SISTEMÁTICA 125
2) SISTEMÁTICA
Xabier Pikaza, Dios, judío, Dios cristiano. El Dios de Ia
Biblia (Estella, Navarra: Verbo Divino 1996) 434 pp.
Es esta una monografía dedicada a Ia contraposición en Ia unidad y
Ia diferencia de una experiencia doble del mismo Dios: Ia judía y Ia cris-
tiana. Una obra más del prof. Pikaza, en Ia cual acredita sus amplios cono-
cimientos de Ia teología bíblica y su capacidad de síntesis para el uso cate-
quético, formativo y pastoral de cuantos se interesan por las Escrituras.
En esta obra, por tanto, se destaca su valor histórico espiritual; es decir,
tanto el significado cultural como religioso de Ia Biblia. Bien es verdad
que Ia preocupación del autor es Ia de llevar al lector al encuentro final
con el rostro del Dios vivo. De esta forma, para alcanzar Io que Pikaza
llama «plano de experiencia personal» y «plano pastoral o de enseñanza
religiosa», ha estructurado Ia obra haciendo que el lector pase por planos
de penetración previa en su mensaje: plano literario, teofánico, filosófico
y teológico. Todo ello en función de un solo objetivo: descubrir al lector el
rostro del Dios bíblico hasta llevarle a su misterio.
Se adivina en esta obra el trabajo de investigación exegética y bíbli-
ca, querencia primera, sin lugar a dudas, de Pikaza; y después el trabajo
de cátedra. Profesor de teodicea y de fenomenología e historia de las reli-
giones, el autor sabe combinar elementos diversos: el esclarecimiento del
dato bíblico y su inserción en Ia historia de Ia religión judía y del cristia-
nismo; Ia fenomenología de Ia teofanía bíblica y el alcance conceptual de
su elaboración filosófica y teológica por el cristianismo.
La obra está concebida de forma que resulte útil para el estudio y Ia
enseñanza. Se han seleccionado 72 textos bíblicos que responden a un
proyecto articulado en tres partes. La Parte Ia lleva por título Dios israeli-
ta.- raíz compartida (pp. 17-233). Está subdividida en cuatro epígrafes, si
bien responden a Ia triple consideración del misterio de Dios (creación,
revelación y pecado y redención). Esta aproximación al misterio divino se
realiza sobre el fondo que el autor llama «raíz común» de ambas visiones
y experiencias de Dios: judía y cristiana. Los textos elegidos han de ser
forzosamente del AT: Pentateuco, Profetas, Libros históricos y sapiencia-
les. Se tocan, sin lugar a dudas, los grandes núcleos de Ia experiencia
bíblica de Dios en Ia historia de Ia Alianza antigua, pero contando con los
conocimientos que permiten una lectura de Ia Biblia posible gracias a Ia
contribución de las ciencias humanas venidas en su auxilio: lenguaje, his-
toria, psicología y sociología aplicadas a Ia religión de Ia Biblia, en Ia cual
Dios ha querido mediar Ia revelación divina, modificando sustancialmen-
te Ia experiencia religiosa de Ia humanidad.
La Parte IIa, titulada Dios, ¡udío: Ley sagrada y pueblo santo (pp. 237-
331), se centra ya en Ia «versión judía» de Dios. No porque el autor ignore
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126 RECENSIONES
Ia elaboración judía de los datos más propiamente «israelitas», sino por-
que, con todo acierto, se centra en Ia judaización de Ia tradición bíblica,
que habría de constituir el contexto religioso previo a Ia irrupción del NT
con Ia experiencia de Dios de Jesús de Nazaret. Esta judaización pasa por
Ia frontera del exilio, que da lugar a Ia restauración definida de Israel
frente a las naciones como pueblo nacional y religiosamente judío. Es el
tramo histórico que va de Esdras y Nehemías (450 a. de C.), pasa por Ia
crisis macabea (del 170 al 160 a. de C.) y llega a Ia caída del Segundo Tem-
plo (70 d. de C.). Un período definitivo para abrir el judaismo a Ia espe-
ranza escatológica universal, al tiempo que para cerrarla en definida con-
traposición a su apertura por parte del cristianismo. Un período originado
en los últimos años de Ia judaización de Ia experiencia del Dios de Israel.
Es para esta parte para Ia que el autor, al lado de textos sapienciales e
históricos, elige algunos textos intertestamentarios y extrabíblicos (de
Qumran, rabínicos, apocalípticos) de interés pleno para poder conocer Ia
identidad del judaismo religioso sobre cuyo perfil se define Ia revelación
de Dios por Cristo.
La Parte IIIa nos coloca ante Ia exposición final: Dios cristiano: mesia-
nismo y gracia universal (pp. 235-428) confeccionada con los textos del NT.
El lector asiste a Ia reformulación de Ia experiencia judía de Dios y su
novedad mesiánica ofrecida por Ia proclamación del Evangelio. Al tiempo
que se da razón de Ia «ruptura» con Ia tradición judía, se explica sobre el
fondo de esta tradición el alcance verdadero de Ia revelación de Dios por
Jesús y se expone Ia forma cristiana de Ia universalización de Ia tradición
común a judíos y cristianos.
Cada parte es introducida por una bibliografía sucinta y bien selec-
cionada, que se prolonga en Ia que se ofrece en cada división temática de
las tres partes. Un índice de textos bíblicos permite ver el recorrido de Ia
obra por Ia Biblia judía y cristiana. Huelga ponderar el valor introducto-
rio de esta obra al estudio (bíblico y sistemático) del misterio del Dios
revelado en Ia historia de Ia salvación, centro de Ia experiencia humana
de Dios y clave de su sentido. Destaco, por esta razón, el indudable valor
ecuménico de Ia obra, que presta un gran servicio a cuantos están intere-
sados en el diálogo cristiano-judío en nuestros días.
Adolfo González Montes
Javier Jiménez Limón, Pagar el precio y dar razón de
Ia esperanza cristiana. Dos proyectos teológicos: Metz
y Segundo. Col.lectanea Sant Pacia, n. XXXIX (Barcelona:
Facultat de Teología de Catalunya - Ed. Herder 1990) 591 pp.
Esta obra es Ia coedición por Ia Facultad de Teología de Cataluña y
Herder de Ia tesis doctoral del malogrado teólogo mejicano Jiménez
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Limón, prematuramente muerto poco después de Ia defensa de Ia diser-
tación. Es un trabajo que se propone una aproximación a Ia obra de dos
teólogos políticos, a los que diferencia no tanto Ia formación, cuanto el
contexto geográfico-polftico que les ha tocado vivir: Ia de Juan Bautista
Metz, el creador de Ia «nueva teología política» europea; y Ia del, al igual
que el autor de Ia tesis, recientemente fallecido, Juan Luis Segundo, el
jesuita argentino cuya obra no hubiera alcanzado Ia difusión lograda una
vez adscrito a Ia -teología de Ia liberación», y convertido en uno de sus
protagonistas más conocidos.
La obra de Juan Bautista Metz es bien conocida en España, donde sin
duda ha ejercido una notable influencia. También Ia de Segundo, ligada
en su última etapa a Ia defensa de Ia teología de Ia liberación contra las
matizaciones a Ia misma de Ia Congregación de Ia Fe. El autor ha elegido
Io fundamental de Ia obra de ambos teólogos, incluyendo en ella tanto
monografías como ensayos y artículos (revistas y enciclopedias), incluso
algunos de tono menor. En conjunto, una obra no muy extensa, de Ia cual
se dejan fuera algunos títulos. En el caso de Segundo es llamativa Ia elu-
sión de Ia que es su obra más sistemática: los cuatro vols., en ed. original
de Buenos Aires (en español, Cristiandad editó Ia obra en tres vols.), de
Ia Teología para el laico adulto.
La obra se abre con una Introducción (pp. 9-36), donde se coloca ya
el cap. I (Dos estilos, dos itinerarios). Está dividida en tres partes. La pri-
mera se titula Hoy: diagnóstico de Ia problemática (pp. 39-251). La segun-
da afronta Ia epistemología y el método de ambos teólogos (pp, 255-482); y
Ia tercera redefine Ia esperanza cristiana hoy a Ia luz de sus aportaciones
(pp. 485-576). En Io que se refiere a Ia primera parte, el autor va contra-
poniendo el diagnóstico de los dos teólogos: conciencia global de nuestro
tiempo, sensibilidad, cultura y situación eclesial, intercalando un excur-
sus, sobre las reflexiones críticas de Segundo a Ia situación eclesial, entre
estos tres planos primeros del análisis y el diagnóstico de Ia teología, que
a su vez da paso a una primera síntesis y a valoración del autor.
La segunda parte está centrada en las cuestiones de Ia epistemología
y método. Primero se ocupa del «primado de Ia praxis» ético-social en
Metz, a quien consagra un nuevo excursus dedicado a esclarecer «el sía-
tus cognoscitivo de los principios epistemológicos de vigencia extrateoló-
gica» (sic); para pasar luego a Ia epistemología de Segundo, seguido del
correspondiente excursus. Tras Ia epistemología, Ia metodología: explica
el uso del «método dialéctico» de Metz, que es teológico-fundamental, por
diferencia con el «círculo hermenêutico» donde se mueve Segundo a caba-
llo de Ia tensión entre «fe e ideología», propio de una teología «liberada y
liberadora». Los dos capítulos que ocupan el estudio del método van de
nuevo seguidos de los correspondientes excursus de síntesis y valoración.
En estos análisis presenta el autor los elementos cristológicos que dife-
rencia el tratamiento del método por ambos teólogos.
La tercera parte tiene un carácter fundamentalmente prospectivo y
sigue las propuestas de reconstrucción de Ia fe y de Ia teología de Metz
Universidad Pontificia de Salamanca
128 RECENSIONES
y Segundo (cap. 9). La obra termina con un último capítulo de esta terce-
ra parte sobre Ia fundamentación de Ia fe hoy, que quiere ser una pro-
puesta críticamente dialogada de Ia fe a tenor del diagnóstico realizado
de Ia situación histórico-espiritual del mundo y sociedad contemporáneos,
con Ia atención puesta en los dos contextos geográficos de los teólogos
estudiados: Ia sociedad postburguesa de Metz y Ia sociedad en emancipa-
ción latinoamericana.
Permítasenos hacer algunas moderadas anotaciones críticas. No
conocemos el original de Ia tesis, pero Ia obra publicada hubiera ganado
con un verdadero aparato crítico, que hubiese permitido no sólo seguir Ia
descripción de Ia obra de los teólogos estudiados, sino desde dónde se les
enjuicia y qué justificación científica tiene Ia evaluación que se hace de
ellos. Es verdad que se ponen referencias entre paréntesis y se aducen
textos con cita en siglas al lado de los mismos. Todo ello va remitiendo al
lector a Ia obra de los dos teólogos, pero parece insuficiente para Ia pre-
tensión del estudio.
El lector tiene Ia impresión que Ia instancia crítica de Ia lectura de
ambos autores es Ia propia síntesis del autor. Una síntesis que se muestra
orgánicamente estructurada desde Io que pudiera ser una concepción de Ia
sociedad, de Ia teología y de Ia Iglesia según Ia mente de Ia teología
de Ia liberación. Con todo, aun así, esa síntesis orgánica, si aparece más
«postulada» que «demostrada», siempre pecará de creer obvio Io que cientí-
ficamente tal vez no Io sea tanto. Falta, pues, una literatura de contraste. La
misma que Ie hubiera permitido al autor fundamentar el alcance real de Ia
cristologia (importante en ambos autores) que sustenta Ia síntesis de los dos.
La lectura, sin embargo, de su obra ha sido atenta y crítica al mismo
tiempo, y el esfuerzo de sistematización, aun con las deficiencias indica-
das, quiere responder a una ordenación estructurada de los materiales.
En conjunto, Ia contraposición realizada de Ia obra de ambos teólogos,
aunque quizá hubiera requerido una más justa periodización de su obra
por referencia a teología occidental, permite una visión global de dos
modelos de teología política y de su contexto cultural y social. Por esto,
debe resaltarse el valor pastoral de este estudio, ya que podrá servir a Ia
reflexión que requiere un programa evangelizador atento a Ia realidad
histórica y social del medio.
Adolfo González Montes
D. Borobio, La iniciación cristiana. Bautismo. Educación
familiar. Primera eucaristía. Catecumenado. Confirmación.
Comunidad cristiana (Salamanca: Sígueme 1996) 623 pp.
El amplísimo panorama de este libro se esboza en el subtítulo: Ia ini-
ciación cristiana no es una celebración puntual distribuida en tres fases o
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SISTEMÁTICA 129
momentos inconexos. Al contrario, es un camino largo, que no se recorre
en solitario, cuyo punto de partida es Ia fuente bautismal. Ahora bien,
como en este comienzo, en Ia mayor parte de los casos, no tiene parte
activa el sujeto interesado, el autor reafirma en todos los tonos Ia impor-
tancia de Ia familia, de Ia educación familiar, para que los primeros pasos
del bautizado sean dados en Ia correcta dirección. El primer tramo del
camino suele terminar en Ia primera eucaristía o, más popular, primera
comunión, y para que ésta no sea a su vez Ia última, es indispensable que
el proceso iniciatorio siga adelante, hasta su plena maduración. Es el
camino que pasa forzosamente por el catecumenado hacia Ia confirma-
ción, ya que sin esa preparación Ia confirmación suele celebrarse, por
desgracia en tantos casos, como despedida de Ia Iglesia, y no como en
realidad debe ser, como plena incorporación a Ia comunidad cristiana,
en Ia cual el que ha recorrido el camino de Ia iniciación cristiana ha de
vivir y realizar su ser cristiano. Éste es el panorama que dibuja el profe-
sor Dionisio Borobio en este libro verdaderamente impresionante por Ia
amplitud de temas y perspectivas en torno al «gran sacramento de Ia ini-
ciación», desarrollados con Ia competencia de una maestro con muchos
años a las espaldas de investigación científica, de docencia universitaria y
de práctica pastoral.
La obra se divide en cuatro «libros», cuyos contenidos más importan-
tes voy a resumir a continuación. En el primero expone Io que podríamos
calificar como teología fundamental de Ia iniciación, empezando por Ia
definición y delimitación del objeto, sus bases antropológicas, su especifi-
cidad cristiana, pues «el concepto de iniciación cristiana es relativamente
nuevo» (p.214), y las dimensiones constitutivas que, según el autor, son Ia
teológica, Ia eclesiológica, Ia personal, Ia sacramental y Ia histórica. Pero
si se echa un mirada al estado actual de Ia cuestión, «puede calificarse de
insuficiente, y no plenamente coherente, Ia estructura iniciatoria que hoy
presenta Ia Iglesia como Ia "más normal", dado que no posibilita Ia reali-
zación plena de las dimensiones integrantes de Ia iniciación, ni sitúa los
distintos elementos y signos sacramentales iniciáticos en aquel momento
vital en que es posible Ia realización personal y eclesial plena de su senti-
do. Todo ello está urgiendo a un replanteamiento que implique una re-
estructuración de Ia iniciación cristiana» (p. 41). Pues bien, éste será uno
de los motivos conductores de Ia presente obra: el profesor Borobio insis-
te una y otra vez en Ia necesidad de afrontar con decisión y coraje el pro-
blema de Ia iniciación cristiana desde su raíz, si queremos que efectiva-
mente sea un proceso iniciático hacia Ia plena madurez cristiana.
El segundo «libro» es, con mucho, el más extenso (13 capítulos), de
conformidad con Ia importancia objetiva del primer sacramento de Ia ini-
ciación: el bautismo, «punto de partida y a Ia vez referencia de toda Ia
vida cristiana» (p. 47). El esquema del desarrollo es nítido: el bautismo en
Ia Escritura, luego en Ia historia, distinguiendo las etapas más significati-
vas: época patrística, con Ia configuración, en un primer momento, de Ia
iniciación como un todo sacramental (el gran sacramento de Ia iniciación)
y luego Ia quiebra de Ia unidad celebrativa de Ia iniciación en Ia tradición
Universidad Pontificia de Salamanca
130 RECENSIONES
occidental a partir del siglo V; Ia época medieval, donde se da una admi-
rable profundización teológica en los distintos componentes del signo
sacramental, su institución, su efìcacia, Ia exigencia de Ia fe, el ministro,
el sujeto, el carácter, pero al precio de una cierta pérdida de referencia
celebrativa (Ia lex orandi), y, por tanto, con escasa presencia de Ia dimen-
sión pneumatológica y eclesial; en resumidas cuentas, «la escolástica
había supuesto un avance teológico, pero también un cierto retroceso
litúrgico y pastoral, comparado con Ia praxis de iniciación de Ia época
patrística» (p. 175). Vino luego Ia crisis de Ia Reforma y Ia reacción de
Trento con el angostamiento de Ia economía sacramental, bien por recor-
te (rechazo de Ia sacramentalidad de Ia confirmación por los protestan-
tes), bien por aislamiento o independencia mutua de los signos sacramen-
tales de Ia iniciación, con Io que esta noción tan fundamental en los
primeros tiempos cayo en desuso, hasta Ia renovación del Vaticano II que
Ia recuperó como una categoría básica de Ia renovación de Ia compren-
sión y del ser cristiano.
En el recorrido por Ia historia de Ia iniciación destacan dos capítulos,
cuyo argumento nos interesa conocer y que no suele abordarse en otros
estudios de temática semejante: el que se reñere a Ia tradición hispánica,
donde pone de relieve una peculiaridad propia como Ia posibilidad de
conferir Ia unción postbautismal, equivalente a Ia confirmación, por el
presbítero debidamente autorizado, en una sorprendente anticipación de
Ia praxis actual, y en paralelo con Ia praxis oriental, que sólo reserva al
obispo Ia bendición del crisma o myron. Y el capítulo dedicado a los plan-
teamientos teológico-pastorales y a Ia praxis de Ia iniciación en Ia evan-
gelización de América para poner de relieve el «encomiable esfuerzo de
adaptación e inculturación por parte de los misioneros» (p. 209), así como
Ia justificación de aquella manera de proceder, que a una mirada superfi-
cial puede parecer demasiado sacramentalizante, pero «había bautismo
con mayor o menor preparación, porque luego había "doctrina" perma-
nente» (p. 210). Dedica luego un capítulo al estudio del bautismo en los
documentos ecuménicos recientes, y al término del mismo, después de
repasar las distintas tradiciones de las Iglesias sobre Ia iniciación y tenien-
do presente Ia meta que persigue el movimiento ecuménico, ofrece el
autor «unas sugerencias para avanzar en el camino de Ia unidad. Estas
sugerencias se basan en Io que nosotros llamamos un "principio nuevo»,
que consiste en Ia afirmación de que Ia Iglesia, siendo fiel a todo Io que
es esencial a sí misma, puede avanzar en el tema de Ia iniciación, plante-
ando una "reestructuración" coherente, y desde el respeto a Ia diversidad
de tradiciones» (p. 272). De nuevo, Ia idea conductora: hay que acometer
sin miedo y sin tardanza el problema de Ia iniciación, no imponiendo nada
a nadie, pero tampoco de espaldas a las demás tradiciones cristianas. Los
ejes que articulan este «principio nuevo» son los siguientes: «la unidad de
Ia iniciación cristiana debe entenderse más como unidad dinámica (de
referencia interna) que como unidad estática (de celebración única y pun-
taD»; debe aparecer «como un proceso total, como un todo único, como el
gran sacramento de Ia iniciación»; esto implica «una recuperación ade-
Universidad Pontificia de Salamanca
SISTEMÁTICA 131
cuada del catecumenado o proceso catecumenal, como àmbito y medio
más propio para posibilitar Ia iniciación plena en un antes o un después
bautismal». Y a los que a toda costa defienden Ia unidad de Ia iniciación,
les recuerda Ia necesidad de -tener en cuenta el contexto catecumenal
que Ia sustenta desde el principio, y debe sustentarla también ahora»; por
eso, al renovar el proceso de Ia iniciación no hay que mirar sólo atrás, a
Io que ha sido y cómo se ha vivido, «hay que considerar además que Ia
autocomprensión de Ia libertad y Ia dignidad del hombre reclama cada
vez con más insistencia Ia procesualidad y gradualidad de Ia iniciación»
(pp. 273-274).
La reflexión teológica está elaborada con gran acierto desde Ia mista-
gogia bautismal. Y por mistagogia entiende «aquella explicación de los
sacramentos, que tiene en cuenta, de forma complementaria, Ia diversidad
de aspectos desde los que se manifiesta su plenitud de verdad» (p. 276).
Y ahondando en el signo y en su significado, en Ia celebración, en los tex-
tos bíblicos y eucológicos con su riqueza de gestos, imágenes y símbolos, en
el rito completo, saca a luz una teología y una espiritualidad bautismal
mucho más rica y atractiva que Ia de los manuales de cuño puramente dog-
mático. Especialmente hay que destacar el equilibrio trinitario y económi-
co-salvífico de esta teología bautismal-iniciatoria que Borobio se esfuerza
en pergeñar. Desde Ia clave mistagógica recorre los distintos aspectos o
dimensiones del bautismo a partir del símbolo actual, el que nos ofrece el
ritual renovado, su interpretación histórica, su sentido teológico y su apli-
cación litúrgico-pastoral. Se trata de un esquema realmente interesante y
aprovechable en las catequesis bautismales y de iniciación.
Una vez que el autor ha puesto los fundamentos para una adecuada
comprensión y celebración del bautismo a Ia luz de Ia Biblia, Ia Historia y
Ia Teología (mistagogia), pasa a tratar, en los dos últimos capítulos de este
segundo libro, no un caso particular, sino el bautismo tal como se practi-
ca desde hace muchos siglos: el bautismo de los niños, al que califica de
«sacramento especial de Ia Iglesia», mostrando su fundamento bíblico-his-
tórico, su problemática teológica, su celebración y algunas orientaciones
pastorales a tener en cuenta. Esto sin perder de vista que «el bautismo de
adultos constituye el bautismo normativo, referente, paradigmático, a Ia
luz del cual hay que entender todo otro bautismo: es el bautismo celebra-
do en Ia vigilia pascual, y después de un catecumenado, junto con los
otros sacramentos de iniciación, el que constituye el punto de referencia
de todo bautismo» (p. 233). O como dice en otro lugar: «partimos del con-
vencimiento de que el bautismo de adultos (RICA) constituye el referente
de una iniciación plena» (p. 330). Y si esto es así, «el bautismo de niños
sólo encuentra su sentido pleno dentro de Ia iniciación entendida como
un verdadero proceso en continuidad» (p. 234). No hay que extrañarse de
que «se califique al bautismo de niños como un "sacramento incompleto",
"no acabado", "en espera de plenitud"» (p. 344), plenitud que Ie vendrá de
Ia aceptación personal, libre, en Ia fe. Por eso habla el autor de «relativi-
zar» el bautismo de niños, sin disminuir un ápice su importancia y signifi-
cado salvifico para el sujeto receptor, pero situándolo en su contexto pro-
Universidad Pontificia de Salamanca
132 RECENSIONES
pio, no personalizado, con Io cual es indispensable asegurar el desarrollo
del germen de gracia, Ia adopción filial, Ia configuración con Cristo, el
don del Espíritu, Ia incorporación a Ia Iglesia; en una palabra, aseguran-
do en Io posible Ia respuesta personal de fe al final del camino de Ia ini-
ciación. Porque «su verdad plena depende más de Io que sigue que de Io
que precede. Por desgracia, creemos que en Ia Iglesia actual no existe un
verdadero "proyecto" o "sistema" iniciático que, teniendo en cuenta este
punto de partida del bautismo de los niños, así como los elementos inte-
grantes del mismo según su doctrina y tradición, ofrezca unas mediacio-
nes realistas, coherentes, integrantes y dinámicas para conducirlo a su
plenitud» (p. 368). De ahí Ia relevancia que otorga Borobio al proceso cate-
cumenal de Ia iniciación, porque aquí, «en Ia iniciación cristiana se juega
Ia Iglesia su propia identidad» (p. 229). El tratamiento que hace Borobio
de este asunto es digno de tenerse en cuenta porque abarca de manera
casi exhaustiva toda Ia problemática: se trata de una valoración teológica
del bautismo de los niños hecha desde una perspectiva antropológica, teo-
lógica, protológica, eclesiológica e iniciatoria, resaltando en cada caso los
aspectos positivos y limitativos (¡no negativos!), y desde estos últimos es
desde donde se justifica que se califique al bautismo como «sacramento
especial» (p. 345). Respecto de Ia pastoral del bautismo no deja se ser sig-
nificativa esta constatación: según Borobio, «una gran mayoría de sacer-
dotes acepta hoy una pastoral de bautismo sin verdadera ilusión, sin con-
vencimiento de su eficacia, como algo que inevitablemente hay que hacer,
pero de Io que no se cuida mucho cómo se hace. Y Ia razón más profun-
da radica en que se está convencido de que Ia pastoral del bautismo de
niños no es Ia solución ni al problema de "cómo se hace un cristiano" ni a
Ia cuestión de "cómo se renueva una comunidad". Al fin y al cabo, Io que
decide del futuro cristiano de una persona bautizada es su propia actitud
y opción personal» (p. 363). Como Ia problemática está ahí, el autor pro-
pone una pastoral y celebración del bautismo de niños diversificada, con-
tando con Ia descristianización masiva por influjo de Ia secularización,
que exige un proceso catecumenal en orden a asegurar Ia fe que dé paso
a Ia celebración sacramental.
El «libro» tercero está todo él consagrado a Ia confirmación e inicia-
ción cristiana. De este asunto Borobio ha tratado en repetidas ocasiones,
y seguramente será uno de los primeros que allá por Ia década de los
setenta intentó renovar entre nosotros con creatividad Ia preparación y
celebración de este sacramento. Ahora, «pensamos que sólo se logrará
una verdadera renovación de Ia confirmación, y por ella de Ia fe y de Ia
vida de Ia comunidad cristiana, cuando se renueven conjunta y adecua-
damente los tres sacramentos de Ia iniciación... junto con los otros ele-
mentos que integran el proceso total; y cuando sea Ia Iglesia entera Ia
que se empeñe en una reestructuración global de dicho proceso, tenien-
do en cuenta las circunstancias y situación actual» (p. 387). Aparece de
nuevo Ia idea guía del autor a Io largo de este trabajo: o renovarse o
morir. Aunque Ia terminología parece estridente, «historización del Espí-
ritu", se entiende bien Io que Borobio quiere decir: el don del Espíritu de
Universidad Pontificia de Salamanca
SISTEMÁTICA 133
Cristo que descendió sobre los apóstoles en pentecostes, dando así
comienzo a Ia misión de Ia Iglesia en el mundo para cumplir el mandato
de Jesús de predicar y bautizar, requiere visibilidad, corporeidad, sacra-
mentalidad, para que no se esfume, y para que Ia economía trinitaria
quede bien definida en el ámbito sacramental. Por eso, respecto de Ia pro-
blemática cuestión de Ia institución de este sacramento, se pregunta: «Si
el Espíritu procede de Cristo, ¿no ha de proceder también de El aquel
signo por el que Ia Iglesia, en coherencia con Ia dinámica signal histórico
salvifica y con Ia forma de actuar del mismo Cristo, quiere representar y
actualizar el mismo Espíritu? Si el Espíritu pentecostal reclama una his-
torización en Ia Iglesia, ¿no ha de ser el sacramento peculiar por el que
se quiere transmitir este Espíritu, un sacramento de Ia Iglesia?» (p. 417).
Como en el caso del bautismo, también aquí, después de explicar los fun-
damentos bíblicos, desarrolla Ia historia de Ia confirmación, desde su inte-
gración en Ia única celebración de Ia iniciación, pasando por una progre-
siva desvinculación hasta formar rito sacramental aparte, en Ia tradición
occidental y su reserva al obispo, como ministro ordinario, y por tanto
exclusivo, o como ministro originario, según enseña el Vaticano II (LG 26),
para no chocar con Ia praxis oriental, y facilitar así, como en Ia antigua
tradición hispánica, que otros presbíteros, con las debidas licencias, pue-
dan conferirla. De todas formas, no se puede ignorar Ia significación ecle-
sial del obispo en Ia confirmación, significación que en ambas tradiciones
se expresa en Ia consagración del myron y del crisma, pero de una mane-
ra particular en Ia occidental al reservar al obispo el ministerio de este
sacramento «significando así Ia plena incorporación a Ia Iglesia» (p. 496),
de modo que «el mismo obispo viene a ser también un signo personal de
Ia historización del don pentecostal para Ia edificación de Ia Iglesia y Ia
extensión del reino» (p. 497).
Como pórtico del capítulo sobre los aspectos teológicos de Ia confir-
mación, Borobio da esta definición: «la confirmación es un sacramento de
Ia iniciación cristiana que confiere el don del Espíritu pentecostal como
fuerza para el crecimiento personal en Ia vida cristiana y para Ia edifica-
ción de Ia Iglesia, especialmente por medio de un testimonio en el mundo
y ante los hombres, que es a Ia vez prenda de vida eterna» (p. 457). El capí-
tulo consistirá, pues, en el desarrollo de estos elementos constitutivos del
sacramento del don del Espíritu pentecostal. El autor insiste en esta cali-
ficación, que apunta al acontecimiento culminante de Ia pascua, para dife-
renciar Ia comunicación del mismo Espíritu en el bautismo que nos intro-
duce en el misterio de Ia pascua (muerte y resurrección) de Cristo: «el
Espíritu en Ia confirmación se nos da "de un modo especial", a semejanza
de pentecostés, nos "sella" de una manera propia como don escatológico,
nos "caracteriza" con una definitividad peculiar como miembros del cuer-
po de Ia Iglesia, nos "fortalece" con nuevo dinamismo en vistas a Ia santi-
ficación y el testimonio» (p. 506). El don del Espíritu en el bautismo es para
hacernos cristianos, en Ia confirmación es para actuar como cristianos. Al
tratar luego de Ia pastoral de Ia confirmación, y los problemas conexos
con Ia alteración del orden lógico de Ia iniciación cristiana, Borobio, en Ia
Universidad Pontificia de Salamanca
134 RECENSIONES
línea de E. Lodi, se apunta a Ia propuesta de retrasar Ia confirmación sin
romper Ia unidad basándose «en Ia distinción entre "primera eucaristía" y
"eucaristía de Ia comunidad adulta"» (p. 524). Y de nuevo su conclusión:
«lo que nosotros proponemos es una re-estructuración de los sacramen-
tos de Ia iniciación cristiana o del proceso sacramental hacia Ia integra-
ción plena en el misterio de Cristo y de Ia Iglesia. Esta re-estructuración
supone un concepto de sacramento espaciado, una comprensión dinámi-
ca de Ia unidad, una reinterpretación de Ia primera eucaristía, Ia recupe-
ración del proceso catecumenal, el retraso de Ia confirmación a una edad
más avanzada (entre 16-18 años), y Ia valoración de Ia eucaristía de Ia
comunidad adulta como punto culminante de Ia iniciación» (p. 525). Más
alto y con más palabras se podrá decir, pero más claro no. Este es el pro-
yecto que propone y defiende Borobio, y hacia aquí confluyen todas sus
demandas de reestructuración del gran sacramento de Ia iniciación cris-
tiana. Para él, «de las alternativas planteadas, Ia más viable, Ia que más
sentido tiene en su conjunto, es aquella que propone el retraso de Ia
confirmación a una edad más avanzada, recuperando el proceso catecu-
menal y haciendo al mismo tiempo que Ia primera eucaristía sea Io que
realmente dice y que Ia eucaristía de Ia comunidad adulta sea Io que real-
mente significa» (p. 528 s.). Un retraso de Ia confirmación que no implica-
ra un catecumenado capaz de introducir al candidato en el misterio de
Cristo y de Ia Iglesia no estaría justificado. De ahí Ia importancia que
da el autor al proceso catecumenal como garante de una verdadera ini-
ciación cristiana, que parte del bautismo, pasa por Ia primera eucaristía,
madura en Ia confirmación y culmina en Ia eucaristía de Ia comunidad
adulta.
El cuarto «libro», como el primero, es breve, pero pastoralmente inte-
resante, por el enfoque y propuestas de carácter práctico que hace res-
pecto de Ia primera eucaristía y primera penitencia. Como «relativiza» el
bautismo de niños desde Ia principalidad del bautismo de adultos (refe-
rente sacramental ideal), el autor relativiza también esta primera euca-
ristía para poner el énfasis en Ia eucaristía de Ia comunidad adulta, tér-
mino y culminación del proceso de iniciación. Aquella «debe ser
considerada como el primer momento de una pedagogía eucarística, en
vistas a Ia participación plena en Ia eucaristía de Ia comunidad adulta»
(p. 595). Y entre una y otra se sitúa el proceso catecumenal que salvaguar-
da Ia unidad interna de Ia iniciación y Ia lleva a su consumación.
Como se ve, Ia obra del profesor Borobio que comentamos es un
manual sobre Ia iniciación cristiana, y más que un manual; recoge los fru-
tos de más de dos decenios de enseñanza y de investigación; los ordena y
sistematiza haciendo resaltar Ia coherencia y unidad interna de los dis-
tintos argumentos tratados. Decimos que es más que un manual, por Io
menos más que un manual al uso, puesto que arriesga propuestas, no se
limita a recorrer caminos trillados, insiste en Ia necesidad de afrontar
globalmente y con decisión Ia problemática en torno a Ia iniciación cris-
tiana. Podría parecer utópico el proyecto que Borobio defiende, con su
exigencia ineludible del catecumenado, pero de continuar con el realis-
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SISTEMÁTICA 135
mo pastoral-sacramental de Ia actual situación, consistente en seguir
arando con los bueyes que tenemos, Ia degradación de Ia realización del
camino-iniciación hacia el ser y actuar como cristianos libres, maduros y
responsables, eso sí que parece inevitable.
Para terminar esta larga nota aludo a algunas imprecisiones de
carácter histórico que en próximas ediciones habría que corregir. Así, en
Ia p. 182 dice que Erasmo «apoyándose en Ia línea del papa Gregorio XIII
(1584), así como en Ia de Carlos Borromeo...». Pero difícilmente Erasmo se
pudo apoyar en ellos, pues murió en 1536, cuando Carlos Borromeo (1538-
1584) todavía no había nacido. En Ia pp. 188 y 189, por dos veces atribuye
el Ordo baptismi del Rituale romanum de 1614 al papa Pío V, cuando en
realidad es de Paulo V (1605-1621). Tampoco parece muy correcto decir
en Ia p. 328 que «después de San Agustín» l354-430l diversos concilios... y
cita el III de Cartago (397) y el de Elvira (316). En Ia p. 356 se refiere al
«Decreto contra los jacobitas», cuando debiera decir «para»; algo parecido
en Ia p. 458 s., donde escribe «Decreto de los armenios», y no «para» los
armenios. En Ia p. 390 atribuye a Jn 14, 7 Ia frase «de dónde viene o a
dónde va», cuando en realidad es de Jn 3, 8. Otra atribución incorrecta
aparece en Ia p. 411: Ia frase «del costado de Cristo nació el sacramento
de Ia Iglesia«, no sería de San León Magno, sino de San Agustín, al menos
Ia constitución de liturgia, SC 5, Ia cita como suya. En cuanto a algunas
erratas he podido observar que cuando se refiere a agnósticos escribe
siempre gnósticos (pp. 357, 366, 370); probablemente será cosa de Ia meto-
dología editorial, pero no parece correcto escribir "santa sede", así, con
minúsculas, como si fuera un nombre común; Io mismo se diga de Ia forma
de escribir Espíritu santo, como si aquí "santo" fuera un mero adjetivo, y
no definidor del Espíritu precisamente. Y ya que estamos en esto, Ia tras-
cripción correcta sería "hagios", no "agios", como escribe en Ia p. 69. Éstas
y otras erratas que se han colado no empañan para nada el mérito de
esta gran obra del profesor Borobio; de ella se puede decir que, en su
género y por el abanico de temas que aborda, no hay otra igual en el
panorama bibliográfico español. Para el tema de Ia iniciación cristiana,
esie libro será en adelante lugar de referencia obligada.
Jose María de Miguel González
M. Ponce Cuéllar, María, Madre del Redentor y Madre de
Ia Iglesia (Manual de Mariología) (Badajoz, 1995) 409 pp.
A pesar de que se habla de crisis de Ia mariología, y de crisis tam-
bién de Ia piedad mariana, las publicaciones científicas y de alta divulga-
ción sobre Ia Virgen María no cesan, ni disminuyen. Hace apenas un año
vio Ia luz El libro de Ia Virgen, que a pesar de su volumen y de su alto
precio ha conseguido una segunda edición en el plazo de doce meses lar-
gos. En el mismo año 1995 han visto Ia luz en España tres manuales de
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136 RECENSIONES
Mariología. Éste, que presentamos, y otros dos de los que son autores
J. C. Rey García Paredes (Madrid, BAC, 419 pp.) y J. L. Bastero de Eleizal-
de (Pamplona, EUNSA, 344 pp.).
Son tres manuales de factura similar, pero de estructura y contenido
diferentes. Para valorarlos, hay que tener en cuenta sus objetivos y sus
circunstancias. Porque, aunque coincidan en el género de manual, ¿coin-
ciden también en esos otros extremos, y tienen todos una misma inten-
ción? De cualquier modo, esta norma es básica para hacer una interpre-
tación y valoración de esta obra de Ponce Cuéllar, que yo quiero tener
aquí presente.
El autor parece enmarcar su mariología en el esquema del Concilio
Vaticano II y seguir sus pautas fundamentales. Así parece indicarlo el pri-
mer punto de su introducción. Por eso, organiza Ia materia que nos pre-
senta el Concilio y Ia completa, según las exigencias de Ia mariología
actual.
La obra, prologada por el Excelentísimo Sr. D. Antonio Montero, arzo-
bispo de Badajoz, archidiócesis a Ia que pertenece el autor, consta de tres
partes, precedidas de una amplia Introducción, que no es una simple pre-
sentación del texto. El autor expone en ella algunas cuestiones generales:
características y orientaciones de Ia mariología, y «principio configura-
dor», o primer principio de una mariología científicamente estructurada,
destinada a cumplir Ia función de un manual.
La parte primera es un breve tratado de mariología bíblica: María en
Ia Sagrada Escritura, en el tiempo de Ia profecía (Antiguo Testamento) y
en el tiempo de Ia plenitud (Nuevo Testamento). Analiza todos los textos
mariológicos, en apartados de una estructura similar: lectura del texto,
contexto, exégesis, análisis particulares.
La parte segunda expone el desarrollo mariológico en los Padres de
Ia Iglesia, dividida en dos períodos: el primero, hasta el Concilio de Cal-
cedonia, y el segundo, desde Calcedonia hasta el final de Ia era patrísti-
ca. Siendo tan importante esta época y Ia misma tradición patrística para
el conocimiento de Ia mariología, y en particular de algunos dogmas
marianos, Ia conclusión que propone el autor nos deja, por su brevedad,
deseosos de más amplias reflexiones.
La parte tercera es una exposición doctrinal de los principales temas
de Ia mariología. Está dividida en cinco capítulos. Para valorarla hay que
tener en cuenta que se se trata de un manual, no de una obra general
sobre Ia Virgen María. Por eso, hay que destacar tanto Ia metodología
como Ia selección y Ia ordenación de los temas, destinados a Ia ilustra-
ción y Ia enseñanza de los lectores.
Bajo este punto de vista, estas páginas cumplen satisfactoriamente
su cometido. No obstante, aunque Ia maternidad divina sea el punto focal
de toda consideración teológica de Ia figura de María, dada Ia orientación
histórica que el Vaticano II ha dado a Ia mariología actual pienso que
hubiera sido mejor establecer un esquema temático, con esa orientación.
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SISTEMÁTICA 137
La predestinación de María, con Ia Inmaculada Concepción, deberían ser
aquí el punto de partida del desarrollo mariológico. Es un problema de
método-, pero suele clarificar el contenido de los problemas doctrinales y
su mutua conexión en un sistema bien organizado.
Presentamos un manual de mariología actual, bien documentado,
claro y conciso, enriquecido con datos y textos de Ia Sagrada Escritura y
de Ia tradición de Ia Iglesia. Felicitamos al autor por esta obra, que no
dudamos contribuirá a conocer Ia imagen teológico-bíblica de Ia Virgen
María, Madre Virginal del Hijo de Dios y colaboradora con El a Ia obra de
Ia salvación.
E. Llamas
W. Krieger - A. Schwarz (Eds.), Amt und Dienst. Umbruch
als Chance (Würzburg: Echter 1996) 152 pp.
Se trata de una obra en colaboración, que recoge las conferencias de
las Jornadas sobre Pastoral en Austria, que tuvieron lugar del 28-30
de diciembre de 1994. A través de los diversos estudios se intenta respon-
der a Ia siguiente cuestión: ¿Qué ministerios necesita hoy el pueblo de
Dios para cumplir con su misión en el mundo? (p. 7). El hecho de que en
el lugar del sacerdote se encuentren hoy muchos laicos cualificados, que
desempeñan tareas importantes en Ia Iglesia, plantea Ia pregunta sobre
«dónde están los límites o fronteras de esta evolución», y «cuáles son los
criterios desde los que se juzga que los nuevos ministerios y servicios
están dentro de una eclesiología de comunión».
El primer estudio, de P. Neuner, trata sobre «Ei ministerio eclesial:
una identidad en evolución» (pp. 9-33). Se trata de un excelente trabajo
que aborda, desde Ia Escritura y Ia Eclesiología, el tema del ministerio,
afrontando los problemas más candentes, como son: Ia fundamentación
del ministerio en Ia necesaria continuidad de Ia misión y el apostolado;
el apóstol y el ministerio como fundamento de Ia comunidad y Ia comu-
nión en Ia unidad; Ia continuación del apostolado como fundamento de
Ia sucesión apostólica; Ia identidad de las funciones ministeriales; Ia
necesaria armonización de los diversos ministerios en Ia comunidad, a
partir de Ia doctrina del Vaticano II; Ia identidad y funciones de los
ministerios laicales, recogiendo las opiniones de H. J, Pottmeyer, K. Rah-
ner, P. Hunermann...).
W. Beilner trata el tema del «Ministerio y servicio: complementarie-
dad como chance. Desde el testimonio del Nuevo Testamento» (pp. 34-60).
El autor estudia en un amplio trabajo algunos aspectos sobre el ministe-
rio, partiendo de una presentación de Ia enseñanza de Ia historia y Ia tra-
dición de Ia Iglesia, y viniendo a centrarse en el Nuevo Testamento. Su
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138 RECENSIONES
pensamiento y conclusiones los va resumiendo en «tesis», que facilitan Ia
lectura y comprensión.
J. Müller nos habla de «Lo dimensión humana del ministerio pastoral«
(pp. 61-72). Parte de Ia situación actual que viven muchos sacerdotes, entre
el cansancio y el entusiasmo, entre el pueblo y Ia jerarquía, entre Ia per-
plejidad y Ia esperanza, entre Ia resignación y Ia fidelidad... Problemas
como el del «complejo de Marta» sin tiempo para sí mismos, o de Ia dificul-
tad para escuchar y acoger, o el de Ia búsqueda de éxito que no llega..., son
tenidos en cuenta por el autor. A partir de esta situación propone una serie
de «ayudas» que el sacerdote necesita: cooperación sacerdotal, espacios de
desahogo y expansión, encuentro con diversas experiencias...
A. Fuchs aborda el tema del ministerio desde una perspectiva psico-
lógica, y en concreto de Ia «Psicología de Ia organización, como ayuda
para comprender los cambios estructurales» (pp. 73-91). El autor pretende
mostrar Ia importancia que tiene Ia presentación, Ia organización y Ia
imagen, en el desempeño del ministerio.
L. Karrer ofrece un excelente estudio sobre el tema «Para animar el
Ser-crístiano: ¿Qué servicios o ministerios necesita hoy el pueblo de Dios?»
(pp. 92-116). El autor parte de una doble inquietud: Ia de Ia Iglesia sobre
los hombres de hoy, y Ia de éstos sobre Ia Iglesia; considerando que Ia
cuestión fundamental es ésta: ¿Llega Ia Iglesia al hombre actual? ¿Qué
servicio espera el hombre de hoy de Ia Iglesia? Es en este horizonte en el
que hay que situar Ia pregunta sobre los ministerios de Ia Iglesia. Parte
de Ia misión recibida de Cristo y de Ia diakonía a esta misión, centrándo-
se después en los sujetos que deben promoverla, en su significado «mista-
gógico», en sus dimensiones fundamentales (Martyria - Leiturgia - Diako-
nía), y concluyendo con Ia afirmación fundamental de que es Ia misión y
el servicio los que determinan los ministerios, y no tanto una concepción
determinada de Iglesia.
J. Wanke trata «Para gloria de Dios Ia multitud de los que dan gra-
cias» (2 Cor 4, 15). «Lo que permanece en Ia misión pastoral» (pp. 118-
133). Parte de Io que significa un «pastor» según San Pablo, y del peligro
de Ia actitud de «resignación» hoy tan extendida, y viene a proponer una
serie de reflexiones para Ia animación de Ia pastoral, entendida como
confrontación con Ia verdad de Dios, del hombre, y del mundo; y
como conversión y confianza en Ia misma acción de Dios, más que en
los datos de Ia sociología o psicología. Para ello hay que tener en cuenta
cómo se manifiesta hoy Dios en Ia búsqueda de libertad, de humanidad,
de veracidad...
Finalmente, B. Ernsperger aborda el tema de «Las perspectivas para
el desarrollo de los Servicios y Ministerios en el pueblo de Dios» (pp. 134-
151). El autor reconoce Ia crisis de Ia Iglesia y de Ia sociedad en el momen-
to actual, que se refleja necesariamente en Ia pastoral. Pero ofrece tam-
bién perspectivas para un nuevo impulso, como son: aprendizaje desde Ia
crisis; renovación de estructuras; nuevo desarrollo de los ministerios (Pas-
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SISTEMÁTICA 139
toralassistenten); visión y apertura hacia el futuro; insistencia en el minis-
terio como servicio, y servicio al sacerdocio universal; comprensión del
ministerio con cierto carácter subsidiario respecto a Ia comunidad; apren-
dizaje en el ejercicio del ministerio ordenado para Ia dirección en Ia
«colegialidad» con otros ministerios laicales...
En una palabra, el libro que presentamos contiene algunos estudios
importantes, que merece Ia pena tener en cuenta en el estudio y renova-
ción actual de los ministerios en Ia Iglesia.
Dionisio Borobio
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