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La Fotosíntesis: Clave de Vida

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Biología III

GRUPO: 0535

LA IMPORTANCIA DE
LA FOTOSÍNTESIS

Estudiante: Fedra Citlalli Munguía Pimentel

Maestra: Patricia Emma Díaz González

2024
Introducción
La fotosíntesis es el proceso fundamental mediante el cual las plantas, algunas algas
y ciertos tipos de bacterias convierten la energía solar en energía química,
permitiendo la producción de oxígeno y la creación de compuestos orgánicos
necesarios para la vida. Este proceso no solo sostiene la vida vegetal, sino que
también es la base de la cadena alimentaria, proporcionando energía para otros
organismos. Comprender la estructura de las hojas y el proceso bioquímico de la
fotosíntesis es esencial para valorar su impacto en los ecosistemas y en la estabilidad
climática del planeta.

Clasificación de las hojas


Las hojas pueden clasificarse en función de varias características: su forma
(ovaladas, lanceoladas, aciculares, entre otras), el margen (entero, dentado,
lobulado), la venación (paralela, reticulada) y la disposición en el tallo (alternas,
opuestas o verticiladas). Estas diferencias reflejan adaptaciones específicas al
ambiente y son clave para el funcionamiento de las hojas en la fotosíntesis. La
clasificación visual permite identificar las características que optimizan la captura de
luz y el intercambio de gases, esenciales para el proceso fotosintético (Di Sapio,
2012).

Hojas Ovaladas Hojas Aciculares

Hojas Lanceoladas
Partes de la hoja
Solano (2017) asegura que una hoja típica está compuesta de varios elementos clave.
La lámina o limbo es la parte aplanada donde ocurre la mayor parte de la fotosíntesis.
El pecíolo conecta la lámina al tallo, facilitando la distribución de nutrientes y agua.
Las venas, que contienen los haces vasculares (xilema y floema), distribuyen agua y
nutrientes por toda la hoja y transportan los productos de la fotosíntesis. En algunas
plantas, se encuentran estructuras adicionales, como estípulas o zarcillos, que
proporcionan protección o soporte, respectivamente. Cada una de estas partes
contribuye al óptimo desarrollo del proceso fotosintético.

Tejidos de las hojas


Dentro de la hoja Sampallo (2003), afirma que los tejidos están dispuestos para
maximizar la eficiencia fotosintética. La epidermis cubre y protege la hoja; en la
superficie de la epidermis inferior se encuentran los estomas, encargados del
intercambio de gases. Debajo, el mesófilo contiene dos capas: el parénquima en
empalizada, que concentra la mayoría de los cloroplastos, y el parénquima esponjoso,
que facilita la difusión de gases. Los haces vasculares, formados por xilema y floema,
transportan agua y nutrientes y distribuyen los productos de la fotosíntesis. Esta
organización maximiza la eficiencia de la captura de luz y el intercambio de gases.
Comparación de hojas entre monocotiledóneas, dicotiledóneas y gimnospermas
Las hojas de las angiospermas monocotiledóneas suelen tener venación paralela,
mientras que las dicotiledóneas presentan una venación reticulada. Las gimnospermas,
por otro lado, tienen hojas aciculares o en forma de escamas, adaptadas a climas más
secos. Estas diferencias se relacionan con adaptaciones específicas al ambiente; las
monocotiledóneas tienden a estar en zonas de luz intensa y humedad, mientras que las
dicotiledóneas y gimnospermas muestran adaptaciones a condiciones más diversas
(Lot, 2012).

Características de los estomas


Los estomas son pequeñas aberturas en la epidermis de las hojas que permiten el
intercambio de gases y regulan la transpiración. Estos poros están rodeados por
células guardia que se abren y cierran según las necesidades de la planta, ayudando a
mantener la homeostasis hídrica y a controlar la entrada de dióxido de carbono y la
salida de oxígeno, esenciales para la fotosíntesis.

Componentes de la célula vegetal


La célula vegetal incluye orgánulos como cloroplastos, mitocondrias y vacuolas, cada
uno con funciones cruciales en la fotosíntesis. Los cloroplastos contienen clorofila, el
pigmento que absorbe la luz solar y permite la conversión de energía. Las
mitocondrias procesan los productos de la fotosíntesis para obtener energía en forma
de ATP, mientras que las vacuolas almacenan agua y nutrientes, manteniendo la
presión celular (Carrillo, 2011).

Factores de la fotosíntesis
Los principales factores de la fotosíntesis son la luz, el agua, el dióxido de carbono y la
temperatura. La luz es necesaria para iniciar las reacciones dependientes de luz en los
cloroplastos; el agua proporciona electrones para reemplazar los que se pierden en los
fotosistemas; el dióxido de carbono se fija en el ciclo de Calvin para producir glucosa;
y la temperatura afecta la eficiencia de las enzimas involucradas.
Espectro de luz y pigmentos fotosintéticos
La luz visible contiene longitudes de onda que van del violeta al rojo. Las plantas
utilizan principalmente la luz roja y azul, ya que la clorofila absorbe eficientemente
estas longitudes de onda. Los pigmentos fotosintéticos incluyen clorofila a, clorofila b y
carotenoides, cada uno con diferentes capacidades de absorción, optimizando la
captura de energía (Carrillo, 2011).

Espectro de absorción de pigmentos


Cada pigmento tiene un espectro de absorción particular, lo que significa que absorbe
ciertas longitudes de onda más que otras. La clorofila a absorbe principalmente en los
rangos de azul y rojo, mientras que la clorofila b y los carotenoides amplían el espectro
de absorción, lo que incrementa la eficiencia fotosintética (Lot, 2012).

Fase dependiente de la luz


La fase dependiente de la luz ocurre en los tilacoides de los cloroplastos, donde los
fotosistemas I y II capturan luz para producir ATP y NADPH. Este proceso incluye la
fotofosforilación y la fotólisis del agua, que libera oxígeno. La energía generada en esta
fase se utiliza en el ciclo de Calvin.
Producción de NADPH+H+ y ATP
Durante la fase dependiente de la luz, los electrones excitados pasan a través de una
cadena de transporte de electrones, generando NADPH+H+ y ATP, que son
moléculas energéticas necesarias para la fase independiente de la luz, donde se
sintetizan compuestos orgánicos (Bastidas, 2015).

Fase independiente de la luz: el Ciclo de Calvin


El ciclo de Calvin utiliza ATP y NADPH+H+ para fijar dióxido de carbono en
compuestos orgánicos. Este proceso incluye tres fases: fijación del carbono, reducción
y regeneración de RuBP. El producto final es la glucosa, que sirve como fuente de
energía para la planta.

Función de la Rubisco
Bastidas (2015) asegura que la enzima Rubisco es esencial para la fijación del carbono
en el ciclo de Calvin, permitiendo la incorporación de dióxido de carbono a
compuestos orgánicos. Es una de las enzimas más abundantes en la Tierra debido a su
rol fundamental en la fotosíntesis.
Resultados del Ciclo de Calvin
El ciclo de Calvin produce glucosa, que puede almacenarse como almidón o usarse
para sintetizar otros compuestos orgánicos. Estos productos se convierten en biomasa,
esencial para el crecimiento y desarrollo de la planta (Sampallo, 2003).

Síntesis de compuestos nitrogenados


Solando (2017) indica que durante la fotosíntesis, las plantas también incorporan
nitrógeno en moléculas orgánicas, como aminoácidos y proteínas, necesarias para el
desarrollo celular. La disponibilidad de nitrógeno en el suelo es crucial para esta
síntesis.
Modificadores de la actividad fotosintética
La tasa de fotosíntesis se ve afectada por la intensidad de la luz, la concentración de
dióxido de carbono, la disponibilidad de agua y la temperatura. Estos factores pueden
acelerar o limitar el proceso fotosintético, afectando el crecimiento y la productividad
de las plantas (Arellano, 2017).
Conclusiones
La fotosíntesis constituye un proceso fundamental que sustenta la existencia de la
vida en nuestro planeta. Este fenómeno abarca desde la organización y el papel
funcional de las hojas hasta los intricados mecanismos bioquímicos que operan en su
interior. Cada uno de estos componentes desempeña un papel crucial en la
generación de oxígeno y nutrientes, los cuales son indispensables para el desarrollo y
mantenimiento de los diversos ecosistemas que conforman la Tierra.
Además, la fotosíntesis no solo es vital para las plantas, sino que también impacta a
todos los organismos que dependen de ellas para alimentarse, incluidos los seres
humanos. La producción de glucosa durante este proceso energético permite a las
plantas crecer y desarrollarse, a su vez, proporciona la base alimentaria para
herbívoros y, en última instancia, para los carnívoros, creando así una red
alimentaria interconectada.
La fotosíntesis no solo constituye el núcleo del flujo de energía en los ecosistemas,
sino que también desempeña un rol clave en el equilibrio climático de nuestro
planeta. Al absorber dióxido de carbono, las plantas contribuyen a la mitigación del
cambio climático, al reducir la concentración de este gas de efecto invernadero en la
atmósfera. Este aspecto resulta particularmente relevante en el contexto actual de
calentamiento global, pues la preservación y expansión de áreas verdes, como
bosques y selvas, puede ayudar a frenar el aumento de la temperatura global.

Asimismo, la fotosíntesis representa una base fundamental para la economía agrícola


y alimentaria mundial. Al ser la fuente primaria de biomasa, la eficiencia de este
proceso tiene implicaciones directas en la productividad de los cultivos que sostienen
la alimentación humana y animal. Esto subraya la importancia de investigar y
mejorar la eficiencia fotosintética de las plantas cultivadas, lo cual podría ser una
estrategia viable para satisfacer las crecientes demandas alimentarias de la población
mundial.
Referencias
Arellano, A. (2017). CARACTERIZACIÓN ANATÓMICA DE HOJA DE
RECURSOS GENÉTICOS DE Hymenachne amplexicaulis (RUDGE) NEES.
Revista Fitotecnia Mexicana, 40(1).
Bastidas, G. (2015). Glucosa 6 fosfato deshidrogenasa: Características bioquímicas y
moleculares. Prevalencia de la deficiencia. Revista Archivos de Medicina, 15(1).
Carrillo, L. (2011). La historia de la ciencia en la enseñanza de la célula. Revista
TED, (29).
Di Sapio, O. (2012). Caracterización morfoanatómica de hoja, tallo, fruto y semilla
de salvia hispanica L. (lamiaceae). Boletín Latinoamericano y del Caribe de Plantas
Medicinales y Aromáticas, 11(3).
Lot, A. (2012). Las monocotiledóneas acuáticas y subacuáticas de méxico. Revista
Acta Botánica Mexicana, (100).
Sampallo, G. (2003). Reconocimiento de tipos de hojas. Revista Iberoamericana,
7(21).
Solano, E. (2017). Anatomía comparativa de raíz, tallo, hoja y base del pedúnculo de
Manfreda. Revista Mexicana De Biodiversidad, 88(4).

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