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Cuento 4

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Había una vez un lugar encantado llamado Valle Brumoso, conocido por sus

mañanas cubiertas de neblina y su bosque profundo, donde se contaba que


cada árbol y cada roca guardaba un secreto. En ese valle vivía un chico
llamado Martín, quien tenía una habilidad especial: podía comunicarse con los
animales.

Desde muy pequeño, Martín pasaba sus días hablando con las aves, los zorros
y los ciervos, quienes le contaban historias sobre el bosque y sus habitantes.
Sin embargo, había un tema del que los animales siempre evitaban hablar: el
Árbol Ancestral. Era el árbol más antiguo del bosque, gigantesco y misterioso,
con raíces que parecían tocar el centro de la Tierra. Los animales decían que
solo los valientes podían acercarse a él, pues guardaba una magia poderosa y
secreta.

Un día, Martín se despertó con una sensación extraña, como si algo o alguien lo
estuviera llamando. Al salir de su casa, notó que un zorro lo esperaba en la
entrada. El zorro le habló con voz grave: "El Árbol Ancestral te ha llamado,
Martín. Ha llegado el momento de que conozcas el mayor secreto del bosque."

Martín, intrigado y un poco asustado, siguió al zorro a través del bosque.


Mientras caminaban, la niebla se volvía más densa, y el silencio se hacía cada
vez más profundo. Finalmente, llegaron al Árbol Ancestral, imponente y sabio,
con ramas que parecían alcanzar el cielo.

De repente, una voz suave y profunda resonó en la mente de Martín:


"Bienvenido, joven guardián del bosque. Durante siglos, he protegido a estas
tierras, pero el equilibrio se ha roto, y necesito tu ayuda para restaurarlo."

Martín escuchó atentamente. El árbol le explicó que, en el corazón del bosque,


un antiguo cristal se había perdido. Ese cristal era la fuente de vida para todas
las criaturas y plantas del valle, y sin él, el bosque pronto perdería su fuerza.

Sin dudarlo, Martín aceptó la misión. Con el zorro como su guía, recorrió cada
rincón del bosque, enfrentándose a desafíos, como cruzar ríos profundos y
escalar colinas escarpadas. Al final, llegó a una cueva oculta bajo una cascada,
donde encontró el cristal, brillando con una luz suave y reconfortante.

Al tomar el cristal, sintió una energía cálida recorriendo su cuerpo, como si el


bosque entero le diera las gracias. Al regresar al Árbol Ancestral, colocó el
cristal en una cavidad en sus raíces, y el árbol comenzó a brillar, iluminando
todo el valle con una luz dorada y mágica.

Desde ese día, el Valle Brumoso recuperó su vitalidad, y todos los habitantes
del bosque celebraron la valentía de Martín. Él, en cambio, sintió que había
encontrado su verdadero propósito: proteger el bosque y sus secretos,
convirtiéndose en el nuevo guardián del Árbol Ancestral.

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