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Evolución del Arte Primitivo y Egipcio

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Resumen de Goombrich

No se sabe exactamente el comienzo del arte


La palabra arte se puede comprender dependiendo el significado dado en diferentes
momentos de la historia.
En el pasado, la actitud respecto a los cuadros y a las estatuas fue, con frecuencia,
análoga. No eran concebidos como simples obras de arte, sino como objetos que
poseían una función definida. Estaría pobremente dotado para juzgar la arquitectura
quien ignorara los requerimientos a que obedecía su construcción. Análogamente, no
somos aptos para comprender el arte de otro tiempo si ignoramos por completo los
fines a que sirvió.

Llamamos primitivos a esos pueblos, no porque sean más simples que nosotros — los
procesos de su pensamiento son a menudo más complejos— , sino porque se hallan mucho
más próximos al estado del cual emergió́ un día la humanidad. Entre esos primitivos no existe
diferencia entre construcción útil y creación de imagen

Imágenes están hechas para protegerles contra otras fuerzas que son, en su concepto, tan
reales como las dela naturaleza.

Empleadas con fines mágicos , objetos de poderoso empleo.

El absurdo sentimiento de que lo que se hace en un retrato se hace también sobre la persona
que representa.

Esos cazadores primitivos creían que con sólo pintar a sus presas, los animales verdaderos
sucumbirían también a su poder.

La mayor parte de su arte se halla íntimamente liga da a ideas análogas acerca del poder de
las imágenes.

Otras tribus que celebran regularmente festivales en los que sus componentes se disfrazan
de animales e imitan los movimientos de estos en danzas solemnes. esto ha de darles, de
algún modo, poder sobre sus presas.

Existe una gran diferencia entre esta clase de símbolos heráldicos y carica turescos y la
profunda seriedad con que los salvajes observan sus relaciones con el tótem —como ellos
denominan a sus animales familiares—, pues parece que, en ocasiones, viven en una especie
de mundo imaginario en el cual pueden ser hombres y bestias al propio tiempo. Muchas tribus
celebran ceremonias especiales en las cuales ostentan máscaras con rasgos de esos animales,
que, una vez que les cubren, les lleva a sentir que se han transformado, que se han convertido
en cuervos o en osos.
Todos tenemos creencias que presuponemos, tanto como los primitivos las suyas, no es de si
la pintura o la escultura es bella para nuestro criterio, sino de si opera, es decir, si puede
ejecutar la magia requerida. Además, el artista trabaja para gentes de su propia tribu, que
conocen exactamente lo que cada forma y cada color se proponen significar. No se espera de
ellos que inventen o cambien elementos de su medio, sino tan sólo que apliquen toda su
destreza y su saber a la ejecución de sus obras.

El arte primitivo se realiza precisamente de conformidad con semejantes líneas


preestablecidas, y, con todo, deja al artista campo de acción para que muestre su ingenio.

No es su criterio de ejecución artística el que se aparta de los nuestros, sirio la suma de sus
ideas. Es importante advertir esto desde el principio, porque toda la historia del arte no es
una historia del progreso de los perfeccionamientos técnicos, sino una historia del cambio de
ideas y exigencias.

Sin una explicación no nos es posible comprender el objeto de esas creaciones en las que se
puso tanto amor y trabajo.

Cuando llegaron los conquistadores españoles y portugueses del siglo XVI, los aztecas en
México y los incas en Perú́ y Bolivia regían poderosos imperios. Sabemos también que, en
tempranos siglos, los mayas de América Central construyeron grandes ciudades y
desarrollaron un sistema de escritura y de cálculo del calendario que es todo menos primitivo.

Podemos llegar a comprender cómo la realización de imágenes en esas civilizaciones


primitivas no se hallaba relacionada sólo con la magia y la religión, sino que también era la
primera forma de escritura.

Capitulo 2 El arte para la eternidad (Egipto, Mesopotamia, Greta)

Los artistas griegos realiza ron su aprendizaje con los egipcios, y que todos nosotros somos
alumnos de los griegos. De ahí que el arte de Egipto tenga formidable importancia sobre el
de Occidente.

El faraón era considerado un ser divino que gobernaba sobre estos últimos y que, al
abandonar esta tierra, subiría de nuevo a la mansión de los dioses de donde había descendido.
Las pirámides, elevándose hacia el cielo, le ayudarían probablemente en su ascensión. En
cualquier caso, ellas defenderían el sagrado cuerpo de la destrucción, pues los egipcios creían
que el cuerpo debía ser conservado para que el alma viviera en el más allá. Por ello,
preservaban el cadáver mediante un laborioso método de embalsamamiento, vendándolo con
tiras de tela. Para la momia del faraón se había erigido la pirámide, instalándose su cuerpo
allí́, en el centro de la gran montaña pétrea, dentro de un cofre también de piedra.

Se escribían ensalmos y hechizos para ayudarle en su tránsito hasta el otro mundo.


Se perennizaba la apariencia del faraón, con toda seguridad éste continuaría existiendo para
siempre. Por ello, ordenaron a los escultores que labraran el retrato del faraón en duro e
imperecedero granito, y lo colocaran en la tumba donde nadie pudiese verlo, donde operara
su hechizo y ayudase a su alma a revivir a través de la imagen. Una denominación egipcia
del escultor era, precisamente, «El-que-mantiene-vivo».

Una simplicidad y una solemnidad

El escultor e lijó más que en aspectos esenciales.

Estricta concentración de las formas básicas de la cabeza humana, casi geométrica rigidez

La observación de la naturaleza y la proporción del conjunto se hallan tan perfectamente


equilibradas que nos impresionan para ofrecernos seres dotados de vida que, no obstante, se
nos aparecen como remotos en la eternidad.

Regularidad geométrica y de aguda observación de la naturaleza es característica de todo el


arte egipcio.

Mejor podemos estudiarla es en los relieves y pinturas que adornan los muros de las
sepulturas.

Estas obras pretendían «mantener vivo»

El arte constituyó su rescate.

Proporcionar compañeros a las almas en el otro mundo,

Diferencia de fines que inspiró sus pinturas. No era lo más importante la belleza, sino la
perfección.

Representarlo todo tan clara y perpetuamente como fuera posible.

Dibuja ban de memoria, y de conformidad con reglas estrictas que aseguraban la perfecta
claridad de todos los elementos de la obra.

Se limitaban a seguir una regla que les permitía insertar en la forma humana todo aquello que
consideraban importante.

Lo cierto es que el arte egipcio no se basa en lo que el artista podría ver en un momento dado,
sino en lo que él sabía que pertenecía a una persona o una escena.

No sólo fue el conocimiento de formas y figuras el que permitió́ que el artista diese cuerpo a
sus representaciones, sino también el conocimiento de su significado.
Los egipcios dibujaban al señor en tamaño mucho mayor que a sus criados, e incluso que a
su propia mujer.

La ausencia de color en las fotografías.

El sentido egipcio del orden en cada pormenor es tan poderoso que cualquier pequeña
variación lo trastorna por completo.

Todas las estatuas, pin turas y formas arquitectónicas se hallan en su lugar correspondiente
como si obedecieran una ley. A esta ley, a la cual parecen obedecer todas las creaciones de
un pueblo, la llamamos estilo.

Las normas que rigen todo el arte egipcio confieren a cada obra individual un efecto de
equilibrio y armonía,

Cada artista tuvo que aprender también el arte de escribir bellamente.

El arte de Mesopotamia, nombre que dieron los griegos a ese valle, nos es menos conocido
que el arte egipcio.

La razón principal es, probablemente, que ese pueblo no compartió la creencia religiosa de
los egipcios de que el cuerpo humano y su representación debían ser conservados para que
el alma persistiera.

Los sumerios poseyeron el gusto de la precisión y de la simetría.

La imagen ayudara a mantener vivo al poderoso.

El método seguido en la representación de estas escenas es, en cierto modo, semejante al de


los egipcios, aunque tal vez un tanto menos preciso y rígido.

Capitulo 3 El gran despertar (Grecia del siglo VII al Va.C.)

Los primeros estilos artísticos, que permanecieron casi invariables durante milenios.!

El principal centro de esos dominios fue, en los orígenes, la isla de Creta,

Alrededor de un milenio a.C., tribus belicosas de Europa penetra ron en la abrupta península
griega y en las costas de Asia Menor, combatiendo y derrotando a sus primitivos habitantes.

Durante los primeros siglos de su dominación en Grecia, el arte de esas tribus era bastante
rígido y primitivo.

Sencillos esquemas geométrico.


A la sencillez y a la distribución clara parece haber pasado al estilo arquitectónico que los
griegos introducen

Hacia 600 a.C. los griegos empiezan a imitar en piedra esas sencillas estructuras. Los puntales
de madera se convirtieron en columnas que sostenían fuertes travesaños de pie dra. Esos
travesaños recibían el nombre de arquitrabes, y el conjunto que des cansaba sobre las
columnas, el de entablamento.

Estas terminaciones eran señaladas con tres hendiduras, por lo que los griegos las
denominaron triglifos.

Lo sorprendente en esos templos primitivos, que imitan manifiestamente las construcciones


de madera, es la simplicidad y armonía del conjunto.

Se siente ante ellas que fueron construidas por y para seres humano^ En efecto, no pesaba
sobre los griegos una ley divina que esclavizara o pudiera esclavizar a todo un pueblo.

Las tribus griegas se asentaron en varias pequeñas ciudades y poblaciones costeras.

Trataron de emular el arte de sus antepasados tan fielmente como les fuera posible,
adhiriéndose estrictamente a las normas consagradas que habían aprendido. Cuando los
artistas griegos comenzaron a esculpir en piedra, partieron del punto en que se habían
detenido egipcios y asirios.

Aprendieron de ellos a modelar las figuras erguidas de los jóvenes, así como a señalar las
divisiones del cuerpo y de los músculos que las sujetan entre sí.

Decidió́ tener una visión propia en lugar de seguir las prescripciones antiguas.

Cada escultor griego quería saber cómo tenía él que representar un cuerpo determinado. Los
egipcios basaron su arte en el conocimiento.

Los escultores obtuvieron en sus talleres nuevas ideas y nuevos modos de representar la
figura humana, y cada innovación fue ávidamente recibida por otros que añadieron a ella sus
propios descubrimientos.

Los pies no estaban afirmados excesiva mente sobre el suelo; y un tercero descubría que
podía dotar de vida a un rostro combando simplemente la boca hacia arriba de modo que
pareciera son reír.

El método egipcio era en muchos aspectos más seguro.

Quedando oculto el resto detrás del hombro. Abandonó la creencia de que todo lo que él sabía
que pertenecía a la realidad debía ser mostrado.
El escorzo, un poco antes de 500 a.C., los artistas se aventuraron por vez primera en toda la
historia a pintar un pie visto de frente.

el arte antiguo estaba muerto y enterrado. Significa que el artista no se propuso ya incluirlo
todo, dentro de la pintura, en su aspecto más claramente visible, sino que tuvo en cuenta el
ángulo desde el cual veía el objeto.

Los artistas griegos trataron de siluetear sus figuras tan claramente como les fuese posible

Sin violentar su apariencia . Continuaban gustándoles los perfiles sólidos y el dibujo


equilibrado.

La gran revolución del arte griego, el descubrimiento de las formas naturales y del escorzo,
tuvo lugar en la época que es, al propio tiempo, el período más extraordinario de la historia
del hombre.

Las ciudades griegas empiezan a interrogarse acerca de las tradiciones y leyendas antiguas y
a inquirir sin prejuicios la naturaleza de las cosas, y en la que la ciencia tal como la enten-
demos hoy, y la filosofía, surgen entre los hombres, mientras el teatro empieza a
desarrollarse, naciendo de las ceremonias celebradas en honor de Dionisos.

Los templos situados sobre la roca sagrada de Atenas, serían construidos en mármol con un
esplendor y una nobleza desconocidos hasta entonces.

La generalizada idea de que el arte griego carecía de vida, de que era frio e insípido, y de que
sus estatuas poseían aquella apariencia de yeso y vacuidad expresiva que nos recuerdan las
trasnochadas academias de dibujo.

Dignidad que proporcionaba a la gente una idea distinta del carácter y de la significación de
sus dioses. La Atenea de Fidias fue como un gran ser humano. Su poder residía, no en su
mágica fascinación, sino en su belleza. Advertíase entonces que Fidias había dado al pueblo
griego una nueva concepción de la divinidad.

El templo de Olimpia es el más antiguo.

En efecto, la manera de emplear los artistas griegos los ropajes para señalar esas principales
divisiones del cuerpo revela la importancia que concedieron al conocimiento de la forma.
Este equilibrio entre una adhesión a las normas y una libertad dentro de ellas es el que ha
llevado a que se admirara tanto el arte griego en los siglos posteriores, y que los artistas se
hayan vuelto hacia sus obras maestras en busca de guía e inspiración.

El tipo de obras que con frecuencia se encargaba a los artistas griegos pudo con tribuir a que
estos perfeccionaran su cono cimiento del cuerpo humano en movimiento. Un templo como
el de Olimpia se hallaba rodeado de estatuas de atletas victoriosos dedicadas a los dioses.
Los grandes deportes organizados por los griegos, de los cuales los juegos olímpicos eran,
claro está, los más famosos, constituían algo muy diferente de nuestras modernas
competiciones. Estaban mucho más ligados a las creencias y los ritos religiosos del pueblo.

Los vencedores encargaban sus efigies a los artistas más renombrados de la época.

Los cabellos, ojos y labios estaban ligeramente sobredorados, enriqueciendo y avivando el


conjunto del rostro, sin que una cabeza semejante pareciera nunca chillona o vulgar.

Pero constituye una imagen convincente de un ser humano, de simplicidad y belleza


maravillosas.

De todos los originales griegos que han llegado hasta nosotros, las esculturas del Partenón
acaso sean las que reflejan más maravillosamente esta nueva libertad.

Los griegos pintaban incluso sus templos con fuertes y contrastados colores, como el rojo y
el azul.

Pese a lo vivos y animados que hayan llegado a ser los grupos, aún encajan perfectamente en
el orden de la procesión solemne que se mueve a lo largo de la pared del edificio. Ha con
servado algo de la sabiduría artística de la estructuración que el arte griego recibió de los
egipcios y del encaje dentro de un patrón geométrico que precedió al gran despertar. Y es
esta seguridad manual la que hace que cada detalle del friso del Partenón sea tan lúcido y
«correcto».

Toda obra griega de aquel gran período muestra esta sabiduría y pericia en el reparto de las
figuras, pero lo que los griegos de la época apreciaban más aún era otra cosa: la libertad
recién descubierta de plasmar el cuerpo humano en cualquier posición o movimiento podía
servir para reflejar la vida interior de las figuras representadas.

Los movimientos del alma

Capítulo 4: El reino de la belleza (Grecia y el mundo griego, del siglo IV a.C. al I)

El gran despertar del arte a la libertad tuvo lugar en los cien años, aproximadamente, que van
de 520 a.C. a 420 a.C.

Aunque los artistas aún eran considerados artesanos y, tal vez, desdeña dos por los esnobs,
comenzaban a interesarse en las obras por sí mismas, y no por sus funciones religiosas o
políticas.

La comparación y la competencia entre esas escuelas estimulaban a los artistas]

En arquitectura, diversos estilos empezaron a ser empleados conjuntamente. El Partenón se


construyó en estilo dórico, pero en los edificios posteriores de la Acrópolis se introdujo el
estilo llamado jónico.
Las columnas del templo jónico son mucho menos fuertes y robustas. Son como ligeros
troncos, y el capitel o remate no es mayor que un sencillo y liso cojín, pero ricamente
adornado con volutas a los lados, las cuales parecen desempeñar nuevamente la función de
la parte que sostiene la viga sobre la que descansa el techo

Atenas, durante este período, se halló envuelta en una guerra terrible que terminó con su
prosperidad y con la de Grecia. En 408 a.C, durante un breve lapso de paz, se añadió una
balaustrada esculpida al pequeño templo de la Acrópolis dedicado a la diosa de la victoria;
sus esculturas y ornamentación revelan el cambio de gusto hacia la delicadeza y el
refinamiento que se refleja también en el estilo jónico.

El friso del templo de la Victoria muestra, quizá́ , el comienzo de un cambio de actitud. Este
artista estaba orgulloso de su inmenso poder tanto como de sus facultades. Y así,
gradualmente, durante el siglo IV a.C. la consideración del arte varió.. Las estatuas de Fidias
fueron famosas en toda Grecia como representaciones de los dioses. Las estatuas del gran
templo del siglo IV a.C. merecieron su reputación más bien en virtud de su belleza como
obras de arte. La gente culta discutía acerca de las pinturas y las estatuas lo mismo que acerca
de los poemas y los dramas; elogiaban su belleza o criticaban su forma y estilo.

En la obra de Praxíteles ha desaparecido toda huella de rigidez, postura relajada que en nada
ofende su dignidad.

Praxíteles procuró mostrarnos los goznes, las junturas del cuerpo, poniéndolos de manifiesto
con tanta claridad y precisión como le fue posible. Pero ahora pudo realizar todo esto sin que
resultara rígida y envarada su escultura; pudo mostrar los músculos y los huesos dilatándose
y moviéndose bajo la piel suave, y pudo dar la impresión de un cuerpo vivo en toda su gracia
y belleza. Sin embargo, es necesario darse cuenta de que Praxíteles y otros artistas griegos
llegaron a esta belleza merced al conocimiento. No existe ningún cuerpo vivo tan simétrico,
tan bien construido y bello como los de las estatuas griegas. Se cree con frecuencia que lo
que hacían los artistas era contemplar muchos modelos y eliminar los aspectos que no les
gustaban; que partían de una cuidada reproducción de un hombre real y que lo iban
hermoseando, omitiendo toda irregularidad o todo rasgo que no se conformara con su idea
de un cuerpo perfecto.

Los artistas griegos idealizaban la naturaleza.

El arte en aquel momento había alcanzado un punto en el que lo modélico y lo individual se


mantenían en un nuevo y delicado equilibrio.

El Apolo de Belvedere muestra el modelo ideal de un cuerpo de Hombre.

La claridad y sencillez con que el artista modeló el hermoso cuerpo, su manera de señalar
cada una de sus divisiones más importantes sin incurrir en vaguedad ni en durezá.

Las estatuas griegas, claro está́ , no son inexpresivas en el sentido de parecer estúpidas y
vacuas, pero sus rostros no parecen traducir nunca ningún sentimiento determinado. El
cuerpo y sus movimientos eran utilizados por estos maestros para expresarlo que Sócrates
había denominado «los movimientos del alma»

En la generación posterior a Praxíteles, hacia la terminación del siglo IV a.C., esta restricción
fue desapareciendo gradualmente y los artistas descubrieron maneras de animar las facciones
sin destruir la belleza.

El imperio fundado por Alejandro fue un acontecimiento de enorme importancia para el arte
griego, pues hizo que se desarrollara en extensión, pasando de ser algo confinado a unas
cuantas ciudades pequeñas al lenguaje plástico de casi medio mundo. Este cambio afectó al
carácter del último período artístico griego, al que generalmente nos referimos con el nombre
de arte helenístico.

En el estilo corintio se añadió el follaje a las volutas jónicas en espiral para adorno de los
capiteles; en este estilo la ornamentación es, por lo general, mucho más rica en todo el
edificio. Esta lujosa modalidad acompañó a todas las suntuosas construcciones realizadas a
gran escala en las ciudades de Oriente de reciente fundación.

Los estilos e invenciones del arte griego se adaptaron a la escala y a las tradiciones de los
imperios orientales.

La lucha entre dioses y titanes. Es una obra magnífica, pero inútilmente buscaremos en ella
la armonía y el refinamiento de la primitiva escultura griega.

Todo está́ lleno de salvaje movimiento y de agitados ropajes.

El arte helenístico gustó mucho de obras tan bravías y vehementes.

La manera en que los músculos del tronco y los brazos acusan el esfuerzo y el sufrimiento de
la desesperada lucha, la expresión de dolor en el rostro del sacerdote, el desvalido retorcerse
de los dos muchachos y el modo de paralizar este instante de agitación y movimiento en un
grupo permanente, han concitado desde entonces la admiración.

Este era un arte que se proponía llamar la atención de un público que disfrutaba también con
la visión horrible de las luchas de gladiadores.

El arte perdiera en gran parte su antigua conexión con la religión y la magia] Los artistas se
preocuparon por los problemas intrínsecos del arte. Por ello, la representación de una lucha
dramática semejante con todos sus movimientos, su expresión e intensidad emotiva era
precisamente la clase de empresa que había de probar el temple de un artista. Lo injusto o
justo del hado de Laocoonte no le preocupó lo más mínimo al escultor.

Las personas acaudaladas comenzaron a coleccionar obras de arte, a tener copias famosas si
no podían poseer los originales, y a pagar precios fabulosos por aquellas que podían obtener.
Los escritores empezaron a interesarse en las cuestiones artísticas y a escribir acerca de la
vida de los artistas, a reunir anécdotas acerca de sus modos de ser y a componer guías para
los turistas.

Nos da una idea de la maestría y facilidad alcanzadas por esos artistas en el manejo de la
expresióñ.

Bonitas naturalezas muertas

En el período helenístico, época en la que poetas como Teócrito descubrieron el encanto de


la vida sencilla entre los pastores, también los artistas trataron de evocar los placeres de la
campiña para los viciados habitantes de la ciudad.

El hecho es que incluso los artistas helenísticos ignoraban lo que nosotros llamamos\las leyes
de la perspectiva

Los artistas dibujaban pequeñas las cosas alejadas y de gran tamaño las cercanas o
importantes, pero la ley de la disminución gradual de los objetos al retirarse, la armazón fija
en la distribución de nuestros cuadros, era desconocida en la antigüedad clásica.

Los griegos quebraron los rígidos tabúes del arte primitivo oriental y emprendieron un viaje
de descubrimientos para añadir, por medio de la observación, nuevos aspectos a las imágenes
tradicionales del mundo.

Capitulo 5 : Conquistadores del mundo (Romanos, budistas, judíos y cristianos, del siglo
I a lIV )

Se trataba de una disposición que se podía emplear en la composición arquitectónica del


mismo modo en que se utiliza un acorde musical.

La característica más importante de la arquitectura romana es, no obstante, el uso del arco.

El más maravilloso de esos edificios es el Panteón, o templo de todos los dioses.

Pues en la primera época del cristianismo fue convertido en iglesia, lo que lo preservó de la
ruina.

Fue característico de los romanos tomar de la arquitectura griega lo que les gustaba y apli-
carlo a sus propias necesidades.

Sabemos que cada romano tuvo que quemar incienso delante de ese busto en señal de
fidelidad y obediencia, y que la persecución de los cristianos dio inicio por la negativa de
estos a aceptar esta exigencia. Adquiriendo así su sorprendente conocimiento de la estructura
y los rasgos de la cabeza humana.

El artista consiguió otorgarle apariencia de vida sin caer en lo trivial.


También ellos deseaban proclamar sus victorias y describir sus campañas.

Toda la habilidad conseguida durante siglos de arte griego es puesta a contribución en esas
hazañas de reportaje de guerra, Pero la importancia que los romanos concedieron a una
cuidada representación de todos los detalles, así como a la clara narración

Ya no fue el propósito más importante el de la armonía, el logro de la belleza o la expresión


dramática, práctica y se preocupaban menos que los griegos en imaginar dioses.

El arte de la escultura floreció en India mucho antes de que la influencia helenística alcanzara
este país.

El arte griego y romano, que enseñó a los hombres a representar a héroes y dioses en bellas
formas, también ayudó a los indios a crear una imagen de su salvador.

Otra religión oriental que aprendió a representar su historia sacra para instruir a los creyentes
fue la de los judíos.

Su principal intención consistió en recordar al espectador la ocasión en que Dios manifestó


su poder.

Similares empiezan a influir en el arte cuando la religión cristiana se desarrolla desde Oriente,
poniendo asimismo el arte a su servicio. La prirmera vez que se atrajo a los artistas cristianos
para que representaran la figura del Cristo y sus apóstoles, fue nuevamente la tradición griega
la que vino en su ayuda.

Juvenil belleza

Para indicar que el Cristo tiene su trono sobre el cielo, el escultor ha hecho que sus pies
descansen sobre el dosel del firmamento, sostenidos por el antiguo dios del cielo.

Los orígenes del arte cristiano retroceden incluso más allá de lo que se ve

Los judíos de Dura pintaron escenas del Antiguo Testamento en su sinagoga, no tanto para
adornarla como para relatar la narración sagrada de manera visible.

Pinturas como Tres hombres en el horno de fuego ardiente. Se hallaban perfectamente


capacitados para evocar la idea de una figura humana por medio de unas someras pinceladas.
tales efectos y tales recursos no les interesaban demasiado. El cuadro ha dejado de existir
como algo bello en sí mismo. Su propósito principal es evocar en los fieles uno de los
ejemplos del poder y la clemencia del Dios.

El Dios ha enviado a su ángel a librar a sus siervos.

Para presentar ejemplos consola dores, que inspirasen fortaleza y salvación, bastaba con que
pudiera reconocerse a los tres hombres con vestidos persas, las llamas y la paloma, símbolo
de la ayuda divina. Todo aquello que no poseía significación era descartado. Las ideas de
claridad y sencillez comenzaban a sobreponerse de nuevo a los ideales de una imitación
fidedigna.

Claridad y sencillez

Parecen mostrarnos que la humanidad ha comenzado a preocuparse de otros aspectos al


margen de la belleza terrena.

Desviación del centro de interés. Pocos artistas parecían preocuparse de lo que había sido la
gloria del arte griego, su armonía y refinamiento.

Empleaban métodos más expeditivos.

Se ha dicho con frecuencia que el arte antiguo declinó en esos años, y realmente es cierto que
muchos secretos técnicos de la mejor época se perdieron en el general tumulto de guerras,
invasiones y revueltas.

Lo principal es que en esa época los artistas ya no parecían satisfechos con el mero
virtuosismo del período helenístico, por lo que trataron de conseguir nuevos efectos.

A un griego de la época de Praxíteles, tales retratos le habrían parecido rudos y bárbaros. En


realidad, las cabezas no son bellas desde el punto de vista corriente.

Y no obstante, a nosotros nos parece que tienen vida propia, y una muy intensa expresión
debida a la firmeza con que están señalados los rasgos y al cuidado puesto en algunos, tales
como la parte alrededor de los ojos y los surcos de la frente. Ellos nos revelan a la gente que
presenció, y finalmente aceptó, el nacimiento de la cristiandad, que suponía tanto como la
terminación del mundo antiguo.

Capitulo 6: Una división de caminos ( Romay Bizancio, del siglo V al XIII)

Cuando, en 311, el emperador Constantino estableció la Iglesia cristiana como religión del
Estado, los problemas con los que se vio enfrentado fueron enormes.

Construir lugares públicos para el culto. Las iglesias y locales de reunión que existían eran
pequeños y recatados.

El mayor poder del reino, el conjunto de sus relaciones con el arte tuvo que plantearse de
nuevo.

La congregación de los fieles reunidos con el fin de escuchar la misa celebrada por el
sacerdote en el gran altar.
Las iglesias no tomaron como modelo, las grandes salas de reunión que en la época clásica
habían sido conocidas con el nombre de basílicas, que aproximadamente quiere decir salas
reales, mercados cubiertos y tribunales públicos. En el extremo había con frecuencia un
espacio para un estrado semicircular en el que el presidente de la asamblea, o el juez, tenía
su asiento. La hornacina o ábside semicircular seria empleado para el gran altar, hacia el que
se dirigían las miradas de todos los fieles. Esta parte del edificio, donde se hallaba el altar,
fue conocido con el nombre de coro. La sala principal o central, donde se congregaban los
fieles, fue denominada después nave, mientras que los compartimentos más bajos de los
laterales recibieron el nombre de alas.

Las columnas que separa ban la nave de los lados se decoraban con frecuencia
suntuosamente.

Decorar estas basílicas, En una cosa estaban de acuerdo casi todos los cristianos: no debía
haber estatuas en la casa del Dios.

Colocar la figura del Dios, o de uno de sus santos, sobre el altar era algo totalmente absurdo.

Pero aunque todos los cristianos devotos se opusieron al naturalismo de las estatuas, sus ideas
acerca de las pinturas fueron muy diferentes. Algunos las consideraron útiles, porque hacían
recordar a los fieles las enseñanzas que habían recibido y porque mantenían viva la evocación
de los episodios sagrados.

«La pintura puede ser para los iletrados lo mismo que la escritura para los que saben leer»

El papa Gregorio, en efecto, poseía la idea del arte que, como hemos visto, prevaleció por lo
general en aquella época. Si su objeto era ser útil, el tema tenía que ser expresado con tanta
claridad y sencillez como fuera posible, y todo aquello que pudiera distraer la atención de
este principal y sagrado propósito debía ser omitido.

Un mosaico, laboriosamente reunido, de pequeños tacos de cristal de coloración intensa y


vigorosa que comunica al interior de la iglesia, de tal modo adornada, un aspecto de esplendor
solemne. La manera en que el tema se halla expresado muestra al espectador que algo miste-
rioso y sagrado está sucediendo. El fondo se halla realizado mediante vidrios dorados, y sobre
él no se ha colocado una escena realista o naturalista. La serena y apacible figura del Cristo
ocupa el centro del mosaico. No es el Cristo barba do que conocemos, sino el hombre joven
de largos cabellos que vivió en la imaginación de los cristianos primitivos.

Extiende sus brazos en actitud de bendición hacia ambos lados

Los apóstoles llevan los víveres con las manos cubiertas, tal como era costumbre en aquel
tiempo que los súbditos llevaran sus tributos a sus señores. La escena parece en realidad una
solemne ceremonia. Observamos que el artista ha conferido una profunda significación a lo
representado por él.
Una representación semejante parece envarada y rígida; no hay nada en ella del dominio del
movimiento y la expresión que constituyó el orgullo del arte griego, y que persistió durante
la época romana. La manera de estar colocadas las figuras en posición estrictamente frontal
casi nos recuerda algunos dibujos infantiles.

Sabía exactamente cómo colocar un manto sobre un cuerpo para que las manos ocultas
quedaran visibles a través de los pliegues;

Acusaba las sombras sobre el suelo y no hallaba dificultad alguna en representar los escorzos.

El artista quiso ser sencillo

Pero las formas que emplearon los artistas en este nuevo esfuerzo no fueron las simples del
arte primitivo, sino las evolucionadas de la pintura griega. De este modo, el arte cristiano del
medievo se convirtió́ en una curiosa mezcla de métodos primitivos y artificiosos.

Esta cuestión del adecuado empleo del arte en las iglesias habría de ser de extraordinaria
importancia para el conjunto de la historia europea, pues constituyó una de las causas
principales de que la Iglesia oriental, la de los territorios del Imperio romano donde se
hablaba griego, se opusiera a aceptar la jefatura del Papa latino. Existía allí́ un partido
contrario a todas las imágenes de naturaleza religiosa, denominado de los iconoclastas o
destructores de imágenes.

Consiguieron el predominio, y todo el arte religioso fue prohibido en la Iglesia oriental.

Para ellos, las imágenes no eran solamente útiles, sino sagradas, tratando de justificar su
punto de vista con argumentos tan sutiles como los empleados por la parte contraria: «Si Dios
ha sido tan misericordioso que se ha mostrado a los ojos de los mortales en la naturaleza
humana del Cristo a través de ellas adoramos al Dios y a los santos.»

Su importancia para la historia del arte fue tremenda, pues cuando este partido volvió́ al poder
tras un siglo de represiones, las pinturas que adornaban las iglesias no podían ya ser miradas
como simples ilustraciones al servicio de los que no sabían leer.

Los bizantinos llegaron a insistir tan estrictamente como los egipcios en la observancia de
las tradiciones. Pero la cuestión tuvo dos aspectos. Al ordenar al artista que pintaba las
imágenes sagradas que respetara estrictamente los modelos antiguos, la Iglesia bizantina
ayudaba a conservar las ideas y el acervo del arte griego en los tipos utilizados para las
vestiduras, los rostros y las actitudes.

Muy alejada de lo conseguido en arte por los griegos. Y sin embargo, la manera de estar
dispuestos los pliegues en torno al cuerpo, formando radiaciones alrededor de los codos y las
rodillas, el método de modelar el rostro y las manos acusando sus sombras, e incluso el trono
circular de la Virgen, hubieran resultado imposibles sin las conquistas de la pintura griega y
helenística.
La obediencia a la tradición y la necesidad de adaptarse a ciertas maneras permitidas de
representar al Cristo o a la Virgen dificultó que los artistas bizantinos dieran curso a sus
cualidades personales.

Fueron ellos, en efecto, los que transformaron las simples ilustraciones del arte cristiano
primitivo en grandes ciclos de enormes y solemnes imágenes que dominan el interior de las
iglesias bizantinas.

Cristo y su poder

El artista se mantuvo apegado a su tradición bizantina. Los fieles reunidos en la catedral se


encontrarían con la mayestática figura del Cristo rigiendo el Universo, con su mano levantada
en ademán de bendición. Debajo se halla la Virgen en su trono, como emperatriz, flanqueada
por dos arcángeles y la solemne hilera de santos.

Verdad sagrada que demostraban no ser necesario apartarse nunca de ellos.

Las imágenes sagradas o iconos de los rusos constituyen todavía un reflejo de las grandes
creaciones de los artistas bizantinos.

Capitulo 8 : El arte occidental en el crisol ( Europa, del siglo VI al XI )

El período que viene a continuación de esta primitiva época cristiana

Pero lo más interesante es que esos años no vieron la aparición de ningún estilo claro y
uniforme, sino más bien el conflicto de un gran número de estilos diferentes que sólo
empezaron a conciliarse hacia final de dicha época.

Por las nuevas guerras e invasiones de los asaltantes armados del norte, cuyas opiniones;
acerca del arre eran muy distintas. Las diversas tribus teutónicas, godos, vándalos, sajones,
daneses y vikingos, que recorrieron en incursiones y pillajes continuos toda Europa, eran
consideradas bárbaras por cuantos apreciaban las producciones literarias y artísticas de
griegos y romanos.

Eran bárbaras, Contaban con hábiles artesanos expertos en labrar los metales y con tallistas
excelentes comparables a los de los maoríes de Nueva Zelanda. . Gustaban de los esquemas
complicados en los que insertaban retorcidos cuerpos de dragones o pájaros entrelazados
misteriosamente.

Consideraban esas imágenes como medio de producir efectos mágicos y exorcizar los
espíritus malignos.

Los monjes y misioneros en la céltica Irlanda y la sajona Inglaterra procuraron adaptar las
tradiciones de esos artesanos nórdicos a las tareas del arte cristiano.
No parecen, en realidad, figuras humanas, sino más bien un conjunto de esquemas lineales
obtenidos de formas humanas. Puede verse que el artista ha utilizado algún modelo que halló
en una vieja Biblia, transformándolo de acuerdo con sus gustos.

Convirtió el conjunto del rostro en una máscara rígida. Estas figuras de evangelistas y de
santos parecen casi tan rígidas y extrañas como ídolos primitivos, revelando que los artistas
que se educaron en la tradición de su arte nativo hallaron difícil adaptarse a las nuevas
exigencias de los libros cristianos. Pero, no obstante, seria equivocado considerar tales
pinturas como mera mente rudimentarias.

Un nuevo elemento en el arte occidental

Gracias al encuentro de dos tradiciones, la clásica y la de los artistas nórdicos, algo


enteramente nuevo comenzó a pergeñarse en la Europa occidental.

Ya hemos visto que nuestra moderna noción de que un artista debe ser original no fue en
modo alguno compartida por la mayoría de los pueblos del pasado. Un maestro egipcio, chino
o bizantino se habría asombrado ante tal exigencia. Ningún artista medieval del Occidente
europeo habría comprendido por qué tenía que crear nuevos modos de planear una iglesia,
dibujar un cáliz o representar escenas de la historia sagrada cuando tan bien habían servido
a tal propósito los modos antiguos.

Un antiguo y venerado ejemplo de cómo debía ser interpretada correctamente la leyenda del
santo. El artista no tenia por qué sentirse cohibido por encargos de tal índole, pues le quedaba
campo de acción suficiente para demostrar que era un verdadero maestro y no un chapucero.

Que él quisiera reflejar, y que lograra transmitir, algo de su propia sensación de temor y
excitación a través de esta figura de un hombre escribiendo. No son simples tosquedad e
ignorancia las que le hicieron dibujar al santo con ojos desorbitados y salientes, y con manos
enormes.

Las mismas pincela das de los ropajes y del fondo parece como si hubieran sido sumidas en
una especie de agitación profunda. Considero que esta impresión se debe en parte al placer
que evidentemente sentía el artista al aprovechar cualquier oportunidad para dibujar líneas
ensortijadas y pliegues zigzagueantes.

En pinturas como ésta, tí observamos el nacimiento de un nuevo estilo medieval, que hizo
posible para el i arte algo que ni el antiguo oriental ni el clásico habían realizado: los egipcios
plasmaron lo que sabían que existía; los griegos, lo que veían; los artistas del medievo
aprendieron a expresar lo que sentían.

No se puede hacer justicia a ninguna obra de arte medieval sin tener presen te este propósito,
pues esos artistas no se proponían crear una imagen convincente de la naturaleza o realizar
Obras bellas, sino que deseaban comunicar a sus hermanos en la fe el contenido y el mensaje
de la historia sagrada.
Que le interesaba expresar era el mensaje de la humildad divina, y esto fue lo que transmitió.

Recordemos las palabras del papa Gregorio el Grande: «La pintura puede ser para los
iletrados lo mismo que la escritura para los que saben leer» estrictamente al relato bíblico;
pero esta concentración de los objetos tratados hace que las figuras se destaquen con la mayor
nitidez sobre la lisura del fondo, y casi leemos lo que dicen sus actitudes: el Dios señala a
Adán, Adán a Eva, y Eva a la serpiente que está en el suelo. La traslación de la culpa y el
origen del pecado están expresados con tanta claridad y tan intensamente que de inmediato
olvidamos que las proporciones de las figuras tal vez no sean muy correctas, ni los cuerpos
de Adán y Eva bellos según nuestra concepción.

Los castillos eran destruidos a menudo, mientras que las iglesias eran conservadas.

Es el famoso Tapiz de Bayeux, ilustrado con la historia de la conquista normanda.

El tapiz es una crónica gráfica del tipo de las que ya conocemos del arte romano y del antiguo
Oriente

La narración de una campaña y una victoria, la cual fue plasmada con maravillosa vivacidad.

El modo de contar la historia

Cuando el artista medieval de esa época carecía de modelo que copiar, dibujaba en cierto
modo como un niño, pero hacer lo que él hacía no resulta fácil en absoluto. Refiere la
narración épica con una economía de medios y con tal concentración en lo que a él le parecía
importante, que el resultado final resulta más impactante que los reportajes actuales en prensa
o televisión.

Capitulo 9 : La iglesia militante ( El siglo XII )

Comenzaron pronto a ejercer su poder fundando abadías y monasterios. El estilo en que se


erigieron esas construcciones se conoce con el nombre de estilo normando en Inglaterra, y
estilo románico en el continente. Floreció durante más de un siglo después de la invasión
normanda.

La iglesia era a menudo el único edificio de piedra de los alrededores

La comunidad entera se interesase en la construcción de estas iglesias y se.. enorgulleciera


de su ornamentación.

La construcción de un monasterio, que exigía años, debió́ transformar a toda una ciudad.

Las primeras iglesias, las basílicas. La planta, generalmente, era la misma: una nave central
que conducía a un ábside o coro y dos o cuatro alas laterales.
Iglesias normandas o románicas es, sin embargo, muy distinta de la de las antiguas basílicas,
las más primitivas de estas se emplearon columnas clásicas que sostenían rectas cornisas. En
las iglesias romá nicas y normandas hallamos por lo general arcos semicirculares que
descansan sobre pilares macizos. La impresión de conjunto que estas, Iglesias producen, tanto
desde dentro como desde fuera. Hay en ellas esca sa ornamentación.

Estos pode rosos y casi retadores cúmulos de piedra erigidos por la Iglesia en tierras de cam-
pesinos y de guerreros. Parecen expresar la idea misma de la Iglesia militante, esto es, la idea
de que aquí́, sobre la tierra, misión de la Iglesia es combatir las fuerzas oscuras hasta que la
hora del triunfo suene en el día del juicio final

El arte romano de abovedar tan espaciosas construcciones requería gran cantidad de


conocimientos técnicos y de cálculos que, en gran parte, se habían perdido. Por ello, los siglos
XI y XII se convirtieron en un período de experimentos incesantes.

Todo cuanto perteneciera a la Iglesia tenía su función específica y debía responder a una idea
concreta relacionada con el adoctrinamiento de la fe.

Siglo XII de la iglesia de St.-Trophime en Arlés (sur de Francia) Su forma recuerda el


principio del arco de triun fo romano, muestra al Cristo en gloria, rodeado de los símbolos
de los cuatro evangelistas.

Los teólogos cristianos creyeron que este pasaje se refería a los cuatro evangelistas, y que
una visión semejante era oportuna a la entrada de una iglesia.

Las rígidas figuras de los santos, cada uno de ellos señalado por su emblema, recordando a
los fieles que pueden ser sus intercesores cuando sus almas se encuentren delante del último
juez.

Son más intensas, por su maciza solemnidad. Es mucho más fácil saber de un golpe de vista
qué representan, y se ajustan mucho mejor a la grandiosidad del edificio.

Entrelazados de que se compone nos recuerdan las obras de la edad de las tinieblas

Pero ahora se confiere un sentido más definido a esas formas misteriosas.

Son asaltados por monstruos y serpientes; pero su lucha no es desesperada. «La luz que brilla
en las sombras» puede hacerles triunfar sobre los poderes maléficos.

La intervención de los teólogos aconsejando a los artistas

El artista no se pro ponía una imitación de formas naturales, sino más bien una distribución
de símbolos sagrados tradicionales, todos los cuales eran necesarios para ilustrar el misterio
de la anunciación, ya no echaremos en falta lo que nunca se propuso ofrecernos.
Espacial o de cualquier acción dramática, cómo podía distribuir sus figuras y sus formas de
acuerdo con líneas puramente ornamentales. La pintura se hallaba real mente en camino de
convertirse en una forma de escribir mediante imágenes;

El oro brillante y los luminosos azules de sus obras de orfebrería, los colores intensos de sus
libros iluminados, el rojo encendido y los verdes profundos de sus vidrieras

Muestran que esos maestros hicieron buen uso de su independización de la naturaleza. El


verse libres de la necesidad de imitar el mundo de las cosas visibles fue lo que les permitió́
transmitir la idea de lo sobrenatural.

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