La insaciable
Usted ve a uno así, pero uno tiene sangre. El hombre mientras más callado más presion guarda
dentro de sí. Conviene dejarlo callado y tranquilo, no sea que esa presion caiga sobre usted.
No había día que no llegara a la casa con un detalle para ella. A veces era una o varias flores; a
veces un helado, una prenda de ropa, un libro, un perfume… Ella me decía quiero ver a mi
mama y yo nunca le puse un pero. Esa pobre vieja se cansó de trabajar en casa de familia,
hasta gastarse las manos, aguantando humillaciones para sacar adelante a esa muchacha.
Desde que me casé con esa mujer, su mama no volvió a dar un golpe ni de karate. Yo me he
encargado de que no le falte nada a esa viejita y que tenga el descanso que nunca tuvo. Desde
que el don la abandonó ni ella ni su hija le vieron jamás la cara, ¡como hay hombres así!
A los 3 meses de amores con ella comencé a construir mi casa; su casa. Esa casa grande y
lujosa que usted ve cuando llega al pueblo de Pimentel entrando por la primera calle a mano
izquierda. Cuatro habitaciones, todavía o sé cuántos baños, piscina… ¡qué clase de mujer no
agradece que la traten así!
Usted y yo somos amigos desde que entre aquí hace veinte años. Usted nunca preguntó y yo
nunca le conté.
En nuestro primer aniversario le compré el carro que ella quería un Toyota camry del 0 km. fue
la única mujer que le presenté a mi mamá, ¿sabes?
De cariño ni se diga. Yo dejaba lo que sea para ir a hacerle el amor. Recuerdo una vez que
perdí la inversión de unos clientes alemanes que querían construir unas villas en las terrenas.
Ya iba a empezar la reunión cuando ella me mando una foto por WhatsApp, con unos pantis
que cubrían solo la mitad de sus nalgas, y ni tanto porque era hecho en encajes. recuerdo que
dije que se me presento una emergencia. Llegué a mi casa como un degaritao, no sé a qué
horas le metí las llaves a esa puerta y entre y la encuentro acostada en la cama sobre sus
codos, con los pantis que te dije, esas chapas eran un par de melones le di una margá que soltó
el libro que estaba leyendo de un susto. No hubo tiempo de cerrar la Cortina y las puertas que
miraban hacia el balcón son de cristal. Comencé besando todo lo que me permitía su ropa
interior y cuando me estorbaron los pantis, metí los dedos en los espacios del encaje y los
rompí, para poder seguir besando ahí como si fuera su boca. Lo más cercano a la existencia de
los vampiros era yo ese día succionando todo lo que pude. sus manos terminaron sobre la
cama y sus pies en el piso dándome una vista en primer plano de todo lo que me gusta. Enredé
ese pelo largo en mi mano derecha como si fueran las riendas de una yegua. Monté a esa fiera
como si fuera el maldito Jesse James. De eso no digo más. El caso es que volví a la oficina y me
quedé todo el día en casa disfrutando lo que Dios me había dado. Los inversionistas jamás
volvieron
A pesar de todo yo fui feliz con ella. Pero uno tiene sangre. Los viernes eran de cine, los
sábados de salir a bailar, a veces solos y a veces con algunos amigos, entre ellos el que resulto
que no era amigo de nadie. Los domingos de cerveza en la playa o la piscina, o de películas y
vino. Ella se dedicaba a vender las casas y apartamentos que construimos en la empresa para
la venta.
Un día llego a la casa a mitad de la mañana. No era raro, yo a veces dejaba la oficina o el
trabajo de campo con cualquier excusa para ir a estar con esa mujer. Ya en este tiempo nos
habíamos mudado a la capital, porque el trabajo nos obligó. Ella me abre la puerta y estaba
tomándose un café con ese amigo que te digo que no era bueno. Estábamos acostumbrado a
él y salíamos juntos a bailar o de playa. tú no sabes las veces que la mujer de ese carbrón se
me insinuó, pero yo respeto a los hombres. Ahora que lo pienso uno no debe ser tan serio. No
me gustó ni un chin encontrarlo en mi casa a esas horas, más cuando él sabía que yo no
estaba. Contraté un detective y le di seguimiento. a mi algo se me desprendió del corazón, una
maldita duda que no sabía controlar porque nunca había sentido celos en mi vida.
Paso un tiempo y me estaba olvidando de eso. Le había quitado el caso al detective; le dejé
claro a ella que no quería hombres en mi casa; no volví a ver nada raro y las cosas poco a poco
tomaban su curso. Pero te confieso que la duda es una hierba mala de matar. Un fin de
semana llegábamos de un resort, nos acostamos temprano porque al otro día ella debía
mostrar unos apartamentos nuevos y yo tenía que revisar las construcciones que me tocaban.
Así lo hicimos. Pero como a las 10:00 de la mañana me suena el teléfono. Era el detective que
yo había contratado y que ya le había dicho que no siguiera investigando porque a los dos
meses no encontró nada y yo seguía pagando sus honorarios. –¿nos podemos juntar? Me dijo.
a mí se me puso frio el corazón, porque es que uno tiene sangre no agua por las venas. Me
mostró unas fotos de ella con el mismo tipo. Me dijo que él ya no estaba investigando que los
vio por casualidad y les tomó las fotos, que si le quería pagar algo que le pagara.
Me fui para la casa, pasé antes por la floristería porque si no llegaba con algún detalle ella iba a
sospechar que algo no andaba bien. Yo ya la tenía acostumbrada. Seguí como si nada, después
de todo en las fotos solo estaban hablando, pensé que podía manejar eso con calma y si tenía
que dejarla el mundo no se iba a acabar por eso. Ella llegó después que yo y todo normal,
aunque con mi matita de dudas ya hecha un árbol.
-Debo mostrar los apartamentos del km. 13. me dijo ella. Que su puestamente había un
comprador interesado no escuché más, le dije que no hay problema. Cuando iba a salir en la
mañana noté que no se llevó las llaves de los apartamentos del 13, la única llave que faltaba
era la de un apartamento que compré para vender y ver si me ganaba algo pero que el maldito
apartamento no se vendía por nada. Ya lo estaba ofreciendo por lo que lo compre que era muy
por debajo de su precio. Ahora que lo pienso no era que no se vendía, es que ella nunca lo
quiso vender. Cogí para allá, pasé por la oficina donde tengo copias de llaves de todo lo que
compro o construyo. Entré como ladrón en la noche sin ser el mesías. Abrí despacio la puerta y
eso bastó. Justo en la sala frente a mis ojos. Estaba con el mismo desgraciado y otro tipo más,
los tres desnudos acostados en una alfombra que no debería estar ahí y con copas de vino en
la mano.
Lo demás que te puedo contra quizá ya lo sabes. Porque salió por las noticias. Mañana, cumplo
la sentencia que me dieron. 20 años
de mi vida. Ahora que lo pienso, se fueron rápido. A ti te quedan 2 más. Yo mismo vengo a
recogerte, tendrás donde dormir, y trabajo. Ahora sí te voy a responder a la pregunta que me
hiciste. ¿que si estoy arrepentido o que si lamento lo que hice? Lo único que yo lamento amigo
es no tener una máquina del tiempo, para volver al punto donde le vacié dos veces la pistola,
pero no para pensarlo dos veces sino para llevar más balas o para devolver el tiempo y
matarlos varias veces. A uno para que respete a l hombres, al otro por traicionar a un amigo y
a ella por insaciable.