BIOLOGÍA HUMANA: SISTEMA REPRODUCTOR MASCULINO Y FEMENINO
Origen embrionario: mesodermo.
SISTEMA REPRODUCTOR MASCULINO.
Los órganos genitales masculinos son: Los testículos, con funciones endocrinas (producción de hormonas
masculinas) y funciones de génesis y maduración de los gametos masculinos o espermatozoides, que serán
trasladados a través de las vías espermáticas hasta la uretra, la cual desemboca en el exterior a través del pene.
Incluyen otros órganos accesorios, como la próstata y las glándulas de Cowper.
Testículos: Los testículos son dos órganos situados en el exterior de la cavidad abdominal, el izquierdo un poco más
bajo, debajo del pene y alojados en las bolsas escrotales o escroto, el escroto tiene la función de mantener los
testículos a una temperatura ligeramente inferior a la del cuerpo (5C° por debajo de la temperatura central
corporal), puesto que las células germinales, generadoras de espermatozoides, son muy sensibles a los cambios de
temperatura y ligeros incrementos producen esterilidad. En su origen, en la vida embrionaria, los testículos se
encuentran en el interior de la cavidad abdominal. La anormal permanencia de esta situación se denomina
criptorquidia. Por su cara posterior, el testículo está en contacto con el epidídimo, una estructura que forma parte
de las vías espermáticas. El testículo y el epidídimo están envueltos por una serie de capas que constituyen la bolsa
escrotal. El testículo ha descendido desde el abdomen y, en ese trayecto hacia el exterior, ha arrastrado las
diferentes capas de la pared abdominal; por lo tanto, las envolturas testiculares serán equivalentes a las capas
musculares que constituyen la pared abdominal. Entre ambos testículos, las diferentes capas (excepto la piel)
forman un tabique escrotal que llega hasta la raíz del pene. En la piel, entre los dos testículos, hay un rafe escrotal
que se continúa hacia el ano para formar el rafe perineal.
Estructura interna.
La cápsula fibrosa que envuelve el testículo, la albugínea, tiene un engrosamiento en la parte posterior del testículo,
el cuerpo de Highmore. Por esta zona salen las vías seminales hacia el epidídimo. Desde el cuerpo de Highmore
parten unas láminas fibrosas hacia el interior del testículo, dividiéndolo en unos 300 compartimientos que
constituyen los lóbulos del testículo. En cada lóbulo hay 2 o 3 conductos de forma contorneada denominados tubos
seminíferos, en los que se forman los espermatozoides. Los tubos seminíferos constan de unas células de sostén, las
células de Sertoli, que sirven de soporte a los espermatozoides y las células precursoras. El espermatozoide se
origina en una célula denominada espermatogonia, situada en la periferia del tubo seminífero, es decir, junto a su
lámina basal. Las espermatogonias dan origen, por mitosis, a los espermatozoides primarios de los cuales, se
generan luego, mediante una nueva mitosis, los espermatozoides secundarios. Cada uno de ellos se sitúa más
próximo a la luz del tubo seminífero, siempre entre las células de Sertoli, las cuales nutren a los espermatozoides en
desarrollo. Por último los espermatocitos secundarios se transforman en espermatozoides, los cuales disponen de un
flagelo que les da movilidad; éstos están situados ya en la luz del tubo seminífero, con la cabeza en contacto aún con
las células de Sertoli. Los tubos seminíferos de cada lóbulo se dirigen hacia el cuerpo de Highmore, pero antes de
entrar en él se unen en un tubo recto también formado por células de Sertoli. Por lo tanto, hay tantos tubos rectos
como lóbulos testiculares. Estos tubos entran en el cuerpo de Highmore, donde forman un entrelazado de tubos
anastomosados entre sí, denominado red de Haller o rete testis, de donde salen de 10 a 15 vasos eferentes muy
plegados sobre si mismos, adoptando una forma cónica, que reciben el nombre de conos eferentes. Estos vasos
eferentes salen del testículo desembocando sucesivamente en la cabeza del epidídimo de la que forman parte. Entre
los tubos seminíferos se encuentran las células intersticiales de Leydig entremezcladas con los capilares del testículo
y el tejido conectivo. Son células poliédricas que producen la testosterona, hormona sexual masculina, la cual vierten
a los capilares. Las células de Leydig, por lo tanto constituyen la parte endocrina del testículo.
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Funciones de los testículos.
Como ya se ha mencionado, el testículo tiene funciones espermatogénica y hormonal (secreción de testosterona) La
espermatogénesis comienza en la pubertad por estímulo de las hormonas gonadotrópicas de la hipófisis. Aunque las
etapas de la espermatogénesis ya se han mencionado, a continuación se detallan algunos aspectos: - Las
espermatogonias situadas en la periferia de la pared de los tubos seminíferos proliferan continuamente y se
diferencian hasta dar lugar a los espermatozoides. - En primer lugar cada espermatogonia se transforma en un
espermatocito primario, el cual duplica sus cromosomas y se divide en 2 espermatocitos secundarios. - Los
espermatocitos secundarios se convierte, por división meiótica, en dos células denominadas espermátides. Estas
contienen, por lo tanto, 23 cromosomas no emparejados. Uno de estos cromosomas determinará el sexo; es decir,
los espermatocitos secundarios contienen un par de cromosomas XY y, al dividirse en dos espermátides, cada una de
ellas tendrá el cromosoma X (determinante del sexo femenino) o el cromosoma Y (determinante del sexo
masculino). Al madurar las espermátides se convertirán en espermatozoides sin cambiar su dotación cromosómica,
por lo que habrá espermatozoides X (hembras) y espermatozoides Y (machos). Según cuál de ellos fecunde el óvulo,
el sexo del hijo será hembra o varón, respectivamente. - La maduración de la espermátide origina el espermatozoide,
que consta de cabeza, cuello, cuerpo y cola. En la cabeza hay una estructura denominada acrosoma, que interviene
en la penetración del espermatozoide en el óvulo. La cola le permite moverse a través de los fluidos mediante
movimientos similares a los de un reptil, con una velocidad de unos 30 cm/hora. Una vez que ha alcanzado el óvulo y
lo ha fecundado, solo la cabeza penetra en él. - El espermatozoide sólo puede vivir 2 o 3 días en los productos de la
eyaculación, pero se mantiene vivo durante mucho más tiempo en los conductos testiculares y el epidídimo. - En su
función como células de sostén de los espermatozoides y de sus precursoras, las células de Sertoli aportan material
nutritivo a dichas células.
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Vías espermáticas
En realidad, las vías espermáticas comienzan en los tubos seminíferos del testículo, pero en la estructura interna de
este órgano ya se han descrito los tubos seminíferos, los tubos rectos, la red de Haller y los conductos eferentes, por
lo que ahora describiremos el resto de las vías espermáticas: epidídimo, conducto deferente, vesículas seminales y
conductos eyaculadores. Los conductos o conos eferentes que emergen de la red de Haller desembocan en el
conducto epididimario, también muy plegado, y constituyen con la primera porción de este último la cabeza del
epidídimo, situada en el polo superior del testículo. Una vez que el conducto epididimario ha recibido los conos
eferentes, continúa descendiendo dentro de la bolsa escrotal, adosado a la cara posterior del testículo y
constituyendo el cuerpo y la cola del epidídimo. Estas dos porciones, cuerpo y cola, están envueltas íntimamente por
la hoja visceral de la túnica vaginal, continuación de la que cubre la cara posterior del testículo y que dibuja el fondo
de saco subepididimario. La cola del epidídimo se continúa con el conducto deferente, más ancho y menos sinuoso;
asciende hacia el polo superior del testículo a lo largo de la cara interna del epidídimo y sale de la bolsa escrotal
hacia el conducto inguinal. En este trayecto forma parte del cordón espermático, junto con los vasos espermáticos,
arteria deferente, linfáticos y fibras nerviosas. Dentro de la cavidad abdominal el conducto deferente se separa de
los demás componentes del cordón espermático y se dirige hacia la cara lateral de la vejiga, descendiendo por
debajo del uréter hacia la próstata, sobre la cual contacta con la vesícula seminal. Las vesículas seminales son dos
bolsas con función secretora que aportan el líquido seminal en la eyaculación. Contienen también espermatozoides,
como el resto de las vías espermáticas. Están situadas entre la vejiga y el recto, por encima de la próstata y por fuera
de la ampolla del conducto deferente. El fondo de saco de Douglas cubre el extremo superior de la vesícula seminal,
es decir, el fondo de ésta.
Función de las vías espermáticas
Mediante la contracción de su capa muscular ayudan a los espermatozoides en su trayecto hacia el exterior, en el
momento de la eyaculación. Por otra parte, las células secretoras de los conductos deferentes y epididimario y de las
vesículas seminales producen una secreción mucosa que forma parte del líquido seminal que nutre a los
espermatozoides y les proporciona un medio protector.
Próstata: es una glándula de secreción exocrina que se sitúa debajo de la vejiga. A partir de la pubertad crece hasta
el tamaño del adulto. Por su forma, tamaño, color y consistencia, es semejante a una castaña. La uretra sale de la
próstata por su vértice, después de atravesar la glándula en sentido vertical. El líquido prostático es alcalino, por lo
que neutraliza la acidez de los demás componentes del semen, aumentando la motilidad y fertilidad de los
espermatozoides. Durante la eyaculación, la próstata se contrae junto con el conducto deferente y las vesículas
seminales, expulsando su contenido a la uretra.
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Pene: es un órgano cilíndrico que pende sobre las bolsas escrotales. Está formado por tres elementos que
constituyen los órganos eréctiles: dos cuerpos cavernosos y un cuerpo esponjoso. Recibe la uretra, que recorre toda
su extensión hasta el extremo anterior, constituyendo la uretra peneana. El cuerpo esponjoso se dirige hacia delante
para unirse con los cuerpos cavernosos, a los que se adosa formando la porción ventral del pene. En su interior está
la uretra, que desemboca en la punta del pene. El extremo anterior del cuerpo esponjoso, más dilatado que el resto,
se denomina glande y cubre también el extremo de los cuerpos cavernosos. El borde del glande constituye la corona.
En su vértice, el glande tiene la abertura hacia el exterior de la uretra; es una hendidura vertical, el meato uretral. La
piel, con un tejido celular muy laxo, está adherido al pene en toda su longitud, excepto en el glande, con el cual sólo
se une mediante una línea por su cara inferior denominada frenillo. El resto de la piel del glande está libre,
cubriéndolo únicamente en estado de flaccidez. Esta porción de piel es el prepucio, que se retrae descubriendo el
glande durante la erección.
Estructura interna
Los tres componentes eréctiles del pene, cuerpos cavernosos y cuerpo esponjoso, están formados por un entramado
como el de una esponja, cuyos huecos forman lagos sanguíneos. Los capilares sanguíneos rellenan estos huecos.
Están dotados de dispositivos musculares que permiten o cierran el paso de la sangre a los lagos sanguíneos. Cuando
la sangre pasa a estos lagos, los cuerpos cavernosos y esponjosos se hinchan y se endurecen.
Función del pene
El pene tiene una doble función. Al contener en su interior parte de la uretra, interviene en la micción. Por otra
parte, es el órgano copulador en el acto sexual. Por estimulación parasimpática, los cuerpos cavernosos y esponjoso
se llenan de sangre, con lo cual, el pene aumenta de tamaño, se endurece y se pone rígido durante la erección,
necesaria para la realización del coito.
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SISTEMA REPRODUCTOR FEMENINO
El aparato genital femenino se compone de dos ovarios, dos trompas de Falopio, el útero, la vagina y la vulva.
Incluiremos el estudio de la mama como órgano ligado a la fisiología femenina, ya que en la mujer posee unas
características morfológicas y funcionales que no existen en el varón, donde constituye un órgano rudimentario.
Ovario: Los ovarios son los órganos productores de los óvulos o células sexuales femeninas y son también glándulas
endocrinas productoras de estrógenos y progesterona, las hormonas sexuales femeninas. Tienen consistencia dura y
forma de almendra, con un diámetro mayor de unos 3,5 cm y 1,5 cm de espesor. Su superficie es lisa antes de la
pubertad, pero, a partir de la maduración de los óvulos y su salida cíclica del ovario (ovulación) va presentando una
superficie irregular. En la menopausia, con el cese de las ovulaciones, tiende otra vez a volverse liso. Está situado en
la pared lateral de la cavidad pelviana,
Estructura interna
Un epitelio cúbico simple cubre el ovario. Inmediatamente por debajo se encuentra la corteza, que se condensa en la
periferia formando la albugínea del ovario y, por dentro de ésta, un tejido conectivo o estroma ovárica que alberga
los folículos ováricos. Los folículos son formaciones constituidas por una célula sexual femenina - ovocito (precursor
del óvulo)- rodeada de una capa de células foliculares, de origen epitelial. En el ovario de una mujer adulta se
encuentran folículos en diferentes etapas de maduración.
La zona central del ovario es la médula, de tejido conectivo laxo con nervios y vasos sanguíneos y linfáticos que
penetran por el hilio ovárico. Paralelamente a los cambios morfológicos que se han descrito en la superficie del
ovario relacionados con la edad de la mujer, la estructura interna ofrece también diferencias en función de las
épocas que marca la fisiología femenina; es diferente antes de la pubertad, en la edad adulta y tras la menopausia.
Desde el nacimiento hasta la pubertad el ovario cuenta con una dotación de unos folículos sin madurar o folículos
primarios, compuestos por un ovocito primario rodeado de unas pocas células foliculares. A partir de la pubertad, las
hormonas gonadotrópicas de la hipófisis, sobre todo la foliculostimulante (FSH. v más adelante), hacen madurar en
cada ciclo menstrual algunos folículos, por lo que junto a folículos primarios se encuentran otros que ya han
comenzado a aumentar de volumen. En los primeros días del ciclo, el ovocito primario se rodea de una capa, las
células foliculares proliferan y forman una capa de células cúbicas en torno al ovocito. Esta capa se va engrosando y
constituye la capa granulosa. Dentro de la granulosa se desarrollan pequeños espacios rellenos de líquido folicular.
Las pequeñas lagunas foliculares confluyen formando una gran cavidad o antro, ocupado también por líquido
folicular. En la granulosa se diferencia una zona más espesa, donde precisamente se ubica el ovocito, ahora de
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situación excéntrica en el folículo. Por fuera del folículo, la teca ha dado origen a dos capas: la teca interna, cuyas
células secretan estrógenos en la primera parte del ciclo, y la teca externa. El folículo de De Graaf se sitúa en la
superficie del ovario y, en el proceso de ovulación, se rompe para dar salida al ovocito, aproximadamente el día 14
del ciclo menstrual. El ovocito expulsado conserva a su alrededor la zona pelúcida y un grupo de células foliculares
de la corona radiada. En el ovario podemos encontrar a cada momento varios folículos en proceso de maduración,
pero sólo uno de ellos llega a romperse dejando salir el ovocito y los demás se atrofian formando folículos atrésicos.
Al romperse el folículo de De Graaf, el óvulo queda libre en la cavidad abdominal, siendo captado inmediatamente
por las fimbrias de la trompa de Falopio. Simultáneamente, el antro folicular se llena de sangre formando el
denominado cuerpo hemorrágico; las pequeñas hemorragias producidas por la rotura folicular pueden irritar el
peritoneo y causar un dolor que coincide con el momento de la ovulación. Las células de la granulosa y de las tecas
comienzan rápidamente a proliferar y reemplazan la sangre del folículo hemorrágico por células modificadas llenas
de lípidos y pigmentadas de amarillo, que forman el cuerpo lúteo o amarillo. Las células lúteas segregan estrógenos y
progesterona después de la ovulación. Si al llegar el día 24 o 25 del ciclo el óvulo no ha sido fecundado, el cuerpo
lúteo comienza a degenerar y es sustituido por tejido cicatricial que forma el corpues albicans. Si, por el contrario, el
óvulo es fecundado, el cuerpo amarillo persiste durante todo el embarazo y no se presentan más ciclos ováricos
hasta después del parto. Solo maduran alrededor de 400 folículos de los 400.000 presentes en el momento del
nacimiento y el resto se atrofian. Después de la menopausia, el ovario solo está sembrado de folículos atróficos y de
los restos cicatriciales (corpues albicans) de cada ovulación.
Función del ovario
Las dos grandes funciones del ovario: formación y liberación de células sexuales y secreción endocrina de hormonas
femeninas (estrógenos y progesterona), están condicionadas a la intervención de otras hormonas secretadas por la
adenohipófisis: la hormona foliculostimulante (FSH) y la hormona luteinizante (LH). La maduración de los folículos, la
ovulación y la formación del cuerpo amarillo suceden de una manera cíclica. Todo el proceso dura normalmente 28
días y constituye el ciclo ovárico. Como ya hemos señalado, cada ciclo comienza con la maduración de varios
folículos, aunque trompa, por donde entra el óvulo expulsado por un folículo ovárico maduro.
Función de las trompas
Al romperse el folículo de De Graaf, el óvulo cae a la cavidad peritoneal, pero las fimbrias del pabellón establecen
una corriente líquida que arrastra el óvulo hasta el orificio abdominal de la trompa. Una vez dentro, los pliegues de
la mucosa, más abundantes en el pabellón, retrasan el avance del óvulo hacia el útero. Las células secretoras
tubáricas aportan material nutritivo al óvulo. Por otra parte, los espermatozoides depositados en la vagína tras el
coito recorren el útero y entran en las trompas por el orificio uterino, llegando hasta la porción ampollar, donde
normalmente, se produce la fecundación. El desplazamiento de los espermatozoides se realiza por su propia
motilidad, ayudados por los movimientos de la trompa. En la fecundación sólo interviene un espermatozoide: al
penetrar su cabeza en el óvulo, este se hace impermeable a la entrada de otros espermios. El óvulo, fecundado o no,
recorre la trompa en dirección al útero, ayudado por los movimientos de los cilios del epitelio y por las contracciones
de la capa muscular. Este recorrido dura unos 3 días, durante los cuales - si ha existido fecundación- se producen las
primeras divisiones celulares del cigoto.
Útero: El útero está situado entre la vejiga y el recto y por encima de la vagina, con la que se continúa caudalmente.
Tiene forma de cono, un poco aplanado y con el vértice hacia abajo. Hacia la mitad presenta un estrechamiento o
istmo uterino que lo divide en dos partes: hacia arriba el cuerpo y hacia abajo el cuello, que presenta una forma más
o menos cilíndrica. El borde superior del útero es el fondo y a ambos lados están los ángulos uterinos, de los que
parten las trompas. El cuello uterino está unido a la vagina.
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Miometrio: la túnica muscular o miometrio es la capa más gruesa del útero. Está constituida por tres capas de fibras
musculares lisas:
- Capa interna, formada por fibras longitudinales.
- Capa media, mucho más gruesa, con fibras dispuestas en espiral alrededor del útero, de manera semejante a las
espiras de un muelle. Esta disposición permite su elongación en caso de producirse un embarazo y consiguiente
crecimiento uterino y favorece su actuación en el parto, al contraerse en el periodo expulsivo.
- Capa externa, cuyas fibras vuelven a ser longitudinales.
El miometrio está muy vascularizado y contiene abundantes fibras conjuntivas. Durante el embarazo sufre una
hipertrofia que desaparece después del parto.
Serosa o adventicia: la envoltura serosa está representada por el peritoneo en las porciones uterinas cubiertas por
él: el fondo y parte de las caras anterior y posterior. El resto, las zonas desnudas de peritoneo, disponen de una
adventicia de tejido conjuntivo.
Funciones del útero:
1) Mantener el embrión durante el embarazo. En la primera función es el endometrio el que toma un papel activo.
Durante la segunda mitad del ciclo ha proliferado y sus glándulas secretan sustancias nutritivas: si hay embarazo está
preparado para la anidación y se mantiene así durante toda la gestación. Cuando el huevo fecundado llega al útero,
se nutre de las secreciones endometriales. Al cabo de 3-4 días, por mitosis sucesivas ha alcanzado la fase de
blastocisto y está rodeado por células trofoblásticas secretoras de enzimas proteolíticas. Estas enzimas licuan el
endometrio, liberándose gran cantidad de sustancias nutritivas y formándose una cavidad donde anida el
blastocisto. Durante las primeras semanas, el embrión se alimenta fundamentalmente a través de las células
trofoblásticas, hasta que se desarrolla la placenta, unida al feto por las arterias y la vena umbilical. Las vellosidades
placentarias están inmersas en los senos venosos del endometrio, dependientes de la arteria y la vena uterinas, con
sangre materna. El oxígeno y los nutrientes pasan de la sangre materna a la fetal por difusión simple y otros sistemas
de transporte. El mantenimiento del cuerpo lúteo del ovario se debe a la producción en la placenta de la hormona
gonadotropina cariónica, que mantiene la capacidad nutritiva del endometrio.
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2) Expulsar el feto cuando llega a término. En cuanto a la segunda función, la expulsión del feto maduro, es el
miometrio el que adquiere el protagonismo. Participan de forma importante la distensión de las fibras musculares
uterinas y una serie de estímulos hormonales, tanto maternos como fetales. La oxitocina, una hormona secretada
por la neurohipófisis, es capaz de provocar directamente las contracciones uterinas; los estrógenos actúan
facilitando la acción oxitócica y las prostaglandinas regulando la actividad del útero. Una vez iniciado, el proceso se
autoalimenta de la siguiente manera: la cabeza fetal dilata el cuello uterino, lo que provoca un reflejo de secreción
de oxitocina por la neurohipófisis; la oxitocina contrae la musculatura del útero, haciendo descender al feto por el
canal del parto, lo que dilata aún más el cuello uterino y se vuelve a repetir el ciclo. Las contracciones del parto
comienzan en el fondo del útero y se dirigen hacia abajo, perdiendo intensidad en su progresión. Al principio son
distantes entre sí, pero la frecuencia aumenta hasta llegar a una contracción cada 2-3 minutos, cada vez de mayor
intensidad, que terminan por producir la expulsión del feto y de la placenta. Inmediatamente después del parto, el
útero comienza a involucionar, volviendo a su tamaño previo al embarazo al cabo de 4 semanas.
Vagina: La vagina es un conducto que se extiende desde el cuello del útero hasta la vulva. Está situada entre la vejiga
y el recto, de los que la separan sendos tabiques conjuntivos. Mide de 7 a 10 cm y sus paredes son muy elásticas y
plegadas para permitir la salida del feto en el parto. En su extremidad superior forma un fondo de saco alrededor del
hocico de tenca o porción intravaginal del cerviz. El extremo inferior está cerrado en parte por un pliegue mucoso, el
himen, que en la mayoría de los casos se rompe tras el primer coito.
La mucosa vaginal experimenta cambios durante el ciclo menstrual: bajo la influencia de los estrógenos en la primera
fase, el epitelio de la vagina experimenta un crecimiento rápido y se cornifica. Después de la ovulación, el epitelio
vaginal se infiltra de leucocitos y se secreta un moco viscoso. La capa muscular es de fibras lisas circulares y
longitudinales entremezcladas. Los músculos estriados próximos a la vagina (esfínter de la uretra) añaden algunas
fibras a su pared. Se continúa con el tejido conjuntivo que envuelve a los órganos próximos.
Funciones de la vagina: Es el órgano copulador de la mujer. Además, durante el parto, la elasticidad de la pared
vaginal permite la dilatación suficiente para que el feto pase por ella hacia el exterior.
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Genitales externos. El conjunto de órganos genitales externos de la mujer se denomina vulva. Está limitada por dos
pliegues mucosos o labios mayores, que confluyen por detrás en la comisura posterior y por delante en el monte de
Venus, una prominencia de tejido adiposo situada por delante de la sínfisis del pubis. Tanto el monte de Venus como
la superficie externa de los labios mayores están cubiertos de vello. Por dentro de los labios mayores hay otros dos
pliegues mucosos denominados labios menores, que en la parte anterior se unen por delante y por detrás del
clítoris, formando respectivamente el capuchón y el frenillo del clítoris. Entre los labios mayores y los menores están
los surcos labiales. Los labios menores delimitan el vestíbulo, donde se abren la vagina en la parte más posterior, y la
uretra (meato uretral), por delante. El órgano eréctil de la mujer es el clítoris, formado a partir de dos cuerpos
cavernosos. El extremo del clítoris se denomina glande.
La uretra femenina: aunque no es un órgano genital, está en estrecha relación con ellos, ya que desemboca en el
vestíbulo vulvar. Es un conducto de unos 3 cm que se extiende desde el cuello de la vejiga hasta la vulva.
La mama
Las mamas están situadas en la región anterior del tórax, a ambos lados del esternón hasta la axila y desde la 2ª
hasta la 6ª costilla, adosadas al músculo pectoral mayor. Tienen forma hemiesférica, determinada por la propia
glándula y la fascia que la rodea, que contienen abundante grasa. En su zona central está el pezón, un saliente
cilíndrico de aproximadamente 1 cm de anchura y 1 cm de altura, perforado por 15 o 20 orificios denominados poros
galactóforos. El pezón, está rodeado por la areola mamaria, cuya superficie es irregular por las abundantes glándulas
sebáceas que contiene. El pezón y la areola tienen una coloración rosada hasta el primer embarazo a partir del cual
adquiere un color más oscuro.
Estructura interna
La estructura de la mama varía según el periodo de la vida de la mujer, pero mantiene unas características básicas
constantes. Se trata de una glándula tubuloalveolar formada por 15 o 20 lóbulos separados por un tejido conjuntivo.
Cada lóbulo se divide en lobulillos, de los cuales surgen conductos interlobulillares que acaban reuniéndose en un
conducto galactóforo. De cada lóbulo sale, por tanto, un conducto galactóforo que se dirige hacia el vértice del
pezón para abrirse en un poro galactóforo. Antes de entrar en el pezón presentan un ensanchamiento, el seno
galactóforo o seno lácteo.
La mama comienza a desarrollarse a partir de la pubertad gracias al estímulo hormonal de la secreción ovárica
(estrógenos y progesterona). Los estrógenos favorecen la proliferación de la porción excretora (canales
interlobulillares, conductos galactórofos), mientras que la progesterona es responsable del desarrollo de la porción
secretora (lobulillos y lóbulos). Además, crece el tejido adiposo, lo que determina un aumento de volumen de los
senos. Durante los ciclos menstruales se produce, antes de cada período, un ligero aumento de volumen que
desaparece después de su finalización. Este aumento se debe a la vasodilatación y al edema provocados por los
cambios hormonales, pero no se producen cambios estructurales. A partir de la menopausia la glándula tiende
atrofiarse y a volver al estado anterior a la pubertad.
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Función de la mama
La función biológica esencial de la mama, rasgo que compartimos con el resto de los mamíferos, es la producción de
leche para la alimentación del niño en el periodo posterior al parto. Durante el embarazo las mamas adquieren su
desarrollo funcional completo gracias a la acción de varias hormonas: estrógenos, progesterona, prolactina,
lactógeno placentario, hormona del crecimiento y cortisol, de forma que en el momento del parto la glándula
mamaria se halla lista para iniciar la lactogénesis. A pesar de que los niveles crecientes de prolactina tienden a
estimular la producción de leche, ésta prácticamente no se produce durante el embarazo debido a la inhibición que
ejercen la progesterona y los estrógenos sobre este proceso. Una vez expulsada la placenta después del parto,
disminuyen bruscamente los niveles de estrógenos y progesterona y por consiguiente, la inhibición que ejercían
sobre la lactogénesis, comenzando la formación de leche. La primera secreción de leche que se produce es rica en
proteínas y escasa en lípidos y se denomina calostro. El amamantamiento estimula la secreción de prolactina, y ésta,
a su vez, mantiene y aumenta la producción de leche; por ello, el vaciamiento de la mama es necesario para seguir
manteniendo la lactancia. Por otra parte, la prolactina inhibe la secreción hipotalámica de Gonadotrofina coriónica
humana y, por lo tanto, los ovarios están inactivos, los niveles de estrógenos y progesterona son bajos y no se
producen nuevos ciclos ni ovulación hasta que se abandona la lactancia. La secreción láctea y su mantenimiento
requieren, además de la prolactina, otras hormonas como la insulina, la tiroxina, el cortisol y la hormona del
crecimiento. Por otra parte, la leche no fluye espontáneamente a través de los pezones, sino que requiere la
intervención de reflejos neuronales y hormonales: cuando el niño succiona el pezón, los impulsos sensitivos llegan a
la médula y, de ésta, al hipotálamo, donde se produce oxitocina. Esta hormona contrae las células mioepiteliales de
los alvéolos, que expulsan la leche hacia los conductos galactóforos, donde es absorbida por el niño. La lactancia
materna, además de constituir el mejor medio de nutrición para el recién nacido, aporta a éste inmunoglobulinas y
anticuerpos de gran importancia en los primeros meses de vida, cuando el sistema inmunitario es aún inmaduro y no
es capaz por sí mismo de fabricar las defensas necesarias.
Ciclo reproductor femenino: ciclo ovárico y ciclo endometrial cada 28 días (margen fisiológico entre 21 y 35 días),
desde la menarquia hasta la menopausia, se evidencia en la mujer la salida al exterior del denominado flujo
menstrual, en una cantidad aproximada de 100 cc, que contiene leucocitos, hematíes, agua, moco, restos de tejido
endometrial, etc. La menstruación, estigmatizada en muchas culturas hasta hace pocos años, es la manifestación
externa más notoria de dos importantes procesos fisiológicos fundamentales para la continuidad de la especie
humana: el ciclo ovárico y el endometrial, que de forma periódica se suceden en el organismo femenino con el
objetivo de proporcionar un óvulo que pueda ser fecundado y un endometrio donde éste pueda implantarse y
desarrollarse. Ambos ciclos ocurren de forma simultánea y están regulados por el hipotálamo, la hipófisis y los
ovarios.
Ciclo ovárico y ovulación: En el ciclo ovárico se suceden dos fases importantes, cada una de las cuales dura
aproximadamente 14 días. En la primera fase se produce la maduración del folículo y en ella normalmente
predominan los estrógenos. En la segunda fase encontramos el cuerpo lúteo y hormonalmente predomina la
progesterona, aunque también hay producción de estrógenos.
El elemento fundamental del ciclo ovárico es el folículo. El número de folículos primordiales varía a lo largo de la vida
de la mujer; en el nacimiento ésta tiene entre 250.000 y 500.000 folículos. Al llegar a la pubertad disminuye el
número a unos 100.000. de estos 100.000 sólo madurarán definitivamente unos 400 y el resto desaparecen o se
atrofian.
Los folículos primordiales tienen dos destinos posibles. Los que maduren evolucionarán en las siguientes fases:
folículo maduro, folículo de De Graaf, cuerpo lúteo y cuerpo lúteo gravídico (en caso de que exista fecundación), o
involucionarán a cuerpo albicans si no existe fecundación. Los folículos primordiales que no han madurado se
atrofia, dando lugar al cuerpo fibroso.
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El folículo primordial está constituido por: - Célula germinal u ovocito - Célula de la granulosa. Cuando el folículo está
en maduración, las células de la granulosa proliferan formando múltiples capas. Aparece una diferenciación celular
entre las células de la granulosa y el estroma circundante que después constituirá la teca. La teca está dividida en: -
Teca interna, muy vascularizada y rica en hormonas. - Teca externa, formación fibrosa de sostén.
El desarrollo folicular va a depender de la presencia de las hormonas gonadotrópicas FSH y LH . el ovario responde
produciendo estrógenos, de forma simultánea al crecimiento folicular y a la maduración del óvulo.
Folículo de De Graaf (o folículo graafiano). Se llama así cuando el folículo ha alcanzado la madurez, y en él se
distinguen las siguientes formaciones: teca, capa granulosa y antro. En una zona del folículo se observa una
acumulación de células de la granulosa que se proyectan hacia el interior del antro, y en el interior de esta
acumulación celular se encuentra la célula germinal.
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Este grupo celular se denomina disco ooforo. La capa de células en contacto con la célula germinal constituirá la
corona radiata. Entre la corona radiata y la célula germinal existe una zona llamada membrana pelúcida. En la capa
granulosa no se ven vasos sanguíneos y sus células son hormonalmente activas. - Antro: cavidad central llena de
líquido.
Ovulación:
El folículo de De Graaf crece y se aproxima de forma gradual a la superficie del ovario hasta que sobresale de éste,
de manera que por compresión se va formando una zona clara y delgada que acaba por romperse, y expulsa el
líquido folicular junto con el óvulo, rodeado por la zona pelúcida y la corona radiata. La rotura folicular no es un
fenómeno explosivo, aunque por la descripción pueda parecerlo. La ovulación tiene lugar hacia el día 14 del ciclo. El
motivo desencadenante puede atribuirse al aumento de la secreción de gonadotropinas LH (hormona luteinizante) y
FSH (hormona folículoestimulante). El aumento brusco de la LH desencadena la ovulación: se dice que la LH es la
hormona "gatillo" de la ovulación. En los ovarios el aumento de gonadotropinas se correspondería con un pico de la
secreción de estrógenos y progesterona.
Después de la ovulación, el folículo de De Graaf se colapsa, y empieza así su fase de cuerpo lúteo. Esta fase se
caracteriza por un aumento de la producción de progesterona y por un descenso de la producción de
gonadotropinas hipofisarias debido a la acción inhibitoria que ejercen los estrógenos y la progesterona. Antes de la
aparición de la menstruación, tiene lugar un descenso brusco de los niveles hormonales. En esta fase se establecen
cuatro estadios:
- Estadio de proliferación, cuya característica principal es el engrosamiento de la teca interna.
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- Estadio de vascularización, en el cual hay crecimiento de las células de la granulosa y penetración de vasos
procedentes de teca interna.
- Estadio de madurez, donde el cuerpo lúteo, de color amarillento, se hace evidente sobre la superficie del ovario.
- Estadio de regresión, que ocurre hacia el día 23-26 del ciclo, aunque la secreción de esteroides empieza a disminuir
ya a partir del día 22 del ciclo. Esta regresión se caracteriza por fibrosis e hialinización de las células luteínicas.
Cuando termina este proceso aparece el denominado cuerpo albicans.
Cuando el óvulo es fecundado, el cuerpo lúteo no involuciona y se transforma en cuerpo lúteo gravídico. Los
folículos primordiales, que entran en proliferación al principio del ciclo y que no evolucionan, empiezan la regresión
mucho antes y forman folículos atrésicos; éstos experimentarán una involución semejante a la del cuerpo lúteo y
formarán los cuerpos fibrosos.
Ciclo endometrial y menstrual: El endometrio, que es la mucosa que recubre la cavidad del cuerpo uterino,
experimenta diferentes cambios morfológicos a lo largo del ciclo menstrual de la mujer y se caracteriza por la
capacidad de descamarse y de regenerarse cada 28 días. Estos cambios cíclicos son simultáneos y están
desencadenados por los cambios endocrinos del ovario, los cuales pueden simplificarse de la siguiente forma: en la
fase preovulatoria o folicular se produce estradiol en cantidad creciente; en la fase postovulatoria o luteínica hay 17-
betaestradiol y además progesterona procedentes del cuerpo lúteo; en la fase premenstrual existe un descenso de
estradiol y de progesterona, por la regresión del cuerpo lúteo.
Paralelos a estos cambios en la secreción de hormonas, durante el ciclo ovárico, se conocen cuatro etapas
fundamentales de ciclo endometrial: - Fase proliferativa, en respuesta a la estimulación por el estradiol. - Fase
secretora, secundaria al efecto combinado de estrógenos y progesterona. - Fase isquémica premenstrual, que
corresponde a la regresión del cuerpo lúteo y al descenso de estrógenos y progesterona. - Menstruación, como
consecuencia de la supresión de la progesterona.
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Los cambios que se producen en las glándulas, en el epitelio y en el estroma durante estas fases son los siguientes: -
En la fase proliferativa aumenta el espesor del endometrio y la longitud de sus glándulas. - En la fase secretora las
glándulas se vuelven más tortuosas y el epitelio aumenta de anchura. A medida que esta fase progresa, se produce
una rotura de las células secretoras con vertido de glucógeno y mucopolisacáridos en la luz glandular. Al final de la
fase secretora, aparece un infiltrado leucocitario que indica el inicio de la hemorragia menstrual. - En la fase
isquémica premenstrual se produce una regresión endometrial. - La menstruación es la descamación periódica de la
capa funcional del endometrio. Queda la capa basal a partir de la cual el endometrio se va a regenerar en su
totalidad. La menstruación tiene lugar si el ovocito no ha sido fecundado. Este proceso se inicia 24-48 horas antes del
inicio de la menstruación, y al tercero o cuarto días de iniciada la menstruación el endometrio está ya totalmente
regenerado. Esta secuencia tiene lugar cada más y se debe al descenso brusco de estrógenos y progesterona a causa
de la regresión del cuerpo lúteo. Ya desde el primer día de menstruación, un nuevo folículo primordial empieza a
madurar y simultáneamente se inicia la regeneración del epitelio a partir de la capa basal del endometrio; de forma
que al cuarto o quinto días de iniciarse la menstruación ésta cesa y aparecen de nuevo niveles de estrógenos en
sangre.
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