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Brinatico Imperium

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mo británico y francés.

Alrededor del 36% del comercio de esclavos en el


Atlántico entre 1600 y 1885 fue realizado por el imperio Británico, por delante
del imperio colonial francés, donde el 30% del comercio de esclavos en el
Atlántico entre 1600 y 1885 fue realizado por Francia.4567 En el libro de Stuart
Laycock, All the Countries We've Ever Invaded: And the Few We Never Got
Round To, cita que el 90 % de los países del mundo han sufrido una invasión
británica en algún momento de su historia, con solo 22 salvados. Francia es el
rival más cercano al récord de Gran Bretaña con el 80 % de los países del
mundo invadidos por Francia con solo 43 salvados.8

El Imperio extendió la tecnología, el comercio, el idioma inglés y el gobierno


británico por todo el mundo. La hegemonía imperial contribuyó al
espectacular crecimiento económico del Reino Unido y al peso de sus intereses
en el escenario mundial.

Después de la independencia, muchas antiguas colonias británicas se unieron


a la Mancomunidad de Naciones, una asociación libre de estados
independientes. Quince de estos, incluido el Reino Unido, conservan un
monarca común, actualmente el rey Carlos III del Reino Unido.

Origen
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Crecimiento del Imperio en ultramar


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El Imperio británico de ultramar, —en el sentido de la exploración y los


asentamientos británicos a lo largo y ancho de los océanos fuera de Europa y
las islas británicas—, comienza a partir de la política marítima del Rey Enrique
VII, que reinó entre 1485 y 1509. Iniciando líneas comerciales para el comercio
de la lana, Enrique VII estableció un moderno sistema para la marina mercante
inglesa, que contribuyó al crecimiento de los astilleros y la navegación de la
isla. La marina mercante aportó las bases para instituciones mercantiles que
desempeñarían un importante papel en la aventura imperial posterior, como las
compañías Massachusetts Bay Company o la British East India Company.
Enrique VII ordenó también la construcción del primer dique
seco en Portsmouth, y mejoró notablemente la pequeña Marina Real (Royal
Navy).

Enrique VIII y la Marina Real


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Los cimientos del poder marítimo de Inglaterra, que fueron establecidos


durante el reinado de Enrique VII, se ampliaron gradualmente para proteger los
intereses comerciales ingleses y para abrir nuevas rutas. El rey Enrique
VIII fundó la moderna Marina inglesa, triplicando el número de barcos de guerra
que la componían y construyendo los primeros bajeles con armamento pesado
de largo alcance. Comenzó la construcción de su Marina a través del aparato
administrativo centralizado del reino. Además hizo construir muelles y faros que
facilitaban la navegación costera. Enrique VIII creó la Royal Navy, cuyas
innovaciones fueron la base del dominio marítimo de Inglaterra durante los
siguientes siglos.

Primer Imperio británico


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La era isabelina
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Véase también: Época isabelina

Isabel I de Inglaterra sería la gobernante que sentara las


bases del Imperio Británico, librando las primeras batallas con su mayor enemigo en la
expansión colonial, el Imperio español y personalmente, el rey Felipe II

La parte del reinado de Isabel I, entre 1577 y 1590, coincidió con una época de
gran esplendor en la que se cimentaron los inicios del Imperio
británico. Inglaterra comenzaba su expansión ultramarina con John Hawkins y
luego con Francis Drake, librando numerosas guerras contra el Imperio
español de Felipe II. Drake dio la vuelta al mundo, y fue el tercer hombre en
conseguirlo, tras la expedición de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián
Elcano. En 1579, Drake atracó en algún lugar del norte de California y reclamó
para la Corona lo que llamó Nova Albion ('Nueva Inglaterra'), aunque su
reivindicación no fue seguida de ningún asentamiento. Los siguientes mapas
situaron Nova Albion al norte de la Nueva España. El consultor personal de
Isabel, John Dee, fue el primero en utilizar el término Imperio británico.

Los intereses de Inglaterra fuera de Europa aumentaron


considerablemente. Humphrey Gilbert siguió el curso de Cabot cuando partió
hacia Terranova en 1583 y la declaró colonia británica el 5 de agosto en San
Juan. Walter Raleigh organizó la primera colonia de Virginia en 1587, en el
lugar llamado Roanoke. Tanto el asentamiento de Gilbert en Terranova como
la Colonia de Roanoke duraron poco tiempo, y tuvieron que ser abandonados
debido a la escasez de alimentos, el duro clima, los naufragios y los encuentros
con tribus indígenas hostiles.
En 1587 Felipe II, rey de España, comenzó a preparar el plan de invasión de
Inglaterra que se apoyaba en la Armada Invencible y los tercios de Flandes,
dirigidos por Alejandro Farnesio, mientras Isabel reforzaba la marina de su
reino. En 1587, Drake atacó con éxito Cádiz, destruyendo varios barcos y
retrasando efectivamente hasta 1588 a la Armada Invencible. Sin embargo, la
Armada vio frustrado su propósito de invasión por el mal tiempo. La victoria
sobre la Armada llenó de alivio a Isabel, que ya no habría de temer una
invasión de los tercios españoles. Pero el ambiente en Inglaterra tras la batalla
distó de ser una algarabía de fervor patriótico y festejos por el fracaso de la
invasión española. Además, al año siguiente, en 1589, Isabel intenta
aprovechar la ventaja estratégica obtenida sobre España tras el fracaso de la
Armada Invencible enviada por Felipe II y envía su propia flota (conocida como
"Contraarmada" o "Invencible Inglesa") contra las posesiones españolas
acabando también en un auténtico desastre, perdiendo gran cantidad de
barcos, tropas y además los costes de la expedición agotaron el tesoro real de
Isabel, pacientemente amasado durante su largo reinado. Tras el desastre,
Drake cayó en desgracia.

La era Estuardo
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La victoria de los parlamentarios sobre los realistas


en la batalla de Naseby en 1645 fue el punto de inflexión decisivo de la Guerra Civil Inglesa.

Es probable que la derrota de la Armada Invencible española en 1588


consagrase a Inglaterra como potencia naval, aunque lo cierto es que después
de la derrota de la Contraarmada, España siguió como imperio dominante en
los mares. Así, en 1604, el rey Jacobo I de Inglaterra negoció el Tratado de
Londres con el que acababan las hostilidades con España, y el primer
asentamiento permanente de Inglaterra en América se estableció en 1607
en Jamestown (Virginia).

Sin embargo, la política exterior se vio detenida por una serie de problemas
internos: la guerra civil (1642-1645), la República y el protectorado
de Cromwell (1649-1660) y la posterior restauración, todo ello aderezado con
luchas internas entre católicos y protestantes. No fue hasta la Revolución
Gloriosa de 1688 cuando el reino recuperó la necesaria estabilidad interna.

Durante los siguientes tres siglos, Inglaterra extendió su influencia internacional


y consolidó su desarrollo político interior. En 1707, los parlamentos de
Inglaterra y Escocia se unieron en Londres dando lugar al parlamento de Gran
Bretaña. En 1704, en el contexto de la Guerra de Sucesión
Española, Gibraltar es entregado al príncipe de Hesse-Darmstadt que
representaba al Archiduque Carlos de Austria. La posesión sería reconocida
como británica en el Tratado de Utrecht de 1713, que puso fin a la guerra.
España cedía a perpetuidad el peñón al Reino de Gran Bretaña sin jurisdicción
alguna, estableciéndose, no obstante, una cláusula por la cual si el territorio
dejaba de ser británico, España tendría la opción de recuperarlo.

Artículo principal: Guerra de los Siete Años

La muerte del general Wolfe (1771), en las Llanuras de


Abraham, cerca de Quebec (Benjamin West).

Guerras Napoleónicas
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En 1807 el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda ocupa Heligoland (cedida


al Imperio Alemán en 1890). Como consecuencia del Tratado de París de 1814,
el Reino Unido obtiene Malta, Tobago, Santa Lucía, Seychelles y la Isla
Mauricio de Francia.

El Congreso de Viena de 1815 da como protectorado las Islas Jónicas a los


británicos, constituyendo los Estados Unidos de las Islas Jónicas (estas habían
formado parte de la República de Venecia hasta su invasión por Francia).
Los Estados Unidos de las Islas Jónicas serían entregados al Reino de
Grecia por el Tratado de Londres de 1864. Esta entrega puede verse como el
primer ejemplo de descolonización voluntaria por parte del Imperio Británico.

Colonización de América
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Artículo principal: Colonización británica de América

El Mayflower, el barco que transportó colonos británicos


a la colonia de Plymouth en el año de 1620.
El Imperio británico comenzó a tomar forma a principios del siglo XVII,
mediante el establecimiento por parte de Inglaterra de las 13 colonias
de Norteamérica, que fueron el origen de los Estados Unidos así como de las
provincias marítimas de Canadá. También se produjo la colonización de
pequeñas islas en el mar Caribe como Jamaica y Barbados.

Las colonias productoras de azúcar del Caribe, donde la esclavitud se convirtió


en la base de la economía, eran las colonias más importantes y lucrativas para
Inglaterra. Las colonias americanas producían tabaco, algodón, y arroz en el
sur y material naval y pieles de animales en el norte.

El imperio de Inglaterra en América se iba expandiendo gradualmente mediante


guerras y colonias. Inglaterra consiguió controlar Nueva Ámsterdam (después
llamada Nueva York) tras las guerras anglo-neerlandesas. Las colonias
americanas se extendían hacia el oeste en busca de nuevas tierras para la
agricultura. Durante la Guerra de los Siete Años, los ingleses vencieron a los
franceses y se quedaron con Nueva Francia, en 1760, lo que incrementó
sustancialmente los dominios británicos en América del Norte.

Inglaterra intento colonizar sin mucho éxito la costa caribeña de Centroamérica,


en ese entonces bajo dominio del Imperio Español. A pesar de formar parte del
virreinato de la Nueva España, Inglaterra logró establecer el protectorado de la
Mosquitia en 1687, y se dio inicio a la creación de varios asentamientos en lo
que hoy comprende el norte de Honduras incluyendo las Islas de la bahía, las
cuales estuvieron en varias disputas con España lo cual terminaría en
conflictos armados como la Batalla de Roatán. Dichas islas ya poseían varios
colonos permanentes de origen inglés y escocés desde el siglo XVII, pero no
serían incorporadas de manera oficial al imperio hasta el siglo XIX bajo la
creación de la colonia de las Islas de la Bahía.9

Intento de colonización del Río de la Plata


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Artículo principal: Invasiones Inglesas

El Imperio británico intentó controlar la zona del Río de la Plata (Buenos Aires y
Montevideo), a través de dos intentos de dominación, denominados
«Invasiones Inglesas». El primer intento de invasión se realizó en el año 1806
con la ocupación de Buenos Aires y su recuperación posterior con tropas
llegadas desde Montevideo, lo que le valió a esta última ciudad el recibir el
título de "Muy fiel y Reconquistadora" por parte de la Corona española. El
segundo intento de invasión se inició esta vez en la Banda Oriental (actual
territorio de la República Oriental del Uruguay) al ocupar los ingleses
Maldonado y luego Montevideo en enero de 1807. La invasión fue finalmente
rechazada a mediados del mismo año en Buenos Aires, retirándose las tropas
inglesas del Río de la Plata.

Colonización de Oceanía
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James Cook .

Después, los asentamientos en Australia (que comenzaron con las colonias


penales en 1788) y Nueva Zelanda (bajo el dominio de la Corona desde 1840)
crearon una nueva zona para la migración desde las islas británicas, por lo que
las poblaciones indígenas tuvieron que sufrir guerras y, especialmente,
enfermedades, reduciéndose su tamaño en alrededor de un 60–70% en algo
menos de un siglo. Estas colonias obtuvieron después autogobierno y se
convirtieron en rentables exportadoras de lana y oro.

En 1770 James Cook exploró la costa este de Australia, en un viaje científico al


Océano Pacífico Sur, así confirmó el continente para Gran Bretaña, y la llamó
Nueva Gales del Sur. En 1778, Joseph Banks, botánico en el viaje de Cook,
presentó evidencia al gobierno sobre la idoneidad para el establecimiento de
una colonia penal, y en 1787 se envió la primera expedición de convictos,
llegando en 1788. Gran Bretaña continuó el transporte de convictos a Nueva
Gales del Sur hasta 1840. Las colonias australianas se convirtieron en
exportadores rentables de lana y oro, principalmente a causa de la fiebre del
oro en la colonia de Victoria, por lo que su capital Melbourne se convirtió en la
ciudad más rica del mundo y la ciudad más grande después de Londres en el
Imperio británico.

Durante su viaje, Cook también visitó Nueva Zelanda, que había sido
descubierta por los exploradores Juan Fernández y Abel Tasman y reclamó las
islas del Norte y del Sur para la corona británica en 1769 y 1770
respectivamente. Inicialmente, la interacción entre los indígenas maoríes y los
europeos se limita a los intercambios de bienes. La colonización europea
aumentó a través de las primeras décadas del siglo XIX, con numerosas
estaciones comerciales establecidas especialmente en el norte. En 1839, la
compañía de Nueva Zelanda había anunciado planes para comprar grandes
extensiones de tierra y establecer colonias en Nueva Zelanda. El 6 de febrero
de 1840, el capitán William Hobson y alrededor de 40 jefes maoríes firmaron el
Tratado de Waitangi. Este tratado es considerado por muchos como el
documento fundacional de Nueva Zelanda, pero las diferentes interpretaciones
de los maoríes y las versiones en inglés del texto, han hecho que continúe
siendo una fuente de controversia.
Libre comercio, «imperio informal»
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La Guerra de la Independencia de Estados Unidos cambió


la concepción del Imperio británico, lo que se buscaba era mantener el comercio con las
antiguas colonias, que ya independientes, podían sufragar sus gastos en defensa y

administración. Máquina de hilado. La industria


textil junto con la locomotora a vapor, son dos de los elementos característicos de
la Revolución industrial, en especial durante la Época victoriana, que fueron clave para que
Reino Unido fuera la potencia mundial más importante entre 1815 y 1914.

El antiguo sistema colonial británico comenzó a declinar durante el siglo XVIII.


Fue un período de dominación whig en la vida política nacional (1714-1762), el
Imperio se convirtió en algo de menor importancia, hasta que un intento de
subir los impuestos en las colonias norteamericanas desató la Guerra de
Independencia y la independencia de las mismas (1776).

A menudo se alude a este período como el del «Primer Imperio británico»,


indicando el cambio de dirección en la expansión británica, que se dirigió
fundamentalmente a las Américas durante los siglos XVII y XVIII, mientras que
durante el «Segundo Imperio británico» se centró en Asia y África (a partir del
siglo XVIII). La pérdida de los Estados Unidos mostró que poseer colonias no
era necesariamente una ventaja en términos económicos, ya que Gran
Bretaña podía aún controlar el comercio con sus ex-colonias sin tener que
pagar por su defensa y administración.

El mercantilismo, la doctrina económica que presupone la competición entre


naciones por una cantidad de riqueza finita, había caracterizado el primer
período de expansión colonial, pero cedió paso al laissez-faire económico,
el liberalismo de Adam Smith y sus sucesores.

La lección aprendida por el Reino Unido tras la pérdida de Norteamérica —que


el comercio puede seguir aportando prosperidad, incluso en ausencia de
dominio colonial— contribuyó durante los años cuarenta y cincuenta del
siglo XIX a la extensión del modelo de colonia autogobernada, que se concedió
a las colonias pobladas por blancos en Canadá y Australasia. Irlanda tuvo un
trato diferente, siendo incorporada al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda en
1801.

En este período, el Reino Unido prohibió el comercio de esclavos (1807) y


pronto comenzó a forzar a otras naciones a hacer lo mismo. A mediados del
XIX, se había conseguido erradicar la esclavitud de la mayor parte del mundo.
La esclavitud fue abolida en las colonias británicas en 1834. Esta ley ponía fin
al comercio de esclavos en el Reino Unido y sus colonias, pero no a la
esclavitud en sí.

Entre el Congreso de Viena de 1815 y la Guerra franco-prusiana de


1870, Reino Unido fue la única potencia industrial del mundo, con más del
30 % de la producción industrial global en 1870. En su papel de «taller del
mundo», el Reino Unido podía producir manufacturas de modo tan eficiente y
económico que podía vender más barato que los productores locales en los
mercados extranjeros. A partir de condiciones políticas estables en ciertos
mercados de ultramar, el Reino Unido pudo prosperar gracias al comercio, sin
necesidad de recurrir al gobierno formal en su área de influencia.

El Imperio británico en Asia


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Véase también: Raj británico

Caricatura política de 1876: Benjamin Disraeli (1804-1881)


nombrando emperatriz de la India a la reina Victoria.

La victoria de las fuerzas de la Compañía Británica de las Indias


Orientales (British East India Company) en la batalla de Plassey en 1757 abrió
la provincia india de Bengala al dominio británico, aunque la posterior
hambruna (1770) exacerbada por las expropiaciones realizadas por el gobierno
provincial fue controvertida en la metrópoli. El siglo XIX vio como el control de
la Compañía se extendía sobre toda la India. En 1842 una fuerza anglo-india
de la Compañía sufrió su completa destrucción en la Batalla de
Gandamak en Afganistán. Tras la rebelión de los cipayos de 1857 los territorios
de la Compañía pasaron a estar bajo la administración de la Corona (1858).
La Reina Victoria (1837-1901) fue proclamada Emperatriz de la India
británica en 1876.

Ceilán (actual Sri Lanka) y Birmania se unieron a la lista de territorios británicos


en Asia, que se extendían por el este hasta Malasia y, desde 1841, a Hong
Kong tras la Primera Guerra del Opio en defensa de las exportaciones
de opio de la Compañía al Imperio chino.

Los intereses británicos en China comenzaron a finales del siglo XVIII, cuando
el Reino Unido se convirtió en un gran importador de té. El comercio del té creó
un déficit que los británicos trataron de corregir exportando opio de la India a
China, a pesar de la oposición de las autoridades chinas. El conflicto dio lugar a
las Guerras del Opio, en las que el Reino Unido derrotó en dos ocasiones a
China.

Tras las Guerras del Opio, el Reino Unido mantuvo unas complejas relaciones
con China. Aunque se anexionó Hong Kong, la mayor parte de su comercio con
China se regulaba mediante tratados que permitían el comercio a través de un
cierto número de puertos. Como resultado, el Reino Unido estaba interesada
en mantener un estado chino independiente, ya que su destrucción hubiera
abierto la posibilidad de ganancias territoriales para otras potencias
occidentales.

A la vez, Reino Unido no quería que el Estado chino fuera demasiado fuerte, ya
que ello hubiera supuesto que China pudiera cancelar o renegociar sus
tratados. Estos intereses explican la aparente contradicción de las
actuaciones[británicas respecto de China: Reino Unido apoyó a la
dinastía Qing durante la rebelión de Taiping, pero al mismo tiempo, mediante
una alianza con Francia, se embarcó en la Segunda Guerra del Opio (1856-
1860) contra la corte Qing.

Ruptura de la Paz Británica


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El Imperio Británico en 1886, en rosa, que era el color en que se coloreaban los dominios

británicos en los mapas. La Royal


Navy jugó un papel clave en el establecimiento del Imperio británico como Superpotencia
mundial, el control de todas sus colonias y la posibilidad de adquirir todo tipo de materias en
cualquier lugar del mundo. Desde finales del siglo XVIII hasta la Segunda Guerra Mundial fue la
armada más poderosa del mundo.10
En su condición de primer país industrializado, Reino Unido fue capaz de
conseguir materias primas y mercado en la mayor parte del mundo accesible.
Esta situación empeoró gradualmente a lo largo del siglo XIX en la medida en
la que otras potencias comenzaron a industrializarse y comenzaron a utilizar la
maquinaria del estado para garantizar sus mercados y fuentes de
abastecimiento. En los años setenta del XIX, los fabricantes británicos en los
sectores clave de la Revolución Industrial, comenzaron a experimentar una
competencia real. Cuando los británicos eran esenciales para los demás.

La Industrialización progresó rápidamente en el Imperio Alemán y los Estados


Unidos, permitiendo a estos países superar el modelo británico y francés del
«viejo» capitalismo. Las industrias alemanas en el sector textil y el del metal,
habían sobrepasado a las del Reino Unido en 1870, en cuanto a su
organización y eficiencia y habían derrotado a los fabricantes británicos en su
mercado nacional. Con el cambio de siglo, la industria alemana estaba
produciendo para el antiguo «taller del mundo».

Mientras que las exportaciones invisibles (banca, seguros y transporte de


mercancías) mantuvieron al Reino Unido a salvo de los números rojos, su
porción en el comercio mundial pasó de ser un cuarto del mismo en 1880 a un
sexto en 1913. El Reino Unido estaba perdiendo no solo los mercados de los
países que se estaban industrializando, sino también la competición por los
mercados de terceros países menos desarrollados. Incluso comenzaba a
perder su hegemonía en zonas como la India, China, América del Sur y las
costas de África.

Las dificultades comerciales del Reino Unido se agudizaron con la «Gran


Depresión» de 1873-1896, un período prolongado de deflación, acentuado por
las continuas quiebras de negocios que añadieron presión para que los
gobiernos favorecieran la industria nacional, lo que condujo al masivo
abandono del libre comercio entre las potencias europeas (en Alemania desde
1879 y en Francia desde 1881).

La limitación tanto de los mercados nacionales como de las exportaciones que


se produjo como resultado hizo que los gobiernos y los sectores económicos,
tanto de Europa como de los Estados Unidos, vieran la solución en mercados
de ultramar protegidos que actuaran unidos al mercado nacional, defendido por
aranceles y barreras aduaneras: las colonias ofrecerían un mercado para las
exportaciones, a la vez que proveerían a la metrópoli de materias primas
baratas. Aunque adherida al libre comercio hasta 1932, Reino Unido se unió al
nuevo ímpetu por un renovado imperio formal, lo cual era preferible a permitir
que sus áreas de influencia fueran tomadas por el comercio de las potencias
rivales.

Reino Unido y el Nuevo Imperialismo


[editar]
La reina Victoria, que reinó entre 1837 y 1901. La época
victoriana de la historia del Reino Unido marcó la cúspide de su revolución industrial y del
imperio británico. Una cuarta parte de la población mundial eran súbditos suyos y una quinta
parte de las tierras emergidas eran de su posesión.

La política e ideología de la expansión colonial europea entre 1870 y el


comienzo de la Primera Guerra Mundial en 1914 se denominan a menudo
como el «Nuevo Imperialismo». El período se caracteriza por una búsqueda sin
precedentes de «el imperio por el imperio», una competencia agresiva entre las
potencias para conseguir territorios de ultramar y la aparición en los países
conquistadores de doctrinas que justifican la superioridad racial y que niegan la
aptitud de los pueblos subyugados para gobernarse por sí mismos.

Durante este período, las potencias europeas sumaron casi 23 000 000 km² a
sus posesiones coloniales. Dado que antes de 1880 estaba prácticamente
desocupada por las potencias occidentales, África se convirtió en el principal
objetivo de la «nueva» expansión imperialista, aunque esta conquista afectó
igualmente a otras áreas; en especial el Sudeste asiático y el Pacífico, donde
los Estados Unidos y Imperio del Japón se unieron a las potencias europeas en
su lucha por territorios.

La entrada del Reino Unido en la nueva era imperial se fecha a menudo en


1875, año en que el gobierno conservador de Benjamin Disraeli compró al
endeudado gobernante de Egipto, Ismail Pasha, su parte en el Canal de
Suez para asegurarse el control de esta vía estratégica, un canal para el tráfico
entre Reino Unido y la India desde su apertura seis años antes, bajo el
Emperador Napoleón III. El control financiero conjunto de Reino
Unido y Francia sobre Egipto acabó en la ocupación británica del país en 1882.

Reino Unido y África


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El coloso de Rhodes, icónica imagen del político
británico Cecil Rhodes abarcando desde «El Cabo a El Cairo».

Durante las Guerras Napoleónicas las islas Seychelles cambiaron de manos en


diversas ocasiones. El Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda controló las islas
entre 1794 y 1811, para convertirse definitivamente en posesión británica tras
el Tratado de París de 1814. La colonia de las Seychelles fue una dependencia
de Mauricio hasta 1903.

En 1810 durante las Guerras Napoleónicas a pesar de la derrota


naval británica de la batalla de Grand-Port cerca de la Isla de
Francia (actual Mauricio) contra los franceses, éstos fueron derrotados por los
británicos al norte de la isla, en Cabo Malheureux, un mes después.
Los británicos invaden la isla de Mauricio el 3 de diciembre de 1810 y el 6 de
diciembre de 1810, Mauricio capituló ante el vicealmirante Albemarle Bertie.
Ello significó la pérdida de la posesión a favor de los británicos y la posterior
reversión de la isla a su nombre antiguo.

En 1875 las dos posesiones europeas más importantes en África eran Argelia y
la Colonia del Cabo. En 1914 tan solo Etiopía y la república
de Liberia permanecían fuera del control europeo. La transición entre un
«imperio informal» que controlaba a través de la dominación económica y el
control directo supuso una lucha por el territorio entre las potencias europeas.

La actividad francesa, belga y portuguesa en la zona del Río


Congo amenazaba con debilitar la ordenada colonización del África tropical.
La Conferencia de Berlín de 1884-85 pretendía regular la competición entre las
potencias, definiendo la «ocupación efectiva» como el criterio para el
reconocimiento internacional de las reivindicaciones territoriales, una fórmula
que precisó del recurso habitual a la violencia contra los estados y pueblos
indígenas.

La ocupación de Egipto por parte del Reino Unido en 1882 (a raíz de los
intereses en el canal de Suez) contribuyó a un aumento de la preocupación
respecto del control del valle del Nilo, que condujo a la conquista del
vecino Sudán en 1896–98 y al enfrentamiento con fuerzas expedicionarias
francesas en Fashoda en septiembre de 1898.

En 1899 Reino Unido se lanzó a completar la conquista de Sudáfrica, que


había comenzado con la anexión en 1795 de El Cabo, a través de la invasión
de las repúblicas afrikáneres en la región productora de oro del Transvaal y del
vecino Estado Libre de Orange. La British South Africa Company ya había
tomado las tierras al norte, rebautizándolas como Rodesia en homenaje a su
jefe, el magnate del Cabo Cecil Rhodes. Las críticas por estas anexiones
condujeron al «Espléndido aislamiento» del Reino Unido.

Las conquistas británicas en el África meridional y oriental, lanzaron a Rhodes


y a Alfred Milner, el Alto Comisionado británico en Sudáfrica, a solicitar con
urgencia un Imperio unido por ferrocarril «desde el Cabo hasta El Cairo», que
uniría el estratégicamente importante Canal de Suez con el sur, rico en
minerales, aunque la ocupación alemana de Tanganica evitó su realización
hasta el final de la Primera Guerra Mundial.

En 1903, el sistema de telégrafo ya comunicaba las partes más importantes del


Imperio.

Paradójicamente, Reino Unido, acérrima defensora del libre comercio, emergió


en 1914 no solo con el mayor imperio de ultramar gracias a su larga presencia
en la India, sino como vencedora en la lucha por África, dada su ventajosa
posición al comienzo de la misma. Entre 1885 y 1914 Reino Unido tomó
aproximadamente al 30 % de la población africana bajo su control, comparado
con el 21 % de Francia, el 9 % de Alemania, el 7 % de Bélgica o el 1 %
de Italia: solo Nigeria contribuía con 15 millones de súbditos, más que todo
el África Occidental Francesa o todo el imperio colonial de Alemania.

Autonomía en las colonias


[editar]

Mujeres y niños Bóers deportados a un campo de


concentración británico hacia 1900, durante las Guerras de los Bóer, en la actual Sudáfrica.

El Imperio británico comenzó su transformación hacia lo que hoy en día es


la Commonwealth con la extensión del estatus de Dominio a las colonias con
autogobierno del Dominio de
Terranova (1855), Canadá (1867), Australia (1901), Nueva Zelanda (1907), y la
recién creada Unión de Sudáfrica (1910). Los dirigentes de los nuevos estados
se reunían con los estadistas británicos en cumbres periódicas llamadas
Conferencias Coloniales (y desde 1907, Conferencias Imperiales), la primera
de las cuales se mantuvo en Londres en 1887.

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