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para rezar esta


Semana Santa
2023
TODO LO QUE
NECESITAS
EN UN SOLO LUGAR:
Angelus

Regina Coeli

Visita Al Santísimo

Santo Rosario

Examen de conciencia

15 minutos con Jesús


Sacramentado

Vía Crucis

Oración JMJ

Indulgencias para el
Triduo Pascual
Angelus
V. El Ángel del Señor anunció a María
R. Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo

Dios te salve, María...

V. He aquí la esclava del Señor


R. Hágase en mí según tu palabra

Dios te salve, María...

V. El Verbo de Dios se hizo carne


R. Y habitó entre nosotros

Dios te salve, María...

V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios


R. Para que seamos dignos de alcanzar las
promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Oración:
Te suplicamos señor que derrames tu Gracia en nuestras
almas, para que los que, por el anuncio del Ángel, hemos
conocido la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su
Pasión y Cruz, seamos llevamos a la gloria de su
resurrección. Por Jesucristo, nuestro
Señor. Amén.
Regina Coeli
V. Reina del Cielo, alégrate; aleluya
R. Porque el que mereciste llevar en tu seno; aleluya
V. Resucitó según dijo; aleluya
R. Ruega por nosotros a Dios; aleluya
V. Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya
R. Porque resucitó verdaderamente el Señor; aleluya

Oración:

¡Oh, Dios!, que por la resurrección de tu Hijo, Nuestro


Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría,
concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen
María, llegar a alcanzar los gozos eternos.

Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

(Se reza durante el tiempo pascual, es decir,


desde el domingo de resurrección hasta el
domingo de pentecostés)
Visita al
Santísimo
V. Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar
R. Sea por siempre Bendito y Alabado

Padre Nuestro, Avemaría y Gloria

V. Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar


R. Sea por siempre Bendito y Alabado

Padre Nuestro, Avemaría y Gloria

V. Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar


R. Sea por siempre Bendito y Alabado

Padre Nuestro, Avemaría y Gloria

V. Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar


R. Sea por siempre Bendito y Alabado.

Comunión Espiritual:

Yo quisiera, Señor, recibirte, con aquella pureza,


humildad y devoción, con que te recibió tu Santísima
Madre, con el Espíritu y fervor de todos los santos.
Santo Rosario
1. Visita al Santísimo
2. Señal de la Cruz
3. Acto de Contrición
Jesús, mi Señor y Redentor, yo me arrepiento de
todos los pecados que he cometido hasta hoy y me
pesa de todo corazón, porque con ellos he
ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente
no volver a pecar y confío que por tu infinita
misericordia me has de conceder el perdón de mis
culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.

4. Gloria
V. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
R. Como era en un principio, ahora y siempre, por los
siglos de los siglos. Amén.

Los Viernes Santo se sustituye por:


V. Cristo por nosotros se hizo obediente hasta la
muerte.
R. Y muerte de cruz.

Y Sábado Santo por:


V. Cristo por nosotros se hizo obediente hasta la
muerte, y muerte de cruz.
R. Por lo cual Dios lo exaltó y le otorgó el nombre
que está sobre todo nombre.
Santo Rosario
5. Cómo rezar los misterios

Anunciar el misterio por contemplar.

Rezar 1 Padre Nuestro y 10 Avemarías.

Terminar con un Gloria y después:

V: María Madre de Gracia, Madre de Misericordia


R: En la vida y en la muerte, ampáranos gran Señora

V: Alabanzas y gracias sean dadas en todo momento


al Santísimo y divinísimo sacramento del altar

R: Y Bendita sea la Santa e Inmaculada concepción de


la bienaventurada siempre Virgen María,
Madre de Dios y Madre nuestra.

Se procede al siguiente misterio.


Santo Rosario
Misterios
LUNES Y SÁBADO: MISTERIOS DE GOZO
1. La encarnación del hijo de Dios
2. La visitación de la Virgen a su prima Santa Isabel
3. El nacimiento del Hijo de Dios
4. La purificación de la Virgen y la presentación del Niño en el
templo
5. El Niño perdido y hallado en el templo

MARTES Y VIERNES: MISTERIOS DE DOLOR


1. La oración de Jesús en el huerto
2. La flagelación del Señor
3. La coronación de espinas
4. Jesús con la Cruz a cuestas camino al calvario
5. Jesús muere en la Cruz

MIÉRCOLES Y DOMINGOS: MISTERIOS GLORIOSOS


1. La resurrección del Señor
2. La Ascensión del Señor a los cielos
3. La venida del Espíritu Santo
4. La Asunción de Nuestra Señora
5. La coronación de la Virgen como Reina y Madre de todo lo
creado

JUEVES: MISTERIOS DE LUZ


1. El Bautismo del Señor
2. Las bodas de Caná
3. El anuncio del Reino de Dios
4. La Transfiguración del Señor
5. La institución de la Eucaristía
Santo Rosario
6. Al terminar los misterios
V. Virgen purísima y castísima antes del parto, hacednos mansos,
humildes y castos
R. En pensamientos, palabras y obras
V. Dios te salve, María, Hija de Dios Padre, llena eres de Gracia, el
Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres y
bendito es el fruto de tu vientre Jesús.
R. Santa María...

V. Virgen purísima y castísima en el parto, hacednos mansos,


humildes y castos
R. En pensamientos, palabras y obras
V. Dios te salve, María, Madre de Dios Hijo, llena eres de Gracia, el
Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito
es el fruto de tu vientre Jesús.
R. Santa María...

V. Virgen purísima y castísima después del parto, hacednos mansos,


humildes y castos
R. En pensamientos, palabras y obras
V. Dios te salve, María, Esposa de Dios Espíritu Santo, llena eres de
Gracia, el Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre Jesús.
R. Santa María...
Santo Rosario
7. Salve
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia.
Vida, dulzura y esperanza nuestra. Dios te salve, a ti
llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos
gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos
tus
ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos
a
Jesús, fruto bendito de tu vientre.
Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos
dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor
Jesucristo. Amén.

8. Letanías
V: Señor, ten piedad V: Dios, Padre celestial,
R: Señor, ten piedad R: ten piedad de nosotros
V: Cristo, ten piedad V: Dios, Hijo, Redentor del mundo
R: Cristo, ten piedad R: ten piedad de nosotros
V: Señor, ten piedad V: Dios, Espíritu Santo
R: Señor, ten piedad R: ten piedad de nosotros
V: Cristo, óyenos V: Santísima Trinidad, un solo Dios
R: Cristo, óyenos R: ten piedad de nosotros
V: Cristo, escúchanos
R: Cristo, escúchanos
Santo Rosario
A partir de este momento,
se responde: Causa de nuestra alegría
Ruega por nosotros Vaso espiritual
Vaso digno de honor
Santa María Vaso de insigne devoción
Santa Madre de Dios Rosa mística
Santa Virgen de las Torre de David
Vírgenes Torre de marfil
Madre de Cristo Casa de oro
Madre de la Iglesia Arca de la Alianza
Madre de la Misericordia Puerta del cielo
Madre de la divina gracia Estrella de la mañana
Madre de esperanza Salud de los enfermos
Madre purísima Refugio de los pecadores
Madre castísima Consuelo de los migrantes
Madre siempre virgen Consoladora de los afligidos
Madre inmaculada Auxilio de los cristianos
Madre amable Reina de los Ángeles
Madre admirable Reina de los Patriarcas
Madre del buen consejo Reina de los Profetas
Madre del Creador Reina de los Apóstoles
Madre del Salvador Reina de los Mártires
Virgen prudentísima Reina de los Confesores
Virgen digna de Reina de las Vírgenes
veneración Reina de todos los Santos
Virgen digna de alabanza Reina concebida sin pecado
Virgen poderosa original
Virgen clemente Reina asunta a los Cielos
Virgen fiel Reina del Santísimo Rosario
Espejo de justicia Reina de la familia
Trono de sabiduría Reina de la paz
Santo Rosario
V: Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo
R: Perdónanos, Señor
V: Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo
R: Escúchanos, Señor
V: Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo
R: Ten misericordia y misericordia de nosotros, Señor

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No


desprecies las súplicas que te dirigimos en las necesidades,
antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y
bendita.

V: Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.


R: Para que seamos dignos de las promesas de Cristo

Te suplicamos señor que derrames tu Gracia en nuestras almas,


para que los que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la
Encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y Cruz, seamos
llevamos a la gloria de su resurrección. Por Jesucristo, nuestro
Señor. Amén.

Por las necesidades de la Iglesia y del Estado


Padre nuestro, Avemaría y Gloria

Por la persona e intenciones del Señor Obispo de esta diócesis


Padre nuestro, Avemaría y Gloria

Por las benditas ánimas del purgatorio


Padre nuestro, Avemaría y Gloria
Examen de
Conciencia
Amar a Dios sobre todas las cosas
¿Amo a Dios sobre todas las cosas?
¿Dios es la primera prioridad en mi vida o yo estoy antes que Él?
¿El placer y el dinero se han vuelto más importantes para mí que
Dios que me hizo para Sí mismo?
¿Rezo con frecuencia?
¿Descuidé mi amistad con Dios por no rezar?
¿Participé en prácticas ocultas o supersticiosas, por ejemplo, la
adivinación del futuro?
¿Recibí la Sagrada Comunión en pecado mortal?
¿Mentí en la confesión u omití deliberadamente confesar un
pecado mortal?

No tomar el nombre de Dios en vano


¿Juré en falso, es decir, mentí bajo juramento ante un tribunal de
justicia?
¿Alguna vez mentí después de “jurar por Dios” que estaba diciendo
la verdad?
¿Alguna vez pronuncié el nombre de Dios cuando estaba
enojado/a, en una palabrota?

Santificar las fiestas


¿No asistí a la Santa Misa deliberadamente el sábado por la tarde
o el domingo?
¿No asistí a Misa en una fiesta de precepto o en una fiesta
importante del calendario litúrgico (es decir, Jueves Santo, Viernes
Santo, Domingo de Pascua, Navidad, Santa María Madre de Dios,
etc.)?
Examen de
Conciencia
Honrar a padre y madre
¿Desobedezco a mis padres?
¿Les falto el respeto?
¿Les insulto?
¿Tengo vergüenza de ellos? ¿Les digo que los amo?
¿Les miento? ¿Les robo?
¿Obedezco y respeto a quienes ocupan el lugar de mis padres,
como por ejemplo los maestros y directores?
¿Me ausento a clases? ¿Miento a mis maestros? ¿Les insulto?

No matar
¿Me estoy matando a mí mismo consumiendo drogas ilegales?
¿Me alcoholizo?
¿Me sometí a un aborto?
¿Aconsejé a alguien para que se practique un aborto?
¿Defiendo el derecho a la vida de los niños por nacer o me he
limitado a aceptar la mentalidad de la sociedad anti-vida?
¿Utilicé anticonceptivos abortivos o alenté a alguien para que los
utilizara?
¿Me esterilicé de algún modo o alenté a alguien para que lo
hiciera?
¿Participé en una eutanasia o estuve de acuerdo con ella?
¿He arruinado la reputación de una persona por hacer circular
rumores en forma deliberada o por mantenerlos vivos
transmitiéndoselos a otros?
¿Albergo ira contra una persona?
¿Guardo rencor?
¿Me niego a perdonar?
¿Maldije a alguien?
Examen de
Conciencia
No cometer actos impuros
¿He mantenido relaciones sexuales con alguien?
¿He tenido sexo conmigo mismo?
¿Alguna vez miré pornografía por internet o por cualquier otro
medio?
¿Alguna vez tuve pensamientos impuros de manera libre y
deliberada?
¿He practicado algún método anticonceptivo?
¿Soy recatado/a con la vestimenta?
No robar
¿Les robo a mis padres?
¿Les robo a mis amigos?
¿Alguna vez robé algo a un extraño?
¿Alguna vez robé algo en un negocio?
En otras palabras, ¿alguna vez tomé algo que pertenece a otra
persona por legítimo derecho?
¿Hago demasiadas apuestas?
¿Busco compartir lo que tengo con los pobres y necesitados?

No decir falsos testimonios ni mentiras


¿Soy mentiroso/a?
¿Soy culpable de detracción, es decir, de dar a conocer las faltas
de otros?
¿Soy culpable de calumnia, es decir, de divulgar mentiras sobre
otras personas? ¿Ando con chismes sobre otras personas?
¿Doy a conocer información que debería ser confidencial?
¿Soy falso/a, es decir, he sido un cierto tipo de persona para unos y
otro tipo de persona completamente diferente para otros?
Examen de
Conciencia
No cometer actos impuros. no consentir
pensamientos ni deseos impuros
¿He mantenido relaciones sexuales con alguien?
¿He tenido sexo conmigo mismo?
¿Alguna vez miré pornografía por internet o por cualquier otro
medio?
¿Alguna vez tuve pensamientos impuros de manera libre y
deliberada?
¿He practicado algún método anticonceptivo?
¿Soy recatado/a con la vestimenta?

No robar
¿Les robo a mis padres? ¿Les robo a mis amigos?
¿Alguna vez robé algo a un extraño?
¿Alguna vez robé algo en un negocio?
En otras palabras, ¿alguna vez tomé algo que pertenece a otra
persona por legítimo derecho? ¿Hago demasiadas apuestas?
¿Busco compartir lo que tengo con los pobres y necesitados?

No decir falsos testimonios ni mentiras


¿Soy mentiroso/a?
¿Soy culpable de detracción, es decir, de dar a conocer las faltas
de otros?
¿Soy culpable de calumnia, es decir, de divulgar mentiras sobre
otras personas? ¿Ando con chismes sobre otras personas?
¿Doy a conocer información que debería ser confidencial?
¿Soy falso/a, es decir, he sido un cierto tipo de persona para unos y
otro tipo de persona completamente diferente para otros?
Examen de
Conciencia
Soberbia
¿Me comparo con otros?
¿He tratado de llamar la atención con mis conocimientos, mi físico,
etc.?
¿Busco aprobación, reconocimientos, honores y alabanzas?
¿Desprecio a otros en mi corazón?
¿Me he resentido por el trato recibido?
¿Me dejo llevar por pensamientos de orgullo, de creerme gran
cosa, de ser muy importante, de querer lucirme?
¿Reconozco mis errores y pido perdón?

Lujuria
¿He practicado la masturbación?
¿He tenido alguna actividad sexual con otra persona?
¿He incurrido en prácticas homosexuales?
¿Me he puesto en situaciones que me llevan a cometer tales
acciones?
¿Me distraigo en pensamientos y deseos impuros o trato de
rechazarlos?
¿Me he causado estos pensamientos con lecturas impuras,
películas, internet o algún otro tipo de material pornográfico?
¿He disfrutado oyendo o contando chistes de doble sentido;
cantado o disfrutado de canciones inmorales?
¿Me visto modestamente?
¿He incitado a otros al pecado con mi ejemplo y comportamiento,
con mi falta de decencia?
¿Rezo inmediatamente para que se vayan los pensamientos
impuros y las tentaciones?
Examen de
Conciencia
Avaricia
¿Estoy apegado a las cosas y al dinero?
¿Sacrifico mi tiempo para ayudar a los demás?
¿Soy generoso o egoísta con lo que tengo?

Ira
¿Soy intransigente e intolerante? ¿Impaciente e iracundo?
¿Me pongo de mal humor cuando las cosas no salen como yo
quiero?
¿Le echo la culpa a otras personas o a otras cosas cuando pierdo
el control (ej: "me sacaron de quicio", "fue que él me hizo tal
cosa")? ¿O asumo mi responsabilidad?

Gula
¿Como más de lo necesario?
¿Estoy adicto al alcohol, drogas, juego?

Envidia
¿Soy celoso de mis hermanos(as), compañeros, etc.?
¿Envidio los bienes o las cualidades de los demás?
¿Distraigo mis pensamientos en comparaciones que me llevan a la
envidia?
¿Le reclamo a Dios en mi interior por el bienestar o cualidades de
los demás?

Pereza
¿Cumplo con mis deberes estudiantiles y familiares?
¿Dejo las cosas para más tarde? ¿Descanso más de lo necesario?
¿Tengo pereza o desinterés por las cosas de Dios?
15 minutos con
Jesús Sacramentado
No es preciso, hijo mío, saber mucho para agradarme
mucho; basta que me ames con fervor. Háblame, pues, aquí
sencillamente, como hablarías a tu madre, a tu hermano. ¿Necesitas
hacerme, en favor de alguien, una súplica cualquiera? Dime su
nombre, bien sea el de tus padres, bien el de tus hermanos y
amigos; dime en seguida qué quisieras que hiciese actualmente por
ellos.

Pide mucho, mucho, no vaciles en pedir; me gustan los corazones


generosos que llegan a olvidarse en cierto modo de sí mismos, para
atender a las necesidades ajenas. Háblame así, con sencillez, con
llaneza, de los pobres a quienes quisieras consolar, de los enfermos
a quienes ves padecer, de los extraviados que
anhelas volver al buen camino, de los amigos ausentes que quisieras
ver otra vez a tu lado.

Dime por todos una palabra de amigo, palabra entrañable y


fervorosa. Recuérdame que he prometido escuchar toda súplica
que salga del corazón; y ¿no ha de salir del corazón el ruego que
me dirijas por aquellos que tu corazón especialmente ama?

Y para ti, ¿no necesitas alguna gracia? Hazme, si quieres, una lista
de tus necesidades, y ven, léela en mi presencia. Dime francamente
qué sientes, soberbia, amor a la sensualidad y al regalo; que eres
tal vez egoísta, inconstante, negligente... y pídeme luego que venga
en ayuda de los esfuerzos, pocos o muchos, que haces para quitar
de ti tales miserias.
15 minutos con
Jesús Sacramentado
No te avergüences, ¡pobre alma! ¡Hay en el cielo tantos
justos, tantos Santos de primer orden, que tuvieron esos
mismos defectos! Pero rogaron con humildad... y poco a poco
se vieron libres de ellos.

Ni menos vaciles en pedirme bienes espirituales y corporales: salud,


memoria, éxito feliz en tus trabajos, negocios o estudios; todo eso
puedo darte, y lo doy, y deseo que me lo pidas en cuanto no se
oponga, antes favorezca y ayude a tu santificación. Hoy por hoy,
¿qué necesitas? ¿qué puedo hacer por tu bien?

¡Si supieras los deseos que tengo de favorecerte! ¿Traes ahora


mismo entre manos algún Proyecto? Cuéntamelo todo
minuciosamente. ¿Qué te preocupa? ¿Qué piensas? ¿Qué deseas?
¿Qué quieres que haga por tu hermano, por tu amigo, por tu
superior? ¿Qué desearías hacer por ellos?

¿Y por Mí? ¿No sientes deseos de mi gloria? ¿No quisieras poder


hacer algún bien a tus prójimos, a tus amigos, a quienes amas
mucho, y que viven quizás olvidados de Mí? Dime qué cosa llama
hoy particularmente tu atención, qué anhelas más vivamente, y con
qué medios cuentas para conseguirlo. Dime si te sale mal tu
empresa, y yo te diré las causas del mal éxito. ¿No quisieras que me
interesase algo en tu favor?

Hijo mío, soy dueño de los corazones, y dulcemente los llevo, sin
perjuicio de su libertad, adonde me place.
15 minutos con
Jesús Sacramentado
¿Sientes acaso tristeza o mal humor? Cuéntame,
cuéntame, alma desconsolada, tus tristezas con todos sus
pormenores. ¿Quién te hirió? ¿Quién lastimó tu amor propio? ¿Quién
te ha despreciado? Acércate a mi Corazón, que tiene bálsamo
eficaz para curar todas esas heridas del tuyo. Dame cuenta de
todo, y acabarás en breve por decirme que, a semejanza de Mí
todo lo perdonas, todo lo olvidas, y en pago recibirás mi
consoladora bendición.

¿Temes por ventura? ¿Sientes en tu alma aquellas vagas


melancolías, que no por ser infundadas dejan de ser
desgarradoras? Échate en brazos de mi providencia. Contigo estoy;
aquí, a tu lado me tienes; todo lo veo, todo lo oigo, ni un momento
te desamparo. ¿Sientes desvío de parte de personas que antes te
quisieron bien, y ahora olvidadas se alejan de ti, sin que les hayas
dado el menor motivo? Ruega por ellas, y yo las volveré a tu lado, si
no han de ser obstáculo a tu santificación.

¿Y no tienes tal vez alegría alguna que comunicarme? ¿Por qué no


me haces partícipe de ella como un buen amigo? Cuéntame lo que
desde ayer, desde la última visita que me hiciste, ha consolado y
hecho sonreír tu corazón. Quizá has tenido agradables sorpresas,
quizá has visto disipados negros recelos, quizá has recibido faustas
noticias, alguna carta o muestra de cariño; has vencido alguna
dificultad, o salido de algún lance apurado.
15 minutos con
Jesús Sacramentado
Obra mía es todo esto, y yo te lo he proporcionado:
¿por qué no has de manifestarme por ello tu gratitud, y
decirme sencillamente, como un hijo a su padre: «¡Gracias,
Padre mío, gracias!»? El agradecimiento trae consigo nuevos
beneficios, porque al bienhechor le gusta verse correspondido.

¿Tampoco tienes promesa alguna para hacerme? Leo, ya lo sabes,


en el fondo de tu corazón. A los hombres se les engaña fácilmente;
a Dios, no. Háblame, pues, con toda sinceridad. ¿Tienes firme
resolución de no exponerte ya más a aquella ocasión de pecado?
¿de privarte de aquel objeto que te dañó? ¿de no leer más aquel
libro que exaltó tu imaginación? ¿de no
tratar más aquella persona que turbó la paz de tu alma? ¿Volverás
a ser dulce, amable y condescendiente con aquella otra a quien,
por haberte faltado, has mirado hasta hoy como enemiga?

Ahora bien, hijo mío; vuelve a tus ocupaciones habituales, al taller, a


la familia, al estudio... pero no olvides los quince minutos de grata
conversación que hemos tenido aquí los dos, en la soledad del
santuario. Guarda, en cuanto puedas, silencio, modestia,
recogimiento, resignación, caridad con el prójimo.

Ama a mi Madre, que lo es también tuya, la Virgen Santísima, y


vuelve otra vez mañana con el corazón más amoroso, más
entregado a mi servicio. En mi Corazón encontrarás cada día nuevo
amor, nuevos beneficios, nuevos consuelos.
En la Vela puedes
aprovechar:
Decirle que le quieres y que le quieres querer más.
Es buena cosa comenzar pidiéndole perdón por
las cosas que tú y Él saben. Seguramente te
hablará de su Misericordia.
Dale gracias por tantas cosas, personas,
momentos, oportunidades, detalles (puedes irlas
nombrando)
Háblale de lo que te preocupa y puedes pedirle
ayuda.
Qué te ilusiona.
Qué te entristece
Qué esperas.
Aprovecha a dejar tu presente, tu futuro en sus
manos.
Háblale de las personas que amas, que aprecias,
de quiénes quisieras tener a tu lado, de los que
están lejos pero necesitan de tu oración.
Ahora pregúntale ¿qué espera de ti? ¿Qué virtud
puedes trabajar más? ¿Cómo puedes ayudar mejor
en tu familia, en tu colegio, a tus amigas, a tu
ciudad, a tu país?
Pídele ayuda a la Virgen
Vía Crucis
1. Señal de la cruz
2. Oración inicial
Señor, que la meditación de tu Pasión y Muerte nos anime y
ayude a tomar la cruz de cada día y seguirte, para un día
resucitar contigo en la gloria. Amén.

3. Anuncio de la estación
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

4. Se lee la estación
5. Peticiones
6. Oración final
V. Señor pequé
R. Ten piedad y misericordia de mi
Vía Crucis
Segunda Estación
Jesús cae por primera vez

Meditación
Te veo, Jesús, coronado de espinas, mientras tomas tu cruz.
La recibes como siempre has recibido todo y a todos. Te
cargan con el madero, pesado, áspero, pero tú no te
rebelas, no rechazas ese instrumento de tortura injusto e
innoble. Lo tomas sobre ti y comienzas a caminar llevándolo
sobre los hombros. Cuántas veces me he rebelado y
enfadado por los trabajos que he recibido, y que he
considerado pesados e injustos. Tú no haces eso. Solo tienes
algún año más que yo; hoy se diría que eres aún joven, pero
eres dócil, y tomas en serio lo que la vida te ofrece, cada
ocasión que se te presenta, como si quisieras llegar hasta el
fondo de las cosas y descubrir que hay siempre algo más
que lo que se ve, un significado escondido y sorprendente.
Gracias a ti comprendo que esta es una cruz de salvación y
de liberación, cruz de apoyo en el tropiezo, yugo ligero,
carga que no pesa.
Del escándalo que representa la muerte del Hijo de Dios,
muerte de pecador, muerte de malhechor, nace la gracia
de descubrir en el dolor la resurrección, en el sufrimiento tu
gloria, en la angustia tu salvación. La misma cruz, símbolo de
humillación y dolor para el hombre, se manifiesta ahora, por
la gracia de tu sacrificio, como una promesa: de cada
muerte resurgirá una vida y en cada oscuridad
resplandecerá una luz. Y podemos exclamar: «Ave, oh cruz,
única esperanza».
Vía Crucis
Segunda Estación
Oración
Te ruego, Señor, que con la luz de la cruz, símbolo de
nuestra fe,
aceptemos nuestros sufrimientos e, iluminados por tu amor,
abracemos nuestras cruces, que tu muerte y resurrección
vuelven gloriosas.
Danos la gracia de mirar nuestras historias
y descubrir en ellas tu amor por nosotros.

Padre nuestro...

Tercera Estación
Jesús cae por primera vez
Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores;
nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado (Is
53,4).

Meditación
Te veo, Jesús, sufriendo mientras recorres el camino hacia el
Calvario, cargado con nuestros pecados. Y te veo caer, con
las manos y las rodillas en el suelo, lleno de dolores. ¡Con
qué humildad has caído! ¡Cuánta humillación sufres ahora!
Tu naturaleza de hombre verdadero se muestra claramente
en este momento de tu vida. La cruz que llevas es pesada;
necesitarías ayuda, pero cuando caes al suelo nadie te
socorre, es más, los hombres se burlan de ti, ríen ante la
imagen de un Dios que cae.
Vía Crucis
Tercera Estación
Tal vez están decepcionados, quizás se hicieron una idea
equivocada de ti. A veces creemos que tener fe en ti
significa no caer nunca en la vida. Junto a ti caigo yo
también, y conmigo mis ideas, las que tenía sobre ti: ¡Qué
frágiles eran!
Te veo, Jesús, que aprietas los dientes y, completamente
abandonado al amor del Padre, te levantas y retomas tu
camino. Con estos primeros pasos hacia la cruz, tan
vacilantes, me recuerdas, Jesús, a un niño que da sus
primeros pasos en la vida y pierde el equilibrio, y cae y
llora, pero luego continúa. Se confía en las manos de sus
padres y no se detiene; él tiene miedo pero sigue adelante,
porque el miedo deja paso a la confianza.
Con tu valentía nos enseñas que los fracasos y las caídas
nunca deben parar nuestro camino y que siempre podemos
elegir: rendirnos o levantarnos contigo.
Oración
Te pido, Señor, que despiertes en nosotros los jóvenes
la valentía de levantarnos después de cada caída
tal y como hiciste tú en el camino del Calvario.
Te pido que sepamos apreciar siempre
el don inmenso y precioso de la vida
y que los fracasos y las caídas
no sean nunca un motivo para despreciarla,
conscientes de que, si nos fiamos de ti,
nos levantaremos de nuevo y
encontraremos la fuerza para seguir siempre adelante.
Padre nuestro...
Vía Crucis
Cuarta Estación
Jesús encuentra a su Madre
Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Este ha sido
puesto para que muchos en Isral caigan y se levanten; y
será como un signo de contradicción —y a ti misma una
espada te traspasará el alma—, para que se pongan de
manifiesto los pensamientos de muchos corazones» (Lc
2,34-35).

Meditación
Te veo, Jesús, cuando encuentras a tu Madre. María está allí,
camina por la calle llena de gente, hay muchas personas a
su lado. Lo único que la distingue de los demás es que ella
está allí para acompañar a su hijo. Una situación que se
constata todos los días: las madres acompañan a sus hijos a
la escuela o al médico o los llevan con ellas al trabajo. Pero
María se distingue de las demás madres: está
acompañando a su hijo a morir. Ver morir a un hijo es lo
peor que se puede desear a una persona, la más
antinatural; aún más atroz si el hijo, inocente, está muriendo
a manos de la justicia. ¡Qué escena tan antinatural e injusta
ante mis ojos! Mi madre me ha educado en el sentido de la
justicia y a tener confianza en la vida, pero lo que mis ojos
ven hoy no tiene nada de esto, no tiene sentido y está lleno
de sufrimiento.
Te veo, María, que miras a tu pobre hijo: tiene las marcas
de la flagelación en la espalda y se ve obligado a soportar
el peso de la cruz, y probablemente muy pronto caerá bajo
ella por el cansancio.
Vía Crucis
Cuarta Estación
Y tú sabías que tarde o temprano sucedería, te lo habían
profetizado, pero ahora que ha acaecido todo es
diferente; siempre ocurre así, no estamos preparados para
la vida, para su crudeza. María, ahora estás triste, como lo
estaría cualquier mujer en tu lugar, pero no estás
desesperada. Tu mirada no se ha apagado, no está vacía,
no caminas con la cabeza agachada. Eres luminosa
también en tu tristeza, porque tienes esperanza, sabes que
el viaje de tu hijo no es solo de ida, y sabes, lo sientes como
solo las madres lo perciben, que pronto lo volverás a ver.

Oración
Te pido, Señor, que nos ayudes
a tener siempre presente el ejemplo de María,
que aceptó la muerte de su hijo
como un gran misterio de salvación.
Ayúdanos a vivir con la mirada orientada al bien de los
otros
y a morir en la esperanza de la resurrección,
conscientes de no estar nunca solos,
ni abandonados por Dios, ni por María,
Madre buena que se preocupa siempre por sus hijos.

Padre nuestro...
Vía Crucis
Quinta Estación
El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz
Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de
Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para
que la llevase detrás de Jesús (Lc 23,26).

Meditación
Te veo, Jesús, aplastado bajo el peso de la cruz. Veo que tú
solo no puedes; precisamente en el momento de más
dificultad, te has quedado solo, ya no están los que se
decían amigos tuyos: Judas te ha traicionado, Pedro te ha
renegado, los otros te han abandonado. Pero de repente
sucede un encuentro imprevisto, alguien, un hombre
cualquiera que tal vez te escuchó hablar pero no te siguió,
ahora está aquí, a tu lado, hombro con hombro, para
compartir tu yugo. Se llama Simón y es un extranjero que
viene de lejos, de Cirene. Hoy, para él, es algo inesperado,
que se le revela como un encuentro.
Son infinitos los encuentros y desencuentros que vivimos
cada día, sobre todo para nosotros, los jóvenes, que
entramos continuamente en contacto con realidades
nuevas, con nuevas personas. Y en el encuentro inesperado,
en lo accidental, en la sorpresa desconcertante, es donde
se esconde la oportunidad para amar, para reconocer lo
mejor del prójimo, aun cuando nos parezca diferente.
Jesús, algunas veces nos sentimos como tú, abandonados
por los que creíamos que eran nuestros amigos, bajo un
peso que nos aplasta. Pero no debemos olvidar que hay un
Simón de Cirene dispuesto para cargar con nuestra cruz.
Vía Crucis
Quinta Estación
No debemos olvidar que no estamos solos, y esta certeza
nos dará la fuerza para hacernos cargo de la cruz del que
está a nuestro lado.
Te veo, Jesús: ahora parece que sientes un poco de alivio,
ahora que ya no estás solo puedes respirar por un instante.
Y veo a Simón: quién sabe si ha experimentado que tu yugo
es ligero, quién sabe si se da cuenta de lo que significa ese
imprevisto en su vida.

Oración
Señor, te pido que cada uno de nosotros
encuentre el valor para ser como el Cireneo,
que toma la cruz y sigue tus pasos.
Que cada uno de nosotros sea tan humilde y fuerte
para cargar con la cruz de los que encontramos.
Que cuando nos sintamos solos
podamos reconocer en nuestro camino un Simón de Cirene
que se detiene y carga con nuestro peso.
Concédenos que sepamos buscar lo mejor de cada
persona,
y de abrirnos a cada encuentro incluso en la diversidad.
Te pido para que todos nosotros
podamos encontrarnos inesperadamente a tu lado.

Padre nuestro...
Vía Crucis
Sexta Estación
La Verónica enjuga el rostro de Jesús
Sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente,
despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de
dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se
ocultaban los rostros, despreciado y desestimado(Is 53, 2-
3).

Meditación
Te veo, Jesús, digno de compasión, casi irreconocible,
tratado como el último de los hombres. Caminas con
dificultad hacia tu muerte con la cara ensangrentada y
desfigurada, aunque como siempre mansa y humilde,
dirigida hacia lo alto. Una mujer se abre camino entre la
multitud para ver de cerca tu rostro que, quizá tantas veces,
había hablado a su alma y ella había amado. Lo ve sufrir y
lo quiere ayudar. No la dejan pasar, son muchos,
demasiados, y armados. Pero a ella esto no le importa, está
determinada a llegar a ti y consigue tocarte apenas un
instante, acariciarte con su velo. Su fuerza es la de la
ternura. Vuestros ojos se cruzan por un instante, el rostro de
uno en el rostro del otro.
Esa mujer, Verónica, de la que no sabemos nada, de la que
no conocemos la historia, se gana el Paraíso con un simple
gesto de caridad. Se te acerca, observa tu rostro
destrozado y lo ama todavía más que antes.
Vía Crucis
Sexta Estación
Verónica no se queda en las apariencias, tan importantes
hoy en nuestra sociedad de la imagen, sino que ama
incondicionalmente un rostro feo, descuidado, sin maquillaje
e imperfecto. Ese rostro, tu rostro, Jesús, precisamente en su
imperfección muestra la perfección de tu amor por nosotros.

Oración
Te pido, Jesús, que me des la fuerza
de acercarme a los demás, a cada persona,
joven o anciana, pobre o rica, querida o desconocida,
y de ver en esos rostros tu rostro.
Ayúdame a socorrer con prontitud
al prójimo, en el que tú habitas,
como la Verónica corrió hacia ti en el camino del Calvario.
Padre nuestro...

Séptima Estación
Jesús cae por segunda vez
Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quién se preocupará
de su estirpe? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los
pecados de mi pueblo lo hirieron [...] El Señor quiso triturarlo
con el sufrimiento (Is 53, 8.10).

Meditación
Te veo, Jesús, caer una vez más ante mis ojos. Cayendo otra
vez me demuestras que eres un hombre, un hombre
auténtico.
Vía Crucis
Séptima Estación
Y veo que te alzas de nuevo, más decidido que antes. No te
alzas con soberbia; no hay orgullo en tu mirada, hay amor. Y
al proseguir tu camino, levantándote después de cada
caída, anuncias tu Resurrección, demuestras estar siempre
preparado para volver a cargar sobre tus hombros
ensangrentados el peso de los pecados del hombre.
Al caer de nuevo, nos has mandado un claro mensaje de
humildad, has caído en tierra, en ese humus del que hemos
nacido los «humanos». Somos tierra, somos barro, somos
nada en comparación contigo. Pero has querido ser como
nosotros, y ahora te muestras cercano a nosotros, con
nuestras mismas dificultades, las mismas debilidades, con el
mismo sudor de la frente. Ahora tú, en este viernes, como nos
ocurre también a nosotros, estás postrado por el dolor. Pero
tienes la fuerza para seguir adelante, no tienes miedo a las
dificultades que puedas encontrar, y sabes que al final del
esfuerzo está el Paraíso; te levantas para dirigirte
precisamente allí, para abrirnos las puertas de tu Reino. Eres
un rey extraño, un rey en el polvo.
Siento un vértigo: nosotros no somos quienes para comparar
nuestras dificultades y nuestras caídas con las tuyas. Las
tuyas son un sacrificio, el sacrificio más grande que mis ojos
y toda la historia jamás podrán ver.
Vía Crucis
Séptima Estación
Oración
Te pido, Señor, que estemos dispuestos a levantarnos de
nuevo después de una caída,
que aprendamos de nuestros fracasos.
Recuérdanos que cuando nos toque equivocarnos y caer,
si estamos contigo y nos aferramos a tu mano,
podremos aprender a levantarnos.
Haz que los jóvenes llevemos a todos tu mensaje de
humildad
y que las generaciones futuras abran los ojos para verte
y sepan comprender tu amor.
Enséñanos a ayudar a quien sufre y cae a nuestro lado,
a enjugar su sudor y a tender la mano para levantarlo.

Padre nuestro...

Octava Estación
Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén
Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se
golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él. Jesús se
volvió hacia ellas y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis
por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad
que vienen días en los que dirán: “Bienaventuradas las
estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos
que no han criado”. Entonces empezarán a decirles a los
montes: “Caed sobre nosotros”, y a las colinas: “Cubridnos”;
porque, si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el
seco?» (Lc 23,27-31).
Vía Crucis
Octava Estación
Meditación
Te veo y te escucho, Jesús, mientras hablas con las mujeres
que encuentras en tu camino hacia la muerte. A lo largo de
tus jornadas has visto a muchas personas, has ido al
encuentro y a hablar con todos. Ahora hablas con las
mujeres de Jerusalén que te ven y lloran. También yo soy una
de esas mujeres. Pero tú, Jesús, en tu amonestación usas
palabras que me impresionan, son palabras concretas y
directas; a primera vista, pueden parecer duras y severas
porque son francas. De hecho, hoy estamos acostumbrados
a un mundo de palabras ambiguas, una fría hipocresía
oculta y filtra lo que realmente queremos decir; las
advertencias se evitan cada vez más, se prefiere
abandonar al otro a su propio destino, sin molestarse en
exhortarlo por su propio bien.
En cambio tú, Jesús, hablas a las mujeres como un padre,
también cuando las reprendes; tus palabras son palabras
de verdad y llegan inmediatas con el único propósito de
corregir, no de juzgar. Es un lenguaje diferente al nuestro, tú
hablas siempre con humildad y llegas directamente al
corazón.
En este encuentro, el último antes de la cruz, brota una vez
más tu inmenso amor hacia los últimos y los marginados. De
hecho, en aquel tiempo, las mujeres no eran consideradas
dignas de ser interpeladas, mientras que tú, con tu
amabilidad, eres verdaderamente revolucionario.
Vía Crucis
Octava Estación
Oración
Te suplico, Señor, que yo,
junto con las mujeres y los hombres de este mundo,
seamos cada vez más caritativos
con los necesitados, tal como lo fuiste tú.
Danos la fuerza para ir contra corriente
y entrar en auténtica relación con los demás,
construyendo puentes y evitando cerrarnos en el egoísmo
que nos lleva a la soledad del pecado.

Padre nuestro...
Novena Estación
Jesús cae por tercera vez
Pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por
nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él,
sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas,
cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él
todos nuestros crímenes. (Is 53,5-6).

Meditación
Te veo, Jesús, mientras caes por tercera vez. Has caído ya
dos veces y dos veces te has levantado. No hay ya límites
para el cansancio y el dolor, pareces definitivamente
derrotado con esta tercera y última caída. . ¡Cuántas veces
en la vida de cada día nos toca caer! Caemos tantas veces
que perdemos la cuenta, pero siempre esperamos que
cada caída sea la última, porque se necesita la fuerza de
la esperanza para hacer frente al sufrimiento.
Vía Crucis
Novena Estación
Cuando uno cae tantas veces, las fuerzas al final colapsan y
las esperanzas desaparecen definitivamente.
Me imagino a tu lado, Jesús, en el camino que te conduce a
la muerte. Es difícil pensar que precisamente tú eres el Hijo
de Dios. Alguno ha intentado ya ayudarte, pero estás
agotado, inmóvil, paralizado y da la impresión de que no
podrás continuar. Pero veo que de repente te levantas,
enderezas las piernas y la espalda, todo lo que es posible
llevando una cruz sobre los hombros, y empiezas a caminar
de nuevo. Sí, te diriges hacia la muerte, y quieres hacerlo sin
ahorrarte nada. Quizás es esto el amor. Lo que entiendo es
que no importa cuántas veces caigamos, siempre habrá una
última, quizás la peor, la prueba más terrible en la que
estamos llamados a encontrar las fuerzas para llegar al
final del camino. Para Jesús, el final es la crucifixión, el
absurdo de la muerte, pero revela un significado más
profundo, un propósito más elevado, el de salvarnos a
todos.
Oración
Te suplico, Señor, que nos des cada día
la fuerza para seguir en nuestro camino.
Que mantengamos hasta el final
la esperanza y el amor que nos has dado.
Que todos puedan hacer frente a los desafíos de la vida
con la fuerza y la fe con la que tú has vivido
los últimos momentos de tu camino
hacia la muerte en cruz.
Padre nuestro...
Vía Crucis
Décima Estación
Jesús es despojado de las vestiduras
Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa,
haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y
apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda
de una pieza de arriba abajo (Jn 19,23).

Meditación
Te contemplo, Jesús, desnudo, como nunca antes te había
visto. Jesús, te han quitado tus vestiduras y se las están
jugando a los dados. A los ojos de estos hombres has
perdido el único jirón de dignidad que te quedaba, el único
objeto que poseías en este camino de sufrimiento. Al
principio de los tiempos, tu Padre había hecho vestidos
para los hombres, para cubrirlos de dignidad; ahora los
hombres te los quitan. Te contemplo, Jesús, y veo a un joven
emigrante, un cuerpo destrozado que llega a una tierra
muchas veces cruel, dispuesta a quitarle sus ropas, su único
bien, y venderlas, dejándolo así solo con su cruz, como la
tuya, solo con su piel maltratada, como la tuya, solo con sus
ojos hinchados por el dolor, como los tuyos.
Pero hay algo que los hombres a menudo olvidan sobre la
dignidad: que esta se encuentra bajo tu piel, es parte de ti
y siempre estará contigo, y más aún en este momento, en
esta desnudez.
La misma desnudez con la que nacemos es la que la tierra
nos acoge en el atardecer de la vida. De una madre a la
otra. Y ahora aquí, en esta colina, está también tu madre,
que de nuevo te ve desnudo.
Vía Crucis
Décima Estación
Te veo y comprendo la grandeza y el esplendor de tu
dignidad, de la dignidad de cada hombre, que nadie
podrá jamás suprimir.

Oración
Te pido, Señor, que todos reconozcamos
la dignidad de nuestra naturaleza,
incluso cuando nos encontramos desnudos y solos ante los
hombres.
Que sepamos ver siempre la dignidad de los demás,
y honrarla y protegerla.
Te pedimos que nos des la audacia necesaria
para conocernos a nosotros mismos por encima de lo que
nos cubre;
y para aceptar la desnudez que nos pertenece
y nos recuerda nuestra pobreza,
de la que te enamoraste hasta dar la vida por nosotros.
Padre nuestro...
Décima Primera Estación
Jesús es clavado en la cruz
Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo
crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y
otro a la izquierda. Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque
no saben lo que hacen» (Lc 23,33-34).

Meditación
Te veo, Jesús, despojado de todo. Han querido castigarte a
ti, inocente, clavándote en el madero de la cruz.
Vía Crucis
Décima Primera Estación
¿Qué hubiera hecho yo en su lugar, habría tenido el coraje
de reconocer tu verdad, mi verdad? Tú has tenido la fuerza
de soportar el peso de una cruz, de que no te creyeran, de
ser condenado por tus palabras incómodas. Hoy no somos
capaces de aceptar una crítica, como si cada palabra
fuera pronunciada para herirnos.
Tú tampoco te detuviste ante la muerte, creíste
profundamente en tu misión y te fiaste de tu Padre. Hoy, en
el mundo de internet, estamos tan condicionados por todo
lo que circula en la red que a veces dudo hasta de mis
propias palabras. Pero tus palabras son distintas, son fuertes
en tu debilidad. Tú nos perdonaste, no tuviste rencor, nos
enseñaste a poner la otra mejilla y fuiste más allá, hasta el
sacrificio total de tu propia vida.
Miro alrededor y veo ojos fijos en las pantallas del teléfono,
entregados a las redes sociales para condenar cada error
de los demás sin posibilidad de perdón. Hombres que,
dominados por la ira, se gritan con odio por los motivos más
insignificantes.
Miro tus heridas y soy consciente, ahora, de que yo no
habría tenido tu fuerza. Pero estoy sentada aquí a tus pies, y
me despojo yo también de toda duda, me levanto de la
tierra para poder estar más cerca de ti, aunque solo sea
por algunos centímetros.

Oración
Te pido, Señor, que ante el bien
tenga la disposición para reconocerlo;
Vía Crucis
Décima Primera Estación
que ante una injusticia tenga
la valentía de tomar las riendas de mi vida y actuar de otro
modo;
que me libere de todos los miedos
que como clavos me paralizan y me alejan
de la vida que tú has esperado y preparado para nosotros.
Padre nuestro...

Décima Segunda Estación


Jesús muere en la cruz
Era ya como la hora sexta, y vinieron las tinieblas sobre
toda la tierra, hasta la hora nona, porque se oscureció el
sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando
con voz potente, dijo: «Padre, a tus manos encomiendo mi
espíritu». Y, dicho esto, expiró. El centurión, al ver lo
ocurrido, daba gloria a Dios, diciendo: «Realmente, este
hombre era justo» (Lc 23,44-47).

Meditación
Te veo, Jesús, y esta vez no querría verte. Estás muriendo. Era
hermoso contemplarte cuando hablabas a las multitudes,
pero ahora todo ha terminado. Y yo no quiero ver el final;
muchas veces he desviado la mirada hacia otra parte, casi
me he habituado a huir del dolor y de la muerte, me he
anestesiado.
Vía Crucis
Décima Segunda Estación
Tu grito en la cruz es fuerte, desgarrador: no estábamos
preparados para tanto tormento, no lo estamos, no lo
estaremos nunca. Huimos por instinto, presos del pánico,
ante la muerte y el sufrimiento, los rechazamos, preferimos
mirar hacia otro lado o cerrar los ojos. En cambio, tú
permaneces ahí, en la cruz, nos esperas con los brazos
abiertos, abriéndonos los ojos.
Es un gran misterio, Jesús: nos amas muriendo, abandonado,
dando tu espíritu, cumpliendo la voluntad del Padre,
retirándote. Tú permaneces en la cruz, y nada más. No te
pones a explicar el misterio de la muerte, de la conclusión
de todas las cosas, haces más que eso: lo atraviesas con
todo tu cuerpo y tu espíritu. Un misterio grande, que sigue
interrogándonos e inquietándonos; nos desafía, nos invita a
abrir los ojos, a descubrir tu amor también en la muerte, es
más, a partir precisamente de la muerte. Es ahí donde nos
amaste: en nuestra condición más verdadera, ineludible e
inevitable. Es ahí donde comprendemos, aunque todavía de
modo imperfecto, tu presencia viva, auténtica. De esto,
siempre, tendremos sed: de tu cercanía, de tu ser Dios con
nosotros.

Oración
Te pido, Señor, que abras mis ojos,
que te vea también en los sufrimientos,
en la muerte, en el final que no es el final verdadero.
Vía Crucis
Décima Segunda Estación
Remueve mi indiferencia con tu cruz, sacude mi apatía.
Interrógame siempre con tu misterio desconcertante,
que supera la muerte y da la vida.
Padre nuestro...

Décima Tercera Estación


Jesús es bajado de la cruz y entregado a su Madre
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de
Jesús aunque oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato
que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo
autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también
Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas
cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el
cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los
aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos (Jn
19,38-40).

Meditación
Te veo, Jesús, todavía ahí, en la cruz. Un hombre de carne y
hueso, con sus fragilidades, con sus miedos. ¡Cuánto has
sufrido! Es una escena insoportable, tal vez justamente
porque está impregnada de humanidad. Esta es la palabra
clave, la cifra de tu camino, plagado de esfuerzo y
sufrimiento. Precisamente esta humanidad que a menudo
nos olvidamos de reconocer en ti y de buscar en nosotros
mismos y en los demás, demasiado ocupados en una vida
que aprieta el acelerador, ciegos y sordos ante las
dificultades y los dolores de los otros.
Vía Crucis
Décima Tercera Estación
Te veo, Jesús. Ahora no estás ya ahí, en la cruz; regresaste al
lugar de donde viniste, colocado sobre el seno de la tierra,
sobre el seno de tu Madre. Ahora el sufrimiento ha pasado,
ha desaparecido. Esta es la hora de la piedad. En tu cuerpo
sin vida se reverbera la fuerza con la que afrontaste el
sufrimiento; el sentido que conseguiste darle se refleja en
los ojos de quien está todavía ahí y ha permanecido a tu
lado y siempre permanecerá a tu lado en el amor, dado y
recibido. Se abre para ti, para nosotros, una nueva vida, la
del cielo, bajo el signo de lo que resiste y no se quiebra por
la muerte: el amor. Tú estás aquí, con nosotros, en cada
instante, en cada paso, en cada incertidumbre, en cada
oscuridad. Mientras la sombra del sepulcro se extiende
sobre tu cuerpo que yace entre los brazos de tu Madre, yo
te veo y tengo miedo, pero no desespero, tengo confianza
que la luz, tu luz, volverá a brillar.

Oración
Te pido, Señor,
que tengamos siempre viva la esperanza y
la fe en tu amor incondicional.
Que sepamos mantener siempre viva y encendida
la mirada hacia la salvación eterna,
y que podamos encontrar descanso y paz en nuestro
camino.
Padre nuestro...
Vía Crucis
Décima Cuarta Estación
Jesús es puesto en el sepulcro
Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el
huerto, un sepulcro nuevo donde nadie había sido
enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la
Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a
Jesús (Jn 19,41-42).

Meditación
No te veo ya, Jesús, ahora está oscuro. Caen sombras
alargadas desde las colinas, y las lámparas del Shabbat
inundan Jerusalén, fuera de las casas y en las habitaciones.
Golpean las puertas del cielo, cerrado e impenetrable.
¿Para quién es tanta soledad? ¿Quién puede dormir en una
noche así? Resuenan en la ciudad el llanto de los niños, los
cantos de las madres, las rondas de los soldados. Muere el
día, y solo tú te has dormido. ¿Duermes? ¿Y cuál es tu lecho?
¿Qué manta te oculta del mundo?
José de Arimatea ha seguido tus pasos desde lejos, y ahora
sin hacer rumor te acompaña en el sueño, te quita de las
miradas de los indignados y los malvados. Una sábana
envuelve tu frío, seca la sangre y el sudor y las lágrimas. De
la cruz desciendes, con ligereza, José te lleva sobre las
espaldas, pero eres ligero: no cargas el peso de la muerte,
ni del odio, ni del rencor. Duermes como cuando te
envolvieron en la cálida paja y otro José te tenía en brazos.
Igual que entonces no había lugar para ti, tampoco ahora
tienes dónde reclinar la cabeza; pero en el Calvario, en la
dura cerviz del mundo, crece ahí un jardín donde nadie ha
sido sepultado aún.
Vía Crucis
Décima Cuarta Estación
¿A dónde te has ido, Jesús? ¿A dónde has descendido, si no
es a lo más profundo? ¿A dónde, si no es a ese lugar
todavía intacto, a la cámara más angosta? Estás atrapado
en nuestros mismos lazos, en nuestra misma tristeza estás
encerrado. Has caminado como nosotros sobre la tierra, y
ahora, bajo tierra, como nosotros, encuentras espacio.
Querría correr lejos, pero tú estás dentro de mí; no debo
salir a buscarte, porque tú llamas a mi puerta.

Oración
Te rezo a ti, Señor, que no te has manifestado en la gloria
sino en el silencio de una noche oscura.
Tú que no miras la superficie, sino que ves en lo secreto
y entras en lo más profundo,
desde lo hondo escucha nuestra voz:
que podamos, los que estamos cansados, descansar en ti,
reconocer en ti nuestro origen,
ver en el amor de tu rostro dormido
nuestra belleza perdida.
Padre nuestro...
Oración JMJ
Lisboa, 2023:

Nuestra Señora de la Visitación,


que se fue apresuradamente a la montaña para
encontrarse con Isabel, haznos salir también para
conocer a los muchos que nos esperan
para llevarles el Evangelio vivo:
Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro.
Iremos rápido, sin distracciones ni demoras, más
biencon disposición y alegría.
Iremos tranquilos, porque quien tiene en si a Cristo lleva
consigo la paz, y elbuen hacer es el mejor bienestar.
Nuestra Señora de la Visitación,
con tu inspiración, esta Jornada Mundial de la Juventud
será la celebración mutua del Cristo que llevamos, tal
como tú lo hiciste. Haz que sea una ocasión para
testimonio y compartida,
convivencia y acción de gracias, buscando
Aquél que siempre espera.
Contigo continuaremos este camino de encuentro, para
que
nuestro mundo también se pueda reunir, en fraternidad,
justicia y paz.
Ayúdanos, Nuestra Señora de la Visitación,
a llevar a Cristo a todos, obedeciendo al Padre, en el
amor del Espíritu. Amén.
“María se levantó y partió sin demora” (LC 1, 39)
Indulgencias para
el Triduo Pascual
Jueves Santo:
Si durante la solemne reserva del Santísimo, que
sigue a la Misa de la Cena del Señor, se recita o
canta el himno "Tantum Ergo".
Si se visita por espacio de media hora el Santísimo
Sacramento reservado en el Monumento para
adorarlo.

Viernes Santo:
El Viacrucis: Al fiel cristiano que participe fielmente
del "Vía Crucis", se le concede indulgencia plenaria.
Adoración de la Cruz: Se concede indulgencia
cristiana al fiel cristiano que asista piadosamente a
la adoración de la Cruz en la Solemne acción
litúrgica.

Sábado Santo, en la noche de la santa vigilia:


Si asiste el fiel cristiano a la celebración de la Vigilia
Pascual (Sábado Santo por la noche) y en ella
renueva las promesas del bautismo.

Recuerda que solo se puede ganar una indulgencia por


día, por un fiel difunto o por la persona misma que
solicita la indulgencia. Nunca por otra persona viva.
"Tu eres el
ahora de Dios,
el Hoy de la
Iglesia"

#Protagonista
#Peregrina

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