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LIBROE - Noel Y AA PDF

Fraccion del papel fundamental de docente

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1.

TEMA:

EL DOCENTE:

1.1 FUNCIÓN CENTRAL DEL DOCENTE


Aunque es innegable el carácter individual y endógeno del aprendizaje escolar, éste no
sólo se compone de representaciones personales, sino que se sitúa asimismo en el plano
de la actividad social y la experiencia compartida. Es evidente que el estudiante no
construye el conocimiento, en solitario, sino gracias a la mediación de los otros y en un
momento y contexto cultural particular. En el ámbito de la institución educativa, esos
“otros” son, de manera sobresaliente, el docente y los compañeros de aula.
Desde diferentes perspectivas pedagógicas, al docente se le han asignado diversos roles:
el de transmisor de conocimientos, el de animador, el de supervisor guía del proceso de
aprendizaje, e incluso el de investigador educativo. A lo largo del presente trabajo
sostendré que la función del maestro no puede reducirse a la de simple trasmisor de la
información ni a la de facilitador del aprendizaje; en el sentido de concretarse tan sólo a
arreglar un ambiente educativo enriquecido, esperando que los alumnos por sí solos
manifiesten una actividad auto estructurante constructiva.
Antes bien, el docente se constituye en un organizador y mediador en el encuentro del
alumno con el conocimiento. Aunque dicha mediación se caracteriza de muy diversas
formas, consideremos la siguiente descripción que contiene una visión amplia respecto
(Gimeno Sacristán, 1988; Rodrigo, Rodríguez y Marrero, 1993, p. 2453)
El profesor es mediador entre el alumno y la cultura a través de su propio nivel cultural.
Entender como los profesores median en el conocimiento que los alumnos pueden
aprender en las instituciones escolares, es un factor necesario para que se comprenda
mejor por que los estudiantes difieren en lo que aprenden; las actitudes hacia lo aprendido
y hasta la misma distribución social de lo que se aprende.
Es difícil llegar a un consenso acerca de cuáles son los conocimientos y habilidades que
un “buen profesor” debe poseer, pues ello depende de la opción teórica y pedagógica que
se tome de la visión filosófica y de los valores y fines de la educación con los que se
asuma un compromiso. Desde la perspectiva en que ubicamos este texto, coincidimos con
Cooper (1999) en que puedan identificarse algunas áreas generales de competencia
docente, congruentes con la idea de que el profesor apoya al alumno a construir el
conocimiento, a crecer como persona y a ubicarse como actor de su entorno. Dichas áreas
de competencia son las siguientes:
1. Conocimiento teórico suficientemente profundo y pertinente acerca del aprendizaje,
del desarrollo y el comportamiento humano.
2. Despliegue de valores y actitudes que fomenten el aprendizaje y las relaciones humanas
genuinas.
3. Dominio de los contenidos o materias que enseña

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4. Control estrategias enseñanza que faciliten el aprendizaje del alumno y lo hagan
emotivamente.
5. Conocimiento personal práctico sobre la enseñanza.
En una línea de pensamiento similar, Gil Carrascosa, Furio y Martínez-Torregrosa (1991)
consideran que la actividad docente, y los procesos mismos de formación del profesorado,
deben plantearse con la intención de generar un conocimiento didáctico o saber
integrador, el cual trascienda el análisis crítico y teórico para llegar a propuestas concretas
y realizables que permitan una trasformación positiva de la actividad docente. El hilo
conductor de este proceso de cambio didáctico es la problemática que genera la práctica
docente y las propias concepciones espontáneas sobre la docencia. Siendo fieles a los
postulados constructivistas en su práctica cotidiana es la plataforma para construir el
conocimiento didáctico integrador al que se hizo referencia anteriormente. En su
propuesta de formación para docentes de ciencias a nivel medio, estos autores parten de
pregunta ¿qué conocimientos deben tener los profesores y qué hacer?, a la cual responden
con los siguientes planteamientos didácticos:
1. Conocer la materia que han de enseñar.
2. Conocer y cuestionar el pensamiento docente espontáneo.
3. Adquirir conocimientos sobre el aprendizaje de las ciencias.
4. Hacer una crítica fundamentada de la enseñanza habitual.
5. Saber preparar actividades.
6. Saber dirigir la actividad de los alumnos.
7. Saber evaluar.
8. Utilizar la investigación e innovación en el campo.
Por lo anterior, es evidente que, tal como opina Maruny (1989), enseñar no es sólo
proporcionar información, sino ayudar a aprender, y para ello el docente debe tener un
buen conocimiento de sus alumnos: cuáles son sus ideas previas, qué son capaces de
aprender en un momento determinado, su estilo de aprendizaje, los motivos intrínsecos y
que los animan o desalientan, sus hábitos de trabajo, las actitudes y valores que
manifiestan frente al estudio concreto de cada tema, etcétera. La clase no puede ser ya
una situación unidireccional, sino interactiva, donde el manejo de la relación con el
alumno y de los alumnos entre sí forme parte de la calidad de la docencia misma (Barrios,
1992)
La metáfora del andamiaje (scaffolding) propuesta por Bruner en los setenta nos permite
explicar la función tutorial que debe cubrir el profesor. Pero la administración y ajuste de
la ayuda pedagógica de parte del docente no es sencilla, no es solo un cambio en la
cantidad de ayuda, sino en su calificación. En ocasiones podrá apoyar los procesos de
atención o de memoria del alumno, en otras intervendrá en la esfera motivacional y
afectiva, o incluso inducirá en el alumno estrategias o procedimientos para un manejo
eficiente de la información.

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Para que dicho ajuste de la ayuda pedagógica sea eficaz, es necesario que se cubran dos
características (Onrubia, 1993)
a) que el profesor tome en cuenta el conocimiento de partida del alumno,
b) que provoque desafíos y retos abordables que cuestionen y modifiquen dicho
conocimiento. Finalmente, una meta central de la actividad docente es incrementar
competencia, la comprensión y la actuación autónoma de los alumnos.
Cabe señalar que no se puede proporcionar el mismo tipo de ayuda ni intervenir de manera
homogénea e idéntica con todos los alumnos, puesto que una misma intervención del
profesor puede servir de ayuda ajustada en unos casos y en otros no. Es por ello que
Onrubia propone como eje central de la tarea docente una actuación diversificada y
plástica, que acompañe de una reflexión constante de y sobre lo que ocurre en el aula, y
que a la vez se apoye en una planificación CUIDADOSA de la enseñanza.
La función central del docente consiste en orientar y guiar la actividad mental constructiva
de sus alumnos, a quienes proporcionará una ayuda pedagógica ajustada a su
competencia.
Aunque es innegable que el propósito central de la intervención educativa es que los
alumnos se conviertan en aprendices, así como en pensadores críticos y planificadores
activos de su propio aprendizaje, la realidad es que esto sólo será posible si lo permite el
tipo de experiencia interpersonal en que se vea INMERSO EL ALUMNO. Según
Belmont (1989) uno de los roles mas importantes que cubre el Docente es favorecer en el
educando el desarrollo y mantenimiento de una serie de estrategias cognitivas a través de
situaciones de experiencia interpersonal institucional.
No existe una vía única para promover el aprendizaje, es necesario que el docente,
mediante un proceso de reflexión sobre el contexto y características de su clase, decida
que es conveniente hacer en cada caso, considerando:
• Las características, carencias y conocimientos previos de sus alumnos.
• La tarea de aprendizaje a realizar.
• Los contenidos y materiales de estudio.
• Las intencionalidades u objetivos perseguidos.
• La infraestructura y facilidades existentes
• El sentido de la actividad educativa y su valor real en la formación del alumno.
La formación del docente debe abarcar los siguientes planos: conceptual, reflexivo y
práctico.

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