Resiliencia
En psicología, el término resiliencia se refiere a la capacidad de los sujetos para
sobreponerse a períodos de dolor emocional y traumas. Cuando un sujeto o grupo
(animal o humano) es capaz de hacerlo, se dice que tiene una resiliencia
adecuada, y puede sobreponerse a contratiempos o incluso resultar fortalecido por
los mismos. Actualmente la resiliencia es considerada como una forma de
psicología positiva no encuadrándose dentro de la psicología tradicional..
Es la capacidad de una persona o grupo para seguir proyectándose en el futuro a
pesar de acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de
traumas a veces graves. La resiliencia se sitúa en una corriente de psicología
positiva y dinámica de fomento de la salud mental y parece una realidad
confirmada por el testimonio de muchísimas personas que, aun habiendo vivido
una situación traumática, han conseguido encajarla y seguir desenvolviéndose y
viviendo, incluso, en un nivel superior, como si el trauma vivido y asumido hubiera
desarrollado en ellos recursos latentes e insospechados. Aunque durante mucho
tiempo las respuestas de resiliencia han sido consideradas como inusuales e
incluso patológicas por los expertos, la literatura científica actual demuestra de
forma contundente que la resiliencia es una respuesta común y su aparición no
indica patología, sino un ajuste saludable a la adversidad.
La resiliencia como concepto es un término que proviene de la física y se refiere a
la capacidad de un material para recobrar su forma después de haber estado
sometido a altas presiones. Por lo tanto en las ciencias sociales podemos deducir
que una persona es resiliente cuando logra sobresalir de presiones y dificultades
de un modo que otra persona no podría desarrollar.
Resiliencia y bienestar infantil
El concepto de resiliencia es aplicable tanto a los padres como a los niños. La
resiliencia puede definirse como la capacidad o recursos para mantener un
proceso normal de desarrollo a pesar de las condiciones difíciles en que se viven o
se han vivido.
La resiliencia es un concepto que nos interesa desde su perspectiva dinámica e
interaccional; no como un factor individual independiente del entorno, sino influido
por las condiciones de ese entorno.
La resiliencia es un concepto interactivo: puede haber una parte que depende de
aspectos constitutivos del individuo, pero también se ve influido por lo que recibe
del entorno. Diferentes investigaciones sobre este fenómeno han permitido
establecer una lista de factores relacionales que facilitan la emergencia y el
desarrollo de la resiliencia:
Características de la resiliencia
Edith Groberg, Ph.D, investigadora del Civitan International Center, University of
Alabama at Birmingham, en Estados Unidos, describe las siguientes caraterísticas
de la resiliencia:
Yo Tengo: personas a mi alrededor que me quieren incondicionalmente y
en quienes confío. Ellos me ponen límites y me enseñan, pero me dejan
desenvolverme solo. Me ayudan cuando estoy enfermo o en peligro.
Yo Soy: una persona por la que los demás sienten aprecio y amor. Me
siento feliz cuando hago algo bueno para los demás y les demuestro mi
afecto.
Yo Estoy: dispuesto a responsabilizarme de mis actos y estoy seguro de
que todo saldrá bien.
Yo Puedo: buscar la forma de resolver mis problemas. Me controlo cuando
tengo ganas de hacer algo peligroso o que no está bien. Soy capaz de
encontrar a alguien que me ayude cuando lo necesito.
Factores de riesgo
Dentro de las influencias negativas del entorno que pueden afectar a los niños se
pueden citar:
Disfuncionalidad familiar: padres separados, agresividad dentro de la
familia, falta de comunicación. Numerosas parejas de los padres.
Padres consumidores de sustancias estimulantes o alcohol: padres a los
que el niño teme que se descontrolen, no le dan confianza.
Alteraciones psíquicas familiares: los pequeños notan que sus padres no
los pueden proteger ni entregar las condiciones afectivas ni económicas
para que se desarrollen con tranquilidad.
Baja autoestima: esto se debe a la falta de refuerzos positivos por parte de
los padres.
Influencias negativas de los pares: está comprobado que los amigos
ejercen gran influencia en los niños y adolescentes.
Estos factores de riesgo pueden dar paso a las siguientes situaciones:
Consumo de alcohol o drogas.
Delincuencia, lo que genera problemas con la ley.
Deserción y fracaso escolar, esto lleva a la falta de oportunidades debido a
la carencia de estudios.
Sexualidad precoz, con el consecuente peligro de un embarazo no deseado
o de contraer enfermedades de transmisión sexual.
Alteraciones en la alimentación (bulimia o anorexia).
Los acontecimientos no son malos o buenos en sí, sino que un mismo evento
puede ser un riesgo en una situación y un factor protector en otra. Es aquí donde
el concepto de resiliencia alcanza su verdadera importancia, ya que gracias a este
mecanismo las personas pueden ser capaces de convertir las situaciones
adversas en estímulos o desafíos positivos.
Dos investigadores utilizan el concepto de Mándala de la Resiliencia Mándala que
se sustenta en la expresión utilizada por los indios navajos para designar la fuerza
interna que hace que los individuos enfermos resistan el dolor. Estos
investigadores explican que existen 7 resiliencias:
1. Introspección: capacidad de mirarse internamente, plantearse preguntas
difíciles y responder honestamente.
Niño: se da cuenta que algo no anda bien
Adolecente: capacidad de conocer, saber qué es lo que pasa y
adaptarse.
Adulto: comprensión de sí mismo.
2. Independencia: capacidad de establecer límites ente uno mismo y ambiente
adverso.
Niño: alejamiento de situaciones conflictivas.
Adolecente: no involucrarse.
Adulto: actitud para vivir en forma autónoma y tomar decisiones por
si mismo.
3. Interacción con los demás: habilidad para establecer lazos internos y
satisfactorios con otra persona.
Niño: facilidad para conectarse y ser queridos.
Adolecente: reclutar pares, establecer redes sociales de apoyo.
Adulto: capacidad de atraer, de crear lazos.
4. Iniciativa: hacerse cargo e los problemas y ejercer control sobre ellos.
Niño: Conductas de exploración, actividades constructivas.
Adolecente: iniciativa
Adulto: participación en proyectos comunitarios. sentimientos de
autorrealización. Capacidad de liderazgo. Enfrentamiento desafíos.
5. Creatividad: capacidad de imponer orden, belleza y propósito a la situación
de caos.
Niño: el juego como vía para revertir el miedo, la soledad, la rabia…
Adolecente: habilidad artística.
Adulto: capaces de recompensar y reconstruir.
6. Ideología personal: se entiende como conciencia moral.
Niño: discriminación entre bueno y malo.
Adolecente: desarrolla valores propios. Establece juicios en forma
independiente. Sentido de comprensión, justicia y lealtad.
Adulto: servicio y entrega a los demás.
7. Sentido del humor.
Resiliencia del adulto mayor
Resiliencia es la capacidad que va adquiriendo el Adulto Mayor para poder
enfrentar satisfactoriamente los distintos factores de riesgo que encuentra en su
camino y a la vez ser fortalecido como resultado de esa situación.
Técnicas para ayudar.
Se dedica algunas clases a reflexionar acerca de las modificaciones en las
relaciones familiares, la educación que recibieron las actuales generaciones de
Adultos Mayores y su necesaria adaptación a los significativos cambios que se
dieron paralelamente a la mayor longevidad.
Un tiempo especial lleva dentro del Programa el tema del humor y su importancia
en el refuerzo de la resiliencia.
No solo vemos la importancia de la risa, sino y muy especialmente todo lo que
hace a una actitud positiva, con una cuota de buen humor. Como práctica, se
incluye antes de comenzar cada clase un chiste muy corto pero que provoca la
risa, al principio retenida en algunos y lo que es de anotar es como cambia esta
expresión al promediar el cuatrimestre.
Estas generaciones de Adultos Mayores no habían sido educados para reírse, y
menos aún las mujeres. Ellos comprueban entonces el efecto relajante y mejor
predisponente que tiene la risa y más cuando se lo puede compartir en un grupo.
Se pasa inmediatamente a la consideración de lo que llamamos factores
protectores.
Otro prejuicio cae cuando podemos analizar como estos factores protectores se
pueden incorporar en cualquier periodo de la vida e incluso en el envejecimiento.
El dicho muy fuertemente instalado que todo se sella en los primeros años de la
vida o que se envejece como se ha vivido, se revisa a la luz de los nuevos
estudios sobre el envejecimiento y la práctica del intercambio y la apertura a
nuevas relaciones sociales que se favorece desde la participación en los cursos y
actividades que se imparten desde los Programas de Educación Permanente.
El concepto de resiliencia lleva implícito la cercanía afectiva de un Otro, ya que el
desarrollo resiliente es como una red, como un tejido, como una trama que se va
entrecruzando con el entorno. Hace falta la mirada protectora, aseguradora,
estimuladora, básicamente de reconocimiento del otro para afianzar la resiliencia y
esto lo estamos viendo como posible aún en el envejecimiento.
Cuando digo aún, me refiero a que en general la mayoría de estudios de
Resiliencia se hicieron en niños y jóvenes o en adultos que pasaron circunstancias
de muy alto riesgo. Y lo que hacemos trabajando con Resiliencia en Adultos
Mayores desde un envejecimiento normal es ver como también en ellos se puede
reforzar la resiliencia y lograr modificaciones tan significativas para el sujeto que le
permiten generar herramientas para enfrentar la adversidad que le toque vivir.
Adversidad que no necesariamente debe entenderse como dramática o extrema
solamente, sino aquella que surge de pequeños o medianos factores de riesgo
que se presentan en lo cotidiano.
En los grupos surgen con facilidad ejemplos de esos factores como pérdidas de
distinto tipo, soledad, inseguridad, maltrato, discapacidades, enfermedades,
imprevistos, temores, y la escucha despertada entonces, la resolución y el
afrontamiento de uno y de otro, la solidaridad que se establece frente al suceso,
se transforman en factores protectores que pueden ser momentáneos o
duraderos, pero siempre imprimen un sello no solo tranquilizador sino también
potencializador de la identidad y la auto estima.
Sabemos que muchos envejescentes van perdiendo un poco de su identidad en la
medida en que casi nadie ya lo llama por su nombre, deviene con el correr del
tiempo abuelo, viejo o vieja aún dichos afectivamente pero su nombre va como
perdiéndose. Solo en el afuera, en un contacto grupal retoma el recocimiento de
su nombre. El acceder al conocimiento de que los factores protectores pueden
paliar en el envejecimiento, la vivencia de vulnerabilidad, de soledad, de mayor
fragilidad o de desamparo, posibilitan el otro gran desafío del trabajo con la
Resiliencia y es dar refuerzo a los elementos potenciales que el mayor posee y
que puede desarrollar.
Dos aciertos del estudio de la Resiliencia son efectivamente el iluminar este
potencial que siempre está, muchas veces ignorado y poner en evidencia las
diferencias que tiene el ser humano para poder afrontar las distintas circunstancias
que le toca vivir.
En definitiva factores protectores hablan de afecto, de reconocimiento, de dar y
recibir, de nutrientes básicos para cualquier edad.
Sin embargo eso depende de la forma en que pudo afrontarla y los factores
protectores que fue logrando. Algunos quedan casi discapacitados emocialmente y
otros se fortalecen. Y alguien que desarrolló su historia sin grandes contratiempos,
con afectos y cuidados, está muy bien preparado para afrontar situaciones en su
vida. Son nutrientes que lo han pertrechado suficientemente para hacerlo.
Podemos sintetizar el ser mas resiliente diciendo que:
Un buen diálogo con uno mismo y una cuota de humor que sostenga una actitud
positiva , el hacer proyectos para vivir con la mejor calidad de vida posible, la
posibilidad de intercambio y relación con otros, serán la base para alcanzar una
buena conducta resiliente
La resiliencia no es una receta para la felicidad. Es una estrategia de lucha contra
la desdicha que permite arrancarle placer a la vida, pese a los murmullos de los
fantasmas que aún percibe en el fondo de la memoria.
Egrafia
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Conclusión
Podríamos resumir que la resiliencia es volver a recuperar el desarrollo que
teníamos antes de la crisis. Podemos sufrir un trauma, pero lo importante es que
tenemos que ser capaces de reconstruir nuestras vidas con este trauma.
Las características familiares que pueden ayudar son: temperamento y las
posibilidades afectivas. Haber mantenido una relación firme y estable con al
menos uno de los progenitores. Esto le dará protección en un medio adverso.
Hay personas que han tenido en su infancia adversidades como venir de una
familia de alcohólicos, rechazados, con falta de amor y reconocimiento. Muchos
han sufrido abusos verbales, físicos o sexuales. Estos abusos y crueldades o
abandono, no siempre darán un resultado negativo. Hay individuos que a pesar de
una infancia o adolescencia desgraciada, pueden sobrevivir, recuperarse y sanar.
Generalmente estas personas que sobreviven, tendrán estas características:
1. Saben que cuenta con apoyo, que no están solos.
2. No se sienten culpables o avergonzados por lo que ha pasado.
3. Sienten autoprotección, que puede salir victorioso de una infancia afectuosa
y pueden expresar sus emociones.
Se observa que la resiliencia va acompañada de mayor coeficiente intelectual, que
ayuda notablemente a tener la habilidad de resolver problemas, y a tener mejores
aptitudes para manejar las relaciones sociales.
Introducción
En el presente trabajo hablaremos sobre la resiliencia, cuales es el significado de
este término, sus características, debilidades y la diferencias de cómo se apilica
en un niño, adolecente y adulto.
Sin embargo también existen riesgos y debilidades, por qué no toso los seres
humanos poseemos resiliencia
La resiliencia se ha caracterizado como un conjunto de procesos sociales e
intrapsíquicos que posibilitan tener una vida “sana”, viviendo en un medio “insano”.
Estos procesos tendrían lugar a través del tiempo, dando afortunadas
combinaciones entre atributos del niño y su ambiente familiar, social y cultural. De
este modo, la resiliencia no puede ser pensada como un atributo con que los niños
nacen, ni que los niños adquieren durante su desarrollo, sino que se trataría de un
proceso interactivo, entre éstos y su medio.
La resiliencia habla de una combinación de factores que permiten a un niño, a un
ser humano, afrontar y superar los problemas y adversidades de la vida y
hablaremos de esto a continuación.