UNIVERSIDAD PRIVADA SAN JUAN BAUTISTA
FACULTAD DE CIENCIAS DE LA SALUD
ESCUELA PROFESIONAL DE PSICOLOGÍA
TEMA:
Sesiones psicoterapéuticas especificadas, según casuística, seguimiento,
difusión y prevención
ASIGNATURA:
Psicoterapia Cognitivo Conductual
DOCENTE:
MG. Cilene Ysabel Santos Ku
INTEGRANTES:
Aguilar Salcedo Danery
Apolaya De La Cruz Liliana
Diaz Chavéz Rossely
Mateo Ruiz Nayla
Quispe Carbajal Margiorie Karelis
GRUPO: 3
FECHA DE PRESENTACIÓN: 29/10/2024
CHINCHA– PERÚ
2024
I. Introducción
La terapia cognitivo-conductual (TCC) es una técnica psicoterapéutica
que ha prosperado en las últimas décadas gracias a los buenos resultados que
ha obtenido en el tratamiento de muchos trastornos psicológicos. Creada en la
década de 1960 por el psicólogo Aaron T. Beck la TCC se basa en que los
pensamientos, las emociones y los comportamientos de las personas se
encuentran interconectados entre sí. Muchas veces los patrones de
pensamientos negativos o distorsionados pueden producir el inicio de los
problemas emocionales y dar lugar a una espiral de malestar que se perpetúa
(Beck, 2023).
La TCC persigue la meta de ayudar a las personas a identificar estos
patrones de pensamientos disfuncionales y modificarlos. Partiendo de un trabajo
estructurado y colaborativo entre terapeuta y paciente, este último va siendo
guiado en la identificación de sus creencias irracionales y la reestructuración de
sus pensamientos. Tal cosa es así porque además de ayudar a las personas a
comprender los problemas, la TCC les proporciona herramientas prácticas para
ayudarles a afrontarlos y resolverlos en su vida diaria (Mendoza Fernández,
2020).
La TCC tiene como característica distintiva la atención prestada al "aquí y
ahora". En oposición a otras formas de terapia que pueden profundizar en el
pasado, la TCC pone su énfasis en el cómo los pensamientos del presente
pueden producir un comportamiento y una emoción determinados. De tal manera
que los pacientes pueden ir elaborando herramientas para manejar las
situaciones difíciles y reducir el estrés y la ansiedad en la vida cotidiana (De La
Hera, 2014).
Asimismo, la TCC se considera una terapia relativamente breve,
focalizada en objetivos concretos, lo que favorece una evaluación rápida de su
efectividad.
Es una psicoterapia con evidencia empírica bien establecida que ha
mostrado buen pronóstico en la atención de conductas devocionales y no
devocionales, así como en el tratamiento de la ansiedad, la depresión, el
trastorno obsesivo-compulsivo, los trastornos por atracones, trastornos por
restricción de la ingesta o trastornos de la conducta alimentaria, entre otros.
Su base empírica consolidada, a partir de los numerosos estudios que la
apoyan, la han convertido en una de las psicoterapias más empleadas y
recomendadas en el campo de la asistencia sanitaria y de la salud mental.
La TCC también invoca el uso de las técnicas conductuales. Esto puede
ser realizar una exposición gradual a las situaciones temidas (como sería el caso
en el tratamiento de las fobias) o el desarrollo de estrategias de afrontamiento
para hacer frente al estrés. Al combinar estrategias cognitivas y conductuales, la
terapia cognitivo-conductual permite a los pacientes obtener herramientas, las
cuales pueden utilizarlas en su vida diaria, promoviendo así un sentido de control
y de empoderamiento (Bornas et al., 2002).
Ruano (2024) menciona que la terapia cognitivo-conductual también se
adecúa a los diferentes contextos, incluyendo terapia individual, terapia de grupo
o incluso terapia en línea. Su naturaleza estructurada y orientada a objetivos la
convierten en una intervención adecuada para una muy amplia gama de
poblaciones, incluyendo niños, adolescentes y adultos. Venus, en las últimas
décadas, la terapia cognitivo-conductual ha sido objeto de un amplio número de
estudios que respaldan su eficacia, lo que la ha colocado en los tratamientos de
primera línea dentro de la salud mental.
Al hablar sobre las sesiones en la terapia cognitivo-conductual, el
terapeuta realiza una evaluación inicial para identificar los problemas del
paciente y establecer un marco de trabajo adecuado. Durante esta etapa, se
analizan los pensamientos y comportamientos problemáticos que afectan al
paciente. Una vez completada esta evaluación, el terapeuta y el paciente
trabajan juntos para definir objetivos específicos que se desean alcanzar a lo
largo de la terapia.
A medida que avanza el proceso, se implementan diversas técnicas
terapéuticas, tales como la reestructuración cognitiva y la exposición gradual,
que se enfocan en modificar los pensamientos y comportamientos
disfuncionales. Para reforzar el aprendizaje, los terapeutas suelen asignar tareas
para el hogar, lo que permite a los pacientes practicar las habilidades adquiridas
fuera de las sesiones.
Finalmente, el progreso se revisa de manera regular, y el terapeuta ajusta
el enfoque terapéutico según sea necesario para asegurar que se cumplan los
objetivos establecidos.
Hoy en día, la TCC ha mostrado la validez a la hora de transformar
problemáticas a partir de su estructura meridianamente ordenada y efectista, que
nos ofrece la oportunidad de ir alcanzando toda una serie de objetivos de forma
progresiva y, por ende, de alcanzar una vida en función de nuestras capacidades.
En un contexto en que las situaciones emocionales por las que atraviesan las
personas son cada vez más difíciles y complejas, la TCC representa un recurso
valioso que permite a las personas movilizarse para operar transformaciones que
podrían llegar a ser positivas y perdurables, todo ello bajo el cumplimiento de
toda una serie de pautas que se encuentran en la investigación y la práctica
clínica (Puerta Polo & Padilla Díaz, 2011).
De lo redactado se puede entender que la terapia cognitivo-conductual
(TCC) constituye una de las herramientas más eficaces y accesibles en el campo
de la salud mental que pone el énfasis en el vínculo entre pensamientos,
emociones y comportamientos. Esta terapia ayuda no solo a comprender los
problemas que pueden tener las personas, sino también a aprender el uso de
herramientas prácticas para poder enfrentarlos de manera efectiva (Belsky,
2022)
II. CASUÍSTICA
En este trabajo presentamos un estudio de caso con respecto de uno de
los problemas más importantes con los que se encuentran las instituciones
educativas en los últimos años es el de la violencia en las aulas. Raúl, un joven
de 15 años, estudiante de 1º de E.S.O. que presentaba conductas de agresividad
extrema contra sus compañeros de curso y al que se le diagnosticó un trastorno
explosivo intermitente. El tratamiento seleccionado consistió en una intervención
clínica, de orientación cognitivo-conductual, con una duración total de 15
sesiones. Es así como el tratamiento se lograron los objetivos terapéuticos
marcados, eliminándose las conductas violentas y disruptivas
2.1 Identificación del paciente
Raúl es un paciente varón con 15 años. Cursa el 1º en un Instituto de
Educación Secundaria. Es el segundo de 4 hermanos, cuyas edades son 17, 15,
12 y 7 años, respectivamente.
El paciente pertenece a una familia de un nivel sociocultural/económico
medio. Su padre es mecánico y su madre dependienta. Son originarios del lugar
en el que residen, nunca han cambiado su localidad de residencia. La madre es
la persona con la que se ha mantenido el contacto durante el proceso
terapéutico. Se trata de una persona colaboradora, muy preocupada por su hijo
y dispuesta a hacer todo lo posible por mejorar la situación.
El sujeto cuenta con una capacidad intelectual limitada, con serias
dificultades para relacionarse. Reacciona negativamente en público y con
frustración ante los fracasos. Habitualmente no presenta una mala conducta,
pero en ocasiones es capaz de explotar si alguien se mete con él o si él cree que
lo hacen. Raúl tiene una relación especial con su hermano de 12 años. Cuando
sale, es con éste y con su grupo de amigos con quienes lo hace.
2.2 Análisis del motivo de la intervención
Presenta conductas de agresividad extrema contra sus compañeros de
clase. La frecuencia de dichas conductas es variable. Durante los 4 primeros
meses del curso presentó episodios violentos en, al menos, 5 ocasiones. La
intensidad de las conductas bastante fuerte y su duración es de
aproximadamente 10 minutos en sus momentos más violentos.
Su centro educativo a realizado algunas actuaciones, pero no tuvieron
éxito, su conducta problema empeoro, mostrándose más violento y amenazando
a muerte a sus compañeros.
Raúl no muestra culpabilidad tras sus conductas, según verbaliza: “es lo
que se merecen”. Siempre está a la defensiva y ve enemigos en todas las
personas.
2.3 Historia del problema
El paciente tuvo problemas al nacer, con sufrimiento fetal. Empezó a andar
a los 18 meses y a esa misma edad empezó a hablar. Raúl es 2 años mayor que
su hermano, el tercer hijo del matrimonio. Su madre cuenta que cuando éste era
pequeño, sus primos se lo llevaban a su casa y a Raúl siempre se lo dejaban.
Esto ocurría día tras día, hasta el punto de que a veces le cerraban la puerta
para que no pudiese ir con ellos. Al salir de la guardería, Raúl solía permanecer
solo con su abuelo. Según nos cuenta su madre, los problemas de Raúl
empezaron a los 7 años, concretamente indica la fecha del 16 de enero de 2001,
día en que sufrió una parálisis facial severa, que le dejó el ojo derecho
completamente abierto y la boca torcida. A raíz de esta afección, el niño empieza
a presentar problemas, tanto adaptativos como de aprendizaje. En el mes de
marzo de ese mismo año, araña la cara a una niña, de la cual era muy buen
amigo hasta entonces. Tras varias semanas, la madre se entera, a través de su
hijo menor, de que los niños se burlan del paciente. Esto hace que los padres
empiecen a buscar ayuda: - Acudieron a la Unidad de Salud Mental de Castellón,
a cuyo tratamiento psicológico el paciente no respondía, porque “se encerraba
en sí mismo, pues no confiaba en nadie”, según manifiesta la madre. - Acudían
mensualmente al Hospital Provincial de Castellón, donde se le realizaron
numerosas pruebas y un TAC en el que se apreció una “pequeña obturación de
una vena que riega el cerebro”. Cabe destacar que, desde esta prueba, realizada
en el año 2001, no se le ha realizado ninguna otra prueba neurológica. -
Acudieron a un osteópata que le realizaba masajes en la cabeza. A medida que
pasaba el tiempo, su conducta en el colegio iba a peor. También su rendimiento
escolar se vio afectado y tuvo que repetir curso. Un día, en clase, insultó a unas
niñas y tiró todas las mesas y las sillas del aula. Avisada la madre, se presentó
en el colegio y vio cómo había quedado la clase, regañó a su hijo delante de
todos sus compañeros y le pidió que le ayudara a recogerlo todo. Él obedeció y
se avergonzó de lo que había hecho, según cuenta su madre. Tras este episodio,
el paciente fue expulsado del centro durante 3 días, lo que provocó que acudiera
a disgusto al colegio y que su comportamiento fuera cada vez peor. La evolución
de la conducta de Raúl llevó a sus padres a acudir a la Unidad de Salud Mental
de Vinaròs, donde recibió atención psicológica y donde le fue prescrito
“Risperdal”, medicación que estuvo tomando durante 3 años. Dicha medicación
hacía que estuviera tranquilo en clase, pero le adormecía y le mantenía ausente.
Ya no pegaba a nadie, pero no seguía el ritmo de la clase ni avanzaba a nivel
socioafectivo. “Mientras esté tranquilo…”, afirma la madre que le decían en el
colegio.
Sus padres decidieron entonces llevarle a Instituto Médico del Desarrollo
Infantil de Barcelona, donde fue atendido durante 5 años, y hasta dos meses
antes del inicio de la intervención del SAPE. También en Barcelona, estuvo
asistiendo a la consulta de un médico homeópata. La madre valora positivamente
la intervención llevada a cabo en Barcelona; dice que evolucionó bien, pero que
el chico “está resentido por el pasado y no puede controlar sus impulsos ante las
provocaciones”. Durante los meses anteriores a la derivación al SAPE, va
aumentando la agresividad y la disruptividad en las conductas de Raúl. Insulta a
sus compañeros, raya la mochila de uno de ellos, no obedece a las órdenes de
sus profesores, raya la pared del aula, cruza todo el patio del Instituto para
acercarse a un grupo de alumnos y les dice que un día los matará... Los
profesores de Raúl coinciden en que durante las clases verbaliza para sí mismo
con mucha frecuencia. No tolera trabajar en pareja ni en grupo con sus
compañeros, ni leer en voz alta, ni compartir su libro con ningún compañero. En
el transcurso de una clase, Raúl indicó gestualmente a un compañero del otro
lado del aula que le iba a pegar. La profesora se da cuenta, les insta a dejar el
tema y pide a toda la clase que preste atención a la pizarra. Dicha profesora no
aprecia que en ningún momento nadie se haya metido con Raúl. Él parece
tranquilo en su sitio, pero está hablando bajito consigo mismo (rumiando algo).
Al cabo de un rato, se levanta y se dirige hacia un chico y le tira al suelo,
cayéndole la mesa encima. Seguidamente se dirige hacia otro compañero y le
tira la mesa, le coge las hojas de la carpeta y se las rompe. Está totalmente fuera
de sí y sigue tirando mesas y sillas. Tras controlar la situación provocada en el
aula, la psicopedagoga del centro permanece junto a él y observa cómo sigue
hablando para sí mismo; no para de decir: “siempre igual, siempre igual…”. Al
plantearle el daño que hubiese podido causar a sus compañeros, él responde:
“Mejor, una pierna rota, es lo que se merecen”. El profesor de la clase anterior
afirma que Raúl se había comportado perfectamente y había participado sin
ningún problema. Más tarde, tras el mencionado episodio, le volvió a ver y le
saludó con absoluta normalidad, como si nada hubiese pasado. Dos semanas
más tarde, en el transcurso de un examen, empieza a mostrarse inquieto, a
doblar su examen y hacer tachones en él, a sacar apuntes de su mochila, sin
hacer caso a las indicaciones del profesor. Seguidamente, aumenta la
agresividad de su conducta, gritando “¿quién me ha llamado tonto?”, intentando
pegar a un compañero, rompiéndole el examen a una alumna y lanzando una
mesa a otra compañera. Tras esto, continúa gritando y moviéndose por toda el
aula y dirigiéndose al profesor en un tono irrespetuoso y agresivo, hasta que
finalmente sale de la clase gritando. Dos días después, tras finalizar una clase
que había transcurrido sin incidentes, y mientras todos los alumnos recogían, se
encaró a un compañero y le propinó arañazos en la cara, el cuello y el pecho y
golpes en la cara, sin motivo aparente. Mientras la profesora y otros alumnos
intentaban separarles, Raúl estaba completamente descontrolado y gritaba
“vuelve a llamarme imbécil”. Tras tranquilizarle, la psicopedagoga le preguntó por
el motivo de esa reacción, a lo que respondió que el compañero “me ha mirado
mal y quería insultarme, pero finalmente se ha callado”. Al mismo tiempo que
hablaba con la psicopedagoga, insultaba a todos los que había en el aula.
Pocos días después del comienzo de un nuevo trimestre, un profesor
acompaña a Raúl al Departamento de Orientación del Instituto. Afirma que nunca
le había visto tan violento: le había encontrado totalmente descontrolado, dando
fuertes patadas a un compañero que estaba en el suelo, llorando. Raúl entró en
el despacho verbalizando para sí mismo, sin parar: “Siempre igual. ¿Por qué me
tenía que decir que soy tonto? Estoy harto. Luego lloran. Todos son iguales.
Todos muertos. Una bomba, ¡eso tendría que tirar!”. Mientras la psicopedagoga
le tranquilizaba e intentaba hacerle reflexionar, él seguía rumiando lo mismo, una
y otra vez, hasta que decidió marcharse, dejando con la palabra en la boca a la
psicopedagoga. Desde el Instituto destacan que habitualmente el paciente no
presenta una mala conducta. Tiene una capacidad intelectual borderline, pero se
esfuerza por trabajar y por hacer los deberes en aquellas asignaturas en las que
se encuentra a gusto, aunque deja de lado aquellas que le parecen inaccesibles
y reacciona con frustración ante los fracasos.
2.4 Diagnostico
En función de la sintomatología presentada por el paciente, se establece
la hipótesis diagnóstica de “Trastorno explosivo intermitente” F63.8 (312.34),
según la clasificación del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos
mentales (DSM-IV-TR). También se consideró el “Trastorno negativista
desafiante” F91.3 (313.81) por lo que cumple con algunos criterios, sin embargo,
no suele discutir con adultos, no les desafía activamente, no suele rehusar
cumplir sus demandas, ni molesta deliberadamente a otras personas. Tampoco
suele ser molestado por los demás, sino que es él quien lo imagina o presupone.
Por eso se opta por la hipótesis de “Trastorno explosivo intermitente”, por
la presencia de varios episodios aislados de dificultad para controlar los impulsos
agresivos.
Planteando como objetivos terapéuticos el eliminar conductas violentas y
disruptivas, las verbalizaciones en voz baja y los pensamientos que tiene acerca
de sus compañeros, además de mejorar las relaciones sociales y la adaptación
a su grupo de clase.
III. Proceso de intervención clínica
Se programaron 10 sesiones para desarrollar el protocolo de tratamiento
establecido. Las 6 primeras se realizarían con una frecuencia de 2 sesiones por
semana y las 4 últimas con semanalmente. El desarrollo de las sesiones del
tratamiento fue el siguiente:
Sesión N° 1
Los objetivos que se plantean para esta sesión son: Facilitar una buena
relación terapéutica entre el paciente y el psicólogo, informar al paciente sobre
su problema y las consecuencias de estas, motivarlo para su implicación activa
en el tratamiento e introducir las primeras técnicas del tratamiento.
Las técnicas fueron la psicoeducación, entrenamiento en el control de ira,
la identificación de situaciones y conductas facilitadoras y el entrenamiento en
autoestima.
Y, por último, se dio las tareas en casa que fueron: empezar a elaborar
una lista con aquellos aspectos que más le gustan de su persona, practicar la
distracción cognitiva, y la práctica del tiempo fuera.
En esta sesión, Raúl se mostró bastante escéptico y con cierta falta de
ilusión, se consiguió captar su interés y, poco a poco, se fue mostrando más
receptivo. Se comprometió a utilizar la distracción cognitiva y el tiempo fuera en
el caso de darse alguna situación en la que se sintiera amenazado o
menospreciado por algún compañero. Respecto a la lista que se le pidió sobre
los aspectos que más le gustaban de sí mismo, manifestó que no creía tener
ninguna cualidad digna; se le dieron algunas pistas y se le animó a ser un poco
más positivo consigo mismo. El grado de consecución de los objetivos de la
sesión es alto.
Sesión N° 2
Aquí, se tuvo como objetivo seguir consolidando la relación terapéutica
entre el paciente y el psicólogo, comprobar el grado de asimilación de las
técnicas introducidas en la sesión anterior, profundizar en dichas técnicas, e
introducir la reestructuración cognitiva.
Se continuo con la técnica de psicoeducación, y se implementó la
fisiología de la ira, técnicas de respiración y la reestructuración cognitiva en los
pensamientos “calientes”.
Para sus tareas para la casa, estuvo seguir elaborando la lista con
aquellos aspectos que más le gustan de sí mismo, practicar las técnicas de
respiración, y la distracción cognitiva y del tiempo fuera.
En esta sesión, quería dar a notar una sensación de falta de interés, sin
embargo, se apresuró a asegurar que no había tenido ningún episodio de
conducta agresiva, a pesar de que, según él, algún compañero le había mirado
mal. Esta situación sirvió para introducir la reestructuración cognitiva. También
afirmó haber puesto en práctica la distracción cognitiva, lo cual le había ayudado
a controlar la ira. A partir de este momento es cuando se le indica que tenga
también presentes los síntomas fisiológicos que se le explicaron en esta sesión.
El grado de consecución de los objetivos de la sesión es alto.
Sesión N° 3
Durante esta sesión, se planteó el objetivo de dar al paciente un papel
más activo en el tratamiento, además de mantener el grado de implicación en el
tratamiento, seguir profundizando en las técnicas introducidas e introducir las
técnicas de resolución de problemas.
Entre las técnicas, se continua con la psicoeducación, técnicas de
respiración, entrenamiento en autoestima, haciendo énfasis en los logros
personales y cosas que le hacen bien, la reestructuración cognitiva, como la
búsqueda de evidencias a favor y en contra de sus pensamientos y el
entrenamiento en solución de problemas.
Las tareas para su casa fueron: practicar la respiración profunda en
situaciones de nerviosismo y tensión, hacer uso de un autorregistro de las
reacciones fisiológicas en dichas situaciones y practicar las fases de resolución
de problemas.
Se evidencia que Raúl sigue acudiendo al tratamiento dando sensación
de escepticismo. Sin embargo, se muestra de inmediato dispuesto a empezar,
sin pérdida de tiempo. Cuando se le pregunta, explica las situaciones en las que
ha puesto en práctica las tareas que se le encomendaron. Se muestra atento a
todo lo que se le explica, dialoga y aporta ejemplos a lo que se le indica y realiza
las prácticas que se le piden.
El grado de consecución de los objetivos de la sesión es alto.
Sesión N° 4
En esta sesión, se planteó los objetivos de tomar conciencia por parte del
paciente de la influencia de lo aprendido hasta ahora en su vida cotidiana, el
mantener el grado de implicación del paciente en el tratamiento, consolidar y
profundizar en las técnicas aprendidas e introducir el entrenamiento en
habilidades sociales.
Las técnicas fueron: la psicoeducación: reestructuración cognitiva y
entrenamiento en el control de la ira. Entrenamiento en solución de problemas y
el entrenamiento en habilidades sociales como aprender a exponer quejas y
mejorar la asertividad.
Y tareas para casa de practicar la supresión temporal y de la distracción
cognitiva en situaciones de nerviosismo y tensión, practicar las fases de
resolución de problemas, y practicar las habilidades sociales aprendidas en esta
sesión.
Aquí, Raúl se mostró con una actitud más alegre que en sesiones
anteriores, aunque no queria reconocerlo. Indica que la actitud de sus
compañeros hacia él sigue siendo la misma de siempre, pero que él ya no
responde agresivamente. Según él, ni siquiera da vueltas en la cabeza a la
situación como hacía antes. Sigue mostrándose receptivo a todo lo que se le
explica y participativo en las fases de la sesión que así lo requieren.
El grado de consecución de los objetivos de la sesión es alto.
Sesión N° 5
A partir de esta sesión se intentó principalmente que el paciente analizara
sus avances y que comprendiera que éstos eran debidos a su interés y a su
capacidad para luchar y mejorar, facilitando una atribución interna del progreso.
Se planteo los objetivos de aprovechar la sensación de éxito que está
sintiendo el paciente para mejorar su autoestima, mantener el grado de
implicación del paciente en el tratamiento y consolidar y profundizar en las
técnicas aprendidas, además de que se introduce la prevención de recaídas.
Las técnicas para esta sesión fueron el entrenamiento en habilidades
sociales: Pedir y hacer favores, entrenamiento en control de la ira, entrenamiento
en autoestima y la prevención de recaídas.
Como tareas para casa, está practica de la respiración, práctica de la
distracción cognitiva e identificación de sensaciones corporales y revisar y
ampliar la lista de aquellas cosas que más le gustan de sí mismo.
El paciente sigue acudiendo contento al tratamiento, si bien continúa sin
querer reconocer esa actitud. Sin embargo, se le nota muy satisfecho por la
ausencia de episodios de conducta violenta. Es esa satisfacción la que se
aprovechó para tratar de una forma más intensa el entrenamiento en autoestima.
Aunque quizás es un poco pronto, es ese mismo sentimiento de éxito el que nos
ha llevado a tratar la prevención de recaídas, con el objeto de evitar que la
posible aparición de algún conflicto en el Instituto pudiera constituir un paso atrás
en el tratamiento.
A medida que avanzaban las sesiones se intentó que aumentara la
aportación de Raúl al diálogo y la solución de situaciones prácticas que se le
planteaban. El grado de consecución de los objetivos de la sesión es medio-alto.
Sesión N° 6
Los objetivos para esta sesión fueron: aprovechar la sensación de éxito
que está sintiendo el paciente para mejorar su autoestima, mantener el grado de
compromiso del paciente en el tratamiento y consolidar y profundizar en las
técnicas aprendidas.
Las técnicas para el tratamiento que se utilizaron fueron: reestructuración
cognitiva, entrenamiento en control de la ira, entrenamiento en autoestima,
prevención de recaídas.
Las tareas para la casa fueron: práctica de la respiración, práctica de la
distracción cognitiva e identificación de sensaciones corporales, se planteó una
situación hipotética, a la que el paciente tenía que buscar distintas explicaciones.
La actitud con la que acude Raúl a la sesión es positiva. Aunque hay que
estimularle, se muestra cada vez más comunicativo e incluso bromista. Continúa
la ausencia de episodios de conducta violenta en el instituto. En esta sesión ha
empezado a manifestar interés y preocupación por su rendimiento académico.
Confía en poder superar algunas asignaturas, pero se siente incapaz de superar
otras. El grado de consecución de los objetivos de la sesión es alto.
Sesión N° 7
Los objetivos para esta sesión se basan en profundizar en el conocimiento
de sí mismo y en la responsabilidad de su conducta, consolidar y profundizar en
las técnicas aprendidas, introducir el entrenamiento en empatía.
Las técnicas de tratamiento que se utilizaron fueron reestructuración
cognitiva, entrenamiento en control de la ira. Insistir en la responsabilidad propia
y en los pensamientos activadores de la ira, entrenamiento en habilidades
sociales como la toma de decisiones en problemas interpersonales,
entrenamiento en empatía.
Las tareas para la casa que se dejaron fue de seguir poniendo en práctica
las técnicas aprendidas, también se le plantean tres situaciones a las que debe
buscar explicaciones distintas, así como distintas alternativas de solución.
Hasta esta sesión, el desarrollo del tratamiento se había llevado a cabo a
razón de dos sesiones por semana. Esta es la primera que se lleva a cabo a
razón de una sesión semanal. El nivel de implicación y participación de Raúl es
muy bueno, se muestra receptivo y le gusta realizar los ejercicios que se le
plantean. Le cuesta entender que puede ser empático con aquellos compañeros
que le hacen daño. No cree que su actitud sea justificable bajo ningún punto de
vista. Se le pide que lo intente con algunas situaciones que se den en clase y
que no tengan que ver con él, para comentarlo en la próxima sesión.
El grado de consecución de los objetivos de la sesión es medio-alto.
Sesión Nº 8:
El objetivo de esta sesión es la toma de conciencia por parte del paciente
de su nivel de asimilación de las técnicas aprendidas, revisar, consolidar y
profundizar en las técnicas aprendidas.
Las técnicas de tratamiento que se utilizaron fueron entrenamiento en
control de la ira. Identificación de situaciones, fisiología de la ira, distracción
cognitiva y tiempo fuera, entrenamiento en habilidades sociales como el
autocontrol de las relaciones sociales, entrenamiento en solución de problemas
como el repaso de las fases de la solución de problemas, entrenamiento en
empatía.
Las tareas para la casa es seguir poniendo en práctica las técnicas
aprendidas, observar situaciones que se den en clase e intentar ponerse en los
lugares de las distintas personas implicadas en ellas.
A pesar del distanciamiento de las sesiones, se sigue observando una
buena actitud en Raúl. Su nivel de compromiso y participación sigue siendo muy
bueno, se muestra receptivo y le gusta realizar los ejercicios que se le plantean.
Comprende el concepto de empatía y sabe aplicarlo en situaciones más o menos
cotidianas, pero sigue dolido con aquellas personas que cree que le han hecho
daño y no asume que deba ser empático con ellas.
El grado de consecución de los objetivos de la sesión es medio-alto.
Sesión Nº 9:
Los objetivos para esta sesión son en base a la toma de conciencia por
parte del paciente de su nivel de asimilación de las técnicas aprendidas, revisar,
consolidar y profundizar en las técnicas aprendidas, preparar y motivar al
paciente de cara al final del tratamiento.
Las técnicas de tratamiento son reestructuración cognitiva, entrenamiento
en autoestima como el auto refuerzo y autoeficacia, entrenamiento en empatía,
prevención de recaídas como el recordar qué hay que hacer en situaciones de
riesgo.
Las tareas para la casa es seguir poniendo en práctica las técnicas
aprendidas, preparar una lista con posibles dudas y preguntas de cara al final
del tratamiento.
Se sigue apreciando una buena relación terapéutica. El paciente sigue
acudiendo contento a las sesiones y continúa mostrándose participativo. Desde
el Instituto informan de que no se ha producido ningún episodio de conducta
violenta ni disruptiva desde el inicio del tratamiento. Raúl demuestra conocer y
haber practicado las técnicas que se van repasando.
El grado de consecución de los objetivos de la sesión es alto.
Sesión Nº 10:
Los objetivos son toma de conciencia por parte del paciente de su
esfuerzo y de los logros obtenidos, revisar las técnicas aprendidas, revisar la
evolución del paciente a lo largo del tratamiento, reforzar y felicitar al paciente
por su actitud durante el tratamiento.
Las técnicas de tratamiento son entrenamiento en autoestima, prevención
de recaídas.
Las tareas para la casa es seguir poniendo en práctica las técnicas
aprendidas, seguir atento ante posibles situaciones de riesgo.
Finalizadas las 10 sesiones, se confirma desde el Instituto que sigue sin
producirse ninguna situación de conducta violenta por parte del paciente. Su
actitud en la consulta ha sido muy positiva, no habiéndose producido ningún
incidente a lo largo de todo el tratamiento, ninguna falta de asistencia a ninguna
sesión, ni siquiera ningún retraso.
El grado de consecución de los objetivos de la sesión es alto.
Una vez desarrolladas las 10 sesiones previstas, y habiendo aplicado
todas las técnicas y entrenamientos programados, dada la ausencia de
conductas violentas y disruptivas, y encontrándonos en la segunda quincena del
mes de mayo, se consideró oportuna la ampliación del tratamiento hasta el final
del curso, con el objetivo de que el paciente terminase el mismo con sentimiento
de éxito en su esfuerzo por la superación de su problemática. Por ello, se
realizaron 5 sesiones adicionales que, con el denominador común de la
reestructuración cognitiva, se dedicaron, respectivamente, al entrenamiento en
empatía, entrenamiento en habilidades sociales, entrenamiento en autoestima,
prevención de recaídas y revisión de todas las técnicas aprendidas
IV. TÉCNICAS
El tratamiento se enfocó en fortalecer la autoestima del evaluado y en
implementar estrategias para prevenir recaídas en conductas violentas. Durante
el proceso terapéutico, se le asignaron tareas para realizar en casa, tales como
continuar practicando las técnicas aprendidas y mantenerse alerta ante posibles
situaciones que pudieran representar un riesgo de recaída.
Al finalizar diez sesiones, se observó que el evaluado no había mostrado
conductas violentas y su actitud en consulta fue positiva. No se registraron
incidentes, ni ausencias o retrasos en las sesiones programadas, lo cual refleja
un alto nivel de logro en los objetivos terapéuticos. Dado el progreso alcanzado
y la ausencia de conductas disruptivas, se decidió extender el tratamiento hasta
el final del período previsto, con el objetivo de que el evaluado finalizara el
proceso sintiendo que había superado sus dificultades.
En esta fase adicional, se llevaron a cabo cinco sesiones más, orientadas
a la reestructuración cognitiva. Estas sesiones incluyeron entrenamiento en
empatía, el desarrollo de habilidades sociales, el fortalecimiento de la
autoestima, la prevención de recaídas y una revisión de las técnicas previamente
aprendidas.
Para evaluar la efectividad del tratamiento, se recogió información
mediante cuestionarios aplicados a personas cercanas al evaluado. Estos datos
revelaron que el evaluado no había protagonizado incidentes desde el inicio del
tratamiento. Aunque su actitud en entornos sociales aún podía mejorar, se
observó un avance significativo en su interés y rendimiento en ciertos aspectos,
aunque persistía cierta inseguridad en áreas donde sentía que no podría tener
éxito.
En términos generales, el tratamiento fue valorado positivamente. El
evaluado mostró una buena actitud, control sobre pensamientos de desconfianza
hacia sus compañeros y una reducción en verbalizaciones en tono bajo.
V. SEGUIMIENTO
A pesar de la recomendación dada a la familia para que el evaluado
continuara con un profesional que pudiera reforzar las técnicas aprendidas y
llevara a cabo pruebas médicas para revisar una obstrucción en el vaso cerebral,
detectada desde que tenía siete años, no se tomó ninguna de estas acciones al
cabo de un año después de terminado el tratamiento. No obstante, un año tras
la finalización del proceso terapéutico, y según las entrevistas realizadas con la
madre, la psicopedagoga y el propio evaluado, no se observaron recaídas en
conductas disruptivas ni conflictos con sus compañeros. Sin embargo, su nivel
de integración y participación continuaba siendo insuficiente.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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conductas de agresividad extrema en el aula. INFORMACIO
PSICOLOGICA, (103), 87–98. Recuperado a partir de
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Beck, J. S. (2023). TCC. Fundación Para la Investigación En Psicoterapia y
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Belsky, G. (2022). ¿Qué es la terapia cognitivo-conductual? Understood.
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