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Chihu Amparán, A. (1998). La teoría de los campos en Pierre Bourdieu. Polis.

Investigación y
Análisis Sociopolítico y Psicosocial. 98: 179-198.

1. Intento de superación de la dicotomía “objetivismo”-“subjetivismo”

La sociología de Bourdieu se presenta como un intento de superación de ciertos clivajes que


atraviesan la historia del pensamiento sociológico. Una de tales oposiciones es la existente entre los
partidarios del enfoque objetivista o positivista y los defensores del enfoque subjetivista.

El objetivismo es una actitud intelectual que consiste en investigar de manera sistemática las leyes
objetivas que gobiernan la realidad social, así como hay leyes que rigen la realidad física. Se trata de
un proceder calcado de la ciencias naturales o físicas. Dicho proceder consiste en buscar leyes
objetivas que gobiernen todos los comportamientos humanos, con independencia de los sujetos y sus
representaciones; se insiste en los determinismos que desde el exterior afectan a los sujetos. Los
individuos se convierten en juguetes de las estructuras.

El subjetivismo, al contrario, es la tendencia a privilegiar lo individual y centrar el análisis en el


sujeto, sobre todo en su personalidad definida como un conjunto singular de dones, vicios o virtudes,
cualidades y defectos. En sociología se traduce en teorías individualistas que insisten siempre en la
noción de libertad del sujeto, con lo cual se refieren a que este escapa a cualquier determinación
(Bonnewitz, 1998:36).

2. Ese intento de superar la dicotomía estructura-acción se plasmó en el modo en que Bourdieu


comprende el problema de la “desigualdad social” y la reproducción del orden social

Para explicar las desigualdades en las sociedades capitalistas industriales, Bourdieu moviliza una
grilla de análisis que combina una serie de conceptos topológicos o “espaciales” -piensa la sociedad
en términos de “espacio social” y de “campos”- y conceptos procedentes del lenguaje de la economía
“capital” – “inversión”.

Para pensar la desigualdad la sociología nos proporciona dos concepciones diferentes que rivalizan:
la marxista, que piensa la sociedad dividida en términos de clases sociales y la weberiana que la
analiza en términos de estratos constituidos a partir de tres principios de clasificación: poder,
prestigio y riqueza. Bourdieu aspira a superarlas mediante una síntesis.

La descripción de la sociedad en términos de espacio social señala una ruptura con las
representaciones tradicionales de la jerarquía social basadas en una visión piramidal de la sociedad.
Esta atribuye a cada clase una posición en la escala social en función de sus condiciones materiales
de existencia y permite hacer hincapié en la dimensión relacional de las posiciones sociales.

Desde esta perspectiva la sociología se presenta como una “topología social”, el mundo social se
representa con la forma de un espacio constituido sobre la base de principios de diferenciación
constituidos por el conjunto de las propiedades actuantes en un universo social considerado (…).
Los agentes y grupos de agentes se definen por sus posiciones relativas en ese espacio…El espacio
social…es un espacio multidimensional de posiciones, tal que toda posición actual pueda definirse
en función de un sistema multidimensional de coordenadas cuyos valores corresponden a los
valores de diferentes variables pertinentes: así, en la primer dimensión, los agentes se distribuyen
en él según el volumen global de capital que poseen y, en la segunda, según la composición de su
capital (Bourdieu, espacio social y génesis de las clases)
Así, el espacio social está estructurado por diferentes formas de capital [concepto heurístico] -el
concepto es tomado de la economía, por analogía con el capital económico: se acumula por
medio de operaciones de inversión, se transmite a través de la herencia, etc.- Existen cuatro tipos
de capital:

-Capital económico: constituido por los diferentes factores de producción (tierras, fábricas,
trabajo) y el conjunto de los bienes económicos (ingresos, patrimonio, etc.)

-Capital cultural: corresponde al conjunto de las calificaciones intelectuales, sean producidas por
el sistema escolar o transmitidas por la familia. Este capital puede existir bajo tres modalidades:
en el estado incorporado, como disposición duradera del cuerpo (ej. la facilidad de la expresión
en público); en estado objetivo, como bien cultural (la posesión de cuadros, obras, etc.), y en el
estado institucionalizado, es decir, socialmente sancionado por instituciones (títulos académicos)

-Capital social: son el conjunto de las relaciones sociales de las que dispone un individuo o
grupo, la posesión de ese capital implica un trabajo de establecimiento y mantenimiento de esas
relaciones, un trabajo de sociabilidad (invitaciones recíprocas, placeres en común, etc.)
-Capital simbólico: corresponde con el conjunto de rituales (ej. etiqueta o protocolo) ligados al
honor y el reconocimiento. Es el crédito y la autoridad conferidos a un agente por el
reconocimiento y la posesión de otras tres formas de capital. Permite comprender que las
múltiples manifestaciones del código de honor y de las reglas de buena conducta no sólo son
exigencias del control social sino constituyentes de ventajas sociales.

Los agentes se distribuyen en el espacio social según una doble lógica. La primera consiste en
jerarquizar, en la dimensión vertical, a los grupos sociales según el “volumen de capital” con el
que cuentan. Ahí se oponen los agentes con fuerte dotación de capital (sobre todo económico y
cultural) con aquellos cuya dotación es escasa.

La segunda lógica tiene que ver con la “estructura del capital”, es decir por la importancia
respectiva de los dos tipos de capital en el volumen total. Se pueden oponer los agentes sociales
en los que el capital económico prevalece sobre el cultural. Ciertas diferenciaciones secundarias
permiten explicar, entonces, los “clivajes internos” dentro de grupos que ocupan
estructuralmente la misma posición en la dimensión vertical del espacio social.

A esa visión de conjunto de la sociedad Bourdieu superpone un análisis en términos de “ campos


sociales”. Desde esta perspectiva la sociedad es un conjunto de campos, más o menos
autónomos, atravesados por luchas entre clases.

En la base de la teoría de los campos está la constatación de que el mundo social es el ámbito de
un proceso de diferenciación progresiva. Los campos surgen de la división social del trabajo.

Como surgen de las definiciones y caracterizaciones que el propio autor nos brinda en
“Respuestas para una sociología comprensiva” y “Algunas propiedades de los campos”

Un campo es una “red” o “configuración” de relaciones objetivas entre posiciones. Esas


“posiciones” se definen objetivamente en su existencia y en las determinaciones que imponen a
sus ocupantes, agentes o instituciones, por: a) la situación (situs) actual y potencial en la
estructura de distribución de los diferentes tipos de poder (o capital) cuya posesión gobierna el
acceso a los beneficios específicos que están en juego en el campo y b) por sus relaciones
objetivas con otras posiciones (dominación, subordinación, homología, etc.)

Existen “leyes generales de los campos” –campos tan diferentes como el de la política, la
filosofía o la religión tienen leyes de funcionamiento invariantes (de allí que el proyecto de
construcción de una teoría general no resulta un absurdo).

La posición de los agentes sociales en un campo depende de la posición de estos en el espacio


social: por lo tanto, hay una homología entre la estructura social y los campos sociales. Como
consecuencia, cada campo, aun cuando posea su propia lógica y una autonomía relativa, está
atravesado por clivajes idénticos a los que oponen las distintas clases.

Un campo puede definirse como un espacio de fuerzas opuestas, pudiendo definirse por aquello
que está en juego y los intereses específicos que son irreductibles a lo que se encuentra en juego
en otros campos.

Para que funcione un campo es necesario que haya algo en juego y gente dispuesta a jugar. La
sociología no puede prescindir del “axioma del interés” entendido como una inversión específica
en lo que está en juego, condición y producto de la pertenencia a un campo.

La gente dispuesta a jugar es la que está dotada de los habitus que implican el conocimiento y
reconocimiento de las leyes inmanentes al juego, de lo que está en juego, etc. El habitus es un
sistema de disposiciones adquiridas por medio del aprendizaje implícito o explícito que funciona
como un sistema de esquemas generadores, genera estrategias que pueden estar objetivamente
conformes con los intereses objetivos de sus autores sin haber sido concebidas expresamente con
este fin. Un habitus es a la vez un “oficio” (un cúmulo de técnicas, de referencias) como un
conjunto de “creencias” que son a la vez condición para que funcione un campo como el
producto de dicho funcionamiento.

Para explicar el comportamiento de los agentes al interior del campo Bourdieu recurre a la
analogía con el juego. Como señala en “Respuestas para una…”, hay apuestas que son producto
de la competencia entre los jugadores; una inversión en el juego, illusio (de ludus, juego): los
jugadores se oponen porque coinciden en asignar al juego y a las apuestas una creencia (doxa) un
reconocimiento que escapa a los cuestionamientos…en esa colusión está el origen de la
competencia y sus conflictos.

Una propiedad (menos visible) del campo es que toda la gente comprometida con un campo tiene
una cantidad de intereses fundamentales comunes, es decir, todo aquello que está vinculado con
la existencia misma del campo; de allí que surja una complicidad objetiva que subyace en todos
los antagonismos. Se olvida que la lucha presupone un acurdo entre los antagonistas sobre
aquello por lo cual merece la pena luchar y que queda reprimido en lo ordinario, en un estado de
doxa, presupuestos que se aceptan tácitamente, aun sin saberlo, por el mero hecho de jugar, de
entrar en el juego. Así, los que participan en la lucha contribuyen a reproducir el juego, al
contribuir a producir la creencia en el valor de lo que está en juego.

Lo que se juega es la acumulación de los capitales específicos que permiten asegurar la


dominación del campo. Hablar de capital específico significa que el capital vale en relación con
un campo determinado, es decir dentro de los límites de este campo y que solo se puede
convertir en otra especie de capital dentro de ciertas condiciones. El capital es un medio y un fin.
El objetivo es acumular o mantener la mayor cantidad de capital respetando las reglas de juego.

La estructura del campo es un estado de la relación de fuerzas entre los agentes o la instituciones
que intervienen en la lucha, o en la distribución de capital específico que se ha ido acumulando
durante luchas anteriores y que orienta las estrategias ulteriores.

Aquellos que, dentro de un estado determinado de la relación de fuerzas, monopolizan el capital


específico, que es el fundamento del poder o de la autoridad específica característica de un
campo, se inclinan hacia estrategias de conservación -las que dentro de los campos de
producción de bienes culturales tienden a defender la ortodoxia- mientras que los que disponen
de menos capital (que suelen ser los recién llegados, los más jóvenes) se inclinan a utilizar
estrategias de subversión (herejía).

Los recién llegados tiene que pagar un derecho de admisión que consiste en reconocer el valor
del juego (la selección y cooptación siempre prestan mucha atención a los índices de adhesión al
juego, de inversión) y en conocer (prácticamente) ciertos principios de funcionamiento del juego.
Ellos están condenados a utilizar estrategias de subversión, pero estas deben permanecer dentro
de ciertos límites, so pena de exclusión. En realidad, las revoluciones parciales que se efectúan
continuamente dentro de los campos no ponen en tela de juicio los fundamentos mismos del
juego, su axiomática fundamental, el zócalo de creencias últimas sobre las que reposa todo el
juego.

A través del conocimiento práctico que se exige tácitamente a los recién llegados, están presentes
en cada acto del juego toda su historia y todo su pasado. No por casualidad uno de los indicios
más claros de la constitución de un campo es la aparición de un cuerpo de conservadores de
vidas (los biógrafos) y de obras. Otro indicio del funcionamiento de un campo como tal es la
huella de la historia del campo en la obra (e incluso en la vida del productor). Existe el efecto de
campo cuando ya no se puede comprender una obra (y el valor, es decir, la creencia, que se le
otorga) sin conocer la historia de su campo de producción.

Habitus

A través del concepto de habitus Bourdieu también intenta superar la dicotomía


estructura/agente.

La teoría del habitus está dirigida a fundamentar la posibilidad de una ciencia de las prácticas
que escape a la alternativa del finalismo o el mecanicismo; objetivismo/subjetivismo. Nuestras
práctica no son simples ejecuciones de las normas explícitas; traducen, antes bien, un sentido del
juego que hemos adquirido por medio del habitus: el sentido práctico. Este se define como la
aptitud de moverse, actuar y orientarse según la posición ocupada en el espacio social y según la
lógica del campo y según la situación en los cuales se está implicado, sin recurrir a la reflexión
consciente, gracias a las disposiciones adquiridas que funcionan como automatismos.

Proporciona la articulación entre lo individual y lo colectivo. A través de esta noción se pone en


evidencia una teoría específica de la producción social de sus agentes y sus lógicas de acción. El
habitus está en la base de la reproducción del orden social pero puede convertirse en un principio
de invención y de cambio.
La socialización se caracteriza por la formación del habitus. En “El sentido práctico”, define el
habitus como sistemas de disposición duraderos y trasladables, estructuras estructuradas
dispuestas a funcionar como estructuras estructurantes, es decir, en cuanto principios
generadores y organizadores de prácticas y representaciones que pueden ser objetivamente
adaptadas a su meta sin suponer la orientación consciente a fines y el control expreso de las
operaciones necesarias para alcanzarlos, objetivamente “regladas” y “reguladas” sin ser en
absoluto el producto de la obediencia a reglas y, siendo todo esto, colectivamente orquestadas sin
ser el producto de la acción organizadora de un director de orquesta.

Cuando la gente puede limitarse a dejar actuar su habitus para obedecer a la necesidad inmanente
del campo y satisfacer las exigencias inscritas en él (lo cual constituye para cualquier campo la
definición misma de excelencia) en ningún momento siente que está cumpliendo con un deber y
aún menos que busca la maximización del provecho (específico) Así, tiene la ganancia
suplementaria de verse y ser vista como persona perfectamente desinteresada.

Las disposiciones son actitudes, inclinaciones a percibir, sentir, pensar, hacer interiorizadas por
los individuos debido a sus condiciones objetivas de existencia y que funcionan como principios
inconscientes de acción, percepción y reflexión. Los comportamientos y valores aprendidos se
consideran como autoevidentes, naturales, cuasi instintivos; la interiorización permite actuar sin
estar obligado a recordarse explícitamente reglas que es preciso acatar para actuar.

Los modos de percepción y acción interiorizados por los individuos se denominan esquemas.
Hay dos componentes del habitus: el “ethos” designa los principios o valores en estado práctico,
la forma interiorizada y no consciente de la moral que regla la conducta cotidiana –son los
esquemas de acción pero de manera inconsciente (así, el ethos se opone a la ética, que la forma
teórica, argumentada, explicitada y codificada de la moral). Por su parte, la “hexis” corporal
corresponde con las posturas y disposiciones del cuerpo y las relaciones con el cuerpo,
interiorizadas inconscientemente por el individuo durante su historia.

El habitus es simultáneamente la grilla de lectura a través de la cual percibimos y juzgamos la


realidad y el productor de nuestras prácticas, ambos aspectos son indisociables. Asimismo, es
producto de la posición y la trayectoria social de los individuos.

Como sistema de esquemas de percepción y evaluación, como estructuras cognitivas y


evaluativas el habitus se adquiere a través de la experiencia duradera de una posición en el
mundo social.

Entre todas las acciones pedagógicas que nos afectan, las más decisivas son las que
experimentamos en nuestra infancia y cuyo resultado es inculcarnos un habitus primario. Ahora
bien, toda familia ocupa una posición en el espacio social: los esquemas de percepción y acción
transmitidos dependen de ella. Recibir una educación es recibir una educación ligada a una
posición de clase. De tal modo, el habitus es un mecanismo que permite interiorizar las
propiedades vinculadas a la posición de nuestros padres en el espacio social.

A medida que el primer programa se inscribe en un agente, este tiende a percibir cada vez más
las nuevas experiencia en función de su habitus primario. Al transcurrir las vivencias, sobre el
habitus primario se implantan habitus secundarios, entre los cuales es preciso destacar el escolar
que, en general, redobla el familiar. Cada nueva adquisición se integra al conjunto en un solo
habitus que no deja de adaptarse, ajustarse en función de las necesidades inherentes a las
situaciones novedosas e inesperadas. El habitus es una estructura interna siempre en vías de
reestructuración. Esto implica que nuestras prácticas y representaciones no son ni totalmente
determinadas (los agentes toman decisiones) ni totalmente libres (el habitus orienta esas
decisiones).

Sin embargo el habitus exhibe una fuerte inercia. Así, cada individuo es una variante de un
habitus de clase. En “El sentido práctico” Bourdieu afirma que “cada sistema individual de
disposiciones es una variante estructural de los otros, en el cual se expresa la singularidad de la
posición dentro de la clase y la trayectoria. El estilo “personal”…nunca es otra cosa que una
desviación con respecto al estilo propio de una época o una clase. El principio de las diferencias
entre habitus individuales reside en la singularidad de las trayectorias sociales”.

Así, el habitus se reestructura según la trayectoria social recorrida por el agente, es decir, por la
experiencia vivida e interiorizada del ascenso, el estancamiento o la declinación social.

Si el habitus es producto de la pertenencia social, también se estructura en relación con un


campo. Todo campo ejerce sobre los agentes una acción pedagógica multiforme cuyo efecto
consiste en hacerles adquirir los saberes indispensables para una inserción correcta en las
relaciones sociales.

El habitus es así un poderoso factor de reproducción social. Los agentes portadores del mismo
habitus no necesitan concertarse para actuar de la misma manera.

Asimismo, el habitus ajusta las posibilidades objetivas y las motivaciones subjetivas; genera la
ilusión de la elección de las prácticas y representaciones, cuando en realidad los individuos no
hacen sino poner en acción el habitus que los ha modelado.

Una estrategia no está dada por la búsqueda consciente de la maximización de la ganancia


específica, sino por una relación inconsciente entre un habitus y un campo. Las estrategias están
orientadas objetivamente hacia fines que pueden no ser los que se persiguen subjetivamente. No
son cálculos o proyectos de una conciencia. La estrategia es el producto de un sentido práctico
como sentido del juego, de un juego social particular, históricamente definido, que se adquiere
desde la infancia al participar en las actividades sociales. El buen jugador, hace en cada instante
lo que hay que hacer, lo que demanda y exige el juego. Esto supone una invención permanente,
indispensable para adaptarse a situaciones indefinidamente variadas. Esto no asegura la
obediencia mecánica a la regla explícita (codificada) cuando existe. El sentido del juego no es
infalible y está desigualmente repartido.

En la entrevista que lleva por título “de las reglas a las estrategias” Bourdieu señala que nociones
como habitus (sistema de disposiciones), sentido práctico, estrategia, están ligadas al esfuerzo por
salir del objetivismo estructuralista (que coloca la “teoría” al principio de la práctica de los agentes)
sin caer en el subjetivismo.
A Bourdieu le interesa inscribir en la teoría el “sentido del juego” como dominio práctico de la
lógica o de la necesidad inmanente de un juego que se adquiere por la experiencia del juego y que
funciona “más acá” de la conciencia y del discurso (al modo, por ejemplo, de las técnicas del
cuerpo).
A través del habitus, el sentido práctico y la estrategia se reintroducen el agente, la acción, la práctica
y sobre todo quizá la proximidad del observador a los agentes y a la práctica, el rechazo de la mirada
distante, que no deja de tener relación con las disposiciones y las posiciones teóricas, pero también
políticas (De la regla…)
No se puede plantear el problema en términos de libertad y coerción, individuo y sociedad. El
habitus como sentido del juego es el juego social incorporado, vuelto naturaleza; nada es más libre y
más restringido, a la vez, que un buen jugador. El habitus, como social inscrito en el cuerpo, permite
producir la infinidad de los actos del juego que están inscritos en el juego en el estado de
posibilidades y exigencias objetivas; las coerciones y exigencias del juego…se imponen a aquellos y
sólo a aquellos que, porque tiene el sentido del juego, es decir el sentido de la necesidad inmanente
del juego, están preparados para percibirlas y cumplirlas.
Y las regularidades que se pueden observar, gracias a la estadística, son el producto agregado de
acciones individualmente orientadas por las mismas restricciones objetivas (las necesidades inscritas
en la estructura del juego o parcialmente objetivadas en las reglas) o incorporadas (el sentido del
juego, el mismo desigualmente distribuido, porque hay en todas partes, en todos los grupos, grados
de excelencia)
El juego social es reglado, es el lugar de las regularidades. El sentido del juego es una forma de
conocimiento de la lógica inmanente, de la necesidad del juego.
Su reflexión partió de la pregunta ¿cómo las conductas pueden ser regladas sin ser el producto de la
obediencia de las reglas?

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