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Literatura comprometida de Adoum

que también me pertenecen.


(“Lamento y madrigal sobre Palmira”, Ecuador amargo:
15).

En definitiva, los elementos que determinan este “desolado” pueblo de

Palmira como el lugar al que siempre retorna el sujeto lírico encuentran su

símil, por un lado, en las difíciles condiciones históricas, políticas y sociales

por las que ha atravesado el Ecuador, y por otro, en la identificación cultural

que este pueblo olvidado representa para el país. Frente a estos dos puntos

la escritura de Adoum se convierte en una respuesta tanto ideológica como

cultural, pero también histórica y contemporánea ya que involucra al Ecuador

aborigen como al de nuestros días.

2.3 La obra como principio de una literatura de compromiso

Adoum explica que “nuestra actitud estética, o sea nuestros temas,

técnicas, símbolos e incluso el lenguaje […] son o pretenden ser los de

quienes quieren cambiar el mundo o, por lo menos, comprenderlo o

completarlo”, pues todo lo que se escribe, “arranca de esa realidad cotidiana

o maravillosa, vulgar o mágica, y su presencia es tenaz, ya se trate de

reproducirla, explicarla, desprestigiarla, recrearla o incluso volverle las

espaldas”. En el caso de los escritores latinoamericanos, prosigue el mismo

escritor, esta actitud es la que ha estado en contra de las circunstancias de

un sistema que por sí mismo es criminal, con asesinados, torturados y

desaparecidos; con niños pordioseros e indios que se alimentan de un

puñado de maíz y algunos piojos; con “alianzas” militares para intervenir

contra los regímenes construidos por los pueblos, etc. (Sin ambages: 26-27).

120
La crítica de Adoum encierra toda una realidad latinoamericana dentro de la

que se destacan los sistemas dictatoriales179 y la intervención de los Estados

Unidos sobre los organismos militares de esos países con el fin de mantener

el control político en ese sector. En este contexto, Mario Benedetti coincide

con Adoum al añadir que Latinoamérica ha sido una de las más sombrías y

castigadas por una vasta franja de fascismo dependiente, colonial, que llega

de océano a océano y abarca sólo en América del Sur, nada menos que seis

países. Las amenazas, los secuestros, las prisiones, las torturas, el crimen,

se cernían sobre el desarrollo de estos pueblos, y también de los pueblos

aledaños, ya que era inocultable el propósito irradiante de ese fascismo semi-

criollo. Y ante todo ello --continúa Benedetti-- la tarea del escritor

comprometido es, sin duda, un síntoma de madurez y una saludable

179
Los años 60 y 70 fueron muy violentos en los países del Cono Sur y otros países
aledaños. Durante esta época la inestabilidad económica generó grandes conflictos entre los
grupos marginados y los que luchaban por mantener su predominio político y social. Mucha
gente temía que los izquierdistas tomaran el poder, lo cual abriría las puertas a gobiernos
comunistas. Un ejemplo de esto fue cuando el socialista Salvador Allende ganó las
elecciones en Chile en 1970, pues después de algunos éxitos iniciales rápidamente se
deterioraron las condiciones del país lo cual generó una serie de huelgas y manifestaciones
que desembocaron en el golpe militar llevado a cabo por el general Augusto Pinochet en
1973. Al mismo tiempo, en Uruguay se daba un golpe militar en contra del gobierno
poniendo fin a los disturbios generados por los Tupamaros, grupo guerrillero izquierdista.
Por su parte en Argentina, la situación fue empeorando debido a los mismos problemas que
habían sufrido los chilenos y los uruguayos, hasta que los militares derrocaron a la
presidenta María Estela Martínez de Perón. En el caso de los ecuatorianos, que es el que
más nos interesa por ahora, la situación se desarrolló en similares condiciones. Una junta
militar conformada por el contralmirante Ramón Castro Jijón como presidente, los generales
Marcos Gándara Enríquez, Luis Cabrera Sevilla y el coronel Guillermo Freile Posso como
miembros, orquestaron un golpe en contra del gobierno que se hallaba de turno. Dicha junta
que asumió el poder en 1963 y que prometió permanecer en el poder sólo hasta cuando
fuera necesario puso al comunismo, que regía en ese momento en el país, fuera de ley, al
igual que las actividades y sus organizaciones similares. En general, este tipo de
derrocamientos iniciaron un período de represión severa en estos países del que todavía se
están recuperando a principios del siglo XXI. En cada país los militares decidieron erradicar
cualquier resistencia al nuevo gobierno, creyendo que el país no volvería a estabilizarse
hasta que eliminaran a sus opositores. De este modo empezó la horrible masacre de miles
de personas, entre ellos, políticos, sindicalistas, estudiantes, amigos y parientes de personas
sospechosas de “actividades subversivas” o de afiliaciones comunistas. Contra todas estas
acciones llevadas a cabo por el poder militar apuntan las críticas de Jorge Enrique Adoum y
Mario Benedetti quienes, como al igual que otros escritores de izquierda, fueron víctimas de
las atrocidades cometidas por dichos gobiernos. De ahí, no cabe duda, la crítica tanto en el
trabajo ensayístico como en la poesía de dichos escritores.

121
obsesión por mantener encendida, así sea en las peores condiciones y en

plena conmoción política y social, la modesta llama de nuestra cultura180, es

decir, escribir. Testigo de las mismas circunstancias, Adoum deduce que el

compromiso que el escritor debe asumir es similar al de cualquier ciudadano

responsable, facultada en hacer que las dictaduras “no sucedan en nuestro

país, en ningún otro de nuestros países, y ayudar con nuestra solidaridad --

algunos, con su lucha-- a que deje de seguir sucediendo en los demás”181. Si

bien cronológicamente la publicación de Ecuador Amargo no coincide con los

sucesos citados anteriormente, lo que sí se asegura es que el despotismo,

los golpes militares y los exilios han sido permanentes en el contexto político

latinoamericano, y particularmente en el Ecuador, por ello quizá escriba:

Pero odio
de nuevo, y otra vez amo mi odio
adherido, como una araña húmeda,
a la pared del alma: ya no por sucias
mariposas mi temblor y mi asco:
es por los escuadrones, por la aritmética
de su formación para el destrozo;
ya no a las hinchadas cucarachas
alineadas mi puntapié de náufrago:
pero a la dentadura policía,
pero al próximo cadáver, necesario,
presidencial, agrietado, escondido
entre sus desventurados almirantes.
(“El desvelo y las noticias”, Ecuador amargo: 64).

Ecuador amargo se caracteriza también por su poética militante-

testimonial. Según Saúl Yurkiévich, el poeta desarrolla su escritura a partir de

la concepción de que ésta no es sólo “la escala a lo sublime, la que

transmuta lo que toca en belleza, sino una mediadora entre el mundo y la

180
Mario Benedetti: El recurso del supremo patriarca, México, Ed. Nueva Imagen,
1979, pp. 34-35.
181
Jorge Enrique Adoum, en Mario Benedetti, Los poetas comunicantes, Montevideo,
Biblioteca de Marcha, 1972, p. 17.

122
conciencia”182. Adoum responde a esta tesis explicando a sus conciudadanos

la necesidad vital de su liberación: “ayudarles a comprender el alcance de su

propio combate”, como también mostrarles “cómo lo mejor de su tradición ha

sido cerrada por el colonialismo, enderezar su sensibilidad estética

deformada institucionalmente por el sub-arte enlatado que exporta la

metrópoli, ayudarles a comprender la cultura que ellos mismos crearon y que

ha sido fragmentada y aislada por el imperialismo”183 es en sí la misión

particular de su obra. En concreto, es a este tipo de escritura a la que Adoum

ha catalogado como de acción y de compromiso, en el sentido de que

desempeña un papel crítico frente a la acción del poder.

Otros elementos que distinguen el tratamiento de la dictadura en

Ecuador amargo son los que se destacan en el poema “El desvelo y las

noticias”, pues vuelve a insistir en su situación de expatriado al identificarse

como “visitante extranjero de costumbres” y “ajeno”. A ellos se añaden otros

símbolos como “escuadrones”, “aritmética”, “formación”, “destrozo”, “policía”,

“cadáver” y, lo que es más significativo, el “presidencial, agrietado, escogido /

entre sus desventurados almirantes”, característica que, como advertimos,

confirma su crítica en contra de la colaboración de las autoridades nacionales

con los regímenes extranjeros.

182
Saúl Yurkievich: Fundadores de la nueva poesía latinoamericana, Barcelona,
Barral Editores, 1970, p. 13.
183
Jorge Enrique Adoum: “El intelectual y la clandestinidad de la cultura” en
Literatura y Arte Nuevo en Cuba, Barcelona, Ed. Estela, 1971, pp. 39-45.

123
París, 1978. De izquierda a derecha: Jean Samuel Curtet (1931-),
Osvaldo Soriano (1943-1997), Alejandra Adoum (1949-), Julio
Cortázar (1914-1984) y Jorge Enrique Adoum (1926-2009). Foto:
cortesía de Nicole Adoum.

La persecución orquestada por las dictaduras y la policía en contra de

los intelectuales latinoamericanos, generalmente de izquierda184, produce en

el autor un estado sicológico lleno de perturbaciones de las que se deriva una

escritura colmada de imágenes o situaciones angustiosas. Un caso que

recuerda es el acoso que sufrió por parte de la policía chilena mientras se

desempeñaba como secretario personal de Pablo Neruda: “Viví huyendo y

escondiéndome, y lo peor de todo sin saber por qué, durante más de dos
184
Adoum anota que la lista de escritores exiliados, torturados, presos, desterrados o
caídos en actos de servicio es espantosamente larga. Algunos ejemplos de ello son: Roque
Dalton (1933-1975), Haroldo Conti (1925-), Francisco Urondo ( 1930-1976), Juan Gelman
(1930- ), Julio Cortazar (1914- 1984), Ernesto Cardenal (1925- ), Pablo Neruda (1904-1973),
Nicolás Guillén (1902-1989), Mauricio Rosencof (1933- ).

124
meses. Me refugié en casa de una familia de palestinos” (De cerca y de

memoria: 154). El miedo instaurado por la policía inevitablemente se refleja

en su escritura: “No puedo más, no puedo / despegarme de fantasmas que

corren / buscando domicilios” (“Lamento y madrigal sobre Palmira”: 13). “El

desvelo y las noticias” expone también el grado de violencia provocado por

las dictaduras, y su condición de extranjero abandonado:

Pero de pronto,
otra vez tengo miedo y me levanto,
y otra vez el odio gotea al esqueleto
su ácido común, recibo a tientas
la noticia, indago por el cuerpo
que antes estaba dentro de tu nombre.
Y no está, como Joaquín: (sólo sus botas
debajo de su cama, sólo su saco
esperándolo cuatro meses en la puerta).
(“El desvelo y la noticias”, Ecuador amargo: 65).

Un detalle significativo que se añade en este poema con el que se

denuncia además la violencia instaurada en el Ecuador es el nombre de

Joaquín Gallegos Lara, escritor ecuatoriano de “tenaz honestidad

revolucionaria” que “estuvo siempre en medio de la multitud, recibiendo con

ella los golpes de la policía y del orden”, consecuencia por la que permaneció

y murió cubierto “por esa otra lepra”: “la soledad”185. Adoum ha reconocido

varias veces que Gallegos Lara (1911- 1947) “fue para mi un maestro, más

que de literatura, de hombría”, porque “su coraje de varón volvía

automáticamente impúdica la exhibición de nuestros dolorcitos” (233).

Gallegos Lara fue un militante socialista de los años 30 y, a pesar de su

discapacidad física para movilizarse --ya que tenía sus piernas atrofiadas a

causa de una enfermedad congénita--, participó activamente en protestas

185
Jorge Enrique Adoum: Entre Marx y una mujer desnuda, Quito, Ed. Eskeletra,
2002, p. 233.

125
callejeras y barricadas en contra de lo que él consideró “fascismo

ecuatoriano”. La admiración de Adoum por este autor se debe a dos razones

importantísimas que marcan definitivamente la vida y la obra del autor: La

primera emerge del grado de compromiso asumido por Gallegos Lara para

ejercer una literatura social comprometida y, la segunda, la pasión por la

justicia y el deslumbramiento por la literatura que sintieron tanto uno como

otro. En general, los elementos que aluden situaciones de temor y violencia

se marcan repetidamente en la escritura de Adoum. Muchos de ellos

responden a frases o vocablos como “familiares asesinados”, “velorios”,

“sangre” y “cadáveres”, indicando a su vez que el fenómeno de la

persecución ha sido un hecho permanente en el país.

Un acontecimiento que se añade a la lista de represión es la ocurrida

el 15 de noviembre de 1922 en Guayaquil. En ese entonces, un grupo de

obreros, en su mayoría panaderos que reclamaban mejoras salariales, fueron

brutalmente asesinados por militares que, bajo órdenes del presidente José

Luis Tamayo186, acribillaron en contra de este gremio de trabajadores187. El

186
Parte de las órdenes dadas por el presidente Tamayo al general Barriga, quien a
su vez fuera su cuñado y jefe militar de la brigada que actuaría en contra de los obreros, se
recogen en la obra de Alejo Capelo 15 de noviembre de 1922, una jornada sangrienta.
Capelo cita un telegrama en el que se puede leer: "Espero que mañana a las seis de la tarde
me informará que ha vuelto la tranquilidad a Guayaquil, cueste lo que cueste, para lo cual
queda usted autorizado".
187
Con respecto a este año, Oscar Efrén Reyes anota que “el año de 1922 fue de
grandes agitaciones y de tumultos en todo el país. Estos tumultos ya no eran solo militares o
políticos, sino resultado de la situación penosa del proletariado. Primeramente eran masas
obreras de Guayaquil que reclamaban alzas de salarios y reducción de horas de trabajo. […]
La situación económica iba agravándose cada vez más para las masas trabajadoras. […]
Sobrevinieron las manifestaciones callejeras. Asumió la dirección del movimiento popular la
Confederación Obrera del Guayas, que amenazó con una huelga total, que significaría la
paralización completa de la vida comercial, industrial, social y económica de Guayaquil.
Pareció que todo Guayaquil no se compusiera más que de masas proletarias. Los discursos
fogosos de los síndicos las enardecieron de repente, y desarmaron a las fuerzas policiales,
apostadas, por obvia precaución en diversos lugares de la ciudad. […] Salieron los
batallones. Las masas fueron rodeadas, y los soldados realizaron una espantosa carnicería
en las calles, en las plazas y dentro de casas y almacenes. […] Luego, en la noche,
numerosos camiones y carretas se dedicaron a recoger los cadáveres y echarlos a la ría.”
Citado por Agustín Cueva, en El proceso de dominación política en el Ecuador, México, Ed.

126
rechazo general que provocó este suceso originó el nacimiento de los

primeros partidos políticos socialistas en el país y, en el campo literario, a la

creación de obras que desde el momento de su publicación se convirtieron en

hitos importantes de la literatura, por considerarse, el reflejo de una realidad

social oprimida: La matanza del 15 de noviembre de 1922 en Guayaquil,

apunta Adoum, “figura como culminación de la situación novelística en Las

cruces sobre el agua de Joaquín Gallegos Lara y de modo circunstancial en

Baldomera de Pareja Diezcanseco, Los animales puros de Pedro Jorge Vera

y La ventana y el espejo de Adalberto Ortiz”188. En el caso particular de

nuestro autor, no podía faltar también el tratamiento de este suceso en su

Diógenes, 1974, pp. 18-19. Por su parte, Pablo Martínez explica que “esta tragedia nacional
es un verdadero hito histórico y su influencia ha sido decisiva y permanente en la política y
en la literatura del país”, en Jorge Enrique Adoum… op. cit. p. 81. Las cruces sobre el agua
(1946) de Joaquín Gallegos Lara es una de las obras en las que se recoge tal sangriento
suceso.
188
Jorge Enrique Adoum: Gran literatura del 30… op. cit. p. 33, nota 18. En cuanto a
Baldomera (1939) de Pareja Diezcanseco, el personaje representa a una madre de familia
que vende comida en las calles de Guayaquil. Siempre la acompaña un ladrón, conocido
como "Lamparita". La policía lo descubre en un negocio turbio; lo golpean y lo mandan al
hospital. Baldomera también termina en la cárcel. Después ella dirige unas manifestaciones.
Tiene dos hijos: Inocente que trabaja en un aserradero y Polibio que trabaja en el campo.
Rebajan los jornales en el aserradero, por lo que hay una protesta. Ignacio Azevedo dirige la
protesta de los trabajadores. Baldomera participa en la manifestación en forma muy valiente.
Al final, Baldomera, para salvar a su hijo, se declara culpable del intento de asesinato que
realizará su hijo a su novia. Pareja Diezcanseco retrata a Baldomera con una personalidad
muy fuerte y vital; desafiante y luchadora y a la vez generosa, tierna y amorosa. Es una
novela del realismo social. Presenta el ambiente popular montubio, con un trasfondo social.
Por lo visto, una de las razones por las que Adoum cita a Baldomera como una de las obras
en la que se hace alusión a la matanza del 15 de noviembre, es porque en Baldomera,
Alfredo Pareja Diezcanseco narra la siguiente escena: "Sin duda Baldomera, era una mujer
de arrestos. Y si no, que lo digan los que vieron el 15 de noviembre”. De mismo modo,
acerca del trabajo literario de Pedro Jorge Vera podemos decir que se inicia en el mundo de
las letras con el libro de relatos La semilla estéril (1950), al que siguieron novelas como Los
animales puros (1946), Luto eterno (1950), Un ataúd abandonado (1968), Tiempo de
muñecos (1971) y Yo soy el pueblo (1976). Al igual que Baldomera, Los animales puros de
Vera alude a la matanza del 15 de noviembre. David Caballero, vástago de una familia
"patricia" de Guayaquil, ingresa en 1923 a la Fracción Universitaria de Izquierda, por lo que
es expulsado de la Universidad. Para librarlo de su inclinación política la familia lo envía a
estudiar a Chile, donde él adquiere madurez. Vuelve al país, se relaciona con izquierdistas
de diversos temperamentos; conoce a un dirigente obrero que participó en la lucha del 15 de
noviembre de 1922, todo lo cual lo hace vacilar entre sus inclinaciones ideológicas y el lastre
de su formación familiar. Adalberto Ortiz, (1914), perteneció al Grupo de Guayaquil. Se inició
con su novela Juyungo (1943). Le siguieron, Los contrabandistas (1945), La ventana y el
espejo (1967) y La envoltura del sueño (1982).

127
literatura, de ahí que aparece en uno de sus poemas más reveladores sobre

la violencia instituida en el Ecuador y señale:

Era la epopeya
del grano adulto, su resistencia cereal
a la humana avidez de harina: no fue sólo
el calendario de la semilla en viaje
a su enterrada predicción de pan
y de licor enamorado, no fue el fermento
de la noche, no lo agrio de las horas,
sino desde la siembra el dolor de tu frente
hasta el cuchillo, sino la lluvia equinoccial
desde siempre hasta Mayo, sino los muertos
con su amarga levadura: el goterón, las vidas
alimentando al árbol, y los cien corazones
en la recolección de la cosecha andina,
y el ecuatoriano antepasado, padre
escogido, panadero sin odio, asesinado
en la mitad exacta de Noviembre.
[…]

Muertos de un solo día, de un solo


rencor largamente previsto, hebreamente;
muertos de un solo ataúd fluvial sin
cerradura de olvido y carpintero: pensando
en el llanto cautivo de las cebollas,
en guardadas doncellas con olor a establo
y oraciones, en la alta manzana como
en el libro primero otra vez prohibida,
pienso en vosotros y en vuestra mayoría
repentina: entonces esta fe, calzadas de caídas,
viene del río, del pan como su isla,
y de la harina de sus huesos puros.

Recuerdo en Guayaquil, en otros sitios


en donde anduve solo, un día sin almuerzo,
también recuerdo un muerto súbito, varios
muertos sucesivos, varias ventanas
con rota ropa conocida, y veo vuestra
vida en ella, oigo vuestra garganta
empujada por enemiga agua, y amo entonces
la tierra, amo el castigo en un otoño
de ira, y encuentro la dirección
a donde tantos pies entonces me conducen,
y la huella de los dedos que me indican
el mandato del pan sobre mi vida
[…]
(“El pan nuestro”, Ecuador amargo: 28-33).

128
Según datos históricos, los cadáveres retirados después de la

masacre del 15 de noviembre fueron enterrados en fosas comunes o

arrojados “a la ría”189. En los días posteriores, sobre el río flotaban cruces de

madera que sus familiares habían arrojado en memoria de los asesinados.

Esta imagen llamó la atención de Joaquín Gallegos Lara y emerge de ahí el

título de su primera obra: Las cruces sobre el agua. En la poesía de Adoum

son varios los elementos que dilucidan esta situación, como “la ría”, que se

interpreta de los versos en los que describe a ese “ataúd fluvial sin /

cerradura de olvido y de carpintero” (32), en el que reposan “los muertos /

con su amarga levadura” (28), y “el pan” y “la harina”, que se identifica como

los elementos básicos del panadero quien, a su vez, representa la clase

obrera ecuatoriana.

“Condecoración y ascenso”190 es otro poema en el que Adoum vuelve

a referir el suceso de la represión en el Ecuador, pues el “Alto Mando” --signo

claro de violencia en la poesía de Adoum--, figura como el protagonista

principal de dicha masacre:

Alto Mando contra los panaderos para hacerlos


leña a la salida de la harina, matándonos de octubre
a julio y de mayo a enero…
(“Condecoración y ascenso”, …ni están todos…:148).

Además de los elementos que enuncian la presencia de la violencia y

el miedo, se destacan situaciones de dolor y destierro que son el resultado de

189
Agustín Cueva se refiere al Río Guayas que atraviesa la ciudad de Guayaquil, en
el cual, tras abrirles el estómago a los muertos con el fin de que luego no flotasen en el agua,
fueron arrojados en él. Cada 2 de noviembre (día de los muertos) en el Ecuador, los
familiares de las personas fallecidas en esta masacre acuden al puente para arrojar flores y
cruces en el río. De ahí el título de la obra de Joaquín Gallegos Lara, Las cruces sobre el
agua.
190
Jorge Enrique Adoum: …ni están todos los que son… op. cit. p. 148. El poema al
que se cita (Condecoración y ascenso), no forma parte de la obra Ecuador amargo, sin
embargo lo citamos, vista la relación temática social y política con el poema “El pan nuestro”.

129
los actos anteriormente citados. En Ecuador amargo el dolor es permanente

y se desarrolla de forma cronológica, pues se hace énfasis en los tiempos

pasado y presente con el fin de resaltar la perennidad de los problemas:

“Tu compañera
fue herida ayer. Tu compañera
fue asesinada el lunes. Fue desterrada
al sur tu compañera, a las islas
que el mar rechaza de la costa.
No está tu compañera”.

¿No está mi compañera? ¿Y todo


porque tenía la costumbre
de vivir, porque acostumbra
defenderles el vientre a las mujeres,
los huesos a los trabajadores
y a los niños sus tinteros?
Todo porque vas madrugada
a madrugada a las paredes
de la ciudad, dejando allí
tu porción de patria y voluntad,
tu nombre fácil, tu nombre
Rojas, hasta abajo
del pueblo.
(“El desvelo y las noticias”, …ni están todos: 63- 64).

En este poema, la “compañera” bien puede ser interpretada de

distintas maneras, pero lo que sí es único es la violencia con la que es

tratada a causa de su compromiso con “las mujeres” y “los trabajadores”. En

una primera lectura se identifica a la mujer trabajadora que, por su

compromiso laboral o gremial es perseguida, “asesinada” y “desterrada”,

como sucedió por ejemplo con Magdalena Jaramillo, primera esposa de

Adoum, dirigente gremial y comprometida con los derechos de las mujeres y,

además, directora de una revista en Quito que fue clausurada por un régimen

dictatorial191. Al respecto Adoum anota que: “Precisamente en esos días,

191
En De cerca y de memoria Adoum apunta que “para sorpresa de cuantos la
conocíamos – y como prueba de que yo había impedido que Magdalena se descubriera a sí
misma--, fundó y dirigió la revista Nueva, una de las acciones más importantes del
periodismo alternativo ecuatoriano de la segunda mitad del siglo XX, en la que colaboraron la

130
recibí una carta de Magdalena: me pedía que las sacara del Ecuador, a ella y

a nuestras hijas, molestadas por la dictadura, a veces por méritos propios de

Magdalena, y a veces por suponer que yo me encontraba oculto en algún

lugar de Quito” (De cerca y de memoria: 351). Otra interpretación que surge

de esta “compañera” lírica implica la función del sujeto principal al que se

consagra gran parte de la poesía adoumiana, La Patria, representada ésta

por los grupos gremiales del país, los estudiantes, los trabajadores, los

escritores, etc.

El concepto marxista de que la literatura es siempre el espejo y la

interpretación del estado de la sociedad en un momento determinado de su

evolución histórica, es una concepción que se aprecia en la poesía de Jorge

Enrique Adoum, y en particular de Ecuador Amargo, en donde incluye

momentos históricos, sociales y culturales directamente vinculados con la

formación del continente. Todo ello lo ratifica el mismo autor al señalar “no

haber escrito jamás algo que no se refiera a él”, es decir al pueblo, del que

mayoría de quienes algo valen y algo han hecho en Ecuador. Con razón la clausuró una
dictadura, con razón el Congreso Nacional quiso indemnizarla, con razón Magdalena rechazó
esa ayuda, para seguir siendo libre. Inquieta y ágil en los círculos periodísticos y políticos,
donde la respetaban por todo ello, estuvo siempre tratando de que este país no siguiera
yendo de tumbo en tumbo, por los mismos lodazales que habíamos conocido. Puso como
muchos, como todos, su fe en algunos que nos dieron muestras, después, de que no lo
merecían. Pero a ella no la venció el desánimo, ni la decepción, ni siquiera la realidad: por el
contrario, ‘organizando el optimismo’, fundó la Red de Mujeres en Comunicación, que
permitió que salieran --¿de su casa, escondite obligatorio?, ¿de la timidez convertida en
miedo?, ¿de un sometimiento atroz hasta el punto de ignorar su propia condición?, ¿de todo
ello que, posiblemente, Magdalena había conocido y representaba?-- a la calle, a la política,
al periodismo, al optimismo y a la esperanza, que empezaran a comunicarse entre ellas y
entre ellas y el pueblo muchas mujeres que antes solo se habían movido entre pañales y
cacerolas, entre el aspirador y la cocina, entre la cama y la mesa del comedor. Nadie, como
ella, merecía más el nombre de ‘compañera’: le iba como un título, como una condecoración,
como un adjetivo que daría su verdadero valor al nombre de hermana, esposa, amiga… Y
así la sentían incluso las que la llamaban ‘Madre’: las había hecho nacer a la propia estima,
les dio a luz su valor, les devolvió la dignidad extraviada en los atajos de una sociedad
entorpecida por el poder y el dinero. Alguna escuelita se puso su nombre, y fue lo único de
que pudo enorgullecerse (695 – 696).

131
heredó el “lenguaje, el dolor y el fracaso, la decisión y la esperanza”192.

Adoum no sólo insiste en su dedicación a una literatura de compromiso, sino

que además corrobora las palabras de Mario Benedetti cuando señala

vincularnos a nuestra historia real, no de modo obsecuente ni


demoledor; simplemente, vincularnos a ella para encontrar ahí nuestra
expresión (tantas veces sofocada, calumniada, malversada, teñida),
como el medio más seguro de interpretar y asumir nuestra realidad, y
también como una inevitable y previa condición para cambiarla193.

El vínculo de la literatura con la historia es un tema que encarna gran

parte de la poesía de Adoum, y a partir de ello el autor propone una versión

de la historia a través de la que cuestiona los paradigmas dados a conocer

por la historiografía oficial. De ahí también que no sólo se encuentren

elementos que involucran la conquista española, sino también otras

problemáticas anteriores y posteriores, como las costumbres de los

aborígenes antes de la llegada de los colonizadores, las dictaduras, la

sucesión de golpes militares y la represión de estos sistemas. Para concluir,

cabe resumir que Ecuador amargo recopila una variedad de adjetivos --

“golpeada”, “sangrienta”, “rota, “muerta”, “áspera”, “desolada” o “amarga”--

que sintetizan la complejidad histórica de este pueblo, pero también de un

presente en el que las sociedades requieren de una escritura crítica frente a

los diferentes cambios que se van presentando en la actualidad. Preguntado

Adoum sobre la función de la literatura en la política latinoamericana actual,

responde:

Creo que la literatura, y la latinoamericana en particular, da


cuenta de las aspiraciones, a veces mal formuladas, y de los cambios
políticos que él contribuye a promover. El escritor no acaba de venir al
mundo ni viene de otro lugar sino que representa a una parte
importante de la sociedad en rebeldía contra el sistema que ella nos
192
Jorge Enrique Adoum: Entrevista en dos tiempos, con Carlos Calderón Chico,
Quito, Ed. Universitaria, 1988, p. 25.
193
Mario Benedetti: El recurso del supremo patriarca, op. cit. p. 34.

132
impone a través de la familia, la escuela, la iglesia, el servicio militar...
Así el escritor resulta ser (hablo de América Latina) no sólo el
anunciador del futuro sino también el primero que atestigua su llegada.
En la política ecuatoriana actual se me ocurre que, tal vez con afán de
alejarse del realismo, que cumplió con su deber y fue enterrado con
los honores que merecía, se ha producido en las nuevas generaciones
literarias, sobre todo en la última, un distanciamiento y aparente
desinterés por la “cosa pública”. Aparente, puesto que en la práctica
civil de todos los días están, quizás por primera vez, resueltos a
apoyar o a participar en los cambios que se están produciendo: un
ejemplo, el de los "forajidos" [grupo de jóvenes], que contribuyeron a
derrocar al "dictócrata" Lucio Gutiérrez (ambos términos fueron obra
suya) en abril del 2005 (Entrevista: 2008).

En general, la obra de Adoum se caracteriza por este tipo de

compromiso, o de “cambio político”, como él mismo define. Las

consecuencias de esto se han traducido en destierros y persecuciones, y

Mario Benedetti es, sin duda, al igual que las de Adoum, uno de los escritores

más indicados para dejar entredicho el ambiente tenso al que los poetas de

sus tiempos estuvieron expuestos: “Cuando la cultura empieza a llegar

paulatinamente a cada vez más vastos sectores de pueblo, a sensibilizar la

opinión pública, desenmascarar hipocresías, a señalar responsables, a

movilizar rebeldías, o sea, cuando la cultura adquiere una vigencia masiva y

esclarecedor” --señala el poeta uruguayo-- “entonces las fuerzas regresivas

arremeten contra ella con la misma ferocidad que contra cualquier otro sector

que se oponga a la oligarquía y al poder imperial. En esos casos, el hombre

de acción y el intelectual son medidos con la misma vara y a veces con la

misma picana eléctrica.194

194
Mario Benedetti: El ejercicio del criterio: Obra crítica 1950-1994, Barcelona, Seix
Barral, 1996, p. 78.

133
2.4 Naturaleza y geografía

La naturaleza se convierte en uno de los elementos principales de

Ecuador amargo en función de que figura no sólo como escenario en donde

suceden los acontecimientos, sino también como un ente que actúa frente a

los diversos cambios. Adoum casi siempre parte de un estímulo natural, y ello

se advierte desde el inicio de la obra en la que el territorio de “Palmira”

cumple un papel decisivo en su poesía. Sin embargo, antes de abordar la

función que cumplen los elementos naturales en Ecuador Amargo, conviene

destacar la definición de dos términos que debido a su aproximación

conceptual podrían crear confusión en el momento de su distinción y

determinación. Se trata de los vocablos “geografía”, referido varias veces en

las secciones anteriores, y “naturaleza”, respectivamente. Si tomamos la

primera definición que el diccionario de la Real Academia Española da de la

“geografía”, se determina pues que es la “ciencia que trata del estudio de la

tierra”, y por tanto este concepto dejaría de lado todas las atribuciones que

dimos anteriormente a la geografía al relacionar su imagen agreste como una

significación de la fatalidad social, política e histórica del Ecuador. Sin

embargo, la segunda definición se aproxima más a nuestro punto de estudio

ya que define a la “geografía” como “territorio o paisaje”, y en este sentido

nuestro intento por comparar la imagen geográfica de la poesía de Adoum

con la difícil trayectoria ecuatoriana cobra validez en vista de que, como

apuntaba Benedetti, el paisaje en Latinoamérica era concebido como ente de

explotación, latifundio y opresión en contra del indio y el campesino. Y este

juicio le sirve a Adoum para ubicar en esa región “desértica de Palmira” la

134
imagen de su propio país en donde sólo encuentra “destrozo” (“Lamento y

Madrigal sobre Palmira”, Ecuador amargo: 12).

En literatura se ha estudiado el papel tanto de la geografía --en

términos de ideología política-- como de la naturaleza, lo cual a primera vista

explica que se trata de dos temas distintos y, en consecuencia, de de dos

modos de interpretación. Un ejemplo es el estudio de Igor Orzhitskiy, “La

geografía en la literatura”, en el que el autor no se detiene en “los

despliegues de magníficos paisajes o la magnitud de la naturaleza”, sino en

la geografía “como base ideológica o existencial del texto”195. En otros

términos, Orzhitskiy examina las diferenciaciones que dos o más zonas

geográficas pueden crear en una comunidad, y sus complicaciones en el

momento de definirse por una determinada identidad. El ejemplo en el que

este estudioso se basa para fundamentar su tesis es la “famosa oposición

peruana de Costa y Sierra expuesta por José Carlos Mariátegui”196, y que

además se asemeja a lo planteado por Adoum en el caso de los

ecuatorianos. Pues según este último autor, el patriotismo de los

ecuatorianos se basa, más que en la historia, “en la geografía”, y cita varios

ejemplos que dan prueba de las diferenciaciones creadas en base al origen

geográfico de las personas. Uno de ellos son las discrepancias políticas

entre serranos y costeños, que en la mayoría de las ocasiones, son utilizadas

como escudo personal con el que defienden su alta o baja popularidad

195
Igor Orzhitskiy: “El geo-logos de los países andinos: la geografía en la literatura”,
Cuadernos Americanos, 91, (2002), pp. 99-104.
196
Igor Orzhitskiy: “El geo-logos de los países andinos… loc. cit. pp. 9-104.

135
política, como es el caso de Abdalá Bucarán197, un político populista que

convenientemente decía que la prensa --‘ese diario serrano que tenemos allá

[en Quito, Sierra]’-- ‘lo atacaba por ser de Guayaquil [Costa]’, y que su sueño

de llegar a la presidencia se veía truncado a causa de ‘una campaña sucia en

la sierra, por ser costeño’ (Ecuador señas particulares: 104-105). En este

contexto, la geografía para los ecuatorianos “se convierte en el punto flojo de

la conciencia nacional”198 ya que pone en tela de juicio el reconocimiento del

Ecuador como unidad nacional, de la que se desprende además

diferenciaciones políticas, raciales y lingüísticas.

Por su parte “la naturaleza”, entendida esta como el conglomerado de

todo lo que compone el universo, llama la atención en el sentido de que, cada

elemento natural que interviene en la poesía de Adoum cumple un papel

específico y, es más, reacciona frente a la presencia de lo extraño en su

entorno. En Ecuador amargo la naturaleza se presenta en estado salvaje y

su resistencia se ejerce directamente frente a la presencia del extranjero o

conquistador en su hábitat, pues la “enredadera” se vuelve “sangrienta” y el

“potro”, “salvaje”. La imagen del conquistador, huelga apuntar, no se reduce a

la presencia del colonizador español solamente, sino que se refiere también

las distintas luchas e incursiones llevadas a cabo por el proyecto

expansionista inca con el objetivo de imponer su dominio sobre las tribus

aledañas:

197
Asumió a la Presidente Constitucional del Ecuador el 10 de agosto de 1996 y
gobernó hasta el 6 de febrero de 1997. Su duración en el poder fueron sólo 186 días. El
Congreso lo dejó cesante “a pedido del pueblo” por su desgobierno y falta de capacidad
administrativa.
198
Igor Orzhitskiy: “El geo-logos de los países andinos:”… loc. cit. p. 102.

136
Para ti la sangrienta enredadera, la
guerrera paz, el potro del combate
por el maíz mejor o por costumbre,
o por nuevas mujeres para la dinastía heroica,
nuevas mujeres para la paz perdida,
nuevas distancias para la tribu intacta.
(“Litoral”, Ecuador amargo: 38).

La reacción de los elementos naturales es más determinante cuando

sienten la presencia del “importante varón, caballero plateado” y la

“tembladera galopada, [de] los / cascos sobre la piel tendida” (39-40), así, “el

guayacán” se vuelve “salvaje”, “el viento da vueltas en la costa como un loco”

y el mar cobra un aspecto fantasmagórico ya que empuja “su dentadura

suelta” “contra / Puná” y “contra el Golfo” (37). “La ronca burbuja del

petróleo” también reacciona frente a la llegada del extraño y el “continente”

entero, “reflota / derramando el coral de las humildes venas” (40).

A partir de estos últimos versos, un detalle que cabe destacar es la

comparación que realiza el poeta del continente americano como un

continente de “humildes venas”. Y por la descripción del proceso de

colonización199 que presenta Adoum, viene a la mente la obra de Eduardo

Galeano, Las venas abiertas de América Latina (1971), que en gran parte

comparte la temática e ideología expresada en Ecuador amargo por nuestro

autor.

199
Véase la sección sobre “Las fuentes subterráneas del poder” desarrollado por
Eduardo Galeano en su obra Las venas abiertas de América Latina, Ed. Siglo XXI, 1982, pp.
217-279.

137
De izquierda a derecha: Jorge Enrique Adoum, Eduardo Galeano, Mario Benedetti.
Quito, 1976. Foto, cortesía de Nicole Adoum.

Para Galeano, Latinoamérica “sigue trabajando de sirvienta. Continúa

existiendo al servicio de la necesidades ajenas, como fuente y reserva del

petróleo y el hierro, el cobre y la carne, las frutas y el café, las materias

primas y los alimentos con destino a los países ricos que ganan,

consumiéndolos, mucho más de lo que América Latina gana

produciéndolos”200, mientras que para Adoum, ésta sigue siendo explotada

de sus “recursos naturales, mano de obra y hasta ‘cerebros’ para asegurar la

supervivencia de los otros que, a cambio, les envían capitales de inversión,

máquinas y técnicos, para asegurar su propio ‘desarrollo’ y no para resolver

la endémica miseria local201. Las obras de estos dos autores distan 22 años

desde sus primeras publicaciones (1949 Adoum y 1971 Galeano), sin

embargo, las dos son una representación precisa de que la preocupación por

200
Eduardo Galeano: Las venas abiertas de América Latina… op. cit. p. 1.
201
Jorge Enrique Adoum: “Concepto del Tercer Mundo” en Urogallo, 1973, pp. 10-
12.

138
el estado político, económico y social de estos países ha sido un tema

permanente en el continente.

Otro elemento natural bastante significativo que se advierte en los

versos anteriores, con el que el poeta deja explicado una situación de

violencia y explotación, es “el coral”, que antecede a las “humildes venas”.

Según el Diccionario de símbolos (1993) de Hans Bierdermann, “en la

‘metamorfosis’ de Ovidio se dice que [los corales] se originaron a partir de la

cabeza cortada de la Gorgona, cuando las gotas de su sangre cayeron sobre

la arena”202. Así mismo, en la poesía de Adoum los “corales” representan la

sangre que emana un hecho de resistencia o lucha, ya que aparecen además

relacionados al “continente de humildes venas”. Si bien elementos como

“venas”, “continente”, “sangre o corales” crean un vínculo de protesta en las

obra de Adoum y Galeano, huelga subrayar la obra de otro autor que, a pesar

de formar parte de otra generación, recurre a la utilización de los “corales”

para expresar su preocupación por el sufrimiento del hombre y la sangre

derramada en su continente. En una de sus poemas escribe José Martí

(1835- 1895): “Mi verso es como un puñal / que por el puño echa flor: / mi

verso es un surtidor / que da un agua de coral”203. Está clara la analogía

verso / puñal como ejemplo de una poesía combatida, pero lo que nos

interesa resaltar es “el agua de coral” o sangre, como resultado de la acción

del “verso”, o puñal, que se enlaza metafóricamente con la acción de lucha y

resistencia. Si bien no intentamos llevar a cabo una comparación entre estos

tres escritores, lo que sí destacamos es la intención de lograr una autonomía

202
Hans Biedermann: Diccionario de Símbolos, Barcelona, Ediciones Paidós, 1993,
p. 121.
203
[Link]: Aproximaciones al estudio de la literatura hispánica, Boston, Ed. McGraw-
Hill, 2008, p. 197.

139
política y cultural de los pueblos latinoamericanos, tarea que, particularmente,

está presente en casi toda la obra de Adoum.

Por otro lado, es rescatable la forma en que se presenta el poema

“Litoral” ya que la constante yuxtaposición de imágenes, la sucesión de los

hechos y el ambiente tenso que crea cada elemento natural a causa de la

presencia del “extranjero” en su hábitat, establece una técnica casi

cinematográfica que ofrece un marco de la colonización, y con lo que los

reinos animal y vegetal despiertan al llamado del aborigen americano quien,

sumándose a la reacción de la naturaleza, alerta sobre el peligro de invasión:

Yo te pregunto: ¿oyes el tambor


de la conquista, el cuero navegando, los helechos
ya llenos de fatiga, oyes la sangre golpear
la noche y la madera, el guayacán salvaje,
el arrecife, oyes en el alma el rugido
del tigre, la tembladera galopada, los
cascos sobre la piel tendida?
(“Litoral”, Ecuador amargo: 39).

La reacción conjunta que crea Adoum entre la naturaleza y el aborigen

americano frente a la presencia del invasor, deja entrever, por un lado, la

relación íntima que tenía el primigenio con su entorno natural y las creencias

míticas de los aborígenes en cuanto a su origen natural204: el agua. Por tal

razón es que “el hombre” adoumiano casi siempre surge del agua, “del agua,

como de la sangre, y al agua / vengo, entrando a tierra por el agua”

204
“Antes que los Incas reinasen, cuentan que en el principio, Wiraccocha crió un
mundo oscuro y luego de ordenar el cielo y la tierra crió una raza de gigantes. A estos les
mandó que viniesen en paz para que lo sirviesen, mas como no fueron recíprocos con él, los
convirtió en piedras, enviándoles a la vez un diluvio general al cual llaman Unu Pachacuti,
que quiere decir ‘el agua que transformó el mundo’. Pasado el diluvio y seca la tierra,
Wiraccocha determinó poblarla por segunda vez y para hacerlo con más perfección
determinó criar luminarias que diesen claridad, para esto fue al gran lago Titicaca y mandó
allí que salieran el Sol, la Luna y las estrellas y subiesen al cielo para dar su luz al mundo. Y
dicen que la Luna tenía más claridad que el Sol, por lo que este al tiempo que subían le echó
un puñado de ceniza en la cara y que desde esa vez quedó la Luna con el color que ahora
tiene”. Fernando E. Elorrieta Salazar y Edgar Elorrieta Salazar, El valle sagrado de los incas:
Mitos y símbolos, Sociedad Pacaritanpu Hatha, Cusco, Perú, 1996, pp. 13-16.

140
(“Regreso cuando llovía”: 19). Antes de que el indígena sentencie su protesta

en contra de todo acto colonizador, un detalle que se vuelve a señalar es “el

regreso” y la reivindicación y pertenencia del hombre americano a su lugar de

origen, y en este contexto los elementos naturales funcionan como aliados

del aborigen, ya que contribuyen a su formación y a la de sus descendientes:

Mar, padre mar, ecuatorial, semilla


de esta población vegetal que te resguarda:
yo entro con la tierra, ella me invita
a las acuáticas asociaciones, a los terrenos
invadidos por tu sal y tus fosfatos: aquí
se endureció un día el primer esqueleto
que ahora grita, que ahora me recuerda
de donde soy, hasta que santos, hasta
que perros junto a capitanes desembarcaron
su aventurera escuadra, hacia el martirio
de la canela sorda.
(“Litoral”, Ecuador amargo: 38-9).

La naturaleza, espacio en el que se da paso a la aparición del primer

aborigen, y en la que ocurre todo tipo de transformaciones de vida y de

costumbres, presenta un ritmo evolutivo a medida que se desarrollan los

poemas. Así pues, “el mantel seco”, “el polvo” y “la tierra rota” a falta de “los

dedos de la lluvia” (“Lamento y madrigal sobre Palmira”, Ecuador amargo:

11), se convierte en el “territorio” en el que “desembocan / como una trenza

de ríos en la mano, / una palma mulata y una lechuga abierta (“Litoral”,

Ecuador amargo: 37), surge también “la cebada”, “tus cereales”, “el

algarrobo”, y el “agua / original que sobre sí se dobla” (“Baraja de la Patria”,

Ecuador amargo:47-48). El agua, que vuelve a reaparecer en este último

verso, tiene una doble significación ya que actúa como fenómeno destructor

por la cantidad excesiva con la que cae, pero también como elemento vital

tanto para el hombre como para la tierra. Veamos los dos ejemplos:

es aguacero

141

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