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Influencia del entorno en el desarrollo humano

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Capitulo #3: Desarrollo personal, social y moral

→ Bronfenbrenner: El contexto social para el desarrollo


El modelo bioecológico de Urie Bronfenbrenner nos muestra cómo el desarrollo de una persona
está influenciado por múltiples niveles de contexto social que interactúan entre sí. Este enfoque
va más allá de observar solo los aspectos cognitivos y se centra en cómo factores externos, como
la familia, la comunidad y la cultura, afectan el desarrollo personal, físico y moral. Desde esta
perspectiva, el desarrollo humano se concibe como un proceso en el que la interacción con el
entorno es determinante para la formación de la personalidad, la motivación, los valores morales
y la forma en que las personas se desenvuelven en la vida cotidiana.
Desde su punto de vista, cada persona se desarrolla en un entorno compuesto por una serie de
sistemas interconectados que influyen y son influenciados mutuamente. Estos sistemas abarcan
desde las relaciones más cercanas, como la familia, hasta los contextos más amplios, como la
cultura y las políticas sociales. Al entender estos niveles, podemos apreciar cómo los diferentes
factores contextuales no solo influyen directamente en el individuo, sino que también interactúan
entre sí, generando efectos que, en última instancia, afectan el desarrollo integral de la persona.
Bronfenbrenner identifica varios niveles en este ecosistema de desarrollo. El primero es el
microsistema, que incluye las relaciones y actividades inmediatas en las que la persona está
directamente involucrada. Este sistema abarca a la familia, los amigos cercanos, los compañeros
de clase, los profesores, y todas las personas con las que interactúa de manera cotidiana. Las
interacciones en este nivel son recíprocas, lo que significa que tanto el individuo como su entorno
se influyen mutuamente. Por ejemplo, las acciones de un niño pueden impactar el comportamiento
de sus padres, y las decisiones de estos, a su vez, afectan al niño.
El segundo nivel es el mesosistema, que se refiere a las interacciones entre los diferentes
microsistemas en los que una persona participa. Por ejemplo, la relación entre los padres y los
profesores, o entre los amigos y la familia, es parte del mesosistema. Las interacciones dentro de
este nivel también son recíprocas, de modo que lo que sucede en una relación o sistema afecta a
los demás. Un claro ejemplo de esto es cómo una comunicación efectiva entre padres y profesores
puede mejorar el rendimiento académico de un niño, mientras que una falta de entendimiento
puede generar conflictos o dificultades en su aprendizaje.
El exosistema, que incluye contextos sociales en los que el individuo no participa directamente,
pero que, sin embargo, tienen un impacto en su vida. Un ejemplo clásico de este sistema sería el
entorno laboral de los padres. Aunque un niño no participe activamente en el trabajo de sus padres,
las condiciones laborales (como el estrés o la satisfacción laboral) pueden afectar el bienestar
emocional de los padres, lo que repercute en la dinámica familiar y, por lo tanto, en el desarrollo
del niño.
Finalmente, el macrosistema representa el contexto más amplio, que incluye la cultura, las leyes,
las tradiciones y los valores de la sociedad en general. Este sistema abarca normas sociales que
afectan a todas las personas, incluidas las que interactúan directamente con el niño.
→ Familias:
El entorno familiar tiene un impacto clave en el desarrollo del niño, comenzando desde el
embarazo y continuando a lo largo de su vida. Durante el embarazo, el bebé se ve afectado por
diversos factores relacionados con la salud de la madre, como su nivel de estrés, alimentación,
consumo de sustancias como alcohol o tabaco, y su bienestar general. Todos estos elementos
influyendo de manera negativa o positiva en el desarrollo prenatal de la madre. Una vez que el
bebé nace, otras influencias dentro de la familia comienzan a moldear su crecimiento y evolución,
afectando tanto su desarrollo físico como emocional.
Estructura Familiar. En las últimas décadas, se ha producido un cambio significativo en la
estructura familiar, especialmente en países como Estados Unidos. La proporción de niños que
crecen en hogares monoparentales ha aumentado drásticamente, y se proyecta que solo alrededor
de la mitad de los niños crecerán en hogares donde sus padres permanecerán casados. Los niños,
hoy en día, también pueden formar parte de familias mezcladas o reconstituidas, donde los
hermanastros entran y salen de sus vidas debido a divorcios y nuevos matrimonios. Algunos niños
pueden crecer con otros miembros de la familia, como abuelos o tíos, o incluso ser criados en
hogares adoptivos. En muchas culturas, como las asiáticas, latinoamericanas o africanas, es
común que los niños crezcan en familias extensas donde varios miembros de la familia comparten
los cuidados y responsabilidades. La diversidad en las estructuras familiares requiere que los
maestros adopten un lenguaje inclusivo y sensible al referirse a "la familia" en lugar de asumir la
presencia de "mamá y papá".
Estilos de Crianza. Diane Baumrind, en su investigación sobre los estilos de crianza, identificó
cuatro tipos principales: autoritativo, autoritario, permisivo y negligente. Los padres autoritativos,
que muestran tanto altos niveles de control como de calidez, establecen reglas claras y esperan un
comportamiento maduro, pero lo hacen de manera comprensiva y comunicativa. Estos padres
tienden a explicar las razones detrás de las reglas y permiten cierta participación democrática en
la toma de decisiones. En cambio, los padres autoritarios son estrictos y controladores, con pocas
muestras de afecto, esperando que sus hijos sigan órdenes sin cuestionar. Los padres permisivos,
por su parte, son afectuosos, pero imponen pocas reglas y tienen bajas expectativas de
comportamiento maduro. Finalmente, los padres negligentes muestran bajos niveles tanto de
calidez como de control, mostrando poco interés en guiar o comunicarse con sus hijos.
Las investigaciones han demostrado que los hijos de padres autoritativos tienden a tener mejores
resultados académicos, mayor autoestima y mejores habilidades sociales. Por otro lado, los hijos
de padres autoritarios a menudo experimentan sentimientos de culpa o depresión, mientras que
los niños de padres permisivos pueden tener dificultades para interactuar con otros debido a la
falta de experiencia con límites claros.

− Cultura y crianza:
La cultura define el contexto social en el que se cría a un niño, ya que determina las normas,
valores, creencias y prácticas que la familia transmite a las nuevas generaciones. Desde el
nacimiento, los niños son socializados dentro de un marco cultural específico que moldea su
visión del mundo y su comportamiento.
Por otro lado, la crianza se refiere a los métodos y estilos con los que los padres guían el
crecimiento y desarrollo de sus hijos. Los estilos de crianza no son universales; varían
considerablemente de acuerdo con las normas culturales. En algunas culturas, por ejemplo, se
prioriza la obediencia y el respeto a la autoridad, mientras que en otras se fomenta la
independencia y la creatividad desde temprana edad.
La cultura y la crianza están profundamente entrelazadas en el desarrollo infantil, ya que las
normas y valores de cada sociedad influyen en los estilos de crianza y, por lo tanto, en el
comportamiento y crecimiento de los niños. En culturas colectivistas, como muchas en Asia y
América Latina, los padres tienden a enfatizar la obediencia, el respeto a la autoridad y la
cooperación, promoviendo el bienestar grupal por encima de los logros individuales. Por otro
lado, en sociedades individualistas, como en Europa occidental y Estados Unidos, la crianza se
enfoca más en fomentar la independencia, la autosuficiencia y la toma de decisiones personal,
alentando a los niños a explorar sus propios intereses desde temprana edad.
El divorcio puede ser un evento que cambia drásticamente la vida de los niños, afectando su
bienestar emocional, social y académico. En Estados Unidos, donde aproximadamente entre el 40
y el 50 por ciento de los matrimonios terminan en divorcio, este fenómeno se ha vuelto una parte
relevante de la experiencia familiar contemporánea. La separación de los padres a menudo
introduce incertidumbre y estrés, especialmente durante los primeros años tras el divorcio, que
suelen ser los más críticos. Durante este tiempo, muchos niños enfrentan un aumento en los
problemas emocionales, que pueden manifestarse en diversas formas, como ansiedad, depresión,
problemas de concentración en la escuela y alteraciones en el sueño, como insomnio o pesadillas.

La respuesta de los niños al divorcio varía ampliamente; algunos pueden demostrar una notable
capacidad de adaptación, desarrollando habilidades de afrontamiento que les permiten navegar
estos cambios de manera saludable. Este grupo puede beneficiarse de factores como el apoyo
emocional de ambos padres, la continuidad en su entorno escolar y social, y la posibilidad de
expresar sus sentimientos de manera abierta. Sin embargo, otros niños pueden enfrentar un mayor
riesgo de sufrir problemas emocionales o conductuales, especialmente si el divorcio se desarrolla
en un entorno conflictivo o si no reciben el apoyo adecuado de los adultos.

→ Pares:
El tema de la influencia de los pares en el desarrollo de los adolescentes es fundamental para
entender su comportamiento, rendimiento académico y formación de identidad. Durante la etapa
del bachillerato, los estudiantes tienden a agruparse en diferentes "camarillas" o grupos que
comparten intereses y conductas similares, como los deportistas, los populares, los inteligentes,
entre otros. Estas agrupaciones no solo reflejan la diversidad social en la escuela, sino que también
crean un entorno en el que las normas y valores de cada grupo pueden influir significativamente
en la conducta de sus miembros. Por ejemplo, los estudios realizados por Laurence Steinberg
revelan que las expectativas y presiones del grupo pueden fomentar comportamientos que
favorecen el éxito académico o, por el contrario, desalentar el esfuerzo y el compromiso escolar.
Steinberg encontró que una gran parte de los estudiantes se siente presionada por sus pares, lo que
impacta su motivación para aprender y su desempeño académico. En su investigación, se reveló
que muchos adolescentes preferían ser parte de grupos populares o de deportistas, dejando a los
estudiantes más académicamente inclinados sintiéndose insatisfechos con su identidad social.
Este fenómeno pone de manifiesto cómo el deseo de pertenencia puede prevalecer sobre el deseo
de éxito académico, lo que lleva a comportamientos como la copia de tareas y el uso de trampas
en los exámenes. Esto sugiere que, para muchos jóvenes, la validación y aceptación de sus pares
son más importantes que el valor de la educación en sí.
Las culturas de pares también establecen normas y expectativas que influyen en el
comportamiento de los adolescentes. Por ejemplo, un estudiante popular podría ser excluido de
su grupo si no sigue las reglas de vestimenta o no asiste a determinadas fiestas. Este tipo de presión
social puede tener un efecto devastador, especialmente en adolescentes que ya enfrentan
dificultades personales, como el divorcio de sus padres. Las amistades y relaciones entre pares
son cruciales durante esta etapa; aquellos que carecen de amistades o se sienten aislados tienden
a mostrar un rendimiento académico más bajo y a experimentar problemas emocionales a largo
plazo. En contraste, los jóvenes que cuentan con un círculo de amigos solidarios y socialmente
competentes son más propensos a desarrollarse positivamente.
Por otro lado, la dinámica de grupo y el contexto del aula son igualmente relevantes en la
experiencia social de los adolescentes. Niños que presentan características diferentes, como una
discapacidad o un origen étnico distinto, pueden enfrentarse al rechazo en grupos donde las
normas son rígidas. Sin embargo, el contexto social también puede ofrecer oportunidades para la
aceptación si se fomenta un ambiente positivo donde se valora la cooperación y la empatía. La
intervención de educadores es crucial en estos casos; los docentes pueden identificar y abordar
problemas de rechazo y agresión en el aula, ayudando a los estudiantes a desarrollar habilidades
sociales que faciliten la aceptación entre sus compañeros.
La agresión de los pares es un fenómeno que ocurre comúnmente en las interacciones sociales
entre adolescentes y se manifiesta a través de actos hostiles o violentos hacia otros compañeros.
Este tipo de agresión puede presentarse de diversas formas, desde la violencia física hasta la
agresión verbal o emocional. En muchos casos, la agresión entre pares está motivada por la
necesidad de imponer poder, controlar o intimidar a otros. Los jóvenes que recurren a este
comportamiento suelen hacerlo para ganar estatus dentro de un grupo o para evitar convertirse en
víctimas de la agresión ellos mismos. La agresión entre pares puede tener consecuencias
devastadoras para la víctima, afectando su autoestima, salud mental, y desempeño académico.

→ Bravucones:
Los bravucones, también conocidos como acosadores o "bullies", son individuos que, de manera
recurrente, acosan o agreden a otros compañeros de manera intencional y repetitiva. Los
bravucones suelen seleccionar a víctimas que perciben como vulnerables o que tienen menos
poder social, y emplean diversas formas de agresión, incluyendo la intimidación física, el insulto
o la humillación pública. A menudo, el comportamiento del bravucón está motivado por una
necesidad de demostrar control o superioridad frente a sus pares. Este tipo de conducta agresiva
puede provocar un ambiente escolar tóxico, donde la inseguridad y el miedo predominan. Las
víctimas de los bravucones son particularmente vulnerables a sufrir ansiedad, depresión, y en
algunos casos, pueden llegar a experimentar aislamiento social.

→ Agresión relacional
La agresión relacional es un tipo de agresión menos visible que la agresión física, pero igualmente
dañina. Se manifiesta a través de acciones destinadas a dañar las relaciones sociales de una
persona o su estatus dentro de un grupo. Ejemplos de este tipo de agresión incluyen la difusión
de rumores, la exclusión deliberada de actividades sociales, o el sabotaje de amistades. Aunque
es más común entre adolescentes, tanto hombres como mujeres pueden participar en este tipo de
agresión. Las consecuencias de la agresión relacional pueden ser profundas, ya que afectan la red
social de apoyo de la víctima y pueden generar sentimientos de soledad, rechazo y baja
autoestima.
→ Profesores:

El rol de los profesores va mucho más allá de impartir conocimientos. Son figuras clave en el
desarrollo personal y social de los estudiantes, especialmente aquellos que pueden enfrentar
situaciones complejas en su entorno familiar. Al ofrecer un ambiente estructurado, afectuoso y
predecible, los maestros pueden brindar un espacio seguro para que los alumnos se desarrollen
emocionalmente. Este entorno es esencial para aquellos que viven en hogares caóticos, ya que la
consistencia y el respeto dentro del aula pueden convertirse en un refugio importante para ellos.

Además, los profesores no solo influyen en el rendimiento académico, sino también en la


adaptación social de los estudiantes. El apoyo emocional que ofrecen puede ser crucial,
especialmente en casos donde los alumnos se sienten marginados o rechazados por sus
compañeros. En estos casos, la relación positiva con el profesor puede contrarrestar el impacto
negativo del rechazo social.

En cuanto al manejo de la agresión en el aula, es fundamental que los maestros modelen


comportamientos no agresivos y enseñen a los estudiantes estrategias pacíficas para resolver
conflictos. El aula debe ser un espacio seguro, sin estímulos que promuevan la agresión, como
juegos o actividades altamente competitivas. Al enseñar habilidades sociales y fomentar la
cooperación entre los estudiantes, los profesores también contribuyen a un entorno de respeto
mutuo y comprensión.

Finalmente, los maestros también tienen la responsabilidad de intervenir en casos de abuso


infantil. Al ser figuras cercanas a los estudiantes, pueden identificar signos de abuso o negligencia
y actuar en consecuencia, protegiendo el bienestar de sus alumnos. Las relaciones positivas entre
profesores y estudiantes no solo benefician el aprendizaje académico, sino que también tienen un
impacto directo en el bienestar emocional y social de los jóvenes.

→ Desarrollo físico y motor:

El desarrollo físico y motor a lo largo de la infancia y adolescencia es uno de los aspectos más
visibles y relevantes del crecimiento. Aunque en general es un proceso natural, sus implicaciones
van más allá del simple crecimiento corporal, afectando otras dimensiones del desarrollo, como
el emocional, social y cognitivo. Estos cambios pueden ser fuente de orgullo y alegría, pero
también de desafíos y dificultades, dependiendo de las características individuales de cada niño o
adolescente y del entorno en el que se desarrollen.

− Niños pequeños (edad preescolar):

Durante la etapa preescolar, entre los 2 y los 5 años, los niños experimentan un notable avance en
sus habilidades motrices gruesas, es decir, aquellas que implican el uso de los músculos grandes
del cuerpo. A esta edad, los niños se vuelven más fuertes, su equilibrio mejora considerablemente,
y su cerebro comienza a coordinar mejor la información sobre el movimiento, lo que les permite
realizar actividades como correr, saltar, brincar y trepar con mayor precisión. Estos movimientos
se desarrollan de forma natural en los niños que no presentan problemas físicos, siempre y cuando
se les brinde la oportunidad de moverse y jugar libremente.

Además, es importante señalar que los niños en edad preescolar son muy activos por naturaleza,
por lo que necesitan tiempo para descansar después de realizar actividades físicas intensas. Esto
se debe a que aún no desarrollan plenamente la capacidad de autorregularse y saber cuándo
detenerse. Sin embargo, los niños con dificultades físicas o problemas motrices podrían requerir
un apoyo especializado para desarrollar estas habilidades adecuadamente. En estos casos, una
intervención temprana puede ser fundamental para asegurar que los pequeños logren alcanzar su
máximo potencial.

− Etapa de la escuela primaria:

En la escuela primaria, el desarrollo físico de los niños es más estable en comparación con los
años anteriores. A medida que crecen, se vuelven más altos, más delgados y fuertes, lo que les
permite dominar deportes y participar en actividades físicas más complejas. Sin embargo, durante
esta etapa se observa una considerable variabilidad en el desarrollo físico. Algunos niños pueden
ser mucho más altos o pequeños que sus compañeros, lo cual es completamente normal y no
siempre indica un problema de salud. Este rango amplio de desarrollo físico puede influir en las
dinámicas sociales dentro del aula, ya que los niños son muy conscientes de las diferencias físicas
entre ellos, aunque a menudo carecen del tacto para abordarlas. Por ejemplo, un niño puede
sentirse avergonzado o ser objeto de comentarios como "Eres muy pequeño para estar en quinto
grado" o "¿Por qué eres tan gordo?".

Durante estos años, es común que las niñas comiencen a superar en altura y peso a sus compañeros
varones, especialmente entre los 11 y 14 años. Este fenómeno se debe a que las niñas tienden a
entrar en la pubertad antes que los niños, lo que les confiere una ventaja física temporal en algunas
actividades. Sin embargo, esta diferencia también puede generar sentimientos de incomodidad en
las niñas que no desean destacar físicamente.

− Adolescencia:

La adolescencia es una etapa marcada por el inicio de la pubertad, un proceso que trae consigo
una serie de cambios fisiológicos que preparan al cuerpo para la reproducción. Durante este
periodo, las diferencias sexuales en el desarrollo físico que comenzaban a notarse en los últimos
años de la escuela primaria se hacen más pronunciadas. En general, las niñas inician la pubertad
entre los 10 y los 11 años, aunque algunas pueden comenzar antes, e incluso se ha observado que
ciertas niñas afroamericanas inician este proceso desde los 8 años. Los varones, por otro lado,
tienden a comenzar la pubertad un poco más tarde, usualmente entre los 12 y 13 años. En términos
generales, las niñas alcanzan su estatura final alrededor de los 15 o 16 años, mientras que los
varones continúan creciendo hasta los 19, aunque ambos pueden seguir creciendo en menor
medida hasta los 25 años.

El hecho de que los adolescentes alcancen la madurez física y sexual varios años antes de estar
preparados psicológica y económicamente para enfrentar las responsabilidades adultas puede ser
una fuente de tensión. Los cambios físicos que experimentan durante la adolescencia no solo
afectan su apariencia, sino también su identidad y autoestima, ya que los adolescentes comienzan
a compararse más intensamente con sus compañeros y con los ideales culturales de belleza y
atractivo físico.

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