” no logras salir para ver lo que hay fuera, perdiendo
posibilidades de hallar sentido a tu vida y a lo que te acontece.
La labor socrática implica entonces movilizarte hacia “afuera”, a
encontrarte y vibrar emocionalmente con personas, tareas, pro-
yectos, experiencias y todo aquello que te viene pasando des-
apercibido y que es posibilidad de hallar y realizar sentido en
tu vida. Es precisamente un asunto de percepción, de estar en
una actitud de apertura para poder “ver” los valores, y sentirlos.
Nuestro diálogo se centrará en preguntas que exploren tu sentir
respecto a lo que hay frente a ti, apelando a tu emocionalidad,
a tus sensaciones corporales, al eco que resulta de conectar con
lo valioso, con lo que construye vida para ti y para los demás.
Ve de qué forma este ejemplo te puede ayudar a autotras-
cenderte y dejarte afectar:
T: Veo que hay lágrimas en tus ojos cuando me hablas de
tu familia. ¿Qué es lo que sientes?
C: Tristeza. Me duele verlos así.
T: Me imagino cuan valiosos son para ti, que te entriste-
ce su situación. ¿En qué sentido su sufrimiento tiene
que ver contigo?
C: con todo esto, esta adicción que no quiero reconocer
T: Entonces, ¿Tiene sentido para ti no hacer nada al res-
pecto, con todo y lo que sientes en este momento?
C: creo que no, quisiera empezar algo distinto
Otro ejemplo:
C: no quiero decirle a mi papá lo que siento, no le tengo
confianza
T: ¿qué podría pasar si le dices?
C: que no me tome en cuenta, eso me haría sentir triste
T: entiendo que es un riesgo para ti decirle. ¿Es impor-
tante para ti sin embargo decirle lo que sientes?, ¿pue-
de haber algo valioso en ese riesgo?
C: si, que mi papá sepa mejor qué me pasa y conocerlo
mejor también
106
Alejandro Salomón Paredes
T: ¿podrías imaginar ese momento?, ¿qué sientes?
C: (llanto y sonrisa) mucha alegría
T: veo que esto es algo muy valioso para ti
Algunas preguntas clave que pueden ayudarte a desplegar
tu afectación o con las que puedes ayudar a otra persona
pueden ser:
• ¿Qué siento frente a esto?
• ¿Cómo resuena en mí esto?
• ¿Siento que esto me emociona?
• ¿Qué hay tan valioso/importante allá afuera que no
estoy viendo?
• ¿Puede haber algo valioso/importante en esta decisión?
• ¿De qué me estoy perdiendo con mi actitud actual?
• ¿Qué estoy prefiriendo?
• ¿Qué estoy postergando?
• ¿Cuánto sentido puede tener esto para mí?
• ¿Siento que hay algo que me atrae en esto?
Diálogo socrático y entrega
Según Viktor Frankl puedes encontrar sentido a tu vida en
el donarte al mundo en una acción concreta: una tarea, un
servicio, una ayuda, un trabajo, o renunciar a algo a favor
de otro, desinteresadamente, sin buscar satisfacción alguna.
Es la entrega una manifestación de tu autotrascendencia. En
palabras del fundador de la logoterapia: “solo en la medida
en que el hombre se aparta de sí mismo en cuanto deja de
lado los intereses y la atención egoístas consigue un modo
auténtico de existencia” (Frankl, 2007 P. 107) haciendo
alusión a la capacidad específicamente humana de autotras-
cendencia. En este sentido nuestro diálogo se orientará a
movilizarte hacia la realización de algo concreto en tu vida, a
partir de preguntas que apunten a que te decidas a abrirte al
mundo donde los valores te esperan.
107
ii. El diálogo socrático
Algunas preguntas clave que pueden ayudarte a desplegar
tu capacidad de entrega o con las que puedes ayudar a otra
persona pueden ser:
• ¿Siento que esto puede ayudar a otras personas tam-
bién?
• ¿De qué forma esto puede construir vida para otros?
• ¿Esto que hago tiene sentido para mi?
• ¿De qué manera puedo brindarme a otros con esta ex-
periencia?
• ¿Qué otras personas pueden enriquecerse con esto que
me pasa?
• ¿Esto que quiero hacer es solo para mi o implica a al-
guien más?
• ¿De qué forma mi sufrimiento puede servirle a otras
personas?
La ironía y los señalamientos socráticos
El dialogo socrático implica una forma de encontrarnos
donde no solo hay un ir y venir de preguntas y respuestas
mecanizadas, sino una actitud de entrega y disposición
mutuas que se va construyendo con el pasar del tiempo, y
que parte indefectiblemente de mi actitud como terapeuta.
Sin embargo, aunque pareciera que las preguntas cobran
especial relevancia (ya que eres tú quien ha de responder),
también son de vital importancia los señalamientos, es decir,
aquellas intervenciones en las cuales ponemos énfasis en al-
gunos aspectos que en el vínculo se van dando y que llaman
la atención. Para señalarte estos aspectos utilizaré la ironía y
en ocasiones el humor para facilitar tu autodistanciamiento.
Aquí podemos encontrar:
• Lo no verbal
Esto es señalarte de forma fenomenológica tu conducta no
verbal, sin interpretar ni explicar nada, buscando que te lo-
gres aclarar respecto a tu propio ser. Eres un ser integral, una
108
Alejandro Salomón Paredes
unidad y totalidad donde tu corporalidad expresa lo auténti-
co en ti. Es solo cuestión de prestarte atención.
Ejemplos de señalamiento de lo no verbal:
T: veo que tus ojos brillan cuando me hablas de esto
T: me parece curioso que justo quieras ir al baño cuando
te pregunto sobre esto
T: noto que no me miras a los ojos
• Lo humano
Aquí te señalo, desde mi propio vivenciar en el encuentro,
algún aspecto natural de tu humanidad que no te permites
vivenciar. Precisamente cuando estás inauténtico(a) bloqueas
el fluir natural de tu vida, en tus esfuerzos por no vivir la an-
gustia que la vida misma conlleva.
Algunos ejemplos de señalamiento de la naturalidad:
C: Me siento tan triste, realmente deprimido.
T: ¿Hace cuánto tiempo que te ocurrió esto que me
cuentas?
C: tres semanas
T: bueno, me alivia que esto te esté pasando. Me preocu-
paría que tras tres semanas no estés triste por algo tan
doloroso para ti.
Otro ejemplo:
C: siento miedo a mostrarme en realidad con lo que me
pasa frente a todos.
T: te entiendo. Y mira, me preocuparía si no tuvieras
reparo en los demás y si no cuidarás eso que es tan va-
lioso para ti. Quizá ya no estarías aquí.
• Las incoherencias
Señalar una incoherencia es poner al descubierto la sana
confrontación entre tu modo de ser inauténtico desde donde
tiendes a la tranquilidad / seguridad y tú como persona espi-
ritual que buscas el cambio y te orientas a valores, es decir,
entre la restricción y el recurso libre. A partir de señalarte
109
ii. El diálogo socrático
una incoherencia (con la respectiva confusión que se genera)
lograrás la claridad para la elección consciente y responsable,
para intencionarte hacia el sentido (Lukas, 2004). Aquí pue-
do ser muy irónico pero sin llegar a ser sarcástico o hiriente.
La idea es generarte una sana confusión que revele tu incon-
gruencia existencial, abriéndote a nuevas posibilidades de ser.
Algunos ejemplos:
C: no puedo decir lo que siento frente a otras perso-
nas. Me siento una débil, una tímida.
T: No te entiendo bien, yo noto que me hablas y me
estás diciendo lo que sientes. ¿Exactamente a qué te
refieres?
Otro ejemplo:
C: Soy un completo inútil, así me siento.
T: bueno es obvio que viniste. Y llegaste a tiempo. Creo
que hay que revisar eso de ser un completo inútil.
Otro ejemplo:
C: Siento que no le importo a nadie.
T: Entiendo, pero hay algo que me causa curiosidad,
porque has decidido venir a terapia, ¿para qué?
C: para intentar estar mejor
T: ¿es importante para ti estar mejor en tu vida?
C: claro si
T: entonces me confundes porque hace un rato dijiste
que no eres importante para nadie, pero estás aquí
diciéndome que es importante para ti estar mejor.
Me pregunto qué tan importante eres para ti mismo
como para venir a terapia para querer estar mejor.
• La intención de las pasividades y actividades incorrectas
Las formas rígidas que usas para cuidar tus “moretones” y
que pueden ser parte de un modo inauténtico de ser, tienen
como hemos visto, una intención amorosa (protegerte), solo
110
Alejandro Salomón Paredes
que en ese cuidado puedes realmente encerrarte en ti mis-
mo(a) detrás de tu personalidad y perderte de los valores y el
sentido que te esperan allá afuera, en tu vida.
Señalarte esa intención puede movilizarte a mirarte con
otros ojos, a observar tu modo de ser y lo que tanto cuidas
con una mirada que te ayude a comprenderte más y auto-
rregularte, tomando las riendas y aceptando la angustia de
saltar hacia la autenticidad y la responsabilidad de asumir tu
proyecto existencial.
Algunos ejemplos de cómo señalar la intencionalidad de
las pasividades y actividades incorrectas:
T: Entiendo que esta es la forma que has aprendido a
usar para cuidarte…
T: Te sonará extraño, pero me tranquiliza que hayas usa-
do por tanto tiempo este modo de ser. Sino quizá no
estarías aquí hablándome.
T: Cuán importante resulta que encuentres formas de
cuidarte. Solo que no siempre la forma es la más ade-
cuada, aunque la intención sea muy amorosa.
• El terapeuta presente
La logoterapia plantea un encuentro entre personas, donde
estamos presentes horizontalmente, cara a cara, tú y yo.
Durante nuestro encuentro terapéutico puedo permitirme
expresarte directamente lo que siento en relación a ti, favo-
reciendo tu autodistanciamiento respecto a tu modo de ser
inauténtico (Martínez, 2011) o movilizando tu autotras-
cendencia manifestada en diferenciación y afectación. Por
supuesto este expresarme no es en absoluto pre establecido
sino más bien genuino y espontáneo. Por supuesto esto da
pie a mi propio autodistanciamiento como terapeuta respec-
to a aquello que siento frente a ti.
Algunos señalamientos:
T: te voy a ser sincero, cuando te levantaste e hiciste ese
111
ii. El diálogo socrático
ademan sentí miedo. Me dieron ganas de alejarme de
ti. Me pregunto a cuántas otras personas les pasará lo
mismo.
T: te diré que cuando te veo en esa actitud me dan ganas
de sacudirte y decirte ¡despierta! Me pregunto con
quienes más te pasa algo parecido.
T: a veces siento como que no estuvieras. Se me dificulta
verte. ¿Te pasa esto con otras personas?, ¿como que no
te vieran?
• El completamiento de frases
Esta forma de usar el diálogo te ayuda a conectarte con
aquello que evitas ver o con aquellos recursos que se encuen-
tran latentes en ti, ampliando tu autoconsciencia. Son frases
abiertas que te invitan a completar con aquello que sientes
sobre ti mismo(a) o que ya sabes de ti pero te cuesta obser-
var o aceptar.
Algunos ejemplos de completamiento son:
T: Entonces esto significa que tú…, o que el…
T: Entonces esto te hace sentir eso cómo un…
T: Entonces temes sentirte como un…
T: Y alguien que fracasa es un…
T: Entonces es como si en ti hubiera un recurso de…
T: Al verlo así es como si tuvieras la capacidad de…
Como hemos revisado a lo largo de este capítulo, el diálogo
socrático en la logoterapia representa una alternativa psico-
terapéutica centrada en una actitud fenomenológica, en el
encuentro siempre abierto hacia la otra persona, sostenido
en el más elevado respeto por la unicidad, dignidad y liber-
tad personales. En este sentido nos propone una rehumani-
zante forma de aproximarnos y vincularnos, y de actualizar
lo libre de cada quien, hacia la autenticidad, la responsa-
bilidad y la apertura a los valores, es decir, a vivir una vida
plena de sentido.
112
Segunda parte
ejercicios vivenciales
Alejandro Salomón Paredes
ntes de empezar a experienciar, quiero que tengas
en cuenta que no hay respuestas ni experiencias
buenas ni malas, ni sanas o insanas. Todo te sirve.
Todo te ayuda. Todo tiene un sentido para que lo descubras.
Cada ejercicio contiene al final preguntas socráticas que
puedes utilizar para revisarte respecto a cada experiencia.,
encontrando tus propias respuestas.
Puedes utilizar estos ejercicios tanto para el despliegue de
tu libertad y apertura hacia los valores, como para ayudar a
otras personas en ser más auténticas y libres, si es el caso.
i
Para descubrir sentido por medio
de dar
(valores creativos)
omo ya hemos visto, puedes descubrir sentido en
tu aporte al mundo, a tu mundo. Puedes encontrar
sentido en toda aquella acción que implique dar.
Esto quiere decir que a través del trabajo, del arte, del servi-
cio, de la ayuda y del esfuerzo puedes captar y realizarte en
valores, auto realizándote.
Entonces este sentido que encuentras en el dar involucra
realizar valores. Esto es confirmar lo que das como valioso en
la medida en que trasciendes tu propio ser, ya que lo que das
siempre está dirigido directamente hacia otros. Tu trabajo,
por ejemplo, es siempre para alguien más. Tú te enriqueces
de forma indirecta. Es lo que podemos llamar intencionali-
dad (Husserl, 2011).
Los ejercicios que se detallan a continuación favorecen
que puedas esclarecer los valores creativos, para movilizar tu
voluntad de sentido.
“…y si lo hago solo para mí, ¿quién soy?”
Hillel
¿Para quién?
Tu trabajo es una fuente inagotable de sentido. Descubrirlo
y vivirlo dependerá de la actitud con la cual lo realices. Lo
importante es no perder de vista el para qué de tu labor, o
mejor dicho, el para quién.
Te invito a sentarte cómodamente y tomar una hoja de
papel y un bolígrafo.
115
i. Para descubrir sentido por medio de dar
Ahora haz una lista de acciones que constituyan tu
trabajo actual, de la siguiente forma: “Esto que realizo es
para…” completando con aquello que te nazca.
Revisa:
• ¿Aparecen en mi mente otras personas en primer lugar?
• ¿Aparezco yo como beneficiario de mi trabajo en pri-
mer lugar?
• ¿Qué significa hacerlo solo para mí?
• ¿Qué sentido puedo hallar en que sea en primer lugar
para alguien más?
Si te das cuenta, el trabajo es un servicio. Es inevitable-
mente algo que haces para alguien más que tu. A ver qué
puedes descubrir.
Si hoy me muero
¿Alguna vez te has puesto a pensar qué harías si te quedara
un día de vida? Te invito a imaginar ese día. Haz una lista de
diez cosas que harías si supieras que hoy morirás y que im-
pliquen dar. Incluye aquello que quizá estás dejando pasar
frente a tus ojos, creyendo tener todo el tiempo del mundo
para algún día encararlo o realizarlo. De repente pasen por
tu mente algunas personas, alguna tarea que realizar o algún
proyecto que terminar. Tómate tu tiempo.
Revisa:
• ¿Qué es todo esto tan valioso que estoy dejando pasar?
• ¿Qué me impide ir a su encuentro?
• ¿Qué está a mi alcance dar y a quién?
• ¿Qué elijo hacer ahora?
Por si no te has dado cuenta, eres un ser finito, es decir,
te vas a morir y no sabes cuándo. Ya sabes a lo que me refie-
ro… ¿Qué estás esperando?
116
Alejandro Salomón Paredes
Un último deseo
Te invito a sentarte cómodamente.
Nuevamente experimentaremos con la muerte, y aunque
suene trágico (que lo es) ten por seguro que no estaremos
hablando solo de la muerte, sino sobre todo conectando con
la vida, con Tu vida.
Imagina que este es tu último instante, y por obra de un
genio mágico te es concedido un último deseo.
Revisa:
• ¿Cuál es mi último deseo?
• ¿Eso que he deseado es algo para mí o es para alguien
más?
• ¿Si pudiese intervenir en ese deseo que es para alguien
más, cómo lo haría?
• ¿Qué me impide hacerlo sin esperar a que sea mi últi-
mo instante?
• ¿Qué elijo hacer ahora?
La misión personal
El sentido de la vida puede ser entendido (o mejor dicho,
sentido) como una misión personal. Un propósito concreto
para tu existencia concreta, en tu momento actual. ¡Te invi-
to a encontrar tu misión personal!
Si tu misión es ayudar… ¿a quién ayudarías? ¿De qué
forma?
Si tu misión es servir… ¿a quién servirías? ¿Y cómo?
Si tu misión es crear… ¿qué crearías y para quién sería tu
creación? (usa tu imaginación).
Si tu misión es donar… ¿Qué donarías y a quién?
Revisa:
• ¿Qué estoy haciendo en este momento para cumplir
mi misión personal?
• ¿Cuál puede ser el primer paso para realizarla?
• ¿Qué personas aparecieron en mi mente?
• ¿Qué elijo hacer ahora?
117
i. Para descubrir sentido por medio de dar
Epitafio
Te invito a sentarte cómodamente y cerrar los ojos.
Ahora imagina que ya has muerto. En tu lápida figura
tu nombre completo, así como la forma como te llamaban
cariñosamente tus familiares y amigos. Un poco más abajo
figuran aquellas cosas que dejaste como una aportación al
mundo, es decir, aquello por lo cual serás recordado. Fíjate
bien qué es lo que dicen esas palabras.
Haz una lista de aquellos aportes que viste en tu lápida y
quisieras dejar al mundo, por lo cual quisieras que te recuer-
den.
Revisa:
• ¿De todas las cosas que vinieron a mi mente, cuáles ya
las he realizado, cuales estoy realizando y cuáles aun no?
• ¿Cómo puedo empezar a realizarlas?
• ¿Cómo puedo realizarlas a través de mi trabajo?
• ¿Para quién o quiénes son esas cosas?
• ¿De qué forma estas cosas pueden dar sentido a mi
vida y ayudar a otros?
Descubriendo propósito proyectándome
Te invito a sentarte cómodamente.
Observa a tu alrededor y fíjate en el objeto que más llame
tu atención. Ahora cierra tus ojos y observa a ese objeto en
tu mente. Por un momento, usando tu imaginación, con-
viértete en ese objeto. ¿Cómo son tus formas?, ¿de qué color
eres?, ¿cómo es tu vida siendo este objeto?, ¿cómo llegaste a
estar donde estás?, ¿para qué estás aquí?, ¿cuál es tu función
o propósito? Ten claridad sobre todos estos aspectos lo más
que puedas.
Ahora abre tus ojos lentamente y revisa:
• ¿En qué me parezco yo a ese objeto?
• ¿En qué se parece mi vida a la existencia que imaginé
siendo ese objeto?
118
Alejandro Salomón Paredes
• ¿Cómo puedo relacionar la función o propósito siendo
el objeto con mi vida real?
• ¿Para qué estoy en el mundo?
• ¿A qué me mueve esto?
• ¿Qué elijo hacer ahora?
La proyección no es solo un mecanismo de defensa para
no aceptar cosas terribles que perturbarían tu conciencia, ni
un bloqueo que solo sirve para eludir tu responsabilidad Es
también una excelente forma de captar valores. De esta for-
ma, partiendo de la proyección que haces sobre el ambiente,
puedes luego abrirte al mundo para encontrar sentido.
El cómo más que el qué
Te invito a sentarte cómodamente.
Imagina que estás en tu trabajo como si fuera aquí y aho-
ra. Conéctate con cómo te sientes al hacerlo. Nota qué es lo
sientes y qué pasa por tu cabeza mientras lo haces. ¿Te agra-
da?, ¿Te desagrada?
Revisa:
Si me agrada, ¿Qué sentido tiene para mí trabajar?
¿Cómo siento mi labor para encontrarle sentido?
¿Qué estoy haciendo para que aporte sentido a mi vida?
Si no me agrada, ¿Qué sentido tiene seguir en este trabajo?
¿Qué hay de valioso en esta labor que realizo aunque no
me agrade?
¿Cómo puedo hacer para que mi trabajo tenga más sentido?
¿Cuándo siento que no me agrada mi trabajo, en quién
estoy pensando en primer lugar? ¿Hay alguien más en quien
pensar?
Tu trabajo es una fuente de sentido, pero depende de
cómo lo vivas. Más que qué haces importa cómo lo haces,
pues en el cómo reside la actitud.
119
i. Para descubrir sentido por medio de dar
¿Qué es más importante?
Te invito a sentarte cómodamente. Puedes tener a la mano
una hoja de papel y un lapicero.
La siguiente lista incluye varios aspectos de un trabajo.
Señala en orden ascendente cuáles son para ti los más im-
portantes a manera de una jerarquía.
. El sueldo ( )
. El ambiente físico ( )
. El horario de trabajo ( )
. La carga laboral ( )
. La dificultad de la labor ( )
. A quienes llega o beneficia la labor ( )
. Los compañeros ( )
. Personas a tu cargo ( )
. Aporte a la comunidad ( )
. La actitud del jefe ( )
. Metas a alcanzar mensualmente ( )
. Lo agradable de la labor ( )
Revisa:
• ¿Qué resulta más importante para mí en mi trabajo?
• ¿Qué tan centrado estoy en mi mismo(a)?
• ¿Qué tanto estoy mirando más allá de mí?
• ¿A quienes dejo de ver por centrarme tanto en mí?
• ¿Qué otros aspectos valiosos puede brindarme mi tra-
bajo?
• ¿De qué forma puedo aportar al mundo con mi trabajo?
Realmente puedes dejar pasar o perder de vista muchos
aspectos valiosos e importantes si estás muy concentrado(a)
en ti y en lo que te beneficia. Puede serte muy sano el abrir-
te un poco más al mundo y ver más allá de ti, pues el senti-
do implica siempre a alguien más que tú.
120
ii
Para descubrir sentido
en las experiencias
(valores de experiencia)
as experiencias de encuentro con el mundo y con
otras personas de manera auténtica te proveen de
sentido. Realmente en toda situación de tu vida
existe un sentido como posibilidad para ser encontrado
(Frankl, 2002). El sentido debes descubrirlo tú. Nadie puede
hacerlo por ti. Es un sentido único y particular para cada
uno de nosotros en una experiencia única y particular. En
palabras de Viktor Frankl: “los sentidos son descubiertos, no
inventados”.
Pero, ¿qué significa un encuentro auténtico con otro?
Significa que te encontrarás con la otra persona sin ponerte
ni ponerle máscaras. Irás a su encuentro para confirmar algo
más que un encuentro común. Te encontrarás con ese otro
en un vínculo. Esto es, que no buscarás en esa persona al
objeto satisfactor de alguna necesidad trunca, ni a la cosa que
en parte llenará tus vacíos. Vas a su encuentro consciente
que no hay ninguna ganancia secundaria. No hay ningún
para qué encontrarte con el otro. Tan solo te encuentras con
ese otro, por quien es, porque posee algo valioso en su ser
que te atrae. No es un objeto que te sirve, ni una cosa que
puedes tener, sino una persona que te nutre. El vínculo solo
es posible (citando a M. Buber) si hay un Yo y hay un Tú, y
si ese otro también te ve como un Tú (Buber, 1979). Al vín-
culo lo envuelve el amor.
121
ii. Para descubrir sentido en las experiencias
En tal calidad de encuentro, tienes la posibilidad de des-
cubrir algo más maravilloso aun: el sentido, lo valioso de ese
encuentro para ti. El único propósito es enriquecernos con
lo que crecerá entre nosotros. Si sientes que es valioso para ti
este vínculo, entonces descubres el sentido encriptado en tal
momento.
Dependerá de ti si eliges ver a ese otro como un Tú (per-
sona) o como un Ello (cosa). En palabras de Buber: “el hom-
bre no puede vivir sin el ello, pero quien solo vive con el ello no
es un hombre” (Buber, 1959).
Tus experiencias con el mundo, además de con otros
seres humanos, también te proveen de un sentido por des-
cubrir. Si decides tomar el riesgo de salir al mundo con todo
lo que te ofrece: naturaleza, calor, peligros, etc., entonces
descubres el sentido de cada situación y de cada experiencia.
Y sin duda aquello que es realmente valioso para ti tiene mu-
cho sentido en tu vida.
Sin embargo, el poder descubrir sentido pertenece a lo
espiritual en ti, a la libertad y al amor que es en tu ser, a tu
sensibilidad con los demás y tu apertura con el mundo, por
lo que captar valores solo en lo material, en el status socio -
económico, en lo nada más que placentero o en lo que tienes,
más bien facilitará en ti una frustración existencial y una
vida vacía de sentido.
Los ejercicios que se detallan a continuación son una
guía para que eches a andar el motor de tu voluntad de sen-
tido, aprehendiendo el mundo por medio de tus experien-
cias. Adelante entonces…
Porque y para…
Siéntate cómodamente frente a alguien con quien tengas
una relación de cualquier tipo. Si no hay nadie contigo
en este momento, imagina que esa persona está frente a ti
(padres, hermanos, pareja, amigos). Dirígete a esa persona
122
Alejandro Salomón Paredes
y dile: “Me vinculo contigo porque…”, completando con
aquello que te surja. Continúa la frase diciendo: “y me vin-
culo contigo para…”, completando también con lo que
aparezca. Tu compañero(a) hará lo mismo.
Revisa las diferencias entre tus porque y tus para. Ten en
cuenta además hacia donde se dirige tu intencionalidad. Por
ejemplo:
. Hacia ti mismo (“…para ser feliz”).
. Hacia el nosotros (“…para ser felices”)
. Hacia el otro: (“…para hacerte feliz”)
Revisa junto a tu compañero(a):
• ¿Qué sentido tiene esto para mí?
• ¿Qué descubro en mi relación con esa persona?
• ¿Qué pasa si esa persona no está?
• ¿Me puedo estar perdiendo de algo valioso con mi
modo de ser actual?
• ¿Qué elijo hacer ahora?
• ¿Cómo elijo vincularme con esta persona ahora?
Una relación en valores implica un poco de cada una de
las “posiciones”, siendo importante lo que puedes recibir del
otro, lo que pueden construir juntos y lo que puedes darle.
Sin embargo, si solo encuentras “paras” hacia ti mismo(a) es
una oportunidad para revisarte, al igual que si solo vives en
función de darle al otro.
Tener y perder
“Solo se pierde lo que se tiene”
Siéntate frente a otra persona de la manera más cómoda que
encuentres, respirando suavemente y relajando los músculos.
Ten en tu mano derecha algún objeto que sea de tu pro-
piedad. Cógelo de un extremo y que quien está frente a ti
coja el otro extremo. La otra persona hará lo mismo con un
objeto de su propiedad. Ahora jala suavemente el objeto de
tu compañero. La otra persona hará lo mismo. Ve soltando
123
ii. Para descubrir sentido en las experiencias
poco a poco tu objeto a la vez que jalas el del otro, y explora
tu sentir con la experiencia de soltar. El acompañante va ja-
lando gradualmente hasta soltar el suyo también.
Revisa junto con tu compañero(a):
• ¿Qué sentí durante el ejercicio?
• ¿En qué me enfoqué más, en no perder mi objeto o en
tener el de la otra persona?
• ¿A quién siento en mi vida como si fuese ese objeto?
• ¿A qué me arriesgo si lo suelto?
Un vínculo auténtico implica encontrarte con otra per-
sona sin sentir que la posees o que te poseen. No se trata de
tener a alguien, ya que si tienes a alguien, ese alguien pasa
a ser un algo, una cosa. Y solo puedes perder lo que tienes.
Revisa que vínculos merecen que los vivas de forma más au-
téntica.
Matrimonio con la Vida
Te invito a ponerte de pie. Imagina que estás contrayendo
matrimonio con tu propia vida.
Responde con un rotundo “Si, acepto” a cada frase:
• ¿Aceptas que tu vida no ha sido, es ni será como tú es-
peras exactamente que sea?
• ¿Aceptas que posiblemente sufrirás aún más de lo que
crees poder soportar?
• ¿Aceptas que fracasarás tanto o quizá más de lo que lo-
gres?
• ¿Aceptas que morirás tarde o temprano y que en mu-
cho no dependerá de ti?
• ¿Aceptas que tus seres queridos morirán tarde o tem-
prano y no dependerá de ti?
• ¿Aceptas que no puedes ni podrás modificar muchas
situaciones de tu vida?
• ¿Aceptas que no puedes cambiar tu pasado por más
que quieras regresar en el tiempo?
124
Alejandro Salomón Paredes
• ¿Aceptas que en cualquier momento te podrá ocurrir
una desgracia?
• ¿Aceptas el hecho de que nadie se hará cargo de tu vida
por ti?
Toma distancia de ti mismo y revisa las dificultades en la
aceptación, si las hubiera. Ahora date un abrazo fuerte con
tu propia vida (como quiera que la imagine. Se puede utili-
zar un cojín, o abrazarte a ti mismo).
Revisa:
• ¿Qué descubro con este ejercicio?
• ¿Me fue sencillo o difícil aceptar?
• ¿Qué es lo que más me costó aceptar?
• ¿Qué es lo que acepté con más facilidad?
• ¿Qué implica aceptar esos términos?
• ¿Cómo esto puede ayudarme a encontrar sentido a mi
vida?
Resignificando vínculos
Te invito a asumir una postura cómoda, sin cruzar brazos o
piernas. Siéntate frente a una persona con la cual tengas un
vínculo.
A continuación dile a esta persona una lista de sus “eres”
(p.e. “eres antipático”, “eres flojo”, “eres intolerante”, “eres
una neurótica”, etc.) y explora lo que sientes al decirle estos
adjetivos. Recuerda lo que le vas diciendo.
Ahora harás un cambio sustancial: nuevamente dile a
quien tienes al frente esos adjetivos, pero retirando el eres y
sustituyéndolo por “tienes momentos de…”, “te está pasando
que…”, “te ocurre que…” (p.e. “tienes momentos de intole-
rancia”) y nota si hay diferencia en cómo te sientes a hacer este
cambio. Tu compañero(a) hará lo mismo dirigiéndose hacia ti.
Si deseas puedes hacer un cambio de rol (asumir la posi-
ción de la persona que está frente a ti) para trabajar empatía
y reforzar una adecuada resignificación.
125
ii. Para descubrir sentido en las experiencias
Revisa junto a tu compañero(a):
• ¿Qué puedo descubrir al hacer este ejercicio?
• ¿Qué forma me ayuda más a vincularme mejor con la
otra persona?
• ¿Con cuál de las dos formas puedo ver más al otro?
• ¿De qué me estoy perdiendo por ver a esa persona
como la vengo viendo?
• ¿Qué opción tiene más sentido para mí?
La forma cómo usas el lenguaje revela la percepción que
tienes de ti mismo(a) y de los demás. Esa percepción puede
ser limitante sobre todo si ves a esa persona de forma estática y
reducida. De esta manera no logras ir más allá de ti al encuen-
tro de ese otro, sino que te relacionas con tu propia interpre-
tación o valoración, o con solo un aspecto de esa otra persona.
Si varías tu uso del lenguaje podrás ampliar la posibilidad de
captar lo valioso en tu experiencia con esta otra persona. Es
una ventaja poder autodistanciarte y poder autotrascenderte.
Placer y alegría
Te invito a sentarte cómodamente.
Haz una lista de situaciones y/o acciones que te generen
placer, completando de la siguiente forma: “Siento placer
cuando… (Situación / acción)”. Toma conciencia de qué
sientes mientras lo dices.
Ahora haz otra lista, esta vez con situaciones y/o acciones
con las que sientas alegría, completando de la siguiente for-
ma: “Siento alegría cuando... (Situación / acción)”.
El placer es una sensación (psicofísica) agradable relacio-
nada a lo que Max Scheler llama valores sensibles (Scheler,
2010). La alegría en cambio es una emoción que trasciende
al placer. Sientes alegría cuando estás ante un valor más ele-
vado, un valor espiritual, donde la satisfacción llega como
efecto de la realización de un sentido, en un encuentro au-
téntico con otro ser humano o con el mundo.
126
Alejandro Salomón Paredes
Revisa:
• ¿Qué diferencia encuentro entre mis experiencias de
placer y mis vivencias de alegría?
• ¿Hasta qué punto estoy centrado en obtener placer?
¿Para qué?
• ¿De qué aspectos valiosos me puedo estar perdiendo?
• ¿Qué elijo hacer ahora?
Atracción y empuje
Te invito a sentarte cómodamente.
A continuación haz una lista de todo aquello que te atrai-
ga, de la siguiente forma: “Me siento atraído por… (p.e. mi
trabajo, estudios, pareja, familia, proyectos, etc.)”.
Seguidamente haz una lista de todo aquello que te em-
puje hacia algo, de la siguiente forma: “Mi… (p.e. cólera,
vacío, miedo, orgullo, apetito, lado seductor, etc.), me em-
puja a… (p.e. gritar, ofender, comer en exceso, depender
de alguien, ser infiel, etc.)” completándolo con aquello que
sientas.
Es importante saber que en aquello que te atrae puedes
descubrir sentido. Los valores y el sentido te atraen, te apa-
sionan, te invitan a intencionarte libremente hacia ellos, es
decir, los eliges. Los impulsos e instintos te empujan, no a
elegir, sino a reaccionar, aunque puedes caer en la ilusión de
plenitud o “felicidad” con esta satisfacción. Sin embargo, y
en palabras de Elisabeth Lukas: “la felicidad llega por añadi-
dura a una vida llena de sentido”.
Revisa:
• ¿Hay más aspectos que me atraen o que me empujan?
• ¿Qué significa para mí sentirme empujado?
• ¿Cómo es sentirme empujado?
• ¿Qué sentido encuentro en aquello que me atrae?
• ¿Esto que me atrae me emociona?
127
ii. Para descubrir sentido en las experiencias
Esperando a que tu…
Este ejercicio puedes hacerlo junto a alguna persona con la
que tengas un vínculo, puede ser la pareja, familiar o amistad.
Esta es una persona con la que actualmente tienes algún
vínculo con algunos problemas, y dile “yo espero que tu…”
completando con lo que esperes de esa persona. Haz una lis-
ta de varias de esas expectativas.
Ahora completa de la siguiente forma: “… para que así
yo…” y completa con aquello que descubras. (p.e. “yo espe-
ro que tu cambies para que así yo me pueda sentir tranqui-
lo” o “yo espero que tu nunca te enojes conmigo para que
así yo me pueda sentir querido”). Tu compañero(a) también
hará lo mismo.
En ocasiones tus vínculos pueden ser meros encuentros
si trasladas al otro la responsabilidad de tu sentir y actuar,
esperando algo del “tu” para así poder sentir algo, hacer algo
o llenar algo. Si aprendes a responsabilizarte de lo tuyo en la
relación, entonces será más sana, más auténtica y con más
posibilidades de descubrirle sentido.
Revisa junto a tu compañero(a):
• ¿Qué estoy esperando de la vida?
• ¿Qué estoy esperando de la otra persona?
• ¿Cuál es mi papel en todo esto?
• ¿Para qué espero tanto del otro?
• ¿A qué me arriesgo si soy yo mismo?
• ¿Qué elijo hacer ahora?
A continuación te presento una variante que puede serte
nutricia. Adelante.
Siéntate cómodamente frente a una persona con la que
tengas un vínculo e imagina que se ubica frente a ti. Diríge-
te a esta persona y dile: “Yo necesito que tú...” (Menciónale
lo que necesitas de esta persona).
Completa la frase con “para que así yo...” (Menciona lo
primero que venga a tu mente). La frase completa sería: “Yo
necesito que tú... para que así yo...”
128
Alejandro Salomón Paredes
También puede ser: “para que así yo me sienta...” o
“para que así yo pueda...”
Revisa junto a tu compañero(a):
• ¿En que aspectos de mi vida no doy respuesta por mí
y necesito exageradamente del otro para elegir, sentir
bienestar, seguridad o sentirme completo?
• ¿Qué elijo hacer ahora?
Este experimento ayuda también a clarificar la comunica-
ción si se trabaja en pareja, así como una mayor consciencia
de las expectativas tanto propias como del otro. Es decir, un
mayor conocimiento de ti mismo y del Tú (por lo que movi-
liza la capacidad de autotrascenderse).
Pensando y sintiendo
Te invito a sentarte cómodamente frente a alguna persona
con la que tengas una relación de cualquier tipo. Si no está
presente, puedes imaginarla frente a ti.
Haz una lista de diez cosas que pienses al tenerla frente a
ti, relacionadas a esa persona, completando de la siguiente
forma: “Yo pienso que tu…” y completa con lo primero
que aparezca en tu mente (p.e. “yo pienso que tu eres poco
empático” o “yo pienso que eres renegona”, etc.). Luego la
otra persona hará lo mismo respecto a ti.
Ahora harás un cambio sustancial. Haz otra lista, esta vez
con diez cosas que sientas en relación a esta persona, com-
pletando de la siguiente forma: “Yo te siento…” y completa
con lo primero que sientas (p.e. “yo te siento triste” o “yo
te siento tensa”, etc.). La otra persona hará lo mismo res-
pecto a ti.
Revisa junto a tu compañero(a):
• ¿Cuál de las dos formas de aproximarme al otro tiene
más sentido?
• ¿Con cuál de las dos formas puedo encontrarme más
con la otra persona?
129
ii. Para descubrir sentido en las experiencias
• ¿Qué ocurre cuando pienso a la otra persona?
• ¿Qué ocurre cuando siento a la otra persona?
• ¿Cómo me siento cuando me piensa la otra persona?
• ¿Cómo me siento cuando la otra persona me siente?
A veces tus vínculos pueden verse limitados por la forma
como te aproximas al otro, sobre todo si tiendes a hacer valo-
raciones, a prejuzgar o interpretar sin darte cuenta. Todo esto
pertenece al reino del pensar. De esa forma puedes poner una
barrera entre tú y esa otra persona, relacionándote más con
tus ideas que con ella misma. Puedes hallar más posibilidades
de valor en la relación si te abres a sentir a esa otra persona,
a resonar afectivamente en su presencia, tratando de poner
“entre paréntesis” tus pensamientos. ¡Que te sea nutricio!
El clon
Te invito a sentarte cómodamente y cerrar los ojos. Puedes
contar con alguien más para que te guíe en este ejercicio.
Pon tu mente en blanco.
Imagina que del fondo va apareciendo una persona muy
significativa hasta quedar justo frente a ti. Distingue bien de
quien se trata. ¿Cómo es esta persona? Fíjate bien en aquello
que la hace peculiarmente esta persona y no otra. Distingue
cómo te sientes frente a ella. ¿Qué la hace tan valiosa para tu
vida?
Ahora imagina que se va yendo, se retira hacia lo lejos
y te quedas nuevamente con la mente en blanco. Imagina
ahora que del fondo va apareciendo otra imagen. Es un clon
de la persona que estuvo frente a ti hace un rato. Exacta-
mente igual, con la misma ropa, gesto, postura, etc. Solo
que sabes que se trata de un clon. Distingue qué es lo que
sientes frente a esta persona. Luego de unos segundos, el
clon se retira hacia el fondo.
Finalmente nota que la persona original regresa hasta es-
tar frente a ti. Distingue si hay cambios en tu sentir. ¿Qué le
dirías?
130
Alejandro Salomón Paredes
Revisa:
• ¿Qué es lo que hace tan valiosa a la persona original en
mi vida?
• ¿De qué forma mi vínculo con esta persona le brinda
sentido a mi vida?
• ¿Hay algo que tengo pendiente con esta persona?
• ¿Cómo mi encuentro con esta persona me enriquece?
• ¿Cómo nuestro encuentro puede enriquecer a esa otra
persona?
El techo que me protege
“En el Yo – Tú estamos a la intemperie, por eso nos angustia-
mos, al no ver el techo que nos protegía, pero ese techo nos im-
pedía ver las estrellas”
Esta maravillosa frase de Martin Buber te ayuda a ver con
más claridad el encuentro auténtico entre Tú y otra persona,
fundado en la confirmación del otro respecto a su ser en el
presente y sus posibilidades de ser una mejor versión de sí
mismo. Ese tipo de encuentro te provee de sentido. Pero
para esto es necesaria la autenticidad, el asumir el riesgo a
quedarte a la “intemperie” frente al otro, sin ese techo que
utilizas para protegerte, para que quizá nadie toque ese mo-
retón que te duele. Pero ese techo, a la vez que te protege, te
impide “ver las estrellas”.
Te invito entonces a sentarte frente a alguna persona con
la que tengas una relación significativa. Si no está presente
puedes cerrar los ojos e imaginarla frente a ti.
Revisa junto a tu compañero(a):
• ¿Cuál es mi “techo”, el que utilizo para protegerme?
• ¿Para qué uso este techo?
• ¿Qué es lo que tanto cuido?
• ¿A qué me arriesgo si retiro mi techo?
• ¿Qué significa quedarme a la intemperie con la otra
persona?
131
ii. Para descubrir sentido en las experiencias
• ¿Qué significaría “ver las estrellas” en mi vida?
• ¿Qué aspectos valiosos me estoy perdiendo con esta
persona por no quedarme a la intemperie?
• ¿Cuál es el precio que tengo que pagar por usar así este
techo?
132
iii
Para descubrir el sentido
a las situaciones límite y al sufrimiento
(valores de actitud)
as situaciones límite (concepto elaborado por Karl
Jaspers y retomado por Viktor Frankl) son situacio-
nes inmodificables en el aquí y ahora. Son sucesos
que te invitan a elegir una actitud ante ellos. La actitud pue-
de ser de negación o resistencia (luchar o huir de lo que es) o
de aceptación, de humildad ante la vida. Esta última actitud
no es de ninguna forma una sumisión ante el destino (lo que
toca vivir), más bien te permite adueñarte del mismo, vi-
viendo de forma digna el sufrimiento o malestar que te sus-
cite la situación, con la posibilidad de descubrir el sentido.
En algunos casos la situación misma puede cambiar
(como en el caso de una enfermedad que se suponía incura-
ble y que se cura), pero aunque no cambie, lo que siempre
cambia es el significado que esa situación tiene para ti. Esto
ocurre cuando le encuentras sentido.
A través de un incorrecto uso del lenguaje y la imagi-
nación, puedes auto engañarte, cegarte a ti mismo, negarte
tu propia verdad, rechazando la situación y el dolor que ya
es más que asumiendo con responsabilidad. Es así que los
ejercicios presentados a continuación movilizan la autocom-
prensión y tu voluntad de sentido por medio de la reformu-
lación del lenguaje, el uso sano de la imaginación y el trabajo
corporal, con el propósito de resignificar experiencias límite
y convertir tu sufrimiento en un logro. En palabras del mis-
mo Jaspers: “hay algo en la tragedia humana que hace aflorar
lo mejor de la persona”.
133
iii. Para descubrir el sentido a las situaciones límite y al sufrimiento
¿Por qué a mí?
Te invito a sentarte cómodamente y cerrar los ojos.
Ahora trae a tu mente tres situaciones límite que hayas
transitado y que te generen malestar actualmente. Ante cada
una de estas hazte la pregunta ¿Por qué… (Situación) a mí?
(que seguramente ya te la vienes haciendo).
Revisa:
• ¿Qué siento al preguntar esto?
• ¿Me resulta útil seguir preguntando esto?
• ¿A quién se lo estoy preguntando?
• ¿Qué espero yo de la vida?
Ahora te invito a hacer un pequeño cambio: en vez de
¿por qué a mí?, pregúntate ¿para qué… (Situación) a mi?
Revisa:
• ¿Qué siento al preguntarme esto?
• ¿Qué diferencia encuentro al preguntarme esto ahora?
• ¿Qué posibilidades de valor y aprendizaje puedo en-
contrar?
• ¿Qué elijo hacer ahora?
Si haces la pregunta ¿por qué a mí? te limitas, te paralizas,
te victimizas. Si bien cuando la situación límite toca, es nor-
mal que cuestiones a la vida, con el paso del tiempo te das
cuenta que es la vida más bien la que siempre te pregunta
con situaciones, y está en ti responder a esas preguntas que
tu vida te formula. La confrontación que tu vida te hace con
cada situación es: ¿qué eliges hacer ahora? Ante esto puedes
adoptar diversas actitudes, como negar tu vivencia, luchan-
do contra lo que es o huyendo de ello “haciéndote el loco”,
o responder con una actitud de aceptación, de humildad,
descubriendo, a tu ritmo y a tu tiempo, el sentido latente,
para enriquecerte y estar coherente con la vivencia y de esta
forma, enriquecer a otras personas. Respondiendo das cara a
tu vida, por eso es que eres final y profundamente (y huma-
namente) responsable.
134
Alejandro Salomón Paredes
Revisa:
• ¿Qué sentido tiene todo esto para mí?
• ¿Qué aprendizaje o enseñanza valiosa puedo encontrar
en estas situaciones y que además pueda enriquecer a
los demás?
• ¿Con qué actitud estoy respondiendo a mi vida?
• ¿A qué me arriesgo si doy respuesta?
¿Para qué a ti?
Esta es una variante en pareja del ejercicio anterior. Siéntate
frente a otra persona y elijan quien es A y quien es B.
A continuación “A” le comparte a “B” tres situaciones
límite pasadas que le generen malestar actualmente (“B” es-
cucha en silencio respetuosamente). Luego de 5 minutos se
invierte el rol y “B” le comparte a “A” sus situaciones límite.
En cada situación compartida, se preguntarán mutuamente:
¿para qué crees que esto te ocurrió? ¿Qué posibilidad de
aprendizaje te brinda la vida con esta situación?
Ambos compartan lo que descubrieron.
Revisa:
• ¿Qué sentido puedo encontrar a todo esto?
• Si aun no encuentro un sentido, ¿Qué me está costan-
do aceptar?
• ¿Qué no quiero sentir?
• ¿De qué forma la presencia del otro puede ayudarme a
verme mejor?
• ¿Cómo elijo ver ahora esta situación?
¡Menos mal!
Te invito a sentarte cómodamente.
Trae a tu mente tres situaciones que realmente te generen
frustración, que no estén saliendo como tú quieres. Pueden
ser también pasadas.
Trabaja con cada situación de la siguiente forma: “¡Me-
135
iii. Para descubrir el sentido a las situaciones límite y al sufrimiento
nos mal que… (Situación)! para que así yo…” o “¡Gracias
a Dios que… (Situación)! para que así yo…” o “¡Felizmen-
te que… (Situación)! para que así yo…” y completa con lo
que te surja. Si te da risa, no hay que qué alarmarse.
El humor te ayuda a auto distanciarte, a diferenciarte
de tu problema, a distinguirte de lo que te ocurre. Incluso
a tomar distancia de ti mismo (Frankl, 2003). El humor te
ayuda a tomar las cosas con una alegre docilidad, viendo
en lo adverso una razón para reír. Es descubrir que sin duda
alguna eres muchísimo más que lo que te pasa. Este autodis-
tanciamiento te mueve a dar respuesta ante la situación en
vez de asumirte como víctima pasiva de lo que te pasa.
Revisa:
• ¿Cómo me siento tras hacer el ejercicio?
• ¿Qué sentido le pudo encontrar a estas situaciones?
• ¿De qué otras cosas podría reírme para aprender de la
experiencia y no estancarme en la frustración?
• ¿Cómo elijo tomar algunas cosas ahora?
Dialogando conmigo mismo(a)
Te invito a sentarte y cerrar los ojos. Respira profundamente
tres veces seguidas. El objetivo es relajarte.
Trae a tu mente una situación inmodificable de tu vida.
Imagina que puedes ser espectador de tu propia experien-
cia, salir de tu cuerpo y verte desde fuera como si fueras un
tercero (el autodistanciarse permite una visión más clara de
tu experiencia y una apertura hacia nuevas posibilidades de
afronte).
Ahora, estando en la posición de yo observador, te invito a
dialogar con tu propio yo sufriente, de la siguiente forma:
“Yo sé muy bien que esto es doloroso para ti. Puedo com-
prenderte perfectamente, pues a mí también me ocurre. Sé
que te es tan doloroso porque es algo muy valioso para ti. Me
preocuparía si no te sintieras así. Sin embargo, sé muy bien
136
Alejandro Salomón Paredes
también que todo pasa, para dar lugar a algo que te puede
enriquecer. Entonces te pregunto: ¿para qué te sirve esta ex-
periencia?, ¿puedes encontrar algo de valioso en esto que te
ocurre? ¿Puedes aprehender algo que te enriquezca a ti y a
otras personas con esta vivencia dolorosa? ¿Qué vas a hacer?
Seguidamente pasa a asumir el rol de tu yo sufriente y
tómate unos momentos para conectarte con lo que sientes.
Luego responde a tu propio Yo observador con aquello que
encuentres.
Pueden continuar el diálogo entre ambas partes.
Siendo el yo observador, dale un abrazo al yo sufriente.
Para terminar nuevamente entra en tu cuerpo, integran-
do aquello de lo te has hecho consciente. Se uno contigo
mismo.
Tómate tu tiempo y ve abriendo los ojos.
Revisa:
• ¿Cómo me sentí dialogando conmigo mismo(a)?
• ¿Se ha ampliado mi percepción de algo valioso deposi-
tado en esta vivencia?
• ¿Cómo elijo tomar esta situación ahora?
• ¿En qué otras situaciones puedo dialogar conmigo mis-
mo(a)?
Libre de y libre para
Te invito a sentarte cómodamente.
Trae a tu mente algo que te esté pasando actualmente y
que te esté frustrando. Algo que no esté saliendo como tú
quisieras. Dite a ti mismo: “No soy libre de… (Situación),
pero si soy libre para…”. Completa con lo que te surja en
este instante. Puedes hacer una lista de varias situaciones.
Revisa:
• ¿A qué me mueve este ejercicio?
• ¿De qué formas puedo desplegar mi libertad en mi
vida?
137
iii. Para descubrir el sentido a las situaciones límite y al sufrimiento
• ¿Qué estoy eligiendo hacer actualmente con lo que me
ocurre?
• ¿Para qué siento que soy libre?
• ¿Cómo puedo responder por mi mismo(a) ante mi
vida?
• ¿Qué elijo hacer ahora con estas situaciones? ¿Y cómo?
Viktor Frankl retoma magistralmente la visión existencial
de Karl Jaspers y la antropología de Nikolai Hartmann para
recordarnos que el hombre tiene límites, y solo asumiéndo-
los puede ser libre. Si no tuvieras límites no serías libre. No
eres entonces libre de condicionamientos psíquicos, de taras
genéticas, de aprendizajes limitantes, de contextos socia-
les, de impulsos e instintos; pero si eres, sin embargo, libre
para hacerte cargo, para responder, para tomar postura ante
aquello de lo que no eres libre (lo que Frankl llama “desti-
no”). Esto es voluntad, elección, responsabilidad.
A pesar de todo… ¡Sí a la Vida!
Te invito a sentarte cómodamente.
Haz una lista de cinco situaciones frustrantes que ya no
puedas cambiar, que te generen malestar. Nota que sientes al
ir explorándolas. Con cada situación completa de la siguien-
te forma: “A pesar de… (Situación), ¡sí a la vida!” (En voz
alta).
Revisa:
• ¿Me fue sencillo realizar el ejercicio?
• ¿Qué es lo que más me costó?
• ¿Qué es lo que más me cuesta aceptar de cada situa-
ción?
• ¿Qué significa decirle sí a la vida para mí?
La logoterapia te propone un camino de aceptación, de
dejar fluir lo que tiene que fluir, como diría Heidegger: ex-
perimentar la maravilla de las maravillas, que lo que es, es
(Heidegger en Martínez, 2013). Esto significa decirle si a
138
Alejandro Salomón Paredes
la vida, a pesar de lo que te brinde, fácil o difícil, algarabía
o sufrimiento, tranquilidad o angustia, y amarla incondicio-
nalmente, puesto que siempre hay una luz al final del túnel:
la luz del sentido. Esta es la máxima prueba de aceptación y
logro humanos.
Mi Yo anciano
Te invito a sentarte cómodamente y cerrar los ojos. (Puedes
pedirle a alguien más que te vaya guiando).
Trae a su mente una situación límite como si ocurriera
en el presente. Nota tu sentir en relación a esta situación. Es
una situación que te está costando afrontar.
A continuación imagina que frente a ti hay un(a) ancia-
no(a). Ese(a) anciano(a) eres tu dentro de varios años, eres
tu mucho más maduro(a) y con más recursos. ¡Esa es una de
las grandes ventajas de la vejez!
Ahora, usando tu imaginación, te invito a salir de tu
cuerpo y entrar en el del (la) anciano(a).
Siendo tu yo anciano(a), aconseja a tu yo actual, sobre
cómo afrontar la situación, qué le hace falta y cómo tomar
postura, para ampliar así las posibilidades de encontrar sen-
tido. Puede darse un dialogo entre las partes.
Finalmente despídete de tu Yo anciano, agradeciéndole
por los consejos. Pon tu mente en blanco y a la cuenta de
tres, ve abriendo tus ojos lentamente.
Revisa:
• ¿Qué pude descubrir con este encuentro imaginario?
• ¿En qué otras situaciones puedo apelar a mi yo ancia-
no?
• ¿Qué sentido puedo encontrar a estas situaciones?
• ¿Cómo elijo responder ahora?
Tu imaginación usada de forma correcta puede ayudarte
a idear nuevas formas de responder a tu vida, movilizando
el espíritu, descubriendo las respuestas que aun no vislum-
139
iii. Para descubrir el sentido a las situaciones límite y al sufrimiento
brabas. Respuestas que desde luego ya posees, pero no sabes
que posees. Descubrir respuestas a una situación o experien-
cia te ayuda a descubrir el sentido que dicha experiencia te
brinda.
Regresando en el tiempo
Siéntate cómodamente y cierra tus ojos.
Imagina que un genio se te presenta y te ofrece por única
vez la posibilidad de retroceder en el tiempo y cambiar algo
de tu historia...
¿Aceptarías?
Si tu respuesta es Sí, está bien.
Revisa:
• ¿Qué estoy estancando?
• ¿Qué me cuesta aceptar?
• ¿Qué aspectos valiosos no me permito realizar estando
así?
• ¿Qué posibilidades de crecimiento tengo si acepto esa
vivencia?
• ¿Qué sentido puede tener para mí esta experiencia?
¿De qué forma me puede enriquecer a mí y a otros?
Si tu respuesta es No, está bien, probablemente ya en-
contraste sentido a lo vivido.
Revisa:
• ¿Qué sentido encuentro?
• ¿De qué forma pueden enriquecerse otras personas con
el sentido que encuentro?
Realmente no puedes modificar tu pasado. Tu historia es
uno de los límites infranqueables a los que te enfrentas (Jas-
pers, 2006). Sin embargo, tu libertad no tiene que ver con
cambiar tu historia, sino con poder cambiar tu actitud ante
ella, mirándola con otros ojos, resignificando tus vivencias
para hallarles un sentido.
140
Alejandro Salomón Paredes
Bienvenida al club
Te invito a sentarte cómodamente frente a otra persona.
Haz una lista de situaciones inmodificables que te gene-
ren malestar. Díselas a la persona que está frente a ti. Pon
énfasis en qué es lo que te frustra o duele de cada situación.
Esta persona, ante cada situación y sentir que le comentes,
te responderá respetuosamente: “¡pues bienvenido(a) al
club!” Luego se invierten los papeles y es la otra persona
quien te dirá sus situaciones. Tú le darás la bienvenida al
club.
También puedes realizar este ejercicio junto a un gru-
po de personas, donde tanto tú como las demás saldrán al
frente y compartirán su situación límite y su frustración, a
lo que el resto del grupo le dará la más afectuosa y cordial
bienvenida al club.
Todos pasamos por situaciones que no podemos cambiar
y que nos frustran o duelen, y experimentarlas plenamente
cuando ocurren (no tratar de evitarlas) es la actitud correcta
para crecer personalmente y a su tiempo encontrarles senti-
do, enriqueciendo la vida y la de otras personas. No solo tú
sufres, no solo tú te frustras, no solo tú fracasas, así que…
¡te doy la bienvenida al club!
Revisa:
• ¿Cómo me sentí con la bienvenida al club?
• ¿Qué me hace pensar que mi dolor es más doloroso
que el de otros?
• ¿Qué estoy esperando de la vida?
• ¿De qué formas no le estoy respondiendo a la vida?
• ¿Qué es lo que hago con lo que me ocurre y lo que
siento?
• ¿Qué elijo hacer ahora con esas situaciones?
• ¿Cómo me sentí dando la bienvenida al club?
141
iii. Para descubrir el sentido a las situaciones límite y al sufrimiento
Esperando
Te invito a sentarte cómodamente.
Trae a tu mente tres situaciones de tu vida que no hayan
salido o no estén saliendo como tú esperabas y que no pue-
das modificar. Describe cómo te sientes. Observa qué es lo
que más te frustra de todo esto.
Ahora fíjate con atención en qué esperabas o estás espe-
rando de la vida en cada situación, completando de la si-
guiente forma: En esta situación yo esperaba/espero que…
Ahora harás un pequeño pero sustancial cambio. En cada
situación completarás de la siguiente forma: En esta situa-
ción la vida espera que yo...
Revisa:
• ¿Con qué tienen que ver mis expectativas sobre la vida?
• ¿Cómo me siento esperando que la vida sea como yo
espero que sea?
• ¿Qué es lo que mi vida me propone con estas situacio-
nes?
• ¿Qué oportunidades de crecimiento puedo encontrar
en mi frustración o sufrimiento?
• ¿Cómo puedo transformar mi frustración o sufrimien-
to en servicio para con alguien más?
• ¿Qué está esperando la vida de mi?
Viktor Frankl nos ilustra maravillosamente acerca de las
expectativas. Cuando tienes expectativas estás esperando que
el mundo y la vida sean como tú quieres que sean, como a
ti te acomoda, para no sufrir tensiones ni angustia, para no
frustrarte ni sentir dolor. Es parte de las funciones de tu apa-
rato psíquico: protegerte respecto a tu estabilidad emocional
e identidad psicológica. Es la tendencia a la distensión y
homeostasis que compartimos con los animales y las plantas.
Pero tú eres mucho más que eso. Tú no solo vives para vivir,
sino para encontrar un sentido a tu vida, y es tu vida es la
142
Alejandro Salomón Paredes
que espera algo de ti en lugar de esperar tú algo de ella. Es
tu vida la que te demanda una respuesta y una contribución.
¿Qué eliges hacer ahora?
Pareces humano
Te invito a sentarte frente a otra persona para hacer este ejer-
cicio. Elijan quien será A y quien será B.
Trae a tu mente algunas situaciones de tu vida donde
sientas que te equivocaste, con las que aun te sientas frus-
trado(a). Coméntaselas a la otra persona, describiéndole la
frustración que sientes y el peso de tu error sobre ti.
Ante cada situación, la otra persona te dirá: “¡Caramba
(tu nombre), ya pareces humano(a)!”. Cuando tú termines
tus situaciones, cambian de rol.
Revisa:
• ¿Qué es lo que sentí mientras comentaba mis errores y
expresaba mi frustración?
• ¿Qué sentí cuando me decían que parezco humano(a)?
• ¿Qué implica ser humano?
• ¿Cómo me miro con mis equivocaciones?
• ¿Qué tanto me acojo en mi ser humano?
• ¿Cómo puedo trasladar esto a otras situaciones?
• ¿Qué sentido puedo encontrar a mis errores si me aco-
jo como humano?
Nos dice Karl Jaspers (Jaspers, 2006) que todos pasamos
inevitablemente por la prueba del sufrimiento, la culpa ante
el error, y la muerte. Es parte de tu condición humana, pues
eres un ser finito, con límites. Ya sabes que tu libertad no
tiene que ver con estar libre de fracasos, sino con hacer de
esos fracasos un triunfo en el terreno del espíritu.
Gracias a
Haz una lista de aspectos o situaciones de tu vida con los
que te sientas frustrado(a), dolido(a) o decepcionado(a).
143
iii. Para descubrir el sentido a las situaciones límite y al sufrimiento
Pueden ser pasados o actuales. Ahora a cada aspecto agrégale
lo siguiente:
. A pesar de… (situación) yo…
. Con todo y… (situación) yo…
. Gracias a… (situación) yo…
Completa cada una de las frases con lo que te surja.
Oriéntate por tu sentir más que por tu pensar.
Revisa:
• ¿Con cuál de las tres formas encuentro más sentido a
lo que me acontece?
• ¿Qué encuentro al completar las frases?
• ¿A qué me mueve esto que encuentro?
• ¿Qué de valioso puedo hallar en cada situación frus-
trante o dolorosa?
Las situaciones límites de tu existencia no solo son fuente
de dolor, sino también de sentido y de propósito. Realmen-
te como dice Jaspers, es el sufrimiento lo que nos señala lo
realmente importante, incluso agradeciendo a la vida por lo
que toca vivir.
144
iv
Para desplegar la capacidad
de autodistanciarse
(auto distanciamiento)
Siguiendo a Viktor Frankl, eres libre de moldear
tu propio carácter (Frankl, 1994). Eres, como ser
humano, el único ser sobre la tierra que posee tal
capacidad. Significa que tú, gracias a tu libertad, puedes to-
mar posición ante tus condicionamientos físicos, psíquicos
y sociales. Esto implica verte por encima de lo que te pasa y
por encima de ti mismo, es decir, distanciarte para hacerte
auto consciente y tomar las riendas.
Este auto distanciamiento te permite “observarte” más
claramente. Distanciarte implica salir de ti, colocarte en
una posición que te brinde una nueva óptica de ti y de tu
situación. Una posición menos comprometida en lo psíquico
y más comprometida con lo espiritual, es decir, con tu auto
consciencia, tu creatividad, tu sentido del humor, y tu capa-
cidad para la elección.
Es posible que en ti se den bloqueos mentales que restrin-
jan tus capacidades espirituales de asumirte y elegir. Esto se
debe en parte a la escasa comprensión que puedes tener so-
bre ti mismo(a), sin distinguirte de tu problema o situación,
sin contemplar tus posibilidades de superación. Entonces te
sientes el problema y no sales de ti. Te encuentras inmerso en
tu sufrimiento, añadiéndote un sufrimiento innecesario.
Según Efrén Martínez (Martínez, 2011) el autodistancia-
miento puede manifestarse como autocomprensión, siendo
esta la capacidad de comprenderte, de hacerte consciente de
145
iv. Para desplegar la capacidad de autodistanciarse
ti, es decir, tu autoconocimiento. Gracias a la autocompren-
sión es que puedes monitorearte, hacerte seguimiento res-
pecto a tus propios procesos afectivos y cognitivos, es decir,
descubrirte.
El autodistanciamiento también puede ser autoproyección,
siendo esta la capacidad de verte a futuro diferente de cómo
vienes siendo, con una visión de esperanza, de posibilidades
de ser distinto siempre. El despliegue de este recurso espiri-
tual es indispensable, ya que es la base de tu cambio personal.
Finalmente, encontramos la autorregulación, como esa
capacidad de elegir y hacer algo con lo que te pasa, de poder
regular tus procesos cognitivos y afectivos, y de asumir una
actitud consciente frente a lo que la vida te plantea. Es decir,
ser responsable.
Por medio de los ejercicios que te presento a continua-
ción podrás auto distanciarte, colocándote en una posición
más ventajosa, reduciendo la carga emocional tóxica y des-
cubriendo más posibilidades de realización. Espero te sean
de ayuda y si es el caso puedas ayudar a otros con ellos.
En mis propios pies
Te invito a ponerte de pie y cerrar los ojos. Puedes pedirle a
alguien más que te guíe con las indicaciones.
Ahora déjate caer al suelo y quédate en el piso en la posi-
ción que caigas. Nota cómo te sientes estando en el piso así
como estás.
Ahora te invito a levantarte sin usar las manos ni ayuda
alguna, solo con tus piernas. Tómate todo el tiempo que ne-
cesites.
Cuando logres ponerte de pie, abre los ojos lentamente y
toma asiento para asimilar la experiencia.
Revisa:
• ¿Cómo me siento ahora estando de pie?
• ¿Cómo hice para ponerme de pie sin usar mis manos?
146
Alejandro Salomón Paredes
• ¿A qué recurso apelé en mi interior?
• ¿Cómo puedo trasladar esto a algunos aspectos de mi
vida?
El cuerpo es una dimensión de tu ser, y es sin duda al-
guna, una puerta hacia lo espiritual, ya que por medio del
cuerpo puedes hacerte auto consciente de tu estado actual,
de tu parálisis, de tu irresponsabilidad, de tu estar muy apo-
yado en los demás o culpando a la vida de tu pasividad, para
así estar en posibilidad de elegir una mejor forma de vivir,
más auténtica y con sentido, es decir, parado en tus propios
pies.
Auto dialogo existencial
Te invito a completar las frases según tu sentir y vivencias
actuales y luego responde a las preguntas:
1. No puedo… (p.e. …dejar de fumar)
• ¿Qué me lo impide?
• ¿Y si lo hago, qué pasaría?
• ¿A qué me arriesgo si lo hago?
2. No debo… (p.e. …hablarle fuerte a mi padre)
• ¿Qué pasaría si lo hiciera?
• ¿Cuál es el riesgo que corro si lo hago?
• ¿Qué cambio puede darse en mi vida que tanto me
asusta?
3. Siempre… (p.e. …me salen mal las cosas)
• ¿Qué tan cierto es que “siempre”?
• ¿Cómo me siento cuando digo siempre?
4. Nunca… (p.e. …hago nada bien)
• ¿Qué tan cierto es que “nunca”?
• ¿Cómo me siento cuando digo nunca?
147
iv. Para desplegar la capacidad de autodistanciarse
5. La gente… (p.e. …es muy negativa)
• ¿Qué gente?
• ¿Cómo estoy viendo a las personas?
6. A veces me siento como un… (p.e. …incapaz)
• ¿Para qué?
• ¿Según quién?
7. Tengo miedo de… (p.e. …que se burlen de mi)
• ¿Qué es lo peor que puede pasar si esto ocurre?
• ¿A qué no me quiero exponer?
• ¿Cómo no me quiero sentir?
8. Me gustaría… (p.e. …decirle a mi madre lo que sien-
to)
• ¿Qué me impide hacerlo/obtenerlo?
• ¿Esto que me gustaría tiene sentido?
9. Debería… (p.e. …ser más amable)
• ¿Qué pasaría si no lo hago?
• ¿Quién lo dice?
• ¿Lo siento como una exigencia externa o un deseo
desde mi voluntad libre?
El Dialogo Socrático, que es el recurso básico de la lo-
goterapia, te invita a ir poco a poco develando tus verdades.
Por lo general esto implica dejar de lado otras “verdades”
que más que ayudarte a crecer te restringen. En este ejercicio
puedes dialogar contigo mismo, hablándote, preguntándote
y respondiéndote. Así te puedes confrontar con tu propia
inautenticidad, empezando el camino hacia tu ser responsa-
ble y auténtico.
148
Alejandro Salomón Paredes
Yo soy
Te invito a sentarte cómodamente.
Haz una lista de diez “Yo soy…” completándolo con el
adjetivo que te surja (p.e. “yo soy un fracasado” o “yo soy
alegre”). Fíjate en cómo te sientes al hacerlo. Si quieres pon
énfasis en aspectos que te cueste aceptar o te molesten de ti.
Ahora harás un cambio sustancial: empezarás cada frase
con “Me ocurre que…” en lugar de “yo soy…” (p.e. “me
ocurre que fracaso”). También puedes reformular la frase de
la siguiente forma: “Yo paso por momentos de…”, “Ten-
go…”, “Actualmente…”, “Estoy siendo…” (p.e. “yo paso
por momentos de alegría”). Fíjate en cómo te sientes al de-
cirlo de esta otra forma.
Revisa:
• ¿Con cuál de las formas me siento en mayor posibili-
dad de cambio?
• ¿Con cuál de las formas me siento más libre?
• ¿Realmente soy así?
• ¿De qué otros aspectos de mi ser y de mi vida me estoy
perdiendo por decir que soy?
• ¿Cómo elijo verme ahora?
Cada vez que dices “yo soy” te limitas a verte de forma
estática y reducida. Estática porque es como que no pudieras
ser de otra forma, y reducida porque te quedas con solo un
aspecto de tu ser actual (incluso puede ser la idea que tienes
de ti), cuando realmente eres capaz de ser distinto y eres
mucho más que tan solo un aspecto.
Yo no soy
Te invito a sentarte cómodamente.
Nuevamente haz una lista de diez “Yo soy…” (p.e. “yo
soy tímida”) y completa cada uno con aquello que sientas
que te caracteriza. Fíjate en qué es lo que sientes cuando lo
dices.
149
iv. Para desplegar la capacidad de autodistanciarse
Ahora con lo mismo que dijiste cambia el “yo soy” por
“Yo no soy mi…” (p.e. “yo no soy mi timidez”). Fíjate si
hay algún cambio en tu sentir al decirlo de esta forma.
Revisa:
• ¿Quién más puedo ser además de esa característica de
mi personalidad?
• ¿Cómo puedo conectarme con esas posibilidades para
actualizarlas?
• ¿Qué más puedo llegar a ver de mi mismo que no estoy viendo?
Ciertamente, eres infinitamente más que lo que dijiste
inicialmente que “eras”.
Imaginando el cambio
Te invito a tomar una postura cómoda. (Puedes contar con
alguien más para que te vaya guiando en este ejercicio).
Imagina que estás en un cine (como sea que lo imagines)
y que en la pantalla poco a poco irá apareciendo una ima-
gen. Es una película, una película sobre ti mismo en una
situación problemática, que te agobie. Trata de notar qué
necesitas para afrontar la situación de una mejor manera. En
esta película tú eres el protagonista.
Ahora imagina que puedes entrar en la película como un
otro, como un tercero. Entra y dile al protagonista cómo es
que puede asumir y afrontar tal problema, TÚ lo sabes, dí-
selo.
Ahora sal de la película y vuelve al cine, observándote
nuevamente. Distingue alguna diferencia en la forma como
afrontas la situación.
Ahora pon tu mente en blanco y abre poco a poco los
ojos.
Por lo general ya posees las respuestas a tus situaciones.
Las posees pero aun no las conoces. Puede que aun no seas
plenamente consciente de las posibilidades de realización
latentes en tu espíritu. A través del uso de la imaginación
150
Alejandro Salomón Paredes
puedes conectarte consigo mismo y tu sabiduría, dándote
permiso a escucharte. Esto es autodistanciarte.
Revisa:
• ¿Qué elijo hacer ahora con esta situación?
• ¿Cómo puedo trasladar estos recursos a otras situacio-
nes para hallarles sentido?
Miedos
Te invito a sentarte de forma cómoda.
Haz una lista de varias situaciones en las que sientas mie-
do, de la siguiente forma: “Tengo miedo de… (Situación)”.
Observa cómo te sientes ante cada situación.
Ahora explorarás diversas formas en las que vives tu
miedo. Ante cada frase completa con lo que te surja de la
siguiente forma:
“Tengo miedo de… (Situación), y así me cuido de…”
“Siento miedo cuando… (Situación), y lo que hago con
mi miedo es…”
“Siento miedo si… (Situación), y gracias a este miedo
yo…”
“Siento miedo cuando… (Situación), y así no me permi-
to…”
El miedo es la emoción que sientes cuando algo valioso
en tu vida se ve amenazado (tu salud, personas importantes
para ti, tu trabajo, tu identidad y estado emocional, etc.).
Sentir miedo no es algo “malo”, es algo natural y necesario
para vivir. Lo importante es la actitud con la cual vives tu
miedo y cuán consciente eres de él y con qué se relaciona en
tu vida.
Revisa:
• ¿Qué hago con mi miedo cuando aparece? ¿Lo acepto
y siento o trato de no sentirlo?
• ¿Para qué es que siento miedo?
• ¿Qué sentido tiene para mí?
151
iv. Para desplegar la capacidad de autodistanciarse
• ¿En qué me ayuda en mi vida actualmente?
• ¿Cómo puedo tomar postura ante mi miedo y ante mi
mismo para que este miedo no me paralice y más bien
me ayude?
Me cuesta mostrarme
Te invito a sentarte frente a otra persona que quiera ayudar-
te con este ejercicio.
Dirígete a esta persona mencionándole aquello que más
te cueste mostrar de ti, de la siguiente forma: “Me cuesta
mostrarme…”. Distingue cómo te sientes al ir diciéndole
esto.
Ante cada aspecto que te cueste mostrarle al otro, este te
preguntará:
• ¿Te cuesta o no quieres mostrarte?
• ¿A qué te arriesgas si te muestras?
• ¿Para qué es que no te muestras?
• ¿Qué cuidas tanto de esta forma?
• ¿Qué cosas valiosas te estás perdiendo por este modo
de ser?
Responde a cada una de las preguntas.
El que no quieras mostrar alguna emoción, sentimiento
o algún aspecto de tu personalidad puede ser sentido como
que te “costase”, precisamente por los riesgos que corres al
hacerlo. Y es comprensible. Al no mostrarte te estás cui-
dando, estás protegiendo algo valioso y vulnerable en ti. El
asunto es que al cuidarte tanto, al estar muy “adentro”, te
puedes estar perdiendo de lo que hay “afuera”, en tu vida.
Recuerda que existir viene de exsistere que significa “ir ha-
cia fuera”. Este ejercicio puede ayudarte a tener una mayor
comprensión de ti mismo, para que tomes más las riendas y
te arriesgues quizá un poco más a ser más tu mismo.
152
Alejandro Salomón Paredes
Fotografía y película
Te invito a sentarte cómodamente y cerrar tus ojos.
Imagina que frente a ti aparece una imagen. Es una ima-
gen de ti. Una fotografía que te describe fielmente respecto
a tu momento actual. ¿Cómo es?, ¿cómo sales en la imagen?,
¿crees que puedes ser diferente a como sales ahí?, ¿qué estás
haciendo en la fotografía?
Ahora imagina que esa fotografía estática se convierte en
una película de cine, donde tú eres protagonista. Nota la di-
ferencia entre lo estático de la imagen anterior y lo dinámico
de la película. Distingue cómo te sientes mientras te obser-
vas.
Revisa:
• ¿Qué posibilidades me brinda el verme de forma diná-
mica?
• ¿Cómo puedo llevar este dinamismo a mi vida?
• ¿Qué está a mi alcance hacer ahora?
• ¿Cómo elijo verme ahora, como fotografía o como pe-
lícula?
• ¿En qué situaciones puede serme de utilidad verme en
película?
Como dice Viktor Frankl (Frankl, 1998) eres un ser
siempre en posibilidad de cambio, eres un ser que no es
sino que está siendo, lo cual te representa grandes ventajas
respecto a tu libertad de decisión, de elegir qué hacer con tu
presente. Pues a ver qué eliges hacer ahora.
Desdoblamiento
¿Conoces de esos casos en los que la persona puede salir de
sí misma y como que puede verse? ¡Pues tú puedes hacerlo
también!
Te invito a sentarte cómodamente y cerrar los ojos.
Trae a tu mente una situación que te resulte frustrante,
que no esté saliendo como tú quisieras. Imagínala como si
153
iv. Para desplegar la capacidad de autodistanciarse
estuviese ocurriendo aquí y ahora. Distingue qué es lo que
sientes (emocionalmente) en esta situación. También nota
cómo te sientes (como un/una…).
Ahora imagina que puedes salir de tu cuerpo y ubicarte
a una distancia que te permita observarte desde una nueva
posición.
Revisa:
• ¿Qué puedo observar de mí en esta situación?
• ¿Cómo estoy reaccionando?
• ¿Para qué reacciono de esta forma?
• ¿De qué otra forma puedo responder a esta situación,
que tenga más sentido para mí?
El autodistanciamiento es la capacidad que tienes para
“salir de ti” y ubicarte a una distancia fecunda, desde donde
puedas observarte más objetivamente, poder monitorearte
y tomar más las riendas de tu vida, reconciliándote contigo
mismo u oponiéndote a lo que te dictan los instintos o el
medio ambiente. ¡Aprovecha que solo tú como ser humano
puedes autodistanciarte!
Acogiéndome
Para este ejercicio puedes contar con alguien más para que
te vaya guiando. Siéntate cómodamente y cierra tus ojos.
Piensa en algún aspecto de ti que no te agrade, alguna
faceta de tu personalidad, algo que quisieras sacar de ti.
Imagina que ese aspecto de tu personalidad está frente a
ti. Imagínalo como aparezca. Quizá te imagines a ti mismo
mostrando alguna actitud o gesto. Dirígete a él y exprésale
tu molestia y ganas de querer sacarlo de tu vida. Distingue
de qué manera luchas o huyes de él.
Ahora cambia de lugar e imagina que eres ese aspecto de
ti, y nota qué es lo que sientes al saber que quieren eliminar-
te, que no te aceptan. Dirígete a esta persona y dile cómo te
sientes y que quisieras.
154
Alejandro Salomón Paredes
Cambia de lugar y vuelve a ser tú. Nota si algo ha cam-
biado en tu percepción de ese aspecto de ti. Imagina que esa
parte de ti se te acerca y abre sus brazos. ¿Qué eliges hacer?
Finalmente imagina que ese aspecto de ti se integra a tu
ser. Pronto abrirás los ojos.
Revisa:
• ¿Qué aspecto de mi es el que no acepto?
• ¿De qué forma trato de eliminarlo?
• ¿Cómo me sentí siendo ese aspecto en el ejercicio?
• ¿Qué sentido puedo encontrar en esta parte de mi per-
sonalidad?
• ¿Para qué existe?
Perdiendo la identidad
Te invito a sentarte cómodamente y cerrar tus ojos. Puedes
contar con otra persona para que te guíe en este ejercicio.
Imagina que despiertas en la mañana, vas al comedor a
desayunar y tus familiares te saludan por otro nombre que
no es el tuyo y te miran con extrañeza. Nota que sientes.
Sales a la calle y te cruzas con algunos vecinos, quienes
te llaman por ese otro nombre. Un vecino se te acerca y te
pregunta: “¿está todo bien?, te noto diferente”. Llegas a tu
trabajo y nadie te llama por tu nombre sino por ese otro
nombre. ¿Qué sientes? En el trabajo algún compañero te
pregunta: “¿Todo bien? Te noto extraño(a)”. Nota qué sien-
tes mientras ocurre esto.
Imagina que al salir del trabajo vas caminando por la ca-
lle y por fin una persona te reconoce y te llama por tu nom-
bre, alegrándose de tu presencia. Nota qué es lo que sientes.
Pon tu mente en blanco y ve abriendo tus ojos lentamente.
Revisa:
• ¿Cómo me sentí durante el ejercicio?
• ¿Qué es lo que sentí cuando me llamaban por otro
nombre?
155
iv. Para desplegar la capacidad de autodistanciarse
• ¿Hice algo para no sentirme así?
• ¿Qué modo de ser construye mi identidad?
• ¿A qué modo de ser me costaría más renunciar?
• ¿A qué me arriesgo si dejo de ser de esa manera?
• ¿Qué posibilidades de valor hay si renuncio a este
modo de ser?
• ¿De qué me estoy perdiendo por seguir en este modo
de ser?
Tu personalidad es tu instrumento para mostrarte al
mundo. Gracias a tu modo de ser es que el resto puede co-
nocerte y reconocerte. Pero tu personalidad puede rigidizar-
se constituyendo una identidad que te puede brindar seguri-
dad y estabilidad emocional, puesto que “así eres”. Perder la
identidad y arriesgarte a ser diferente puede ser angustiante,
ya que puedes llegar a cuestionarte ¿quién soy?, pero es una
maravillosa oportunidad para permitirte una apertura al
mundo y un ser distinto y quizá más libre y auténtico.
El oráculo
Te invito a sentarte cómodamente y cerrar tus ojos. Puedes
contar con alguien más para que te vaya guiando en este
ejercicio.
Trae a tu mente una situación limitante actual en la que
quisieras una respuesta que tenga sentido.
Imagina que frente a ti aparece un oráculo (fuente de
sabiduría y respuestas, como el Oráculo de Delfos en la mi-
tología griega). Algunas personas ven una luz, otras una bola
de cristal, otras a un anciano.
Ahora dirígete a tu oráculo y pídele una respuesta a esa
situación limitante.
Usando tu imaginación cambia de posición y conviérte-
te en el oráculo. Siendo el oráculo, responde a la pregunta
desde tu inmensa sabiduría. Luego de responder, cambia de
lugar nuevamente y vuelve a ser tú.
156
Alejandro Salomón Paredes
Distingue cuál fue la respuesta de tu oráculo.
Revisa:
• ¿De qué forma esta respuesta me ayuda en esta situa-
ción?
• ¿Quién en realidad dio la respuesta?
• ¿Qué sentido tiene para mí está respuesta?
• ¿Cómo puedo aplicar esto a otras situaciones de mi
vida?
• ¿Qué elijo hacer ahora?
La conciencia es según Viktor Frankl (Frankl, 2003) tu
“órgano de sentido”, aquel faro que ilumina tus posibilida-
des de sentido para elegir la mejor y dar respuesta ante tu
vida. Es un recurso que posees por ser persona, ¡aprende a
conectarte con ella y encontrar tus propias respuestas!
Pasando o estancando
Te invito a sentarte cómodamente.
Trae a tu mente algo que te esté pasando y que te frustre.
Distingue cómo te sientes corporal y emocionalmente en
esta situación que no es como tú quisieras que fuera.
Ahora pregúntate:
¿Esto me está pasando o está estancado?
Si realmente te está pasando, revisa:
• ¿Cómo estoy afrontando esta situación para que esté
pasando?
• ¿Qué estoy haciendo con lo que siento?
• ¿De qué forma puedo trasladar esta actitud a otras si-
tuaciones de mi vida?
• ¿Qué sentido puedo encontrar en esta situación?
Si está estancado, revisa:
• ¿Qué estoy haciendo para estancarlo?
• ¿Cómo lo estoy estancando?
• ¿Qué estoy haciendo con mi frustración o malestar?
• ¿Para qué estoy estancando esto?
157
iv. Para desplegar la capacidad de autodistanciarse
• ¿A qué me arriesgo si permito que me pase?
• ¿Cuál es el precio que estoy pagando por estancar esto?
• ¿Qué cosas valiosas me puedo estar perdiendo por esta
actitud?
¿Qué hago cuando me duele?
Te invito a sentarte cómodamente.
Trae a tu mente una situación que te cause dolor como si
fuese ahora. Nota qué es lo que haces con tu dolor, es decir,
con qué actitud lo afrontas. Distingue si tiendes a tratar de
no sentirlo, o lo aceptas como algo que te está ocurriendo a
ti y es parte de tu experiencia.
Revisa:
• ¿Qué hago con mi dolor?
• ¿Trato de reducirlo o eliminarlo? ¿Cómo?
• ¿Para qué trato de no sentirlo?
• ¿Qué me pasa cuando trato de no sentirlo o que me
pase pronto?
• ¿Qué significa para mí que me duela?
• ¿De qué me pierdo si elimino mi dolor?
• ¿Qué pasaría si lo acepto y permito que me duela?
• ¿Qué posibilidades se me abren si acojo mi dolor como
parte de mi experiencia?
Frankl nos habla sobre la actitud correcta ante el dolor (de
todo tipo): solo podrás encontrarle sentido a ese sufrimiento
si te entregas a sufrir lo que te toca sufrir, pues si te golpeas
hay motivo para que te duela. Pelearte o huir de ese dolor
probablemente te acarree un dolor agregado, un “sufrimiento
innecesario” (Frankl, 2007). ¿A qué te mueve todo esto?
Modo de estar
Te invito a sentarte y tener a la mano papel y lápiz.
Haz una lista de cosas que te tengan preocupado(a). Dis-
tingue cómo te sientes al ir pensando en estos aspectos de tu
vida.
158
Alejandro Salomón Paredes
Ahora con cada aspecto trabajarás lo siguiente: “Por estar
preocupado(a) en esto, ¿de qué me estoy dejando de ocupar
en el presente?”
También puedes pensar en lo que te postocupa, es decir,
aquello que te “preocupa” del pasado, trabajando de la mis-
ma forma “por estar postocupado(a) en esto, ¿de qué me
estoy dejando de ocupar en el presente?
Revisa:
• ¿De qué estoy dejando de ocuparme en el presente?
• ¿A qué cosas no quiero dar respuesta en mi presente?
• ¿Puede haber algo valioso en mi presente de lo que me
pierdo por estar pre-ocupado(a) o post-ocupado(a)?
• ¿Qué tanto puedo hacer algo estando preocupado(a) o
postocupado(a)?
Vivir en el pasado o en el futuro implica no solo eludir
tu responsabilidad sino también perderte de la vida misma y
todo lo valioso que hay en ella. ¿En qué modo quieres vivir
tu vida?
Mirando la moneda
Ahora haremos un juego. Otra persona debe sostener una
moneda frente a ti mostrándote un lado.
Como habrás notado solo puedes ver un lado de la mo-
neda. Pero sabes que aunque no veas el otro lado, ahí está.
Revisa:
• ¿Qué está a mi alcance hacer para poder ver la otra cara
de la moneda si no puedo girarla?
• ¿En qué aspectos de mi vida me ocurre algo similar?
• ¿En qué situaciones de mi vida puedo estar viendo solo
una parte?
• ¿Puedo estarme perdiendo de algo muy valioso por ver
las cosas desde donde las veo?
• ¿Qué sentido puedo encontrar en moverme y ver las
cosas desde otro ángulo?
159
iv. Para desplegar la capacidad de autodistanciarse
Queja y responsabilidad
Haz una lista de situaciones que te frustren, que no hayan
salido o estén saliendo como tú quieres. Ante cada situación
haz una queja, de la forma en que tú quieras.
Nota cómo te sientes al ir expresando estas quejas. Ahora
con cada situación de queja te preguntarás: “Con esta queja
dejo de… (completándolo con lo que te surja)”.
Revisa:
• ¿Qué dejo de hacer por estar quejándome?
• ¿De qué forma a través de mi queja eludo mi responsa-
bilidad frente a mi situación?
• ¿Qué está a mi alcance hacer?
160
v
Para desplegar la capacidad
de autotrascenderse
(auto trascendencia)
egún Viktor Frankl (Frankl, 2003) ser hombre sig-
nifica estar orientado hacia más allá de si mismo,
hacia algo o hacia alguien. Significa salir hacia la
realización de un sentido en la vida o hacia otro ser huma-
no, con amor.
Si no sales de ti mismo(a), te ensimismas y te aíslas del
mundo. Esto significa concentrarte demasiado en tu in-
terior, en tus vacios y necesidades. Te tornas hacia ti mis-
mo(a), aunque con esta actitud solo bloqueas tus posibilida-
des de realización de valores. Restringes así la manifestación
de tu espiritualidad.
El sentido de tu vida lo descubres justamente en tu vida,
en tu existencia. Y (citando a Heidegger) existir es emerger.
Es necesario salir al mundo para que puedas descubrir sen-
tido. No puedes descubrirlo en tu interior, ya que el sentido
es lo que descubres como valioso e importante “allá afuera”.
A continuación exploraremos juntos este movilizar tu ca-
pacidad de autotrascendencia por medio de varios ejercicios.
Espero te sean nutricios.
La Cápsula
Te invito a encontrar una postura cómoda, sin cruzar brazos
ni piernas. Si deseas puedes contar con alguien más para que
te vaya guiando.
Cierra tus ojos e imagina que estás en una gran cápsula,
completamente cerrada y a oscuras. Solo llegas a ver algunos
161
v. Para desplegar la capacidad de autotrascenderse
rayos de luz que se filtran por entre las ranuras y bisagras del
recinto. Nota cómo te sientes estando ahí adentro, encerrado.
De pronto escuchas un ruido y notas que se empieza a
abrir la cápsula. Puedes sentir la luz y el aire que inundan la
cápsula por dentro. Observa que hay una escalera que lleva
hacia afuera. Te invito a subir por ella y observar todo lo que
hay allá afuera de la cápsula. Descubre si hay algo valioso
e importante que esté allá afuera. Nota qué es lo que ves y
cómo te sientes al ver aquello.
Ahora te invito a que salgas de la cápsula y vayas al en-
cuentro de aquellas cosas valiosas y significativas. Distingue
cómo te sientes al encontrarte con todo eso. Tómate un mo-
mento para sentirlo.
Ahora regresa a la cápsula. La compuerta se cierra y nue-
vamente quedas dentro. Nota la diferencia entre estar aden-
tro y afuera. De pronto sientes algo en tu mano, y descubres
que es una especie de control remoto, con dos botones:
Abierto y cerrado…
Pon tu mente en blanco ahora, y ve abriendo tus ojos
lentamente.
Revisa:
• ¿Qué aspectos valiosos encontré fuera de la cápsula?
• ¿Cómo me sentí encontrándome con todo eso?
• ¿Qué significa para mí estar dentro de la cápsula?
• ¿Qué decido hacer con ese control remoto?
• ¿Qué sentido tiene todo esto en mi vida?
• ¿De qué forma otras personas pueden enriquecerse con
este sentido que encuentro?
Para encontrar sentido a tu vida es necesario que salgas al
mundo, que te arriesgues a ir más allá de ti para encontrar
aquello tan valioso que te espera y que de pronto no estás
captando por estar tan adentro. A esto le llamamos inma-
nencia; lo contrario, la apertura a los valores y el sentido, es
trascendencia.
162
Alejandro Salomón Paredes
La hoja del árbol
Te invito a que salgas un momento al jardín o al parque y
ten frente a ti una planta o árbol.
Toca con una mano una hoja de la planta o árbol. Trae
ahora a tu mente una preocupación actual que tengas y con-
céntrate en ella. Nota cómo te sientes mientras haces esto.
Ahora traslada tu atención hacia la hoja de la planta y
concéntrate en tus sensaciones táctiles mientras la tocas.
Nota cómo te sientes mientras haces esto. Si quieres puedes
cerrar los ojos.
Ahora regresa a tu cabeza y tu preocupación. Haz que sea
un ir y venir, de tu cabeza a la hoja y de la hoja a tu cabeza.
Revisa:
• ¿Qué diferencia encuentro entre estar volcado hacia
mis pensamientos y estar sintiendo la hoja de la planta?
• ¿En que “posición” me siento más libre?
• ¿Cómo puedo llevar esta experiencia a mi vida en ge-
neral?
• ¿Por estar centrado(a) en mis pensamientos de qué me
estoy perdiendo?
• ¿Qué ventajas me puede traer el estar volcado “hacia
afuera” de mí?
• ¿Qué puedo encontrar como valioso en mi encuentro
con la naturaleza?
La autotrascendencia hace referencia a que puedes ir más
allá de ti, salir de tu ensimismamiento para abrirte a un
mundo de valores. Estar inmerso en tus pensamientos es lo
que Frankl denomina hiperreflexión (Frankl, 2003), donde
malgastas energía generando una tensión innecesaria. La
idea no es eliminar esa tensión, sino que puedas direccio-
narla hacia el mundo, hacia objetivos valiosos y llenos de
sentido.
163
v. Para desplegar la capacidad de autotrascenderse
Postergando
Te invito a echarte en el piso boca, con las manos a los lados
del cuerpo y los pies ligeramente separados.
Ahora cierra los ojos e imagina que estás en una guerra
nuclear, y solo queda refugiarse. Encuentras un lugar subte-
rráneo con algunas otras personas, pero no hay ventilación y
no se puede salir. Empieza a consumirse el oxígeno y te das
cuenta que te quedan 10 minutos de vida. Distingue que
sientes al saber esto. ¿Qué cosas vienen a tu mente? Ahora te
quedan 5 minutos. Ahora 3 minutos. Un minuto. Ahora has
muerto. Toma conciencia de qué sientes ahora, qué dejaste
pasar que realmente era importante y valioso para ti. Quizá
hablar con algunas personas, quizá realizar algo, hazte cons-
ciente lo más que puedas.
Revisa:
• ¿Qué tan valioso e importante estoy dejando pasar,
como si tuviese toda la eternidad para realizarlo?
• ¿De qué formas me impido realizarlo?
• ¿De qué me estoy perdiendo con esta actitud?
• ¿Qué elijo hacer ahora?
En ocasiones puedes dejar de lado o “para después”
aquello que de repente no es urgente, pero si importante. Y
es que en esta época de globalización y tecnología, de con-
sumismo y status, no dirigimos nuestra vista hacia lo real-
mente valioso en nuestra vida, sino que nos conformamos
con llenar lo superficial, lo material, lo sensorial. Ya no hay
vínculos reales, solo relaciones distantes vía una red social
o el “chat”. Ya no hay experiencias que nos enriquezcan ni
acciones que nos traigan sentido. Así puedes volverte cada
vez más hacia ti mismo, egocéntricamente. Solo tu propia
conciencia como un órgano de sentido te puede avisar que
te estás desviando. Que lo que importa está quedando de
lado. Se queda allá afuera, y no sales de ti a su encuentro.
Escuchar a tu voz interior te permite descubrir tu actitud
existencial, para elegir una vida más plena y llena de sentido.
164
Alejandro Salomón Paredes
Encontrando el tesoro
Te invito sentarte cómodamente, sin cruzar brazos ni pier-
nas. Puedes contar con alguien más para que te ayude en
este ejercicio, guiándote.
Cierra tus ojos. Imagina que estas en una isla, en la playa.
Observa al horizonte en el mar, observa que hay un objeto
al fondo, aunque aun no lo puedes distinguir bien. El objeto
se va acercando con la marea y te das cuenta que es un baúl,
que contiene un tesoro. Ábrelo y observa que hay adentro,
es algo muy valioso e importante para ti. Es algo que te mo-
tiva a seguir adelante. Descubre bien que es.
Tenlo entre tus manos y distingue bien qué es lo que
sientes. Ahora regrésalo al baúl, y despídete de él, mientras
observas como la marea se lo lleva mar adentro nuevamente.
Revisa:
• ¿Qué había dentro del baúl?
• ¿De qué forma eso le da sentido a mi vida?
• ¿Cuál es mi actitud actual frente a eso?
• ¿Qué estoy haciendo para realizarme en aquello?
Es muy útil trabajar con la imaginación, ya que al ser
un recurso del espíritu moviliza tu voluntad de sentido. Un
buen uso de tu imaginación te provee de creatividad, de
nuevas formas de descubrir sentido a tu existencia. Sentido
que puede estar velados ante tus ojos, y que no ves por la
rigidez y costumbre de tu mente consciente.
La culpa advierte
Te invito a sentarte frente a otra persona para que hagan el
ejercicio en parejas. Elijan quien es A y quien es B.
Trae a tu mente tres situaciones o experiencias actuales
que te susciten culpa, y compártelas con B de la siguiente
forma: “Siento culpa por… (Situación)” a lo que B te dirá:
“tu culpa te está señalando que…, para que tu…”. Com-
pleta cada vacío con lo que te surja en ese momento.
165
v. Para desplegar la capacidad de autotrascenderse
Luego será la otra persona quien te comparta sus expe-
riencias. Tú le harás los señalamientos.
La culpa, siguiendo a Frankl, es un órgano de sentido.
Te avisa cuando te estás desviando de los valores, cuando
te alejas de lo que tiene sentido para ti o cuando te sientes
empujado por algún vacío o necesidad hacia el poder o el
placer. Tienes el derecho de sentirte culpable, para hacerte
consciente de tu desviación y poder hacer algo al respecto.
Hay también otra culpa, una culpa neurótica, paralizan-
te. Esto es cuando la culpa que sientes no tiene que ver con
tu responsabilidad, como cuando un adolescente se culpa
por la separación de sus padres.
Revisa:
• ¿Qué me señala mi culpa?
• ¿Tiene que ver con mi responsabilidad?
• ¿De qué forma puedo responderle a mi conciencia?
• ¿Qué está a mi alcance hacer ahora?
• ¿Cuál es la opción con más sentido?
De la soledad al encuentro
Este ejercicio puedes hacerlo junto a otras personas, en for-
ma grupal.
Te invito a ponerte de pie y formar un círculo con las de-
más personas. Busca una ubicación solitaria, distanciada del
resto, en la que te sientas cómodo. Cada uno hará lo mismo.
Nota cómo te sientes, como sientes tu cuerpo, cómo te sien-
te en tu posición en el ambiente. Revisa: ¿Cómo así estoy
dónde estoy?, ¿qué me motivó a ubicarme ahí?, ¿cómo me
siento donde estoy?, ¿qué emoción siento?
Ahora lentamente ve acercándote al centro del ambiente,
juntándote con los demás lo más que puedas, y observa tu
sentir.
Revisa:
• ¿En qué lugar me he ubicado, al centro del grupo, al
medio o en la periferia?
166
Alejandro Salomón Paredes
• ¿Todo yo estoy coherente con esta posición?
• ¿Qué siento estando dónde estoy?, ¿me siento cómodo
o incómodo?
• ¿Cómo se relaciona esto con mi vida?
• ¿Qué riesgos no quiero correr con esta actitud?
¿De qué aspectos valiosos me estoy perdiendo en relación
a los demás?
Tu ubicación espacial y la forma como te acercas a los
otros te pueden servir de puerta de entrada a la autocom-
prensión, para poder descubrir aquello que te limita y parali-
za, aquello que te condiciona y restringe a ir al encuentro de
los demás, para poder hacerte cargo y abrirte más al mundo
Breve historia logoterapéutica
Aunque te parezca curioso, un joven no salió de su casa du-
rante diez años. Sentía un terrible miedo a que le roben o
atropellen, en fin, a que algo doloroso le pase. Así que pasó
diez años metido en su casa. No le pasaba nada de lo que
temía, así que se sentía seguro y tranquilo. Pero tal autoen-
cierro le pasaba la factura diariamente, pagando el precio de
cuidarse en exceso, donde protegerse de esa forma equivale
a perderse la vida misma. Pues en el mundo donde habitan
los peligros también habitan los valores y el sentido. No salía
a la calle, angustiado más con lo que podría perder que en-
tusiasmado con lo que podría ganar si saliera. Solo atinaba a
mirar por las ventanas cerradas todo lo que había allá afuera.
Revisa:
• ¿En qué me parezco yo a ese joven?
• ¿Qué cosas me angustian más?
• ¿Qué modo de ser utilizo para protegerme y no angus-
tiarme ni sufrir?
• ¿Con este modo de ser, de qué cosas valiosas me estoy
perdiendo en mi vida?
• ¿Qué sería ser más auténtico/a?
167
v. Para desplegar la capacidad de autotrascenderse
• ¿Qué pasaría si salgo un poco más?
• ¿Cómo puedo convertir mi angustia en un motor de
mi voluntad para realizarme?
Siempre es posible que encuentres formas más sanas y
conscientes de cuidarte que no impliquen quedarte detrás
de las paredes de tu personalidad y perderte de tu vida, sino
que te arriesgues a salir al encuentro del mundo, asumiendo
con valor la angustia propia de la autenticidad, de ser tú. ¿A
qué te mueve todo esto?
Semejanzas y diferencias
Te invito a sentarte cómodamente.
Piensa en una persona con la que tengas un vínculo. Si
esa persona está presente, siéntense uno frente al otro. Haz
una lista de (o exprésale directamente) diez aspectos por
los cuales te relacionas con esa persona, que hagan que esté
en tu vida, de la siguiente forma: “Me relaciono contigo
porque tu…” y completa con lo primero que aparezca (p.e.
“Me relaciono contigo porque tú eres inteligente” o “me re-
laciono contigo porque tú eres cariñosa”, etc.).
Revisa si en tu lista hay aspectos que te desagradan o solo
hay cosas que te agradan de esa otra persona. Si solo hay as-
pectos agradables, puede que estés viendo a la otra persona
como si vieras un espejo, como una especie de extensión de
ti y no como un legítimo otro, lo cual puede traer limitacio-
nes a la relación, ya que no logras ver a la otra persona de
forma más amplia.
Muchas veces aquello que hace al otro diferente puede
resultarte desagradable, quizá hasta “malo”. Un vínculo
auténtico implica validar al otro como alguien que puede
pensar diferente, sentir diferente, desear diferente y elegir
diferente que tu. Cuanto más te frustra algo de la otra per-
sona, cuanto menos es como tú, más puedes apreciar su ser
diferente.
168
Alejandro Salomón Paredes
No hay nadie
Te invito a sentarte cómodamente y cerrar tus ojos. Puedes
contar con alguien más para que te guíe en este ejercicio.
Imagina que te despiertas en la mañana, bajas o vas al
comedor a tomar desayuno y no encuentras a nadie. Sales
a la calle y tampoco hay nadie. Nota que sientes mientras
confirmas que parece no haber nadie en realidad. Llegas a
tu trabajo y no hay nadie. ¿Qué es lo que sientes?, ¿qué pasa
por tu mente?, ¿llegas a alguna conclusión?
Imagina que regresas a tu casa y de pronto ves a una per-
sona que viene a lo lejos en la calle. Nota qué sientes al verla.
Pon tu mente en blanco y ve abriendo lentamente tus ojos.
Revisa:
• ¿Cómo me sentí al no ver a nadie?
• ¿Qué significó para mí que no haya nadie?
• ¿Qué sentí al ver a otra persona al final?
• ¿Qué es lo valioso que puedo encontrar en el hecho
que haya otras personas?
• ¿A qué me mueve este ejercicio en relación a las otras
personas?
Eres un ser con otros (Heidegger, 2014), existes gracias
a la presencia del otro, que de alguna manera confirma tu
presencia. Si no hubiera nadie podrías llegar a creer que has
muerto o que te has vuelto loco y sentir la más asfixiante
angustia. El otro siempre nos brinda esa certidumbre de que
somos. Recuerda a Martin Buber: “solo soy una persona, si
me relaciono con otra persona” (Buber, 1979).
¿A quién le presto más atención?
Te invito a sentarte cómodamente.
Trae a tu mente una situación en la que alguna persona
cercana a ti te dijo algo que te molestó o dolió. Si esa perso-
na puede estar frente a ti en este momento, mejor.
Te invito a que notes en quien focalizas tu atención: en ti
y en lo que sientes o en esa persona y lo que siente.
169
v. Para desplegar la capacidad de autotrascenderse
Revisa:
• ¿En quién focalizo mi atención cuando algo así me su-
cede?
• ¿Logro ver más allá de mí?
• ¿Qué puede estar sintiendo esa persona para que me
haya dicho algo así?
• ¿Si solo me veo a mí y mi malestar, de qué me puedo
estar perdiendo?
• ¿Qué aspectos valiosos puedo captar si miro un poco al
otro?
Aunque es normal fijarte en tu malestar cuando otra
persona te dice o te hace algo desagradable, siempre tienes la
posibilidad de mirar más allá de ti y ver un poco a esa otra
persona. Tan solo mirar hacia afuera te puede brindar nue-
vas perspectivas, ¿Qué harás ahora?
Encontrando sentido
Todo aquello que construye vida para ti y para otras perso-
nas tiene sentido. Entonces revisa: ¿Qué estoy haciendo que
construya vida para mí y para otras personas? ¿Cuántas cosas
hago pensando solo en mi? ¿Cómo puedo aportarle al otro?
¿Qué pasa si le echo una mirada al otro?
El sentido es dirección. Entonces revisa: ¿Siento que ten-
go un rumbo en mi vida, un norte al cual apuntar? ¿Hacia
dónde me dirijo?
El sentido es también propósito. Más no todo propósito
tiene sentido. Entonces revisa: ¿Cuál es el propósito de que
esté vivo? ¿Cuál siento que es mi misión personal en este
momento? ¿Qué cosas tienen un propósito en mi vida pero
no aportan sentido?
El sentido es también coherencia. Entonces revisa: ¿Cuán
coherente estoy conmigo mismo? ¿Cuánto me acepto incon-
dicionalmente? ¿Cuáles son mis condiciones para aceptar-
me? ¿Cuán coherente estoy con mi modo de ser actual y con
lo que vengo haciendo?
170
Referencias
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Sociedad Mexicana de Análisis Existencial y Logoterapia, S. C.
Fundadora y promotora de la logoterapia en México desde 1988
Premio 2002 de Viktor Frankl Foundation of the City of Vienna
Publicaciones
EDICIONES LAG
Revista Mexicana de Logoterapia
Publicación virtual (sin costo): [Link]
Es un espacio en el que se expresan logoterapeutas de dentro y fuera del país,
y comparten sus experiencias, investigaciones, etc.
Publicación semestral.
•
Colección Sentido
1
También tu sufrimiento tiene sentido
Elisabeth Lukas
2
Señales del camino hacia el sentido (Descubriendo lo que verdaderamente importa)
Joseph B. Fabry
3
Líbranos de la perfección.“En el principio”, y al instante fue el límite
Ricardo Peter
4
De la vida fugaz
Elisabeth Lukas y Claudio C. García Pintos
5
También tu vida tiene sentido (Logoterapia y salud mental)
Elisabeth Lukas. Prólogo de Víktor E. Frankl
6
La búsqueda de significado
Joseph B. Fabry
7
Viktor E. Frankl. La humanidad posible
Claudio C. García Pintos.
8
Tarea y desafío. En búsqueda del sentido
Eugenio Fizzotti
174
9
La Psicoterapia Existencial: una aproximación
Miguel Jarquín
10
Diez Voces y un rostro (Homenaje del Centenario de Viktor Frankl)
Diez Autores de smael
11
De Freud a Frankl: El Nacimiento de la Logoterapia
Eugenio Fizzotti
12
Logoterapia dentro y fuera del Campo de Concentración
Alejandro Unikel S.
13
Ética para errantes
Ricardo Peter
14
Pedagogía de las alturas. Logoterapia y educación
Daniele Bruzzone
15
Filosofía Existencial para terapeutas y uno que otro curioso
Yaqui Andrés Martínez
16
Encuentro y relación de Frankl, Allers y Schwarz en el surgimiento
del Análisis Existencial y la Logoterapia
Felipe Miramontes
17
Perspectivas en psicoterapia existencial (Una mirada retrospectiva y actual)
Yaqui Andrés Martínez y Susana C. Signorelli
18
Pensar la logoterapia: invitación para un trabajo terapéutico actualizado
Alejandro Unikel Spector
19
Hacerse la persona. Un enfoque fenomenológico
Daniele Bruzzone
20
Volver a los escritos de Viktor E. Frankl
Felipe Miramontes
•
175
La logoterapia. Libro de texto
Elisabeth Lukas
Experiencia grupal a través de la logoterapia. Libro de texto
Leticia Ascencio de García
Seminario Logoterapéutico II. Libro de Texto
Leticia Ascencio de García y Alejandro Unikel
Cuadernos de Investigación 1, 2, 3, 4, 5.
Aportes de smael para enriquecer la logoterapia y aplicarla adecuadamente
a la problemática de nuestro México.
Actas de Congresos
Memorias de los Congresos Mexicanos de Logoterapia 2000, 2003, 2005
•
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Diálogo socrático y ejercicios vivenciales en logoterapia
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El tiro fue de 1000 ejemplares más sobrantes para reposición.