EL CUARTO OSCURO
La vieja casa de los Royal era un laberinto de pasillos polvorientos y
habitaciones sombrías. Los rumores sobre ella se habían transmitido de
generación en generación, y los lugareños la evitaban como a la peste. Se
decía que en sus entrañas se ocultaba un oscuro secreto, un lugar al que nadie
osaba entrar: el cuarto oscuro.
Thomas, un joven heredero, fascinado por las historias familiares, decidió
investigar. Armados con una linterna y una cámara de fotos, él y sus amigos,
Anya y Ben, se adentraron en la casa una noche oscura y tormentosa.
Tras horas de búsqueda, encontraron una puerta en el ala oeste. Con gran
esfuerzo, lograron abrirla. El aire frío y húmedo que emanaba del interior los
envolvió, y un escalofrío recorrió sus espaldas.
El cuarto era grande y sin ventanas. La única fuente de luz era la débil
iluminación de sus linternas. Las paredes estaban cubiertas de extrañas
inscripciones que parecían moverse a medida que se acercaban. En el centro
de la habitación, sobre un pedestal de piedra, había un objeto envuelto en una
tela negra.
Con cautela, Thomas se acercó al objeto y retiró la tela. Un grito ahogado
escapó de sus labios. Era un antiguo libro, pero no era un libro cualquiera. Sus
páginas estaban escritas en una lengua desconocida y las ilustraciones eran
tan grotescas que le helaron la sangre.
De repente, las luces se apagaron y un viento helado comenzó a soplar. Los
amigos se encontraron rodeados por una oscuridad total. Escucharon susurros
y gemidos que parecían provenir de las paredes. Anya, aterrorizada, trató de
escapar, pero la puerta se había cerrado sola.
Ben encendió un fósforo, y a la débil luz, vieron una sombra moverse en la
esquina de la habitación. La sombra se hizo más grande y oscura hasta que
tomó forma humana. Una figura alta y delgada, con ojos brillantes como
brasas, se alzó frente a ellos.
Los amigos corrieron hacia la puerta, pero era inútil. La figura los seguía de
cerca, sus manos se extendían hacia ellos como garras afiladas. Thomas, con
un último esfuerzo, lanzó el libro contra la figura. El impacto la hizo retroceder,
y en ese instante, la puerta se abrió de golpe.
Los amigos salieron corriendo de la habitación, sin mirar atrás. Al llegar al
exterior, se desplomaron en el suelo, jadeando. Habían escapado de la muerte,
pero sabían que el cuarto oscuro los había marcado para siempre.
A partir de esa noche, la casa quedó abandonada. Los lugareños aseguraban
que los espíritus de algo en esa casa aún vagaban por sus pasillos,
protegiendo su oscuro secreto. Y el libro, si es que aún existe, sigue siendo un
misterio.